17 de mayo de 2006

Necedad

Yuriria Sierra
Excelsior - Nudo Gordiano
17-05-2006

Los seres humanos no somos la única especie animal que persiste en el error, también la cabra, que tira al monte. Pero, a diferencia de la cabra, los seres humanos creemos que volviendo a repetir la misma ecuación muchas veces, obtendremos resultados distintos. La cabra, al menos, no piensa que, si ella no va hacia el monte, el monte terminará por venir a ella. He aquí dos ejemplos de cómo la perseverancia se convierte en ofuscación y nubla el juicio, hasta dejarlos cerca de la locura:


  • Madrazo o todo por mi dedazo. En Tabasco, a Roberto Madrazo le funcionó aferrarse a su cuestionado triunfo electoral como gobernador. Pero desde 1999, al entonces precandidato del PRI a la Presidencia se le metió entre ceja y ceja que debía convertirse en el candidato de ese partido para 2006. Buscó entonces la dirigencia nacional del CEN y cometió varias truculencias para ganarle a Beatriz Paredes. Y, desde entonces, se abocó al solo objetivo de construir o imponer su candidatura presidencial. Se rodeó de una serie de incondicionales (muchos de ellos, personajes indeseables), traicionó a Elba Esther y a los gobernadores, ametralló al Tucom y boicoteó sin tregua la agenda legislativa. Pudo haberse convertido en el árbitro de la contienda interna del PRI, salir en hombros y además darle a su partido una oportunidad real de regresar a Los Pinos, pero su necedad le impidió ver que el partido terminaba por desmoronársele en las manos, que sus aspectos negativos personales eran irreversibles y que tanto el PAN como el PRD le abrirían las puertas a sus detractores. La obsesión de Madrazo se convirtió en la locura de Madrazo; un político que fue víctima de su incapacidad para admitir el peso de las circunstancias adversas.

  • El Peje o todo es un compló. La fórmula que a Andrés Manuel López Obrador le sirvió maravillosamente bien para presionar a los poderes Ejecutivo y Judicial (que no al Legislativo) para des-desaforarlo, terminó por convertirse en una bomba de tiempo para su candidatura. La soberbia, sumada a la convicción de que su indestructibilidad sí era tal, lo llevó, en cuestión de semanas, a perder los diez puntos de ventaja que había acumulado para enero. Si a ello se suma su todavía total indisposición a admitir su caída en las preferencias electorales, es fácil entender que los posibles votantes (indecisos) que lo habían favorecido con su apoyo, ahora estén reticentes a dejarse tomar por garantía. “El pueblo no es tonto”, suele decir Andrés Manuel y, en efecto, al pueblo le repugna que lo tomen por tonto y le quieran seguir vendiendo la tesis de una conspiración, en plena temporada electoral.

Este es el ejemplo clásico de cómo una estrategia que puede ser muy efectiva en algunos casos, en otros resulta absolutamente improcedente. Y de cómo la soberbia es la peor locura que pueda anidarse en la mente de un político con pretensiones de ganar la Presidencia, y no precisamente una presidencia municipal (la jactancia es el pecado favorito del demonche encargado de llevarse el alma de los cretinos).

¿Y la nuestra? ¿Y cómo se castigará la necedad de nosotros, analistas políticos? Todos nos empeñamos, obtusamente, en buscarle el lado bueno a la cabra que tira al monte, aunque el monte ya esté en ruinas.

16 de mayo de 2006

El cuento de hadas de Roberto Madrazo

Ciro Gómez Leyva
Milenio - La historia breve
16/05/2006

Todo lo que tenía que salirle bien a Roberto Madrazo en los últimos cuatro meses, le ha salido mal:


  • Tenía que transformar la abrumadora opinión negativa sobre su persona en una positiva: hoy los negativos son tan altos como en enero.
  • Tenía que apoderarse del segundo lugar en las encuestas para poder saltar al primero, y hoy está más hundido que nunca en el tercero. En la medición más reciente (El Universal), se aleja 14 puntos de López Obrador y 18 de Felipe Calderón. Es ya carne fresca para el voto útil. Y el voto útil es la peor de las pesadillas para el mítico voto duro priista.
  • Confió en un presunto experto, David Pons, para que le diseñara y coordinara el plan de medios y las líneas generales de comunicación de la campaña. Le acaba de quitar el encargo.
  • Confió en los operadores más experimentados para armar las listas al Congreso. El objetivo era sumar, pero el saldo se imprimió en rojo.
  • Debía crear un espíritu de cuerpo en los priistas, sobre todo los gobernadores, para garantizarse su apoyo efectivo y no meramente teatral. Hoy cada quien jala por su lado, en función de sus intereses. La casa grande, Madrazo dixit, no les interesa; se ocupan de sus casitas chicas. Nunca el PRI había estado tan disgregado y desmoralizado.
  • Debía sacar una gran rentabilidad del primer debate, pero tuvo una noche desastrosa.

A las calamidades mencionadas, en fin, puede agregarse el pésimo negocio con los Verdes, o la incapacidad del candidato para conmover a la gente o para fijar un concepto en la opinión pública. Por eso, en el kilómetro 35 del maratón, un Madrazo agotado, lesionado, tiene que echar mano de Carlos Alazraki, con quien perdió dolorosamente en 1999.

A esta altura, con esos números, la inclusión del publicista ni siquiera parece una acción desesperada, sino más bien una apuesta para ver si en el plano de lo mágico consiguen lo que han sido incapaces de obtener en el mundo real.

Alazraki dice que va por los indecisos, que siempre le han sacado la vuelta al candidato de la Alianza por México. Y dice que tienen tiempo. ¿Tiempo? En enero hablaban de recuperar dos puntos cada mes. Hoy tendrían que remontar algo así como dos puntos cada cinco días. Sería un milagro. El problema es que no hay nada más lejano a un cuento de hadas que esta campaña de Roberto Madrazo.

Periodismo bajo sospecha

Denise Maerker
Excelsior - Atando Cabos
16-05-2006

Llevo una semana explicándole a quien me lo pregunta por qué no le hice yo la entrevista al subcomandante Marcos. Mi respuesta es siempre la misma y muy sencilla: Marcos prefirió dársela a Carlos Loret de Mola. No me creen. Prefieren seguir pensando que en realidad todo fue un montaje para hacerle publicidad a Marcos y perjudicar a Andrés Manuel López Obrador. Los más radicales hacen la siguiente secuencia “lógica”: voto panista a favor de la Ley Televisa, luego caída artificial en las encuestas de Andrés Manuel y para terminar lo rematan con Marcos en el canal de las estrellas. No le di importancia hasta que un hombre a quien respeto y admiro mucho, Lorenzo Meyer, relacionó en mi programa de radio esa entrevista con la campaña de miedo que tanto éxito le ha dado al PAN para destronar a AMLO del primer lugar en las encuestas. Lorenzo me dij “Al PAN y a su candidato no les estaba yendo bien hasta que tocaron el tema del miedo, muy propio de la derecha por cierto, entonces sí subieron en las encuestas. Pero no había imágenes que sustentaran este miedo. Con lo de Atenco y lo de Lázaro Cárdenas y con la aparición del subcomandante Marcos en Televisa en un horario estelar, ya es posible darle sustento a ese grito de miedo, ya no nada más es una falsa barda de ladrillos cayendo.”


-Pero lo ves como eventos fortuitos que favorecen a Acción Nacional o como algo planeado -le pregunté.

-¿Tener al subcomandante en el canal 2 a esa hora es un accidente? Nunca había estado ahí.

No hubo tiempo de mayores explicaciones. Pero me quedé intranquila. Es cierto, llevamos quince días mostrando imágenes violentas pero porque esos hechos de violencia se han dado.

En cuanto a Marcos, muchos periodistas llevábamos meses buscándolo. En enero fui a Chiapas con ese propósito, llegué el día en que murió la comandanta Ramona. Después de los enfrentamientos en San Salvador Atenco y del papel protagónico que se le estaba atribuyendo era muy probable que Marcos fuera a hablar. Lo sabíamos. El viernes en Atenco lanzó un desafió, le iba a dar la entrevista a quien subiera en ese momento al templete a recoger un cartucho de escopeta, tenía cuatro.

El ambiente era tan tenso y tan adverso para los medios que nadie se movió. Unos minutos después Joaquín Fuentes subió y le dieron el cartucho, también estaba una reportera de Loret de Mola que tomó otro.

A partir de ese momento, el equipo de Carlos y el mío nos lanzamos con todo para ver quién obtenía primero la entrevista. Parecía que me la iba a dar a mí, el sábado estuvimos afuera de su refugio en Iztapalapa preparados para hacerla. Esperamos cuatro horas. Entonces nuestro enlace, Sergio Rodríguez Lazcano, director de la revista Rebeldía, nos dijo que habían leído mi artículo de Excélsior del jueves anterior, donde escribí que quizás era tiempo de estar con los policías y que mejor lo iban a pensar. Nos fuimos. El lunes en la noche le confirmaron a Carlos que se la iban a dar a él. Les interesaba, me cuenta Carlos, que fuera en vivo, y entre 7 y 8 de la mañana, porque es el horario en que Primero Noticias se ve en Europa.

Desde entonces me han preguntado muchas veces y he oído y leído las más increíbles historias del porqué y del cómo de esa entrevista.

Fue Marcos quien decidió, como lo hacen todos los personajes que en un momento dado, a veces de manera muy fugaz, son el personaje-noticia. Él hizo lo que pensó que le convenía más.

Si fue lo correcto o no para su causa o si la entrevista gustó o no es otra cosa, pero es un error y un peligro meter todo en la hipótesis del complot.

Ese clima de sospecha que pende sobre los medios puede tener consecuencias nefastas. El equipo de Punto de Partida que estuvo en San Salvador Atenco para cubrir desde adentro el operativo de desalojo —y que nos permitió tener imágenes de la violencia policíaca— tuvo que ir sin sus identificaciones de prensa, por miedo a la reacción de los radicales de La otra campaña, quienes sólo aceptan a los que llaman medios alternativos. El problema es que cuando llegaron los policías dando golpes a diestra y siniestra tampoco tenían con qué identificarse.

Afortunadamente esta vez no pasó nada.

Los periodistas nos ocupamos de lo que es noticia. El día en que sesudamente analicemos antes de hacer una invitación el impacto que la entrevista va a tener sobre la coyuntura política o sobre los candidatos en una contienda electoral, habremos dejado de ser periodistas para convertirnos en políticos militantes.

