14 de junio de 2006

No a las reformas

Ricardo Alemán
El Universal - Itinerario Político
14 de junio de 2006


Sobran ejemplos de intolerancia político-electoral, que llegan al extremo de la agresión verbal

El pasado lunes 12 de junio, en Voz del Lector, de EL UNIVERSAL, se publicó la carta de Flavio López, simpatizante de "cierto candidato" presidencial, preferencia que manifiesta abiertamente en su casa y en su automóvil. Dice que en su recorrido diario, "de la casa al trabajo es notable el rechazo, la reprobación, el insulto (con cláxon y a gritos), y la polarización en que se está convirtiendo esta desgastada vida democrática, que ya es un peligroso coctel de animadversión".

Y abunda sobre el tema: "Tal parece que, lejos de ejercer el derecho a la libre expresión, estoy ofendiendo e insultando a mucha gente al expresar mi simpatía por mi candidato. En mi tránsito diario observo caras de rechazo e indignación, cuando me voltean a ver... ¿Es un peligro manifestar mi apoyo por mi candidato? Creo que no; sin embargo, he pasado momentos de angustia, pues temo que de simples insultos pasen a las agresiones físicas".

Si bien el caso de ese lector preocupado alcanzó un espacio en las páginas de EL UNIVERSAL, no es el único. Abundan los ejemplos de intolerancia político-electoral y de abierto odio hacia quienes piensan distinto, hacia aquellos que no simpatizan con tal o cual candidato, y que llegan al extremo de la agresión verbal, muy cerca de la agresión física.

En días pasados presenciamos una fuerte discusión entre un grupo de habitantes de las colonias San Pedro Mártir y Tepepen. La primera es una colonia de habitantes de escasos recursos y la segunda de clase media. El incidente inició cuando, en una panadería de San Pedro Mártir, la dueña del establecimiento le comentó a una cliente de Tepepan que no votaría por AMLO "porque es un mentiroso". Un par de mujeres que compraban pan se metieron a la discusión y mediante gritos e insultos defendieron a López Obrador. Minutos después, y sin realizar sus compras, las dos mujeres salieron del lugar espetando a gritos: "pinches riquillos, pero ya se les va acabar el gusto, cuando gane López Obrador". El odio de pobres contra ricos.

La tarde del 7 de junio, al día siguiente del debate, los hermanos Fabiola y Manuel Teherán circulaban a bordo de su automóvil sobre la avenida Insurgentes. Uno de ellos ondeaba por la ventanilla una bandera del PAN. Repentinamente un camión de carga los embistió. Se bajaron para reclamar el pago del golpe y la respuesta los dejó atónitos. Insultos por ser panistas, por "riquillos", y la identidad partidista y de clase. "Nosotros le vamos al ´peje´ y háganle como quieran... Pínches ricos". El odio clasista.

Como a las 13 horas del domingo 4 de junio, la joven Paola Santibáñez y un grupo de amigos viajaban en su automóvil por la avenida Insurgentes, frente a la colonia Florida. Su automóvil portaba adheríbles alusivos al PAN. De pronto fueron interceptados y rodeados por un grupo de personas vestidas de amarillo, que portaban pancartas y banderines del PRD y logotipos de López Obrador, que golpeaban el automóvil, escupían los cristales y lanzaban toda clase de insultos. "Ricos rateros", decía una pancarta que pegaban al parabrisas. "¡Ya verán cuando gane López Obrador!", gritaban los rijosos, que eran parte de la cadena que ese día organizó el PRD en el DF.

La mañana del jueves 1 de junio, en la esquina de la calle Fuentes y San Fernando, en Tlalpan, un grupo de habitantes de una colonia popular interrumpieron el tránsito vehicular -no se sabe con qué motivo, pero fueron identificados como simpatizantes del PRD por los banderines que portaban-, por lo que quedaron atrapados conductores como Rosa Rueda, quien viajaba a bordo de una camioneta en la que llevaba a sus hijas a la escuela. Los manifestantes golpearon los automóviles, lanzaron consignas e insultos, y a gritos las advertían a los conductores: "¡A ver riquillos, de aquí no se van a mover hasta que nosotros queramos!". El odio ya no por militancia partidista, sino por la clase social.

Pero no son todos los casos. El miércoles 31 de mayo llegó al correo electrónico de Itinerario Político el siguiente mensaje: "Qué bueno que ya se les va a acabar, bola de burgueses panistas, asquerosos beneficiados de siempre. Ahí viene la luz, y la sombra que envuelve te llena de miedo por el veneno que de tu columna se escurre. Gente como tú se ha alimentado hasta el hartazgo gracias a la pobreza de la gente". El remitente se identifica con el correo: macondoarcadio@hotmail.com. Otra vez el odio, en este caso por criticar a López Obrador.

Y por si hiciera falta, el 22 de marzo (lalocorza@hotmail.com) envió también al correo de Itinerario Político el siguiente mensaje: "Te vamos a matar, periodista imbécil. Te va a pasar algo". El odio más allá del mero insulto. Alcanza la burda amenaza de muerte, por el delito de criticar a López Obrador. Y claro, desde entonces no dormimos, no comemos...

Lo preocupante, en el fondo, es que la polarización social que promueve AMLO como estratega de campaña, ya empieza a provocar conflictos, roces y odio entre mexicanos de escasos recursos contra otros mexicanos de clase media. Como se puede ver, no se trata de una expectativa a futuro, sino que esa polarización y ese odio ya están presentes, ya son una realidad. Y podemos suponer lo que pasará si AMLO resulta derrotado. Siguen jugando con fuego. Al tiempo.


aleman2@prodigy.net.mx

Falsedad y farsa

Juan Molinar Horcasitas
El Universal
14 de junio de 2006

Al final del debate presidencial del 6 de junio pasado, Andrés Manuel López Obrador hizo una de sus típicas jugadas: huir hacia delante lanzando una ofensiva mediática. Esta vez acusó a Felipe Calderón de beneficiar una empresa de su cuñado, otorgándole contratos por 2 mil quinientos millones de pesos en el sector energético. Para rematar, aseguró que esa empresa no pagaba impuestos. Falsedad. En eso, López Obrador recurrió, seguramente sin saberlo, a Voltaire, quien recogió una vieja enseñanza: "calumnia, calumnia, que algo queda". Luego, sus colegas recurrieron a toda clase de trucos para tratar de engañar a la gente, como fue el caso de las famosas cajas que no contenían prueba alguna, pero que llegaron cargando con lujo de escándalo. Farsa. Falsedad y farsa es lo que han utilizado en esta etapa.

Falsedad. La acusación inicial involucraba 2 mil 500 millones de pesos en contratos. Los asesores de López Obrador tuvieron que recular, reduciendo el tamaño del asunto a "11 contratos" celebrados en noviembre de 2003 y enero de 2004 con un monto total de 1.6 millones de pesos. ¡Pasaron de 2 mil 500 millones de pesos a 1.6 en un par de días! De ese tamaño era la mentira.

Pero la falsedad no termina ahí. Esos supuestos 11 contratos eran dos. Efectivamente, en el lapso mencionado, la empresa Hildebrando, o sus filiales, sólo suscribieron dos contratos (uno de ellos significaba 10 pedidos o prestaciones). Resulta, entonces, que de 2 mil 500 millones, sólo quedan 1.6; y de cientos de contratos sólo quedan dos.

Pero la falsedad tampoco termina ahí. La verdad es que ambos contratos son legales, y Felipe Calderón no participó, ni siquiera indirectamente, en ellos. El primero fue celebrado entre Pemex y Metadata el 7 de noviembre de 2003. El segundo, fue celebrado entre PMI Comercio Internacional e Hildebrando el 2 de enero de 2004. Revisemos ambos.

El contrato entre Pemex y Metadata inició en 1997, antes, incluso de que el PAN llegara al gobierno. La continuación de ese contrato fue legal (fracción I del artículo 41 de la Ley de Adquisiciones), pues Metadata era propietaria de tecnología y licencias exclusivas. En octubre de 2003, Hildebrando compró los activos de Metadata.

El Comité de Adquisiciones de Pemex aprobó ese contrato por unanimidad. El Comité de Adquisiciones estaba conformado por gerentes, subgerentes y funcionarios de menor rango de la empresa. Por supuesto, Felipe Calderón no participa en él. Los integrantes del Comité de Adquisiciones cumplieron con la ley (fracción I del artículo 50 de la Ley de Adquisiciones) que obliga a los servidores públicos a abstenerse de participar en el procedimiento de adjudicación de contratos que pudieran beneficiarlos personalmente, a sus cónyuges y a sus parientes de hasta el cuarto grado.

Como puede concluirse, Felipe Calderón jamás tuvo participación en la adjudicación del primer contrato.

Tampoco en la del segundo. PMI Comercio Internacional, S.A. de C.V. es una sociedad mercantil filial de Grupo PMI, que es a su vez una empresa filial de Pemex. Por tanto, PMI Comercio Internacional no es una entidad paraestatal y, por ende, no está sectorizada en la Secretaría de Energía.

La relación contractual entre PMI y Metadata inició en 1999. El contrato consistió en la renovación de las licencias de los programas que estaban en uso desde 1999. En octubre de 2003, Hildebrando, S.A. de C.V. compró los activos de Metadata, incluyendo sus derechos contractuales.

El 17 de diciembre de 2003, el Comité de Adquisiciones de PMI Comercio Internacional autorizó por unanimidad la adjudicación directa a Hildebrando del contrato de soporte técnico, mantenimiento y actualización. En la adjudicación no participaron ni el secretario de Energía, ni el director general de Pemex, ni funcionario alguno de alto rango. Sólo funcionarios de mucho menor rango.

Como puede concluirse, Felipe Calderón jamás tuvo participación en la adjudicación del referido contrato.

Pasaron a la farsa. Como López Obrador calumnió a Calderón, sus seguidores montaron un circo. Llevaron en tres cajas y un diablito documentos sin ningún valor de prueba que bien hubieran cabido en una carpeta. Ninguno prueba participación alguna de Calderón en contratos, como ya demostré. A la falsedad agregaron la farsa. Les costará la elección.

juanmolinarhorcasitas@hotmail.com
Diputado federal (PAN)

Aclaración de Carlos Fuentes

Fray Bratolomé
Reforma - Templo Mayor
13 de junio de 2006

POR CIERTO que el escritor Carlos Fuentes ya aclaró que no escribió, ni reconoce, ni suscribe la "Carta al PRI y al PAN" que los seguidores de AMLO están circulando por internet.

SE TRATA de un panfleto con el que los lópezobradoristas pretenden hacer creer que Fuentes le da su voto al candidato perredista.

EL TEXTO tiene frases como ésta: "Nos acordaremos este 2 de julio, cuando votemos por la única opción que los ciudadanos valientes podríamos elegir, porque por cada mexicano muerto en las luchas sociales, hay un mexicano responsable, y no dudaré en dar mi voto, junto con el de millones, por Andrés Manuel López Obrador".

AHORA SÍ que a Carlos Fuentes le pasó lo que a Gabriel García Márquez cuando le atribuyeron el pseudopoema "La Marioneta" que en realidad escribió el ventrilocuo Johnny Welch.

EN AQUELLA OCASIÓN, García Márquez comentó: "Lo que realmente me puede matar es la vergüenza de que alguien me crea capaz de haber escrito un texto tan cursi".

