Jorge Fernández Menéndez
Excélsior - Razones
22 de Junio de 2006
Mañana será el último día para dar a conocer las encuestas previas a la elección del dos de julio próximo. Es un poco absurdo, uno más de nuestro sistema electoral, que se puedan proporcionar encuestas hasta diez días antes de la elección, mientras los candidatos pueden continuar en campaña algunos días más y existe, siempre, un alto porcentaje de indecisos a estas horas.
Las encuestas que se han conocido en los últimos días, suelen darle unos puntos de ventaja a López Obrador (entre dos y cuatro), aunque otras, con menos difusión, como la de la Universidad de Miami y Zogby, incluso la de Ulises Beltrán y asociados o la de GEA, siguen manteniendo una pequeña ventaja para Felipe Calderón. Prácticamente todas coinciden en que Roberto Madrazo está demasiado lejos como para aspirar a la presidencia aunque el PRI sigue manteniendo una posición fuerte en el ámbito legislativo: el temor que tenían muchos priistas de un desplome no sólo de su candidato presidencial sino también de sus candidatos a senadores y diputados, por lo menos en términos generales, parece haberse disipado. Pero no les alcanza para pelear, de verdad, la presidencia de la república.
El tema de la distancia de diez días entre la publicación de las últimas encuestas y la propia elección presidencial, es un factor de riesgo para el proceso y lleva a muchos equívocos. Hace seis años, prácticamente todas las encuestas publicadas para estas fechas, coincidían en el triunfo de Francisco Labastida: la encuesta de Reforma publicada el 23 de junio pronosticaba 42 por ciento para Labastida, 39 por ciento para Vicente Fox y 16 por ciento para Cuauhtémoc Cárdenas: la tendencia se había mantenido inalterable durante todo el mes de junio, colocando siempre a Labastida como triunfador. Pero existía un dato en ese estudio que no se valoró: el 19 por ciento de los encuestados que dijeron que sí votarían aún no habían decidido su voto o si lo tenían decidido no lo expresaron. Cuando diez días después de publicada esa encuesta se produjo la elección, los resultados fueron muy diferentes: Vicente Fox obtuvo el 43 por ciento de los votos; Labastida se quedó con el 37 por ciento y Cárdenas con el 17 por ciento. Fox obtuvo poco más de 16 millones de votos y Labastida unos 13 millones 500 votos. Cárdenas se quedó con unos 6 millones. Por eso, aunque en el equipo de Calderón estén disconformes con algunas de las encuestas publicadas en las últimas horas, también están tranquilos: estiman que, en términos de encuestas están, incluso, mejor posicionados ahora que hace seis años, cuando se le daba, en prácticamente todas las encuestas públicas, una desventaja de por lo menos cuatro puntos a Fox. En los hechos, las casas encuestadoras pudieron comprobar, aunque no pudieran publicarlo, cómo en los días posteriores se fue cerrando la elección, cómo el viernes anterior a los comicios ya estaban empatados y cómo, a las dos de la tarde del domingo, algunas casas encuestadoras y el propio gobierno federal, ya sabían que era Fox quien seguramente había ganado las elecciones, e incluso así se lo dio a conocer el presidente Zedillo a don Luis H. Alvarez.
En esta ocasión tenemos un escenario un poco diferente pero no tanto. López Obrador y Calderón, como entonces Fox y Labastida, aplicando los márgenes de error de las encuestas, están empatados. Pero los encuestadores coinciden en que existe cerca de un 15 por ciento de electores aún indecisos: no todos votarán pero los que lo hagan, serán los que terminarán definiendo la elección. Existe un elemento adicional: a pesar de todos sus problemas, Madrazo se mantiene con mayor presencia que la que tuvo Cárdenas en el 2000. El priista decíamos que no tiene posibilidades de ganar la presidencia (salvo un vuelco literalmente espectacular de las tendencias) pero seguirá conservando alrededor de un 25 por ciento de los votos y por lo tanto, acota los márgenes del voto útil para cualquiera de los dos candidatos punteros. Es verdad que la elección, finalmente, será entre dos pero de todas maneras el no derrumbe de Madrazo acota los límites de una fuga de votos priistas hacia López Obrador o Calderón, aunque aún falta por ver cómo terminan actuando los gobernadores priistas que mantienen diferencias con el tabasqueño.
El hecho es que existe demasiada distancia entre las encuestas que ya se comenzaron a publicar, con la fecha electoral, todo en un momento de suma volatilidad y cuando todavía un número importante de electores no han terminado de decidir su voto. Y decíamos que ello, que se pensó originalmente como un factor de confianza y estabilidad electoral, para que las encuestas supuestamente no influyeran en los electores en las últimas hora del proceso, se ha convertido en un factor de riesgo, porque como sucedió en el 2000 y puede suceder ahora, esa distancia no permite un seguimiento fino del proceso hasta sus últimas instancias y entonces puede haber discrepancias o se pueden utilizar esos resultados de las encuestas como coartada para tratar de justificar la impugnación de la elección.
De alguna manera es lo que ha argumentado, una y otra vez, López Obrador al insistir que en sus encuestas, que jamás hemos visto, mantiene una ventaja de diez puntos. Si finalmente el dos de julio los que demuestran tener la razón son los tracking que están haciendo algunas empresas o las encuestas que todavía mantienen como favorito a Calderón, ¿no se apoyará López Obrador en estas últimas encuestas publicadas y en sus míticos diez puntos para impugnar la elección?; si se pudiera hacer un seguimiento mucho más cercano del proceso, por lo menos hasta el cierre de las campañas ¿no existiría un margen de error menor?. Así que estas encuestas no demuestran nada: el escenario está empatado entre AMLO y Calderón, Madrazo todavía vive, aunque sea con respiración artificial, y hay un 15 por ciento de electores que aún no han decidido su voto. La moneda sigue en el aire.
22 de junio de 2006
AMLO, las encuestas y el imperialismo
Francisco Báez Rodríguez
Crónica
22 de Junio de 2006
Sucedió en la Universidad Autónoma de Sinaloa, en los años setenta, cuando en aquella institución tenía sus reales un grupo extremista denominado Los Enfermos, que cometía actos vandálicos como quemar las cosechas de campesinos que no “jalaban” con ellos, asesinó a militantes de izquierda y terminó desintegrándose, aunque algunos de sus miembros confluyeron en la Liga Comunista 23 de Septiembre.
Era una reunión en Mazatlán. Los Enfermos, bajo la consigna de la “Universidad-Fábrica”, querían cambiar los planes de estudio para imponer su particular (y enferma) versión del marxismo. De uno de ellos surgió la propuesta: eliminar el inglés del programa de preparatoria, porque ese era “el idioma del imperialismo”. Un maestro de inglés, supongo que para salvar su chamba, pidió la palabra y propuso que el cambio fuera de matiz: en vez de enseñar “inglés burgués”, la UAS enseñaría “inglés proletario”, para que los representantes de la clase obrera mexicana se pudieran comunicar mejor con sus similares de otros países, en pos del internacionalismo revolucionario. Los Enfermos quedaron confundidos y la enseñanza del inglés no se suprimió.
El asunto viene a cuenta por la más reciente ocurrencia de Andrés Manuel López Obrador. En su entrevista con Carlos Loret de Mola, el candidato de la Coalición Por el Bien de Todos descalificó las encuestas, aún aquellas que lo ubican en primer lugar, porque “la metodología es norteamericana, se aplica en Estados Unidos”. Y concluyó: “nuestra sociedad no funciona así”.
Podría utilizar lo que queda de espacio de esta columna para explicar por qué la medición demoscópica, si bien tiene muchas características de las ciencias sociales, es esencialmente un trabajo estadístico-matemático. Podría también hacer un recuento del avance que ha tenido esta técnica en nuestro país a lo largo de las últimas dos décadas, en las que ha superado prejuicios y ha enmendado sus errores de noviciado. Pero no creo que sea lo esencial: en todo caso, quienes viven de la demoscopía tienen de seguro muy buenos argumentos.
A lo que voy es a otras dos cosas. La primera es la falta de congruencia de López Obrador. Durante más de cuatro años utilizó los resultados de las encuestas para afianzar su posición política, dentro del PRD y a nivel nacional. ¿Cuántas veces no lo escuchamos presumir del alto nivel de popularidad y de aceptación que le otorgaba este instrumento hecho con “metodología norteamericana”? ¿Cuántas veces no tomó decisiones políticas relevantes en función de lo que decían las mediciones de opinión pública? Ahora que no pintan el mundo color de rosa (o amarillo y negro) resulta que están, de alguna manera, viciadas por el imperialismo.
Esto quiere decir, en pocas palabras, que no creo que AMLO no crea en las encuestas. Simplemente, las usa o las desecha de acuerdo con el momento táctico (con su voluntad).
Lo que sí creo es que, al señalar el supuesto pecado de origen de las encuestas, López Obrador está enseñando su marca de aislacionismo cultural y, de nueva cuenta, su propensión a la intolerancia.
Así, no importa que las encuestas sean útiles en la India, en Grecia, en Japón o en Kenya. Lo que importa es que se trata de una metodología desarrollada primero en Estados Unidos. Eso mismo debe hacerlas sospechosas. Como ese líquido negro de nombre Coca-Cola.
La frase, “nuestra sociedad no funciona así” encierra un núcleo duro de ideología vieja, de nacionalismo revolucionario. “Como México no hay dos”, que puede traducirse en que aquí nuestra política puede no ser ni democrática ni autoritaria, sino todo lo contrario; que nuestra economía puede ser la administración voluntarista y clientelar de la abundancia; que nuestra vara de medir la ley tiene magnitudes “mexicanas”.
La “diferencia” de México fue, históricamente, una de las mejores coartadas para poner coto a la democracia sin adjetivos que pedía a gritos el país. También fue la coartada cultural para que desarrollara la manga ancha a la corrupción y a la impunidad. Y la coartada económica para una política proteccionista que se cebó sobre los consumidores y favoreció solamente a los empresarios favoritos del régimen, aquellos a los que antes llamábamos “burguesía nacional”.
Todo lo demás, encuestas incluidas, son “influencias extranjerizantes y ajenas a nuestra idiosincrasia” (Díaz Ordaz y Pinochet dixeunt).
Habría que avisarle a López Obrador que los años setenta y ochenta ya pasaron (yo hubiera suscrito su programa económico, pero hace 20 años), que las encuestas tienen el idioma común de las matemáticas, que México está inserto en el mundo, que la democracia es formal o no es democracia y que un estadunidense, llamado Abner Doubleday, inventó el beisbol.
Crónica
22 de Junio de 2006
Sucedió en la Universidad Autónoma de Sinaloa, en los años setenta, cuando en aquella institución tenía sus reales un grupo extremista denominado Los Enfermos, que cometía actos vandálicos como quemar las cosechas de campesinos que no “jalaban” con ellos, asesinó a militantes de izquierda y terminó desintegrándose, aunque algunos de sus miembros confluyeron en la Liga Comunista 23 de Septiembre.
Era una reunión en Mazatlán. Los Enfermos, bajo la consigna de la “Universidad-Fábrica”, querían cambiar los planes de estudio para imponer su particular (y enferma) versión del marxismo. De uno de ellos surgió la propuesta: eliminar el inglés del programa de preparatoria, porque ese era “el idioma del imperialismo”. Un maestro de inglés, supongo que para salvar su chamba, pidió la palabra y propuso que el cambio fuera de matiz: en vez de enseñar “inglés burgués”, la UAS enseñaría “inglés proletario”, para que los representantes de la clase obrera mexicana se pudieran comunicar mejor con sus similares de otros países, en pos del internacionalismo revolucionario. Los Enfermos quedaron confundidos y la enseñanza del inglés no se suprimió.
El asunto viene a cuenta por la más reciente ocurrencia de Andrés Manuel López Obrador. En su entrevista con Carlos Loret de Mola, el candidato de la Coalición Por el Bien de Todos descalificó las encuestas, aún aquellas que lo ubican en primer lugar, porque “la metodología es norteamericana, se aplica en Estados Unidos”. Y concluyó: “nuestra sociedad no funciona así”.
Podría utilizar lo que queda de espacio de esta columna para explicar por qué la medición demoscópica, si bien tiene muchas características de las ciencias sociales, es esencialmente un trabajo estadístico-matemático. Podría también hacer un recuento del avance que ha tenido esta técnica en nuestro país a lo largo de las últimas dos décadas, en las que ha superado prejuicios y ha enmendado sus errores de noviciado. Pero no creo que sea lo esencial: en todo caso, quienes viven de la demoscopía tienen de seguro muy buenos argumentos.
A lo que voy es a otras dos cosas. La primera es la falta de congruencia de López Obrador. Durante más de cuatro años utilizó los resultados de las encuestas para afianzar su posición política, dentro del PRD y a nivel nacional. ¿Cuántas veces no lo escuchamos presumir del alto nivel de popularidad y de aceptación que le otorgaba este instrumento hecho con “metodología norteamericana”? ¿Cuántas veces no tomó decisiones políticas relevantes en función de lo que decían las mediciones de opinión pública? Ahora que no pintan el mundo color de rosa (o amarillo y negro) resulta que están, de alguna manera, viciadas por el imperialismo.
Esto quiere decir, en pocas palabras, que no creo que AMLO no crea en las encuestas. Simplemente, las usa o las desecha de acuerdo con el momento táctico (con su voluntad).
Lo que sí creo es que, al señalar el supuesto pecado de origen de las encuestas, López Obrador está enseñando su marca de aislacionismo cultural y, de nueva cuenta, su propensión a la intolerancia.
Así, no importa que las encuestas sean útiles en la India, en Grecia, en Japón o en Kenya. Lo que importa es que se trata de una metodología desarrollada primero en Estados Unidos. Eso mismo debe hacerlas sospechosas. Como ese líquido negro de nombre Coca-Cola.
La frase, “nuestra sociedad no funciona así” encierra un núcleo duro de ideología vieja, de nacionalismo revolucionario. “Como México no hay dos”, que puede traducirse en que aquí nuestra política puede no ser ni democrática ni autoritaria, sino todo lo contrario; que nuestra economía puede ser la administración voluntarista y clientelar de la abundancia; que nuestra vara de medir la ley tiene magnitudes “mexicanas”.
La “diferencia” de México fue, históricamente, una de las mejores coartadas para poner coto a la democracia sin adjetivos que pedía a gritos el país. También fue la coartada cultural para que desarrollara la manga ancha a la corrupción y a la impunidad. Y la coartada económica para una política proteccionista que se cebó sobre los consumidores y favoreció solamente a los empresarios favoritos del régimen, aquellos a los que antes llamábamos “burguesía nacional”.
Todo lo demás, encuestas incluidas, son “influencias extranjerizantes y ajenas a nuestra idiosincrasia” (Díaz Ordaz y Pinochet dixeunt).
Habría que avisarle a López Obrador que los años setenta y ochenta ya pasaron (yo hubiera suscrito su programa económico, pero hace 20 años), que las encuestas tienen el idioma común de las matemáticas, que México está inserto en el mundo, que la democracia es formal o no es democracia y que un estadunidense, llamado Abner Doubleday, inventó el beisbol.
21 de junio de 2006
Cárdenas, el garante
Ricardo Alemán
El Universal - Itinerario Político
21 de junio de 2006
Cuauhtémoc trabajaba en la concepción de una figura política capaz de contener las posibles desviaciones democráticas.
En sus primeras declaraciones públicas -luego de asumir la presidencia de los consejos asesores de la Comisión Organizadora del Bicentenario de la Independencia y del Centenario de la Revolución-, Cuauhtémoc Cárdenas negó que su encargo lleve ocultos objetivos políticos, como si sólo se tratara de un mero nombramiento honorífico.
Pero el propio Cárdenas se había encargado de deslizar ante los ojos de todo aquel que quisiera verlo, que a partir de su nueva encomienda asumirá de manera formal el papel que desde hace mucho le asignó la historia política mexicana, el de garante de que se consolide la transición mexicana a la democracia. Y esa responsabilidad, primero de motor y luego de guardián, lo coloca de manera temporal por encima de la sucesión presidencial, de la alternancia y del gobierno que resulte electo.
El mensaje parece claro. Nadie sabe bien a bien quién será el próximo presidente, pero son muchos los que temen que con la llegada del nuevo gobierno se produzca un retroceso en los avances democráticos. En el fondo, con la creación de la figura política que recordará las gestas históricas de la Independencia y la Revolución, tanto Fox como Cárdenas intentan un correctivo, acaso tardío, de una omisión en la que comparten una porción de responsabilidad, la de no haber creado los instrumentos políticos para asegurar la consolidación democrática.
Está claro que Cárdenas no habría aceptado formar parte de una comisión para conmemorar el bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución, si se tratara sólo de una figura decorativa. No se sabe si primero se pensó en la conmemoración de las dos gestas históricas, o si sólo se trató de vestir con ropajes harto simbólicos la preocupación del riesgo real de un retroceso democrático. Lo que sí se sabe es que desde hace meses Cárdenas trabajaba en la concepción de una figura política -en la que se aglutinaran diversos sectores sociales- capaz de convertirse en el aval moral y político para contener las posibles desviaciones democráticas, ante la polarizada competencia electoral y el riesgo de ingobernabilidad.
El razonamiento es conocido. Durante años -y a un elevado costo político y de vidas- los partidos opositores, en especial PAN y PRD, trabajaron para alcanzar la anhelada transición democrática. Construyeron un complejo andamiaje que hizo posible la primera etapa de ese objetivo: la democracia electoral. Ya instalado el puente por el que fue posible alcanzar la alternancia presidencial, por el que fueron posibles elecciones creíbles, imparciales y legales, y que propiciaron la caída del PRI, aparecieron en el horizonte de las elecciones de julio del 2006 los peligros inminentes. Es decir, existe el riesgo de que quien alcance el poder presidencial el 2 de julio -que se alcanzará gracias a que existe ese puente hacia la alternancia y las elecciones creíbles-, pueda llegar al extremo de destruir lo que queda detrás de sí, el puente de la democracia electoral, para regresar al pasado. Cárdenas llegó a la conclusión de que era imposible alcanzar un acuerdo entre todos los candidatos presidenciales para la firma de un compromiso por la consolidación democrática. Pero vio posible la creación de una fuerza social, con suficiente peso moral y político, con influencia en el nuevo gobierno -sea del partido que fuere-, para convertirse en garante de la transición democrática.
Y por increíble que parezca -y a riesgo de que los fanáticos de AMLO desaten de nuevo su rabiosa intolerancia contra quien piensa distinto a ellos-, Cárdenas veía en López Obrador y en sus posibilidades de alcanzar el triunfo el 2 de julio el mayor peligro de un retroceso democrático. Esa percepción no se le escuchará en declaraciones públicas, pero quienes hablan con él saben que existe. AMLO es un riesgo potencial para la democracia mexicana. ¿Por qué? Porque en su mesianismo y en su profunda cultura antidemocrática puede convertir su eventual gobierno, si es que gana, en una moderna versión del PRI. El PRD de hoy y la candidatura presidencial de AMLO son el mejor ejemplo.
Al parecer esa preocupación fue compartida por el presidente Fox, cuyos estrategas habrían dado forma al instrumento político ideado por Cárdenas, y al que vistieron con las ropas de Comisión Organizadora del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución, los dos símbolos de la lucha social mexicana por las libertades y la democracia. Pero esa es apenas una parte del escenario. ¿Quiénes se integrarán a esa comisión organizadora? Representantes sociales de todos los sectores. ¿Y cual será el objetivo político de esa comisión? Además de los festejos obligados, el propio Cárdenas dibuja el fondo a grandes rasgos: "Ampliar la discusión democrática que concluya en la promulgación de una nueva Constitución". ¿Y qué quiere decir eso? En palabras coloquiales, convertirse en garante de la consolidación en México de la transición democrática. Todo ello por encima de quien resulte ganador el 2 de julio.
aleman2@prodigy.net.mx
El Universal - Itinerario Político
21 de junio de 2006
Cuauhtémoc trabajaba en la concepción de una figura política capaz de contener las posibles desviaciones democráticas.
En sus primeras declaraciones públicas -luego de asumir la presidencia de los consejos asesores de la Comisión Organizadora del Bicentenario de la Independencia y del Centenario de la Revolución-, Cuauhtémoc Cárdenas negó que su encargo lleve ocultos objetivos políticos, como si sólo se tratara de un mero nombramiento honorífico.
Pero el propio Cárdenas se había encargado de deslizar ante los ojos de todo aquel que quisiera verlo, que a partir de su nueva encomienda asumirá de manera formal el papel que desde hace mucho le asignó la historia política mexicana, el de garante de que se consolide la transición mexicana a la democracia. Y esa responsabilidad, primero de motor y luego de guardián, lo coloca de manera temporal por encima de la sucesión presidencial, de la alternancia y del gobierno que resulte electo.
El mensaje parece claro. Nadie sabe bien a bien quién será el próximo presidente, pero son muchos los que temen que con la llegada del nuevo gobierno se produzca un retroceso en los avances democráticos. En el fondo, con la creación de la figura política que recordará las gestas históricas de la Independencia y la Revolución, tanto Fox como Cárdenas intentan un correctivo, acaso tardío, de una omisión en la que comparten una porción de responsabilidad, la de no haber creado los instrumentos políticos para asegurar la consolidación democrática.
Está claro que Cárdenas no habría aceptado formar parte de una comisión para conmemorar el bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución, si se tratara sólo de una figura decorativa. No se sabe si primero se pensó en la conmemoración de las dos gestas históricas, o si sólo se trató de vestir con ropajes harto simbólicos la preocupación del riesgo real de un retroceso democrático. Lo que sí se sabe es que desde hace meses Cárdenas trabajaba en la concepción de una figura política -en la que se aglutinaran diversos sectores sociales- capaz de convertirse en el aval moral y político para contener las posibles desviaciones democráticas, ante la polarizada competencia electoral y el riesgo de ingobernabilidad.
