25 de agosto de 2006
Un mundo lejano: la otra realidad de AMLO
Jorge Fernández Menéndez
Excélsior – Razones
25-08-06
Un lector queretano, Javier Odriozola Ibargüengoitia, me escribe haciéndome la misma pregunta que nos hacemos muchos en este país: "¿Me puede explicar cómo se puede parar tanta charlatanería y mentira o, de plano, hay que esperar a que las cosas caigan por su propio peso?" La pregunta viene a cuento, más que nunca, ante el más reciente delirio de López Obrador: le acaba de decir a Le Monde que en la supuesta Convención Nacional Democrática que está convocando para el 16 de septiembre en el Zócalo (el lugar y el método idóneo para discutir lo que sea, como en los Aguascalientes que organizaba Marcos) "podría ser declarado Presidente" si la gente así lo quiere.
¿Qué le pasa a López Obrador? Siempre me he negado a abordar las teorías psicologistas sobre la personalidad del ex candidato presidencial, pero cuando se leen esas declaraciones, uno debe comenzar a pensar en la sensatez de quien declara y entonces los planes más absurdos (desde la concepción de aquel territorio "liberado" de Chiapas, Tabasco y Oaxaca que —me ilustra otro lector, éste, un viejo amigo, Ignacio Chávez de la Lama— ya esgrimía como propuesta López Obrador desde 1994, hasta su comparación con Jesús, Gandhi y Martin Luther King) deben ser considerados con mayor seriedad. Algunos de los seguidores de López Obrador me dicen que no es así, que todo es una suerte de puesta en escena para poder estar en los medios, y que si no hubieran establecido el plantón en Reforma y el Centro Histórico hoy estarían políticamente hundidos. Puede ser, pero lo que no comprenden es que esa estrategia les permite estar en los medios, pero los ha hundido políticamente mucho más. Lo único que no puede perder un político es la credibilidad y López Obrador ha optado por la fe ciega de un grupo de seguidores en contra de las expectativas que depositaron en él millones de mexicanos.
No es una especulación, todas las encuestas que se han realizado, sobre todo desde el inicio del plantón hasta ahora, reflejan una constante caída de popularidad y aceptación de López Obrador y del perredismo. El mismo López Obrador, en otra entrevista, ésta con el Financial Times donde se proclamó "revolucionario" y sostuvo que lo que México necesita es una "auténtica revolución", aceptó que desde el 2 de julio su popularidad había caído significativamente. En un razonamiento lógico, el mismo sujeto tendría que asumir, aunque esté convencido de sus objetivos, que, por ejemplo, no puede ser proclamado "presidente" de un país sólo porque un puñado de sus simpatizantes así lo deciden: el tabasqueño obtuvo 35% de los votos, hoy las encuestas muestran que difícilmente superaría ese 35% e, incluso, Marcelo Ebrard correría el serio peligro de perder el Distrito Federal. ¿En qué se basa entonces para asumirse como un líder nacional? En los hechos no es sino un candidato derrotado, el único de todos los que compitieron el 2 de julio para centenares de cargos públicos que no acepta su derrota.
Nos pregunta nuestro lector: "¿Cómo se puede parar tanta charlatanería y mentira o, de plano, hay que esperar a que las cosas caigan por su propio peso?"
Soy de quienes creen que tanta charlatanería y mentira (e insistimos, como hemos dicho en otra oportunidad, que es más peligroso el charlatán que el mentiroso, porque éste por lo menos debe reconocer la realidad para, a base de una mentira, tratar de modificarla, mientras que aquél se inventa, sencillamente, su propia realidad, y López Obrador parece ser de estos últimos) se deben parar demostrando la enorme cantidad de inconsistencias de ese discurso. Algunos analistas consideran que simplemente se debe ignorar a López Obrador para no hacerle publicidad gratuita aunque sea criticándolo. No creo que sea la vía correcta: durante mucho tiempo se ignoró a Hitler o a Mussolini o, incluso, a Stalin (a quien veían como un tosco operador político comparado con la brillantez teórica de Trotsky o Bujarin), pensando que eran simples caricaturas, que no podían ser tomados en serio. Cuando quisieron hacerlo, ya fue tarde. No se debe cometer el mismo error.
Lo que no se debe hacer es caer en el juego que nos está proponiendo. Se le deben señalar todas sus inconsistencias, pero al mismo tiempo dejar que su juego caiga por su propio peso. La gente, por lo menos la mayoría, no es tonta: sabe diferenciar a un auténtico luchador social, aunque no esté de acuerdo con él, de un charlatán. Nadie discutió nunca los méritos de Cuauhtémoc Cárdenas, Heberto Castillo, Arnoldo Martínez Verdugo, Valentín Campa, Demetrio Vallejo, se estuviera o no de acuerdo con sus propuestas y principios. La creciente soledad en la que se encuentra López Obrador, evidente en los campamentos vacíos, en la necesidad de acarrear gente de todo el país para sus mítines, en el rechazo de muchos de quienes lo siguieron hasta el 2 de julio, es una demostración de que no genera, ni remotamente, el respeto que se ganaron los verdaderos hombres de izquierda del presente o del pasado. Y ello es porque nada afecta más a un charlatán que exhibirlo: sus palabras son como arenas movedizas, cuanto más habla, más se hunde.
Pero, además, se necesita política, una política activa, para salir adelante y dejar atrás a los charlatanes. El nuevo gobierno, desde la transición, en los próximos cien días, debe mostrar un camino de conciliación y progreso. Algunos han hablado de la necesidad de establecer los puentes para el diálogo, y tienen toda la razón. La pregunta es si se puede dialogar con alguien que no desea hacerlo y se ha creado su propia realidad. Habrá que hacerlo con quienes se puede tener profundas diferencias, pero existe la posibilidad de establecer, por lo menos, un lenguaje y una realidad comunes.
www.nuevoexcelsior.com.mx/jfernandez
www.mexicoconfidencial.com
Excélsior – Razones
25-08-06
Un lector queretano, Javier Odriozola Ibargüengoitia, me escribe haciéndome la misma pregunta que nos hacemos muchos en este país: "¿Me puede explicar cómo se puede parar tanta charlatanería y mentira o, de plano, hay que esperar a que las cosas caigan por su propio peso?" La pregunta viene a cuento, más que nunca, ante el más reciente delirio de López Obrador: le acaba de decir a Le Monde que en la supuesta Convención Nacional Democrática que está convocando para el 16 de septiembre en el Zócalo (el lugar y el método idóneo para discutir lo que sea, como en los Aguascalientes que organizaba Marcos) "podría ser declarado Presidente" si la gente así lo quiere.
¿Qué le pasa a López Obrador? Siempre me he negado a abordar las teorías psicologistas sobre la personalidad del ex candidato presidencial, pero cuando se leen esas declaraciones, uno debe comenzar a pensar en la sensatez de quien declara y entonces los planes más absurdos (desde la concepción de aquel territorio "liberado" de Chiapas, Tabasco y Oaxaca que —me ilustra otro lector, éste, un viejo amigo, Ignacio Chávez de la Lama— ya esgrimía como propuesta López Obrador desde 1994, hasta su comparación con Jesús, Gandhi y Martin Luther King) deben ser considerados con mayor seriedad. Algunos de los seguidores de López Obrador me dicen que no es así, que todo es una suerte de puesta en escena para poder estar en los medios, y que si no hubieran establecido el plantón en Reforma y el Centro Histórico hoy estarían políticamente hundidos. Puede ser, pero lo que no comprenden es que esa estrategia les permite estar en los medios, pero los ha hundido políticamente mucho más. Lo único que no puede perder un político es la credibilidad y López Obrador ha optado por la fe ciega de un grupo de seguidores en contra de las expectativas que depositaron en él millones de mexicanos.
No es una especulación, todas las encuestas que se han realizado, sobre todo desde el inicio del plantón hasta ahora, reflejan una constante caída de popularidad y aceptación de López Obrador y del perredismo. El mismo López Obrador, en otra entrevista, ésta con el Financial Times donde se proclamó "revolucionario" y sostuvo que lo que México necesita es una "auténtica revolución", aceptó que desde el 2 de julio su popularidad había caído significativamente. En un razonamiento lógico, el mismo sujeto tendría que asumir, aunque esté convencido de sus objetivos, que, por ejemplo, no puede ser proclamado "presidente" de un país sólo porque un puñado de sus simpatizantes así lo deciden: el tabasqueño obtuvo 35% de los votos, hoy las encuestas muestran que difícilmente superaría ese 35% e, incluso, Marcelo Ebrard correría el serio peligro de perder el Distrito Federal. ¿En qué se basa entonces para asumirse como un líder nacional? En los hechos no es sino un candidato derrotado, el único de todos los que compitieron el 2 de julio para centenares de cargos públicos que no acepta su derrota.
Nos pregunta nuestro lector: "¿Cómo se puede parar tanta charlatanería y mentira o, de plano, hay que esperar a que las cosas caigan por su propio peso?"
Soy de quienes creen que tanta charlatanería y mentira (e insistimos, como hemos dicho en otra oportunidad, que es más peligroso el charlatán que el mentiroso, porque éste por lo menos debe reconocer la realidad para, a base de una mentira, tratar de modificarla, mientras que aquél se inventa, sencillamente, su propia realidad, y López Obrador parece ser de estos últimos) se deben parar demostrando la enorme cantidad de inconsistencias de ese discurso. Algunos analistas consideran que simplemente se debe ignorar a López Obrador para no hacerle publicidad gratuita aunque sea criticándolo. No creo que sea la vía correcta: durante mucho tiempo se ignoró a Hitler o a Mussolini o, incluso, a Stalin (a quien veían como un tosco operador político comparado con la brillantez teórica de Trotsky o Bujarin), pensando que eran simples caricaturas, que no podían ser tomados en serio. Cuando quisieron hacerlo, ya fue tarde. No se debe cometer el mismo error.
Lo que no se debe hacer es caer en el juego que nos está proponiendo. Se le deben señalar todas sus inconsistencias, pero al mismo tiempo dejar que su juego caiga por su propio peso. La gente, por lo menos la mayoría, no es tonta: sabe diferenciar a un auténtico luchador social, aunque no esté de acuerdo con él, de un charlatán. Nadie discutió nunca los méritos de Cuauhtémoc Cárdenas, Heberto Castillo, Arnoldo Martínez Verdugo, Valentín Campa, Demetrio Vallejo, se estuviera o no de acuerdo con sus propuestas y principios. La creciente soledad en la que se encuentra López Obrador, evidente en los campamentos vacíos, en la necesidad de acarrear gente de todo el país para sus mítines, en el rechazo de muchos de quienes lo siguieron hasta el 2 de julio, es una demostración de que no genera, ni remotamente, el respeto que se ganaron los verdaderos hombres de izquierda del presente o del pasado. Y ello es porque nada afecta más a un charlatán que exhibirlo: sus palabras son como arenas movedizas, cuanto más habla, más se hunde.
Pero, además, se necesita política, una política activa, para salir adelante y dejar atrás a los charlatanes. El nuevo gobierno, desde la transición, en los próximos cien días, debe mostrar un camino de conciliación y progreso. Algunos han hablado de la necesidad de establecer los puentes para el diálogo, y tienen toda la razón. La pregunta es si se puede dialogar con alguien que no desea hacerlo y se ha creado su propia realidad. Habrá que hacerlo con quienes se puede tener profundas diferencias, pero existe la posibilidad de establecer, por lo menos, un lenguaje y una realidad comunes.
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Amlo amenaza con dos presidentes, pero apuesta a que no haya ninguno
José Carreño Carlón
Crónica
25 de Agosto de 2006
Independientemente de si haya qué tomar la conducta de Amlo simplemente como producto de un extravío emocional o como la decisión consciente —y puesta en acto— de suplantar, el poder constituido conforme a la ley, asistimos al anuncio de erigir un poder dictatorial asentado sobre un movimiento organizado para violentar y suplir las bases constitucionales de la representación política y el poder público.
Sea que el movimiento conste de un puñado o de un millón de personas, como amaga su convocante, se trata de un movimiento que sigue la ruta del dictador. No importa si la dictadura sólo está en sus desvaríos, o si para su instauración real se combinen todas las circunstancias de la debilidad institucional que ahora tienen al país en la indefensión.
La ruta más socorrida por algunos de los más célebres dictadores —históricos y actuales: de Hitler a Hugo Chávez— va del intento o de la mascarada de golpe de Estado contra el poder legalmente constituido, a la cárcel, con frecuencia colmada de consideraciones y ventajosas exposiciones mediáticas. Pero de esas cárceles de utilería, Hitler y Chávez lograron dar los siguientes pasos, primero al asalto al poder y, enseguida, a su conversión en poder dictatorial. Y una posibilidad es que Amlo esté provocando un encarcelamiento así.
Pero los mexicanos de a pie no tenemos información para saber si los gestos de dictador —sobreactuados en la entrevista de Amlo a Le Monde— se agotarán en el histrionismo, en una mascarada de golpe y un nombramiento de “presidente” a cargo de una asamblea de secuaces habilitada por él mismo a quien van a “ungir”, o se trata de actos planeados para combinarse con el apoyo de fuerzas irregulares, ilegales o llanamente criminales (como las que asoman en Oaxaca o en el DF) y que terminarán imponiéndose sobre la debilidad institucional y doblegando a los poderes constituidos, incluido el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.
Los mexicanos de a pie sólo tenemos a la vista los impulsos dictatoriales de alguien que, aclamado por sus (decrecientes) seguidores, ordenó ocupar la ciudad de México.
Y vimos que su orden se cumplió, contra los derechos elementales de sus habitantes.
Y ahora, a través de Le Monde, como lo centró la cabeza de primera plana de Reforma de ayer, “Considera Amlo proclamarse Presidente”, igual que cuando los generales del siglo antepasado y principios del pasado solían anunciar que estaban pensando en pronunciarse o alzarse contra el gobierno cuando no se satisfacían sus ambiciones.
Amlo, “presidente”; Camacho, “primer ministro” y Slim… ¿por la anulación?
Y todo hace suponer que Amlo también va a cumplir esta decisión, burlándose de los derechos ciudadanos de las decenas de millones de mexicanos que le negaron el voto.
Así, sus tropas concentradas el 16 de septiembre en el Zócalo, constituidas por Amlo en “Convención”, nombrarán “un presidente legítimo” (él, por supuesto). Pero también nombrará, anunció, “un jefe de gobierno”: Manuel Camacho, quien con ese esperpento verá compensadas sus frustraciones acumuladas de no haber llegado a la Presidencia por las vías constitucionales y las condiciones políticas de ayer y de hoy.
Y no faltará —dijo— entre los “acuerdos” que le aplaudirá la “convención”, una “coordinación de la resistencia civil”: fuerzas de choque reclutadas de las clientelas del gobierno del DF, porros y efectivos de las fuerzas de seguridad del propio gobierno local y grupos armados de los que amagan ya en el levantamiento de Oaxaca y en la ocupación de la capital.
En suma, dijo, existe la posibilidad de que el 17 de septiembre México tenga dos Presidentes, el de la calificación constitucional a cargo del tribunal, y el de la mascarada esperpéntica de la “convención”.
Pero de acuerdo al editorial del Wall Street Journal de ayer, “La prueba de la democracia en México”, Amlo podría estar por ganar su verdadera apuesta: que el Tribunal anule la elección, con lo cual dice el diario, “México (estaría) a punto de deshacer la reforma política ganada a duras penas por una generación”.
“Después de semanas de desórdenes de los seguidores de Amlo en las calles de México, pocos expertos están dispuestos a subestimar la posibilidad de que el tribunal electoral pueda anular la elección”, advierte el diario.
“Los mexicanos… tienen razón en estar preocupados, junto con los inversionistas extranjeros y los acreedores internacionales”, sigue el influyente periódico. “Si los jueces culminan sus deberes legales sin doblegarse a los abusos de Amlo, México habrá ganado respetabilidad internacional. Pero si el tribunal sucumbe a la tentación de apaciguar la política de la calle, podría comenzar una (nueva) era de inestabilidad”.
Y pocas dudas deja el diario sobre la identidad de los poderosos intereses monopólicos que respaldan la anulación y un presidente interino, como volteando a ver las relaciones de las cabezas del Grupo Carso y de la UNAM.
jose.carreno@uia.mx
Crónica
25 de Agosto de 2006
Independientemente de si haya qué tomar la conducta de Amlo simplemente como producto de un extravío emocional o como la decisión consciente —y puesta en acto— de suplantar, el poder constituido conforme a la ley, asistimos al anuncio de erigir un poder dictatorial asentado sobre un movimiento organizado para violentar y suplir las bases constitucionales de la representación política y el poder público.
Sea que el movimiento conste de un puñado o de un millón de personas, como amaga su convocante, se trata de un movimiento que sigue la ruta del dictador. No importa si la dictadura sólo está en sus desvaríos, o si para su instauración real se combinen todas las circunstancias de la debilidad institucional que ahora tienen al país en la indefensión.
La ruta más socorrida por algunos de los más célebres dictadores —históricos y actuales: de Hitler a Hugo Chávez— va del intento o de la mascarada de golpe de Estado contra el poder legalmente constituido, a la cárcel, con frecuencia colmada de consideraciones y ventajosas exposiciones mediáticas. Pero de esas cárceles de utilería, Hitler y Chávez lograron dar los siguientes pasos, primero al asalto al poder y, enseguida, a su conversión en poder dictatorial. Y una posibilidad es que Amlo esté provocando un encarcelamiento así.
Pero los mexicanos de a pie no tenemos información para saber si los gestos de dictador —sobreactuados en la entrevista de Amlo a Le Monde— se agotarán en el histrionismo, en una mascarada de golpe y un nombramiento de “presidente” a cargo de una asamblea de secuaces habilitada por él mismo a quien van a “ungir”, o se trata de actos planeados para combinarse con el apoyo de fuerzas irregulares, ilegales o llanamente criminales (como las que asoman en Oaxaca o en el DF) y que terminarán imponiéndose sobre la debilidad institucional y doblegando a los poderes constituidos, incluido el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.
Los mexicanos de a pie sólo tenemos a la vista los impulsos dictatoriales de alguien que, aclamado por sus (decrecientes) seguidores, ordenó ocupar la ciudad de México.
Y vimos que su orden se cumplió, contra los derechos elementales de sus habitantes.
Y ahora, a través de Le Monde, como lo centró la cabeza de primera plana de Reforma de ayer, “Considera Amlo proclamarse Presidente”, igual que cuando los generales del siglo antepasado y principios del pasado solían anunciar que estaban pensando en pronunciarse o alzarse contra el gobierno cuando no se satisfacían sus ambiciones.
Amlo, “presidente”; Camacho, “primer ministro” y Slim… ¿por la anulación?
Y todo hace suponer que Amlo también va a cumplir esta decisión, burlándose de los derechos ciudadanos de las decenas de millones de mexicanos que le negaron el voto.
Así, sus tropas concentradas el 16 de septiembre en el Zócalo, constituidas por Amlo en “Convención”, nombrarán “un presidente legítimo” (él, por supuesto). Pero también nombrará, anunció, “un jefe de gobierno”: Manuel Camacho, quien con ese esperpento verá compensadas sus frustraciones acumuladas de no haber llegado a la Presidencia por las vías constitucionales y las condiciones políticas de ayer y de hoy.
Y no faltará —dijo— entre los “acuerdos” que le aplaudirá la “convención”, una “coordinación de la resistencia civil”: fuerzas de choque reclutadas de las clientelas del gobierno del DF, porros y efectivos de las fuerzas de seguridad del propio gobierno local y grupos armados de los que amagan ya en el levantamiento de Oaxaca y en la ocupación de la capital.
En suma, dijo, existe la posibilidad de que el 17 de septiembre México tenga dos Presidentes, el de la calificación constitucional a cargo del tribunal, y el de la mascarada esperpéntica de la “convención”.
Pero de acuerdo al editorial del Wall Street Journal de ayer, “La prueba de la democracia en México”, Amlo podría estar por ganar su verdadera apuesta: que el Tribunal anule la elección, con lo cual dice el diario, “México (estaría) a punto de deshacer la reforma política ganada a duras penas por una generación”.
“Después de semanas de desórdenes de los seguidores de Amlo en las calles de México, pocos expertos están dispuestos a subestimar la posibilidad de que el tribunal electoral pueda anular la elección”, advierte el diario.
“Los mexicanos… tienen razón en estar preocupados, junto con los inversionistas extranjeros y los acreedores internacionales”, sigue el influyente periódico. “Si los jueces culminan sus deberes legales sin doblegarse a los abusos de Amlo, México habrá ganado respetabilidad internacional. Pero si el tribunal sucumbe a la tentación de apaciguar la política de la calle, podría comenzar una (nueva) era de inestabilidad”.
Y pocas dudas deja el diario sobre la identidad de los poderosos intereses monopólicos que respaldan la anulación y un presidente interino, como volteando a ver las relaciones de las cabezas del Grupo Carso y de la UNAM.
jose.carreno@uia.mx
Errores, no fraude
Ciro Murayama
Crónica
25 de Agosto de 2006
El miércoles 23, el dramaturgo Emilio Carballido y Edgar González Ruiz publicaron un desplegado en La Jornada, “El recuento parcial probó el fraude”, dirigido a los más de 130 ciudadanos —científicos, escritores, profesores universitarios, periodistas, etc.— que dimos a conocer el 3 de agosto —también a través de un desplegado— el texto “La coexistencia de la pluralidad política reclama la defensa de las instituciones de nuestra democracia”. Ahí, sobre la controversia electoral afirmamos: “No encontramos evidencias firmes que permitan sostener la existencia de un fraude maquinado en contra o a favor de alguno de los candidatos. En una elección que cuentan los ciudadanos puede haber errores e irregularidades, pero no fraude”.
Carballido y González ofrecen una serie de datos y nos dicen que: “Conociendo sus trayectorias profesionales y su respeto a la veracidad de la información, esperamos respetuosamente que estas pruebas les sean de utilidad para sus próximas expresiones sobre la naturaleza y resultado de la elección del 2 de julio”.
Como creo en la virtud de la discusión informada y respetuosa, voy a tratar de explicar por qué las pruebas que dan Carballido y González no demuestran la existencia de un fraude —entendido como la manipulación de votos y alteración de la voluntad ciudadana depositada en las urnas— sino, como dijimos en nuestro desplegado del 3 de agosto, “errores e irregularidades” que, agrego, pueden ser subsanados y corregidos por el Tribunal Electoral.
Como pruebas, el autor de Rosa de dos aromas y González Ruiz, señalan que en el recuento instruido por el Tribunal Electoral sobre el 9 por ciento del total de casillas instaladas la Coalición acreditó: a) que “1 de cada 3 casillas tuvo votos de más”, b) que “1 de cada 3 casillas tuvo votos de menos” y, c) que “2 de cada 3 casillas fueron alteradas” (“7,532 casillas que no coinciden en votos y listados”).