13 de junio de 2006

El financiamiento sucio de una campaña

Jorge Fernández Menéndez
Excélsior - Razones

13-06-06

Desde el poder nos han mentido tanto, se han cometido tantas arbitrariedades, que cuando las mentiras provienen de sectores sólo en apariencia ajenos a éste, muchos terminan aceptándolas, sin verificar su verosimilitud. López Obrador y otros dirigentes políticos de su partido han desarrollado esa habilidad hasta el límite y les ha dado magníficos dividendos: cuando se mostraron los famosos videos de Bejarano, Ímaz y Ponce Meléndez en lugar de investigar y exigir el castigo a los culpables, se "descubrió" el complot en su contra; cuando acusa a los empresarios, a "los ricos", las "élites" o los de "cuello blanco", paradójicamente no es él quien debe demostrar la veracidad de sus acusaciones, sino los acusados los que deben demostrar que son inocentes. Cuando acusa a Calderón, con una evidente mentira, de tener un cuñado que no paga impuestos, es éste el que debe demostrar que no ha cometido un delito, por más que el candidato perredista no haya probado sus acusaciones. Si se le recuerdan al propio López Obrador los claroscuros de su historia familiar y personal o la cantidad de personajes alrededor suyo que han tenido graves acusaciones políticas o penales, ellos o sus familiares más cercanos, nos encontramos con que estamos ante otro complot. Ni él ni los suyos deben rendir cuentas.

Pues ahora tendrán que hacerlo. Los documentos que presentó el periódico El Economista sobre la forma en que se financia de manera subterránea la campaña lopezobradorista coloca en negro sobre blanco lo que se sospechaba de tiempo atrás. La operación, según los documentos, comenzó en abril del 2003 cuando Claudia Sheinbaum Pardo, en un documento enviado al equipo más cercano del todavía jefe de Gobierno, explica cómo se deben buscar mecanismos de financiamiento "que no puedan ser contabilizados en los topes de campaña". Los documentos están firmados con las iniciales de la autora CSP. Otros documentos están firmados por Alberto Pérez Mendoza (APM, coordinador de defensa del voto de López Obrador) y Nicolás Mollinedo Bastar (NMB, director de logística de AMLO). La operación financiera, según esos documentos, la dirigió otro cercano amigo, Octavio Romero Oropeza, ex oficial mayor del GDF y responsable de las finanzas del candidato.

El documento de CSP, según El Economista, dice que se deben obtener recursos "buscando proveedores afines y darles proyectos de obra (distribuidor vial, segundo piso del Periférico y Viaducto y otras vialidades) y pagarles a tiempo para que no incurran en gastos financieros y pedirles su apoyo económico en retribución". Sugiere identificar a los proveedores más proclives y pedirles sobreestimaciones, facturación parcial y pagar el resto por fuera. "Con alguno de ellos, agrega Sheinbaum, quedaremos en deuda, sin embargo, al llegar a la Presidencia se les recompensará con más proyectos". Más adelante, en otros documentos, se enumeran las fuentes de recursos e incluso quiénes se deben encargar de cada uno de ellos: Alberto Pérez Mendoza y Sheinbaum, de "disuadir" a las empresas constructoras que pudieran estar descontentas con la sobrefacturación e incluso especifican, en el llamado Documento 9, Nota Informativa Confidencial, que deben hablar con el "maestro" (se supone que el procurador Bátiz) para que asigne a un ministerio público leal si se presentan casos. En prensa, César Yáñez debe "vigilar a los comunicadores que se beneficiaron con asignaciones presupuestales de promoción y que podrían voltearse en los últimos dos meses de campaña". Incluso plantea "emprender acciones" contra los comunicadores que considera enemigos.

Marcelo Ebrard y Jesús Ortega debían buscar el apoyo de la hermandad policíaca y verificar que 40% de los ingresos se depositen en las cuentas "blancas" de la campaña. También debían ocuparse de los taxis pirata y deslindar al PRD de grupos como los Montaña, Pantera y Asamblea de Barrios. Pérez Mendoza era el responsable de las "aportaciones" de los giros negros y los aportes provenientes del programa de viviendas.

Ya en octubre de 2004, Pérez Mendoza, en otro documento, hace una evaluación del operativo y considera que fue un acierto encargar a Sheinbaum del segundo piso y no a la Secretaría de Finanzas, porque éstos "podrían ser imprudentes con su perfeccionismo". Del metrobús asegura que dejará "excedentes importantes". Los giros negros proporcionan "excelentes ingresos", pero advierte que algunos delegados "han abusado al tomar su parte". Existen, asegura, muchos "cabos sueltos" en el tema de los taxis y microbuses tolerados y pirata, pero no con los ambulantes, "controlados por Bejarano y Padierna". La hermandad policial "ha colaborado generosamente" y el blindaje legal de la asociación "es absoluto". El programa de vivienda ha sido "todo un éxito" y "hemos entregado, dice, grandes cantidades de dinero a miembros activistas del partido y a personas físicas afines".

Hasta allí los documentos, pero todo checa. La operación comienza en abril de 2003, cuando empieza también, por ejemplo, el chantaje a Ahumada (y las filmaciones de éste). ¿Quiénes reciben el dinero de Ahumada?: Bejarano y, entre otros, Ímaz, el esposo de Claudia Sheinbaum, ésta ya a cargo de las obras del distribuidor vial y el segundo piso, pese a desconocer absolutamente el tema. ¿A dónde iba a parar el dinero que entregaban Ahumada y otros empresarios? Pues a la campaña, pero, ¿era para la del 2003 o para el fondo que se estaba creando para el 2006? ¿Por qué se mantiene a Sheinbaum a pesar de ese cargo de corrupción sobre su esposo? Porque es la pieza clave de la operación. ¿Quiénes estaban sentados en primera fila en el IFE el día de la toma de protesta de AMLO? Los empresarios beneficiados con las obras viales y de vivienda del GDF, por adjudicaciones directas. ¿Por qué tanto empeño en reventar el Instituto de Transparencia? Para blindar la información. Todas las piezas encajan. Ahora esperemos, por lo menos, una explicación del candidato López Obrador.

Antes de votar, debe saber...

Macario Schettino
El Universal
13 de junio de 2006

En varias ocasiones hemos dicho, aquí mismo, que en la elección decidimos por muchos años, y no sólo por seis. Hemos insistido en que hay dos opciones muy claras, avanzar por donde vamos, o regresarnos. Y en cada ocasión en que comenté esto recibí buena cantidad de opiniones de lectores, seguidores de Andrés Manuel López Obrador, rechazando que la elección debiese plantearse en estos términos. Bueno, pues ya lo hizo el mismo candidato en el debate. Ya dijo que son dos opciones, que se trata del "proyecto de Nación", y no sólo de un sexenio más, y reiteró lo que ha dicho durante toda su campaña. Una propuesta totalmente anacrónica.

De ahí no va a salir. No conoce más que eso. En un mundo que cambia a toda velocidad, AMLO quiere que nos dediquemos a la política interior, que es la mejor política exterior. Son palabras de él. Insiste en que la seguridad pública es un problema de pobreza, aunque los problemas más serios de seguridad no estén ocurriendo en las regiones pobres de México, sino en las ricas. Propone impulsar la economía desde el gobierno, como tantas veces, con más construcción y con desarrollo energético. Hace un par de semanas lo decía con igual énfasis en un programa televisivo. No ha de saber Andrés que ya no hay petróleo, ni gas ni electricidad. Aunque ya se haya dicho, vale la pena repetirlo, porque el debate lo mostró con claridad: Andrés vive en el pasado, y a éste quiere que regrese México.

Lo interesante no es eso, sino que haya un tercio de los votantes que está dispuesto a acompañarlo en ese regreso. Y que ese tercio lo coloca como la segunda fuerza frente a la elección, sin que podamos aún descartarlo.

Me llama todavía más la atención el apoyo desproporcionado que tiene entre opinadores, académicos e intelectuales. No es que sorprenda, puesto que muchos, como Andrés, no han podido salir del pasado, pero hay otros colegas que sucumben ante la dificultad que para ellos supone votar por el Partido Acción Nacional, y ni pensar en el Revolucionario Institucional. Racionalizan entonces su apoyo a López Obrador insistiendo en que sólo él se preocupa por los pobres. De nada sirve explicarles que AMLO no ha propuesto prácticamente nada para los pobres, sino que ha concentrado su programa en ese segmento del que vivió el régimen de la Revolución: ese grupo que tiene poco y que no quiere perderlo, que se fue convirtiendo en clientela del régimen por diversos mecanismos. Es a ellos a los que habla Andrés, no a los pobres. Si lo duda, vea usted mi colaboración de ayer lunes en Finanzas de EL UNIVERSAL.

El régimen de la Revolución, no lo vaya usted a olvidar, fue un régimen autoritario, corrupto por esencia y construcción, que impidió que México se desarrollara durante el siglo XX. Por décadas nos vendieron la idea de un mítico milagro económico durante la posguerra, que nunca existió. México creció lo mismo que Perú en esos años, y menos que Brasil. Claro, mucho menos que cualquier país europeo.

No tenemos hoy, ni tuvimos durante el siglo XX, ni mejor educación, ni mejores servicios de salud que cualquier país comparable a nosotros. No tuvimos nada que no tuvieran otras naciones. Nada produjo el régimen de la Revolución que no sea la caterva de corruptos que tan bien conocemos.

Y es a eso a lo que Andrés quiere regresarnos. Claro, dice que será igual, pero sin corrupción. Desde hoy puedo decirle que eso es imposible: el régimen de la Revolución es inseparable de la corrupción. Desde que los hermanos de Pancho Villa empezaron a robar en el gobierno de Chihuahua en 1914, pasando por los múltiples negocios de los sonorenses, mejorando con la especulación inmobiliaria de Miguel Alemán a Luis Echeverría, y llegando a los negocios financieros de los años ochenta, el régimen debió ser corrupto para existir. Con esa corrupción se compraban voluntades, se mantenía la clientela. El corporativismo usó la corrupción para no usar la represión.

Y ya René Bejarano, Gustavo Ponce y Carlos Ímaz mostraron que eso no ha cambiado. Tampoco lo olvide.

Si aún así quiere usted votar por Andrés, hágalo, que para eso es la democracia. Pero hágalo con toda la información, para que después no se llame engañado.

macario@macarios.com.mx
Profesor de la EGAP del ITESM-CCM

12 de junio de 2006

Diálogo de sordos

Denise Dresser
Proceso No. 1545
11.06.06

Dos candidatos, dos Méxicos. Dos punteros, dos países. Con la mirada puesta en destinos diferentes, con la ruta trazada hacia horizontes distintos. Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador en un empate que revela la profundidad de las divisiones y el contraste de las visiones. Cada uno hablándole a su base dura con la esperanza de sacarla a las urnas. Cada uno dirigiéndose a su pedazo del país sin apelar a quienes no forman parte de él. Y por eso no hay un ganador claro del debate. Por eso no hay una alteración importante de las preferencias. Cada uno muestra sus límites y por qué no logra trascenderlos.

Calderón hace todo lo que le han dicho que tiene que hacer para ganar. El war room y los asesores extranjeros y la campaña negativa y los grupos de enfoque y las promesas de empleo. Manda mensajes y mide su impacto; practica para el debate y sigue las instrucciones sobre cómo comportarse durante él. Se vuelve cada vez más un político profesional: disciplinado, entrenado, golpeador. Le han enfatizado que debe hacer una campaña de contrastes y a eso se aboca. A subrayar por qué él no es Andrés Manuel López Obrador. A prometer una "mano firme" y a empuñarla. A ofrecer continuidad a quienes se beneficiarían de ella. Calderón se erige en el candidato de la estabilidad, la sensatez, el gradualismo reconfortante.

