23 de mayo de 2006

Neopaternalismo electoral

Ante el fallo del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) del día de hoy (23 de mayo), viene mucho al caso recordar este artículo publicado hace un par de meses relacionado con las decisiones de los órganos del estado respecto a la libertad de expresión...

Jesús Silva-Herzog Márquez
Reforma
6 de marzo del 2006

La expresión libre de las ideas vive malos tiempos. Y no solamente por el embate de los poderes fácticos que se incomodan siempre por la denuncia que los exhibe. También por la desconfianza de los órganos estatales que encuentra buenas razones para callar al impertinente. Las instituciones mexicanas de la imparcialidad han dado múltiples muestras de su desprecio por la libertad de expresión. En el combate con otros valores, el derecho de opinar, de criticar, de ridiculizar ha sido una y otra vez vapuleado institucionalmente. La decisión de la Suprema Corte de Justicia negando el derecho a expresar rabia frente a los símbolos patrios no es la única decisión estatal que vulnera la médula de la libertad. Legisladores, árbitros y jueces se plantan en contra del derecho de hablar con independencia, en contra del derecho de opinar, de evaluar, de defender las convicciones. Los órganos del Estado obstruyendo el debate libre e informado de la sociedad; las instituciones públicas colocando bozales a quienes debían encabezar una discusión abierta y sin estorbos.

Al parecer estamos listos para la democracia pero no para la discusión que la envuelve. Tenemos el derecho de votar por quien nos dé la gana pero todavía no somos capaces de evaluar con sensatez las voces que se despliegan en el debate público. Nuestros preceptores nos cuidan de las voces indebidas. Los guardias del lenguaje democrático castigan en nuestro nombre a los habladores perniciosos. ¿De qué plaga nos protegen? Ya sabíamos que la libertad de expresión es inconveniente, ofensiva, vanidosa, insolidaria. Por eso es valiosa: porque pellizca intereses, porque pincha vanidades, porque impugna lealtades. Ahora el IFE la ha decretado antidemocrática. A su juicio, no estamos listos para que todos los ciudadanos hablen con libertad sobre el proceso electoral. Por ello el árbitro ha creado una subcategoría política.

Frente a los ciudadanos dotados de plenos derechos, existe ahora un conglomerado de semiciudadanos. Son los servidores públicos: casi ciudadanos. El IFE fue prudente y no arrebató a los funcionarios públicos su derecho a votar el día de las elecciones. Tampoco decretó su expulsión inmediata del país. Incluso, en gala de generosidad, les permitió asistir a eventos partidistas, siempre y cuando sea en domingo. Pero los despojó de un derecho consustancial a la calidad ciudadana: el derecho de hablar, de opinar, de criticar. De acuerdo con el acuerdo del Consejo General del IFE, los servidores públicos deberán "abstenerse de emitir expresiones de apoyo o propaganda a favor de partidos políticos o ciudadanos". En materia electoral, los servidores públicos tienen el derecho de permanecer callados.

La decisión es aberrante: limita la discusión libre; sustrae del debate público un insumo indispensable y niega derechos fundamentales a una amplia categoría de personas. Pregunto: ¿es realmente ciudadano quien no puede hablar de asuntos políticos? ¿Puede llamarse ciudadano quien ha padecido la expropiación de su voz? El presidente Fox tiene derecho a hablar. Recordemos: es Presidente, no rey. Nosotros tenemos derecho a escucharlo. Mientras sus aliados tienen el derecho de recibir el respaldo de su palabra, sus opositores tienen derecho a sus tropiezos.

Roberto Hernández

Federico Reyes Heroles
Grupo Reforma
23 de Mayo, 2006

Algunas consideraciones iniciales. Primera, la riqueza y los ricos no me provocan ni admiración ni rechazo en sí mismos. Me he convencido de que hay de todo: ricos ignorantes, mal educados y patanes y ricos sensibles, sinceros, educados y valiosos. Hay que ir caso por caso. No se puede condenar ni halagar en lo general. También hay pobres repletos de maldad. Ni los ricos son malos, ni los pobres buenos por definición. Segunda, la riqueza en sí misma tampoco es buena o mala. Hay patrimonios que nos traen beneficios que resultan imprescindibles para una sociedad, frente a otros que están dedicados a sostener las frivolidades de sus dueños. Como liberal que soy, me queda claro que defenderé siempre el derecho de alguien a tener como objetivo en la vida ser rico.

Tercera, comprendo que en las campañas, al calor de las batallas por los votos, se dicen muchas sandeces y barbaridades. Pero también me queda claro que no podemos acostumbrarnos a ellas como si fueran algo natural. Para todo hay límites. Cuarta, no tengo ninguna relación personal con Roberto Hernández, no he estado en su casa ni él en la mía. A lo largo de los años Banamex me ha contratado de vez en vez para dar alguna conferencia, como muchas otras instituciones y empresas. En ellas he dicho lo que he querido y hasta allí. Quinta, también me queda claro que defender a los pobres siempre será mucho más popular que defender a los ricos. Lo que no soporto son las persecuciones por color, raza, religión, filiación política, riqueza, o por nada. Eso sí me incendia.

López Obrador ha desarrollado un discurso polarizador de los ricos contra los pobres, está en todo su derecho y por desgracia la brutal pobreza y la desigualdad le dan tela de donde cortar. Digo por desgracia porque lo deseable sería que no hubiera pobreza y desigualdad. Ojalá y las demandas fueran otras. En esa ruta, AMLO ha tomado a Roberto Hernández como estereotipo del rico malvado, defraudador y ratero. La tesis es muy popular y vendedora. Su argumento central es que el banquero no pagó impuestos al vender Banamex gracias a las concesiones de su exempleado Francisco Gil Díaz desde la Secretaría de Hacienda. La imputación es muy seria, sobre todo si se toma en cuenta el monto de la operación: 12 mil millones de dólares. Uno puede estar a favor de que esa operación debió de estar gravada. Uno puede estar convencido de que esas transacciones sólo agravan la desigualdad. Pero hay un pequeño problema: no hay argumentos de que la operación fuese ilegal.

¿Y ahora qué hacemos? Hay dos caminos: el primero supone que admitamos la legalidad aunque nos irrite o subleve, que busquemos que en el futuro no se vuelvan a repetir esos hechos. La otra actitud es la de suponer que la legalidad debe adaptarse a nuestros deseos justicieros. La primera actitud es la de un demócrata. La segunda, la de un autoritario. Así de sencillo, así de grave. ¿Son acaso las campañas una justificación para violentar los principios? ¿Debemos permitir que cualquier cosa sea dicha sin factura?

“…No es justo que al dueño de Banamex cuando vende el banco no le cobren ni un centavo de impuestos y al mismo tiempo este ciudadano Presidente, que es un reverendo hipócrita, esté queriendo cobrar IVA en medicamentos y alimentos”. Obsérvese lo tramposo del argumento de AMLO: la ley que permite la venta de ese banco está vigente desde antes de que Fox fuera presidente; la recaudación de un IVA generalizado le hubiese dado al Estado muchos más recursos que el gravamen a la venta de un banco, con otra, las dos excepciones a la larga sólo benefician a los pudientes. Se trata de enfrentar dos medidas progresistas para condenar al malo anticipado de la película y evadir el otro asunto. ¡Genial! Por cierto llamar (con todo respeto por supuesto) “reverendo hipócrita” al Presidente de la República es uno de esos actos con consecuencias que después el susodicho candidato atribuye a un “compló”

“.…He tratado de hablar con los bancos aludidos y los bancos no quieren hablar, ojalá y no sea muy tarde cuando quieran hablar”. En primer lugar los bancos no hablan, hablan los banqueros, sus propietarios, que son especie en extinción o hablan los empleados bancarios de los mejores niveles. Por cierto, soy testigo de que ese candidato rechazó encontrarse con los accionistas de Bancomer después de haber aceptado el diálogo al cual acudieron todos los otros candidatos. “…Ojalá y no sea muy tarde”. ¿Amenazas a estas alturas?

Una última perla de intolerancia: “No hay buena relación (con Hernández), y si gano él seguirá viviendo en México, haciendo negocios, pero no va a tener privilegios”. Vamos por partes: si Hernández tiene privilegios ilegales, pues que se aplique la ley. Ésas sí son facultes del Ejecutivo. Si sus privilegios son legales, un presidente lo más que puede hacer es promover una reforma de ley. “Seguirá… haciendo negocios”, hasta donde entiendo, hacer negocios es un derecho de cualquier mexicano (Hernández incluido) y AMLO como presidente no tendría mucho que decir. “Seguirá viviendo en México”. ¡Qué demonios se le atravesó a López Obrador por la cabeza! Roberto Hernández no ha hablado de dejar el país. ¿Piensa acaso AMLO que al ser presidente podría expulsar del territorio a los propios mexicanos? ¿Ignorante o malvado? El hecho es que los derechos ciudadanos de Roberto Hernández hoy son también nuestro asunto.

Un presidente puede odiar a los ricos, a los intelectuales, a los cazadores y a alguien en particular. Pero un presidente debe controlar sus fobias. Todo indica que si AMLO fuera presidente procedería con el hígado por encima de la ley. Por eso hoy el caso de Hernández nos incumbe a todos.

Los dos caminos

Macario Schettino
El Universal
23 de mayo de 2006

Hay cambios en las estrategias electorales. Sobre todo en los dos rezagados. El que está en segundo lugar, Andrés Manuel López Obrador, ha tenido que reconocer una falla seria en su campaña, y está ahora en todos los espacios televisivos que puede, además de que ha incrementado sus promocionales, y les ha dado un giro más agresivo.

El que está hundido, Roberto Madrazo, apuesta ahora por el 3 de julio, ya no por el día de la elección. Empieza a golpear duramente al interior del PRI, para evitar que la derrota electoral, inevitable, sea también su tumba política. En ese esfuerzo, intenta convertirse en agorero del desastre, inventando desde ahora excusas que le permitan radicalizar su postura una vez derrotado. Todo indica que lo que le espera es el ridículo.

Es más interesante el planteamiento de López Obrador, porque aunque las formas cambian, en el fondo su argumento sigue siendo exactamente el mismo. Insiste en que la elección se trata de optar entre dos caminos: uno que es la continuidad de lo que hemos vivido en los últimos 20 años, y otro, el que él encabeza, que implica un cambio de fondo, dice él, en el modelo económico.

