11 de julio de 2006
No te hundas, Peje
El Norte
11 de julio de 2006
Andrés Manuel no acepta los resultados de una elección limpia, en donde todos los votos se contaron uno a uno por los funcionarios de casilla junto con los representantes de cada partido y en donde todos firmaron y cada partido guardó copia de las actas del conteo. ¿Qué más quiere contar? ¿Qué se cuenten otra vez cada uno de los aproximadamente 40 millones de votos? ¿Sabrá la locura que está pidiendo? ¿Vivirá Andrés Manuel en la realidad?
Andrés Manuel tiene razón en pretender aclarar las irregularidades, pero no tiene nada de razón en pretender descalificar la elección completa y declarar que la elección fue un fraude electoral. ¿Cómo es posible que critique al IFE, cuando todo el conteo se dio a la vista de todos? ¿Por qué Andrés Manuel se siente con el derecho de declarar que la elección fue un fraude? ¿De cuándo acá su opinión es la autorizada para calificar las elecciones?
Otra vez vemos la gran megalomanía de un Santa Anna, Marcos Guillén, Echeverría, Salinas y de los antiguos presidentes del PRI. Muchos lo hemos dicho: Andrés Manuel es un político peligroso porque no respeta todas las leyes. Para AMLO, la política de la movilización es la que domina por sobre las leyes; ya lo demostró con El Encino al violar un amparo y los perredistas de la capital lo están demostrando al despojar a una viuda de sus terrenos de la antigua refresquera Pascual.
Hacerse justicia por las propias manos es de políticos tiránicos, acostumbrados desde que eran del PRI a imponer sus chifladuras. Andrés Manuel está iniciando un largo proceso de odio y resentimiento con lo cual puede echar a perder su carrera política. Esta lucha fratricida favorece que un Marcelo Ebrard o un Lázaro Cárdenas Batel, al ser más racionales, disputen en el futuro con ventaja contra Andrés Manuel.
Todos los votos han sido contados uno por uno y todos los partidos estuvieron de acuerdo con ese conteo. Sólo al final que se dio la suma de todos los votos, entonces, a los perredistas ya no les gustó el conteo.
La mayoría de los que estamos ligados a internet hemos recibido cantidad de estupideces en donde los desolados le lanzan lodo al IFE, se lanzan lodo a sí mismos y muestran una incultura estadística de espanto. Inclusive recibí un correo en el cual explicaban un algoritmo infantil para denunciar una trampa electrónica. Francamente, cualquier muchacho de preparatoria podría imaginarse un fraude mejor.
El PRD, ya desesperado, le apuesta a la posibilidad de introducir a la mala nuevos errores, destrucciones de actas y votos, alargar los tiempos legales para tratar de anular una elección a todas luces limpia. ¿Por qué Andrés Manuel, junto con su gente, no se encierran y cuentan los votos de las copias de sus actas que ellos tienen y que ya contaron y firmaron los representantes de su partido?
¿Qué no vimos todos gracias al IFE un domingo de elecciones totalmente limpio, sin robos de urnas, carruseles, tacos, pleitos en las casillas?
Me da mucha lástima que Andrés Manuel esté tomando el camino del odio y resentimiento con argumentaciones falsas y calumniosas. Esta patología lo está conduciendo a una amargura tal que sus pasiones terminarán por dominar a su capacidad racional. Al perder Andrés Manuel su capacidad de ver y pensar objetivamente, sus decisiones tendrán menos sentido. El Peje se nos puede hundir causándose mucho daño.
enriquecss@gmail.com
Perder ganando
Reforma
11 de julio de 2006
¿Cuál es el límite? La Alianza por el Bien de Todos está en su derecho de impugnar las supuestas irregularidades habidas en la elección. Auténticamente es por el bien de todos: sólo desnudando anomalías y posibles delitos electorales es como podremos arrinconarlas. Todo sistema electoral se perfecciona por actos de tracto sucesivo. En el 88 las actas no quedaban en manos de los partidos. En el 91 los partidos carecían de representantes en un buen número de las casillas. Las zonas alejadas tuvieron que ser cubiertas por un auténtico ejército de observadores. La Fiscalía Especial es otro paso. Denunciar irregularidades y anomalías es obligado e imprescindible para el avance democrático. Allí no hay discusión. Pero se plantea algo distinto.
¿Cuál es el límite, dónde está la frontera que divide lo que es un acto jurídico responsable de una treta política para desorientar a la opinión pública? ¿De verdad creen que hubo irregularidades intencionales en 50 mil de las 130 mil casillas? De verdad creen que el PREP, el conteo y el cómputo distrital -cuyos resultados coinciden al dedillo- fueron manipulados? Piensan entonces que hubo un silencioso golpe de Estado en el IFE que involucró a cientos de servidores públicos, incluidos científicos de gran renombre, golpe de Estado del cual nadie se dio cuenta por cierto, ni ellos. Una operación central de ese tipo involucraría a decenas de miles de ciudadanos. Allí el asunto no cuadra. ¿Ignorancia o perversidad? No todas las aventuras que parecen quijotescas terminan bien. Don Quijote leyó novelas de caballería, AMLO encuestas a destiempo. Convertido en Presidente virtual durante dos años se vio mucho tiempo en la silla presidencial. Los medios colaboraron a ello mes a mes: 10,15, 20 puntos de ventaja. Pero ¿quiénes eran los competidores reales, en qué situación? Faltaba mucho por definir. ¡Voy ganando! Soy indestructible, acabaré con las pensiones de ex presidentes, aumentaré el gasto social, construiré refinerías, trenes, carreteras, abajo los ricos, vivan los pobres, ¡viviré en Palacio!
Convencido por las remotas cifras inició su marcha a la Presidencia desde el corazón del país que ya gobernaba. Pero había un pequeño problema: las verdaderas campañas comenzaron en enero y, por supuesto, las tendencias se movieron. No iba sólo. Esa realidad ya no gustó: "cuchareadas", "manipuladas". Amañadas las contrarias, válidas las favorables, una grave y delatadora negación de la realidad. Las cifras mostraron una competencia reñida, por eso AMLO estuvo arriba en varias ocasiones y no protestó. También estuvo abajo y fingió demencia. Fue entonces cuando habló de esas encuestas fantasmales que le daban 10 puntos de ventaja, ¿Existían, les creía? Embebido en sus lecturas nocturnas el caballero cabalgaba hacia la Presidencia. Nada lo detendría.
Llegó el día de la verdad: casi un millón de representantes de partidos, más de 900 mil ciudadanos involucrados en las casillas, todos testigos de primera mano; 800 consejeros distritales; 24 mil observadores nacionales y, por si fuera poco, casi 42 millones de votantes que saben por quién votaron: 65 de cada 100 no lo hicieron por él. En el camino AMLO arroja lodo a los consejeros electorales del IFE, al padrón electoral, al PREP, al conteo rápido, al cómputo distrital. ¡Todo es una porquería! Los 236 mil votos a favor de Calderón no valen. Nada de que un voto es un voto. Los más de 27 millones que votaron en su contra tampoco, él es el elegido, tiene que serlo. Quien no lo sepa vive en el error. Síganme los valientes ¡Vamos contra todo y todos! ¡Fraude, fraude, fraude!
Es la mejor elección histórica del PRD, hoy es segunda fuerza en el Legislativo. Una vez más, muy holgadamente, se lleva la capital y más de 14 millones de votos para la Presidencia. Pero el caballero andante declara fraude generalizado, llama "traidor" a Fox y "pelele" a Calderón y, en pocas palabras, se regresa a la política cerril que cuestiona al marco institucional. Como la realidad no me gusta abro lanzas contra todos. De los costos para el PRD mejor ni hablamos: pueden perder habiendo ganado.
Es hora de definiciones. Esperemos que el Tribunal haga su trabajo. Si AMLO gana, todos a defenderlo. Pero como dice el dicho, no se puede mamar y dar de topes: o el PRD se define como una oposición leal o regresaremos a la duda válida sobre su lealtad institucional que tan malos resultados les dio en las urnas. ¡Ha sido un gran triunfo del PRD! ¿Qué va primero: las imaginerías o las instituciones que el PRD ayudó a construir durante décadas? Si no se corrige el rumbo y se convoca a la descalificación a priori, sin pruebas, de las instituciones estaremos ante uno de los más grandes retrocesos de la vida política del país. Los auténticos demócratas no pretenden subvertir las instituciones, no mienten a sabiendas del daño general que causan.
Ahora resulta que no vale el sufragio de decenas de millones de mexicanos; tampoco las actas firmadas por decenas de miles de ciudadanos; ni los números a los que arribaron miles, ni los ojos vigilantes de otros tantos. "Respeten nuestros resultados" fue la consigna de AMLO el dos de julio. Sólo Él conoce la verdad. Sólo Él sabe lo que es justicia. Sólo Él accede a los deseos de los mexicanos. Sólo Él se preocupa por los pobres. Sólo Él puede ser el próximo Presidente. Sólo Él es demócrata. Sólo Él es honesto y, finalmente, sólo Él sabe sumar.
Pobre Don Quijote, nada tiene que ver en esta historia.
Desde el mar I
Reforma
11 de julio de 2006
El viernes próximo por la mañana, habré de dar una charla en Cancún. Una vez que supe esto, me vino el arrebato lírico y me dije: ¡chinsumá!, me voy a ir desde el lunes para aliviarme un poco de las patrióticas quejas de Manuel Camacho, la valerosa y permanente defensa de la ética por cuenta de Monreal y los desatados discursos de Fernández Noroña que denuncia el fraude electoral como si le hubieran robado su caballo. De todo esto quiero aliviarme.
Es lunes por la tarde y el azul caribe está levemente inquieto. La brisa sopla con suavidad, pero avisa que, de tiempo en tiempo, puede tornarse brutal e implacable. Diría Agustín Yáñez que estoy, que estamos, al filo del agua.