Y así intenta presentarse a lo largo del debate. Como la preferencia natural de aquellos para los cuales el país -tal y como está- funciona. La opción de los beneficiarios de un foxismo que no ha hecho cosas muy buenas pero tampoco demasiado malas. La opción de los que miden la presidencia de Vicente Fox con la vara del pasado, y la aplauden en función de sus éxitos negativos. Porque no asesinó estudiantes, porque no tiene un hermano incómodo en la cárcel, porque no ha provocado una debacle económica. Porque su sexenio no ha desembocado aún en los desastres que provocaron sus predecesores. Calderón ha optado por pararse debajo de la sombra de un presidente apoyado por todo lo que no hizo.

Y es un lugar incómodo, ya que se nutre de la popularidad, no de la eficacia. Por ello, Calderón intenta -una y otra vez- presentar largas listas de propuestas. Propuestas para unificar policías y promover juicios orales y asegurar un gobierno de coalición y generar certeza. Propuestas para reducir el financiamiento a los partidos y encoger la Cámara de Diputados y hacerla más eficaz. Propuestas para trascender la parálisis que los panistas no pudieron evitar. Propuestas para hacer todo lo que Fox no hizo. Un proyecto coherente que requerirá un liderazgo vehemente. Con la capacidad de convencer a las mayorías escépticas y domesticar a las minorías recalcitrantes. Con la capacidad para provocar una diáspora legislativa dentro del PRI y aprovecharse de ella. Liderazgo que el hijo obediente, a lo largo de su carrera política, aún no ha logrado mostrar.

Aunado al reto de la eficacia se suma el de la cobertura. Porque ese México -urbano, clasemediero, conservador- con el cual conecta Calderón quizá no sea suficiente para ganar. Porque esa porción del país que tiene miedo quizá no provea los votos suficientes para triunfar. Aunque el PAN no quiera reconocerlo, hay muchos mexicanos para los cuales las instituciones no funcionan, el "estado de derecho" no existe, el gobierno no responde. Esos ven a Felipe Calderón y no se reconocen en él. Y él no les habla. No lo ha hecho a lo largo de la campaña y no lo hizo durante el debate. Calderón sigue pensando que puede ganar sembrando el miedo a su adversario, en vez de reconocer las causas que explican su existencia. México es un país con una pobreza profunda, con una desigualdad desgarradora, donde millones -no miles- viven con reclamos legítimos. Basta con abrir los ojos y salir a la calle y mirar la realidad de frente. Calderón no lo hace y se nota. Por eso ofrece una candidatura sólo para quienes viven y piensan como él.

Paradójicamente, a Andrés Manuel López Obrador le pasa algo similar. El proyecto de nación que propone es igualmente excluyente, igualmente monocromático. El país que quiere gobernar donde sólo hay cabida para los pobres. El candidato que -a lo largo del debate- no dice jamás qué hará por las clases medias y cómo fomentará su expansión. El candidato que ofrece aliviar la pobreza pero no piensa en crear riqueza. El líder social que no sabe cómo ser político profesional. Que no entiende la necesidad de deslizarse hacia el centro del espectro político y liderar a una izquierda moderna desde allí. Que no comprende que precisamente eso llevó al poder a Tony Blair y a Ricardo Lagos y a Felipe González y a José Luis Rodríguez Zapatero. La transformación del agravio histórico en la propuesta práctica. La reinvención del resentimiento que se vuelve planteamiento. El combate a la desigualdad junto con medidas para asegurar la prosperidad. Una tercera vía que navega entre la derecha intolerante y la izquierda recalcitrante.

Pero Andrés Manuel López Obrador no quiere o no puede pensar de esa manera. Insiste en hacer historia cuando debería hacer política. Insiste en hablar del proyecto alternativo de nación pero no logra articular propuestas creíbles y viables para alcanzarlo. Insiste en hablar de los de abajo, alienar a los de arriba, ignorar a los de en medio. Entiende las causas de los problemas pero no sugiere qué hará para resolverlos de fondo. Cree que bastará con combatir la corrupción, penalizar los privilegios, eliminar las influencias, darle la mano al que se quedó rezagado, sentar al pueblo a la mesa y, con su ayuda, construir segundos pisos por todo el país. Un proyecto para México demasiado pequeño para el tamaño del liderazgo que AMLO -en ocasiones- ha sabido demostrar.

Ese liderazgo basado en la convicción, en la autenticidad, en eso intangible que mueve a las personas a apoyar a un hombre y creer en él. Esas cualidades que López Obrador posee pero no ha puesto al servicio de mejores ideas. De mejores propuestas. De mejores promesas. AMLO llegó al debate convencido de la justicia de su causa, creyendo que eso bastaría para ganarlo, pero no fue así.

Porque, sin entenderlo, tiene razón: el pueblo ya es mayor de edad. Muchos de sus miembros esperan un candidato que merece ser apoyado por sus ideas, no sólo por sus convicciones. Buscan autoridad moral pero también capacidad política. Una visión práctica. Una oferta para gobernar, no para refundar.

Y sí, después del debate López Obrador parece menos peligroso, menos incendiario. Pero también parece más pequeño. Más arrinconado. Más deslucido. Como si sus propuestas se hubieran encogido a la luz de los reflectores. Como si sus ideas sobre México expusieran que sólo tiene ganas de gobernar para una parte de él. AMLO está atorado en el mismo discurso que lleva meses pronunciando, el cual ya se oye desgastado. Cansado. Reiterativo. Atado -al igual que Calderón- a sólo un pedazo del país; a 35-36% del electorado que hoy lo apoya. Sin comprender que tanto para ganar como para gobernar eficazmente tendrá que convencer a los ambivalentes, a los independientes, a los indecisos. A los que no se sienten representados por una izquierda que mira al pasado e incorpora en sus filas a sus peores protagonistas.

AMLO tiene razón: ya le toca al pueblo de México. Pero a todos los que forman parte de él. A quienes creen en la intervención del Estado y a quienes le apuestan a las fuerzas del mercado; a quienes todavía creen en la retórica de la Revolución y a quienes piensan que es necesario remontarla; a quienes tienen pasaporte y a quienes nunca han viajado fuera del país; a quienes creen en la legalidad y a quienes hoy sólo aspiran a ella; a quienes quieren más de lo mismo y a quienes buscan lo contrario. El México de los pobres y el México de los ricos. El país de los pacíficos y el de los enojados. El lugar de los que exigen mano firme y el de los que quieren mano dadivosa.

Para ganar habrá que entender las preocupaciones de ambos. Pero los dos punteros parecen no entenderlo así y por ello ambos han llegado a sus límites. Tanto Felipe Calderón como Andrés Manuel López Obrador están atrapados por el modelo que los llevó a estar donde están. Empatados. Estancados. Incapaces de conseguir el apoyo adicional que necesitarían para remontar en las encuestas y entre los electores. Haciendo campaña sólo para la parte de México que se les parece. Ignorando a los votantes centristas que no habitan los extremos del país. Ambos, protagonistas de un desesperante diálogo de sordos.

Extorsión, robo y chantaje en la campaña de AMLO

Luis Enrique Mercado
El Economista
12/06/2006

Documentos en poder de El Economista revelan que cuando AMLO era Jefe de Gobierno se decidió obtener dinero para financiar su campaña, a través de inflar los presupuestos de las obras públicas y robándo los sobre costos.

Los gastos de campaña de Andrés Manuel López Obrador estarían financiados con dinero ilícito obtenido a través de la extorsión, el chantaje y el saqueo que el gobierno perredista hace en la ciudad de México.

Documentos en poder de El Economista revelan que cuando López Obrador era Jefe de Gobierno de la ciudad se decidió obtener dinero con qué financiar su campaña presidencial, inflando los presupuestos de la obras públicas y robándose los sobre costos; chantajear a los proveedores del Gobierno del Distrito Federal a cambio de recibir obras públicas y extorsionar a vendedores ambulantes, giros negros, taxistas y microbuseros y a la policía capitalina.

No obstante que algunos de los proveedores han amenazado con denunciar el chantaje, el gobierno de López Obrador pudo disuadirlos de que no lo hicieran.

La estrategia para buscar recursos adicionales a los del IFE con qué financiar las ambiciones políticas de López Obrador se inició en 2003.

En abril del de ese año, CSP (Claudia Sheinbaum Pardo) puso en blanco y negro la estrategia para financiar la campaña de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de la República y estableció que habría que usar todas las fuentes de dinero de que dispone el Distrito Federal para conseguirlo.

El documento establece que una vez obtenido el dinero, “se deben buscar mecanismos para su aplicación de manera que no puedan ser contabilizados en los topes de campaña”.
El documento establece el perfil de quien debe manejar el dinero y las fuentes a utilizarse, está firmado sólo con las iniciales del autor y en esa misma forma identifica a los responsables de cada uno de los programas.

Documentos posteriores, suscritos por APM (Alberto Pérez Mendoza, actual Coordinador de Defensa del Voto de la Campaña de AMLO) y NMG (Nicolás Mollinedo Bastar, director de Logística de Campaña y amigo personal de AMLO) establecen responsables de cada uno de los programas, precisan las estrategias a aplicar y analizan los resultados obtenidos.

El documento suscrito por CSP, justifica la estrategia a aplicar con el argumento de que el candidato no posee recursos económicos requeridos para el cumplimiento de la meta, ya que aunque el IFE provee recursos económicos importantes, “nadie se atiene a la ley”. Y por la propia mecánica de las campañas electorales es indispensable contar con otra fuente de financiamiento.

CSP establece que esos recursos deben ser manejados de tal manera que no puedan ser contabilizados en los topes de campaña y por eso se sugiere que quien maneje los dineros “no debe estar en la estructura de gobierno, o debe estar en un nivel donde no pueda ser identificado”.

Se sugiere que tenga conocimientos financieros y de programación presupuestal, que sea muy disciplinado, que no sea ostentoso, que tenga una vida ordenada, que no beba ni sea fiestero, que tenga poca vida social y que se identifique plenamente con la causa.

El Economista investigó que quien cumplió con el perfil exigido fue Octavio Romero Oropeza, ganadero de Tabasco, muy amigo de AMLO y quien actuara como oficial mayor en el Gobierno del DF y quien se encarga del manejo de los dineros en la campara presidencial de la coalición Por el Bien de Todos.

CSP señala en su documento que para obtener recursos hay que “buscar proveedores afines y darles proyectos de obra (distribuidor vial, segundo piso de Periférico y Viaducto y otras vialidades, y pagarles a tiempo para que no incurran en gastos financieros y pedirles su apoyo económico en retribución”.

Sugiere identificar a los proveedores más proclives (sic), identificar a uno o varios y pedirles sobreestimaciones, facturación parcial y pagar el resto por fuera.

“Con algunos de ellos quedaremos en deuda; sin embargo, al llegar a la Presidencia se les recompensará con más proyectos”, dice CSP.

Luego enumera otras fuentes de recursos: giros negros, ambulantes del centro de la ciudad, hermandad de la policía, proyecto de vivienda popular, placas de taxis y microbuses, asociaciones de taxistas tolerados y funcionarios de gobiernos estatales y municipales afines.

Los responsables

Un documento, aparentemente posterior, ya que carece de fecha visible y sólo se identifica como Documento 9, Nota Informativa Confidencial, establece quiénes son los responsables de cada uno de los proyectos.

AMP (Alberto Pérez Mendoza, coordinador de defensa del voto de la campaña de AMLO) y CSP se encargaron de “disuadir” a las empresas constructores que cooperaron a fondo, pero que están dispuestas a testificar que sobrefacturaron y por ello, APM tiene que armar una lista de empresarios calificando su lealtad, preparar demandas por incumplimiento, hablar con el Maestro(aparentemente se refieren a Bernardo Batiz) para que asigne un MinisterioPúblico leal.