Cabe decir que el Tribunal ordenó un recuento en las casillas donde se ofreció prueba de la existencia de alguna irregularidad, once mil casillas. En el resto, 119 mil, no se demostró que hubiese inconsistencias que ameritaran el recuento.
Carballido y González dan por buenos los datos de una de las partes con interés directo en el litigio: la Coalición. Supongamos por un momento que esas cifras son precisas —aún el Tribunal está deshogando los juicios—, ¿prueban fraude alguno? No en mi entender. Por lo siguiente:
a) Votos de más. Como Carballido y González no dan mayor explicación, infiero que se refieren a los casos en que se encontraron más votos depositados en las urnas que las boletas que se entregaron a los electores que fueron a sufragar en esas casillas. Que haya tres o cuatro votos de más se explica, creo, con facilidad: con frecuencia se instalan casillas contiguas (dos o más), cuando la lista nominal de electores supera los 750 ciudadanos. Así, puede haber más de una casilla en el mismo domicilio (por ejemplo, donde yo voté había dos casillas, una para los vecinos cuyo apellido empieza con las letras que van de la A a la L y otra para quienes nos apellidamos de la M a la Z). Las urnas de ambas casillas estaban ahí, unas al lado de las otras. Un vecino López pudo depositar su voto en la urna donde van los votos de los Martínez y los Zúñiga. Se trata de un error, no de un fraude.
b) Votos de menos. Un ciudadano pudo, como en el ejemplo anterior, depositar su voto en la urna de la casilla contigua que no le correspondía y, entonces, aparecerá un faltante en la suya. De nuevo, un error, nada de manipulación deliberada de la voluntad popular.
c) Diferencia entre votos y listados. Cada que un ciudadano se presenta a votar, los funcionarios de la mesa directiva de casilla deben marcar la lista nominal con la palabra “votó” junto a los datos del elector. Si ese paso se deja de hacer, el listado de electores tendrá un votante menos respecto a los votos depositados. Pero el voto de ese ciudadano es legítimo y tal diferencia no es prueba de casillas “alteradas”.
Además, a cada casilla se envían 10 boletas adicionales para que puedan sufragar los representantes de los partidos que no necesariamente están en la lista nominal de esa sección. Ello trata de dar facilidades a los partidos para vigilar la elección: tus representantes pueden vivir en Iztapalapa e ir a observar la elección en Polanco, sin que por eso pierdan su derecho al voto. Si uno o dos representantes votaron en la casilla que vigilaron sin estar en esa lista nominal, no coincidirá el número de votos con el listado. Es algo normal, previsto, nada de fraude.
Los datos que manejan Carballido y González no nos dicen si se trató de un error, dos, tres o más en cada casilla revisada por el Tribunal, que en promedio tuvieron 400 votos. Un estudio de Fernando Pliego, del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, evidencia que los errores se distribuyeron “de manera prácticamente igual en el caso de las casillas ganadas por Calderón o AMLO”, es decir, sin sesgo alguno.
En una actividad en la que participan 42 millones de personas a la vez, se pueden presentar múltiples errores puntuales. El Tribunal Electoral los está revisando y habrá que esperar su veredicto. Pero las pruebas que yo veo siguen sin acreditar “un fraude maquinado en contra o a favor de alguno de los candidatos”.
ciromurayama@yahoo.com
Crónica
25 de Agosto de 2006
El miércoles 23, el dramaturgo Emilio Carballido y Edgar González Ruiz publicaron un desplegado en La Jornada, “El recuento parcial probó el fraude”, dirigido a los más de 130 ciudadanos —científicos, escritores, profesores universitarios, periodistas, etc.— que dimos a conocer el 3 de agosto —también a través de un desplegado— el texto “La coexistencia de la pluralidad política reclama la defensa de las instituciones de nuestra democracia”. Ahí, sobre la controversia electoral afirmamos: “No encontramos evidencias firmes que permitan sostener la existencia de un fraude maquinado en contra o a favor de alguno de los candidatos. En una elección que cuentan los ciudadanos puede haber errores e irregularidades, pero no fraude”.
Carballido y González ofrecen una serie de datos y nos dicen que: “Conociendo sus trayectorias profesionales y su respeto a la veracidad de la información, esperamos respetuosamente que estas pruebas les sean de utilidad para sus próximas expresiones sobre la naturaleza y resultado de la elección del 2 de julio”.
Como creo en la virtud de la discusión informada y respetuosa, voy a tratar de explicar por qué las pruebas que dan Carballido y González no demuestran la existencia de un fraude —entendido como la manipulación de votos y alteración de la voluntad ciudadana depositada en las urnas— sino, como dijimos en nuestro desplegado del 3 de agosto, “errores e irregularidades” que, agrego, pueden ser subsanados y corregidos por el Tribunal Electoral.
Como pruebas, el autor de Rosa de dos aromas y González Ruiz, señalan que en el recuento instruido por el Tribunal Electoral sobre el 9 por ciento del total de casillas instaladas la Coalición acreditó: a) que “1 de cada 3 casillas tuvo votos de más”, b) que “1 de cada 3 casillas tuvo votos de menos” y, c) que “2 de cada 3 casillas fueron alteradas” (“7,532 casillas que no coinciden en votos y listados”).
Cabe decir que el Tribunal ordenó un recuento en las casillas donde se ofreció prueba de la existencia de alguna irregularidad, once mil casillas. En el resto, 119 mil, no se demostró que hubiese inconsistencias que ameritaran el recuento.
Carballido y González dan por buenos los datos de una de las partes con interés directo en el litigio: la Coalición. Supongamos por un momento que esas cifras son precisas —aún el Tribunal está deshogando los juicios—, ¿prueban fraude alguno? No en mi entender. Por lo siguiente:
a) Votos de más. Como Carballido y González no dan mayor explicación, infiero que se refieren a los casos en que se encontraron más votos depositados en las urnas que las boletas que se entregaron a los electores que fueron a sufragar en esas casillas. Que haya tres o cuatro votos de más se explica, creo, con facilidad: con frecuencia se instalan casillas contiguas (dos o más), cuando la lista nominal de electores supera los 750 ciudadanos. Así, puede haber más de una casilla en el mismo domicilio (por ejemplo, donde yo voté había dos casillas, una para los vecinos cuyo apellido empieza con las letras que van de la A a la L y otra para quienes nos apellidamos de la M a la Z). Las urnas de ambas casillas estaban ahí, unas al lado de las otras. Un vecino López pudo depositar su voto en la urna donde van los votos de los Martínez y los Zúñiga. Se trata de un error, no de un fraude.
b) Votos de menos. Un ciudadano pudo, como en el ejemplo anterior, depositar su voto en la urna de la casilla contigua que no le correspondía y, entonces, aparecerá un faltante en la suya. De nuevo, un error, nada de manipulación deliberada de la voluntad popular.
c) Diferencia entre votos y listados. Cada que un ciudadano se presenta a votar, los funcionarios de la mesa directiva de casilla deben marcar la lista nominal con la palabra “votó” junto a los datos del elector. Si ese paso se deja de hacer, el listado de electores tendrá un votante menos respecto a los votos depositados. Pero el voto de ese ciudadano es legítimo y tal diferencia no es prueba de casillas “alteradas”.
Además, a cada casilla se envían 10 boletas adicionales para que puedan sufragar los representantes de los partidos que no necesariamente están en la lista nominal de esa sección. Ello trata de dar facilidades a los partidos para vigilar la elección: tus representantes pueden vivir en Iztapalapa e ir a observar la elección en Polanco, sin que por eso pierdan su derecho al voto. Si uno o dos representantes votaron en la casilla que vigilaron sin estar en esa lista nominal, no coincidirá el número de votos con el listado. Es algo normal, previsto, nada de fraude.
Los datos que manejan Carballido y González no nos dicen si se trató de un error, dos, tres o más en cada casilla revisada por el Tribunal, que en promedio tuvieron 400 votos. Un estudio de Fernando Pliego, del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, evidencia que los errores se distribuyeron “de manera prácticamente igual en el caso de las casillas ganadas por Calderón o AMLO”, es decir, sin sesgo alguno.
En una actividad en la que participan 42 millones de personas a la vez, se pueden presentar múltiples errores puntuales. El Tribunal Electoral los está revisando y habrá que esperar su veredicto. Pero las pruebas que yo veo siguen sin acreditar “un fraude maquinado en contra o a favor de alguno de los candidatos”.
ciromurayama@yahoo.com
Subcomandante Andrés
Demetrio Sodi de la Tijera
El Universal
25 de agosto de 2006
En los próximos días, el Tribunal Electoral (TEPJF) ratificará el triunfo de Felipe Calderón y le dará la constancia de presidente electo. López Obrador ha dejado claro que no aceptará la resolución del Tribunal y luchará por cualquier vía para impedir la imposición y transformar las instituciones nacionales.
AMLO ha elegido un camino similar al que escogió el subcomandante Marcos en 1994, que nunca creyó en la vía electoral ni en las instituciones nacionales. Su discurso se ha vuelto más radical, llamando a la insurrección civil para cambiar las instituciones, y es parecido al que tuvo Marcos al inicio de 1994. La convocatoria a una convención nacional para definir la estrategia a seguir es similar a la que en su momento llamó el EZLN para echar abajo al régimen y las instituciones nacionales por la vía de la insurrección social. AMLO sabe que por esta vía se cancela cualquier opción electoral en el futuro y que sólo una mayor radicalización le dará el espacio para mantener su presencia política.
Según diversas encuestas, si en este momento se llevasen a cabo nuevas elecciones, AMLO quedaría probablemente en tercer lugar, muy lejos de Felipe Calderón, e incluso abajo del candidato del PRI aun en el caso de que repitiese Madrazo. En unas cuantas semanas, AMLO y el PRD han quemado gran parte del capital político y apoyo electoral que ganaron el 2 de julio; sin embargo, en lugar de rectificar su estrategia parecen decididos a llevar las protestas y manifestaciones a posiciones más extremas.
Una vez que el Tribunal emita su resolución ya no tienen razón de ser los bloqueos en Reforma y las manifestaciones, por lo que la decisión de continuar va a hacerles perder, aún más, el apoyo de la población.
En la convención del próximo 16 de septiembre, AMLO tratará de imponerle al PRD y sus legisladores su estrategia de choque, comprometiéndolos a que mantengan la lucha en las calles y desconozcan el triunfo de Calderón. Él mismo ha señalado que buscará que la convención lo nombre "presidente legítimo", con lo que cancela, para él y el PRD, cualquier posibilidad de diálogo y acuerdo durante el sexenio. En la convención, el PRD se juega su futuro inmediato, si gana la estrategia de AMLO el partido se marginará cada día más de la vida institucional y se aislará en el Congreso.
No es seguro, sin embargo, que pueda imponer su agenda al PRD y sus legisladores, su poder en el interior del partido estaba basado en su posibilidad de triunfo en la elección presidencial y no en alianzas y acuerdos con las principales fuerzas y grupos del PRD, como quedó demostrado en la elección de los coordinadores parlamentarios.
AMLO ya decidió quemar para él la vía electoral y va a optar por radicalizarse y marginarse cada día más de la vida institucional del país para mantener alguna presencia política. Es muy probable que dentro del PRD se vaya quedando sólo con el apoyo de los grupos más extremos y rijosos, que a falta de ideas ven en la movilización y la confrontación la única forma de hacer política. Las corrientes y liderazgos principales del PRD y la izquierda le tienen que apostar, como lo decidieron hace muchos años, a la vía electoral y a la negociación en el Congreso para impulsar los cambios que le urgen al país, y tendrán que deslindarse poco a poco de las posiciones extremas de López Obrador.
A López Obrador le va a pasar lo mismo que al subcomandante Marcos, que dilapidó, en unos cuantos años, su liderazgo y credibilidad, y se volvió sólo un personaje curioso de la historia nacional sin ninguna influencia política y social real. Ojalá que en su aventura López Obrador no se lleve entre las patas al PRD y a la izquierda.
demetriosodi@hotmail.com
Senador de la República
El Universal
25 de agosto de 2006
En los próximos días, el Tribunal Electoral (TEPJF) ratificará el triunfo de Felipe Calderón y le dará la constancia de presidente electo. López Obrador ha dejado claro que no aceptará la resolución del Tribunal y luchará por cualquier vía para impedir la imposición y transformar las instituciones nacionales.
AMLO ha elegido un camino similar al que escogió el subcomandante Marcos en 1994, que nunca creyó en la vía electoral ni en las instituciones nacionales. Su discurso se ha vuelto más radical, llamando a la insurrección civil para cambiar las instituciones, y es parecido al que tuvo Marcos al inicio de 1994. La convocatoria a una convención nacional para definir la estrategia a seguir es similar a la que en su momento llamó el EZLN para echar abajo al régimen y las instituciones nacionales por la vía de la insurrección social. AMLO sabe que por esta vía se cancela cualquier opción electoral en el futuro y que sólo una mayor radicalización le dará el espacio para mantener su presencia política.
Según diversas encuestas, si en este momento se llevasen a cabo nuevas elecciones, AMLO quedaría probablemente en tercer lugar, muy lejos de Felipe Calderón, e incluso abajo del candidato del PRI aun en el caso de que repitiese Madrazo. En unas cuantas semanas, AMLO y el PRD han quemado gran parte del capital político y apoyo electoral que ganaron el 2 de julio; sin embargo, en lugar de rectificar su estrategia parecen decididos a llevar las protestas y manifestaciones a posiciones más extremas.
Una vez que el Tribunal emita su resolución ya no tienen razón de ser los bloqueos en Reforma y las manifestaciones, por lo que la decisión de continuar va a hacerles perder, aún más, el apoyo de la población.
En la convención del próximo 16 de septiembre, AMLO tratará de imponerle al PRD y sus legisladores su estrategia de choque, comprometiéndolos a que mantengan la lucha en las calles y desconozcan el triunfo de Calderón. Él mismo ha señalado que buscará que la convención lo nombre "presidente legítimo", con lo que cancela, para él y el PRD, cualquier posibilidad de diálogo y acuerdo durante el sexenio. En la convención, el PRD se juega su futuro inmediato, si gana la estrategia de AMLO el partido se marginará cada día más de la vida institucional y se aislará en el Congreso.
No es seguro, sin embargo, que pueda imponer su agenda al PRD y sus legisladores, su poder en el interior del partido estaba basado en su posibilidad de triunfo en la elección presidencial y no en alianzas y acuerdos con las principales fuerzas y grupos del PRD, como quedó demostrado en la elección de los coordinadores parlamentarios.
AMLO ya decidió quemar para él la vía electoral y va a optar por radicalizarse y marginarse cada día más de la vida institucional del país para mantener alguna presencia política. Es muy probable que dentro del PRD se vaya quedando sólo con el apoyo de los grupos más extremos y rijosos, que a falta de ideas ven en la movilización y la confrontación la única forma de hacer política. Las corrientes y liderazgos principales del PRD y la izquierda le tienen que apostar, como lo decidieron hace muchos años, a la vía electoral y a la negociación en el Congreso para impulsar los cambios que le urgen al país, y tendrán que deslindarse poco a poco de las posiciones extremas de López Obrador.
A López Obrador le va a pasar lo mismo que al subcomandante Marcos, que dilapidó, en unos cuantos años, su liderazgo y credibilidad, y se volvió sólo un personaje curioso de la historia nacional sin ninguna influencia política y social real. Ojalá que en su aventura López Obrador no se lleve entre las patas al PRD y a la izquierda.
demetriosodi@hotmail.com
Senador de la República
Para servir al patrón
Raúl Cremoux
El Universal
25 de agosto de 2006
Militó en el Partido Socialista Unificado de México (PSUM), derivado de lo que fue el Partido Comunista y era conocido por aceptar la disciplina que le imponían los cuadros dirigentes de los que alguna vez formó parte. Sus amigos dicen que es un hombre derecho que ahora sufre el que sobre él se haya cebado el capricho de su indiscutible jefe.
En algún momento en que tuvo que contestar a bocajarro sobre lo que pensaba de los templetes, carpas y plantones erigidos en el zócalo y en lo que fue el circuito turístico Centro Histórico-Reforma, aseveró que no era esquizofrénico. Se refería a ese padecimiento mental grave que se asocia a una pérdida de contacto con la realidad y a una notable disminución en el desarrollo general de sus funciones. No terminó de aclarar si se refería a esquizofrenia paranoide, que conlleva delirios y alucinaciones; a la esquizofrenia hebefrénica, la cual supone un comportamiento desorganizado y emociones inapropiadas; o a la esquizofrenia indiferenciada, que se caracteriza por una constante alteración del pensamiento y la adquisición de una lógica zigzagueante. Como dividido en dos personalidades.
No, no puntualizó, pero lo que sí dejó en claro es que sabe bien que tales manifestaciones de protesta colectiva las ve sin dificultad y sabe bien que riñen con su responsabilidad de disuadirlas y desaparecerlas para que los habitantes de una ciudad con problemas permanentes de vialidad no terminen, ellos sí, con serios síntomas enloquecedores.
No obstante haberse autodictaminado como un individuo sano, Alejandro Encinas sabe que no se comporta de acuerdo con la realidad legal: no ha cumplido con una disposición municipal que es regla para todos salvo para su partido político, y que acatarla evitaría los daños de todo orden que se ha impuesto a una población que les brindó confianza a los candidatos de su partido. Todos ellos, como bien sabemos, obtuvieron los puestos a los que aspiraban, salvo uno. Y ese uno en su derrota sabida y anticipada a la oficial, es lo que obliga a Encinas a trastocar la que era una atendible carrera política y respetable reputación humana. Más que eso, distorsiona y termina por anular los numerosos pasos que el PRD había dado para mejorar su imagen local y nacional. Hoy sabemos en su persona que los hombres con un limpio historial progresista, honestos y rectos, dejan de serlo cuando hay un jefe patrón que les impone sus reglas sin importar que los intereses grupales, menores, se impongan a los generales.
Por supuesto que es válido que Alejandro Encinas estime como legítimas las protestas de sus compañeros y amigos; bien que les ayude a plantar carpas, gozar de letrinas. Pero nada de esto es justificable cuando se hace con los dineros de los contribuyentes de todos los partidos y también de los apartidistas, y aún menos cuando lo hace desde el puesto de un servidor público. Bien podría tratar de hacer todo lo anterior desde la majestad de la ciudadanía común y con ello darle cuerpo a una de las máximas de Narciso Bassols cuando hablaba del as que guardan todos los funcionarios bajo la manga: la renuncia. Un hombre responsable, honesto y recto, para seguir siendo respetable, tiene esa inmensa, memorable salida.
La disciplina partidaria y lo que es definitivo, la sumisión al patrón, tiene límites que bien clarifica el honor.
cremouxra@hotmail.com
Escritor y periodista
El Universal
25 de agosto de 2006
Militó en el Partido Socialista Unificado de México (PSUM), derivado de lo que fue el Partido Comunista y era conocido por aceptar la disciplina que le imponían los cuadros dirigentes de los que alguna vez formó parte. Sus amigos dicen que es un hombre derecho que ahora sufre el que sobre él se haya cebado el capricho de su indiscutible jefe.
En algún momento en que tuvo que contestar a bocajarro sobre lo que pensaba de los templetes, carpas y plantones erigidos en el zócalo y en lo que fue el circuito turístico Centro Histórico-Reforma, aseveró que no era esquizofrénico. Se refería a ese padecimiento mental grave que se asocia a una pérdida de contacto con la realidad y a una notable disminución en el desarrollo general de sus funciones. No terminó de aclarar si se refería a esquizofrenia paranoide, que conlleva delirios y alucinaciones; a la esquizofrenia hebefrénica, la cual supone un comportamiento desorganizado y emociones inapropiadas; o a la esquizofrenia indiferenciada, que se caracteriza por una constante alteración del pensamiento y la adquisición de una lógica zigzagueante. Como dividido en dos personalidades.
No, no puntualizó, pero lo que sí dejó en claro es que sabe bien que tales manifestaciones de protesta colectiva las ve sin dificultad y sabe bien que riñen con su responsabilidad de disuadirlas y desaparecerlas para que los habitantes de una ciudad con problemas permanentes de vialidad no terminen, ellos sí, con serios síntomas enloquecedores.
No obstante haberse autodictaminado como un individuo sano, Alejandro Encinas sabe que no se comporta de acuerdo con la realidad legal: no ha cumplido con una disposición municipal que es regla para todos salvo para su partido político, y que acatarla evitaría los daños de todo orden que se ha impuesto a una población que les brindó confianza a los candidatos de su partido. Todos ellos, como bien sabemos, obtuvieron los puestos a los que aspiraban, salvo uno. Y ese uno en su derrota sabida y anticipada a la oficial, es lo que obliga a Encinas a trastocar la que era una atendible carrera política y respetable reputación humana. Más que eso, distorsiona y termina por anular los numerosos pasos que el PRD había dado para mejorar su imagen local y nacional. Hoy sabemos en su persona que los hombres con un limpio historial progresista, honestos y rectos, dejan de serlo cuando hay un jefe patrón que les impone sus reglas sin importar que los intereses grupales, menores, se impongan a los generales.
Por supuesto que es válido que Alejandro Encinas estime como legítimas las protestas de sus compañeros y amigos; bien que les ayude a plantar carpas, gozar de letrinas. Pero nada de esto es justificable cuando se hace con los dineros de los contribuyentes de todos los partidos y también de los apartidistas, y aún menos cuando lo hace desde el puesto de un servidor público. Bien podría tratar de hacer todo lo anterior desde la majestad de la ciudadanía común y con ello darle cuerpo a una de las máximas de Narciso Bassols cuando hablaba del as que guardan todos los funcionarios bajo la manga: la renuncia. Un hombre responsable, honesto y recto, para seguir siendo respetable, tiene esa inmensa, memorable salida.
La disciplina partidaria y lo que es definitivo, la sumisión al patrón, tiene límites que bien clarifica el honor.
cremouxra@hotmail.com
Escritor y periodista
24 de agosto de 2006
PRD: se desinfla la opción de la ruptura
Carlos Ramírez
El Financiero - Indicador Político
24 de agosto de 2006
AMLO: solo; de plantonista a ambulante
Si los plantones y campamentos en el corredor Zócalo-Madero-Juárez-Reforma fueron instalados para obligar al Tribunal Electoral a anular las elecciones presidenciales, las presiones sociales han comenzado a doblegar la lucha de Andrés Manuel López Obrador. La apertura de cruces en Reforma fue una derrota política del PRD.