"Respetar el proceso" e impugnar 50 mil casillas es una malévola contradicción y, en su significado estricto, una grosería. El paso siguiente podría ser la invalidación de esas casillas impugnadas y, entonces sí, proceder al "escrupuloso" recuento voto por voto; o sea, el desmadre (esto también en su sentido estricto). Como ya comentaba aquí, de lo que se trata es de encontrar la salvífica fórmula para que AMLO gane porque gane y el sustento de esto es la profunda y delirante convicción que tienen López Obrador y sus discípulos de que ellos son México y que si se diera el catastrófico caso de que ellos perdieran, México se perdería y nada quedaría de la antigua grandeza de los tenochcas. Dan ganas de decirles: ¡achíquenle, manitos!, ya aguantamos desde los sacrificios humanos hasta al PRI y a Doña Marta Pompadour; no van a ser ustedes los políticos y su morralla autoadherida los que nos salven, o los que nos pierdan; mírense bien y verán que son muy poquita cosa junto a una voluntad ciudadana que va despertando y que opta, no por la confrontación, sino por la creación de un espacio democrático donde como mexicanos podamos convivir los pobres que AMLO dice amar tanto (al grado de becarlos para que no pierdan su estatus de pobres) y los "pirrurris" que el gran Peje desprecia tanto que los considera inexistentes o desechables, aunque seamos, como ya fuimos, más de un millón de ciudadanos que libre y voluntariamente marchamos por las calles para pedirle esa seguridad que él no nos procuró, ni antes, ni después de la marcha. Dan ganas de decir: Andrés Manuel, sal de tus delirios y date cuenta de que no pudiste con una ciudad a la que dejaste hecha un chiquero, endeudada, a merced del hampa, sin salud y sin esperanzas de futuro, hambrienta y sedienta, ganada por el narco y por la corrupción, ¿jamás te enteraste de todos los trafiques que ocurrían en esas Delegaciones supuestamente a tu cargo? Andrés Manuel, no pudiste con una ciudad ¿y quieres poder con el país? Te cito un caso: el Sindicato del Metro, un gallo al que no le quitaste ni una pluma, y ante el cual te declaraste vencido y te pusiste a hacer segundos pisos y así ¿quieres o pretendes poder con Hernández Juárez, o Napoleoncito, o la Gordillo? Despierta, Andrés Manuel y deja de venderle a los pobres la falacia de que tú eres su único y legítimo representante; si así fuera, pobres de los pobres. Tú no lo creerás, pero los pirrurris estamos dispuestos, por la vía de la educación y del trabajo, a hacer cuanto sea necesario "hasta que la justicia se siente entre nosotros". No sólo se trata de una deuda moral, sino de un deber de salvación.
Eso me darían ganas de decir; pero, por lo pronto, esta torcida bola ensalivada la tiene que cachar el TRIFE; de él esperamos que proceda con estricta legalidad. Si sus decisiones contrarían a AMLO y lo hacen decir ¡esto es legal, pero no es justo y entonces no lo obedezco!, peor para AMLO. Es hora de ser correctos y valerosos.
¿Qué tal durmió? DCCCXXXIII (833) Mientras tanto, MONTIEL y el Precioso siguen durmiendo de maravilla.
Cualquier correspondencia con esta columna al filo del agua, favor de dirigirla a german@plazadelangel.com.mx
Déjenme sembrar más dudas
Excélsior - Nudo Gordiano
11-07-06
A mí también hay muchas cosas que no me cuadran, y que me hacen mucho ruido, pero en sentido contrario al que proclaman López Obrador y huestes varias. Ahí le van, una por una…
1. ¿Voto por voto o nulidad? No alcanzo a entender por qué la lógica y la demanda de Andrés Manuel para impugnar la elección pasó tan rápidamente de la exigencia del conteo ‘voto por voto’ en todas las casillas del país a lo de exigir la declaratoria de ‘nulidad abstracta’ y, a la mera hora, regresó a lo del ‘voto por voto’, pero no en la totalidad, sino sólo en 50 mil casillas, curiosamente todas ellas ganadas por Calderón. ¿Será que sabe que ni el conteo ‘voto por voto’ en la totalidad de las casillas les favorece ni la nulidad deseable? Es decir, ¿será que el conteo ‘voto por voto’ en la totalidad de las casillas no haría si no confirmar el triunfo de Felipe Calderón? Y si el Tribunal decidiera que hay que repetir la elección presidencial, ¿será que López Obrador ya calculó que ahora la perdería, y por un margen mucho mayor? Digo, tomando en cuenta que en estos días se ha dedicado a "hablarle" sólo a su voto duro, y no al resto de la sociedad (65% que no votó por él y al que AMLO ahora sí ya le calló en la punta del ombligo) y, además, viendo que el PRI ya reconoció la elección, ¿será que El Peje ya midió que enfrentaría un escenario mucho más abierto a favor de Felipe? Y, por lo tanto, ¿será que López Obrador prefiere perder dejando la duda sembrada para proclamarse durante seis años víctima de "un gran fraude electoral"? De otra forma no se comprende muy bien el hecho de que Andrés Manuel haya dado tantos tumbos en su discurso de impugnación.
2. El PREP, la UNAM y Juan Ramón. Se ha acusado desde todas las vocerías que tiene la coalición Por el Bien de Todos, de un fraude orquestado en primera instancia desde el IFE utilizando para ello al PREP. El mismo, hay que aclararlo, fue diseñado y auditado por especialistas de la UNAM, casa de la que Juan Ramón de la Fuente, uno de los más cercanos a López Obrador, es rector. Y aunque éste llamó ayer por la tarde a "esclarecer la elección dentro del margen de la ley", no dijo ni pío sobre el ahora muy famoso (y cuestionado por sus propios cuates) Programa de Resultados Electorales Preliminares. ¿Por qué, por qué no ha dicho esta boca y este programa de cómputo son míos?
3. El factor MaquiaElba. Confiesa Camacho que sí, que en efecto, él habló con Elba Esther y hasta le ofreció candidaturas para el SNTE. Y que volvió a hablar con ella el 2 de julio cuando la maestra "le informó" que iba ganando Calderón. Al mismo reportero (Carlos Quiroz, en Imagen Informativa), Jesús Ortega le contestó que "¡nunca, nunca, nunca, nunca!" habían hablado con Elba Esther Gordillo. Total, que en las versiones ni siquiera la totalidad de la coalición Por el Bien de Todos está tan coaligada. ¿O será que Camacho —al que se le puede imputar mucha ambición pero no se le puede escatimar entendimiento y sentido de Estado— ya está replanteándose la viabilidad (y la responsabilidad) de la estrategia implementada por Andrés Manuel? Mera interrogante.
yuriria_sierra@yahoo.com
Sembrar la duda
Excélsior - Atando cabos
11-07-06
Decir que en México se ha cometido un fraude, no es cualquier cosa. Es una palabra cargada de significados y de historias dolorosas. En nuestro país sabemos lo que es un fraude electoral; prácticamente nacimos sabiéndolo. Todos conocemos miles de anécdotas de cómo se manipulaban las elecciones, los mayores de quince años entendemos los términos de la política electoral de entonces: el ratón loco, las urnas embarazadas, los muertos que votan, la desaparición de boletas, el padrón rasurado.
Por eso, y porque desde hace más de diez años hemos invertido una fortuna en desterrarlo de nuestro vocabulario, es penosísimo oír de nuevo esa palabra. ¡Que hubo errores humanos; que es sorprendente el comportamiento del PREP; que los Consejeros la regaron más de una vez! Pues sí, pero hablar de fraude, es otra cosa.
El sábado pasado, por primera vez, López Obrador dijo esa funesta palabra refiriéndose a la elección del pasado 2 de julio, lo hizo primero frente a los corresponsales extranjeros y después en el Zócalo frente a miles de personas.
¿A qué se refieren exactamente cuando hablan de fraude? En el Zócalo Andrés Manuel dijo que es fraude lo que se desprende de las conversaciones telefónicas que dio a conocer entre Elba Esther Gordillo y el gobernador de Tamaulipas. No sé si escuchamos lo mismo, yo más que fraude oí una demostración de simple oportunismo. ¿A qué se refieren entonces? Por el momento han dado varios argumentos: Claudia Sheinbaum dice que encontraron diferencias entre los datos de las casillas que están en la base de datos del PREP y las del cómputo distrital, dice que en 30,021 casillas los datos no coinciden. Efectivamente son muchos, pero dónde está el dolo, la mala fe. Hablar de fraude es imaginar y finalmente demostrar que los errores en el llenado de las actas o en la captura de los datos no son simples errores humanos sino el resultado de una acción concertada para perjudicar a López Obrador quitándole sistemáticamente votos. ¿Quiénes fueron? ¿Cómo es que tantas personas pudieron estar coludidas? No sé.
El equipo de Andrés Manuel también dice que presumen que hubo un programa que le atribuía a Felipe Calderón la mayoría de los votos que emitieron los ciudadanos a favor de Roberto Campa. Le pregunté a Claudia cómo pudo darse semejante programa sin que fuera detectado por sus representantes de casilla o en el momento de los cómputos distritales y me respondió: "Por lo menos te voy a sembrar la duda. Llama mucho la atención que independientemente de donde fueran llegando las casillas Campa tenía siempre el mismo porcentaje de la votación…". Lo revisé, en las encuestas dadas a conocer antes de la elección se veía una diferencia importante entre las intenciones de voto por el PANAL a la Presidencia y al Congreso.
En fin.
La palabra está dicha y la duda efectivamente sembrada.
Yo no sé si ganó Felipe Calderón ni me toca a mí determinarlo. Sé que la estructura que se instaló el 2 de julio para recibir y contar nuestros votos no tiene nada que ver con lo que operaba en la época de los fraudes. Yo no sé si el día de la elección no se hicieron trampas, lo que sí sé es que nadie ese día habló de embarazo de urnas ni de violaciones flagrantes a la ley. Sé que en todas las casillas había ciudadanos y representantes de los partidos. Yo no sé si los ciudadanos que participaron ese día hayan sabido llenar las actas de forma adecuada, sí sé que las probabilidades de que muchos se hayan puesto de acuerdo para perjudicar a uno solo de los contendientes es bajísima.
Sé que el mismo 2 de julio los datos de las encuestas de salida nos hablaban de una sorprendente, al menos para mí, ventaja de Felipe en las elecciones. Sé que por lo cerrado de los resultados ningún medio se aventó a dar sus datos esa noche. Sé que el resultado del conteo rápido del IFE coincide con el del cómputo distrital.
No sé si hubo fraude, sólo puedo decir que no veo cómo se pudo haber cometido. Y eso, evaluar las pruebas que se presenten, será tarea del Tribunal. Lamento mucho, muchísimo, que antes de que eso ocurra, la duda haya quedado sembrada. Nos costó años construir instituciones que nos permitieran desterrar el fraude electoral de nuestras vidas, ha sido simple cuestión de días y de unas cuantas suposiciones para volver a sembrar la duda y la sospecha.
¡Es una lástima para todos!
denise.maerker@nuevoexcelsior.com.mx
¿Quién tiene el privilegio?
El Universal - Campos Elíseos
11 de julio de 2006
El domingo, como muchos, estuvimos pendientes a las 22:00 horas para ver el final tan anunciado de El privilegio de mandar , programa político de sátira que sin duda ha marcado un antes y después en la televisión mexicana.
Queríamos ver cómo iban a resolver finalizar un programa tan querido y visto (75 de cada 100 mexicanos lo consideraban el mejor producto informativo de la televisión) cuando no hay, aún, ganador definitivo.
¿Sabe con qué escena terminó?
Con un discurso de Canti -parodia de Cantinflas, interpretado por Carlos Espejel- quien llegó, en la ficción del programa, a la asamblea informativa que realizaba el PG. Ahí, pide hacer uso de la palabra y se la dan.
Comienza a decir que la población votó el pasado 2-J, y que la decisión ya está en los votos. Dijo que no sólo se puso en duda la credibilidad del IFE, sino también de todos los ciudadanos que participaron como funcionarios de casilla. Le recordó que él dijo que respetaría el resultado, que en la democracia se gana o se pierde.
Canti consideró que los intereses de un partido no se deben poner por encima de un país.
