21 de julio de 2006

López Obrador se queda solo

Diario ABC (España)
Editorial
20/07/2006

El líder populista mexicano Andrés Manuel López Obrador ha causado a su país un daño inmenso del que solo la sensatez de una inmensa mayoría podrá librarlo. México acababa de salir de más de un siglo de dictaduras en las que las elecciones eran procedimientos simulados que carecían de legitimidad, y cuando intentaba cimentar la solidez institucional para emprender firmemente el camino de la democracia, la irresponsable actitud de este dirigente político ha puesto al país en una situación de infarto y ha logrado minar el prestigio del Instituto Federal Electoral, que fue creado como la piedra angular del sistema político de México, tan dado a las suspicacias. López Obrador se ha comportado como la madre mezquina de la parábola salomónica y no le ha importado pedir que la espada parta en dos al hijo en disputa, antes que reconocer que los votantes han decidido que no era para él. Ha apostado por la calle, la pancarta y el griterío y ha sumido a un país entero en la incertidumbre diciendo que de todos modos no aceptará ni resultados ni sentencias, porque sigue afirmando que el proceso electoral estaba viciado desde el inicio. Pocas veces se ha visto en un país civilizado semejante despropósito político.

Como era de esperar, después de la confusión inicial el insensato dirigente se ha ido quedando solo, conforme se ha visto que sus denuncias carecían de solidez. Los países más importantes del mundo han reconocido la victoria de Felipe Calderón porque los observadores internacionales confirmaron que los comicios se desarrollaron de forma limpia y correcta y los resultados fueron proclamados legítimamente por el Instituto Federal Electoral. El recuento revisado en las urnas consideradas «dudosas» ha aumentado incluso la ventaja de Calderón, aunque, como era de esperar, los representantes de López Obrador insisten en contestar incluso los datos de este conteo minucioso. Al final, su terquedad no ha dejado más salida que enviar las reclamaciones al Tribunal Supremo Electoral, en cuyas manos está ahora la decisión final, que de todos modos no será la de recontar «voto por voto» como pretende el candidato derrotado.


Se diría que en estos momentos el único que no cree que México sea un Estado de Derecho es precisamente López Obrador, que sigue empeñado en tensar la cuerda amenazando con un estallido social, con la esperanza poco disimulada de lograr que se repitan las elecciones. Lo más probable es que los comicios se repitan, pero dentro de seis años, y es de esperar que para entonces la estrambótica figura de López Obrador solo sea un mal recuerdo de los mexicanos. Si esto es lo que ha hecho en las elecciones, ¿qué no habría sido si hubiera llegado a la Presidencia? Él mismo se ha encargado de confirmar los rumores que vaticinaban que a México y al continente americano les venía muy mal la radicalidad de un dirigente que, visto está, no sabe perder.

20 de julio de 2006

López Obrador comienza a perder seguidores

Ciro Gómez Leyva
Milenio - La historia en breve
18/07/2006

Hoy, la realidad le indica que sus 15 millones de votantes no lo van a seguir por arte de magia, ni a cualquier lugar ni a cualquier precio…

Frente a la fraseología y la superstición, siempre será útil salir a preguntarle a la gente qué es lo que piensa y luego ordenar sus respuestas.

GEA/ISA (la firma encuestadora que, a partir de los números que conocemos, obtuvo el mejor porcentaje de acierto en las elecciones de hace dos semanas) efectuó entre el 8 y el 10 de julio mil 152 entrevistas en domicilio, que arrojan resultados significativos.

En primer lugar, 15 por ciento de las personas que votaron por Andrés Manuel López Obrador piensan que las elecciones fueron limpias, y 8 por ciento no tienen opinión al respecto. Si esto se proyecta al mundo de carne y hueso, puede afirmarse que, nada más en el arranque de las impugnaciones, López Obrador perdió entre 2 y 3 millones de seguidores; 2 ó 3 millones de votantes que no creen en las pruebas de fraude que está presentando su candidato.

Relevante, también, es que sólo otro 15 por ciento, sólo otros 2 millones de personas que votaron por el abanderado de la coalición Por el Bien de Todos, están a favor de que se anulen las elecciones.

Y algo más: 23 por ciento, es decir, más de 3 millones de ciudadanos que sufragaron por López Obrador, no ven con buenos ojos la convocatoria a movilizaciones.

No sorprende, por lo mismo, que a la pregunta de por quién votaría si hoy se celebraran las elecciones, la ventaja de Felipe Calderón se amplíe a 8 puntos: derrotaría a López Obrador por 43 a 35. En la última encuesta de GEA/ISA previa al 2 de julio (difundida el 22 de junio), el panista superaba al perredista por sólo 2 puntos.

Cuando hace cuatro meses las encuestas comenzaron a marcar que el probable triunfo de López Obrador no sería holgado, e incluso estaba en riesgo, él descalificó esas mediciones. Ahí están las consecuencias. Hoy, la realidad le indica que sus 15 millones de votantes no lo van a seguir por arte de magia, ni a cualquier lugar ni a cualquier precio.

No todos los que votaron por López Obrador comparten la idea del fraude. Y 3 millones de ellos, 3 veces la gente que lo vitoreó el domingo en el zócalo, se oponen a la estrategia de trasladar a las calles un asunto que es dirimible en los tribunales.

Allá él si, por segunda ocasión consecutiva, no lo quiere tomar en cuenta.

¿A qué suena un fraude?

Denise Maerker
Excélsior - Atando cabos

20-07-06

El único que podrá determinar si hubo o no fraude en las pasadas elecciones del 2 de julio es por supuesto el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Lo que pensemos todos los demás es prácticamente irrelevante. Sin embargo, en nuestra vida social actualmente es un tema sobre el que se nos exige prácticamente que todos tengamos una opinión. Y es que este caso se ha convertido en un acto de fe, en una declaración pública de pertenencia a un grupo. Si queremos ser parte o ser considerados parte de un grupo determinado, ya sabemos cuál es la respuesta correcta. Pero más allá de los círculos más apasionados, la mayoría observa la discusión sin saber muy bien a qué agarrarse para responder a la pregunta: ¿Tú piensas que hubo fraude? Desde luego cualquiera de nosotros se puede hacer una opinión al respecto escuchando a las diferentes partes involucradas: IFE, coalición, PAN. Pero si queremos ir más a fondo, superando el nivel de la fe, ¿en qué elementos nos tenemos que fijar? Propongo esta lista de preguntas que todos se pueden hacer para responder si el 2 de julio existían condiciones para que se diera un fraude.

1) La composición de los órganos electorales. ¿Quién tiene a su cargo las elecciones? Durante años las elecciones estuvieron a cargo del Consejo Federal Electoral que encabezaba el secretario de Gobernación y donde invariablemente el PRI tenía mayoría. Hoy el IFE lo encabezan consejeros ciudadanos que independientemente de las críticas que se les puedan hacer han votado en muchos asuntos de manera dividida.

2) Organización de la elección: el 2 de julio. ¿Hubo denuncias sobre la instalación de las casillas? En elecciones competidas anteriores, las acusaciones sobre los temas más variados llovían desde el mediodía de la jornada electoral: que se había cambiado la ubicación de las casillas; que no se había permitido la presencia de los representantes de los partidos de oposición; en ciertas casillas se denunciaba tortuguismo de los funcionarios para desalentar la participación; enfrentamientos y violencia en ciertas casillas.

3) La experiencia personal. ¿Cómo vio la organización el día que fue a votar? ¿Qué le dicen sus amigos, familiares y vecinos? ¿Vio acarreo de votantes? El acarreo solía ser muy visible y denunciado desde el mismo día de la elección.

4) ¿Qué cuentan los medios? Desde luego es un tema difícil porque, durante años, salvo muy honrosas excepciones, no dijeron nada. Pero siempre ha existido al menos un periódico, una revista que consignara desde el día después de las elecciones las historias de cómo se impidió votar a algunos ciudadanos que tenían derecho; o se narraban las correrías de grupos que, haciendo ruido y sin vergüenza, iban a votar de casilla en casilla; los muertos que sufragaban; los vivos que habían sido convenientemente recortados del padrón y las urnas que estaban llenas desde la apertura de la casilla.

5) Los resultados. ¿En qué se basan los candidatos para declararse ganadores? En esta elección, por ejemplo, algún día nos tendrá que explicar Martí Batres de dónde sacó sus datos para gritar en el Zócalo, la misma noche del 2 de julio, que López Obrador tenía cuatro puntos de ventaja.

6) ¿En manos de quién se quedan los paquetes con la votación?

7) ¿En cuántas casillas la oposición tuvo presencia y por lo tanto copia del acta? Ayer el IFE dio a conocer que, el 2 de julio, en 95% de las casillas hubo representantes de al menos tres partidos y coaliciones.

8) El conteo. ¿Cómo y dónde se lleva a cabo la suma de los datos que contienen las actas?

9) ¿Qué opinión tienen de esta elección las personas a las que usted respeta? Por supuesto, en este caso la denuncia de López Obrador y de su equipo ha influido en un número muy importante de personas que simplemente creen en él.

10) ¿Cuántos partidos, además del que denuncia el fraude, están apoyando el movimiento de protesta? Aquí vale recordar que en 1988 el PAN y Clouthier se unieron al reclamo de Cuauhtémoc Cárdenas. Rosario Ibarra de Piedra, candidata del PRT que había rechazado unirse a Cárdenas, no aceptó el registro que le ofrecían y apoyó las protestas por el fraude.

11) ¿Cuál es la solidez de las pruebas de quienes reclaman el fraude? Este es un punto difícil. Como ciudadanos, no somos expertos. Sin embargo antes los partidos no tenían siquiera copias de las actas, para defenderse. Hoy el principal reclamo es que se falsificaron las actas. Y eso para el Tribunal es fácil de resolver. Existen muchas copias de las actas en manos de los partidos y de las autoridades.

12) Opinión de la prensa internacional. En estos casos la mirada exterior es muy útil.

Podría incorporar muchas preguntas más. El Cofipe es en realidad un fabuloso recuento del miedo al fraude. Todas las prohibiciones que establece surgen de lo más oscuro de nuestra historia. Por eso es voluminoso y complejo. Es un monumento a los fraudes cometidos anteriormente.

Al día de hoy no veo elementos claros de que hubo un fraude el 2 de julio pasado. No dudo que muchas actas contengan errores aritméticos, como los llaman, pero no logro ver cómo es que en 60 mil casillas o más los funcionarios ciudadanos, en presencia de los representantes de los partidos, pudieron haber actuado de manera organizada para dañar a un candidato.