Es lo malo de la falta de profesionalismo, natural en la izquierda mexicana y muy común en el antiguo régimen. Se decide al feeling, a lo que dice la intuición, a como se va viendo el abarrote. Si López Obrador, o sus asesores, fueran un poco más cuidadosos, se darían cuenta de cuántos votos se pierden en México hoy prometiendo un cambio de rumbo en la economía. Me explico.

Después de la crisis de 1995, la economía mexicana creció durante cinco años al mayor ritmo en toda su historia. Más aún que en esos legendarios tiempos del desarrollo estabilizador, idos para siempre. Aún en la administración de Fox, malos años en materia económica, el crecimiento del PIB duplica al de la población. No es mucho, pero tampoco estamos en crisis.

Peor aún para el argumento, la reducción en las tasas de interés y la inflación, así como las modificaciones legales, han permitido un incremento inusual del crédito, tanto al consumo como a la vivienda. El resultado es que hoy se construyen y venden más casas que nunca antes en la historia del país. Y aunque eso no sea fácil de entender para economistas anacrónicos, a menor tasa de interés, todos somos más ricos.

Especialmente en este momento, ofrecer un cambio de modelo económico es absurdo. Resulta que desde enero venimos creciendo al mayor ritmo en todo el sexenio. Pero aún con más detalle, las ventas de enseres domésticos están a todo vapor. Y el que compra refrigerador deja de ser pobre, y si hay algún modelo que se quiera cambiar, no es el económico, sino el de la televisión para ver el mundial.

A mayor abundamiento, el índice de confianza del consumidor que publica INEGI está en el nivel más alto casi desde que se empezó a calcular. Si tiene dudas al respecto, la nota de Carlos Ordóñez en EL UNIVERSAL el viernes pasado reporta resultados similares: 52% de la población cree que la economía está mejorando. Y puede usted encontrar cifras muy parecidas en todas las encuestas que analice: en este momento la economía no es un problema serio para los mexicanos, no es el elemento definidor de la elección.

Claramente, esto no implica que no tengamos problemas en este tema. Claro que los hay, los hemos tenido con nosotros desde siempre: pobreza, pésima distribución y desde fines de los 70, falta de empleo. Pero este último punto, el más "electorable" de los asuntos económicos, es ya identificado por los votantes como un tema de Felipe Calderón, no de López Obrador, y cito nuevamente a Ordóñez.

La insistencia de López Obrador y seguidores en el asunto económico no sólo es una pésima estrategia de campaña, es también la mejor muestra de cuánto no comprenden de la realidad actual. Tanto el candidato como sus asesores están anclados en el pasado. No entienden ni de economía ni del mundo del siglo XXI. Por eso están perdiendo votos, porque cada vez son menos los mexicanos nostálgicos, y cada vez más los que quieren competir, y ganar, en la inevitable globalización.

macario@macarios.com.mx

Profesor de la EGAP del ITESM-CCM

22 de mayo de 2006

¡Y con ustedes: el candidato del PRIRD!

Jorge Fernández Menéndez
Excélsior - Razones
22-05-2006

Exactamente 20 años le tomó, pero finalmente lo logró: Andrés Manuel López Obrador será el candidato del PRI, pero ya no para la presidencia municipal de Macuspana, como lo deseaba entonces, sino ahora para la Presidencia de la República. Lo logra, además, porque su rival de toda la vida, Roberto Madrazo, dobla las manos y, ante la posibilidad cierta de la derrota, decide que el barco de lo restante del priismo se debe hundir con él. El pasado no importa: ni aquellas denuncias contra la corrupción del tricolor ni las elecciones de estado en Tabasco ni la toma de los pozos petroleros ni las acusaciones de los asesinatos de priistas en el estado ni las marchas a México financiadas por el entonces jefe del DDF, Manuel Camacho ni las cajas en el Zócalo con los gastos de campaña de su adversario, tampoco la votación en torno al desafuero o las acusaciones de que existía un PRIAN. Nada de eso es importante, hoy López Obrador va del brazo y por la calle con quien fue su enemigo histórico; Roberto Madrazo. Las guerras fratricidas siempre son las peores, pero también los pleitos de familia, por más violentos que hayan sido, siempre pueden encontrar una reconciliación.

Hoy López Obrador parece convertirse en el candidato del PRIRD o, quizás, viendo la conformación de su equipo de campaña y estas novísimas alianzas, del viejo PRI a secas, porque el PRD ha quedado en el olvido. Aquella frustración de Macuspana ha sido recompensada con creces.

Cuando se dio el debate del 25 de abril pasado, dijimos que habíamos visto a un Roberto Madrazo desconocido, titubeante. Aparentemente, ese desequilibrio, fomentado por sus más cercanos colaboradores, la mayoría del ala más dura y oscura del priismo, ha decidido asesinar la campaña para salvar su destino personal. Ahora sabemos que, desde hace tres meses, en el seno del equipo de Madrazo estaban analizando y negociando una alianza con López Obrador, con la excusa, dicen en el equipo del priista, de denunciar una elección de Estado, con la ambición real de, ante la debacle, tratar de sumarse al enemigo histórico con tal de salvar algo. Por eso, ahora es comprensible la cerrazón la negativa a incorporar a representantes de otros sectores, fuera del madracismo duro, a las listas de candidatos; por eso, el rechazo a siquiera hablar con militantes de las corrientes renovadoras, liberales, del priismo. El paquete, diría Francisco Franco, debería quedar atado y bien atado para el paso posterior: apostar por López Obrador y formar con él un grupo parlamentario común para después del 2 de julio. Lo que en su novela La victoria, Jaime Sánchez Sussarrey preveía para el 2009, se adelantó tres años.

Pero la apuesta de Madrazo, de tan desesperada, puede resultar contraproducente, tanto para él como en el caso de AMLO, que la ha aceptado sin abrir la boca, aunque el PRD no sepa ahora hacia dónde mirar. El problema es que el priista carga con buena parte del desprestigio, pero con cada vez menos de su poder real. El peso decreciente de Madrazo se ha puesto de manifiesto en las dos más recientes reuniones con los gobernadores priistas: en la anterior acudieron siete de 17, en la de Ixtapan de la Sal de la semana pasada, sólo cinco y la mayoría para reclamarle por su desastrosa campaña. Los gobernadores no están con él e incluso quienes sí están se verán en serios problemas con la nueva estrategia, porque son todos de estados donde su fuerza se ha cimentado, a lo largo de los años, en la confrontación con el perredismo lopezobradorista: los gobernadores del norte, el centro y el occidente del país no quieren saber nada con Madrazo y lo que desean es ganar sus respectivas elecciones y apostar por la gobernabilidad y su futuro, están más cerca de Calderón que de López Obrador. Quienes apoyan al priista en el sur y el sureste del país, no sé cómo harán ahora para explicarles a sus militantes que en realidad AMLO es un buen tipo, un aliado al que se le debe respetar y con quien hay que caminar juntos: no me imagino a Ulises Ruiz abrazando a Gabino Cué, a Andrade aliado con César Ojeda, a Félix González haciendo planes con el Chacho Zalvidea o a Carlos Hurtado acordando con Layda Sansores. Porque la apuesta es tan desesperada que ni siquiera ha incluido a esos integrantes del madracismo; sale directamente del equipo de campaña y de personajes como José Murat, que vienen trabajando en ella de tiempo atrás. Lo que están buscando no es salvar su partido sino su cuello y en esa lógica todo se vale, sobre todo si, como lo consideran, pasado el 2006 pueden seguir con un registro y unas prerrogativas que les garantizarán varios cientos de millones de pesos al año.

Pero, paradójicamente, esa misma estrategia los dejará peor parados aún: con cada vez menos aliados internos y a disposición de un candidato, López Obrador, que los utilizará porque desde cuando perdió las preferencias electorales los necesita, pero que en realidad los desprecia. Al mismo tiempo, desde el panismo (pero también desde Alternativa) se podrá imponer la idea de que, efectivamente, el PRI y el PRD son lo mismo, que se trató, simplemente, de una pelea de familia por una sucesión en vías de solucionarse. Madrazo, mientras tanto, se diluye y se queda, siguiendo un símil que él mismo presentó en el debate, como el equivalente a un Roberto Campa, pero defendiendo el espacio político del perredista. Y ello los puede hacer perder la elección a los dos: ¿qué mejor publicidad quiere Calderón que la alianza Madrazo-López Obrador?

Pero la estrategia resulta insostenible: no tiene sustento ni legitimidad. El priista lo único que logrará va a ser, en el mejor de los casos, salvar el futuro político de alguno de los suyos, desesperados porque se les va el último tren, pero se quedará cada vez más solo. AMLO podrá ganar votos, pero perderá legitimidad. Claro, juntos pueden desestabilizar al país y provocar, después del 2 de julio, una crisis. Esa es la otra apuesta.

El regreso de Andrés Manuel

Mario Campos
Excélsior
20-05-2006

La voz del candidato se ha escuchado más fuerte que la de sus adversarios. El problema es que se mantiene atado a su discurso

Quizá le suene familiar esta historia. Luego de trabajar varios minutos en la computadora, de pronto ésta queda congelada. El cursor no se mueve y el teclado se vuelve inservible. Ante la frustración, actuamos como guiados por un instinto; presionamos la tecla escape. Nada cambia. ¿Qué hacemos entonces? Pulsamos la misma tecla una y otra y otra vez, como si nuestra necedad fuera capaz de sacarnos del apuro. Por supuesto, el recurso sólo sirve para entretener a quien esté a nuestro alrededor.

La referencia viene a cuento, pues en los últimos días se ha hablado mucho del relanzamiento de la campaña de Andrés Manuel López Obrador. Tan sólo en dos semanas, el perredista ha dado entrevistas en radio y televisión a Joaquín López-Dóriga, Javier Alatorre, Héctor Aguilar Camín y Brozo, por mencionar las más comentadas.

Además, durante abril, el candidato de la Alianza por el Bien de Todos echó la casa por la ventana en materia de spots. De acuerdo con el más reciente monitoreo del Instituto Federal Electoral, AMLO contrató 231 promocionales en horario triple A, es decir, aquellos transmitidos entre las ocho y las diez de la noche. Durante ese mes, el tabasqueño superó los 186 de Felipe Calderón y los 181 de Roberto Madrazo, lo cual confirma que, pese a su dicho, Andrés Manuel entendió que su campaña por tierra –que lo ha llevado a recorrer el país– necesita también de una cobertura por aire, vía la presencia en medios, adicional a la hora diaria que mantiene en Televisión Azteca.