Ya en la parte final, y ante los asistentes a este mitin en la colonia El Relaxo, Canti dijo:
-Asté me cae muy bien, Andrés Manuel, pero con su actitud va a perder la credibilidad y la simpatía que ha ganado durante tanto tiempo. O presenta las pruebas que dice o acepta el resultado y desde su trinchera siga luchando por nuestro querido México. Porque como dijo el matemático, "no es hora de dividir, es hora de sumar". Aquí no hay ni vencedores, ni vencidos, aquí todos somos México, la generosa patria que forjaron nuestros mayores y en la que crecerán nuestros hijos, aquí el pueblo es el único que tiene El privilegio de mandar.
AMLO lucía, junto a Canti, regañado. Junto estaba Marcelo Ebrard vestido de muñequito de pastel con una mujer vestida de novia a su lado.
Olé, torero. Un programa cómico que el domingo no terminó así. Más bien fue un artículo o un editorial que no puede responder a nada menos que el punto de vista de la televisora, por supuesto. Siempre ha sido un programa muuuy cuidado.
Un texto, por cierto, que gustosos firmarían muchos mexicanos, y que como buen programa masivo, por supuesto que reflejó, también lo que muchos piensan.
Ayer el fin del programa provocó comentarios. No era para menos.
Ya quisieran muchos programas políticos tener la repercusión, impacto y penetración que este programa de "humor". Y sí, las comillas son a propósito. A veces, como ésta, hay pocas cosas más serias que el humor.
[..]
katiushka@prodigy.net.mx
Pasión mata razón
El Universal - Itinerario Político
11 de julio de 2006
En la "liguilla electoral", uno de los adversarios ha recurrido a instrumentos extralegales
Para buena parte de los "enamorados" de López Obrador -sean simples ciudadanos, opinadores o intelectuales-, el "espantajo" del fraude electoral presuntamente cometido en las elecciones del pasado 2 de julio, se convirtió en una refrescante bocanada de aire fresco que, de manera momentánea, mitigó los estragos provocados por la frustración del recuento distrital. Recuento que, como todos saben, favoreció a Felipe Calderón.
Está claro que aún no hay presidente electo. Es claro que AMLO tiene no sólo el derecho, sino la obligación de impugnar la elección que no le favoreció en el recuento legal. Es claro que el balón está en la cancha del Tribunal Electoral, y que frente a las impugnaciones que presentó el PRD, el propio TEPJF puede ordenar que se abran tantas casillas como impugnaciones existan, hasta el extremo de confirmar al ganador y/o revertir el resultado. En efecto, Calderón puede ser ratificado como el candidato que más votos recibió, como AMLO puede ser ganador, si es que resultan válidas sus impugnaciones.
Pero en esta parte del inédito proceso electoral mexicano reaparecen indicios de que "la pasión derrotó a la razón", que lo mismo para perredistas que panistas tener una opinión propia equivale a cometer el más grave pecado capital conocido y, por si fuera poco, ser blanco de expresiones irracionales como la siguiente: "Eres un perro pagado por el sistema. ¿No hubo fraude, imbécil? Sólo ante pendejos perros como tú que no quieren ver lo que está clarísimo. Lo bueno que hay maneras de callar a gente como tú, y que no vuelvan a escribir pendejadas. El único no demócrata aquí eres tú, que estás al servicio de los poderosos. Para todo hay tiempo y vamos a ajustar cuentas con unos cuantos. No es amenaza, es promesa". El correo llegó el jueves 6 de julio, de la dirección: Óscar Rojas (osma2532@gmail.com). Pasión mata razón. Y por supuesto que estamos temblando.
Pero más allá de la simpática referencia, está claro que asistimos a una suerte de "liguilla electoral". Es decir, luego de la jornada regular, y que uno de los equipos en contienda ganó el mayor número de puntos -muy cerca del segundo lugar-, los más aventajados se preparan para la liguilla, que se jugará en la cancha del Tribunal Electoral, en donde cualquiera se puede alzar con el triunfo, en donde sin duda el ganador de la competencia regular puede darle la vuelta a las tendencias.
Pero lo cierto es que en la "liguilla electoral", uno de los adversarios ya no juega con las reglas electorales -con las estrategias y las tácticas jurídicas para reclamar, en legítimo derecho, resolver las impugnaciones presentadas-, sino que ha recurrido a instrumentos extralegales. El candidato López Obrador dice que no pretende la anulación del proceso electoral, pero más que pruebas claras del supuesto fraude -más allá de ilegales escuchas, de casillas con inconsistencias menores y videos del supuesto embarazo de urnas-, recurre a la exaltación social, a la presión política, a la descalificación del árbitro y, por supuesto, al impacto mediático. En realidad hace todo para reventar la elección. ¿Por qué esa estrategia?
Por una razón política elemental. Porque AMLO y sus estrategas saben bien que con las impugnaciones que han presentado hasta hoy, no será suficiente para revertir el pequeño diferencial de votos que le dan la victoria a Calderón. En realidad su apuesta no es a la "limpieza de la elección", sino a mantener vivo el engaño del fraude, mantener exaltados los ánimos de sus seguidores y forzar, con ello, una decisión política. Y es que si los ciudadanos salieron a votar el domingo 2 de julio, y si ese voto le resultó adverso, el recurso siguiente es sacar a la gente a la calle, calentar aún más los ánimos, para generar reacciones como la que vimos líneas arriba.
Podemos imaginar, en un escenario hipotético, que en el supuesto de que en las semanas siguientes el Tribunal Electoral ratifique el voto mayoritario a favor de Calderón, habrá sido tal la exaltación y el engaño sembrados, que nadie creerá en el resultado. Y en esa hipótesis AMLO podrá seguir con el "espantajo" del fraude. La duda, la desconfianza y la confrontación que siembra López Obrador parecen su peculiar cobro de facturas, no a Calderón ni al gobierno de Fox, sino a los insensatos ciudadanos y electores que lo rechazaron en las urnas; electores que, por cierto, son una abrumadora mayoría, si se toma en cuenta a los abstencionistas, a los que votaron por el PAN, PRI, Alternativa y Nueva Alianza. Vivimos, lo creamos o no, el castigo divino, la penitencia del mesías. "Si no soy yo, el caos".
Insistimos. AMLO tiene razón en reclamar que se limpie la elección, que las instituciones se apeguen a derecho, que se cuenten los votos en donde hay irregularidades. Pero no tiene razón ni derecho a reventar toda una elección que en casi todos los frentes resultó ejemplar; no tiene razón en cebar sobre la democracia electoral sus frustraciones y sus rencores. Se pide legalidad, ética, profesionalismo, responsabilidad y sensatez a las instituciones. ¿Pero quién puede garantizar legalidad, ética, profesionalismo, responsabilidad y sensatez de los políticos? Pasión mata razón.
aleman2@prodigy.net.mx
La derrota del actor
El Universal
11 de julio de 2006
Desde hace meses se intentó caracterizar a la elección presidencial como una lucha entre izquierda y derecha. A mí me parece una división absurda, que buscaba, por parte del equipo de López Obrador, aprovechar la buena imagen que, en lo general, tiene el concepto abstracto de izquierda, y de paso poderle cargar a sus adversarios las fallas normalmente asociadas al igualmente abstracto concepto de derecha. Entre ellas, con mucha frecuencia se acusa a ésta de hipócrita.
Es cuando menos llamativo que sea ahora López Obrador, y su coalición, la fracción hipócrita. Este término viene del griego, en donde significa "actor", pero su uso normal en español se refiere a quien miente, a quien engaña, a un farsante. Y eso es lo que ahora está resultando el candidato perredista, frente a una derrota que no esperaba.
El domingo de la elección no hubo reportes de irregularidades, ni queja alguna, porque López Obrador pensaba que iba a ganar. Es más, estaba seguro. Tanto, que su muy cercano asesor, Manuel Camacho, publicó en estas páginas, el lunes 3 de julio, un artículo escrito precisamente en ese espíritu. Un artículo que iniciaba diciendo "los ciudadanos han triunfado", y terminaba diciendo que el mandato del pueblo es "a favor del diálogo nacional y la concertación". Y así es, pero con el otro candidato. ¿No es hipócrita, es decir farsante, escribir un texto así pensando en ganar, para hablar diferente cuando se pierde?
Con toda facilidad, López Obrador acusó al IFE de haber desaparecido 3 millones de votos. Pero él sabía, y sabía su equipo, que esos votos estaban en las casillas con inconsistencias. Porque así ha sido desde el 2000, y porque ellos mismos, en la noche del domingo, estuvieron revisando la información de esas actas. Es decir: sabía en dónde estaban esos 3 millones de votos, pero mintió acusando al IFE de desaparecerlos, para poder argumentar un fraude inexistente.
Al día de hoy, los perdedores siguen hablando del PREP, cuya vida es tan efímera que el miércoles dejó de tener importancia. Insisten en fraudes informáticos, a sabiendas de que el miércoles pasado los distritos electorales contaron acta por acta y con frecuencia voto por voto, sin pasar nunca por ninguna computadora. El conteo distrital, para el que no lo sepa, es a mano. ¿Por qué, si no para mentir, se sigue hablando de fraude informático?
Más aún, insiste López Obrador en que el PREP estuvo manipulado, porque Felipe Calderón empezó con ventaja y nunca la perdió. Esto es absolutamente falso, como lo puede comprobar quien quiera, viendo la bitácora de captura de las actas. En donde sí hubo manipulación, clara y transparente, fue en el conteo distrital, en donde los representantes de la alianza de López Obrador frenaron lo más que pudieron el conteo en los distritos en donde perdían, para que durante buena parte del conteo estuviese arriba su candidato. No sólo eso, sino que esperaban que los periódicos cerraran esa noche con la noticia de su ventaja, para que a la mañana siguiente pudiesen argumentar un fraude. Sólo el periódico La Jornada cometió semejante barbaridad.
La doble moral de López Obrador es un asunto aún más grave por la facilidad con que él mismo se califica de tener principios. No sólo eso, sino que ha dicho cientos de veces que él no miente. Mintió con los 3 millones de votos, miente con el fraude informático, miente con la manipulación del PREP (e implícitamente con la que ellos hicieron en el conteo distrital). Y miente cuando pide un conteo, voto por voto, sin pruebas para obtenerlo.
De hecho, la impugnación que ahora hace la coalición es por las causales abstractas de la elección. Es decir, por cosas que ocurrieron que harían "ilegítima" la elección, aunque López Obrador haya dicho a Denise Maerker, el 28 de mayo, que la elección era legítima y legal, y que reconocería el resultado, cualquiera que éste fuera. Más mentiras de López Obrador, el candidato con principios, el que no miente. El hipócrita, más bien.
Nadie niega el derecho a impugnar resultados, pero hay que tener un poco de dignidad. López Obrador no perdió por un fraude, perdió por soberbio, por despreciar cientos de invitaciones, por no asistir a un debate, por callar al Presidente, y porque no preparó una estrategia para el 2 de julio. Por eso perdió, y más le valdría asumirlo.
macario@macarios.com.mx
Profesor en la EGAP del ITESM-CCM
Desmesuras
El Universal
11 de julio de 2006
Digamos pronto que recontar todos los votos de la elección presidencial es una pretensión desmesurada. Insistir en ella es como pasar por encima de los 900 mil ciudadanos que participamos de buena fe y con el mejor esfuerzo como funcionarios de casilla. La ofuscación de la coalición perdedora es comprensible, y sus reclamos fundados deben ser atendidos con imparcialidad. Pero su exigencia de recontar todos los votos está fuera de lugar. Por el Bien de Todos, la coalición homónima está emplazada a rectificar su postura.
