10 de julio de 2006

El poder de la conciliación

Isabel Turrent
Reforma
9 de Julio del 2006

Hay muchísimos casos de sociedades que optaron en algún momento de su historia por el suicidio político para ejemplificar los riesgos que corre hoy la democracia en México. Pero tal vez el caso más preciso y ominoso sea el de Chile en el período inmediatamente anterior a la elección de Allende el 4 de septiembre de 1970, durante su gobierno y alrededor del cruento final de la Unidad Popular en 1973. Chile vivió un proceso de polarización semejante al mexicano durante esta última campaña electoral. Las identidades políticas acabaron borrando cualquier otra etiqueta. Los chilenos acabaron por ser, antes que nada, socialistas, comunistas, demócrata-cristianos o derechistas. Las identidades comunes desaparecieron o fueron secuestradas por los grupos políticos: los “verdaderos” chilenos pertenecían a uno o a otro partido y las divisiones sociales y las desigualdades económicas reforzaron las identidades políticas excluyentes. El debate público alrededor de ideas y propuestas entre quienes apoyaban a las diversas corrientes, desapareció en medio de insultos y descalificaciones. En sociedades fracturadas por divisiones políticas, étnicas o religiosas, las batallas por el poder son cerradas e intensas. La elección de Allende se dio en un clima semejante a los últimos meses de la campaña que culminó en México el 2 de julio.

Salvador Allende llegó al poder con una mayoría relativa apenas superior a la votación que recibió Felipe Calderón hace unos días: 36.30 por ciento. El gobierno socialista de Chile era legítimo, pero cometió un primer error que Calderón ha evitado, pero que López Obrador ha repetido desde la derrota. Más allá de las presiones externas y las desventajosas condiciones económicas del país, a Salvador Allende se le olvidó contar. Alessandri, el candidato de la derecha, había obtenido 34.98 por ciento de los votos y Tomic, el demócrata-cristiano, 27.84 por ciento. Así como López Obrador habla en nombre del “pueblo” a pesar de que casi 62 por ciento de los electores votó en contra de él, Allende procedió a aplicar un programa que rechazaba el 62.82 por ciento de los chilenos. Sus opositores se enfrascaron en un proceso aún más peligroso y negativo: brincaron inmediatamente las barreras de la legalidad y vulneraron las instituciones chilenas. Cometieron los dos pecados que no se puede permitir nadie que actúe en política: la falta de objetividad y la irresponsabilidad.

A espaldas de la realidad y del sentido común, creyeron que las instituciones democráticas chilenas podrían usarse para destruir al ejecutivo que las encabezaba. Esas instituciones acabaron funcionando como células cancerosas y derruyeron el sistema democrático que los opositores de Allende decían defender. AMLO, sus estrategas y seguidores, han olvidado que la paz y la estabilidad son bienes escasos; que la democracia es un sistema inherentemente frágil y que el poder de un Estado democrático reside en la confianza. Poner en duda la transparencia y solidez de las instituciones -y peor aún, en una cultura política como la mexicana tan dada a los rumores y a la sospecha- es la receta perfecta para destruir un sistema democrático.

La conducta de los medios de comunicación chilenos arroja también lecciones que deberíamos aprender. Periódicos como El Mercurio actuaron como lo hace Proceso esta semana: atizaron la hoguera repitiendo mentiras, vulnerando la institucionalidad e invitando a los ciudadanos a romper la ley. Muchos intelectuales jugaron también un papel deplorable. La intelligentsia ligada a Allende, intelectuales de izquierda que, como muchos en México, discutían sobre política, sintiéndose proletarios, en restaurantes de lujo alrededor de asados acompañados por buenos vinos chilenos. “Históricamente tan encapsulados y majaderamente autorreferentes”, como los recordaría un cronista chileno de ese período años después, se sintieron parteros de la historia y presionaron a Allende para que acelerara un proceso que estaba condenado al fracaso. Los polarizados de ambos bandos siguieron involuntariamente la máxima del filósofo francés Bertrand de Jouvenel: “una sociedad de borregos terminará teniendo un gobierno de lobos”.

El resultado fue un baño de sangre y una dictadura militar que se prolongó hasta 1989, cuando una coalición de partidos de centro izquierda (cuyo lema, “la alegría ya viene”, se plagió, por cierto, Andrés Manuel López Obrador al final de su campaña) mandó a Pinochet a su casa y empezó a reconstruir el sistema democrático que se había derrumbado en 1973.

En México, las posibilidades de un golpe militar son casi inexistentes, pero nos acechan dos escenarios terribles si la estabilidad y el respeto a la institucionalidad democrática no se restablecen: el del desorden y la anarquía, y el de la violencia fratricida. Los chilenos rescataron sus identidades complementarias -la nacionalidad y la búsqueda concertada del desarrollo en libertad- y encontraron terrenos comunes para el acuerdo después de decenas de miles de muertos y un largo exilio. La negociación de un nuevo pacto social fue muy costosa. México está muy a tiempo de llegar a un acuerdo sin esos costos. Un compromiso que defina el país que queremos y una nueva agenda política que le dé prioridad a la lucha con la pobreza. Los mexicanos debemos hacer a un lado las identidades políticas que nos han polarizado y emprender un proceso de reconciliación con base en nuestras identidades comunes.

iturrent@yahoo.com

México girará hacia el centro

Andrés Oppenheimer
Reforma
10 de Julio del 2006

CIUDAD DE MÉXICO.- He aquí cinco conclusiones preliminares tras las elecciones del 2 de Julio, que según el conteo oficial fueron ganadas por el candidato de centro-derecha Felipe Calderón, pero que son impugnadas por el candidato de izquierda Andrés Manuel López Obrador.

Primero, el sistema tripartidista de México necesita con urgencia una segunda vuelta electoral. De otra manera, seguirá habiendo empates técnicos que resultan en presidentes débiles. Si Calderón supera la impugnación legal a su victoria será el presidente más débil de la historia reciente de México.

Mientras que el ex presidente Ernesto Zedillo ganó las elecciones de 1994 con el 50 por ciento del voto, y el Presidente Vicente Fox ganó la elección del 2000 con 43 por ciento del voto, Calderón fue proclamado ganador con menos del 36 por ciento del voto.

El partido de Calderón tendrá una minoría del 42 por ciento en el Congreso, y necesitará el apoyo del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que salió tercero, para que se aprueben las reformas energéticas, laborales y fiscales que México necesita para volverse más competitivo.

Fox está proponiendo que en futuras elecciones haya una segunda vuelta. Otros, como Robert Pastor, de American University, proponen una segunda vuelta instantánea, como en Irlanda, en que los votantes elijan el mismo día su primera y segunda preferencia para presidente.

Segundo, la izquierda mexicana tiene que modernizarse. Según las encuestas de salida de urnas de los periódicos Reforma y El Universal, la mayoría de los jóvenes mexicanos votaron por Calderón, mientras que mayoría de los votantes más viejos apoyaron a López Obrador.

Entre los votantes de 18 a 29 años, Calderón obtuvo el 38 por ciento de los votos, mientras que el candidato de izquierda obtuvo sólo el 34 por ciento.

Por el contrario, entre los votantes de más de 50 años de edad, López Obrador obtuvo el 37 por ciento del voto, mientras que Calderón obtuvo sólo el 34 por ciento del voto.

Según los encuestadores, el pragmático lema de campaña de Calderón “Más inversiones, más empleo”, atrajo más a los jóvenes que el mensaje más ideológico de López Obrador, que exigía una mayor justicia social, y tomaba distancia del proceso de globalización mundial.

Tercero, las campañas del miedo funcionan. La aseveración de la campaña de Calderón de que López Obrador era un populista peligroso que provocaría una fuga de capitales, el deterioro económico y la inflación logró asustar a muchos votantes.

En un país en que la economía está creciendo a un 4 por ciento este año, y en que la pobreza ha sido reducida de casi el 54 por ciento al 47 por ciento en los últimos cinco años, muchos electores prefirieron no tomar ningún riesgo.

“La gente no votó necesariamente por Calderón, sino contra López Obrador”, me dijo Francisco Abundis, de la firma Parametria.

“Votaron así por una combinación de miedo y de rechazo”.

Cuarto, López Obrador se está jugando el todo por el todo. Si el Tribunal Electoral corrobora el resultado del conteo oficial, su futuro político está en duda, porque será visto como un mal perdedor.

Lo más probable es que el regente electo de la Ciudad de México, Marcelo Ebrard, que arrasó en la capital mexicana, buscaría la candidatura de la izquierda en las elecciones del 2012.

Por ahora, muchos le están dando el beneficio de la duda a López Obrador, citando el hecho de que Al Gore también pidió un recuento de votos en las elecciones de Estados Unidos del 2000. Pero Gore no sacó a la gente a la calle.

Si el movimiento de protestas de López Obrador se vuelve más violento y los tribunales convalidan la victoria de Calderón, López Obrador no será un candidato viable en futuras elecciones.

Quinto, la idea generalizada de que la izquierda está ganando terreno en América Latina debe ser revisada.

En las últimas elecciones en Canadá, México, Perú, Colombia y Costa Rica los candidatos más izquierdistas perdieron, los más proclives al libre comercio y la globalización ganaron, y en los países más grandes ganó la propuesta más derechista.

Mi conclusión: En el futuro próximo, la política mexicana se correrá hacia el centro. Por un lado, si los tribunales convalidan la victoria de Calderón, su partido tendrá que moverse hacia el centro y hacer concesiones al PRI para poder gobernar.