El cambio, reflejado en los datos, ha sido considerado por diversos analistas como un reconocimiento tácito a las siete encuestas más recientes –publicadas por Demotecnia, GEA-ISA, Consulta-Mitofsky, Reforma, BGC, Parametría-Excélsior y El Universal– las cuales han coincidido en colocar a Felipe Calderón en el primer lugar de las preferencias rumbo al 2 de julio.

No hay duda, hubo un cambio cuantitativo en la campaña de Andrés Manuel López Obrador. Un incremento notable en intensidad. También, es cierto, se ha presentado un movimiento cualitativo. El incremento en los spots se ha visto acompañado por nuevos comerciales, más emocionales y enfocados en el liderazgo de su candidato, así como por una campaña negativa –firmada por el Partido de la Revolución Democrática– y una fuerte presencia mediática del Gobierno del Distrito Federal.

Ante las cifras adversas, el partido corrigió y su brazo en el gobierno de la ciudad hizo lo propio. Sin embargo, al analizar la presencia de López Obrador en los medios, uno descubre que el mensaje del candidato es exactamente el mismo de antes del relanzamiento. En sus entrevistas, AMLO insiste en que hay dos proyectos para la nación, acusa a “los de arriba” de querer impedir su ascenso al poder y no puede pasar más de cinco minutos sin mencionar a Roberto Hernández, los banqueros o el presidente Fox.

Peor aún, Andrés Manuel parece afectado por el síndrome mariquita. Como hiciera Francisco Labastida en 2000, ahora el perredista no abandona un foro sin haber negado a Hugo Chávez, referirse a la deuda de la Ciudad de México y repetir todas las críticas que –reales o inventadas– ha recibido. Es cierto, la voz del candidato se ha escuchado más que la de sus adversarios. El problema es que se mantiene atado a su discurso y ello le impide refrescar su imagen. Decirle lo mismo a más personas no necesariamente es la solución. No cuando el mensaje es el problema.

Quizá ya se dio cuenta, y de ahí el giro de hace un par de días del candidato perredista al pedir una entrevista con Vicente Fox para distender los ánimos, mismos que calentó horas antes de solicitar la audiencia al calificar al mandatario como “títere” y “pelele”. Habrá que ver cómo gestiona el gobierno esa papa caliente –que por lo pronto ha enviado a Gobernación para salirse del problema– y si este anuncio es parte de un plan más amplio.

Por lo pronto, Felipe Calderón mantiene su estrategia de comunicación –campaña negativa, spots del candidato y el respaldo de los anuncios del gobierno foxista–, y así lo hará mientras las encuestas y el marco legal lo avalen; en el campo político ha hecho movimientos interesantes. Los más notables: la confirmación de la alianza con Elba Esther Gordillo, vía el presidente Fox, y la comentada adhesión de priístas, como Genaro Borrego, Jesús Reyes-Heroles, Carlos Ruiz Sacristán, Luis Téllez y Diódoro Carrasco. Este movimiento tiene varios fines: mostrar una imagen de candidato capaz de atraer a políticos, agudizar la imagen de crisis en el PRI y, al mismo tiempo, abrir canales de interlocución con actores ajenos al Partido Acción Nacional, señal importante rumbo a la elección y con miras a un eventual gobierno en caso de ganar en julio.

El panista está haciendo su juego. ¿Encontrará una respuesta estratégica en el Partido de la Revolución Democrática? No habrá que esperar mucho tiempo para conocerla. En los próximos días sabremos si existe un auténtico replanteamiento de la campaña perredista o si Andrés Manuel López Obrador seguirá pulsando la misma tecla, una y otra vez, hasta que le sangre el dedo.

macampos@enteratehoy.com.mx

Madrazo, out

Pablo Hiriart
Crónica
22-05-2006

Hace algunos meses Roberto Madrazo dijo algo completamente cierto: en la elección de julio está en juego la República. Fue una advertencia acertada del riesgo que significa para la vida democrática del país un posible triunfo de López Obrador. Lástima que a Madrazo se le olvidó su propio análisis. Ahora vemos a un Madrazo desdibujado, subido de última hora en el vagón de cola del Partido de la Revolución Democrática. Lástima por el PRI.

Tercero en las encuestas, Madrazo acusa que estamos frente a una “elección de Estado”. ¿De dónde saca eso de una elección de Estado? El PRI creó al IFE para acabar con las elecciones de Estado, y lo consiguió, aún a costa de enfrentarse al dilema de ganar o perder. El PRI realizó las grandes reformas electorales para dar rumbo democrático a México y lo logró. El PRI votó por los actuales consejeros del IFE, y se integró un consejo ciudadano con calidad profesional. El PRI impulsó el establecimiento de tribunales independientes del Ejecutivo para dirimir las controversias en los comicios, y esos tribunales funcionan. ¿De qué reniega el candidato del PRI?

Criticar el actual proceso porque es “una elección de Estado”, no es parte del léxico del PRI. Ése es el lenguaje del PRD. Y ese lenguaje siempre le ha traído costos electorales al PRD. Por eso el partido del sol azteca siempre termina por caerse en las encuestas y en las elecciones. Por pendenciero.

¿A dónde llevan al PRI Roberto Madrazo y el joven Jorge Emilio González? Los militantes de ese partido con toda seguridad deben estar preocupados. Y tienen razones de sobra para ello. El lenguaje de choque y el espíritu radical que embarga a su candidato, los está quitando del centro político y los pone al extremo de López Obrador. Por ese camino no sólo van a quedar terceros, sino que su votación va a bordar cerca del 20 por ciento.

En sus últimos discursos Madrazo se ha lanzado contra “el modelo”. No sólo el jinete es malo, sino que hay que cambiar de caballo. Con enormes insuficiencias, el gobierno lo está haciendo bien en la economía. Puede hacerlo mucho mejor, sin duda. Pero no estamos en el caos, ni hay fuga de capitales, ni las empresas están quebrando, ni las casas son embargadas por bancos a punto del colapso. Madrazo no puede irse contra lo que está funcionando. Aunque desde su tercera posición es entendible que lo vea todo desastroso, ésa no es la realidad. Aún está a tiempo de hacer un alto en el camino, Sí, detenerse un momento para escuchar a sus críticos y entender que el problema que lo tiene en esa situación tan lamentable no es el PRI, ni es Fox ni es el IFE: el problema es él.

Madrazo dejó el centro político, y ése es un problema. No hace campaña, sino que hace giras. Visitas. Lo escuchan quienes van a votar por él y nada más. Y lo que dice no tiene sentido estratégico para el país. No toca los temas esenciales. Bajar el precio de la gasolina y poner en su lugar a los delincuentes, es su oferta. Muy bien. ¿Y? Su propuesta es confusa. No tiene cuerpo. Da la impresión de que nada de lo que propone tiene contenido.

El frente interno también lo tiene de cabeza. Al interior del PRI hay un tiradero. Madrazo enredó de manera innecesaria elecciones locales que el PRI tenía ganadas. Chiapas, Guanajuato y Morelos son tres muestras de autodestrucción. En los tres estados se complicó la situación para el PRI con renuncias, imposiciones sorpresivas y desbandadas. Y todo por mentir.

Los hechos, a estas alturas, parecen estar dándole la razón a Elba Esther Gordillo. O sin el “parecen”, para decirlo llanamente. Lo que le hizo a Elba Esther al dejarla colgada con el compromiso de la reforma fiscal, se los ha hecho a muchos aliados suyos. Pateó a sus amigos y dejó que Mariano Palacios metiera en las listas de candidatos del PRI para acomodar ahí a varios exponentes de lo peor de la nomenclatura de ese partido. Le cerraron las puertas a cuadros partidistas que saben sumar, que aportan, con capacidad técnica y política, como Diódoro Carrasco, Andrés Rozental, Jesús Reyes Heroles y un sinfín de otros priistas con altísimas facultades a quienes les habían prometido un lugar en esta contienda, y los marginaron.

Madrazo volvió a fallar, pues. Y las encuestas lo están reflejando. Sí, Madrazo tenía toda la razón cuando dijo que en las elecciones de julio está en juego la República. Nada más que quien puede evitar el triunfo de López Obrador, no es él. Luego de espléndidas batallas políticas, Madrazo perdió el piso. A él le aplica, como a pocos, el principio de Peter.

La moneda del dos de julio está en el aire. Un buen resultado va a depender de que Felipe Calderón no cometa el mismo error de Labastida hace seis años, y creer que ya ganó. Está en buena posición para ganar las elecciones, sí. Y su equipo es el que mejor responde ante las circunstancias, pues han capitalizado bien los errores de López Obrador y demostraron que saben aprovechar las oportunidades, como el debate.

Paradójicamente un triunfo de Felipe Calderón significa, también, la salvación del PRI. Ya se vio que con un gobierno del PAN no desaparece el PRI. Al contrario, gana elecciones, es el principal partido y tenía posibilidades reales de regresar a Los Pinos. Además, Calderón ha hablado de un gobierno de concertación, que necesariamente tendrá que ser con el PRI.

Si gana el PRD, en cambio, adiós PRI. Se lo van a tragar casi completo y ese partido se irá extinguiendo de manera acelerada, lo que no sólo es malo para los priistas, sino para México: al país no le conviene una polarización a dos bandas. Se necesita el centro, y ese centro es el PRI.

Por eso la pregunta: ¿A dónde va Madrazo montado en el vagón de cola del PRD? ¿Por qué abandonó el centro? ¿A dónde llevan al PRI con esa aventura de acusar que hay “una elección de Estado”, nada más porque están en tercer sitio? Con esa postura sólo le hacen el juego a López Obrador, que descalifica las encuestas como una forma de preparar el terreno y descalificar las encuestas de salida el 2 de julio, y luego descalificar la elección completa.

Le hacen el juego a los grupos ultras de la Coordinadora de la Educación (fundada por el profesor Bejarano, entre otros), a los macheteros de Atenco y al EZLN que están por “la otra opción”. Y esa otra opción es derrocar al gobierno democrático para poner al suyo.

Le hacen el juego a académicos que de manera voluntaria o involuntaria se prestan a maniobras extrañísimas al vaticinar en el exterior, como Sergio Aguayo (El País del lunes pasado), que tendremos una elección ilegítima y que el IFE carece de autoridad moral. No sabemos qué se busca con esta crisis que se construye sobre premisas falsas, pero a este reputado académico le pueden volver a colgar el mote de “apóstol cultural de la CIA”, o de alguna otra agrupación de turbia trayectoria.

