11 de mayo de 2006

Campañas en la blogósfera

Mario A. Campos
Revista Etcétera - Mediósfera
Mayo 2006

El 2006 será recordado como el año en el que se consolidó la blogósfera política mexicana. Al menos eso creía yo a finales del año pasado, cuando me imaginaba a los blogs como fuentes de información, no sólo para el público sino para los medios masivos, que durante el actual proceso electoral se alimentarían de esos nuevos canales de comunicación tal y como ocurrió en la última elección presidencial en Estados Unidos. Mi pronóstico, transcurrida ya la mitad de las campañas, resultó equivocado, al menos parcialmente.

Los blogs, es cierto, han sido un espacio natural en la disputa por los votos. Bitácoras de información general ­como www.rodrigo0.blogspot.com o www.alt1040.com­ han abierto sus espacios a la contienda y no es raro encontrar, junto a textos sobre innovaciones tecnológicas, una mención a la más reciente encuesta sobre la carrera presidencial. Esta cobertura también se ha visto acompañada por un importante surgimiento de blogs militantes, particularmente por la creación de sitios pro y anti López Obrador, el candidato que también en la blogósfera se ha convertido en el factor de división.

¿Qué impacto tendrán estos espacios en los electores? Es difícil saberlo. Por un lado, no hay cifras sobre el número de sitios dedicados a las campañas; por el otro, tampoco tenemos estadísticas confiables sobre el número de lectores.

En otras latitudes, los blogs se han convertido en actores de peso en buena medida por su impacto en la agenda de los medios dominantes. En ese sentido, mis pronósticos difícilmente pudieron dar más lejos del blanco. Acostumbrados a sus rutinas de trabajo, reporteros y columnistas no han volteado hacia la blogósfera para concederle el estatus de fuente de información. Salvo contadas excepciones, las menciones a blogs en particular, siguen siendo un fenómeno marginal.

Si bien es censurable la miopía de algunos periodistas, tampoco sería justo señalarlos como los únicos responsables. Los bloggers ­o autores de bitácoras­ tampoco han (hemos) hecho mucho para cambiar esta dinámica. Contaminados por los mismos vicios que se viven en la mediósfera, en la mayoría de las bitácoras se peca de parcialidad, se recicla información y es prácticamente inexistente la generación de investigaciones y análisis propios.

Alertado por algunos hechos previos ­como las fotos de Arturo Montiel y su esposa, difundidas por un blog y retomadas por Reforma­ me imaginaba un escenario en el que las campañas negativas transcurrieran por la blogósfera como paso previo a su difusión en los medios convencionales. Como ha sido evidente, mi análisis no contaba con que los spots y discursos de los institutos políticos y sus candidatos se encargarían de hacer la guerra por encima de la mesa sin necesidad de intermediarios.

No obstante, en medio de este panorama aún hay elementos a destacar en la participación de los blogs durante este proceso electoral. El ejemplo más claro lo podemos ver en la posibilidad que ofrecen diversos sitios al colocar ligas a videos de entrevistas, spots y otros materiales audiovisuales, que de otra forma no estarían al alcance de los usuarios/ciudadanos. A esto hay que agregar la vigilancia que desde algunos espacios se hace, no sólo a los actores políticos tradicionales sino a encuestadoras y medios de comunicación, así como el intenso debate que se vive en estos sitios que a diferencia de los medios tradicionales, permiten un diálogo constante que reduce la distancia entre el productor y el consumidor de información.

¿Son estas ganancias suficientes para sentirnos satisfechos? Por supuesto que no. La blogósfera mexicana, hasta ahora, se ha quedado corta en esta contienda. Por fortuna faltan todavía dos meses para la elección y aún hay tiempo para que se gane un lugar de honor en este, interesantísimo, fragmento de nuestra historia.

Periodista y consultor.
macampos@enteratehoy.com.mx

http://www.enteratehoy.com.mx

Marcos sí cree en las encuestas

Francisco Báez Rodríguez
Crónica
2006-05-11

Hasta él mismo lo ha admitido públicamente. Marcos es mucho mejor como comunicador que como generador de inestabilidad política. En ese sentido, sus contradicciones, reales o aparentes, deben también ser interpretadas como parte de un proceso de propaganda política.

La primera contradicción evidente es un cambio de opinión, que va más allá de los matices, acerca de la candidatura presidencial y el eventual gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Hace meses, cuando iniciaba La Otra Campaña, el dirigente neozapatista afirmaba que a la gente del Partido de la Revolución Democrática “los vamos a hacer pedacitos”, que no tenía nada qué tratar con AMLO, a quien incluso se refirió como El Innombrable (sic) y concluyó que si llegaba a la Presidencia de la República, “nos va a partir la madre a todos”. Ahora sólo “los ricos” están destinados a ser hechos pedacitos, Andrés Manuel queda reducido al papel de “embaucador” frente a candidatos que merecen adjetivos mucho peores y, a diferencia de Calderón (que promete mano dura) y Madrazo (quien promete mano de hierro), López Obrador, en cambio, haría “una administración política de la crisis” social que el sup ve a punto de estallar “de manera espontánea u organizada”. El vaticinio de que El Peje va a ganar sonó a deseo.

¿A qué se debe este cambio de actitud? ¿Cuándo pasó AMLO de ser el Innombrable que nos iba a partir la madre al menos malo de los tres cochinitos? Creo que la respuesta es sencilla: cuando dejó el primer lugar en las encuestas preelectorales.

Al inicio del largo zapatour, hace ya nueve meses, López Obrador iba solito, en caballo de hacienda, hacia la Presidencia en el 2006. En esas condiciones, el proyecto marquista de crear una oposición de izquierda anticapitalista y extraparlamentaria al gobierno populista de AMLO, que seguramente generaría desilusión popular, pasaba por una descalificación desde el inicio.

Nueve meses después, la opinión pública ha parido una ventaja del candidato de Acción Nacional sobre el de la Coalición por el Bien de Todos. Al cambio de circunstancia corresponde un cambio de estrategia. En su lectura, Marcos quiere encabezar la oposición de ultraizquierda a un gobierno de pseudoizquierda. Si ganara algún otro candidato a la Presidencia, ese espacio estaría ocupado, y no habría, en el partido en el gobierno, quién —como los Panchos Villa en el PRD— pudiera fungir de puente para negociaciones y chantajes varios.