Pero lo grave no es llevar la discusión al terreno de los plantones. En el fondo, el conflicto postelectoral de López Obrador perdió la batalla cuando se erigió en el presidente de México ante Estados Unidos a través de Univisión y cuando redujo su protesta a la exigencia de reconocimiento de su victoria electoral. Lo que iba a ser una batalla por la democracia disminuyó a una vulgar lucha personal por el poder.
Las derrotas de López Obrador no han terminado ahí. Tuvo que ceder su espacio político para que el Ejército pudiera realizar su desfile militar el próximo 16 de septiembre. Su decisión de impedir la entrega de la constancia de presidente electo a Felipe Calderón será una mera protesta ruidosa y de jaloneos. Y el PRD ya llegó a la conclusión de que no puede impedir la toma de posesión de Calderón porque entonces estaría provocando una gravísima ruptura constitucional que quiere dejar al país sin presidente de la República.
Asimismo, la lucha postelectoral de López Obrador en el DF no ha prendido en otras partes de la República. El conflicto de violencia en Oaxaca se radicalizó con su propia agenda y no pudo enrolarse con el PRD capitalino. En Chiapas, la victoria del candidato perredista Juan Sabines implicaría una victoria paradójica para Calderón y una relación institucional que comenzaría con el reconocimiento a Calderón como presidente electo. Y si Sabines pierde en el recuento, carece de fuerza política para realizar un conflicto postelectoral local.
Y viene también la reorganización de la coalición con el desprendimiento de Convergencia, anunciada desde hace tres semanas por el coordinador de la bancada de este partido en la Cámara, Jesús Martínez Álvarez, en artículos escritos en La Crónica. Convergencia dio un impresionante salto cualitativo con el PRD pero podría perder más si se embarca en las movilizaciones de violencia. Dante Delgado, como antes Martínez Álvarez, ya le dieron su voto de confianza al IFE y van a reconocer su dictamen final.
En todo caso, y sólo hasta ahora, López Obrador ha podido reforzar su control sobre el espacio político del Distrito Federal. El jefe electo de Gobierno, Marcelo Ebrard, ha perdido espacio de legitimidad política por su subordinación a la batalla postelectoral del candidato presidencial perredista que perdió las elecciones. La disminución del apoyo a López Obrador, reconocida por él ante el Financial Times, también ha afectado a un Ebrard que avala y alienta campamentos en Reforma y que participa como orador lopezobradorista en el Zócalo.
Y para completar el cuadro, López Obrador no pudo lograr que los legisladores electos perredistas se negaran a tomar posesión de sus cargos. Y de manera adicional, las coordinaciones de las bancadas en las dos cámaras quedaron en manos de perredistas ajenos al grupo dominante de López Obrador. Aun con su lenguaje radicalizado por las circunstancias, Carlos Navarrete y Javier González Garza son políticos de la propuesta y la negociación y responden a la idea de que el PRD no es propiedad de López Obrador.
De ahí la percepción de que López Obrador haya perdido no sólo las elecciones sino la batalla postelectoral. Y su derrota obedece no sólo al error estratégico de autoproclamarse presidente de la República y desviar su lucha del objetivo democrático a la meta egoísta de tener el poder, sino sobre todo a la ausencia de una propuesta política de largo plazo. Ahí Felipe Calderón le ganó la iniciativa cuando convocó a la negociación de la reforma política pactada para perfeccionar la democracia, en tanto que López Obrador amenazó con una revolución para cambiar "como sea" el sistema y "purificar" la política.
Desde su condición de candidato casi empatado, López Obrador tuvo en sus manos la gran oportunidad de lanzar la iniciativa de reforma política por la democracia. Su asesor Manuel Camacho ha escrito ensayos y libros en ese sentido. Pero al final de cuentas el país se ha percatado que López Obrador no es un político ni un gobernante sino un agitador social que utiliza las instituciones y reglas democráticas para ganar posiciones pero se niega a aceptar esas reglas del juego cuando pierde. Camacho redujo su talento político -a estas alturas del partido- a un simple plantonista ideológico.
Si en el fondo del conflicto postelectoral se localizaba el agotamiento del viejo sistema político priista, entonces la protesta debió de haberse encauzado a la transición o la reforma política. Y ahí Calderón ha comenzado, aunque debiera de ser más reiterativo, a desglosar su mensaje en discursos cotidianos y en imponer el tema de la reforma política democrática como el eje del debate para aislar más a López Obrador.
Cuando el TEPJF dictamine la presidencia electa de Calderón, López Obrador quedará como un ambulante ilegal en Reforma.
(*) Mientras permanezca el plantón que lesiona al ciudadano en Zócalo-Madero-Juárez-Reforma, este epígrafe se va a plantar en Indicador Político.
cramirez@lacrisis.com.mx
El Financiero - Indicador Político
24 de agosto de 2006
¿No te arredra, Catilina, ni la alarma del pueblo?
Cicerón (*)
Cicerón (*)
AMLO: solo; de plantonista a ambulante
Si los plantones y campamentos en el corredor Zócalo-Madero-Juárez-Reforma fueron instalados para obligar al Tribunal Electoral a anular las elecciones presidenciales, las presiones sociales han comenzado a doblegar la lucha de Andrés Manuel López Obrador. La apertura de cruces en Reforma fue una derrota política del PRD.
Pero lo grave no es llevar la discusión al terreno de los plantones. En el fondo, el conflicto postelectoral de López Obrador perdió la batalla cuando se erigió en el presidente de México ante Estados Unidos a través de Univisión y cuando redujo su protesta a la exigencia de reconocimiento de su victoria electoral. Lo que iba a ser una batalla por la democracia disminuyó a una vulgar lucha personal por el poder.
Las derrotas de López Obrador no han terminado ahí. Tuvo que ceder su espacio político para que el Ejército pudiera realizar su desfile militar el próximo 16 de septiembre. Su decisión de impedir la entrega de la constancia de presidente electo a Felipe Calderón será una mera protesta ruidosa y de jaloneos. Y el PRD ya llegó a la conclusión de que no puede impedir la toma de posesión de Calderón porque entonces estaría provocando una gravísima ruptura constitucional que quiere dejar al país sin presidente de la República.
Asimismo, la lucha postelectoral de López Obrador en el DF no ha prendido en otras partes de la República. El conflicto de violencia en Oaxaca se radicalizó con su propia agenda y no pudo enrolarse con el PRD capitalino. En Chiapas, la victoria del candidato perredista Juan Sabines implicaría una victoria paradójica para Calderón y una relación institucional que comenzaría con el reconocimiento a Calderón como presidente electo. Y si Sabines pierde en el recuento, carece de fuerza política para realizar un conflicto postelectoral local.
Y viene también la reorganización de la coalición con el desprendimiento de Convergencia, anunciada desde hace tres semanas por el coordinador de la bancada de este partido en la Cámara, Jesús Martínez Álvarez, en artículos escritos en La Crónica. Convergencia dio un impresionante salto cualitativo con el PRD pero podría perder más si se embarca en las movilizaciones de violencia. Dante Delgado, como antes Martínez Álvarez, ya le dieron su voto de confianza al IFE y van a reconocer su dictamen final.
En todo caso, y sólo hasta ahora, López Obrador ha podido reforzar su control sobre el espacio político del Distrito Federal. El jefe electo de Gobierno, Marcelo Ebrard, ha perdido espacio de legitimidad política por su subordinación a la batalla postelectoral del candidato presidencial perredista que perdió las elecciones. La disminución del apoyo a López Obrador, reconocida por él ante el Financial Times, también ha afectado a un Ebrard que avala y alienta campamentos en Reforma y que participa como orador lopezobradorista en el Zócalo.
Y para completar el cuadro, López Obrador no pudo lograr que los legisladores electos perredistas se negaran a tomar posesión de sus cargos. Y de manera adicional, las coordinaciones de las bancadas en las dos cámaras quedaron en manos de perredistas ajenos al grupo dominante de López Obrador. Aun con su lenguaje radicalizado por las circunstancias, Carlos Navarrete y Javier González Garza son políticos de la propuesta y la negociación y responden a la idea de que el PRD no es propiedad de López Obrador.
De ahí la percepción de que López Obrador haya perdido no sólo las elecciones sino la batalla postelectoral. Y su derrota obedece no sólo al error estratégico de autoproclamarse presidente de la República y desviar su lucha del objetivo democrático a la meta egoísta de tener el poder, sino sobre todo a la ausencia de una propuesta política de largo plazo. Ahí Felipe Calderón le ganó la iniciativa cuando convocó a la negociación de la reforma política pactada para perfeccionar la democracia, en tanto que López Obrador amenazó con una revolución para cambiar "como sea" el sistema y "purificar" la política.
Desde su condición de candidato casi empatado, López Obrador tuvo en sus manos la gran oportunidad de lanzar la iniciativa de reforma política por la democracia. Su asesor Manuel Camacho ha escrito ensayos y libros en ese sentido. Pero al final de cuentas el país se ha percatado que López Obrador no es un político ni un gobernante sino un agitador social que utiliza las instituciones y reglas democráticas para ganar posiciones pero se niega a aceptar esas reglas del juego cuando pierde. Camacho redujo su talento político -a estas alturas del partido- a un simple plantonista ideológico.
Si en el fondo del conflicto postelectoral se localizaba el agotamiento del viejo sistema político priista, entonces la protesta debió de haberse encauzado a la transición o la reforma política. Y ahí Calderón ha comenzado, aunque debiera de ser más reiterativo, a desglosar su mensaje en discursos cotidianos y en imponer el tema de la reforma política democrática como el eje del debate para aislar más a López Obrador.
Cuando el TEPJF dictamine la presidencia electa de Calderón, López Obrador quedará como un ambulante ilegal en Reforma.
(*) Mientras permanezca el plantón que lesiona al ciudadano en Zócalo-Madero-Juárez-Reforma, este epígrafe se va a plantar en Indicador Político.
cramirez@lacrisis.com.mx
¡De la que nos salvamos!
Luis Soto
El Financiero - Agenda Confidencial
24 de agosto de 2006
Después de leer y releer el discurso que pronunció Andrés Manuel López Obrador el martes pasado, en donde critica a todos aquellos medios de comunicación, tanto impresos como electrónicos, que no han mostrado solidaridad con la "causa insurgente" que encabeza; que no han sido objetivos ni imparciales porque no publican lo que a él le gustaría, lo menos que deberíamos hacer quienes ejercemos esta ingrata profesión, es acudir el próximo 12 de diciembre a darle gracias a la Virgen de Guadalupe de que nos haya concedido el milagro -si se da, claro- de que el tabasqueño no haya ganado la presidencia de la República.
Imagínense nada más al "señor López" -como presidente, claro- o a su vocero censurando diariamente a todos aquellos medios que no escribieran y difundieran su verdad, su verdad y nada más que su verdad. Imagínense que diariamente atrás de todos los que ejercemos "la más antigua profesión del mundo" estuviera un perredista vigilando lo que publicaríamos al día siguiente sobre las actividades presidenciales o las de su gabinetazo integrado por "dignos" representantes de las hordas, bandas, tribus, pandillas y mafias perredistas; quítale eso porque al "líder", por no decir que al führer, no le va a gustar; "no critiques al jefe de Gobierno aunque diga tantas tarugadas", "no te metas con los gobernadores del PRD"; "te voy a dictar las ocho columnas" y órdenes por el estilo, sería sin duda alguna su política de comunicación. ¡De qué se asombran! Recuerdan los malosos, si Carlos Salinas, Otto Granados Roldán y sus "comunicadores" trataron de implantar ese esquemita. Bueno, ésos eran otros tiempos, cuando la democracia era incipiente, por no decir que no existía; cuando la libre manifestación de las ideas enfrentaba serios obstáculos y el derecho a la información consagrado en la Constitución no se había fortalecido, ni tampoco existía la amplia libertad de expresión que la sociedad ha conquistado y que hoy ejerce.
El archivo periodístico de los últimos 30 años no registra un discurso tan virulento sobre los medios de información y los comunicadores como el pronunciado por López Obrador el martes pasado, hecho que resulta preocupante para la democracia y obviamente para la sociedad. Juzguen los lectores:
"Sólo (quiero) volver a insistir que no se está respetando el derecho a la información, no están actuando los medios y, desde luego, no generalizo, no están actuando con legalidad, con imparcialidad, no están informando como tienen la obligación de hacerlo. Hay todo un cerco informativo, ya ni siquiera pasan la información que nosotros estamos generando, quieren desaparecernos o como si no existiera este movimiento. Por eso vamos a seguir insistiendo en que no estamos de acuerdo en la cerrazón de algunos medios de comunicación. No es posible que no se abran espacios para debatir sobre un asunto fundamental para la República.
"No es posible que ante el intento de una imposición, ante evidentes actos de ilegalidad, cuando se quiere pisotear la voluntad de los ciudadanos y se quiere consumar un fraude electoral, no se esté diciendo absolutamente nada. ¿En qué país vivimos si los medios de comunicación (con sus honrosas excepciones) no informan? Qué triste papel el de algunos comunicadores que están actuando como alcahuetes del régimen, como alcahuetes de la derecha.
"El derecho a la información, su derecho fundamental, no se puede hablar de democracia si no hay una auténtica libertad de prensa, si los medios de comunicación están subordinados, supeditados a intereses de unos cuantos.
"Por eso tenemos que seguir demandando la apertura en los medios de comunicación. Vamos a tomar algunas medidas que no tienen que ser de confrontaciones, porque no necesitamos actuar de esa forma.
"Podemos guardar silencio, por ejemplo, aquí un tiempo, podemos ponernos una venda un tiempo, para que se exprese nuestra protesta por el cerco informativo, porque quieren silenciarnos, porque no están los medios de comunicación a la altura de las circunstancias.
"Vamos, nosotros, a analizar este asunto, pero tenemos que romper el cerco y hacer valer el derecho a la información. Mucha gente me dice: ya no queremos escuchar la radio, ya no queremos ver la televisión, ya no queremos ver los periódicos, porque la gente se enoja, se molesta, pero no es ése el camino, no es nada más decir: apaguemos la radio, no vemos la televisión. No, tenemos que exigir que se cumpla el derecho a la información, que es un derecho fundamental del pueblo de México, tenemos que buscar la manera para hacer valer ese derecho. Yo siempre he sostenido que la libertad, como la democracia, como la justicia, no se imploran, se conquistan..."
Hace más de 30 años, José López Portillo decía: México ni se disuelve ni se totaliza; su camino es el de la libertad y la democracia y la información es un medio nutricio para fortalecerlas. Y vean nada más con lo que hoy nos sale el "señor López".
Agenda previa
El día de hoy se define la fecha para instalar en la Secretaría de Gobernación la mesa de negociación para tratar de resolver el conflicto político-magisterial de Oaxaca. Participarán los representantes de la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca (APPO), de la Sección 22 del SNTE y de las organizaciones civiles; el "gober precioso" no fue invitado, aunque enviara a un "observador".
El Financiero - Agenda Confidencial
24 de agosto de 2006
Después de leer y releer el discurso que pronunció Andrés Manuel López Obrador el martes pasado, en donde critica a todos aquellos medios de comunicación, tanto impresos como electrónicos, que no han mostrado solidaridad con la "causa insurgente" que encabeza; que no han sido objetivos ni imparciales porque no publican lo que a él le gustaría, lo menos que deberíamos hacer quienes ejercemos esta ingrata profesión, es acudir el próximo 12 de diciembre a darle gracias a la Virgen de Guadalupe de que nos haya concedido el milagro -si se da, claro- de que el tabasqueño no haya ganado la presidencia de la República.
Imagínense nada más al "señor López" -como presidente, claro- o a su vocero censurando diariamente a todos aquellos medios que no escribieran y difundieran su verdad, su verdad y nada más que su verdad. Imagínense que diariamente atrás de todos los que ejercemos "la más antigua profesión del mundo" estuviera un perredista vigilando lo que publicaríamos al día siguiente sobre las actividades presidenciales o las de su gabinetazo integrado por "dignos" representantes de las hordas, bandas, tribus, pandillas y mafias perredistas; quítale eso porque al "líder", por no decir que al führer, no le va a gustar; "no critiques al jefe de Gobierno aunque diga tantas tarugadas", "no te metas con los gobernadores del PRD"; "te voy a dictar las ocho columnas" y órdenes por el estilo, sería sin duda alguna su política de comunicación. ¡De qué se asombran! Recuerdan los malosos, si Carlos Salinas, Otto Granados Roldán y sus "comunicadores" trataron de implantar ese esquemita. Bueno, ésos eran otros tiempos, cuando la democracia era incipiente, por no decir que no existía; cuando la libre manifestación de las ideas enfrentaba serios obstáculos y el derecho a la información consagrado en la Constitución no se había fortalecido, ni tampoco existía la amplia libertad de expresión que la sociedad ha conquistado y que hoy ejerce.
El archivo periodístico de los últimos 30 años no registra un discurso tan virulento sobre los medios de información y los comunicadores como el pronunciado por López Obrador el martes pasado, hecho que resulta preocupante para la democracia y obviamente para la sociedad. Juzguen los lectores:
"Sólo (quiero) volver a insistir que no se está respetando el derecho a la información, no están actuando los medios y, desde luego, no generalizo, no están actuando con legalidad, con imparcialidad, no están informando como tienen la obligación de hacerlo. Hay todo un cerco informativo, ya ni siquiera pasan la información que nosotros estamos generando, quieren desaparecernos o como si no existiera este movimiento. Por eso vamos a seguir insistiendo en que no estamos de acuerdo en la cerrazón de algunos medios de comunicación. No es posible que no se abran espacios para debatir sobre un asunto fundamental para la República.
"No es posible que ante el intento de una imposición, ante evidentes actos de ilegalidad, cuando se quiere pisotear la voluntad de los ciudadanos y se quiere consumar un fraude electoral, no se esté diciendo absolutamente nada. ¿En qué país vivimos si los medios de comunicación (con sus honrosas excepciones) no informan? Qué triste papel el de algunos comunicadores que están actuando como alcahuetes del régimen, como alcahuetes de la derecha.
"El derecho a la información, su derecho fundamental, no se puede hablar de democracia si no hay una auténtica libertad de prensa, si los medios de comunicación están subordinados, supeditados a intereses de unos cuantos.
"Por eso tenemos que seguir demandando la apertura en los medios de comunicación. Vamos a tomar algunas medidas que no tienen que ser de confrontaciones, porque no necesitamos actuar de esa forma.
"Podemos guardar silencio, por ejemplo, aquí un tiempo, podemos ponernos una venda un tiempo, para que se exprese nuestra protesta por el cerco informativo, porque quieren silenciarnos, porque no están los medios de comunicación a la altura de las circunstancias.
"Vamos, nosotros, a analizar este asunto, pero tenemos que romper el cerco y hacer valer el derecho a la información. Mucha gente me dice: ya no queremos escuchar la radio, ya no queremos ver la televisión, ya no queremos ver los periódicos, porque la gente se enoja, se molesta, pero no es ése el camino, no es nada más decir: apaguemos la radio, no vemos la televisión. No, tenemos que exigir que se cumpla el derecho a la información, que es un derecho fundamental del pueblo de México, tenemos que buscar la manera para hacer valer ese derecho. Yo siempre he sostenido que la libertad, como la democracia, como la justicia, no se imploran, se conquistan..."
Hace más de 30 años, José López Portillo decía: México ni se disuelve ni se totaliza; su camino es el de la libertad y la democracia y la información es un medio nutricio para fortalecerlas. Y vean nada más con lo que hoy nos sale el "señor López".
Agenda previa
El día de hoy se define la fecha para instalar en la Secretaría de Gobernación la mesa de negociación para tratar de resolver el conflicto político-magisterial de Oaxaca. Participarán los representantes de la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca (APPO), de la Sección 22 del SNTE y de las organizaciones civiles; el "gober precioso" no fue invitado, aunque enviara a un "observador".
¿Quién manda hoy en Paseo de la Reforma?
Ciro Gómez Leyva
Milenio – La Historia en Breve
24/08/2006
Sin hacer mucho ruido, la Secretaría de Seguridad Publica del Distrito Federal emitió al mediodía de ayer un boletín de prensa para informar que, ni más ni menos, las laterales del Paseo de la Reforma, entre Insurgentes y el Circuito Interior, quedaban abiertas a la circulación en ambos sentidos. Lo comunicaron como si se tratara del reporte del tiempo de un día templado.
A las cuatro de la tarde, yo estaba entrevistando en la radio al vocero de la coalición Por el Bien de Todos, Gerardo Fernández Noroña. Le pregunté qué significaba la liberación de las laterales en más de la mitad de la Reforma ocupada. Respondió que no era así, que sólo se habían liberado, desde el domingo, algunos cruces. Le leímos los tres primeros párrafos del boletín de Seguridad Pública. Respondió, sin poder ocultar la sorpresa:
—Yo estuve desde la mañana ausente del campamento y, a lo mejor, me perdí alguna decisión al respecto. La verdad es que es la primera noticia que tengo. Ya lo checaré. No la confirmo ni la desmiento.
Vaya dato: el vocero de la coalición, el guerrero de la causa, el hombre que, hay que reconocerlo, ha demostrado tener una notable capacidad de exposición y respuesta en los medios, no estaba enterado de que el bloqueo de Reforma se rompía sensiblemente. La voz de Andrés Manuel López Obrador quedaba en flagrante fuera de lugar.
De ahí la pregunta, ¿quién manda hoy en Paseo de la Reforma? ¿La desinformación de Fernández Noroña fue un montaje para dejar la impresión de que el lopezobradorismo no cederá un milímetro, pero el gobierno capitalino sabrá encontrar las soluciones “para afectar lo menos posible a los ciudadanos”? O, más bien, ¿López Obrador está perdiendo el control absoluto que hasta el fin de semana nadie le peleaba?
El domingo, el anuncio de Marcelo Ebrard de que se abrirían los cruces. El martes, la nominación de dos no lopezobradoristas para encabezar a los diputados y senadores del PRD. Y el miércoles, la noticia de las laterales de Reforma que toma por sorpresa al eficaz vocero… Más las confesiones privadas, íntimas, de varios de los mejores hombres de la coalición de que no van a seguir al líder en la locura.
Algo está pasando en el grupo que se mostraba como una sola pieza, impenetrable, invulnerable. Parece que a unos no les entusiasma la insurrección. Y a otros no les conviene.
Milenio – La Historia en Breve
24/08/2006
Sin hacer mucho ruido, la Secretaría de Seguridad Publica del Distrito Federal emitió al mediodía de ayer un boletín de prensa para informar que, ni más ni menos, las laterales del Paseo de la Reforma, entre Insurgentes y el Circuito Interior, quedaban abiertas a la circulación en ambos sentidos. Lo comunicaron como si se tratara del reporte del tiempo de un día templado.
