Roberto Blancarte
Milenio
22/08/2006
Lejos están aquellos días en los que, en ruptura total con el espíritu de laicidad, el Jefe de gobierno del Distrito Federal invitaba al arzobispo primado de México a inaugurar segundos pisos y obras viales, o cuando López Obrador ofrecía espacios para un Museo de Arte Sacro, o cuando una llamada del jerarca católico al líder perredista frenaba las iniciativas dentro de la Asamblea Legislativa para aprobar una Ley sobre Sociedades de Convivencia, que hubiera sido favorable a las parejas del mismo sexo. Todas esas alianzas espurias y amores interesados terminaron. Ahora la coalición Por el Bien de Todos, sin el recato ni el pudor religioso que le caracterizó durante la campaña, vuelve al viejo anticlericalismo de la izquierda, molesta por lo que considera, ahora sí, un indebido intervencionismo de la jerarquía eclesial en la vida política nacional.
Signos de desesperación tal vez o simple y sencillamente de una brutal desorientación ideológica que ha llevado al perredismo a fluctuar entre el muy priísta acomodo nicodémico (en lo oscurito) y el anticlericalismo más ramplón. La coalición no tardó mucho en incluir en el complot, junto con los medios y los empresarios, a la dirigencia de la Iglesia católica. No que le falten razones para sospechar que la mayoría de los obispos nunca le tuvieron confianza al perredismo. Hay más bien mucho de decepción entre quienes se crearon falsas expectativas en la ilusión del populismo. Poco acostumbrados a tratar con una Iglesia políticamente pragmática, en el desenlace electoral desfavorable, se percataron tempranamente que la afinidad era interesada.
Sería paradójico, pero según parece, a la coalición Por el Bien de Todos no le interesa tener mayor popularidad. Está haciendo, desde el día de la elección e incluso antes de ella, todo lo posible para perder el respaldo de la mayoría de la gente. Ejemplo de ello fue la manifestación frente a la Catedral Metropolitana organizada por la coalición, durante la cual se realizaron consignas de corte anticlerical, dirigidas esencialmente a presionar al cardenal Norberto Rivera. Cálculo erróneo al creer que el arzobispo de México, acostumbrado a presiones mayores y retos ideológicos más importantes, cederá ante las protestas de algunos, que él siempre supo enemigos. Lo único que los miembros de la coalición lograrán, como con muchos otros, es empujar al cardenal a abandonar su frágil neutralidad e inclinarse al bando de las fuerzas del orden y la estabilidad, con las que la Iglesia católica siempre ha estado.
Durante la campaña, la coalición y su candidato presidencial no tocaron el tema de la laicidad. Prefirieron fluctuar entre un populismo de corte mesiánico que apelaba tanto a la figura de Cristo como a un timorato anticlericalismo, igualmente arraigado entre la población. Contrariamente a Patricia Mercado, quien sí construyó parte de la plataforma de su Partido Alternativa Socialdemócrata alrededor de la idea de un Estado laico defensor de las libertades individuales y colectivas de los ciudadanos, la coalición prefirió manejarse en un discurso ambiguo, para no molestar a los jerarcas católicos. No ganó ni el apoyo de los obispos, ni la confianza de los ciudadanos.
Las encuestas varían, pero lo cierto es que las iglesias han consolidado su posición como instituciones que cuentan con la mayor confianza de los mexicanos, mientras que los partidos políticos están en los rangos de menor credibilidad y aceptación. Ante la debacle política, los bonos de los sacerdotes (a pesar de todos los escándalos) suben, mientras que los de los políticos, diputados y senadores, bajan. Poco está haciendo la coalición para revertir esta tendencia. Pero aquí al parecer no estamos más en una estrategia centrada en la popularidad, sino en la presión política para obligar a los jerarcas a callarse o a mantener una real neutralidad en el proceso político. En otras palabras, ante el fracaso de la estrategia (de corte más bien priísta) de cooptar a la jerarquía, la coalición pasa al ataque y a la crítica (también muy priísta), para intentar silenciar a los obispos.
En lugar de construir un pensamiento laico que defienda la autonomía de lo político frente a lo religioso y fortaleciendo las libertades ciudadanas, comenzando por la libertad de conciencia, la coalición se fue por el viejo camino de la cooptación o la represión. En lugar de haber reforzado su discurso sobre la educación laica y la importancia de un Estado que garantice las libertades de todos, independientemente de su preferencia religiosa, la coalición apostó a la connivencia con un hipotético e incómodo aliado. Ahora está pagando el costo de una deficiencia ideológica y en consecuencia de una equivocada estrategia. Aunque no le importe mucho, pues a estas alturas la coalición está interesada más en una estrategia de poder más que de consensos. Esperemos de cualquier manera que esta lección le sirva a alguien en el futuro.
22 de agosto de 2006
¡GEA/ISA en Chiapas!
Ciro Gómez Leyva
Milenio – La Historia en Breve
22/08/2006
Vaya sorpresa la que dio el domingo en la noche Juan Sabines. Cuando ascendía la incertidumbre por la falta de cifras, el candidato de la coalición Por el Bien de Todos al gobierno de Chiapas sacó un papel membretado de GEA/ISA y presumió que esa encuesta de salida le daba ventaja sobre su rival del PRI. ¡GEA/ISA, la firma acusada de corrupta por Andrés Manuel López Obrador fue contratada por la coalición para medir los comicios en Chiapas! ¡El PRD proclamando su victoria con los números de GEA/ISA, 50 días después del 2 de julio! ¡Qué locura!
No. El equipo de Sabines buscó y contrató a GEA/ISA por la sencilla razón de que necesitaba datos absolutamente confiables para encarar una elección que se preveía cerradísima.
El 31 de marzo, GEA/ISA difundió los resultados de su encuesta nacional mensual. Para asombro de todos, incluidos los encuestadores, Felipe Calderón había rebasado por un punto a López Obrador. El tabasqueño perdía el liderato por primera vez. “Es un resultado que puede parecer poco creíble, pues va en contra de la corriente y contradice las dos tesis centrales de la percepción dominante: el electorado no se mueve y la ventaja de López Obrador es inmodificable”, explicaron entonces Ricardo de la Peña y Guillermo Valdés, directivos de GEA/ISA. “La campaña negativa en su contra parece que surtió efecto. Además, cometió un error (el de la chachalaca) y ya se demostró que no es inmune”.
En lugar de atender la señal de alerta que le mandaba la realidad, López Obrador inventó su encuesta secreta en la que siempre ganaba por diez puntos y dio la orden de ataque para bañar en excremento a GEA/ISA. Los lopezobradoristas obedecieron felices de la vida. Craso error.
La última encuesta de GEA/ISA antes de la contienda presidencial (junio 22) fue la más certera de todas: ganaba Calderón por menos de dos puntos y Roberto Madrazo quedaba 12 puntos debajo de él. Seguramente por eso los contrató la coalición Por el Bien de Todos en Chiapas. Hasta donde tengo información, su conteo rápido tiene arriba a Sabines entre uno y dos puntos.
No me gusta usar esta frase, pero el tiempo puso las cosas en su sitio: GEA/ISA midió extraordinariamente la contienda presidencial y López Obrador dilapidó una ventaja que, en su momento, fue extraordinaria.
Milenio – La Historia en Breve
22/08/2006
Vaya sorpresa la que dio el domingo en la noche Juan Sabines. Cuando ascendía la incertidumbre por la falta de cifras, el candidato de la coalición Por el Bien de Todos al gobierno de Chiapas sacó un papel membretado de GEA/ISA y presumió que esa encuesta de salida le daba ventaja sobre su rival del PRI. ¡GEA/ISA, la firma acusada de corrupta por Andrés Manuel López Obrador fue contratada por la coalición para medir los comicios en Chiapas! ¡El PRD proclamando su victoria con los números de GEA/ISA, 50 días después del 2 de julio! ¡Qué locura!
No. El equipo de Sabines buscó y contrató a GEA/ISA por la sencilla razón de que necesitaba datos absolutamente confiables para encarar una elección que se preveía cerradísima.
El 31 de marzo, GEA/ISA difundió los resultados de su encuesta nacional mensual. Para asombro de todos, incluidos los encuestadores, Felipe Calderón había rebasado por un punto a López Obrador. El tabasqueño perdía el liderato por primera vez. “Es un resultado que puede parecer poco creíble, pues va en contra de la corriente y contradice las dos tesis centrales de la percepción dominante: el electorado no se mueve y la ventaja de López Obrador es inmodificable”, explicaron entonces Ricardo de la Peña y Guillermo Valdés, directivos de GEA/ISA. “La campaña negativa en su contra parece que surtió efecto. Además, cometió un error (el de la chachalaca) y ya se demostró que no es inmune”.
En lugar de atender la señal de alerta que le mandaba la realidad, López Obrador inventó su encuesta secreta en la que siempre ganaba por diez puntos y dio la orden de ataque para bañar en excremento a GEA/ISA. Los lopezobradoristas obedecieron felices de la vida. Craso error.
La última encuesta de GEA/ISA antes de la contienda presidencial (junio 22) fue la más certera de todas: ganaba Calderón por menos de dos puntos y Roberto Madrazo quedaba 12 puntos debajo de él. Seguramente por eso los contrató la coalición Por el Bien de Todos en Chiapas. Hasta donde tengo información, su conteo rápido tiene arriba a Sabines entre uno y dos puntos.
No me gusta usar esta frase, pero el tiempo puso las cosas en su sitio: GEA/ISA midió extraordinariamente la contienda presidencial y López Obrador dilapidó una ventaja que, en su momento, fue extraordinaria.
Luz a luz X
Germán Dehesa
Reforma – Gaceta del Ángel
22 de Agosto del 2006
Ahora resulta. Ahora resulta que, prosternados, tenemos que agradecer los capitalinos que nos hayan concedido la inmerecida gracia de poder atravesar Reforma para poner en buenas manos (¡aleluya!) a nuestros chipotines cuyo verano, como siempre, ha sido agotador en lo espiritual y ruinoso en lo material. ¡Ozono, ozono en las alturas! y en la tierra paz para AMLO y el Gordo Encinas.
Hasta aquí lo que has leído, lectora lector querido, es de un marcado tono irónico, no te vayas a creer que de veras me muero del agradecimiento; lejos de eso, me harta que nuestra avenida siga en manos de seres fantasmales que ya ni siquiera se aparecen en sus “campamentos”. Y más me harta todavía la insolencia de Andrés Manuel que da por supuesto que si los jueces del Trife fallan en su contra, como seguramente ocurrirá, es porque esperan sustanciosas promociones en el futuro inmediato, o porque ya recibieron “cañonazos” de dinero.
Jamás estará en mí solicitar la represión, pero del mismo modo no están en mí el apocamiento y la sumisión y, la mera verdad, AMLO ya me tiene optudimóder con su creciente discurso derogatorio, ofensivo, falto de todo espíritu democrático, bravero y rijoso cuyo volumen aumenta precisamente porque nadie responde. Yo sí. Ya estuvo bueno de estar aguantando a un señor que ya le estorba hasta al partido que lo postuló. ¿Que vas a organizar una rebelión social?, ¡órale!, ¡bríncale, manito!, a ver de a cómo nos toca. ¿Que vas a sitiar al gobierno legalmente electo y, en la mejor escuela de Evo Morales, no lo dejarás gobernar? ¡Éntrale!, pero ve viendo de qué lado pega el diurex, no vaya a ser que la autoridad que dinamites sea la tuya. Créenos, AMLO, ya no haces gracia y como decía mi abuela, más vale batirse en retirada que retirarse batido; todos sabemos de las ganas locas que tenías de ser Presidente, pero ten presente que, llegado el momento, los votantes recordaron tu condición peleonera y pueblerina, tu numerito de la chachalaca, tu inasistencia al primer debate, tu colusión con Ponce y Bejarano, tus aires de suficiencia cuando te supiste arriba en las encuestas, tu costosa ruptura con Cuauhtémoc y, sobre todo, tu permisividad para rodearte de puro desecho y puro detritus político. Me refiero a Camacho, a Bartlett, a Fernández Noroña, a Martí Batres, a Porfirio, a Durazo y a muchos otros infraseres que tú recogiste en tu seno como si no tuvieras suficiente con Bejarano. Todo esto que de manera incompleta he esbozado son piezas claves del complot contra AMLO instrumentadas por el propio AMLO. Olvídate de Fox y de los “poderes fácticos” que obviamente conspiraron contra ti; concéntrate en lo que tú hiciste para ganarte la derrota y con ella el camino del martirio que tanto parece fascinarte. En eso, mi buen, tienes que trabajar y mientras tanto, aplácate, Satanás, y guarda a tus animalitos. Se acerca la hora de recuperar la normalidad y de ponernos todos a trabajar en santa paz sin olvidar, éste es mi mejor deseo, de lo prioritario que es dar la batalla contra la pobreza.
Se me ocurre que para que esta batalla resulte exitosa es indispensable la colaboración, la voluntad y la decisión, no del gran capital, sino de los pobres. Va a sonar escandaloso, pero nuestros pobres están muy malcriados y ya no podemos seguirles otorgando su beca de pobres. De lo que se trata es de crear las condiciones que permitan que todo aquel que quiera dejar de ser pobre tenga un camino para lograrlo. A eso hay que entrarle por tres vías: la nutrición, la salud y la educación. Lo demás, como decía mi tío el cuatrero, son cuentos musulmanos. Así es que, AMLITO, quítate que, por el momento, nomás estorbas.
¿Qué tal durmió? DCCCLXIII (863)
Las Muertas de Juárez y MONTIEL.
Cualquier correspondencia con esta columna que volvió a clases, favor de dirigirla a
german@plazadelangel.com.mx (D.R)
Reforma – Gaceta del Ángel
22 de Agosto del 2006
Ahora resulta. Ahora resulta que, prosternados, tenemos que agradecer los capitalinos que nos hayan concedido la inmerecida gracia de poder atravesar Reforma para poner en buenas manos (¡aleluya!) a nuestros chipotines cuyo verano, como siempre, ha sido agotador en lo espiritual y ruinoso en lo material. ¡Ozono, ozono en las alturas! y en la tierra paz para AMLO y el Gordo Encinas.
Hasta aquí lo que has leído, lectora lector querido, es de un marcado tono irónico, no te vayas a creer que de veras me muero del agradecimiento; lejos de eso, me harta que nuestra avenida siga en manos de seres fantasmales que ya ni siquiera se aparecen en sus “campamentos”. Y más me harta todavía la insolencia de Andrés Manuel que da por supuesto que si los jueces del Trife fallan en su contra, como seguramente ocurrirá, es porque esperan sustanciosas promociones en el futuro inmediato, o porque ya recibieron “cañonazos” de dinero.
Jamás estará en mí solicitar la represión, pero del mismo modo no están en mí el apocamiento y la sumisión y, la mera verdad, AMLO ya me tiene optudimóder con su creciente discurso derogatorio, ofensivo, falto de todo espíritu democrático, bravero y rijoso cuyo volumen aumenta precisamente porque nadie responde. Yo sí. Ya estuvo bueno de estar aguantando a un señor que ya le estorba hasta al partido que lo postuló. ¿Que vas a organizar una rebelión social?, ¡órale!, ¡bríncale, manito!, a ver de a cómo nos toca. ¿Que vas a sitiar al gobierno legalmente electo y, en la mejor escuela de Evo Morales, no lo dejarás gobernar? ¡Éntrale!, pero ve viendo de qué lado pega el diurex, no vaya a ser que la autoridad que dinamites sea la tuya. Créenos, AMLO, ya no haces gracia y como decía mi abuela, más vale batirse en retirada que retirarse batido; todos sabemos de las ganas locas que tenías de ser Presidente, pero ten presente que, llegado el momento, los votantes recordaron tu condición peleonera y pueblerina, tu numerito de la chachalaca, tu inasistencia al primer debate, tu colusión con Ponce y Bejarano, tus aires de suficiencia cuando te supiste arriba en las encuestas, tu costosa ruptura con Cuauhtémoc y, sobre todo, tu permisividad para rodearte de puro desecho y puro detritus político. Me refiero a Camacho, a Bartlett, a Fernández Noroña, a Martí Batres, a Porfirio, a Durazo y a muchos otros infraseres que tú recogiste en tu seno como si no tuvieras suficiente con Bejarano. Todo esto que de manera incompleta he esbozado son piezas claves del complot contra AMLO instrumentadas por el propio AMLO. Olvídate de Fox y de los “poderes fácticos” que obviamente conspiraron contra ti; concéntrate en lo que tú hiciste para ganarte la derrota y con ella el camino del martirio que tanto parece fascinarte. En eso, mi buen, tienes que trabajar y mientras tanto, aplácate, Satanás, y guarda a tus animalitos. Se acerca la hora de recuperar la normalidad y de ponernos todos a trabajar en santa paz sin olvidar, éste es mi mejor deseo, de lo prioritario que es dar la batalla contra la pobreza.
Se me ocurre que para que esta batalla resulte exitosa es indispensable la colaboración, la voluntad y la decisión, no del gran capital, sino de los pobres. Va a sonar escandaloso, pero nuestros pobres están muy malcriados y ya no podemos seguirles otorgando su beca de pobres. De lo que se trata es de crear las condiciones que permitan que todo aquel que quiera dejar de ser pobre tenga un camino para lograrlo. A eso hay que entrarle por tres vías: la nutrición, la salud y la educación. Lo demás, como decía mi tío el cuatrero, son cuentos musulmanos. Así es que, AMLITO, quítate que, por el momento, nomás estorbas.
¿Qué tal durmió? DCCCLXIII (863)
Las Muertas de Juárez y MONTIEL.
Cualquier correspondencia con esta columna que volvió a clases, favor de dirigirla a
german@plazadelangel.com.mx (D.R)
Mexico’s leftwing leader protests from his tent
Adam Thomson
The Financial Times (Inglaterra)
August 21 2006
It is mid-morning in the Zócalo, Mexico City’s imposing central square, but already Andrés Manuel López Obrador’s small nylon tent is uncomfortably hot. The pink roses shoved into a glass on the camping table seem to be losing their battle for life and the Mexican flag hanging from a wooden pole in the corner looks too out of place to give his makeshift surroundings anything resembling a presidential tinge.
Ever since Mr López Obrador, leftwing candidate in the election for president on July 2, lost by a razor-thin 244,000 votes to Felipe Calderón of the ruling centre-right National Action party, he has been “fighting to save democracy”.
For the leader of Mexico’s Democratic Revolution party, the first task in saving democracy is forcing the country’s electoral tribunal to order a full recount. Only this could “clean” an election that he claims was riddled with irregularities and subjected to nefarious influence by electoral authorities, business, local media and, in particular, Vicente Fox, the outgoing president and a member of Mr Calderón’s party.
Mr López Obrador’s problem is that, more than three weeks after he ordered the occupation of the Zócalo and Paseo de la Reforma, one of the city’s biggest avenues, the tribunal appears in no mood to heed the campaigner’s demands. Besides, time is running out: it must declare a president-elect by September 6.
No matter. In a rare interview, Mr López Obrador told the Financial Times at the weekend that not only would his struggle continue but that it would also become more radical and incorporate new acts of “civil resistance” to press his case.
All this has come as little surprise to his critics, who brand the silver-haired 52-year-old simply as an unreformed leftist campaigner with an authoritarian streak and scant regard for legal process.
They would probably be unsurprised, too, to learn what Mr López Obrador is reading: Sources on the History of the Mexican Revolution, a large leather-bound book with gold leaf on the spine. “You have to know history to know what to do in circumstances . . .”, he says before tailing off into silence.
Mr López Obrador has been reading about José Vasconcelos, a prominent revolutionary figure who later put down his loss in the 1929 presidential election to fraud and called on supporters to begin an armed struggle. And like that of Vasconcelos, Mr López Obrador is aware that the story of his own struggle might be retold for future generations.
“Never in this country’s history has an opposition movement managed to bring together so many people,” he says. “This is a historic moment because the next few days will define the future of democracy in Mexico, the role of the institutions and respect for the constitution.”
But he also says that his movement is peaceful. On July 30, when he called on hundreds of thousands of supporters who had gathered to protest against the election result to occupy the Zócalo and Paseo de la Reforma, he explained that each camp should promote culture and entertainment, including theatre, chess, poetry recitals and painting workshops for children.
The result has been the transformation of a thoroughfare into a fanfare of entertainment. In the Zócalo itself, where about 5,000 supporters have joined Mr López Obrador’s camp, a stage has hosted live music daily.
As a political strategy, however, most analysts believe the call for peaceful civil resistance is a big mistake. The resulting traffic chaos from the blockade of Reforma has annoyed many residents in the capital, which is by far Mr López Obrador’s biggest support base. An increasingly radical strategy may also alienate members of his own party, which did well at the legislative level. Before long, they argue, instead of becoming a new Vasconcelos, he may find himself a lonely – and insignificant – character.
Mr López Obrador admits that “there has been a drain of support” since he began his civil resistance campaign. He also accepts that less than half the population supports him in his struggle. In the capital, for example, he believes he now has the backing of 38 per cent of citizens.
But he insists that he had no option but to challenge the authorities. “You can’t stop them unless you take these kinds of steps. The way to fight fraud and to overcome the news blackout is what we are doing now,” he says. “If we hadn’t taken Reforma [the occupied avenue], we would not exist.”
He says the guiding light in his movement is “moral and political authority”. For him, much of that authority is based on irrefutable fact. For about a week following the election, Mr López Obrador held daily press conferences to present video footage of what he claimed was conclusive proof of vote-tampering. Now, following a very limited recount of the votes ordered by the electoral tribunal, he says there is further evidence of “irregularities”.
For many others, though, his moral authority is based less on fact but rather on a deeply rooted – almost spiritually unquestioning – belief that it is his mission to purge Mexico’s political system of the corruption he sees afflicting it. Indeed, in his tent, much of what he says supports that view. He insists, for example, that he does not worry that his struggle could erode his enormous political capital.
“If this were about power for power’s sake then, yes, they could say that this person is stubborn and capricious, that he wants to become president at any cost. But the people understand that I am not vulgar and ambitious, that we are fighting for principles and ideals.”
That is why, he maintains, his political opponents find him hard to deal with. “They are used to dealing with traditional politicians,” he says. “So when they tell me that I am no longer acting like a politician but like a social leader my heart fills with pride because what they are telling you is ‘you are not corrupt’.”
Where will all this lead? That is still difficult to tell. But Mr López Obrador says September 16 will be a “historic day”. He plans to bring together 1m of the movement’s “delegates” that day to decide on what action to take “to decide the future of our movement”. What he is sure about, however, is that the occupation will remain and that “the struggle will continue”.
In that case, if the tribunal rules against him, Mr López Obrador could be calling his tent home indefinitely.