La caída de López Obrador en las encuestas implica que se le cierran a Marcos caminos para encabezar un movimiento “popular” proclive a la violencia, pero declaradamente “pacífico”, “legal” y “de la sociedad civil”. El hombre del pasamontañas no trata de tapar esas evidencias de la opinión pública y actúa en consecuencia. La otra contradicción de Marcos es aparentemente más flagrante. Un día declara, en entrevista con La Jornada, que ahora en nuestro país “gobiernan los grandes medios electrónicos”. Ellos son los verdaderos mandamases en una nación ficticiamente democrática, en la que los de arriba despojan a los de abajo, dice. Al día siguiente, cuando el periódico apenas salió de las rotativas, Marcos acude a Televisa, lo vemos en la pantalla, sereno, bromeando y sonriendo detrás del pasamontañas. Si pensáramos de manera lineal, diríamos que Marcos ya entabló diálogo con el Poder.

Pero no hay que entender literalmente las paráfrasis del encapuchado. Hay que entender sus hechos. Ahí reconoce que, más que la plaza pública, los medios electrónicos son el espacio privilegiado para hacer campaña. Más aún en tiempos electorales.

Ahí, Marcos se agarra del mismo dato triste e incontrovertible que volvió tan popular su look. La violencia es espectacular. La violencia da rating. La violencia vende. Y, por muy poderoso que sea el consorcio Televisa, es rehén —como buena empresa capitalista— de su necesidad de vender. Toda televisora privada no vende programas, ni información ni diversión: vende audiencia, vende rating (palabra usada en múltiples ocasiones durante la entrevista con Loret de Mola, prueba del interés del sup por el asunto). Por eso no es casual que las golpizas brutales a policías y a civiles sean repetidas hasta la saciedad.

Marcos tiene eso qué ofrecer a las televisoras: violencia que vende. No es poco; por eso obtiene, a cambio, una buena cantidad de minutos en pantalla, que a los candidatos de los partidos registrados suelen costarles un buen billete. En ese sentido —pienso en Lenin imaginando que el capitalista le vende al revolucionario el fusil con el que será ejecutado— poco importa el futuro del país, no digamos ya la opinión de los televidentes.

fabaez@gmail.com

La recta final

César Cansino
El Universal
11 de mayo de 2006

Para Andrés Manuel López Obrador abril inició con un panorama electoral que parecía confirmarle una ventaja cómoda sobre sus contendientes, y que le permitiría enfilarse confiado hacia los últimos 60 días de campaña. Sin embargo, conforme se fueron publicando a lo largo del mes algunas de las encuestas más serias, fue confirmándose que, contra su propio pronóstico, las preferencias electorales lo colocaban ya, si no claramente atrás de Felipe Calderón Hinojosa, sí al menos en un "empate técnico" con el panista.

Parecían así rendir frutos los últimos dos meses de intensa campaña negativa -"guerra sucia", le ha llamado López Obrador- desde tres frentes combinados: la Presidencia de la República, el PRI y el PAN. Por su parte, el relanzamiento de la campaña de Calderón desde marzo sobre planteamientos estratégicos distintos, incluyó el deslinde táctico del golpeteo mediático contra AMLO respecto de la imagen y las propuestas del abanderado blanquiazul y, al parecer, dicho replanteamiento táctico -"el partido golpea, el candidato propone"- conjuró para Calderón los riesgos más inmediatos de una campaña negativa.

A su vez, la campaña de Roberto Madrazo siguió resintiendo los embates de las pugnas internas de su partido, sobre todo por las inconformidades, berrinches -como el escenificado por el coordinador de los diputados del tricolor, Emilio Chuayffet- y la previsible desbandada, provocados por la imposición de las candidaturas del Revolucionario Institucional a puestos de elección popular y las listas de diputados y senadores plurinominales.

Pero fue precisamente en el debate del 25 de abril cuando el candidato priísta refrendó su aparente debacle, con un pésimo desempeño ante un Calderón que apareció confiado -seguramente por el impulso de la publicación de la encuesta del diario Reforma esa mañana- y propositivo, a quien no hicieron mayor mella los embates del ex gobernador de Tabasco, y quien a cambio sí sufrió la merma de los revires de Calderón y los golpes de Roberto Campa, enviado a cobrar viejas facturas por parte de Elba Esther Gordillo.

Así, sin un desempeño realmente sobresaliente, dando apenas la imagen de un candidato que tiene propuestas -si bien no abundó en cómo podrían ser viables y creíbles-, Calderón fue relanzado por el efecto mediático del posdebate, en el cual, reiteradamente comunicadores, analistas y encuestadores lo dieron como el claro vencedor de un debate en el que su principal oponente estuvo más ausente que presente -pese al podio y la silla vacíos-, y su más cercano competidor simplemente desapareció del cuadro, literal y simbólicamente. Lo cierto es que López Obrador cometió un costoso error al no asistir.

A la soberbia mostrada por el perredista se sumó el efecto combinado de las campañas negativas en su contra, así como el famoso "efecto chachalaca", pero lo inexplicable es que al parecer López Obrador y su equipo de campaña no sólo se empeñan en minimizar su inasistencia al debate, descalificar encuestas "incómodas" y repetir -¿como chachalacas?- que todo eso es una oscura conspiración en su contra; sino que no dan visos de emprender una urgente y necesaria rearticulación estratégica de su campaña.

Como era previsible, el espejismo construido sobre el presunto triunfo anticipado del perredista era insostenible, sobre todo ante el ineludible momento de la confrontación y debate de propuestas y proyectos de candidatos y partidos de cara a la ciudadanía. "Abril es el mes más cruel.", rezaba el verso de un poeta; y al parecer la realidad del "efecto debate" y el cúmulo de errores estratégicos que ha cometido López Obrador le ponen ahora ante la cruel realidad de que ya no es el seguro ganador de la contienda.

Ante el panorama emergente de una contienda que se ha cerrado, cabría la posibilidad de una reorientación estratégica de las campañas que privilegie las propuestas y su consecuente debate abierto, informativo y formativo para los votantes.