Ojalá eso nunca suceda, muy a pesar de todas las partes que preferirían siempre ver en pantalla solamente con lo que coinciden y lo que les conviene.

El fin de la transición

Macario Schettino
El Universal
16 de mayo de 2006

Hace un par de semanas comentaba con usted acerca de la dificultad que tenemos los seres humanos para interpretar la realidad. Es tan complejo lo que ocurre que tenemos que estructurarlo de alguna manera, para que nos sea comprensible. La estructura le da sentido a la realidad, pero al mismo tiempo la distorsiona. Hay quienes, por ejemplo, gustan de usar una estructura conspirativa, en donde cada hecho de la realidad está dictado por alguna fuerza oscura, a través de mecanismos sumamente complicados. Con base en ello, puede uno encontrarse explicaciones muy raras en donde nuestra vida está dictada por las multinacionales, o por la hermandad masónica, o por algún secreto código milenario.

Y esta fuga de la realidad es más común de lo que parece. Cuando nuestra forma de explicar ya no da más, le inventamos "fuerzas sociales" a la estructura, que dictan que hoy América Latina vota por la izquierda, o que los empresarios se asocian para impedirlo. Normalmente estas explicaciones sólo muestran el agotamiento de la razón y la vuelta a lo religioso, a las fuerzas inexplicables del bien y del mal.

Me parece que podemos explicar buena parte de lo que ocurre sin apelar a ángeles y demonios, a conspiraciones o fuerzas sociales. El proceso electoral que vivimos es sólo el último de la etapa de transición de México. Se decide ahora si queremos continuar con el camino iniciado en 1986 o si queremos regresar al anterior. Eso es todo, pero es bastante.

Esto significa que la elección termina con 20 años de partidos de fin de régimen, unidos sólo por la expectativa del poder y no por ideas comunes. No son, el Partido Acción Nacional y el Revolucionario Institucional, los partidos creados a fines de los 30, sino organizaciones reconstruidas a mediados de los 80. Con mayor claridad, así es el PRD.

Los tres partidos, en su forma actual, no podrán sobrevivir a la elección. Como ya habíamos comentado hace varios meses, el PRI no puede ganar, y no puede sobrevivir. No es mala fe de este comentarista, es simplemente que ese partido no podía elegir un candidato presidencial y seguir unido. Así ha sido, y a diferencia de lo que opinan muchos, me parece que no es culpa de Roberto Madrazo Pintado. Hubiese ocurrido lo mismo con cualquier otro. Nunca el PRI había elegido un candidato presidencial sin la presencia arbitral del presidente de la República. No tenían cómo lograrlo.

La forma en que se rehagan los partidos depende mucho de quién gane la elección, pero ocurrirá de cualquier manera. Si pierde López Obrador, el PRD estará destruido. A golpe de encuestas, Andrés asignó candidaturas desde 1996, y con ese mismo instrumento logró desplazar a Cuauhtémoc Cárdenas e instaurar su mando absoluto. Si pierde, el PRD no tendrá ya nada que lo cohesione: ni la figura del ingeniero ni la promesa del poder, y ni siquiera espacios, porque las candidaturas fueron otorgadas a recién llegados.

En el PAN el fenómeno parece ocurrir al revés. Si Felipe Calderón pierde, entonces todo el poder queda en manos de la fracción retardataria de ese partido. Porque, a diferencia de lo que ocurrió en PRI y PRD, en Acción Nacional no fue el candidato el que otorgó candidaturas, sino el partido. Si a alguien le preocupa la extrema derecha, lo que sea que esto signifique, la puede encontrar en los primeros lugares de las listas del PAN. Si Calderón gana, esto significa que entrarán al Congreso no sólo los extremistas, sino buena parte de los moderados de su partido.

Visto de esta manera, el triunfo de Andrés Manuel López Obrador implica un Congreso conservador. De derecha y de izquierda, si acaso eso tiene sentido. Si el ganador es Calderón, no vaya usted a imaginarse que ocurre exactamente lo contrario, porque no es así. Pero un vistazo a las listas de los candidatos nos permite imaginar, al menos, la posibilidad de una amplia coalición de centro, que saque adelante, de una vez por todas, los cambios de fondo necesarios para que México tenga alguna posibilidad de éxito en este siglo XXI.

La transición termina, como nosotros decidamos, este 2 de julio.

macario@macarios.com.mx

Profesor de la EGAP del ITESM-CCM

15 de mayo de 2006

Coming from behind

Mexico's presidential election
From The Economist (print edition)
May 11, 2006

The rise of Felipe Calderón

“NOTHING in politics is impossible,” Felipe Calderón is fond of stating. As the candidate of President Vicente Fox's conservative National Action Party (PAN) in a presidential election on July 2nd, Mr Calderón is doing his best to live up to his saying. He came from behind to win the PAN's primary in October, defeating Santiago Creel, Mr Fox's interior minister and presumptive nominee. Last month he overturned a two-year lead in the opinion polls for Andrés Manuel López Obrador, the candidate of the leftish Party of the Democratic Revolution.

This achievement probably has more to do with tactics than substance. José Espina, the PAN's general secretary, attributes Mr Calderón's rise to a campaign relaunch in March. This resulted in a barrage of negative advertising against Mr López Obrador, a populist whose political origins lie in Mexico's formerly ever-ruling Institutional Revolutionary Party (PRI). The ads claim that Mr López Obrador would visit disaster upon Mexico and link him with Hugo Chávez—despite his denials of any kinship with Venezuela's president.

Mr Calderón is conducting his campaign largely through the media, where he has outspent all his rivals. He makes far fewer public appearances than Mr López Obrador. This, says Dan Lund, a pollster, makes his lead vulnerable to an advertising counterblast from his rival.

Several other things may be helping Mr Calderón. First, Mr Fox has weighed in on his behalf with thinly disguised “public-service advertisements” trumpeting his party's achievements in government. Though opponents have cried foul, less discreet presidential campaigning was the norm during the PRI's seven decades in power. Mr López Obrador, for his part, did himself no good by declining to show up for the first of two debates between the main candidates on April 25th, allowing his rivals to ignore him.

Another factor is that the economy is picking up. Growth will be 4.5% this year, forecasts JPMorgan, an investment bank—the highest figure since Mr Fox took office in 2000. The economy is the main issue in the campaign. Mr López Obrador has stressed social justice. Mr Calderón's main pitch is faster growth, to be achieved by cutting corporate tax rates. He also promises to be more effective than Mr Fox in approving economic reforms, by forming a coalition government.

But Mr Calderón is far from home and dry. So far, he has managed to profit from an ambiguous relationship with Mr Fox. By snatching his party's nomination from Mr Creel, he has been able to distance himself from the government's inaction, while sharing in the glow of its achievement of macroeconomic stability.

But he cannot convincingly cast himself as an outsider. While Mr López Obrador rose from humble origins, Mr Calderón, a lawyer and economist, studied at Mexico's top private universities and at America's Harvard University. He is a former energy minister and president of his party, which his father helped to found.

In the end, the race may be tipped by the performance of other candidates. Patricia Mercado, a social democrat, may steal a few left-wing votes from Mr López Obrador. More importantly, the PRI's Roberto Madrazo has fared poorly. His campaign has been hurt by party splits and allegations of sleaze. If the election turns into a two-horse race, much will depend on which way disillusioned PRI voters turn. Whoever wins may well face a divided Congress, as Mr Fox has. The more negative the campaign becomes over the next seven weeks, the harder it will be to build the cross-party coalition the winner will require to govern effectively.

¿Qué pasó con el PRI?

Leo Zuckermann
Excelsior - Juegos de poder
15-05-2006

A 48 días de la elección presidencial son pocos quienes apuestan que el PRI puede regresar a Los Pinos. Desde enero, todas las encuestas consistentemente sitúan a su candidato en el tercer lugar, con alrededor de 27% de las preferencias. Los apostadores que están arriesgando su dinero para predecir el resultado de la elección le dan hoy a Madrazo una probabilidad de ganar de menos de 5%. Los priístas están nerviosos y el candidato presidencial comienza a tener un discurso de perdedor, buscando excusas de por qué va rezagado. Finalmente, en lo que parece ya un acto de desesperación, Madrazo ha llamado al publicista Carlos Alazraki para que lo saque del atolladero.

Así, por donde se vea, el panorama se advierte sombrío para el PRI. En este sentido, son muchos quienes se preguntan qué pasó. ¿Dónde quedó la supuesta fuerza del PRI? ¿Cuál fue el error?

La respuesta que todo el mundo suelta de inmediato es que la culpa la tiene Madrazo, por ser un mal candidato. Para empezar, en su agresiva búsqueda por la candidatura priísta, el tabasqueño alienó a muchos de sus correligionarios y propició divisiones partidistas. Luego, Madrazo siempre ha tenido coberturas noticiosas negativas, lo cual ha dejado una huella negra sobre su persona. De acuerdo con todas las encuestas, desde hace mucho, son más los mexicanos que tienen una opinión desfavorable de Madrazo de quienes tienen una favorable. Es, además, el candidato que mayor porcentaje de rechazo concita. Y, para colmo, cuando ataca, le sale el tiro por la culata. Por ejemplo, los spots donde criticaba a AMLO por no querer debatir le costaron más en términos de imagen al priísta que al perredista, según la más reciente encuesta de Excélsior-Parametría.

Pero decir que Madrazo es el problema del PRI enmascara el verdadero meollo de lo ocurrido, el error lo cometieron los priístas al aceptar un dirigente nacional preocupado y ocupado en su agenda política personal y no en la renovación que el partido necesitaba.

En la elección de su dirigente nacional en el 2002, los priístas eligieron a un político de quien todos sabían que su intención última era asirse de la candidatura presidencial y no la de reconstituir al partido. Esa fue la pifia que sólo unas pocas voces dentro del PRI, como la de Dulce María Sauri, criticaron. Porque, después de la derrota del 2000, ya sin la figura del árbitro último que era el presidente, lo que el partido necesitaba era un líder neutral, una especie de jefe de Estado partidista ubicado por encima de todas las facciones políticas, con la misión de construir nuevas reglas para resolver el principal problema de todo partido, cómo elegir a sus candidatos.

En su papel de líder nacional, Madrazo, en cambio, hizo todo lo posible por quedarse con la candidatura presidencial en vez de reconstituir las instituciones partidistas. Se olvidó de una práctica muy sana del Revolucionario que el partido reconoce en su mismísimo nombre.