En materia de prensa el responsable CYC (César Yañez Centeno, actual vocero de la campaña de AMLO) debe vigilar que los informadores que “se beneficiaron con asignaciones resupuestales de promoción y que podrían voltearse en los últimos dos meses de la campaña”.

Por ello, debe hacer una lista de informadores calificando su lealtad, preparar información curricular y de su vida personal, independientemente de su lealtad, incluso reporteros de La Jornada; emprender acciones (no se dice cuáles), en contra de informadores enemigos, como Pedro Ferriz, Pablo Hiriart, Óscar Mario Beteta, Jaime Sánchez Susarrey y Ramírez.

Por su parte, MEC (Marcelo Ebrard Casaubón, candidato al gobierno del DF) debe enfrentar una bomba que les preocupa. Alejandra Barrios entró a la lista de diputados plurinominales con el apoyo de la CROC “y seguramente buscará vengarse por su encarcelamiento”. MEC tiene que introducir aliado al grupo de Barrios para disuadirla y no aceptar más apoyos del fondo (no se dice cuál).

MEC y JOM (Jesús Ortega Martínez, coordinador Político de la campaña de AMLO) debe buscar el apoyo de la hermandad de policía, por que necesita acallar diferencias internas, analizar el retiro del apoyo al grupo de Rafael Avilés en el control interno de la hermandad, verificar que el 40% de los ingresos se depositen en las cuentas blancas de la campaña.

Ellos mismos deben ocuparse del caso de los taxis piratas y ante la posibilidad de que existen denuncias, deslindar al PRD de grupos de taxista ilegales como Montaña y Pantera y de la Asamblea de Barrios.

APM recibió la encomienda de vigilar el tema de las aportaciones de los giros negros, “ya que a raíz de la denuncia del Sheraton se tiene información de que un grupo de la embajada americana está recabando información sobre cómo operan los giros negros”. Por ello, APM debe recabar información fehaciente que tenga Lenia Batres, directora general de Regulación de Transporte, de la Secretaría de Transporte y Vialidad (Setravi).

También APM se encargó de vigilar el progreso del programa de vivienda del INVI y destapar los malos manejos de aquellos que cada mes dan dinero a gente para asegurar vivienda que nunca llegará, analizar las denuncias presentadas ante el propio INVI y convencer a Bertha Elena Luján, contralora general del GDF, para blindar la información.

La evaluación

En octubre del 2004, en un documento titulado Seguimiento al fondeo de la campaña, APM (Alberto Pérez Mendoza) evalúa cómo les está yendo.

Comenta primero sobre los excedentes de las obras del segundo piso. “Fue un acierto que quedaran a cargo de CSP y no de Finanzas, que podría dejar documentos imprudentes por su perfeccionismo”.

Tienen un problema en ese momento, ya que uno de los proveedores más importantes a quien se le pidieron facturas por el doble, nunca estuvo de acuerdo y parece que quiere hablar con el Procurador de la República. “Es necesario disuadirlo”, concluye APM.

Sobre el Metrobús, señala que el estudio económico que se hizo del proyecto indica que habrá excedentes importantes.

Los permisos para giros negros dejan un excelente ingreso y sin riesgo, pues cada delegado asume su responsabilidad. Comenta de puño y letra: “algunos han abusado al tomar su parte”.

El otorgamiento de placas de microbuses, taxis y tolerados no ha sido un ingreso bueno “porque existen muchas manos en medio y hay muchos cabos sueltos”.

En el caso del ambulantaje, “los líderes están bien controlados por Bejarano-Padierna y aportan buena cantidad”.

La hermandad de la policía ha colaborado generosamente y el blindaje legal es absoluto a través de su asociación.

El programa de mejoramiento de vivienda del INVI ha sido un éxito. “Hemos entregado grandes cantidades de dinero a miembros activistas del partido y apersonas físicas afines al proyecto, para remodelación”.

El que a hierro mata…

Leo Zuckermann
Excélsior - Juegos de Poder

12-06-06

Durante todo el debate que no fue debate, Calderón fustigó a López Obrador. Este no le contestó, pero sí embistió en contra del panista con un asunto que se convirtió en el escándalo de la semana. Según el perredista, Hildebrando, una empresa de la que es socio el cuñado de Calderón, recibió contratos millonarios del gobierno gracias a la intervención en su favor del candidato panista cuando éste era funcionario público. Además, el tabasqueño acusó que la empresa en cuestión no pagaba impuestos.

A los medios les importó poco el mejor desempeño que tuvo Calderón en el debate (según todas las encuestas telefónicas publicadas) o que AMLO haya evadido los múltiples ataques del panista. Al final del día, aquí no había nada novedoso. En cambio, la supuesta revelación del asunto de Hildebrando (que ya había sido publicado con anterioridad en La Jornada) resultaba como azúcar para las hormigas. Después de los escándalos familiares que se dieron en los sexenios de Salinas y Fox, los medios recibieron con gran revuelo la posible aparición de un "cuñado incómodo" de Calderón.

Con eficacia, los perredistas explotaron el asunto. Sacaron spots en los medios y dieron una conferencia de prensa donde supuestamente explicaron el escándalo. Distribuyeron un documento que explicaba cómo la empresa donde Diego Zavala es socio minoritario había crecido exponencialmente en contratos gubernamentales cuando Calderón fue funcionario público y cómo presuntamente no pagaron impuestos.

Los panistas exigieron pruebas. Un grupo de perredistas se presentó a la casa de campaña de Calderón para dárselas. Al parecer, no había nada nuevo en las cajas que dejaron. De cualquier forma, los lopezobradoristas aparecieron en la televisión a la ofensiva y los calderonistas a la defensiva.

Tengo el documento presentado por la campaña de AMLO que explica el caso Hildebrando. En realidad no comprueba nada. Eso sí, siembra la duda y ahí está su valor. Independientemente que haya habido o no tráfico de influencias, la verdad es que AMLO ya golpeó a Calderón porque, en una campaña, la percepción es realidad. Y por lo que hoy se ve y escucha en los medios, el perredista logró meter la idea de que igual y el panista no tiene las manos tan limpias como dice su lema de campaña.

Estas semanas hemos comprobado que los perredistas también son buenos en esto de las campañas negativas que hace unos meses, cuando ellos eran los atacados, consideraban como una injusta "guerra sucia". Aquellos días leí tantos editoriales de simpatizantes de la izquierda que criticaban a la derecha por atacar a su candidato con información negativa; demandaban que las autoridades electorales intervinieran para detener la afrenta de los panistas. Ahora, en un ejercicio de honestidad intelectual, espero que se indignen de igual manera y critiquen a la izquierda por adoptar con eficacia y rapidez las mismas técnicas de campañas negativas de la derecha. ¿O acaso se quedarán callados porque piensan que hay un criterio moral distinto cuando su candidato recurre a lo que ellos mismos bautizaron como la "guerra sucia"?

Me parece que muchos tendrían que salir a decir lo mismo que Rosario Robles, mujer de izquierda que ha sido víctima del encono perredista: "El escarnio, la filtración, la acusación sin pruebas, el espionaje, la manipulación de ‘evidencias’ eran los métodos típicos de la derecha. Ahora son patrimonio también de la izquierda".

La verdad no debe sorprendernos todo este mar de lodo que viene de de un lado y del otro también. Es normal en campañas de todas las democracias. En este espacio he defendido el derecho que tienen los partidos y candidatos a hacer campañas negativas. Lo dije cuando el que atacaba era el PAN y lo sostengo ahora que el PRD es el que arremete. Sigo pensando que los mexicanos tenemos el derecho a escuchar las verdades y mentiras que tratan de vendernos las campañas y que es responsabilidad de los contendientes atacados defenderse y exhibir las falsedades. Esto es lo que tendría que hacer Calderón más allá de jurar por sus hijos que él es inocente.

También creo que los medios, quienes tanto gustan de estos escándalos, tienen la responsabilidad de investigar a fondo quién está diciendo la verdad: si AMLO que efectivamente encontró un caso de tráfico de influencias o si Calderón quien asegura que son puras mentiras. Y espero que alguien en los medios lo haga rápidamente porque no podemos esperar las pesquisas del Poder Judicial que en México suele dilatarse.

Sigo sosteniendo que las autoridades electorales no deben intervenir para detener la espantosa guerra de lodo. Yo le apuesto a la mesura y recato de los propios partidos para moderarse. Porque, independientemente de si gana Calderón o López Obrador, lo cierto es que cualquiera de los dos va a tener muchas complicaciones para gobernar. Al atacar tan duramente dejarán muchos adversarios heridos en el camino, heridos que no cooperarán políticamente con el nuevo Presidente o que, peor aún, se dedicarán a sabotearlo.

Ese es precisamente el costo político para aquel candidato que arremete con campañas negativas: que a lo mejor gana la Presidencia, pero que no puede gobernar porque sus adversarios, dolidos de tantos insultos, harán hasta lo imposible por perjudicarlo. En otras palabras, que con tanto ataque un candidato gane el 2 de julio pero pierda el 3 de julio.

Por la misma naturaleza de una contienda electoral, las autoridades no podrán detener las campañas negativas. Lo único que podría funcionar es la autorregulación. Que los candidatos se mesuren porque entienden que "el que a hierro mata, a hierro muere".

Creo que ya lo van comprendiendo. Calderón ahora mismo está sintiendo el rigor del metal pero, de continuar por esta senda, el que mañana podría sentirlo sería el propio AMLO.

Los enemigos son los empresarios

Jorge Fernández Menéndez
Excélsior - Razones

12-06-06

Quizás en términos electorales le pueda funcionar, pero no deja de sorprenderme, la estrategia que ha adoptado López Obrador en las tres últimas semanas. Ha realizado su apuesta más arriesgada, probablemente porque no se siente confiado en el resultado electoral y quiere recurrir a las emociones más que al raciocinio, pero también porque ha resuelto mostrarse tal cual es. En lugar de moderar su discurso, en lugar de presentarse con un proyecto incluyente, integrador para la nación y la sociedad, se ha radicalizado, ha decidido apostar a la división, a la confrontación entre "ricos y pobres", al mesianismo en su máxima expresión. Y ha elegido como enemigos principales a los empresarios.

En los últimos días, desde la gira previa al debate por Jalisco, AMLO se ha empeñado en demostrarle a aquellos que pensaban que el candidato de la Coalición por el Bien de Todos, actuaría como Luiz Inácio da Silva Lula, y que por lo tanto se movería hacia el centro y respetaría tanto a la iniciativa privada, el ambiente de negocios, como los parámetros macroeconómicos, que no será así, que están equivocados. En apenas unos días, López Obrador ha dicho que respetará la autonomía del Banco de México (algo que, por otra parte debe hacer, porque es una obligación constitucional), pero agregó que no aceptará las políticas de éste que favorecen a "los ricos y especuladores". En otras palabras, no lo respetará. Ha dicho que respetará las políticas macroeconómicas, pero siempre y cuando no sean "ortodoxas" (o sea que tampoco las respetará) y como ejemplo dijo que utilizará las reservas del país para impulsar programas sociales, quizá pensando, o queriéndole hacer creer al electorado, que existe alguna bóveda en la que se guardan esos miles de millones de dólares que en realidad son el resultado de movimientos contables, financieros y que, para "utilizar" esas reservas, en realidad lo que hará será soltar el gasto público y con él la inflación y el nivel de endeudamiento. Confirmó que no abrirá el sector energético a la inversión privada. Dijo, además, que renegociará la deuda externa (un problema superado hace años) y el TLC, dos decisiones que sólo pueden traer conflictos financieros internacionales, sin ningún beneficio para la economía del país.