Sin embargo, lo más probable es que los candidatos y sus equipos apostarán por la ruta del menor riesgo, que implicará seguramente no incurrir en errores fatales, y explotar al máximo la propaganda negativa contra sus adversarios.

cansino@cepcom.com.mx

Director del Centro de Estudios de Política Comparada

10 de mayo de 2006

La reaparición de los ultras

Federico Reyes Heroles
Reforma
Martes 9 mayo 2006

¿Qué quieren? ¿Qué fin persiguen? ¿A quiénes favorecen o perjudican? El gran misterio de los radicales, de los ultras, es que escapan a cualquier racionalidad. Ahí el peligro. Los ultras se nutren del resentimiento social, es cierto, pero no son la solución. No tienen un pensamiento articulado de cómo combatir las desigualdades. Los ultras no militan en ninguna organización permanente, con definiciones de largo plazo, ello es contrario a su esencia aventurera, inmediatista. Los ultras buscan la explosión social sin medir las consecuencias. Para los ultras la sangre derramada en el camino es un objetivo en sí mismo. Con los ultras es imposible negociar, por un simple motivo, no saben qué quieren. Y, lo más grave, con frecuencia los ultras son carne de cañón de otros.

Hace 12 años Marcos era el defensor de las causas indígenas, siglos de opresión, injusticia, olvido, miseria fueron las justificaciones para levantarse en armas y declarar la guerra al Ejército mexicano. Hubo muertos de ambos lados. Él logró las primeras planas de los diarios. Su vanidad hinchada no encontraba límites. Pero ni siquiera una buena causa salva a la irracionalidad y el radicalismo. A pesar de tener los ojos del mundo encima y una enorme simpatía inicial, el movimiento se desmoronó en el camino. ¿Por qué? Al final del día Marcos no defendió a los indígenas, veló, eso sí, por su ilimitada vanidad.

Hace siete años los ultras se apoderaron de la UNAM. Su nueva justificación fue una propuesta de cuotas que, súbitamente, incendió sus conciencias. Terminaron defendiendo a los ricos, a los que sí pueden pagar. Una verdadera justicia es demasiado elaborada para ellos. Los ultras paralizaron la principal universidad de México y lastimaron la vida de cientos de miles de estudiantes. Pero claro, como sólo ellos saben lo que es bueno para México, no hubo ninguna negociación posible. Fui testigo de cómo los radicales extorsionaban a sus propios colegas, muchachos muy jóvenes, y los amenazaban con golpes si se atrevían a negociar. De nuevo, ¿qué querían? El presidente Zedillo tomó la decisión de rescatar a la UNAM. Nadie desea la violencia pero, ¿cuál era la salida?

Los ultras desaparecieron por algún tiempo hasta que se les atravesó Atenco. La intención mal negociada del régimen de construir un aeropuerto les abrió la puerta, reaparecieron. Los mismos rostros, las mismas actitudes sin sentido. El régimen se arredró y todos los mexicanos salimos perdiendo por la imposición de los machetes. Ahora la reubicación negociada de un pequeño grupo de floricultores cimbra al país. Las autoridades, en particular el gobernador del estado de México y la PFP reaccionan como deben e imponen el orden, expresión que suena dura pero a la cual deberíamos acostumbrarnos: imponer el orden es una obligación de los gobernantes no un acto dependiente de la voluntad. Como siempre los excesos de la fuerza pública también estuvieron presentes. Un niño-adolescente, 14 años, cae muerto y la responsabilidad no queda clara. De pronto Marcos que anda por allí, ¡qué casualidad! Retoma la causa. ¿Y los indígenas? Bien gracias, allá en Chiapas esperando a su redentor que anda en busca de reflectores. Ya hay nuevos mártires. 1994, 2000 y 2006, qué curioso, años de elecciones federales.

¿Qué quieren? Madrazo muestra el cobre y habla de una "elección de Estado". Niega así las contribuciones que su partido tuvo en la construcción de la democracia mexicana. ¡Genial! El PRD y en particular López Obrador, en un intento por paliar su estrepitosa caída, invocan al fantasma del fraude, de la conjura. Justo en ese momento viene la provocación. Marcos demanda ahora liberar a los detenidos, delincuentes o no. Es la misma mecánica del CGH en el 99-2000. Se trata de ciudadanos mexicanos que cometieron delitos, pero eso no viene al caso. Para los ultras todas las leyes son injustas. Recordemos que Marcos ya llamó a derrocar al próximo Presidente, sea quien sea. Hoy amenaza con bloqueos y movilizaciones, busca arrinconar a las autoridades: si aplican la ley serán acusados de represores y si no la aplican serán débiles. Si la aplican le dan la razón a López Obrador y su argumento del gobierno represor. Si no la aplican le dan la razón a Madrazo: hace falta mano firme.

En el 94 Camacho negoció con ellos durante meses y al final deshonraron los acuerdos. El gobierno mexicano echó para atrás al Ejército y nada se consiguió. Pablo Salazar intentó el diálogo y una nueva estrategia, no sirvió de nada. Fox les tendió la mano, marcharon a la capital, hablaron en el Congreso, propuso una nueva ley y al final lo mandaron al demonio. De la Fuente hizo lo indecible por establecer puentes y nada logró. Don Luis H. Álvarez ha tratado de negociar durante años y nada ha conseguido. PRI, PAN, PRD lo han intentado, pero los ultras no negocian con nadie.

Ocho semanas antes de las elecciones del 2006 lo que quieren es reventar el proceso, que el régimen reprima, que haya sangre. La democracia no les interesa. Marcos suspendió elecciones e igual ocurrió en Atenco en el 2003. Pero si el Estado mexicano, entendiendo por ello el compromiso básico con la legalidad de los tres órdenes de gobierno, municipal, estatal y federal, no aplica la ley de manera coordinada, la señal para el país será brutalmente perversa. Son insaciables. ¿Qué hacer? No es creíble que la aplicación de la ley sea motivo de usufructo político.

Ya volvieron, son los mismos. Si alguien cree que los controla es un ingenuo. Los ultras son enemigos de la democracia. Sólo hay una salida, la aplicación de la ley. A cerrar filas.

9 de mayo de 2006

AMLO: sólo un aprendiz de brujo

Jorge Fernández Menéndez
Excelsior - Razones
09-05-2006

Siempre se habla del México bronco, se advierte del peligro de despertarlo, se insiste en su presencia latente en el inconsciente colectivo de nuestra sociedad. No son advertencias vanas porque el México bronco existe, es real. Pero pocas veces se habla del otro México, el que repudia la violencia, sobre todo cuando no es justificada, el que apuesta por la estabilidad y la tranquilidad, el que quiere trabajo y vivir mejor: el México pacífico. Para algunos, esos dos México son, como muchos otros, la demostración de las enormes distancias sociales internas que nos marcan. La diferencia es que pareciera que, sobre todo en épocas de cierta estabilidad económica, el México pacífico es mucho más numeroso y congruente que el bronco y, mientras el primero representa en buena medida nuestro futuro, el segundo es la representación palpable de nuestro pasado.