Un presidente del PRI neutral lo hubiera podido dotar de las instituciones necesarias para que los aspirantes legítimos a las candidaturas pudieran competir por ellas. Ya con reglas claras, muchos priístas, entre ellos Madrazo, hubieran competido por la candidatura presidencial. Y, al final, al PRI probablemente le hubiera ocurrido lo mismo que al PAN, es decir, que, por medio de una competencia real, las bases eligieran a un candidato más popular y competitivo.

Sin embargo, para desventura de ese partido, Madrazo se comportó más como jefe de camarilla que como auténtico líder partidista. A quienes se le opusieron, los arrolló sin misericordia. Y lo más importante de todo, los priístas le permitieron esto.

Hoy, cuando una nueva debacle se presenta en el horizonte, muchos del Revolucionario deben estar arrepentidos. Porque, ¿de verdad hubiera salido Madrazo como candidato en una competencia partidista real con reglas justas y equitativas? ¿No tendrían los priístas hoy a un mejor representante en la contienda presidencial? ¿No suspiran al imaginar dónde estaría el PRI si Enrique Jackson o Enrique Martínez ocuparan el lugar que hoy tiene Madrazo?

Obtusos, sin una visión de fortalecimiento institucional, creyendo que sólo los errores de Fox los regresarían a Los Pinos, los priístas se dejaron liderar por un político a quien sólo le importaba su agenda personal. Fueron complacientes. Perdieron la oportunidad de renovar al Revolucionario para hacerlo más competitivo a nivel nacional.

Ahora, cuando las cosas no les funcionan, sería bueno que también reconocieran su responsabilidad porque, al final del día, fueron ellos, los priístas, quienes permitieron que Madrazo los regenteara.

Una izquierda disfrazada

Jorge Fernández Menéndez
Excelsior - Razones
15-05-2006

En realidad, salvo en algunos aspectos de la corriente encabezada por Patricia Mercado, no tenemos una izquierda ni remotamente moderna en nuestro país. Se pueden compartir o no las formas del debate que impulsó el presidente Fox en Viena sobre el tema del populismo, pero tiene razón: nuestra denominada izquierda, salvo casos excepcionales como el de la socialdemocracia chilena, no es hoy sino una mezcla de populismo y nacionalismo “revisitado”. Y en nuestro caso, de ello no se escapa, por supuesto, López Obrador, pero tampoco Marcos.

Respecto a Marcos (¿no es hora de llamarlo ya por su nombre, Rafael Sebastián Guillén, y olvidarnos del “nombre de guerra” de este personaje que abandonó aquella ambición guerrillera hace ya casi tres lustros?), su situación actual no se puede describir mejor de lo que lo hizo René Delgado el sábado anterior: “Un guerrillero sin fusil es un hombre disfrazado. Un guerrillero sentado en un estudio de televisión, saboreando su pipa y señalando que en las charreteras lleva un pasamontañas de repuesto, mientras ofrece una entrevista, no es un guerrillero, es un hombre disfrazado. Marcos cayó en su trampa. Es hora de decir adiós a las armas o es hora de saludarlas”. Eso es hoy el llamado subcomandante: un hombre disfrazado de guerrillero, quien, el mismo día que critica a los medios electrónicos por haber, según él, remplazado a los poderes políticos, llega gustoso a un estudio de TV de la principal empresa mediática, para hablar de cosas tan trascendentes como que tiene, según su opinión, “las mejores piernas” del sureste del país, o sobre su estado civil. Brozo, disfrazado de payaso, es mucho más serio y creíble que Marcos disfrazado de guerrillero.

Las repercusiones de este Marcos anodino, banal, sin discurso, del guerrillero que se rebela contra el poder y pide, simultáneamente, el derrocamiento del gobierno y el respeto al Estado de derecho, que oscila entre el guerrillerismo de café y el discurso de una ONG por encargo, se reflejan en su poder de convocatoria. San Salvador Atenco fue una provocación armada desde semanas atrás, para permitir que Marcos suspendiera su fracasada otra campaña y pudiera relanzarse mediáticamente desde el DF, para lograr colocarse en un panorama político que hoy lo ignora. En los hechos fracasó en dos ámbitos: por una parte, porque la respuesta, dura, de las autoridades, recibió un amplio apoyo popular: la gente, incluso acepta tolerar los excesos cometidos, aun cuando tampoco de la magnitud que se quiere denunciar, harta de estar literalmente secuestrada por grupos políticos que no le han generado respuesta o resultado favorable alguno. Segundo, porque el zapatismo exhibió una debilidad conmovedora. Incluso con el apoyo de los francisco villa, apenas si pudo juntar unas tres mil personas y eso en el DF, en el resto del país, incluido Chiapas, ha pasado completamente inadvertido.

Esa debería ser una buena noticia para la izquierda democrática del país. No lo es porque el PRD se ha alejado tanto de esa concepción que hoy resulta tan irreconocible como parte de esa corriente política como Marcos en su disfraz de guerrillero. ¿Dónde está la izquierda en el actual PRD y en la candidatura de López Obrador? En el equipo de campaña no hay hombres o mujeres de izquierda: algunos serán más respetables que otros, pero ninguno representa esa corriente o siquiera proviene de ella, quizá con la excepción de Jesús Ortega. En el partido, comenzando por su presidente, Leonel Cota Montaño, la izquierda está cada vez menos representada. El candidato López Obrador podrá generar expectativas de otra índole, pero lo suyo nunca ha sido una visión realmente de izquierda de la sociedad: confundir ello con un discurso de una política supuestamente a favor de los pobres es simplificar las cosas para llevarlas hasta el límite del ridículo. Hacerlo desde una visión paternalista y estatista es más grave aún. En realidad, con esa visión, como la que exhibe Marcos, terminan siendo profundamente conservadores: se pueden entender en plan de expectativas de poder, legítimas o no, pero jamás como parte de una cultura política de izquierda.

En los hechos, el único embrión de una izquierda moderna lo tenemos en Alternativa, aunque no está ajena a algunas posiciones también incomprensibles. Por ejemplo, de cara a los sucesos de Atenco, Patricia Mercado ha declarado que les “debemos creer” a las mujeres que han denunciado violaciones en el operativo de desalojo, por su género, o sea, porque son mujeres. Y se equivoca: debido a su género no debemos creerle a nadie: se violaran derechos o no, sea de hombres o mujeres, de manifestantes o policías. El hecho es que ninguna de las mujeres que ha denunciado una violación, sean mexicanas o las jóvenes extranjeras que fueron expulsadas del país, han presentado prueba alguna de sus dichos e incluso no se ha presentado siquiera alguna denuncia penal al respecto.

No niego que esos u otros abusos pudieran haberse cometido, pero en estos temas lo único que puede ser tomado en cuenta son las pruebas, no los testimonios, interesados o no, de los supuestos afectados, entre otras razones porque sabemos que, en esos sectores, desgraciadamente, también se ha generado toda una estrategia, una forma de operar mediática y altamente ideologizada.

¿Hay una izquierda democrática en México? Por supuesto que sí: vive en el PRD, en Alternativa, en el PRI, incluso en algunos sectores ligados al panismo. El problema es que, hoy, ninguna de las principales fuerzas políticas asume como tal su discurso, sus principios y objetivos. Paradójicamente, mientras nuestra izquierda democrática se hunde en el conservadurismo populista o nacionalista, mientras las nuevas expresiones de ella no terminan de madurar, es en las posiciones liberales, en el mejor sentido de la palabra, donde podemos encontrar, por lo menos, algunas expectativas de progreso.

El nuevo Congreso

Macario Schettino
El Universal
15 de mayo de 2006

Este país, como sabemos, ya no se convierte en propiedad del presidente sexenal. Desde 1997, la Cámara de Diputados existe. Casi simultáneamente, la Suprema Corte de Justicia despertó de su letargo de décadas. A partir de 2000, también hay Senado. Nos hemos convertido en un país con verdadera separación de poderes. Es más, debido al anacronismo de nuestras reglas, podemos decir que, en realidad, lo que tenemos es dispersión de poderes. En cualquier caso, lo que me interesa recalcar es que hoy es tan importante saber quién gana la Presidencia como perfilar la composición que tendremos en el Congreso.

Hace muy poco que los encuestadores empezaron a incluir preguntas en este sentido, tal vez porque las listas de candidatos se registraron durante marzo. Pero pronosticar cuántos diputados y senadores tendrá cada partido no es cosa sencilla. Si una encuesta, por naturaleza, tiene un error esperado, la forma en que se configuran las bancadas en el Congreso amplía el margen de incertidumbre.

Mire usted, hay 300 distritos en todo el país en donde el que obtenga más votos se convierte en diputado. Se les llama de "mayoría relativa". Hay otras 200 curules que se distribuyen proporcionalmente de acuerdo al número de votos que haya obtenido cada partido en cada una de las cinco circunscripciones en que se divide el país. Pero la combinación de estos dos mecanismos (poco frecuente en el mundo, por cierto) hace muy difícil estimar los diputados que finalmente tendrá cada instituto político.

Permítame darle un ejemplo para ayudarle a imaginar el proceso de asignación de curules. Imagine usted un partido que gana 20% de los votos. Si todos los diputados se asignaran proporcionalmente, le correspondería tener 100 diputados (20% de 500). Pero si este partido imaginario tiene una votación muy dispersa en el país y no obtuvo triunfos en ningún distrito, no tendrá los 100, sino muchos menos. El mínimo que puede tener es 40 (20% de los 200 que son proporcionales). Y el número exacto dependerá de la distribución de los otros partidos. Hay dos reglas finales para la asignación: un partido que obtenga más de 2% de votos tendrá al menos 10 diputados, y ningún partido podrá tener más de 8% de sobrerrepresentación, es decir, de diferencia entre el porcentaje de diputados y el de votos.

Ya estará claro que no es nada sencillo determinar el número total de diputados para cada partido, y que la estimación que le voy a presentar obliga a un número de supuestos demasiado grande. Pero qué le vamos a hacer, esas son las reglas. Así que procedo a pronosticar, y obviamente, a equivocarme.

La encuesta de EL UNIVERSAL nos dice que el Partido Acción Nacional tendría, hoy, 39% de los votos, mientras que la Alianza por México alcanzaría 28%. La coalición Por el Bien de Todos llegaría a 31%, con los dos puntos restantes a distribuirse entre los dos partidos nuevos. Si ninguno de ellos alcanza 2% reglamentario no le tocan diputados, como hemos dicho.