El razonamiento es conocido. Durante años -y a un elevado costo político y de vidas- los partidos opositores, en especial PAN y PRD, trabajaron para alcanzar la anhelada transición democrática. Construyeron un complejo andamiaje que hizo posible la primera etapa de ese objetivo: la democracia electoral. Ya instalado el puente por el que fue posible alcanzar la alternancia presidencial, por el que fueron posibles elecciones creíbles, imparciales y legales, y que propiciaron la caída del PRI, aparecieron en el horizonte de las elecciones de julio del 2006 los peligros inminentes. Es decir, existe el riesgo de que quien alcance el poder presidencial el 2 de julio -que se alcanzará gracias a que existe ese puente hacia la alternancia y las elecciones creíbles-, pueda llegar al extremo de destruir lo que queda detrás de sí, el puente de la democracia electoral, para regresar al pasado. Cárdenas llegó a la conclusión de que era imposible alcanzar un acuerdo entre todos los candidatos presidenciales para la firma de un compromiso por la consolidación democrática. Pero vio posible la creación de una fuerza social, con suficiente peso moral y político, con influencia en el nuevo gobierno -sea del partido que fuere-, para convertirse en garante de la transición democrática.
Y por increíble que parezca -y a riesgo de que los fanáticos de AMLO desaten de nuevo su rabiosa intolerancia contra quien piensa distinto a ellos-, Cárdenas veía en López Obrador y en sus posibilidades de alcanzar el triunfo el 2 de julio el mayor peligro de un retroceso democrático. Esa percepción no se le escuchará en declaraciones públicas, pero quienes hablan con él saben que existe. AMLO es un riesgo potencial para la democracia mexicana. ¿Por qué? Porque en su mesianismo y en su profunda cultura antidemocrática puede convertir su eventual gobierno, si es que gana, en una moderna versión del PRI. El PRD de hoy y la candidatura presidencial de AMLO son el mejor ejemplo.
Al parecer esa preocupación fue compartida por el presidente Fox, cuyos estrategas habrían dado forma al instrumento político ideado por Cárdenas, y al que vistieron con las ropas de Comisión Organizadora del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución, los dos símbolos de la lucha social mexicana por las libertades y la democracia. Pero esa es apenas una parte del escenario. ¿Quiénes se integrarán a esa comisión organizadora? Representantes sociales de todos los sectores. ¿Y cual será el objetivo político de esa comisión? Además de los festejos obligados, el propio Cárdenas dibuja el fondo a grandes rasgos: "Ampliar la discusión democrática que concluya en la promulgación de una nueva Constitución". ¿Y qué quiere decir eso? En palabras coloquiales, convertirse en garante de la consolidación en México de la transición democrática. Todo ello por encima de quien resulte ganador el 2 de julio.
aleman2@prodigy.net.mx
La segura incertidumbre
Juan Molinar Horcasitas
El Universal
21 de junio de 2006
Las elecciones de 2006 son un ejercicio inédito en nuestra historia: nunca habíamos tenido una elección presidencial con un desenlace tan incierto, pero tampoco había tenido la gente tanta confianza en las autoridades electorales. Se trata de una elección "perfecta" en un sentido: incertidumbre en el resultado, seguridad en el proceso. Argumentaré este punto, y otros dos: la elección de 2006 también es inédita porque nunca antes se habían confrontado, con posibilidad de triunfo, dos proyectos de gobierno tan opuestos como los dos principales que compiten en este año. Y, finalmente, en esta campaña los contendientes se han expresado con mucha fuerza mediática, tanto en las propuestas como en las críticas. Veamos estas tres novedades.
Empiezo con lo último. La idea de que las elecciones deben ser una competencia "de propuestas" en la que los partidos y los candidatos "presenten su oferta política" sin intercambiar críticas entre sí, sólo existe en la mente de algunos "teóricos" mexicanos de una democracia mal entendida. Quien conoce la experiencia de elecciones en sistemas democráticos maduros, exitosos, como los anglosajones o muchos de los europeos, sabe bien que las campañas electorales no son competencias de propuestas, sino duros intercambios de críticas entre los contendientes. En los casos menos agresivos, las críticas y los ataques de los candidatos se concentran en el desempeño de los adversarios. En los peores, pasan a cuestiones personales. Y nadie se escandaliza. Todo mundo espera que al final de la elección, los candidatos cedan el lugar al político y que los políticos hagan lo suyo: negociar acuerdos. Creo que eso es lo que pasará. Y también creo que eso es lo que los intelectuales y "opinadores" profesionales deberíamos estar planteando, en vez de escandalizarnos por el espectáculo de una campaña democrática normal. Las delegaciones de observadores internacionales que han llegado a México, por cierto, coinciden en esto: no les sorprenden las críticas y los ataques entre los candidatos, pues están acostumbrados a verlos en las elecciones de sus países, les sorprende que intelectuales y periodistas, que deberían ser paladines de la libertad de expresión, pidan a las autoridades que censuren los mensajes críticos de las campañas.
Por lo que hace a los proyectos, para estas alturas de la campaña ya ha quedado claro que se trata de conceptos opuestos: el de López Obrador es un proyecto que se basa en la idea de que el gasto público y, por tanto, la deuda deben ser el motor de la economía; y el de Calderón, que postula que el crecimiento económico depende de la competitividad de la economía y de la inversión privada que logre atraer. Un proyecto terminaría en donde sus antecesores lo han hecho, en las crisis y las devaluaciones que Echeverría, López Portillo y Salinas provocaron. El otro abriría una nueva etapa de estabilidad y crecimiento, como la que nuestro país no ha conocido en medio siglo. Y es que el contraste no es entre neoliberalismo y "nuevo modelo económico". Es entre deuda y fortaleza económica.
Otro fuerte contraste es el que se da entre la confianza que la ciudadanía tiene en las autoridades electorales, especialmente el IFE, y las críticas a las que las han sometido los candidatos opositores y algunos en el llamado círculo rojo. De nuevo, llama la atención la evaluación tan positiva que de las autoridades realizan las misiones de especialistas internacionales en elecciones, y el desprecio con que se refieren a ellas los especialistas nacionales.
Finalmente, el resultado es incierto. En una reunión de especialistas en encuestas realizada anteayer en el Club de Industriales, uno de los pioneros de la disciplina en México divulgó una encuesta en la que Felipe Calderón aparece como el candidato puntero. En un periódico capitalino se publicó ayer otra en la que López Obrador aparece en punta. Reuters publica una encuesta de Zogby con ventaja de tres puntos de Calderón. Entre hoy y mañana seguramente se publicarán otras encuestas en las que Calderón y López Obrador serán reportados como punteros. La conclusión de la semana es cierta: el resultado es incierto. Eso es democracia. Yo estoy seguro de dos cosas: que Calderón será el ganador y que esta ha sido la elección más disputada en nuestra historia.
juanmolinarhorcasitas@hotmail.com
Diputado federal (PAN)
El Universal
21 de junio de 2006
Las elecciones de 2006 son un ejercicio inédito en nuestra historia: nunca habíamos tenido una elección presidencial con un desenlace tan incierto, pero tampoco había tenido la gente tanta confianza en las autoridades electorales. Se trata de una elección "perfecta" en un sentido: incertidumbre en el resultado, seguridad en el proceso. Argumentaré este punto, y otros dos: la elección de 2006 también es inédita porque nunca antes se habían confrontado, con posibilidad de triunfo, dos proyectos de gobierno tan opuestos como los dos principales que compiten en este año. Y, finalmente, en esta campaña los contendientes se han expresado con mucha fuerza mediática, tanto en las propuestas como en las críticas. Veamos estas tres novedades.
Empiezo con lo último. La idea de que las elecciones deben ser una competencia "de propuestas" en la que los partidos y los candidatos "presenten su oferta política" sin intercambiar críticas entre sí, sólo existe en la mente de algunos "teóricos" mexicanos de una democracia mal entendida. Quien conoce la experiencia de elecciones en sistemas democráticos maduros, exitosos, como los anglosajones o muchos de los europeos, sabe bien que las campañas electorales no son competencias de propuestas, sino duros intercambios de críticas entre los contendientes. En los casos menos agresivos, las críticas y los ataques de los candidatos se concentran en el desempeño de los adversarios. En los peores, pasan a cuestiones personales. Y nadie se escandaliza. Todo mundo espera que al final de la elección, los candidatos cedan el lugar al político y que los políticos hagan lo suyo: negociar acuerdos. Creo que eso es lo que pasará. Y también creo que eso es lo que los intelectuales y "opinadores" profesionales deberíamos estar planteando, en vez de escandalizarnos por el espectáculo de una campaña democrática normal. Las delegaciones de observadores internacionales que han llegado a México, por cierto, coinciden en esto: no les sorprenden las críticas y los ataques entre los candidatos, pues están acostumbrados a verlos en las elecciones de sus países, les sorprende que intelectuales y periodistas, que deberían ser paladines de la libertad de expresión, pidan a las autoridades que censuren los mensajes críticos de las campañas.
Por lo que hace a los proyectos, para estas alturas de la campaña ya ha quedado claro que se trata de conceptos opuestos: el de López Obrador es un proyecto que se basa en la idea de que el gasto público y, por tanto, la deuda deben ser el motor de la economía; y el de Calderón, que postula que el crecimiento económico depende de la competitividad de la economía y de la inversión privada que logre atraer. Un proyecto terminaría en donde sus antecesores lo han hecho, en las crisis y las devaluaciones que Echeverría, López Portillo y Salinas provocaron. El otro abriría una nueva etapa de estabilidad y crecimiento, como la que nuestro país no ha conocido en medio siglo. Y es que el contraste no es entre neoliberalismo y "nuevo modelo económico". Es entre deuda y fortaleza económica.
Otro fuerte contraste es el que se da entre la confianza que la ciudadanía tiene en las autoridades electorales, especialmente el IFE, y las críticas a las que las han sometido los candidatos opositores y algunos en el llamado círculo rojo. De nuevo, llama la atención la evaluación tan positiva que de las autoridades realizan las misiones de especialistas internacionales en elecciones, y el desprecio con que se refieren a ellas los especialistas nacionales.
Finalmente, el resultado es incierto. En una reunión de especialistas en encuestas realizada anteayer en el Club de Industriales, uno de los pioneros de la disciplina en México divulgó una encuesta en la que Felipe Calderón aparece como el candidato puntero. En un periódico capitalino se publicó ayer otra en la que López Obrador aparece en punta. Reuters publica una encuesta de Zogby con ventaja de tres puntos de Calderón. Entre hoy y mañana seguramente se publicarán otras encuestas en las que Calderón y López Obrador serán reportados como punteros. La conclusión de la semana es cierta: el resultado es incierto. Eso es democracia. Yo estoy seguro de dos cosas: que Calderón será el ganador y que esta ha sido la elección más disputada en nuestra historia.
juanmolinarhorcasitas@hotmail.com
Diputado federal (PAN)
20 de junio de 2006
La decisión
Macario Schettino
El Universal
20 de junio de 2006
Se acaba el tiempo. Estamos al borde de tomar una decisión crucial para México, y no tenemos, al momento, una posición clara. Las encuestas indican que cada uno de los candidatos punteros tiene un tercio de los votos. En las publicadas durante la semana pasada, hay una ligera ventaja de López Obrador, producto en buena medida del "efecto cuñado".
Pero los seguimientos telefónicos diarios indican que, muy probablemente, las encuestas que se publiquen en esta semana, las últimas que veremos antes de la elección, invertirán el resultado. Es decir, los dos candidatos estarán también prácticamente empatados, pero ahora con una ligera ventaja de Calderón.
En cualquier caso, el candidato que gane el 2 de julio lo hará con poco más de un tercio de los votos, y el que pierda tendrá un poco menos que eso. El tercer lugar, Roberto Madrazo, estará alrededor del 20%.
Es interesante notar que esto es más o menos lo que vimos hace seis años. Dos punteros que podían ganar, con un tercio de los votos cada uno, y un tercer lugar lejano, por allá del 20%. De hecho, incluso unos días antes de la elección no estaba claro quién ganaría.
Sin embargo, en aquella ocasión lo que estaba en juego era sólo si el PRI salía o no de Los Pinos. Hoy, en cambio, las dos propuestas con posibilidad de ganar son muy diferentes entre sí. Hay mucho más en juego, para ponerlo en otros términos.
Insisto hoy en lo que he comentado varias veces: no veo cómo podrá el PRI sobrevivir a esta elección. Aunque ganar 20% de los votos no es nada despreciable, y aunque es muy probable que la votación para el Congreso sea aún mayor para este partido, no creo que pueda seguir existiendo como hasta ahora. No se trata de un partido político común, sino de uno que albergaba en su interior todas las posibles posiciones políticas del país.
Hace apenas veinte años no había perdido una gubernatura, y sólo había perdido una senaduría en sus 70 años de existencia con varios nombres. Después del 2 de julio, el 20% o 30% que tenga el PRI, ¿qué proyecto impulsará en el Congreso? Si el ganador es López Obrador, ¿podrá el PRI del sur resistirse a su convocatoria? Y si el ganador es Calderón, la misma pregunta aplica, pero para el PRI del norte.
De hecho, las encuestas muestran claramente que en el norte y occidente del país, AMLO es tercera fuerza, pero que con los votos que puede obtener en el centro podría ganar. En el sur, los tres partidos están muy parejos. ¿Es una elección del norte contra el centro?
Si tuviésemos en México segunda vuelta, sería mucho más fácil para el ganador gobernar. Pero no es el caso, así que quien triunfe el 2 de julio tendrá, en el mejor de los casos, 40% del voto, y deberá construir una coalición de gobierno, cosa muy complicada por las características de nuestro sistema político.
La conclusión debería ser muy clara: nuestras reglas no están funcionando. Pero no hemos podido cambiarlas por lo mismo que no hemos podido tomar decisiones de largo plazo desde 1997, porque todo mundo cree que puede ganar, y no quiere arriesgar su futuro.
A este periodo le llamé, hace unos años, un ´interregno prolongado´, un tiempo de indefinición al final del régimen de la Revolución, pero antes de que sea claro si llegamos o no a una democracia estable.
De hecho, sigo creyendo que la elección del 2 de julio terminará con este periodo, con los veinte años de transición. Tendremos una democracia en proceso de consolidación o un intento de restauración del régimen, a través del partido que logró agrupar a los nostálgicos de la Revolución.
Quien gane, lo hará por poco. Su votación estará determinada geográficamente. Lo mismo ocurrirá con quien pierda. Será un momento que exigirá una gran capacidad de negociación, y que podrá terminar bien si hay voluntad, generosidad e inteligencia en los actores.
Partiendo de lo que hemos visto, no hay mucho espacio para el optimismo. Pero, a veces, la vida da sorpresas. Lo sabremos en la segunda mitad de este año.
macario@macarios.com.mx
Profesor de la EGAP del ITESM-CCM
El Universal
20 de junio de 2006
Se acaba el tiempo. Estamos al borde de tomar una decisión crucial para México, y no tenemos, al momento, una posición clara. Las encuestas indican que cada uno de los candidatos punteros tiene un tercio de los votos. En las publicadas durante la semana pasada, hay una ligera ventaja de López Obrador, producto en buena medida del "efecto cuñado".
Pero los seguimientos telefónicos diarios indican que, muy probablemente, las encuestas que se publiquen en esta semana, las últimas que veremos antes de la elección, invertirán el resultado. Es decir, los dos candidatos estarán también prácticamente empatados, pero ahora con una ligera ventaja de Calderón.
En cualquier caso, el candidato que gane el 2 de julio lo hará con poco más de un tercio de los votos, y el que pierda tendrá un poco menos que eso. El tercer lugar, Roberto Madrazo, estará alrededor del 20%.
Es interesante notar que esto es más o menos lo que vimos hace seis años. Dos punteros que podían ganar, con un tercio de los votos cada uno, y un tercer lugar lejano, por allá del 20%. De hecho, incluso unos días antes de la elección no estaba claro quién ganaría.
Sin embargo, en aquella ocasión lo que estaba en juego era sólo si el PRI salía o no de Los Pinos. Hoy, en cambio, las dos propuestas con posibilidad de ganar son muy diferentes entre sí. Hay mucho más en juego, para ponerlo en otros términos.
Insisto hoy en lo que he comentado varias veces: no veo cómo podrá el PRI sobrevivir a esta elección. Aunque ganar 20% de los votos no es nada despreciable, y aunque es muy probable que la votación para el Congreso sea aún mayor para este partido, no creo que pueda seguir existiendo como hasta ahora. No se trata de un partido político común, sino de uno que albergaba en su interior todas las posibles posiciones políticas del país.
Hace apenas veinte años no había perdido una gubernatura, y sólo había perdido una senaduría en sus 70 años de existencia con varios nombres. Después del 2 de julio, el 20% o 30% que tenga el PRI, ¿qué proyecto impulsará en el Congreso? Si el ganador es López Obrador, ¿podrá el PRI del sur resistirse a su convocatoria? Y si el ganador es Calderón, la misma pregunta aplica, pero para el PRI del norte.
De hecho, las encuestas muestran claramente que en el norte y occidente del país, AMLO es tercera fuerza, pero que con los votos que puede obtener en el centro podría ganar. En el sur, los tres partidos están muy parejos. ¿Es una elección del norte contra el centro?
Si tuviésemos en México segunda vuelta, sería mucho más fácil para el ganador gobernar. Pero no es el caso, así que quien triunfe el 2 de julio tendrá, en el mejor de los casos, 40% del voto, y deberá construir una coalición de gobierno, cosa muy complicada por las características de nuestro sistema político.
La conclusión debería ser muy clara: nuestras reglas no están funcionando. Pero no hemos podido cambiarlas por lo mismo que no hemos podido tomar decisiones de largo plazo desde 1997, porque todo mundo cree que puede ganar, y no quiere arriesgar su futuro.
A este periodo le llamé, hace unos años, un ´interregno prolongado´, un tiempo de indefinición al final del régimen de la Revolución, pero antes de que sea claro si llegamos o no a una democracia estable.
De hecho, sigo creyendo que la elección del 2 de julio terminará con este periodo, con los veinte años de transición. Tendremos una democracia en proceso de consolidación o un intento de restauración del régimen, a través del partido que logró agrupar a los nostálgicos de la Revolución.
Quien gane, lo hará por poco. Su votación estará determinada geográficamente. Lo mismo ocurrirá con quien pierda. Será un momento que exigirá una gran capacidad de negociación, y que podrá terminar bien si hay voluntad, generosidad e inteligencia en los actores.
Partiendo de lo que hemos visto, no hay mucho espacio para el optimismo. Pero, a veces, la vida da sorpresas. Lo sabremos en la segunda mitad de este año.
macario@macarios.com.mx
Profesor de la EGAP del ITESM-CCM
Las feroces tribus de AMLO
Catón
Reforma - De Política y Cosas Peores
20 de Junio del 2006
Hay quienes me llaman alarmista porque digo que López Obrador es un peligro para México. Y otras cosas me llaman que no comienzan con la inocua letra a, sino con la pe -esa be exagerada-, o con la ce y la che, letra esta última que en México da para muchas rotundidades expletivas. Claro que considero a López Obrador un peligro para México. Me preocupa su desdén por la ley, que tantas veces ha mostrado; me preocupa que confunde su propia voluntad con la voluntad del pueblo; me preocupa su falta de preparación, la pobreza de ideas y conceptos que mostró en el debate, pobreza que ningún subsidio o dádiva podría remediar. Pero si López Obrador me inquieta, más me inquietan quienes con él llegarían al poder si AMLO ganara la elección. Llegarían, desde luego, todas las feroces tribus perredistas, entre las cuales las hay de radicales extremistas, y otras capitaneadas por gente ducha en todas las malas artes de la corrupción, mujeres y hombres sin oficio pero con mucho beneficio que han hecho de la violencia callejera y de la ilegalidad un modo de vivir, y que en toda su vida no completan un turno de ocho horas de trabajo. Es decir llegarían los Bejarano, los Ponce, los Ímaz, las señoras Padierna y similares, a quienes el eventual triunfo de López Obrador les lavaría todos los pecados. A su lado estarían los macheteros de Atenco, los taxistas piratas, los panchos y chuchos, el ambulantaje, los “maestros” que cobran siempre sin dar clases jamás, los porros y porras del Consejo General de Huelga, los grupos armados, los posesionarios e invasores profesionales de terrenos, y esas pobres mujeres que se desnudan y exhiben sus vergüenzas en el Paseo de la Reforma sin que ninguna feminista de la izquierda proteste por tan patético espectáculo en nombre de la dignidad de la mujer. Si López Obrador llega a la Presidencia no llegará solo. No puede pensarse que los reyezuelos que manejan los grupos del PRD en el Distrito Federal le hayan dado su apoyo “ese apoyo merced al cual el tabasqueño pudo hacer a un lado a Cuauhtémoc Cárdenas-, sin haber establecido con él compromisos que les permitirán mantener y acrecentar sus cotos de poder. Por eso he dicho y seguiré diciendo que López Obrador representa un peligro para México, por él y por los que llegarían con él si por desgracia AMLO ganara la elección. Me dicen que un Congreso fuerte y las instituciones nacionales evitarían esa peligrosidad. Pero nadie nos asegura que tendremos un Congreso fuerte. A las instituciones AMLO las ha descalificado ya. Y siempre tendría López Obrador el respaldo incondicional de su clientela para ejercer una presidencia fuerte, de corte autoritario. Por eso es peligroso: por su dogmatismo, su falta de actitudes democráticas, su populismo, el maniqueísmo de su discurso y su tendencia a crear la división en vez de llamar a la concordia. A más de eso, si los perredistas se alzan con el poder ya no estarían dispuestos a soltarlo; harían cualquier cosa para retenerlo. Dígase lo que se diga, díganme como me digan, Andrés Manuel López Obrador es un peligro para México. El que tenga ojos para ver que vea… Narraré un cuentecillo a fin de paliar el estremecimiento… Dos tramperos de Arkansas iban a pasar un año en la montaña. El hombre de la tienda donde compraron las vituallas les ofreció sendas raquetas forradas con piel de castor, cada una de las cuales tenía una perforación. “-En la montaña no hay mujeres -les explicó-. Quizá les hagan falta estas raquetas”. “-¡Qué indignidad! -exclaman los dos tramperos con disgusto-. ¡No las queremos!”. “-Llévenlas de cualquier modo -insiste el de la tienda-. Si no las usan les devolveré su dinero al fin del año”. Pasaron doce meses, y uno de los tramperos volvió al pueblo. Le pregunta el tendero: “-¿Dónde está su amigo?”. “-Lo maté -responde sombríamente el individuo-. Lo sorprendí en la cama con mi raqueta”… FIN.