La disputa legítima se limita a las 10 mil o más actas que expresan alrededor de 2.5 millones de votos, pero éstos ya se recontaron y no alteraron los porcentajes previos. Es probable, sin embargo, que muchas irregularidades hayan pasado inadvertidas o no hayan sido evaluadas con el rigor necesario por las razones que fueren. Los quejosos han presentado miles de documentos probatorios a la instancia judicial del caso. Los que sean procedentes deben ser evaluados y calificados hasta despejar toda sombra de duda.
Por otro lado, los errores de las actas "inconsistentes" deben ser conocidos por el público porque expresan más de 5% de los votos. Esto no significa que esos votos deban ser anulados, pues los errores están en las actas y no en las boletas de votación.
El gran error, me parece, está en el complicado proceso diseñado por el IFE, que llevó a muchos funcionarios de casilla a equivocarse al llenar una docena de actas y hojas reglamentarias, un exceso evidente de requisitos para registrar el proceso. Demasiado expertismo para actos tan simples.
Los funcionarios de casilla recibimos un Manual del funcionario de casilla de 96 páginas y un Cuaderno de ejercicios de 55 páginas. El primero contiene 232 instrucciones y advertencias; el segundo contiene 74 reactivos, incluyendo un crucigrama para entretener al funcionario con áridos acertijos. Me tomó dos horas leer el manual y resolver los ejercicios. Aun así, me hice bolas en más de un paso. Mis compañeros, que tenían experiencia burocrática, me sacaron de apuros. A la secretaria que llenó las actas se le entumió la mano de tanto escribir.
Al advertir que no reunía el perfil para un desempeño eficiente, me propuse servir como edecán de los votantes que arribaban desorientados a la casilla, lo cual fue aceptado en el acto por mis compañeros. "¿Viene a votar?, su apellido por favor, pase por aquí, gracias." Hubo más de 80% de votantes del padrón en una sección conservadora. El PAN sacó ventaja superior a 30% en las tres urnas. Hubo muchos votantes de la tercera edad, no pocos discapacitados y muy pocos jóvenes. Contar votos y llenar actas nos tomó tres horas (integrar el expediente exige 22 pasos reglamentarios).
Hay razones para sospechar que los errores ocurridos en las actas fueron causados por la extrema burocratización del proceso. El sentido común indica que éste debería constar en una sola acta con la información básica, pues se supone que la autoridad electoral y los partidos deben confiar en la buena fe de los funcionarios de casilla.
La simplificación del proceso debería ser un corolario del elemental acto democrático que debe traducirse al lenguaje jurídico. Pero no. El IFE diseñó el proceso pensando más en los partidos y los jueces que en los ciudadanos.
Algunas causas de esta exageración son: a) la herencia de desconfianza que está en la base del sistema electoral, desconfianza entre las instituciones y los actores políticos que contamina sus relaciones con la ciudadanía; b) la propensión de la autoridad electoral a superar a sus predecesores y ganar el aplauso de la opinión pública nacional e internacional, sobre todo de sus pares expertos; c) la necesidad de la autoridad electoral de proteger la carrera de sus miembros, estableciendo todo tipo de salvedades para que, en caso de error, se culpe a la ciudadanía.
Estaba yo redactando este artículo cuando un funcionario del Instituto Federal Electoral, un joven amable y diligente, tocó a mi puerta: "Vengo a entregarle el diploma por su valiosa participación, señor. Firme aquí de recibido". Ya lo mandé a enmarcar a manera de homenaje a la inutilidad.
blascota@prodigy.net.mx
Analista político
Voté por López Obrador (y ya me arrepentí)
Milenio Diario
11-07-06
Andrés Manuel López Obrador está cumpliendo la profecía de sus principales adversarios. Está apareciendo en este proceso electoral, luego de haber perdido en las urnas, como la persona peligrosa, intolerante, autoritaria y antidemocrática que anunciaron. En muy poco tiempo le ha dado razón a quienes predecían que si perdía no aceptaría los resultados y a todos aquellos que pronosticaron su poco respeto a las instituciones democráticas del país y su desprecio por las leyes, cuando éstas no le favorecen. Al hacer esto, el candidato de la Alianza Por el Bien de Todos no sólo está acabando con sus posibilidades de ganar una futura elección y el destino de su propio partido, sino que está minando, sin que le importe mayormente, las todavía frágiles instituciones que garantizan elecciones limpias y creíbles en el país.
Ciertamente, los candidatos y sus partidos tienen todo el derecho de inconformarse e impugnar las elecciones, si consideran que hubo irregularidades o abiertamente un fraude electoral. Pero no pueden amenazar ni chantajear al sistema políticoelectoral con la idea de que la estabilidad del país depende del resultado en el conteo de votos o del juicio de los tribunales electorales. Eso es lo que está haciendo López Obrador. Pero el mayor daño que está ocasionando no es el de pretender forzar los resultados con movilizaciones de masas. Eso difícilmente le dará resultados, simple y sencillamente porque hubo un 65 por ciento de ciudadanos que no votaron por él. El verdadero peligro de esta estrategia es que durante muchos años la izquierda quedará marcada como una opción antidemocrática, que no respeta los resultados electorales y que está dispuesta a todo para obtener y mantener sus posiciones de poder. Se cancelará así toda opción real de cambio. El efecto podrá resentirse en las elecciones federales de 2009 y por supuesto en las de 2012. Pero un impacto todavía más nocivo será el de generar en la población una percepción de que en México se sigue cometiendo fraude electoral desde el poder y que las instituciones electorales son cómplices del mismo. Lo cual no puede conducir más que al aumento del abstencionismo, o peor aún, a las opciones políticas extralegales y violentas. Lo menos que se puede decir entonces es que la actitud de López Obrador es irresponsable.
Insisto. Cualquier candidato o partido tiene todo el derecho de impugnar los resultados de las urnas ante los tribunales electorales. Pero no puede al mismo tiempo cuestionar los resultados o las instituciones electorales sin tener pruebas fehacientes de múltiples irregularidades o de un fraude orquestado, como se ha sugerido, o dicho. Mucho menos amenazar con desestabilizar al país. Aprovecharse de un evidente error de comunicación del IFE (al no informar éste oportunamente del lugar donde se encontraban las inconsistencias) para sembrar la duda entre los ciudadanos, es manipulador y tramposo. Decir que la llamada guerra sucia es parte del fraude electoral es como si Calderón hubiera perdido y dijera que fue un fraude por las acusaciones contra el cuñado incómodo en el caso de Hildebrando. La verdad es que con mayor o menor madurez, con mayor o menor información y criterio, los mexicanos votamos y Calderón obtuvo más votos en una elección bastante cerrada, pero limpia, ordenada y pacífica. Las acusaciones de compra o inducción de votos no las puede hacer el PRD mirando la viga en el ojo ajeno e ignorando la propia en el Distrito Federal.
Los signos estaban todos allí, pero uno no les hace caso; por la fidelidad a una opción global de izquierda, por que el voto se construye más en contra que a favor, o simplemente por ingenuidad política. A todos mis lectores les consta que llevo seis años criticando a Fox, que durante meses defendí al candidato López Obrador y que incluso llamé a votar por él, argumentando la necesidad de un cambio. No me gusta que haya ganado el PAN y me desagrada la idea de tener que aguantar seis años más a los carlos abascales, a las ana teresa arandas y sus colegas. Me parece que México no se merece eso. Pero tampoco se merece un retroceso de la democracia, aunque éste se haga a nombre de los pobres. México se merece una izquierda moderna, responsable y verdaderamente democrática, que todavía está por construirse.
rblancarte@milenio.com
¿Cuál fraude? (De la derrota de López Obrador en las elecciones)
Diario de Campaña
07-07-06
Según el periódico Milenio, la Alianza por el Bien de Todos que encabezó Andrés Manuel López Obrador va a impugnar ¡48 mil casillas! como parte de su proceso de impugnación de la elección. La crifra es espectacular pues no hay que perder de vista que se instalaron alrededor de 130 mil en todo el país.
Naturalmente, cuando sus quejas lleguen a los magistrados, éstos se harán las siguientes preguntas:
- ¿Estuvieron presentes los representantes de AMLO cuando se armaron las casillas y se recibieron los votos?
- ¿Atestiguaron el conteo de los mismos?
- ¿Firmaron en las actas en las que se registraron los votos, avalando el conteo?
- ¿Tienen copia de esas actas y contienen los mismos datos que las que tienen los otros representantes y funcionarios?
- ¿Estuvieron presentes al momento que se sumaron esas actas en cada uno de los 300 distritos?
- ¿La suma de esas actas - que desde el 2 de julio posee el PRD - coincide con la suma de los votos anunciada por el IFE?
Confirmado lo anterior, el PRD tendría que explicar cómo es que 48 mil de sus representantes avalaron lo que aseguran es un fraude. Y además tuvieran el apoyo, en cada casilla, de los representantes de todos los partidos y de los funcionarios insaculados y capacitados por el IFE.
Claro, todo esto además en medio de un proceso vigilado por observadores y medios de comunicación que no se dieron cuenta o que también fueron parte del complot. (cosa que también habría que probar)
Si el PRD logra convencer al Tribunal Electoral de todo lo anterior, no hay duda, habrá que repetir la elección.
Suerte en la tarea.
Resulta novela video presentado por PRD
Jorge Escalante
Guanajuato, México (11 julio 2006).- El video que ayer fue presentado como “prueba” de fraude contra el PRD resultó ser una simple grabación alrededor de la cual armaron una novela de ficción.
El presunto “villano”, según la trama del PRD, era Juan Gilberto Castro Razo, presidente de la casilla 2227 instalada en Cerro Gordo, quien ante la cámara, y con el aval del propio PRD, sólo realizó la función normal de su cargo.
Castro Razo relató que el 2 de julio, al iniciar el conteo de votos para Presidente de la República, hallaron tres boletas que correspondían a la urna de Diputados, por lo que las depositó en presencia de todos los representantes de partidos incluyendo a la del PRD en la urna correcta.
Este hecho, grabado en video, fue el que presentó ayer el candidato de la Coalición por el Bien de Todos, Andrés Manuel López Obrador, como prueba de que se “embarazó” la urna.
Sin embargo, el procedimiento de cambio de boletas está contemplado en el Artículo 231 del Cofipe.
El ciudadano guanajuatense rechazó haber alterado los resultados del conteo, como lo denunció el perredista.
Castro Razo, quien por primera vez actuó como funcionario de casilla, no descarta demandar a López Obrador por los señalamientos.
“He pensado demandarlo y, si me apoyan los representantes de partido, lo voy a hacer porque no se vale que diga que se cometieron irregularidades”, reprochó.