A las cuatro de la tarde, yo estaba entrevistando en la radio al vocero de la coalición Por el Bien de Todos, Gerardo Fernández Noroña. Le pregunté qué significaba la liberación de las laterales en más de la mitad de la Reforma ocupada. Respondió que no era así, que sólo se habían liberado, desde el domingo, algunos cruces. Le leímos los tres primeros párrafos del boletín de Seguridad Pública. Respondió, sin poder ocultar la sorpresa:
—Yo estuve desde la mañana ausente del campamento y, a lo mejor, me perdí alguna decisión al respecto. La verdad es que es la primera noticia que tengo. Ya lo checaré. No la confirmo ni la desmiento.
Vaya dato: el vocero de la coalición, el guerrero de la causa, el hombre que, hay que reconocerlo, ha demostrado tener una notable capacidad de exposición y respuesta en los medios, no estaba enterado de que el bloqueo de Reforma se rompía sensiblemente. La voz de Andrés Manuel López Obrador quedaba en flagrante fuera de lugar.
De ahí la pregunta, ¿quién manda hoy en Paseo de la Reforma? ¿La desinformación de Fernández Noroña fue un montaje para dejar la impresión de que el lopezobradorismo no cederá un milímetro, pero el gobierno capitalino sabrá encontrar las soluciones “para afectar lo menos posible a los ciudadanos”? O, más bien, ¿López Obrador está perdiendo el control absoluto que hasta el fin de semana nadie le peleaba?
El domingo, el anuncio de Marcelo Ebrard de que se abrirían los cruces. El martes, la nominación de dos no lopezobradoristas para encabezar a los diputados y senadores del PRD. Y el miércoles, la noticia de las laterales de Reforma que toma por sorpresa al eficaz vocero… Más las confesiones privadas, íntimas, de varios de los mejores hombres de la coalición de que no van a seguir al líder en la locura.
Algo está pasando en el grupo que se mostraba como una sola pieza, impenetrable, invulnerable. Parece que a unos no les entusiasma la insurrección. Y a otros no les conviene.
Zarco y las elecciones
José Woldenberg
Reforma
24 de Agosto del 2006
El 5 de junio de 1869 -hace 137 años-, Francisco Zarco publicó en el periódico El Siglo Diez y Nueve un artículo titulado “Las elecciones. Nada de reservas mentales”. Vale la pena escuchar su voz.
“La agitación electoral no nos alarma. La vehemencia de las discusiones de la prensa no nos sorprende. Esa excitación de los ánimos, este calor de los debates son preferibles a la guerra civil”.
“Aun suponiendo que se revuelvan malos elementos, que abunden las aspiraciones innobles, que se pongan en juego los intereses personales y que no sea el bien público la mira de los que pretenden ser elevados por el sufragio popular, todo esto es preferible a los antiguos pronunciamientos, a los motines y a las asonadas, y también es preferible al que entienden por orden los partidos reaccionarios”.
Se trataba de una valoración estratégica: las elecciones como un método para resolver los conflictos políticos, la vía comicial como un dique contra la violencia, la disputa civilizada -aunque vehemente y agitada- en lugar de la fuerza de las armas. No importaba detectar las perversiones de muchos de los participantes. Aún así las elecciones eran preferibles a las asonadas. Zarco seguía:
“En las elecciones al fin decide la opinión pública y falla el voto de la mayoría. Ante esa decisión y ante ese fallo, todos deben inclinarse con respeto, pero muy particularmente los que entran en la lucha electoral”.
“Celebramos que este periodo electoral se presente más animado que todos los anteriores. En ello encontramos un síntoma de verdadera vitalidad, una señal de que aumenta el número de ciudadanos que se ocupan de la cosa pública, y esta señal es para nosotros halagadora esperanza de que se afirme la paz y se consoliden las instituciones democráticas, resolviéndose todas las cuestiones por medios legales”.
“Verdad es que en la capital y en los estados se han fundado nuevos periódicos para influir en las elecciones; que en algunos puntos hay clubes o convenciones que proclaman ya sus candidatos y que en todo el país reina la agitación electoral. Pero nosotros quisiéramos que esta agitación no se limitara a estrechos círculos políticos, sino que cundiera a todos los ciudadanos, y sobre todo, a las clases trabajadoras. Quisiéramos que en cada distrito electoral los agricultores, los mineros, los comerciantes, los artesanos, se ocuparan de las elecciones y buscaran un representante que defienda con celo los intereses del pueblo”.
Zarco veía con gusto y esperanza que cada vez más ciudadanos se incorporaran a los debates electorales y quería que esa ola se expandiera hasta abarcar a las “clases trabajadoras”. Luego el artículo hacía una crítica de la elección indirecta “que no depura sino falsifica el sufragio popular” y argumentaba a favor de una elección directa. (Recordemos que como diputado constituyente en 1856-57, Francisco Zarco defendió el voto directo pero fue derrotado, y su aspiración no se hizo realidad sino hasta el Constituyente de 1916-17). También hacía el elogio de la elección por distritos, “que crea entidades electorales independientes, que no pueden ser dominadas todas ni por un poder arbitrario ni por intrigas de las facciones”. Y más adelante escribía:
“El gobierno, de una manera solemne, ha declarado que respetará la libertad electoral, que no influirá de ninguna manera en las próximas elecciones y ha desmentido como calumniosas las voces que corrieron sobre que enviaba agentes electorales a los estados y de que favorecía determinadas candidaturas”.
“La oposición no se ha dado por satisfecha con estas declaraciones, y sigue viendo manejos electorales del gobierno en los nombramientos de empleados, en el envío de visitadores, en los movimientos de tropas y en la distribución de los fondos públicos. Para no dar lugar a tanta suspicacia, sería preciso que la administración se paralizara completamente durante el periodo electoral”.
“Nosotros tenemos confianza en el pueblo y por esto no tememos que el poder sea capaz de pervertir el voto popular”.
“Temer la influencia del gobierno en las elecciones, si tal temor es sincero, equivale a desconfiar enteramente del pueblo, y si tal temor sólo se aparenta, es confesarse vencido antes de entrar en la lucha…”.
“Si se nos tacha de optimistas, diremos que los que descubran intrigas, complots, violencias, amenazas, peligros para la libertad electoral, tienen el deber de denunciarlos ante la opinión. La publicidad fue y ha de ser la derrota segura de los intrigantes. Pero es preciso que estas denuncias sean claras, terminantes y comprobadas, y no se funden sólo en vagas sospechas”.
“Los partidos que entran en la lucha electoral midiendo todas sus fuerzas, poniendo en juego todos sus medios de acción y de influencia, deben velar por la libertad electoral; pero también deben aceptar el resultado de la contienda, sea cual fuere…”.
“Sólo así se comprenden las elecciones en un país libre; sólo así pueden afirmar la paz, consolidar el orden, asegurar la libertad y renovar y vigorizar de una manera conveniente los poderes públicos”.
“Entrar en la lucha con la reserva mental de aceptar la victoria como expresión de la voluntad del pueblo, pero de no conformarse con la derrota y clamar entonces contra el cohecho, contra el soborno, contra la violencia, contra la intimidación, y pretender entonces desconocer el resultado del sufragio, es descender al rango del fullero, que merece el desprecio de los mismos tahúres…”.
“Libertad, discusión, examen, lucha agitación, todo sea enhorabuena, pero entremos de una vez al terreno legal, aceptemos el fallo de la mayoría, y contra este fallo no hay reservas mentales”.
Reforma
24 de Agosto del 2006
El 5 de junio de 1869 -hace 137 años-, Francisco Zarco publicó en el periódico El Siglo Diez y Nueve un artículo titulado “Las elecciones. Nada de reservas mentales”. Vale la pena escuchar su voz.
“La agitación electoral no nos alarma. La vehemencia de las discusiones de la prensa no nos sorprende. Esa excitación de los ánimos, este calor de los debates son preferibles a la guerra civil”.
“Aun suponiendo que se revuelvan malos elementos, que abunden las aspiraciones innobles, que se pongan en juego los intereses personales y que no sea el bien público la mira de los que pretenden ser elevados por el sufragio popular, todo esto es preferible a los antiguos pronunciamientos, a los motines y a las asonadas, y también es preferible al que entienden por orden los partidos reaccionarios”.
Se trataba de una valoración estratégica: las elecciones como un método para resolver los conflictos políticos, la vía comicial como un dique contra la violencia, la disputa civilizada -aunque vehemente y agitada- en lugar de la fuerza de las armas. No importaba detectar las perversiones de muchos de los participantes. Aún así las elecciones eran preferibles a las asonadas. Zarco seguía:
“En las elecciones al fin decide la opinión pública y falla el voto de la mayoría. Ante esa decisión y ante ese fallo, todos deben inclinarse con respeto, pero muy particularmente los que entran en la lucha electoral”.
“Celebramos que este periodo electoral se presente más animado que todos los anteriores. En ello encontramos un síntoma de verdadera vitalidad, una señal de que aumenta el número de ciudadanos que se ocupan de la cosa pública, y esta señal es para nosotros halagadora esperanza de que se afirme la paz y se consoliden las instituciones democráticas, resolviéndose todas las cuestiones por medios legales”.
“Verdad es que en la capital y en los estados se han fundado nuevos periódicos para influir en las elecciones; que en algunos puntos hay clubes o convenciones que proclaman ya sus candidatos y que en todo el país reina la agitación electoral. Pero nosotros quisiéramos que esta agitación no se limitara a estrechos círculos políticos, sino que cundiera a todos los ciudadanos, y sobre todo, a las clases trabajadoras. Quisiéramos que en cada distrito electoral los agricultores, los mineros, los comerciantes, los artesanos, se ocuparan de las elecciones y buscaran un representante que defienda con celo los intereses del pueblo”.
Zarco veía con gusto y esperanza que cada vez más ciudadanos se incorporaran a los debates electorales y quería que esa ola se expandiera hasta abarcar a las “clases trabajadoras”. Luego el artículo hacía una crítica de la elección indirecta “que no depura sino falsifica el sufragio popular” y argumentaba a favor de una elección directa. (Recordemos que como diputado constituyente en 1856-57, Francisco Zarco defendió el voto directo pero fue derrotado, y su aspiración no se hizo realidad sino hasta el Constituyente de 1916-17). También hacía el elogio de la elección por distritos, “que crea entidades electorales independientes, que no pueden ser dominadas todas ni por un poder arbitrario ni por intrigas de las facciones”. Y más adelante escribía:
“El gobierno, de una manera solemne, ha declarado que respetará la libertad electoral, que no influirá de ninguna manera en las próximas elecciones y ha desmentido como calumniosas las voces que corrieron sobre que enviaba agentes electorales a los estados y de que favorecía determinadas candidaturas”.
“La oposición no se ha dado por satisfecha con estas declaraciones, y sigue viendo manejos electorales del gobierno en los nombramientos de empleados, en el envío de visitadores, en los movimientos de tropas y en la distribución de los fondos públicos. Para no dar lugar a tanta suspicacia, sería preciso que la administración se paralizara completamente durante el periodo electoral”.
“Nosotros tenemos confianza en el pueblo y por esto no tememos que el poder sea capaz de pervertir el voto popular”.
“Temer la influencia del gobierno en las elecciones, si tal temor es sincero, equivale a desconfiar enteramente del pueblo, y si tal temor sólo se aparenta, es confesarse vencido antes de entrar en la lucha…”.
“Si se nos tacha de optimistas, diremos que los que descubran intrigas, complots, violencias, amenazas, peligros para la libertad electoral, tienen el deber de denunciarlos ante la opinión. La publicidad fue y ha de ser la derrota segura de los intrigantes. Pero es preciso que estas denuncias sean claras, terminantes y comprobadas, y no se funden sólo en vagas sospechas”.
“Los partidos que entran en la lucha electoral midiendo todas sus fuerzas, poniendo en juego todos sus medios de acción y de influencia, deben velar por la libertad electoral; pero también deben aceptar el resultado de la contienda, sea cual fuere…”.
“Sólo así se comprenden las elecciones en un país libre; sólo así pueden afirmar la paz, consolidar el orden, asegurar la libertad y renovar y vigorizar de una manera conveniente los poderes públicos”.
“Entrar en la lucha con la reserva mental de aceptar la victoria como expresión de la voluntad del pueblo, pero de no conformarse con la derrota y clamar entonces contra el cohecho, contra el soborno, contra la violencia, contra la intimidación, y pretender entonces desconocer el resultado del sufragio, es descender al rango del fullero, que merece el desprecio de los mismos tahúres…”.
“Libertad, discusión, examen, lucha agitación, todo sea enhorabuena, pero entremos de una vez al terreno legal, aceptemos el fallo de la mayoría, y contra este fallo no hay reservas mentales”.
¿Quién es el pueblo?
Enrique Canales
Reforma
24 de Agosto del 2006
Para justificar la posibilidad de hacer desmadres institucionales, Andrés Manuel ha citado el artículo 39 de nuestra Constitución, que proclama: "La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instruye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno".
Este artículo se inspira casi directamente en las ideas que J.J. Rousseau expuso en su influyente libro El contrato social, de 1762. También la Constitución de Estados Unidos empieza "Nosotros, el pueblo, hemos... ordenado y establecido esta Constitución". El asunto es cómo se puede hacer "operable" que el "pueblo" hable, ordene y establezca su mandato constitucional.
En todos los países civilizados se ha establecido que el pueblo habla por medio de su voto personal libre y secreto. El pueblo no habla levantando la mano en una plaza, ni gritando en las calles, apachurrando a los demás. Por eso, el artículo 21 de la Declaración de los Derechos Humanos de la ONU dice que la voluntad de la gente se expresa en elecciones periódicas y de sufragio universal. Se sabe que una asamblea populista no representa a ningún pueblo. Un líder habla en falso cuando proclama que representa al pueblo sin contar con los votos en la mano.
Sin votos, el líder comete la falacia que se llama "de composición". ¿Por qué? Porque un pueblo puede ser compuesto de muchos pueblos y de muchos grupos; así, un pueblo no está definido y cualquier grupo de gente o de casas puede ser llamado "pueblo".
Un nada despreciable 26 por ciento de los pobres parece que votaron por Felipe porque creen en la modernización, entonces, Andrés Manuel sabe que el 74 por ciento de los pobres no votó por él, por lo tanto no puede llamarse candidato del "pueblo".
En lógica argumentativa, se estudia que otra de las falacias que a veces se empalma con la de "composición" es la llamada "falacia de la equivocación", porque usas la misma palabra: "la voz igual", "equi voz", para llamar a dos o más cosas diferentes. Así Andrés Manuel siempre puede decir "el pueblo me apoya, porque he convocado a un representante de cada 'pueblo' de México para que esté presente el 16 de septiembre para definir las futuras acciones".
Andrés Manuel así comete la falacia de la "equivocación" porque ha convocado a una asamblea de todos los "pueblos" de México para definir las acciones para establecer a un gobierno a su medida. Dicha asamblea es falsa y tan sólo los fanáticos del indestructible se la creen. Tales representantes de esos "pueblos geográficos" no representan a ningún "pueblo gentilicio".
El pasado 17 de agosto, por ejemplo, dijo AMLO: "El Ejército no debe ser utilizado para suplir la incapacidad de los gobiernos civiles, mucho menos para reprimir al 'pueblo', quienes luchan por la libertad, por la justicia y por la democracia". Aplaudir, por favor. Vean la perversidad: "Si no me puedes correr eres incapaz, si me corres a empujones, eres opresor". Je, je.
¿Pero no es más pueblo los millones que votaron por todos los demás partidos y que esperan que su voto cuente y se respete? ¿A poco los que asisten a las asambleas improvisadas son los que conforman "al pueblo" y los demás no conformamos ningún pueblo? No mamey en tiempos de melón. Una plaza llena representa a un pueblo cuando todos sus habitantes caben en dicha plaza, lo que puede suceder solamente en una pequeña comunidad.
enriquecss@gmail.com
Reforma
24 de Agosto del 2006
Para justificar la posibilidad de hacer desmadres institucionales, Andrés Manuel ha citado el artículo 39 de nuestra Constitución, que proclama: "La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instruye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno".
Este artículo se inspira casi directamente en las ideas que J.J. Rousseau expuso en su influyente libro El contrato social, de 1762. También la Constitución de Estados Unidos empieza "Nosotros, el pueblo, hemos... ordenado y establecido esta Constitución". El asunto es cómo se puede hacer "operable" que el "pueblo" hable, ordene y establezca su mandato constitucional.
En todos los países civilizados se ha establecido que el pueblo habla por medio de su voto personal libre y secreto. El pueblo no habla levantando la mano en una plaza, ni gritando en las calles, apachurrando a los demás. Por eso, el artículo 21 de la Declaración de los Derechos Humanos de la ONU dice que la voluntad de la gente se expresa en elecciones periódicas y de sufragio universal. Se sabe que una asamblea populista no representa a ningún pueblo. Un líder habla en falso cuando proclama que representa al pueblo sin contar con los votos en la mano.
Sin votos, el líder comete la falacia que se llama "de composición". ¿Por qué? Porque un pueblo puede ser compuesto de muchos pueblos y de muchos grupos; así, un pueblo no está definido y cualquier grupo de gente o de casas puede ser llamado "pueblo".
Un nada despreciable 26 por ciento de los pobres parece que votaron por Felipe porque creen en la modernización, entonces, Andrés Manuel sabe que el 74 por ciento de los pobres no votó por él, por lo tanto no puede llamarse candidato del "pueblo".
En lógica argumentativa, se estudia que otra de las falacias que a veces se empalma con la de "composición" es la llamada "falacia de la equivocación", porque usas la misma palabra: "la voz igual", "equi voz", para llamar a dos o más cosas diferentes. Así Andrés Manuel siempre puede decir "el pueblo me apoya, porque he convocado a un representante de cada 'pueblo' de México para que esté presente el 16 de septiembre para definir las futuras acciones".
Andrés Manuel así comete la falacia de la "equivocación" porque ha convocado a una asamblea de todos los "pueblos" de México para definir las acciones para establecer a un gobierno a su medida. Dicha asamblea es falsa y tan sólo los fanáticos del indestructible se la creen. Tales representantes de esos "pueblos geográficos" no representan a ningún "pueblo gentilicio".
El pasado 17 de agosto, por ejemplo, dijo AMLO: "El Ejército no debe ser utilizado para suplir la incapacidad de los gobiernos civiles, mucho menos para reprimir al 'pueblo', quienes luchan por la libertad, por la justicia y por la democracia". Aplaudir, por favor. Vean la perversidad: "Si no me puedes correr eres incapaz, si me corres a empujones, eres opresor". Je, je.
¿Pero no es más pueblo los millones que votaron por todos los demás partidos y que esperan que su voto cuente y se respete? ¿A poco los que asisten a las asambleas improvisadas son los que conforman "al pueblo" y los demás no conformamos ningún pueblo? No mamey en tiempos de melón. Una plaza llena representa a un pueblo cuando todos sus habitantes caben en dicha plaza, lo que puede suceder solamente en una pequeña comunidad.
enriquecss@gmail.com
Más allá del "infantilismo de izquierda"
Jorge Fernández Menéndez
Excélsior - Razones
24-08-06
En la misma medida en que se acerca el fin de la calificación de la elección del 2 de julio, con la evidencia de que el Tribunal Electoral confirmará a Felipe Calderón como Presidente electo y se ultiman los detalles para la instalación de la próxima Legislatura, los actores más radicales del proceso político se comienzan a quedar solos (y no hay mejor demostración de ello como el abandono creciente que sufre el plantón capitalino, hoy casi vacío) y las cosas empiezan, también, a tomar su curso natural.
El martes, los legisladores perredistas decidieron, todos, asumir sus cargos de elección popular y designar a sus nuevos coordinadores. A pesar de los discursos rimbombantes y de lo que su maestro Lenin hubiera calificado, sin dudarlo, como "infantilismo de izquierda" ("no llamaremos a Felipe Calderón señor Presidente sino señor Calderón" o "participaremos del Congreso, pero no buscaremos acuerdos"), lo cierto es que la elección de los coordinadores envió un mensaje que López Obrador deberá entender: ni el senador Carlos Navarrete ni el diputado Javier González Garza son personajes del primer círculo del lopezobradorismo. Se trata de destacados militantes de izquierda y mientras Carlos es de los principales dirigentes de Nueva Izquierda, que encabeza Jesús Ortega, González Garza es un fundador del PRD y se asegura que mantiene una buena relación con Cuauhtémoc Cárdenas (recordemos que Cárdenas apoyó a Ortega en su búsqueda de la candidatura del DF) y que, según las versiones de días pasados, había sido vetado por López Obrador a causa de esa relación política. Son dos hombres del perredismo que dejaron en el camino a lopezobradoristas que cometieron errores políticos graves por seguir al pie de la letra las instrucciones del caudillo: el que más costos pagó fue Ricardo Monreal, quien declaró, a petición de AMLO, que los diputados y los senadores no debían asumir sus cargos. Así se descartó en automático para la coordinación del grupo de senadores.
Por otra parte, y como lo adelantamos aquí, Convergencia finalmente puso distancia con la coalición y la resistencia civil, dejó a sus militantes "en libertad" para sumarse a ella, pero evidentemente Convergencia sabe que tiene un peso político propio, con sus 17 diputados y cinco senadores, y quiere utilizarlo en su favor. Los últimos resquemores se perdieron, aseguran, cuando Dante Delgado, ahora coordinador de los senadores de su partido, tuvo que dejar en forma apresurada uno de sus restaurantes favoritos en la Ciudad de México, cuando comenzó a ser abucheado por los comensales. Esa es la anécdota, pero el dato duro es que los principales hombres del partido, además de Dante, como el presidente de CD, Luis Maldonado, Jesús Martínez Álvarez y Gabino Cué, impulsaron una misma posición de distancia con la coalición y, sobre todo, con las posturas más radicales de López Obrador. Para CD, además de los posibles acuerdos legislativos, uno de los temas clave es Oaxaca, que comienza a convertirse en el principal foco rojo a nivel nacional en términos de estabilidad política y social. Gabino Cué ha puesto sobre la mesa la que es, quizá, la propuesta más interesante para recuperar ambas: llegar a un "acuerdo de gobernabilidad" basado en una profunda reforma de las estancadas instituciones oaxaqueñas; establecer una nueva ley electoral y renovar con ello el consejo estatal electoral que tiene un fuerte sesgo partidista; establecer una ley de transparencia que permita conocer cómo se utilizan los recursos públicos en el estado y que el procurador de Justicia (puesto clave en una entidad tan conflictiva como Oaxaca) sea propuesto por el gobernador pero lo ratifique el Congreso. Hay muchas otras propuestas, mas ellas pueden y deben salir adelante aislando a los sectores más intransigentes de cada lado, se llamen el ex secretario de Gobierno, Jorge Franco, los muratistas duros o los militantes del EPR (que, aun cuando las autoridades insistan en que no están allí, ahí se encuentran). La salida para la crisis en Oaxaca no puede ser la desaparición de poderes, sino la renovación y modernización, mirando hacia el futuro, de las estructuras políticas y de justicia del estado. Y para eso se necesita, como lo propuso Gabino, un acuerdo de gobernabilidad, no una insurrección de una parte o una política contrainsurgente de la otra.