Pero, ¿cómo saber cuántos distritos ganará cada partido? Ni siquiera tenemos información por entidad federativa, mucho menos por distrito. Lo que sí nos dice la encuesta de EL UNIVERSAL es el comportamiento por circunscripción, que nos muestra que el PAN está ganando las primeras dos (todo el norte del país), mientras que el alianza Por el Bien de Todos gana las tres restantes (lo que alguna vez fue Mesoamérica).

Con base en estas cifras, me permití hacer una estimación por entidad a partir de las votaciones previas en ellas, que apuntan a lo siguiente: el PRI ganaría sólo tres entidades -Tamaulipas, Hidalgo y Nayarit-, mientras que el PAN obtendría el triunfo en 18, y la alianza del PRD, PT y Convergencia obtendría el triunfo en 11 estados. Reitero que estimar estos resultados tiene un margen muy elevado de incertidumbre, y no hay que olvidar que el PRI está reduciendo su votación en 10 puntos con respecto a la obtenida en 2000, y en 12 con respecto a la de 2003.

Si este fenómeno ocurre, aunque sea parcialmente, en los distritos, la Alianza por México estaría luchando por alcanzar un porcentaje de diputados similar a su votación. Es decir, la bancada conjunta PRI y PVEM estaría entre 130 y 140 diputados. La alianza Por el Bien de Todos apuntaría a ser la segunda, con al menos 150 diputados. Y finalmente el PAN sería la minoría más grande, con alrededor de 200 diputados.

El Senado, con las cifras de la encuesta, quedaría conformado por 52 panistas, 39 provenientes de la Alianza por México, y 36 del PRD, PT y Convergencia. Como dato interesante, de las listas al Senado, el PAN metería 13 candidatos, el PRI nueve y el PRD 10.

En las próximas semanas, con más información acerca de la distribución regional del voto, será posible estimar con mayor detalle tanto el número de diputados como de senadores. Y eso nos ayudará a tener una mejor perspectiva del tipo de alianzas y coaliciones que serán necesarias para que el próximo sexenio sea, ahora sí, de división de poderes, y no como los nueve años que llevamos ya de dispersión de poderes, y de estancamiento.

macario@macarios.com.mx

14 de mayo de 2006

El evangelio según Pedro y el lobo

Vianey Esquinca
Excelsior - La Inmaculada Percepción
14-05-2006

Percepción es imagen, e imagen, realidad. En la vida pública no importa lo que una persona sea, sino lo que los demás piensan que es; nadie escapa de esta cruel verdad, aunque cada individuo la asume como mejor le conviene. Así, vemos a los negados, quienes dicen que no son lo que todo mundo cree de ellos o niegan lo que todos saben que está ocurriendo. En este grupo encontramos a los sanchos, a los niños chiquitos, quienes se tapan los ojos para que nadie los vea o a los candidatos que rechazan las encuestas que no les favorecen.


También están los embusteros. Dícese de los individuos que crean su imagen con base en apariencias, cuyo teatrito les dura hasta que llega alguien y los desenmascara; en un debate, por ejemplo, o en alguna nota periodística. Está también el grupo de los obstinados. Éstos son peligrosos, porque ante la falta de habilidades se empeñan en repetir recursos trillados, y si alguien, por quedar bien, le soba la espaldita y le aplaude alguna de sus ocurrencias, ¡agárrense!, la repiten una y otra vez y cantan y cantan y vuelven a cantar en sus eventos de campaña sin misericordia ni respeto alguno. Los mutantes, por otro lado, mueven su imagen al son que les toquen y de acuerdo con las circunstancias. Aquí podemos encontrar lo mismo a los personajes de X Men y a los candidatos que ayer fueron del PRI, y hoy son del PAN o del PRD.

Cuando una persona sostiene su imagen a través del tiempo logra crear una reputación, la cual, cuando no es positiva, se convierte en un dolor de cabeza. No importa cuántas veces René Bejarano diga que es una persona honorable, la imagen que la gente traerá a su mente es la del Señor de las ligas. Los videoescándalos fueron un parteaguas, el trabajo que haya hecho antes, para fines de imagen pública, no tiene relevancia. Al góber precioso lo perseguirá la sospecha; igualmente a los hijos de Marta Sahagún, a Arturo Montiel y a muchos que se agregan sexenio tras sexenio.

Lo que hoy estamos viendo en las campañas políticas es el uso indiscriminado de la percepción. No es ético, moral, correcto ni justo cómo los partidos políticos utilizan el viejo y conocido refrán: Difama, difama que algo queda. Pero esta difamación sólo puede tener éxito cuando previamente se sembró la duda o cuando la mentira repetida tiene algo de verdad.

¿Por qué le resulta tan fácil al PAN y al PRI sembrar la duda sobre si el PRD está detrás de los acontecimientos de San Salvador Atenco? Porque durante muchos años el PRD estuvo involucrado en historias de presión, violencia y resistencia y durante años no hizo nada por cambiar esta percepción. De eso se están aprovechando sus contrincantes.

Entre más intente deslindarse el PRD de lo que sucedió en Texcoco y del subcomandante Marcos, la gente indecisa seguirá creyendo que detrás de esa negativa hay una verdad oculta. Si a esto se añade que el Frente Popular Francisco Villa, vinculado al PRD, fue quien acompañó y protegió al delegado Zero a su llegada al Distrito Federal y ha estado involucrado en las manifestaciones efectuadas en la ciudad, pues ni cómo ayudarlos. Esto le pasa a los partidos, cuando en su afán de conseguir votos se van a pepenar sin un mínimo control de calidad. En todo caso, deberían haber expulsado al dirigente del Frente cuando tuvieron oportunidad de hacerlo.

Tantas veces estuvo involucrado el PRD con este tipo de historias, que cuando lo niega, la gente ya no lo cree, aunque sea cierto. Se entiende que Andrés Manuel López Obrador no quiera vincularse ni a Marcos ni a Evo ni a Hugo, vamos ni al PRD.

11 de mayo de 2006

Campañas en la blogósfera

Mario A. Campos
Revista Etcétera - Mediósfera
Mayo 2006

El 2006 será recordado como el año en el que se consolidó la blogósfera política mexicana. Al menos eso creía yo a finales del año pasado, cuando me imaginaba a los blogs como fuentes de información, no sólo para el público sino para los medios masivos, que durante el actual proceso electoral se alimentarían de esos nuevos canales de comunicación tal y como ocurrió en la última elección presidencial en Estados Unidos. Mi pronóstico, transcurrida ya la mitad de las campañas, resultó equivocado, al menos parcialmente.

Los blogs, es cierto, han sido un espacio natural en la disputa por los votos. Bitácoras de información general ­como www.rodrigo0.blogspot.com o www.alt1040.com­ han abierto sus espacios a la contienda y no es raro encontrar, junto a textos sobre innovaciones tecnológicas, una mención a la más reciente encuesta sobre la carrera presidencial. Esta cobertura también se ha visto acompañada por un importante surgimiento de blogs militantes, particularmente por la creación de sitios pro y anti López Obrador, el candidato que también en la blogósfera se ha convertido en el factor de división.

¿Qué impacto tendrán estos espacios en los electores? Es difícil saberlo. Por un lado, no hay cifras sobre el número de sitios dedicados a las campañas; por el otro, tampoco tenemos estadísticas confiables sobre el número de lectores.

En otras latitudes, los blogs se han convertido en actores de peso en buena medida por su impacto en la agenda de los medios dominantes. En ese sentido, mis pronósticos difícilmente pudieron dar más lejos del blanco. Acostumbrados a sus rutinas de trabajo, reporteros y columnistas no han volteado hacia la blogósfera para concederle el estatus de fuente de información. Salvo contadas excepciones, las menciones a blogs en particular, siguen siendo un fenómeno marginal.

Si bien es censurable la miopía de algunos periodistas, tampoco sería justo señalarlos como los únicos responsables. Los bloggers ­o autores de bitácoras­ tampoco han (hemos) hecho mucho para cambiar esta dinámica. Contaminados por los mismos vicios que se viven en la mediósfera, en la mayoría de las bitácoras se peca de parcialidad, se recicla información y es prácticamente inexistente la generación de investigaciones y análisis propios.

Alertado por algunos hechos previos ­como las fotos de Arturo Montiel y su esposa, difundidas por un blog y retomadas por Reforma­ me imaginaba un escenario en el que las campañas negativas transcurrieran por la blogósfera como paso previo a su difusión en los medios convencionales. Como ha sido evidente, mi análisis no contaba con que los spots y discursos de los institutos políticos y sus candidatos se encargarían de hacer la guerra por encima de la mesa sin necesidad de intermediarios.

No obstante, en medio de este panorama aún hay elementos a destacar en la participación de los blogs durante este proceso electoral. El ejemplo más claro lo podemos ver en la posibilidad que ofrecen diversos sitios al colocar ligas a videos de entrevistas, spots y otros materiales audiovisuales, que de otra forma no estarían al alcance de los usuarios/ciudadanos. A esto hay que agregar la vigilancia que desde algunos espacios se hace, no sólo a los actores políticos tradicionales sino a encuestadoras y medios de comunicación, así como el intenso debate que se vive en estos sitios que a diferencia de los medios tradicionales, permiten un diálogo constante que reduce la distancia entre el productor y el consumidor de información.

¿Son estas ganancias suficientes para sentirnos satisfechos? Por supuesto que no. La blogósfera mexicana, hasta ahora, se ha quedado corta en esta contienda. Por fortuna faltan todavía dos meses para la elección y aún hay tiempo para que se gane un lugar de honor en este, interesantísimo, fragmento de nuestra historia.

Periodista y consultor.
macampos@enteratehoy.com.mx

http://www.enteratehoy.com.mx

Marcos sí cree en las encuestas

Francisco Báez Rodríguez
Crónica
2006-05-11

Hasta él mismo lo ha admitido públicamente. Marcos es mucho mejor como comunicador que como generador de inestabilidad política. En ese sentido, sus contradicciones, reales o aparentes, deben también ser interpretadas como parte de un proceso de propaganda política.