Por el otro lado, el partido de López Obrador también tendrá que correrse hacia el centro, para tratar de ganarse a los jóvenes, y no ser percibido como el partido que se quedó fuera de juego en un mundo globalizado.

Ambas cosas son buenas noticias. Aunque suene extraño, considerando los titulares alarmantes de América Latina, México y varios otros países de la región se están alejando de posiciones extremas, y convergiendo en el centro. Si no hay sorpresas, eso podría resultar en un periodo de mayor estabilidad -y más prosperidad- a largo plazo.

Agitación injustificada

Catón
Reforma
10 de Julio del 2006

El lobby bar del hotel estaba lleno de guapas chicas. En la barra bebía un hombre joven y galán. Le dice al barman: “Ya no me sirvas nada, amigo. Una sola copa más y voy a sentirme un Romeo”. El adamado señor que estaba al lado se dirige al guapo joven: “Le invito otra copita. Yo ya me estoy sintiendo una Julieta”… El individuo le dice a la mujer: “No veo cómo puedo formalizar nuestra relación, Clorilia. Ya sé que tu mamá me quiere, que tu papá me acepta bien, que tus hermanos me ven como cuñado… El problema es tu marido”… El veterinario le indica a la linda muchacha de exuberantes formas: “Tendré que examinar al gatito, señorita Susiflor. Por favor desvístase”… El paciente abraza con emoción a su siquiatra: “¡Gracias, doctor! ¡Me curó usted aquella invencible timidez que sufría!”. “Lo celebro -responde el analista-. Mi secretaria le enviará la cuenta”. Contesta engallado el hombrecito: “¡No se la voy a pagar, caón, y hágale como quiera!”… La esposa de Empédocles Etílez fue a buscarlo en la cantina. Le dice con disgusto: “¡Qué antro repugnante! ¡Qué olores fétidos, qué oscuridad, qué hombres patibularios!”. “¿Lo ves, viejita? -responde con mansedumbre Empédocles-. ¡Y tú que crees que vengo aquí a pasarla bien!”… La buena noticia es que López Obrador pide a sus seguidores que sus demostraciones sean pacíficas. La mala es que su discurso no lo es. Habla de fraude electoral, aunque la prueba mayor que hasta ahora ha esgrimido para fundar su afirmación es que los panistas no mostraron demasiado júbilo cuando supieron que su candidato había ganado. Eso, claro, demuestra remordimiento de conciencia por el fraude en que incurrieron. Si hubiesen echado marometas en el aire entonces sí la victoria de Calderón habría sido indiscutible. Alguien dirá que al denunciar un fraude que no ha comprobado -y que todas las evidencias niegan- AMLO atenta contra el futuro de la democracia en México y desprestigia al país en el extranjero. Eso sucedería si no se supiera que los perdedores en una elección siempre suelen alegar fraude para justificar su vencimiento. López Obrador está en todo su derecho de llevar su caso ante la autoridad. Lo que no es correcto es que ejerza presión sobre ella para sacar adelante su propósito. Ya convocó a una marcha nacional, a nuevas movilizaciones en el Distrito Federal -que, desde luego, no afectarán a terceros- y anuncia una segunda “asamblea informativa”. ¿Acaso quiere hallar en las calles lo que no encontró en las urnas? Si en verdad su movimiento es pacífico deje que la tranquilidad y la paz vuelvan al DF y al país, utilice los recursos que la ley le ofrece, y espere a que el Trife rinda su dictamen. Lo demás es agitación que nada justifica y que a ninguna parte lo conducirá… “¡Abran la caja, por favor! ¡Abran la caja!” -gritaba con desesperación la esposa del difunto en el momento en que el féretro descendía a la fosa. “Cálmese, madre, se lo ruego -le pide con emoción uno de los hijos-. Ya todos nos despedimos de él. Deje usted que papá descanse en paz”. “¡No! -clama la señora-. ¡Abran la caja! ¡Acabo de recordar que en la bolsa del saco trae las llaves del coche, y no tenemos duplicado!”… Aquel señor viajaba por ferrocarril. Le dice al conductor: “Quiero bajarme en Poopville”. Al pasar por ahí el conductor agarra al hombre y lo arroja violentamente al exterior. El infeliz cae todo maltrecho en el andén, y alcanza a oír que el hombre le gritaba: “¡Lo aventé, señor, porque en esta estación no se detiene el tren!”. A duras penas se levanta el infeliz, se sacude las ropas y toma su maleta. En eso llega el jefe de estación, lo agarra con rudeza y lo arroja por la ventana al interior del último vagón. El lacerado pasajero alcanzó a oír que le gritaba el hombre: “¡Lo aventé, señor, porque en esta estación no se detiene el tren!”… FIN.

9 de julio de 2006

Predicción cumplida

Jaime Sánchez Susarrey
Reforma
8 de Julio del 2006

Julio de 1988. Jorge de la Vega Domínguez, presidente del PRI, se había comprometido a ganar con 20 millones de votos. Los diputados del Frente Democrático Nacional, después de la caída del sistema el 6 de julio, ya en San Lázaro, gritaban a voz en cuello: ¡20 millones de votos! ¡Ja, ja, ja! Manuel Bartlett, secretario de Gobernación, y Manuel Camacho, operador de Salinas de Gortari, los oían imperturbables.

Dieciocho años después la escena es grotesca: Manuel Camacho y, en menor medida, Manuel Bartlett, claman contra un supuesto fraude electoral. El mundo al revés. Por eso los diputados de Acción Nacional que todavía no están en San Lázaro, bien podrían corear el día que se instale la Cámara: ¡10 puntos arriba! ¡Ja, ja, ja! ¡500 mil votos! ¡Ja, ja, ja!

Esta imagen vale más que mil palabras. Comparar el sistema electoral que hoy tenemos con lo que ocurría hace 20 años no tiene ningún sentido. Los avances institucionales son tangibles y están a la vista: el Instituto Federal Electoral, el padrón electoral, la credencial de elector y lo más importante: son los ciudadanos quienes montaron las casillas, registraron a los votantes y, posteriormente, contaron los votos.

No sólo eso. Desde el domingo por la noche, todos y cada uno de los partidos tienen una copia de las actas que se levantaron en las casillas. Por eso el PAN y el PRI coincidieron en señalar que sus números no discrepaban de las cifras del PREP. En cambio, López Obrador y el PRD se han quejado de diversas irregularidades, pero no hacen referencia a las actas de la elección. A final de cuentas, ellos saben perfectamente que los números les son adversos. De ahí que AMLO se haya quedado callado frente al reto de cotejar las actas que le ha lanzado Felipe Calderón.

Y no, no había que ser pitonisa ni tener una bola de cristal. El personaje es muy predecible, terriblemente lento, tedioso y, repito, predecible. Por eso, la novena predicción que hice la semana pasada en este mismo espacio se ha cumplido cabal y puntualmente:

“Si AMLO pierde el 2 de julio por unos cuantos puntos no reconocerá el resultado. Denunciará un fraude electoral fraguado por el Gobierno de la República, los empresarios y otras fuerzas oscuras y malignas. Las manifestaciones y las presiones sobre el Tribunal Federal Electoral serán enormes. Su intención será revertir o el resultado o, en el peor de los casos, anular la elección. No le importarán los costos ni los riesgos. Su ambición y su obsesión están por encima de la patria”.

Pero y cómo podría haber sido de otra manera. López Obrador se negó sistemáticamente, a lo largo de toda la campaña, a reconocer una sola de las encuestas que le era desfavorable, ya fuere porque lo empataba con Calderón o porque lo situaba en el segundo sitio. Su respuesta fue siempre idéntica: esas encuestas están cuchareadas, “truqueadas”; la única verdadera y confiable es la que yo tengo guardada y me sitúa con una ventaja de 10 puntos.

Hay que decirlo claramente y entenderlo muy bien: no era una estrategia de desinformación o de comunicación. El Peje creía lo que decía a pie juntillas. Su convicción era tan fuerte que contagió a sus colaboradores más cercanos. Ellos también estaban convencidos de que su victoria era inminente. Calderón quedaría en la lona, noqueado por una diferencia de 6 a 8 puntos o incluso hasta de 10. Los más racionales armaron argumentos “sofisticados”: las encuestas no reflejaban la realidad porque los electores tenían miedo -efecto de la campaña negativa- y no confesaban su verdadera intención de voto. Lástima por Andrés Manuel y sus amigos incondicionales: la realidad era otra.

Pero el punto importante no está en el ilusionismo que creó el candidato de la Alianza por el Bien de Todos, sino en su incapacidad personal, psicológica, de entrar en contacto con la realidad y reconocer el mundo tal cual es, cada vez que le resulta adverso. Los resortes mentales de este personaje están a la vista: por una parte, tiene un componente mesiánico, iluminado, que le impide asumirse como un individuo común y corriente.

Porque alguien que tiene una misión superior y encarna fuerzas telúricas, divinas o cósmicas no puede sufrir una derrota ni una humillación como la del 2 de julio pasado. En su imaginación, AMLO siempre se ha concebido como un redentor exitoso, restaurando la República, persiguiendo herejes y anunciando la buena nueva (sonríe, la alegría está por llegar) que librará al pueblo del hambre y la miseria. Y lo fundamental: el destino de un Salvador puede ser glorioso o trágico, pero no ordinario. Los hombres superiores (Castro, Stalin, Hitler o Chávez) no se miden con la misma vara que el común de los mortales.