También llama la atención que, en forma coincidente con la distancia que ha mantenido la UNT con el lopezobradorismo (excepto en el caso de Roberto Vega Galina, todavía líder del Sindicato del IMSS, que ha perdido su curul en el Senado y está a punto de perder aquel liderazgo), distintos conflictos laborales parecen comenzar a solucionarse. Ahí está, en forma destacada, el minero, con el levantamiento de la más importante de sus huelgas, la de la planta de Sicartsa, en Lázaro Cárdenas, Michoacán, e incluso la aceptación del aumento salarial de 5.5% en la Volkswagen de Puebla, que permitió que el conflicto no escalara.
En otro ámbito, el del priismo, las condiciones también son buenas. Los gobernadores están dispuestos a trabajar con Calderón y ya están buscando acuerdos específicos para sus estados. Los coordinadores parlamentarios del tricolor, Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa Patrón, son también políticos natos, con amplia experiencia y voluntad política para la negociación y los acuerdos. En Chiapas debe mantener su estrategia de seguir escrupulosamente la vía legal. Y Oaxaca deberá exigir tolerancia y sentido común de todas las partes involucradas.
Las crisis implican conflictos, dificultades, pero son también sinónimo de oportunidad. Nunca el proceso de transición democrática estuvo en una situación tan difícil como la actual. Dejando de lado el "infantilismo de izquierda", la perspectiva para construir lo nuevo a partir de la crisis es, paradójicamente, promisoria.
www.nuevoexcelsior.com.mx/jfernandez
www.mexicoconfidencial.com
Excélsior - Razones
24-08-06
En la misma medida en que se acerca el fin de la calificación de la elección del 2 de julio, con la evidencia de que el Tribunal Electoral confirmará a Felipe Calderón como Presidente electo y se ultiman los detalles para la instalación de la próxima Legislatura, los actores más radicales del proceso político se comienzan a quedar solos (y no hay mejor demostración de ello como el abandono creciente que sufre el plantón capitalino, hoy casi vacío) y las cosas empiezan, también, a tomar su curso natural.
El martes, los legisladores perredistas decidieron, todos, asumir sus cargos de elección popular y designar a sus nuevos coordinadores. A pesar de los discursos rimbombantes y de lo que su maestro Lenin hubiera calificado, sin dudarlo, como "infantilismo de izquierda" ("no llamaremos a Felipe Calderón señor Presidente sino señor Calderón" o "participaremos del Congreso, pero no buscaremos acuerdos"), lo cierto es que la elección de los coordinadores envió un mensaje que López Obrador deberá entender: ni el senador Carlos Navarrete ni el diputado Javier González Garza son personajes del primer círculo del lopezobradorismo. Se trata de destacados militantes de izquierda y mientras Carlos es de los principales dirigentes de Nueva Izquierda, que encabeza Jesús Ortega, González Garza es un fundador del PRD y se asegura que mantiene una buena relación con Cuauhtémoc Cárdenas (recordemos que Cárdenas apoyó a Ortega en su búsqueda de la candidatura del DF) y que, según las versiones de días pasados, había sido vetado por López Obrador a causa de esa relación política. Son dos hombres del perredismo que dejaron en el camino a lopezobradoristas que cometieron errores políticos graves por seguir al pie de la letra las instrucciones del caudillo: el que más costos pagó fue Ricardo Monreal, quien declaró, a petición de AMLO, que los diputados y los senadores no debían asumir sus cargos. Así se descartó en automático para la coordinación del grupo de senadores.
Por otra parte, y como lo adelantamos aquí, Convergencia finalmente puso distancia con la coalición y la resistencia civil, dejó a sus militantes "en libertad" para sumarse a ella, pero evidentemente Convergencia sabe que tiene un peso político propio, con sus 17 diputados y cinco senadores, y quiere utilizarlo en su favor. Los últimos resquemores se perdieron, aseguran, cuando Dante Delgado, ahora coordinador de los senadores de su partido, tuvo que dejar en forma apresurada uno de sus restaurantes favoritos en la Ciudad de México, cuando comenzó a ser abucheado por los comensales. Esa es la anécdota, pero el dato duro es que los principales hombres del partido, además de Dante, como el presidente de CD, Luis Maldonado, Jesús Martínez Álvarez y Gabino Cué, impulsaron una misma posición de distancia con la coalición y, sobre todo, con las posturas más radicales de López Obrador. Para CD, además de los posibles acuerdos legislativos, uno de los temas clave es Oaxaca, que comienza a convertirse en el principal foco rojo a nivel nacional en términos de estabilidad política y social. Gabino Cué ha puesto sobre la mesa la que es, quizá, la propuesta más interesante para recuperar ambas: llegar a un "acuerdo de gobernabilidad" basado en una profunda reforma de las estancadas instituciones oaxaqueñas; establecer una nueva ley electoral y renovar con ello el consejo estatal electoral que tiene un fuerte sesgo partidista; establecer una ley de transparencia que permita conocer cómo se utilizan los recursos públicos en el estado y que el procurador de Justicia (puesto clave en una entidad tan conflictiva como Oaxaca) sea propuesto por el gobernador pero lo ratifique el Congreso. Hay muchas otras propuestas, mas ellas pueden y deben salir adelante aislando a los sectores más intransigentes de cada lado, se llamen el ex secretario de Gobierno, Jorge Franco, los muratistas duros o los militantes del EPR (que, aun cuando las autoridades insistan en que no están allí, ahí se encuentran). La salida para la crisis en Oaxaca no puede ser la desaparición de poderes, sino la renovación y modernización, mirando hacia el futuro, de las estructuras políticas y de justicia del estado. Y para eso se necesita, como lo propuso Gabino, un acuerdo de gobernabilidad, no una insurrección de una parte o una política contrainsurgente de la otra.
También llama la atención que, en forma coincidente con la distancia que ha mantenido la UNT con el lopezobradorismo (excepto en el caso de Roberto Vega Galina, todavía líder del Sindicato del IMSS, que ha perdido su curul en el Senado y está a punto de perder aquel liderazgo), distintos conflictos laborales parecen comenzar a solucionarse. Ahí está, en forma destacada, el minero, con el levantamiento de la más importante de sus huelgas, la de la planta de Sicartsa, en Lázaro Cárdenas, Michoacán, e incluso la aceptación del aumento salarial de 5.5% en la Volkswagen de Puebla, que permitió que el conflicto no escalara.
En otro ámbito, el del priismo, las condiciones también son buenas. Los gobernadores están dispuestos a trabajar con Calderón y ya están buscando acuerdos específicos para sus estados. Los coordinadores parlamentarios del tricolor, Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa Patrón, son también políticos natos, con amplia experiencia y voluntad política para la negociación y los acuerdos. En Chiapas debe mantener su estrategia de seguir escrupulosamente la vía legal. Y Oaxaca deberá exigir tolerancia y sentido común de todas las partes involucradas.
Las crisis implican conflictos, dificultades, pero son también sinónimo de oportunidad. Nunca el proceso de transición democrática estuvo en una situación tan difícil como la actual. Dejando de lado el "infantilismo de izquierda", la perspectiva para construir lo nuevo a partir de la crisis es, paradójicamente, promisoria.
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Los pobres: 1994 y 2006
Ricardo Alemán
El Universal - Itinerario Político
24 de agosto de 2006
No sólo está en juego la legitimidad, sino el riesgo de que una tercera llamada rebase a todos
Muchos de los que hoy se arrepienten de su voto a favor de AMLO, y de quienes a pesar de todo mantienen firme su legítima creencia, exponen en público y en corto un argumento que resulta demoledor por su valor social, político, ético y hasta moral: votaron por López Obrador porque creyeron y/o siguen creyendo que era el único candidato que atendería a los pobres y cuya propuesta iba dirigida centralmente a ese sector marginado de los mexicanos. El argumento es impecable; era difícil creer en las propuestas de Calderón y Madrazo en torno de los pobres, dado que en ambos sus recientes gobiernos presidenciales dieron muestras de todo, menos de enarbolar una verdadera política social hacia los que menos tienen. El credo y los creyentes eran los correctos. Pero para muchos impugnadores de AMLO, el problema eran los sacerdotes, el candidato que para resolver ese grave lastre ofreció por todo el país regalar dinero, mientras que era aplaudido por una claque venida de lo más cuestionable del PRI.
Pero resulta que muchos de quienes de la noche a la mañana se convirtieron al lopezobradorismo en 2006, fueron los mismos que 12 años antes habían despertado -la mañana del 1 de enero de 1994- frente a una realidad insultante, que avergonzaba a todos, la de la pobreza lacerante de millones de mexicanos, sobre todo indígenas, que germinó un movimiento armado que le declaró la guerra a las instituciones del Estado, entonces en manos del PRI. Aquella gesta poético-política volcó a los sectores de la izquierda mexicana, de la intelectualidad, la academia, los medios, los jóvenes... no a la conformación social de una fuerza organizada pensante y dialogante, sino al culto a la personalidad -del líder zapatista Marcos- al endiosamiento del líder todopoderoso, autoritario y de decisiones verticales, que sería el nuevo salvador.
Como ahora -que AMLO convoca a una Convención Nacional Democrática-, hace 12 años el alzamiento del EZLN se encauzó hacia una Convención Nacional Democrática que terminó en una vergonzosa pasarela de notables de izquierda, de académicos y líderes que peleaban por estar lo más cerca posible del encapuchado y que terminó en un penoso zapatur. Las veleidades del guerrillero, las grillas ceceacheras, el culto a la personalidad, la nula autocrítica y los palos de ciego terminaron por devaluar un proyecto auténtico, de reclamos legítimos y que al final, nos guste o no, contribuyó a crear las instituciones de la democracia electoral vigente.
Pero cuando se agotó la capacidad de asombro, de vergüenza por esa inmoral realidad de millones de pobres; cuando ya fue imposible sacarle raja política al alzamiento chiapaneco, los de siempre se llevaron su incienso, su culto a la personalidad, su servilismo a otro lado y encontraron otro prohombre. Renegaron del encapuchado que se atrevió a criticar a su rival en la reivindicación de los pobres, y agigantaron la nueva figura para el culto; el indestructible, el infalible, el demócrata López Obrador, el que moralmente no puede ser derrotado.
Y en efecto, tanto el alzamiento armado en Chiapas, Marcos, como la coalición Por el Bien de Todos y AMLO moralmente debieron resultar ganadores. Su causa es legítima, urgente de resolver. Pero en los dos casos el argumento de los pobres se quedó sólo en eso, en un mero argumento político, discursivo y hasta demagógico; no fue un fin estratégico. En 12 años, sólo 12 años, han aparecido en México una guerrilla surgida desde lo más profundo de la pobreza, que hizo frente a las instituciones, y un candidato presidencial que convocó -de la manera que se quiera y por las artes que se antojen- a la solución de ese lastre, el de los pobres.
Ya vivimos la primera y la segunda llamadas. Pero el problema sigue allí. La tercera llamada puede terminar mal, muy mal para todos, si no es que el gobierno por venir realmente atiende esa deuda, más allá de guerras político-electorales. Todo indica que esa gigantesca responsabilidad recaerá en Felipe Calderón, candidato del PAN, de la derecha, al que muy probablemente el TEPJF declare presidente electo. ¿Qué va a hacer Calderón frente a ese reto formidable? El problema rebasa la ideología, la geometría política, y se coloca como factor de seguridad nacional. No sólo están en juego la legitimidad, la gobernabilidad y la viabilidad de la democracia, sino el riesgo de que una tercera llamada rebase todo y a todos. El problema no es si Calderón quiere, si se lo dicta su doctrina, su conciencia, su responsabilidad, su moral política y personal. El problema es que ya no es posible retrasar más la atención de los pobres como la prioridad de todas las prioridades.
En eso trabaja Calderón, según sus cercanos, quienes aventuran que el de él puede ser un gobierno de izquierda con un presidente de derecha; otros advierten que en el ejercicio del poder, Calderón rebasará a AMLO "precisamente por la izquierda". Se especula de un ambicioso programa social de cobertura universal, sin presiones al presupuesto, que sería el primer gran golpe de su gobierno. Y más le vale, porque no le queda más que hacer realidad el "primero los pobres". Por lo pronto, aquí seremos los más críticos de su gobierno. Al tiempo.
aleman2@prodigy.net.mx
El Universal - Itinerario Político
24 de agosto de 2006
No sólo está en juego la legitimidad, sino el riesgo de que una tercera llamada rebase a todos
Muchos de los que hoy se arrepienten de su voto a favor de AMLO, y de quienes a pesar de todo mantienen firme su legítima creencia, exponen en público y en corto un argumento que resulta demoledor por su valor social, político, ético y hasta moral: votaron por López Obrador porque creyeron y/o siguen creyendo que era el único candidato que atendería a los pobres y cuya propuesta iba dirigida centralmente a ese sector marginado de los mexicanos. El argumento es impecable; era difícil creer en las propuestas de Calderón y Madrazo en torno de los pobres, dado que en ambos sus recientes gobiernos presidenciales dieron muestras de todo, menos de enarbolar una verdadera política social hacia los que menos tienen. El credo y los creyentes eran los correctos. Pero para muchos impugnadores de AMLO, el problema eran los sacerdotes, el candidato que para resolver ese grave lastre ofreció por todo el país regalar dinero, mientras que era aplaudido por una claque venida de lo más cuestionable del PRI.
Pero resulta que muchos de quienes de la noche a la mañana se convirtieron al lopezobradorismo en 2006, fueron los mismos que 12 años antes habían despertado -la mañana del 1 de enero de 1994- frente a una realidad insultante, que avergonzaba a todos, la de la pobreza lacerante de millones de mexicanos, sobre todo indígenas, que germinó un movimiento armado que le declaró la guerra a las instituciones del Estado, entonces en manos del PRI. Aquella gesta poético-política volcó a los sectores de la izquierda mexicana, de la intelectualidad, la academia, los medios, los jóvenes... no a la conformación social de una fuerza organizada pensante y dialogante, sino al culto a la personalidad -del líder zapatista Marcos- al endiosamiento del líder todopoderoso, autoritario y de decisiones verticales, que sería el nuevo salvador.
Como ahora -que AMLO convoca a una Convención Nacional Democrática-, hace 12 años el alzamiento del EZLN se encauzó hacia una Convención Nacional Democrática que terminó en una vergonzosa pasarela de notables de izquierda, de académicos y líderes que peleaban por estar lo más cerca posible del encapuchado y que terminó en un penoso zapatur. Las veleidades del guerrillero, las grillas ceceacheras, el culto a la personalidad, la nula autocrítica y los palos de ciego terminaron por devaluar un proyecto auténtico, de reclamos legítimos y que al final, nos guste o no, contribuyó a crear las instituciones de la democracia electoral vigente.
Pero cuando se agotó la capacidad de asombro, de vergüenza por esa inmoral realidad de millones de pobres; cuando ya fue imposible sacarle raja política al alzamiento chiapaneco, los de siempre se llevaron su incienso, su culto a la personalidad, su servilismo a otro lado y encontraron otro prohombre. Renegaron del encapuchado que se atrevió a criticar a su rival en la reivindicación de los pobres, y agigantaron la nueva figura para el culto; el indestructible, el infalible, el demócrata López Obrador, el que moralmente no puede ser derrotado.
Y en efecto, tanto el alzamiento armado en Chiapas, Marcos, como la coalición Por el Bien de Todos y AMLO moralmente debieron resultar ganadores. Su causa es legítima, urgente de resolver. Pero en los dos casos el argumento de los pobres se quedó sólo en eso, en un mero argumento político, discursivo y hasta demagógico; no fue un fin estratégico. En 12 años, sólo 12 años, han aparecido en México una guerrilla surgida desde lo más profundo de la pobreza, que hizo frente a las instituciones, y un candidato presidencial que convocó -de la manera que se quiera y por las artes que se antojen- a la solución de ese lastre, el de los pobres.
Ya vivimos la primera y la segunda llamadas. Pero el problema sigue allí. La tercera llamada puede terminar mal, muy mal para todos, si no es que el gobierno por venir realmente atiende esa deuda, más allá de guerras político-electorales. Todo indica que esa gigantesca responsabilidad recaerá en Felipe Calderón, candidato del PAN, de la derecha, al que muy probablemente el TEPJF declare presidente electo. ¿Qué va a hacer Calderón frente a ese reto formidable? El problema rebasa la ideología, la geometría política, y se coloca como factor de seguridad nacional. No sólo están en juego la legitimidad, la gobernabilidad y la viabilidad de la democracia, sino el riesgo de que una tercera llamada rebase todo y a todos. El problema no es si Calderón quiere, si se lo dicta su doctrina, su conciencia, su responsabilidad, su moral política y personal. El problema es que ya no es posible retrasar más la atención de los pobres como la prioridad de todas las prioridades.
En eso trabaja Calderón, según sus cercanos, quienes aventuran que el de él puede ser un gobierno de izquierda con un presidente de derecha; otros advierten que en el ejercicio del poder, Calderón rebasará a AMLO "precisamente por la izquierda". Se especula de un ambicioso programa social de cobertura universal, sin presiones al presupuesto, que sería el primer gran golpe de su gobierno. Y más le vale, porque no le queda más que hacer realidad el "primero los pobres". Por lo pronto, aquí seremos los más críticos de su gobierno. Al tiempo.
aleman2@prodigy.net.mx
Chiapas y AMLO
Sergio Sarmiento
Reforma – Jaque Mate
23 de Agosto del 2006
El resultado de la elección en Chiapas puede convertirse en un problema para una parte importante del PRD y de la coalición Por el Bien de Todos. Por una parte, los perredistas están contentos con el triunfo -por lo menos con los resultados registrados hasta ahora- de su candidato Juan Sabines Guerrero. De hecho, el secretario general del partido, Guadalupe Acosta Naranjo, ha señalado que esta victoria "demuestra" que el PRD no ha perdido simpatía popular a pesar de los plantones en la Ciudad de México.
Pero el hecho de que nadie esté hablando de realizar movilizaciones y bloqueos en Chiapas, a pesar de que el triunfo registrado hasta ahora sea tan pequeño, de apenas 2 mil 405 votos, equivalentes al 0.22 por ciento de los sufragios emitidos, es un ejemplo incómodo para los perredistas.
José Antonio Aguilar Bodegas, el candidato de la Alianza por Chiapas que incluye al PRI y al Partido Verde, ha anunciado que presentará quejas en contra de lo que llama una "elección de Estado", pero que lo hará ante los tribunales. Si él no ve la necesidad de tomar calles y carreteras, está enfatizando la idea de que el PRD es ya el único partido que se niega a aceptar a las instituciones electorales en nuestro país.
Sabines mismo puede convertirse en un político incómodo para el PRD. Si bien sostiene su cercanía "moral" con Andrés Manuel López Obrador, ha señalado que reconocerá a Felipe Calderón como Presidente de México en caso de que éste sea ratificado como ganador de los comicios presidenciales por el Trife. Esto es suficiente para que se desplome cualquier utilidad que tenga su apoyo "moral". Sabines también ha dicho que no se sumará al movimiento de resistencia civil de López Obrador y del PRD. "Yo ya estoy hablando como un futuro Gobernador. No estoy en un plan de movilizaciones; por el contrario, sí estoy pidiendo que no lo hagan en mi contra".
Sabines no es miembro formal del PRD. De hecho, fue priista hasta hace muy poco tiempo. Se separó del PRI porque se le impidió competir por la candidatura de su partido para el Gobierno del estado. Pero si bien algunos lo han criticado por eso, la verdad es que muy pocos perredistas importantes carecen de un pasado priista.
El problema de la actitud de Sabines es que puede cundir y debilitar el movimiento de López Obrador. Muchos perredistas ven con inquietud el deterioro de la imagen de su partido por los bloqueos de López Obrador sobre Paseo de la Reforma e incluso por el radicalismo de la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca, que se identifica también con el PRD. Perredistas como Zeferino Torreblanca, Gobernador de Guerrero, están más interesados en gobernar sus entidades que en unirse a un movimiento que busca descalificar todo el sistema electoral mexicano y que plantea que hubo un fraude que para ocurrir debió tener la participación de cientos de miles de mexicanos. De hecho, muchos incluso piensan honestamente que si hubo un fraude, consideran un error estratégico el bloqueo del Paseo de la Reforma y del centro histórico de la Ciudad de México.
La situación en Chiapas, sin embargo, se puede complicar si la impugnación legal del candidato del PRI, José Antonio Aguilar Bodegas, revierte el resultado que hasta ahora se tiene. Y eso no es difícil. La diferencia entre Sabines y Aguilar Bodegas es de apenas 2 mil 405 votos con el 94 por ciento de las casillas computadas. Pero además de ese 6 por ciento que no entró al PREP, un 5 por ciento adicional de las casillas no se sumó a los resultados debido a que las actas tenían "inconsistencias". Faltan todavía por contar decenas de miles de votos y la diferencia entre el primero y el segundo lugar es tan pequeña que no se requeriría de gran magia para revertirla.
Lo importante, empero, es que hasta este momento ninguno de los dos contendientes en Chiapas se muestra interesado en recurrir a movilizaciones. Todas las impugnaciones, al parecer, se llevarán a cabo dentro de lo que marca la ley.
No hay duda de que para el PRD será importante que se ratifique la victoria que hasta este momento parece haber obtenido en las urnas chiapanecas. Muchos miembros del partido están conscientes de que hay vida después de la elección del 2 de julio y de las movilizaciones y plantones de López Obrador. Pero en el mediano plazo, Chiapas puede convertirse en un fuerte golpe para López Obrador. El problema es que puede demostrar con claridad que en México hay cauces legales perfectamente adecuados para ventilar impugnaciones electorales sin tener que recurrir a la violación del derecho de libre tránsito de los ciudadanos.
[..]
sarmiento.jaquemate@gmail.com
Reforma – Jaque Mate
23 de Agosto del 2006
"Chiapas merece un clima de unidad y reconciliación. No está para movilizaciones".