La primera contradicción evidente es un cambio de opinión, que va más allá de los matices, acerca de la candidatura presidencial y el eventual gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Hace meses, cuando iniciaba La Otra Campaña, el dirigente neozapatista afirmaba que a la gente del Partido de la Revolución Democrática “los vamos a hacer pedacitos”, que no tenía nada qué tratar con AMLO, a quien incluso se refirió como El Innombrable (sic) y concluyó que si llegaba a la Presidencia de la República, “nos va a partir la madre a todos”. Ahora sólo “los ricos” están destinados a ser hechos pedacitos, Andrés Manuel queda reducido al papel de “embaucador” frente a candidatos que merecen adjetivos mucho peores y, a diferencia de Calderón (que promete mano dura) y Madrazo (quien promete mano de hierro), López Obrador, en cambio, haría “una administración política de la crisis” social que el sup ve a punto de estallar “de manera espontánea u organizada”. El vaticinio de que El Peje va a ganar sonó a deseo.

¿A qué se debe este cambio de actitud? ¿Cuándo pasó AMLO de ser el Innombrable que nos iba a partir la madre al menos malo de los tres cochinitos? Creo que la respuesta es sencilla: cuando dejó el primer lugar en las encuestas preelectorales.

Al inicio del largo zapatour, hace ya nueve meses, López Obrador iba solito, en caballo de hacienda, hacia la Presidencia en el 2006. En esas condiciones, el proyecto marquista de crear una oposición de izquierda anticapitalista y extraparlamentaria al gobierno populista de AMLO, que seguramente generaría desilusión popular, pasaba por una descalificación desde el inicio.

Nueve meses después, la opinión pública ha parido una ventaja del candidato de Acción Nacional sobre el de la Coalición por el Bien de Todos. Al cambio de circunstancia corresponde un cambio de estrategia. En su lectura, Marcos quiere encabezar la oposición de ultraizquierda a un gobierno de pseudoizquierda. Si ganara algún otro candidato a la Presidencia, ese espacio estaría ocupado, y no habría, en el partido en el gobierno, quién —como los Panchos Villa en el PRD— pudiera fungir de puente para negociaciones y chantajes varios.

La caída de López Obrador en las encuestas implica que se le cierran a Marcos caminos para encabezar un movimiento “popular” proclive a la violencia, pero declaradamente “pacífico”, “legal” y “de la sociedad civil”. El hombre del pasamontañas no trata de tapar esas evidencias de la opinión pública y actúa en consecuencia. La otra contradicción de Marcos es aparentemente más flagrante. Un día declara, en entrevista con La Jornada, que ahora en nuestro país “gobiernan los grandes medios electrónicos”. Ellos son los verdaderos mandamases en una nación ficticiamente democrática, en la que los de arriba despojan a los de abajo, dice. Al día siguiente, cuando el periódico apenas salió de las rotativas, Marcos acude a Televisa, lo vemos en la pantalla, sereno, bromeando y sonriendo detrás del pasamontañas. Si pensáramos de manera lineal, diríamos que Marcos ya entabló diálogo con el Poder.

Pero no hay que entender literalmente las paráfrasis del encapuchado. Hay que entender sus hechos. Ahí reconoce que, más que la plaza pública, los medios electrónicos son el espacio privilegiado para hacer campaña. Más aún en tiempos electorales.

Ahí, Marcos se agarra del mismo dato triste e incontrovertible que volvió tan popular su look. La violencia es espectacular. La violencia da rating. La violencia vende. Y, por muy poderoso que sea el consorcio Televisa, es rehén —como buena empresa capitalista— de su necesidad de vender. Toda televisora privada no vende programas, ni información ni diversión: vende audiencia, vende rating (palabra usada en múltiples ocasiones durante la entrevista con Loret de Mola, prueba del interés del sup por el asunto). Por eso no es casual que las golpizas brutales a policías y a civiles sean repetidas hasta la saciedad.

Marcos tiene eso qué ofrecer a las televisoras: violencia que vende. No es poco; por eso obtiene, a cambio, una buena cantidad de minutos en pantalla, que a los candidatos de los partidos registrados suelen costarles un buen billete. En ese sentido —pienso en Lenin imaginando que el capitalista le vende al revolucionario el fusil con el que será ejecutado— poco importa el futuro del país, no digamos ya la opinión de los televidentes.

fabaez@gmail.com

La recta final

César Cansino
El Universal
11 de mayo de 2006

Para Andrés Manuel López Obrador abril inició con un panorama electoral que parecía confirmarle una ventaja cómoda sobre sus contendientes, y que le permitiría enfilarse confiado hacia los últimos 60 días de campaña. Sin embargo, conforme se fueron publicando a lo largo del mes algunas de las encuestas más serias, fue confirmándose que, contra su propio pronóstico, las preferencias electorales lo colocaban ya, si no claramente atrás de Felipe Calderón Hinojosa, sí al menos en un "empate técnico" con el panista.

Parecían así rendir frutos los últimos dos meses de intensa campaña negativa -"guerra sucia", le ha llamado López Obrador- desde tres frentes combinados: la Presidencia de la República, el PRI y el PAN. Por su parte, el relanzamiento de la campaña de Calderón desde marzo sobre planteamientos estratégicos distintos, incluyó el deslinde táctico del golpeteo mediático contra AMLO respecto de la imagen y las propuestas del abanderado blanquiazul y, al parecer, dicho replanteamiento táctico -"el partido golpea, el candidato propone"- conjuró para Calderón los riesgos más inmediatos de una campaña negativa.

A su vez, la campaña de Roberto Madrazo siguió resintiendo los embates de las pugnas internas de su partido, sobre todo por las inconformidades, berrinches -como el escenificado por el coordinador de los diputados del tricolor, Emilio Chuayffet- y la previsible desbandada, provocados por la imposición de las candidaturas del Revolucionario Institucional a puestos de elección popular y las listas de diputados y senadores plurinominales.

Pero fue precisamente en el debate del 25 de abril cuando el candidato priísta refrendó su aparente debacle, con un pésimo desempeño ante un Calderón que apareció confiado -seguramente por el impulso de la publicación de la encuesta del diario Reforma esa mañana- y propositivo, a quien no hicieron mayor mella los embates del ex gobernador de Tabasco, y quien a cambio sí sufrió la merma de los revires de Calderón y los golpes de Roberto Campa, enviado a cobrar viejas facturas por parte de Elba Esther Gordillo.

Así, sin un desempeño realmente sobresaliente, dando apenas la imagen de un candidato que tiene propuestas -si bien no abundó en cómo podrían ser viables y creíbles-, Calderón fue relanzado por el efecto mediático del posdebate, en el cual, reiteradamente comunicadores, analistas y encuestadores lo dieron como el claro vencedor de un debate en el que su principal oponente estuvo más ausente que presente -pese al podio y la silla vacíos-, y su más cercano competidor simplemente desapareció del cuadro, literal y simbólicamente. Lo cierto es que López Obrador cometió un costoso error al no asistir.

A la soberbia mostrada por el perredista se sumó el efecto combinado de las campañas negativas en su contra, así como el famoso "efecto chachalaca", pero lo inexplicable es que al parecer López Obrador y su equipo de campaña no sólo se empeñan en minimizar su inasistencia al debate, descalificar encuestas "incómodas" y repetir -¿como chachalacas?- que todo eso es una oscura conspiración en su contra; sino que no dan visos de emprender una urgente y necesaria rearticulación estratégica de su campaña.

Como era previsible, el espejismo construido sobre el presunto triunfo anticipado del perredista era insostenible, sobre todo ante el ineludible momento de la confrontación y debate de propuestas y proyectos de candidatos y partidos de cara a la ciudadanía. "Abril es el mes más cruel.", rezaba el verso de un poeta; y al parecer la realidad del "efecto debate" y el cúmulo de errores estratégicos que ha cometido López Obrador le ponen ahora ante la cruel realidad de que ya no es el seguro ganador de la contienda.

Ante el panorama emergente de una contienda que se ha cerrado, cabría la posibilidad de una reorientación estratégica de las campañas que privilegie las propuestas y su consecuente debate abierto, informativo y formativo para los votantes.

Sin embargo, lo más probable es que los candidatos y sus equipos apostarán por la ruta del menor riesgo, que implicará seguramente no incurrir en errores fatales, y explotar al máximo la propaganda negativa contra sus adversarios.

cansino@cepcom.com.mx

Director del Centro de Estudios de Política Comparada

10 de mayo de 2006

La reaparición de los ultras

Federico Reyes Heroles
Reforma
Martes 9 mayo 2006

¿Qué quieren? ¿Qué fin persiguen? ¿A quiénes favorecen o perjudican? El gran misterio de los radicales, de los ultras, es que escapan a cualquier racionalidad. Ahí el peligro. Los ultras se nutren del resentimiento social, es cierto, pero no son la solución. No tienen un pensamiento articulado de cómo combatir las desigualdades. Los ultras no militan en ninguna organización permanente, con definiciones de largo plazo, ello es contrario a su esencia aventurera, inmediatista. Los ultras buscan la explosión social sin medir las consecuencias. Para los ultras la sangre derramada en el camino es un objetivo en sí mismo. Con los ultras es imposible negociar, por un simple motivo, no saben qué quieren. Y, lo más grave, con frecuencia los ultras son carne de cañón de otros.

Hace 12 años Marcos era el defensor de las causas indígenas, siglos de opresión, injusticia, olvido, miseria fueron las justificaciones para levantarse en armas y declarar la guerra al Ejército mexicano. Hubo muertos de ambos lados. Él logró las primeras planas de los diarios. Su vanidad hinchada no encontraba límites. Pero ni siquiera una buena causa salva a la irracionalidad y el radicalismo. A pesar de tener los ojos del mundo encima y una enorme simpatía inicial, el movimiento se desmoronó en el camino. ¿Por qué? Al final del día Marcos no defendió a los indígenas, veló, eso sí, por su ilimitada vanidad.

Hace siete años los ultras se apoderaron de la UNAM. Su nueva justificación fue una propuesta de cuotas que, súbitamente, incendió sus conciencias. Terminaron defendiendo a los ricos, a los que sí pueden pagar. Una verdadera justicia es demasiado elaborada para ellos. Los ultras paralizaron la principal universidad de México y lastimaron la vida de cientos de miles de estudiantes. Pero claro, como sólo ellos saben lo que es bueno para México, no hubo ninguna negociación posible. Fui testigo de cómo los radicales extorsionaban a sus propios colegas, muchachos muy jóvenes, y los amenazaban con golpes si se atrevían a negociar. De nuevo, ¿qué querían? El presidente Zedillo tomó la decisión de rescatar a la UNAM. Nadie desea la violencia pero, ¿cuál era la salida?