El fraude solía oírse y verse claramente. Dejaba huellas. Ahora hay que buscarlo.


denise.maerker@nuevoexcelsior.com.mx

La carta de la violencia

Jorge Fernández Menéndez
Excélsior - Razones
20-07-06


Carlos Monsiváis inició su panegírico dedicado a López Obrador el domingo pasado recordando a José Stalin. No estuvo mal, pero, en realidad, para acercarse más al personaje en cuestión tendría que haber invocado a Benito Mussolini (cuántas similitudes en los desplantes del ex candidato con Il Duce, en el desprecio a las leyes y las instituciones, en el trato con sus colaboradores, en la visión del mundo en blanco y negro, en la manipulación de la gente, incluso en la copia de la Marcha sobre Roma tropicalizada como la Marcha sobre el DF) o a nuestros mucho más cercanos, en tiempo y espacio, Hugo Chávez o Fidel Castro. Porque López Obrador mismo reforzó esa imagen en su discurso cuando lanzó una grosera amenaza contra Felipe Calderón, su familia y sus allegados. Fue un exabrupto, equivalente a aquel "cállate, chachalaca", que le costó tanto electoralmente. Peor aún, lo hizo inmediatamente antes de convocar a la resistencia civil contra las elecciones y enmedio de carteles que, "con todo respeto", como diría AMLO, pregonaban: "Haz patria, mata a Felipe".

Fue tan burda, tan peligrosa, la expresión de López Obrador que al día siguiente trató de justificarla en una entrevista con Miguel Ángel Granados Chapa, donde sólo logró enredarse aún más. Sus operadores entonces recurrieron a un expediente extremo: en su página oficial de internet retiraron la frase en cuestión del discurso, como si ésta nunca hubiera existido (¿recuerdas, Monsiváis, cuando Stalin ordenó borrar de todas las fotos a Trotsky y Bujarin?) y comenzaron a negar que la hubiera pronunciado... pese a que estaba grabada y se había mostrado en prensa, radio y televisión.

Ese domingo, López Obrador llamó a la "resistencia civil" y dijo que el lunes informaría sobre cómo se desarrollaría la misma y quiénes la coordinarían. Hemos llegado al jueves y nadie sabe qué sucederá con ello, pero lo cierto es que un grupo de provocadores, el martes, siguiendo las instrucciones de su líder, agredieron a Calderón y sus colaboradores al salir éstos de un acto cerrado con un grupo de sindicalistas. Más grave aún, López Obrador, quien sigue quejándose de que no tiene espacio en los medios, tuvo una corta entrevista de 50 minutos con Carlos Loret de Mola y, cuando fue interrogado sobre el incidente, no sólo no lo lamentó ni rechazó esos hechos de violencia realizados en su nombre, sino que los justificó y agregó que se generalizarían si no se cumplían sus demandas. Como había dicho también el domingo otro futuro desempleado, Manuel Camacho, "las sonrisas se convertirán en puños" si no se acepta la demanda perredista que consiste, lisa y llanamente, en que se le otorgue el triunfo a López Obrador o se anulen las elecciones. Un día después, ayer miércoles, Alejandro Encinas tuvo que salir a decir que lamentaba el incidente e incluso que le ofrecía seguridad nada más y nada menos que de la SSP-DF a Calderón. ¿Quién dice la verdad: López Obrador amenazando a Calderón, su familia y sus colaboradores; Camacho amenazando con "los puños" de sus simpatizantes, el propio López justificando y advirtiendo sobre más agresiones o Encinas lamentándolas? Y que nadie nos diga que los provocadores son grupos de espontáneos, porque todos sabemos cómo mueve la estructura del PRD a esos contingentes y cómo con la sola palabra de López Obrador se podrían frenar las agresiones. Ayer mismo, a unas cuadras de donde fue agredido Calderón, otro contingente, pero éste encabezado por la ahora combativa Elena Poniatowska bloqueó las oficinas de Banamex.

En la misma lógica de lanzar un disparate tras otro, el lunes, López Obrador descubrió que lo que había dicho durante dos semanas consecutivas no era verdad. Dijo después del 2 de julio que se había dado un fraude cibernético y por eso no había sido detectado por los representantes de casilla y de partidos. Pero ya este lunes "descubrió" que siempre no, que hubo un fraude a la "antigüita", con relleno de paquetes electorales y urnas: ¿cuándo, cómo, en qué circunstancias, basado en qué pruebas? No lo dijo.

Lo que sucede es que si no hubo fraude cibernético (en parte porque no lo pudo justificar, ya no hablemos de probar) y se pasó al fraude a la "antigüita", el ex candidato queda peor: a la "antigüita" se podía hacer fraude porque ocurría lo que López Obrador quiere que se haga ahora: concentrar todos los votos en un solo lugar donde se pudieran manipular. Desde las reformas del 94, el IFE no sólo es autónomo, sino que además se pulverizó el conteo en las 135 mil casillas electorales para que nadie pudiera manipular los votos y el conteo y, si eso ocurría, sería en porcentajes que no alterarían la elección porque los partidos tienen representantes en todas las casillas y los funcionarios de las mismas son un millón de ciudadanos imposibles de manipular o corromper.

El martes, el IFE informó que en 95% de las casillas hubo por lo menos representantes de dos partidos y la coalición Por el Bien de Todos los tuvo en 85% de las casillas. Todos esos representantes firmaron y avalaron el conteo voto por voto. Y el domingo de la jornada electoral no hubo impugnaciones por irregularidades en la votación por el conteo en esas 135 mil casillas. El fraude a la antigüita, como ahora dice López Obrador, simplemente es imposible, salvo que se afirme que alguien logró corromper a un millón de ciudadanos elegidos aleatoriamente y a otro millón que representaba a los cinco candidatos participantes, incluidos los de López Obrador. Entre provocaciones, agresiones, amenazas, mentiras, es imposible no ir quedándose cada vez más solo.


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www.mexicoconfidencial.com

Fox Maquiavelo

Sergio Sarmiento
Reforma - Jaque Mate

20 de Julio del 2006

“Es doble placer
engañar al engañador”.
Maquiavelo

¿Dónde nos cambiaron a Vicente Fox? Como lo señalaba el lector Francisco Quiroz en un correo, los partidos de oposición, y en especial el PRD, han presentado al Presidente a todo lo largo del sexenio como un hombre torpe e ineficaz que difícilmente puede andar y mascar chicle al mismo tiempo. Ahora resulta, sin embargo, que los propios colaboradores de Andrés Manuel López Obrador lo describen como un político que habría envidiado el propio Maquiavelo.

Los integrantes de la alianza Por el Bien de Todos, efectivamente, nos dicen que el Presidente Fox ha realizado un fraude maquinado que habría dejado en ridículo a los grandes operadores políticos de todos los tiempos.

Según sus acusaciones, el Presidente primero nos habría hecho creer a todos que su candidato a la Presidencia de la República era Santiago Creel, cuando el delfín real era Felipe Calderón. Después de todo, no puede pensarse que quien ha montado una elección de Estado tan compleja como la que supuestamente hizo Fox hubiera permitido que un ex subalterno, a quien despidió de su gabinete por desobediente, le arrebatara la candidatura de su propio partido.

No sorprendería que Fox hubiese supuestamente comprado a los nueve consejeros del Instituto Federal Electoral. Es relativamente fácil cooptar a nueve individuos sin dejar huellas. Pero más complicado habría sido corromper a miles de consejeros de distrito y a decenas de miles de funcionarios de carrera del IFE, cuya complicidad habría sido imprescindible para ejecutar y ocultar el fraude.

En la conjura debieron haber entrado también miles de observadores electorales nacionales y cientos de expertos internacionales que los asesoraron. Sólo así se explicaría por qué, como dijo López Obrador, observaron todo pero no vieron nada.

Todavía más difícil debe haber sido meter en el fraude a los más de 100 mil representantes de la alianza Por el Bien de Todos que estuvieron en las casillas el día de la elección. Coincido con López Obrador: muchos pudieron haber sido comprados. Pero corromperlos a todos, especialmente si consideramos que en su mayoría se trataba de militantes o simpatizantes del PRD, debe haber sido una tarea monumental. Sin su complicidad, sin embargo, el fraude habría sido imposible, porque ellos hubieran asentado las irregularidades en actas de protesta que simplemente no se elaboraron. Lo más sorprendente es que se les corrompió sin que uno solo hubiese rechazado el pago y denunciado el intento.

De poco habría servido comprar a los representantes de la alianza si no hubieran estado también en la nómina unos 400 mil representantes de otros partidos y 900 mil ciudadanos funcionarios de casilla que, de otra manera, habrían sido testigos del fraude “a la antigüita” y lo habrían denunciado. La operación debe haber sido particularmente perfecta porque ni uno solo del más de millón de mexicanos que participaron en la elección ha dicho públicamente: “A mí me trataron de comprar, pero rechacé la oferta”.

El fraude, sin embargo, necesitaba todavía más para tener éxito. Había que comprar a los principales encuestadores del país para que sus sondeos y conteos rápidos se cucharearan y salieran empatados o con ligeras ventajas para Felipe Calderón. También había que corromper a los miles de representantes del IFE en las casillas desde donde se transmitieron los resultados del conteo rápido oficial que desde un principio dio una pequeña delantera a Calderón. Y en la compra había que incluir también a los respetados científicos que participaron en el comité técnico de este conteo rápido.

Mucho se ha hablado ya de ese algoritmo misterioso -que seguramente le ganará un Premio Nobel o un Premio Fields a su inventor- que transformó los votos de López Obrador en sufragios por Calderón en el PREP. Pero además de corromper a los operadores del programa y a los prestigiados expertos que lo supervisaron, debió aplicarse una increíblemente compleja operación para que el resultado del PREP correspondiera con casi total exactitud con el conteo rápido, con el recuento físico de las boletas que se hizo en las casillas y con la suma de actas que se llevó a cabo en 300 consejos distintos en el país. La precisión es especialmente sorprendente si tomamos en cuenta que, en los consejos, se abrieron y recontaron 2 mil 800 paquetes a instancias del PRD.

Yo tengo dudas muy serias de si realmente existió ese fraude de Estado, pero si tuvo lugar ya nadie podrá cuestionar al Presidente por su supuesta falta de inteligencia. Estaríamos, de hecho, frente a uno de los grandes genios de la historia. Después de todo, hacer un fraude no es difícil, pero hacerlo con tanta precisión, a pesar de las enormes salvaguardas del sistema electoral mexicano y sin dejar huellas, es algo que sólo una mente privilegiada podría lograr.

Pero ¿es verdad que no quedaron huellas? Por supuesto. Si las hubiera, López Obrador no estaría todavía tratando de decidir si el fraude fue cibernético o a la antigüita.

Descartado

Por lo pronto, los inversionistas están descartando que pueda haber problemas de fondo en México. Sólo así se entiende que la Bolsa Mexicana de Valores haya avanzado más de 5 por ciento ayer.

sarmiento.jaquemate@gmail.com

¿Dos Méxicos?

Germán Dehesa
Reforma
20 de Julio del 2006

En Estados Unidos hay muchísimos ricos, pero también muchísimos pobres; pero a nadie se le ha ocurrido hablar de dos Estados Unidos (¡imagínense!, si ya con uno nos va como nos va; claro que habría más espacio para la migración, pero creo que el mundo no resistiría la duplicación de los gringos). Del mismo modo, me parece apresurado y simplista que los académicos agarren nuestro maltratado mapa, tracen una línea imaginaria, pinten de azul lo de arriba, pinten de amarillo lo de abajo y declaren que hay dos Méxicos a punto de entrar en colisión a raíz de la pugna entre Felipe y Andrés Manuel (a) el Divino e Infatigable Verbo.