El México bronco fue despertado en San Salvador Atenco la semana pasada. Fue despertado porque lo que vimos fue una evidente provocación fraguada por los macheteros de Atenco y organizada por su líder político, Marcos. El cálculo de los zapatistas fue erróneo como lo han sido todos desde que comenzaron la llamada Otra Campaña. Marcos en el DF ha pasado desapercibido, cualquier candidato puede convocar más gente en sus actos y tiene mayor repercusión pública. En Atenco, los hechos de violencia fueron rechazados por los propios habitantes del municipio, hartos de Ignacio del Valle y sus seguidores. El acto de Marcos el fin de semana tuvo que ser suspendido por falta de quórum y los bloqueos organizados por otros asociados del subcomandante, el Frente Francisco Villa y los ex miembros del CGH (en muchas ocasiones más cercanos al EPR que al EZLN o lo que queda de él) demuestran tanta impunidad como falta de convocatoria. Para Marcos, Atenco es un fracaso que, por lo menos, le ha permitido estar en los medios aunque fuera para exhibir la magnitud de su actual debilidad. Pero, en el caso de López Obrador ha tenido y seguirá teniendo un costo demasiado alto.

Los bloqueos y las amenazas de violencia le quitan votos todos los días al candidato perredista. El problema es que Andrés Manuel, que no impulsó la provocación de la semana pasada por la sencilla razón de que no ganaba nada con ella, no puede criticarlos ni deslindarse de ellos porque los compromisos adquiridos con esos grupos son demasiados. En los hechos López Obrador echó a andar los demonios en los últimos años y ahora ya no los puede controlar. Y tampoco quiere hacerlo, porque considera que, en el futuro, gane o pierda las elecciones, le serán útiles.

A López Obrador, con Atenco, le está pasando lo mismo que le sucedió con Tláhuac, con el asesinato de los agentes de la PFP: no puede condenar los hechos porque está comprometido con los grupos que los organizaron. El Frente Francisco Villa, los macheteros de Atenco, los alguna vez jóvenes del CGH, los grupos de base de las distintas denominaciones del EPR, establecieron numerosos acuerdos con la administración capitalina por conducto de René Bejarano y su corriente, desde la campaña del 2000. López Obrador los usó, entre otros objetivos, para abortar la construcción del aeropuerto en Texcoco y exhibir la debilidad gubernamental; sirven para presionar a adversarios y para movilizarse contra el desafuero. Por eso, en Tláhuac las fuerzas policiales de la ciudad decidieron no intervenir y dejaron que se linchara y quemaran vivos a los policías federales. Por eso, los del Francisco Villa pueden interrumpir cualquier vialidad del DF el tiempo que quieran y el gobierno de Alejandro Encinas los deja hacer. De qué magnitud serán esos compromisos que el mismo Andrés Manuel, quien no ha tenido problema alguno en deslindarse de personajes tan significativos como Cuauhtémoc Cárdenas, de la corriente cardenista, de Rosario Robles y de muchos otros, no ha podido ni querido poner un límite y criticar abiertamente a Bejarano y los bejaranistas, ni a todos los aliados impresentables de éstos, desde el Frente Francisco Villa hasta los macheteros de Atenco.

Ahora se encuentra atrapado en un dilema más: apoyar estas movilizaciones no le garantiza más que el apoyo de sus electores duros, y éstos no son más de unos cuatro o cinco millones, mientras que le resta en forma acelerada el voto de los cambiantes, quienes nutrieron en el pasado su candidatura y ahora la están abandonando para pasarse, sobre todo, al bando de Felipe Calderón. Si rompiera públicamente con esos grupos, tendría que adoptar un discurso completamente distinto, que pasara por la aceptación, por ejemplo, de un pacto de civilidad, la firma del pacto de Chapultepec o por la aceptación del acuerdo contra la inseguridad que no quiso suscribir ayer. En otras palabras, implicaría, desde ahora, aceptar la legitimidad del proceso electoral y todos los acuerdos que giran en torno a éste. No lo hará porque su estrategia, ya lo ha demostrado, va por la vía de desconocerlo.

Y, si es así, la base de la movilización para después del 2 de julio, si Andrés Manuel no gana, pasará por los mismos de siempre: los de Atenco, Pancho Villa, los bejaranistas. El otro PRD, el surgido desde el cardenismo, no jugará a la aventura lopezobradorista si no hay causa justificada. Para eso se necesita a quienes hacen el trabajo sucio, y no se puede romper con ellos ahora, aun cuando sean una fuente constante de pérdida de votos. Al estar arriba en las encuestas, no importaba. Hoy que, como en el tango, la candidatura va cuesta abajo, los costos de esos “apoyos” adquieren una dimensión mayor. La paradoja es que no puede deshacerse de ellos porque están en el corazón de su estrategia política.

López Obrador no organizó la provocación de Atenco. Pero patrocinó y protegió a sus verdaderos organizadores y, ahora, aunque hayan cambiado de membresía, no puede desligarse de ellos. Eso le sucede, en política, a los aprendices de brujo.

Elegir la sociedad

Macario Schettino
El Universal
09 de mayo de 2006

La democracia no es cosa sencilla. No es, de hecho, un asunto natural. No nacemos los humanos preparados para ella, sino al contrario. De fábrica, en los genes, tenemos construida una visión del mundo muy especial, producto de millones de años de evolución, que no tiene mucho espacio para la tolerancia, el respeto a los demás, ni mucho menos para el concepto de igualdad.

Somos, como usted sabe, parientes muy cercanos de los chimpancés (de las dos especies que aún existen), y un poco menos de los gorilas. Y nuestro proceso evolutivo fue muy similar al de ellos, de manera que nuestras sociedades naturales son también parecidas. Como los chimpancés, somos capaces de vivir, naturalmente, en pequeños grupos (menos de cien individuos adultos), con estructuras dominantes claramente establecidas y sostenidas a través de la violencia. Naturalmente, subordinamos a mujeres y niños a esta estructura. Definimos, también de manera natural, espacios geográficos, y consideramos a otros grupos como amenazas. Los demás no son iguales a nosotros, al menos no de manera natural.