Como se ve, es fuerte la división que hay en la clase política, entre los intelectuales y también entre algunos sectores de la población. Vamos a necesitar un presidente negociador. Que recomponga. Que sume en lugar de excluir. Y las virtudes básicas de un negociador son la tolerancia y tener palabra para cumplir los compromisos.

Para el dos de julio vamos a una elección dividida entre dos candidatos y lo que está en juego es, como bien dijo Madrazo, la suerte de la República. Pero el que puede ganarle a López Obrador, no es él.

phiriart@cronica.com.mx

El espectáculo

Leonardo Curzio
El Universal
22 de mayo de 2006

Es sabido que las sociedades modernas están basadas en el espectáculo. La tiranía de lo llamativo nos va llevando suavemente por una pendiente en la que lo que un día es llamativo, al día siguiente deja de serlo. Así, poco a poco, nos vamos acostumbrando a todo. "Dar la nota" es la consigna. Eso explica por qué cada día hace falta un poco más de picante, un poco más de sangre, una barbaridad más sonora, para conseguir notoriedad; el espectáculo debe seguir y nadie escapa a esa lógica. Hemos entrado a una suerte de subasta de las exageraciones en la que todos se sienten legitimados para decir una barbaridad más grande que su oponente y seguir así por una escalada simétrica de despropósitos.

Empezamos con el complot y de allí pasamos al peligro y la amenaza. Un escalón más y continuamos con la ingerencia venezolana que es replicada no con deslindes claros, sino con otra maniobra propagandística que se expresa en señalar al gobierno como un pelele del Imperio. En el quién da más nadie se contiene. Sesudos personajes sugieren, para adquirir relevancia en los medios, que estamos frente a una elección de Estado, sin explicar cómo un gobierno que fue incapaz de dotarse de una mayoría en el Congreso, puede ahora manipular con éxito todos los resortes para desviar la voluntad del soberano.

Por supuesto que en esta subasta de las barbaridades lo que menos hace falta es probar lo que se dice. Soltar la bomba y desentenderse de la pruebas. ¿Qué más da que las entidades que aportan el mayor número de electores al padrón electoral (DF y estado de México) estén gobernadas por lo oposición? ¿Qué más da que cerca de un millón de ciudadanos vaya a organizar la elección? Todo es minimizado porque el discurso espectacular no quiere matices, quiere crear un estado de ánimo. Lo importante no es la verdad, es crear una percepción en la opinión pública. La máxima de los propagandistas inescrupulosos es "percepción mata a realidad".

Por eso cuesta tanto pedir moderación en el uso del lenguaje y sus implicaciones. Ya es frecuente que se usen términos como "el golpe de Estado" para explicar las tendencias electorales. Se dibuja, a partir de la cadena de temores que están artificialmente inyectando a la opinión pública, un escenario de tensión tan fuerte que muchos se preguntan si las elecciones terminarán en una lucha callejera o el país puede quedar en manos de un dictador que nos lleve a la ruina. La exageración se vuelve norma.

Fuera del espacio electoral la puja por las barbaridades es peor. En este país se puede hablar de una virtual guerra civil y tener al líder revolucionario paseando en el metro o en las pantallas de televisión. Se puede decir que los policías violaron un número tal de personas y desentenderse de las pruebas. Total: ¿quién quiere pruebas? Repita hasta el cansancio su versión, si la realidad lo desmiente, peor para la realidad.

La tendencia a frivolizar el uso del lenguaje nos va llevando a la insoportable levedad de la declaración. No abundan quienes se hagan responsables de lo que se dice y por ello la espiral de la estulticia crece sin cesar.

Nos hemos instalado en una especie de kermesse verbal en la que todo es falso, desde el sheriff, hasta el registro civil. Por fortuna este país tiene sentido común y cada vez se asusta menos con "el petate del muerto" y aunque les pese a los proxenetas de la transición, son más los que creen en el cambio pacífico que en los que siguen amenazando la estabilidad del país.


Analista político

21 de mayo de 2006

Mucho ruido…

Jaime Sánchez Susarrey
Reforma
21 de Mayo

La propuesta energética de López Obrador merece ser analizada con detenimiento. El cambio de modelo que está proponiendo le otorga un papel central y estratégico a Pemex. El candidato de la Alianza por el Bien de Todos considera que la industria petrolera debe convertirse en la locomotora del desarrollo nacional. De ahí deriva una serie de objetivos para la reposición de las reservas y para alcanzar la autosuficiencia en la producción de gasolina y gas hacia el año 2009.

Vayamos, pues, por partes. En lo que se refiere al primer capítulo AMLO establece cuatro metas centrales:
  1. mantener la producción de petróleo crudo en 3.4 millones de barriles diarios, nivel que se alcanzó en 2004;
  2. incrementar la producción de gas natural;
  3. reponer el 100 por ciento de las reservas extraídas cada año; y
  4. aumentar el volumen de las reservas probadas.
Para entender la magnitud del objetivo trazado hay que tener presentes dos cuestiones: primero, se propone alcanzar un estado en el que la producción de petróleo sea estable, al igual que las reservas, y que la vida media de esas reservas se mantenga por un período de 10 años. Segundo, lograr esa meta supone elevar la tasa de restitución de las reservas del 18 por ciento que se alcanzó en el 2004 al 100 por ciento en el primer año de su gobierno y sostener ese nivel a lo largo de todo el próximo sexenio.

O para decirlo de otro modo, López Obrador espera probar durante ese lapso un total de 7 mil 427 millones de barriles de petróleo que superan la reserva probada original (suma de producción acumulada y reservas remanentes) de la Región Marina del Suroeste de la Sonda de Campeche y superior también a las reservas probadas remanentes del Complejo de Cantarell, que se descubrió durante el gobierno de López Portillo y que ha sido la base fundamental de la producción petrolera nacional.

Respecto del gas natural las metas no son menos ambiciosas. Suponiendo un crecimiento de la producción de 2.5 por ciento al año, el volumen de reservas que tendría que probar es de 12.3 millones de millones de pies cúbicos, monto superior a las reservas probadas originales de las cuencas de Burgos y Veracruz o de los yacimientos agrupados en torno al campo de Macuspana. Esto significa que en un período de seis años tendría que probar reservas de gas por un monto equivalente al 60 por ciento de las reservas actuales.

¿Dónde está la falla y por qué carece de consistencia? Porque el descubrimiento de mantos petrolíferos y yacimientos de gas no depende sólo de la cantidad de recursos que se inviertan en la exploración ni se puede ajustar a un calendario previamente fijado. Es cierto que para aumentar las reservas de gas y petróleo es indispensable invertir más, tal como lo plantea MALO, pero esa es sólo una condición necesaria, que no suficiente. Sobre la madre naturaleza nadie manda, ni aunque se llame Manuel Andrés y haya sido elegido por la divina Providencia para ser presidente de México y redimir a los pobres y oprimidos.

Semejante propuesta equivale a ofrecer que las temporadas de lluvias serán abundantes durante todo su gobierno y que los fenómenos meteorológicos conocidos como huracanes no tendrán efectos nocivos sobre el territorio nacional. Quien oyera semejante despropósito no podría sino soltar una enorme carcajada. Todo el mundo sabe que el dios Tláloc es muy veleidoso. La reposición de reservas de crudo y de gas depende de condiciones igualmente aleatorias que nadie en su sano juicio puede suponer controlar.

Pero dejemos la magia y pasemos al segundo punto. La estrategia para alcanzar la autosuficiencia en la producción de gasolina y gas se fija varios objetivos:
  1. utilizar el 100 por ciento de la capacidad instalada de refinación para 2007;
  2. aumentar la capacidad de destilación al 48 por ciento al término de 2009;
  3. eliminar la exportación de crudos ligeros; y
  4. modificar el esquema de refinación con el objeto de producir más combustóleo y destilados intermedios que sustituyan al gas natural.

Las objeciones que se pueden formular a esas metas son muy precisas:
  • Primero, es imposible utilizar la capacidad instalada de una refinería al 100 por ciento. Los estudios técnicos muestran que refinerías bien operadas no pueden sostener tasas del 95 por ciento de su capacidad instalada sin aumentar el riesgo de graves accidentes.
  • Segundo, tampoco es viable que en los tres primeros años del próximo sexenio se incremente la producción de gasolina en 239 millones de barriles diarios mediante la construcción de nuevas refinerías. Y no es posible porque la planeación y ejecución de ese tipo de proyectos requiere, cuando menos, de cuatro años y medio.
  • Tercero, la eliminación de la exportación de crudos ligeros es irracional. El crudo Olmeca, por ejemplo, tiene un precio de venta muy superior al resto de los crudos ligeros debido no sólo a su mayor rendimiento sino a las ventajas que ofrece en la fabricación de lubricantes. Así que aprovecharlo sólo para la refinación en México se traduciría en una pérdida de valor.
  • Cuarto, el combustóleo (un combustible de mucho menor calidad y precio que el diésel) está en desuso. No sólo por las consecuencias negativas que tiene su consumo desde un punto de vista ecológico, dado su alto contenido de azufre, sino porque es un producto de bajo rendimiento económico. Por eso en los últimos 25 años la demanda internacional ha caído. Amén de que su uso obligaría a efectuar una serie de inversiones adicionales para prevenir el daño ambiental que causaría.
Resulta alarmante que la joya de la corona de la propuesta económica de López Obrador sea una mezcla de “razonamientos” mágicos y de inconsistencias técnicas. De hecho, la idea de convertir al sector petrolero en la locomotora del desarrollo nacional es en sí misma endeble por no decir absurda. Para entenderlo basta con considerar dos datos:
  • Primero, mientras que las manufacturas contribuyeron con el 20 por ciento del PIB en 2003, la aportación del sector energético se limitó al 2.8 por ciento del PIB.
  • Segundo, las remesas de los trabajadores mexicanos en Estados Unidos y el valor de las exportaciones de la industria automotriz y de autopartes superan, cada una por sí sola, el valor de las exportaciones petroleras.
No hay, pues, consistencia ni sustancia en esta propuesta que nos ofrece un giro de 180 grados para alcanzar el paraíso que se encuentra a la vuelta de la esquina. Se trata de crasa ignorancia envuelta en un lenguaje populachero y “antineoliberal”. Mucho ruido y ninguna nuez.

20 de mayo de 2006

Política y futbol

Pepe Grillo
Crónica
20-05-2006

Un grupo de analistas y expertos en estadísticas se puso a interpretar los resultados de las apuestas que se realizan por internet en torno a los candidatos a la Presidencia de la República Mexicana y llegó a conclusiones muy interesantes.