El otro rasgo fundamental de su personalidad es la paranoia. AMLO tiene un profundo complejo de culpa que se expresa en la desconfianza y en la certidumbre de que hay una conspiración en su contra. La idea del complot lo ha perseguido a la largo de toda su vida. Todo lo malo que le ocurre es parte de esa conjura. Él no es responsable de ningún error o pecado. Él nunca se equivoca, ni miente, ni traiciona. Detrás de cada fracaso o derrota no hay más que la conspiración de sus enemigos perversos. Ellos y sólo ellos son responsables. Han buscado destruirlo de mil maneras, pero él es indestructible.

No hay la más mínima posibilidad de que AMLO asuma su derrota y haga un examen de conciencia. Hacerlo vulneraría la estructura de su personalidad y podría llevarlo a un colapso mental y psicológico. Su respuesta será, en consecuencia, convertir esta lucha “justa” en la madre de todas las batallas. O para decirlo de otro modo, quien piense que está tratando con un político racional y pragmático que busca terrenos para la negociación y el acuerdo, está perfectamente equivocado.

Hay un elemento adicional, ése sí, de orden racional: Andrés Manuel sabe y entiende que ésta es su única oportunidad de alcanzar la Presidencia de la República. La victoria abrumadora de Marcelo Ebrard lo ha puesto contra las cuerdas. El nuevo jefe de Gobierno de la Ciudad de México es ya candidato a la Presidencia de la República para el 2012. Y en esa calidad, él va a ser, tal como hizo AMLO con Cárdenas en el 2000, el principal interesado en que el Peje pierda fuerza y poder. Vueltas que da la vida. Como te ves me vi; como me ves te verás.

Ésa es la confrontación que se avecina. No habrá tregua ni cuartel. AMLO va con todo y contra todos. Nada importa: ni la legalidad, ni las instituciones, ni la paz de la República. ¡Que arda México, le peje a quien le peje!

Paparruchas

Catón
Reforma - De Política y Cosas Peores
8 de Julio del 2006

Linda palabra es “paparrucha”. Lástima que la usemos tan poco, habiendo tantas. Una paparrucha es una tontería insustancial, desatinada. Dirá paparruchas, por ejemplo, quien todavía ponga en duda los resultados de la elección presidencial. No hay una sola evidencia que permita sustentar, ni aun en forma endeble, ese cuestionamiento. Observadores nacionales y extranjeros están acordes en señalar que ésta fue la jornada electoral más clara y transparente en la historia mexicana. Pretender enturbiarla no sólo es denigrar el trabajo de cientos de miles de mexicanos que participaron en el proceso, es también debilitar la todavía frágil estructura democrática de nuestra vida pública, cuya firmeza todos deberíamos buscar. También es paparrucha la exigencia de que se haga un nuevo conteo, voto por voto, de los sufragios emitidos. Son muchas las dificultades de todo orden que traería consigo volver a hacer un cómputo que ya se hizo varias veces, y que a final de cuentas seguramente rendiría el mismo resultado. Pero además ese procedimiento no es contemplado por la ley. Podrá abrirse tal o cual paquete electoral que muestre signos externos de manipulación, o cuyos números no coincidan con los de las actas emitidas, pero cada partido tiene las que se recabaron, debidamente firmadas por sus representantes y por los ciudadanos que estuvieron en cada casilla. Pedir que se abran todos los paquetes y se cuenten otra vez los votos, uno por uno, es petición desorbitada y sin base en la legalidad. Dicho de otra manera, es paparrucha. Las exigencias de López Obrador más parecen ya pataleta (no quiero decir patadas de ahogado, que suena demasiado duro), rabieta de quien creyó seguro el triunfo y lo perdió, que razonada protesta de quien tiene fundados elementos para pedir con justicia algo. Presente AMLO sus impugnaciones, haga valer los recursos legítimos que le correspondan, pero no pretenda imponer su voluntad sobre todos los mexicanos ni sobre las instituciones del País. Bien sabe él, bien saben sus incondicionales defensores, que perdió la elección. Dejen ya que el País vuelva a la paz y recobre su tranquilidad. La concordia y la unidad deben prevalecer por encima de los radicalismos y las ambiciones personales… Viene ahora un cuento que no entendí cuando me lo contaron. Analistas externos, sin embargo, me aseguran que es de color púrpura subido. Sugiero a las personas pudibundas que suspendan en este punto la lectura, lo cual podrán hacer sin cargo de conciencia, pues ya leyeron la orientación a la República… Este relato tiene lugar en un tren suburbano de Estados Unidos. En un vagón viajaban dos pasajeros nada más, hombre y mujer. El hombre era un redneck, inculto y majadero; la mujer, joven, era de tacón dorado, pero lo disfrazaba muy bien. El individuo iba borracho, y bebía cerveza tras cerveza en latas que arrojaba luego por la ventanilla. Empezó el rudo tipo a molestar a la muchacha. Se dirigía a ella con palabras groseras; le hacía sugerencias obscenas; la hostigaba en varios modos. Finalmente el sujeto sacó una caja de comida -era pescado- y empezó a comer en forma que daba asco, llevándose a la boca con los dedos los trozos de pescado. Cuando acabó arrugó la caja de cartón de la comida y se la arrojó en el rostro a la muchacha. Ella, con toda calma, tomó con una servilleta la caja de pescado, la arrojó por la ventana y luego accionó la manija del freno de emergencia. El tren se detuvo con chirriar de frenos. “-¡Idiota! -le grita el ebrio a la chica-. ¡Haber detenido el tren te costará una multa de 100 dólares!”. “-Posiblemente -replica ella-. Pero cuando el guardia de seguridad oiga lo que le voy a contar y te huela los dedos, eso te costará a ti 10 años de cárcel”… (No le entendí)… FIN.

Imaginando lo peor

Lo ví por primera vez en 2005, cuando se pensaba que el candidato del PAN sería Santiago Creel, y en aquel entonces me impactó. Hoy, en vista de los últimos acontecimientos, sólo espero que como país verdaderamente ya hayamos aprendido a no repetir nuestra historia ...

José Manuel Villalpando
Abogado e historiador

Invito al lector a que haga conmigo un ejercicio de imaginación. Para ello, le pido que me siga paso a paso y que me permita llevarlo en un viaje por el tiempo: Imaginemos que estamos en el momento preciso de la elección presidencial, es más, ubiquémonos en el día previo al que democráticamente, la nación manifestará su voluntad para decidir quien será el presidente de la República. Todo el país está a la expectativa, pues la campaña electoral ha sido no solo efervescente sino hasta angustiante, con no pocos roces y golpes bajos, difamaciones y calumnias entre los contendientes, empeñados todos en conquistar el favor del electorado. Tres han sido los candidatos que han competido en esta elección. Para identificarlos, asignémosle a cada uno de ellos una letra. Tendremos así al candidato A, al candidato B y al candidato C.

Digamos ahora que el candidato A es el favorito del presidente de la República en turno; descaradamente, el jefe del ejecutivo ha hecho campaña a favor del candidato A, que es su candidato y el del partido en el poder. Pero no solo eso: se sabe que el candidato A, aprovechando su posición relevante como secretario de estado, ha creado redes de partidarios por toda la nación, financiadas, se dice, con el erario público. ¿Quién es el candidato A? La verdad que es un advenedizo, con pocos años de experiencia política. Ya participó en una elección pero fue derrotado. Sin embargo, al perder, salió ganando porque fue invitado al gabinete presidencial desde donde preparó por largo tiempo su candidatura. El candidato A es de buena y aristocrática familia, su apellido es de abolengo y sus finas maneras y educados modales llaman la atención. El presidente en turno, literalmente, lo adora, y como él no ha podido con el paquete de hacer avanzar al país en esta primera oportunidad de un gobierno democráticamente electo, está seguro que el candidato A si podrá hacerlo, máxime que se trata de un hombre distinguido y con buenas relaciones.

Veamos ahora al candidato B. Él es en realidad, un emisario del pasado, representante del régimen aplastado por la voluntad nacional. No oculta su predilección, públicamente reconocida, por las virtudes y bondades que tenía el antiguo orden de cosas. Es más, pregona que solo hombres como él tienen la capacidad y la experiencia de gobernar a este país que necesita de la tutela de gobiernos un tanto autoritarios. Personalmente no vale gran cosa, pero tiene la ventaja de que los hombres que en el pasado gobernaron ya no son nada en el horizonte político mexicano, cartuchos quemados diría en su lenguaje peculiar. El candidato B está orgulloso de su militancia tricolor, seguro de que la enseña patria pertenece por derecho a él y a los que forman su partido, en el que, aunque las disputas internas lo corroen, lograron ponerse de acuerdo para postularlo a la elección presidencial, con la creencia de que el prestigio que les da el llamarse defensores de la independencia y de la soberanía, les atraerá el número de votos suficientes para recuperar el poder y volver triunfantes al palacio para retornar a los modos y costumbres políticas de antaño. El candidato B abomina del presidente en turno, del candidato A y del partido que lo apoya, porque cree que son arribistas que por casualidad se adueñaron de la presidencia de la República, por lo que debe arrojarlos de ella y reconquistarla para quienes se sienten los verdaderos representantes de la nación mexicana.