Pero eso no es lo más grave. Para López Obrador los empresarios no generan riqueza ni empleos, al contrario: son parásitos, no pagan impuestos, especulan. Será el Estado, o sea él mismo, quien lo hará en lugar de ellos. En los últimos días, además de parásitos, especuladores y evasores fiscales, dijo que su lucha es contra los de "cuello blanco" (sé que es una exageración, pero la expresión, dicha en el debate del 6 de junio, me recordó cuando Pol Pot en Camboya, decidió que todos los que utilizan anteojos eran "intelectuales pequeños burgueses" y por ende enemigos de la revolución). Siguió ejemplificando con otro tema cerrado, el Fobaproa, pero no sólo ha hablado de Roberto Hernández, al que injustamente sigue acusando de haber realizado una operación ilegítima en la venta de Banamex, sino que, además, en reuniones con otros empresarios ha dicho que dividirá Telmex en cuatro (quizá también por ello la virulencia en los ataques, también absolutamente injustificados, mentirosos, contra Diego Zavala, porque éste, en realidad, en la empresa Blitz, es socio minoritario nada más y nada menos que del grupo Carso, que encabeza Carlos Slim y del que depende Telmex); ha dicho a otros empresarios que tomará control de la industria del cemento porque considera que existe un monopolio en ella que controla los precios (no importa que existan una decena de empresas en el sector, la advertencia es para otro gran empresario, Lorenzo Zambrano).

Ha hablado, a pesar de la indulgencia de la que se ha hecho acreedor en ese ámbito, de romper con el control de las grandes empresas de comunicación que, dice, "manipulan la opinión pública". Ha dicho que acabará con el sector financiero "especulador".

La lista podría continuar pero lo más claro fue lo que dijo en Tapachula y que motivó una queja formal del Consejo Coordinador Empresarial: que los empresarios no pagan impuestos y viven a costa de los impuestos de los más pobres. En realidad ocurre exactamente al contrario: uno de los graves problemas estructurales que sufrimos es que la enorme mayoría de la población no participa del esfuerzo fiscal y que la política adoptada por personajes como López Obrador, impulsando y protegiendo el comercio informal, los giros pirata, aleja a cada vez más sectores de la formalidad y del pago de impuestos. Hoy, lo que tenemos son unos pocos millones de contribuyentes que soportan toda la carga fiscal del país, la que se nos hace cada vez más onerosa y al mismo tiempo el candidato nos dice que no contribuimos lo suficiente. No ha hablado en un solo discurso de campaña de ampliar la base de contribuyentes, tampoco de generalizar algún impuesto, sino que los reducirá, que va a exentar a todo aquel que gane menos de nueve mil pesos mensuales del pago de ISR y lo aumentará aún más para los demás, con lo que terminaremos con uno de los sistemas fiscales más injustos del mundo.

Pero la lucha, lo ha dicho López Obrador, es entre "los ricos y los pobres" e incluso ha colocado el límite entre unos y otros: los que ganan menos de nueve mil pesos contra todos los demás.

Poco importan en este sentido los datos duros, comprobar que la iniciativa privada (que va desde el changarro de la colonia hasta las grandes empresas) contribuye con 68% del esfuerzo fiscal del país o que no habrá creación de empleos sustentables sin apoyar la creación de empresas privadas, sin impulsar su desarrollo e integrarlas plenamente al desarrollo. López Obrador, al igual que Chávez, sigue pensando que será el Estado el que sustentará la economía, el que "dará", exprimiendo a las clases medias urbanas y a los empresarios, a los "pobres". Hay que reconocer que lo ha dicho con claridad: si llega a la Presidencia nadie se debería llamar a engaño.

Lo que queda de la calumnia

Benito Nacif
Excélsior
12-06-06

De las tres imputaciones contenidas en la acusación de AMLO, la primera es una verdad a medias y las otras dos son totalmente falsas.

En su última intervención en el debate entre candidatos a la Presidencia, celebrado el pasado 6 de junio, López Obrador lanzó la siguiente acusación ante millones de televidentes:
Nada más para decir que voy a entregar un expediente donde el cuñado de Felipe, cuñado incómodo, tiene una empresa que le trabaja al gobierno, que ha recibido contratos de la Secretaría, mejor dicho, del sector energético, cuando Felipe fue secretario, tuvo ingresos por dos mil 500 millones y no pagó impuestos. Y eso es lo que queremos que ya no siga pasando.

Esa misma noche, las encuestas telefónicas de Excélsior y Reforma, así como los grupos de enfoque de Ulises Beltrán, declararon a Felipe Calderón el ganador del debate. Su triunfo fue el equivalente a un knockout técnico, pero triunfo al fin y al cabo.

Sin embargo, debido a la acusación de López Obrador, el candidato presidencial del PAN ha enfrentado el posdebate desde una posición defensiva. López Obrador y su equipo de campaña han tenido éxito en mover la atención de los medios al asunto del "cuñado incómodo" desde el día posterior al debate.

Hoy en día sabemos que Felipe Calderón tiene un cuñado, Diego Zavala, quien es fundador y socio de Hildebrando, S.A., una compañía de servicios de información, que efectivamente ha sido proveedora del gobierno federal. Nos enteramos también que Hildebrando, a través de Meta Data, S.A., una compañía adquirida en 2003, era proveedor de Pemex años antes de que Felipe Calderón fuera nombrado secretario de Energía, y que durante los ocho meses que duró su nombramiento firmó contratos con la paraestatal con un valor de 1.5 millones de pesos.

Sin embargo, a la luz de la información revelada durante la semana, sabemos también que, de las tres imputaciones contenidas en la acusación de López Obrador, la primera es una verdad a medias (o mentira a medias, como usted prefiera) y las otras dos son totalmente falsas. López Obrador dijo que la empresa de Diego Zavala "ha recibido contratos de la Secretaría, mejor dicho, del sector energético, cuando Felipe fue secretario". La información revelada muestra que la participación de Zavala como accionista de Hildebrando es, desde antes de que Felipe fuera secretario, de sólo 18%, y que Hildebrando nunca ha tenido contratos con la Secretaría de Energía.

La única parte cierta de la imputación son los contratos con el "sector energético". No obstante, el monto representa menos de un milésimo de lo que López Obrador dio a entender. Además, se trata de adjudicaciones completamente legales, pues Pemex opera bajo un régimen de adquisiciones propio, independiente de la Secretaría de Energía.

Las otras dos imputaciones son indefendibles. López Obrador afirmó que Hildebrando "tuvo ingresos por dos mil 500 millones de pesos" y dio a entender que esto ocurrió durante los ochos meses en que Felipe fue secretario. Sin embargo, la compañía reportó ingresos a sus accionistas por mil 600 millones de pesos en los cuatro años que van de 2002 a 2005; el promedio anual de ingresos (400 mil millones) equivale sólo a 16% de la cantidad imputada. Finalmente, López Obrador dijo que Hildebrando "no pagó impuestos", mientras que la compañía entregó al fisco 59.8 millones de pesos entre 2002 y 2004, lo cual equivale a un promedio anual de impuestos pagados de 14.9 millones de pesos.

Finalmente, describir a Hildebrando como "una empresa que le trabaja al gobierno" es una tergiversación dolosa de los datos a los que —hoy lo sabemos— AMLO tuvo acceso.

La caracterización busca presentar a la compañía como la típica empresa contratista formada por familiares, para beneficiarse de jugosos contratos obtenidos mediante influencias políticas. Los datos muestran algo muy diferente.

Hildebrando nació en 1986 y durante el sexenio de Fox sus contratos con el sector público representan sólo 16% de sus ingresos. No sólo depende principalmente de sus clientes en el sector privado, sino que se trata de una empresa internacionalmente competitiva; 40% de sus ventas son exportaciones.

La reacción inicial de la opinión pública ha sido imponer el peso de la prueba al acusado. La campaña de incriminación emprendida por el PRD ya no tiene por objetivo demostrar la veracidad de las acusaciones vertidas por López Obrador, sino ver qué le encuentran a Diego Zavala. Una parte de los medios ha sido mera caja de resonancia de filtraciones cuya veracidad o relevancia son muy discutibles, dando la razón a aquello de "calumnia, que algo quedará". Sin embargo, cada vez queda menos. Es hora de regresar al acusador y exigirle
cuentas.

bnacifmx@yahoo.com

Hildebrando, la cortina de humo

Pablo Hiriart
Crónica
12 de Junio de 2006


Ya se vio por qué López Obrador no quería debatir.