  • Roberto Madrazo, el candidato del PRI, tiene tantas posibilidades de ganar las elecciones del dos de julio como posibilidades tienen Serbia y Montenegro de ganar el Mundial de Futbol.
  • El candidato del PRD, Andrés Manuel López Obrador, tiene tantas posibilidades de ganar la Presidencia como posibilidades tienen Brasil e Inglaterra de ganar el Mundial.
  • Pero el abanderado del PAN, Felipe Calderón Hinojosa, tiene tantas posibilidades de ganar la Presidencia como posibilidades tienen todos los demás equipos, incluidos Alemania e Italia, de obtener el Mundial.
  • La candidata de Alternativa, Patricia Mercado tiene las mismas posibilidades de ganar la Presidencia que Trinidad y Tobago de ganar el Mundial.
  • A Roberto Campa, del PANAL, los matemáticos lo comparan con Guatemala, que ni siquiera calificó al Mundial.
De acuerdo con este análisis, Costa de Marfil tiene más posibilidades de ganar el Mundial que Madrazo de ganar la Presidencia. Sólo así se explica la capitulación del tabasqueño ante su paisano.


Salir del clóset: PRI-AN y PRI-RD

Yuriria Sierra
Excelsior - Nudo Gordiano
20-05-2006


Por fin, el bipartidismo de clóset en el que México ha vivido durante los últimos 20 años se animó a dejar el armario y deschongarse en las vísperas de la elección presidencial. Y pasará, necesariamente, por el desfonde del PRI. En menos de dos días, sucedió lo que no había pasado en casi dos décadas… Anteayer vimos la inclusión de una parte importante de los priístas del sexenio zedillista sumándose a la campaña de Felipe Calderón y, apenas ayer, con un anuncio sorpresivo, Roberto Madrazo invitó a Andrés Manuel López Obrador a crear un “frente común” con el objetivo de evitar la llamada “elección de Estado”. Pero vamos por partes:

Con melón y con sandía. Lo que en este sexenio fue claro como el agua (después de la derrota electoral del PRI en el año 2000 y agotado su pegamento más poderos el poder presidencial) es el hecho de que en ese partido político vivían enclosetadas dos grandes tendencias ideológicas. Y ojo, no son ni hay que confundirse con los antiguos ejes derecha/izquierda (eso, como tal, ya no existe), sino el nuevo eje que se ha apoderado de América Latina: Progres contra Retros o bien Tecnos contra Dinos o bien Neoliberales contra Populistas… Aquellos que creen que la ruta económica del libre mercado es la adecuada y aquellos que aseguran que el Estado debe ser rector de la economía… O lo que es lo mismo, panistas y perredistas de clóset tricolor. Esta división estaba tácitamente clara desde principios de sexenio, cosa que quedó clarísima en las dos legislaturas que han trabajado en el sexenio. Prácticamente, en todas las reformas y debates de importancia que se discutieron en San Lázaro, no veíamos un voto priísta, sino dos votos priístas: unos cargados hacia la postura panista y otros a la perredista. Pero no fue hasta estas últimas 48 horas, cuando el PRI agarró el camino azul y el camino amarillo. La cargada se acabó.

El PRI-AN o adiós a Madrazo. Volviendo pues, a la coyuntura, no sólo fue noticia el hecho de que Diódoro y compañía zedillista se reunieran y le manifestaran su apoyo a Felipe Calderón Hinojosa, sino que se suscitó otro evento que confirma lo que hace apenas dos días comentamos en este mismo espacio; una mayoría de los gobernadores del PRI jugarán este 2 de julio en cancha de pasto azul. De un total de 17 mandatarios locales priístas, sólo cinco acudieron al encuentro con Roberto Madrazo. Este vacío prendió todas las alarmas en el cuarto de guerra madracista.

Lo cierto es que, seguramente, una parte importante de la estructura del PRI será puesta al servicio del candidato del PAN. No de a gratis, claro está. Seguramente veríamos a dos o tres priístas en el gabinete de Felipe si esos apoyos se traducen en una victoria electoral. Priístas que, sin duda alguna, se encuentran más cercanos, ideológicamente, al programa de gobierno panista que al de Roberto Madrazo.

Pero amén de las comuniones ideológicas, este sector del priísmo (que no sólo son los zedillistas y los gobernadores, sino también el otrora llamado Tucom) fue severamente desplazado por Roberto Madrazo; y no olvidemos que la fórmula mágica del PRI durante más de 70 años fue aprender a repartir el pastel entre todos. Si el poder fue el afrodisíaco de ese partido durante todo ese tiempo, su pegamento fue la distribución del mismo. Los calderonistas lo saben, y por eso buscaron entre quienes ofrecían lealtad a cambio de darles juego político, y votos, a cambio de darles opciones de futuro.

El PRI-RD o los primos-hermanos. Tal como Emilio Chuayffet lo dijo alguna vez, el PRI y el PRD son algo así como primos hermanos. No en balde su denominación de origen. Pero tampoco en balde el priísmo que conforma el primer círculo de Andrés Manuel. Y mucho menos en balde la declaración de Roberto Madrazo en el sentido de crear un frente común. Ayer mismo vimos publicada una fotografía de un encuentro dizque “casual” entre Manuel Camacho Solís, coordinador de las redes de AMLO, y David Penchyna, coordinador de Roberto Madrazo. ¿Casualidad? De ninguna manera. Tanto los tirios como los troyanos saben que pueden necesitarse el 3 de julio… Pero, ojo, no para los mismos fines…

Madrazo o… vende caro tu amor. Es obvio que el candidato de la Alianza por México sabe que su tercer lugar es ya irrevocable: su apuesta por el voto duro priísta y por la estructura se desfonda en el momento en que los gobernadores del PRI no se sienten ya comprometidos con el candidato de su propio partido. ¿Se va a sumar Madrazo a López Obrador? En lo absoluto. La estrategia de Madrazo bien puede ir por otro sendero. Como me decía Carlos Casillas ayer en el programa de radio en Imagen Informativa, más que ser un guiño de ojo a López Obrador, la declaración de Madrazo podría tener como telón de fondo el encarecer su reconocimiento de la victoria el 3 de julio. Como tercera fuerza política, puede vender muy caro “levantarle la mano” al ganador, sobre todo si el margen de victoria es muy estrecho. Según lo revelan las encuestas, hoy, Felipe Calderón ganaría el 2 de julio, pero posiblemente por pocos puntos porcentuales. Así pues, el día de ayer, Madrazo convocó al Peje a crear un frente para evitar una “elección de Estado”, pero en realidad estaría usando a Andrés Manuel para mandarle un mensaje muy preciso a Fox y al PAN: les va a costar muchísimo que el candidato del PRI salga en cadena nacional validando y legitimando el triunfo de Felipe.

Addendum: Lo curioso es que esta coyuntura será tan sólo el detonador (el “empujoncito”) que el PRI necesitaba para salir de sus respectivos clósets ideológicos y abrir paso al régimen de partidos necesario y sanar la comprensible neurosis en la que México ha vivido durante los últimos años. Todos saldrán ganando y respirarán libres, contentos y… bipartidistas.

El coqueteo de Madrazo y López Obrador

Crónica - La Esquina
20-05-2006

Tras más de una década de odios intensos y demandas mutuas, los equipos de Madrazo y de López Obrador se coquetean, se citan en lo oscurito (“encuentros fortuitos”, dijeron anteayer), se guiñan y se niegan. Todo sea para no responsabilizarse de un fracaso posible y de otro seguro. Y si en el camino se llevan entre las patas la estabilidad del país, ni modo: lo que importa son las carreras políticas personales...

19 de mayo de 2006

Siete ingenuidades

Jaime Sánchez Susarrey
Reforma
4 de marzo del 2006

1. Esta es una elección como las otras. El país no se hace y se deshace cada seis años. Así que no importa quién gane. México seguirá avanzando.


Falso. Esta no es una elección como las otras. Lo que está en juego es todo el proceso de modernización y, con ello, el futuro de México. La victoria de AMLO (o de MALO, según su acta de nacimiento) implicaría un giro de 180 grados. Equivaldría al regreso del viejo PRI, el de Echeverría y López Portillo. Con un agravante adicional: López Obrador es un líder popular que no se detendrá ante nada ni ante nadie.

2. AMLO no come lumbre. Una vez en la Presidencia de la República moderará sus posiciones. Sabe que hay que ser prudentes con la política económica. Al final, terminará aceptando las coordenadas de los organismos internacionales y negociará con ellos.

Falso. Para entender a López Obrador hay que recordar una frase de Mao: la política debe estar al mando del fusil, y otra de Lenin: la política es economía concentrada. AMLO regirá sus decisiones económicas por objetivos políticos. Su prioridad será distanciarse del "modelo neoliberal" y hacer que la población sienta una mejoría tangible e inmediata. Para hacerlo utilizará todos los recursos del Estado. El incremento del gasto y del déficit fiscal se puede dar por descontado.

3. No importa que AMLO gane la Presidencia de la República. Él, como cualquier otro, se enfrentará a un Congreso dividido en tercios. El PRD no será la fuerza mayoritaria y el Presidente se verá obligado a negociar.

Falso. López Obrador no tendría el 2 de julio mayoría en el Congreso, pero podría forjarla fácilmente en los meses posteriores. La victoria de AMLO y el fin del PRI son la misma cosa. Lo estamos viendo desde hace tiempo. Los priistas no tienen empacho ni complicaciones para sumarse a la causa de Andrés Manuel. Lo sienten, por razones evidentes, como uno de los suyos. Además de que desde la Presidencia de la República se trabajaría a marchas forzadas para forjar con ellos ese bloque mayoritario.

4. México es un país de instituciones fuertes. La separación de poderes es un hecho. Frente al Poder Ejecutivo está el Poder Judicial. AMLO no podrá ni querrá enfrentarse a la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Ya en la Presidencia se moderará y dejará atrás los arrebatos.

Falso. Una de las convicciones más profundas de AMLO es que cuando hay contradicción entre la Justicia y la Ley hay que optar por la primera y reformar la segunda. Ese fue el principio que utilizó en el caso de El Encino y del Paraje San Juan. Además, está convencido de otras dos cosas fundamentales: a) Mariano Azuela, presidente de la SCJN, fue parte del complot en su contra; b) la reforma del Poder Judicial es inaplazable. Así que el choque es más que previsible. Utilizaría todo el poder de la Presidencia para forzar la renuncia de Mariano Azuela y, posteriormente, para "reformar" al Poder Judicial.