Read a full transcript of the interview at www.ft.com/obrador
Copyright The Financial Times Limited 2006
The Financial Times (Inglaterra)
August 21 2006
It is mid-morning in the Zócalo, Mexico City’s imposing central square, but already Andrés Manuel López Obrador’s small nylon tent is uncomfortably hot. The pink roses shoved into a glass on the camping table seem to be losing their battle for life and the Mexican flag hanging from a wooden pole in the corner looks too out of place to give his makeshift surroundings anything resembling a presidential tinge.
Ever since Mr López Obrador, leftwing candidate in the election for president on July 2, lost by a razor-thin 244,000 votes to Felipe Calderón of the ruling centre-right National Action party, he has been “fighting to save democracy”.
For the leader of Mexico’s Democratic Revolution party, the first task in saving democracy is forcing the country’s electoral tribunal to order a full recount. Only this could “clean” an election that he claims was riddled with irregularities and subjected to nefarious influence by electoral authorities, business, local media and, in particular, Vicente Fox, the outgoing president and a member of Mr Calderón’s party.
Mr López Obrador’s problem is that, more than three weeks after he ordered the occupation of the Zócalo and Paseo de la Reforma, one of the city’s biggest avenues, the tribunal appears in no mood to heed the campaigner’s demands. Besides, time is running out: it must declare a president-elect by September 6.
No matter. In a rare interview, Mr López Obrador told the Financial Times at the weekend that not only would his struggle continue but that it would also become more radical and incorporate new acts of “civil resistance” to press his case.
All this has come as little surprise to his critics, who brand the silver-haired 52-year-old simply as an unreformed leftist campaigner with an authoritarian streak and scant regard for legal process.
They would probably be unsurprised, too, to learn what Mr López Obrador is reading: Sources on the History of the Mexican Revolution, a large leather-bound book with gold leaf on the spine. “You have to know history to know what to do in circumstances . . .”, he says before tailing off into silence.
Mr López Obrador has been reading about José Vasconcelos, a prominent revolutionary figure who later put down his loss in the 1929 presidential election to fraud and called on supporters to begin an armed struggle. And like that of Vasconcelos, Mr López Obrador is aware that the story of his own struggle might be retold for future generations.
“Never in this country’s history has an opposition movement managed to bring together so many people,” he says. “This is a historic moment because the next few days will define the future of democracy in Mexico, the role of the institutions and respect for the constitution.”
But he also says that his movement is peaceful. On July 30, when he called on hundreds of thousands of supporters who had gathered to protest against the election result to occupy the Zócalo and Paseo de la Reforma, he explained that each camp should promote culture and entertainment, including theatre, chess, poetry recitals and painting workshops for children.
The result has been the transformation of a thoroughfare into a fanfare of entertainment. In the Zócalo itself, where about 5,000 supporters have joined Mr López Obrador’s camp, a stage has hosted live music daily.
As a political strategy, however, most analysts believe the call for peaceful civil resistance is a big mistake. The resulting traffic chaos from the blockade of Reforma has annoyed many residents in the capital, which is by far Mr López Obrador’s biggest support base. An increasingly radical strategy may also alienate members of his own party, which did well at the legislative level. Before long, they argue, instead of becoming a new Vasconcelos, he may find himself a lonely – and insignificant – character.
Mr López Obrador admits that “there has been a drain of support” since he began his civil resistance campaign. He also accepts that less than half the population supports him in his struggle. In the capital, for example, he believes he now has the backing of 38 per cent of citizens.
But he insists that he had no option but to challenge the authorities. “You can’t stop them unless you take these kinds of steps. The way to fight fraud and to overcome the news blackout is what we are doing now,” he says. “If we hadn’t taken Reforma [the occupied avenue], we would not exist.”
He says the guiding light in his movement is “moral and political authority”. For him, much of that authority is based on irrefutable fact. For about a week following the election, Mr López Obrador held daily press conferences to present video footage of what he claimed was conclusive proof of vote-tampering. Now, following a very limited recount of the votes ordered by the electoral tribunal, he says there is further evidence of “irregularities”.
For many others, though, his moral authority is based less on fact but rather on a deeply rooted – almost spiritually unquestioning – belief that it is his mission to purge Mexico’s political system of the corruption he sees afflicting it. Indeed, in his tent, much of what he says supports that view. He insists, for example, that he does not worry that his struggle could erode his enormous political capital.
“If this were about power for power’s sake then, yes, they could say that this person is stubborn and capricious, that he wants to become president at any cost. But the people understand that I am not vulgar and ambitious, that we are fighting for principles and ideals.”
That is why, he maintains, his political opponents find him hard to deal with. “They are used to dealing with traditional politicians,” he says. “So when they tell me that I am no longer acting like a politician but like a social leader my heart fills with pride because what they are telling you is ‘you are not corrupt’.”
Where will all this lead? That is still difficult to tell. But Mr López Obrador says September 16 will be a “historic day”. He plans to bring together 1m of the movement’s “delegates” that day to decide on what action to take “to decide the future of our movement”. What he is sure about, however, is that the occupation will remain and that “the struggle will continue”.
In that case, if the tribunal rules against him, Mr López Obrador could be calling his tent home indefinitely.
Read a full transcript of the interview at www.ft.com/obrador
Copyright The Financial Times Limited 2006
Reivindicación del IFE
Mario Moya Palencia
Excélsior
22-08-06
El Instituto pasó la dura prueba y está más limpio que nunca. Las próximas resoluciones del Tribunal confirmarán ese prestigio
En mi artículo del martes pasado, Elección limpia, comenté que el recuento de las 11,839 casillas de 149 distritos electorales en 26 entidades federativas no cambió —como también lo cabeceó Excélsior ese día— los resultados de la elección presidencial; que ratificaban el triunfo del licenciado Felipe Calderón y "había convalidado la mayoría que el IFE anunció tras los cómputos del 6 de julio, lo cual reivindica la labor de ese Instituto y el escrutinio hecho por cientos de miles de ciudadanos".
Mi amigo Marcelino Perelló, matemático al fin, explicó detalladamente, el martes 15, los intríngulis del conteo, y confesó algo que interpreta lo que, a partir de entonces, piensan muchos mexicanos que cometieron el error de dejarse llevar por la acusación de fraude del señor López Obrador y sus seguidores: "Yo, que critiqué ásperamente al IFE, aquí mismo, hace poco, a raíz de la historia de las inconsistencias, hoy no tengo más remedio que salir, quijotesco, en su defensa."
Todo ello, insisto, significa una "reivindicación" del Instituto, de su consejero presidente, Luis Carlos Ugalde, y de los demás miembros de su Consejo General. Reivindicar, según la Real Academia de la Lengua, viene del latín res, rei, "cosa", y tiene el significado de "recuperar uno lo que por razón de dominio, cuasi dominio u otro motivo, le pertenece." En este caso la "cosa recuperada" es la confianza y la credibilidad ciento por ciento que justamente tenía y han vuelto a tener, sin duda, el Instituto Federal Electoral, sus dirigentes y colaboradores, como entidad autónoma que nunca se ha apartado de sus principios rectores: certeza, legalidad, independencia, imparcialidad y objetividad.
Para quienes jamás dudamos del IFE y de Ugalde, así como de su cumplimiento de esos principios, no había necesidad de rectificación ni reivindicación; conocemos la vida institucional del país y el derecho y la organización electorales desde antes de que existiera el Instituto y sabemos que un fraude nacional es imposible.
Lo más importante es que cuatro de los cinco partidos o coaliciones participantes (PAN, PRI, Nueva Alianza y Alternativa) aceptaron en lo general desde un principio los resultados de las tres elecciones federales concurrentes y, por lo tanto, la legalidad y la certeza que le otorgaron el IFE y más de un millón 200 mil ciudadanos —capacitados por aquél— en la jornada del 2 de julio y en los cómputos de los días 5 y 6. Sólo la coalición Por el Bien de Todos impugnó 21,457 casillas del comicio mayor, de las cuales el Tribunal Electoral recontó 54% (11,839) y permaneció prácticamente la misma mayoría de sufragios (casi 0.57%) en favor del candidato panista.
La decisión del Tribunal federal de ordenar y hacer el recuento no fue un "regaño" al IFE causado por una "sospecha" sobre sus acciones —como dijeron los perredistas—, sino el desahogo de una vasta prueba pericial en los "juicios de inconformidad" interpuestos. El propio TEPJF ordenó al IFE, desde fines de julio, que abriera aquellos sobres o paquetes que se requería abrir para integrar los expedientes contenciosos, pues al Tribunal le faltaba alguno o algunos de estos documentos: a) acta de casilla, b) lista nominal de electores y, c) escritos de protesta; lo que éste hizo en las casillas señaladas por el TEPJF, por medio de los consejos distritales respectivos, para contribuir así a una mejor justicia electoral.
El IFE pasó la dura prueba y está más limpio que nunca. Las próximas resoluciones definitivas del Tribunal, que anunciamos también la semana pasada, serán, a nuestro juicio, una nueva confirmación del prestigio del Instituto.
mmoyapalencia@prodigy.net.mx
Excélsior
22-08-06
El Instituto pasó la dura prueba y está más limpio que nunca. Las próximas resoluciones del Tribunal confirmarán ese prestigio
En mi artículo del martes pasado, Elección limpia, comenté que el recuento de las 11,839 casillas de 149 distritos electorales en 26 entidades federativas no cambió —como también lo cabeceó Excélsior ese día— los resultados de la elección presidencial; que ratificaban el triunfo del licenciado Felipe Calderón y "había convalidado la mayoría que el IFE anunció tras los cómputos del 6 de julio, lo cual reivindica la labor de ese Instituto y el escrutinio hecho por cientos de miles de ciudadanos".
Mi amigo Marcelino Perelló, matemático al fin, explicó detalladamente, el martes 15, los intríngulis del conteo, y confesó algo que interpreta lo que, a partir de entonces, piensan muchos mexicanos que cometieron el error de dejarse llevar por la acusación de fraude del señor López Obrador y sus seguidores: "Yo, que critiqué ásperamente al IFE, aquí mismo, hace poco, a raíz de la historia de las inconsistencias, hoy no tengo más remedio que salir, quijotesco, en su defensa."
Todo ello, insisto, significa una "reivindicación" del Instituto, de su consejero presidente, Luis Carlos Ugalde, y de los demás miembros de su Consejo General. Reivindicar, según la Real Academia de la Lengua, viene del latín res, rei, "cosa", y tiene el significado de "recuperar uno lo que por razón de dominio, cuasi dominio u otro motivo, le pertenece." En este caso la "cosa recuperada" es la confianza y la credibilidad ciento por ciento que justamente tenía y han vuelto a tener, sin duda, el Instituto Federal Electoral, sus dirigentes y colaboradores, como entidad autónoma que nunca se ha apartado de sus principios rectores: certeza, legalidad, independencia, imparcialidad y objetividad.
Para quienes jamás dudamos del IFE y de Ugalde, así como de su cumplimiento de esos principios, no había necesidad de rectificación ni reivindicación; conocemos la vida institucional del país y el derecho y la organización electorales desde antes de que existiera el Instituto y sabemos que un fraude nacional es imposible.
Lo más importante es que cuatro de los cinco partidos o coaliciones participantes (PAN, PRI, Nueva Alianza y Alternativa) aceptaron en lo general desde un principio los resultados de las tres elecciones federales concurrentes y, por lo tanto, la legalidad y la certeza que le otorgaron el IFE y más de un millón 200 mil ciudadanos —capacitados por aquél— en la jornada del 2 de julio y en los cómputos de los días 5 y 6. Sólo la coalición Por el Bien de Todos impugnó 21,457 casillas del comicio mayor, de las cuales el Tribunal Electoral recontó 54% (11,839) y permaneció prácticamente la misma mayoría de sufragios (casi 0.57%) en favor del candidato panista.
La decisión del Tribunal federal de ordenar y hacer el recuento no fue un "regaño" al IFE causado por una "sospecha" sobre sus acciones —como dijeron los perredistas—, sino el desahogo de una vasta prueba pericial en los "juicios de inconformidad" interpuestos. El propio TEPJF ordenó al IFE, desde fines de julio, que abriera aquellos sobres o paquetes que se requería abrir para integrar los expedientes contenciosos, pues al Tribunal le faltaba alguno o algunos de estos documentos: a) acta de casilla, b) lista nominal de electores y, c) escritos de protesta; lo que éste hizo en las casillas señaladas por el TEPJF, por medio de los consejos distritales respectivos, para contribuir así a una mejor justicia electoral.
El IFE pasó la dura prueba y está más limpio que nunca. Las próximas resoluciones definitivas del Tribunal, que anunciamos también la semana pasada, serán, a nuestro juicio, una nueva confirmación del prestigio del Instituto.
mmoyapalencia@prodigy.net.mx
Chiapas (o el efecto espejo)
Yuriria Sierra
Excélsior - Nudo gordiano
22-08-06
No estamos en Chiapas para plantones. Eso dijo ayer muy temprano Juan Sabines, candidato de la coalición Por el Bien de Todos a la gubernatura, y además, quien mantenía hasta ese momento una ligerísima ventaja sobre su contendiente de la alianza PRI-PAN-Panal, José Antonio Aguilar Bodegas. Otro empate técnico que se definirá en los tribunales. Y dice Sabines que, si el adversario lo solicita, la coalición aceptaría un recuento de votos y pide respeto al resultado electoral. Que, en lugar de confrontación, él prefiere "tender una mano" a panistas, priistas y panalistas, para negociar y calmar los ánimos.
Y los priistas, panistas y panalistas advierten que hubo una elección de Estado (yo acotaría, tendrían, en todo caso que ponerlo en minúsculas, elección de estado… de Chiapas). Que el gobernador Pablo Salazar Mendiguchía le habría "echado la mano" de manera extralegal al candidato perredista. Es más, cuando escribo estas líneas, Aguilar Bodegas anunciaba que impugnaría los resultados electorales, pues en muchas casillas habían "detectado graves irregularidades".
Al espejo (al revés alrevesado): Cuando uno se mira al espejo, la mano izquierda aparece como la derecha y viceversa. Así está pasando con los argumentos político/legales de la coalición Por el Bien de Todos, si se compara la presidencial con la reciente elección para gobernador en ese estado de la República. Ahora, el PRD pide respeto a los resultados, a las instituciones electorales y llama a no causar molestias a los ciudadanos. Es más, invita a sus adversarios a sumarse a la futura labor de gobierno, para tender un puente político y evitar costosas confrontaciones.
Uno no pudo evitar sonreír al escuchar las declaraciones del presidente nacional del PRD, Leonel Cota Montaño: "Para el caso de Chiapas nosotros sólo pedimos que se aplique el resultado electoral que la gente determinó". Pero cuando se le cuestionó si esta misma lógica tendría que aplicar para la elección presidencial, Cota Montaño, algo acorralado, sólo respondió: "A nivel nacional el PRD lo determinará en su momento, cuando lo considere conveniente, por ahora no hay negociación alguna con el Gobierno federal para ningún tema."
Salida de emergencia. Llaman la atención, además, dos eventos adicionales: a) que Juan Sabines se pronunciara a favor de un recuento total si así lo solicitaran sus adversarios (aun a sabiendas de que lo que él diga no tiene peso jurídico, al igual que en el caso de los candidatos presidenciales: quien decide si se lleva o no a cabo el recuento es el Tribunal electoral local y, después, el TEPJF). Es ese un "regalito" retórico para Andrés Manuel. Pero, al mismo tiempo, b) Juan Sabines se deslinda de López Obrador y su movimiento, a sabiendas, seguramente, de que su propia candidatura podría volverse "moneda de cambio" en el tablero federal. Así pues el panorama debería parecer muy claro: al PAN y al PRI les convendría que Sabines gane legítimamente en la lógica de las instituciones y no "armársela de jamón" al PRD; y al PRD (al menos al sector más moderado) le convendría utilizar esta victoria como salida al galimatías político en que los ha metido AMLO. Esperaremos a ver si estos partidos saben o no aprovechar la salida de emergencia que se ha presentado para ambos.
yuriria_sierra@yahoo.com
Excélsior - Nudo gordiano
22-08-06
No estamos en Chiapas para plantones. Eso dijo ayer muy temprano Juan Sabines, candidato de la coalición Por el Bien de Todos a la gubernatura, y además, quien mantenía hasta ese momento una ligerísima ventaja sobre su contendiente de la alianza PRI-PAN-Panal, José Antonio Aguilar Bodegas. Otro empate técnico que se definirá en los tribunales. Y dice Sabines que, si el adversario lo solicita, la coalición aceptaría un recuento de votos y pide respeto al resultado electoral. Que, en lugar de confrontación, él prefiere "tender una mano" a panistas, priistas y panalistas, para negociar y calmar los ánimos.
Y los priistas, panistas y panalistas advierten que hubo una elección de Estado (yo acotaría, tendrían, en todo caso que ponerlo en minúsculas, elección de estado… de Chiapas). Que el gobernador Pablo Salazar Mendiguchía le habría "echado la mano" de manera extralegal al candidato perredista. Es más, cuando escribo estas líneas, Aguilar Bodegas anunciaba que impugnaría los resultados electorales, pues en muchas casillas habían "detectado graves irregularidades".
Al espejo (al revés alrevesado): Cuando uno se mira al espejo, la mano izquierda aparece como la derecha y viceversa. Así está pasando con los argumentos político/legales de la coalición Por el Bien de Todos, si se compara la presidencial con la reciente elección para gobernador en ese estado de la República. Ahora, el PRD pide respeto a los resultados, a las instituciones electorales y llama a no causar molestias a los ciudadanos. Es más, invita a sus adversarios a sumarse a la futura labor de gobierno, para tender un puente político y evitar costosas confrontaciones.
Uno no pudo evitar sonreír al escuchar las declaraciones del presidente nacional del PRD, Leonel Cota Montaño: "Para el caso de Chiapas nosotros sólo pedimos que se aplique el resultado electoral que la gente determinó". Pero cuando se le cuestionó si esta misma lógica tendría que aplicar para la elección presidencial, Cota Montaño, algo acorralado, sólo respondió: "A nivel nacional el PRD lo determinará en su momento, cuando lo considere conveniente, por ahora no hay negociación alguna con el Gobierno federal para ningún tema."
Salida de emergencia. Llaman la atención, además, dos eventos adicionales: a) que Juan Sabines se pronunciara a favor de un recuento total si así lo solicitaran sus adversarios (aun a sabiendas de que lo que él diga no tiene peso jurídico, al igual que en el caso de los candidatos presidenciales: quien decide si se lleva o no a cabo el recuento es el Tribunal electoral local y, después, el TEPJF). Es ese un "regalito" retórico para Andrés Manuel. Pero, al mismo tiempo, b) Juan Sabines se deslinda de López Obrador y su movimiento, a sabiendas, seguramente, de que su propia candidatura podría volverse "moneda de cambio" en el tablero federal. Así pues el panorama debería parecer muy claro: al PAN y al PRI les convendría que Sabines gane legítimamente en la lógica de las instituciones y no "armársela de jamón" al PRD; y al PRD (al menos al sector más moderado) le convendría utilizar esta victoria como salida al galimatías político en que los ha metido AMLO. Esperaremos a ver si estos partidos saben o no aprovechar la salida de emergencia que se ha presentado para ambos.
yuriria_sierra@yahoo.com
Aristegui y las exigencias del culto a Andrés Manuel
Regina Santiago Nuñez
Crónica
22 de Agosto de 2006
La del jueves 17 de agosto debió ser una larga noche de reflexión para Carmen Aristegui. A la mañana siguiente correría el riesgo de quedar etiquetada como pieza clave de un engranaje propagandístico cuidadosamente estructurado tal vez por cierto sector del gobierno cubano; quizás por una de las fracciones del lopezobradorismo, probablemente por ambos, aunque haya quienes dicen que por ninguno.
Como comentarista de CNN en español y Televisa Radio, Aristegui fue seleccionada para impulsar un debate que pudiera contribuir a recuperar la cohesión de un movimiento lopezobradorista que cada vez hace más evidentes sus fracturas. La apuesta era riesgosa. Se basaba en reciclar un video claramente manipulado con fragmentos de la confesión grabada al polémico empresario, Carlos Ahumada, en un centro de reclusión cubano.
La mañana del viernes 18 de agosto Aristegui decidió correr el riesgo pero intentó una especie de “vacuna” subrayando el valor periodístico de un material que, por la forma en que le fue proporcionado y por el tratamiento que recibió, estaba destinado a generar múltiples suspicacias. Dijo que no era ingenua, que sabía que le habían hecho llegar el material con una intencionalidad política, que se trataba de llevar la atención hacia la idea del complot foxista del que había sido víctima López Obrador.
A pesar de que sus palabras parecían revelar un conflicto interno, a las 8:30 de la mañana Aristegui detonó el mecanismo de propaganda. A las 8.50 estaba terminando de difundirse el video y cuatro minutos después Milenio online informaba del contenido, enfatizando que ésta era la prueba de la existencia del complot que López Obrador siempre denunció.
Simultáneamente, Aristegui conversaba con José Antonio Crespo para marcar lo que debía ser la línea de interpretación del material presentado: Se demuestra un operativo de Estado para impedir que López Obrador llegue a la Presidencia. Ya desde 2004 estaba sugerida esta participación, pero el valor de este material es que da nombres y le quita autoridad moral a Santiago Creel para ser líder de los senadores del PAN.
Más tarde, Horacio Duarte anunció que presentaría el video ante el Tribunal Electoral como prueba de la intromisión de Fox para impedir que López Obrador llegara a la Presidencia. A pesar de todo, el secretario general del PRD, Guadalupe Acosta Naranjo deslindó a su partido de la difusión del video.
Pero esa tarde, también en Televisa Radio, Carlos Loret de Mola entrevistó a Claudia Sheinbaum y hábilmente la fue llevando a presentarse como una de las más beneficiadas por la maniobra propagandística. En un inicio Sheinbaum declaró que para ellos no fue sorpresa (la difusión del video) y dijo que el material sólo servía para confirmar lo que López Obrador siempre había dicho sobre la existencia de un complot.
Loret utilizó este señalamiento para desacreditar los argumentos con que Aristegui pretendió “vacunarse”. Hizo notar, con un dejo de ironía, que Sheinbaum tenía razón, que realmente no hay nada nuevo en esta historia salvo, quizás, que sea Ahumada quien aparezca dando nombres. Luego mencionó que hay quien dice que este video fue un regalo de Castro a López Obrador, a lo que Sheinbaum respondió que no sabía si esto era así, pero que era importante considerar el momento político en el que se reveló.
Cuando Loret mencionó que había quienes consideraban que éste era un movimiento desesperado por parte de la coalición, Sheinbaum reaccionó y trató de enmendar lo dicho anteriormente. Puso especial énfasis en señalar que ella no tenía conocimiento del video y que no sabía cómo le llegó a Aristegui.