Pero el candidato A y el candidato B tienen algo en común y no solo el hecho de que sus dos respectivos partidos se han entendido más o menos bien en algunos temas de interés nacional: deben vencer al candidato C y a su partido. El candidato C es un hombre con pocas luces, con gran dificultad para hablar, con ideas francamente peligrosas, calificadas de populistas. Dicen sus partidarios que es el ídolo del pueblo, que lo aplaude y lo sigue porque es parte de ellos, porque habla como ellos, porque piensa por ellos, porque sus propias limitaciones lo hacen sentirlo como si fuera de ellos. El candidato C no oculta sus deseos de ser presidente. En un hombre ambicioso que se ha rodeado de las más despreciables figuras políticas, cuyas ideologías son abiertamente contrarias al interés de una nación que acaba de obtener sus derechos y que está aprendiendo a ejercerlos. Los hombres del candidato C tienen además fama de corruptos, de ineptos y de aborrecer a las clases sociales acomodadas.

El candidato C amenazó con el estallido social si se le obstruía el acceso a su candidatura presidencial, por lo que, a pesar de que podrían haberlo metido a la cárcel, lo dejaron libre, con la intención de derrotarlo en las urnas. Por su parte, los hombres de su partido, formado esencialmente por tránsfugas de los otros partidos y por viejos luchadores de causas populares, no aceptan transacción alguna: quieren el poder absoluto para imponer sus ideas y para transformar al país conforme al modelo que imperativamente, aseguran, es el que desea la mayor parte de la población, aquella parte formada por los pobres y los desposeídos.

Imagine ahora conmigo el amable lector, que llegamos al día de la elección y que al filo de la media noche se dan a conocer los resultados. ¿Quién ganó en este escenario imaginario? Nada más y nada menos que el candidato A, quien obtuvo el 45% de los votos. En segundo lugar quedó el candidato C, con el 35% de los sufragios y por último, el candidato B solo alcanzó el 15%. En el conteo final, un 5% de votos fue anulado. Los resultados son inobjetables y la elección se desarrolló limpiamente. Sería de suponerse entonces, que los candidatos derrotados aceptarían los resultados electorales y que reconocerían de inmediato el triunfo del candidato A. Pero no, y antes al contrario, demostrándonos que este país no ha madurado políticamente y que todavía dependemos de los caprichos de los caudillos.

Sigamos con el ejercicio imaginario para ver lo que sucedió después: El candidato B, deprimido, desaparece por completo y sus voceros dicen que no se reconocerá el triunfo del candidato A porque su partido se niega a aceptar la derrota hasta que se hayan resuelto todas las impugnaciones, como si todavía alentaran esperanzas después de la paliza que les dieron en las urnas. En cambio, el candidato C se comporta de manera diferente: de inmediato acusa al candidato A y a su partido de haber hecho fraude electoral y conmina y arenga a sus seguidores a lanzarse a la resistencia civil y luego a la acción directa para impedir que el candidato A se convierta en presidente.

Entonces, los partidarios del candidato C se lanzan en efecto a las calles y plazas de las ciudades. Literalmente lo invaden todo ante el estupor de los demás ciudadanos que han sufragado libremente y miran como la autoridad es incapaz de contener la marea humana de la plebe que lo arroya todo a su paso. El candidato C está orgulloso de sus huestes y las exhorta a posesionarse de la capital y a presionar al gobierno, a las autoridades electorales, a las judiciales y al congreso. La plebe se enardece y decide asaltar las tiendas, los centros comerciales, las casas habitación de las familias acomodadas. Para colmo, la fuerza pública, obedeciendo a los amigos del candidato C, se pone del lado de los amotinados y contribuye a la violencia y a los saqueos. El gobierno cede ante la fuerza de los hechos. El candidato A renuncia públicamente a su triunfo, pero el congreso, más asustado aún, declara que su elección fue nula y que el verdadero vencedor de la contienda lo es el candidato C, a quien le entrega la constancia que lo acredita como el próximo presidente de la República.

Terminemos con ya con este dantesco ejercicio imaginario. Sepa el lector que estamos hablando del año de 1828 y no del 2006. Le daré algunas claves más: el candidato A es el general Manuel Gómez Pedraza, ministro en el gabinete del presidente Guadalupe Victoria. El candidato B es el general Anastasio Bustamante, antiguo trigarante y continuador de la obra de Iturbide. El candidato C es el general Vicente Guerrero, predilecto de las clases populares y quien se empeñaba en implantar en México las ideas masónicas norteamericanas. La historia narrada es absolutamente cierta: se le conoce como el “motín de la Acordada”. Esta fue la manera, ilegal e ilegítima, como Guerrero llegó a la presidencia de la República.

Y luego dicen que la historia no puede repetirse.

8 de julio de 2006

López Obrador arriesgó su liderazgo

Carlos Marín
Milenio - El asalto a la razón
7 de julio de 2006

Los signos en política suelen decir más que las palabras, y el que dio López Obrador antenoche, al abandonar su cuartel para irse a dormir, pareció expresar que sabía que realmente perdió.

Aunque acudirá al tribunal electoral, es poco probable que se ratifique lo que el PREP del IFE anticipó y confirmaron luego sus propios representantes en los 300 comités distritales del país: que Felipe Calderón ganó.

De ser así, Andrés Manuel habrá cometido el mayor error de su vida por no admitir sin dilación y con franqueza la derrota ni llamar a la reconformación de una oposición menos panchera de genuina izquierda.

Claro que tiene derecho a litigar pero, además de alentar una esperanza colectiva destinada a la frustración, corre el riesgo de que su poderoso liderazgo se vaya desinflando en mítines cada vez menos concurridos y con repetición de rollos, mientras otros de sus correligionarios, como él hace seis años, despegan con energía propia rumbo a 2012.

Corte de Caja

Mario Campos
Excélsior

08-07-06

Luego de escuchar el cómputo final del IFE, una comentarista radiofónica decía que vendrían los penaltis en la cancha del Tribunal Electoral. Ante su esperanzado pejismo habría que responder que este partido está viviendo sus últimos minutos con un claro ganador y sólo estamos en espera del silbatazo final, aunque una parte del público no pierda la esperanza de que se marque un sorpresivo penal que cambie el resultado. Ante la improbabilidad de que eso ocurra, les invito a que nos hagamos algunas preguntas acerca del futuro de los partidos políticos, pues para todos ellos hay vida después del 2 de julio.

¿Qué va a hacer el PAN con el triunfo? Las cifras hablan: es la victoria más importante en su historia. No sólo porque ganó en 16 entidades, retuvo tres gubernaturas y será la primera fuerza política en ambas cámaras, sino porque todo eso lo logró sin tener que cargar durante los próximos años con la leyenda de que ganó el candidato y no el partido. Lo paradójico es que, al ser esa una buena noticia, es también reveladora de la crisis de liderazgos que se vive en esa organización. Más allá de Felipe Calderón y Josefina Vázquez Mota, Acción Nacional carece de figuras nacionales –excluyendo, por supuesto, al popular Vicente Fox– y eso debería ser un foco amarillo que los haga preguntarse cómo van a aprovechar los próximos años para resolver ese problema.

¿Qué hará el PRD con el capital ganado? Al contrario de lo que ocurre con el PAN, el también histórico crecimiento del PRD no puede entenderse sin el carisma de su candidato presidencial. Por eso, y porque en las siguientes elecciones estatales no estará López Obrador en la boleta, en ese partido deben preguntarse cómo aprovechar las simpatías acumuladas durante la contienda. ¿Dejarán que se gaste en movilizaciones? ¿O acatarán –sin presiones– la decisión del Tribunal Electoral para borrar de una vez por todas la imagen de partido conflictivo?

En otros sistemas, el candidato derrotado se asume como líder formal de la oposición. ¿Será López Obrador el principal interlocutor del futuro gobierno, lo que lo mantendría vigente hasta 2012 o apostarán por conservar sus banderas con renovación de liderazgos? Habrá que esperar las siguientes elecciones estatales para ver si su avance electoral se mantiene o se desinfla como burbuja que sólo se mantuvo por el efecto AMLO.

¿Qué hará el PRI con la derrota? Lo comentamos en este espacio hace algunas semanas: el PRI debe refundarse. Si los priistas son capaces de poner en perspectiva los resultados del pasado domingo, verán que todavía tienen partido para rato. Fue el fracaso de Roberto Madrazo como candidato presidencial y, por ello, todos pagaron las consecuencias. No obstante, no sería raro que en los próximos procesos locales el PRI vuelva a ganar. A pesar de su popularidad, sigo sin compartir la hipótesis de un futuro México bipartidista. Aunque aún no se ven con claridad, ahí están políticos como los Enriques –Jackson, Peña Nieto y Martínez– quienes saben que la franquicia bien cuidada todavía tiene mucho que dar. Sólo el tiempo nos dirá si fueron capaces de renovarse o si la ambición de corto plazo los llevó a mudarse a otros partidos políticos.

¿Qué hará Convergencia con el PRD? El partido naranja no es el PT. Mientras que el segundo vive desde hace años a expensas del sol azteca, el instituto fundado por Dante Delgado tiene vida propia. Por eso deberá ser muy cuidadoso en los próximos meses. Abandonar a López Obrador antes de que el Tribunal califique la elección quizá sería un gesto de deslealtad, pero seguir incondicionalmente al perredismo en eventuales protestas podría hacerle perder el capital que recién demostró en lugares como Veracruz.

Habrá que esperar a la integración del Congreso de la Unión, pues será en ese espacio en el que Convergencia podría recuperar su autonomía para asumirse como un interlocutor del gobierno federal. Sus votos, manejados con responsabilidad, bien pueden contribuir a la gobernabilidad y al desarrollo del país.