Lo de que estaba diez puntos arriba y no lo necesitaba, o que se encontraba muy ocupado recorriendo el país porque él “no le apuesta a la telera”, era pretexto.
En el debate del martes confirmó lo que aquí tanto machacamos: López Obrador no quería confrontar sus ideas con las de sus adversarios porque es un candidato tremendamente frágil.
Él grita en los discursos, y sus clientelas de la plaza pública y de los medios de comunicación le aplauden diga lo que diga.
Era chistoso y ocurrente en las conferencias matutinas como jefe de Gobierno, donde más que una fuente tenía una corte de periodistas que lo cuidaban como escoltas.
Es hábil para escabullirse en las entrevistas, donde la cortesía impide poner contra la pared a un candidato presidencial.
Pero en un debate de iguales, como el del martes, López Obrador quedó de su exacto tamaño.
Apagado, repetía de memoria su catecismo de nosotros los de abajo contra ustedes los de allá arriba.
Pero no resistió la prueba de las críticas directas y fundamentadas, como las que le hicieron Felipe Calderón y en menor medida Roberto Madrazo.
El López Obrador de la noche del martes fue totalmente diferente al de su campaña.
¿Dónde quedó el político echado para adelante que miraba para abajo a sus contendientes porque según él mentían para dañarlo?
En el debate al tú por tú, López Obrador lució indefenso.
Al no poder contestar a las críticas, mostró que está negado para la pluralidad.
Así son los autoritarios. Sólo se sienten cómodos con sus incondicionales, pero son incapaces de contrastar ideas en un debate con reglas.
Para disipar los efectos de su derrota, los aliados de López Obrador le dieron un vuelo inusitado al caso de la empresa Hildebrando.
Una truculenta historia construida a manera de salvavidas para rescatarlo del naufragio del debate.
Delante de los demás candidatos y de cara a la nación, López Obrador se quedó callado cuando le dijeron que llevó al Distrito Federal al primer lugar nacional de corrupción, según Transparencia Internacional, capítulo México.
En realidad, hizo bien en no abrir la boca.
En correspondencia, Calderón tuvo la delicadeza de no insistir. Pero habría sido interesante oír que le preguntaran por el dinero que les cobran, a manera de mordida, a los 100 mil vendedores ambulantes afiliados a organizaciones afines al PRD.
O que le cuestionaran por la cuota de 600 pesos al mes que las organizaciones perredistas le cobran a cada uno de los 60 mil taxis pirata de la capital. Son 36 millones de pesos al mes: ¿a dónde va ese dinero?
Que le hubieran preguntado ¿qué pasó con el negocio de terrenos a cambio de puentes en Santa Fe?
Con eso hubiera sido suficiente, para no entrar en el caso Bejarano, Gustavo Ponce y otros allegados suyos.
Pero ni lo elemental que le preguntaron —el reporte de Transparencia Internacional— pudo contestar.
No dijo ni pío cuando Madrazo expuso que el narcomenudeo creció 760 por ciento en los primeros cuatro años de su gobierno en la capital del país.
Se quedó callado cuando Felipe Calderón le echó en cara que tiene archivada como información confidencial por diez años en un fideicomiso toda la documentación respecto del distribuidor vial de San Antonio y de los segundos pisos del Periférico.
No pudo decir nada ante las cifras que ponen al Distrito Federal en último lugar en generación de empleos en toda la República, durante su gobierno.
¿Qué iba a decir?
Es que en lugar de los 800 mil empleos que, según dice en su propaganda, creó cuando fue jefe de Gobierno, hizo todo lo contrario:
Entre 2000 y 2005 en el Distrito Federal, entre puestos eventuales y permanentes, fueron creados apenas cuatro mil 778 empleos, de acuerdo con las tablas estadísticas del Instituto Mexicano del Seguro Social.
La tasa de creación de empleos, del orden del 0.21 por ciento, es casi nula y resulta 10 veces inferior a la media nacional. En promedio, es cien veces menos que la tasa de creación de empleos en Querétaro, Tabasco, Coahuila, Baja California Sur, Chihuahua, Campeche y Quintana Roo.
Y si hablamos de empleos permanentes, el gobierno de López Obrador en lugar de crear los 800 mil que dice, en realidad destruyó 73 mil 206 puestos de trabajo, con lo que vuelve a estar en el cuadro de las medallas como la segunda entidad que más empleos perdió en todos el país.
Durante el debate del martes López Obrador intentó una leve defensa cuando le dijeron que con su administración el DF cayó al último lugar en desarrollo económico.
Contestó que el bajo crecimiento es un problema general en el país y que a fin de cuentas es el gobierno federal el que tiene las herramientas para impulsarlo.
Sí, el gobierno federal es clave en el crecimiento general de la economía, pero los gobiernos estatales son los encargados de crear condiciones para atraer inversión productiva.
Por alguna razón el Distrito Federal fue, en el periodo 2000 a 2004, la única entidad del país que registró un índice de crecimiento económico negativo: menos 1.75 por ciento, de acuerdo con las cifras más recientes del INEGI.
Y por alguna razón, también, un estado como Durango creció en ese mismo periodo 16.06 por ciento. O Quintana Roo, que creció 18.74. Campeche a 13.27. Nuevo León a 11.46, o Chiapas a 10.28.
El crecimiento económico promedio en las entidades del país fue de 6.0 por ciento. Muy por encima del DF que fue, como ya apuntamos, de menos 1.75 por ciento.
Con esos datos duros, es obvio que López Obrador no podía dar respuesta alguna.
Y se entiende también por qué no quería ir al debate. Y por qué le fue mal.
Callado se tuvo que quedar ante la afirmación de que en el Distrito Federal, en su gobierno, la delincuencia creció como nunca.
Con López Obrador el DF pasó a ocupar el primer lugar nacional en crecimiento de la delincuencia. Mudo se quedó ante eso el candidato presidencial del PRD.
Luego dijo, vagamente, que la delincuencia en el país es producto de la pobreza. O sea, en su lógica, los pobres son delincuentes por definición.
Si así fuera los índices más altos de delitos en el país los encontraríamos en Oaxaca y en Chiapas. Y da la casualidad de que esas dos entidades reportan los indicadores de delitos más bajos de toda la República.
Se quedó mudo cuando Felipe Calderón le cuestionó su publicitado apego a la austeridad. No pudo explicar por qué Nico, su chofer, tenía un sueldo neto superior a los 70 mil pesos mensuales.
Después del debate volvió a aparecer el López Obrador de siempre.
Se fue al zócalo donde estaban sus partidarios y le volvió el alma al cuerpo.
Alzó los brazos como si hubiera ganado.
De nueva cuenta volvió a gritar: “¡creyeron que iban a cenar pichón, pero les salió un gallo!”.
Claro, el grito fue cuando ya no tenía a sus contendientes enfrente ni nadie que lo cuestionara.
El país lo había visto perder. Agazapado, indeciso, sin ideas. Perdió.

phiriart@cronica.com.mx

¿A quién engañan?

Ricardo Alemán
El Universal - Itinerario Político
12 de junio de 2006

Desde 1988, la lucha político-electoral ha transitado por la exhibición de las debilidades de los adversarios

Cuando los estrategas del PAN decidieron comparar las imágenes de Hugo Chávez retando al presidente mexicano, con las de López Obrador que le espetaba el "cállate chachalaca" a Vicente Fox -como parte de la campaña de spots en favor de su candidato Felipe Calderón-, no faltaron los pudorosos que se escandalizaron y hasta acuñaron el término de guerra sucia para referirse a la inédita y feroz disputa mediática a la que se quería llevar la contienda presidencial.

Esas buenas conciencias llegaron al delirio cuando aparecieron los spots que aseguraban que López Obrador "es un peligro para México", y la esquizofrenia se generalizó cuando el Tribunal Electoral del Poder Judicial decidió la censura de los mensajes. No fuera que los mexicanos "débiles mentales" se creyeran esa perversa manipulación mediática, o dieran crédito a mentiras como esa de que López Obrador endeudó dos o tres veces al Distrito Federal. Pero los pudorosos guardianes de las formas políticas y la urbanidad electoral -los mismos que se escandalizaron cuando la torpeza panista llamó "pobre señora" a Elena Poniatowska, pero callaron cuando el sub comandante Marcos corrió a la escritora de uno de sus mítines- nada dijeron cuando los estrategas de López Obrador pretendieron engañar al electorado con la supuesta firma de Calderón en el Fobaproa y menos cuando AMLO montó la tramoya del "cuñado incómodo".

En el colmo de la manipulación, las buenas conciencias intentaron emparentar la persecución de Estado contra los opositores -vivida en Sudamérica y en México en los años 60 y 70-, con una saludable exhibición del adversario electoral, propia de las luchas democráticas de cualquier país y que en el caso mexicano no es la excepción. Desde 1988, pasando por 1994, 2000 y hoy en 2006, la lucha político-electoral mexicana ha transitado no sólo por el camino de las estrategias tácticas y programáticas, sino por la exhibición de las debilidades políticas y el dudoso pasado de los adversarios.

En política, y sobre todo en las contiendas electorales, resulta más rentable exhibir corruptelas, ineficacias y cuestionables pasados políticos y de gobierno del adversario, que convencer al electorado con las fortalezas, las virtudes y la historia propias. "El pasado es como el trasero; todos tenemos uno, aunque unos lo tienen más sucio que otros", dice el refranero popular. Por eso las "guerras electorales" se valen de esa concepción de filosofía popular. Aunque en el fondo -y para el caso- prevalece la cita bíblica: "El que esté limpio de culpa, que tire la primera piedra".

El problema no es la forma, sino el fondo. En una democracia electoral resulta saludable para los electores que todos los presidenciables, sus partidos y estrategas, intenten la exhibición de las corruptelas, los pasados dudosos, los cadáveres detrás del clóset de cada quien. Incluso resulta saludable que unos y otros se exhiban, y hasta que recurran al engaño y la mentira -engaño y mentira también son una autoexhibición-, porque al final de cuentas la decisión está sólo en el elector. Y no se duda de las capacidades de manipulación de unos y otros, y menos de la perniciosa influencia mediática en tiempos electorales. Pero lo que resulta verdaderamente cuestionable es que todos crean y traten a los electores como retrasados mentales. ¿Cuántos le creen a Calderón cuando dice que el DF se endeudó dos, tres o cuatro veces más? ¿Cuántos le creen a López Obrador el cuento del Fobaproa, o el del "cuñado incómodo"? ¿Cuántos creen que les va a ir muy bien con Roberto Madrazo?

Y es cierto, como lo dice el refranero popular: "La verdad duele, pero la duda mata". Pero en el caso de una elección presidencial, en donde existen 70 millones de potenciales electores, y en donde 40 millones son votantes probables, el engaño y la mentira, la duda sobre tal o cual aspirante, pueden ser la peor herramienta para quien la emplea. Y en el caso más reciente, el del "cuñado incómodo", el golpe puede regresar al lugar de donde salió.

Es probable que la empresa Hildebrando, de la que es socio el cuñado de Calderón, tenga un cuestionable pasado. Pero hasta el momento todas las acusaciones de AMLO y del PRD están montadas en una monumental mentira. Si existieran pruebas contundentes sobre las irregularidades señaladas, ¿por qué no acudió el PRD y su candidato a las instituciones responsables para presentar la denuncia correspondiente? ¿Por qué el grotesco espectáculo de las cajas vacías presentadas en la sede del PAN? Y para los que no tienen memoria, vale recordar que esa estrategia del engaño mediático es común en López Obrador. Sí, entre 2001 y 2002, cuando AMLO decidió sacar de la jugada política a Rosario Robles, filtró al diario Reforma las cuentas publicitarias de la empresa Publicorp. Un escándalo igual al de hoy, que al final terminó en una gran farsa. El problema es que intentan sorprender al electorado con engaños y mentiras, que tarde o temprano terminarán por exhibirlos. Al tiempo.


aleman2@prodigy.net

Las cajas vacías

Javier Lozano
El Universal
12 de junio de 2006

Todo comenzó cuando López Obrador lanzó, en el segundo debate, una severa acusación a Felipe Calderón: "Nada más para decir que voy a entregar un expediente donde el cuñado de Felipe, cuñado incómodo, tiene una empresa que le trabaja al gobierno, que ha recibido contratos precisamente de la secretaría o, mejor dicho, del sector energético, cuando Felipe fue secretario. Tuvo ingresos por 2 mil 500 millones de pesos y no pagó impuestos. Y eso es lo que queremos que ya no siga pasando".

Fueron, pues, tres los agravios: que el sector energético concedió contratos a una empresa del cuñado de Calderón mientras éste fue Secretario de Energía; que el monto de tales adjudicaciones ascendía a 2 mil 500 millones de pesos, y que el beneficiario no pagó impuestos. Felipe negó en el debate, rotundamente, lo dicho por su contrincante.

Al día siguiente comenzó el road show mediático. Uno de los más activos voceros de AMLO para esta cruzada resultó ser Claudia Sheinbaum la esposa de quien fuera jefe delegacional en Tlalpan, mismo que apareció en televisión nacional embolsándose fajos de billetes en una grabación tomada en mayo de 2003 en las oficinas de Carlos Ahumada.

Ya la Secretaría de Hacienda atribuyó al Gobierno del Distrito Federal la filtración, por segunda ocasión (la primera fue en el caso de Gustavo Ponce), de la información utilizada por López Obrador sobre la situación fiscal del cuñado de Felipe Calderón.

Ante la falsedad de su dicho y la ausencia de pruebas, Diego Zavala presentó, a su vez, demanda civil en contra de AMLO por daño moral.

Pero la perversidad política no es el único vicio de AMLO y su equipo. También lo es la ignorancia. En efecto. Además de que la Sener, Pemex y la CFE han confirmado que no celebraron contrato alguno con las empresas en que participa Diego Zavala, durante la gestión de Calderón al frente de la Sener, el artículo 59 fracción I de la Ley Federal de las Entidades Paraestatales señala que la administración y representación de las empresas públicas está confiada a sus respectivos directores generales quienes, a su vez, delegan sus funciones en los comités de adquisiciones, arrendamientos y servicios. A mayor abundamiento, Felipe Calderón no formaba parte del Consejo de Administración de Pemex Exploración y Producción, organismo al que se le atribuye el otorgamiento de un contrato a la empresa Hildebrando S.A. de C.V.