El profesor de secundaria afirmó que ya no volverá a participar como funcionario de casilla.
Incluso, la representante del PRD en esta casilla, Juliana Barrón Vallejo, avaló los resultados y lo que quedó consignado en la acta del conteo oficial.
“Aquí no hubo fraude”, expresó la perredista en entrevista. “Todo estuvo claro, todo fue transparente.
“López Obrador debe aprender a perder. No se vale que acusen al profesor de algo que no hizo”.
Al respecto, el perredista Ricardo Monreal insistió que el hecho es ilegal.
“Quien haya sido escrutador en una elección sabe que esos presuntos votos sobrantes no se meten en la urna, sino se revisan como parte del conteo”, dijo.
El IFE, al dar su versión de los hechos videograbados, dijo que las boletas sobrantes eran “entre 8 y 10″, y se introdujeron en la urna de Diputados.
Ningún partido, aseguró el IFE, reclamó irregularidades.
10 de julio de 2006
Últimas Pataletas del Mundial
No vamos a aceptar esta derrota en la final, hasta que se recuenten gol por gol y tarjeta por tarjeta de cada uno de los partidos, desde las eliminatorias mundialistas.
Si los italianos creen que ganaron ¿Porqué le tienen miedo a volver contarlos?
Es obvio que la FIFA y los cuerpos arbitrales favorecieron al equipo italiano al no comportarse con rectitud e imparcialidad y tenemos pruebas:
- Las apuestas estaban a favor de Italia antes y durante el partido. Esto invariablemente alteró la opinión pública en perjuicio de Francia.
- Los medios de comunicación son también responsables por transmitir todos los partidos y las repeticiones en vivo, ya que los resultados de los juegos no son oficiales hasta que se entrega la cédula arbitral.
Por otro lado, la expulsión de Zidane no debió haber ocurrido sin consultar al pueblo, a los aficionados futboleros. El árbitro debió haberle preguntado al público y los comentaristas antes de tomar la determinación de sacar la tarjeta roja. Hay que tener sentido común, una cosa son las reglas del futbol y otra la voulntad de los (pobres) aficionados.
En nombre de la Federación Francesa de Futbol convoco a una sesión informativa a la Torre Eiffel. Nosotros los franceses somos los campeones del mundo. Esa ceremonia de entrega de la Copa FIFA y las felicitaciones de Joseph Blatter fueron pura faramaña, un montaje.
Y si los italianos no nos entregan la copa a nosotros, vamos a marchar desde cada uno de los estadios de futbol del mundo hasta que se revierta este fraude mundialista. Nuestras encuestas previas al juego nos tenían arriba de Italia por 10 goles, y al finalizar el juego, según fuentes fidedignas, nosotros ganamos por lo menos por medio penal de diferencia.
El mundial aún no se acaba hasta la resolución del tribunal de la FIFA. Esos italianos no se que celebran.
¡No le han quitado ninguna pluma al Gallo Francés!
Enviado por Mario Ivan Martija...
Conteo Rápido, PREP y Cómputos Distritales - Comparativo de Resultados 2000-2006









El humo que se lleva el viento
Excélsior - El Búho no ha muerto
10-07-06
Este ha sido el examen más difícil... Nunca en el pasado la honradez de las urnas se vio tan probada. Todo fue sencillo gracias al millón de mexicanos que estuvieron participando y pendientes. Horas de cuidado y observación. El aval lo dio el país. El que pretenda cuestionarlo, dudará de sí mismo... lo reprobará la historia, aparte de que perderá el boleto de entrada a una siguiente contienda. Si el argumento es que se ignora a más de 14 millones de votos que lo querían de presidente, con una preocupante actitud, se olvida los más de 15 millones que escogieron que fuera otro y no él.
Cuenta Andrés López con otras instancias legales que no dudo agotará para hacer valer sus argumentos. Lo que no veo factible es que los pueda hacer valer y realmente resulten argumentos. Desde antes de la contienda aseguró en varios foros públicos que respetaría el resultado aunque la diferencia fuera de un voto. Lo que nunca calculó es que la voz de las urnas no reflejaría el eco de sus deseos. Juró a sus allegados que ganaría por tres y medio millones de votos. Seis, siete, ocho por ciento de diferencia. La realidad le pegó en el rostro. Él supo... "su gente" también, cuál era el cómputo final. Lo sabían los otros partidos políticos y por eso no hicieron mayores señalamientos. Vinieron las encuestas de salida, el PREP y el desahogo de los cómputos distritales. Su rostro cambia como un hombre en metamorfosis. Pasa de la arrogancia de ya haberse imaginado con la banda presidencial ceñida en el pecho hasta el llanto y la frustración de saber que no será. Pobre quien pretende levantar a parte de un pueblo a defender una derrota... es como atesorar objetos en una caja sin fondo. "La defensa de una causa sin causa". Desdibuja su sonrisa el contrapeso de quienes sí están listos en sostener un triunfo. Provocar ese contraste es un atentado a México. Un verdadero líder no confronta... y menos en la derrota. Si persiste sobre un imposible, entenderá la diferencia entre perder y estar vencido... un perdedor es para hoy, un vencido es para siempre. El paranoide no entiende, sólo cree lo que piensa. Nada sucede... sólo lo que él quiere que pase. "No es cierto que Bush y Rodríguez Zapatero ya hayan felicitado a Felipe Calderón", "esos son impactos mediáticos". Ante lo adverso de la realidad: "El IFE no sabe contar", "los consejeros ciudadanos no son independientes", "fue una elección de Estado", "se cometió un fraude". Insistir hasta que las cosas sean como yo las pienso. Me pregunto si la democracia también es paciencia ante la desmedida pretensión por el poder. Si incluye esperar a que un candidato salga de sus alucinaciones. Medir el futuro es una prueba para la inteligencia. Midamos, pues. AMLO en tres meses estará solo. Manuel Camacho, Ricardo Monreal, Raúl Ojeda, el propio Marcelo... todos se habrán ido. Las masas humanaS dejarán de reunirse en torno al Peje. Cuauhtémoc volverá a ser referente en la izquierda perredista. Comenzarán los reacomodos en curules y escaños. El PRD caerá en cuenta de que las elecciones de 2006 fueron definitivas para su crecimiento. La responsabilidad que representa ser segunda fuerza política en México demanda reaccionar ante el peso de lo real y no del humo que se lleva el viento.
El verdadero rostro de López Obrador
Excélsior - Razones
10-07-06
López Obrador está mostrando, definitivamente, cómo pensaba gobernar si hubiera ganado las elecciones: las leyes no importan; la propia realidad puede ser relativizada de acuerdo con sus propias expectativas; la gente puede ser acarreada, manipulada para cumplir con objetivos políticos del líder, utilizando inescrupulosamente todos los instrumentos del Estado (como lo hizo en estos días el GDF), para apoyar a una causa (por cierto, ¿no le da pena a un hombre de verdad progresista, como Alejandro Encinas, no haber ni siquiera intentado visitar a los miles de habitantes de Iztapalapa que están sufriendo de inundaciones por haberse quedado supervisando la organización del mitin de López Obrador?).
El sábado, López Obrador aseguró que en las elecciones se había cometido "un fraude": no se dignó decirnos en qué consistió éste. Ni él ni sus más cercanos colaboradores han podido mostrar una sola prueba del fraude del que han hablado y no han podido hacerlo porque el mismo, simplemente, no existió: las del domingo fueron las elecciones más limpias de la historia del país. Se trata de una artimaña más para tratar de forzar las cosas, de arrebatar por la presión lo que le impide la ley.
López Obrador ya lo ha logrado en otras ocasiones: en el año 2000 no tenía derecho a registrarse como candidato a la Jefatura de Gobierno del DF porque no cumplía con el requisito de cinco años de residencia en la capital. Tanto no lo cumplía que apenas un año antes de la elección aún estaba registrado en Tabasco, donde había sido candidato a gobernador. Presionó con movilizaciones y, para no complicar la contienda, el presidente Zedillo operó para que se aceptara la exigencia. Estaba convencido de que ganaría la elección capitalina por mucho, pero a punto estuvo de perderla con Santiago Creel, ganó por el mismo puñado de votos por el que ahora perdió la elección presidencial. En aquella ocasión ganó con respiración artificial y vulnerando una vez más la legalidad. Como lo ha reconocido la entonces jefa de Gobierno del DF, Rosario Robles, se puso todo en la administración capitalina para que ganara AMLO: se hubiera podido impugnar la elección porque ello fue obvio, pero una vez más se prefirió llevar la fiesta en paz para que no se complicara el proceso de elección de Vicente Fox. Años después, ya como jefe de Gobierno, López Obrador violó una y otra vez la ley en el ejercicio de esa función, desde el otorgamiento de obras multimillonarias sin licitación hasta la adjudicación de pensiones que sumaban miles de millones de pesos sin dar a conocer, siquiera, el padrón de los beneficiarios, mismo que solamente conocen el gobierno y su partido (y vaya si lo utilizó el domingo 2 de julio). El caso del desafuero o antes el del paraje San Juan pueden haber sido objeto de una pésima utilización política, pero el hecho es que el jefe de Gobierno se empeñó en no reconocer amparos judiciales en su contra. Podría haber solucionado el problema en minutos, pero lo hizo parte de su estrategia de manipulación y llegó hasta la Cámara de Diputados donde fue desaforado, y volvió a torcer la ley con una decisión presidencial que buscó, una vez más, "apaciguar" a quien amenazaba con incendiar el país. Ahora López Obrador perdió la elección: de los que ejercieron su derecho al voto, 27 millones de mexicanos no optaron por él y entonces habla de fraude, pero no ha podido mostrar una sola prueba del mismo.
Los resultados han sido inobjetables: las cifras que dieron el conteo rápido, el PREP y el conteo distrital son exactamente las mismas y en ninguna gana López Obrador. Todos los expertos independientes, comenzando por José Woldenberg, han coincidido en que esos números electorales no pueden manipularse; se ha pedido que se cuente "voto por voto" y se obvia el hecho evidente de que los mismos ya fueron contados "voto por voto" la misma noche del domingo y eso no fue hecho por un grupo de notables, sino por casi un millón de ciudadanos, incluidos más de cien mil representantes de casilla del PRD que legitimaron, todos y cada uno de ellos, ese conteo en las casillas con sus firmas en las actas. Como sabe que no tiene pruebas que se puedan utilizar en el Tribunal Electoral, ya no quiere que sea éste el que califique la elección sino la Suprema Corte de Justicia, que no puede hacerlo por mandato de ley y porque no se cumple ninguno de los requisitos que podrían abrir un resquicio a esa posibilidad.