Reforma - De Política y Cosas Peores
20 de Junio del 2006
Hay quienes me llaman alarmista porque digo que López Obrador es un peligro para México. Y otras cosas me llaman que no comienzan con la inocua letra a, sino con la pe -esa be exagerada-, o con la ce y la che, letra esta última que en México da para muchas rotundidades expletivas. Claro que considero a López Obrador un peligro para México. Me preocupa su desdén por la ley, que tantas veces ha mostrado; me preocupa que confunde su propia voluntad con la voluntad del pueblo; me preocupa su falta de preparación, la pobreza de ideas y conceptos que mostró en el debate, pobreza que ningún subsidio o dádiva podría remediar. Pero si López Obrador me inquieta, más me inquietan quienes con él llegarían al poder si AMLO ganara la elección. Llegarían, desde luego, todas las feroces tribus perredistas, entre las cuales las hay de radicales extremistas, y otras capitaneadas por gente ducha en todas las malas artes de la corrupción, mujeres y hombres sin oficio pero con mucho beneficio que han hecho de la violencia callejera y de la ilegalidad un modo de vivir, y que en toda su vida no completan un turno de ocho horas de trabajo. Es decir llegarían los Bejarano, los Ponce, los Ímaz, las señoras Padierna y similares, a quienes el eventual triunfo de López Obrador les lavaría todos los pecados. A su lado estarían los macheteros de Atenco, los taxistas piratas, los panchos y chuchos, el ambulantaje, los “maestros” que cobran siempre sin dar clases jamás, los porros y porras del Consejo General de Huelga, los grupos armados, los posesionarios e invasores profesionales de terrenos, y esas pobres mujeres que se desnudan y exhiben sus vergüenzas en el Paseo de la Reforma sin que ninguna feminista de la izquierda proteste por tan patético espectáculo en nombre de la dignidad de la mujer. Si López Obrador llega a la Presidencia no llegará solo. No puede pensarse que los reyezuelos que manejan los grupos del PRD en el Distrito Federal le hayan dado su apoyo “ese apoyo merced al cual el tabasqueño pudo hacer a un lado a Cuauhtémoc Cárdenas-, sin haber establecido con él compromisos que les permitirán mantener y acrecentar sus cotos de poder. Por eso he dicho y seguiré diciendo que López Obrador representa un peligro para México, por él y por los que llegarían con él si por desgracia AMLO ganara la elección. Me dicen que un Congreso fuerte y las instituciones nacionales evitarían esa peligrosidad. Pero nadie nos asegura que tendremos un Congreso fuerte. A las instituciones AMLO las ha descalificado ya. Y siempre tendría López Obrador el respaldo incondicional de su clientela para ejercer una presidencia fuerte, de corte autoritario. Por eso es peligroso: por su dogmatismo, su falta de actitudes democráticas, su populismo, el maniqueísmo de su discurso y su tendencia a crear la división en vez de llamar a la concordia. A más de eso, si los perredistas se alzan con el poder ya no estarían dispuestos a soltarlo; harían cualquier cosa para retenerlo. Dígase lo que se diga, díganme como me digan, Andrés Manuel López Obrador es un peligro para México. El que tenga ojos para ver que vea… Narraré un cuentecillo a fin de paliar el estremecimiento… Dos tramperos de Arkansas iban a pasar un año en la montaña. El hombre de la tienda donde compraron las vituallas les ofreció sendas raquetas forradas con piel de castor, cada una de las cuales tenía una perforación. “-En la montaña no hay mujeres -les explicó-. Quizá les hagan falta estas raquetas”. “-¡Qué indignidad! -exclaman los dos tramperos con disgusto-. ¡No las queremos!”. “-Llévenlas de cualquier modo -insiste el de la tienda-. Si no las usan les devolveré su dinero al fin del año”. Pasaron doce meses, y uno de los tramperos volvió al pueblo. Le pregunta el tendero: “-¿Dónde está su amigo?”. “-Lo maté -responde sombríamente el individuo-. Lo sorprendí en la cama con mi raqueta”… FIN.
De ganadores y perdedores
Federico Reyes Heroles
Grupo Reforma
20 de Junio del 2006
Lo primero es observar el grado de intensidad con el que se vive la elección. Ésa es su percepción. Hay de todo: desde quien dice que da exactamente igual, hasta los que atormentados hablan de un país que podría irse al despeñadero por un cuarto de siglo. Si diera igual estaríamos admitiendo que la vida institucional del país es ya tan sólida que los riesgos de bandazos son remotos. Ese ciudadano es un ganador, vive en un país que siente democrático. El perdedor por su lado cree vivir en un país bananero en el cual la mente de una persona marca el destino de una nación. Como siempre la realidad está en los grises.
A 15 días de la elección se andan firmando acuerdos de legalidad que en el fondo cuestionan el compromiso de los partidos con el respeto a la ley e incluso la seriedad y honestidad de las cabezas del IFE. Eso y no otra cosa es el reclamo de auditar el padrón, el PREP y el programa de conteo rápido. Sólo quien se siente perdedor puede negar los evidentes avances institucionales que todo el mundo -y no es metáfora- reconoce. Ése es el México de la desconfianza como negocio, de la barbarie de quien amenaza al país mirando sólo su propio interés. A dos semanas de la elección ya se siembra la idea de una anulación, proceso cuyas causales no parecieran muy sólidas.
Pero allí está la otra historia, la de la credencial y las listas con fotografía que evita que los muertos salgan de sus tumbas a querer expresar sus simpatías políticas; la historia de las 130 mil casillas en manos de casi un millón de ciudadanos que confían en los ciudadanos, casillas con representantes de los partidos políticos que suponemos estarán vigilantes de sus intereses cruzados; la historia de una vía jurídica para impugnar las irregularidades a través de órganos autónomos; la historia de una serie de normas comunes que los partidos se dieron a sí mismos y que los han llevado a victorias y derrotas aceptadas en cuatro elecciones federales. Ésta debe ser la tercera elección presidencial que transcurra sin sobresaltos y que nos habla de un país institucional que los perdedores no quieren admitir.
Por supuesto que ha habido errores y graves, por ejemplo, caer en la trampa de descalificar spots que es una historia sin fin. El andar tratando de poner mordazas a diestra y siniestra incluido al Consejo Coordinador Empresarial que está en todo su derecho de defenderse frente al simplismo de López Obrador de que “los de arriba”, los empresarios, no pagan impuestos. ¿De dónde sale el gasto público? Imprudencia y error grave de Fox haberse metido al resbaloso terreno de impulsar al candidato del PAN por vía de lo hecho en su gestión. Conciencia de perdedor que imagina un país de tontos en que semejante maniobra no generaría reacciones. Pero con todo y estos tropiezos, a pesar de los perdedores que no pueden reconocer el país que ellos mismos lograron forjar, el proceso está encarrilado y sea quien sea el ganador y el margen de victoria, habrá una fórmula para digerirla.
También es cuestión de percepción imaginar el futuro. ¿Podría el próximo Presidente de México reinventar al país? En primer lugar están los pesos y contrapesos internos -la Cámara de Diputados y el Senado divididos entre tres fuerzas, lo mismo que congresos locales-, equilibrios que es imposible disolver de la noche a la mañana. Viva la pluralidad. Con visión de ganador tendríamos que admitir que el país tuvo en la locuacidad de Fox una prueba fuerte: sus arranques religiosos, su incapacidad para lograr acuerdos, el desafuero, las ambiciones de su esposa, etc. Y aquí estamos, como también está la globalidad que impone contrapesos externos. Ésa es otra garantía de estabilidad.
AMLO genera miedo entre muchos mexicanos. Pros y contras de su discurso polarizante: ha conquistado a ciertos segmentos y ha espantado a otros. Allí están las cifras de Grupo REFORMA: 45 por ciento considera que sus seguidores pueden provocar conflictos postelectorales; 30 por ciento piensa que con AMLO a su familia le iría peor; y 33 por ciento piensa que provocaría una crisis económica. López Obrador ha logrado aglutinar muchos perdedores reales que piensan, quizá desde su óptica justificadamente, que todo el proceso modernizador no ha servido de nada, que el país está hoy peor que hace dos décadas, que perdimos el rumbo. Lo paradójico del caso es que ese mismo proceso ha creado también muchos ganadores, los que sienten, porque es real, que su salario se ha recuperado, los que han tenido acceso a planes de vivienda, a créditos, los que gracias a la apertura han mejorado su consumo que son decenas de millones. Esos ganadores votantes, del PRI y el PAN, actores principales de la modernización económica, están divididos por fobias miopes, cuando deberían de estar unidos en lo esencial: el rumbo del país. Por eso AMLO podría ganar con el tercio aglutinado para el cual todo ha sido retroceso.
Las dos visiones del mundo de los punteros finales encarnan una discusión apasionante. Más allá de los colores partidarios, ¿de verdad no ha habido mejorías en las últimas dos décadas? De la reducción de la pobreza extrema, al incremento en el ingreso per cápita y el ensanchamiento de las clases medias, la tesis se desploma. En todo caso lo que vale reclamar es que esos beneficios no alcanzaron a los millones que tuvieron que migrar y a los millones de pobres que son una vergüenza de México.
El proceso nos dirá qué visión de país ganó, si la de los que se sienten justificadamente perdedores o la de los ganadores, muchos de los cuales quizá ni siquiera saben que lo son. Veremos.
Grupo Reforma
20 de Junio del 2006
La percepción son hechos en tanto que la gente cree en ellos.
Berkeley
Berkeley
Lo primero es observar el grado de intensidad con el que se vive la elección. Ésa es su percepción. Hay de todo: desde quien dice que da exactamente igual, hasta los que atormentados hablan de un país que podría irse al despeñadero por un cuarto de siglo. Si diera igual estaríamos admitiendo que la vida institucional del país es ya tan sólida que los riesgos de bandazos son remotos. Ese ciudadano es un ganador, vive en un país que siente democrático. El perdedor por su lado cree vivir en un país bananero en el cual la mente de una persona marca el destino de una nación. Como siempre la realidad está en los grises.
A 15 días de la elección se andan firmando acuerdos de legalidad que en el fondo cuestionan el compromiso de los partidos con el respeto a la ley e incluso la seriedad y honestidad de las cabezas del IFE. Eso y no otra cosa es el reclamo de auditar el padrón, el PREP y el programa de conteo rápido. Sólo quien se siente perdedor puede negar los evidentes avances institucionales que todo el mundo -y no es metáfora- reconoce. Ése es el México de la desconfianza como negocio, de la barbarie de quien amenaza al país mirando sólo su propio interés. A dos semanas de la elección ya se siembra la idea de una anulación, proceso cuyas causales no parecieran muy sólidas.
Pero allí está la otra historia, la de la credencial y las listas con fotografía que evita que los muertos salgan de sus tumbas a querer expresar sus simpatías políticas; la historia de las 130 mil casillas en manos de casi un millón de ciudadanos que confían en los ciudadanos, casillas con representantes de los partidos políticos que suponemos estarán vigilantes de sus intereses cruzados; la historia de una vía jurídica para impugnar las irregularidades a través de órganos autónomos; la historia de una serie de normas comunes que los partidos se dieron a sí mismos y que los han llevado a victorias y derrotas aceptadas en cuatro elecciones federales. Ésta debe ser la tercera elección presidencial que transcurra sin sobresaltos y que nos habla de un país institucional que los perdedores no quieren admitir.
Por supuesto que ha habido errores y graves, por ejemplo, caer en la trampa de descalificar spots que es una historia sin fin. El andar tratando de poner mordazas a diestra y siniestra incluido al Consejo Coordinador Empresarial que está en todo su derecho de defenderse frente al simplismo de López Obrador de que “los de arriba”, los empresarios, no pagan impuestos. ¿De dónde sale el gasto público? Imprudencia y error grave de Fox haberse metido al resbaloso terreno de impulsar al candidato del PAN por vía de lo hecho en su gestión. Conciencia de perdedor que imagina un país de tontos en que semejante maniobra no generaría reacciones. Pero con todo y estos tropiezos, a pesar de los perdedores que no pueden reconocer el país que ellos mismos lograron forjar, el proceso está encarrilado y sea quien sea el ganador y el margen de victoria, habrá una fórmula para digerirla.
También es cuestión de percepción imaginar el futuro. ¿Podría el próximo Presidente de México reinventar al país? En primer lugar están los pesos y contrapesos internos -la Cámara de Diputados y el Senado divididos entre tres fuerzas, lo mismo que congresos locales-, equilibrios que es imposible disolver de la noche a la mañana. Viva la pluralidad. Con visión de ganador tendríamos que admitir que el país tuvo en la locuacidad de Fox una prueba fuerte: sus arranques religiosos, su incapacidad para lograr acuerdos, el desafuero, las ambiciones de su esposa, etc. Y aquí estamos, como también está la globalidad que impone contrapesos externos. Ésa es otra garantía de estabilidad.
AMLO genera miedo entre muchos mexicanos. Pros y contras de su discurso polarizante: ha conquistado a ciertos segmentos y ha espantado a otros. Allí están las cifras de Grupo REFORMA: 45 por ciento considera que sus seguidores pueden provocar conflictos postelectorales; 30 por ciento piensa que con AMLO a su familia le iría peor; y 33 por ciento piensa que provocaría una crisis económica. López Obrador ha logrado aglutinar muchos perdedores reales que piensan, quizá desde su óptica justificadamente, que todo el proceso modernizador no ha servido de nada, que el país está hoy peor que hace dos décadas, que perdimos el rumbo. Lo paradójico del caso es que ese mismo proceso ha creado también muchos ganadores, los que sienten, porque es real, que su salario se ha recuperado, los que han tenido acceso a planes de vivienda, a créditos, los que gracias a la apertura han mejorado su consumo que son decenas de millones. Esos ganadores votantes, del PRI y el PAN, actores principales de la modernización económica, están divididos por fobias miopes, cuando deberían de estar unidos en lo esencial: el rumbo del país. Por eso AMLO podría ganar con el tercio aglutinado para el cual todo ha sido retroceso.
Las dos visiones del mundo de los punteros finales encarnan una discusión apasionante. Más allá de los colores partidarios, ¿de verdad no ha habido mejorías en las últimas dos décadas? De la reducción de la pobreza extrema, al incremento en el ingreso per cápita y el ensanchamiento de las clases medias, la tesis se desploma. En todo caso lo que vale reclamar es que esos beneficios no alcanzaron a los millones que tuvieron que migrar y a los millones de pobres que son una vergüenza de México.
El proceso nos dirá qué visión de país ganó, si la de los que se sienten justificadamente perdedores o la de los ganadores, muchos de los cuales quizá ni siquiera saben que lo son. Veremos.
19 de junio de 2006
Voto por México
Denise Dresser
Reforma
19 de Junio del 2006
A veces México duele. Mansamente, insoportablemente, como decía el poeta Jaime Sabines que duele el amor. Como esa lanza que atraviesa el cuerpo al recibir un correo electrónico con las palabras “es usted una pen…, apoya al Peje, se cree muy inteligente, pero no hay ninguna diferencia entre un idiota anciano jodido que apoya al Peje por hambre y usted, es una basura váyase a la ver… pen…”. Y como ésa, tantas otras palabras cuchillo. Palabras bisturí. Palabras bayoneta. Palabras que van arando las viñas de la ira en vez de abonar el campo compartido.
Porque México se ha convertido en el país de todo o nada. Hay que votar por Felipe Calderón o sobrevendrá el caos, dicen unos. Hay que votar por Andrés Manuel López Obrador o México seguirá siendo una plutocracia, dicen otros. Va a destruir al país, dicen unos. Va a entregar al país, dicen otros. El populista vs. el derechista. El mesías vs. el pirrurris. El hombre peligroso para la derecha vs. el hombre capturado por la derecha. Así se ven ambos bandos. Así se desprecian ambos grupos. Sobremesa tras sobremesa, conferencia tras conferencia, desplegado tras desplegado. Toda la razón con quienes apoyan a Calderón o toda la verdad con quienes idolatran a su adversario.
Lanzando diatribas, aventando calificativos, pavimentando el camino para la confrontación. Spots van y cajas vienen. Insultos van e insultos vienen. “Mentiroso”, “corrupto”, “fascista”, “ignorante” reiteran tanto los panistas como los perredistas, tanto los calderonistas como los lopezobradoristas. Todos, combatientes enardecidos. Los que ven a Hitler resucitado o a Echeverría mimetizado. Los que erigen hombres de paja y los queman en la hoguera de la indignación tribal. Los que no entienden que hay dos lados en cualquier argumento. Aquellos que cierran los ojos frente a las verdades incómodas que tanto panistas como perredistas se niegan a reconocer.
Quienes aborrecen a López Obrador necesitan entender lo que explica el éxito de su candidatura. AMLO no encabeza las encuestas sólo porque engaña a los de abajo; sólo porque “dice lo que los pobres quieren oír”; sólo porque “se aprovecha de la ignorancia de la gente”. Su arraigo es síntoma de problemas profundos que muchos mexicanos simplemente no desean confrontar. Es síntoma de una forma de ejercer el poder y concentrar la riqueza que muchos grupos privilegiados no creen que sea urgente cambiar. Como explica The New York Times, hay razones por las que el tabasqueño molesta tanto a unos pero es abrazado por otros. La mitad del país vive con menos de 400 pesos al día. El 10 por ciento de la población concentra el 45 por ciento de la riqueza. Cuarenta por ciento de las empresas y 70 por ciento de los profesionistas no pagan impuestos o hacen trampa para evadirlos.
El país de privilegios y de quienes no quieren perderlos es real. Existe. Está allí. Consagrado en el Acuerdo de Chapultepec que no menciona la palabra “competencia”. Consagrado en la nueva ley de radio y televisión que busca, precisamente, frenarla. Los evasores de impuestos que no quieren comprometerse a pagarlos. Los contratos otorgados de manera discrecional bajo el arropo de “la normatividad existente”. El neoliberalismo mal instrumentado que preserva en vez de transformar. Las privatizaciones que transfieren monopolios y no los desmantelan. Los bonos navideños y los sueldos desorbitados y la rapacidad de quienes trabajan para el Estado, pero se embolsan partes de él. El gobierno como botín repartido. Quizás AMLO no tenga la mejor receta para remediar esos problemas, pero tiene el mérito de decir que existen.
Mérito que también demuestra Calderón al subrayar la continuidad con políticas que han funcionado. La disciplina fiscal y la liberalización comercial y la estabilidad macroeconómica. El reto de la globalización ineludible y cómo aprovecharla. Todo lo que vincula a México con el mundo. Todo lo que otros países modernos han adoptado y para bien. Todo lo que promueve la competitividad en un entorno internacional donde se paga el precio de ignorarla. Esa ruta que México debe recorrer sin atajos si quiere avanzar, si quiere prosperar, si quiere dejar de ser como siempre ha sido.
Y los peligros que México enfrenta para llegar allí son reales. El predominio del Estado benefactor por encima del Estado promotor. Los sexenios saboteados por presidentes demasiado fuertes o demasiado acorralados. La persistencia de un México que se mira al ombligo en vez de mirar al horizonte. La apuesta a los hombres con atributos por encima de las instituciones que los constriñen. La corrupción como forma de vida. La incapacidad para pensar más allá del candidato o el partido o la clase social.
Ante ese país en disputa, López Obrador ofrece la refundación imaginada pero inviable y Calderón el reformismo reconfortante pero insuficiente. Ninguno de los dos es dios o el demonio. Ante esa realidad en la que ambos tienen algo de razón, la obligación ciudadana es recordarlo. Pelear menos por el candidato y más por el país. Exigir los consensos imprescindibles para gobernar en vez de los disensos necesarios para ganar. Decirle a AMLO y a quienes lo aman desaforadamente que no basta luchar por las causas justas; que es necesario hacerlo con buenos instrumentos. Decirle a Felipe Calderón y a quienes lo promueven ansiosamente que no basta la continuidad; que es necesario construir un país más equitativo sobre ella. Decirles a ambos que, entre pleito y pleito, provocan que se pierda de vista todo aquello que une a los mexicanos.
Hoy México parece estar poblado por personas que sólo entienden su propia versión de las cosas. El 2 de julio alguien ganará, alguien perderá y el país persistirá. Con todos sus problemas, con todas sus posibilidades. Con las heridas que las palabras punzantes han producido y que todos tendremos que restañar. Porque como escribía Orwell, frente al dolor no hay héroes. Hay una casa dividida que debería encontrar cómo reconciliarse. Y hay ciudadanos que antes de todo y después de todo, deberían votar por México.
Reforma
19 de Junio del 2006
A veces México duele. Mansamente, insoportablemente, como decía el poeta Jaime Sabines que duele el amor. Como esa lanza que atraviesa el cuerpo al recibir un correo electrónico con las palabras “es usted una pen…, apoya al Peje, se cree muy inteligente, pero no hay ninguna diferencia entre un idiota anciano jodido que apoya al Peje por hambre y usted, es una basura váyase a la ver… pen…”. Y como ésa, tantas otras palabras cuchillo. Palabras bisturí. Palabras bayoneta. Palabras que van arando las viñas de la ira en vez de abonar el campo compartido.