Juan Sabines Guerrero
Juan Sabines Guerrero
El resultado de la elección en Chiapas puede convertirse en un problema para una parte importante del PRD y de la coalición Por el Bien de Todos. Por una parte, los perredistas están contentos con el triunfo -por lo menos con los resultados registrados hasta ahora- de su candidato Juan Sabines Guerrero. De hecho, el secretario general del partido, Guadalupe Acosta Naranjo, ha señalado que esta victoria "demuestra" que el PRD no ha perdido simpatía popular a pesar de los plantones en la Ciudad de México.
Pero el hecho de que nadie esté hablando de realizar movilizaciones y bloqueos en Chiapas, a pesar de que el triunfo registrado hasta ahora sea tan pequeño, de apenas 2 mil 405 votos, equivalentes al 0.22 por ciento de los sufragios emitidos, es un ejemplo incómodo para los perredistas.
José Antonio Aguilar Bodegas, el candidato de la Alianza por Chiapas que incluye al PRI y al Partido Verde, ha anunciado que presentará quejas en contra de lo que llama una "elección de Estado", pero que lo hará ante los tribunales. Si él no ve la necesidad de tomar calles y carreteras, está enfatizando la idea de que el PRD es ya el único partido que se niega a aceptar a las instituciones electorales en nuestro país.
Sabines mismo puede convertirse en un político incómodo para el PRD. Si bien sostiene su cercanía "moral" con Andrés Manuel López Obrador, ha señalado que reconocerá a Felipe Calderón como Presidente de México en caso de que éste sea ratificado como ganador de los comicios presidenciales por el Trife. Esto es suficiente para que se desplome cualquier utilidad que tenga su apoyo "moral". Sabines también ha dicho que no se sumará al movimiento de resistencia civil de López Obrador y del PRD. "Yo ya estoy hablando como un futuro Gobernador. No estoy en un plan de movilizaciones; por el contrario, sí estoy pidiendo que no lo hagan en mi contra".
Sabines no es miembro formal del PRD. De hecho, fue priista hasta hace muy poco tiempo. Se separó del PRI porque se le impidió competir por la candidatura de su partido para el Gobierno del estado. Pero si bien algunos lo han criticado por eso, la verdad es que muy pocos perredistas importantes carecen de un pasado priista.
El problema de la actitud de Sabines es que puede cundir y debilitar el movimiento de López Obrador. Muchos perredistas ven con inquietud el deterioro de la imagen de su partido por los bloqueos de López Obrador sobre Paseo de la Reforma e incluso por el radicalismo de la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca, que se identifica también con el PRD. Perredistas como Zeferino Torreblanca, Gobernador de Guerrero, están más interesados en gobernar sus entidades que en unirse a un movimiento que busca descalificar todo el sistema electoral mexicano y que plantea que hubo un fraude que para ocurrir debió tener la participación de cientos de miles de mexicanos. De hecho, muchos incluso piensan honestamente que si hubo un fraude, consideran un error estratégico el bloqueo del Paseo de la Reforma y del centro histórico de la Ciudad de México.
La situación en Chiapas, sin embargo, se puede complicar si la impugnación legal del candidato del PRI, José Antonio Aguilar Bodegas, revierte el resultado que hasta ahora se tiene. Y eso no es difícil. La diferencia entre Sabines y Aguilar Bodegas es de apenas 2 mil 405 votos con el 94 por ciento de las casillas computadas. Pero además de ese 6 por ciento que no entró al PREP, un 5 por ciento adicional de las casillas no se sumó a los resultados debido a que las actas tenían "inconsistencias". Faltan todavía por contar decenas de miles de votos y la diferencia entre el primero y el segundo lugar es tan pequeña que no se requeriría de gran magia para revertirla.
Lo importante, empero, es que hasta este momento ninguno de los dos contendientes en Chiapas se muestra interesado en recurrir a movilizaciones. Todas las impugnaciones, al parecer, se llevarán a cabo dentro de lo que marca la ley.
No hay duda de que para el PRD será importante que se ratifique la victoria que hasta este momento parece haber obtenido en las urnas chiapanecas. Muchos miembros del partido están conscientes de que hay vida después de la elección del 2 de julio y de las movilizaciones y plantones de López Obrador. Pero en el mediano plazo, Chiapas puede convertirse en un fuerte golpe para López Obrador. El problema es que puede demostrar con claridad que en México hay cauces legales perfectamente adecuados para ventilar impugnaciones electorales sin tener que recurrir a la violación del derecho de libre tránsito de los ciudadanos.
[..]
sarmiento.jaquemate@gmail.com
AMLO puede hundir a la izquierda
Enrique Quintana
Reforma – Coordenadas
23 de Agosto del 2006
Los sistemas democráticos modernos se ven beneficiados cuando tienen partidos de izquierda avanzados y fuertes. Sería inimaginable la Europa de hoy si no tuviéramos a organizaciones como el Partido Socialista Español o el Francés o el Laborista de Inglaterra. Los partidos de izquierda introducen en el Gobierno, en el Congreso y en la sociedad en general una agenda que incluye temas sociales, raciales, laborales, etcétera, que frecuentemente contribuyen a la equidad, al crecimiento y a la justicia.
Ya le hemos comentado en este espacio que, con mucho, la izquierda ha sido la corriente política de crecimiento más rápido en México durante los últimos años. Ya es la segunda fuerza política en las dos Cámaras y gobierna seis entidades, entre ellas la capital del País. Sin embargo, no es exagerado decir que se encuentra frente a la disyuntiva de consolidar su presencia como una fuerza política moderna, con una agenda clara y con una influencia determinante en la vida del País o echar por tierra el esfuerzo de muchos años.
Los partidos políticos de la izquierda se encontraban fuera del sistema electoral vigente antes de que se hiciera una reforma electoral en 1978. Eso se debía no sólo a la falta de canales institucionales de participación, sino que derivaba de que las estrategias políticas de diversos grupos de la izquierda establecían que la vía electoral sólo era una de las formas de llegar al poder. La tradición política de la izquierda marxista decía que al final de cuentas era inevitable una lucha de clases violenta para asaltar el poder. Específicamente, los grupos leninistas consideraban además que sería precisamente un partido minoritario -la vanguardia del proletariado- quien tomaría los aparatos del Estado por medio de la violencia.
Ese lenguaje, que tras el derrumbe del muro, la quiebra de los países del bloque soviético y los cambios en China ya parece de la prehistoria, viene a cuento porque la izquierda mexicana podría estar en riesgo de retroceder tres décadas. La formación de un partido de izquierda con un peso electoral significativo se consolidó tras la campaña de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988, el PRD. Sin embargo, no logró despegar y quedó con menos del 20 por ciento del electorado nacional en los siguientes años. Sin embargo, la quiebra del monopolio del PRI y el surgimiento de un líder carismático, Andrés Manuel López Obrador, volvió a colocar a la izquierda como una fuerza altamente competitiva.
AMLO logró la construcción de una candidatura, virtualmente sin rival en el PRD, y llegó al comienzo de la campaña presidencial con una ventaja en las encuestas que parecía imbatible. Sin embargo, más allá de la campaña negativa que emprendió el PAN en su contra, fue el propio comportamiento político de AMLO el que erosionó las simpatías que había conseguido y generó temor entre potenciales electores que al final de cuentas decidieron no votar por él. Si alguna vez se hiciera una evaluación honesta de la campaña de AMLO, quienes estuvieron en el "cuarto de guerra" de su equipo tendrían que ser autocríticos y reconocer que, como titulamos esta columna el pasado 2 de mayo, AMLO pasó de ser indestructible a autodestructible.
El problema es que con la dinámica que ha creado entre sus seguidores pareciera estar gestando un modo de participación política que retrocede tres décadas. La convocatoria a la Convención Democrática Nacional a través de una estructura que ya nada tiene que ver con los partidos políticos, pareciera regresar a una realidad en la que las organizaciones de izquierda carecían del reconocimiento legal para aspirar a conquistar el poder a través del sistema electoral y le apostaban a la lucha en las calles. Si se combina este hecho con los acontecimientos en Oaxaca, que al tiempo de crear una situación de ingobernabilidad, resucitan el lenguaje político de los 70 y los métodos que algunos tenían entonces, como la guerrilla urbana, se tiene un coctel altamente peligroso.
Dentro del PRD hay quienes han contribuido a la construcción de la izquierda moderna en México. Pero ahora pareciera que han perdido toda capacidad de iniciativa frente a la presencia dominante del caudillo. Si la sociedad percibe que la izquierda, a quien le dio la segunda posición en el Congreso, es dominada por organizaciones radicales, que actúan fuera de los canales institucionales que se crearon a través de muchos años, lo más probable es que nuevamente se desplome. Si ese fuera el caso, AMLO sería, paradójicamente, responsable de su despegue y posterior derrumbe. Si la izquierda civilizada vuelve a tomar el control del PRD y de sus organizaciones, entonces se puede colocar en posición de contender y ganar múltiples posiciones políticas en el País y en el futuro la Presidencia de la República.
Nuevamente preguntamos, ¿habrá en el PRD quién le ponga un freno a AMLO?
enrique.quintana@reforma.com
Reforma – Coordenadas
23 de Agosto del 2006
Los sistemas democráticos modernos se ven beneficiados cuando tienen partidos de izquierda avanzados y fuertes. Sería inimaginable la Europa de hoy si no tuviéramos a organizaciones como el Partido Socialista Español o el Francés o el Laborista de Inglaterra. Los partidos de izquierda introducen en el Gobierno, en el Congreso y en la sociedad en general una agenda que incluye temas sociales, raciales, laborales, etcétera, que frecuentemente contribuyen a la equidad, al crecimiento y a la justicia.
Ya le hemos comentado en este espacio que, con mucho, la izquierda ha sido la corriente política de crecimiento más rápido en México durante los últimos años. Ya es la segunda fuerza política en las dos Cámaras y gobierna seis entidades, entre ellas la capital del País. Sin embargo, no es exagerado decir que se encuentra frente a la disyuntiva de consolidar su presencia como una fuerza política moderna, con una agenda clara y con una influencia determinante en la vida del País o echar por tierra el esfuerzo de muchos años.
Los partidos políticos de la izquierda se encontraban fuera del sistema electoral vigente antes de que se hiciera una reforma electoral en 1978. Eso se debía no sólo a la falta de canales institucionales de participación, sino que derivaba de que las estrategias políticas de diversos grupos de la izquierda establecían que la vía electoral sólo era una de las formas de llegar al poder. La tradición política de la izquierda marxista decía que al final de cuentas era inevitable una lucha de clases violenta para asaltar el poder. Específicamente, los grupos leninistas consideraban además que sería precisamente un partido minoritario -la vanguardia del proletariado- quien tomaría los aparatos del Estado por medio de la violencia.
Ese lenguaje, que tras el derrumbe del muro, la quiebra de los países del bloque soviético y los cambios en China ya parece de la prehistoria, viene a cuento porque la izquierda mexicana podría estar en riesgo de retroceder tres décadas. La formación de un partido de izquierda con un peso electoral significativo se consolidó tras la campaña de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988, el PRD. Sin embargo, no logró despegar y quedó con menos del 20 por ciento del electorado nacional en los siguientes años. Sin embargo, la quiebra del monopolio del PRI y el surgimiento de un líder carismático, Andrés Manuel López Obrador, volvió a colocar a la izquierda como una fuerza altamente competitiva.
AMLO logró la construcción de una candidatura, virtualmente sin rival en el PRD, y llegó al comienzo de la campaña presidencial con una ventaja en las encuestas que parecía imbatible. Sin embargo, más allá de la campaña negativa que emprendió el PAN en su contra, fue el propio comportamiento político de AMLO el que erosionó las simpatías que había conseguido y generó temor entre potenciales electores que al final de cuentas decidieron no votar por él. Si alguna vez se hiciera una evaluación honesta de la campaña de AMLO, quienes estuvieron en el "cuarto de guerra" de su equipo tendrían que ser autocríticos y reconocer que, como titulamos esta columna el pasado 2 de mayo, AMLO pasó de ser indestructible a autodestructible.
El problema es que con la dinámica que ha creado entre sus seguidores pareciera estar gestando un modo de participación política que retrocede tres décadas. La convocatoria a la Convención Democrática Nacional a través de una estructura que ya nada tiene que ver con los partidos políticos, pareciera regresar a una realidad en la que las organizaciones de izquierda carecían del reconocimiento legal para aspirar a conquistar el poder a través del sistema electoral y le apostaban a la lucha en las calles. Si se combina este hecho con los acontecimientos en Oaxaca, que al tiempo de crear una situación de ingobernabilidad, resucitan el lenguaje político de los 70 y los métodos que algunos tenían entonces, como la guerrilla urbana, se tiene un coctel altamente peligroso.
Dentro del PRD hay quienes han contribuido a la construcción de la izquierda moderna en México. Pero ahora pareciera que han perdido toda capacidad de iniciativa frente a la presencia dominante del caudillo. Si la sociedad percibe que la izquierda, a quien le dio la segunda posición en el Congreso, es dominada por organizaciones radicales, que actúan fuera de los canales institucionales que se crearon a través de muchos años, lo más probable es que nuevamente se desplome. Si ese fuera el caso, AMLO sería, paradójicamente, responsable de su despegue y posterior derrumbe. Si la izquierda civilizada vuelve a tomar el control del PRD y de sus organizaciones, entonces se puede colocar en posición de contender y ganar múltiples posiciones políticas en el País y en el futuro la Presidencia de la República.
Nuevamente preguntamos, ¿habrá en el PRD quién le ponga un freno a AMLO?
enrique.quintana@reforma.com
23 de agosto de 2006
South of the border
The Washington Times (Estados Unidos)
Editorials/Op-Ed
August 23, 2006
In the more than three weeks since the firebrand populist Andres Manuel Lopez Obrador began his protests in Mexico City to dispute the slim victory of his conservative rival Felipe Calderon in the July 2 presidential election, the Federal Electoral Tribunal has rejected a full recount and, after conducting a limited recount, found no evidence of fraud or serious irregularity. Mr. Lopez Obrador's opposition has become more vehement, however, most likely in anticipation of a final decision due from the Federal Electoral Institute on Sept. 6. The protests have caused problems for commuters and turned away tourists and visitors, costing local business an estimated $23 million per day.
In an interview with the Financial Times, the leftist asserted that "the most important changes in Mexico have never come about through conventional politics but rather from the streets." In a country with Mexico's sordid political past, such a dismissive attitude toward official democratic institutions may play well with the more cynical and suspicious element of the Mexican electorate. But it comes at the expense of sound democratic institutions, and for Mr. Lopez Obrador to then justify his actions as an effort to save Mexican democracy is thoroughly hypocritical.
Despite his insistence that the protests are peaceful, Mr. Lopez Obrador claimed during the interview that he is willing to bring his "civil resistance" to its "ultimate consequences," which sounds far too much like a call to violence. Taken in conjunction with his combative response to charges of being a revolutionary ("Mexico needs a revolution"), his pledges to keep the protests going "as long as it takes" and his explicit comparison to the revolution of 1910, Mr. Lopez Obrador's tone has become more ominous and his actions deeply concerning. Mr. Lopez Obrador's radical method and disregard for the electoral process has cost his Revolutionary Democratic Party (PRD) some of its support. The close race for the governorship of Chiapas, a poor southern state that should be a PRD stronghold, is tangible evidence of the leftists' decreasing support.
Mr. Lopez Obrador's abuses will, at best, undercut the political capital of the incoming president, who takes office Dec. 1. At worst, his refusal to accept the results of a free election could result in a severely fractured Mexico, which, along with the unrest that would ensue, is in nobody's interest. The more moderate leaders of Central and South America who came to power democratically and value that system of government should firmly rebuke Mr. Lopez Obrador's course of action. The same conditions that created support for the leftist in Mexico -- widespread poverty and the expectation that the state will function as a provider -- are prevalent elsewhere, and appearing to tolerate the destructive practice of circumventing democracy on the street sends an unacceptable message. For the United States, this is yet one more reason to quickly secure the southern border.
www.washingtontimes.com
Editorials/Op-Ed
August 23, 2006
In the more than three weeks since the firebrand populist Andres Manuel Lopez Obrador began his protests in Mexico City to dispute the slim victory of his conservative rival Felipe Calderon in the July 2 presidential election, the Federal Electoral Tribunal has rejected a full recount and, after conducting a limited recount, found no evidence of fraud or serious irregularity. Mr. Lopez Obrador's opposition has become more vehement, however, most likely in anticipation of a final decision due from the Federal Electoral Institute on Sept. 6. The protests have caused problems for commuters and turned away tourists and visitors, costing local business an estimated $23 million per day.
In an interview with the Financial Times, the leftist asserted that "the most important changes in Mexico have never come about through conventional politics but rather from the streets." In a country with Mexico's sordid political past, such a dismissive attitude toward official democratic institutions may play well with the more cynical and suspicious element of the Mexican electorate. But it comes at the expense of sound democratic institutions, and for Mr. Lopez Obrador to then justify his actions as an effort to save Mexican democracy is thoroughly hypocritical.
Despite his insistence that the protests are peaceful, Mr. Lopez Obrador claimed during the interview that he is willing to bring his "civil resistance" to its "ultimate consequences," which sounds far too much like a call to violence. Taken in conjunction with his combative response to charges of being a revolutionary ("Mexico needs a revolution"), his pledges to keep the protests going "as long as it takes" and his explicit comparison to the revolution of 1910, Mr. Lopez Obrador's tone has become more ominous and his actions deeply concerning. Mr. Lopez Obrador's radical method and disregard for the electoral process has cost his Revolutionary Democratic Party (PRD) some of its support. The close race for the governorship of Chiapas, a poor southern state that should be a PRD stronghold, is tangible evidence of the leftists' decreasing support.
Mr. Lopez Obrador's abuses will, at best, undercut the political capital of the incoming president, who takes office Dec. 1. At worst, his refusal to accept the results of a free election could result in a severely fractured Mexico, which, along with the unrest that would ensue, is in nobody's interest. The more moderate leaders of Central and South America who came to power democratically and value that system of government should firmly rebuke Mr. Lopez Obrador's course of action. The same conditions that created support for the leftist in Mexico -- widespread poverty and the expectation that the state will function as a provider -- are prevalent elsewhere, and appearing to tolerate the destructive practice of circumventing democracy on the street sends an unacceptable message. For the United States, this is yet one more reason to quickly secure the southern border.
www.washingtontimes.com
Demócratas en Chiapas, “revolucionarios” en Reforma
Jorge Fernández Menéndez
Excélsior – Razones
23-08-06
Un grupo plural de expertos, en el que participaron diversos analistas de todas las corrientes políticas, como Jorge Alcocer, hizo un análisis exhaustivo del proceso electoral basado en las copias de actas supuestamente irregulares que entregó López Obrador a Carlos Loret de Mola. Su conclusión fue que no hubo errores significativos en el cómputo de votos (como se ha demostrado una y otra vez) y que las quejas de la coalición por el bien de todos se basan en otro tipo de errores, en particular, aquellos relacionados con el llenado de otros capítulos del acta de escrutinio, que resultan difícil de completar para muchos ciudadanos por la complejidad de su diseño. Los analistas concluyeron, como lo ha hecho también ya el IFE, en que se debe buscar simplificar las actas y avanzar más en la preparación de los funcionarios de casillas. Pero que en la elección no hubo nada parecido a un fraude.
El proceso electoral del pasado dos de julio fue, en muchos sentidos, ejemplar: nunca antes se habían instalado tantas casillas (sólo once en todo el país quedaron sin instalar); se capacitó a un millón de ciudadanos para que participaran como funcionarios; incluso, comparado con el 2003, por ejemplo, hubo menos errores en el llenado de actas que ahora; si se hace una comparación con las elecciones de senadores y diputados se comprobará que, a pesar de tratarse de comicios simultáneos con los de presidente, realizados al mismo tiempo, en el mismo lugar y con las mismas autoridades y a pesar de que la alianza por el bien de todos obtuvo una votación en el ámbito legislativo significativamente menor a la presidencial, en esa elección prácticamente no hubo impugnaciones, incluso sólo se revirtió un resultado, en un distrito del estado de México donde el PRD había acreditado como representantes de casilla a funcionarios municipales del mismo partido, lo que provocó que se anularan las mismas, provocando el triunfo del candidato del PRI. Nada más. En el 2003, por ejemplo, hubo muchas más impugnaciones en las elecciones legislativas e incluso se anuló (y se ordenó repetir) la elección en dos distritos.
La pregunta que hemos hecho muchos y que López Obrador jamás responde es cómo, si la elección de diputados y la de senadores se realizó al mismo tiempo, en los mismos lugares y con los mismos funcionarios que la de presidente, se pudo haber cometido algún tipo de fraude en la segunda y no en las primeras. No hay respuesta porque no puede haberla: la del dos de julio fue una elección con errores humanos, como siempre ocurre cuando se opta por una organización plenamente ciudadanizada, con un millón de personas elegidas aleatoriamente, trabajando en ella, lo que garantiza, como ocurrió, la imparcialidad y el correcto conteo de votos. Resulta lamentable que por intereses personales, ni siquiera de partido, sólo uno de los participantes, López Obrador, esté empeñado en ensuciar todo el proceso y a las instituciones encargadas de llevarlo a cabo.
La democracia y las instituciones que de ella derivan están a prueba de muchas cosas pero no de la ausencia de demócratas. El proceso electoral del dos de julio demostró estar a la altura de nuestra democracia, pero nada se puede hacer cuando un competidor sólo acepta las reglas del juego si él gana, y si no es así, llama, como lo hizo en la entrevista con el Financial Times esta semana López Obrador, a realizar una “auténtica revolución”. O se compite democráticamente o se juega a ser un revolucionario de cartón piedra. No es ni siquiera ético plantearse esa disyuntiva. López Obrador parece estar decidido a acabar con el mayor logro que ha tenido el perredismo a lo largo de sus más de quince años de vida (y esa es una contribución indudable de Cuauhtémoc Cárdenas): construir un partido con el que se puede estar de acuerdo o no, pero que se fortalecía en la misma medida en que fortalecía los cauces democráticos del país. Ahora, por no aceptar que perdió las elecciones, López Obrador lo quiere lanzar a algo que la mayoría de los perredistas hace tiempo desecharon: nada más y nada menos que la “revolución”. ¿Se va a ir al monte López Obrador, se levantará en armas?¿se imagina usted acompañándolo en esa tarea a Manuel Camacho, a Ricardo Monreal o Juan Enríquez Cabot?¿iniciarán la “revolución” los gobernadores perredistas? Es ridículo y demuestra una ignorancia política increíble en un hombre que aspiró a gobernar a más de cien millones de mexicanos.