Cuando Loret aumentó la presión haciéndole notar que seguramente todo esto era de su agrado en su condición de esposa de Carlos Imaz, Sheinbaum perdió los estribos y, alzando la voz, increpó al conductor preguntando si no tenía claro que su esposo no cometió ilícito alguno y que el delincuente es Ahumada.
Por la noche, los compañeros de Aristegui en Televisa Radio se convirtieron en sus jueces más severos. Adrián Trejo retomó la idea que ya se había manejado en noticiarios como el de Joaquín López Dóriga, Jacobo Zabludowsky y Ciro Gómez Leyva, entre otros. Dijo que la difusión del video se da en el contexto de la calificación de la elección presidencial y es una clara intromisión del gobierno cubano en asuntos internos de México.
Luego, en el comentario conjunto con Salvador García Soto, señaló que en términos periodísticos, la divulgación del video no aporta mucho. Dijo: Carmen Aristegui hizo su trabajo; ella tiene sus fuentes, pero hoy ese material ya no tiene tanto valor periodístico y más bien se inscribe dentro de una estrategia política.
Como muchos otros comentaristas de noticias, Aristegui ha sido regañada en público y en privado por López Obrador y algunos de sus operadores como Claudia Sheinbaum y Federico Arreola, a pesar de que les ha brindado su apoyo. Ahora es puesta en evidencia por los propios periodistas de Televisa radio y por otra ala de la estrategia de López Obrador. El sábado 21 de agosto, una vez que pudo medirse el efecto boomerang que provocó la difusión del video para los ultras del lópezobradorismo, Jaime Avilés escribió en La Jornada que no podía descartarse que el video hubiera sido filtrado por la campaña de Felipe Calderón.
La difusión del video de Ahumada se dio un día después de que Rosario Robles había denunciado la traición de López Obrador no sólo a ella, sino a Cuauhtémoc Cárdenas. López Obrador utilizó a Rosario Robles para ganar la elección como jefe de Gobierno y luego la persiguió cuando vio que podía convertirse en un obstáculo para sus planes de apoderarse del PRD y de la candidatura a la Presidencia.
La maniobra propagandística se dio también en momentos en que crece la percepción de que la izquierda pensante y moderna no tiene cabida en el lópezobradorismo. El caudillo exige total sumisión y la renuncia a todo pensamiento propio. Algunos políticos, intelectuales y periodistas han tenido el valor de declarar públicamente que, aunque votaron por López Obrador, hoy no están dispuestos a seguirlo en su nueva aventura. Ojalá y los detalles de este episodio propiciaran otra larga noche de reflexión por parte de Carmen Aristegui, con mejores resultados para ella, para el periodismo y para la izquierda pensante.
*Regina Santiago Núñez fue analista política para la página de internet de CNN en español con la columna La Transición Política en México. Actualmente participa en el observatorio de medios de la Universidad Iberoamericana.
rsantiagmx@yahoo.com.mx
Crónica
22 de Agosto de 2006
La del jueves 17 de agosto debió ser una larga noche de reflexión para Carmen Aristegui. A la mañana siguiente correría el riesgo de quedar etiquetada como pieza clave de un engranaje propagandístico cuidadosamente estructurado tal vez por cierto sector del gobierno cubano; quizás por una de las fracciones del lopezobradorismo, probablemente por ambos, aunque haya quienes dicen que por ninguno.
Como comentarista de CNN en español y Televisa Radio, Aristegui fue seleccionada para impulsar un debate que pudiera contribuir a recuperar la cohesión de un movimiento lopezobradorista que cada vez hace más evidentes sus fracturas. La apuesta era riesgosa. Se basaba en reciclar un video claramente manipulado con fragmentos de la confesión grabada al polémico empresario, Carlos Ahumada, en un centro de reclusión cubano.
La mañana del viernes 18 de agosto Aristegui decidió correr el riesgo pero intentó una especie de “vacuna” subrayando el valor periodístico de un material que, por la forma en que le fue proporcionado y por el tratamiento que recibió, estaba destinado a generar múltiples suspicacias. Dijo que no era ingenua, que sabía que le habían hecho llegar el material con una intencionalidad política, que se trataba de llevar la atención hacia la idea del complot foxista del que había sido víctima López Obrador.
A pesar de que sus palabras parecían revelar un conflicto interno, a las 8:30 de la mañana Aristegui detonó el mecanismo de propaganda. A las 8.50 estaba terminando de difundirse el video y cuatro minutos después Milenio online informaba del contenido, enfatizando que ésta era la prueba de la existencia del complot que López Obrador siempre denunció.
Simultáneamente, Aristegui conversaba con José Antonio Crespo para marcar lo que debía ser la línea de interpretación del material presentado: Se demuestra un operativo de Estado para impedir que López Obrador llegue a la Presidencia. Ya desde 2004 estaba sugerida esta participación, pero el valor de este material es que da nombres y le quita autoridad moral a Santiago Creel para ser líder de los senadores del PAN.
Más tarde, Horacio Duarte anunció que presentaría el video ante el Tribunal Electoral como prueba de la intromisión de Fox para impedir que López Obrador llegara a la Presidencia. A pesar de todo, el secretario general del PRD, Guadalupe Acosta Naranjo deslindó a su partido de la difusión del video.
Pero esa tarde, también en Televisa Radio, Carlos Loret de Mola entrevistó a Claudia Sheinbaum y hábilmente la fue llevando a presentarse como una de las más beneficiadas por la maniobra propagandística. En un inicio Sheinbaum declaró que para ellos no fue sorpresa (la difusión del video) y dijo que el material sólo servía para confirmar lo que López Obrador siempre había dicho sobre la existencia de un complot.
Loret utilizó este señalamiento para desacreditar los argumentos con que Aristegui pretendió “vacunarse”. Hizo notar, con un dejo de ironía, que Sheinbaum tenía razón, que realmente no hay nada nuevo en esta historia salvo, quizás, que sea Ahumada quien aparezca dando nombres. Luego mencionó que hay quien dice que este video fue un regalo de Castro a López Obrador, a lo que Sheinbaum respondió que no sabía si esto era así, pero que era importante considerar el momento político en el que se reveló.
Cuando Loret mencionó que había quienes consideraban que éste era un movimiento desesperado por parte de la coalición, Sheinbaum reaccionó y trató de enmendar lo dicho anteriormente. Puso especial énfasis en señalar que ella no tenía conocimiento del video y que no sabía cómo le llegó a Aristegui.
Cuando Loret aumentó la presión haciéndole notar que seguramente todo esto era de su agrado en su condición de esposa de Carlos Imaz, Sheinbaum perdió los estribos y, alzando la voz, increpó al conductor preguntando si no tenía claro que su esposo no cometió ilícito alguno y que el delincuente es Ahumada.
Por la noche, los compañeros de Aristegui en Televisa Radio se convirtieron en sus jueces más severos. Adrián Trejo retomó la idea que ya se había manejado en noticiarios como el de Joaquín López Dóriga, Jacobo Zabludowsky y Ciro Gómez Leyva, entre otros. Dijo que la difusión del video se da en el contexto de la calificación de la elección presidencial y es una clara intromisión del gobierno cubano en asuntos internos de México.
Luego, en el comentario conjunto con Salvador García Soto, señaló que en términos periodísticos, la divulgación del video no aporta mucho. Dijo: Carmen Aristegui hizo su trabajo; ella tiene sus fuentes, pero hoy ese material ya no tiene tanto valor periodístico y más bien se inscribe dentro de una estrategia política.
Como muchos otros comentaristas de noticias, Aristegui ha sido regañada en público y en privado por López Obrador y algunos de sus operadores como Claudia Sheinbaum y Federico Arreola, a pesar de que les ha brindado su apoyo. Ahora es puesta en evidencia por los propios periodistas de Televisa radio y por otra ala de la estrategia de López Obrador. El sábado 21 de agosto, una vez que pudo medirse el efecto boomerang que provocó la difusión del video para los ultras del lópezobradorismo, Jaime Avilés escribió en La Jornada que no podía descartarse que el video hubiera sido filtrado por la campaña de Felipe Calderón.
La difusión del video de Ahumada se dio un día después de que Rosario Robles había denunciado la traición de López Obrador no sólo a ella, sino a Cuauhtémoc Cárdenas. López Obrador utilizó a Rosario Robles para ganar la elección como jefe de Gobierno y luego la persiguió cuando vio que podía convertirse en un obstáculo para sus planes de apoderarse del PRD y de la candidatura a la Presidencia.
La maniobra propagandística se dio también en momentos en que crece la percepción de que la izquierda pensante y moderna no tiene cabida en el lópezobradorismo. El caudillo exige total sumisión y la renuncia a todo pensamiento propio. Algunos políticos, intelectuales y periodistas han tenido el valor de declarar públicamente que, aunque votaron por López Obrador, hoy no están dispuestos a seguirlo en su nueva aventura. Ojalá y los detalles de este episodio propiciaran otra larga noche de reflexión por parte de Carmen Aristegui, con mejores resultados para ella, para el periodismo y para la izquierda pensante.
*Regina Santiago Núñez fue analista política para la página de internet de CNN en español con la columna La Transición Política en México. Actualmente participa en el observatorio de medios de la Universidad Iberoamericana.
rsantiagmx@yahoo.com.mx
AMLO, Sorel y Benito
Francisco Báez Rodríguez
Crónica
22 de Agosto de 2006
Si las cosas continúan en el mismo carril político, dentro de unas semanas Andrés Manuel López Obrador habrá desconocido a Felipe Calderón como presidente legítimo del país y llamará a sus seguidores a otro tipo de resistencia civil, cuyas aristas todavía no están bien definidas.
AMLO ha creado un movimiento que se pretende disruptivo; un movimiento que está a punto de quedar por afuera, por encima y contra las instituciones generadas en México en las últimas décadas. Un movimiento de “purificación de la vida social” que quiere cambiar profundamente, de manera tajante, la vida política de la nación.
López Obrador utiliza como referentes favoritos a algunos próceres históricos: Ponciano Arriaga, Justo Sierra, Emiliano Zapata y, sobre todo, Benito Juárez, de quienes toma frases prestadas para sus principales discursos e intervenciones. Pero su verdadera inspiración —aunque tal vez él nunca lo haya leído directamente— parece ser Georges Sorel, filósofo francés y teórico del sindicalismo revolucionario.
Sorel fue una suerte de marxista muy heterodoxo, que criticaba los aspectos materialistas y “científicos” del gran teórico alemán del comunismo. Para Sorel, la verdad del marxismo no estaba en su contenido, sino en su capacidad redentora de los pobres para poner fin a una sociedad decadente. Y, a diferencia de Marx, Sorel basaba su socialismo no en un análisis de las relaciones sociales de producción, sino en una cuestión moral.
Para Sorel, los mecanismos de la democracia liberal eran meros caminos laterales, limitados y engañosos de acceso al poder, ya que por la diferencia de poderío y recursos entre capitalistas y trabajadores, la democracia era esencialmente corrupta. La vía maestra era la acción directa. Preconizaba la organización de una gran huelga general como el momento clave para la toma del poder de parte del proletariado, que acabaría controlando los medios de producción.
Pero hay otro elemento clave en la visión del filósofo francés: el “mito”. Por “mito”, Sorel se refiere a la creación de una idea, un concepto, un sentimiento capaz de llevar a las masas a la acción concertada. Lo llamaba mito porque su valor no se medía por su cercanía a la “verdad”, sino por las consecuencias prácticas que acarreaba.
A su desprecio a la democracia burguesa y a la mediocridad, Sorel correspondía con el culto a la grandeza y a la nacionalidad (porque Sorel no creía en el internacionalismo, sino en la grandeza de Francia, que debía revivir los principios puros y populares de la revolución de 1789).
Ir más allá, por encima y —si es necesario— en contra de las reglas injustas de la democracia burguesa. Encontrar un “mito” desde el cual organizar a las masas para la acción directa. Usar a los pobres como ariete para acabar con una sociedad decadente y corrupta. Despreciar la mediocridad. Pensar, antes que nada, en la grandeza de la nación.
Hubo un seguidor de Sorel hace casi un siglo. Un periodista socialista llamado Benito, a quien sus compañeros consideraban extremista del sindicalismo. Era un hombre convencido (lo cito) de que “nuestra clase política es deficiente. La crisis del Estado liberal es esta deficiencia documentada”. Convencido de que sus compatriotas eran “desdeñosos del pasado y ansiosos de renovación”, creó un movimiento revolucionario, que proclamaba, entre otras cosas, “que las organizaciones proletarias (moral y técnicamente dignas) se encarguen de la gestión de las industrias y servicios públicos… un fuerte impuesto extraordinario sobre el capital, que tenga la forma de expropiación parcial de todas las riquezas… la convocatoria a una Asamblea Nacional, cuya primera tarea sea establecer la forma de constitución del Estado”. Un movimiento que, sobre todo, valía por sí mismo: era un programa de transformación continua.
Benito Mussolini, moviéndose hábilmente en un ambiente en el que los partidos no estaban acostumbrados a llegar a acuerdos y en el que la cultura nacional estaba dominada por la retórica, pasó de la izquierda a la extrema derecha, se adueñó del poder —con maniobras, sin violencia en gran escala—, gobernó “fuera, por encima y contra el Parlamento” y lanzó a Italia a la terrible aventura de la II Guerra Mundial.
El mimetismo de algunos de los gestos políticos de López Obrador con las propuestas sorelianas no basta para convertirlo en un Duce en potencia. Entre otras cosas, y sobre todo, porque muchas de sus organizaciones de masas se fundaron a través del clientelismo; por lo tanto, no se integran de manera jerárquica y dependen demasiado de los recursos que otorga la democracia liberal. Igual cosa sucede con el partido: el PRD dista mucho de ser una organización rígidamente vertical. Y si bien nuestros partidos se comportaron en las dos últimas legislaturas exactamente como los de la Italia pre-fascista (los gritos, la retórica, las descalificaciones mutuas), la cultura nacional democrática, aunque inmadura, parece haber sentado raíces. El espacio que le queda a la violencia es reducido.
Finalmente, falta el vuelco ideológico. Hay, sí, masas que siguen al líder sin saber con precisión adónde las lleva. Hay también grupos espontáneos que se han expresado en los campamentos de verano de la Coalición Por el Bien de Todos con un lenguaje claramente de derecha (squadrista, siguiendo el símil italiano). Lo vemos en el lenguaje violento de algunas mantas, en el nacionalismo trasnochado de otras (contra españoles, contra apellidos extranjeros, contra gringos y judíos), en los intentos de adoctrinamiento infantil.
Se ha gestado un huevo de la serpiente. Pero no parece que sea capaz de romper el cascarón.
Del otro huevo de la serpiente —el de la derecha pura y dura— comentaremos próximamente.
fabaez@gmail.com
Crónica
22 de Agosto de 2006
Si las cosas continúan en el mismo carril político, dentro de unas semanas Andrés Manuel López Obrador habrá desconocido a Felipe Calderón como presidente legítimo del país y llamará a sus seguidores a otro tipo de resistencia civil, cuyas aristas todavía no están bien definidas.
AMLO ha creado un movimiento que se pretende disruptivo; un movimiento que está a punto de quedar por afuera, por encima y contra las instituciones generadas en México en las últimas décadas. Un movimiento de “purificación de la vida social” que quiere cambiar profundamente, de manera tajante, la vida política de la nación.
López Obrador utiliza como referentes favoritos a algunos próceres históricos: Ponciano Arriaga, Justo Sierra, Emiliano Zapata y, sobre todo, Benito Juárez, de quienes toma frases prestadas para sus principales discursos e intervenciones. Pero su verdadera inspiración —aunque tal vez él nunca lo haya leído directamente— parece ser Georges Sorel, filósofo francés y teórico del sindicalismo revolucionario.
Sorel fue una suerte de marxista muy heterodoxo, que criticaba los aspectos materialistas y “científicos” del gran teórico alemán del comunismo. Para Sorel, la verdad del marxismo no estaba en su contenido, sino en su capacidad redentora de los pobres para poner fin a una sociedad decadente. Y, a diferencia de Marx, Sorel basaba su socialismo no en un análisis de las relaciones sociales de producción, sino en una cuestión moral.
Para Sorel, los mecanismos de la democracia liberal eran meros caminos laterales, limitados y engañosos de acceso al poder, ya que por la diferencia de poderío y recursos entre capitalistas y trabajadores, la democracia era esencialmente corrupta. La vía maestra era la acción directa. Preconizaba la organización de una gran huelga general como el momento clave para la toma del poder de parte del proletariado, que acabaría controlando los medios de producción.
Pero hay otro elemento clave en la visión del filósofo francés: el “mito”. Por “mito”, Sorel se refiere a la creación de una idea, un concepto, un sentimiento capaz de llevar a las masas a la acción concertada. Lo llamaba mito porque su valor no se medía por su cercanía a la “verdad”, sino por las consecuencias prácticas que acarreaba.
A su desprecio a la democracia burguesa y a la mediocridad, Sorel correspondía con el culto a la grandeza y a la nacionalidad (porque Sorel no creía en el internacionalismo, sino en la grandeza de Francia, que debía revivir los principios puros y populares de la revolución de 1789).
Ir más allá, por encima y —si es necesario— en contra de las reglas injustas de la democracia burguesa. Encontrar un “mito” desde el cual organizar a las masas para la acción directa. Usar a los pobres como ariete para acabar con una sociedad decadente y corrupta. Despreciar la mediocridad. Pensar, antes que nada, en la grandeza de la nación.
Hubo un seguidor de Sorel hace casi un siglo. Un periodista socialista llamado Benito, a quien sus compañeros consideraban extremista del sindicalismo. Era un hombre convencido (lo cito) de que “nuestra clase política es deficiente. La crisis del Estado liberal es esta deficiencia documentada”. Convencido de que sus compatriotas eran “desdeñosos del pasado y ansiosos de renovación”, creó un movimiento revolucionario, que proclamaba, entre otras cosas, “que las organizaciones proletarias (moral y técnicamente dignas) se encarguen de la gestión de las industrias y servicios públicos… un fuerte impuesto extraordinario sobre el capital, que tenga la forma de expropiación parcial de todas las riquezas… la convocatoria a una Asamblea Nacional, cuya primera tarea sea establecer la forma de constitución del Estado”. Un movimiento que, sobre todo, valía por sí mismo: era un programa de transformación continua.
Benito Mussolini, moviéndose hábilmente en un ambiente en el que los partidos no estaban acostumbrados a llegar a acuerdos y en el que la cultura nacional estaba dominada por la retórica, pasó de la izquierda a la extrema derecha, se adueñó del poder —con maniobras, sin violencia en gran escala—, gobernó “fuera, por encima y contra el Parlamento” y lanzó a Italia a la terrible aventura de la II Guerra Mundial.
El mimetismo de algunos de los gestos políticos de López Obrador con las propuestas sorelianas no basta para convertirlo en un Duce en potencia. Entre otras cosas, y sobre todo, porque muchas de sus organizaciones de masas se fundaron a través del clientelismo; por lo tanto, no se integran de manera jerárquica y dependen demasiado de los recursos que otorga la democracia liberal. Igual cosa sucede con el partido: el PRD dista mucho de ser una organización rígidamente vertical. Y si bien nuestros partidos se comportaron en las dos últimas legislaturas exactamente como los de la Italia pre-fascista (los gritos, la retórica, las descalificaciones mutuas), la cultura nacional democrática, aunque inmadura, parece haber sentado raíces. El espacio que le queda a la violencia es reducido.
Finalmente, falta el vuelco ideológico. Hay, sí, masas que siguen al líder sin saber con precisión adónde las lleva. Hay también grupos espontáneos que se han expresado en los campamentos de verano de la Coalición Por el Bien de Todos con un lenguaje claramente de derecha (squadrista, siguiendo el símil italiano). Lo vemos en el lenguaje violento de algunas mantas, en el nacionalismo trasnochado de otras (contra españoles, contra apellidos extranjeros, contra gringos y judíos), en los intentos de adoctrinamiento infantil.
Se ha gestado un huevo de la serpiente. Pero no parece que sea capaz de romper el cascarón.
Del otro huevo de la serpiente —el de la derecha pura y dura— comentaremos próximamente.
fabaez@gmail.com
21 de agosto de 2006
Si no con votos, de perdida con milagros
Carlos Marín
Milenio - El asalto a la razón
21/08/2006
"Con todo respeto…" había sido la premisa que Andrés Manuel López Obrador degradó hasta convertirla en cédula de impunidad para ofender y calumniar.
Repetitivo en sofismas como se ha revelado para necear con su pretensión de alzarse con una Presidencia que él mismo hizo inalcanzable para sí, ayer comenzó a retorcer otra expresión válida sólo cuando se especula con hipótesis viables: "No es aventurado decir…".
Con el propósito evidente de azuzar a sus porras contra el predecible fallo del Tribunal Electoral, dijo esto en el mitin de ayer:
"Por eso estamos aquí en resistencia civil, esperando a que el Tribunal resuelva en definitiva sobre el resultado de la elección. Aunque también sabemos que nuestros adversarios —porque no nos estamos chupando el dedo— tienen sometidos a fuertes presiones a los magistrados, y no es aventurado decir que están a la orden del día los cañonazos de dinero, o los ofrecimientos de cargos públicos para el futuro".
O sea, hay que entender que si el Tribunal no le regala el cargo que perdió el 2 de julio, será porque los magistrados vendieron su decisión.
La mina de insania que explota el candidato de una coalición que ha desmentido su proclama de trabajar "por el bien de todos" es inagotable.
El viernes, por ejemplo, se colgó de uno de los personajes más detestados por López Obrador, el empresario Carlos Ahumada, al dar por cierta su "confesión" (¡suposiciones!) acerca del primer "complot", surgida en un "interrogatorio" de 40 horas ante la civilizada, imparcial y comedida policía política cubana.
Aunque sea por canija congruencia, ¿por qué toma un pedazo de aquella declaración y acepta como verdad también la parte en que el empresario acusó a su gobierno de querer extorsionarlo?
Una tercera variante (igualmente bochornosa) de su estrategia de engaños es la fantochada de la "peregrinación" que centenares de sus adeptos hicieron este sábado a La Villa, con estandartes de la Virgen de Guadalupe y toda la cosa, para rogar (no se atrevieron a "exigir") por el milagro de que López Obrador cumpla su capricho de vivir en Palacio Nacional.
La osadía de esos feligreses (de la Iglesia de la Democracia que parece querer fundar el candidato a puros golpes de fe en cada una de sus afirmaciones, por más descabelladas que sean y a pesar de que unas contradigan a otras, como la grotesca del "fraude cibernético" devenido "a la antigüita") coloca al estadista de sus sueños en un predicamento: si el milagro no se produce, ¿querrá decir que "ni Dios" lo quiere de Presidente?