¿Qué va a hacer Patricia Mercado con Alternativa? La ex candidata sabe que quien ganó el registro fue ella y no su partido. ¿Podrá convertir su imagen en el capital de una fuerza política o se quedará únicamente como una autoridad moral? Alternativa no pesará por su lugar en el Congreso, pero si sabe dialogar y logra impulsar su agenda, con trabajo en medios e interlocución con otros actores, podrá seguir haciendo historia.

¿Tiene futuro Nueva Alianza? Todo indica que sí. El pasado domingo demostró que tiene la capacidad de llevar hombres y mujeres al Congreso, basado únicamente en su propia estructura. Será un aliado mediático, político y parlamentario del futuro gobierno y eso le permitirá crecer. Tiene claridad en su agenda, como pocos, y las próximas elecciones estatales pueden ser su vía al crecimiento.

Por último, ¿dejará de ser negocio de unos cuántos el Partido Verde? Vistos los buenos resultados que obtuvieron el domingo pasado –que les permitirá mantener espacios en el Congreso y prerrogativas del IFE a pesar del fracaso del PRI–, la respuesta es no.

Así se integrará la LX Legislatura del Congreso


El IFE informó que los porcentajes oficiales se darán a conocer la noche del domingo 9 de julio, cuando el Consejo General reanude sus trabajos, y estarán sujetos a la revisión y calificación que haga el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

¿Qué horas son?

Germán Dehesa
Reforma
7 de Julio del 2006

Ésta era la recurrente pregunta que, acompañada por un destello enorme, se abría paso en mi cerebro durante la demencial jornada electoral que nos recetamos los estoicos tenochcas a lo largo de todo el miércoles y la mitad del jueves de esta semana con el recuento minucioso, vigilado, ¡ojo!, vigilado por todos los partidos.

A cuentagotas caía la información, López Dóriga hacía bizcos; en otro canal Federico Reyes Heroles sentía como una invasión de ácaros en el cerebro y acá su Charro Negro medio se dormía, medio despertaba. Me sentía como Sherlock Bátiz en la conferencia mañanera de AMLO con las neuronas totalmente fuera de control y con unas inmensas ganas de llorar del puro y méndigo sueño.

Confieso que no aguanté. Creo recordar que la última vez que me pregunté ¿qué horas son?, eran como las tres de la mañana con muchísimos minutos. No alcancé a enterarme del momento del empate de Calderón y menos vi cuando se fue arriba y salió a hablar -me dicen que de modo mesurado y respetuoso- con la gente. De todo esto comencé a enterarme pasadas las siete de la mañana. Prendí la televisión y me di cuenta de que durante mi fugaz sueño y en un viraje caprichoso, algún botón prohibido le apachurré al control porque jamás logré ver nada. Fita, fresca como florecita del campo, me trajo los periódicos. Ninguno daba resultados definitivos. Activé mi celular, hice varios telefonemas, en algunos me mentaron la madre, pero logré saber que a esas horas, Calderón ya tenía una ventaja irreversible. Como mis informantes eran mujeres, cada telefonema me va a salir en lo que cuesta el enganche de un buen coche. Las obsesivas insomnes me contaron lo que había ocurrido con hartos detalles. Mientras hablaba me levanté mediante trabajos hercúleos y cual Cuasimodo me dirigí al espejo del baño: ¡horror al crimen!, parecía yo como feto de vampiro. Comprobé esto y al tiempo me di cuenta de que este jueves tenía yo infinitos afanes y enormes trabajos. ¿Qué horas son?

Digo que es la hora de la concordia. Me lo avisó la Capufe que apareció rebotando como pelota de lana. Ella es apartidista y es feliz donde la pongan. Los humanos somos más complicados. Por ejemplo: creo que haga lo que haga, Andrés Manuel ya perdió y eso me entristece enormemente, porque yo experimenté un gradual pero definitivo desencanto por el líder tabasqueño y al mismo tiempo, nunca he perdido, ni perderé mi total adhesión por las causas que él reivindicaba: México es brutalmente injusto, la inmensa cantidad de pobres son nuestra vergüenza y nuestro lastre; hay que cambiar a fondo muchas cosas; hay que imponerle al sector oficial sobriedad y eficiencia; hay que aplacar a nuestros ricos alharaquientos, exhibicionistas, discriminadores e insensibles; o acabamos con la corrupción, la impunidad y el latrocinio, o ellos acabarán con nosotros; hay que restaurar la alegría.

A este respecto, algún día AMLO tendrá que preguntarse: ¿por qué no estuve a la altura de mis causas?, ¿en qué momento dilapidé esos diez puntos que tenía de ventaja?, ¿qué hice con tantas esperanzas depositadas en mí? Estoy seguro de que las respuestas no se agotan con la palabra “complot”.

Presidente, el que vayas a ser, ten compasión por tu país, sé inteligente y sensible y misericordioso; reconoce las legítimas razones de tu adversario y encuentra la fórmula para la concordia. En esto vamos juntos, o no hay nación. Es la hora de extender la mano, de abrir los brazos y de trabajar. Lo demás es puro cuento.

Anuncio urgente

En honor de Paco Calderón, de la Tatcher y de todos los mexicanos que trabajaron arduamente en las casillas, he decretado que HOY TOCA.

¿Qué tal durmió? DCCCXXXI (831)

¿Y Montiel?, ¿y el Precioso?

Oportunidad perdida

Catón
Reforma - De Política y Cosas Peores
07 de Julio del 2006

Luis Alberto Aguirre, Rector de la prestigiosísima Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro, suele narrar un hecho que aconteció en la UAAAN. Hubo elección ahí de jefe de un departamento. Más de mil electores acudieron a las urnas, y uno de los candidatos resultó ganador por diferencia de tres votos. Alguien le dijo que su triunfo había sido muy apretado. Y respondió con sabiduría el vencedor: "Un voto es el gane. Los demás ya son vanidad". En efecto, un voto -cualquier voto, el tuyo, el mío- es importante, pues en una elección el voto es la persona, y si se anula el voto la persona también es anulada.

Supe de otra elección, ésta de presidente de la sociedad de alumnos de una preparatoria. Uno de los candidatos perdió por un solo voto. Sus partidarios lo incitaban a impugnar el resultado del proceso. El muchacho se negó. "Perdimos por un voto -dijo-, pero ese voto puede ser el de cualquiera de nuestros compañeros. Equivale entonces a todos los votos". Y así diciendo fue a reconocer el triunfo de su adversario y a levantarle la mano enmedio de la ovación de los estudiantes.

Desde luego no era de esperarse conducta igual en López Obrador. Con su cerrada sinrazón nos está dando la razón a quienes hemos dicho que es un peligro para México. Perdió la oportunidad de pasar a la historia como un buen mexicano, de fortalecer la democracia en México, de dar una base de prestigio a su partido para futuras elecciones. A cambio se presenta como un agitador. La gente lo considera ya un mal perdedor incapaz de reconocer la victoria de quien en buena lid lo derrotó.

AMLO culpa ahora de su vencimiento al árbitro en vez de reconocer los muchos errores que por soberbia cometió. En su obsesión de poder quiere incendiar a México; pretende ganar en la calle lo que no pudo ganar en las urnas. Pone en jaque a la Nación; injustamente nos quita la paz y la tranquilidad. Con torpe empecinamiento desafía otra vez a la ley y a las instituciones. Cuando anunció que apelará al Tribunal Federal Electoral -a cuyos integrantes ya ha descalificado-, y una reportera le preguntó si reconocerá la decisión del máximo órgano, contestó López Obrador: "Ya veremos; no nos adelantemos".

Al actuar como lo hace está dañando gravemente a la Nación. Pudo dar lección de dignidad y presentar a México ante el mundo como ejemplo de país democrático, pero ha escogido el triste papel del provocador que pone su interés por encima del bien de sus conciudadanos. Es cierto: obtuvo muchos votos. Pero Felipe Calderón obtuvo más. Si AMLO pide que le respeten sus votos debe respetar los votos que obtuvo quien lo derrotó, y que al final de cuentas fueron más. No hablamos de un voto de diferencia, sino de miles.

Use López Obrador los recursos que la ley le concede para impugnar supuestas irregularidades, pero no pretenda violentar las decisiones de la autoridad con falsas "asambleas informativas" que son en verdad actos de presión. Desquiciará a la Ciudad de México con sus manifestaciones, pondrá zozobra en el País con daño para su economía y su estabilidad, pero con eso no logrará otra cosa que demostrar que le falta la razón. Está actuando como un mal mexicano. Ahora esgrime una nueva consigna: "¡Resolución o revolución!". ¿Revolución en México, y en estos tiempos? Por la fuerza quiere López Obrador apoderarse del País, arrebatar por la mala lo que por la buena no logró. En recta conciencia nadie puede ahora pensar que México estaría bien en manos de un hombre así. Sería una tragedia para la Nación que las instituciones y la ley cedieran ante la violenta ambición de poder de López Obrador. Lo dicho: es mejor tenerlo seis meses -máximo- en la calle que seis años -mínimo- en la Presidencia... FIN.

afacaton@prodigy.net.mx

¡Ahora Cumple! (2)

7 de julio de 2006

Confianza en las elecciones. Fortaleza del gobernante

Los seguidores de AMLO más radicales han acusado a Cuauhtémoc Cárdenas de "traidor", aquí un artículo del Ing. Cárdenas donde hace un reconocimiento a la jornada electoral y al proceso mismo del conteo de los votos. En un afán de dar certeza al proceso, llama a los actores políticos con dudas e inconformidades legítimas a darles cauce a través de los recursos jurídicos existentes (que no necesariamente implican el contar voto por voto) que permitan despejarlos. También hace un llamado a la prudencia de todos, ganadores y perdedores. Es significativo que el fundador y, hasta hace muy poco tiempo, "máximo líder moral" del PRD hable de esta manera. Reproducimos el ártículo porque vale la pena tener presentes sus palabras (nunca nos imaginamos estar incluyendo material de "La Jornada" pero, así es la vida...)