Concebir a los demás humanos como iguales a nosotros, a mujeres igual que a hombres, no está en nuestros genes. Resolver nuestros conflictos sin violencia, tampoco. Por tanto, no es natural en los humanos la democracia. Es una construcción cultural que hemos desarrollado en apenas unos años.

Aprender a vivir en una democracia no es nada sencillo. Regresar a las formas comunitarias, en cambio, es natural. Es por eso que las visiones comunitaristas tienen tanto atractivo para las multitudes. No les exigen esfuerzo, al contrario. Ofrecer la vida comunitaria es tan natural, tan simple, como ofrecer comida o sexo. Está en los genes la voluntad de aceptar. Sólo la cultura, la inteligencia, nos lo impide.

Estas visiones comunitaristas, ya sea que las ofrezca una iglesia o un movimiento político, son y seguirán siendo atractivas. Más mientras menor sea el grado de sofisticación de los receptores. Si quiere llamarle a esto educación, cultura, o como guste, es lo mismo. Si usted tenía alguna duda de por qué el catolicismo tuvo siglos de éxito, o por qué el comunismo llegó a gobernar medio planeta, o por qué el populismo es tan popular en América Latina, la respuesta no la encontrará en las ciencias sociales, sino en la biología. Está en nuestros genes.

En México, específicamente, no logramos salir de esta maldición genética. De estructuras autoritarias y comunitarias indígenas, pasamos a lo mismo, pero católicas, y de ahí a lo mismo, pero revolucionarias. Y es que dejar atrás a los genes requiere, insisto, construcciones culturales.

Dejar atrás nuestro pasado simiesco nos ha permitido, a los humanos, no sólo poblar todo el globo, sino incluso ponerlo en riesgo. Hemos sido tan exitosos en sobrevivir, que cualquier clasemediero de hoy vive mejor que cualquier noble del siglo XVI. Pero, y éste es el problema, ese éxito material lleva asociado, por obligación, el sometimiento de los genes a la cultura. Y no me refiero a cualquier cultura, sino precisamente a la que logra imponerse a la maldición genética de la comunidad, del desprecio a los otros, la maldición de la discriminación.

Por eso los jóvenes abrazan con tanta emoción las causas comunitarias, porque sus genes (y sus hormonas) les impiden aún pensar con serenidad. Por eso los simples se asocian con tanta facilidad a estas causas, porque pensar exige esfuerzo. Por eso las naciones aceptan con tanta facilidad destinos miserables, porque es más fácil dejar que los genes trabajen a someterlos.

Insisto en lo que he dicho por meses: en este proceso electoral estamos eligiendo no sólo un nuevo Congreso y presidente, estamos decidiendo un par de generaciones completas. Si volvemos a apostar al pasado, a esa visión comunitaria (y por lo mismo autoritaria), para cuando logremos quitarla, México será miserable. No menosprecie usted el esfuerzo que sí están haciendo 2 mil millones de seres humanos en China e India por avanzar. Son veinte Méxicos creciendo al doble de velocidad. En diez años, no habrá espacio para una economía mediana, como la nuestra. Se trata de escoger entre una comunidad de simples, violentos y autoritarios, y una sociedad de iguales, con reglas claras. México profundo, o México exitoso. Usted decida.

macario@macarios.com.mx

Profesor de la EGAP del ITESM-CCM

8 de mayo de 2006

Madrazo: el candidato sin rumbo

Jorge Fernández Menéndez
Excelsior - Razones
08-05-2006

Era la madrugada del viernes 14 de abril. En unas horas comenzaría el Consejo Político Nacional del Partido Revolucionario con el fin de aprobar la lista de candidatos a diputados de ese partido. En las oficinas de Mariano Palacios Alcocer habían estado negociando los últimos detalles, el presidente del partido, el candidato Roberto Madrazo, la secretaria general, Rosario Green, y un puñado de dirigentes partidarios más. Las presiones eran enormes porque los compromisos adquiridos eran mayores que las posiciones a repartir. Madrazo, cerca de la una de la mañana, decidió que las cosas se quedaban como se había acordado hasta entonces y se fue a dormir. Los otros permanecieron o se retiraron a sus domicilios para cambiarse de ropa y continuar. Horas después, antes de comenzar la sesión del CPN, la situación seguía igual de tensa: a la oficina de Palacios se había “metido”, literalmente, el gobernador de Colima, Silverio Cavazos, quien exigía el cambio de una posición. Palacios negociaba con otro gobernador por teléfono y Green analizaba la documentación que se presentaría en el CPN: la ex canciller estalló al revisar los papeles: “Esto es un desastre, dijo, estas listas son las primeras que se hicieron, no las de ayer, hay que cambiarlas”. No, le dijeron sus ayudantes, estas son las listas actualizadas. No, insistió Green, “estas son las antiguas, miren, aparece José Murat y ayer el candidato aseguró que no estaría en las listas”. Palacios interrumpió su negociación telefónica y también a su secretaria general: “No, Rosario, están bien, Roberto me llamó ayer, después de irse, para decirme que Murat sí entraba en las listas”. No quedaba mucho más que hacer, pero era la demostración del profundo desorden prevaleciente en el priísmo, de cómo el candidato y su círculo más cercano están tomando las decisiones y de los costos que ello le está generando a su partido.

Diez días después, Madrazo, asesorado sólo por ese círculo íntimo, llegó sin la suficiente preparación al debate. Fue su peor jornada política en muchos años: no sólo lo perdió sino, además, perdió las formas y prácticamente se despidió de la posibilidad de ganar la Presidencia. Un día después se reunieron en el hotel Four Seasons un grupo de ex gobernadores a los que se sumaron, más tarde, algunos otros dirigentes y gobernadores en activo, la idea era ver cómo se podía rescatar la candidatura de Madrazo, pero el debate derivó, insólitamente, en la posibilidad de cambiar de candidato. Tuvo que llegar Palacios Alcocer para tratar de calmar la situación y, además, intervinieron algunos de los principales aportadores a la campaña con el fin de explicar que ya no habría recursos para lanzar otra candidatura.