Que la democracia la hacen los demócratas lo podemos comprobar en Chiapas. Estuvimos allí la semana pasada: el clima electoral era especialmente denso. Hubo acusaciones muy fuertes respecto a la intervención gubernamental, que provocó, incluso, una tardía alianza de facto PRI-PAN. El resultado, hasta ahora (hoy se realizará el conteo distrital) no pudo ser más cerrado: Juan Sabines aventaja a José Antonio Aguilar Bodegas por apenas dos mil votos. La anulación o el nuevo escrutinio de un puñado de casillas podría variar el resultado. Tanto Sabines como Aguilar Bodegas, en ese contexto, se han declarado ganadores, pero los dos, en una actitud de sensatez y moderación que esperamos perdure en las próximas semanas, han insistido en que recorrerán exclusivamente el camino legal y reconocerán como triunfador a quien decidan las autoridades, incluso Sabines, candidato de la alianza por el bien de todos, fue enfático en deslindarse de la llamada resistencia civil de López Obrador, en reconocer a las instituciones electorales federales e incluso en decir que si el TEPJF confirma a Felipe Calderón como presidente, será con él con quien trabaje el gobierno chiapaneco. Aguilar Bodegas descartó plantones o movilizaciones y apuesta también a la vía legal. Y la diferencia, entre ambos, es de apenas dos mil votos. Una lección para los “revolucionarios” del Paseo de la Reforma.
www.nuevoexcelsior.com.mx/jfernandez
www.mexicoconfidencial.com
Excélsior – Razones
23-08-06
Un grupo plural de expertos, en el que participaron diversos analistas de todas las corrientes políticas, como Jorge Alcocer, hizo un análisis exhaustivo del proceso electoral basado en las copias de actas supuestamente irregulares que entregó López Obrador a Carlos Loret de Mola. Su conclusión fue que no hubo errores significativos en el cómputo de votos (como se ha demostrado una y otra vez) y que las quejas de la coalición por el bien de todos se basan en otro tipo de errores, en particular, aquellos relacionados con el llenado de otros capítulos del acta de escrutinio, que resultan difícil de completar para muchos ciudadanos por la complejidad de su diseño. Los analistas concluyeron, como lo ha hecho también ya el IFE, en que se debe buscar simplificar las actas y avanzar más en la preparación de los funcionarios de casillas. Pero que en la elección no hubo nada parecido a un fraude.
El proceso electoral del pasado dos de julio fue, en muchos sentidos, ejemplar: nunca antes se habían instalado tantas casillas (sólo once en todo el país quedaron sin instalar); se capacitó a un millón de ciudadanos para que participaran como funcionarios; incluso, comparado con el 2003, por ejemplo, hubo menos errores en el llenado de actas que ahora; si se hace una comparación con las elecciones de senadores y diputados se comprobará que, a pesar de tratarse de comicios simultáneos con los de presidente, realizados al mismo tiempo, en el mismo lugar y con las mismas autoridades y a pesar de que la alianza por el bien de todos obtuvo una votación en el ámbito legislativo significativamente menor a la presidencial, en esa elección prácticamente no hubo impugnaciones, incluso sólo se revirtió un resultado, en un distrito del estado de México donde el PRD había acreditado como representantes de casilla a funcionarios municipales del mismo partido, lo que provocó que se anularan las mismas, provocando el triunfo del candidato del PRI. Nada más. En el 2003, por ejemplo, hubo muchas más impugnaciones en las elecciones legislativas e incluso se anuló (y se ordenó repetir) la elección en dos distritos.
La pregunta que hemos hecho muchos y que López Obrador jamás responde es cómo, si la elección de diputados y la de senadores se realizó al mismo tiempo, en los mismos lugares y con los mismos funcionarios que la de presidente, se pudo haber cometido algún tipo de fraude en la segunda y no en las primeras. No hay respuesta porque no puede haberla: la del dos de julio fue una elección con errores humanos, como siempre ocurre cuando se opta por una organización plenamente ciudadanizada, con un millón de personas elegidas aleatoriamente, trabajando en ella, lo que garantiza, como ocurrió, la imparcialidad y el correcto conteo de votos. Resulta lamentable que por intereses personales, ni siquiera de partido, sólo uno de los participantes, López Obrador, esté empeñado en ensuciar todo el proceso y a las instituciones encargadas de llevarlo a cabo.
La democracia y las instituciones que de ella derivan están a prueba de muchas cosas pero no de la ausencia de demócratas. El proceso electoral del dos de julio demostró estar a la altura de nuestra democracia, pero nada se puede hacer cuando un competidor sólo acepta las reglas del juego si él gana, y si no es así, llama, como lo hizo en la entrevista con el Financial Times esta semana López Obrador, a realizar una “auténtica revolución”. O se compite democráticamente o se juega a ser un revolucionario de cartón piedra. No es ni siquiera ético plantearse esa disyuntiva. López Obrador parece estar decidido a acabar con el mayor logro que ha tenido el perredismo a lo largo de sus más de quince años de vida (y esa es una contribución indudable de Cuauhtémoc Cárdenas): construir un partido con el que se puede estar de acuerdo o no, pero que se fortalecía en la misma medida en que fortalecía los cauces democráticos del país. Ahora, por no aceptar que perdió las elecciones, López Obrador lo quiere lanzar a algo que la mayoría de los perredistas hace tiempo desecharon: nada más y nada menos que la “revolución”. ¿Se va a ir al monte López Obrador, se levantará en armas?¿se imagina usted acompañándolo en esa tarea a Manuel Camacho, a Ricardo Monreal o Juan Enríquez Cabot?¿iniciarán la “revolución” los gobernadores perredistas? Es ridículo y demuestra una ignorancia política increíble en un hombre que aspiró a gobernar a más de cien millones de mexicanos.
Que la democracia la hacen los demócratas lo podemos comprobar en Chiapas. Estuvimos allí la semana pasada: el clima electoral era especialmente denso. Hubo acusaciones muy fuertes respecto a la intervención gubernamental, que provocó, incluso, una tardía alianza de facto PRI-PAN. El resultado, hasta ahora (hoy se realizará el conteo distrital) no pudo ser más cerrado: Juan Sabines aventaja a José Antonio Aguilar Bodegas por apenas dos mil votos. La anulación o el nuevo escrutinio de un puñado de casillas podría variar el resultado. Tanto Sabines como Aguilar Bodegas, en ese contexto, se han declarado ganadores, pero los dos, en una actitud de sensatez y moderación que esperamos perdure en las próximas semanas, han insistido en que recorrerán exclusivamente el camino legal y reconocerán como triunfador a quien decidan las autoridades, incluso Sabines, candidato de la alianza por el bien de todos, fue enfático en deslindarse de la llamada resistencia civil de López Obrador, en reconocer a las instituciones electorales federales e incluso en decir que si el TEPJF confirma a Felipe Calderón como presidente, será con él con quien trabaje el gobierno chiapaneco. Aguilar Bodegas descartó plantones o movilizaciones y apuesta también a la vía legal. Y la diferencia, entre ambos, es de apenas dos mil votos. Una lección para los “revolucionarios” del Paseo de la Reforma.
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Voto por voto
Marco Levario Turcott
Crónica
23 de Agosto de 2006
Supongamos que:
El IFE decide entregar fotocopias de las 42 millones de boletas de la reciente elección presidencial a las 791 personas que, hasta el 22 de agosto, las solicitaron. Para demostrar su convicción por la transparencia informativa y para no dejar dudas que el proceso electoral fue limpio, el consejero presidente, Luis Carlos Ugalde, señala que tomó esa decisión entre la ley de transparencia y lo que dice al respecto el Cofipe, que es la destrucción de las boletas electorales.
Entonces, funcionarios del IFE se comunican con esas 791 personas y les dicen que la fotocopia cuesta 50 cts.; cada solicitante tendría que pagar 21 millones de pesos. El monto total es de $ 16 mil 611 millones, o sea, cuatro veces más del presupuesto que en prerrogativas presentó el IFE para los partidos en 2006.
Como no todos están dispuestos a gastar o no tienen dinero, muchos retiran la petición y quedan sólo 300. De esas 300 personas, 250 se ponen de acuerdo para cubrir el pago y recibir las fotocopias. Se fija día, 1 de noviembre, y lugar, el Auditorio Nacional, adonde llegan cajas y más cajas, alrededor de 8 mil 400 suponiendo que en cada una entren 500 (la iniciativa de Magú para que fuera en el Estadio Azteca perdió por un voto). Para el evento de recepción y el conteo se registran cerca de mil 500 representantes de los medios de comunicación.
Contarán los votos los abajo firmantes de los desplegados que impulsaron la iniciativa más 95 mil voluntarios coordinados por la revista Proceso, ya que su director fue el primero que pidió la información. O sea que alrededor de 100 mil personas volverán a contar los votos, apenas el 10% de quienes participaron en las elecciones del 2 de julio, por lo que se le pide al IFE que mejor no, que no traslade todas las cajas a un solo lugar sino que las distribuya entre cada consejo que se conformó para ello. Y todo porque los promotores, más tres mil observadores extranjeros, resolvieron no emplear la consulta directa: quieren verificar cada boleta con sus propios ojos.
Falta ver la infraestructura electrónica y de recursos de personal para el acopio y el conteo total de los votos. El gobierno de la ciudad de México y los otros estados donde gobierna el PRD juntan los recursos y contratan a los expertos para adquirir toda esa infraestructura. El monto, para mí, es inimaginable.
Por fin, el 1 de noviembre inicia el conteo y nueve personas elegidas por su probidad intelectual y ética reciben la información, digamos, que en el Sacks de Polanco. Cámaras y micrófonos están atentas al conteo que fluye lentamente y sobre el que algunos medios como la ya dicha revista, La Jornada y Monitor entre otros, informan sobre las anomalías que se encuentran.
La información fluye poco a poco; está a la vista de todos en un portal web. Las otras 50 personas que no participaron del conteo se juntaron para decir que no están fielmente transcritos los resultados de los 250 revisores. Que según sus boletas Felipe Calderón obtuvo más votos en Guanajuato que lo que ellos dicen y comienza la controversia de una manera tal que, siete meses después, en nombre de la transparencia, se sigue discutiendo quién ganó las elecciones.
El IFE se diluye porque el Consejo Ciudadano para Volver a Contar los Votos (CCVC) está haciendo todo lo que hizo el Instituto, en el orden normativo y legal y con el sustento financiero que a todos nos costó.
Luego de revisarse con lupa las boletas, el CCVC valora los señalamientos de los observadores internacionales y impugnación de Las otras 50 personas que hacen huelga de hambre, dicen que ganó el candidato del PAN y convocan a un plantón en Reforma frente al Sacks; demandan volver a contar los votos.
Para sorpresa de todos, el CCVC determina que, por un margen menor del que se había dicho, ganó Felipe Calderón; su vocación democrática no les impide reconocerlo pues lo que ellos querían era sólo contar otra vez los votos para que nadie tuviera duda alguna. Finalmente, el dos de julio de 2007, la cabeza principal de Monitor, La Jornada y Proceso refleja nítido el resultado de su revisión imparcial: La elección fue transparente: ganó FCH.
mlevario@etcetera.com.mx
Crónica
23 de Agosto de 2006
Supongamos que:
El IFE decide entregar fotocopias de las 42 millones de boletas de la reciente elección presidencial a las 791 personas que, hasta el 22 de agosto, las solicitaron. Para demostrar su convicción por la transparencia informativa y para no dejar dudas que el proceso electoral fue limpio, el consejero presidente, Luis Carlos Ugalde, señala que tomó esa decisión entre la ley de transparencia y lo que dice al respecto el Cofipe, que es la destrucción de las boletas electorales.
Entonces, funcionarios del IFE se comunican con esas 791 personas y les dicen que la fotocopia cuesta 50 cts.; cada solicitante tendría que pagar 21 millones de pesos. El monto total es de $ 16 mil 611 millones, o sea, cuatro veces más del presupuesto que en prerrogativas presentó el IFE para los partidos en 2006.
Como no todos están dispuestos a gastar o no tienen dinero, muchos retiran la petición y quedan sólo 300. De esas 300 personas, 250 se ponen de acuerdo para cubrir el pago y recibir las fotocopias. Se fija día, 1 de noviembre, y lugar, el Auditorio Nacional, adonde llegan cajas y más cajas, alrededor de 8 mil 400 suponiendo que en cada una entren 500 (la iniciativa de Magú para que fuera en el Estadio Azteca perdió por un voto). Para el evento de recepción y el conteo se registran cerca de mil 500 representantes de los medios de comunicación.
Contarán los votos los abajo firmantes de los desplegados que impulsaron la iniciativa más 95 mil voluntarios coordinados por la revista Proceso, ya que su director fue el primero que pidió la información. O sea que alrededor de 100 mil personas volverán a contar los votos, apenas el 10% de quienes participaron en las elecciones del 2 de julio, por lo que se le pide al IFE que mejor no, que no traslade todas las cajas a un solo lugar sino que las distribuya entre cada consejo que se conformó para ello. Y todo porque los promotores, más tres mil observadores extranjeros, resolvieron no emplear la consulta directa: quieren verificar cada boleta con sus propios ojos.
Falta ver la infraestructura electrónica y de recursos de personal para el acopio y el conteo total de los votos. El gobierno de la ciudad de México y los otros estados donde gobierna el PRD juntan los recursos y contratan a los expertos para adquirir toda esa infraestructura. El monto, para mí, es inimaginable.
Por fin, el 1 de noviembre inicia el conteo y nueve personas elegidas por su probidad intelectual y ética reciben la información, digamos, que en el Sacks de Polanco. Cámaras y micrófonos están atentas al conteo que fluye lentamente y sobre el que algunos medios como la ya dicha revista, La Jornada y Monitor entre otros, informan sobre las anomalías que se encuentran.
La información fluye poco a poco; está a la vista de todos en un portal web. Las otras 50 personas que no participaron del conteo se juntaron para decir que no están fielmente transcritos los resultados de los 250 revisores. Que según sus boletas Felipe Calderón obtuvo más votos en Guanajuato que lo que ellos dicen y comienza la controversia de una manera tal que, siete meses después, en nombre de la transparencia, se sigue discutiendo quién ganó las elecciones.
El IFE se diluye porque el Consejo Ciudadano para Volver a Contar los Votos (CCVC) está haciendo todo lo que hizo el Instituto, en el orden normativo y legal y con el sustento financiero que a todos nos costó.
Luego de revisarse con lupa las boletas, el CCVC valora los señalamientos de los observadores internacionales y impugnación de Las otras 50 personas que hacen huelga de hambre, dicen que ganó el candidato del PAN y convocan a un plantón en Reforma frente al Sacks; demandan volver a contar los votos.
Para sorpresa de todos, el CCVC determina que, por un margen menor del que se había dicho, ganó Felipe Calderón; su vocación democrática no les impide reconocerlo pues lo que ellos querían era sólo contar otra vez los votos para que nadie tuviera duda alguna. Finalmente, el dos de julio de 2007, la cabeza principal de Monitor, La Jornada y Proceso refleja nítido el resultado de su revisión imparcial: La elección fue transparente: ganó FCH.
mlevario@etcetera.com.mx
Palo a AMLO
Ricardo Alemán
El Universal - Itinerario Político
23 de agosto de 2006
Navarette Ruiz está lejos de "los loquitos" -como les llama- y representa a una izquierda moderada que gusta del diálogo
Cuando declaran frente a un micrófono o a una cámara de televisión, se cuidan de no hablar de la ruptura que se vive en el PRD, pero tampoco se refieren al reacomodo de fuerzas que, por razones naturales del poder, ya se vive en la llamada izquierda institucional. Frente a toda exposición mediática, las de Carlos Navarrete Ruiz y Javier González Garza aparecen como posturas conciliadoras, unitarias y de apoyo a López Obrador.
Pero lo cierto es que debajo de esas declaraciones -como buenos políticos profesionales que son los dos perredistas- y de la elección de Navarrete Ruiz y González Garza como jefes de las bancadas del PRD en las cámaras de Senadores y de Diputados, respectivamente, lo que asoma no es más que la cruda realidad de la política. Es decir, que en dos de los centros reales de poder que alcanzó el PRD en la elección del pasado 2 de julio -las cámaras del Congreso federal-, el todavía candidato López Obrador sufrió una severa derrota.
Los leales de AMLO: Ricardo Monreal y Miguel Ángel Navarro, cartas que impulsó el aún candidato presidencial para jefaturar las bancadas del PRD en el Senado -donde será tercera fuerza- y en la Cámara de Diputados -donde ocupa la segunda posición-, fueron relegados por los factores reales de poder, por el poder mismo. Así, la nueva composición de esos centros de poder significa el primer gran revés a López Obrador en la etapa postelectoral, cuando aún no se declara un presidente electo y cuando la resistencia civil va a la baja. Más aún, el hecho de que los preferidos de AMLO no hayan llegado a esas posiciones confirma que en el interior del PRD se asume como un hecho no sólo la derrota de AMLO, sino el fin de su otrora invencible liderazgo.
Y en efecto, durante la etapa formal del periplo de AMLO en busca de la Presidencia de la República, Navarrete y González aparecieron como piezas fundamentales en la operación política. Sin ocupar cargos de reflector, los dos hicieron su trabajo a favor del triunfo de López Obrador, pero nunca olvidaron su pertenencia grupal dentro del PRD. El primero, Carlos Navarrete, es uno de los fundadores del grupo Nueva Izquierda, motejado en el PRD como Los Chuchos, tribu que desde 1996 enfrentó a AMLO y desde entonces resistió imposiciones al grado que se les escrituró el "segundo lugar".
Los Chuchos es un grupo político en el interior del PRD que desde la fundación de ese partido no fue bien visto por otros sectores -y por reputados aliados mediáticos de AMLO- debido a que se les endilgaba el mote de "negociadores", precisamente por su proclividad al acuerdo y la negociación. En realidad el grupo de Los Chuchos es el sector del perredismo que desde 1994 estableció un acercamiento con el gobierno de Zedillo para hacer posible la reforma electoral y la creación de las instituciones electorales hoy vigentes. Se trata de una izquierda pragmática, negociadora y dialogante, a la que se le acredita, por cierto, el ingreso al PRD de priístas tan cuestionables como José Guadarrama, entre muchos otros que nada tienen que ver con el espíritu fundacional del PRD.
Carlos Navarrete es uno de los jefes de esa tribu del PRD que, paradojas de la política, resultó la más gananciosa después del pasado 2 de julio. Y no sería descabellado suponer, por eso, que en la futura renovación del PRD el de Los Chuchos pase, por fin, del escriturado segundo lugar a la dirigencia del partido. Navarrete Ruiz se inició en la política como líder estudiantil en Guanajuato, en donde fue fundador del PST y diputado local. También fue fundador del PMS, del FDN y del PRD, del que fue diputado federal y vocero. Está muy lejos de "los loquitos" -como él mismo les llamaba a los radicales del PRD- y representa a una izquierda moderada, que gusta del diálogo y la negociación. Muy lejos de lo que plantea AMLO con su resistencia civil.
El Güero, Javier González Garza, es un viejo militante de la izquierda, un científico que ya en 1968 era dirigente estudiantil, fundador del FDN y del PRD, identificado como parte del grupo cardenista, diputado federal, vocero del gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas, secretario de Gobierno de la gestión de Rosario Robles y director del Metro en los primeros años de la gestión de AMLO. Renunció al Metro al no estar de acuerdo con el manejo presupuestal de ese transporte colectivo, al que le recortaron el presupuesto para alimentar el proyecto de los segundos pisos. González Garza no era el preferido del caudillo, y entre sus alforjas porta -además de un fino humor y notable habilidad para la estratagema política- una larga y reconocida trayectoria en la izquierda mexicana. Se le ubica lejano a los grupos radicales que en los últimos meses se apoderaron del PRD, como también se le identifica como un político negociador, dialogante y, sobre todo, preocupado por las instituciones electorales.
Por sus naturales habilidades políticas, tanto Navarrete Ruiz como González Garza se dicen leales a López Obrador y su causa, pero el tiempo, el radical reacomodo de fuerzas y el renovado reparto del poder los colocarán, tarde o temprano, en posiciones contrarias a las del caudillo. ¿Por qué? Porque pertenecen a corrientes que construyeron las instituciones que AMLO pretende destruir. Y si no, al tiempo.
aleman2@prodigy.net.mx
El Universal - Itinerario Político
23 de agosto de 2006
Navarette Ruiz está lejos de "los loquitos" -como les llama- y representa a una izquierda moderada que gusta del diálogo
Cuando declaran frente a un micrófono o a una cámara de televisión, se cuidan de no hablar de la ruptura que se vive en el PRD, pero tampoco se refieren al reacomodo de fuerzas que, por razones naturales del poder, ya se vive en la llamada izquierda institucional. Frente a toda exposición mediática, las de Carlos Navarrete Ruiz y Javier González Garza aparecen como posturas conciliadoras, unitarias y de apoyo a López Obrador.
Pero lo cierto es que debajo de esas declaraciones -como buenos políticos profesionales que son los dos perredistas- y de la elección de Navarrete Ruiz y González Garza como jefes de las bancadas del PRD en las cámaras de Senadores y de Diputados, respectivamente, lo que asoma no es más que la cruda realidad de la política. Es decir, que en dos de los centros reales de poder que alcanzó el PRD en la elección del pasado 2 de julio -las cámaras del Congreso federal-, el todavía candidato López Obrador sufrió una severa derrota.
Los leales de AMLO: Ricardo Monreal y Miguel Ángel Navarro, cartas que impulsó el aún candidato presidencial para jefaturar las bancadas del PRD en el Senado -donde será tercera fuerza- y en la Cámara de Diputados -donde ocupa la segunda posición-, fueron relegados por los factores reales de poder, por el poder mismo. Así, la nueva composición de esos centros de poder significa el primer gran revés a López Obrador en la etapa postelectoral, cuando aún no se declara un presidente electo y cuando la resistencia civil va a la baja. Más aún, el hecho de que los preferidos de AMLO no hayan llegado a esas posiciones confirma que en el interior del PRD se asume como un hecho no sólo la derrota de AMLO, sino el fin de su otrora invencible liderazgo.
Y en efecto, durante la etapa formal del periplo de AMLO en busca de la Presidencia de la República, Navarrete y González aparecieron como piezas fundamentales en la operación política. Sin ocupar cargos de reflector, los dos hicieron su trabajo a favor del triunfo de López Obrador, pero nunca olvidaron su pertenencia grupal dentro del PRD. El primero, Carlos Navarrete, es uno de los fundadores del grupo Nueva Izquierda, motejado en el PRD como Los Chuchos, tribu que desde 1996 enfrentó a AMLO y desde entonces resistió imposiciones al grado que se les escrituró el "segundo lugar".