Cuauhtémoc Cárdenas
La Jornada
7 de julio de 2006

"En el ejercicio de esa función estatal [la organización de las elecciones federales], la certeza, legalidad, independencia, imparcialidad y objetividad serán principios rectores".
Artículo 41 fracción III de la Constitución.

El 2 de julio México vivió la jornada electoral con el mayor número de votantes y de votos de toda su historia, una jornada en la que miles de ciudadanos con alta responsabilidad cívica, que merecen nuestro reconocimiento, sirvieron en las casillas para dar seguridades a quienes sufragamos. Una vez concluidas las votaciones se inició un proceso por el que el país y el mundo pudieron enterarse de cómo fluían los votos y cómo se iban acumulando en la cuenta de cada partido y de cada candidato. Anteayer, y hasta bien entrado el día de ayer, por largas horas, de nueva cuenta pudimos dar seguimiento a las sumas de votos procedentes del cotejo que hicieron los consejos distritales electorales de las actas levantadas en las casillas y de los datos consignados en ellas.

En el caso de ambos procedimientos se llegó a cifras muy cercanas para los dos candidatos presidenciales que recibieron el mayor número de votos. Los números presentan, desde luego, un orden de preferencias entre ambos, pero a todos hubieran gustado números más contundentes.

Los resultados de la elección muestran claramente un país partido en dos. Superar los problemas que habrán de enfrentarse, sobre todo en el futuro inmediato, salir del prolongado estancamiento económico y de la profunda crisis social en el plazo más corto posible, exige de los mexicanos unidad en el propósito y unidad en la acción. Y un factor decisivo para lograr esa unidad, en la situación poselectoral que estamos viviendo es, sin duda, un ánimo colectivo de certeza en la precisión de las cifras electorales, esto es, certeza en la efectiva correspondencia entre los votos emitidos y los votos contados.

Una vez concluidos los cómputos distritales, hay quienes plantean dudas e inconformidades respecto de la elección, que resultan legítimas si hacemos memoria de nuestra historia electoral. Para honrar la cruenta y difícil lucha que permitió ganar el respeto al voto de los mexicanos y para dar cauce a esas dudas e inconformidades, existen los recursos jurídicos que permiten transparentar los resultados y así garantizar la salud de la nación.

Todos estaremos de acuerdo, por otro lado, en que todo sistema electoral es perfectible y toda elección, por bien que se le conduzca, presenta alguna inconsistencia. Pero para cualquier electorado, en una elección tan apretada y más diría yo para el electorado mexicano que tuvo un comportamiento ejemplar, una participación masiva y responsable el 2 de julio pasado, es indispensable la confianza en el resultado de sus elecciones.

A quien más conviene la transparencia es a quien gana la elección. La certeza en el resultado se traducirá en el reconocimiento colectivo de la legitimidad del gobernante y en un indispensable respaldo social, que permitirá sacar bien la tarea.

Sin haber incurrido en falta, quien se resiste, quien se opone a despejar dudas, despierta sospechas innecesarias.

Pidamos a todos los candidatos y partidos que contribuyan a despejar las incertidumbres del panorama político actual, pidámosles que den pasos para que se dé la interlocución entre ellos y para la puesta en marcha de todo procedimiento que se proponga para aclarar presente y futuro, incluyendo, en su caso, la apertura de paquetes electorales del 2 de julio.

El consenso de candidatos y de partidos sería sin duda atendido responsablemente por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

La certeza en el resultado de la pasada elección será la mejor forma de unir a los mexicanos y de dar fortaleza a nuestro próximo gobierno.

Destaca prensa internacional resultados electorales

El Universal
07 de julio de 2006

Resalta la prensa del mundo el cerrado triunfo de Felipe Calderón en el conteo de actas y el llamado de López Obrador a acudir a su asamblea informativa el sábado


La Nación (Argentina)
México: ganó Calderón en un final dramático. López Obrador impugnará el resultado

Entre los bocinazos de festejo de unos y la furia contenida de los otros, el candidato conservador Felipe Calderón ganó ayer la dramática elección para presidente de México del domingo pasado, aunque su proclamación podría demorarse hasta dos meses por la batalla judicial y política que se avecina.

Su principal adversario, Andrés Manuel López Obrador, del Partido de la Revolución Democrática (PRD, de centroizquierda), desconoció los resultados que arrojó el maratónico recuento definitivo, que se prolongó por 31 horas. Los impugnará, dijo, por “irregularidades” y “manipulación”, y convocó a sus seguidores a concentrarse mañana en el Zócalo, la plaza histórica de la ciudad.

México afronta ahora una espiral de polarización que muchos temen que pueda derivar en serios incidentes en diversos puntos del país. Los fieles a López Obrador sospechan que sufrieron un fraude, lo que es refutado por las autoridades electorales y los observadores externos.


O Globo (Brasil)
Calderón gana pero Obrador quiere impugnar

Inconformado por su derrota en la elección presidencial por un margen mínimo —apenas el 0.58% equivalentes a 236 mil 006 votos de un total de 42 millones— Andrés Manuel López Obrador decidió recurrir al Tribunal para impugnar el proceso electoral, pues dice ser víctima de un fraude y conspiración perpetrada desde el gobierno para favorecer a su candidato, Felipe Calderón.

En entrevista, el presidente del IFE, Luis Carlos Ugalde, afirmó que la elección fue limpia y transparente.


El Mercurio (Chile)
Recuento total da el triunfo a Felipe Calderón.

Confirmando los peores pronósticos, el candidato a la presidencia por el Partido de la Revolución Democrática (PRD), Andrés Manuel López Obrador, anunció ayer que impugnará los resultados de las elecciones del pasado domingo y llamó a sus adherentes a protestar, luego de que el recuento de las actas confirmara ayer, en un final fotográfico, que había ganado Felipe Calderón, del Partido de Acción Nacional (PAN).

"La regla de oro de la democracia establece que gana el candidato que tiene más votos", señaló ayer Luis Carlos Ugalde, presidente del Instituto Federal Electoral (IFE), al dar a conocer el nombre de Calderón, desatando la ira perredista.

"Hemos tomado la decisión de impugnar el proceso electoral, vamos a acudir al Tribunal Federal Electoral, vamos a pedir que se cuenten todos los votos", declaró López Obrador en una rueda de prensa.


El Tiempo (Colombia)
Felipe Calderón ganó las elecciones de México, por estrecho margen, a López Obrador, que impugnará

Así lo confirmó el Instituto Federal Electoral(IFE) después de contabilizar el ciento por ciento de los sufragios de la jornada electoral del domingo. Después de que todo México se mantuvo en vela, siguiendo por radio, Internet y televisión el conteo de las elecciones presidenciales, los resultados finales indican que el derechista Calderón, ganó con un margen del 0.57 puntos sobre el candidato de izquierda, Andrés Manuel López Obrador.

Minutos después de que el Instituto Federal Electoral (IFE) cerró el recuento final, el candidato del oficialista Partido de Acción Nacional (PAN) se mostró “muy contento y agradecido” con todo el pueblo de México. “Ha sido un proceso que se ha llevado con escrupuloso apego a la ley”, dijo, y sostuvo que llegó “el momento de la conciliación tras un proceso electoral que se ha decidido por mínima diferencia”.

Horas antes de que se conociera el recuento de la votación a través de las 130 mil 500 actas, López Obrador, candidato del Partido de la Revolución Democrática (PRD), anunció que impugnará el resultado ante el Tribunal Federal Electoral (Trife).


The New York Times (Estados Unidos)
Conservador gana en México en conteo final

Después de días de incertidumbre, los árbitros electorales declararon el jueves que Felipe Calderón, el conservador, ganó en la carrera presidencial por menos de uno por ciento en el conteo final. Su rival de izquierda rehusó acepatr los resultados y anunció que acudirá a exigir un recuento.

Por la tarde, Calderón, de 43 años, apareció ante sus simpatizantes para enviar un mensaje de victoria de media hora, aludiendo que las fuerzas pacíficas ganaron sobre la violencia.


El Mundo (España)
El Instituto Federal Electoral declara a Calderón ganador de las presidenciales mexicanas.

El Instituto Federal Electoral de México (IFE) ha declarado ganador de los comicios presidenciales al candidato derechista Felipe Calderón. El próximo presidente mexicano obtuvo finalmente un 35,89% de los votos, frente al 35,31% de su principal adversario, el izquierdista Andrés Manuel López Obrador.

López Obrador ha anunciado que impugnará el resultado y exigirá al Tribunal Electoral de la Federación el recuento "voto a voto" de las urnas. Criticó al IFE por haber escrutado "en sólo 24 horas" la votación del domingo, cuando él le había "exhortado" a "tomarse todo el tiempo posible" para cumplir esa tarea.

Felipe Calderón ha agradecido su voto a quienes han apostado por él y ha pedido a quienes no le han apoyado en las urnas "la oportunidad de ganarme su confianza". "De hoy en adelante tengo varios propósitos, como que voy a hacer míos los anhelos y las preocupaciones de quienes no votaron por mí".