Sin lugar a dudas, Madrazo, después del debate, tenía que revisar su estrategia de campaña. Lamentablemente, tomó el camino equivocad en lugar de irse por las propuestas y fortalecer su estructura (lo único que puede ya no ganar, pero, por lo menos, salvar la elección para el PRI), decidió adoptar la misma estrategia de López Obrador: decir que estamos ante una elección de Estado y amenazar con desconocer sus resultados. Resulta paradójico, porque esa es la estrategia que todos los especialistas están señalando como la responsable de la caída electoral del perredista. Y su paisano, en vez de tomar otro rumbo, decidió recorrer el mismo camino.

Pero no lo entienden así. En la reunión de Consejo Político donde se aprobaron las candidaturas, la dirigencia hizo números alegres: según ellos, el Revolucionario Institucional tiene una base de 11 millones de votos duros y el Partido Verde les sumará nada más y nada menos que entre siete y ocho millones de sufragios, con lo cual, dice la gente de Madrazo, ganarán la elección del 2 de julio. Todo puede ocurrir, pero lo cierto es que quizá los 11 millones de votos duros del PRI pudieran ser verdad, mas los siete u ocho millones de verdes están sólo en la imaginación de sus dirigentes.

Por eso muchos priístas consideran que la alternativa de su partido está en concentrarse en los estados y el Congreso, utilizando la candidatura presidencial como una suerte de plataforma para hacerse fuerte en esos ámbitos, los únicos en los cuales el PRI aparece como realmente competitivo. En las encuestas presidenciales, Madrazo está apareciendo entre ocho y diez puntos abajo del puntero, Felipe Calderón, mientras que en los estados y en las elecciones legislativas sus perspectivas podrían ser mejores. El peligro radica en que, si la campaña continúa en la lógica actual, el deterioro de la candidatura de Madrazo puede tener un efecto de cascada en la votación de los estados e incluso poner en peligro esas opciones. En varias encuestas recientes, el partido ya está tercero en el ámbito legislativo (muy lejos de las aspiraciones de ser primeros en el Senado y por lo menos segundos en la Cámara de Diputados) y eso sería, lisa y llanamente, un desastre para la mayor parte de sus gobernadores.

En los últimos días, Madrazo realizó algunos movimientos tratando de enviar señales para algunos de los políticos que habían roto o se habían distanciado en forma notable de él: colocó en su equipo de campaña a Francisco Rojas Gutiérrez, un político serio, muy cercano a Carlos Salinas (con el que las relaciones del candidato se han deteriorado al máximo), y a Manlio Fabio Beltrones, quien había permanecido alejado del entorno de Madrazo por fuertes diferencias con algunos de sus cercanos, como José Murat, para que coordine la campaña de senadores, lo que implícitamente lo coloca como un virtual líder de la bancada para la próxima Legislatura. Quién sabe si con un par de movimientos será suficiente. Todo indica que no. Lo cierto es que, mientras el discurso de la campaña gire en torno a la denuncia de “la elección de Estado” y la amenaza del desconocimiento de los resultados electorales, el suicidio en cámara lenta de Madrazo va a continuar y con él terminará arrastrando a su partido.