De ser así, como el Don Juan de Zorrilla, siempre podrá justificarse:
"Llamé al cielo y no me oyó, pues que sus puertas me cierra, de mis pasos en la tierra responda el cielo, ¡no yo..!"
Milenio - El asalto a la razón
21/08/2006
"Con todo respeto…" había sido la premisa que Andrés Manuel López Obrador degradó hasta convertirla en cédula de impunidad para ofender y calumniar.
Repetitivo en sofismas como se ha revelado para necear con su pretensión de alzarse con una Presidencia que él mismo hizo inalcanzable para sí, ayer comenzó a retorcer otra expresión válida sólo cuando se especula con hipótesis viables: "No es aventurado decir…".
Con el propósito evidente de azuzar a sus porras contra el predecible fallo del Tribunal Electoral, dijo esto en el mitin de ayer:
"Por eso estamos aquí en resistencia civil, esperando a que el Tribunal resuelva en definitiva sobre el resultado de la elección. Aunque también sabemos que nuestros adversarios —porque no nos estamos chupando el dedo— tienen sometidos a fuertes presiones a los magistrados, y no es aventurado decir que están a la orden del día los cañonazos de dinero, o los ofrecimientos de cargos públicos para el futuro".
O sea, hay que entender que si el Tribunal no le regala el cargo que perdió el 2 de julio, será porque los magistrados vendieron su decisión.
La mina de insania que explota el candidato de una coalición que ha desmentido su proclama de trabajar "por el bien de todos" es inagotable.
El viernes, por ejemplo, se colgó de uno de los personajes más detestados por López Obrador, el empresario Carlos Ahumada, al dar por cierta su "confesión" (¡suposiciones!) acerca del primer "complot", surgida en un "interrogatorio" de 40 horas ante la civilizada, imparcial y comedida policía política cubana.
Aunque sea por canija congruencia, ¿por qué toma un pedazo de aquella declaración y acepta como verdad también la parte en que el empresario acusó a su gobierno de querer extorsionarlo?
Una tercera variante (igualmente bochornosa) de su estrategia de engaños es la fantochada de la "peregrinación" que centenares de sus adeptos hicieron este sábado a La Villa, con estandartes de la Virgen de Guadalupe y toda la cosa, para rogar (no se atrevieron a "exigir") por el milagro de que López Obrador cumpla su capricho de vivir en Palacio Nacional.
La osadía de esos feligreses (de la Iglesia de la Democracia que parece querer fundar el candidato a puros golpes de fe en cada una de sus afirmaciones, por más descabelladas que sean y a pesar de que unas contradigan a otras, como la grotesca del "fraude cibernético" devenido "a la antigüita") coloca al estadista de sus sueños en un predicamento: si el milagro no se produce, ¿querrá decir que "ni Dios" lo quiere de Presidente?
De ser así, como el Don Juan de Zorrilla, siempre podrá justificarse:
"Llamé al cielo y no me oyó, pues que sus puertas me cierra, de mis pasos en la tierra responda el cielo, ¡no yo..!"
AMLO: la estrategia ambigua de una oposición semileal
Leo Zuckermann
Excelsior - Juegos de Poder
21-08-06
Jaime Sánchez Susarrey nunca le dio el beneficio de la duda a Andrés Manuel López Obrador. Siempre insistió en que el perredista era un radical contestatario que no podía ser un demócrata moderado, el líder de una izquierda moderna como la que necesita México. El académico incluso publicó durante la campaña una novela de ficción titulada La Victoria, donde imagina qué hubiera hecho AMLO en caso de haber ganado las elecciones. Sin ambages, es la historia del retroceso democrático que hubiera significado para el país.
Aunque todo indica que AMLO perdió, la reacción del tabasqueño frente a la derrota le ha dado la razón a Sánchez Susarrey en cómo aquél es un riesgo para las instituciones democráticas. A propósito de la más reciente radicalización del perredista, dice el editorialista de Reforma: "El candidato de la coalición Por el Bien de Todos se apresta a desconocer no sólo al nuevo Presidente de la República, sino al conjunto de las instituciones del Estado mexicano. En ese paquete van el Instituto Federal Electoral, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el Tribunal Federal Electoral y, por supuesto, el nuevo Congreso de la Unión".
Me parece que Sánchez Susarrey está en lo correcto, pero sólo está viendo un lado de la moneda. Es claro que AMLO le está apostando a un movimiento social que efectivamente desconozca la legitimidad y eficacia de las instituciones de nuestro régimen político. Sin embargo, también le apostará a seguir beneficiándose de los espacios institucionales que pueda controlar. Se trata de una estrategia dual: liderar un movimiento opositor que cuestione a las instituciones y, al mismo tiempo, operar dentro de éstas con el fin de obtener tribuna, espacios mediáticos, recursos económicos e incluso reformas legislativas que le beneficien.
El politólogo Juan Linz ha hecho una clasificación de las posibles oposiciones que puede haber en un régimen político. La oposición leal son aquellos partidos que se oponen al gobierno, pero no al régimen. La desleal es la que es una ferviente oposición, a menudo violenta, al régimen y al gobierno; lo que Giovanni Sartori ha llamado partidos "antisistema". Finalmente se encuentra la oposición semileal, caracterizada por la ambigüedad: generalmente comienza siendo leal al régimen pero, por distintas circunstancias históricas e ideológicas, cada vez actúa más como desleal. A ratos parecen estar dispuestos a jugar con las reglas del juego establecidas, pero luego anuncian que no están de acuerdo con éstas y que podrían salirse del juego.
Para Sánchez Susarrey, AMLO estaría en el borde de formar una oposición desleal. Yo, en cambio, pienso que el lopezobradorismo está actuando con la típica ambigüedad de la semilealtad. De hecho, ya lleva mucho tiempo haciéndolo. Su actuación frente a los comicios del 2 de julio así lo indica. AMLO y su equipo cercano estaban dispuestos a respetar a las instituciones de la democracia siempre y cuando ganaran. Y como realmente pensaban que iban a ganar, insistieron en que confiaban en el IFE y respetarían sus resultados. Cuando éstos les fueron adversos, empezaron a cuestionar la legitimidad y la eficacia de este Instituto, típica reacción de una oposición semileal.
Lo mismo ocurrió con el Tribunal Electoral. Ejercitando su derecho, la coalición Por el Bien de Todos presentó una demanda donde impugnaron alrededor de cuarenta mil casillas. Sin embargo, en las calles insistieron en que el Tribunal debía contar todos y cada uno de los votos de las 130 mil casillas. ¿Por qué no solicitaron, entonces, esta demanda por la vía jurídica? Por una razón sencilla: desde entonces sabían que el recuento total de la elección no les favorecería y era mejor que el Tribunal no abriera todos los paquetes, para lo cual los magistrados necesitaban sustento judicial, de tal suerte que, al final, se "desenmascarara" la podredumbre de todas las instituciones democráticas.
Es previsible que, en cuanto el Tribunal termine sus trabajos y, como todo lo indica, declare Presidente electo a Felipe Calderón, el lopezobradorismo denueste el trabajo de este cuerpo jurisdiccional. De hecho, desde hace tiempo vienen cuestionando la imparcialidad del Tribunal y, en el caso de AMLO, incluso dice que él nunca reconocerá el resultado si es a favor de Calderón. Es claro: usan a las instituciones cuando les conviene y las cuestionan también cuando les conviene.
Lo mismo sucederá con el Congreso. Los diputados y los senadores del PRD van a tomar posesión e inevitablemente negociarán con las otras fuerzas políticas para procurar los recursos públicos destinados a su partido y a los gobiernos estatales que controlan. Incluso van a promover algunos cambios legislativos. Sin embargo, desde afuera, el movimiento lopezobradorista pondrá en tela de juicio la legitimidad de las instituciones, incluida la del Congreso y, por supuesto, la del Presidente.
Otro ejemplo de ambigüedad semileal se dará en el Gobierno del DF. Marcelo Ebrard va a gobernar a la capital pero tendrá que ponerla al servicio del movimiento social de AMLO. Serán gobierno, mas también oposición al régimen político, tratándose de beneficiar de ambas situaciones. Para ponerlo esquemáticamente en términos actuales, continuará el juego que en esta ciudad están jugando, por un lado, el gobernante Alejandro Encinas y, por el otro, el rebelde Martí Batres, ambos controlados por López Obrador.
La pregunta es qué tanto puede una oposición mantenerse en la ambigüedad inherente a la semilealtad. Me parece que no por mucho tiempo porque, en última instancia, como reza el dicho, no se puede mamar y dar topes al mismo tiempo. O se hace lo uno o lo otro. O se transita a la lealtad o a la deslealtad con las instituciones democráticas. Y en lo que coincido con Sánchez Susarrey es que la personalidad de AMLO es más propensa a lo segundo que a lo primero.
leo.zuckermann@cide.edu
Excelsior - Juegos de Poder
21-08-06
Jaime Sánchez Susarrey nunca le dio el beneficio de la duda a Andrés Manuel López Obrador. Siempre insistió en que el perredista era un radical contestatario que no podía ser un demócrata moderado, el líder de una izquierda moderna como la que necesita México. El académico incluso publicó durante la campaña una novela de ficción titulada La Victoria, donde imagina qué hubiera hecho AMLO en caso de haber ganado las elecciones. Sin ambages, es la historia del retroceso democrático que hubiera significado para el país.
Aunque todo indica que AMLO perdió, la reacción del tabasqueño frente a la derrota le ha dado la razón a Sánchez Susarrey en cómo aquél es un riesgo para las instituciones democráticas. A propósito de la más reciente radicalización del perredista, dice el editorialista de Reforma: "El candidato de la coalición Por el Bien de Todos se apresta a desconocer no sólo al nuevo Presidente de la República, sino al conjunto de las instituciones del Estado mexicano. En ese paquete van el Instituto Federal Electoral, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el Tribunal Federal Electoral y, por supuesto, el nuevo Congreso de la Unión".
Me parece que Sánchez Susarrey está en lo correcto, pero sólo está viendo un lado de la moneda. Es claro que AMLO le está apostando a un movimiento social que efectivamente desconozca la legitimidad y eficacia de las instituciones de nuestro régimen político. Sin embargo, también le apostará a seguir beneficiándose de los espacios institucionales que pueda controlar. Se trata de una estrategia dual: liderar un movimiento opositor que cuestione a las instituciones y, al mismo tiempo, operar dentro de éstas con el fin de obtener tribuna, espacios mediáticos, recursos económicos e incluso reformas legislativas que le beneficien.
El politólogo Juan Linz ha hecho una clasificación de las posibles oposiciones que puede haber en un régimen político. La oposición leal son aquellos partidos que se oponen al gobierno, pero no al régimen. La desleal es la que es una ferviente oposición, a menudo violenta, al régimen y al gobierno; lo que Giovanni Sartori ha llamado partidos "antisistema". Finalmente se encuentra la oposición semileal, caracterizada por la ambigüedad: generalmente comienza siendo leal al régimen pero, por distintas circunstancias históricas e ideológicas, cada vez actúa más como desleal. A ratos parecen estar dispuestos a jugar con las reglas del juego establecidas, pero luego anuncian que no están de acuerdo con éstas y que podrían salirse del juego.
Para Sánchez Susarrey, AMLO estaría en el borde de formar una oposición desleal. Yo, en cambio, pienso que el lopezobradorismo está actuando con la típica ambigüedad de la semilealtad. De hecho, ya lleva mucho tiempo haciéndolo. Su actuación frente a los comicios del 2 de julio así lo indica. AMLO y su equipo cercano estaban dispuestos a respetar a las instituciones de la democracia siempre y cuando ganaran. Y como realmente pensaban que iban a ganar, insistieron en que confiaban en el IFE y respetarían sus resultados. Cuando éstos les fueron adversos, empezaron a cuestionar la legitimidad y la eficacia de este Instituto, típica reacción de una oposición semileal.
Lo mismo ocurrió con el Tribunal Electoral. Ejercitando su derecho, la coalición Por el Bien de Todos presentó una demanda donde impugnaron alrededor de cuarenta mil casillas. Sin embargo, en las calles insistieron en que el Tribunal debía contar todos y cada uno de los votos de las 130 mil casillas. ¿Por qué no solicitaron, entonces, esta demanda por la vía jurídica? Por una razón sencilla: desde entonces sabían que el recuento total de la elección no les favorecería y era mejor que el Tribunal no abriera todos los paquetes, para lo cual los magistrados necesitaban sustento judicial, de tal suerte que, al final, se "desenmascarara" la podredumbre de todas las instituciones democráticas.
Es previsible que, en cuanto el Tribunal termine sus trabajos y, como todo lo indica, declare Presidente electo a Felipe Calderón, el lopezobradorismo denueste el trabajo de este cuerpo jurisdiccional. De hecho, desde hace tiempo vienen cuestionando la imparcialidad del Tribunal y, en el caso de AMLO, incluso dice que él nunca reconocerá el resultado si es a favor de Calderón. Es claro: usan a las instituciones cuando les conviene y las cuestionan también cuando les conviene.
Lo mismo sucederá con el Congreso. Los diputados y los senadores del PRD van a tomar posesión e inevitablemente negociarán con las otras fuerzas políticas para procurar los recursos públicos destinados a su partido y a los gobiernos estatales que controlan. Incluso van a promover algunos cambios legislativos. Sin embargo, desde afuera, el movimiento lopezobradorista pondrá en tela de juicio la legitimidad de las instituciones, incluida la del Congreso y, por supuesto, la del Presidente.
Otro ejemplo de ambigüedad semileal se dará en el Gobierno del DF. Marcelo Ebrard va a gobernar a la capital pero tendrá que ponerla al servicio del movimiento social de AMLO. Serán gobierno, mas también oposición al régimen político, tratándose de beneficiar de ambas situaciones. Para ponerlo esquemáticamente en términos actuales, continuará el juego que en esta ciudad están jugando, por un lado, el gobernante Alejandro Encinas y, por el otro, el rebelde Martí Batres, ambos controlados por López Obrador.
La pregunta es qué tanto puede una oposición mantenerse en la ambigüedad inherente a la semilealtad. Me parece que no por mucho tiempo porque, en última instancia, como reza el dicho, no se puede mamar y dar topes al mismo tiempo. O se hace lo uno o lo otro. O se transita a la lealtad o a la deslealtad con las instituciones democráticas. Y en lo que coincido con Sánchez Susarrey es que la personalidad de AMLO es más propensa a lo segundo que a lo primero.
leo.zuckermann@cide.edu
El mesías y el dictador, el abrazo videograbado
Jorge Fernández Menédez
Excélsior - Razones
21-08-06
Imaginemos por un momento que un hombre de negocios mexicanos, que acusa a fuerzas gubernamentales de estar chantajeándolo, fuera a Medio Oriente, a Iraq por ejemplo, para escapar de esas persecusiones. Al llegar, pese a que tiene todos sus papeles en regla, es ilegalmente detenido por las fuerzas de seguridad y recluido en una mazmorra tipo Abu Ghraib. Allí está incomunicado durante semanas, despojado de todas sus pertenencias, no se le permiten contactos con el exterior y menos aún un abogado defensor; allí es sometido a torturas físicas y sicológicas. Los carceleros en medio de todo eso le ofrecen un trato: para quedar bien con un amigo, adversario del detenido, quieren filmar su "declaración" donde repite, textual, la versión que su enemigo. La filmación se hace, incluso se graban hasta los ensayos del "interrogatorio" y queda finalmente, un paquete de más de 40 horas ilegales de "confesiones" arrancadas bajo presión. Pero los carceleros no cumplen su palabra e ilegalmente, una vez más, lo envían a su país de origen, donde es encarcelado por sus propios enemigos, y una vez más incomunicado, se le prohíbe cualquier contacto con los medios para hacer llegar su versión de los hechos y la justicia se ensaña con él aunque no tiene elementos para culparlo. De todas maneras, logra explicar públicamente cómo se obtuvieron esas grabaciones, qué le habían pedido que dijera y cuál fue el objetivo de sus captores al realizarlas.
Pasan más de dos años, sigue encarcelado y sin contactos con los medios, su familia, incluso, es objeto de un atentado que las propias autoridades encargadas de investigarlo tratan de desvirtuar cuando anuncia que podría dar a conocer más información sobre las corruptelas de las mismas. Y repentinamente, cuando sus enemigos políticos están a punto de entrar en una debacle total, resucitan el viejo video, pero lo presentan tan mal que es evidente la edición, la manipulación, los recortes de distintos momentos del larguísimo interrogatorio, de forma tal que de las 40 horas quedan sólo 10 minutos mal editados. Y eso es presentado como prueba irrefutable para demostrar que hubo un complot contra los sufridos enemigos del empresario detenido.
Si eso ocurriera, los defensores permanentes de las buenas causas se alzarían; reclamarían por la violación de los derechos humanos del perseguido; rechazarían cualquier evidencia obtenida ilegalmente, bajo prisión, coacción y tortura de un detenido político, acción ejercida, además, por un gobierno dictatorial y reclamarían con enjundia la libertad del detenido. Pero como ese detenido se llama Carlos Ahumada, como sus perseguidores están encabezados por López Obrador, como los corruptos de la historia son sus principales operadores; como la dictadura que detuvo y torturó a Ahumada es la de Fidel Castro y no el Gobierno estadounidense, y como López Obrador está desesperado no sólo porque perdió las elecciones sino porque todo su tinglado se está hundiendo, surge, llegada de La Habana vía Caracas, la cinta para tratar de salvar algo. Y algunos medios, que también están tratando de salvar sus pertenencias del naufragio, se prestan a divulgarla en forma acrítica.
Si se tuviera que presentar una sola prueba de que López Obrador es cualquier cosa menos un político progresista y tolerante, allí estaría su actitud ante las denuncias de Ahumada: a todos sus colaboradores corruptos, desde Gustavo Ponce Meléndez hasta René Bejarano y Carlos Imaz, los apoyó, a uno lo ayudó a escapar, a los otros no los persiguió y le dio la libertad, a sus esposas les dio cargos privilegiados en el Gobierno, a sus seguidores los colocó entre los más fieles. Jamás le ha reclamado, siquiera, que digan qué hicieron con el dinero que recibieron. Ahumada, puede ser culpable o inocente, pero se lo ha perseguido como sólo pueden hacerlo los inquisidores, los que persiguen consideran que se ha violado la fe. López Obrador, que se compara modestamente con Jesús, Gandhi y Luther King, se parece más a Torquemada: ha permitido que ilegalmente entren al reclusorio los medios "amigos" para fotografiar en paños menores a Ahumada, pero nos ha prohibido a los periodistas que hemos solicitado una entrevista con él (o él con nosotros, en forma destacada a Ciro Gómez Leyva y a quien esto escribe) realizarla. Es un prisionero que a dos años y medio de su detención sigue incomunicado y que no ha podido dar su versión de los hechos, mientras que López Obrador y sus incondicionales siguen utilizando material ilegal, producto de una detención también ilegal (incluso para los niveles de la dictadura cubana), que sólo puede provenir de la isla como una forma de intervenir en los asuntos internos de México.
Es vergonzoso que las autoridades del DF sigan siendo parte de esta maquinación digna de un gobierno totalitario; que mantengan incomunicado de esta manera a un preso obviamente político; que López Obrador quiera utilizar este tipo de cintas, con ese origen, para tratar de levantar su deteriorada imagen, aunque después de dos años y medio ni siquiera nos ha dicho en qué utilizaron él y los suyos ese dinero y si estaban extorsionando a Ahumada, como él dice, y si éste "sólo" los estaba corrompiendo; que el Gobierno cubano siga interviniendo de una forma tan obvia en nuestra vida política y que alguno de los seguidores de Fidel todavía se quejen de que la administración Fox no envió "una nota diplomática preguntando por la evolución de la salud de Fidel" (sic); que algunos medios utilicen en forma acrítica, fuera de contexto, sin cuestionamiento alguno, una información que manipulada y obtenida bajo coerción. Es la mejor muestra del deterioro ético de una corriente política que alguna vez se dijo progresista y de izquierda. ¿Qué esperan para regresar a los cauces que le dieron prestigio y legitimidad moral en el pasado?
www.nuevoexcelsior.com.mx/jfernandez
www.mexicoconfidencial.com
Excélsior - Razones
21-08-06
Imaginemos por un momento que un hombre de negocios mexicanos, que acusa a fuerzas gubernamentales de estar chantajeándolo, fuera a Medio Oriente, a Iraq por ejemplo, para escapar de esas persecusiones. Al llegar, pese a que tiene todos sus papeles en regla, es ilegalmente detenido por las fuerzas de seguridad y recluido en una mazmorra tipo Abu Ghraib. Allí está incomunicado durante semanas, despojado de todas sus pertenencias, no se le permiten contactos con el exterior y menos aún un abogado defensor; allí es sometido a torturas físicas y sicológicas. Los carceleros en medio de todo eso le ofrecen un trato: para quedar bien con un amigo, adversario del detenido, quieren filmar su "declaración" donde repite, textual, la versión que su enemigo. La filmación se hace, incluso se graban hasta los ensayos del "interrogatorio" y queda finalmente, un paquete de más de 40 horas ilegales de "confesiones" arrancadas bajo presión. Pero los carceleros no cumplen su palabra e ilegalmente, una vez más, lo envían a su país de origen, donde es encarcelado por sus propios enemigos, y una vez más incomunicado, se le prohíbe cualquier contacto con los medios para hacer llegar su versión de los hechos y la justicia se ensaña con él aunque no tiene elementos para culparlo. De todas maneras, logra explicar públicamente cómo se obtuvieron esas grabaciones, qué le habían pedido que dijera y cuál fue el objetivo de sus captores al realizarlas.
Pasan más de dos años, sigue encarcelado y sin contactos con los medios, su familia, incluso, es objeto de un atentado que las propias autoridades encargadas de investigarlo tratan de desvirtuar cuando anuncia que podría dar a conocer más información sobre las corruptelas de las mismas. Y repentinamente, cuando sus enemigos políticos están a punto de entrar en una debacle total, resucitan el viejo video, pero lo presentan tan mal que es evidente la edición, la manipulación, los recortes de distintos momentos del larguísimo interrogatorio, de forma tal que de las 40 horas quedan sólo 10 minutos mal editados. Y eso es presentado como prueba irrefutable para demostrar que hubo un complot contra los sufridos enemigos del empresario detenido.
Si eso ocurriera, los defensores permanentes de las buenas causas se alzarían; reclamarían por la violación de los derechos humanos del perseguido; rechazarían cualquier evidencia obtenida ilegalmente, bajo prisión, coacción y tortura de un detenido político, acción ejercida, además, por un gobierno dictatorial y reclamarían con enjundia la libertad del detenido. Pero como ese detenido se llama Carlos Ahumada, como sus perseguidores están encabezados por López Obrador, como los corruptos de la historia son sus principales operadores; como la dictadura que detuvo y torturó a Ahumada es la de Fidel Castro y no el Gobierno estadounidense, y como López Obrador está desesperado no sólo porque perdió las elecciones sino porque todo su tinglado se está hundiendo, surge, llegada de La Habana vía Caracas, la cinta para tratar de salvar algo. Y algunos medios, que también están tratando de salvar sus pertenencias del naufragio, se prestan a divulgarla en forma acrítica.