En el ámbito nacional, todos los actores de los comicios ya han aceptado los resultados y la legitimidad del proceso, desde el PRI hasta Alternativa. En el internacional, el resultado y la limpieza del proceso ha sido aceptado por casi todos, desde el presidente estadunidense George Bush hasta el jefe del Gobierno español, el socialdemócrata José Luis Rodríguez Zapatero (por cierto, ¿qué le sucede al prestigiado periódico español El País con su cobertura electoral?, un periódico de referencia no puede equivocarse tanto). Ellos y otros ya se han comunicado con Felipe Calderón para felicitarlo por su triunfo y ofrecer su colaboración en el futuro. Sólo un gobierno apoya a López Obrador y descalifica el proceso: es el de Hugo Chávez, que asegura que "no se puede gobernar" con una diferencia electoral de 0.6 por ciento. Imposible explicarle que eso sucede con los actuales gobiernos de Estados Unidos, Costa Rica, Alemania, El Salvador, entre otros muchos, menos aún para un gobernante que se precia de contar con 100% de las curules en su Congreso.
De lo que no ha dicho ni una sola palabra López Obrador es sobre las razones de su propio fracaso. Sus cercanos, tan perdedores como él, hablan de "fraude", buscan responsables internos desde los Cárdenas hasta Alternativa, pasando por Ebrard, pero no aceptan que el principal "ahuyentavotos" del perredismo se llamó López Obrador y que la gente no se equivocó, como él mismo lo está demostrando ahora, cuando lo vio como un peligro para la democracia.
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El poder de la conciliación
Reforma
9 de Julio del 2006
Hay muchísimos casos de sociedades que optaron en algún momento de su historia por el suicidio político para ejemplificar los riesgos que corre hoy la democracia en México. Pero tal vez el caso más preciso y ominoso sea el de Chile en el período inmediatamente anterior a la elección de Allende el 4 de septiembre de 1970, durante su gobierno y alrededor del cruento final de la Unidad Popular en 1973. Chile vivió un proceso de polarización semejante al mexicano durante esta última campaña electoral. Las identidades políticas acabaron borrando cualquier otra etiqueta. Los chilenos acabaron por ser, antes que nada, socialistas, comunistas, demócrata-cristianos o derechistas. Las identidades comunes desaparecieron o fueron secuestradas por los grupos políticos: los “verdaderos” chilenos pertenecían a uno o a otro partido y las divisiones sociales y las desigualdades económicas reforzaron las identidades políticas excluyentes. El debate público alrededor de ideas y propuestas entre quienes apoyaban a las diversas corrientes, desapareció en medio de insultos y descalificaciones. En sociedades fracturadas por divisiones políticas, étnicas o religiosas, las batallas por el poder son cerradas e intensas. La elección de Allende se dio en un clima semejante a los últimos meses de la campaña que culminó en México el 2 de julio.
Salvador Allende llegó al poder con una mayoría relativa apenas superior a la votación que recibió Felipe Calderón hace unos días: 36.30 por ciento. El gobierno socialista de Chile era legítimo, pero cometió un primer error que Calderón ha evitado, pero que López Obrador ha repetido desde la derrota. Más allá de las presiones externas y las desventajosas condiciones económicas del país, a Salvador Allende se le olvidó contar. Alessandri, el candidato de la derecha, había obtenido 34.98 por ciento de los votos y Tomic, el demócrata-cristiano, 27.84 por ciento. Así como López Obrador habla en nombre del “pueblo” a pesar de que casi 62 por ciento de los electores votó en contra de él, Allende procedió a aplicar un programa que rechazaba el 62.82 por ciento de los chilenos. Sus opositores se enfrascaron en un proceso aún más peligroso y negativo: brincaron inmediatamente las barreras de la legalidad y vulneraron las instituciones chilenas. Cometieron los dos pecados que no se puede permitir nadie que actúe en política: la falta de objetividad y la irresponsabilidad.
A espaldas de la realidad y del sentido común, creyeron que las instituciones democráticas chilenas podrían usarse para destruir al ejecutivo que las encabezaba. Esas instituciones acabaron funcionando como células cancerosas y derruyeron el sistema democrático que los opositores de Allende decían defender. AMLO, sus estrategas y seguidores, han olvidado que la paz y la estabilidad son bienes escasos; que la democracia es un sistema inherentemente frágil y que el poder de un Estado democrático reside en la confianza. Poner en duda la transparencia y solidez de las instituciones -y peor aún, en una cultura política como la mexicana tan dada a los rumores y a la sospecha- es la receta perfecta para destruir un sistema democrático.
La conducta de los medios de comunicación chilenos arroja también lecciones que deberíamos aprender. Periódicos como El Mercurio actuaron como lo hace Proceso esta semana: atizaron la hoguera repitiendo mentiras, vulnerando la institucionalidad e invitando a los ciudadanos a romper la ley. Muchos intelectuales jugaron también un papel deplorable. La intelligentsia ligada a Allende, intelectuales de izquierda que, como muchos en México, discutían sobre política, sintiéndose proletarios, en restaurantes de lujo alrededor de asados acompañados por buenos vinos chilenos. “Históricamente tan encapsulados y majaderamente autorreferentes”, como los recordaría un cronista chileno de ese período años después, se sintieron parteros de la historia y presionaron a Allende para que acelerara un proceso que estaba condenado al fracaso. Los polarizados de ambos bandos siguieron involuntariamente la máxima del filósofo francés Bertrand de Jouvenel: “una sociedad de borregos terminará teniendo un gobierno de lobos”.
El resultado fue un baño de sangre y una dictadura militar que se prolongó hasta 1989, cuando una coalición de partidos de centro izquierda (cuyo lema, “la alegría ya viene”, se plagió, por cierto, Andrés Manuel López Obrador al final de su campaña) mandó a Pinochet a su casa y empezó a reconstruir el sistema democrático que se había derrumbado en 1973.
En México, las posibilidades de un golpe militar son casi inexistentes, pero nos acechan dos escenarios terribles si la estabilidad y el respeto a la institucionalidad democrática no se restablecen: el del desorden y la anarquía, y el de la violencia fratricida. Los chilenos rescataron sus identidades complementarias -la nacionalidad y la búsqueda concertada del desarrollo en libertad- y encontraron terrenos comunes para el acuerdo después de decenas de miles de muertos y un largo exilio. La negociación de un nuevo pacto social fue muy costosa. México está muy a tiempo de llegar a un acuerdo sin esos costos. Un compromiso que defina el país que queremos y una nueva agenda política que le dé prioridad a la lucha con la pobreza. Los mexicanos debemos hacer a un lado las identidades políticas que nos han polarizado y emprender un proceso de reconciliación con base en nuestras identidades comunes.
iturrent@yahoo.com
México girará hacia el centro
Reforma
10 de Julio del 2006
CIUDAD DE MÉXICO.- He aquí cinco conclusiones preliminares tras las elecciones del 2 de Julio, que según el conteo oficial fueron ganadas por el candidato de centro-derecha Felipe Calderón, pero que son impugnadas por el candidato de izquierda Andrés Manuel López Obrador.
Primero, el sistema tripartidista de México necesita con urgencia una segunda vuelta electoral. De otra manera, seguirá habiendo empates técnicos que resultan en presidentes débiles. Si Calderón supera la impugnación legal a su victoria será el presidente más débil de la historia reciente de México.
Mientras que el ex presidente Ernesto Zedillo ganó las elecciones de 1994 con el 50 por ciento del voto, y el Presidente Vicente Fox ganó la elección del 2000 con 43 por ciento del voto, Calderón fue proclamado ganador con menos del 36 por ciento del voto.
El partido de Calderón tendrá una minoría del 42 por ciento en el Congreso, y necesitará el apoyo del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que salió tercero, para que se aprueben las reformas energéticas, laborales y fiscales que México necesita para volverse más competitivo.
Fox está proponiendo que en futuras elecciones haya una segunda vuelta. Otros, como Robert Pastor, de American University, proponen una segunda vuelta instantánea, como en Irlanda, en que los votantes elijan el mismo día su primera y segunda preferencia para presidente.
Segundo, la izquierda mexicana tiene que modernizarse. Según las encuestas de salida de urnas de los periódicos Reforma y El Universal, la mayoría de los jóvenes mexicanos votaron por Calderón, mientras que mayoría de los votantes más viejos apoyaron a López Obrador.
Entre los votantes de 18 a 29 años, Calderón obtuvo el 38 por ciento de los votos, mientras que el candidato de izquierda obtuvo sólo el 34 por ciento.
Por el contrario, entre los votantes de más de 50 años de edad, López Obrador obtuvo el 37 por ciento del voto, mientras que Calderón obtuvo sólo el 34 por ciento del voto.
Según los encuestadores, el pragmático lema de campaña de Calderón “Más inversiones, más empleo”, atrajo más a los jóvenes que el mensaje más ideológico de López Obrador, que exigía una mayor justicia social, y tomaba distancia del proceso de globalización mundial.
Tercero, las campañas del miedo funcionan. La aseveración de la campaña de Calderón de que López Obrador era un populista peligroso que provocaría una fuga de capitales, el deterioro económico y la inflación logró asustar a muchos votantes.
En un país en que la economía está creciendo a un 4 por ciento este año, y en que la pobreza ha sido reducida de casi el 54 por ciento al 47 por ciento en los últimos cinco años, muchos electores prefirieron no tomar ningún riesgo.
“La gente no votó necesariamente por Calderón, sino contra López Obrador”, me dijo Francisco Abundis, de la firma Parametria.
“Votaron así por una combinación de miedo y de rechazo”.
Cuarto, López Obrador se está jugando el todo por el todo. Si el Tribunal Electoral corrobora el resultado del conteo oficial, su futuro político está en duda, porque será visto como un mal perdedor.
Lo más probable es que el regente electo de la Ciudad de México, Marcelo Ebrard, que arrasó en la capital mexicana, buscaría la candidatura de la izquierda en las elecciones del 2012.
Por ahora, muchos le están dando el beneficio de la duda a López Obrador, citando el hecho de que Al Gore también pidió un recuento de votos en las elecciones de Estados Unidos del 2000. Pero Gore no sacó a la gente a la calle.
Si el movimiento de protestas de López Obrador se vuelve más violento y los tribunales convalidan la victoria de Calderón, López Obrador no será un candidato viable en futuras elecciones.
Quinto, la idea generalizada de que la izquierda está ganando terreno en América Latina debe ser revisada.
En las últimas elecciones en Canadá, México, Perú, Colombia y Costa Rica los candidatos más izquierdistas perdieron, los más proclives al libre comercio y la globalización ganaron, y en los países más grandes ganó la propuesta más derechista.
Mi conclusión: En el futuro próximo, la política mexicana se correrá hacia el centro. Por un lado, si los tribunales convalidan la victoria de Calderón, su partido tendrá que moverse hacia el centro y hacer concesiones al PRI para poder gobernar.
Por el otro lado, el partido de López Obrador también tendrá que correrse hacia el centro, para tratar de ganarse a los jóvenes, y no ser percibido como el partido que se quedó fuera de juego en un mundo globalizado.
Ambas cosas son buenas noticias. Aunque suene extraño, considerando los titulares alarmantes de América Latina, México y varios otros países de la región se están alejando de posiciones extremas, y convergiendo en el centro. Si no hay sorpresas, eso podría resultar en un periodo de mayor estabilidad -y más prosperidad- a largo plazo.