Los ultras desaparecieron por algún tiempo hasta que se les atravesó Atenco. La intención mal negociada del régimen de construir un aeropuerto les abrió la puerta, reaparecieron. Los mismos rostros, las mismas actitudes sin sentido. El régimen se arredró y todos los mexicanos salimos perdiendo por la imposición de los machetes. Ahora la reubicación negociada de un pequeño grupo de floricultores cimbra al país. Las autoridades, en particular el gobernador del estado de México y la PFP reaccionan como deben e imponen el orden, expresión que suena dura pero a la cual deberíamos acostumbrarnos: imponer el orden es una obligación de los gobernantes no un acto dependiente de la voluntad. Como siempre los excesos de la fuerza pública también estuvieron presentes. Un niño-adolescente, 14 años, cae muerto y la responsabilidad no queda clara. De pronto Marcos que anda por allí, ¡qué casualidad! Retoma la causa. ¿Y los indígenas? Bien gracias, allá en Chiapas esperando a su redentor que anda en busca de reflectores. Ya hay nuevos mártires. 1994, 2000 y 2006, qué curioso, años de elecciones federales.

¿Qué quieren? Madrazo muestra el cobre y habla de una "elección de Estado". Niega así las contribuciones que su partido tuvo en la construcción de la democracia mexicana. ¡Genial! El PRD y en particular López Obrador, en un intento por paliar su estrepitosa caída, invocan al fantasma del fraude, de la conjura. Justo en ese momento viene la provocación. Marcos demanda ahora liberar a los detenidos, delincuentes o no. Es la misma mecánica del CGH en el 99-2000. Se trata de ciudadanos mexicanos que cometieron delitos, pero eso no viene al caso. Para los ultras todas las leyes son injustas. Recordemos que Marcos ya llamó a derrocar al próximo Presidente, sea quien sea. Hoy amenaza con bloqueos y movilizaciones, busca arrinconar a las autoridades: si aplican la ley serán acusados de represores y si no la aplican serán débiles. Si la aplican le dan la razón a López Obrador y su argumento del gobierno represor. Si no la aplican le dan la razón a Madrazo: hace falta mano firme.

En el 94 Camacho negoció con ellos durante meses y al final deshonraron los acuerdos. El gobierno mexicano echó para atrás al Ejército y nada se consiguió. Pablo Salazar intentó el diálogo y una nueva estrategia, no sirvió de nada. Fox les tendió la mano, marcharon a la capital, hablaron en el Congreso, propuso una nueva ley y al final lo mandaron al demonio. De la Fuente hizo lo indecible por establecer puentes y nada logró. Don Luis H. Álvarez ha tratado de negociar durante años y nada ha conseguido. PRI, PAN, PRD lo han intentado, pero los ultras no negocian con nadie.

Ocho semanas antes de las elecciones del 2006 lo que quieren es reventar el proceso, que el régimen reprima, que haya sangre. La democracia no les interesa. Marcos suspendió elecciones e igual ocurrió en Atenco en el 2003. Pero si el Estado mexicano, entendiendo por ello el compromiso básico con la legalidad de los tres órdenes de gobierno, municipal, estatal y federal, no aplica la ley de manera coordinada, la señal para el país será brutalmente perversa. Son insaciables. ¿Qué hacer? No es creíble que la aplicación de la ley sea motivo de usufructo político.

Ya volvieron, son los mismos. Si alguien cree que los controla es un ingenuo. Los ultras son enemigos de la democracia. Sólo hay una salida, la aplicación de la ley. A cerrar filas.

9 de mayo de 2006

AMLO: sólo un aprendiz de brujo

Jorge Fernández Menéndez
Excelsior - Razones
09-05-2006

Siempre se habla del México bronco, se advierte del peligro de despertarlo, se insiste en su presencia latente en el inconsciente colectivo de nuestra sociedad. No son advertencias vanas porque el México bronco existe, es real. Pero pocas veces se habla del otro México, el que repudia la violencia, sobre todo cuando no es justificada, el que apuesta por la estabilidad y la tranquilidad, el que quiere trabajo y vivir mejor: el México pacífico. Para algunos, esos dos México son, como muchos otros, la demostración de las enormes distancias sociales internas que nos marcan. La diferencia es que pareciera que, sobre todo en épocas de cierta estabilidad económica, el México pacífico es mucho más numeroso y congruente que el bronco y, mientras el primero representa en buena medida nuestro futuro, el segundo es la representación palpable de nuestro pasado.


El México bronco fue despertado en San Salvador Atenco la semana pasada. Fue despertado porque lo que vimos fue una evidente provocación fraguada por los macheteros de Atenco y organizada por su líder político, Marcos. El cálculo de los zapatistas fue erróneo como lo han sido todos desde que comenzaron la llamada Otra Campaña. Marcos en el DF ha pasado desapercibido, cualquier candidato puede convocar más gente en sus actos y tiene mayor repercusión pública. En Atenco, los hechos de violencia fueron rechazados por los propios habitantes del municipio, hartos de Ignacio del Valle y sus seguidores. El acto de Marcos el fin de semana tuvo que ser suspendido por falta de quórum y los bloqueos organizados por otros asociados del subcomandante, el Frente Francisco Villa y los ex miembros del CGH (en muchas ocasiones más cercanos al EPR que al EZLN o lo que queda de él) demuestran tanta impunidad como falta de convocatoria. Para Marcos, Atenco es un fracaso que, por lo menos, le ha permitido estar en los medios aunque fuera para exhibir la magnitud de su actual debilidad. Pero, en el caso de López Obrador ha tenido y seguirá teniendo un costo demasiado alto.

Los bloqueos y las amenazas de violencia le quitan votos todos los días al candidato perredista. El problema es que Andrés Manuel, que no impulsó la provocación de la semana pasada por la sencilla razón de que no ganaba nada con ella, no puede criticarlos ni deslindarse de ellos porque los compromisos adquiridos con esos grupos son demasiados. En los hechos López Obrador echó a andar los demonios en los últimos años y ahora ya no los puede controlar. Y tampoco quiere hacerlo, porque considera que, en el futuro, gane o pierda las elecciones, le serán útiles.

A López Obrador, con Atenco, le está pasando lo mismo que le sucedió con Tláhuac, con el asesinato de los agentes de la PFP: no puede condenar los hechos porque está comprometido con los grupos que los organizaron. El Frente Francisco Villa, los macheteros de Atenco, los alguna vez jóvenes del CGH, los grupos de base de las distintas denominaciones del EPR, establecieron numerosos acuerdos con la administración capitalina por conducto de René Bejarano y su corriente, desde la campaña del 2000. López Obrador los usó, entre otros objetivos, para abortar la construcción del aeropuerto en Texcoco y exhibir la debilidad gubernamental; sirven para presionar a adversarios y para movilizarse contra el desafuero. Por eso, en Tláhuac las fuerzas policiales de la ciudad decidieron no intervenir y dejaron que se linchara y quemaran vivos a los policías federales. Por eso, los del Francisco Villa pueden interrumpir cualquier vialidad del DF el tiempo que quieran y el gobierno de Alejandro Encinas los deja hacer. De qué magnitud serán esos compromisos que el mismo Andrés Manuel, quien no ha tenido problema alguno en deslindarse de personajes tan significativos como Cuauhtémoc Cárdenas, de la corriente cardenista, de Rosario Robles y de muchos otros, no ha podido ni querido poner un límite y criticar abiertamente a Bejarano y los bejaranistas, ni a todos los aliados impresentables de éstos, desde el Frente Francisco Villa hasta los macheteros de Atenco.

Ahora se encuentra atrapado en un dilema más: apoyar estas movilizaciones no le garantiza más que el apoyo de sus electores duros, y éstos no son más de unos cuatro o cinco millones, mientras que le resta en forma acelerada el voto de los cambiantes, quienes nutrieron en el pasado su candidatura y ahora la están abandonando para pasarse, sobre todo, al bando de Felipe Calderón. Si rompiera públicamente con esos grupos, tendría que adoptar un discurso completamente distinto, que pasara por la aceptación, por ejemplo, de un pacto de civilidad, la firma del pacto de Chapultepec o por la aceptación del acuerdo contra la inseguridad que no quiso suscribir ayer. En otras palabras, implicaría, desde ahora, aceptar la legitimidad del proceso electoral y todos los acuerdos que giran en torno a éste. No lo hará porque su estrategia, ya lo ha demostrado, va por la vía de desconocerlo.

Y, si es así, la base de la movilización para después del 2 de julio, si Andrés Manuel no gana, pasará por los mismos de siempre: los de Atenco, Pancho Villa, los bejaranistas. El otro PRD, el surgido desde el cardenismo, no jugará a la aventura lopezobradorista si no hay causa justificada. Para eso se necesita a quienes hacen el trabajo sucio, y no se puede romper con ellos ahora, aun cuando sean una fuente constante de pérdida de votos. Al estar arriba en las encuestas, no importaba. Hoy que, como en el tango, la candidatura va cuesta abajo, los costos de esos “apoyos” adquieren una dimensión mayor. La paradoja es que no puede deshacerse de ellos porque están en el corazón de su estrategia política.

López Obrador no organizó la provocación de Atenco. Pero patrocinó y protegió a sus verdaderos organizadores y, ahora, aunque hayan cambiado de membresía, no puede desligarse de ellos. Eso le sucede, en política, a los aprendices de brujo.

Elegir la sociedad

Macario Schettino
El Universal
09 de mayo de 2006

La democracia no es cosa sencilla. No es, de hecho, un asunto natural. No nacemos los humanos preparados para ella, sino al contrario. De fábrica, en los genes, tenemos construida una visión del mundo muy especial, producto de millones de años de evolución, que no tiene mucho espacio para la tolerancia, el respeto a los demás, ni mucho menos para el concepto de igualdad.

Somos, como usted sabe, parientes muy cercanos de los chimpancés (de las dos especies que aún existen), y un poco menos de los gorilas. Y nuestro proceso evolutivo fue muy similar al de ellos, de manera que nuestras sociedades naturales son también parecidas. Como los chimpancés, somos capaces de vivir, naturalmente, en pequeños grupos (menos de cien individuos adultos), con estructuras dominantes claramente establecidas y sostenidas a través de la violencia. Naturalmente, subordinamos a mujeres y niños a esta estructura. Definimos, también de manera natural, espacios geográficos, y consideramos a otros grupos como amenazas. Los demás no son iguales a nosotros, al menos no de manera natural.