Si se tuviera que presentar una sola prueba de que López Obrador es cualquier cosa menos un político progresista y tolerante, allí estaría su actitud ante las denuncias de Ahumada: a todos sus colaboradores corruptos, desde Gustavo Ponce Meléndez hasta René Bejarano y Carlos Imaz, los apoyó, a uno lo ayudó a escapar, a los otros no los persiguió y le dio la libertad, a sus esposas les dio cargos privilegiados en el Gobierno, a sus seguidores los colocó entre los más fieles. Jamás le ha reclamado, siquiera, que digan qué hicieron con el dinero que recibieron. Ahumada, puede ser culpable o inocente, pero se lo ha perseguido como sólo pueden hacerlo los inquisidores, los que persiguen consideran que se ha violado la fe. López Obrador, que se compara modestamente con Jesús, Gandhi y Luther King, se parece más a Torquemada: ha permitido que ilegalmente entren al reclusorio los medios "amigos" para fotografiar en paños menores a Ahumada, pero nos ha prohibido a los periodistas que hemos solicitado una entrevista con él (o él con nosotros, en forma destacada a Ciro Gómez Leyva y a quien esto escribe) realizarla. Es un prisionero que a dos años y medio de su detención sigue incomunicado y que no ha podido dar su versión de los hechos, mientras que López Obrador y sus incondicionales siguen utilizando material ilegal, producto de una detención también ilegal (incluso para los niveles de la dictadura cubana), que sólo puede provenir de la isla como una forma de intervenir en los asuntos internos de México.
Es vergonzoso que las autoridades del DF sigan siendo parte de esta maquinación digna de un gobierno totalitario; que mantengan incomunicado de esta manera a un preso obviamente político; que López Obrador quiera utilizar este tipo de cintas, con ese origen, para tratar de levantar su deteriorada imagen, aunque después de dos años y medio ni siquiera nos ha dicho en qué utilizaron él y los suyos ese dinero y si estaban extorsionando a Ahumada, como él dice, y si éste "sólo" los estaba corrompiendo; que el Gobierno cubano siga interviniendo de una forma tan obvia en nuestra vida política y que alguno de los seguidores de Fidel todavía se quejen de que la administración Fox no envió "una nota diplomática preguntando por la evolución de la salud de Fidel" (sic); que algunos medios utilicen en forma acrítica, fuera de contexto, sin cuestionamiento alguno, una información que manipulada y obtenida bajo coerción. Es la mejor muestra del deterioro ético de una corriente política que alguna vez se dijo progresista y de izquierda. ¿Qué esperan para regresar a los cauces que le dieron prestigio y legitimidad moral en el pasado?
www.nuevoexcelsior.com.mx/jfernandez
www.mexicoconfidencial.com
La purificación del PRD
Juan E. Pardinas
El Norte
21 de Agosto del 2006
“El lugar más caliente del infierno está reservado para aquellos que, en tiempos de crisis, lograron permanecer ecuánimes.” Dante Alighieri, el poeta medieval italiano, reservó los peores tormentos del fuego eterno para quienes mantuvieron una serena neutralidad ante un momento histórico que exigía definiciones claras.
El peor saldo del conflicto postelectoral mexicano es que manifestar lealtad a las instituciones democráticas inmediatamente te pinta de azul. Si crees que el IFE hizo bien su trabajo, los seguidores de AMLO te miran como miembro del Yunque y de la logia de la Vela Perpetua. Hoy tomar partido por nuestro régimen democrático equivale a pedir credencial de afiliación del PAN. Cuando un grupo de intelectuales firmó un desplegado en la prensa donde sostenían que no había evidencias sólidas de fraude en los comicios, súbitamente quedaron catalogados como “escritores de derecha”. Refutar la hipótesis del fraude electoral se interpretó como la definición de una postura ideológica.
Para que no te pinten de hijo de Manuel Espino, la mezcla políticamente correcta es criticar al Peje por sus dichos y hechos, pero balancear tus juicios con unos dardos para su némesis panista: “AMLO ha dicho y hecho muchas cosas feas, pero Felipe Calderón es un provocador cuando llama al Peje ‘ex-candidato’ o cuando habla de los ‘pacíficos y los violentos’.” Es una torpeza mayúscula decirle “violentos” al 35 por ciento de los votantes, pero hay una diferencia abismal entre una declaración estúpida y el bloqueo de Avenida Reforma. Poner los errores de ambos personajes en la misma categoría es una desmesura. En el afán por hacer un “análisis equilibrado” se da el mismo peso a un adjetivo desafortunado que a la perturbación en la vida de millones de habitantes del DF. En el nombre de la objetividad se escuchan muchas barbaridades.
En su discurso, el Peje mete en la misma trinchera a Felipe Calderón, al IFE, al Tribunal Electoral y a quien ose discrepar con él. La narrativa de López Obrador no es de un político profesional que compita por un cargo público, es de un Quijote que se enfrenta a una conspiración de molinos de viento. Las torres con aspas gigantes son el orden institucional que busca purificar. En los ritos religiosos, hay dos elementos de la naturaleza que sirven como agente purificador: el agua y el fuego. ¿Será con un líquido bendito o con un incendio, como AMLO busca desinfectar a la República?
En este proceso de fumigación institucional, el Peje ya purificó a una organización con presencia nacional: el PRD. En las últimas semanas, el partido del sol azteca quedó purificado de cualquier señal de sensatez y moderación. La institución que fundaron Heberto Castillo y Cuauhtémoc Cárdenas tiene hoy como vocero a Gerardo Fernández Noroña. El partido donde milita Amalia García presenta como mártir de la represión a Dolores Padierna. La fuerza política que pagó con sangre la construcción de nuestras instituciones democráticas apuesta todo para deslegitimarlas. Según esta lectura, los 586 perredistas asesinados durante el sexenio de Carlos Salinas murieron en vano.
El último círculo del infierno perredista está reservado para los autocríticos y los moderados. La purificación del sol azteca requiere del sacrificio o la inmolación de algún político equilibrado. Alejandro Encinas pasó de ser un exitoso jefe de Gobierno (y uno de los políticos más sensatos del país), al patiño de su antiguo jefe. La carrera política de Encinas es uno de los sacrificios necesarios dentro de este proceso de desinfección.
Marcelo Ebrard, el líder más avanzado del neo-perredismo, también ofrece su futuro profesional a la pila sacrificial. Las fotos de Ebrard y su esposa en el plantón de Reforma seguro servirán de municiones para la campaña presidencial del 2012. En ese año tan lejano, el PRI y el PAN se encargarán de recordarnos que Ebrard pasó su luna de miel en una carpa del Zócalo.
A pesar de todos los desmanes recientes, creo y espero que López Obrador no será un peligro para México, pero estoy seguro de que es una amenaza inminente para el futuro de la izquierda nacional.
El Norte
21 de Agosto del 2006
“El lugar más caliente del infierno está reservado para aquellos que, en tiempos de crisis, lograron permanecer ecuánimes.” Dante Alighieri, el poeta medieval italiano, reservó los peores tormentos del fuego eterno para quienes mantuvieron una serena neutralidad ante un momento histórico que exigía definiciones claras.
El peor saldo del conflicto postelectoral mexicano es que manifestar lealtad a las instituciones democráticas inmediatamente te pinta de azul. Si crees que el IFE hizo bien su trabajo, los seguidores de AMLO te miran como miembro del Yunque y de la logia de la Vela Perpetua. Hoy tomar partido por nuestro régimen democrático equivale a pedir credencial de afiliación del PAN. Cuando un grupo de intelectuales firmó un desplegado en la prensa donde sostenían que no había evidencias sólidas de fraude en los comicios, súbitamente quedaron catalogados como “escritores de derecha”. Refutar la hipótesis del fraude electoral se interpretó como la definición de una postura ideológica.
Para que no te pinten de hijo de Manuel Espino, la mezcla políticamente correcta es criticar al Peje por sus dichos y hechos, pero balancear tus juicios con unos dardos para su némesis panista: “AMLO ha dicho y hecho muchas cosas feas, pero Felipe Calderón es un provocador cuando llama al Peje ‘ex-candidato’ o cuando habla de los ‘pacíficos y los violentos’.” Es una torpeza mayúscula decirle “violentos” al 35 por ciento de los votantes, pero hay una diferencia abismal entre una declaración estúpida y el bloqueo de Avenida Reforma. Poner los errores de ambos personajes en la misma categoría es una desmesura. En el afán por hacer un “análisis equilibrado” se da el mismo peso a un adjetivo desafortunado que a la perturbación en la vida de millones de habitantes del DF. En el nombre de la objetividad se escuchan muchas barbaridades.
En su discurso, el Peje mete en la misma trinchera a Felipe Calderón, al IFE, al Tribunal Electoral y a quien ose discrepar con él. La narrativa de López Obrador no es de un político profesional que compita por un cargo público, es de un Quijote que se enfrenta a una conspiración de molinos de viento. Las torres con aspas gigantes son el orden institucional que busca purificar. En los ritos religiosos, hay dos elementos de la naturaleza que sirven como agente purificador: el agua y el fuego. ¿Será con un líquido bendito o con un incendio, como AMLO busca desinfectar a la República?
En este proceso de fumigación institucional, el Peje ya purificó a una organización con presencia nacional: el PRD. En las últimas semanas, el partido del sol azteca quedó purificado de cualquier señal de sensatez y moderación. La institución que fundaron Heberto Castillo y Cuauhtémoc Cárdenas tiene hoy como vocero a Gerardo Fernández Noroña. El partido donde milita Amalia García presenta como mártir de la represión a Dolores Padierna. La fuerza política que pagó con sangre la construcción de nuestras instituciones democráticas apuesta todo para deslegitimarlas. Según esta lectura, los 586 perredistas asesinados durante el sexenio de Carlos Salinas murieron en vano.
El último círculo del infierno perredista está reservado para los autocríticos y los moderados. La purificación del sol azteca requiere del sacrificio o la inmolación de algún político equilibrado. Alejandro Encinas pasó de ser un exitoso jefe de Gobierno (y uno de los políticos más sensatos del país), al patiño de su antiguo jefe. La carrera política de Encinas es uno de los sacrificios necesarios dentro de este proceso de desinfección.
Marcelo Ebrard, el líder más avanzado del neo-perredismo, también ofrece su futuro profesional a la pila sacrificial. Las fotos de Ebrard y su esposa en el plantón de Reforma seguro servirán de municiones para la campaña presidencial del 2012. En ese año tan lejano, el PRI y el PAN se encargarán de recordarnos que Ebrard pasó su luna de miel en una carpa del Zócalo.
A pesar de todos los desmanes recientes, creo y espero que López Obrador no será un peligro para México, pero estoy seguro de que es una amenaza inminente para el futuro de la izquierda nacional.
Refugiarse en el pasado
Jesús Silva-Herzog Márquez
Reforma
21 de Agosto del 2006
Las mantas nos piden comprensión. "Disculpe las molestias. Estamos construyendo la democracia." Pero, ¿qué democracia imaginan quienes nos piden entender su derecho a acorralar la ciudad? Si hacemos caso a la iconografía y a la literatura de las consignas que adornan el cerco, se trata de una democracia que hace ya varias décadas resulta indefendible. Una democracia apadrinada por Stalin y el "Che" Guevara, ornamentada con lemas totalitarios. El megaplantón ha servido para exhibir un entendimiento de la democracia que algunos pensábamos (ingenuamente, supongo) superada.
El Paseo de la Reforma se ha convertido en un túnel del tiempo. El paseo se ha convertido en una avenida que nos comunica con la prehistoria de México y de lo más siniestro del Siglo XX. Una larga procesión de emblemas, motes y alegorías de la izquierda de hace cincuenta años. El 'megaplantón' no ha sido solamente una forma de protesta política sino también una declaración de pertenencia. Pertenencia a una comunidad de fe; pertenencia al tiempo pretérito. Hace una semana Rafael Pérez Gay ("Rumbo al zócalo, hacia el pasado, El universal, 14 de agosto) hacía la crónica de ese puerto a la antigüedad. El plantón convertido en feria de lemas, iconos y figuras de una izquierda cavernaria. El enemigo con suástica y el líder con aureola de santo. Consignas como aquella de que no hay teoría revolucionaria sin práctica revolucionaria. Librerías móviles en las que se ponen a disposición de la dignidad las muy valiosas contribuciones democráticas de Stalin y de Mao. Las pintas que recuperan la tradición estética del realismo socialista; la consigna mil veces repetidas que se instauran como vía de conocimiento y el dogma proporcionando los lazos para la comunión religiosa.
Podría pensarse que esa ronda hacia el pasado no tiene la menor importancia, que no representa más que algún desvarío de algunos grupos que respaldan la resistencia lopezobradorista. Que es un tic inocente de cierto activismo. No lo creo. Estoy convencido de que la reacción de López Obrador tras la jornada del 2 de julio ha sido refugiarse, más que en un grupo político particular, en una noción ideológica abiertamente predemocrática y antiliberal. El discurso del antiguo alcalde de la Ciudad de México estaba, desde siempre, cargado de semillas antidemocráticas. Su visión maniquea de la historia mexicana, su desprecio de las formalidades institucionales, su convicción de que la legalidad tiene una imborrable mancha elitista eran ya anticipos de esta concepción. Sin embargo, antes de julio, coexistía la persuasión de que, con todo, podría imponerse la democracia verdadera sobre la falsa. En otras palabras: la democracia real que él representa, podría triunfar sobre la impostura democrática de la derecha a través del voto. Tras la elección, el barniz demoliberal del discurso lopezobradorista ha desaparecido. Queda la madera firme de su antiliberalismo.
Su diagnóstico es claro: vivimos la simulación de la república. Nuestra república, nuestra democracia es eso: un fingimiento, una falsedad. Las instituciones, así sin calificativo mayor, han sido dominadas por intereses creados y son administradas por hombres y mujeres sin integridad ni decoro. La integridad y el decoro, ya lo sabemos, son monopolio de los lopezobradoristas. Además de la cantaleta del maniqueísmo moral, llama la atención la severidad del juicio porque convierte en impostores a todos los cuadros de su partido que ocupan posiciones de poder en esa falsa democracia. Si la república es aparente, el alcalde actual y el futuro de la Ciudad de México son figurines irrelevantes de una farsa. Embusteros serán también los diputados perredistas que participan en el proceso legislativo. Impostores los gobernadores y presidentes municipales del PRD en todo el país: cómplices todos de una democracia postiza. El discurso conduce al partido al abismo. Si vivimos, como dice el tabasqueño en una democracia falsa, el PRD es protagonista del engaño, difusor de una mentira y cómplice de la simulación. Si nuestra república es de fachada, el partido del centro izquierda es el moño amarillo de una burla. Hablar de la simulación democrática es desconocer la autenticidad del pluralismo político.
Cuando López Obrador llama a la 'purificación' de la vida pública, cuando llama a la renovación 'tajante' (es decir cortante) de todas las instituciones civiles podría estar convocando (con las peculiaridades épicas de su acento) a una revisión institucional válida y atendible. Pocos dudan de la necesidad de esa reforma. Quizá una de las vías de encuentro en el futuro inmediato sea, efectivamente, la transformación del basamento institucional del país. Pero López Obrador no ha saltado hacia delante. Su impulso no tiene el futuro como norte. Por el contrario, su brújula lo llama al pasado. Al pasado de una izquierda que le da la espalda a las instituciones burguesas y que encuentra en la movilización—no en las labores de partido ni en las de gobierno—la ruta privilegiada de acción política. Podemos plantarnos durante años, ha dicho López Obrador. Su estrategia, en efecto, puede echar raíces. La pregunta es qué quedaría del partido del centro izquierda de México tras la afirmación de su prehistoria. El PRD tendrá que elegir pronto entre la 'democracia' del carisma popular, las movilizaciones y la aclamación del líder y la aburrida democracia de los procedimientos, las reglas y los votos. No tengo ninguna duda de cuál es la ruta que conviene a la izquierda y a México. Creo que el éxito político de la izquierda pasa por su reencuentro con el presente. No será fácil regresar al día de hoy, pero en esa disputa se decidirá buena parte del futuro de todos.
Reforma
21 de Agosto del 2006
Las mantas nos piden comprensión. "Disculpe las molestias. Estamos construyendo la democracia." Pero, ¿qué democracia imaginan quienes nos piden entender su derecho a acorralar la ciudad? Si hacemos caso a la iconografía y a la literatura de las consignas que adornan el cerco, se trata de una democracia que hace ya varias décadas resulta indefendible. Una democracia apadrinada por Stalin y el "Che" Guevara, ornamentada con lemas totalitarios. El megaplantón ha servido para exhibir un entendimiento de la democracia que algunos pensábamos (ingenuamente, supongo) superada.
El Paseo de la Reforma se ha convertido en un túnel del tiempo. El paseo se ha convertido en una avenida que nos comunica con la prehistoria de México y de lo más siniestro del Siglo XX. Una larga procesión de emblemas, motes y alegorías de la izquierda de hace cincuenta años. El 'megaplantón' no ha sido solamente una forma de protesta política sino también una declaración de pertenencia. Pertenencia a una comunidad de fe; pertenencia al tiempo pretérito. Hace una semana Rafael Pérez Gay ("Rumbo al zócalo, hacia el pasado, El universal, 14 de agosto) hacía la crónica de ese puerto a la antigüedad. El plantón convertido en feria de lemas, iconos y figuras de una izquierda cavernaria. El enemigo con suástica y el líder con aureola de santo. Consignas como aquella de que no hay teoría revolucionaria sin práctica revolucionaria. Librerías móviles en las que se ponen a disposición de la dignidad las muy valiosas contribuciones democráticas de Stalin y de Mao. Las pintas que recuperan la tradición estética del realismo socialista; la consigna mil veces repetidas que se instauran como vía de conocimiento y el dogma proporcionando los lazos para la comunión religiosa.
Podría pensarse que esa ronda hacia el pasado no tiene la menor importancia, que no representa más que algún desvarío de algunos grupos que respaldan la resistencia lopezobradorista. Que es un tic inocente de cierto activismo. No lo creo. Estoy convencido de que la reacción de López Obrador tras la jornada del 2 de julio ha sido refugiarse, más que en un grupo político particular, en una noción ideológica abiertamente predemocrática y antiliberal. El discurso del antiguo alcalde de la Ciudad de México estaba, desde siempre, cargado de semillas antidemocráticas. Su visión maniquea de la historia mexicana, su desprecio de las formalidades institucionales, su convicción de que la legalidad tiene una imborrable mancha elitista eran ya anticipos de esta concepción. Sin embargo, antes de julio, coexistía la persuasión de que, con todo, podría imponerse la democracia verdadera sobre la falsa. En otras palabras: la democracia real que él representa, podría triunfar sobre la impostura democrática de la derecha a través del voto. Tras la elección, el barniz demoliberal del discurso lopezobradorista ha desaparecido. Queda la madera firme de su antiliberalismo.
Su diagnóstico es claro: vivimos la simulación de la república. Nuestra república, nuestra democracia es eso: un fingimiento, una falsedad. Las instituciones, así sin calificativo mayor, han sido dominadas por intereses creados y son administradas por hombres y mujeres sin integridad ni decoro. La integridad y el decoro, ya lo sabemos, son monopolio de los lopezobradoristas. Además de la cantaleta del maniqueísmo moral, llama la atención la severidad del juicio porque convierte en impostores a todos los cuadros de su partido que ocupan posiciones de poder en esa falsa democracia. Si la república es aparente, el alcalde actual y el futuro de la Ciudad de México son figurines irrelevantes de una farsa. Embusteros serán también los diputados perredistas que participan en el proceso legislativo. Impostores los gobernadores y presidentes municipales del PRD en todo el país: cómplices todos de una democracia postiza. El discurso conduce al partido al abismo. Si vivimos, como dice el tabasqueño en una democracia falsa, el PRD es protagonista del engaño, difusor de una mentira y cómplice de la simulación. Si nuestra república es de fachada, el partido del centro izquierda es el moño amarillo de una burla. Hablar de la simulación democrática es desconocer la autenticidad del pluralismo político.
Cuando López Obrador llama a la 'purificación' de la vida pública, cuando llama a la renovación 'tajante' (es decir cortante) de todas las instituciones civiles podría estar convocando (con las peculiaridades épicas de su acento) a una revisión institucional válida y atendible. Pocos dudan de la necesidad de esa reforma. Quizá una de las vías de encuentro en el futuro inmediato sea, efectivamente, la transformación del basamento institucional del país. Pero López Obrador no ha saltado hacia delante. Su impulso no tiene el futuro como norte. Por el contrario, su brújula lo llama al pasado. Al pasado de una izquierda que le da la espalda a las instituciones burguesas y que encuentra en la movilización—no en las labores de partido ni en las de gobierno—la ruta privilegiada de acción política. Podemos plantarnos durante años, ha dicho López Obrador. Su estrategia, en efecto, puede echar raíces. La pregunta es qué quedaría del partido del centro izquierda de México tras la afirmación de su prehistoria. El PRD tendrá que elegir pronto entre la 'democracia' del carisma popular, las movilizaciones y la aclamación del líder y la aburrida democracia de los procedimientos, las reglas y los votos. No tengo ninguna duda de cuál es la ruta que conviene a la izquierda y a México. Creo que el éxito político de la izquierda pasa por su reencuentro con el presente. No será fácil regresar al día de hoy, pero en esa disputa se decidirá buena parte del futuro de todos.
La hora cero
Raymundo Riva Palacio
El Universal - Estrictamente personal
21 de agosto de 2006
Si uno se atiene a lo que ve y escucha, todos se están pintando la cara para ir a la guerra en las barricadas del megaplantón
A ún no se vislumbraba el fin del proceso de validez de la elección presidencial y declaración del presidente electo cuando Andrés Manuel López Obrador modificó la estrategia. En una semana en que plantearon sus voceros que transitarían de la resistencia civil a la desobediencia civil -o sea, de la ilegalidad a la ilegalidad-, implementaron un laboratorio de pruebas en el Congreso al intentar su toma para una protesta con el aparente propósito de medir hasta dónde estaba dispuesta la policía federal, que ya ocupaba el recinto legislativo, a responder a la provocación. Cuando vieron que los toletazos estaban listos para ellos, inició lo que parece ser una nueva estrategia de lucha.