Porque México se ha convertido en el país de todo o nada. Hay que votar por Felipe Calderón o sobrevendrá el caos, dicen unos. Hay que votar por Andrés Manuel López Obrador o México seguirá siendo una plutocracia, dicen otros. Va a destruir al país, dicen unos. Va a entregar al país, dicen otros. El populista vs. el derechista. El mesías vs. el pirrurris. El hombre peligroso para la derecha vs. el hombre capturado por la derecha. Así se ven ambos bandos. Así se desprecian ambos grupos. Sobremesa tras sobremesa, conferencia tras conferencia, desplegado tras desplegado. Toda la razón con quienes apoyan a Calderón o toda la verdad con quienes idolatran a su adversario.
Lanzando diatribas, aventando calificativos, pavimentando el camino para la confrontación. Spots van y cajas vienen. Insultos van e insultos vienen. “Mentiroso”, “corrupto”, “fascista”, “ignorante” reiteran tanto los panistas como los perredistas, tanto los calderonistas como los lopezobradoristas. Todos, combatientes enardecidos. Los que ven a Hitler resucitado o a Echeverría mimetizado. Los que erigen hombres de paja y los queman en la hoguera de la indignación tribal. Los que no entienden que hay dos lados en cualquier argumento. Aquellos que cierran los ojos frente a las verdades incómodas que tanto panistas como perredistas se niegan a reconocer.
Quienes aborrecen a López Obrador necesitan entender lo que explica el éxito de su candidatura. AMLO no encabeza las encuestas sólo porque engaña a los de abajo; sólo porque “dice lo que los pobres quieren oír”; sólo porque “se aprovecha de la ignorancia de la gente”. Su arraigo es síntoma de problemas profundos que muchos mexicanos simplemente no desean confrontar. Es síntoma de una forma de ejercer el poder y concentrar la riqueza que muchos grupos privilegiados no creen que sea urgente cambiar. Como explica The New York Times, hay razones por las que el tabasqueño molesta tanto a unos pero es abrazado por otros. La mitad del país vive con menos de 400 pesos al día. El 10 por ciento de la población concentra el 45 por ciento de la riqueza. Cuarenta por ciento de las empresas y 70 por ciento de los profesionistas no pagan impuestos o hacen trampa para evadirlos.
El país de privilegios y de quienes no quieren perderlos es real. Existe. Está allí. Consagrado en el Acuerdo de Chapultepec que no menciona la palabra “competencia”. Consagrado en la nueva ley de radio y televisión que busca, precisamente, frenarla. Los evasores de impuestos que no quieren comprometerse a pagarlos. Los contratos otorgados de manera discrecional bajo el arropo de “la normatividad existente”. El neoliberalismo mal instrumentado que preserva en vez de transformar. Las privatizaciones que transfieren monopolios y no los desmantelan. Los bonos navideños y los sueldos desorbitados y la rapacidad de quienes trabajan para el Estado, pero se embolsan partes de él. El gobierno como botín repartido. Quizás AMLO no tenga la mejor receta para remediar esos problemas, pero tiene el mérito de decir que existen.
Mérito que también demuestra Calderón al subrayar la continuidad con políticas que han funcionado. La disciplina fiscal y la liberalización comercial y la estabilidad macroeconómica. El reto de la globalización ineludible y cómo aprovecharla. Todo lo que vincula a México con el mundo. Todo lo que otros países modernos han adoptado y para bien. Todo lo que promueve la competitividad en un entorno internacional donde se paga el precio de ignorarla. Esa ruta que México debe recorrer sin atajos si quiere avanzar, si quiere prosperar, si quiere dejar de ser como siempre ha sido.
Y los peligros que México enfrenta para llegar allí son reales. El predominio del Estado benefactor por encima del Estado promotor. Los sexenios saboteados por presidentes demasiado fuertes o demasiado acorralados. La persistencia de un México que se mira al ombligo en vez de mirar al horizonte. La apuesta a los hombres con atributos por encima de las instituciones que los constriñen. La corrupción como forma de vida. La incapacidad para pensar más allá del candidato o el partido o la clase social.
Ante ese país en disputa, López Obrador ofrece la refundación imaginada pero inviable y Calderón el reformismo reconfortante pero insuficiente. Ninguno de los dos es dios o el demonio. Ante esa realidad en la que ambos tienen algo de razón, la obligación ciudadana es recordarlo. Pelear menos por el candidato y más por el país. Exigir los consensos imprescindibles para gobernar en vez de los disensos necesarios para ganar. Decirle a AMLO y a quienes lo aman desaforadamente que no basta luchar por las causas justas; que es necesario hacerlo con buenos instrumentos. Decirle a Felipe Calderón y a quienes lo promueven ansiosamente que no basta la continuidad; que es necesario construir un país más equitativo sobre ella. Decirles a ambos que, entre pleito y pleito, provocan que se pierda de vista todo aquello que une a los mexicanos.
Hoy México parece estar poblado por personas que sólo entienden su propia versión de las cosas. El 2 de julio alguien ganará, alguien perderá y el país persistirá. Con todos sus problemas, con todas sus posibilidades. Con las heridas que las palabras punzantes han producido y que todos tendremos que restañar. Porque como escribía Orwell, frente al dolor no hay héroes. Hay una casa dividida que debería encontrar cómo reconciliarse. Y hay ciudadanos que antes de todo y después de todo, deberían votar por México.
Aún en el aire
Catón
Reforma - De Política y Cosas Peores
17 de junio de 2006
El novel reportero escribió en su primera nota: “Una señora denunció a un individuo que en el autobús le tocó las tetas”. Al jefe de redacción no le agradó lo explícito de la frase, de modo que llamó al muchacho y le pidió que cambiara el texto. Le indicó: “Cuando te topes con una expresión riesgosa lo que debes hacer es omitirla, y poner en su lugar puntos suspensivos, o paréntesis”. El muchacho escribió entonces: “Una señora denunció a un individuo que en el autobús le tocó las (.)(.)”… Desde luego el PRI no ganará la elección presidencial, pero por una extraña parajoda -grado el más intenso de la paradoja- los priistas podrían decidir esa elección. Madrazo, es cierto, contará con un voto duro, el de los priistas de viejo cuño que por razón vital darían su voto al PRI así postulara a Luzbel, Lucifer, Belial, Satanás o Belcebú. Un gran número de priistas, sin embargo, ha decidido que en conciencia no puede votar por Madrazo, a quien culpan de la tremenda división que priva ahora en el partido, y al ver las nulas posibilidades que el tabasqueño tiene de alcanzar la Presidencia quieren hacer de su voto un voto útil. Todo indica que en su mayoría esos votos favorecerán a Felipe Calderón. He hablado con priistas importantes en diferentes partes del país, y casi en modo unánime me cuentan -un poco apenados, por supuesto- que sus familiares y amigos más cercanos les han dicho que no votarán por el PRI en la elección presidencial, aunque podrían sufragar por candidatos de ese partido a senadores o diputados federales. La mayor parte de esos priistas me manifiestan que los votos de su familia y de sus amistades serán para Calderón. Con esos votos, y otros de los llamados indecisos, el candidato panista podría superar la ventaja -ligera ventaja, que con el margen de error equivale casi a un empate técnico- que las encuestas dan a López Obrador. Esto significa que la moneda todavía sigue en el aire. Los perredistas que sonríen al dar por cierta desde ahora la victoria de su candidato quizás están sonriendo prematuramente, y los panistas que ya echan a vuelo las campanas anunciando el seguro triunfo de Felipe Calderón están a lo mejor adelantando vísperas. De aquí al 2 de julio pueden suceder muchas cosas. Y el 2 de julio todo puede suceder… En tiempos de la Segunda Guerra Mundial unos soldados alemanes llegaron a una aldea francesa. La encontraron desierta, pues todos los habitantes habían huido del lugar. Se quedaron nada más un granjero y su abuela, mujer de 90 años. El jefe de los soldados le ordena al hombre: “Consíguenos comida”. “Sólo tengo este medio pan -dice el granjero, tembloroso-, pero es para la abuela”. “Lo siento -dice el germano arrebatándole el pan-. La guerra es la guerra”. Enseguida le exige: “Consíguenos de beber”. “Sólo tengo este vaso de vino -responde el de la granja-. Pero es para la abuela”. Vuelve a decir el militar: “La guerra es la guerra”. Y le quita el vaso. “Ahora -le pide- consíguenos mujeres”. “Sólo queda una en el pueblo -dice el granjero-, y es la abuela. Tiene 90 años”. El oficial la ve y dice: “Está bien. Buscaremos en otra parte”. “¡Hey! -grita desde su cuarto la viejita-. ¡La guerra es la guerra!”… Llegó don Astasio a su casa y encontró a su mujer con un desconocido. Tras de colgar el sombrero y el paraguas en la percha fue don Astasio al chifonier donde guardaba la libretita en que anotaba vilipendios para decirlos a su esposa en tales ocasiones. Regresó y le leyó el último que había registrado: “¡Furcia!” Luego, con lenguaje más liso y llano, añadió: “¡Traidora infame, vulpeja inverecunda, mesalina, hembra sin pudor!” Le dice la esposa: “No te pongas dramático, Astasio. ¡Ni que se lo fuera a acabar!”… FIN.
Reforma - De Política y Cosas Peores
17 de junio de 2006
El novel reportero escribió en su primera nota: “Una señora denunció a un individuo que en el autobús le tocó las tetas”. Al jefe de redacción no le agradó lo explícito de la frase, de modo que llamó al muchacho y le pidió que cambiara el texto. Le indicó: “Cuando te topes con una expresión riesgosa lo que debes hacer es omitirla, y poner en su lugar puntos suspensivos, o paréntesis”. El muchacho escribió entonces: “Una señora denunció a un individuo que en el autobús le tocó las (.)(.)”… Desde luego el PRI no ganará la elección presidencial, pero por una extraña parajoda -grado el más intenso de la paradoja- los priistas podrían decidir esa elección. Madrazo, es cierto, contará con un voto duro, el de los priistas de viejo cuño que por razón vital darían su voto al PRI así postulara a Luzbel, Lucifer, Belial, Satanás o Belcebú. Un gran número de priistas, sin embargo, ha decidido que en conciencia no puede votar por Madrazo, a quien culpan de la tremenda división que priva ahora en el partido, y al ver las nulas posibilidades que el tabasqueño tiene de alcanzar la Presidencia quieren hacer de su voto un voto útil. Todo indica que en su mayoría esos votos favorecerán a Felipe Calderón. He hablado con priistas importantes en diferentes partes del país, y casi en modo unánime me cuentan -un poco apenados, por supuesto- que sus familiares y amigos más cercanos les han dicho que no votarán por el PRI en la elección presidencial, aunque podrían sufragar por candidatos de ese partido a senadores o diputados federales. La mayor parte de esos priistas me manifiestan que los votos de su familia y de sus amistades serán para Calderón. Con esos votos, y otros de los llamados indecisos, el candidato panista podría superar la ventaja -ligera ventaja, que con el margen de error equivale casi a un empate técnico- que las encuestas dan a López Obrador. Esto significa que la moneda todavía sigue en el aire. Los perredistas que sonríen al dar por cierta desde ahora la victoria de su candidato quizás están sonriendo prematuramente, y los panistas que ya echan a vuelo las campanas anunciando el seguro triunfo de Felipe Calderón están a lo mejor adelantando vísperas. De aquí al 2 de julio pueden suceder muchas cosas. Y el 2 de julio todo puede suceder… En tiempos de la Segunda Guerra Mundial unos soldados alemanes llegaron a una aldea francesa. La encontraron desierta, pues todos los habitantes habían huido del lugar. Se quedaron nada más un granjero y su abuela, mujer de 90 años. El jefe de los soldados le ordena al hombre: “Consíguenos comida”. “Sólo tengo este medio pan -dice el granjero, tembloroso-, pero es para la abuela”. “Lo siento -dice el germano arrebatándole el pan-. La guerra es la guerra”. Enseguida le exige: “Consíguenos de beber”. “Sólo tengo este vaso de vino -responde el de la granja-. Pero es para la abuela”. Vuelve a decir el militar: “La guerra es la guerra”. Y le quita el vaso. “Ahora -le pide- consíguenos mujeres”. “Sólo queda una en el pueblo -dice el granjero-, y es la abuela. Tiene 90 años”. El oficial la ve y dice: “Está bien. Buscaremos en otra parte”. “¡Hey! -grita desde su cuarto la viejita-. ¡La guerra es la guerra!”… Llegó don Astasio a su casa y encontró a su mujer con un desconocido. Tras de colgar el sombrero y el paraguas en la percha fue don Astasio al chifonier donde guardaba la libretita en que anotaba vilipendios para decirlos a su esposa en tales ocasiones. Regresó y le leyó el último que había registrado: “¡Furcia!” Luego, con lenguaje más liso y llano, añadió: “¡Traidora infame, vulpeja inverecunda, mesalina, hembra sin pudor!” Le dice la esposa: “No te pongas dramático, Astasio. ¡Ni que se lo fuera a acabar!”… FIN.
Llaneza
Germán Dehesa
Reforma - Gaceta del Ángel
16 de junio de 2006
Borges murió hace 20 años y un día. No creo que ningún autor haya publicado tanto después de muerto como este ciego que fatigaba las calles de Buenos Aires reconociendo cada barrio y cada esquina por el olor y el fervor. Caminó, según su confesión, desde las orillas hasta el centro y saboreó esa felicidad a la que deberíamos aspirar todos los hombres de llegar a su centro. Entonces escribió sus más límpidos poemas. Uno de ellos -lo hallarán en sus Obras Completas- se titula "Llaneza" y parte de un hecho común. Borges era numeroso y fulminante para enamorarse. Tal fue el caso de Norah Lange que terminó siendo una amiga entrañable. No logró el amor de ella, pero Borges ya había escrito que la amistad es la forma más misteriosa y generosa del amor. Llegar a esta triste y feliz certeza ocupó incontables meses del poeta. Para su pasmo, para su emoción, un día descubrió una cosa. Él llegaba a casa de los Lange y sus puertas le eran dóciles, entraba al comedor y los ahí reunidos lo miraban de reojo, o no lo miraban, pero su lugar estaba dispuesto. Lo aceptaban como a alguien de los suyos. Aquí se detiene Borges y dice que esa llaneza, ese ser aceptado como se aceptan las piedras y los árboles, es el mayor triunfo al que podemos aspirar los humanos. No desear la admiración, ni la vanagloria, ni el odio de los mediocres; ni pretender triunfos o grandezas. Simplemente ser aceptado y tener tu lugar con entera naturalidad.
Hace muchos años este poema de Borges es mío. Define exactamente a lo que yo aspiro: ser gente entre la gente. Desde esa llaneza y con esa llaneza les digo que entiendo que en al actual momento, sea mi papel decirle a la gente por quién debe o no debe votar. ¿Podremos algún día los que nos llamamos "pensantes" aceptar que la gente y la vida saben más que nosotros?. Acepto que he dedicado varios años a patrocinar la candidatura de Madrazo. Yo sabía que era la mejor apuesta para que el PRI no recuperara el poder presidencial. Mi campaña fue exitosa y hoy veo cómo este personaje que tiene el descaro de publicitarse con el desabasto de los hospitales después de que su partido dejó exangües a nuestros sistemas de salud; este personaje, decía yo, es ahora un fuerte contendiente para el tercer lugar en las próximas elecciones. Con esto y con entambar a MONTIEL y a su no menos glorioso Procurador, doy por concluida mi incursión en la política y hampones que la acompañan. Hasta ahí llegaré yo.
Quedan ahora dos fuertes contendientes que desean ardientemente, no sé por qué, la banda presidencial. Frente a esto, yo digo que la gente sabe más que yo y que a mí lo que me corresponde es ser un ciudadano y brindarle mi apoyo crítico a quien gane. Juro no sabotear a nadie, juro que no abandonaré el país y juro que ayudaré con el mejor de mis ánimos.
Ahora bien, a nombre de la llaneza tengo que declarar que conozco y le tengo buen afecto a Felipe Calderón y a Margarita Zavala, su inteligente, tierna y fiera esposa. Entiendo que los golpes han ido y venido, pero no entiendo que para ser Presidente sea necesario destruir la honra y buen nombre de una familia completa. Me refiero a los Zavala y me refiero a ese cruel pragmatismo político que considera que destruir los cimientos de una familia honorable, inteligente y trabajadora es un costo menor e impune frente al gran premio del más alto poder de nuestra República. Que les aproveche. Sonríe, vamos a ganar. Es posible.
Y ya me voy. Los padres solteros tenemos muchas tareas y la vida y el futbol no esperan. El domingo es Día del Padre y Paul Mc Cartney cumple 64 años. HOY TOCA.
[...]
Cualquier correspondencia con esta columna dedicada a la llaneza, favor de dirigirla a german@plazadel angel.com.mx (D.R)
Reforma - Gaceta del Ángel
16 de junio de 2006
Borges murió hace 20 años y un día. No creo que ningún autor haya publicado tanto después de muerto como este ciego que fatigaba las calles de Buenos Aires reconociendo cada barrio y cada esquina por el olor y el fervor. Caminó, según su confesión, desde las orillas hasta el centro y saboreó esa felicidad a la que deberíamos aspirar todos los hombres de llegar a su centro. Entonces escribió sus más límpidos poemas. Uno de ellos -lo hallarán en sus Obras Completas- se titula "Llaneza" y parte de un hecho común. Borges era numeroso y fulminante para enamorarse. Tal fue el caso de Norah Lange que terminó siendo una amiga entrañable. No logró el amor de ella, pero Borges ya había escrito que la amistad es la forma más misteriosa y generosa del amor. Llegar a esta triste y feliz certeza ocupó incontables meses del poeta. Para su pasmo, para su emoción, un día descubrió una cosa. Él llegaba a casa de los Lange y sus puertas le eran dóciles, entraba al comedor y los ahí reunidos lo miraban de reojo, o no lo miraban, pero su lugar estaba dispuesto. Lo aceptaban como a alguien de los suyos. Aquí se detiene Borges y dice que esa llaneza, ese ser aceptado como se aceptan las piedras y los árboles, es el mayor triunfo al que podemos aspirar los humanos. No desear la admiración, ni la vanagloria, ni el odio de los mediocres; ni pretender triunfos o grandezas. Simplemente ser aceptado y tener tu lugar con entera naturalidad.
Hace muchos años este poema de Borges es mío. Define exactamente a lo que yo aspiro: ser gente entre la gente. Desde esa llaneza y con esa llaneza les digo que entiendo que en al actual momento, sea mi papel decirle a la gente por quién debe o no debe votar. ¿Podremos algún día los que nos llamamos "pensantes" aceptar que la gente y la vida saben más que nosotros?. Acepto que he dedicado varios años a patrocinar la candidatura de Madrazo. Yo sabía que era la mejor apuesta para que el PRI no recuperara el poder presidencial. Mi campaña fue exitosa y hoy veo cómo este personaje que tiene el descaro de publicitarse con el desabasto de los hospitales después de que su partido dejó exangües a nuestros sistemas de salud; este personaje, decía yo, es ahora un fuerte contendiente para el tercer lugar en las próximas elecciones. Con esto y con entambar a MONTIEL y a su no menos glorioso Procurador, doy por concluida mi incursión en la política y hampones que la acompañan. Hasta ahí llegaré yo.
Quedan ahora dos fuertes contendientes que desean ardientemente, no sé por qué, la banda presidencial. Frente a esto, yo digo que la gente sabe más que yo y que a mí lo que me corresponde es ser un ciudadano y brindarle mi apoyo crítico a quien gane. Juro no sabotear a nadie, juro que no abandonaré el país y juro que ayudaré con el mejor de mis ánimos.
Ahora bien, a nombre de la llaneza tengo que declarar que conozco y le tengo buen afecto a Felipe Calderón y a Margarita Zavala, su inteligente, tierna y fiera esposa. Entiendo que los golpes han ido y venido, pero no entiendo que para ser Presidente sea necesario destruir la honra y buen nombre de una familia completa. Me refiero a los Zavala y me refiero a ese cruel pragmatismo político que considera que destruir los cimientos de una familia honorable, inteligente y trabajadora es un costo menor e impune frente al gran premio del más alto poder de nuestra República. Que les aproveche. Sonríe, vamos a ganar. Es posible.
Y ya me voy. Los padres solteros tenemos muchas tareas y la vida y el futbol no esperan. El domingo es Día del Padre y Paul Mc Cartney cumple 64 años. HOY TOCA.
[...]
Cualquier correspondencia con esta columna dedicada a la llaneza, favor de dirigirla a german@plazadel angel.com.mx (D.R)
18 de junio de 2006
Sí a la libertad
Jaime Sánchez Susarrey
Reforma
17 de junio de 2006
La moneda está en el aire. Unas encuestas favorecen a AMLO y otras a Felipe Calderón. Pero la diferencia es prácticamente la misma: dos o tres puntos de ventaja, según el caso. No hay puntero definido. Hay empate técnico, efecto del debate y el posdebate. Porque el candidato del PAN ganó el primero, pero perdió el segundo. Además, ya entraron en la recta final y no es probable que en los próximos días ocurra un giro radical. Vamos, pues, hacia una elección muy cerrada que decidirán los electores indecisos el 2 de julio.
Pero esto viene de atrás. AMLO escaló y está escalando la campaña. Esa fue su respuesta al repunte de Felipe Calderón hace dos meses. Intensificó su presencia en los medios y emprendió una "guerra sucia" basada en mentiras o en verdades a medias. De la denuncia del Fobaproa a los 2 mil 500 millones de Hildebrando, la tónica es la misma: calumnia, calumnia y calumnia que algo queda. Y en efecto algo ha quedado. Porque el pobre desempeño de López Obrador en el debate fue olvidado y sepultado.
Por otra parte, las últimas encuestas le han devuelto la serenidad al candidato de la Alianza por el Bien de Todos. Se le ve sonriendo y anunciando la buena nueva: la alegría está por llegar. Los perredistas confían en que ya tienen el triunfo en la bolsa. Por eso, el secretario general del PRD le está proponiendo una tregua a Acción Nacional. Cesemos las campañas negativas y concentrémonos en las propuestas, dice Acosta Naranjo.