Agitación injustificada
Reforma
10 de Julio del 2006
El lobby bar del hotel estaba lleno de guapas chicas. En la barra bebía un hombre joven y galán. Le dice al barman: “Ya no me sirvas nada, amigo. Una sola copa más y voy a sentirme un Romeo”. El adamado señor que estaba al lado se dirige al guapo joven: “Le invito otra copita. Yo ya me estoy sintiendo una Julieta”… El individuo le dice a la mujer: “No veo cómo puedo formalizar nuestra relación, Clorilia. Ya sé que tu mamá me quiere, que tu papá me acepta bien, que tus hermanos me ven como cuñado… El problema es tu marido”… El veterinario le indica a la linda muchacha de exuberantes formas: “Tendré que examinar al gatito, señorita Susiflor. Por favor desvístase”… El paciente abraza con emoción a su siquiatra: “¡Gracias, doctor! ¡Me curó usted aquella invencible timidez que sufría!”. “Lo celebro -responde el analista-. Mi secretaria le enviará la cuenta”. Contesta engallado el hombrecito: “¡No se la voy a pagar, caón, y hágale como quiera!”… La esposa de Empédocles Etílez fue a buscarlo en la cantina. Le dice con disgusto: “¡Qué antro repugnante! ¡Qué olores fétidos, qué oscuridad, qué hombres patibularios!”. “¿Lo ves, viejita? -responde con mansedumbre Empédocles-. ¡Y tú que crees que vengo aquí a pasarla bien!”… La buena noticia es que López Obrador pide a sus seguidores que sus demostraciones sean pacíficas. La mala es que su discurso no lo es. Habla de fraude electoral, aunque la prueba mayor que hasta ahora ha esgrimido para fundar su afirmación es que los panistas no mostraron demasiado júbilo cuando supieron que su candidato había ganado. Eso, claro, demuestra remordimiento de conciencia por el fraude en que incurrieron. Si hubiesen echado marometas en el aire entonces sí la victoria de Calderón habría sido indiscutible. Alguien dirá que al denunciar un fraude que no ha comprobado -y que todas las evidencias niegan- AMLO atenta contra el futuro de la democracia en México y desprestigia al país en el extranjero. Eso sucedería si no se supiera que los perdedores en una elección siempre suelen alegar fraude para justificar su vencimiento. López Obrador está en todo su derecho de llevar su caso ante la autoridad. Lo que no es correcto es que ejerza presión sobre ella para sacar adelante su propósito. Ya convocó a una marcha nacional, a nuevas movilizaciones en el Distrito Federal -que, desde luego, no afectarán a terceros- y anuncia una segunda “asamblea informativa”. ¿Acaso quiere hallar en las calles lo que no encontró en las urnas? Si en verdad su movimiento es pacífico deje que la tranquilidad y la paz vuelvan al DF y al país, utilice los recursos que la ley le ofrece, y espere a que el Trife rinda su dictamen. Lo demás es agitación que nada justifica y que a ninguna parte lo conducirá… “¡Abran la caja, por favor! ¡Abran la caja!” -gritaba con desesperación la esposa del difunto en el momento en que el féretro descendía a la fosa. “Cálmese, madre, se lo ruego -le pide con emoción uno de los hijos-. Ya todos nos despedimos de él. Deje usted que papá descanse en paz”. “¡No! -clama la señora-. ¡Abran la caja! ¡Acabo de recordar que en la bolsa del saco trae las llaves del coche, y no tenemos duplicado!”… Aquel señor viajaba por ferrocarril. Le dice al conductor: “Quiero bajarme en Poopville”. Al pasar por ahí el conductor agarra al hombre y lo arroja violentamente al exterior. El infeliz cae todo maltrecho en el andén, y alcanza a oír que el hombre le gritaba: “¡Lo aventé, señor, porque en esta estación no se detiene el tren!”. A duras penas se levanta el infeliz, se sacude las ropas y toma su maleta. En eso llega el jefe de estación, lo agarra con rudeza y lo arroja por la ventana al interior del último vagón. El lacerado pasajero alcanzó a oír que le gritaba el hombre: “¡Lo aventé, señor, porque en esta estación no se detiene el tren!”… FIN.
9 de julio de 2006
Predicción cumplida
Reforma
8 de Julio del 2006
Julio de 1988. Jorge de la Vega Domínguez, presidente del PRI, se había comprometido a ganar con 20 millones de votos. Los diputados del Frente Democrático Nacional, después de la caída del sistema el 6 de julio, ya en San Lázaro, gritaban a voz en cuello: ¡20 millones de votos! ¡Ja, ja, ja! Manuel Bartlett, secretario de Gobernación, y Manuel Camacho, operador de Salinas de Gortari, los oían imperturbables.
Dieciocho años después la escena es grotesca: Manuel Camacho y, en menor medida, Manuel Bartlett, claman contra un supuesto fraude electoral. El mundo al revés. Por eso los diputados de Acción Nacional que todavía no están en San Lázaro, bien podrían corear el día que se instale la Cámara: ¡10 puntos arriba! ¡Ja, ja, ja! ¡500 mil votos! ¡Ja, ja, ja!
Esta imagen vale más que mil palabras. Comparar el sistema electoral que hoy tenemos con lo que ocurría hace 20 años no tiene ningún sentido. Los avances institucionales son tangibles y están a la vista: el Instituto Federal Electoral, el padrón electoral, la credencial de elector y lo más importante: son los ciudadanos quienes montaron las casillas, registraron a los votantes y, posteriormente, contaron los votos.
No sólo eso. Desde el domingo por la noche, todos y cada uno de los partidos tienen una copia de las actas que se levantaron en las casillas. Por eso el PAN y el PRI coincidieron en señalar que sus números no discrepaban de las cifras del PREP. En cambio, López Obrador y el PRD se han quejado de diversas irregularidades, pero no hacen referencia a las actas de la elección. A final de cuentas, ellos saben perfectamente que los números les son adversos. De ahí que AMLO se haya quedado callado frente al reto de cotejar las actas que le ha lanzado Felipe Calderón.
Y no, no había que ser pitonisa ni tener una bola de cristal. El personaje es muy predecible, terriblemente lento, tedioso y, repito, predecible. Por eso, la novena predicción que hice la semana pasada en este mismo espacio se ha cumplido cabal y puntualmente:
“Si AMLO pierde el 2 de julio por unos cuantos puntos no reconocerá el resultado. Denunciará un fraude electoral fraguado por el Gobierno de la República, los empresarios y otras fuerzas oscuras y malignas. Las manifestaciones y las presiones sobre el Tribunal Federal Electoral serán enormes. Su intención será revertir o el resultado o, en el peor de los casos, anular la elección. No le importarán los costos ni los riesgos. Su ambición y su obsesión están por encima de la patria”.
Pero y cómo podría haber sido de otra manera. López Obrador se negó sistemáticamente, a lo largo de toda la campaña, a reconocer una sola de las encuestas que le era desfavorable, ya fuere porque lo empataba con Calderón o porque lo situaba en el segundo sitio. Su respuesta fue siempre idéntica: esas encuestas están cuchareadas, “truqueadas”; la única verdadera y confiable es la que yo tengo guardada y me sitúa con una ventaja de 10 puntos.
Hay que decirlo claramente y entenderlo muy bien: no era una estrategia de desinformación o de comunicación. El Peje creía lo que decía a pie juntillas. Su convicción era tan fuerte que contagió a sus colaboradores más cercanos. Ellos también estaban convencidos de que su victoria era inminente. Calderón quedaría en la lona, noqueado por una diferencia de 6 a 8 puntos o incluso hasta de 10. Los más racionales armaron argumentos “sofisticados”: las encuestas no reflejaban la realidad porque los electores tenían miedo -efecto de la campaña negativa- y no confesaban su verdadera intención de voto. Lástima por Andrés Manuel y sus amigos incondicionales: la realidad era otra.
Pero el punto importante no está en el ilusionismo que creó el candidato de la Alianza por el Bien de Todos, sino en su incapacidad personal, psicológica, de entrar en contacto con la realidad y reconocer el mundo tal cual es, cada vez que le resulta adverso. Los resortes mentales de este personaje están a la vista: por una parte, tiene un componente mesiánico, iluminado, que le impide asumirse como un individuo común y corriente.
Porque alguien que tiene una misión superior y encarna fuerzas telúricas, divinas o cósmicas no puede sufrir una derrota ni una humillación como la del 2 de julio pasado. En su imaginación, AMLO siempre se ha concebido como un redentor exitoso, restaurando la República, persiguiendo herejes y anunciando la buena nueva (sonríe, la alegría está por llegar) que librará al pueblo del hambre y la miseria. Y lo fundamental: el destino de un Salvador puede ser glorioso o trágico, pero no ordinario. Los hombres superiores (Castro, Stalin, Hitler o Chávez) no se miden con la misma vara que el común de los mortales.
El otro rasgo fundamental de su personalidad es la paranoia. AMLO tiene un profundo complejo de culpa que se expresa en la desconfianza y en la certidumbre de que hay una conspiración en su contra. La idea del complot lo ha perseguido a la largo de toda su vida. Todo lo malo que le ocurre es parte de esa conjura. Él no es responsable de ningún error o pecado. Él nunca se equivoca, ni miente, ni traiciona. Detrás de cada fracaso o derrota no hay más que la conspiración de sus enemigos perversos. Ellos y sólo ellos son responsables. Han buscado destruirlo de mil maneras, pero él es indestructible.
No hay la más mínima posibilidad de que AMLO asuma su derrota y haga un examen de conciencia. Hacerlo vulneraría la estructura de su personalidad y podría llevarlo a un colapso mental y psicológico. Su respuesta será, en consecuencia, convertir esta lucha “justa” en la madre de todas las batallas. O para decirlo de otro modo, quien piense que está tratando con un político racional y pragmático que busca terrenos para la negociación y el acuerdo, está perfectamente equivocado.
Hay un elemento adicional, ése sí, de orden racional: Andrés Manuel sabe y entiende que ésta es su única oportunidad de alcanzar la Presidencia de la República. La victoria abrumadora de Marcelo Ebrard lo ha puesto contra las cuerdas. El nuevo jefe de Gobierno de la Ciudad de México es ya candidato a la Presidencia de la República para el 2012. Y en esa calidad, él va a ser, tal como hizo AMLO con Cárdenas en el 2000, el principal interesado en que el Peje pierda fuerza y poder. Vueltas que da la vida. Como te ves me vi; como me ves te verás.
Ésa es la confrontación que se avecina. No habrá tregua ni cuartel. AMLO va con todo y contra todos. Nada importa: ni la legalidad, ni las instituciones, ni la paz de la República. ¡Que arda México, le peje a quien le peje!