A mí, háganme el C. favor de no meterme en sus broncas y de no embarcarme en su sonsera de los dos Méxicos. Yo aprendí a querer a un solo México indivisible, explotado, clasista, discriminador, hermoso, transido de prodigios y de horrores, pero habitado siempre por un fulgor de amanecer. Yo conozco a mi patria de punta a punta. Viajo por su bronco territorio desde hace más de 50 años y en ningún lugar, llámese San Luis de la Paz, Guanajuato, o San Cristóbal, Chiapas, o Cd. Obregón, Sonora, o Monterrey (mi amado Monterrey), Nuevo León, y en pueblos y ciudades me he sentido como en mi casa y a veces hasta mejor, porque luego en nuestra casa nos tratan como si fuéramos perros de color café pastel. Entonces, no me vengan a mí con historias. Hay muchísimos fregados en el sur, pero el norte tiene también su buena cuota de miseria, pero en ambas direcciones he asistido a la formación, no tan veloz como uno quisiera, de una honrada clase media que carga en sus espaldas a todo el País y esto lo aceptamos de buen grado; pero además carga con una impresentable y lastimosa clase política que incluye a Niños Verdes, a líderes carismáticos, a burócratas del alarido y a dirigentes de Partido quienes, a la mera hora de los cocolazos, se van a la Riviera Maya (¿no habrán encontrado otro topónimo más mamón?) a descansar de sus inútiles, quizá inexistentes esfuerzos, o se ausentan para recorrer el camino de Santiago. Mantener a esta bola de babosos es lo que realmente nos trae tan enchilados.

Los pobres bien pobres no pagan impuestos, los ricos bien ricos, quizá por el mal ejemplo que les ponen los pobres, tampoco pagan, o no pagan lo que tendrían que pagar (una pregunta suelta: ¿Vázquez Raña, tan bien amado por la Presidenta, pagó lo que Excélsior le debía a Hacienda?); para el apetito de Paco Gil sólo quedamos los de la clase media, que tenemos que becar a ricos y a pobres. Esto sí da muina, o mohína, que es la palabra original que sólo sobrevive en el sustantivo mohín.

¿De qué color se pintan las clases medias?, ¿somos del México amarillo, o del México azul? Aunque nunca nos dejan hablar puesto que somos “burgueses” y “clasemedieros”, respondo que somos y queremos seguir siendo del México de todos los colores creados y por crear; de toda esa gama inmensa que nos proponen los contados amaneceres y los memorables atardeceres que la patria nos regala en nuestra corta, muy corta, existencia. Me da pena decirlo, pero el azul claro me parece el color de la cursilería y el amarillo lo recibo como mentada de madre. México es más, mucho más.

A nosotros los burgueses también nos duelen las cosas, también nos concierne México y también nos alarman las señales de violencia. Un lector tontísimo que se apellida Kindergarten o algo así me acaba de enviar un mensaje que dice: usted será el responsable de la sangre que se derrame. Diré como Siddharta: ¡ashingá!, ¿y yo por qué? Lo vuelvo a decir de una vez y para siempre: jamás festinaré ni justificaré la violencia de los azules, ni de los amarillos. Esto continuará.

[..]

german@plazadelangel.com.mx

Agresividad

Catón
Reforma - De Política y Cosas Peores
20 de Julio del 2006

Hay quienes se molestan al advertir las contradicciones en que continuamente incurre López Obrador. La última fue haber declarado en una entrevista radiofónica que el fraude electoral de que se dice víctima no fue cibernético -cosa que siempre había sostenido-, sino “a la antigüita”, cometido en las casillas el día de la elección. Seguramente sus asesores le hicieron ver la inconveniencia de afirmar tal cosa en vista de la naturaleza de las impugnaciones presentadas ante el Trife por el PRD. El caso es que AMLO se patraseó otra vez, para decirlo con expresión de uso en Tabasco, donde “patrasearse” equivale a recular, a desdecirse. Ahora López Obrador manifiesta que (siempre sí) el fraude fue cibernético… pero también a la antigüita. Algunos ven inconsistencia en el discurso del candidato perredista, y se preocupan por lo errático de su pensamiento. A mí eso no me inquieta. Lo que me intranquiliza es la creciente agresividad de sus palabras, y la condonación que hace de la violencia a que recurren sus partidarios para manifestar su descontento. No pudo ser más desafortunada la mención que AMLO hizo de la familia y los hijos de Felipe Calderón. Hay dos posibilidades: que en sus palabras López Obrador haya puesto una sugerencia de amenaza, en cuyo caso estaríamos en presencia de una canallada, o que no les haya dado intencionadamente esa connotación violenta, en cuyo caso estaríamos en presencia de un imprudente líder político que no piensa lo que dice ni mide el alcance de sus pronunciamientos. Ciertamente ninguno de los dos extremos favorece a López Obrador. Tampoco lo favorece la ligereza -cinismo, diría alguien más claridoso que yo- con que descalificó la preocupación suscitada por la acción violenta de algunos partidarios suyos que injuriaron y amenazaron a Calderón y atacaron el vehículo en que iba. No nos pongamos tan exquisitos, dijo. Desde luego es imposible que un líder controle a todos aquellos que le siguen, pero López Obrador no descalifica esas manifestaciones violentas, antes bien parece aprobarlas. Con eso hace más graves las tensiones que ha creado no con sus impugnaciones, que son un recurso legal, sino con su actitud de menosprecio a las instituciones y a la ley, y con su tolerancia a la violencia. Cuando en un movimiento aparecen carteles con la leyenda “Haz Patria, mata a Felipe”, tiempo es de preocuparse y de lamentar que México se vea en esta coyuntura. En recta conciencia nadie puede pensar que en manos así debe quedar este país… El detective le pregunta al asesino en serie: “-¿A cuántas personas mató usted?”. “-A cinco” -responde el criminal. “-Miente -le dice el investigador-. Excavamos en el sótano de su casa y encontramos 15 cadáveres”. “-Bueno -se justifica el hombre-. Tome en cuenta que soy contratista. Lo que le dije era solamente un estimado”… Estaban tres bebés en el cunero. Uno de ellos era Pepito. Le pregunta alguien al primer bebé: “-¿Eres niño o niña?”. “-Niña”. “-¿Cómo lo sabes?”. “-Porque traigo calcetincitos color de rosa”. Le preguntan al segundo bebé: “-¿Eres niño o niña?”. “-Niño”. “-¿Cómo lo sabes?”. “-Porque traigo calcetincitos azules”. Le preguntan a Pepito: “-Eres niño o niña?”. “-Niño” -responde él sin vacilar. Dice quien le preguntaba: “-¿Cómo sabes, si no traes calcetincitos?”. Y contesta Pepito: “-Porque tengo mis atributos tan grandes, que no me dejan ver si traigo calcetincitos azules o color de rosa”… FIN.

afacaton@prodigy.net.mx

No al tercer conteo

Enrique Canales
Reforma
20 de Julio del 2006

La agresión contra Felipe es una agresión contra el 60 por ciento de la población que no considera necesario hacer un tercer conteo porque ya contaron voto por voto los representantes del PRD en cada casilla y, luego, en los casos de dudas, ya se volvieron a contar voto por voto en cada Distrito Electoral. ¿Cuántas veces quieren contar? Andrés Manuel confirma que es un peligro porque está provocando las agresiones para aumentar su chantaje.

Por el mismo motivo que López Obrador pide ahora un tercer conteo total, también cualquier candidato podría pedir un cuarto conteo total. Pues el motivo es que AMLO no acepta lo que contaron sus representantes y los acusa de estar vendidos y coludidos, lo cual lo hace sujeto a ser demandado por difamación. Pero si El Peje ya no confía en el IFE, y dice que tampoco confiará en el Trife, a menos que se doblegue a sus caprichos, ¿a qué estamos jugando? A matar a la democracia e imponer la violencia.

Andrés Manuel nos ha insultado a todos, a Felipe, al IFE, al Estado, a las instituciones, y amenaza con soltar los demonios para destruir nuestra estabilidad política, económica y financiera, a menos que todos nos rindamos ante sus requisitos irracionales. Hasta parece que López Obrador le está aprendiendo a los maestros huelguistas de Oaxaca que solicitan sus demandas bajo chantaje destructivo. Cuidado. Los tranquilos también nos sabemos alborotar para defender a nuestras instituciones. Cuidado.

Tantas veces ha mentido Andrés Manuel, que parece otra gran mentira el decir que si se vuelve a contar voto por voto, ahora sí ya dejarán sus movilizaciones. ¿Quién le cree a su chantaje? Ya ha dicho que aunque el Trife confirme que Felipe ganó, de todas maneras no reconocerá el triunfo de Felipe. Estamos frente a un tiránico que busca hacerse su propia ley electoral. Precisamente la palabra privilegio significa el mandarse hacer una ley de uso privado y exclusivo.

Andrés Manuel ha criticado a los privilegiados, sin embargo, exige una ley particular: un privilegio, para contarle a él, otra vez voto por voto, so pena de agredirnos.

Andrés Manuel, para no aceptar su derrota, amplifica cada irregularidad. Como la ley se lo pide, el Trife debe aclarar cada una de las impugnaciones. Hasta ahora han resultado todas falsas o mínimas. Esperemos pues una determinación legal. Pero si AMLO de antemano aclara que no aceptará su derrota, ¿qué podremos esperar? Bueno, pues que retiemble en su centro la Tierra, aunque yo tenga que rentar un bridón.

Andrés Manuel, finalmente, apadrinó la agresión contra Felipe, pues en vez de condenar dicha violencia callejera de palabras y patadas, los autorizó, ¿cuál resistencia pacífica?, ¿a mentadas y puñetazos? Andrés Manuel es inconsistente, no duda del proceso electoral que le dio el triunfo a Marcelo Ebrard, pero enloda el mismo proceso electoral porque él no ganó.

Cuando una persona no acepta la realidad, no importa cuántas veces se podrán contar los votos, de nuevo va a encontrar motivos suficientes para no aceptar la realidad una y otra vez.

Podríamos pactar una segunda vuelta o modificar la ley electoral y sus procedimientos para que cualquier candidato que obtenga una votación, digamos del 3 por ciento menor al triunfador, pueda solicitar un triple conteo de votos y que toda esa logística ya se encuentre afinada por el IFE. Sería un gasto inútil, pues el resultado sería igual, salvo algunos mínimos errores.

enriquecss@gmail.com

19 de julio de 2006

Detener la crispación

La Jornada - Editorial (fragmento)
19/07/2006

La intimidación de que fue víctima ayer el aún candidato presidencial de Acción Nacional, Felipe Calderón Hinojosa, en el centro de esta capital, es una acción incivilizada, condenable por sí misma y porque contribuye a tensar los ánimos políticos, de por sí crispados, y a ahondar la polarización social. Es de lamentar que la dirigencia de la coalición Por el Bien de Todos no lo haya comprendido así y se haya negado a repudiar un conato de agresión que en nada ayuda a la causa de su aspirante presidencial, Andrés Manuel López Obrador, ni a la reivindicación de un nuevo recuento de los sufragios emitidos durante la cuestionada elección del pasado 2 de julio.

[..]

Repetimos que es muy significativo que incluso La Jornada condene en su editorial de hoy la agresión de que fue objeto Felipe Calderón el día de ayer, cosa que por ningún motivo quizo hacer AMLO.