El cálculo es, sin duda, apresurado. Ya lo hicieron una vez y se equivocaron. En una contienda como ésta nadie puede hacer predicciones. Hay muchos factores que incidirán en el ánimo de los indecisos y ninguno es predecible; el desempeño de la Selección Nacional en Alemania, por ejemplo. Pero independientemente de las cuentas alegres del Peje y sus entornos, vale detenerse en el tono y el contenido de su campaña negativa en las últimas semanas. Y vale detenerse porque muestran y anuncian un futuro muy ominoso.
Lo primero que hay que resaltar es el cinismo en el mentir e, incluso, en falsear documentos. Calderón no ha propuesto IVA en medicinas y alimentos, no firmó ningún documento relacionado con el Fobaproa y no otorgó como secretario de Energía contratos a Hildebrando por 2 mil 500 millones de pesos. Pero además de eso, se está montando una campaña de linchamiento en los medios contra una serie de personajes. El spot del PRD en el que aparecen Roberto Hernández, José Madariaga, Zavala, Diego Fernández de Cevallos y Calderón es ejemplar y aleccionador.
La imagen dice más que mil palabras. Los rostros de los personajes y el montaje que se hace de ellos constituye una versión moderna de los pósters que se fijaban en el lejano oeste: Wanted (se busca). Sólo que en este caso la justicia, el sheriff, no es otro que el candidato de la Alianza por el Bien de Todos. Él es quien decide quién es culpable y de qué se le acusa. El proceso, sobra decirlo, es sumario y contundente. Los que aparecen en la pantalla son delincuentes y han cometido el fraude más grande del siglo.
Peor aún, se hallan asociados a un candidato, Felipe Calderón. Pero me expreso mal, no son asociados, no; ellos son los que mandan y manipulan. Ellos son los que quieren preservar el orden establecido para seguir robando y defraudando a la nación. Ellos son los de arriba, los que no pagan impuestos. Ese es el otro proyecto de nación. No hay más. Por eso no hay que concederles tregua. Hay que denunciarlos y mostrar sus rostros insultantes. El pueblo llano no debe olvidarlos. Debe memorizarlos y repudiarlos allí donde los encuentre.
Sólo quien no quiere escuchar, no oye; sólo quien no quiere ver, no mira, porque lo que este mensaje concita y anuncia es una cacería de brujas. El linchamiento es virtual, pero no por ello menos efectivo. Sobre todo cuando se inscribe en el discurso y en las prácticas de AMLO y de fracciones del perredismo. Pasar de las palabras a los actos no es difícil, todo lo contrario. Basta recordar la turba que zarandeó a Fernández de Cevallos afuera del Senado o las provocaciones y persecuciones que enfrentó el propio Calderón en diversos mítines de su campaña.
Porque ese y no otro es el fondo de la cuestión. López Obrador sí cree en los usos y costumbres del pueblo. Es más, no sólo cree en ellos, sino que además considera que es su responsabilidad encauzarlos y fomentarlos. La justicia expedita y por propia mano no es condenable; antes al contrario, es la forma de superar las deficiencias y complicidades de un sistema formal que no le cumple al pueblo. O, dicho de otro modo, entre la justicia y la legalidad hay que optar siempre por la primera.
Su condenación de Roberto Hernández es, por lo mismo, ejemplar. Desde un punto de vista legal no hay nada que alegar y López Obrador lo sabe. La venta de Banamex fue una transacción bursátil no gravada porque la ley así lo establece. No hay, en consecuencia, ilícito alguno que perseguir. Sin embargo, al candidato de la Alianza por el Bien de Todos le parece que es inmoral y que por eso debe ser condenada y Roberto Hernández denunciado hoy y perseguido y encarcelado mañana.
Ese es el verdadero rostro de AMLO. La purificación de la vida pública se transformará más temprano que tarde, de hecho ya está ocurriendo, en una cacería de brujas. La lista, además, es larga. En ella están los empresarios mencionados y otros que han apoyado abiertamente a Calderón (como Lorenzo Servitje, Manuel Arango, Claudio X. González, etcétera) o a Roberto Madrazo, además de Mariano Azuela, presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y Guillermo Ortiz, gobernador del Banco de México.
Otro tanto hará con aquellos periodistas o intelectuales que han sido críticos de su proyecto y de su persona. Ninguno será perdonado. Y no lo será porque López Obrador no tolera la crítica ni la disidencia. No está en su temple ni en su formación hacerlo. Para él, el mundo se divide en buenos y malos. Quien no está con él, está contra él. Toda oposición encarna una dimensión maligna y, como tal, debe ser aniquilada.
Esto es lo que está en juego en esta elección. Los atentados contra la libertad de unos hoy, terminarán con la libertad de todos mañana. Una vez que la maquinaria de purificación se eche a andar no se detendrá. Será implacable contra todo lo que se oponga a la voluntad de AMLO presidente. Poco importará que sea un diario, una televisora, un empresario o un intelectual. Será como en la época más dura del priato, pero mucho peor. Las teas encendidas y las piras para quemar herejes nunca han dejado nada bueno.
Reforma
17 de junio de 2006
La moneda está en el aire. Unas encuestas favorecen a AMLO y otras a Felipe Calderón. Pero la diferencia es prácticamente la misma: dos o tres puntos de ventaja, según el caso. No hay puntero definido. Hay empate técnico, efecto del debate y el posdebate. Porque el candidato del PAN ganó el primero, pero perdió el segundo. Además, ya entraron en la recta final y no es probable que en los próximos días ocurra un giro radical. Vamos, pues, hacia una elección muy cerrada que decidirán los electores indecisos el 2 de julio.
Pero esto viene de atrás. AMLO escaló y está escalando la campaña. Esa fue su respuesta al repunte de Felipe Calderón hace dos meses. Intensificó su presencia en los medios y emprendió una "guerra sucia" basada en mentiras o en verdades a medias. De la denuncia del Fobaproa a los 2 mil 500 millones de Hildebrando, la tónica es la misma: calumnia, calumnia y calumnia que algo queda. Y en efecto algo ha quedado. Porque el pobre desempeño de López Obrador en el debate fue olvidado y sepultado.
Por otra parte, las últimas encuestas le han devuelto la serenidad al candidato de la Alianza por el Bien de Todos. Se le ve sonriendo y anunciando la buena nueva: la alegría está por llegar. Los perredistas confían en que ya tienen el triunfo en la bolsa. Por eso, el secretario general del PRD le está proponiendo una tregua a Acción Nacional. Cesemos las campañas negativas y concentrémonos en las propuestas, dice Acosta Naranjo.
El cálculo es, sin duda, apresurado. Ya lo hicieron una vez y se equivocaron. En una contienda como ésta nadie puede hacer predicciones. Hay muchos factores que incidirán en el ánimo de los indecisos y ninguno es predecible; el desempeño de la Selección Nacional en Alemania, por ejemplo. Pero independientemente de las cuentas alegres del Peje y sus entornos, vale detenerse en el tono y el contenido de su campaña negativa en las últimas semanas. Y vale detenerse porque muestran y anuncian un futuro muy ominoso.
Lo primero que hay que resaltar es el cinismo en el mentir e, incluso, en falsear documentos. Calderón no ha propuesto IVA en medicinas y alimentos, no firmó ningún documento relacionado con el Fobaproa y no otorgó como secretario de Energía contratos a Hildebrando por 2 mil 500 millones de pesos. Pero además de eso, se está montando una campaña de linchamiento en los medios contra una serie de personajes. El spot del PRD en el que aparecen Roberto Hernández, José Madariaga, Zavala, Diego Fernández de Cevallos y Calderón es ejemplar y aleccionador.
La imagen dice más que mil palabras. Los rostros de los personajes y el montaje que se hace de ellos constituye una versión moderna de los pósters que se fijaban en el lejano oeste: Wanted (se busca). Sólo que en este caso la justicia, el sheriff, no es otro que el candidato de la Alianza por el Bien de Todos. Él es quien decide quién es culpable y de qué se le acusa. El proceso, sobra decirlo, es sumario y contundente. Los que aparecen en la pantalla son delincuentes y han cometido el fraude más grande del siglo.
Peor aún, se hallan asociados a un candidato, Felipe Calderón. Pero me expreso mal, no son asociados, no; ellos son los que mandan y manipulan. Ellos son los que quieren preservar el orden establecido para seguir robando y defraudando a la nación. Ellos son los de arriba, los que no pagan impuestos. Ese es el otro proyecto de nación. No hay más. Por eso no hay que concederles tregua. Hay que denunciarlos y mostrar sus rostros insultantes. El pueblo llano no debe olvidarlos. Debe memorizarlos y repudiarlos allí donde los encuentre.
Sólo quien no quiere escuchar, no oye; sólo quien no quiere ver, no mira, porque lo que este mensaje concita y anuncia es una cacería de brujas. El linchamiento es virtual, pero no por ello menos efectivo. Sobre todo cuando se inscribe en el discurso y en las prácticas de AMLO y de fracciones del perredismo. Pasar de las palabras a los actos no es difícil, todo lo contrario. Basta recordar la turba que zarandeó a Fernández de Cevallos afuera del Senado o las provocaciones y persecuciones que enfrentó el propio Calderón en diversos mítines de su campaña.
Porque ese y no otro es el fondo de la cuestión. López Obrador sí cree en los usos y costumbres del pueblo. Es más, no sólo cree en ellos, sino que además considera que es su responsabilidad encauzarlos y fomentarlos. La justicia expedita y por propia mano no es condenable; antes al contrario, es la forma de superar las deficiencias y complicidades de un sistema formal que no le cumple al pueblo. O, dicho de otro modo, entre la justicia y la legalidad hay que optar siempre por la primera.
Su condenación de Roberto Hernández es, por lo mismo, ejemplar. Desde un punto de vista legal no hay nada que alegar y López Obrador lo sabe. La venta de Banamex fue una transacción bursátil no gravada porque la ley así lo establece. No hay, en consecuencia, ilícito alguno que perseguir. Sin embargo, al candidato de la Alianza por el Bien de Todos le parece que es inmoral y que por eso debe ser condenada y Roberto Hernández denunciado hoy y perseguido y encarcelado mañana.
Ese es el verdadero rostro de AMLO. La purificación de la vida pública se transformará más temprano que tarde, de hecho ya está ocurriendo, en una cacería de brujas. La lista, además, es larga. En ella están los empresarios mencionados y otros que han apoyado abiertamente a Calderón (como Lorenzo Servitje, Manuel Arango, Claudio X. González, etcétera) o a Roberto Madrazo, además de Mariano Azuela, presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y Guillermo Ortiz, gobernador del Banco de México.
Otro tanto hará con aquellos periodistas o intelectuales que han sido críticos de su proyecto y de su persona. Ninguno será perdonado. Y no lo será porque López Obrador no tolera la crítica ni la disidencia. No está en su temple ni en su formación hacerlo. Para él, el mundo se divide en buenos y malos. Quien no está con él, está contra él. Toda oposición encarna una dimensión maligna y, como tal, debe ser aniquilada.
Esto es lo que está en juego en esta elección. Los atentados contra la libertad de unos hoy, terminarán con la libertad de todos mañana. Una vez que la maquinaria de purificación se eche a andar no se detendrá. Será implacable contra todo lo que se oponga a la voluntad de AMLO presidente. Poco importará que sea un diario, una televisora, un empresario o un intelectual. Será como en la época más dura del priato, pero mucho peor. Las teas encendidas y las piras para quemar herejes nunca han dejado nada bueno.
17 de junio de 2006
Adiós a las encuestas
Mario Campos
Excpelsior
17-06-06
Ha llegado el momento de dejar a un lado los sondeos de opinión para poner toda nuestra atención sobre los operadores políticos.
Compañeras de viaje de la democracia mexicana, las encuestas se han convertido en protagonistas de todo proceso electoral. Gracias a ellas, los perredistas vieron durante meses al 2 de julio como un mero trámite. No había duda, Andrés Manuel López Obrador iba solo en su camino hacia Palacio Nacional. Luego empezaron las campañas. Felipe Calderón dio la sorpresa en el PAN y el partido que todos daban por muerto logró generar expectativas de triunfo. A lo largo de los últimos meses, el panista alcanzó y hasta rebasó. Los perredistas reaccionaron, recuperaron el terreno perdido y hoy, según todos los estudios de opinión serios, la moneda está en el aire.
De las cinco encuestas más recientes, publicadas ya con el posdebate, dos —El Universal y Gea-Isa— colocan a Felipe Calderón como puntero, y tres —Reforma, Demotecnia y Consulta Mitofsky— ubican a Andrés Manuel al frente de la contienda. La diferencia es importante; sin embargo, en ninguna la distancia entre uno y otro es superior a tres puntos.
Salvo la encuesta de El Universal, todas coinciden en que luego del encuentro entre los candidatos a la Presidencia —y la polémica en torno de Diego Zavala— López Obrador creció y Felipe Calderón perdió terreno en la intención de voto.
No obstante, vistos los datos es posible citar el titular de Excélsior del 7 de junio: pega pero no tumba, atinada frase que en su momento describió el desempeño del panista la noche del 6 de junio y que, ahora, se puede aplicar al posdebate claramente ganado por el perredista.
Que la campaña de la Alianza por el Bien de Todos se encuentra en buen momento, no hay duda, sin embargo aún no puede cantar victoria.
Habrá que esperar la última avalancha de mediciones, no obstante, parece difícil que los datos cambien hasta alcanzar rangos definitivos. De cumplirse este pronóstico, resultará claro que las encuestas, ésas que nos han cautivado durante años, serán instrumentos inútiles a la hora de pronosticar el resultado del próximo 2 de julio. Con resultados que caben dentro de los márgenes de error, un electorado que ha mostrado su volatilidad en los últimos meses y un porcentaje de indecisos que aún puede cargar la balanza, nadie puede asegurar quién será el ganador. Por ello es que ha llegado el momento de dejar las encuestas a un lado para poner nuestra atención sobre los operadores políticos.
Durante los próximos días, la duda no serán más las preferencias electorales, esas ya las conocemos; el reto ahora será convertir esas intenciones en votos en las urnas. Esa será la variable que determine el final de esta historia y ésa, la operación, no hay encuesta que la mida.
Es la hora de Convergencia y su capacidad para movilizar a los electores en Veracruz y la conflictiva Oaxaca; es el tiempo de los gobernadores priistas, cuya fidelidad al PRI ha sido puesta en duda; y es también la hora de Elba Esther Gordillo y su alianza con Vicente Fox.
Dos semanas faltan para el día de la elección y en este plazo será cuando sabremos si las listas partidistas para el Congreso, esas de las que ya no nos acordamos, tuvieron sentido o no. Es el turno de Benjamín González Roaro y Diódoro Carrasco, que pasaron de las filas del PRI al PAN; pero también de Raúl Sifuentes y Enrique Ibarra, que deberán demostrar que su llegada al PRD se traducirá en votos en Coahuila y Jalisco, respectivamente.
Excpelsior
17-06-06
Ha llegado el momento de dejar a un lado los sondeos de opinión para poner toda nuestra atención sobre los operadores políticos.
Compañeras de viaje de la democracia mexicana, las encuestas se han convertido en protagonistas de todo proceso electoral. Gracias a ellas, los perredistas vieron durante meses al 2 de julio como un mero trámite. No había duda, Andrés Manuel López Obrador iba solo en su camino hacia Palacio Nacional. Luego empezaron las campañas. Felipe Calderón dio la sorpresa en el PAN y el partido que todos daban por muerto logró generar expectativas de triunfo. A lo largo de los últimos meses, el panista alcanzó y hasta rebasó. Los perredistas reaccionaron, recuperaron el terreno perdido y hoy, según todos los estudios de opinión serios, la moneda está en el aire.
De las cinco encuestas más recientes, publicadas ya con el posdebate, dos —El Universal y Gea-Isa— colocan a Felipe Calderón como puntero, y tres —Reforma, Demotecnia y Consulta Mitofsky— ubican a Andrés Manuel al frente de la contienda. La diferencia es importante; sin embargo, en ninguna la distancia entre uno y otro es superior a tres puntos.
Salvo la encuesta de El Universal, todas coinciden en que luego del encuentro entre los candidatos a la Presidencia —y la polémica en torno de Diego Zavala— López Obrador creció y Felipe Calderón perdió terreno en la intención de voto.
No obstante, vistos los datos es posible citar el titular de Excélsior del 7 de junio: pega pero no tumba, atinada frase que en su momento describió el desempeño del panista la noche del 6 de junio y que, ahora, se puede aplicar al posdebate claramente ganado por el perredista.
Que la campaña de la Alianza por el Bien de Todos se encuentra en buen momento, no hay duda, sin embargo aún no puede cantar victoria.
Habrá que esperar la última avalancha de mediciones, no obstante, parece difícil que los datos cambien hasta alcanzar rangos definitivos. De cumplirse este pronóstico, resultará claro que las encuestas, ésas que nos han cautivado durante años, serán instrumentos inútiles a la hora de pronosticar el resultado del próximo 2 de julio. Con resultados que caben dentro de los márgenes de error, un electorado que ha mostrado su volatilidad en los últimos meses y un porcentaje de indecisos que aún puede cargar la balanza, nadie puede asegurar quién será el ganador. Por ello es que ha llegado el momento de dejar las encuestas a un lado para poner nuestra atención sobre los operadores políticos.
Durante los próximos días, la duda no serán más las preferencias electorales, esas ya las conocemos; el reto ahora será convertir esas intenciones en votos en las urnas. Esa será la variable que determine el final de esta historia y ésa, la operación, no hay encuesta que la mida.
Es la hora de Convergencia y su capacidad para movilizar a los electores en Veracruz y la conflictiva Oaxaca; es el tiempo de los gobernadores priistas, cuya fidelidad al PRI ha sido puesta en duda; y es también la hora de Elba Esther Gordillo y su alianza con Vicente Fox.
Dos semanas faltan para el día de la elección y en este plazo será cuando sabremos si las listas partidistas para el Congreso, esas de las que ya no nos acordamos, tuvieron sentido o no. Es el turno de Benjamín González Roaro y Diódoro Carrasco, que pasaron de las filas del PRI al PAN; pero también de Raúl Sifuentes y Enrique Ibarra, que deberán demostrar que su llegada al PRD se traducirá en votos en Coahuila y Jalisco, respectivamente.
15 de junio de 2006
México necesita más Hildebrandos
Los empresarios queremos crecer
COMO EMPRESARIOS DE LA INDUSTRIA DESARROLLADORA DE SOFTWARE NOS PREOCUPA QUE SE DESCALIFIQUEN VEINTE AÑOS DE TRABAJO Y TRAYECTORIA SIN OTRA FUNDAMENTACION QUE LA DE SER EL CUÑADO DE UN CANDIDATO A LA PRESIDENCIA DE LA REPÚBLICA.
A DIFERENCIA DEL RESTO DE LA ECONOMIA, LAS EMPRESAS DE NUESTRO SECTOR CRECEMOS A TASAS SUPERIORES. DE ACUERDO A LOS DATOS DE LA SECRETARIA DE ECONOMÍA, ENTRE EL 2003 Y EL CORRIENTE AÑO LA INDUSTRIA DEL SOFTWARE CRECIÓ MUCHO MAS QUE EL RESTO DE LA ECONOMIA. EL EMPLEO EN EL SECTOR REGISTRÓ UN CRECIMIENTO DE 272% Y LAS EXPORTACIONES PASARON DE 50 MILLONES DE DOLARES A 500 MILLONES
NO HACE MUCHOS AÑOS ESTA INDUSTRIA ESTABA DOMINADA POR EMPRESAS TRASNACIONALES. HOY, GRACIAS AL DESARROLLO DE EMPRESAS MEXICANAS, COMO HILDEBRANDO, ESTA INDUSTRIA CUENTA CON PARTICIPACIÓN MEXICANA TANTO EN EL SEGMENTO PRIVADO COMO PÚBLICO. GENERANDO RECURSOS HUMANOS DE ALTO VALOR AGREGADO Y SALARIOS QUE SUPERAN SIGNIFICATIVAMENTE EL PROMEDIO NACIONAL.
EL CASO DE DIEGO HILDEBRANDO ZAVALA PODRIA HABER SIDO EL DE CUALQUIER MEXICANO PREOCUPADO POR GENERAR FUENTES DE TRABAJO A TRAVÉS DE EMPRESAS GENUINAMENTE ACREDITADAS.
LAS EMPRESAS DE SOFTWARE BIEN MANEJADAS DEBEN TENER UN GRADO MUY ALTO DE CRECIMIENTO. EL QUE HILDEBRANDO HA LOGRADO ES IMPORTANTE, TANTO ASÍ QUE DESPERTÓ EL INTERES DE INVERSIONISTAS PRIVADOS QUE LO INCREMENTARON. EN PAISES COMO INDIA, CHINA, O IRLANDA QUE CRECEN A TASAS MAYORES QUE MEXICO, ESTO ES MOTIVO DE CELEBRACION EN LUGAR DE DESCALIFICACION.
EN VEINTE AÑOS DIEGO ZAVALA NOS HA DEMOSTRADO SU INTEGRIDAD COMO EMPRESARIO REALIZANDO MULTIPLES APORTACIONES A LA INDUSTRIA, MUCHO MAS ALLA DE SU EMPRESA. EN ESTA COMO OTRAS INDUSTRIAS MEXICANAS NO DEBEMOS PERMITIR QUE POR FINES POLITICOS SE DESCALIFIQUE A MEXICANOS HONORABLES Y ASÍ DEJAR DE GENERAR EMPLEOS BIEN REMUNERADOS.
FORTALEZCAMOS LA INDUSTRIA MEXICANA, NO LA DESCALIFIQUEMOS
COMO EMPRESARIOS DE LA INDUSTRIA DESARROLLADORA DE SOFTWARE NOS PREOCUPA QUE SE DESCALIFIQUEN VEINTE AÑOS DE TRABAJO Y TRAYECTORIA SIN OTRA FUNDAMENTACION QUE LA DE SER EL CUÑADO DE UN CANDIDATO A LA PRESIDENCIA DE LA REPÚBLICA.