Los Chuchos es un grupo político en el interior del PRD que desde la fundación de ese partido no fue bien visto por otros sectores -y por reputados aliados mediáticos de AMLO- debido a que se les endilgaba el mote de "negociadores", precisamente por su proclividad al acuerdo y la negociación. En realidad el grupo de Los Chuchos es el sector del perredismo que desde 1994 estableció un acercamiento con el gobierno de Zedillo para hacer posible la reforma electoral y la creación de las instituciones electorales hoy vigentes. Se trata de una izquierda pragmática, negociadora y dialogante, a la que se le acredita, por cierto, el ingreso al PRD de priístas tan cuestionables como José Guadarrama, entre muchos otros que nada tienen que ver con el espíritu fundacional del PRD.
Carlos Navarrete es uno de los jefes de esa tribu del PRD que, paradojas de la política, resultó la más gananciosa después del pasado 2 de julio. Y no sería descabellado suponer, por eso, que en la futura renovación del PRD el de Los Chuchos pase, por fin, del escriturado segundo lugar a la dirigencia del partido. Navarrete Ruiz se inició en la política como líder estudiantil en Guanajuato, en donde fue fundador del PST y diputado local. También fue fundador del PMS, del FDN y del PRD, del que fue diputado federal y vocero. Está muy lejos de "los loquitos" -como él mismo les llamaba a los radicales del PRD- y representa a una izquierda moderada, que gusta del diálogo y la negociación. Muy lejos de lo que plantea AMLO con su resistencia civil.
El Güero, Javier González Garza, es un viejo militante de la izquierda, un científico que ya en 1968 era dirigente estudiantil, fundador del FDN y del PRD, identificado como parte del grupo cardenista, diputado federal, vocero del gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas, secretario de Gobierno de la gestión de Rosario Robles y director del Metro en los primeros años de la gestión de AMLO. Renunció al Metro al no estar de acuerdo con el manejo presupuestal de ese transporte colectivo, al que le recortaron el presupuesto para alimentar el proyecto de los segundos pisos. González Garza no era el preferido del caudillo, y entre sus alforjas porta -además de un fino humor y notable habilidad para la estratagema política- una larga y reconocida trayectoria en la izquierda mexicana. Se le ubica lejano a los grupos radicales que en los últimos meses se apoderaron del PRD, como también se le identifica como un político negociador, dialogante y, sobre todo, preocupado por las instituciones electorales.
Por sus naturales habilidades políticas, tanto Navarrete Ruiz como González Garza se dicen leales a López Obrador y su causa, pero el tiempo, el radical reacomodo de fuerzas y el renovado reparto del poder los colocarán, tarde o temprano, en posiciones contrarias a las del caudillo. ¿Por qué? Porque pertenecen a corrientes que construyeron las instituciones que AMLO pretende destruir. Y si no, al tiempo.
aleman2@prodigy.net.mx
Insurrección o instituciones
Juan Molinar Horcasitas
El Universal
23 de agosto de 2006
Con su soberbia ilimitada, López Obrador ha venido sumando adversarios a su causa, y con su radicalismo ha convertido aliados en enemigos. Tres elementos adicionales, aunque no nuevos, apuntan en esa dirección: el papel que López Obrador asigna a su Convención Nacional Democrática, a lo que dijo en una entrevista concedida al diario británico Financial Times, y a las acusaciones que lanzó en contra de los magistrados del Tribunal Electoral.
Empecemos con las acusaciones vertidas contra los magistrados del Tribunal. A lo largo de su campaña, López Obrador dispensó abundantes vituperios a muchos personajes e instituciones: privilegiados, empresarios, Vicente Fox, panistas, pirrurris, consejeros del IFE, medios de comunicación, el Presidente de la República, el presidente de la Corte y muchos más. El más reciente blanco fue el Tribunal Electoral. López Obrador sabe que sus alegatos no tienen fundamento y anticipa un nuevo revés. "¿Para qué esperar?", ha de haber pensado. Ya los acusó de recibir sobornos para resolver en su contra. Como siempre, dijo que tenía pruebas. Como siempre, no presenta nada. ¿Qué pensarán de este último incidente los perredistas que tomarán sus asientos en el Congreso, cuyas elecciones fueron ya calificadas por ese mismo Tribunal? Nada bueno, supongo.
Pasemos ahora a las declaraciones al diario inglés. Dos dichos destacan. El primero es que "México necesita una revolución". El segundo, que el movimiento de López Obrador es más amplio que el PRD.
Sólo un perredista incauto podría interpretar positivamente la idea de que "el movimiento" es más amplio que su partido. Estoy seguro de que muchos perredistas se sienten incómodos cuando platican sobre esto, lejos de los oídos de López Obrador, por supuesto. ¿Más amplio que el PRD o distinto al PRD? ¿López Obrador está pensando en agrandar al PRD o en sustituirlo, si le resulta necesario? Supongo que más de un perredista se ha preguntado esto.
Por lo que hace a metas y métodos, la entrevista otorgada al Financial Times no es menos preocupante. Cuando los líderes partidarios de la coalición Por el Bien de Todos, y especialmente del PRD, revisan los objetivos del "movimiento", no pueden quedarse a gusto, pues no sólo son objetivos distintos, sino hasta contradictorios con los de un partido que quiere ganar importancia en el sistema político mexicano, en vez de perderla. Y cuando analizan las consecuencias de los métodos propuestos les debe quedar claro que pueden llevarlos a perder todo lo avanzado. Enfrentarse con otros partidos, o hasta con el gobierno, es tarea aceptable para un partido político, si está en la oposición, pero enfrentarse a todas las instituciones políticas de México, sin excepción, no lo es. Eso es un desastre para cualquier institución. Y los partidos son institutos políticos. El perredismo lo ha entendido. Y lo entienden aún mejor los líderes del partido que han ocupado, o que ocupan, posiciones institucionales en el sistema político mexicano: gobernadores, senadores, diputados federales, legisladores estatales, alcaldes. Volver a las ideas de revolución. Patear las instituciones para entrar a las insurrecciones. No son ideas gratas para quienes hacen política en las instituciones. ¿Cuánto tiempo tardarán en decirle ya basta a López Obrador? ¿Cuándo tardarán en decirle "por ahí no"?
Queda el tema de la llamada Convención Nacional Democrática. Poco claro está el asunto, pero con lo que se sabe, tendrían suficiente los perredistas para saber lo que López Orador busca: sustituir al partido por un nuevo órgano que dé base y sustento a sus decisiones, sin pasar por el partido. La llamada Convención Nacional no será otra cosa que un aparato de masas congregado para avalar a mano alzada las decisiones y ocurrencias de López, sin necesidad de consultar a los órganos del partido. Cesarismo puro, dirían los teóricos gramscianos del perredismo. Caudillismo puro, dirían los más locales.
Ese es el destino que aguarda a la izquierda si se deja llevar por un caudillo que ya decidió prescindir de las instituciones de este sistema político. Del sistema político al que pertenece el PRD. Del sistema político que el propio PRD contribuyó a formar. Por ello, en su radical rechazo a su derrota, López Obrador terminará por sumar a su adversario más peligroso: su propio partido.
juanmolinarhorcasitas@hotmail.com
Diputado federal
El Universal
23 de agosto de 2006
Con su soberbia ilimitada, López Obrador ha venido sumando adversarios a su causa, y con su radicalismo ha convertido aliados en enemigos. Tres elementos adicionales, aunque no nuevos, apuntan en esa dirección: el papel que López Obrador asigna a su Convención Nacional Democrática, a lo que dijo en una entrevista concedida al diario británico Financial Times, y a las acusaciones que lanzó en contra de los magistrados del Tribunal Electoral.
Empecemos con las acusaciones vertidas contra los magistrados del Tribunal. A lo largo de su campaña, López Obrador dispensó abundantes vituperios a muchos personajes e instituciones: privilegiados, empresarios, Vicente Fox, panistas, pirrurris, consejeros del IFE, medios de comunicación, el Presidente de la República, el presidente de la Corte y muchos más. El más reciente blanco fue el Tribunal Electoral. López Obrador sabe que sus alegatos no tienen fundamento y anticipa un nuevo revés. "¿Para qué esperar?", ha de haber pensado. Ya los acusó de recibir sobornos para resolver en su contra. Como siempre, dijo que tenía pruebas. Como siempre, no presenta nada. ¿Qué pensarán de este último incidente los perredistas que tomarán sus asientos en el Congreso, cuyas elecciones fueron ya calificadas por ese mismo Tribunal? Nada bueno, supongo.
Pasemos ahora a las declaraciones al diario inglés. Dos dichos destacan. El primero es que "México necesita una revolución". El segundo, que el movimiento de López Obrador es más amplio que el PRD.
Sólo un perredista incauto podría interpretar positivamente la idea de que "el movimiento" es más amplio que su partido. Estoy seguro de que muchos perredistas se sienten incómodos cuando platican sobre esto, lejos de los oídos de López Obrador, por supuesto. ¿Más amplio que el PRD o distinto al PRD? ¿López Obrador está pensando en agrandar al PRD o en sustituirlo, si le resulta necesario? Supongo que más de un perredista se ha preguntado esto.
Por lo que hace a metas y métodos, la entrevista otorgada al Financial Times no es menos preocupante. Cuando los líderes partidarios de la coalición Por el Bien de Todos, y especialmente del PRD, revisan los objetivos del "movimiento", no pueden quedarse a gusto, pues no sólo son objetivos distintos, sino hasta contradictorios con los de un partido que quiere ganar importancia en el sistema político mexicano, en vez de perderla. Y cuando analizan las consecuencias de los métodos propuestos les debe quedar claro que pueden llevarlos a perder todo lo avanzado. Enfrentarse con otros partidos, o hasta con el gobierno, es tarea aceptable para un partido político, si está en la oposición, pero enfrentarse a todas las instituciones políticas de México, sin excepción, no lo es. Eso es un desastre para cualquier institución. Y los partidos son institutos políticos. El perredismo lo ha entendido. Y lo entienden aún mejor los líderes del partido que han ocupado, o que ocupan, posiciones institucionales en el sistema político mexicano: gobernadores, senadores, diputados federales, legisladores estatales, alcaldes. Volver a las ideas de revolución. Patear las instituciones para entrar a las insurrecciones. No son ideas gratas para quienes hacen política en las instituciones. ¿Cuánto tiempo tardarán en decirle ya basta a López Obrador? ¿Cuándo tardarán en decirle "por ahí no"?
Queda el tema de la llamada Convención Nacional Democrática. Poco claro está el asunto, pero con lo que se sabe, tendrían suficiente los perredistas para saber lo que López Orador busca: sustituir al partido por un nuevo órgano que dé base y sustento a sus decisiones, sin pasar por el partido. La llamada Convención Nacional no será otra cosa que un aparato de masas congregado para avalar a mano alzada las decisiones y ocurrencias de López, sin necesidad de consultar a los órganos del partido. Cesarismo puro, dirían los teóricos gramscianos del perredismo. Caudillismo puro, dirían los más locales.
Ese es el destino que aguarda a la izquierda si se deja llevar por un caudillo que ya decidió prescindir de las instituciones de este sistema político. Del sistema político al que pertenece el PRD. Del sistema político que el propio PRD contribuyó a formar. Por ello, en su radical rechazo a su derrota, López Obrador terminará por sumar a su adversario más peligroso: su propio partido.
juanmolinarhorcasitas@hotmail.com
Diputado federal
22 de agosto de 2006
Cadena por la Concordia
Cadena por la Concordia
El 10 de Septiembre realizaremos una manifestación pública por la paz, la concordia y la unidad, de la glorieta de Insurgentes hacia el Sur, sobre la banqueta. La cadena se cortará en los cruces de cada calle, con el fin de no obstruir las vialidades.
La cita es a las 10:00 a.m. para que a las 11:00 a.m. esté completamente formada la Cadena.
A las 12:00 hrs. entonaremos el Himno Nacional y daremos por concluida la manifestación.
Lleva pancartas con mensajes de paz, concordia y unidad.
Necesitamos tu presencia y participación pacífica.
Invita a tus amigos, familiares y vecinos
¡Tú eres el eslabón que falta en esta cadena!
Atentamente

Sociedad en movimiento
informacion@sociedadenmovimiento.org.mx
Tiempo
Federico Reyes Heroles
Reforma
22 de Agosto del 2006
El enfado, la irritación de muchos mexicanos por las afrentas a las instituciones del lópezobradorismo deben ser leídas en la difícil construcción de nuestra democracia. Debemos dimensionar los tiempos. Pensamos que la alternancia en el Ejecutivo federal era la prueba mayor y ahora nos damos cuenta de la debilidad de nuestra cultura democrática. Un tercio de los mexicanos está convencido -a pesar de las nulas pruebas- de que el 2 de julio se operó un gran operativo de fraude. ¿Qué hacer? Sólo en un tiempo largo se lograrán disminuir, que no erradicar, las dudas. Se necesita más y mejor información, mejor argumentación y mucha paciencia.
Con su estrategia de resistencia civil López Obrador arrincona varias fechas claves de la vida cívica del país. ¿Se moverán las huestes de AMLO? Nada hace suponerlo así. De hecho han ampliado su estrategia de confrontación: San Lázaro, la Catedral, el Auditorio. Están es su Marcha de la Locura, para recordar a Tuchman. Todo pareciera indicar que buscan un incidente. Dos son las posturas para encarar la situación. Por un lado quienes sostienen que la fuerza pública debería de proceder para permitir los rituales. La otra postura que busca evitar la confrontación. Por ella me inclino. En alguien debe caber la prudencia.
En todos los rituales hay cierto grado de maniobra. Vayamos a la primera fecha, el 29 de agosto: la instalación del Congreso. La ceremonia tiene que llevarse a cabo pues el acto solemne es parte del rito de la continuidad de la vida institucional. Sin embargo, los legisladores podrían cambiar de sede. ¿Supone ello una cesión? Sí: quitar el símbolo de San Lázaro de en medio. También es cierto que muy probablemente en la sede alterna se presentarían los mismos problemas. ¿Qué se ganaría entonces? Algo muy simple, se exhibiría la intolerancia del "lópezobradorismo". Nada más, nada menos. Y cabe también la remota posibilidad de que la ceremonia transcurra sin sobresaltos.
¿Qué hacer con el Informe presidencial? El ritual está en apuros desde hace 18 años sin que los legisladores hayan podido ponerse de acuerdo en un nuevo formato. De la Madrid, Salinas, Zedillo y Fox, pero sobre todo los ciudadanos, han tenido que padecer ceremonias interrumpidas por la gritería sin que los argumentos se escuchen. El presidente en turno del Congreso repite como perico un mandato de no interrupción que nadie acata. Primero lo padecieron los priistas, ahora los panistas. Fox ha estado de los dos lados. Es un mal negocio para todos. El artículo 69 es ambiguo: el Presidente debe presentar un informe por escrito, pero nada dice de la lectura. Quizá haya llegado el momento de dispensar la lectura del mensaje político para no exponer al Presidente, al Congreso y a la nación a horas de diatriba.
El festejo el 13 de septiembre en el Castillo con Reforma tomada pareciera imposible. La fuerza pública tendría que entrar a Reforma. ¿Puede cancelarse la ceremonia? La respuesta es sí. Es una afrenta a las instituciones, en particular al Colegio Militar, también. Hay un costo, simbólico de nuevo. El 15 de septiembre el Presidente podría optar por dar "El Grito" en Dolores para evitar la confrontación. El acto podría ser interpretado como un acto de debilidad, sí. Pero también de prudencia. Lo mismo sucedería si se busca una ruta alternativa para el desfile del día 16. Sin duda las Fuerzas Armadas lo sentirían como un desdoro, pero qué va primero. Todo sea para seguir la consigna de Quevedo y poder escapar de la trampa que los tiempos nos han tendido.
Mientras todo esto ocurre, el Tribunal -fuertemente ofendido por AMLO- llegará al final. Si AMLO gana -opción muy poco probable- se acaba el problema. Si Calderón es confirmado como ganador y AMLO, como ya anunció, lo declara "espurio", quedará claro que se agotaron todas las instancias legales y se desnudará en definitiva el carácter contra-institucional del movimiento. En todo caso ganando tiempo saldremos de este impasse en el cual ni el IFE ni el Tribunal y tampoco el Legislativo saliente ni el entrante y menos el Ejecutivo están en buena posición para defender a las instituciones. En un mes la situación será muy diferente. Habrá 628 legisladores federales en ejercicio. Habrá Presidente electo. Ya no estaremos en litigio nacional. El terrible paréntesis habrá terminado. El ejercicio de las facultades obligará a asumir el papel institucional y no tendremos tantos rituales por enfrente. La radicalización ha mellado al movimiento. Los argumentos del Tribunal bien vendidos deben convencer. Las incontables cortinas de humo lanzadas por AMLO se van disolviendo. Las vapuleadas instituciones se recuperarán. Terminado el litigio, habrá más claridad. Para diciembre tendremos la renovación del Ejecutivo con los apoyos fácticos que ello genera y lo mejor que nos puede ocurrir es no llevar en la memoria otra fecha trágica o mítica.
El enorme déficit de legalidad de México se ha agravado en los últimos años. No es el mejor momento para ajustar cuentas con una cultura de subversión de las instituciones que todos los actores han fomentado. Éstas son las consecuencias. La batalla frente a la opinión pública no se ha ganado. Necesitamos tiempo para disminuir la polarización y restablecer a la mellada autoridad. En unos años las que hoy nos parecen concesiones dramáticas las veremos como anécdotas. Sólo ganando tiempo saldremos de esta encrucijada.
Reforma
22 de Agosto del 2006
"El tiempo y yo somos dos".
Quevedo
El enfado, la irritación de muchos mexicanos por las afrentas a las instituciones del lópezobradorismo deben ser leídas en la difícil construcción de nuestra democracia. Debemos dimensionar los tiempos. Pensamos que la alternancia en el Ejecutivo federal era la prueba mayor y ahora nos damos cuenta de la debilidad de nuestra cultura democrática. Un tercio de los mexicanos está convencido -a pesar de las nulas pruebas- de que el 2 de julio se operó un gran operativo de fraude. ¿Qué hacer? Sólo en un tiempo largo se lograrán disminuir, que no erradicar, las dudas. Se necesita más y mejor información, mejor argumentación y mucha paciencia.
Con su estrategia de resistencia civil López Obrador arrincona varias fechas claves de la vida cívica del país. ¿Se moverán las huestes de AMLO? Nada hace suponerlo así. De hecho han ampliado su estrategia de confrontación: San Lázaro, la Catedral, el Auditorio. Están es su Marcha de la Locura, para recordar a Tuchman. Todo pareciera indicar que buscan un incidente. Dos son las posturas para encarar la situación. Por un lado quienes sostienen que la fuerza pública debería de proceder para permitir los rituales. La otra postura que busca evitar la confrontación. Por ella me inclino. En alguien debe caber la prudencia.
En todos los rituales hay cierto grado de maniobra. Vayamos a la primera fecha, el 29 de agosto: la instalación del Congreso. La ceremonia tiene que llevarse a cabo pues el acto solemne es parte del rito de la continuidad de la vida institucional. Sin embargo, los legisladores podrían cambiar de sede. ¿Supone ello una cesión? Sí: quitar el símbolo de San Lázaro de en medio. También es cierto que muy probablemente en la sede alterna se presentarían los mismos problemas. ¿Qué se ganaría entonces? Algo muy simple, se exhibiría la intolerancia del "lópezobradorismo". Nada más, nada menos. Y cabe también la remota posibilidad de que la ceremonia transcurra sin sobresaltos.
¿Qué hacer con el Informe presidencial? El ritual está en apuros desde hace 18 años sin que los legisladores hayan podido ponerse de acuerdo en un nuevo formato. De la Madrid, Salinas, Zedillo y Fox, pero sobre todo los ciudadanos, han tenido que padecer ceremonias interrumpidas por la gritería sin que los argumentos se escuchen. El presidente en turno del Congreso repite como perico un mandato de no interrupción que nadie acata. Primero lo padecieron los priistas, ahora los panistas. Fox ha estado de los dos lados. Es un mal negocio para todos. El artículo 69 es ambiguo: el Presidente debe presentar un informe por escrito, pero nada dice de la lectura. Quizá haya llegado el momento de dispensar la lectura del mensaje político para no exponer al Presidente, al Congreso y a la nación a horas de diatriba.
El festejo el 13 de septiembre en el Castillo con Reforma tomada pareciera imposible. La fuerza pública tendría que entrar a Reforma. ¿Puede cancelarse la ceremonia? La respuesta es sí. Es una afrenta a las instituciones, en particular al Colegio Militar, también. Hay un costo, simbólico de nuevo. El 15 de septiembre el Presidente podría optar por dar "El Grito" en Dolores para evitar la confrontación. El acto podría ser interpretado como un acto de debilidad, sí. Pero también de prudencia. Lo mismo sucedería si se busca una ruta alternativa para el desfile del día 16. Sin duda las Fuerzas Armadas lo sentirían como un desdoro, pero qué va primero. Todo sea para seguir la consigna de Quevedo y poder escapar de la trampa que los tiempos nos han tendido.
Mientras todo esto ocurre, el Tribunal -fuertemente ofendido por AMLO- llegará al final. Si AMLO gana -opción muy poco probable- se acaba el problema. Si Calderón es confirmado como ganador y AMLO, como ya anunció, lo declara "espurio", quedará claro que se agotaron todas las instancias legales y se desnudará en definitiva el carácter contra-institucional del movimiento. En todo caso ganando tiempo saldremos de este impasse en el cual ni el IFE ni el Tribunal y tampoco el Legislativo saliente ni el entrante y menos el Ejecutivo están en buena posición para defender a las instituciones. En un mes la situación será muy diferente. Habrá 628 legisladores federales en ejercicio. Habrá Presidente electo. Ya no estaremos en litigio nacional. El terrible paréntesis habrá terminado. El ejercicio de las facultades obligará a asumir el papel institucional y no tendremos tantos rituales por enfrente. La radicalización ha mellado al movimiento. Los argumentos del Tribunal bien vendidos deben convencer. Las incontables cortinas de humo lanzadas por AMLO se van disolviendo. Las vapuleadas instituciones se recuperarán. Terminado el litigio, habrá más claridad. Para diciembre tendremos la renovación del Ejecutivo con los apoyos fácticos que ello genera y lo mejor que nos puede ocurrir es no llevar en la memoria otra fecha trágica o mítica.
El enorme déficit de legalidad de México se ha agravado en los últimos años. No es el mejor momento para ajustar cuentas con una cultura de subversión de las instituciones que todos los actores han fomentado. Éstas son las consecuencias. La batalla frente a la opinión pública no se ha ganado. Necesitamos tiempo para disminuir la polarización y restablecer a la mellada autoridad. En unos años las que hoy nos parecen concesiones dramáticas las veremos como anécdotas. Sólo ganando tiempo saldremos de esta encrucijada.
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