El contrato aludido -único, por cierto, que prevalece de aquella fabulosa acusación de diversos convenios por 2 mil 500 millones de pesos adjudicados por el hoy candidato presidencial- fue otorgado a una empresa subsidaria de Hildebrando denominada Meta Data S.A. de C.V. desde 1997, y cuya renovación estaba programada desde su inicio para noviembre de 2004. Pero el ridículo mayor fue el montaje del pasado viernes, cuando acudieron Jesús Ortega, Gerardo Fernández Noroña y Claudia Sheinbaum de Ímaz con tremendo "diablito" para soportar el peso de tres grandes cajas en las que, supuestamente, transportaban las pruebas del dicho de López Obrador en cuanto al terrible tráfico de influencias denunciado. Para su sorpresa, en casa de campaña del candidato Calderón lo esperaba una comisión de alto nivel acompañada del notario público número 242 del Distrito Federal, Roberto Garzón Jiménez, quien dio fe de lo ocurrido.

Según el citado fedatario, las tres cajas, prácticamente vacías, contenían lo mismo: apenas unos cuantos sobres con copias fotostáticas. En ninguna de ellas obraba documento o contrato alguno suscrito por Calderón. La lección que arroja este lamentable episodio, más allá de la mentira característica de López Obrador y los suyos, es el uso faccioso de los instrumentos e información confidencial. Imagine el lector lo que este hombre podría fabricar si llegase a encabezar el gobierno federal. Imagínelo al mando de la PGR, del SAT, de la Profeco, de la Cofeco y demás instancias de autoridad. Si López Obrador fue capaz de armar todo este teatro en una contienda electoral, pasando por encima del honor de un ciudadano, de su empresa y su familia, sería capaz de perseguir y destruir, con el poder en la mano, a todo aquel que no siga su muy personal forma de ser y actuar.

Lo dicho. López Obrador es un auténtico peligro para México.

PD. Para Margarita y Juan Ignacio, con un abrazo solidario

Analista económico

Las cajas del delito

Germán Dehesa
Reforma
12 de junio del 2006

El “Cuñisgate” ha tenido un giro espectacular y tal vez un poco grotesco. Ahí tienen que, pasado el mediodía de este viernes, una poblada caravana de perredistas avanzaba, entre cánticos y loores al Rayito de Esperanza, por la Colonia del Valle que para ellos es territorio comanche. En esta cívica peregrinación el Sol Azteca los acompañó de un modo enérgico. Todos sudaban como perros hacinados. Sin embargo, la nobleza de su causa no les permitió desfallecer, ni abandonar la marcha rumbo a un refrescante chesco.

El que más sudaba era Jesús Ortega quien estaba a cargo de empujar un diablito azul (¡diablo con vestido azul!) que transportaba varias cajas de algo que parecía plutonio enriquecido, o algún otro material fuertemente radiactivo. Todos conservamos memoria de aquella huelga de hambre de cinco minutos que Jesús Ortega realizó frente a Los Pinos, para luego aclararnos que era “simbólica”. A lo que voy es que no en balde Jesús Ortega es “dirigente” y no chalán. Las tareas pesadas se le dificultan grandemente.

Locos de contento con su cargamento se presentaron frente a las oficinas del PAN y avisaron que venían a entregar unas cajas. A todo esto, los previsores perredistas ya traían una nutrida cauda de camarógrafos, reporteros, gente de la prensa y cuelgababas (llamamos “cuelgababas” a esos audaces tenochcas que en cuanto ven tumulto o borlote, se incorporan para no perder detalle, aunque normalmente terminan con el hocico roto). Quitadazos de la pena, salieron algunos panistas y en menos que se lo cuento, ya se habían hecho de palabras con Claudia Sheimbaum de quien yo no conocía su aguerrida versión bravera y respondona. El diferendo era éste: los perredistas querían dejar las cajas con documentos supuestamente inculpatorios para Felipe y los panistas exigían que ahí mismo las abrieran. Se impusieron los panistas, abrieron las cajas; de la nada apareció un notario listísimo para tomar nota y al final del jelengue los que quedaron en una pose ridícula y descontonera fueron los perredistas: cada caja traía tres pinches carpetitas y en ellas no había un solo documento que vinculara a Felipe con el “Cuñisgate”.

Yo no sé si a la postre Calderón resulte limpio de polvo y paja, pero este numerito de las cajas fue de pena ajena. ¿Se los habrá aconsejado Camacho, o solitos se calentaron los peregrinos?

[...]

Cuñado incómodo

Sergio Sarmiento
Reforma
12 de junio del 2006
“La verdad es raramente pura y nunca simple”.
Oscar Wilde

Más que lo que se dice, lo que realmente importa en los debates es la percepción de lo que se dice. En su confusa sintaxis, Andrés Manuel López Obrador dijo en el debate del 6 de junio que una empresa del “cuñado de Felipe, cuñado incómodo, tiene una empresa que le trabaja al gobierno, que ha recibido contratos precisamente de la Secretaría, mejor dicho del sector energético, cuando Felipe fue secretario, tuvo ingresos por 2 mil 500 millones de pesos y no pagó impuestos”.

En entrevistas posteriores Claudia Sheinbaum, quien ha asumido la función de portavoz en la campaña de López Obrador como la tuvo en el gobierno del Distrito Federal en el caso del segundo piso del Periférico, ha explicado que Andrés Manuel no dijo que la Secretaría de Energía o siquiera el sector energético hubieran dado contratos por 2 mil 500 millones de pesos a las empresas de Zavala durante el breve periodo, ocho meses, en que Calderón fue secretario de Energía: de septiembre de 2003 a mayo de 2004. No, aclara Sheinbaum, eran dos afirmaciones distintas: una, que las empresas de Zavala recibieron contratos del sector energético (sin importar si Calderón era o no secretario de energía); y dos, que esas empresas facturaron 2 mil 500 millones de pesos sin pagar impuestos.

La información que tenemos disponible hasta este momento nos permite aclarar la sintaxis y los hechos. Sabemos ya, por ejemplo, que sí, que una empresa de Zavala sí tuvo cuando menos un contrato con Pemex Exploración, el cual fue, al parecer, por 8 millones de pesos. Sabemos también que esa empresa, Meta Data, fue comprada por Hildebrando, la firma de Zavala, en 2003. El contrato con Pemex Exploración procedía de 1997, pero se renovó en el 2003 cuando Calderón era Secretario de Energía. Sabemos también que Calderón, como Secretario, no tenía responsabilidad formal en los contratos de Pemex Exploración y que, al contrario del corporativo de Pemex, no era siquiera miembro del consejo de administración de esa paraestatal.

Sabemos que los contratos gubernamentales representan apenas un 10 por ciento de la facturación total de las empresas de Zavala. Sabemos que éstas se dedican al campo de la tecnología y del software, en el cual compiten principalmente con firmas extranjeras, y que han tenido un constante crecimiento desde 1987, su fecha de fundación. Sabemos que no le pertenecen solamente a Zavala sino que cuentan con otros socios, entre ellos el fondo de inversión internacional Advent. Sabemos también que las empresas del grupo son auditadas por una firma externa profesional y que están al corriente en sus pagos de impuestos. Sabemos que las empresas han tenido ingresos brutos por 2 mil 500 millones de pesos, pero no en ocho meses de función de Calderón en la Secretaría de Energía sino a lo largo de muchos años, y que la mayor parte de éstos proceden de contratos privados. Sabemos también que en el 2005 la empresa central, Hildebrando, declaró ingresos iguales a sus gastos, pero que los resultados estaban todavía siendo sometidos a auditoría externa en junio.

Claro que todos estos hechos son complicados y no pueden por lo tanto explicarse con facilidad en un minuto de televisión. Así, López Obrador continúa insistiendo en que Calderón entregó contratos indebidos a un cuñado incómodo y que éste, pese a tener ingresos multimillonarios, no paga impuestos.

¿Es indebido el contrato de Meta Data con Pemex Exploración? A primera vista no. El punto crucial es que el contrato es anterior a la compra de Meta Data por Hildebrando. Pero la Secretaría de la Función Pública debe determinar, de todas maneras, si la normatividad vigente habría impedido la renovación. Debe ventilarse también en qué condiciones se dio esta renovación.

En cuanto a la supuesta evasión fiscal, todo parece señalar que las empresas de Zavala no han hecho más que ajustarse a la legislación vigente. Eso no puede cuestionársele a ninguna compañía en el mundo. No deja de ser interesante que si se legislara la propuesta de tasa única que ha venido impulsando Calderón, la cual establecería un impuesto sobre la renta que se aplicaría con pocas o casi ninguna deducción a los ingresos brutos de las empresas, seguramente las firmas de Zavala habrían tenido que pagar un mayor impuesto sobre la renta independientemente de sus gastos.

Ahí está quizá el meollo del asunto. López Obrador tiene razón cuando dice que los ricos no pagan impuestos en este país. Ciertamente pagan menos de lo que deberían. Pero el problema es del sistema fiscal que permite que quienes tienen buenos abogados y contadores puedan reducir sus impuestos de manera legal. Quizá Andrés Manuel debería apoyar la iniciativa de tasa única que promueve Calderón.

11 de junio de 2006

Fue en un cabaret…

Vianey Esquinca
Excélsior - La Inmaculada Percepción

11-06-06

El próximo 2 de julio no habrá elección de Estado, sino de percepciones. Durante meses, los candidatos presidenciales y los partidos políticos han sembrado la sospecha, la duda y la incertidumbre y han provocado la confusión entre los electores indecisos. La única certeza que hay, gracias a la guerra sucia, es que cualquier candidato por quien se vote tiene algo reprochable, oculto, reprobable y siniestro, por lo que el voto recaerá en el menos malo, no en el mejor.

Y si quedaba alguna duda de ello, sólo basta tomar la semana pasada como ejemplo. Ya lo han dicho muchos analistas: el debate del 6 de junio no fue sino el tentempié de lo que vendría después. El posdebate ha dejado al descubierto lo más oscuro de las campañas políticas.

¡Fuera moral!, ¡fuera buenas costumbres!, ¡fuera careta!, "al fin que ya nadie espera que nos casemos de blanco…" Los partidos políticos se enfundaron sus baratos vestidos de lentejuelas, se colgaron su estola de plumas made in mercado de Sonora y comenzaron a mascar chicle, agarraron su elegante bolsa de mandado y salieron a la calle dispuestos a todo. Con una mezcla entre la Chimoltrufia, Paquita la del Barrio y la más codiciada cabaretera de Tepito, los partidos políticos y los candidatos piensan que ya no se trata de convencer, sino de arrebatar.

"Deslúmbralos", parece ser la consigna de los partidos y sus candidatos, quienes creen que el que grite más fuerte, quien agite los brazos más alto, el que logre montar el mejor sketch, quien logre mantener el escándalo del contrincante más tiempo en los medios, será el vencedor de las elecciones. Quien use más maquillaje, el vestido más entallado y el escote más bajo podrá acaparar las miradas (¿Cuánto, mi reinita?).

Las campañas se han convertido en las reinas del amor fingido, donde la verdad y la transparencia han sido secuestradas. Si el elector comienza a protestar, ve a las oficinas del contrincante haciendo la faramalla de llevar cajas y cajas de pruebas, las cuales están semivacías. ¿La gente sigue dudando? Deslúmbralo, poniendo a tus hijos en prenda de tu honor. Utiliza comerciales del más absoluto mal gusto, para que la gente critique el spot del delincuente orinándose en los pantalones y no la falta de propuesta. Es el todo por el todo, hasta sus últimas consecuencias. Hay amenazas de bombas por todos lados: videoescándalos, denuncias, más pruebas y ¡todavía faltan 20 días para las elecciones!, que Dios nos agarre confesados.