A DIFERENCIA DEL RESTO DE LA ECONOMIA, LAS EMPRESAS DE NUESTRO SECTOR CRECEMOS A TASAS SUPERIORES. DE ACUERDO A LOS DATOS DE LA SECRETARIA DE ECONOMÍA, ENTRE EL 2003 Y EL CORRIENTE AÑO LA INDUSTRIA DEL SOFTWARE CRECIÓ MUCHO MAS QUE EL RESTO DE LA ECONOMIA. EL EMPLEO EN EL SECTOR REGISTRÓ UN CRECIMIENTO DE 272% Y LAS EXPORTACIONES PASARON DE 50 MILLONES DE DOLARES A 500 MILLONES
NO HACE MUCHOS AÑOS ESTA INDUSTRIA ESTABA DOMINADA POR EMPRESAS TRASNACIONALES. HOY, GRACIAS AL DESARROLLO DE EMPRESAS MEXICANAS, COMO HILDEBRANDO, ESTA INDUSTRIA CUENTA CON PARTICIPACIÓN MEXICANA TANTO EN EL SEGMENTO PRIVADO COMO PÚBLICO. GENERANDO RECURSOS HUMANOS DE ALTO VALOR AGREGADO Y SALARIOS QUE SUPERAN SIGNIFICATIVAMENTE EL PROMEDIO NACIONAL.
EL CASO DE DIEGO HILDEBRANDO ZAVALA PODRIA HABER SIDO EL DE CUALQUIER MEXICANO PREOCUPADO POR GENERAR FUENTES DE TRABAJO A TRAVÉS DE EMPRESAS GENUINAMENTE ACREDITADAS.
LAS EMPRESAS DE SOFTWARE BIEN MANEJADAS DEBEN TENER UN GRADO MUY ALTO DE CRECIMIENTO. EL QUE HILDEBRANDO HA LOGRADO ES IMPORTANTE, TANTO ASÍ QUE DESPERTÓ EL INTERES DE INVERSIONISTAS PRIVADOS QUE LO INCREMENTARON. EN PAISES COMO INDIA, CHINA, O IRLANDA QUE CRECEN A TASAS MAYORES QUE MEXICO, ESTO ES MOTIVO DE CELEBRACION EN LUGAR DE DESCALIFICACION.
EN VEINTE AÑOS DIEGO ZAVALA NOS HA DEMOSTRADO SU INTEGRIDAD COMO EMPRESARIO REALIZANDO MULTIPLES APORTACIONES A LA INDUSTRIA, MUCHO MAS ALLA DE SU EMPRESA. EN ESTA COMO OTRAS INDUSTRIAS MEXICANAS NO DEBEMOS PERMITIR QUE POR FINES POLITICOS SE DESCALIFIQUE A MEXICANOS HONORABLES Y ASÍ DEJAR DE GENERAR EMPLEOS BIEN REMUNERADOS.
FORTALEZCAMOS LA INDUSTRIA MEXICANA, NO LA DESCALIFIQUEMOS
Alonso Carral
Grupo Quilita Neikos - Antonio Fajer
TI-M - Carlos Mata
Sinapsis - Daniel González
Grupo Scanda - Jorge Varela
Digo - José Luis González
Nasoft - Manuel Senderos
emLink - Mauricio Mingramm/Héctor Obregón
Software Gurú - Pedro Galván
Heurística - Rafael Bernal
Dynaware - Rafael Funes
Vision Consulting - Rafael Miranda
Sm4rt - Víctor Chapela
Grupo Quilita Neikos - Antonio Fajer
TI-M - Carlos Mata
Sinapsis - Daniel González
Grupo Scanda - Jorge Varela
Digo - José Luis González
Nasoft - Manuel Senderos
emLink - Mauricio Mingramm/Héctor Obregón
Software Gurú - Pedro Galván
Heurística - Rafael Bernal
Dynaware - Rafael Funes
Vision Consulting - Rafael Miranda
Sm4rt - Víctor Chapela
Ni duda cabe que hasta en eso de la guerra de las campañas, hay niveles...
Milenio Diario
Trascendió
15-Junio-06
Que Felipe Calderón tuvo un gesto de nobleza ayer. Llamó por teléfono a María de las Heras para disculparse por las declaraciones que hizo el lunes a propósito de los resultados de la encuesta publicada en MILENIO.
El candidato presidencial del PAN le dijo a la encuestadora que la desafortunada frase de que el trabajo de María debía leerse como el de la esposa de un dirigente del PRI había sido un error, producto de la tensión de la campaña.
María de las Heras aceptó de buen grado la disculpa.
Que quien también se disculpó fue el diputado del PAN, Germán Martínez, uno de los principales operadores en la campaña de Calderón.
Martínez le ofreció una disculpa al mismísimo Andrés Manuel López Obrador por haber dicho que su titulación en la UNAM era irregular.
[...]
Trascendió
15-Junio-06
Que Felipe Calderón tuvo un gesto de nobleza ayer. Llamó por teléfono a María de las Heras para disculparse por las declaraciones que hizo el lunes a propósito de los resultados de la encuesta publicada en MILENIO.
El candidato presidencial del PAN le dijo a la encuestadora que la desafortunada frase de que el trabajo de María debía leerse como el de la esposa de un dirigente del PRI había sido un error, producto de la tensión de la campaña.
María de las Heras aceptó de buen grado la disculpa.
Que quien también se disculpó fue el diputado del PAN, Germán Martínez, uno de los principales operadores en la campaña de Calderón.
Martínez le ofreció una disculpa al mismísimo Andrés Manuel López Obrador por haber dicho que su titulación en la UNAM era irregular.
[...]
¿Pacto de civilidad?
Leo Zuckermann
Excélsior - Juegos de poder
15-06-06
Imagine usted que mañana, antes de que jueguen las selecciones de México y Angola, sus capitanes se reunieran en presencia del presidente de la FIFA para firmar un pacto donde se comprometieran a respetar las reglas del juego, los árbitros designados y el resultado final del partido. ¿Qué pensaría usted?
Pues ahora traslade ese mismo pensamiento al ámbito de la política nacional, porque eso fue exactamente lo que ocurrió el martes pasado cuando siete partidos firmaron un pacto frente al consejero presidente del IFE con el rimbombante nombre de "Acuerdo Democrático por la Equidad, la Legalidad y la Gobernabilidad". ¡A lo que hemos llegado!
El pacto comienza con un apartado de consideraciones donde se afirma "que es indispensable reencauzar el proceso electoral". ¡Ah, caray! ¿Acaso el proceso se había salido de cauce y era necesario redirigirlo por un buen camino? ¿Reconocen esto los partidos signatarios y el IFE como testigo? Esta frase en sí misma es una joya que bien podría utilizarse como eventual prueba de impugnación judicial de las elecciones.
También se considera "necesario establecer las condiciones de confianza que requiere la ciudadanía para el ejercicio libre y razonado de su voto, en la certidumbre de que los partidos políticos nacionales actuarán invariablemente por las vías institucionales y con respeto a la ley". De nuevo: ¡ah, caray! ¿Acaso los ciudadanos necesitábamos estas garantías para poder votar libre y razonadamente? Yo lo daba por un hecho y francamente me parece un tanto ridículo que los partidos tengan que firmar que van a cumplir la ley y respetar a la autoridad respectiva. A mí más bien me parece que son los partidos los que desconfían unos de los otros y que, por tanto, tienen que acabar signando este tipo de pactos. Que no nos vengan a decir que somos nosotros, los ciudadanos, los que necesitamos garantías. Son ellos los que las demandan.
Los partidos también se comprometen a respetar los resultados electorales "legalmente acreditados y sustentados en la voluntad ciudadana". Lo primero es lógico, lo segundo es un galimatías: ¿cómo se mide que los resultados hayan estado "sustentados en la voluntad ciudadana"? ¿Quién y bajo qué criterios lo decide?
Sin embargo, lo más preocupante de este pacto, que fue vitoreado por ser políticamente correcto, es la solicitud de que el IFE realice una auditoría para verificar la confiabilidad del Padrón Electoral, del sistema de Programa de Resultados Electorales Preliminares y del conteo rápido "con la participación de técnicos designados por cada partido". El IFE anunció que esto era imposible a estas alturas de la contienda. No obstante, esta cláusula se firmó y con la presencia del consejero presidente como testigo.
Ugalde tuvo que mandar un oficio aclarando lo que el IFE entendería por auditoría: una revisión administrativa y contable para verificar la relación contractual del Instituto con la empresa Hildebrando. Según informa el IFE, los partidos manifestaron, previamente a la suscripción del pacto, estar satisfechos con los términos del oficio dirigido por Ugalde. Sin embargo, esto no quedó suscrito en ningún lado por lo que, en caso de un eventual conflicto postelectoral, cualquier partido podría reclamar que no se cumplieron con todos los términos de lo pactado.
Excélsior - Juegos de poder
15-06-06
Imagine usted que mañana, antes de que jueguen las selecciones de México y Angola, sus capitanes se reunieran en presencia del presidente de la FIFA para firmar un pacto donde se comprometieran a respetar las reglas del juego, los árbitros designados y el resultado final del partido. ¿Qué pensaría usted?
Pues ahora traslade ese mismo pensamiento al ámbito de la política nacional, porque eso fue exactamente lo que ocurrió el martes pasado cuando siete partidos firmaron un pacto frente al consejero presidente del IFE con el rimbombante nombre de "Acuerdo Democrático por la Equidad, la Legalidad y la Gobernabilidad". ¡A lo que hemos llegado!
El pacto comienza con un apartado de consideraciones donde se afirma "que es indispensable reencauzar el proceso electoral". ¡Ah, caray! ¿Acaso el proceso se había salido de cauce y era necesario redirigirlo por un buen camino? ¿Reconocen esto los partidos signatarios y el IFE como testigo? Esta frase en sí misma es una joya que bien podría utilizarse como eventual prueba de impugnación judicial de las elecciones.
También se considera "necesario establecer las condiciones de confianza que requiere la ciudadanía para el ejercicio libre y razonado de su voto, en la certidumbre de que los partidos políticos nacionales actuarán invariablemente por las vías institucionales y con respeto a la ley". De nuevo: ¡ah, caray! ¿Acaso los ciudadanos necesitábamos estas garantías para poder votar libre y razonadamente? Yo lo daba por un hecho y francamente me parece un tanto ridículo que los partidos tengan que firmar que van a cumplir la ley y respetar a la autoridad respectiva. A mí más bien me parece que son los partidos los que desconfían unos de los otros y que, por tanto, tienen que acabar signando este tipo de pactos. Que no nos vengan a decir que somos nosotros, los ciudadanos, los que necesitamos garantías. Son ellos los que las demandan.
Los partidos también se comprometen a respetar los resultados electorales "legalmente acreditados y sustentados en la voluntad ciudadana". Lo primero es lógico, lo segundo es un galimatías: ¿cómo se mide que los resultados hayan estado "sustentados en la voluntad ciudadana"? ¿Quién y bajo qué criterios lo decide?
Sin embargo, lo más preocupante de este pacto, que fue vitoreado por ser políticamente correcto, es la solicitud de que el IFE realice una auditoría para verificar la confiabilidad del Padrón Electoral, del sistema de Programa de Resultados Electorales Preliminares y del conteo rápido "con la participación de técnicos designados por cada partido". El IFE anunció que esto era imposible a estas alturas de la contienda. No obstante, esta cláusula se firmó y con la presencia del consejero presidente como testigo.
Ugalde tuvo que mandar un oficio aclarando lo que el IFE entendería por auditoría: una revisión administrativa y contable para verificar la relación contractual del Instituto con la empresa Hildebrando. Según informa el IFE, los partidos manifestaron, previamente a la suscripción del pacto, estar satisfechos con los términos del oficio dirigido por Ugalde. Sin embargo, esto no quedó suscrito en ningún lado por lo que, en caso de un eventual conflicto postelectoral, cualquier partido podría reclamar que no se cumplieron con todos los términos de lo pactado.
El factor Cárdenas y el 3 de julio
Jorge Fernández Menéndez
Excélsior – Razones
15-06-06
En un ambiente electoral tan contaminado como el que estamos viviendo, con campañas a punto de concluir sin que se hayan establecido lazos mínimos entre los diferentes candidatos; con un IFE que ha sufrido más de lo debido para sortear los escollos del proceso; con un Tribunal Electoral al que le ganan las ansias protagónicas; con un presidente de la República cuestionado por algunos de los actores por haber tomado partido; las preguntas que debemos hacernos son dos: ¿cómo será el 3 de julio y quiénes establecerán los lazos para restañar las heridas, muy profundas, que ha dejado este proceso?
Uno de esos personajes que podrán tanto restablecer lazos como asumir un papel de componedor en lo que suceda después de las elecciones, sobre todo, si se expresan inconformidades graves, será Cuauhtémoc Cárdenas. El fundador del PRD, no es ningún secreto decirlo, está muy distanciado del candidato de su partido; no está de acuerdo con varios de los puntos programáticos clave de López Obrador y ambos se tienen una profunda desconfianza personal. Pero la legitimidad moral de Cárdenas es superior a la de López Obrador y, gane o pierda el tabasqueño, el factor Cárdenas será utilizado, fuera y dentro de su partido, para tratar de recobrar los equilibrios.
En los últimos días Cárdenas ha estado en medios; estuvo en el foro de Biarritz en Sao Paulo; se reunió con el presidente de Brasil, Luis Inácio da Silva, Lula. En México ha tenido encuentros, después del debate, con Felipe Calderón y con el jefe de Gobierno capitalino, Alejandro Encinas. Dijo que antes se había reunido con Roberto Madrazo, y si bien aseguró que con la única que no se había encontrado formalmente fue con Patricia Mercado, lo que dejaría entrever que debe haber tenido alguna reunión con López Obrador, lo cierto es que ésta no se ha registrado, por lo menos en los últimos tiempos.
Platicaba con Cárdenas y el ingeniero está convencido de que las elecciones del 2 de julio serán limpias. No ve ningún nubarrón en el proceso electoral en sí e incluso señala que es absurdo que los partidos firmen un pacto de civilidad que, a lo único que los obliga es a respetar la ley, algo que evidentemente deben hacer. Recordó el 88 y, para él, no existe ningún elemento que asemeje esta situación con aquélla. Por eso, ese día, me dijo, reconoceré al triunfador que señalen las autoridades electorales, "me guste o no el resultado". Pero Cárdenas se ve más activo a partir del 3 de julio. Considera que se está integrando una gran corriente nacional, con personajes provenientes de distintos orígenes políticos, la cual está harta de las descalificaciones y de la ausencia de "cómos" en las propuestas partidarias y se plantea participar en ella para tratar de encontrar puntos de consenso que permitan sacar adelante una agenda común, nacional, que pueda transitar hacia el futuro. Cárdenas no se ve fuera del PRD, pero tampoco en la campaña de López Obrador. No lo dice, pero resulta evidente que considera que nadie ganará con mayoría absoluta y podrá garantizar la existencia de una mayoría legislativa. Pero no apuesta tanto a las reformas como a la política, a los acuerdos que permitan que con éstos u otros instrumentos el país siga avanzando.
La paradoja es que luego de muchos años de vida política en la que Cárdenas fue percibido como un hombre que podía implicar un regreso al pasado, hoy, para muchos de esos mismos sectores, resulta un punto de referencia para el futuro y un interlocutor más que válido. Son numerosos los empresarios, por ejemplo, que luego de reunirse con Cárdenas terminan hablando de su sentido de Estado y su visión aguda de las cosas, se compartan o no sus puntos de vista. Se debe reconocer que Cárdenas ha aprendido: también por una de esas extrañas paradojas de la política, hoy Cárdenas se parece más en su discurso, en su forma de abordar las cosas, a aquel del 88 o el 97, cuando ganó el DF, que al que no pudo avanzar en las elecciones de 94 y 2000.
Otro de esos hombres que serán importantes a la hora de negociar el futuro es don Luis H. Álvarez. Acabo de leer su libro de memorias y allí don Luis expresa con toda transparencia su forma de ver las cosas. Pero el capítulo más importante es, precisamente, el del 88, cuando Álvarez era presidente del PAN, y toda la operación institucional que se dio, involucrando a Cárdenas, a Manuel Clouthier e incluso en un primer momento a Rosario Ibarra, para encontrar una salida que no deviniera ni en crisis ni en violencia, en un diálogo, en muchas ocasiones muy ríspido, con el gobierno de Miguel de la Madrid y con el equipo de Carlos Salinas. Todos se reunieron, todos operaron, todos sabían que no se debía abrir el camino a la violencia. Don Luis y el PAN decidieron reconocer al gobierno salinista con aquella frase salida de la pluma de Carlos Castillo Peraza de que un gobierno ilegítimo se podría legitimar con sus acciones y planteando una agenda común que en buena medida se cumplió en el futuro. Cárdenas no aceptó un acuerdo de ese tipo y emprendió la larga marcha de crear el PRD y consolidarlo como un partido político. Pero nunca decidió, al contrario, romper con las instituciones.
Hoy preocupa lo contrario. Tanto en el PRD como en el PRI la apuesta pareciera pasar por el desconocimiento del proceso y un salto al vacío institucional, con todos los costos que conllevaría. Incluso en el círculo cercano a López Obrador se establece como un principio "no repetir un 88" en el sentido de no aceptar una salida que no pase por el reconocimiento de su triunfo. Coincido con Cárdenas, hay cosas que no me gustan del proceso electoral o de las instituciones, mucho que debe cambiar, pero nada indica que el 3 de julio no tendremos un ganador legítimo. El camino para acortar las diferencias, para sanar heridas, pasará por la política y un uso correcto, consciente, de las instituciones, aunque algunos estén apostando a detonarlas.
Excélsior – Razones
15-06-06
En un ambiente electoral tan contaminado como el que estamos viviendo, con campañas a punto de concluir sin que se hayan establecido lazos mínimos entre los diferentes candidatos; con un IFE que ha sufrido más de lo debido para sortear los escollos del proceso; con un Tribunal Electoral al que le ganan las ansias protagónicas; con un presidente de la República cuestionado por algunos de los actores por haber tomado partido; las preguntas que debemos hacernos son dos: ¿cómo será el 3 de julio y quiénes establecerán los lazos para restañar las heridas, muy profundas, que ha dejado este proceso?
Uno de esos personajes que podrán tanto restablecer lazos como asumir un papel de componedor en lo que suceda después de las elecciones, sobre todo, si se expresan inconformidades graves, será Cuauhtémoc Cárdenas. El fundador del PRD, no es ningún secreto decirlo, está muy distanciado del candidato de su partido; no está de acuerdo con varios de los puntos programáticos clave de López Obrador y ambos se tienen una profunda desconfianza personal. Pero la legitimidad moral de Cárdenas es superior a la de López Obrador y, gane o pierda el tabasqueño, el factor Cárdenas será utilizado, fuera y dentro de su partido, para tratar de recobrar los equilibrios.
En los últimos días Cárdenas ha estado en medios; estuvo en el foro de Biarritz en Sao Paulo; se reunió con el presidente de Brasil, Luis Inácio da Silva, Lula. En México ha tenido encuentros, después del debate, con Felipe Calderón y con el jefe de Gobierno capitalino, Alejandro Encinas. Dijo que antes se había reunido con Roberto Madrazo, y si bien aseguró que con la única que no se había encontrado formalmente fue con Patricia Mercado, lo que dejaría entrever que debe haber tenido alguna reunión con López Obrador, lo cierto es que ésta no se ha registrado, por lo menos en los últimos tiempos.
Platicaba con Cárdenas y el ingeniero está convencido de que las elecciones del 2 de julio serán limpias. No ve ningún nubarrón en el proceso electoral en sí e incluso señala que es absurdo que los partidos firmen un pacto de civilidad que, a lo único que los obliga es a respetar la ley, algo que evidentemente deben hacer. Recordó el 88 y, para él, no existe ningún elemento que asemeje esta situación con aquélla. Por eso, ese día, me dijo, reconoceré al triunfador que señalen las autoridades electorales, "me guste o no el resultado". Pero Cárdenas se ve más activo a partir del 3 de julio. Considera que se está integrando una gran corriente nacional, con personajes provenientes de distintos orígenes políticos, la cual está harta de las descalificaciones y de la ausencia de "cómos" en las propuestas partidarias y se plantea participar en ella para tratar de encontrar puntos de consenso que permitan sacar adelante una agenda común, nacional, que pueda transitar hacia el futuro. Cárdenas no se ve fuera del PRD, pero tampoco en la campaña de López Obrador. No lo dice, pero resulta evidente que considera que nadie ganará con mayoría absoluta y podrá garantizar la existencia de una mayoría legislativa. Pero no apuesta tanto a las reformas como a la política, a los acuerdos que permitan que con éstos u otros instrumentos el país siga avanzando.
La paradoja es que luego de muchos años de vida política en la que Cárdenas fue percibido como un hombre que podía implicar un regreso al pasado, hoy, para muchos de esos mismos sectores, resulta un punto de referencia para el futuro y un interlocutor más que válido. Son numerosos los empresarios, por ejemplo, que luego de reunirse con Cárdenas terminan hablando de su sentido de Estado y su visión aguda de las cosas, se compartan o no sus puntos de vista. Se debe reconocer que Cárdenas ha aprendido: también por una de esas extrañas paradojas de la política, hoy Cárdenas se parece más en su discurso, en su forma de abordar las cosas, a aquel del 88 o el 97, cuando ganó el DF, que al que no pudo avanzar en las elecciones de 94 y 2000.