Concebir a los demás humanos como iguales a nosotros, a mujeres igual que a hombres, no está en nuestros genes. Resolver nuestros conflictos sin violencia, tampoco. Por tanto, no es natural en los humanos la democracia. Es una construcción cultural que hemos desarrollado en apenas unos años.

Aprender a vivir en una democracia no es nada sencillo. Regresar a las formas comunitarias, en cambio, es natural. Es por eso que las visiones comunitaristas tienen tanto atractivo para las multitudes. No les exigen esfuerzo, al contrario. Ofrecer la vida comunitaria es tan natural, tan simple, como ofrecer comida o sexo. Está en los genes la voluntad de aceptar. Sólo la cultura, la inteligencia, nos lo impide.

Estas visiones comunitaristas, ya sea que las ofrezca una iglesia o un movimiento político, son y seguirán siendo atractivas. Más mientras menor sea el grado de sofisticación de los receptores. Si quiere llamarle a esto educación, cultura, o como guste, es lo mismo. Si usted tenía alguna duda de por qué el catolicismo tuvo siglos de éxito, o por qué el comunismo llegó a gobernar medio planeta, o por qué el populismo es tan popular en América Latina, la respuesta no la encontrará en las ciencias sociales, sino en la biología. Está en nuestros genes.

En México, específicamente, no logramos salir de esta maldición genética. De estructuras autoritarias y comunitarias indígenas, pasamos a lo mismo, pero católicas, y de ahí a lo mismo, pero revolucionarias. Y es que dejar atrás a los genes requiere, insisto, construcciones culturales.

Dejar atrás nuestro pasado simiesco nos ha permitido, a los humanos, no sólo poblar todo el globo, sino incluso ponerlo en riesgo. Hemos sido tan exitosos en sobrevivir, que cualquier clasemediero de hoy vive mejor que cualquier noble del siglo XVI. Pero, y éste es el problema, ese éxito material lleva asociado, por obligación, el sometimiento de los genes a la cultura. Y no me refiero a cualquier cultura, sino precisamente a la que logra imponerse a la maldición genética de la comunidad, del desprecio a los otros, la maldición de la discriminación.

Por eso los jóvenes abrazan con tanta emoción las causas comunitarias, porque sus genes (y sus hormonas) les impiden aún pensar con serenidad. Por eso los simples se asocian con tanta facilidad a estas causas, porque pensar exige esfuerzo. Por eso las naciones aceptan con tanta facilidad destinos miserables, porque es más fácil dejar que los genes trabajen a someterlos.

Insisto en lo que he dicho por meses: en este proceso electoral estamos eligiendo no sólo un nuevo Congreso y presidente, estamos decidiendo un par de generaciones completas. Si volvemos a apostar al pasado, a esa visión comunitaria (y por lo mismo autoritaria), para cuando logremos quitarla, México será miserable. No menosprecie usted el esfuerzo que sí están haciendo 2 mil millones de seres humanos en China e India por avanzar. Son veinte Méxicos creciendo al doble de velocidad. En diez años, no habrá espacio para una economía mediana, como la nuestra. Se trata de escoger entre una comunidad de simples, violentos y autoritarios, y una sociedad de iguales, con reglas claras. México profundo, o México exitoso. Usted decida.

macario@macarios.com.mx

Profesor de la EGAP del ITESM-CCM

8 de mayo de 2006

Madrazo: el candidato sin rumbo

Jorge Fernández Menéndez
Excelsior - Razones
08-05-2006

Era la madrugada del viernes 14 de abril. En unas horas comenzaría el Consejo Político Nacional del Partido Revolucionario con el fin de aprobar la lista de candidatos a diputados de ese partido. En las oficinas de Mariano Palacios Alcocer habían estado negociando los últimos detalles, el presidente del partido, el candidato Roberto Madrazo, la secretaria general, Rosario Green, y un puñado de dirigentes partidarios más. Las presiones eran enormes porque los compromisos adquiridos eran mayores que las posiciones a repartir. Madrazo, cerca de la una de la mañana, decidió que las cosas se quedaban como se había acordado hasta entonces y se fue a dormir. Los otros permanecieron o se retiraron a sus domicilios para cambiarse de ropa y continuar. Horas después, antes de comenzar la sesión del CPN, la situación seguía igual de tensa: a la oficina de Palacios se había “metido”, literalmente, el gobernador de Colima, Silverio Cavazos, quien exigía el cambio de una posición. Palacios negociaba con otro gobernador por teléfono y Green analizaba la documentación que se presentaría en el CPN: la ex canciller estalló al revisar los papeles: “Esto es un desastre, dijo, estas listas son las primeras que se hicieron, no las de ayer, hay que cambiarlas”. No, le dijeron sus ayudantes, estas son las listas actualizadas. No, insistió Green, “estas son las antiguas, miren, aparece José Murat y ayer el candidato aseguró que no estaría en las listas”. Palacios interrumpió su negociación telefónica y también a su secretaria general: “No, Rosario, están bien, Roberto me llamó ayer, después de irse, para decirme que Murat sí entraba en las listas”. No quedaba mucho más que hacer, pero era la demostración del profundo desorden prevaleciente en el priísmo, de cómo el candidato y su círculo más cercano están tomando las decisiones y de los costos que ello le está generando a su partido.

Diez días después, Madrazo, asesorado sólo por ese círculo íntimo, llegó sin la suficiente preparación al debate. Fue su peor jornada política en muchos años: no sólo lo perdió sino, además, perdió las formas y prácticamente se despidió de la posibilidad de ganar la Presidencia. Un día después se reunieron en el hotel Four Seasons un grupo de ex gobernadores a los que se sumaron, más tarde, algunos otros dirigentes y gobernadores en activo, la idea era ver cómo se podía rescatar la candidatura de Madrazo, pero el debate derivó, insólitamente, en la posibilidad de cambiar de candidato. Tuvo que llegar Palacios Alcocer para tratar de calmar la situación y, además, intervinieron algunos de los principales aportadores a la campaña con el fin de explicar que ya no habría recursos para lanzar otra candidatura.

Sin lugar a dudas, Madrazo, después del debate, tenía que revisar su estrategia de campaña. Lamentablemente, tomó el camino equivocad en lugar de irse por las propuestas y fortalecer su estructura (lo único que puede ya no ganar, pero, por lo menos, salvar la elección para el PRI), decidió adoptar la misma estrategia de López Obrador: decir que estamos ante una elección de Estado y amenazar con desconocer sus resultados. Resulta paradójico, porque esa es la estrategia que todos los especialistas están señalando como la responsable de la caída electoral del perredista. Y su paisano, en vez de tomar otro rumbo, decidió recorrer el mismo camino.

Pero no lo entienden así. En la reunión de Consejo Político donde se aprobaron las candidaturas, la dirigencia hizo números alegres: según ellos, el Revolucionario Institucional tiene una base de 11 millones de votos duros y el Partido Verde les sumará nada más y nada menos que entre siete y ocho millones de sufragios, con lo cual, dice la gente de Madrazo, ganarán la elección del 2 de julio. Todo puede ocurrir, pero lo cierto es que quizá los 11 millones de votos duros del PRI pudieran ser verdad, mas los siete u ocho millones de verdes están sólo en la imaginación de sus dirigentes.

Por eso muchos priístas consideran que la alternativa de su partido está en concentrarse en los estados y el Congreso, utilizando la candidatura presidencial como una suerte de plataforma para hacerse fuerte en esos ámbitos, los únicos en los cuales el PRI aparece como realmente competitivo. En las encuestas presidenciales, Madrazo está apareciendo entre ocho y diez puntos abajo del puntero, Felipe Calderón, mientras que en los estados y en las elecciones legislativas sus perspectivas podrían ser mejores. El peligro radica en que, si la campaña continúa en la lógica actual, el deterioro de la candidatura de Madrazo puede tener un efecto de cascada en la votación de los estados e incluso poner en peligro esas opciones. En varias encuestas recientes, el partido ya está tercero en el ámbito legislativo (muy lejos de las aspiraciones de ser primeros en el Senado y por lo menos segundos en la Cámara de Diputados) y eso sería, lisa y llanamente, un desastre para la mayor parte de sus gobernadores.

En los últimos días, Madrazo realizó algunos movimientos tratando de enviar señales para algunos de los políticos que habían roto o se habían distanciado en forma notable de él: colocó en su equipo de campaña a Francisco Rojas Gutiérrez, un político serio, muy cercano a Carlos Salinas (con el que las relaciones del candidato se han deteriorado al máximo), y a Manlio Fabio Beltrones, quien había permanecido alejado del entorno de Madrazo por fuertes diferencias con algunos de sus cercanos, como José Murat, para que coordine la campaña de senadores, lo que implícitamente lo coloca como un virtual líder de la bancada para la próxima Legislatura. Quién sabe si con un par de movimientos será suficiente. Todo indica que no. Lo cierto es que, mientras el discurso de la campaña gire en torno a la denuncia de “la elección de Estado” y la amenaza del desconocimiento de los resultados electorales, el suicidio en cámara lenta de Madrazo va a continuar y con él terminará arrastrando a su partido.