Necesitaban tiempo, por supuesto. Y éste les llegó con la operación de propaganda a través del vehículo más leal que han tenido en los últimos meses, para diseminar extractos del relato que hizo el empresario Carlos Ahumada a la seguridad cubana sobre los pormenores de la conspiración en contra del entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal y renovar su alegato de que el 2 de julio se consumó una elección de Estado. El video, que no aporta nada nuevo ni revela detalles significativos a la vieja historia del complot, luce como una iniciativa para bloquear lo que el equipo de López Obrador pensaba que se daría este fin de semana: la declaración de presidente electo de Felipe Calderón.
Si el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación iba o no a hacerlo -en efecto, se esperaba una sesión para este domingo-, no se sabe hasta este momento. Si el reciclado de Ahumada alteró los tiempos del Tribunal y aplazó el fallo de la validez de la elección y la declaratoria de presidente electo, tampoco se sabe.
Lo que sí es verificable es que fue un distractor para reforzar a los grupos de choque en el megaplantón de la ciudad de México, donde ya se pueden observar los campamentos del movimiento Francisco Villa y de la Asamblea de Barrios en los puntos neurálgicos de la espina dorsal de la protesta, así como pequeños grupos de Panchos colocados a cada 200 y 300 metros entre sí.
Estos grupos, particularmente los Panchos, son los más experimentados en enfrentamientos con la policía, y responden a los intereses de quienes los crearon: Manuel Camacho y Marcelo Ebrard, manejados a través de René Bejarano y Dolores Padierna. De hecho, los contingentes que intentaron la toma del Congreso la semana pasada reciben órdenes de ellos. Tras los toletazos en el Congreso, nuevos grupos se integraron al plantón. Por un lado los ambulantes, a cuyos líderes solicitaron golpeadores a cambio de que las autoridades del Distrito Federal regularizaran sus casos pendientes.
Otros grupos ilegales creados durante el gobierno de López Obrador, los taxis panteras, también aportaron contingentes además de las importantes cuotas -100 pesos diarios por cada uno de los más de 50 mil panteras- para financiar la protesta. A ellos se les suman aliados inopinados, como miembros del EPR que, de acuerdo con dirigentes perredistas, se encuentran en algunos campamentos sobre Paseo de la Reforma.
Dentro del campo lopezobradorista no sólo están buscando la provocación al gobierno federal, sino están convencidos de que habrá un intento de desalojo. Aunque la Presidencia ha dicho que no puede actuar sin una petición del GDF, en el caso del Distrito Federal el artículo 122 constitucional le otorga al Presidente la atribución sobre el mando de la fuerza pública. Altos funcionarios federales descartan una acción de fuerza del gobierno, pero no se descarta que una vez que el Tribunal falle en definitiva sobre la elección, si como se espera sea negativo a López Obrador, se modifique el criterio.
De hecho, nos estamos acercando a la hora cero. Dentro del gobierno federal existe desde hace un par de semanas un plan de desalojo de Paseo de la Reforma que deberá ser muy complejo y vasto si se toma en cuenta que, para que una operación de esa naturaleza pueda tener éxito, se requiere que su fuerza triplique cuando menos a quienes enfrentan; es decir, el desalojo del megaplantón podría significar una fuerza de choque federal de cuando menos 12 mil elementos que, sin contar al Ejército -que no está dispuesto hoy en día a resolver problemas emanados de los civiles-, no se sabe de dónde pueda salir.
Pero si para el gobierno federal es un dilema cómo encontrar la mejor salida a la crisis política que se vive, no menos complicado es para los partidos de la coalición Por el Bien de Todos. Al reencauzarse el movimiento de López Obrador por la ruta de la desobediencia civil, los partidos coligados, PRD, PT y Convergencia, tienen que romper con él formalmente, pues si incurrieran en los delitos que Gerardo Fernández Noroña, vocero del PRD, anticipó sin detallar, podrían perder su registro como partidos. Es probable que el movimiento de López Obrador cambie de nombre por uno independiente de los partidos, para evitar que incurran en nuevos delitos electorales. Esto es lo más sencillo.
Lo más entrampado en estos momentos a nivel interno es qué sucederá después del 1 de septiembre, cuando se empiecen a dividir de forma creciente las fuerzas dentro del PRD, al asumir sus cargos de elección popular, al no poder avalar actos fuera de la ley pues pueden ser sujetos a juicios políticos, desafuero y responsabilidades del fuero común. Más grave aún es para el jefe de Gobierno entrante, Marcelo Ebrard, quien tomará posesión el 5 de septiembre, pues además de ese mismo escenario, debe presentar por ley una terna al presidente Vicente Fox sobre sus candidatos a procurador y jefe de policía, que lo encajona aún más.
La institucionalidad que los llevó al poder también les impone la frontera de la legalidad. López Obrador los presionó en julio y agosto para que se fueran a navegar con él por el mar de la ilegalidad. Varias figuras del PRD próximas a ocupar cargos de elección popular saben que septiembre es su parteaguas. López Obrador se ha convertido en un lastre para ellos pero se les abre una oportunidad en esta hora cero. Desde la frialdad política, el enfrentamiento que se viene cocinando en las barricadas del megaplantón les conviene enormemente. Si se da, por un lado será López Obrador quien pague las facturas, y por el otro, la acción de fuerza gubernamental les dará un inagotable discurso contra la represión, ayudándoles en la legitimidad frente a sectores fuera del PRD, sin dejar de darle aspirinas solidarias a su ex caudillo que, en realidad, se encontraría en fase política terminal.
Esta opción no es nada agradable, pero hace buen tiempo se desvanecieron aquellas salidas donde todos cedían para ganar. La hora cero es al revés de lo que podría ser la lógica política: todos pierden. El punto fino para cada uno es saber en dónde minimiza su daño y recorta sus pérdidas.
rriva@eluniversal.com.mx
r_rivapalacio@yahoo.com
El Universal - Estrictamente personal
21 de agosto de 2006
Si uno se atiene a lo que ve y escucha, todos se están pintando la cara para ir a la guerra en las barricadas del megaplantón
A ún no se vislumbraba el fin del proceso de validez de la elección presidencial y declaración del presidente electo cuando Andrés Manuel López Obrador modificó la estrategia. En una semana en que plantearon sus voceros que transitarían de la resistencia civil a la desobediencia civil -o sea, de la ilegalidad a la ilegalidad-, implementaron un laboratorio de pruebas en el Congreso al intentar su toma para una protesta con el aparente propósito de medir hasta dónde estaba dispuesta la policía federal, que ya ocupaba el recinto legislativo, a responder a la provocación. Cuando vieron que los toletazos estaban listos para ellos, inició lo que parece ser una nueva estrategia de lucha.
Necesitaban tiempo, por supuesto. Y éste les llegó con la operación de propaganda a través del vehículo más leal que han tenido en los últimos meses, para diseminar extractos del relato que hizo el empresario Carlos Ahumada a la seguridad cubana sobre los pormenores de la conspiración en contra del entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal y renovar su alegato de que el 2 de julio se consumó una elección de Estado. El video, que no aporta nada nuevo ni revela detalles significativos a la vieja historia del complot, luce como una iniciativa para bloquear lo que el equipo de López Obrador pensaba que se daría este fin de semana: la declaración de presidente electo de Felipe Calderón.
Si el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación iba o no a hacerlo -en efecto, se esperaba una sesión para este domingo-, no se sabe hasta este momento. Si el reciclado de Ahumada alteró los tiempos del Tribunal y aplazó el fallo de la validez de la elección y la declaratoria de presidente electo, tampoco se sabe.
Lo que sí es verificable es que fue un distractor para reforzar a los grupos de choque en el megaplantón de la ciudad de México, donde ya se pueden observar los campamentos del movimiento Francisco Villa y de la Asamblea de Barrios en los puntos neurálgicos de la espina dorsal de la protesta, así como pequeños grupos de Panchos colocados a cada 200 y 300 metros entre sí.
Estos grupos, particularmente los Panchos, son los más experimentados en enfrentamientos con la policía, y responden a los intereses de quienes los crearon: Manuel Camacho y Marcelo Ebrard, manejados a través de René Bejarano y Dolores Padierna. De hecho, los contingentes que intentaron la toma del Congreso la semana pasada reciben órdenes de ellos. Tras los toletazos en el Congreso, nuevos grupos se integraron al plantón. Por un lado los ambulantes, a cuyos líderes solicitaron golpeadores a cambio de que las autoridades del Distrito Federal regularizaran sus casos pendientes.
Otros grupos ilegales creados durante el gobierno de López Obrador, los taxis panteras, también aportaron contingentes además de las importantes cuotas -100 pesos diarios por cada uno de los más de 50 mil panteras- para financiar la protesta. A ellos se les suman aliados inopinados, como miembros del EPR que, de acuerdo con dirigentes perredistas, se encuentran en algunos campamentos sobre Paseo de la Reforma.
Dentro del campo lopezobradorista no sólo están buscando la provocación al gobierno federal, sino están convencidos de que habrá un intento de desalojo. Aunque la Presidencia ha dicho que no puede actuar sin una petición del GDF, en el caso del Distrito Federal el artículo 122 constitucional le otorga al Presidente la atribución sobre el mando de la fuerza pública. Altos funcionarios federales descartan una acción de fuerza del gobierno, pero no se descarta que una vez que el Tribunal falle en definitiva sobre la elección, si como se espera sea negativo a López Obrador, se modifique el criterio.
De hecho, nos estamos acercando a la hora cero. Dentro del gobierno federal existe desde hace un par de semanas un plan de desalojo de Paseo de la Reforma que deberá ser muy complejo y vasto si se toma en cuenta que, para que una operación de esa naturaleza pueda tener éxito, se requiere que su fuerza triplique cuando menos a quienes enfrentan; es decir, el desalojo del megaplantón podría significar una fuerza de choque federal de cuando menos 12 mil elementos que, sin contar al Ejército -que no está dispuesto hoy en día a resolver problemas emanados de los civiles-, no se sabe de dónde pueda salir.
Pero si para el gobierno federal es un dilema cómo encontrar la mejor salida a la crisis política que se vive, no menos complicado es para los partidos de la coalición Por el Bien de Todos. Al reencauzarse el movimiento de López Obrador por la ruta de la desobediencia civil, los partidos coligados, PRD, PT y Convergencia, tienen que romper con él formalmente, pues si incurrieran en los delitos que Gerardo Fernández Noroña, vocero del PRD, anticipó sin detallar, podrían perder su registro como partidos. Es probable que el movimiento de López Obrador cambie de nombre por uno independiente de los partidos, para evitar que incurran en nuevos delitos electorales. Esto es lo más sencillo.
Lo más entrampado en estos momentos a nivel interno es qué sucederá después del 1 de septiembre, cuando se empiecen a dividir de forma creciente las fuerzas dentro del PRD, al asumir sus cargos de elección popular, al no poder avalar actos fuera de la ley pues pueden ser sujetos a juicios políticos, desafuero y responsabilidades del fuero común. Más grave aún es para el jefe de Gobierno entrante, Marcelo Ebrard, quien tomará posesión el 5 de septiembre, pues además de ese mismo escenario, debe presentar por ley una terna al presidente Vicente Fox sobre sus candidatos a procurador y jefe de policía, que lo encajona aún más.
La institucionalidad que los llevó al poder también les impone la frontera de la legalidad. López Obrador los presionó en julio y agosto para que se fueran a navegar con él por el mar de la ilegalidad. Varias figuras del PRD próximas a ocupar cargos de elección popular saben que septiembre es su parteaguas. López Obrador se ha convertido en un lastre para ellos pero se les abre una oportunidad en esta hora cero. Desde la frialdad política, el enfrentamiento que se viene cocinando en las barricadas del megaplantón les conviene enormemente. Si se da, por un lado será López Obrador quien pague las facturas, y por el otro, la acción de fuerza gubernamental les dará un inagotable discurso contra la represión, ayudándoles en la legitimidad frente a sectores fuera del PRD, sin dejar de darle aspirinas solidarias a su ex caudillo que, en realidad, se encontraría en fase política terminal.
Esta opción no es nada agradable, pero hace buen tiempo se desvanecieron aquellas salidas donde todos cedían para ganar. La hora cero es al revés de lo que podría ser la lógica política: todos pierden. El punto fino para cada uno es saber en dónde minimiza su daño y recorta sus pérdidas.
rriva@eluniversal.com.mx
r_rivapalacio@yahoo.com
Rescatar al PRD
Ricardo Alemán
El Universal - Itinerario Político
21 de agosto de 2006
Las luchas ya han comenzado, pero son poco visibles por las maniobras mediáticas en que AMLO ha metido a su partido
E l partido político que en 1989 crearon un puñado de dirigentes de la vieja izquierda mexicana y aquellos que salieron del hasta entonces más importante desprendimiento del PRI -eso que todos conocimos como el Partido de la Revolución Democrática- vivirá su más importante prueba de sobrevivencia en las semanas y meses por venir. Deberá decidir entre dos caminos que parecen antagónicos: seguir a ciegas las posturas radicales de su virtual dueño -que lo alejará de su historia y de la vida democrática que se propuso-, o el desprendimiento del caudillo, para influir decididamente en la vida institucional a partir de su importante presencia legislativa.
Y si bien aún es muy temprano para aventurar un pronóstico sobre la ruta que seguirá el PRD -o si habrá un rompimiento que pudiera ser fatal para su futuro-, lo cierto es que ya comenzó la discusión en torno al papel y la responsabilidad social, política y legislativa que le corresponde a ese sector de la izquierda mexicana que, hay que decirlo, fue asaltada por un grupo de oportunistas de la política, nada democráticos, procedentes de lo más cuestionable del PRI. En realidad el PRD vive un fenómeno muy parecido al que vivió el PAN en el año 2000, con la salvedad de que el oportunista que asaltó al PAN, el señor Vicente Fox, sí ganó la Presidencia, en tanto que los oportunistas que con AMLO a la cabeza asaltaron al PRD, perdieron no sólo el más importante centro de poder, sino su propia historia.
Y ese pequeño detalle hace la gran diferencia. Por eso, y en tanto profesionales de la política, no son pocos los perredistas influyentes de sectores y "tribus" que tienen claro que el liderazgo de López Obrador se construyó precisamente a partir de la lógica de la popularidad y el poder que representaba López Obrador. Y tienen claro que al modificarse las variables de esa ecuación también cambiaron las jerarquías del poder interno del PRD; los liderazgos, el caudillismo y los centros reales de poder. Es decir, que tanto el nuevo jefe de Gobierno del Distrito Federal como los que serán jefes de las bancadas de ese partido en las cámaras de Senadores y Diputados tendrán la posibilidad de construir sus liderazgos propios, de sacudirse el grosero tutelaje y el poder vertical que impuso AMLO en ese partido.
Las luchas ya han comenzado, pero son poco visibles por la dinámica y las maniobras mediáticas en que ha metido al PRD el señor López Obrador y su muy personal guerra contra el gobierno saliente y el que puede ser el gobierno entrante. En ese "jaloneo", AMLO ha intentado paralizar decisiones políticas fundamentales, como la elección de los coordinadores parlamentarios, en espera de que los grupos y "tribus" se involucren lo más posible en la estrategia de la resistencia civil, para imponer, otra vez, a los coordinadores parlamentarios y para también imponerle al nuevo jefe de Gobierno, a sus principales colaboradores.
Y la maniobra tiene mucho sentido político. Parte de la concepción del caudillo, del "hombre fuerte". Es una suerte de reproducción de la experiencia de Fidel Velázquez, en donde el líder obrero era el jefe de gobernadores, líderes del partido, e imponía a su antojo a burócratas en todos los espacios de poder real. Pero aquí también hay una pequeña diferencia; que AMLO no es Fidel Velázquez, y que el PRD no es la CTM. La lucha que ya inició en el PRD es precisamente en esa dirección. Están los que tienen claro que AMLO no puede seguir manipulando a su antojo al PRD; quienes enfrentan a aquellos que sólo han tenido cargos gracias a la sumisión y el servilismo al caudillo. Si López Obrador impone finalmente a sus preferidos como jefes de los diputados y senadores, y si logra imponer al gabinete del próximo jefe de Gobierno, el PRD habrá tomado el camino de la autodestrucción. Seguirá en manos de un solo hombre y se alejará de la construcción democrática.
Frente a ese dilema se presentan grandes interrogantes que ya corren entre muchos perredistas: ¿qué van a hacer Los Chuchos, esa corriente que por doble o triple vía ha sido traicionada por AMLO? ¿Van a aceptar una nueva imposición, sobre todo cuando tienen la mayor cuota de poder en su historia? ¿Seguirán siendo los segundos? ¿Qué va a hacer Cuauhtémoc Cárdenas, el otrora líder "moral" de ese partido? ¿Seguirá en el silencio y la inactividad? ¿Permitirá que su verdugo, el parricida político que lo mandó al exilio finalmente lo jubile de la política? ¿Cuál será el papel de Rosario Robles, a la que AMLO destruyó con las más sucias artes de la política? ¿Se quedará callada y continuará avalando el asalto inmoral al PRD? ¿Cuál será el papel de los Bejarano, las Padierna, y tantos otros a los que AMLO usó y tiró al bote de basura? Y en el otro extremo: ¿cuál va a ser el papel de Marcelo Ebrard, en tanto jefe de Gobierno, y del grupo de Manuel Camacho? ¿Permitirá el señor Ebrard que lo siga mangoneando el caudillo al que le debe el cargo? Lo que viene en el PRD es una guerra que puede llevar al drenaje el más importante capital político que ha conseguido ese partido. Y todo por las ambiciones desmedidas de un hombre. Al tiempo.
aleman2@prodigy.net.mx
El Universal - Itinerario Político
21 de agosto de 2006
Las luchas ya han comenzado, pero son poco visibles por las maniobras mediáticas en que AMLO ha metido a su partido
E l partido político que en 1989 crearon un puñado de dirigentes de la vieja izquierda mexicana y aquellos que salieron del hasta entonces más importante desprendimiento del PRI -eso que todos conocimos como el Partido de la Revolución Democrática- vivirá su más importante prueba de sobrevivencia en las semanas y meses por venir. Deberá decidir entre dos caminos que parecen antagónicos: seguir a ciegas las posturas radicales de su virtual dueño -que lo alejará de su historia y de la vida democrática que se propuso-, o el desprendimiento del caudillo, para influir decididamente en la vida institucional a partir de su importante presencia legislativa.
Y si bien aún es muy temprano para aventurar un pronóstico sobre la ruta que seguirá el PRD -o si habrá un rompimiento que pudiera ser fatal para su futuro-, lo cierto es que ya comenzó la discusión en torno al papel y la responsabilidad social, política y legislativa que le corresponde a ese sector de la izquierda mexicana que, hay que decirlo, fue asaltada por un grupo de oportunistas de la política, nada democráticos, procedentes de lo más cuestionable del PRI. En realidad el PRD vive un fenómeno muy parecido al que vivió el PAN en el año 2000, con la salvedad de que el oportunista que asaltó al PAN, el señor Vicente Fox, sí ganó la Presidencia, en tanto que los oportunistas que con AMLO a la cabeza asaltaron al PRD, perdieron no sólo el más importante centro de poder, sino su propia historia.
Y ese pequeño detalle hace la gran diferencia. Por eso, y en tanto profesionales de la política, no son pocos los perredistas influyentes de sectores y "tribus" que tienen claro que el liderazgo de López Obrador se construyó precisamente a partir de la lógica de la popularidad y el poder que representaba López Obrador. Y tienen claro que al modificarse las variables de esa ecuación también cambiaron las jerarquías del poder interno del PRD; los liderazgos, el caudillismo y los centros reales de poder. Es decir, que tanto el nuevo jefe de Gobierno del Distrito Federal como los que serán jefes de las bancadas de ese partido en las cámaras de Senadores y Diputados tendrán la posibilidad de construir sus liderazgos propios, de sacudirse el grosero tutelaje y el poder vertical que impuso AMLO en ese partido.
Las luchas ya han comenzado, pero son poco visibles por la dinámica y las maniobras mediáticas en que ha metido al PRD el señor López Obrador y su muy personal guerra contra el gobierno saliente y el que puede ser el gobierno entrante. En ese "jaloneo", AMLO ha intentado paralizar decisiones políticas fundamentales, como la elección de los coordinadores parlamentarios, en espera de que los grupos y "tribus" se involucren lo más posible en la estrategia de la resistencia civil, para imponer, otra vez, a los coordinadores parlamentarios y para también imponerle al nuevo jefe de Gobierno, a sus principales colaboradores.
Y la maniobra tiene mucho sentido político. Parte de la concepción del caudillo, del "hombre fuerte". Es una suerte de reproducción de la experiencia de Fidel Velázquez, en donde el líder obrero era el jefe de gobernadores, líderes del partido, e imponía a su antojo a burócratas en todos los espacios de poder real. Pero aquí también hay una pequeña diferencia; que AMLO no es Fidel Velázquez, y que el PRD no es la CTM. La lucha que ya inició en el PRD es precisamente en esa dirección. Están los que tienen claro que AMLO no puede seguir manipulando a su antojo al PRD; quienes enfrentan a aquellos que sólo han tenido cargos gracias a la sumisión y el servilismo al caudillo. Si López Obrador impone finalmente a sus preferidos como jefes de los diputados y senadores, y si logra imponer al gabinete del próximo jefe de Gobierno, el PRD habrá tomado el camino de la autodestrucción. Seguirá en manos de un solo hombre y se alejará de la construcción democrática.
Frente a ese dilema se presentan grandes interrogantes que ya corren entre muchos perredistas: ¿qué van a hacer Los Chuchos, esa corriente que por doble o triple vía ha sido traicionada por AMLO? ¿Van a aceptar una nueva imposición, sobre todo cuando tienen la mayor cuota de poder en su historia? ¿Seguirán siendo los segundos? ¿Qué va a hacer Cuauhtémoc Cárdenas, el otrora líder "moral" de ese partido? ¿Seguirá en el silencio y la inactividad? ¿Permitirá que su verdugo, el parricida político que lo mandó al exilio finalmente lo jubile de la política? ¿Cuál será el papel de Rosario Robles, a la que AMLO destruyó con las más sucias artes de la política? ¿Se quedará callada y continuará avalando el asalto inmoral al PRD? ¿Cuál será el papel de los Bejarano, las Padierna, y tantos otros a los que AMLO usó y tiró al bote de basura? Y en el otro extremo: ¿cuál va a ser el papel de Marcelo Ebrard, en tanto jefe de Gobierno, y del grupo de Manuel Camacho? ¿Permitirá el señor Ebrard que lo siga mangoneando el caudillo al que le debe el cargo? Lo que viene en el PRD es una guerra que puede llevar al drenaje el más importante capital político que ha conseguido ese partido. Y todo por las ambiciones desmedidas de un hombre. Al tiempo.
aleman2@prodigy.net.mx
Todo cae
Luis Rubio
Reforma
20 de Agosto del 2006
En política, como en física, todo acaba respondiendo a las leyes de la naturaleza. Aunque la ambición puede prolongar la agonía y dar la impresión de que es posible desafiar a la realidad, ésta acaba imponiéndose tarde o temprano. El movimiento encabezado por López Obrador ha gozado de ventajas excepcionales, pero no sobrenaturales. Ha sabido explotar una gran capacidad de manipulación mediática, utilizar el perfil de víctima que construyó desde la época del desafuero y, sobre todo, sacar enorme provecho del deseo de todas las fuerzas perredistas y sus aliados de no dejar la impresión de un rompimiento interno. En adición a lo anterior, muchos de los más aguerridos aliados y operadores del tabasqueño esperan traducir su apoyo, incluidos los excesos, en una herencia directa para ellos una vez que el movimiento pase a su siguiente etapa. En otras palabras, más que por convicción, la mayoría de los soportes principales del movimiento siguen ahí por un cálculo que, como todos, les puede salir igual bien que mal.