Otro de esos hombres que serán importantes a la hora de negociar el futuro es don Luis H. Álvarez. Acabo de leer su libro de memorias y allí don Luis expresa con toda transparencia su forma de ver las cosas. Pero el capítulo más importante es, precisamente, el del 88, cuando Álvarez era presidente del PAN, y toda la operación institucional que se dio, involucrando a Cárdenas, a Manuel Clouthier e incluso en un primer momento a Rosario Ibarra, para encontrar una salida que no deviniera ni en crisis ni en violencia, en un diálogo, en muchas ocasiones muy ríspido, con el gobierno de Miguel de la Madrid y con el equipo de Carlos Salinas. Todos se reunieron, todos operaron, todos sabían que no se debía abrir el camino a la violencia. Don Luis y el PAN decidieron reconocer al gobierno salinista con aquella frase salida de la pluma de Carlos Castillo Peraza de que un gobierno ilegítimo se podría legitimar con sus acciones y planteando una agenda común que en buena medida se cumplió en el futuro. Cárdenas no aceptó un acuerdo de ese tipo y emprendió la larga marcha de crear el PRD y consolidarlo como un partido político. Pero nunca decidió, al contrario, romper con las instituciones.
Hoy preocupa lo contrario. Tanto en el PRD como en el PRI la apuesta pareciera pasar por el desconocimiento del proceso y un salto al vacío institucional, con todos los costos que conllevaría. Incluso en el círculo cercano a López Obrador se establece como un principio "no repetir un 88" en el sentido de no aceptar una salida que no pase por el reconocimiento de su triunfo. Coincido con Cárdenas, hay cosas que no me gustan del proceso electoral o de las instituciones, mucho que debe cambiar, pero nada indica que el 3 de julio no tendremos un ganador legítimo. El camino para acortar las diferencias, para sanar heridas, pasará por la política y un uso correcto, consciente, de las instituciones, aunque algunos estén apostando a detonarlas.
Complétanos los 2 mil 500
Enrique Canales
Reforma
15 de junio de 2006
Andrés Manuel, nos aseguraste tener las pruebas de que el cuñado de Felipe "ha recibido contratos precisamente de la Secretaría, mejor dicho del sector energético cuando Felipe era secretario, tuvo ingresos por 2 mil 500 millones de pesos y no pagó impuestos". ¿Dónde están las pruebas? A estas fechas, Andrés Manuel, no has demostrado lo que dijiste. Nos completas los 2 mil 500 millones o te puedo declarar "mentiroso formal".
Inmediatamente en la réplica de ese debate, Felipe Calderón todavía medio sonriendo por la tremenda mentira -pues él sabe esa verdad por dentro- negó rotundamente la acusación de corrupción y le dijo a López Obrador: "nuevamente usted miente".
Desde luego, el que acusa tiene la obligación de demostrar, especialmente cuando dice que tiene las pruebas. AMLO debe completarnos los contratos por 2 mil 500 millones de pesos que nos dijo que el cuñado había obtenido cuando Felipe Calderón era secretario. En segundo lugar, nos tiene que demostrar que el cuñado no ha pagado nada de impuestos por todos esos contratos.
En declaraciones posteriores, AMLO volvió a insistir en que tenía las pruebas. Hasta la fecha, ni con la faramalla de las tres cajas semivacías que llevaron en una carretilla hemos visto nada. Para mí, quedaron como charlatanes callejeros sus colaboradores; Jesús Ortega, coordinador de campaña, Claudia Sheinbaum, Gerardo Fernández Noroña, vocero del PRD, y Horacio Duarte, representante ante el IFE, y otros legisladores cómplices del engaño.
Andrés Manuel no ha mostrado las pruebas de que el cuñado Diego Zavala fue beneficiado en tiempos de Felipe Calderón con contratos que suman 2 mil 500 millones de pesos, ni tampoco ha demostrado que Diego Zavala no pagó ningún impuesto. La bola candente sigue del lado de Andrés Manuel.
A los colaboradores de AMLO ya se les está acabando el tiempo para demostrar que Andrés Manuel no es un mentiroso y lo digo porque todavía el sábado pasado argumentaron que Hacienda les dio la razón, porque iba a presentar ante el Ministerio Público federal una denuncia para que se investigue la divulgación de los datos de Diego Zavala filtrados, supuestamente, por el gobierno perredista del Distrito Federal.
Divulgar un expediente confidencial no es lo más dañino que nos pueden hacer los perredistas, ojalá así fueran de transparentes. La divulgación de datos confidenciales de los corruptos es un delito, pero son más graves para la sociedad los propios actos corruptos archivados por Hacienda. Pero aquí el punto no es la divulgación que hicieron los perredistas en tal caso de los datos de Hacienda, aquí el punto es que no divulgaron los 2 mil 500 millones en contratos en tiempos de Felipe que es el meollo del asunto para librar a AMLO de su calumnia.
Para colmo el vocero del PRD, Gerardo Fernández Noroña, consideró que la Secretaría de Hacienda confirma en "forma implícita la información que el PRD ha dado sobre el empresario Diego Zavala". ¿Que qué? Dice el estudioso de lógica Gerardo que Hacienda "al deslindar responsabilidades por la supuesta filtración de la información reconoce la veracidad de los datos difundidos respecto a que no han pagado impuestos las empresas del cuñado del candidato del PAN Felipe Calderón".
Con una lindura de inducción sacada de los pelos de la desesperación, nos dice el perredista: "con su comunicado, las autoridades hacendarias corroboran que las empresas de Diego Zavala no han enterado a las autoridades los pagos correspondientes de los 2 mil 500 millones de pesos que han ingresado a sus arcas en los últimos años".
El vocero del PRD, dando clases de distorsión lógica, nos dice que "dicha institución pretende responsabilizar al gobierno del Distrito Federal, cuando de entrada acredita que la información que presentaron es correcta y que las empresas de Zavala y sus hermanos han gozado de trato privilegiado" y agrega: "Todo indica, además, que no han cumplido con sus obligaciones fiscales".
Hace mucho que no había leído tantas tonterías producidas por un pensamiento siniestro. Gerardo ha distorsionando los silogismos y ha utilizado falsos argumentos para concluir que Andrés Manuel ha dicho la verdad. Es increíble que estos perredistas pretendan darnos atole con el dedo de una forma tan babosa. Francamente me siento insultado.
Hacienda defiende lo suyo, sus informaciones son confidenciales y por ahí hay un delito de divulgación que perseguir, pero Hacienda no está escondiendo los inexistentes contratos por 2 mil 500 millones de pesos en tiempos de Felipe de los que Andrés Manuel dijo que tenía las pruebas en la mano.
Después de nueve días Andrés Manuel no tiene las pruebas que dijo tener. Por lo tanto, tiene razón Felipe Calderón al decirle a AMLO que se trata de un López "Hablador", pues no es un insulto, es una certera descripción.
Correo electrónico: enriquecss@gmail.com
Reforma
15 de junio de 2006
Andrés Manuel, nos aseguraste tener las pruebas de que el cuñado de Felipe "ha recibido contratos precisamente de la Secretaría, mejor dicho del sector energético cuando Felipe era secretario, tuvo ingresos por 2 mil 500 millones de pesos y no pagó impuestos". ¿Dónde están las pruebas? A estas fechas, Andrés Manuel, no has demostrado lo que dijiste. Nos completas los 2 mil 500 millones o te puedo declarar "mentiroso formal".
Inmediatamente en la réplica de ese debate, Felipe Calderón todavía medio sonriendo por la tremenda mentira -pues él sabe esa verdad por dentro- negó rotundamente la acusación de corrupción y le dijo a López Obrador: "nuevamente usted miente".
Desde luego, el que acusa tiene la obligación de demostrar, especialmente cuando dice que tiene las pruebas. AMLO debe completarnos los contratos por 2 mil 500 millones de pesos que nos dijo que el cuñado había obtenido cuando Felipe Calderón era secretario. En segundo lugar, nos tiene que demostrar que el cuñado no ha pagado nada de impuestos por todos esos contratos.
En declaraciones posteriores, AMLO volvió a insistir en que tenía las pruebas. Hasta la fecha, ni con la faramalla de las tres cajas semivacías que llevaron en una carretilla hemos visto nada. Para mí, quedaron como charlatanes callejeros sus colaboradores; Jesús Ortega, coordinador de campaña, Claudia Sheinbaum, Gerardo Fernández Noroña, vocero del PRD, y Horacio Duarte, representante ante el IFE, y otros legisladores cómplices del engaño.
Andrés Manuel no ha mostrado las pruebas de que el cuñado Diego Zavala fue beneficiado en tiempos de Felipe Calderón con contratos que suman 2 mil 500 millones de pesos, ni tampoco ha demostrado que Diego Zavala no pagó ningún impuesto. La bola candente sigue del lado de Andrés Manuel.
A los colaboradores de AMLO ya se les está acabando el tiempo para demostrar que Andrés Manuel no es un mentiroso y lo digo porque todavía el sábado pasado argumentaron que Hacienda les dio la razón, porque iba a presentar ante el Ministerio Público federal una denuncia para que se investigue la divulgación de los datos de Diego Zavala filtrados, supuestamente, por el gobierno perredista del Distrito Federal.
Divulgar un expediente confidencial no es lo más dañino que nos pueden hacer los perredistas, ojalá así fueran de transparentes. La divulgación de datos confidenciales de los corruptos es un delito, pero son más graves para la sociedad los propios actos corruptos archivados por Hacienda. Pero aquí el punto no es la divulgación que hicieron los perredistas en tal caso de los datos de Hacienda, aquí el punto es que no divulgaron los 2 mil 500 millones en contratos en tiempos de Felipe que es el meollo del asunto para librar a AMLO de su calumnia.
Para colmo el vocero del PRD, Gerardo Fernández Noroña, consideró que la Secretaría de Hacienda confirma en "forma implícita la información que el PRD ha dado sobre el empresario Diego Zavala". ¿Que qué? Dice el estudioso de lógica Gerardo que Hacienda "al deslindar responsabilidades por la supuesta filtración de la información reconoce la veracidad de los datos difundidos respecto a que no han pagado impuestos las empresas del cuñado del candidato del PAN Felipe Calderón".
Con una lindura de inducción sacada de los pelos de la desesperación, nos dice el perredista: "con su comunicado, las autoridades hacendarias corroboran que las empresas de Diego Zavala no han enterado a las autoridades los pagos correspondientes de los 2 mil 500 millones de pesos que han ingresado a sus arcas en los últimos años".
El vocero del PRD, dando clases de distorsión lógica, nos dice que "dicha institución pretende responsabilizar al gobierno del Distrito Federal, cuando de entrada acredita que la información que presentaron es correcta y que las empresas de Zavala y sus hermanos han gozado de trato privilegiado" y agrega: "Todo indica, además, que no han cumplido con sus obligaciones fiscales".
Hace mucho que no había leído tantas tonterías producidas por un pensamiento siniestro. Gerardo ha distorsionando los silogismos y ha utilizado falsos argumentos para concluir que Andrés Manuel ha dicho la verdad. Es increíble que estos perredistas pretendan darnos atole con el dedo de una forma tan babosa. Francamente me siento insultado.
Hacienda defiende lo suyo, sus informaciones son confidenciales y por ahí hay un delito de divulgación que perseguir, pero Hacienda no está escondiendo los inexistentes contratos por 2 mil 500 millones de pesos en tiempos de Felipe de los que Andrés Manuel dijo que tenía las pruebas en la mano.
Después de nueve días Andrés Manuel no tiene las pruebas que dijo tener. Por lo tanto, tiene razón Felipe Calderón al decirle a AMLO que se trata de un López "Hablador", pues no es un insulto, es una certera descripción.
Correo electrónico: enriquecss@gmail.com
¿Hay que acabar con los ricos?
Lorenzo Servitje S.
Reforma
15 de junio de 2006
No -decía Cantinflas-, lo que hay que hacer es acabar con los pobres. Creo que no se van a acabar los pobres, pero sí que debe hacerse lo indecible para remediar su situación y reducir drásticamente su número.
Ante el problema de la magnitud de la pobreza en nuestros países, estrujantes preguntas nos asaltan: ¿Por qué unos tenemos todo en abundancia y a otros les falta aun lo indispensable? ¿Por qué unos nacemos en un medio que no sólo favorece nuestra supervivencia sino aun nuestra comodidad, y otros en la ignorancia, la miseria y el abandono? ¿Por qué unos tenemos conocimientos, bienes o autoridad que nos permitan afrontar las necesidades y contingencias de la vida y otros no? Preguntas que, en conciencia, debemos tratar de responder.
No hay duda que la pobreza inhumana, la que implica el sufrimiento involuntario del desamparado y el inocente, la que degrada y destruye al ser humano, la que le impide vivir con dignidad y obrar bien y que se sufre sin esperanza, no sólo no podemos aceptarla sino que debemos combatirla.
Pero para avanzar con eficacia en este combate es indispensable que conozcamos a fondo lo que es la pobreza. Hay que ir a donde están los pobres y conocer de cerca la situación del trabajador que ha perdido su empleo o no lo tiene, palpar su angustia para pagar la renta o al médico o para llevar el pan a su familia. Para conocer la situación de los huérfanos, de los niños de la calle, de las madres solteras o abandonadas, de los jóvenes alcohólicos o drogadictos, de los discapacitados, de los ancianos olvidados, de las decenas de miles de personas del campo que emigran a las ciudades o al extranjero y que viven en cinturones de miseria, de las vidas destrozadas que terminan en los asilos, en los hospitales o en las prisiones...
Ante esta situación la reacción inmediata y simplista de algunos gobiernos es corregir drásticamente la distribución de la riqueza y del ingreso. En pocas palabras quitarles a los que tienen y dárselo a los que no tienen: enfrentar a ricos y pobres. ¿Es éste el camino?
Esto nos lleva necesariamente a examinar cómo en una economía se producen los bienes de consumo, cómo se crean los medios de producción, cómo se obtiene un valor agregado: algo positivo que antes no existía. Cómo se crea "riqueza", aunque el término muchas veces sea equívoco.
¿Y quiénes son los que generalmente crean riqueza? ¿Quiénes son los que invierten y generan empleo? Son los empresarios, personas poco comprendidas y muchas veces menospreciadas. Son particularmente ingeniosas e insatisfechas, que trabajan asiduamente y que no consumen todo lo que producen sino que una buena parte de ello la dedican a incrementar su propia capacidad de producir o la de los demás. Son quienes ahorran, invierten y hacen posible la formación de capital y del empleo, organizan y dirigen el trabajo de otros y lo hacen más eficiente, descubren e inventan más o mejores cosas, todo ello asumiendo riesgos, viendo al futuro y siempre dispuestos a experimentar, a crecer, empujados por una ambición, sí, pero también por un ideal de realización creadora.
En este proceso muchos empresarios se enriquecen, pero muchos otros se endeudan, fracasan y pierden todo lo que tienen.
Ciertamente hay empresarios ricos, muy ricos. Uno les pediría que no cometieran excesos, que no hicieran ostentación de su riqueza y que fuesen muy generosos, ayudando a todo tipo de obras buenas, pero ése es un reclamo moral.
La economía y la sociedad los necesitan como inversionistas y creadores de empleo, y desde luego pagadores de impuestos. El Estado, en su papel de apoyo a la población necesitada, puede gravar de distintas maneras a esas personas, pero tiene que hacerlo con prudencia, porque si no, no contaría con su valiosa aportación. Ocurriría el abandono de la actividad productiva, la fuga de cerebros, la fuga de capitales y el desempleo, como ya ha sucedido.
Y una observación final. No todos los empresarios son ricos -pensemos en los dueños de un pequeño comercio o un modesto taller- ni todos los ricos son empresarios. Lo son también muchos profesionistas, artistas, deportistas y aun funcionarios públicos y políticos. Este tema de enfrentar a ricos y pobres hay que evitarlo porque el remedio puede ser peor que la enfermedad.
Reforma
15 de junio de 2006
No -decía Cantinflas-, lo que hay que hacer es acabar con los pobres. Creo que no se van a acabar los pobres, pero sí que debe hacerse lo indecible para remediar su situación y reducir drásticamente su número.
Ante el problema de la magnitud de la pobreza en nuestros países, estrujantes preguntas nos asaltan: ¿Por qué unos tenemos todo en abundancia y a otros les falta aun lo indispensable? ¿Por qué unos nacemos en un medio que no sólo favorece nuestra supervivencia sino aun nuestra comodidad, y otros en la ignorancia, la miseria y el abandono? ¿Por qué unos tenemos conocimientos, bienes o autoridad que nos permitan afrontar las necesidades y contingencias de la vida y otros no? Preguntas que, en conciencia, debemos tratar de responder.
No hay duda que la pobreza inhumana, la que implica el sufrimiento involuntario del desamparado y el inocente, la que degrada y destruye al ser humano, la que le impide vivir con dignidad y obrar bien y que se sufre sin esperanza, no sólo no podemos aceptarla sino que debemos combatirla.
Pero para avanzar con eficacia en este combate es indispensable que conozcamos a fondo lo que es la pobreza. Hay que ir a donde están los pobres y conocer de cerca la situación del trabajador que ha perdido su empleo o no lo tiene, palpar su angustia para pagar la renta o al médico o para llevar el pan a su familia. Para conocer la situación de los huérfanos, de los niños de la calle, de las madres solteras o abandonadas, de los jóvenes alcohólicos o drogadictos, de los discapacitados, de los ancianos olvidados, de las decenas de miles de personas del campo que emigran a las ciudades o al extranjero y que viven en cinturones de miseria, de las vidas destrozadas que terminan en los asilos, en los hospitales o en las prisiones...
Ante esta situación la reacción inmediata y simplista de algunos gobiernos es corregir drásticamente la distribución de la riqueza y del ingreso. En pocas palabras quitarles a los que tienen y dárselo a los que no tienen: enfrentar a ricos y pobres. ¿Es éste el camino?
Esto nos lleva necesariamente a examinar cómo en una economía se producen los bienes de consumo, cómo se crean los medios de producción, cómo se obtiene un valor agregado: algo positivo que antes no existía. Cómo se crea "riqueza", aunque el término muchas veces sea equívoco.
¿Y quiénes son los que generalmente crean riqueza? ¿Quiénes son los que invierten y generan empleo? Son los empresarios, personas poco comprendidas y muchas veces menospreciadas. Son particularmente ingeniosas e insatisfechas, que trabajan asiduamente y que no consumen todo lo que producen sino que una buena parte de ello la dedican a incrementar su propia capacidad de producir o la de los demás. Son quienes ahorran, invierten y hacen posible la formación de capital y del empleo, organizan y dirigen el trabajo de otros y lo hacen más eficiente, descubren e inventan más o mejores cosas, todo ello asumiendo riesgos, viendo al futuro y siempre dispuestos a experimentar, a crecer, empujados por una ambición, sí, pero también por un ideal de realización creadora.
En este proceso muchos empresarios se enriquecen, pero muchos otros se endeudan, fracasan y pierden todo lo que tienen.
Ciertamente hay empresarios ricos, muy ricos. Uno les pediría que no cometieran excesos, que no hicieran ostentación de su riqueza y que fuesen muy generosos, ayudando a todo tipo de obras buenas, pero ése es un reclamo moral.
La economía y la sociedad los necesitan como inversionistas y creadores de empleo, y desde luego pagadores de impuestos. El Estado, en su papel de apoyo a la población necesitada, puede gravar de distintas maneras a esas personas, pero tiene que hacerlo con prudencia, porque si no, no contaría con su valiosa aportación. Ocurriría el abandono de la actividad productiva, la fuga de cerebros, la fuga de capitales y el desempleo, como ya ha sucedido.
Y una observación final. No todos los empresarios son ricos -pensemos en los dueños de un pequeño comercio o un modesto taller- ni todos los ricos son empresarios. Lo son también muchos profesionistas, artistas, deportistas y aun funcionarios públicos y políticos. Este tema de enfrentar a ricos y pobres hay que evitarlo porque el remedio puede ser peor que la enfermedad.
14 de junio de 2006
Los mercados comienzan a votar
Leo Zuckermann
Excélsior - Juegos de Poder
14-06-06
La Bolsa Mexicana de Valores a principios de mayo se acercó a los 22 mil puntos, un máximo histórico. Esta semana ronda los 17 mil puntos, lo que representa una caída de 23%. El peso mexicano se ha devaluado 9% desde principios de marzo. En aquel entonces, un dólar en el mercado interbancario se compraba en 10.47 pesos. Ayer se cotizaba en 11.43. Al menudeo alcanzó los 11.60.
En el mercado de deuda, si bien las tasas de interés de corto plazo no han sufrido alteraciones (los Cetes a 28 días mantienen una tasa anualizada de 7%), los instrumentos de largo plazo sí han cambiado. En marzo, el rendimiento de un bono mexicano a 20 años era de 8% anual. Ayer estaba en 9.6%. Finalmente, el riesgo país medido en el índice EMBI llegó a estar en 100 en marzo; actualmente está en 150, un incremento de 50%.
Es cierto que la caída de los mercados mexicanos se explica por un efecto global: la percepción de que la Reserva Federal de los Estados Unidos subirá aún más las tasas de interés en aquel país. Sin embargo, el descenso en México ha sido más sostenido que en otros mercados emergentes. Al parecer, los factores internos también están pesando en el ánimo de los inversionistas.
Algunos han mantenido sus posiciones y otros de plano se han retirado. Lo que no hay son nuevas posiciones. Todo indica que no existe apetito por asumir el riesgo de invertir en México. En el lenguaje del póquer se diría que los inversionistas "están pagando por ver", es decir, que están dispuestos a asumir una pérdida temporal hasta tener más información para tomar una decisión más contundente: retirarse paulatinamente o seguirle apostando al país.
Los mercados siempre son adversos a la incertidumbre y lo que está ocurriendo en el ámbito político los inquieta. Por una parte, les disgusta la posibilidad de una elección muy reñida donde el vencedor termine ganando por un margen estrecho que pueda incitar no sólo la impugnación judicial de los resultados sino movilizaciones sociales violentas.
Pero también les preocupa que gane un López Obrador radicalizado. Hay que reconocer que este candidato había armado una estrategia muy eficaz para calmar a los principales operadores internacionales. Colaboradores como Manuel Camacho y Rogelio Ramírez se reunieron con ellos para darles garantías de que, de ganar, AMLO no se radicalizaría.