Tiempos de peligro

Pablo Hiriart
Crónica
2006-05-08

Vienen tiempos de peligro.
Una antigua frase popular dice que hay que tener cuidado con los que se están ahogando, porque no reparan en lo que se agarran.
Es lo que hemos comenzado a ver ahora, cuando el candidato Andrés Manuel López Obrador ha sido rebasado en las encuestas luego de haberlas encabezado desde el inicio de la carrera por la Presidencia.
El trauma es grande.
Ya se sentían ganadores y actuaban como tales.
Se repartían los cargos en el gabinete.
Ya comenzaba, incluso, la lucha interna por la sucesión del Presidente López Obrador.
El candidato que se sentía Presidente ya sabía dónde iba a instalar su recámara en Palacio Nacional.
Y de pronto las encuestas le dicen que probablemente tendrá que seguir durmiendo en Copilco.
Que el puntero es otro y faltan menos de dos meses para las elecciones.
Por eso ha comenzado a suceder lo que estamos viendo.
Camacho está fuera de sí. Como en 1994, cuando Colosio le ganó la candidatura que él creía suya y nada más que suya.
Escribió el lunes anterior que los medios que publicaron después del debate que “ganó Calderón, fueron pagados por el PAN”.
¿De veras? ¿Y los que pusieron que ganó la silla vacía fueron pagados por él? Por favor. Fuera de sí.
La Jornada, el diario que funge como vocero de López Obrador y de su partido, publicó en su editorial del día siguiente de los hechos de Atenco, que “los medios informativos (sic), por su parte, aprovecharon la oportunidad para presentar a los atenquenses como intrínsecamente violentos y levantiscos, hasta sugerir, con una escandalosa falta de escrúpulos, que el conflicto podría estar vinculado a la presencia del subcomandante Marcos en la capital del país”.
Están fuera de sí. El shock de las encuestas los ha traumatizado.
Nadie acusa en general a los atenquenses.
Pero sí a un grupo minoritario muy bien identificado que tenía secuestrada la tranquilidad en San Salvador Atenco.
(Al fin les pusieron un alto. Qué bueno. Muy bien por Peña Nieto y por Medina Mora).
¿O no vieron cómo esos violentos, y además cobardes, pateaban en el piso a un policía que iba desarmado y estaba completamente inerme?
¿No vieron cuando estaba inconsciente en el suelo y uno de los rijosos de Atenco le propinó una patada criminal en los testículos?
¿No oyeron decir a América del Valle, lideresa de los macheteros, que tenían “licencia para matar”? Ignacio del Valle, líder de los violentos, recibió en su casa al subcomandante Marcos el 25 de abril.
Marcos pernoctó en San Salvador Atenco.
La escolta de Marcos el 1 de mayo en su marcha por el Paseo de la Reforma era un selecto grupo de macheteros de Atenco.
Cuando el grupo de violentos de Atenco la emprendió machete en manos contra policías desarmados, Marcos declaró al EZLN en alerta roja.
¿Es una “escandalosa falta de escrúpulos” sugerir que Marcos y el EZLN tienen sus manos metidas en el conflicto de Atenco?
Claro que no. Falta de escrúpulos es ocultarlo.
Y por lo que se ve, grupos del PRD también están inmiscuidos en esa enorme provocación que vimos el miércoles en Atenco.
Al día siguiente de la trifulca, el Frente Popular Francisco Villa tomó por cinco horas la carretera Texcoco-Los Reyes en solidaridad con los violentos de Atenco.
Por voz de Alejandro López Villanueva, los Panchos Villa anunciaron más movilizaciones. Es decir, como el EZLN, también están en alerta roja.
¿Y quién es Alejandro López Villanueva?
Es líder del Frente Popular Francisco Villa, y además es coordinador en la campaña de Marcelo Ebrard, candidato del PRD a la Jefatura de Gobierno del DF.
¿No está metido el PRD en el brote de desestabilización?
Cuidado con los que se están ahogando, que no reparan en lo que se agarran, puede ser la frase que resuma lo que hemos vivido en estas dos últimas semanas. Y de lo que falta para el 2 de julio.
San Salvador Atenco es, a simple vista, la construcción de un cuadro de desestabilización nacional en momentos de por sí delicados, escribió el viernes Raymundo Riva Palacio en El Universal.
A simple vista, puede ser.
Como también puede ser parte de esa estrategia desestabilizadora la revuelta de sindicatos lopezobradoristas, que amagan con un paro nacional parar defender a Napoleón Gómez Urrutia, el multimillonario dirigente de los mineros mexicanos que ganan 450 pesos a la semana.
Grupos violentos y organizaciones políticas afines al PRD que simpatizan con Andrés Manuel López Obrador han sido infiltrados, desde 2001, por células bolivarianas financiadas por el gobierno de Venezuela para construir una estructura de promoción y autodefensa en caso de un eventual triunfo de la izquierda mexicana en próxima jornada electoral presidencial.
Eso decía un amplio y documentado reportaje de Francisco Reséndiz, publicado en Crónica hace exactamente dos meses.
Lo que hemos visto en estas últimas dos semanas, ¿es autodefensa del triunfo de López Obrador por parte de organizaciones radicales, ahora que ha sido desplazado del primer lugar en las encuestas?
No lo sabemos.
Lo que sí sabemos es que entramos en tiempos de peligro.
Los desesperados van a querer demostrar que el gobierno actual no sirve para gobernar.
Que no garantiza la gobernabilidad.
Así lo han manifestado ya los voceros del candidato López Obrador, que cayó al segundo lugar.
Y de manera sorprendente, ése es ahora el discurso de Roberto Madrazo.
Sí. Estamos en tiempos de riesgo. En esta contienda ya hay desesperados.
Vemos, por ejemplo, cómo el abanderado del PRD y miembros de las redes ciudadanas repiten sin ninguna base que tienen una encuesta que dice que López Obrador va arriba con diez puntos de ventaja sobre el segundo lugar.
¿En aras de esa mentira van a salir a desestabilizar en caso de que no ganen el 2 de julio?
Acusaron al periódico Reforma y a María de las Heras de haber cuchareado sus encuestas.
Dice López Obrador que esas encuestas se hicieron en Los Pinos. Que él sabe incluso quiénes se reunieron para hacer la encuesta que publicaron sobre pedido en Reforma.
Otra enorme y vulgar mentira.
El problema de todo esto es que hay gente, de la mucha que todavía sigue a López Obrador, que cree esas falsedades.
Y se incuba un ambiente de odio entre quienes lo ven a él como la única esperanza para mejorar de vida.
En esa lógica, quienes le hacen trampa a López Obrador para impedir que gane, le están haciendo trampa al pueblo con el fin de seguir enriqueciéndose y mantener a las mayorías en la pobreza.
De ese tamaño es el sofisma que están inoculando entre la población que está de su lado.
¿Tendremos uno, diez, cien atencos si la elección es cerrada y López Obrador pierde por un margen estrecho?
Deliberadamente o no, se está construyendo un escenario para que, en caso de no ganar la elección, arrebatar.
O para reventar la elección si continúa cuesta abajo en las encuestas.
Son tiempos de peligro, pues.

phiriart@cronica.com.mx

El Segregado

Pepe Grillo
Crónica
2006-05-08

No extraña que Andrés Manuel López Obrador se haya negado a asistir a la firma de un Compromiso Ciudadano de Combate a la Delincuencia. Sí lo harán hoy Felipe Calderón, Roberto Madrazo, Patricia Mercado y Roberto Campa. María Elena Morera, presidenta de México Unido contra la Delincuencia, reúne a los candidatos a la Presidencia de la República, pero uno rehusó hacer el compromiso.


El candidato del PRD sigue dolido por aquella marcha de junio de 2004 en el que brotaron de las calles hombres y mujeres de todas edades y sin partido a protestar contra la inseguridad, principalmente en la Ciudad de México. También de los spots en los que ciudadanos, entre ellos Talina Fernández, denunciaba la crudeza de su infame experiencia como víctimas directas o indirectas de la delincuencia.

A propósito de aquellos spots, López Obrador dijo: “estamos arriba en las encuestas y están nerviosos, no hallan cómo bajarnos”.

Pero ahora... ya bajó.

Las lecciones de Aznar

Leonardo Curzio
El Universal
08 de mayo de 2006

Vuelco electoral fue la expresión que se usó para explicar el triunfo de Zapatero sobre el candidato del Partido Popular (Mariano Rajoy), quien punteó las encuestas durante todo el proceso. Para Aznar, a pesar de sus imposiciones (meter a España a una guerra), el triunfo de su partido se daba por descontado. Todavía le cuesta aceptar el veredicto de las urnas. La tendencia ascendente de Zapatero se catapultó tras la manipulación informativa del gobierno de don José María, de los atentados que ensangrentaron Madrid tres días antes de los comicios.

En México nadie puede hoy por hoy asegurar que alguien tiene el triunfo seguro, sin embargo hay un cambio en las tendencias electorales (Felipe Calderón las lidera) que en algo se parece al famoso vuelco. Me cuesta imaginar que un ciudadano que había decidido votar por AMLO cambie por Felipe, no me suena lógico, pero algo está sucediendo. La última encuesta de GEA demuestra que el panista ya no sólo crece en los sectores acomodados y medios, su penetración en segmentos populares es mayor.

El vuelco electoral no es producto de la insufrible intervención del Presidente en el proceso. Bien haría Fox en comprender lo que le pasó a Aznar y ser más prudente. Un presidente saliente se preocupa por su futuro y por la herencia que deja, no por incidir en un proceso que ha salido de su esfera. Fox debe entender que en esta boda él tiene el papel del padre de la novia: ni le pidieron permiso ni es el centro de atención; así es que buenas caras y garantizar que la economía y el orden público se mantengan para no arruinar el casorio de la hija.

Calderón ha sabido leer sus coyunturas y jugar sus cartas. Lo que menos necesita es que el Presidente le haga una aznarada en la recta final.

Como contraste del ascenso calderonista está el relativo declive de AMLO. Se ha hablado de muchos efectos, el chachalaca y otros más pero el que me parece más grave es el síndrome Labastida. Resumo este mal en dos síntomas: 1) cuidar con solemnidad su figura por suponer que ya tiene el triunfo, y 2) encastillarse en la torre con los leales.

AMLO parecía imbatible y se la creyó. Empezó a pavonearse como protopresidente. Se va cristalizando la idea de que no acude a citas difíciles por miedo al riesgo. Por eso prefiere la placidez de su programa de televisión a presentarse ante los reporteros a calzón quitado. Oscila entre la ambigüedad y la evasión de temas. Ha dejado de confiar en él mismo y es presa del papel de presidente que le habían asignado. Parece no entender que las diferencias sociales y regionales obligan a matizar el discurso. Tiene un mensaje que prende entre los chilangos pero aterra en otras latitudes. No ha cultivado a las clases medias y éstas votan lo mismo que las populares. Para las clases medias y altas el bolsillo es lo central y en temas económicos ha optado por el peor de los caminos: el confusionismo. Habla de cambiar el modelo económico y después de mantener los equilibrios. Se ha instalado en la esterilidad provocada por un discurso radical y un actuar suave y prudente. Como jefe de Gobierno permitió enriquecerse a desarrolladores inmobiliarios y constructores y no tocó ningún interés significativo.

Le han colgado, sin embargo, el sambenito de la amenaza y como candidato ha sido una suerte de mastín desdentado. Sus discursos agresivos sobre los poderosos contrastan con su silente actitud ante la reforma a la Ley de Medios, su arreglo en TV Azteca y sus peticiones de perdón a Televisa. Ha permitido que sus adversarios lo coloquen como una amenaza a la economía de mercado, sin serlo.

No se ha decidido nada, pero la soberbia (que le pregunten a Aznar) de que el triunfo ya está en la bolsa o de intentar manipular el proceso es algo que hace mucho daño a quien se lo crea...

Analista político