5. En el punto 45 de los 50 Compromisos de gobierno, AMLO se compromete explícita y formalmente a respetar la autonomía del Banco de México. Este compromiso es una garantía más de que respetará las instituciones y no impulsará políticas económicas populistas.

Falso. Las descalificaciones constantes y abiertas que ha hecho de Guillermo Ortiz, gobernador del Banco de México, no han sido ninguna broma u ocurrencia. Anuncian, como en el caso de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que una de sus prioridades como presidente de la República será forzar la renuncia de Guillermo Ortiz y, posteriormente, presionar a la Junta de Gobierno del Banco de México para que no choque con los lineamientos de la Secretaría de Hacienda. Todo eso se hará bajo una consigna: eliminar los reductos y los candados que los neoliberales le quieren imponer al Proyecto Alternativo de Nación del presidente de la República.

6. Existen otros contrapesos reales que no hay que subestimar. AMLO ya negoció con las corrientes perredistas. La mejor demostración de ello es que nombró a Jesús Ortega como su coordinador de campaña. Pero, además, está la presencia y la autoridad de Cuauhtémoc Cárdenas en el PRD. Nada de eso desaparecerá el 2 de julio. Así que, como Presidente, López Obrador se verá obligado a entenderse con ellos.

Falso. AMLO conoce bien el funcionamiento interno del PRD. No tiene respeto por las corrientes internas, que él y otros definen como "las tribus". La tregua que pactó con Ortega es coyuntural. Finalmente, López Obrador sabe y está convencido de que con la sola estructura perredista no puede ganar la elección. Su apuesta fuerte es a las redes ciudadanas que están coordinando Ricardo Monreal y Manuel Camacho. Así que, de ganar la Presidencia, uno de sus primeros objetivos será reestructurar al PRD para acabar de apoderarse de lo que queda del partido. En esa ecuación, Cuauhtémoc Cárdenas y Lázaro Cárdenas no tienen cabida. Son el tumor que hay que acabar de extirpar. Porque, además, en una estrategia de largo plazo, el presidente López Obrador se fijará como objetivo la creación de un partido que esté en movimiento permanente, tal como hizo en Tabasco cuando fue presidente del PRI en 1983.

7. No hay que ser tremendistas. La alternancia en el poder es un hecho. La gente ya votó por el PAN y se desilusionó. El giro hacia el PRD cierra un ciclo. Podría incluso ocurrir que los peores pronósticos se cumplieran, pero aun así no hay mal que dure 100 años, es decir, a mediados del sexenio la gente tendría la oportunidad de sancionar al gobierno y al cabo de seis años AMLO tendría que irse para su casa.

Falso o, cuando menos, hay mucho que matizar. En sus 50 Compromisos de gobierno AMLO se ha comprometido a efectuar un plebiscito para que su mandato sea (o no) ratificado. Pero dice el dicho, y dice bien, que cuando alguien se despide muchas veces es que no quiere irse. Y eso aplicado al referéndum se traduce en algo muy sencillo: quien le pregunta al pueblo si debe continuar a la mitad de su mandato, igual le puede interrogar si debe continuar al final del mismo y, consecuentemente, reelegirse. Perogrullo: López Obrador en la Presidencia tendrá el poder de hacer y deshacer un sinfín de cosas; amén de que está convencido de que él y sólo él encarna la oportunidad y la posibilidad de restaurar la República. Así que quienes creen que al cabo de seis años se irá tranquilamente a su casa, bien se podrían llevar una sorpresa. O para decirlo con palabras de Ricardo Pascoe, quien conoce muy bien al candidato de la Alianza por el Bien de Todos: el problema no es que AMLO/MALO llegue al poder, el problema es que no se va a ir.

Medios: ¿objetividad o pluralidad?

José Antonio Crespo
Excelsior - Horizonte Político
19-05-2006

Partidos y candidatos exigen de los medios, comunicadores y analistas ser objetivos. Muchos lectores también reclaman a los articulistas o conductores su falta de objetividad, aunque normalmente eso sucede cuando sus puntos de vista no coinciden con los de los comunicadores. Pero cuando están de acuerdo, los felicitan por su “objetividad”. Ello significa que, para el ciudadano promedio, objetividad es sinónimo de coincidencia; mientras más pienses como yo, eres más objetivo, y viceversa, si opinas distinto de mí, eres parcial y absolutamente falto de objetividad. En realidad, politólogos, periodistas, comunicadores y analistas no pueden ser objetivos, aunque lo quisieran, por la sencilla razón de que en las “ciencias sociales” (que de ciencias sólo tienen el nombre) no existe la objetividad.

Ni siquiera en las ciencias exactas puede hablarse de absoluta objetividad, como lo demuestra “el principio de incertidumbre” de la física moderna, según el cual la luz se comporta como corpúsculos o como ondas, según la posición del observador. En las disciplinas sociales, Max Weber documentó sobradamente las razones por las cuales es imposible la objetividad. Hay desde luego hechos duros, pero en su interpretación intervienen las filias y las fobias del observador, prejuicios, anhelos y miedos, convicciones ideológicas, por lo que el resultado de los análisis está lejos, muy lejos, de la objetividad. Sí puede aspirarse a cierta imparcialidad, es decir, una disposición a criticar con la misma vara a todos los actores estudiados. Pero frente a dicha corriente “neutralista” existe otra que no exalta necesariamente esa imparcialidad como un valor positivo. Si algún periodista o académico profesa una convicción democrática, pero vive en un autoritarismo o es un monárquico que habita en una república o un socialista que “padece” el capitalismo, ¿debe dejar de expresar o proyectar su condena a este último? ¿Su ejercicio debe ser aséptico, exento de la intención de influir en favor de la causa en la cual cree? Muchos piensan que no, sino por el contrario, parte de su responsabilidad social consiste en empujar la convicción en la cual cree (pero basado en hechos y argumentos racionales). Es la vieja idea de que el conocimiento social por sí mismo no sirve de gran cosa si no va acompañado del esfuerzo por transformar la realidad, mediante la famosa praxis. Los ciudadanos, académicos, periodistas y comunicadores tienen derecho a defender y promover sus convicciones, siempre y cuando no utilicen información falsa o deliberadamente sesgada (aunque ella nunca seráv completa, por definición).

A los medios informativos como actores sociales también se les pide la imposible objetividad. Podrían quizá ser más o menos imparciales, pero esa es una decisión que libremente pueden tomar. La imparcialidad suele ser más resultado de un cálculo económico en un mercado competido que de un valor ético, pues tiende a generar credibilidad, que a su vez se traduce en rating y éste, en dividendos. Otros medios pueden decidir legítimamente expresar sus convicciones políticas cuando no afecte (o no demasiado) su viabilidad económica. La falta de ética se presenta cuando se decide cierta línea política a cambio de favores en ese ámbito o compra de conciencias, ante lo cual no hay más que legislar dentro de lo posible para evitar las relaciones perversas entre medios y poder. Y otros medios pueden constituirse deliberadamente en una “trinchera política”, subordinando la rentabilidad económica a un propósito político. Están también en su derecho (que tengan o no credibilidad suficientes es decisión del público). Cualquier analista puede entonces elegir la vía de la “neutralidad ética” o bien deliberadamente ejercer la praxis política por medio de su trabajo.

¿Qué puede entonces esperarse de los medios en una democracia, si la objetividad no existe, la imparcialidad es una decisión particular y la militancia un derecho legítimo? Pues la pluralidad, que ofrece a los ciudadanos una amplia gama de posiciones y opiniones que libremente pueden aceptar o desechar. Las diversas opiniones y posturas de los medios, así sean partidistas, se contrastan y contrapesan mutuamente. Incluso los excesos y abusos tan habituales en los medios pueden ser contrarrestados por la pluralidad. Así lo detectó Alexis de Tocqueville al estudiar el modelo estadunidense: “El único medio de neutralizar los efectos de los periódicos es multiplicar su número (pues) entre tantos combatientes no se puede establecer ni disciplina ni unidad de acción; así se ve a cada uno enarbolar su respectiva bandera”. De ahí la importancia de la competencia entre los medios y el riesgo que supone la existencia de monopolios. Es, pues, la pluralidad y la libertad de expresión lo que caracteriza a la democracia mediática, más que la imposible objetividad o la difícil imparcialidad.

¿Audiencia con el pelele?

Yuriria Sierra
Excelsior - Nudo Gordiano
19-05-2006

Anteayer, Andrés Manuel López Obrador fue presa de una crisis de ira y soberbia: en un discurso inflamado, llamó “pelele” y “títere de intereses extranjeros” a Vicente Fox. El ardor nada republicano que se apropió del Peje volvía a colocarlo en una situación idéntica al “cállate, chachalaca”. Esos ímpetus incontrolados pueden ser de altísimos costos. Además, esta nueva declaración, la del “títere”, es prácticamente idéntica a la famosa “aportación” de Hugo Chávez al llamar a Fox “cachorro del imperio”, lo cual le permitiría al PAN elaborar un spot mucho más filoso, si se trata de comparar y establecer similitudes de discurso entre el candidato y el venezolano.

Recuento de daños o tomemos un café. Sin embargo, evidentemente, la estrategia de la campaña de Andrés Manuel López Obrador ya fue puesta en manos de un verdadero experto en la materia (sabíamos de algunos a quienes “andaba buscando” nada más y nada menos que René Bejarano en días recientes), un verdadero asesor de campañas y, ni tardos ni perezosos, ayer realizaron un recuento de daños en varias pistas.

El objetivo central era desviar la atención respecto de las declaraciones de Andrés Manuel López Obrador y trasladar el foco hacia otro lado. Lo lograron: cuando El Peje anunció que pediría una audiencia con Vicente Fox, para “serenar los ánimos”.

Así logró que nadie, ningún medio de comunicación o ninguno de sus opositores, insistiera en los nuevos calificativos que le propinó al presidente.

Y de paso, cercar al enemigo. El anuncio fue tan sorpresivo que el reciente pecado declarativo pasó, en menos de 24 horas, al olvido de facto. Hasta la tarde-noche de ayer, ninguna notificación oficial de la solicitud del candidato de la Coalición por el Bien de Todos había llegado a Los Pinos, pero el objetivo se había conseguid que el soundbite de “pelele y títere de los extranjeros” siguiera dando vueltas por todos los medios de comunicación. Y, por otro lado, el de tenderle una celada a Fox: el día de hoy, primero Rubén Aguilar y luego el presidente mismo, serán cuestionados hasta arrancarles una postura oficial respecto de la solicitud: y si el mandatario dice que no, entonces El Peje habrá conseguido un regalito adicional: la oportunidad de señalarlo como parcial e indispuesto al diálogo y a la civilidad. Si el presidente guarda silencio, AMLO habrá conseguido lo que tanto reclamaba: callar a Fox.