Sin embargo, en su discurso, el candidato perredista últimamente ha hecho precisamente eso. Ha declarado que respetará la autonomía del Banco de México con ciertos límites, que va a renegociar la deuda como lo hizo el presidente argentino Néstor Kirchner y que va a abrir el Tratado de Libre Comercio. A los banqueros los caracterizó como parásitos y a los empresarios los acusó de no pagar impuestos.
El caso Hildebrando también inquieta a los inversionistas, ya que los perredistas enseñaron que están dispuestos a utilizar información fiscal secreta con propósitos políticos. Ante tal perspectiva, los capitales prefieren colocar sus recursos en países donde sí se respeta la confidencialidad tributaria.
Me parece que los mercados están comenzando a votar en México: no quieren un empate que genere incertidumbre y tampoco que gane un AMLO radicalizado.
Excélsior - Juegos de Poder
14-06-06
La Bolsa Mexicana de Valores a principios de mayo se acercó a los 22 mil puntos, un máximo histórico. Esta semana ronda los 17 mil puntos, lo que representa una caída de 23%. El peso mexicano se ha devaluado 9% desde principios de marzo. En aquel entonces, un dólar en el mercado interbancario se compraba en 10.47 pesos. Ayer se cotizaba en 11.43. Al menudeo alcanzó los 11.60.
En el mercado de deuda, si bien las tasas de interés de corto plazo no han sufrido alteraciones (los Cetes a 28 días mantienen una tasa anualizada de 7%), los instrumentos de largo plazo sí han cambiado. En marzo, el rendimiento de un bono mexicano a 20 años era de 8% anual. Ayer estaba en 9.6%. Finalmente, el riesgo país medido en el índice EMBI llegó a estar en 100 en marzo; actualmente está en 150, un incremento de 50%.
Es cierto que la caída de los mercados mexicanos se explica por un efecto global: la percepción de que la Reserva Federal de los Estados Unidos subirá aún más las tasas de interés en aquel país. Sin embargo, el descenso en México ha sido más sostenido que en otros mercados emergentes. Al parecer, los factores internos también están pesando en el ánimo de los inversionistas.
Algunos han mantenido sus posiciones y otros de plano se han retirado. Lo que no hay son nuevas posiciones. Todo indica que no existe apetito por asumir el riesgo de invertir en México. En el lenguaje del póquer se diría que los inversionistas "están pagando por ver", es decir, que están dispuestos a asumir una pérdida temporal hasta tener más información para tomar una decisión más contundente: retirarse paulatinamente o seguirle apostando al país.
Los mercados siempre son adversos a la incertidumbre y lo que está ocurriendo en el ámbito político los inquieta. Por una parte, les disgusta la posibilidad de una elección muy reñida donde el vencedor termine ganando por un margen estrecho que pueda incitar no sólo la impugnación judicial de los resultados sino movilizaciones sociales violentas.
Pero también les preocupa que gane un López Obrador radicalizado. Hay que reconocer que este candidato había armado una estrategia muy eficaz para calmar a los principales operadores internacionales. Colaboradores como Manuel Camacho y Rogelio Ramírez se reunieron con ellos para darles garantías de que, de ganar, AMLO no se radicalizaría.
Sin embargo, en su discurso, el candidato perredista últimamente ha hecho precisamente eso. Ha declarado que respetará la autonomía del Banco de México con ciertos límites, que va a renegociar la deuda como lo hizo el presidente argentino Néstor Kirchner y que va a abrir el Tratado de Libre Comercio. A los banqueros los caracterizó como parásitos y a los empresarios los acusó de no pagar impuestos.
El caso Hildebrando también inquieta a los inversionistas, ya que los perredistas enseñaron que están dispuestos a utilizar información fiscal secreta con propósitos políticos. Ante tal perspectiva, los capitales prefieren colocar sus recursos en países donde sí se respeta la confidencialidad tributaria.
Me parece que los mercados están comenzando a votar en México: no quieren un empate que genere incertidumbre y tampoco que gane un AMLO radicalizado.
El odio del PRD a los empresarios
David Páramo
Excélsior - Personajes de renombre
14-06-06
Hace tiempo que los seguidores de Andrés López Obrador se olvidaron de la decencia política en sus ataques y, más que presentarse como una alternativa electoral, se han dedicado a amenazar a los empresarios. Para muchos parecía que el caso de Carlos Ahumada sólo era un tema político. Otros pensaron que el despojo a Eumex era un caso aislado.
Hubo otros, como Marcos Martínez, presidente de la Asociación de Banqueros de México, quienes quisieron engañarse haciendo creer que los ataques sólo eran en contra de Roberto Hernández, por alguna extraña razón y no en contra de todo el sistema financiero.
Vamos, todavía hay quienes creen que las acusaciones en contra de Hildebrando únicamente están motivadas por cuestiones políticas y hay aún algunos ingenuos que quieren creer que AMLO está preocupado por la comisión de un delito. Si esto fuera cierto, hubiera presentado una denuncia ante las autoridades pertinentes.
Las declaraciones del candidato del PRD durante el debate, en contra de los empresarios, no dejaron duda de que este hombre considera a los banqueros unos parásitos y a los generadores de riqueza unos evasores fiscales. ¿Se ha fijado que cuando habla de los ambulantes y vendedores de piratería se refiere a ellos como comerciantes en vía pública? Cuando en el fondo son delincuentes que no pagan impuestos.
En sus desesperados ataques electoreros, Gerardo Fernández Noroña, quien alcanzó fama y fortuna explotando a gente que no podía pagar su deuda, hizo una "reflexión filosa" según la cual le parece sospechoso que la familia de Juan Camilo Mouriño tenga dinero. Quizás este hombre, que hasta donde se sabe nunca ha generado riqueza, no puede entender que la familia Mouriño tiene desde hace ya varias décadas la más grande cadena de franquicias en el sureste de México, las cuales no sólo pagan impuestos sino generan una gran cantidad de empleos.
Lo mismo tienen franquicias de Burger King que de Basking Robbins, Bennedetti´s Pizza, que una red de tintorerías con su propia marca. La llamada división energética de esta familia tiene 21 años y 36 estaciones de servicio. También cuenta con transporte de combustible, es decir, no son proveedores, sino clientes del gobierno. Las imputaciones de Fernández Noroña en contra del coordinador logístico de la campaña de Felipe Calderón son otra muestra más de que, en la visión de los seguidores de AMLO, quien trabaja, paga impuestos y genera empleos —y por lo tanto riqueza— sea sospechoso.
Hasta el momento, las reacciones han sido punto menos que limitadas por parte de la IP si AMLO no reconoce que los empresarios sí pagan impuestos. Por un lado, las de José Luis Barraza y, por el otro, la amenaza de huelga de impuestos de Alberto Fernández Garza, presidente de Caintra de Monterrey.
[...]
Excélsior - Personajes de renombre
14-06-06
Hace tiempo que los seguidores de Andrés López Obrador se olvidaron de la decencia política en sus ataques y, más que presentarse como una alternativa electoral, se han dedicado a amenazar a los empresarios. Para muchos parecía que el caso de Carlos Ahumada sólo era un tema político. Otros pensaron que el despojo a Eumex era un caso aislado.
Hubo otros, como Marcos Martínez, presidente de la Asociación de Banqueros de México, quienes quisieron engañarse haciendo creer que los ataques sólo eran en contra de Roberto Hernández, por alguna extraña razón y no en contra de todo el sistema financiero.
Vamos, todavía hay quienes creen que las acusaciones en contra de Hildebrando únicamente están motivadas por cuestiones políticas y hay aún algunos ingenuos que quieren creer que AMLO está preocupado por la comisión de un delito. Si esto fuera cierto, hubiera presentado una denuncia ante las autoridades pertinentes.
Las declaraciones del candidato del PRD durante el debate, en contra de los empresarios, no dejaron duda de que este hombre considera a los banqueros unos parásitos y a los generadores de riqueza unos evasores fiscales. ¿Se ha fijado que cuando habla de los ambulantes y vendedores de piratería se refiere a ellos como comerciantes en vía pública? Cuando en el fondo son delincuentes que no pagan impuestos.
En sus desesperados ataques electoreros, Gerardo Fernández Noroña, quien alcanzó fama y fortuna explotando a gente que no podía pagar su deuda, hizo una "reflexión filosa" según la cual le parece sospechoso que la familia de Juan Camilo Mouriño tenga dinero. Quizás este hombre, que hasta donde se sabe nunca ha generado riqueza, no puede entender que la familia Mouriño tiene desde hace ya varias décadas la más grande cadena de franquicias en el sureste de México, las cuales no sólo pagan impuestos sino generan una gran cantidad de empleos.
Lo mismo tienen franquicias de Burger King que de Basking Robbins, Bennedetti´s Pizza, que una red de tintorerías con su propia marca. La llamada división energética de esta familia tiene 21 años y 36 estaciones de servicio. También cuenta con transporte de combustible, es decir, no son proveedores, sino clientes del gobierno. Las imputaciones de Fernández Noroña en contra del coordinador logístico de la campaña de Felipe Calderón son otra muestra más de que, en la visión de los seguidores de AMLO, quien trabaja, paga impuestos y genera empleos —y por lo tanto riqueza— sea sospechoso.
Hasta el momento, las reacciones han sido punto menos que limitadas por parte de la IP si AMLO no reconoce que los empresarios sí pagan impuestos. Por un lado, las de José Luis Barraza y, por el otro, la amenaza de huelga de impuestos de Alberto Fernández Garza, presidente de Caintra de Monterrey.
[...]
El primero que plantó el miedo en México fue López Obrador
Ricardo Pacheco Colín
Crónica
14 de Junio de 2006
“El primero que plantó el miedo en México fue López Obrador”; él polarizó a la sociedad, señala Enrique Krauze a Crónica
Los candidatos y los partidos se han pasado de los límites razonables de la disputa electoral, expresa el doctor Enrique Krauze con energía; hay miedo y confusión y “el primero que plantó el miedo en México naturalmente fue López Obrador, él polarizó a la sociedad mexicana”.
La entrevista con Crónica se desarrolla en su despacho de la Editorial Clío, en una tarde en que amenaza con lluvia. Enrique Krauze se ha puesto en el centro del debate con dos textos que van a fondo del proceso electoral mexicano: Para salir de Babel (Tusquets 2006) y “El Mesías tropical”, aparecido en la revista Letras Libres de junio.
El último párrafo del libro de Enrique Krauze Para salir de Babel anuncia lo que podría ser una catástrofe política: “Si López Obrador no se atreve a ver con ojos críticos su propia actitud mesiánica, si insiste en concebir la política como una misión religiosa y no como un quehacer cívico y republicano frente a cuya natural impureza sólo cabe el respeto a las leyes y las instituciones creadas por los hombres, los mexicanos viviremos pronto (gane o pierda) tiempos de zozobra, ‘con el Jesús en la boca’”.
Preguntamos al doctor en Historia por el Colegio de México acerca de este pasaje que cierra su libro. Entonces apoya los codos en su escritorio, luego extiende las manos hacia el frente para darle mayor énfasis a su palabras. Y con un gesto de preocupación dispara:
“Yo creo que los actores políticos no parecen haberse dado cuenta cabal qué delicada y frágil es la democracia. Llevamos desde 1934 no sé cuántos sexenios en que el Presidente religiosamente toma posesión el 1º de diciembre.
“Descarrilar sin razones de peso este ferrocarril de la democracia es peligroso y el ánimo mismo —lo que se refleja en el título de mi libro— da la atmósfera que es de encono, de ataques, de asaltos verbales, de descalificaciones, de miedo.”
Agrega el autor de La presidencia imperial:
“Yo creo que los candidatos y los partidos se han pasado de los límites razonables de la disputa hacia acciones que sólo confunden y aturden a la sociedad. Esta atmósfera es la Babel a la que hago referencia en mi libro. Esta babel es peligrosa. Hay miedo y hay confusión. Todo eso.
“El primero que plantó el miedo en México naturalmente fue López Obrador; él polarizó a la sociedad mexicana.
“Hemos sido un país de desigualdades, pobreza, y grandes problemas, pero aquí hay una unidad básica, siempre la ha habido: hay una identidad, una unidad básica; ya lo vimos hasta en los deportes. Hay un buen talante, hay un ‘nosotros’ por sobre las clases.
El discurso de clases sociales es ajeno a la vida de México; yo lo puse en el texto: el ataque a los de arriba como explotadores de los abajo. Esto excluye a la mitad de la sociedad.
“Cuando descalificó aquella marcha cívica esto provocó un enorme desencanto que se tradujo en miedo: ¿de qué más es capaz esta persona?”
“Por otro lado hay que de decir que la campaña del PAN ha respondido al miedo con miedo. Yo sí le tengo miedo al miedo porque es un caldo de cultivo de malas pasiones y de malas acciones.
—Son palabras duras (acotamos), ¿no?
—Sí (responde al botepronto). Movilizar a la sociedad en contra de un veredicto ciudadano es una mala acción.
Y continúa el también ingeniero industrial con su enumeración: “Es terrible desacreditar el proceso electoral antes, durante y después de las elecciones. Es una mala acción. Desacreditar al IFE que finalmente ha sido una institución respetuosa y respetable, que ha mostrado su eficacia y su capacidad de servicio ya varios años, es una mala acción.
Hace unos días New York Times dijo que México estaba dividido como nunca. Por lo que el doctor Krauze aclara: “Yo no lo creo. Pienso que las sociedades humanas desde la Antigüedad son desiguales, algunas más que otras, algunas escandalosamente desiguales como la nuestra. Ahora esa desigualdad hay que combatir. La pobreza hay que atacarla, por supuesto. En lo que no nos ponemos de acuerdo es en el cómo. Yo estoy en contra de que se combata de manera demagógica o con proyectos que niegan la modernidad, la realidad, globalidad, y mucho menos estoy de acuerdo de combatirla a partir de una concentración de poder en la figura presidencial”.
Entonces, toma un momento de respiro para decir: “Yo creo que la sociedad mexicana no está dividida, que en lo profundo es una unidad en la pluralidad. Los mexicanos somos un ‘nosotros’, aunque unos tengan más y otros menos.
“Y sí es verdad que hay que combatir la pobreza y la desigualdad, pero no a costa de sembrar la mala hierba de las pasiones de clase. Creo cada vez menos en la revolución y creo cada vez más en las virtudes de la reforma.”
A propósito de la personalidad de López Obrador, el doctor Krauze ha escrito un artículo que está causando revuelo en México: “El mesías tropical” aparecido en la revista Letras Libres de junio.
Aquí, nuestro entrevistado rescata un ensayo de Gabriel Zaid titulado El Dieciocho Brumario de Luis Echeverría, donde se habla de la “Personalidad Maná”. El escrito de Zaid “es un clásico y muy vigente”, dice Krauze, y agrega contundente:
“Yo creo que esa ‘Personalidad Maná’ se la fabricó Luis Echeverría, pero López Obrador se la cree. Echeverría era un político del PRI que para compensar su responsabilidad en el 68 quiso erigirse en un líder del Tercer Mundo. También echó a andar algunos proyectos políticos interesantes, hay que reconocerlo.
“Pero la ‘Personalidad Maná’ es la complicidad que se crea entre las ilusiones colectivas de la masa y el poder, y el hombre providencial que se cree tocado por una misión divina, demuestra complicidad —según dice Jung y lo recoge Zaid— crea desequilibrios profundos en la sociedad.
“Yo por eso escribí ese ensayo biográfico, dice, en el creo que las piezas embonan. Y agrega: “Nunca he escrito un ensayo con mayores ganas de equivocarme que éste. Espero que si llega López Obrador al poder, desmienta la hipótesis de que es un líder mesiánico, y se convierta en un líder moderno de la izquierda como Lula, como Lagos, Bachelet o Felipe González y demuestre que sabe acotar su poder.”
Crónica
14 de Junio de 2006
“El primero que plantó el miedo en México fue López Obrador”; él polarizó a la sociedad, señala Enrique Krauze a Crónica
Los candidatos y los partidos se han pasado de los límites razonables de la disputa electoral, expresa el doctor Enrique Krauze con energía; hay miedo y confusión y “el primero que plantó el miedo en México naturalmente fue López Obrador, él polarizó a la sociedad mexicana”.
La entrevista con Crónica se desarrolla en su despacho de la Editorial Clío, en una tarde en que amenaza con lluvia. Enrique Krauze se ha puesto en el centro del debate con dos textos que van a fondo del proceso electoral mexicano: Para salir de Babel (Tusquets 2006) y “El Mesías tropical”, aparecido en la revista Letras Libres de junio.
El último párrafo del libro de Enrique Krauze Para salir de Babel anuncia lo que podría ser una catástrofe política: “Si López Obrador no se atreve a ver con ojos críticos su propia actitud mesiánica, si insiste en concebir la política como una misión religiosa y no como un quehacer cívico y republicano frente a cuya natural impureza sólo cabe el respeto a las leyes y las instituciones creadas por los hombres, los mexicanos viviremos pronto (gane o pierda) tiempos de zozobra, ‘con el Jesús en la boca’”.
Preguntamos al doctor en Historia por el Colegio de México acerca de este pasaje que cierra su libro. Entonces apoya los codos en su escritorio, luego extiende las manos hacia el frente para darle mayor énfasis a su palabras. Y con un gesto de preocupación dispara:
“Yo creo que los actores políticos no parecen haberse dado cuenta cabal qué delicada y frágil es la democracia. Llevamos desde 1934 no sé cuántos sexenios en que el Presidente religiosamente toma posesión el 1º de diciembre.
“Descarrilar sin razones de peso este ferrocarril de la democracia es peligroso y el ánimo mismo —lo que se refleja en el título de mi libro— da la atmósfera que es de encono, de ataques, de asaltos verbales, de descalificaciones, de miedo.”
Agrega el autor de La presidencia imperial:
“Yo creo que los candidatos y los partidos se han pasado de los límites razonables de la disputa hacia acciones que sólo confunden y aturden a la sociedad. Esta atmósfera es la Babel a la que hago referencia en mi libro. Esta babel es peligrosa. Hay miedo y hay confusión. Todo eso.
“El primero que plantó el miedo en México naturalmente fue López Obrador; él polarizó a la sociedad mexicana.
“Hemos sido un país de desigualdades, pobreza, y grandes problemas, pero aquí hay una unidad básica, siempre la ha habido: hay una identidad, una unidad básica; ya lo vimos hasta en los deportes. Hay un buen talante, hay un ‘nosotros’ por sobre las clases.
El discurso de clases sociales es ajeno a la vida de México; yo lo puse en el texto: el ataque a los de arriba como explotadores de los abajo. Esto excluye a la mitad de la sociedad.
“Cuando descalificó aquella marcha cívica esto provocó un enorme desencanto que se tradujo en miedo: ¿de qué más es capaz esta persona?”
“Por otro lado hay que de decir que la campaña del PAN ha respondido al miedo con miedo. Yo sí le tengo miedo al miedo porque es un caldo de cultivo de malas pasiones y de malas acciones.
—Son palabras duras (acotamos), ¿no?
—Sí (responde al botepronto). Movilizar a la sociedad en contra de un veredicto ciudadano es una mala acción.
Y continúa el también ingeniero industrial con su enumeración: “Es terrible desacreditar el proceso electoral antes, durante y después de las elecciones. Es una mala acción. Desacreditar al IFE que finalmente ha sido una institución respetuosa y respetable, que ha mostrado su eficacia y su capacidad de servicio ya varios años, es una mala acción.
Hace unos días New York Times dijo que México estaba dividido como nunca. Por lo que el doctor Krauze aclara: “Yo no lo creo. Pienso que las sociedades humanas desde la Antigüedad son desiguales, algunas más que otras, algunas escandalosamente desiguales como la nuestra. Ahora esa desigualdad hay que combatir. La pobreza hay que atacarla, por supuesto. En lo que no nos ponemos de acuerdo es en el cómo. Yo estoy en contra de que se combata de manera demagógica o con proyectos que niegan la modernidad, la realidad, globalidad, y mucho menos estoy de acuerdo de combatirla a partir de una concentración de poder en la figura presidencial”.
Entonces, toma un momento de respiro para decir: “Yo creo que la sociedad mexicana no está dividida, que en lo profundo es una unidad en la pluralidad. Los mexicanos somos un ‘nosotros’, aunque unos tengan más y otros menos.
“Y sí es verdad que hay que combatir la pobreza y la desigualdad, pero no a costa de sembrar la mala hierba de las pasiones de clase. Creo cada vez menos en la revolución y creo cada vez más en las virtudes de la reforma.”
A propósito de la personalidad de López Obrador, el doctor Krauze ha escrito un artículo que está causando revuelo en México: “El mesías tropical” aparecido en la revista Letras Libres de junio.
Aquí, nuestro entrevistado rescata un ensayo de Gabriel Zaid titulado El Dieciocho Brumario de Luis Echeverría, donde se habla de la “Personalidad Maná”. El escrito de Zaid “es un clásico y muy vigente”, dice Krauze, y agrega contundente:
“Yo creo que esa ‘Personalidad Maná’ se la fabricó Luis Echeverría, pero López Obrador se la cree. Echeverría era un político del PRI que para compensar su responsabilidad en el 68 quiso erigirse en un líder del Tercer Mundo. También echó a andar algunos proyectos políticos interesantes, hay que reconocerlo.
“Pero la ‘Personalidad Maná’ es la complicidad que se crea entre las ilusiones colectivas de la masa y el poder, y el hombre providencial que se cree tocado por una misión divina, demuestra complicidad —según dice Jung y lo recoge Zaid— crea desequilibrios profundos en la sociedad.
“Yo por eso escribí ese ensayo biográfico, dice, en el creo que las piezas embonan. Y agrega: “Nunca he escrito un ensayo con mayores ganas de equivocarme que éste. Espero que si llega López Obrador al poder, desmienta la hipótesis de que es un líder mesiánico, y se convierta en un líder moderno de la izquierda como Lula, como Lagos, Bachelet o Felipe González y demuestre que sabe acotar su poder.”
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