¿Condenarán AMLO y el PRD a La Jornada por asumir esta postura y la acusarán de sumarse también al compló en su contra?

Problema de la Incredulidad - Magú

La Jornada
19/07/2006


Para nosotros la mayor incredulidad es ver que ya hasta La Jornada está pasando a formar parte del compló.

Los errores no se lavan, se pagan

Joaquín López Dóriga
Milenio - En Privado
19/07/2006


Ahí van, tras una causa, un enemigo y un mártir. Florestán

Ayer, Andrés Manuel López Obrador cometió un error que trató de ser subsanado con un comunicado de prensa del PRD, en el que se nos recomienda tener “la cabeza fría y el corazón caliente”.

Todo comenzó al mediodía, a la salida del encuentro de Felipe Calderón con los dirigentes del Congreso del Trabajo, en el Club de Periodistas: cuando unas ocho personas al coro de “¡voto por voto, casilla por casilla!”, se le cruzaron al subir a la camioneta, le gritaron e insultaron.

Una hora después, con Carlos Loret de Mola en una entrevista, López Obrador volvía a mostrar su dificultad para desmarcarse de lo que tiene que deslindarse, al negarse a condenar la agresión.

—¿Justifica usted lo que pasó esta mañana? —le preguntó Loret.

—No, no, no lo justifico —le contestó—. Sencillamente lo explico. Sí es un fenómeno que se está dando porque hay mucha inconformidad en la gente; la gente fue burlada, no se respetó la voluntad de los ciudadanos...

—¿Condena usted los hechos de esta mañana contra Felipe Calderón...?

—No, no, no, no. Condeno el fraude electoral y me explico...

—¿No condena que haya una agresión física, verbal, una increpación directa a un candidato presidencial?

—No, no, no, Carlos. A ver —le reviró—, ¿tú condenas el fraude electoral?

—Otro día, si quiere, me hace una entrevista....

—No, no, no (...). Un comunicador como tú, en un país democrático, después de ver (el fraude), te dedicarías a repetir, cada vez que tuvieses un micrófono enfrente, de que esto es inaceptable (...). Tú me pides condenar (el ataque a Calderón) y yo condeno el fraude electoral porque es el resultado de una inconformidad legal, legítima, esto es, legítima defensa.

Y el diálogo siguió, ríspido, una hora más en la que López Obrador no quiso desmarcarse de lo que tenía que haberse desmarcado.

Por lo demás, los hechos de Filomeno Mata son expresión del riesgo de convocar a la resistencia civil y no decir de qué se trata.

Retales

1. LOS PUÑOS. Preocupante, la declaración de Manuel Camacho sobre el cambio de sonrisas por puños. Ayer se vieron los primeros;

2. MANDA. En medio de conflicto postelectoral no se entiende, bueno, quizá sí, que Manuel Espino se haya ido de vacaciones a España, abandonando la plaza y al candidato de su partido. Por más mandas que se invoquen, la generosidad del apóstol Santiago no alcanza; y

3. DURÍSIMO. Alfonso Durazo no será senador. Sólo logró 16 por ciento de los votos, López Obrador en la presidencial llegó hasta 26 por ciento en Sonora. Como primera fuerza sonorense en el Senado quedó el PAN, luego el PRI y al final, el PRD. En la presidencial primero Calderón, segundo Andrés Manuel y tercero Madrazo.

Nos vemos mañana, pero en privado.

¿Luz verde a la violencia?

Yuriria Sierra
Excélsior - Nudo Gordiano
19-07-06


Ayer sucedió lo que todos temíamos: se registró el primer acto de protesta no pacífica y se dio, precisamente, en contra de Felipe Calderón. Un pequeño grupo de mujeres le gritó hasta de lo que se iba a morir y golpeó en repetidas ocasiones la camioneta en la que el candidato del PAN se disponía a abandonar el Club de Periodistas (en donde éste había sostenido una reunión previa). Preocupante manifestación de los simpatizantes de López Obrador, pero mucho más preocupante fue la respuesta de éste cuando Carlos Loret de Mola lo cuestionó sobre el hecho.

No, pero sí. "No estoy de acuerdo con estas situaciones, pero no se puede agraviar la voluntad de los mexicanos". No estoy de acuerdo, peeeeeero sí: ese es el fondo y la forma de la respuesta que Andrés Manuel ofreció a Loret acerca de la agresión cometida por sus simpatizantes en contra de Felipe Calderón. No se puede agraviar a millones de votantes, añadió. ¡¿Maaaande?! ¿Y qué hay sobre el agravio que él podría estar cometiendo en contra de los 27 millones que no votaron por él? ¿Eso les daría luz verde para insultarlo y golpear su camioneta? Como líder de ese movimiento de protesta, que él mismo había anunciado como "resistencia civil pacífica", López Obrador está obligado a serenar a sus huestes y esperar a que el TEPJF estudie y resuelva las impugnaciones presentadas por su coalición. Pero, lejos de ello, está mandando un clarísimo mensaje a sus seguidores: "Obsérvese, pero no se cumpla", en lo relativo a la condición pacifista de su movimiento. Qué grave, qué irresponsabilidad histórica está mostrando quien habría podido convertirse en la figura más importante y emblemática de la izquierda en el México moderno. Pero, contrario a ello, López Obrador insiste en regresar a la izquierda mexicana a los tiempos de la premodernidad más indeseable. ¿Será que el PRD está dispuesto a que el electorado los vuelva a castigar por violentos y amenazantes?

No, pero sí (bis). También dentro del PRD existen visiones encontradas. La de los ganadores contra la de los perdedores. Baste ver el comunicado que la coalición emitió tras los actos de violencia en contra de Calderón, en el cual prácticamente culpó a éste del embate sufrido. Contestan: "La agresión de hoy no fue promovida por nosotros, pero es una respuesta a las constantes provocaciones del candidato del PAN, de su partido y de la cúpula empresarial. Hay que recordar que el panista respondió, a la exigencia de contar voto por voto, que no aceptaría chantajes". Sin duda, en el PRD ya se sienten las tensiones entre esta ala "ruda" que llama a "tensar la cuerda" tanto como sea necesario, y el ala que, necesariamente, a raíz de los triunfos legislativos obtenidos, es la menos interesada en que al partido del sol azteca se le vuelva a identificar con la violencia y la falta de respeto a la legalidad. Veremos pronto, cuando sea tiempo de definir gabinete en el GDF y coordinadores de bancada perredista tanto en San Lázaro como en Xicoténcatl, si los perredistas ganadores están dispuestos a perder lo ganado, por tratar de hallar lo perdido…

Addendum. Si AMLO cree que esta es la bandera que necesita (la de "¡fraude, me robaron la elección!") para poder seguir políticamente vivo hasta 2012, más vale que se acuerde de Cuauhtémoc, quien al mismo son fue perdiendo cinco puntos cada seis años. Y que se acuerde de Cuauhtémoc, quien, por cierto, perdió frente al entonces jefe de Gobierno capitalino: uno que se llama Andrés Manuel López Obrador…


yuriria_sierra@yahoo.com

La mayoría absoluta percibe que Calderón ganó limpiamente: encuestas de GEA-ISA y BGC

Francisco Báez Rodríguez
Crónica
19 de Julio de 2006

La mayoría absoluta de los ciudadanos percibe que Felipe Calderón ganó limpiamente las elecciones, mientras que la estrategia de Andrés Manuel López Obrador le está haciendo perder simpatizantes, de acuerdo con sendas encuestas postelectorales de GEA-ISA y BGC Ulises Beltrán y Asociados.


La encuesta de GEA-ISA es en viviendas, y fue levantada del 8 al 10 de julio; es decir, una semana después de los comicios. La de BGC es parte de un seguimiento telefónico, con levantamientos el 7, el 13 y el 17 de julio. Reportamos los datos del más reciente. Los datos de las encuestas preelectorales de estas dos empresas fueron los más cercanos al resultado final de la elección presidencial, de acuerdo con las actas distritales.

Según la encuesta de BGC, predomina la percepción de que Felipe Calderón es el ganador legítimo de la elección presidencial. Así lo considera 64% de los encuestados, mientras que 26% opina que el ganador fue Andrés Manuel López Obrador.

La casi totalidad de los votantes panistas, el 72% de los votantes priistas, así como dos tercios de los independientes, comparten la idea del triunfo limpio de Calderón. 17% de los votantes de AMLO consideran que el panista ganó la contienda.

El 25% de la población le cree a López Obrador cuando afirma que él ganó y hubo fraude. Divididos por simpatía partidista, resulta que el 71% de los votantes de la coalición Por el Bien de Todos le cree a su candidato.

Siempre de acuerdo a BGC, en términos de la población en general, se mantiene favorable —e incluso creciente— la confianza en el Instituto Federal Electoral y en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Sin embargo, dos terceras partes de los perredistas tienen poca o nula confianza en el IFE, frente a 27% de ellos que sí confía en esta institución y 4% que no contesta. En el caso de TEPJF la situación es similar: 53% de los perredistas confía poco o nada en el tribunal.

La encuesta de BGC pregunta sobre si el gobierno del presidente Fox desarrolló una estrategia de fraude en contra de López Obrador. La respuesta de la población es clara: dos tercios afirman que no. En el caso de los votantes de AMLO, la proporción se invierte: 2 de cada 3 piensan que sí hubo tal estrategia.

Finalmente, las movilizaciones organizadas por López Obrador han empeorado la imagen del candidato de la Coalición Por el Bien de Todos, según BGC. El margen es amplio entre simpatizantes del PRI y del PAN. En este caso, los votantes perredistas se dividen. 30% de ellos se encuentra entusiasmado, otro 30% está de acuerdo, 20% se mantiene neutral y 20% está en desacuerdo y empeora la imagen del candidato por quien votó.

Los resultados de GEA-ISA tienen varias similitudes. La mayoría absoluta ve a Calderón ganar limpiamente, en elecciones equitativas. El 84% de los perredistas ve ganar a su candidato (aunque menos de la mitad de ellos dice que las elecciones no fueron equitativas).

Estas proporciones se mantienen cuando GEA-ISA pregunta acerca de la pertinencia de contar "voto por voto". La casi totalidad de los panistas está en contra, así como la mayoría de los priistas. Pero el 68% de los votantes de AMLO opina que hay que hacerlo, frente a 20% que acepta que los votos ya se contaron y 12% que no sabe.

A diferencia de la encuesta de BGC, GEA-ISA observa un deterioro en la percepción sobre el IFE. Si bien la mayoría absoluta considera que esta institución garantiza la imparcialidad en las elecciones federales, 36% de la población opina que no. Estos son tres cuartas partes de los votantes de López Obrador y un tercio de los electores de Madrazo. También en esta encuesta, el TEPJF tiene amplio reconocimiento, pero es menor entre los simpatizantes de AMLO, ya que sólo 44% de ellos lo percibe como imparcial, frente a 32% que opina que es parcial y 24% que no sabe o no contesta.