BBC News (Gran Bretaña)
Calderón celebró con su gente

El Instituto Federal Electoral (IFE) de México declaró ganador de los comicios presidenciales a Felipe Calderón, candidato del Partido Acción Nacional, quien triunfó por un 0.57% sobre Manuel López Obrador, el aspirante de la coalición Por el Bien de Todos.

Y es que el mismo domingo, su candidato Felipe Calderón, y también su más cercano rival, Andrés Manuel López Obrador, se declararon ganadores, a pesar de que al final de la jornada comicial las autoridades electorales se abstuvieron de anunciar quién había sacado la mayoría de los votos.

Y llegó el momento de mayor regocijo, minutos después de que el presidente del Instituto Federal Electoral, Luis Carlos Ugalde, finalmente le anunciara al país que el candidato del oficialista Partido Acción Nacional había ganado la elección por un poco más de medio punto porcentual, 0.57 por ciento para ser más precisos.

Un peligro para México

Francisco Martín Moreno
Excélsior
07-07-06

López Obrador no acató las leyes del país cuando bloqueó caminos para presionar a la autoridad con tal de materializar sus anhelos, legítimos o no.

López Obrador empeñó su "palabra de honor" ante los medios masivos de difusión prometiendo que aceptaría el veredicto del IFE, fuera el que fuera el resultado de la elección presidencial. Me someteré, dijo, a la ley y respetaré a las instituciones nacionales y, sobre todo, acataré incondicionalmente la voluntad mayoritaria de la nación. Lo dijo al aire, una y otra vez en los medios electrónicos y escritos, en particular ante Adela Micha, Víctor Trujillo y Joaquín López-Dóriga. Tan López Obrador es un peligro para México que, obviamente, olvidó sus promesas, desde luego ignoró sus juramentos y va decidido a provocar una convulsión social en un país que lo que requiere es paz y progreso. Al más decantado estilo fascista miente descaradamente al país fundándose en argumentos que ni siquiera pasarían por el filtro de un débil mental. López Obrador sugiere el incendio, la división, la creación de trincheras sociales, la polarización de México, para llenar o compensar sus vacíos sicológicos, sus desgarramientos infantiles que se remontan a su niñez. La sociedad mexicana tendrá que pagar los desequilibrios emocionales de este paranoico que, además y por si fuera poco, tiene delirios de grandeza. ¡Horror! O es Jesús o es Juárez o es el Mesías… Sin duda la personalidad de López Obrador sería un estupendo material de estudio para un grupo selecto de siquiatras obviamente doctorados.

Al escribir estas líneas me viene a la mente aquella anécdota en la cual dos mujeres reclamaban la maternidad de un mismo niño ante la potestad del Rey Salomón, cuya sabiduría era más que conocida en todos los confines. Cuando dicho soberano escuchó los argumentos de cada una de las mujeres y sintiéndose impotente ante la imposibilidad de conocer la verdad, decretó que, con un mandoble, fuera partido el chiquillo en dos para entregarle a cada una de las madres la mitad del infante. Obvio resulta aclarar que la auténtica madre desistió de su objetivo de reclamar a su hijo y antes que verlo descuartizado prefirió entregárselo a la impostora. En ese preciso momento Salomón decidió devolver al pequeño a la madre que había renunciado al sacrificio del menor, mientras que la otra, gozosa, estaba dispuesta evidentemente a la sanguinaria mutilación. En la especie política de nuestro días López Obrador sostiene la posición de la madre apócrifa, de tal suerte que prefiere el incendio de la nación, la ebullición social y el surgimiento de la violencia, con tal de alcanzar sus objetivos. ¡Que van a despedazar al niño, que lo despedacen! ¡Que el país se puede convertir en astillas, que se destruya..! Antes está la satisfacción de los apetitos personales de un resentido social. ¡Cuidado con los resentidos!

López Obrador jamás respetó a las instituciones de la República: No las respetó cuando tomó los pozos petroleros, por la vía de los hechos, en lugar de alcanzar sus objetivos mediante una carrera política civilizada y respetable. No acató las leyes del país cuando bloqueó caminos para presionar a la autoridad con tal de materializar sus anhelos, legítimos o no. Supo intimidar al Tribunal Electoral del Distrito Federal para que, a pesar de no contar con el requisito de residencia mínimo de cinco años establecido por la ley, aún así pudiera aspirar a la Jefatura de Gobierno del DF. Una vez investido con semejante cargo público se resistió a acatar, otra vez por la vía de los hechos, las sentencias emitidas por la Suprema Corte de Justicia de la Nación… Además de lo anterior, asestó un intento de golpe de Estado parlamentario, cuando impidió que el Senado de la República deliberara, libre y soberanamente, al rodear con la policía capitalina dicho recinto legislativo, de manera que no se pudiera votar una ley inconveniente para efectos políticos del jefe de Gobierno. De acuerdo con todo lo anterior, nadie debe sorprenderse de la negativa de López Obrador a acatar la resolución del IFE que declara su derrota en su candidatura a la Presidencia de la República. Es más, nadie debería sorprenderse, tampoco, si este cavernícola que se ostenta como juarista, de la misma manera se negara a acatar el fallo del Tribunal Federal Electoral, en el caso, claro está, de que éste le sea adverso. Especialista en intimidación de autoridades, también podría tener éxito en el TRIFE y lograr una resolución favorable por miedo inculcado en los magistrados. No sería la primera vez…

¡Cuidado con el pueblo! Yo represento al pueblo, como el cura encarna la voz de Dios. Soy el gran pastor del rebaño. ¡Atrás las normas y la Carta Magna! ¡Atrás! No me importa que mis enemigos, los ricos, sostengan que si empiezo violando la ley seré un golpista, al fin y al cabo el pueblo está conmigo… Quien se oponga a cualquier decisión mía tendrá que vérselas con las masas: Mussolini.

¿Verdad que LO es un peligro para México? Informemos a las masas y toquemos sus sentimientos para dejarlo solo gritando como un demente en la Plaza de la Constitución. ¡Ay!, la Constitución…

Cartón Excélsior - 07/07/06

Ya basta del señor López

David Páramo
Excélsior - Personajes de Renombre
07-07-06

Si bien es cierto que prácticamente todos los agentes económicos consideraban hace una semana como un hecho la victoria de Andrés López a la Presidencia de la República, la realidad es que tanto el PREP como el conteo oficial de los votos demostraron que la mayoría de los mexicanos prefirieron la opción planteada por Felipe Calderón.

De una elección en la que votaron casi 42 millones y fue cuidada por casi dos millones de ciudadanos no puede hablarse de ninguna manera de fraude o de manipulación de los resultados.

Se trató de una elección ciertamente reñida y que manda un mensaje claro al ganador para que logre acuerdos con las demás fuerzas políticas; sin embargo, se trató de una elección limpia, la cual no debe ser empañada por la visión de unos pocos, quienes durante toda su carrera política se han empeñado en violar la ley cuando ésta no se adapta a sus deseos.

El mandato popular se expresó en las urnas el 2 de julio. Hablar de conspiraciones, complots de fuerzas oscuras y demás es, simple y sencillamente, perder el tiempo y robar la tranquilidad de las personas.

No puede permitirse que un candidato y sus seguidores, sin ninguna base jurídica, traten de imponerse. Dejar que crezcan sus protestas es poner la estabilidad financiera del país en riesgo.

[..]

dinero@nuevoexcelsior.com.mx

La ambición personal, el futuro colectivo

Jorge Fernández Menéndez
Excélsior – Razones
07-07-06

El conteo distrital del IFE, que constituye el resultado oficial de las elecciones, concluyó con prácticamente los mismos números que el conteo rápido que la noche del domingo pasado el Consejo General decidió no divulgar por lo cerrado de los números, y del PREP, dado a conocer entre lunes y martes. No hay secretos ni trampas: Felipe Calderón Hinojosa será el próximo presidente de los mexicanos, por una diferencia de casi un punto porcentual y cerca de 300 mil votos.

En el cómputo distrital, el perredismo utilizó una táctica dilatoria poco ética que sabía que no podía alterar el resultado final, pero tenía un solo objetivo: anular por la mala un proceso electoral que perdieron por la buena. El objetivo era generar la idea de que había diferencias entre el conteo distrital y el PREP, que se había metido la mano en el proceso y de esa manera pedir la apertura de todas y cada una de las casillas, para contar "voto por voto". Saben que eso, primero, ya se hizo: un millón de mexicanos, no un grupo de políticos de cualquier color partidario, contaron voto por voto en cada una de las casillas. Ese conteo del domingo se confirmó entre el miércoles y el jueves: no hubo cambios entre lo que se reportó en el PREP y lo que finalmente se dio a conocer en el recuento distrital. Pero el lopezobradorismo se ha empeñado en contar "voto por voto" porque sabe que, independientemente del resultado, como esa pretensión vulnera la ley, es un mecanismo para impugnar y anular las elecciones. El PRD ya utilizó el mismo mecanismo para conseguir anular, en el TEPJF, unas elecciones en Tabasco, precisamente porque se abrió, ilegalmente, 68% de los paquetes electorales, con la exigencia de contar "voto por voto". El resultado no se alteró, pero logró anular la elección... la cual volvió a perder en las extraordinarias.

Resulta sintomática la mezquindad de la demanda de AMLO, porque implica descalificar a los millones de mexicanos que votaron el domingo 2 de julio; implica desautorizar a unas autoridades electorales que hicieron un trabajo ejemplar y que nos ha costado 20 años y miles de millones de pesos construir; implica desconocer procesos electorales, como el conteo rápido, el PREP, el conteo distrital, que han sido avalados a lo largo de los años y cuya precisión se confirmó en estos días, no sólo por los resultados, sino también por los observadores nacionales y extranjeros que dieron fe de la limpieza de la jornada y de todo el proceso.