Paparruchas
Reforma - De Política y Cosas Peores
8 de Julio del 2006
Linda palabra es “paparrucha”. Lástima que la usemos tan poco, habiendo tantas. Una paparrucha es una tontería insustancial, desatinada. Dirá paparruchas, por ejemplo, quien todavía ponga en duda los resultados de la elección presidencial. No hay una sola evidencia que permita sustentar, ni aun en forma endeble, ese cuestionamiento. Observadores nacionales y extranjeros están acordes en señalar que ésta fue la jornada electoral más clara y transparente en la historia mexicana. Pretender enturbiarla no sólo es denigrar el trabajo de cientos de miles de mexicanos que participaron en el proceso, es también debilitar la todavía frágil estructura democrática de nuestra vida pública, cuya firmeza todos deberíamos buscar. También es paparrucha la exigencia de que se haga un nuevo conteo, voto por voto, de los sufragios emitidos. Son muchas las dificultades de todo orden que traería consigo volver a hacer un cómputo que ya se hizo varias veces, y que a final de cuentas seguramente rendiría el mismo resultado. Pero además ese procedimiento no es contemplado por la ley. Podrá abrirse tal o cual paquete electoral que muestre signos externos de manipulación, o cuyos números no coincidan con los de las actas emitidas, pero cada partido tiene las que se recabaron, debidamente firmadas por sus representantes y por los ciudadanos que estuvieron en cada casilla. Pedir que se abran todos los paquetes y se cuenten otra vez los votos, uno por uno, es petición desorbitada y sin base en la legalidad. Dicho de otra manera, es paparrucha. Las exigencias de López Obrador más parecen ya pataleta (no quiero decir patadas de ahogado, que suena demasiado duro), rabieta de quien creyó seguro el triunfo y lo perdió, que razonada protesta de quien tiene fundados elementos para pedir con justicia algo. Presente AMLO sus impugnaciones, haga valer los recursos legítimos que le correspondan, pero no pretenda imponer su voluntad sobre todos los mexicanos ni sobre las instituciones del País. Bien sabe él, bien saben sus incondicionales defensores, que perdió la elección. Dejen ya que el País vuelva a la paz y recobre su tranquilidad. La concordia y la unidad deben prevalecer por encima de los radicalismos y las ambiciones personales… Viene ahora un cuento que no entendí cuando me lo contaron. Analistas externos, sin embargo, me aseguran que es de color púrpura subido. Sugiero a las personas pudibundas que suspendan en este punto la lectura, lo cual podrán hacer sin cargo de conciencia, pues ya leyeron la orientación a la República… Este relato tiene lugar en un tren suburbano de Estados Unidos. En un vagón viajaban dos pasajeros nada más, hombre y mujer. El hombre era un redneck, inculto y majadero; la mujer, joven, era de tacón dorado, pero lo disfrazaba muy bien. El individuo iba borracho, y bebía cerveza tras cerveza en latas que arrojaba luego por la ventanilla. Empezó el rudo tipo a molestar a la muchacha. Se dirigía a ella con palabras groseras; le hacía sugerencias obscenas; la hostigaba en varios modos. Finalmente el sujeto sacó una caja de comida -era pescado- y empezó a comer en forma que daba asco, llevándose a la boca con los dedos los trozos de pescado. Cuando acabó arrugó la caja de cartón de la comida y se la arrojó en el rostro a la muchacha. Ella, con toda calma, tomó con una servilleta la caja de pescado, la arrojó por la ventana y luego accionó la manija del freno de emergencia. El tren se detuvo con chirriar de frenos. “-¡Idiota! -le grita el ebrio a la chica-. ¡Haber detenido el tren te costará una multa de 100 dólares!”. “-Posiblemente -replica ella-. Pero cuando el guardia de seguridad oiga lo que le voy a contar y te huela los dedos, eso te costará a ti 10 años de cárcel”… (No le entendí)… FIN.
Imaginando lo peor
José Manuel Villalpando
Abogado e historiador
Invito al lector a que haga conmigo un ejercicio de imaginación. Para ello, le pido que me siga paso a paso y que me permita llevarlo en un viaje por el tiempo: Imaginemos que estamos en el momento preciso de la elección presidencial, es más, ubiquémonos en el día previo al que democráticamente, la nación manifestará su voluntad para decidir quien será el presidente de la República. Todo el país está a la expectativa, pues la campaña electoral ha sido no solo efervescente sino hasta angustiante, con no pocos roces y golpes bajos, difamaciones y calumnias entre los contendientes, empeñados todos en conquistar el favor del electorado. Tres han sido los candidatos que han competido en esta elección. Para identificarlos, asignémosle a cada uno de ellos una letra. Tendremos así al candidato A, al candidato B y al candidato C.
Digamos ahora que el candidato A es el favorito del presidente de la República en turno; descaradamente, el jefe del ejecutivo ha hecho campaña a favor del candidato A, que es su candidato y el del partido en el poder. Pero no solo eso: se sabe que el candidato A, aprovechando su posición relevante como secretario de estado, ha creado redes de partidarios por toda la nación, financiadas, se dice, con el erario público. ¿Quién es el candidato A? La verdad que es un advenedizo, con pocos años de experiencia política. Ya participó en una elección pero fue derrotado. Sin embargo, al perder, salió ganando porque fue invitado al gabinete presidencial desde donde preparó por largo tiempo su candidatura. El candidato A es de buena y aristocrática familia, su apellido es de abolengo y sus finas maneras y educados modales llaman la atención. El presidente en turno, literalmente, lo adora, y como él no ha podido con el paquete de hacer avanzar al país en esta primera oportunidad de un gobierno democráticamente electo, está seguro que el candidato A si podrá hacerlo, máxime que se trata de un hombre distinguido y con buenas relaciones.
Veamos ahora al candidato B. Él es en realidad, un emisario del pasado, representante del régimen aplastado por la voluntad nacional. No oculta su predilección, públicamente reconocida, por las virtudes y bondades que tenía el antiguo orden de cosas. Es más, pregona que solo hombres como él tienen la capacidad y la experiencia de gobernar a este país que necesita de la tutela de gobiernos un tanto autoritarios. Personalmente no vale gran cosa, pero tiene la ventaja de que los hombres que en el pasado gobernaron ya no son nada en el horizonte político mexicano, cartuchos quemados diría en su lenguaje peculiar. El candidato B está orgulloso de su militancia tricolor, seguro de que la enseña patria pertenece por derecho a él y a los que forman su partido, en el que, aunque las disputas internas lo corroen, lograron ponerse de acuerdo para postularlo a la elección presidencial, con la creencia de que el prestigio que les da el llamarse defensores de la independencia y de la soberanía, les atraerá el número de votos suficientes para recuperar el poder y volver triunfantes al palacio para retornar a los modos y costumbres políticas de antaño. El candidato B abomina del presidente en turno, del candidato A y del partido que lo apoya, porque cree que son arribistas que por casualidad se adueñaron de la presidencia de la República, por lo que debe arrojarlos de ella y reconquistarla para quienes se sienten los verdaderos representantes de la nación mexicana.
Pero el candidato A y el candidato B tienen algo en común y no solo el hecho de que sus dos respectivos partidos se han entendido más o menos bien en algunos temas de interés nacional: deben vencer al candidato C y a su partido. El candidato C es un hombre con pocas luces, con gran dificultad para hablar, con ideas francamente peligrosas, calificadas de populistas. Dicen sus partidarios que es el ídolo del pueblo, que lo aplaude y lo sigue porque es parte de ellos, porque habla como ellos, porque piensa por ellos, porque sus propias limitaciones lo hacen sentirlo como si fuera de ellos. El candidato C no oculta sus deseos de ser presidente. En un hombre ambicioso que se ha rodeado de las más despreciables figuras políticas, cuyas ideologías son abiertamente contrarias al interés de una nación que acaba de obtener sus derechos y que está aprendiendo a ejercerlos. Los hombres del candidato C tienen además fama de corruptos, de ineptos y de aborrecer a las clases sociales acomodadas.
El candidato C amenazó con el estallido social si se le obstruía el acceso a su candidatura presidencial, por lo que, a pesar de que podrían haberlo metido a la cárcel, lo dejaron libre, con la intención de derrotarlo en las urnas. Por su parte, los hombres de su partido, formado esencialmente por tránsfugas de los otros partidos y por viejos luchadores de causas populares, no aceptan transacción alguna: quieren el poder absoluto para imponer sus ideas y para transformar al país conforme al modelo que imperativamente, aseguran, es el que desea la mayor parte de la población, aquella parte formada por los pobres y los desposeídos.
Imagine ahora conmigo el amable lector, que llegamos al día de la elección y que al filo de la media noche se dan a conocer los resultados. ¿Quién ganó en este escenario imaginario? Nada más y nada menos que el candidato A, quien obtuvo el 45% de los votos. En segundo lugar quedó el candidato C, con el 35% de los sufragios y por último, el candidato B solo alcanzó el 15%. En el conteo final, un 5% de votos fue anulado. Los resultados son inobjetables y la elección se desarrolló limpiamente. Sería de suponerse entonces, que los candidatos derrotados aceptarían los resultados electorales y que reconocerían de inmediato el triunfo del candidato A. Pero no, y antes al contrario, demostrándonos que este país no ha madurado políticamente y que todavía dependemos de los caprichos de los caudillos.
Sigamos con el ejercicio imaginario para ver lo que sucedió después: El candidato B, deprimido, desaparece por completo y sus voceros dicen que no se reconocerá el triunfo del candidato A porque su partido se niega a aceptar la derrota hasta que se hayan resuelto todas las impugnaciones, como si todavía alentaran esperanzas después de la paliza que les dieron en las urnas. En cambio, el candidato C se comporta de manera diferente: de inmediato acusa al candidato A y a su partido de haber hecho fraude electoral y conmina y arenga a sus seguidores a lanzarse a la resistencia civil y luego a la acción directa para impedir que el candidato A se convierta en presidente.
Entonces, los partidarios del candidato C se lanzan en efecto a las calles y plazas de las ciudades. Literalmente lo invaden todo ante el estupor de los demás ciudadanos que han sufragado libremente y miran como la autoridad es incapaz de contener la marea humana de la plebe que lo arroya todo a su paso. El candidato C está orgulloso de sus huestes y las exhorta a posesionarse de la capital y a presionar al gobierno, a las autoridades electorales, a las judiciales y al congreso. La plebe se enardece y decide asaltar las tiendas, los centros comerciales, las casas habitación de las familias acomodadas. Para colmo, la fuerza pública, obedeciendo a los amigos del candidato C, se pone del lado de los amotinados y contribuye a la violencia y a los saqueos. El gobierno cede ante la fuerza de los hechos. El candidato A renuncia públicamente a su triunfo, pero el congreso, más asustado aún, declara que su elección fue nula y que el verdadero vencedor de la contienda lo es el candidato C, a quien le entrega la constancia que lo acredita como el próximo presidente de la República.
Terminemos con ya con este dantesco ejercicio imaginario. Sepa el lector que estamos hablando del año de 1828 y no del 2006. Le daré algunas claves más: el candidato A es el general Manuel Gómez Pedraza, ministro en el gabinete del presidente Guadalupe Victoria. El candidato B es el general Anastasio Bustamante, antiguo trigarante y continuador de la obra de Iturbide. El candidato C es el general Vicente Guerrero, predilecto de las clases populares y quien se empeñaba en implantar en México las ideas masónicas norteamericanas. La historia narrada es absolutamente cierta: se le conoce como el “motín de la Acordada”. Esta fue la manera, ilegal e ilegítima, como Guerrero llegó a la presidencia de la República.
Y luego dicen que la historia no puede repetirse.