Ante esto, a la mitad de semana surgieron almas caritativas que trataron de darle a los partidos políticos un vestido más adecuado para la ocasión, un poco más fino. Intentaron ponerles zapatos y peinarlos distinto, buscaron un pacto de civilidad que les devolviera el rostro perdido; pero no, aunque la mona se vista se seda, mona se queda. Habría que meter a los partidos políticos, a sus dirigentes, voceros y candidatos a centros de rehabilitación, donde les enseñen que se pueden ganar la vida (o la contienda electoral) de otra manera.

Los ciudadanos han quedado en medio de una batalla de percepciones donde, como en cualquier guerra, la confusión, la desesperanza y la resignación aparecen. Los partidos se han valido del uso más perverso de la imagen express, del marketing político, de las herramientas de comunicación disponibles. El desprestigio, la difamación, la mentira y las verdades a medias, con una gran dosis de falta de creatividad y ética, están creando un negro expediente en la historia democrática de este país.

Expediente 1994

Martín Moreno
Excélsior - Archivos del poder

11-06-06

Ya jalaron del gatillo. Hemos escuchado el primer disparo. Huele a pólvora y a miedo. Igual que en 1994. De Lomas Taurinas a San Ángel. Cuidado: hace 12 años la historia terminó con la crisis económica más dolorosa para millones de mexicanos, quienes de la noche a la mañana perdieron todo. Y también era año electoral. Hoy se repiten los síntomas. No vayamos a terminar igual o peor.

¿Que fue autoatentado el sufrido por la esposa de Carlos Ahumada? ¿Que realmente fue un atentado? Lo que sea. El problema es que ya hubo tiros. Y más grave: a tres semanas de la elección presidencial, los candidatos más fuertes, López Obrador y Felipe Calderón, y sus partidos, el PRD y el PAN, han dividido a la sociedad mexicana en una trágica comedia entre buenos y malos, ricos y pobres. Imposible conciliar. La divisa es el odio. A las urnas irá el rencor, no el voto razonado.

A 21 días de la elección federal, el país se retuerce entre los odios generados por los candidatos y varios focos rojos, ante el evidente vacío de poder. México está hoy reflejado en los gritos y ofensas que panistas y perredistas se lanzan cara a cara, enseñando los colmillos, como si fueran perros de pelea. Es demostrar que Calderón solapó a su cuñado Diego Zavala para enriquecerlo. Es demostrar que López Obrador es un mentiroso, que recurre a la infamia cuando se ve perdido. No es para menos: en juego está la Presidencia.

México está hoy en las miradas de fuego que en cadena nacional se lanzan Claudia Sheinbaum y Juan Camilo Mouriño. México está hoy en la furia desatada por Elba Esther Gordillo, mediante los maestros en Oaxaca, para someter al gobernador Ulises Ruiz y avivar así la llama de sus odios contra Madrazo. México está hoy en la muerte del universitario Alexis Benhumea, en Atenco. México está hoy en el cierre de la mina La Caridad, en Sonora, provocada por la manipulación sindical, la intolerancia empresarial y la ineficacia gubernamental.

Y en tres semanas habrá elecciones presidenciales. El gobernador del Banco de México, Guillermo Ortiz, atribuye a "factores externos" la mala semana que tuvo la Bolsa Mexicana de Valores. Miente. La incertidumbre financiera se debe a que hay nerviosismo por el 2 de julio, por quién vaya a ganar y por lo que vendrá después. Y Ortiz está en la mira de López Obrador.

En medio de este escenario de riesgos, hay algo grave. Al revisar el grueso expediente, mediante el cual el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) ordena la suspensión de spots que acusan a López Obrador de ser un peligro para México, en la página 211, el magistrado Jesús Orozco Martínez, quien votó en contra del dictamen, alerta sobre un acto de "autocensura incompatible con la libertad de pensamiento y expresión" en la actuación del Tribunal. "Corresponde a los ciudadanos el poder jurídico de decidir cuáles son las expresiones o mensajes que quieren recibir", advierte Orozco, desnudando así los prejuicios de nuestra máxima autoridad electoral. Es para preocupar.

Si Zavala ganó millones ilegalmente, al amparo del poder de su cuñado, que se lo castigue y que Calderón pague las consecuencias. Si AMLO y el PRD mienten con fines electorales, que se sepa y también que lo paguen. Pero que dejen de llevarse entre las patas a la sociedad.

La batalla de los odios podría terminar en una desgracia nacional. Como en 1994, cuando las balas mataron también la esperanza de bienestar de millones. Recordemos la historia o repetiremos los errores. Como apunta Enrique Krauze en su nuevo libro Para salir de Babel: "De no haber cambios de fondo, el futuro nos deparará una nueva crisis, como la de 1982 o 1994, sin que podamos entonces llamarnos a sorpresa ni haya operaciones internacionales de rescate que puedan salvarnos".

El affaire Hildelbrando

Guillermo Ortega
Crónica - En Corto
11 de Junio de 2006

Primer round: martes del debate

No cabe duda de que el ganador del debate fue nuevamente Felipe Calderón. En principio, consiguió dejar clara la percepción de que, dada la distancia que han tomado él y López de los demás candidatos en las preferencias de voto, el asunto de la elección se convirtió en una cuestión solamente de dos. Aprovechó el foro para responder a las acusaciones hechas por Andrés López y el PRD respecto a su presunta responsabilidad en el Fobaproa, y además para plantearle cuestionamientos sobre su deficiente administración al frente del gobierno capitalino, que López no contestó. Todo iba bien para el candidato del PAN, hasta que, ya al final del debate, López lo acusó de beneficiar a la empresa de su cuñado Diego Zavala durante su gestión al frente de la Secretaría de Energía con contratos por la exorbitante cantidad de dos mil quinientos millones de pesos y que la empresa, además, no pagó los impuestos correspondientes. Aunque en su réplica Calderón lo negó categóricamente, la duda sembrada por López quedó presente en el ánimo del público. A pesar de todo, puede decirse que el round lo ganó Felipe.

Segundo round: miércoles
Al día siguiente del debate, Andrés López se montó en el tema de la acusación y, ya estando lejos de sus contrincantes, entonces sí, viéndose rodeado otra vez por sus seguidores, le volvió lo dicharachero y lo folclórico cuando insistió en el asunto. Calderón debió simplemente señalar que los señores del PRD tendrían que presentar la denuncia ante las autoridades correspondientes y ventilar el asunto en los tribunales que es donde corresponde, si es que realmente podían probar su acusación, que su respuesta la dio en el debate y que no tenía nada más que decir al respecto. Sin embargo, en vez de dar por terminado el asunto, mordió el anzuelo y replicó retando a Andrés López a que presentara las pruebas de su acusación, subrayando que en lo sucesivo habría que llamarlo “López Hablador” por mentiroso. Por su lado, los perredistas intensificaron la difusión de la acusación. Claudia Sheinbaum, ex secretaria del Medio Ambiente del gobierno lopista y encargada de la construcción de los segundos pisos, hizo una gira por las televisoras dando una explicación de cómo, según los perredistas, se sustentarían los señalamientos de López. Dicen que el que se enoja pierde, y en este caso, podría decirse que Calderón perdió este round.

Tercer round: jueves
La estrategia, si la hubo, no funcionó o se hizo mal. La reacción de Calderón, permitió que López marcara la agenda, subiendo el tema del “cuñado incómodo” en el interés de los medios y del público. El PRD inició la difusión de spots reiterando la acusación al panista y su cuñado. Con la intención de hacer control de daños, Diego Zavala se vio obligado a salir a explicar públicamente las características de su empresa, su composición accionaria, su participación en el negocio, su cartera de clientes y el monto de sus ventas, desmintiendo la acusación, calificándola de infundada y calumniosa. Al mismo tiempo, el asunto forzó a las instituciones involucradas en la acusación de López a salir también a los medios, para aclarar en forma oficial que durante el periodo en que Calderón fue titular de la Secretaría de Energía no hubo ningún contrato con la empresa de Zavala, e incluso los estrategas panistas consideraron necesaria la participación del propio Calderón en el desmentido. La presencia de Zavala en los medios y su decisión de presentar una demanda por difamación, que hizo pública al final del día, consiguió frenar, e incluso empezar a revertir los devastadores efectos de la gira de Sheinbaum por las televisoras. La insistencia en el reto de Calderón a López para presentar pruebas y la respuesta de este de que se las enviaría el viernes a su casa de campaña, colocaron a ambos en el terreno del beneficio de la duda y generaron mayor expectación aun por conocer el siguiente capítulo del enfrentamiento. La impresión inicial de que ante el inusitado crecimiento del asunto en el cuartel general calderonista los miembros de su equipo de plano estaban hechos bolas, fue dando paso poco a poco a una imagen de mayor control. Así es que podemos considerar que este round terminó en empate.

Cuarto round: viernes
Llegaron las pruebas, en tres cajas transportadas en un “diablito” por el vocero del PRD, Gerardo Fernández Noroña, acompañado del jefe de campaña de López, Jesús Ortega, y por la ex secretaria capitalina del Medio Ambiente, Claudia Sheinbaum, entre otros dirigentes, legisladores y colaboradores de la campaña perredista. Los esperaba Juan Camilo Mouriño en compañía de otros panistas afuera de la casa de campaña. Cuando los panistas exigieron a los perredistas mostrar los documentos firmados por Calderón en los que se demuestra que benefició a Zavala, Sheinbaum y Mouriño protagonizaron el agarrón. Ante el jaloneo verbal, los representantes del “Sol Azteca” decidieron retirarse. Los panistas tenían en el lugar a un notario público para que diera fe de lo entregado por los enviados de López, pero cuando abrieron las cajas se encontraron con que estaban casi vacías y sólo contenían unos cuantas carpetas, cuyo contenido no aportaba nada que no se hubiera ya difundido del asunto, y mucho menos las esperadas pruebas de la acusación de López. Termina así la semana con un Andrés López demandado y sin que hasta el momento haya podido demostrar que sus señalamientos son fundados, y no producto de una calumnia como la opinión pública empieza a creer. Este round lo ganó, sin duda, Calderón.

Balance
Lo que parecía ser un golpe tremendo para el candidato de las manos limpias, difícil de revertir en las pocas semanas que faltan para la elección, podría convertirse en el elemento que le dé el empujón definitivo. No deja de ser por lo menos curioso que haya sido justo el adversario más cercano de Calderón quien le haya servido en bandeja de plata este posible impulso final. Todo parece indicar que a López le saldrá “el tiro por la culata”, su credibilidad terminará cuestionada, dejando la impresión de que ante la desesperación por la pérdida de popularidad, es capaz de cualquier vileza. Quien sabe cual de sus colaboradores lo habrá convencido de intentar desacreditar a Calderón, acusando a Zavala. Por su parte, Calderón podría salir fortalecido, si consideramos que el ataque a su cuñado ocurre porque no le encontraron nada a él. De este episodio, queda también la triste imagen de Jesús Ortega, un político serio, que se ganó el respeto de propios y extraños por su actuar prudente a lo largo de los años, y que terminó como simple mensajero, haciéndole el juego a López, entregando cajas vacías que no demuestran nada. Eso le pasa por andar haciendo pactos con el diablo. Así es la política, que según definición enviada por un radio escucha de Imagen Informativa, es: “El arte de comer mierda, felicitar al dueño de la vaca, pedir más y todavía llevar itacate a casa”. Ni modo.

Verba volant, scripta manent.