Resulta paradójico que López Obrador impugne la elección presidencial, pero no, por ejemplo, la del DF, donde ganó Marcelo Ebrard por amplio margen, o la de legisladores, donde el PRD queda con una fuerte presencia en el Congreso y con futuros dirigentes que pueden, como Ebrard, ser muy importantes en el futuro político. Pero lo que marca las actitudes de López Obrador no es la construcción democrática de un país ni la consolidación de su propia fuerza política, sino una evidente ambición de poder personal. Si se había dicho que López Obrador es un hombre mesiánico, quien consideraba que su misión en el poder estaba por encima de consideraciones políticas, eso lo está confirmando con todas y cada una de sus actitudes desde el pasado domingo. Algo lamentable para un PRD que realizó una magnífica elección y merece mucho más que actos de mezquindad y demagogia.

El sábado, López Obrador ha convocado a la gente al Zócalo a una "sesión informativa". Es una mentira más de un candidato que no sabe perder: está echando a la gente a la calle para tratar de ganar allí lo que perdió en las urnas. Una vez más quiere utilizar a la gente para chantajear a las instituciones. Esperemos que ahora éstas se mantengan firmes: como ocurrió con otros políticos de fuerte acento autoritario, se ha comprobado que la política de "apaciguamiento" con ellos no funciona, por la sencilla razón de que no juegan con las mismas reglas que sus adversarios. La historia está llena de ejemplos al respecto. No podemos volver a repetir el mismo error que, como en esos casos históricos, en buena medida fue alimentado por ciertos medios de comunicación.

En todo caso, lo que cabe es ahora mirar al futuro. Y el mismo está puesto en la próxima administración de Felipe Calderón. El candidato panista sabe que ganó, pero que 64% del electorado no votó por él. Sabe que se impone un gobierno de amplio espectro para lograr mayorías estables. Que la seguridad pública y nacional son capítulos ensoslayables, en los cuales se debe avanzar mucho más, incluida la integración regional, hacia el norte y hacia el sur, con una visión política, diplomática, económica y social mucho más aguda que la actual. Sabe también que, sin apostar a reformas profundas, México no tiene más destino que el estancamiento. Pero, por sobre todas las cosas, debe saber que sigue existiendo un porcentaje muy alto de mexicanos que viven en la pobreza y la desigualdad y no se puede seguir apostando a políticas sociales y de integración que, sin duda, han sido positivas pero insuficientes. La lucha contra la pobreza se debe convertir en la prioridad absoluta del próximo gobierno, destinando para ello las políticas y los recursos necesarios para obtener resultados concretos y rápidos. Allí están, también, los ejemplos internacionales y quizás es uno de los más cercanos a nosotros el de Irlanda, que pasó, en unos pocos años, de ser uno de los países más pobres y desiguales de Europa, a uno de los más prósperos y con mejor calidad de vida del Viejo Continente.

Todo eso y más esperaremos de Felipe Calderón. Sabe Calderón que si la política democrática y la amplitud de miras no logran en el futuro resultados palpables en lo social, los intentos demagógicos y autoritarios, el mesianismo de uno u otro signo, terminará imponiéndose por encima de las instituciones liberales. Su compromiso es con sus electores, perosobre todo con el futuro de todos los mexicanos.

www.nuevoexcelsior.com.mx/jfernandez
www.mexicoconfidencial.com

Carta a mi padre

Luis de la Barreda Solórzano
Crónica
7 de Julio de 2006

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Algunos amigos que me decían —¿por ingenuidad, por ignorancia o subestimación de muchos de sus desplantes y sus acciones?— que era exagerada la afirmación de que Andrés Manuel López Obrador sería como Presidente un peligro para México, ahora están reflexionando.
Nuevamente ese personaje —al que el genial Paco Calderón coloca en la misma galería del terror a la que pertenecen Freddy y Jasón— está mostrando su verdadero talante.

Su estrategia para hacerse pasar como víctima de un fraude electoral movería a risa si no fuera por las graves consecuencias que puede generar. Cuenta para llevarla a cabo con el fanatismo de grandes sectores de sus adeptos y con la irresponsable desinformación de columnistas e intelectuales.

No, la computadora del PREP no tiene un algoritmo que distorsiona la información, ni desaparecieron jamás tres millones de votos ni estamos ante un escenario comparable con el de 1988.

En cada casilla hubo un presidente, un secretario, dos escrutadores —todos ellos vecinos de la sección sorteados y capacitados— y los representantes de los partidos y las coaliciones. El PAN, el PRD y el PRI tuvieron 95% de representantes.

Al término de la votación se llevó a cabo el cómputo. Todos los representantes se quedaron con copia de las actas donde aparece el número de votos. Los presidentes de las casillas, acompañados de los representantes, entregaron los paquetes electorales con las actas en los respectivos comités distritales. ¿Cómo suponer siquiera que los ciudadanos podrían participar en un complot para alterar el sentido de los votos?

En los consejos distritales se realiza el cómputo con la participación de representantes de todos los partidos que llegan con las actas. Los resultados se confrontan. Si hay anomalías se abren los paquetes y se cuentan los votos uno a uno. No puede haber trampa porque esto ocurre en sesiones abiertas.

Es alucinante la versión de que el PREP cuenta con un mecanismo capaz de alterar los resultados. Se detectaría de inmediato comparando las actas de los partidos con los datos del PREP.

Nunca se perdieron tres millones de votos. Estaban en el mismo PREP, colocados en un sitio especial porque las actas en que constan esos sufragios tenían algunas inconsistencias. Todos los partidos lo sabían.

En 1988 los partidos carecían de representantes en la mayoría de las urnas. Hoy, con representantes en casi todas, se puede reconstruir el saldo de la votación casilla por casilla.

ldelabarreda@icesi.org.mx

Estadística y lodo

Enrique Canales
Reforma

6 de Julio del 2006

Estoy de acuerdo que Andrés Manuel y su gente duden de varios aspectos del proceso electoral; es más, yo como buen liberal considero el ser escéptico como un valor fundamental de la persona. Pero el escepticismo debe provenir de una duda racional y no producto de una ignorancia, ni tampoco de una consigna para enlodar.

Aclaremos todas las dudas razonables de los conteos, hasta que la percepción y la razón coincida con el mundo de los objetos físicos: las actas, los números, las sumas, las boletas, las firmas y demás. Esta revisión es la que además de certidumbre nos puede dar señales para agregar o modificar algunas disposiciones en la ley electoral.

Tiene razón el PRD en cuanto a que el PREP nos debería haber avisado o recordado al menos que el total de las actas consideradas en el PREP no era el 98.4 por ciento del gran total, sino de otro subconjunto de actas consistentes. Del gran total, el PREP consideró más bien cerca del 91 por ciento y la mayoría caímos en el error. En un margen tan extraño por estrecho, francamente ni el conteo rápido ni el PREP tienen significado certero.

Pero no se vale que Andrés Manuel tenga algunas dudas debido a su ignorancia estadística, ni tampoco se vale por eso enlodar el proceso electoral. Parece que su plan consiste en inflar cualquier irregularidad a nivel de gran cuestionamiento y probar, si no sale favorecido, que fue víctima de un “compló” y pelear en la calle la anulación de la elección.

Rechazar el PREP porque en una casilla se equivocaron al sumar 100 votos o porque no anunció los resultados a las 11 de la noche del domingo, de la muestra de 7 mil y pico de casillas de conteo rápido es como rechazar la gimnasia porque la magnesia salió gris.

Esa falta de cultura estadística se muestra, por ejemplo, cuando Andrés Manuel dice que no es creíble que el PREP haya empezado con una diferencia a favor de Felipe de un 7 por ciento y luego conforme iban llegando más actas, esa diferencia se iba reduciendo y que esa tendencia debería de haber seguido hasta cruzarse para que se volviera de vez en cuando una diferencia a favor de Andrés Manuel.

Mi querido Andrés Manuel, en el PREP no importan los primeros conteos, pues no son al azar, dependen de la geografía y de la hora de cierre de cada casilla. Para las 7 de la tarde la población total ya le había dado una ventaja a Felipe si es que la tiene, cosa que no sabemos. Es lógico que la votación de la población registrada por el PREP se iría acercando hacia esa ventaja, viniera del 7 por ciento o desde donde empezara a marcar. Las ventajas no se tienen que cruzar, ¿quién te dijo que matemáticamente es imposible que no se crucen?

Leonel Cota sacó su lodo y lo aventó cuando les dijo a los del IFE que no se fueran a vender por un puesto en el gobierno panista; ¿hay necesidad de insultar de ese modo? A menos que sea para armar su gran marcha de odio.

Manuel Espino dijo que ellos ya habían contado todas las actas, lo cual es posible y que aun agregando las actas inconsistentes que no consideró el PREP de todas maneras habían ganado. Yo no le creo porque mi sano escepticismo no me permite creerle hasta no tener las pruebas y el IFE es mucho más confiable que el PAN.

Vamos a aclarar y a contar cada acta validada, y en caso de que hubiera alguna diferencia en las actas, entonces abramos las urnas y contemos cada uno de los votos válidos; uno por uno, durante todo el tiempo que sea necesario para que ningún mexicano se quede en la ignorancia.

enriquecs@gmail.com