Mucho se ha discutido y escrito sobre el porqué del movimiento de protesta postelectoral: que si AMLO nunca esperó perder y no había internalizado la posibilidad; que si en el fondo no es un demócrata y está demostrando ahora su verdadera cara; que si en realidad hubo un fraude (a la moderna o a la antigüita); que si AMLO está dispuesto a cualquier cosa, incluso el extremo de provocar la remoción del gobierno constitucional como ocurrió por su propia mano en Tabasco hace dos décadas (y como ha pasado recientemente, en manos de Evo Morales, en Bolivia). Sea cual fuere la explicación última, queda claro que no estamos viviendo una lucha democrática o por la democracia. Igual de claro es que este movimiento es posible y se mantiene porque, entre sus apoyos, hay muchos que perciben que sus pérdidas serían mayores de abandonarlo en este momento.
Todo esto comenzará a cambiar tan pronto se pronuncie el Tribunal Electoral. Una vez calificada la elección, los distintos integrantes del movimiento comenzarán a proteger y avanzar sus propias posiciones. Esto es obvio para los partidos que se integraron en la coalición electoral, pues sus intereses no coinciden con el devenir de López Obrador, sino con las curules que lograron en la cámara de diputados y el senado; en resumen, nada harán que amenace esos avances fundamentales. Pero el rompimiento necesariamente alcanzará también a las tribus del PRD, donde los cálculos y preocupaciones sobre el futuro no se han hecho esperar. Uno de los ejercicios más serios en este sentido se puede consultar en un documento publicado por el Instituto de Estudios de la Revolución Democrática con fecha del 3 de agosto del 2006 (Dos de julio de 2006: escenarios, alternativas y propuestas para impulsar la transición democrática en México) en el que se analizan los diversos escenarios postelectorales y, aunque se mantiene la ficción del triunfo de su candidato, en realidad se enfoca hacia la siguiente etapa de lucha, posterior al final del actual proceso.
No podía ser de otra manera. Si bien dentro del PRD hay contingentes dispuestos a dar la lucha hasta el final e incluso utilizar medios violentos para lograr su cometido, la mayoría de los perredistas son políticos que han aceptado la institucionalidad y la lucha democrática como valores y objetivos insoslayables. Para esos contingentes, el movimiento encabezado por López Obrador ha significado un retroceso con relación a los avances logrados por el partido para construir su propia legitimidad democrática. El movimiento no sólo ha minado la credibilidad del PRD, sino que ha puesto en primer plano a los contingentes más duros y recalcitrantes, aquellos acostumbrados a la violencia como medio de acción política, y existe el riesgo que esta sea la imagen fija en la mente del electorado durante los años por venir.
La imagen es importante. Cuando se le preguntó por qué había tan pocos estadistas en el mundo, Napoleón afirmó que "para alcanzar el poder es necesario exhibir absoluta mezquindad, algo que cualquiera puede lograr, pero para ejercerlo es necesario mostrar verdadera grandeza y generosidad". Cualquiera que sea la postura que cada ciudadano tenga sobre la elección del 2 de julio pasado, nadie puede negar que hemos vivido mucho más la mezquindad que la grandeza. La mezquindad de quienes apoyan de manera pública y activa el movimiento que ha logrado desquiciar a la ciudad de México, incomodar a la población que más decididamente apoyó y votó por el PRD y ahora sólo se pregunta: ¿qué sigue?
Lo que sigue debe ser distinto para la sociedad y el PRD que ha aceptado la institucionalidad, respecto a quienes acaben perseverando en el movimiento iniciado por López Obrador. La sociedad mexicana ha vivido un proceso de polarización política e ideológica (más que social) que ha cimbrado a las instituciones. Antes, la fortaleza estructural de la presidencia permitía corregir el rumbo cuando un presidente se excedía en su retórica o en su actuar; pero la presidencia de hoy ya no cuenta con esos atributos y el actual ocupante no sabría emplearlos aun si los tuviera.
Además de proponer cursos distintos para el desarrollo futuro del país, la contienda pasada sirvió para crear o afianzar nociones de lucha de clases que dejan un halo de incertidumbre en el futuro. Para una parte de la sociedad, aquella que cree que su situación es culpa de "los otros", la contienda habrá dejado la certeza de que, efectivamente, esos "otros" derrotaron un movimiento popular y no quedarán satisfechos con el porvenir. Para aquellos que creen en la necesidad de construir un orden social de convivencia como fundamento de credibilidad para un desarrollo económico efectivo, la contienda dejó mal sabor de boca: algo no está bien en el país y podría fácilmente empeorar. Ambas perspectivas son reales en el México de hoy y, de no matizarse, podrían convertirse en una profecía autoinfligida. Pero ahí también hay una oportunidad.
Las próximas semanas van a ser ricas en definiciones políticas y personales. Será un periodo particularmente arduo y penoso para quienes, de manera igual inocente que premeditada, apoyaron una movilización cada vez más dudosa, riesgosa y preocupante. En lugar de repetir la mezquindad del candidato perdedor, la sociedad entera, incluyendo el gobierno y el candidato ganador, debería exhibir la grandeza que ha estado ausente, darles generosa cabida y aceptar su reintegración en la sociedad institucionalizada, sin rencores.
www.cidac.org
Reforma
20 de Agosto del 2006
En política, como en física, todo acaba respondiendo a las leyes de la naturaleza. Aunque la ambición puede prolongar la agonía y dar la impresión de que es posible desafiar a la realidad, ésta acaba imponiéndose tarde o temprano. El movimiento encabezado por López Obrador ha gozado de ventajas excepcionales, pero no sobrenaturales. Ha sabido explotar una gran capacidad de manipulación mediática, utilizar el perfil de víctima que construyó desde la época del desafuero y, sobre todo, sacar enorme provecho del deseo de todas las fuerzas perredistas y sus aliados de no dejar la impresión de un rompimiento interno. En adición a lo anterior, muchos de los más aguerridos aliados y operadores del tabasqueño esperan traducir su apoyo, incluidos los excesos, en una herencia directa para ellos una vez que el movimiento pase a su siguiente etapa. En otras palabras, más que por convicción, la mayoría de los soportes principales del movimiento siguen ahí por un cálculo que, como todos, les puede salir igual bien que mal.
Mucho se ha discutido y escrito sobre el porqué del movimiento de protesta postelectoral: que si AMLO nunca esperó perder y no había internalizado la posibilidad; que si en el fondo no es un demócrata y está demostrando ahora su verdadera cara; que si en realidad hubo un fraude (a la moderna o a la antigüita); que si AMLO está dispuesto a cualquier cosa, incluso el extremo de provocar la remoción del gobierno constitucional como ocurrió por su propia mano en Tabasco hace dos décadas (y como ha pasado recientemente, en manos de Evo Morales, en Bolivia). Sea cual fuere la explicación última, queda claro que no estamos viviendo una lucha democrática o por la democracia. Igual de claro es que este movimiento es posible y se mantiene porque, entre sus apoyos, hay muchos que perciben que sus pérdidas serían mayores de abandonarlo en este momento.
Todo esto comenzará a cambiar tan pronto se pronuncie el Tribunal Electoral. Una vez calificada la elección, los distintos integrantes del movimiento comenzarán a proteger y avanzar sus propias posiciones. Esto es obvio para los partidos que se integraron en la coalición electoral, pues sus intereses no coinciden con el devenir de López Obrador, sino con las curules que lograron en la cámara de diputados y el senado; en resumen, nada harán que amenace esos avances fundamentales. Pero el rompimiento necesariamente alcanzará también a las tribus del PRD, donde los cálculos y preocupaciones sobre el futuro no se han hecho esperar. Uno de los ejercicios más serios en este sentido se puede consultar en un documento publicado por el Instituto de Estudios de la Revolución Democrática con fecha del 3 de agosto del 2006 (Dos de julio de 2006: escenarios, alternativas y propuestas para impulsar la transición democrática en México) en el que se analizan los diversos escenarios postelectorales y, aunque se mantiene la ficción del triunfo de su candidato, en realidad se enfoca hacia la siguiente etapa de lucha, posterior al final del actual proceso.
No podía ser de otra manera. Si bien dentro del PRD hay contingentes dispuestos a dar la lucha hasta el final e incluso utilizar medios violentos para lograr su cometido, la mayoría de los perredistas son políticos que han aceptado la institucionalidad y la lucha democrática como valores y objetivos insoslayables. Para esos contingentes, el movimiento encabezado por López Obrador ha significado un retroceso con relación a los avances logrados por el partido para construir su propia legitimidad democrática. El movimiento no sólo ha minado la credibilidad del PRD, sino que ha puesto en primer plano a los contingentes más duros y recalcitrantes, aquellos acostumbrados a la violencia como medio de acción política, y existe el riesgo que esta sea la imagen fija en la mente del electorado durante los años por venir.
La imagen es importante. Cuando se le preguntó por qué había tan pocos estadistas en el mundo, Napoleón afirmó que "para alcanzar el poder es necesario exhibir absoluta mezquindad, algo que cualquiera puede lograr, pero para ejercerlo es necesario mostrar verdadera grandeza y generosidad". Cualquiera que sea la postura que cada ciudadano tenga sobre la elección del 2 de julio pasado, nadie puede negar que hemos vivido mucho más la mezquindad que la grandeza. La mezquindad de quienes apoyan de manera pública y activa el movimiento que ha logrado desquiciar a la ciudad de México, incomodar a la población que más decididamente apoyó y votó por el PRD y ahora sólo se pregunta: ¿qué sigue?
Lo que sigue debe ser distinto para la sociedad y el PRD que ha aceptado la institucionalidad, respecto a quienes acaben perseverando en el movimiento iniciado por López Obrador. La sociedad mexicana ha vivido un proceso de polarización política e ideológica (más que social) que ha cimbrado a las instituciones. Antes, la fortaleza estructural de la presidencia permitía corregir el rumbo cuando un presidente se excedía en su retórica o en su actuar; pero la presidencia de hoy ya no cuenta con esos atributos y el actual ocupante no sabría emplearlos aun si los tuviera.
Además de proponer cursos distintos para el desarrollo futuro del país, la contienda pasada sirvió para crear o afianzar nociones de lucha de clases que dejan un halo de incertidumbre en el futuro. Para una parte de la sociedad, aquella que cree que su situación es culpa de "los otros", la contienda habrá dejado la certeza de que, efectivamente, esos "otros" derrotaron un movimiento popular y no quedarán satisfechos con el porvenir. Para aquellos que creen en la necesidad de construir un orden social de convivencia como fundamento de credibilidad para un desarrollo económico efectivo, la contienda dejó mal sabor de boca: algo no está bien en el país y podría fácilmente empeorar. Ambas perspectivas son reales en el México de hoy y, de no matizarse, podrían convertirse en una profecía autoinfligida. Pero ahí también hay una oportunidad.
Las próximas semanas van a ser ricas en definiciones políticas y personales. Será un periodo particularmente arduo y penoso para quienes, de manera igual inocente que premeditada, apoyaron una movilización cada vez más dudosa, riesgosa y preocupante. En lugar de repetir la mezquindad del candidato perdedor, la sociedad entera, incluyendo el gobierno y el candidato ganador, debería exhibir la grandeza que ha estado ausente, darles generosa cabida y aceptar su reintegración en la sociedad institucionalizada, sin rencores.
www.cidac.org
20 de agosto de 2006
AMLO: Lo peor de Gandhi
Isabel Turrent
Reforma
20 de Agosto del 2006
López Obrador tiene una tendencia casi compulsiva a listar personajes históricos cuyas huellas pretende seguir paso a paso. En el panteón de su muy personal historia de bronce, figuran varios mexicanos ilustres a los que en nada se parece, y más bien contradice. En un texto reciente publicado en The New York Times, ha ampliado el elenco: ahora dice actuar “en el espíritu de Gandhi y el reverendo Martin Luther King”. De los dos, el más complejo es Gandhi, a quien López Obrador sumó a su lista de “guías” porque fue el creador de la célebre estrategia “resistencia pasiva”. El término es equívoco. Gandhi rechazó siempre el uso de la palabra “resistencia” aplicada a su filosofía, porque tiene un sentido exactamente opuesto a “pacífica”: “Satyagraha”, el concepto gandhiano, no tiene nada que ver con resistencia: significa “firmeza en la verdad”.
Es poco probable que López Obrador dedique esas largas horas en su tienda de campaña en el Zócalo a leer los muchos libros que han aparecido recientemente sobre Gandhi y sobre el Raj británico: no es hombre de curiosidades, sino de dogmas, y nunca se ha distinguido por ser un estudiante dedicado. Si lo hiciera, entendería que los paralelismos entre él y Gandhi son casi inexistentes y que su “resistencia pacífica” es la imagen distorsionada de la filosofía gandhiana.
Gandhi persiguió toda su vida una meta justa, clara y legítima, que compartían todos los hindúes: la independencia de la India. AMLO está inmerso en una lucha confusa y minoritaria: una defensa “de la libertad y la democracia” que opera coartando libertades y subvirtiendo los cimientos y las instituciones democráticas.
Gandhi era un hombre religioso que aborrecía genuinamente la violencia. Para AMLO, hombre instintivamente agresivo, su única religión es él mismo. Imposible imaginar a Gandhi retando a las autoridades británicas para que reprimieran a sus seguidores, como hizo López hace unos días. Lo que para aquel era una creencia profunda, para éste es una fachada de plástico.
Más importante aún, a diferencia de López (incapaz de reconocer una derrota o de negociar con sus oponentes en aras del bien común), Gandhi era un político paciente, astuto e inteligente. Sabía cuándo dar marcha atrás y desmontar campañas cuando desembocaban en callejones sin salida (como lo hizo, por ejemplo, en 1922, cuando su movimiento de desobediencia civil escapó a su control y degeneró en la violencia). Gandhi negoció arduamente con virreyes, primeros ministros y todo tipo de delegados británicos, así como con sus oponentes políticos, y esperó casi tres decenios el momento propicio para conseguir la independencia hindú.
López comparte con Gandhi, si acaso, una inmensa vanidad, la capacidad de convocar lealtades casi religiosas, y una notable miopía moral frente al adversario. Mahatma Gandhi nunca pudo reconocer que su “Satyagraha” tuvo un inmenso éxito, en gran parte, porque confrontaba a una sociedad democrática y abierta que le otorgó los medios -la prensa libre, por ejemplo- que dieron resonancia y fuerza a su movimiento. De igual modo, AMLO difícilmente aceptará que, hasta ahora, lo “pacífico” de su movimiento ha sido resultado de la ponderación del gobierno y del civismo de los ciudadanos (los que votaron y los que no votaron por él) afectados por sus plantones y marchas.
Paradojas de la santidad: Gandhi, que abjuraba de la violencia, estuvo a punto de provocar un suicidio colectivo. En 1942, en el momento más crítico de la guerra para Inglaterra y sus aliados, Gandhi cometió el error más grave de su vida. Lanzó una campaña llamada “Abandona India”, que dislocó la red de transporte del país a través de sabotajes a los ferrocarriles, desabasteció a las ciudades más importantes y colocó a la India en peligro de ser invadida por Japón. Gandhi no se detuvo ni ante la posibilidad de que una invasión costara la vida a millones de hindúes: las víctimas habrían triunfado, declaró, por el solo hecho de “preferir el exterminio a la sumisión”. India se salvó del peligro externo porque, literalmente, a los japoneses se les acabó la gasolina. Pero la campaña creó un clima de confrontación e impunidad internas que desembocó en graves estallidos de violencia. Violencia innecesaria, por lo demás, porque Inglaterra se preparaba ya para abandonar India.
AMLO se encamina a repetir, no el admirable espíritu pacifista de Gandhi, sino uno de los contados pero abismales errores que el gran líder hindú cometió en su larga carrera política. A ese Gandhi de 1942 sí se parece López Obrador. México no vive una amenaza externa ni es una nación ocupada: es una democracia frágil, un país que en su inmensa mayoría quiere vivir y progresar en paz. Pero López Obrador alimenta un clima de confrontación que invita a la violencia y está dispuesto a asimilar los altos costos humanos que su estrategia implica.
La violencia fratricida alentada por un líder iluminado dividió a la India y cobró cientos de miles de víctimas: ésa es la lección gandhiana que López Obrador debería conocer y evitar.
iturrent@yahoo.com
Reforma
20 de Agosto del 2006
López Obrador tiene una tendencia casi compulsiva a listar personajes históricos cuyas huellas pretende seguir paso a paso. En el panteón de su muy personal historia de bronce, figuran varios mexicanos ilustres a los que en nada se parece, y más bien contradice. En un texto reciente publicado en The New York Times, ha ampliado el elenco: ahora dice actuar “en el espíritu de Gandhi y el reverendo Martin Luther King”. De los dos, el más complejo es Gandhi, a quien López Obrador sumó a su lista de “guías” porque fue el creador de la célebre estrategia “resistencia pasiva”. El término es equívoco. Gandhi rechazó siempre el uso de la palabra “resistencia” aplicada a su filosofía, porque tiene un sentido exactamente opuesto a “pacífica”: “Satyagraha”, el concepto gandhiano, no tiene nada que ver con resistencia: significa “firmeza en la verdad”.
Es poco probable que López Obrador dedique esas largas horas en su tienda de campaña en el Zócalo a leer los muchos libros que han aparecido recientemente sobre Gandhi y sobre el Raj británico: no es hombre de curiosidades, sino de dogmas, y nunca se ha distinguido por ser un estudiante dedicado. Si lo hiciera, entendería que los paralelismos entre él y Gandhi son casi inexistentes y que su “resistencia pacífica” es la imagen distorsionada de la filosofía gandhiana.
Gandhi persiguió toda su vida una meta justa, clara y legítima, que compartían todos los hindúes: la independencia de la India. AMLO está inmerso en una lucha confusa y minoritaria: una defensa “de la libertad y la democracia” que opera coartando libertades y subvirtiendo los cimientos y las instituciones democráticas.
Gandhi era un hombre religioso que aborrecía genuinamente la violencia. Para AMLO, hombre instintivamente agresivo, su única religión es él mismo. Imposible imaginar a Gandhi retando a las autoridades británicas para que reprimieran a sus seguidores, como hizo López hace unos días. Lo que para aquel era una creencia profunda, para éste es una fachada de plástico.
Más importante aún, a diferencia de López (incapaz de reconocer una derrota o de negociar con sus oponentes en aras del bien común), Gandhi era un político paciente, astuto e inteligente. Sabía cuándo dar marcha atrás y desmontar campañas cuando desembocaban en callejones sin salida (como lo hizo, por ejemplo, en 1922, cuando su movimiento de desobediencia civil escapó a su control y degeneró en la violencia). Gandhi negoció arduamente con virreyes, primeros ministros y todo tipo de delegados británicos, así como con sus oponentes políticos, y esperó casi tres decenios el momento propicio para conseguir la independencia hindú.
López comparte con Gandhi, si acaso, una inmensa vanidad, la capacidad de convocar lealtades casi religiosas, y una notable miopía moral frente al adversario. Mahatma Gandhi nunca pudo reconocer que su “Satyagraha” tuvo un inmenso éxito, en gran parte, porque confrontaba a una sociedad democrática y abierta que le otorgó los medios -la prensa libre, por ejemplo- que dieron resonancia y fuerza a su movimiento. De igual modo, AMLO difícilmente aceptará que, hasta ahora, lo “pacífico” de su movimiento ha sido resultado de la ponderación del gobierno y del civismo de los ciudadanos (los que votaron y los que no votaron por él) afectados por sus plantones y marchas.
Paradojas de la santidad: Gandhi, que abjuraba de la violencia, estuvo a punto de provocar un suicidio colectivo. En 1942, en el momento más crítico de la guerra para Inglaterra y sus aliados, Gandhi cometió el error más grave de su vida. Lanzó una campaña llamada “Abandona India”, que dislocó la red de transporte del país a través de sabotajes a los ferrocarriles, desabasteció a las ciudades más importantes y colocó a la India en peligro de ser invadida por Japón. Gandhi no se detuvo ni ante la posibilidad de que una invasión costara la vida a millones de hindúes: las víctimas habrían triunfado, declaró, por el solo hecho de “preferir el exterminio a la sumisión”. India se salvó del peligro externo porque, literalmente, a los japoneses se les acabó la gasolina. Pero la campaña creó un clima de confrontación e impunidad internas que desembocó en graves estallidos de violencia. Violencia innecesaria, por lo demás, porque Inglaterra se preparaba ya para abandonar India.
AMLO se encamina a repetir, no el admirable espíritu pacifista de Gandhi, sino uno de los contados pero abismales errores que el gran líder hindú cometió en su larga carrera política. A ese Gandhi de 1942 sí se parece López Obrador. México no vive una amenaza externa ni es una nación ocupada: es una democracia frágil, un país que en su inmensa mayoría quiere vivir y progresar en paz. Pero López Obrador alimenta un clima de confrontación que invita a la violencia y está dispuesto a asimilar los altos costos humanos que su estrategia implica.
La violencia fratricida alentada por un líder iluminado dividió a la India y cobró cientos de miles de víctimas: ésa es la lección gandhiana que López Obrador debería conocer y evitar.
iturrent@yahoo.com
El otro complot
Ricardo Alemán
El Universal - Itinerario Político
20 de agosto de 2006
Usa declaraciones de Ahumada, pero le impide entrevistas
Interrogatorio en Cuba, para reforzar protesta de AMLO
De entre las leyes de la física, la tercera de Newton se ha convertido en una verdadera "ley de la política". Dice Newton: "A toda acción corresponde una reacción igual pero en sentido contrario". Es decir, que a toda presión o acontecimiento político corresponderá siempre una respuesta de la misma magnitud que la primera, pero en sentido contrario, a manera de respuesta.