El llamado de AMLO a las movilizaciones también es analizado en esta encuesta, e igualmente, resulta en un repudio mayoritario entre la ciudadanía. Pero, al igual que en la otra encuesta, un mayoría de perredistas está de acuerdo en la convocatoria. Significativamente, 23% están en desacuerdo y sólo la mitad está dispuesta a participar.

En ambas encuestas, la posición de los votantes del PRI se encuentra en un lugar intermedio entre panistas y perredistas. En términos generales, dos de cada tres priistas se inclinan a los puntos de vista predominantes en el grupo de votantes de Calderón, mientras que el otro tercio se inclina a la visión de los votantes de AMLO.

El dato más significativo, es que entre el 17 y el 35% de los votantes de López Obrador se han desmarcado de sus puntos de vista y no coinciden con la actitud postelectoral de su candidato. Esto quiere decir que AMLO ha perdido entre 3 y 4 millones de votos en estas dos semanas.

De hecho, GEA-ISA preguntó, una semana después de los comicios, "si hoy se celebraran las elecciones para Presidente, ¿por cuál candidato votaría usted?". Calderón obtuvo 46%, López Obrador 38%, Madrazo 14% y los otros candidatos 2%.

Aunque, claro, tal vez lo que menos le interese a López Obrador ahora sean los votos, porque -según las mismas encuestas- tiene más de 7 millones de seguidores duros.

* Los datos metodológicos de las encuestas de GEA-ISA y BGC Ulises Beltrán y Asociados se pueden encontrar en las respectivas páginas web de las empresas:

Todo o nada

Raymundo Riva Palacio
El Universal - Estrictamente personal
19 de julio de 2006

Detrás de toda la estrategia política de Andrés Manuel López Obrador se encuentra el solo objetivo de anular la elección presidencial

Andrés Manuel López Obrador, el gran mago de la comunicación política, cometió un desliz en una entrevista que le hizo el periodista Miguel Ángel Granados Chapa el lunes en Radio UNAM, que reflejó el fondo de su protesta por los resultados de la elección presidencial. Si se hiciera el recuento de voto por voto y perdiera en ese nuevo cómputo, admitió, no reconocería la victoria de Felipe Calderón. La interpretación política es clara: si no gana la elección, por más legal y legítima que sea su derrota, no reconocerá el triunfo del vencedor. La premisa básica democrática que se gana o se pierde por un voto, es una cultura que en sus dichos, López Obrador no reconoce. Por eso, más relevante para el futuro mexicano es lo que significan sus palabras dentro de la lógica jurídica en la impugnación de la elección.

Esa proyección freudiana ayuda a comprender en toda su magnitud la estrategia jurídica que sigue el PRD en su juicio de inconformidad ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), presentado apresuradamente el lunes de la semana antepasada en el que impugnaron 184 distritos, en 183 de los cuales se consideran reclamos "ortodoxos" y referidos al mismo día del proceso electoral, y uno "heterodoxo", que es el llamado "juicio líder" que fue presentado en el Consejo Distrital 15, en el Distrito Federal. Esos 184 distritos concentran 26 mil casillas, que son las que necesitaría, en caso de probar irregularidades, para anular la elección, pues como implícitamente reconoció ante Miguel Ángel Granados Chapa, los votos no le alcanzan para derrotar a Felipe Calderón.

La versión oficial del PRD y de todos los voceros de Andrés Manuel López Obrador es que no quieren anular la elección sino el recuento de votos, en contradicción con la suma de las cláusulas con las que abre y cierra el juicio de inconformidad. El documento de impugnación consta de tres partes sustanciales que fueron redactadas por diferentes personas. La parte más débil es la segunda, con probabilidades de que se declare improcedente, referida a las irregularidades en las casillas el día de la elección, y redactada por los leales lugartenientes de López Obrador, Manuel Oropeza y Alberto Pérez Mendoza, responsables de la estructura electoral que fracasó al no tener representantes en más de una tercera parte de las casillas. La tercera es la que conecta a los 183 juicios "ortodoxos" con el "heterodoxo", redactada por el representante del PRD ante el IFE, Horacio Duarte, y que permite la conectividad que llevaría a la anulación de la elección presidencial, pues si es exitosa la impugnación en el Consejo Distrital 15, en automático se haría válido para el resto de las casillas reclamadas.

La primera parte del juicio de inconformidad, el presentado en el Consejo Distrital 15, es lo fundamental. Son 56 páginas donde se establece la protesta de la elección presidencial y se alegan las causales para la nulidad abstracta por razones de inequidad, certeza e independencia en el proceso. Estuvo redactada por tres personas altamente calificadas y profundamente conocedoras de las leyes electorales vigentes. La cabeza es Arturo Núñez, quien fue fundador del IFE y bajo cuya supervisión el finado José Luis Lamadrid redactó las leyes electorales. Junto con él participan Fermín Pérez Montes, quien cuando Núñez fue secretario general del IFE, él fue coordinador de asesores del entonces secretario general del instituto, Agustín Ricoy Saldaña, y Ricardo Monreal, uno de los responsables de las redes ciudadanas de López Obrador, y que en aquellos años, como diputado, participó en la construcción legal del órgano electoral.

Núñez fue llamado de urgencia a la ciudad de México para encabezar el equipo jurídico sobre el cual finca López Obrador su esperanza ya no de ganar la elección, sino de que Calderón no sea declarado Presidente electo. El alegato central ante el TEPJF será que vaya más allá de lo que dice la ley, como en el caso de Tabasco, cuando anuló la elección para gobernador, y de Yucatán, cuando obligó al Congreso local a reconocer al Consejo Electoral. Trabajo difícil, pues no sólo carecen de apoyos suficientes para respaldar la causal de nulidad abstracta, como es el caso de la débil documentación en cantidad y calidad para argumentar irregularidades determinantes el día de la elección, sino también porque varios de los argumentos iniciales de López Obrador se han venido cayendo.

Uno de ellos lo expuso con Granados Chapa, el llamado fraude cibernético, al reconocer que estaba equivocado y que el PREP, el Programa de Resultados Electorales Preliminares, tal y como desde un principio lo señalaron el IFE y la UNAM, no fue alterado. Otro escollo que enfrentarán es que algunos de los elementos para respaldar la causal de nulidad abstracta es que el tribunal electoral podrá no sólo contemplar las impugnaciones del PRD, sino ubicarlas en su propio contexto a fin de determinar si son válidas y determinantes en la afectación de la elección. En este caso se encuentran, por ejemplo, las impugnaciones sobre los gastos de campaña, al presentar los de Calderón en los medios de comunicación como uno de los factores que alteraron la elección. Este punto, sin embargo, será uno de los ampliamente debatibles.

De acuerdo con el IBOPE, la empresa que también el PRD utiliza como fuente de información en su juicio, Calderón no fue quien tuvo mayor impacto en televisión a lo largo de la campaña, identificado como share of voice. Según un análisis de los datos, los spots del PRD totalizaron 35% del total, seguido del PRI con 34%, y el PAN con 31%. Una de las discusiones será no sobre impacto, sino sobre gasto, lo que tendrá que discernir el TEPJF. Para el PRD, Calderón gastó más dinero que López Obrador. El análisis de los datos de IBOPE muestra que el PAN colocó 65% de su total en televisión en horario estelar, contra 60% del PRD y 58% del PRI.

Otro obstáculo radica en que probablemente el TEPJF analice en paralelo el impacto que tuvieron en el electorado factores de la campaña de López Obrador como cuando le dijo "chachalaca" al presidente Vicente Fox, o el no haber ido al primer debate. Igualmente podrán enfrentar análisis comparativos cuando el tribunal revise la intromisión de Fox en la campaña electoral, y encuentre que a cada acción de Los Pinos, hubo una reacción de López Obrador. Cuánto de ello pesará en el balance final de los magistrados electorales, no se sabe. Lo que sí se puede anticipar es que la petición de que el tribunal vaya más allá de lo que dice la ley se cumplirá, aunque no necesariamente, visto en el horizonte, se puede afirmar que beneficiará finalmente a López Obrador.


rriva@eluniversal.com.mx
r_rivapalacio@yahoo.com

PRD: ¿qué pasó?

Ricardo Alemán
El Universal - Itinerario Político
19 de julio de 2006

La candidatura de la mal llamada "izquierda mexicana" se volvió la réplica del culto a la personalidad

Apaciguados los ánimos, fuera del reflector, y recuperada la serenidad, algunos de los hombres que estuvieron cerca de AMLO -y que seguirán estando cerca por lo menos hasta la declaratoria de presidente electo- han iniciado el recuento de los daños que arrojó contra su causa la elección del pasado 2 de julio.

"La verdad es que perdimos", dicen sin más. Y enumeran una larga lista de causales que debilitaron en los dos o tres últimos meses de la contienda a la que era "una candidatura ganadora". En primer lugar aparece un asombroso exceso de confianza, "perfectamente explicable" porque el motor y el centro de la campaña era López Obrador, el líder social y político que luego de Cuauhtémoc Cárdenas no había conocido el PRD. Todos querían estar cerca, ganarse su confianza, ser vistos, congraciarse con sus decisiones, porque todos creyeron que el 2 de julio sería sólo un trámite. La candidatura de la mal llamada "izquierda mexicana" se convirtió en una réplica del culto a la personalidad que tanto criticó la izquierda de antaño.

Se llegó a extremos como los de iniciar feroces batallas intestinas, entre los primeros círculos concéntricos de la única fuente de poder -que no era otra que AMLO y sólo AMLO-, por las posiciones en el futuro gabinete. Esa guerra en la parte de arriba de la campaña presidencial -que ya se disputaba secretarías de Estado, los liderazgos en el Congreso y todas las fuentes de poder real- dejó en el olvido la organización de los grupos de abajo, de los miles o millones de simpatizantes, potenciales electores, a los que sólo se les alimentó con la palabra, la promesa, el eslogan facilón: "sonríe, vamos a ganar", que se ofrecía en mítines multitudinarios.

Se comprobó, otra vez, que sin organización de base, sin recursos económicos derramados en táctica, estrategia y logística, de poco sirven las plazas llenas. El colmo fue que el PRD o la coalición Por el Bien de Todos, no logró más de 70% de representantes de casilla en el país, cuando AMLO fue el candidato que más plazas llenó, que más municipios, entidades y regiones del país visitó. Pero eso ya no sorprende. En todo caso lo llamativo es que aún sin los mínimos de estructura, con las ambiciones desatadas en torno a AMLO, y con el exceso de confianza que provocó la cercanía del poder, López Obrador se haya quedado a un milímetro del triunfo. Eso habla muy bien de la eficacia de su liderazgo social, pero muy mal de su capacidad organizativa.

Un ejemplo que puede servir de contraste. En el 2000, el motor del PAN fue el liderazgo de Fox, pero lo acompañó una estructura humana, logística, técnica y financiera, a cuyas prioridades se sometía el candidato Fox. En el 2006, los hombres, las estrategias, la logística, dependían de las ocurrencias o "del olfato político de Andrés Manuel", olfato y ocurrencias que servían para impactar en el electorado, pero no para garantizar que se reprodujera el mensaje y, sobre todo, que la gente acudiera a votar. El trabajo de "los otros", de ese puñado de oportunistas que se colgaron del liderazgo de AMLO, sólo fue ese, el de aquellos que sabían que tenían en las manos un producto que se vendía solo. Pero no se preocuparon por que la marca se hiciera necesaria e indispensable. Lo vendieron una vez, pero ya no regresaron para ofrecerlo de nuevo.