Tiempos de peligro

Pablo Hiriart
Crónica
2006-05-08

Vienen tiempos de peligro.
Una antigua frase popular dice que hay que tener cuidado con los que se están ahogando, porque no reparan en lo que se agarran.
Es lo que hemos comenzado a ver ahora, cuando el candidato Andrés Manuel López Obrador ha sido rebasado en las encuestas luego de haberlas encabezado desde el inicio de la carrera por la Presidencia.
El trauma es grande.
Ya se sentían ganadores y actuaban como tales.
Se repartían los cargos en el gabinete.
Ya comenzaba, incluso, la lucha interna por la sucesión del Presidente López Obrador.
El candidato que se sentía Presidente ya sabía dónde iba a instalar su recámara en Palacio Nacional.
Y de pronto las encuestas le dicen que probablemente tendrá que seguir durmiendo en Copilco.
Que el puntero es otro y faltan menos de dos meses para las elecciones.
Por eso ha comenzado a suceder lo que estamos viendo.
Camacho está fuera de sí. Como en 1994, cuando Colosio le ganó la candidatura que él creía suya y nada más que suya.
Escribió el lunes anterior que los medios que publicaron después del debate que “ganó Calderón, fueron pagados por el PAN”.
¿De veras? ¿Y los que pusieron que ganó la silla vacía fueron pagados por él? Por favor. Fuera de sí.
La Jornada, el diario que funge como vocero de López Obrador y de su partido, publicó en su editorial del día siguiente de los hechos de Atenco, que “los medios informativos (sic), por su parte, aprovecharon la oportunidad para presentar a los atenquenses como intrínsecamente violentos y levantiscos, hasta sugerir, con una escandalosa falta de escrúpulos, que el conflicto podría estar vinculado a la presencia del subcomandante Marcos en la capital del país”.
Están fuera de sí. El shock de las encuestas los ha traumatizado.
Nadie acusa en general a los atenquenses.
Pero sí a un grupo minoritario muy bien identificado que tenía secuestrada la tranquilidad en San Salvador Atenco.
(Al fin les pusieron un alto. Qué bueno. Muy bien por Peña Nieto y por Medina Mora).
¿O no vieron cómo esos violentos, y además cobardes, pateaban en el piso a un policía que iba desarmado y estaba completamente inerme?
¿No vieron cuando estaba inconsciente en el suelo y uno de los rijosos de Atenco le propinó una patada criminal en los testículos?
¿No oyeron decir a América del Valle, lideresa de los macheteros, que tenían “licencia para matar”? Ignacio del Valle, líder de los violentos, recibió en su casa al subcomandante Marcos el 25 de abril.
Marcos pernoctó en San Salvador Atenco.
La escolta de Marcos el 1 de mayo en su marcha por el Paseo de la Reforma era un selecto grupo de macheteros de Atenco.
Cuando el grupo de violentos de Atenco la emprendió machete en manos contra policías desarmados, Marcos declaró al EZLN en alerta roja.
¿Es una “escandalosa falta de escrúpulos” sugerir que Marcos y el EZLN tienen sus manos metidas en el conflicto de Atenco?
Claro que no. Falta de escrúpulos es ocultarlo.
Y por lo que se ve, grupos del PRD también están inmiscuidos en esa enorme provocación que vimos el miércoles en Atenco.
Al día siguiente de la trifulca, el Frente Popular Francisco Villa tomó por cinco horas la carretera Texcoco-Los Reyes en solidaridad con los violentos de Atenco.
Por voz de Alejandro López Villanueva, los Panchos Villa anunciaron más movilizaciones. Es decir, como el EZLN, también están en alerta roja.
¿Y quién es Alejandro López Villanueva?
Es líder del Frente Popular Francisco Villa, y además es coordinador en la campaña de Marcelo Ebrard, candidato del PRD a la Jefatura de Gobierno del DF.
¿No está metido el PRD en el brote de desestabilización?
Cuidado con los que se están ahogando, que no reparan en lo que se agarran, puede ser la frase que resuma lo que hemos vivido en estas dos últimas semanas. Y de lo que falta para el 2 de julio.
San Salvador Atenco es, a simple vista, la construcción de un cuadro de desestabilización nacional en momentos de por sí delicados, escribió el viernes Raymundo Riva Palacio en El Universal.
A simple vista, puede ser.
Como también puede ser parte de esa estrategia desestabilizadora la revuelta de sindicatos lopezobradoristas, que amagan con un paro nacional parar defender a Napoleón Gómez Urrutia, el multimillonario dirigente de los mineros mexicanos que ganan 450 pesos a la semana.
Grupos violentos y organizaciones políticas afines al PRD que simpatizan con Andrés Manuel López Obrador han sido infiltrados, desde 2001, por células bolivarianas financiadas por el gobierno de Venezuela para construir una estructura de promoción y autodefensa en caso de un eventual triunfo de la izquierda mexicana en próxima jornada electoral presidencial.
Eso decía un amplio y documentado reportaje de Francisco Reséndiz, publicado en Crónica hace exactamente dos meses.
Lo que hemos visto en estas últimas dos semanas, ¿es autodefensa del triunfo de López Obrador por parte de organizaciones radicales, ahora que ha sido desplazado del primer lugar en las encuestas?
No lo sabemos.
Lo que sí sabemos es que entramos en tiempos de peligro.
Los desesperados van a querer demostrar que el gobierno actual no sirve para gobernar.
Que no garantiza la gobernabilidad.
Así lo han manifestado ya los voceros del candidato López Obrador, que cayó al segundo lugar.
Y de manera sorprendente, ése es ahora el discurso de Roberto Madrazo.
Sí. Estamos en tiempos de riesgo. En esta contienda ya hay desesperados.
Vemos, por ejemplo, cómo el abanderado del PRD y miembros de las redes ciudadanas repiten sin ninguna base que tienen una encuesta que dice que López Obrador va arriba con diez puntos de ventaja sobre el segundo lugar.
¿En aras de esa mentira van a salir a desestabilizar en caso de que no ganen el 2 de julio?
Acusaron al periódico Reforma y a María de las Heras de haber cuchareado sus encuestas.
Dice López Obrador que esas encuestas se hicieron en Los Pinos. Que él sabe incluso quiénes se reunieron para hacer la encuesta que publicaron sobre pedido en Reforma.
Otra enorme y vulgar mentira.
El problema de todo esto es que hay gente, de la mucha que todavía sigue a López Obrador, que cree esas falsedades.
Y se incuba un ambiente de odio entre quienes lo ven a él como la única esperanza para mejorar de vida.
En esa lógica, quienes le hacen trampa a López Obrador para impedir que gane, le están haciendo trampa al pueblo con el fin de seguir enriqueciéndose y mantener a las mayorías en la pobreza.
De ese tamaño es el sofisma que están inoculando entre la población que está de su lado.
¿Tendremos uno, diez, cien atencos si la elección es cerrada y López Obrador pierde por un margen estrecho?
Deliberadamente o no, se está construyendo un escenario para que, en caso de no ganar la elección, arrebatar.
O para reventar la elección si continúa cuesta abajo en las encuestas.
Son tiempos de peligro, pues.

phiriart@cronica.com.mx

El Segregado

Pepe Grillo
Crónica
2006-05-08

No extraña que Andrés Manuel López Obrador se haya negado a asistir a la firma de un Compromiso Ciudadano de Combate a la Delincuencia. Sí lo harán hoy Felipe Calderón, Roberto Madrazo, Patricia Mercado y Roberto Campa. María Elena Morera, presidenta de México Unido contra la Delincuencia, reúne a los candidatos a la Presidencia de la República, pero uno rehusó hacer el compromiso.


El candidato del PRD sigue dolido por aquella marcha de junio de 2004 en el que brotaron de las calles hombres y mujeres de todas edades y sin partido a protestar contra la inseguridad, principalmente en la Ciudad de México. También de los spots en los que ciudadanos, entre ellos Talina Fernández, denunciaba la crudeza de su infame experiencia como víctimas directas o indirectas de la delincuencia.

A propósito de aquellos spots, López Obrador dijo: “estamos arriba en las encuestas y están nerviosos, no hallan cómo bajarnos”.

Pero ahora... ya bajó.

Las lecciones de Aznar

Leonardo Curzio
El Universal
08 de mayo de 2006

Vuelco electoral fue la expresión que se usó para explicar el triunfo de Zapatero sobre el candidato del Partido Popular (Mariano Rajoy), quien punteó las encuestas durante todo el proceso. Para Aznar, a pesar de sus imposiciones (meter a España a una guerra), el triunfo de su partido se daba por descontado. Todavía le cuesta aceptar el veredicto de las urnas. La tendencia ascendente de Zapatero se catapultó tras la manipulación informativa del gobierno de don José María, de los atentados que ensangrentaron Madrid tres días antes de los comicios.

En México nadie puede hoy por hoy asegurar que alguien tiene el triunfo seguro, sin embargo hay un cambio en las tendencias electorales (Felipe Calderón las lidera) que en algo se parece al famoso vuelco. Me cuesta imaginar que un ciudadano que había decidido votar por AMLO cambie por Felipe, no me suena lógico, pero algo está sucediendo. La última encuesta de GEA demuestra que el panista ya no sólo crece en los sectores acomodados y medios, su penetración en segmentos populares es mayor.

El vuelco electoral no es producto de la insufrible intervención del Presidente en el proceso. Bien haría Fox en comprender lo que le pasó a Aznar y ser más prudente. Un presidente saliente se preocupa por su futuro y por la herencia que deja, no por incidir en un proceso que ha salido de su esfera. Fox debe entender que en esta boda él tiene el papel del padre de la novia: ni le pidieron permiso ni es el centro de atención; así es que buenas caras y garantizar que la economía y el orden público se mantengan para no arruinar el casorio de la hija.