Y si no esta audiencia, la otra audiencia. Y por si acaso la estrategia del cafecito en la residencia oficial no funcionaba como cortina de humo, en la campaña del PRD prepararon dos dardos adicionales con el mismo objetivo.

Por un lado, presentaron una nueva denuncia, ahora en la PGR, sobre los nuevos spots del PAN, en los que aparece López Obrador en la toma de pozos en Tabasco y los lamentables sucesos de Tláhuac durante su gestión en el Gobierno del Distrito Federal.

Por si acaso la demanda no atraía los reflectores de los medios, Gerardo Fernández Noroña soltó otra perlita: que Vicente Fox había intentado convencer a Jorge Emilio González, el tristemente célebre Niño Verde, de unirse a la campaña de Felipe Calderón.

Y funcionó: del “títere” y del “pelele”, hoy, ni quien se acuerde.

Los refuerzos de López

Raúl Cremoux
El Universal
19 de mayo de 2006

Ya no se autonombra "el indestructible" y su dedito ha dejado de moverse negativamente para responder a los reporteros; antes bien, ahora los busca y no deja pasar la oportunidad de ir a las estaciones radioemisoras o a los estudios de televisión. La risita burlona, cuando hablaba de sus oponentes, desapareció totalmente. En su lugar está una cara larga y preocupada.

Desde ahí califica a siete de las principales y más serias casas encuestadoras (incluyendo a este diario) como instrumentos de un complot cibernético. Su estrategia ha cambiado. Se ausentó del primer debate ya que, decía, primero debieran eliminarse entre sí el PRI y el PAN para tener el derecho a debatir con su excelencia el puntero. En su semblante ha desaparecido la permanente ironía y ahora lo tiñe la amargura y la amenaza. Por ello echa mano de aquellos cercanísimos que lo fueron cuando era jefe de Gobierno.

Ya estaban en campaña el inseparable Nico, bien acompañado de las gacelas, también de César Yáñez, el escurridizo vocero, y por supuesto de Octavio Romero, quien fuera su oficial mayor.

Más tarde, cuando Felipe Calderón apretó el paso, hizo llamado a Leticia Cervantes, directora de Participación Ciudadana, con atribuciones semejantes a Josefina Vázquez Mota en Desarrollo Social. Ahora ha pedido a Alejandro Encinas le envíe a cuatro elementos clave:


  • A) Francisco Garduño, el mismo que ofreció entregar las placas a todos los automovilistas en un tiempo récord o renunciaría. Años más tarde continúan circulando cientos de coches con placas de antaño. Mientras tanto, ocupó la titularidad en la Secretaría del Transporte y Vialidad para auspiciar los taxis piratas del sacrosanto Frente Popular Francisco Villa y jamás ha dado respuesta a los miles de fraudes en los módulos de licencias de seis delegaciones que alcanzan los 20 millones de pesos.
  • B) Asa Cristina Laurell nunca pudo, desde la Secretaría de Salud, ofrecer buena atención hospitalaria y medicinas suficientes que provocaron numerosas quejas de pacientes. Quizá la tarea de distribuir las becas a los ancianos le quitaba parte de sus recursos y mucho de su tiempo.
  • C) Laura Itzel Castillo, encargada de Desarrollo Urbano, deja una estela de fracasos que se ilustran con sólo salir a la calle, pero, sobre todo, carga con las irregularidades de las torres de 12 y 14 pisos en Polanco, cuando los permisos y reglamentos indican que deben ser de tan sólo tres niveles.
  • D) Claudia Sheinbaum dejó de ser una académica para convertirse en la única ambientalista del mundo que siembra toneladas de cemento y varillas; derrumba árboles y nos regala, sin licitación de por medio, obras monumentales que estimulan exponencialmente el número de autos.

Tales construcciones carecen de visión y proyecto como lo demuestra el tramo mal llamado segundo piso del Periférico norte, que tiene cinco accesos de los que funcionan tres y carece de descenso sobre el mismo Periférico en su planta inferior para desembocar sólo por el poniente en una angustiosa y única salida. Es decir, una ratonera. Al inaugurar la obra, se convirtió en la encendida oradora que quizás le faltaba al candidato perredista. Por todo esto, ha sido llamada como prístino refuerzo electoral.

A ver si con estas muletas el aspirante vuelve a mostrar alguna que otra sonrisa.

cremouxra@hotmail.com

Escritor y periodista

Olor a derrota

Ricardo Alemán
El Universal - Itinerario Político
18 de mayo de 2006

Según casi todas las encuestas, ninguna de las estrategias le ha resultado al candidato Madrazo

Igual que en las justas deportivas, en las competencias electorales el triunfo o la derrota se transpiran. Huele a triunfo, huele a derrota, dicen los aficionados a los deportes espectáculo. Ya huele a poder, dicen los políticos de quien está cerca de ganar una elección. Y en sentido contrario, cuando todo parece adverso, dicen que se percibe el olor de la derrota. Y ese aroma, el de la derrota político-electoral, se pega en la piel, se mete hasta los huesos, trastorna los sentidos. Y aparecen negación y justificación, afloran contradicciones e incongruencias. La desesperación suele ganar terreno y mueve a recursos últimos, desesperados, que las más de las ocasiones aceleran la derrota, pero que a veces sorprenden con un milagroso triunfo.

Y precisamente en la justa electoral que vivimos, son dos los candidatos y sus equipos de campaña los que transpiran ese peculiar olor de la derrota -lo que no significa que el 2 de julio resulten perdidosos, sino que hasta se puedan alzar con el triunfo, porque en política no hay nada escrito-. Se trata de Madrazo y de AMLO. En los dos casos aparecen las señales típicas de quienes ven alejarse la victoria y, aunque de manera tardía, ambos han reaccionado para tratar de recuperar el terreno perdido, con la esperanza de que el siempre veleidoso electorado se convenza de que son la mejor alternativa.

Madrazo parece el más preocupado. Una inversión de muchos millones de pesos, en medio de una guerra política interna que casi destruye al aparato del PRI, sólo le han servido para contener la previsible sangría de su voto duro, pero no le han aportado un solo voto nuevo. Según casi todas las encuestas, ninguna de las estrategias electorales, de imagen y marketing, le ha resultado al candidato Madrazo, quien recurrió, en una decisión que parece desesperada, a un cambio de última hora.

Madrazo buscó al estratega de la comunicación mediática, Carlos Alazraki, quien ha dado muestras de ser uno de los mejor dotados para el arte de la publicidad, pero quien no hace milagros. El problema para Alazraki es la marca y el producto que deberá posicionar, las cuales no se venden fácilmente, sobre todo en un tiempo tan corto como 45 días. En realidad lo que el PRI espera del cambio de estrategia es un milagro, que se ve difícil de llegar. En todo caso, el viejo partido le estaría apostando a mantener sus espacios de poder en el Congreso de la Unión, donde puede mantener su poder real.

En el otro bando, el de AMLO, la situación no resulta tan dramática, pero igualmente preocupante, sobre todo porque se experimenta el fenómeno contrario. De puntero en las encuestas, ha experimentado una caída lenta pero sostenida, hasta desbancarlo del primer sitio para enviarlo al segundo lugar. En el caso de AMLO nadie puede decir que todo está perdido. Con un cambio de estrategia efectivo y un mensaje adecuado, 45 días son suficientes para recuperar una porción de votos y preferencias perdidas.

Pero en la campaña de la coalición Por el Bien de Todos hay un pequeño problema, llamado Andrés Manuel López Obrador. Y es que por absurdo e increíble que parezca, el mayor problema del candidato de la llamada izquierda institucional -que hay que decirlo de paso, de izquierda no tiene nada-, es el propio AMLO. Como jefe de Gobierno del DF, y gracias a sus "mañaneras", a su política social y al desafuero, se construyó a sí mismo como el candidato presidencial más aventajado, como el indestructible y como el "rayito de esperanza". Pero en ese largo y sinuoso camino dejó cadáveres políticos.

Sacrificó a aliados fundamentales, como los Bejarano; rompió con la dinastía de los Cárdenas; asaltó a su partido, al que impuso dirigencia y candidatos indeseables; insultó y peleó con el Presidente, con los banqueros, con los poderosos capitanes de empresa, con organizaciones civiles que cuestionaron la inseguridad. Insultó y se empeñó en desprestigiar a los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial, y lanzó misiles de descrédito a instituciones electorales como el IFE y el Tribunal Electoral. Y por si no fuera suficiente, reincidió públicamente en pecados como los de la soberbia y la mentira.

López Obrador era -y sigue siendo- más que el "espíritu santo". Era el jefe del PRD, de la campaña de la izquierda, la coordinación de la coalición, el estratega, el escribidor de discursos, el palomeador de listas a puestos de elección popular, el creativo y el publicista, el vocero de sí mismo, todo, absolutamente todo. No aceptaba opiniones, sugerencias, críticas, porque sólo él es el iluminado. Pero esa luminosidad se apagó cuando sus adversarios contrastaron incongruencias y engaños, cuando jugaron sucio y exhibieron algunos de los cadáveres que dejó, cuando encontraron que la fortaleza de AMLO estaba en las debilidades del propio AMLO.

Y frente a ese embate sublimó sus debilidades. Negó todas las encuestas, negó la razón y el sentido común, negó sus errores y flancos débiles, y terminó por negarse a sí mismo. Hoy aparece desesperado y nervioso en tv, el medio que siempre negó. Hoy huele a derrota, junto con su equipo. Pero parece tarde, a menos que ocurra un milagro. Al tiempo.

aleman2@prodigy.net.mx

18 de mayo de 2006

Caída libre

Jaime Sánchez Susarrey
Reforma
13 de mayo del 2006


¿Caída libre? Por el momento sería aventurado asegurarlo, pero no es imposible. Todas las encuestas recientes muestran la misma tendencia: mientras AMLO va para abajo, Felipe Calderón va para arriba y ya es el puntero. Ulises Beltrán le otorga una ventaja de 5 puntos, MURAL 7, GEA/ISA 8, María de las Heras 3 y Mitofsky –curiosamente– 1. No hay, pues, ninguna duda. Estamos ante una tendencia. Sólo AMLO en sus delirios puede asegurar que se trata de un complot. Lo cierto es que los errores y los aciertos cuentan y cuestan en las campañas. Por eso, lo que hace unos meses parecía imposible se ha vuelto realidad: los ciudadanos le están pasando la factura al Peje.