Pero además, las redes ciudadanas, que en los primeros meses fueron un fenómeno social emergente, se convirtieron en pequeños feudos de poder -en la mayoría de los casos nutridos de ex priístas resentidos-, que pelaron a nivel municipal y estatal por el control de la nueva franquicia. En efecto, se ganaron muchas adhesiones con las llamadas redes ciudadanas, pero la suplantación de los viejos cuadros de perredistas por cuestionables ex priístas terminó por romper las estructuras tradicionales de la izquierda -en los municipios y los estados-, las cuales se convirtieron en promotores del voto contra AMLO. Se privilegió lo cuantitativo sobre lo cualitativo a la hora de sumar adherentes, liderazgos y hasta candidaturas. Municipios y regiones estatales enteras fueron arrebatadas a los históricos perredistas, para entregarlas a ex priístas, al grado que la rebatiña por el voto era, en esos municipios y regiones, entre dos o más facciones del PRI.

En el DF se vivió una paradoja. AMLO ganó, pero también perdió. Es indiscutible que una mayoría de quienes votaron por el PRD en cargos como jefes delegacionales, diputados a la Asamblea Legislativa, diputados federales y senadores, fueron movidos por la influencia y la presencia de AMLO. Pero ese fuerte impacto, que también daba por descontado el triunfo arrollador en la capital del país, llevó a la mayoría de candidatos a "echarse en la hamaca". En el DF el mérito también es de los electores, de los creyentes de AMLO, más que de los otros candidatos. El mejor ejemplo es Marcelo Ebrard, cuya campaña altamente deficiente le restó a López Obrador un importante caudal de votos.

Al final de cuentas, pronto se producirá un recambio en el PRD, una vez que se confirme que los verdaderos centros de poder quedaron lejos del alcance de AMLO, y que grupos como Los Chuchos, entre otros, ganaron espacios que los pueden convertir en hegemónicos. Poco a poco se alejarán de AMLO, sobre todo si insiste en la violencia. Al tiempo.

aleman2@prodigy.net.mx

A la antigüita

Juan Molinar Horcasitas
El Universal
19 de julio de 2006

Andrés Manuel López Obrador ha venido variando los argumentos que utiliza para explicar su conducta. No es fácil entender la lógica de los mismos, pues no la tienen. Y lo peor es que, con argumentos infundados, ha decidido escalar el conflicto y rebajar el lenguaje. Veamos.


Los días previos a la jornada, AMLO se comprometió a respetar los resultados de la elección que informase el IFE, así perdiese por un voto. Ni falta hace decir que eso ya se derrumbó. López Obrador ya ha dejado en claro que simplemente no cumplirá su palabra. No lo hace porque los resultados no cumplieron sus expectativas. Punto.

El mismísimo domingo 2 de julio, por la tarde, su coordinador de campaña, y los presidentes de los partidos que formaron la coalición que lo apoyó, declararon que la jornada había sido limpia. Más que eso: ejemplar. Poco después, ese mismo coordinador de campaña se ha referido en términos muy distintos a la elección. ¿Por qué cambió de opinión? Porque los resultados no se ajustaron a sus expectativas. Punto.

Pasada la elección, y ante la evidencia que proporcionaban tanto el PREP como el conteo rápido (que ellos conocieron, aunque no se divulgó) tomaron la ruta que han aplicado: escalar el conflicto y rebajar el lenguaje. Inicialmente, evitaban usar la palabra fraude, porque quedaba claro que todo mundo sabía que la elección había sido limpia. Encontraron, entonces, una salida: pedir que en las sesiones de los 300 consejos distritales que sesionaron el miércoles y el jueves se realizara un recuento voto por voto, acta por acta, aunque sabían muy bien que la ley no lo permitía y que el Tribunal ha emitido muchas sentencias que forman ya una robusta jurisprudencia en ese sentido. El IFE aplicó la ley y abrió los paquetes en los que las condiciones de ley que no sólo lo permiten, sino que incluso lo prescriben. ¿Qué pasó? Que en los 2 mil 824 paquetes que se abrieron y en los que se realizó un recuento boleta por boleta, el margen de victoria de Calderón sobre López Obrador no se redujo, sino que aumentó en poco más de mil votos. ¡Menudo chasco! ¿Porque no han hablado de esto? Porque los resultados de ese ejercicio no se ajustaron a sus expectativas. Punto.

Días después, los observadores nacionales y los visitantes extranjeros ratificaron lo que millones de mexicanos vimos: que la elección fue limpia. Las declaraciones de las misiones de la Unión Europea y de la ONU fueron particularmente firmes. ¿Qué dijo AMLO? Que los observadores no vieron. ¿Por qué? Porque sus conclusiones no se ajustaron a sus expectativas. Punto.

Pero de que la perra es brava, hasta a los de casa muerde. López Obrador presentó un par de videos en los que supuestamente se probaba el fraude. Otro fiasco. Los participantes de los videos, las autoridades, y sus propios representantes de casilla lo desmintieron. ¿Qué dijo AMLO? Que habían sobornado a sus representantes. ¿Por qué dijo algo tan grave como eso? Porque los resultados no se ajustaron a sus expectativas. Punto.

Hace unos cuantos días, AMLO y su gente sacaron una historia inverosímil: el PREP presentó resultados que habían sido alterados mediante un algoritmo que favorecía a López Obrador. La "evidencia" que presentan no soporta el menor análisis. Por eso, ahora ha cambiado. ¿Qué dice ahora? Una joya: ". se habló mucho del fraude cibernético, todo mundo (sic) pensaba que el fraude lo habían hecho en lo cibernético, en las máquinas.

"Encontramos que no está ahí el fraude, encontramos que está en los papeles, que es un fraude a la antigüita. La verdad es que nosotros estábamos pensando que es un fraude cibernético, pero no".

¿Qué significa eso? Significa que un millón de mexicanos que trabajaron en las casillas, como funcionarios de casilla, como representantes de partido, como observadores, se confabularon en un boicot en su contra. Sólo así se podría realizar un fraude "a la antigüita", como los que hacía él para el PRI cuando lo dirigía en Tabasco. Nadie lo cree. ¿Por qué dice algo tan absurdo como eso? Porque la realidad no se ajusta a sus expectativas.

juanmolinarhorcasitas@hotmail.com
Diputado federal (PAN)

¿Cuál fraude?

Ricardo Pascoe Pierce
El Universal
19 de julio de 2006

Felipe Calderón ganó las elecciones presidenciales del 2 de julio, por un estrecho margen, a su más cercano contendiente, López Obrador. ¿La estrechez de su margen de victoria cancela el resultado? No, porque así lo decidió el electorado. Lo que está aconteciendo después de la elección es pura fantasía. O fantasía pura.


En Italia el candidato de centroizquierda, Prodi, le ganó al candidato de centroderecha, Berlusconi, por 25 mil votos. Berlusconi cuestionó el resultado, pues los votos del exterior favorecieron a Prodi, cuando ese derecho al voto para los italianos en el exterior lo gestionó el propio Berlusconi. En México el PAN le ganó al PRD por más de 24o mil votos. Y éste alega un fraude descomunal. ¿Descomunal? Hubo 1 millón 241 mil 094 representantes de partidos, candidatos y de coaliciones en las poco más de 131 mil casillas instaladas en el país. Es decir, hubo un promedio de nueve representantes por casilla. Por otro lado, hubo 25 mil 311 observadores nacionales registrados que se movieron de casilla en casilla (dos o más casillas por observador) y 693 visitantes internacionales de 60 países. La presencia "observadora" era amplia y contundente, tanto de partidos y candidatos como de observadores imparciales.

Fueron capacitados 2.2 millones de ciudadanos como funcionarios de casilla y, de entre ellos, más de medio millón de ciudadanos libres recibieron y contaron los votos, ante los ojos de los representantes de partidos y coaliciones y los observadores nacionales y extranjeros. En el 87% de las casillas hubo al menos una fuerza política representada y en el 78% fueron por lo menos dos. Así que hubo una fuerza (el PRD, en este caso) que no tuvo representantes en cerca de 40 mil casillas en todo el país. De las tres principales fuerzas contendientes, resultó ser el más débil y desorganizado. Pero es el que asegura tener pruebas de un fraude electoral.

No ha demostrado el fraude. AMLO dijo que era cibernético, y tenía a sus seguidores fantaseando sobre logaritmos matemáticos metidos en las computadoras del IFE para "borrar" votos del PRD. Ahora dice que no: el fraude se cometió en casillas y cómputos distritales, ante los ojos de todo el mundo presente. Camacho dice que los gobernadores "lo ordenaron". ¿Ordenaron a miles y miles de ciudadanos libres que cometieran fraude? Por supuesto que no. Mienten por desesperación y confusión. Ya no hallan qué decir, para justificar su derrota.

Derrota. La palabra que destruye carreras políticas promisorias. La palabra que jamás pasó por la cabeza de AMLO, Camacho y demás. La palabra que los hace temblar de miedo. Para no admitirlo, y asumirse como demócratas en su justo papel dentro de la democracia mexicana, inventan un alegato y denuncia sin sustento y sin verdad. Son hombres que carecen de valentía para afrontar sus graves errores cometidos a lo largo de la campaña y se niegan a admitir su falibilidad.

Un ejemplo: el error de las alianzas internas y externas. A partir del reparto "alegre" de curules para supuestamente garantizar sus votos, el PRD probablemente quedará con menos curules que en la legislatura saliente. Eso resulta inadmisible para ese partido. Rosario Robles le habrá dado más curules al PRD que AMLO. ¿Por qué? Porque después de restar las curules de Convergencia y PT, de los que quedan, la mitad son "independientes" o priístas renegados que ya no pertenecen a ningún partido, y no sienten lealtad al PRD, especialmente ahora que se confirme que AMLO perdió la elección. De las 123 curules que quedan, la mitad se irán por la libre.

El PRD no es una fuerza legislativa considerable, si se toman en cuenta estos factores. El PRI llenará el espacio de la oposición responsable que busca acuerdos para que el país funcione y avance. El PRI pactará con Calderón, como lo harán Convergencia, Alternativa y otras fuerzas, para dar solidez a acuerdos institucionales. ¿Y el PRD? Después de que el TEPJF ratifique la victoria, por escaso margen, de Calderón, AMLO se va a declarar el verdadero Presidente popular y, siguiendo la usanza de Juárez, recorrerá el país en su carruaje, buscando desestabilizar a México, como él mismo lo dijera, "en lo político, social, económico y financiero...".

No hubo fraude en la elección pasada, principalmente porque la gente no lo hubiera permitido. Ese discurso es un ardid de hombres incapaces de afrontar sus errores. Hombres llenos de miedo de pagar las consecuencias de sus cálculos fallidos y que buscan, hasta por debajo de las piedras, a los responsables de su debacle.

ricardopascoe@hotmail.com
Analista político

AMLO rechaza el ciberfraude (o de las mentiras de López Obrador)

Mario Campos
Diario de Campaña
18/07/2006

Yo lo habría colocado como titular del día: AMLO rechaza el ciberfraude. Ya sé que se ve espantoso pero peor se vio López Obrador negando lo que fue su caballito de batalla durante las últimas semanas. Si no saben de qué les estoy hablando déjenme contarles que ayer, López Obrador reconoció que de fraude electrónico, nada, nomás no existió.