Lo que presenciamos con la difusión de nuevos videos, editados del extenso interrogatorio que el gobierno cubano le hizo a Carlos Ahumada -que confirman no sólo la corrupción del primer círculo del gobierno de AMLO, sino que esas evidencias fueron utilizadas en su momento por círculos del gobierno de Vicente Fox para debilitar la imagen del entonces jefe de Gobierno-, no es más que eso, una respuesta desesperada del equipo de AMLO, a quien si bien no pudieron eliminar de la carrera presidencial con los videoescándalos y menos con el "desafuero", sí derrotaron los electores en las urnas.
La difusión tardía de esos nuevos videos son la respuesta del equipo de López Obrador a una realidad que se abre paso, a pesar de la confusión deliberada sembrada por el candidato de la coalición Por el Bien de Todos, y que en los hechos no ha sido más que un verdadero complot contra las instituciones electorales mexicanas. Incluso hay quienes ya señalan esa maniobra de AMLO como "golpe de Estado" contra esas instituciones.
En efecto, los videos muestran a un Carlos Ahumada revelando el entramado perverso de un puñado de funcionarios públicos de primer nivel del gobierno "del cambio", los que junto con la poderosa televisión privada hicieron estallar el escándalo de la corrupción del gobierno de AMLO con fines político-electorales. En realidad nada nuevo respecto a lo que ya se sabía del escándalo.
Pero esos nuevos videos podrían resultar contrarios a la causa que se busca, ya que dejan más preguntas sin responder y hasta pueden llevar a la confirmación de otras variables hasta el momento no exploradas. Nos referimos a la corrupción del gobierno del DF, también con fines político-electorales y, sobre todo, a la intromisión del gobierno cubano, en el más reñido de los procesos electorales mexicanos.
¿De parte de quién?
Pero vamos por partes. Todos saben que en los primeros meses de 2004 el empresario Carlos Ahumada se refugió en Cuba, presuntamente a recomendación de Carlos Salinas, en donde el otrora amigo del ex presidente mexicano, Fidel Castro, le daría protección. En efecto, Carlos Ahumada entró a Cuba sin ningún problema y durante semanas dirigió desde la isla su defensa por los videoescándalos, al grado de que era visitado por abogados, familiares y personas cercanas. Eso lo sabía el gobierno cubano, en cuyo territorio nadie se mueve sin su aval y el ojo experto de sus espías. Todo indica que en efecto, el régimen de Castro había aceptado asilar a Ahumada.
Sin embargo algo pasó, algunos hilos se movieron y, repentinamente, Ahumada pasó de asilado político a petición de un influyente amigo del presidente Castro, a perseguido. Fue detenido y sometido a un extenso interrogatorio, al estilo del gobierno cubano. De ese interrogatorio forman parte los cuatro minutos de revelaciones que el pasado viernes fueron difundidos. La crisis que provocó la detención de Ahumada y su prolongado interrogatorio se convirtieron en un conflicto diplomático que tensó al máximo las relaciones diplomáticas entre México y Cuba. Para nadie es un secreto que la diplomacia entre los dos países sigue en un momento de máxima tensión, cercano a la ruptura.
Desde entonces era claro que el gobierno de Castro brindaba todo su respaldo al entonces precandidato presidencial y jefe de Gobierno del DF, Andrés Manuel López Obrador -apoyo que también ofreció el presidente de Venezuela, Hugo Chávez-, y que algo se había fracturado entre la relación del ex presidente Salinas y Fidel Castro. Se sabía de la existencia del interrogatorio de Carlos Ahumada en Cuba, y el propio gobierno de la isla había usado fragmentos de ese interrogatorio para cobrar facturas al gobierno de México. Incluso el propio gobierno mexicano solicitó, sin éxito, una copia de las grabaciones del citado interrogatorio.
El asunto pasó a segundo plano cuando López Obrador superó no sólo los videoescándalos, sino el desafuero, y se convirtió, finalmente, en el candidato presidencial de la mal llamada izquierda mexicana. Había ganado su grito de campaña: "¡Que le ganen en las urnas!". Y en efecto, el 2 de julio le ganaron en las urnas, a pesar de la engañosa y hasta tramposa campaña de que se cometió un supuesto fraude electoral; fraude que por cierto nadie ha podido comprobar.
Preguntas sin respuesta
Pero repentinamente, cuando una buena parte de la opinión pública nacional y la mayoría de la prensa internacional han llegado a la conclusión de que el supuesto fraude no existe más que en el imaginario de AMLO y de sus generales -y de un sector duro de sus fieles-, reaparecen nuevos videos de la corrupción y López Obrador se monta de nuevo en la estrategia del complot. Pero al mismo tiempo aparecieron muchas preguntas también sin respuesta.
¿Quién puso en manos de AMLO y del PRD parte del interrogatorio que le hizo la policía cubana a Carlos Ahumada? ¿Cuál es la intención política de esa filtración? ¿Por qué ahora, y no antes, en los previos al 2 de julio? ¿Quién, del gobierno cubano, está interesado en la defensa política de AMLO? ¿Cuál es el papel, en esa estrategia, que juega el presidente venezolano, Hugo Chávez?
Resultaría ingenuo suponer, por decir lo menos, que el PRD y AMLO son ajenos a esas filtraciones, sobre todo porque se trata de un video editado en el que sólo se exhibe lo que beneficia a la causa de López Obrador. Está claro que el gobierno de Cuba sigue ofreciendo todo su respaldo a López Obrador y que ese gobierno le apuesta no sólo a la crisis política que ha generado la postura de AMLO, sino que está dispuesto a ofrecer todo lo que sabe y todos sus oficios para empujar la insurrección de AMLO y de llegar al golpe de Estado que en la práctica el candidato de la coalición Por el Bien de Todos le ha asestado ya a las instituciones democráticas.
Es reveladora la declaración de AMLO, horas después de que se conocieron las nuevas filtraciones. Dijo López Obrador: "Si así es como se procede, nos tienen que entregar la Presidencia de la República". ¿Qué quiere decir esa declaración? Es bastante clara; es la confirmación de que López Obrador no iba por la Presidencia por los cauces de la democracia, en donde gana el que obtiene más votos, sino que su estrategia era la de arrebatar el poder por los métodos que fueran, incluso por encima de la destrucción del entrañado legal que soporta la democracia electoral mexicana.
La filtración de los nuevos videos confirma que la mano del gobierno cubano está presente en el proceso electoral mexicano, y que ahora se intenta presionar al Tribunal Electoral para que declare la anulación de todo el proceso. El argumento es precisamente ese, que sin importar la elección, el resultado, sin importar las instituciones electorales y el propio Tribunal, AMLO debe ser presidente, por razones morales, porque su causa es la causa justa. En pocas palabras, se intenta un golpe de Estado a las instituciones y la imposición de un gobierno "popular", con el apoyo de gobiernos extranjeros, como el de Cuba y acaso el de Venezuela.
Existen versiones de que el PRD tenía en sus manos una parte del interrogatorio de Ahumada en Cuba -un interrogatorio nada confiable por el descrédito no sólo del interrogado, sino de los interrogadores- que no había sido utilizado porque AMLO y sus leales ya daban por descontado que ganarían el 2 de julio. Esa versión parece poco creíble, porque de haber existido antes se habría hecho pública inmediatamente después del 2 de julio e incluso habría sido parte del expediente para reclamar la nulidad abstracta de la elección. No, por la forma y por el fondo, se puede aventurar que se trató de un hallazgo de reciente manufactura. Y para guardar toda posible pista, se recurrió a mensajeros afines.
Preso político
Pero además resulta ridículo, de risa, y hasta un insulto al sentido común y a la inteligencia de los ciudadanos y los electores, que López Obrador y el PRD pretendan convertir a Carlos Ahumada en escudo para justificar el presunto complot en su contra -mediante una declaración arrancada por la policía cubana en donde los derechos humanos son letra muerta y el Estado violenta todas las garantías individuales-, cuando en México, en el arbitrario Gobierno del Distrito Federal, el jefe de Gobierno López Obrador ordenó que el propio Carlos Ahumada fuera mantenido en calidad de preso político, sin derecho a presentarse a los medios para ser entrevistado y para ofrecer su verdad. En las cárceles del Distrito Federal, por instrucciones de AMLO, primero, y de Alejandro Encinas, después, al señor Ahumada se le ha impedido que diga lo que sabe sobre los videoescándalos, sobre la corrupción en el gobierno de AMLO, sobre su huida y posterior detención en Cuba, sobre la forma en que fue tratado en la isla y cómo se obtuvo la declaración que hoy utiliza AMLO para su causa. ¿Por qué no le permiten hablar? ¿A qué le temen AMLO y el PRD si Ahumada ofrece una entrevista?
Está claro que el señor Carlos Ahumada no es una hermana de la caridad, que es un empresario que se enriqueció a partir de todas las malas artes de la política, del contubernio entre empresarios y servidores públicos. Pero también es cierto que el señor Ahumada fue uno de los mecenas de una buena cantidad de políticos del PRD, probablemente del propio AMLO, en su campaña como candidato a jefe de Gobierno del Distrito Federal. Existen evidencias y declaraciones del propio Ahumada de que reaccionó con los videos de la corrupción porque un grupo de perredistas vinculados al grupo de AMLO pretendió extorsionarlo.
Pero lo peor es que AMLO y sus leales, con la ayuda de aliados mediáticos, pretendieron desviar la atención sobre el corazón de los escándalos de la corrupción; que no es otra cosa que esa, el dinero que de manera ilegal e inmoral se manejó desde la administración de AMLO a través de sus escuderos, como René Bejarano, Carlos Ímaz y Gustavo Ponce. ¿Qué se sabe del origen y el destino del dinero que a puños se llevaron Bejarano, Ímaz y Ponce? Nada. El GDF simuló una investigación que terminó con unos meses de prisión para Bejarano -encarcelamiento en el que gozó de todos los beneficios, mientras que Ahumada era tratado como preso político-, en tanto que Ímaz sigue tan campante, como si nada. ¿Qué hay de Ponce, el hombre que derrochaba millones de pesos en Las Vegas? Resulta otro insulto a todos, sean o no simpatizantes de AMLO, que en su momento el ex jefe de Gobierno haya dicho que no estaba enterado que su secretario de finanzas era un pillo, que haya facilitado su huida, y que ahora salga con el cuento de que se trata de un complot.
Y lo más simpático, que sería de risa si no es por el agravio a la sociedad entera, es que hoy la esposa de René Bejarano, la diputada Dolores Padierna, y el señor Carlos Ímaz, que es el esposo de Claudia Sheinbaum -quien a su vez es la más cercana colaboradora de AMLO-, sean los puntales de la resistencia civil, de los plantones, y que sean responsables de la movilización contra el supuesto fraude. Parece que son muchos los mexicanos, los simpatizantes de AMLO que no quieren ver que sin corrupción, como la comprobada en turno a López Obrador, no habrían existido los videoescándalos y no habría elementos para tal persecución.
Por eso no es descabellado señalar que el otro complot, el verdadero complot es el que mediante un monstruoso engaño colectivo pretende imponer el señor López Obrador. Y en efecto, son muchos los mexicanos que se han tragado el cuento del fraude, de la persecución perversa, pero el tiempo pondrá a cada quién en su lugar. Al tiempo.
aleman2@prodigy.net.mx
El Universal - Itinerario Político
20 de agosto de 2006
Usa declaraciones de Ahumada, pero le impide entrevistas
Interrogatorio en Cuba, para reforzar protesta de AMLO
De entre las leyes de la física, la tercera de Newton se ha convertido en una verdadera "ley de la política". Dice Newton: "A toda acción corresponde una reacción igual pero en sentido contrario". Es decir, que a toda presión o acontecimiento político corresponderá siempre una respuesta de la misma magnitud que la primera, pero en sentido contrario, a manera de respuesta.
Lo que presenciamos con la difusión de nuevos videos, editados del extenso interrogatorio que el gobierno cubano le hizo a Carlos Ahumada -que confirman no sólo la corrupción del primer círculo del gobierno de AMLO, sino que esas evidencias fueron utilizadas en su momento por círculos del gobierno de Vicente Fox para debilitar la imagen del entonces jefe de Gobierno-, no es más que eso, una respuesta desesperada del equipo de AMLO, a quien si bien no pudieron eliminar de la carrera presidencial con los videoescándalos y menos con el "desafuero", sí derrotaron los electores en las urnas.
La difusión tardía de esos nuevos videos son la respuesta del equipo de López Obrador a una realidad que se abre paso, a pesar de la confusión deliberada sembrada por el candidato de la coalición Por el Bien de Todos, y que en los hechos no ha sido más que un verdadero complot contra las instituciones electorales mexicanas. Incluso hay quienes ya señalan esa maniobra de AMLO como "golpe de Estado" contra esas instituciones.
En efecto, los videos muestran a un Carlos Ahumada revelando el entramado perverso de un puñado de funcionarios públicos de primer nivel del gobierno "del cambio", los que junto con la poderosa televisión privada hicieron estallar el escándalo de la corrupción del gobierno de AMLO con fines político-electorales. En realidad nada nuevo respecto a lo que ya se sabía del escándalo.
Pero esos nuevos videos podrían resultar contrarios a la causa que se busca, ya que dejan más preguntas sin responder y hasta pueden llevar a la confirmación de otras variables hasta el momento no exploradas. Nos referimos a la corrupción del gobierno del DF, también con fines político-electorales y, sobre todo, a la intromisión del gobierno cubano, en el más reñido de los procesos electorales mexicanos.
¿De parte de quién?
Pero vamos por partes. Todos saben que en los primeros meses de 2004 el empresario Carlos Ahumada se refugió en Cuba, presuntamente a recomendación de Carlos Salinas, en donde el otrora amigo del ex presidente mexicano, Fidel Castro, le daría protección. En efecto, Carlos Ahumada entró a Cuba sin ningún problema y durante semanas dirigió desde la isla su defensa por los videoescándalos, al grado de que era visitado por abogados, familiares y personas cercanas. Eso lo sabía el gobierno cubano, en cuyo territorio nadie se mueve sin su aval y el ojo experto de sus espías. Todo indica que en efecto, el régimen de Castro había aceptado asilar a Ahumada.
Sin embargo algo pasó, algunos hilos se movieron y, repentinamente, Ahumada pasó de asilado político a petición de un influyente amigo del presidente Castro, a perseguido. Fue detenido y sometido a un extenso interrogatorio, al estilo del gobierno cubano. De ese interrogatorio forman parte los cuatro minutos de revelaciones que el pasado viernes fueron difundidos. La crisis que provocó la detención de Ahumada y su prolongado interrogatorio se convirtieron en un conflicto diplomático que tensó al máximo las relaciones diplomáticas entre México y Cuba. Para nadie es un secreto que la diplomacia entre los dos países sigue en un momento de máxima tensión, cercano a la ruptura.
Desde entonces era claro que el gobierno de Castro brindaba todo su respaldo al entonces precandidato presidencial y jefe de Gobierno del DF, Andrés Manuel López Obrador -apoyo que también ofreció el presidente de Venezuela, Hugo Chávez-, y que algo se había fracturado entre la relación del ex presidente Salinas y Fidel Castro. Se sabía de la existencia del interrogatorio de Carlos Ahumada en Cuba, y el propio gobierno de la isla había usado fragmentos de ese interrogatorio para cobrar facturas al gobierno de México. Incluso el propio gobierno mexicano solicitó, sin éxito, una copia de las grabaciones del citado interrogatorio.
El asunto pasó a segundo plano cuando López Obrador superó no sólo los videoescándalos, sino el desafuero, y se convirtió, finalmente, en el candidato presidencial de la mal llamada izquierda mexicana. Había ganado su grito de campaña: "¡Que le ganen en las urnas!". Y en efecto, el 2 de julio le ganaron en las urnas, a pesar de la engañosa y hasta tramposa campaña de que se cometió un supuesto fraude electoral; fraude que por cierto nadie ha podido comprobar.
Preguntas sin respuesta
Pero repentinamente, cuando una buena parte de la opinión pública nacional y la mayoría de la prensa internacional han llegado a la conclusión de que el supuesto fraude no existe más que en el imaginario de AMLO y de sus generales -y de un sector duro de sus fieles-, reaparecen nuevos videos de la corrupción y López Obrador se monta de nuevo en la estrategia del complot. Pero al mismo tiempo aparecieron muchas preguntas también sin respuesta.
¿Quién puso en manos de AMLO y del PRD parte del interrogatorio que le hizo la policía cubana a Carlos Ahumada? ¿Cuál es la intención política de esa filtración? ¿Por qué ahora, y no antes, en los previos al 2 de julio? ¿Quién, del gobierno cubano, está interesado en la defensa política de AMLO? ¿Cuál es el papel, en esa estrategia, que juega el presidente venezolano, Hugo Chávez?
Resultaría ingenuo suponer, por decir lo menos, que el PRD y AMLO son ajenos a esas filtraciones, sobre todo porque se trata de un video editado en el que sólo se exhibe lo que beneficia a la causa de López Obrador. Está claro que el gobierno de Cuba sigue ofreciendo todo su respaldo a López Obrador y que ese gobierno le apuesta no sólo a la crisis política que ha generado la postura de AMLO, sino que está dispuesto a ofrecer todo lo que sabe y todos sus oficios para empujar la insurrección de AMLO y de llegar al golpe de Estado que en la práctica el candidato de la coalición Por el Bien de Todos le ha asestado ya a las instituciones democráticas.
Es reveladora la declaración de AMLO, horas después de que se conocieron las nuevas filtraciones. Dijo López Obrador: "Si así es como se procede, nos tienen que entregar la Presidencia de la República". ¿Qué quiere decir esa declaración? Es bastante clara; es la confirmación de que López Obrador no iba por la Presidencia por los cauces de la democracia, en donde gana el que obtiene más votos, sino que su estrategia era la de arrebatar el poder por los métodos que fueran, incluso por encima de la destrucción del entrañado legal que soporta la democracia electoral mexicana.
La filtración de los nuevos videos confirma que la mano del gobierno cubano está presente en el proceso electoral mexicano, y que ahora se intenta presionar al Tribunal Electoral para que declare la anulación de todo el proceso. El argumento es precisamente ese, que sin importar la elección, el resultado, sin importar las instituciones electorales y el propio Tribunal, AMLO debe ser presidente, por razones morales, porque su causa es la causa justa. En pocas palabras, se intenta un golpe de Estado a las instituciones y la imposición de un gobierno "popular", con el apoyo de gobiernos extranjeros, como el de Cuba y acaso el de Venezuela.
Existen versiones de que el PRD tenía en sus manos una parte del interrogatorio de Ahumada en Cuba -un interrogatorio nada confiable por el descrédito no sólo del interrogado, sino de los interrogadores- que no había sido utilizado porque AMLO y sus leales ya daban por descontado que ganarían el 2 de julio. Esa versión parece poco creíble, porque de haber existido antes se habría hecho pública inmediatamente después del 2 de julio e incluso habría sido parte del expediente para reclamar la nulidad abstracta de la elección. No, por la forma y por el fondo, se puede aventurar que se trató de un hallazgo de reciente manufactura. Y para guardar toda posible pista, se recurrió a mensajeros afines.
Preso político
Pero además resulta ridículo, de risa, y hasta un insulto al sentido común y a la inteligencia de los ciudadanos y los electores, que López Obrador y el PRD pretendan convertir a Carlos Ahumada en escudo para justificar el presunto complot en su contra -mediante una declaración arrancada por la policía cubana en donde los derechos humanos son letra muerta y el Estado violenta todas las garantías individuales-, cuando en México, en el arbitrario Gobierno del Distrito Federal, el jefe de Gobierno López Obrador ordenó que el propio Carlos Ahumada fuera mantenido en calidad de preso político, sin derecho a presentarse a los medios para ser entrevistado y para ofrecer su verdad. En las cárceles del Distrito Federal, por instrucciones de AMLO, primero, y de Alejandro Encinas, después, al señor Ahumada se le ha impedido que diga lo que sabe sobre los videoescándalos, sobre la corrupción en el gobierno de AMLO, sobre su huida y posterior detención en Cuba, sobre la forma en que fue tratado en la isla y cómo se obtuvo la declaración que hoy utiliza AMLO para su causa. ¿Por qué no le permiten hablar? ¿A qué le temen AMLO y el PRD si Ahumada ofrece una entrevista?
Está claro que el señor Carlos Ahumada no es una hermana de la caridad, que es un empresario que se enriqueció a partir de todas las malas artes de la política, del contubernio entre empresarios y servidores públicos. Pero también es cierto que el señor Ahumada fue uno de los mecenas de una buena cantidad de políticos del PRD, probablemente del propio AMLO, en su campaña como candidato a jefe de Gobierno del Distrito Federal. Existen evidencias y declaraciones del propio Ahumada de que reaccionó con los videos de la corrupción porque un grupo de perredistas vinculados al grupo de AMLO pretendió extorsionarlo.
Pero lo peor es que AMLO y sus leales, con la ayuda de aliados mediáticos, pretendieron desviar la atención sobre el corazón de los escándalos de la corrupción; que no es otra cosa que esa, el dinero que de manera ilegal e inmoral se manejó desde la administración de AMLO a través de sus escuderos, como René Bejarano, Carlos Ímaz y Gustavo Ponce. ¿Qué se sabe del origen y el destino del dinero que a puños se llevaron Bejarano, Ímaz y Ponce? Nada. El GDF simuló una investigación que terminó con unos meses de prisión para Bejarano -encarcelamiento en el que gozó de todos los beneficios, mientras que Ahumada era tratado como preso político-, en tanto que Ímaz sigue tan campante, como si nada. ¿Qué hay de Ponce, el hombre que derrochaba millones de pesos en Las Vegas? Resulta otro insulto a todos, sean o no simpatizantes de AMLO, que en su momento el ex jefe de Gobierno haya dicho que no estaba enterado que su secretario de finanzas era un pillo, que haya facilitado su huida, y que ahora salga con el cuento de que se trata de un complot.
Y lo más simpático, que sería de risa si no es por el agravio a la sociedad entera, es que hoy la esposa de René Bejarano, la diputada Dolores Padierna, y el señor Carlos Ímaz, que es el esposo de Claudia Sheinbaum -quien a su vez es la más cercana colaboradora de AMLO-, sean los puntales de la resistencia civil, de los plantones, y que sean responsables de la movilización contra el supuesto fraude. Parece que son muchos los mexicanos, los simpatizantes de AMLO que no quieren ver que sin corrupción, como la comprobada en turno a López Obrador, no habrían existido los videoescándalos y no habría elementos para tal persecución.
Por eso no es descabellado señalar que el otro complot, el verdadero complot es el que mediante un monstruoso engaño colectivo pretende imponer el señor López Obrador. Y en efecto, son muchos los mexicanos que se han tragado el cuento del fraude, de la persecución perversa, pero el tiempo pondrá a cada quién en su lugar. Al tiempo.
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