Peor aún. Lo que hoy se percibe podría ser mucho más grave de lo que AMLO y sus entornos quieren reconocer. ¿Por qué? Porque el voto duro del PRD es de apenas unos 4 y medio millones de personas. La ventaja de 10 puntos que llevaba el candidato de la Alianza por el Bien de Todos en febrero se fincaba en los electores flotantes, es decir, en aquellos que no tienen una ideología ni una preferencia partidista definida. Pero esos ciudadanos votan diferente en cada elección y pueden cambiar de opinión, como está ocurriendo, a lo largo de una campaña. El error de AMLO fue y es creer que los tenía amarrados, metidos en la bolsa y que la victoria ya era suya.

Y pues no. La victoria de AMLO no es un hecho, es sólo una novela. Lo que sí es un hecho es que el desconcierto y la confusión se han apoderado del Peje y de su estado mayor. Las tensiones y las contradicciones entre el candidato y su equipo están a la vista. López Obrador, fiel a sus mejores reflejos, opta por desconocer la realidad e insiste en que sigue 10 puntos por encima de Felipe Calderón. ¿La prueba? Una encuesta que él mando a hacer y que por alguna extraña razón no muestra y tiene guardada bajo siete llaves. De ahí la insistencia en que todo es un complot, que no hay errores que lamentar ni estrategia que corregir. Todo va viento en popa. Corolario: hay que pasar la voz para que los ciudadanos no se traguen las ruedas de molino que les quieren vender los medios de comunicación.

Manuel Camacho, por su parte, utiliza un lenguaje sibilino. ¿Están truqueadas –se le pregunta– las encuestas? No, pero sí. ¿Cómo? –replica el reportero. Los números son manipulables –insiste. Entonces están truqueadas –replica el replicante. No, pero sí –concluye, lúcido, Camacho. Y anuncia un inminente cambio de táctica, que no de estrategia. Lo que, cuando menos, equivale a reconocer que se cometieron errores y que por eso Manuel Andrés López Obrador (MALO) ha caído en las preferencias electorales. Pero entonces aparece Ricardo Monreal, general de cinco estrellas como Manuel Camacho, y afirma que no hay rectificación que hacer. Por fin, ¿en qué quedamos? ¿Hubo o no hubo errores? ¿Habrá o no rectificación?

Ante semejantes confusiones, uno esperaría un pronunciamiento tajante de MALO en cualquier sentido. Pero no, nada de eso ocurre. Y es justamente en ese momento cuando Leonel Cota declara tajante: no vamos por debajo de Calderón, estamos en un empate técnico, tal como lo muestra la encuesta de Mitofsky, porque la diferencia es de sólo un punto. Ah, entonces sí hubo una caída. Los 10 puntos porcentuales de ventaja del mes de febrero efectivamente se perdieron. El cómo y el por qué no parece preocuparle al presidente del PRD, pero de cualquier modo haría bien en informarle a su candidato que eso fue lo que realmente pasó en las últimas semanas.

Pero las contradicciones y las confusiones no terminan ahí. Por una parte, el cambio de estrategia se anuncia en varios frentes: primero, se responderá en forma automática a cada uno de los mensajes negativos de la “guerra sucia” del PAN y su candidato; segundo, se montará una campaña negativa contra Calderón mediante spots en la televisión –que ya se están exhibiendo–; y tercero, MALO se lanzará de nuevo contra el Presidente de la República y su Gobierno; la tregua después del chachalacazo se da por concluida. La bondad y la oportunidad de esa rectificación se podrán evaluar muy pronto. Porque ya se sabe que las campañas negativas son armas de doble filo: si funcionan, bien; pero si no, pueden hundir definitivamente una campaña.

Por la otra, las actitudes de López Obrador resultan verdaderamente desconcertantes. El sábado o el domingo pasado, Felipe Calderón le lanzó un fuerte ataque: lo definió como un esquizofrénico que es incapaz de reconocer la realidad tal cual es y añadió: hace dos meses cuando las encuestas no me favorecían no me puse a lloriquear, hice cambios en mi equipo y en la estrategia para remontar la situación adversa. A pregunta expresa de varios reporteros sobre los dichos del candidato del PAN, MALO respondió que no respondería y que los ataques en su contra confirmaban que seguía siendo el enemigo a vencer. Pero entonces, ¿dónde quedó la nueva estrategia? Porque no tiene sentido emprender una campaña de respuesta inmediata a los ataques de Calderón si al mismo tiempo el candidato de la Alianza por el Bien de Todos se sale sigilosamente por la puerta de atrás.

Lo que ha pasado en estas seis u ocho semanas no es sencillo de explicar. Súbitamente hubo un cambio de percepción en los ciudadanos. Hace meses, los desplantes, las barbaridades y las teorías esquizoides del entonces Jefe de Gobierno de la Ciudad de México no espantaban a un buen número de ciudadanos ni les quitaban el sueño. Las toleraban e incluso las veían con simpatía. Todo se le pasaba y todo se le resbalaba. Era el candidato teflón. Por eso, entre otras cosas, se sentía invencible e indestructible. El giro que están dando los ciudadanos confirma que eso ya no es así. El “cállate, chachalaca” le costó y la ausencia en el debate también lo perjudicó. Cada vez más gente lo percibe como un hombre intolerante e iracundo. Ya no es la víctima de un complot, sino un riesgo potencial para el país en caso de que alcance la Presidencia de la República.

El problema de MALO es que no tiene categorías mentales para confrontar esa realidad, procesar la información y corregir el rumbo de manera eficaz. Y no las tiene porque está convencido de tres cosas: una, que su misión es purificar la vida pública y restaurar, como Juárez, la República; dos, que él es el único representante del pueblo; tres, que sus enemigos fraguan permanentemente complots para arrebatarle la victoria. De ahí la posibilidad de que los electores flotantes se sigan alejando de un candidato obcecado y limitado, con rasgos esquizoides, que grita como chachalaca: ¡Hay compló, hay compló!

AMLO y la encuesta Consulta-Mitofsky

Francisco Báez Rodríguez
Crónica
18-05-2006

Andrés Manuel López Obrador, durante la entrevista que le realizó el martes pasado Joaquín López-Dóriga, insistió en que la mayor parte de las encuestas publicadas son parte de una campaña orquestada en su contra. No podía, sin embargo, incluir entre esas encuestas la que Consulta-Mitofsky levanta para Televisa. Hubiera sido por lo menos de mal gusto sugerir que el medio que lo estaba entrevistando formaba parte integral del complot demoscópico.

Esta excepción hacia Consulta y Televisa no obstó para que AMLO señalara lo que él considera “algunas imprecisiones” de la encuesta a cargo de Roy Campos. De los señalamientos del candidato de la Coalición por el Bien de Todos se desprende que, o bien él personalmente se echó un clavado en la página de Consulta y sacó las típicas conclusiones de un lector superficial, o bien algún miembro de su equipo hizo lo propio, buscando afanosamente el negrito en el arroz para quedar bien con su jefe y darle “artillería”.

Las críticas metodológicas que hizo López Obrador son dos. La primera es que los pobres están poco representados en la muestra de Consulta. La segunda es que la alta tasa de rechazo a ser encuestados proviene, mayoritariamente, de gente que lo apoya. Ninguna de ellas tiene sustento.

En el apartado de “método de estimación de resultados”, la empresa demoscópica señala, con toda claridad, que los resultados presentados “no son frecuencias simples, sino estimaciones basadas en la utilización de factores de expansión”. Para decirlo en otras palabras, no todos los entrevistados en la muestra cuentan igual a la hora de ponderar las respuestas. El peso de cada cuestionario se normaliza para que la probabilidad de selección de cada individuo en la muestra sea casi exactamente la misma. En otras palabras, se corrigen posibles sesgos sociodemográficos, así como la no-respuesta. Ni modo, se cayó el argumento.

Ahora bien, supongamos —y no es un supuesto desdeñable— que a pesar de estas estimaciones, sigue siendo muy pesado el factor de la gente que se rehúsa a contestar la encuesta, y ha tenido que ser sustituida. Ahí las noticias son peores para López Obrador.

En un artículo de 2004, firmado por Marcelo Ojeda, el segundo hombre en Consulta-Mitofsky, se analiza el problema de las tasas de rechazo. De acuerdo con los datos de la encuestadora, hay diferencias significativas de acuerdo con la región del país y el nivel socioeconómico del entrevistado. Los estados en donde mayor es el rechazo son Puebla, Tlaxcala, Jalisco, Nayarit y Colima, difícilmente considerados bastiones perredistas. Y donde más amable es la gente con los encuestadores es en Sonora, Sinaloa, Veracruz, Michoacán, Morelos y Guerrero. En cuatro de los seis estados hay una fuerte presencia histórica del partido del sol azteca.

Por niveles socioeconómicos es aún más claro. Mientras más rica es la gente, menos ganas tiene de responder encuestas electorales. Es una línea tan continua como correlacionada con la votación histórica del PAN. Quienes tienen ingresos familiares superiores a los 85 mil pesos mensuales suelen rechazar la encuesta el 56 por ciento de las ocasiones. Familias con ingresos de entre 35 mil y 84 mil pesos le dicen que no a la entrevista el 46 por ciento de las veces. En el otro extremo, 30 por ciento de quienes ganan entre 2 mil 700 y 6 mil 800 pesos al mes se niegan a ser entrevistados y solamente el 24 por ciento de quienes ganan menos de 2 mil 700 rechaza la encuesta.

¿Qué quiere decir esto? Que quienes le dijeron a López Obrador que las altas tasas de rechazo escondían a sus simpatizantes le mintieron y le hicieron un flaco favor. Es más fácil que las tasas de rechazo hayan escondido a votantes panistas, más abundantes entre la gente con ingresos altos. La gente pobre y sencilla es la más accesible a los encuestadores, aunque Andrés Manuel no les crea.

Pienso que al final sería más sencillo que, en lugar de andar metiéndose en análisis actuariales, el candidato perredista analizara sin pasión qué fue lo que provocó los cambios en las tendencias de la opinión pública y se abocara a corregirlo. Pero la soberbia es mala consejera. Y los malos consejeros sobran.

fabaez@gmail.com