"Se habló mucho del fraude cibernético, todo mundo pensaba que el fraude lo habían hecho en las máquinas, (...) en los primeros días había esa idea de que era informático. "No está ahí el fraude, hallamos que está en los papeles, que es un fraude a la antigüita. La verdad es que estábamos pensando que era un fraude moderno, cibernético, pero no", así se lo dijo ayer a Miguel Ángel Granados Chapa en una entrevista que le hizo en radio.

Naturalmente, los aliados mediáticos - como La Jornada - prefirieron poner el acento en el resto de la declaración, en la que habla del fraude a la antigüita, sin embargo, el tema da para más.

¿Dónde quedó entonces la versión del algoritmo, ese "aparatito chiquitito" que habían metido a las computadoras según contaba una de las seguidoras de AMLO que se manifestó en su primera asamblea?

¿Qué pasa entonces con las acusaciones en contra de Hildebrando y la supuesta manipulación de las cifras?

¿Y con las acusaciones sobre el PREP y el conteo alterado mediante un código colocado en los programas del IFE?

Nada, de un día para otro descubrieron que no existían y que las cosas no eran como "todo mundo creía".

El tema sería de risa de no ser por el daño que ha causado al país.

Con sus mentiras han dañado la credibilidad del IFE y sobretodo han alimentado la desconfianza de los mexicanos.

Se trata de un asunto muy serio y lo menos que debería ser AMLO es ofrecer una disculpa a todos aquellos que ofendió, pero también a quienes creyeron las mentiras que se encargaron de sembrar.

Qué pena que Andrés Manuel López Obrador esté siendo tan irresponsable, y la verdad, lamento que los medios no le hayan dado más peso a esa declaración que más que ser una anécdota, es de facto una confesión del juego sucio que han desarrollado.

Como siempre, estaré atento a sus comentarios.

macampos@enteratehoy.com.mx

Violencia

Sergio Sarmiento
Reforma - Jaque Mate
19 de Julio del 2006

“Con el puño cerrado no se puede intercambiar un apretón de manos”.
Mahatma Gandhi

En su gran concentración política de este domingo 16 de julio en el Zócalo de la ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador hizo un llamado a sus seguidores a una “resistencia civil pacífica”. Resistencia, sin duda, pero lo de civil y pacífica está quedando en la misma categoría que su promesa de aceptar una derrota aunque fuera por un solo voto. Son promesas hechas para romperse.

Ayer, Felipe Calderón fue objeto de una agresión física tras salir del Club de Periodistas del centro de la ciudad de México, donde se había reunido con miembros de la Alianza Sindical Mexicana. Acosado por un grupo de simpatizantes de López Obrador, y custodiado por escoltas del Estado Mayor Presidencial, se subió a su vehículo, el cual fue golpeado y pateado por los activistas.

El episodio no pasó a mayores, en parte gracias a la prudencia de Calderón y del equipo de seguridad. Pero lo realmente grave no fue eso, sino la posición de López Obrador, quien se negó a criticar la agresión: “No, no lo condeno -dijo-. Condeno el fraude electoral”.

La señal es peligrosa, sobre todo cuando se añade a otras que se han dado en los últimos días. En una entrevista ayer para Carlos Loret de Mola en W Radio, López Obrador señaló: “Si queremos paz social, estabilidad política, económica, social en el país, que se cuenten los votos”.

En la concentración del domingo, Andrés Manuel lanzó también una advertencia a Calderón, pero ominosamente incluyó a su familia: “Le recomiendo -dijo-, por él, por sus familiares, por su gente más cercana, le recomiendo que piense muy bien que la mancha de una elección fraudulenta no se borra ni con todas las aguas de los océanos”.

El candidato de la alianza Por el Bien de Todos ha buscado suavizar esta declaración. En una entrevista el lunes negó que hubiera realmente amenazando a la familia de Calderón. Pero su rechazo a condenar la agresión de ayer simplemente ratifica la idea de que está promoviendo un clima de violencia.

Esto le empieza a quedar claro incluso a una prensa internacional que durante mucho tiempo se ha mostrado incondicional de López Obrador. El respetado diario El País, el de mayor circulación en España, apuntó ayer en su editorial “Agitación en México”: “El derrotado candidato populista tiene todo el derecho a disputar los resultados de unos comicios tan ajustados. Pero… pretender trasladar esa reivindicación a la calle… es una política irresponsable”. El artículo concluye que el antagonismo que se está provocando “conduce exclusivamente al enfrentamiento”.

López Obrador afirma que no busca la violencia, pero sus acciones son más convincentes que sus palabras. Se ha negado, por ejemplo, a mantener su impugnación por los comicios del 2 de julio en el marco del derecho y del Tribunal Electoral. Sus movilizaciones políticas se han convertido en desplantes de fuerza.

La amenaza de violencia se vuelve más fuerte conforme se debilitan las pruebas del fraude. Hasta esta semana, después incluso que su equipo jurídico presentó sus recursos de impugnación, López Obrador todavía estaba tratando de decidir si el supuesto fraude había sido cibernético o “a la antigüita”. El recurso ante el Tribunal Electoral, por otra parte, tiene la grave debilidad de incluir muy pocas actas de protesta levantadas por sus representantes de casilla.

López Obrador está siguiendo un camino destinado a provocar violencia. Si a una multitud se le hace creer que ha habido un fraude electoral, y se le dice además que la única decisión realmente democrática sería el reconocimiento de un triunfo que los conteos legales no ofrecen, la confrontación se hace inevitable.

No es la primera vez que Andrés Manuel juega con la violencia. Lo hizo ya en 1994 y 1995 tras su derrota en las elecciones de Tabasco. Sus bloqueos de pozos petroleros en ese entonces proporcionaron a la televisión imágenes que durante años han alimentado la fama de violencia del PRD. Los dirigentes del partido afirman que su reputación de agresividad es producto de una guerra sucia en su contra, pero la memoria nos dice otra cosa.

La elección de Tabasco de 1994, sin embargo, es completamente distinta a la de hoy. Un estudio llevado a cabo por los entonces consejeros electorales Santiago Creel y José Agustín Ortiz Pinchetti documentó un fraude en ese estado. La reforma electoral de 1996, empero, cambió de manera radical las reglas del juego. Hoy no sólo hay recursos legales para impugnaciones, sino que son muy poderosos. Recordemos simplemente que el Tribunal Electoral anuló la nueva elección de Tabasco en el 2000.

Lo que no puede hacer ningún sistema electoral democrático es garantizar el triunfo de un partido o un candidato en especial. Pero eso es lo que exigen López Obrador y sus colaboradores. Y mientras lo hacen, como bien lo advierte El País, están empujando a México a un peligroso abismo de violencia.

Correo

Me pregunta el lector Sergio Colunga: “¿A dónde puedo acudir para defender mi voto? Me siento desesperado. Me siento asustado, temeroso. ¡Quiero defender mi voto!, el cual está dentro de los 27.5 millones que no votamos por López Obrador… Por favor, ayúdeme. ¿Dónde puedo hacerme escuchar, así como los simpatizantes de López Obrador?”.

sarmiento.jaquemate@gmail.com

Silencio, que están durmiendo

Germán Dehesa
Reforma
19 de Julio del 2006

¿Y si jugamos a que todos nos callábamos por un ratito? Creo que esto es lo mejor que podemos hacer para permitir que el TEPJF haga ese delicado trabajo de calificar las elecciones, revisar las impugnaciones, hacer la sumatoria definitiva y dar un veredicto que nos diga quién va a ser nuestro próximo Presidente. Creo que los ciudadanos debemos proteger de manera prudente a nuestro Tribunal que es hoy el único que puede tomar decisiones respecto a la limpieza o turbiedad del proceso. Si la situación así lo requiere, este Tribunal puede ordenar un recuento de todos los votos, pero esta decisión sólo le compete y sólo puede tomarla o pasarla por alto el TEPJF.

Digámoslo de otra manera, los partidos tienen total derecho a impugnar y a presentar las pruebas que sustenten esa impugnación; lo que no les corresponde hacer es intentar torcer a su favor estas decisiones que el Tribunal tiene que tomar -ése es su sustento ético- libre y soberanamente. Es, diría yo, imperativo para el TEPJF desoír los gritos cada vez más violentos de la gente de AMLO y las amenazas de éste: si quieren la paz, cuenten los votos. Esto lo acaba de decir Andrés Manuel y me parece una grave amenaza no tan sólo para el Tribunal, sino para el País.

Por su parte, Felipe ha declarado su renuencia a que todos los paquetes sean abiertos. Creo que tiene argumentos atendibles que sus asesores legales podrán manifestar ante el Tribunal, pero más no se puede hacer. El TEPJF no está a merced ni de las exigencias de AMLO, ni de las renuencias de Felipe; sino que tendrá que decidir a partir de los elementos que le hayan sido presentados. Mientras tanto, a los ciudadanos lo que nos corresponde hacer es pronunciarnos por el respeto que todos nos debemos como ciudadanos; hoy más que nunca tenemos que hacer nuestro el valor de la tolerancia. Me enferman esos estúpidos carteles que dicen “Haz Patria: mata a Felipe”. Del mismo modo, siento como ultraje personal que sean cada vez más las personas que se refieren a los integrantes de estas marchas de manera despectiva, racista, descalificatoria y soez. Esos caminos sólo conducen a una creciente violencia y a un estallido social que nadie en su sano juicio puede desear para nuestro país. La pugna entre los que gozamos de los beneficios de la situación actual y los que nada tienen viene de muy lejos, no nació el 2 de julio, cualquiera de los dos candidatos que el Tribunal señale como ganador tendrá que entender que atacar este problema de la miseria es prioridad nacional y es quizá la única garantía de la paz social que necesitamos para crecer de un modo mucho más armónico que el actual. De AMLO podemos opinar muchas cosas buenas y malas, pero su diagnóstico de que estamos creciendo mal e incentivando la miseria es una verdad inobjetable que Felipe tendrá que tomar en cuenta en caso de que el Tribunal lo declare ganador. Todavía falta un buen número de días para este veredicto. Nosotros como Kalimán necesitamos serenidad y paciencia. Además, hay muchas cosas qué hacer, mucha vida por vivir y muchas tareas qué cumplir.

Estimados integrantes del TEPJF, trabajen con calma y actúen con justicia. Los ciudadanos, los verdaderos ciudadanos, esperamos sosegados el veredicto y a él nos atendremos.


[..]

german@plazadelangel.com.mx

18 de julio de 2006

Agitación en México

El País (España)
Editorial
18-07-2006

Si no se impone el sentido común, a México le esperan semanas de agitación antes de que el Tribunal Federal Electoral se pronuncie inapelablemente -el 6 de septiembre es la fecha límite- sobre la validez del resultado que ha otorgado la victoria en las elecciones presidenciales al candidato conservador, Felipe Calderón, y que impugna, también en la calle, su rival centroizquierdista, Andrés Manuel López Obrador.

El derrotado candidato populista tiene todo el derecho a disputar los resultados de unos comicios tan ajustados. Pero ese trabajo corresponde a un tribunal especial de siete jueces, con amplios poderes y sin dependencias partidistas o gubernamentales conocidas. Pretender trasladar la reivindicación a la calle, manteniendo en estado de agitación a centenares de miles de personas, es una política irresponsable. No sólo porque hay una clara presunción de validez en los comicios ganados por Calderón, y los jueces tendrían que hallar indicios extraordinarios de manipulación para declarar inválida la elección del 2 de julio. También, y más importante, porque las protestas y manifestaciones pacíficas desarrolladas hasta ahora por los seguidores de Obrador -la última, masiva, el domingo en la capital federal- podrían torcerse en cualquier momento. El artificial antagonismo a ultranza entre ambos dirigentes, que comienza a adueñarse de las calles, conduce exclusivamente al enfrentamiento.

México necesita por encima de todo un líder con un mandato fuerte que impulse su incipiente transición democrática y las imprescindibles y muy serias reformas políticas y económicas pendientes. Que la decisión final sobre quién sea éste deba adoptarla un tribunal electoral no es lo ideal, pero sólo refleja los inusitadamente apretados resultados del 2 de julio. Resultados, sin embargo, que los representantes de López Obrador firmaron en muchos de los colegios electorales cuyo recuento ahora impugna el ex alcalde de la capital mexicana.

A la postre, el punto muerto actual muestra el progreso hecho por las instituciones de un país en el que a lo largo de buena parte del siglo pasado se manipularon de forma bochornosa sus elecciones en favor del partido con el monopolio del poder. México se enfrenta estos días a un problema no muy diferente en su origen al que afrontó el año 2000 Estados Unidos, su vecino imperial. Y en algunos aspectos decisivos ha hecho reformas electorales que deberían ser vistas con envidia en la todavía confusa jungla de las presidenciales estadounidenses. En los países con instituciones solventes de arbitraje, las elecciones no se ganan en la calle.

Is victory worth any cost?

USA Today (Estados Unidos)
Editorial/Opinion
7/17/2006


Ever since the July 2 election in Mexico, leftist candidate Andrés Manuel López Obrador has been crying foul. The results had him being narrowly overtaken by rightist candidate Felipe Calderón in the final hours of counting. He suspects fraud and wants a recount.

Americans can relate. In 2000, Republican George W. Bush and Democrat Al Gore sparred over the Florida results for more than a month before the U.S. Supreme Court stepped in.

But López Obrador has gone one step further than Gore did. Not only is he demanding a recount, he is organizing civil resistance campaigns to pressure Mexico's election court to grant him one. Those efforts, which reached a fever pitch with a huge rally in Mexico City on Sunday, show a destructive win-at-all-costs attitude that could undermine respect for Mexico's nascent democratic institutions. Extended political turmoil or violence could also undermine Mexico's economy, sending even more illegal immigrants into the USA.

López Obrador is, of course, within his rights to seek a recount and to make the case for such an action in the court of public opinion. And, at the end of the day, it is not inconceivable that the court will side with him. He might even be declared the winner after a recount.

But he crosses a line when he tries to pressure or intimidate the court into granting a recount by putting large numbers of supporters on the streets and making unsubstantiated claims of fraud.

Mexico, though, might yet settle the election with more dignity than some local, state and federal officials displayed in Florida's fracas. It has a specially created seven-member election court empowered to decide when, where and whether recounts are in order.

This type of system can get around a major issue in Florida, which was whether it was fair to conduct recounts only in jurisdictions chosen by the Gore campaign, and where local election officials were sympathetic to his cause. It also would bypass blatantly partisan election officials such as Katherine Harris, Florida's secretary of state and now member of Congress, who showed scant interest in neutrality or integrity.

But like any other court, Mexico's election court needs to be seen as impartial and insulated from political pressure. López Obrador's actions ill serve that cause.

They also raise serious questions about his commitment to truthfulness. As evidence of the alleged fraud, he recently showed a video of a man putting multiple ballots in a box. But the man was quickly identified as a legitimate election official transferring presidential ballots mistakenly placed in a legislative ballot box. If he was not intent on fanning the flames of partisan and class discontent, López Obrador would have investigated the video before making such claims.

Gore realized there was a time to fight and a time to concede. So did Richard Nixon, who did not even challenge his narrow loss in 1960 despite evidence of vote rigging in Illinois. Both put the nation's interests above personal ambition. As he weighs his next move, López Obrador would do well to heed their example.

Cartón Excélsior - 18/07/06

Estrategias de presión

Yuriria Sierra
Excélsior - Nudo gordiano

18-07-06

En estos días hemos podido ver que las estrategias de presión por varios frentes se basan en todo tipo de "argucias" (como dice —y dice bien— nuestro querido Jorge Fernández Menéndez). Y es que, sin duda, la confusión es un total caldo de cultivo para la desinformación o la manipulación declarativa que sólo buscan presionar. Ahí le van unos ejemplos...

La "asamblea informativa": Se trata en realidad de una megamanifestación que tiene por objetivo impresionar al TEPJF mientras realiza su evaluación de las impugnaciones. Es un hecho que el tono de amenaza utilizado por AMLO ha ido creciendo en la medida en que las supuestas "pruebas de fraude" han ido demostrando su invalidez (o su franca tontería). Más aún, en la megamarcha del domingo, López Obrador se permitió lanzar una amenaza contra el candidato ganador y su familia. "Le recomiendo, por él, por sus familiares, por su gente más cercana, piense muy bien que la mancha de una elección fraudulenta no se borra ni con todas las aguas de los océanos". ¿Recomendación o burda amenaza, advertencia? ¿Y cuál será el llamado, en qué consistirá la denominada "resistencia civil pacífica"?

Los paquetes "abiertos": Otra de ellas tiene que ver con la supuesta apertura de los paquetes electorales en las juntas distritales, que denunciaron Andrés Manuel López Obrador y algunos miembros de la coalición Por el Bien de Todos. Al respecto, el IFE responde, en un boletín de prensa, lo siguiente:

"Desde que concluyeron los cómputos distritales, los sobres con los votos emitidos por los ciudadanos han permanecido sellados dentro de las 300 Juntas Distritales del IFE, bajo resguardo de las Fuerzas Armadas. Los Consejos Distritales del IFE obtuvieron de los paquetes electorales los documentos necesarios para integrar los expedientes que, por ley, debieron presentarse ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), dejando intactos los sobres sellados con los votos".

¿Y eso qué quiere decir? Que los paquetes que se abrieron fue para que el TEPJF pueda hacer su chamba en el estudio de las impugnaciones que presentaron todos los interesados (principalmente la coalición Por el Bien de Todos), pero los sobres contienen los votos que emitimos los ciudadanos el pasado 2 de julio. Así pues, nada de "fraude a la antigüita", según lo proclamó El Peje en días pasados. Así que los funcionarios del IFE no son ningunos "delincuentes electorales", como los llamó El Peje. ¿Acaso también lo serían las Fuerzas Armadas que resguardan las juntas distritales?

Y hablando de presiones: Aunque no es nuestro tema, nos contaban quienes saben de esos asuntos que, en torno a la nota de Dow Jones que circulaba ayer sobre la demanda de quiebra forzada interpuesta por Gramercy en contra de Iusacell, se puede ver una estrategia para presionar a la empresa telefónica con el objetivo de obtener condiciones preferenciales a las que Iusacell utilizó para reestructurar su deuda. De la cual, por cierto, los fondos administrados por Gramercy no llegan a seis por ciento.

Corolario: ¿Cómo se puede reaccionar cuando las minorías intensas se ponen encima de las mayorías para presionarlas? Porque no podemos olvidar que 65% de los electores no votaron por AMLO ni todos los maestros de Oaxaca han saboteado la Guelaguetza, por ejemplo.


yuriria_sierra@yahoo.com

¿Un fanático sedicioso?

Leo Zuckermann
Excélsior - Juegos de poder

18-07-06

Nunca he considerado mis argumentos como verdades absolutas. Por ello, siempre he acompañado esta columna con mi correo electrónico para escuchar lo que tienen que decirme los lectores. En no pocas ocasiones, me he enfrascado en buenas discusiones con gente que tiene opiniones diferentes de las mías. A veces me han convencido.

Comento esto porque, durante toda la campaña electoral, un ciudadano enamorado de López Obrador se dedicó a mandarme correos cuando me atrevía a criticar a este candidato. La consigna era clara: al perredista no había que tocarlo ni con el pétalo de una rosa. AMLO no podía equivocarse, y punto. Por cierto, cuando le daba la razón a su héroe, el susodicho enviaba con prontitud un correo alabando mis dotes analíticas.

Al principio, decidí establecer una comunicación con esta persona. Correo que venía, correo que le contestaba tratando de razonar con mis argumentos. Sin embargo, pronto me di cuenta de que no me estaba escuchando. Un estimado colega —que vio los intercambios porque el personaje en cuestión mandaba sus escritos con copia a una larga lista de comunicadores, analistas y amigos— me sugirió un día que ya no le respondiera porque él había hecho lo mismo y había resultado un caso perdido.

Tenía razón: el susodicho no razonaba; actuaba por consigna. Rumbo al final de la campaña, encontré un correo de él (mantengo en secreto su nombre porque creo en el derecho que tienen los ciudadanos a la privacidad) donde le enviaba a sus amigos una lista de todos los analistas "decididamente antipejes", considerados "fanáticos" o "vendidos", a quienes había que desenmascarar ante la opinión pública. Nótese ya el nivel de intolerancia.

En estos últimos días en que he criticado a AMLO por hacer realidad el miedo que de él tenían muchos mexicanos, vino una nueva andanada de correos donde el mismo personaje me pide que "no fomente más el odio y la crispación". Uno de sus amigos lo apoyó diciendo: "La actitud de personajes como el señor Zuckermann ha creado un clima de incivilidad que puede llevar a la violencia de cualquier otro fanático, por lo que hay que hacerlos responsables de ello si así ocurriera". Ahora resulta que, por decir lo que pienso, soy un fanático sedicioso que podría ser responsable de los posibles actos de otros fanáticos. ¿En contra de quién? ¿Me incluyo en la lista?

En el proceso de discutir y resolver nuestras diferencias, los individuos tenemos cuatro opciones:

1. Escucho los argumentos de otros y estoy dispuesto a que me convenzan si éstos son mejores que los míos.

2. Escucho los argumentos de otros, pero de ninguna forma me dejo convencer porque de entrada mi postura es la mejor de todas.

3. Ni siquiera escucho los argumentos de otros porque no vale la pena hacerlo.

4. Escucho a los otros pero exijo que se callen la boca porque sus argumentos son sediciosos y, de pasada, los amenazo.

En lo personal, siempre he estado comprometido con la primera opción, pero, en esta labor de analista, a veces he tenido que enfrentarme con gente que ejerce segunda, tercera y cuarta. A estos últimos les reitero que no me van a amedrentar y solicito que busquen a los culpables de la crispación actual en los políticos y no en quienes los analizamos.


leo.zuckermann@cide.edu