Calderón ha sabido leer sus coyunturas y jugar sus cartas. Lo que menos necesita es que el Presidente le haga una aznarada en la recta final.

Como contraste del ascenso calderonista está el relativo declive de AMLO. Se ha hablado de muchos efectos, el chachalaca y otros más pero el que me parece más grave es el síndrome Labastida. Resumo este mal en dos síntomas: 1) cuidar con solemnidad su figura por suponer que ya tiene el triunfo, y 2) encastillarse en la torre con los leales.

AMLO parecía imbatible y se la creyó. Empezó a pavonearse como protopresidente. Se va cristalizando la idea de que no acude a citas difíciles por miedo al riesgo. Por eso prefiere la placidez de su programa de televisión a presentarse ante los reporteros a calzón quitado. Oscila entre la ambigüedad y la evasión de temas. Ha dejado de confiar en él mismo y es presa del papel de presidente que le habían asignado. Parece no entender que las diferencias sociales y regionales obligan a matizar el discurso. Tiene un mensaje que prende entre los chilangos pero aterra en otras latitudes. No ha cultivado a las clases medias y éstas votan lo mismo que las populares. Para las clases medias y altas el bolsillo es lo central y en temas económicos ha optado por el peor de los caminos: el confusionismo. Habla de cambiar el modelo económico y después de mantener los equilibrios. Se ha instalado en la esterilidad provocada por un discurso radical y un actuar suave y prudente. Como jefe de Gobierno permitió enriquecerse a desarrolladores inmobiliarios y constructores y no tocó ningún interés significativo.

Le han colgado, sin embargo, el sambenito de la amenaza y como candidato ha sido una suerte de mastín desdentado. Sus discursos agresivos sobre los poderosos contrastan con su silente actitud ante la reforma a la Ley de Medios, su arreglo en TV Azteca y sus peticiones de perdón a Televisa. Ha permitido que sus adversarios lo coloquen como una amenaza a la economía de mercado, sin serlo.

No se ha decidido nada, pero la soberbia (que le pregunten a Aznar) de que el triunfo ya está en la bolsa o de intentar manipular el proceso es algo que hace mucho daño a quien se lo crea...

Analista político

6 de mayo de 2006

La lucha por el pasado

Mario Campos
Excelsior
06-05-2006

La duda es a qué atribuirán los ciudadanos la violencia. La respuesta no es poca cosa, pues de ello dependerá el impacto que esto tenga en las próximas elecciones.


Que el presente condicione nuestra expectativa del futuro es natural. Lo novedoso es que el presente determine nuestra lectura del pasado. La expresión anterior podría parecer una pretenciosa frase de no ser porque parte de la política de nuestro tiempo se explica por esa consideración, como recién recordamos en México por el regreso de actores políticos que ya creíamos parte de nuestra historia. El caso que mejor ilustra este fenómeno es sin duda el atentado terrorista del 11 de marzo de 2004, día en que unos hombres asesinaron a más de 190 personas en Madrid y con ello cambiaron el rumbo político de España.

Apenas dos días antes del ataque, todas las encuestas daban como un hecho el triunfo del Partido Popular (PP). El 11-M irrumpió en escena y el 14 de marzo, sólo tres días después, la noticia era el triunfo del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Al parecer, lo que motivó el cambio en el electorado no fue el acto terrorista en sí, sino la relación del mismo con los discursos de campaña. Hasta el 10 de marzo, la mayoría de los electores habían tomado una decisión: el crecimiento económico obtenido durante el mandato de José María Aznar había que reconocerlo. Tanto, que incluso la condena sistemática a su política exterior no había logrado inclinar la balanza en favor del PSOE. Con el atentado cambió la valoración de los electores, y no era para menos. De pronto, la participación española en Irak se había convertido en el principal problema doméstico, que sumado a las formas de ejercer el poder del PP, hacían que la oferta socialista de un gobierno con un “talante diferente”, resultara más atractiva.

¿Qué tiene que ver este fragmento de la historia española con la actualidad mexicana? Durante meses, los críticos de Andrés Manuel López Obrador apuntaron hacia su carácter autoritario. La denuncia, vistas las encuestas de los últimos años, parecía caer en saco roto... hasta que apareció el “cállate, chachalaca”, la renuencia a debatir y la constante descalificación a las encuestas. En ese momento, el discurso contra quienes algunos ven como un político arrogante, adquirió sentido para miles de electores.

El modelo se repite una y otra vez. Apenas esta semana revivieron dos muertos. Los macheteros de Atenco y el EZLN. Ambos formaban parte de la historia reciente del país, no obstante, al menos por un día, volvieron a ser actores de primer nivel. Ante la violencia en la pantalla, una demanda se hacía audible: ¿cómo fue que los gobiernos estatal y federal no los detuvieron a tiempo?

Más aún, la presencia política del subcomandante Marcos en el conflicto nos obligaba a plantearnos el impacto de La otra campaña, esa que muchos hemos minimizado y que, de pronto, parecía adquirir sentido ante la posible emergencia de focos de conflicto en diversos puntos del país.

Estos hechos nos recuerdan lo volátil que es nuestro entorno político, al menos en términos de percepción. Es cierto que bastaron 24 horas para que el panorama en medios fuera mucho menos alarmista. Sin embargo, el pasado miércoles vivimos un pesimismo contagioso. Las imágenes daban pie a eso y más.

Es posible, claro, que en los próximos días estallen otros puntos de violencia. La duda es a qué atribuirán los ciudadanos esos conflictos. La respuesta no es poca cosa pues de ello dependerá el impacto que esto tenga en las próximas elecciones. Si los electores compran la explicación del PRI, dirán que vivimos una franca descomposición, producto de la falta de mando que deberá ser subsanada con un mandatario de mano dura. Y para eso, dirán, nadie como Roberto Madrazo. En esa lógica, lo que el foxismo ha llamado gobernabilidad democrática, no sería otra cosa sino debilidad y habría llegado el tiempo de pagar las consecuencias. Frente a esta explicación existe otra que nace desde la izquierda. En este escenario habría que hablar de la pobreza como la causa y de la represión como la condenable consecuencia. En esta lógica se inscriben los cartones de algunos moneros, dibujando a un Vicente Fox vestido de Porfirio Díaz, luego de la muerte de los mineros de Sicartsa.

Finalmente, en el tablero estará compitiendo otra interpretación. En ella se hablará de grupos desestabilizadores con oscuros intereses políticos. Estos grupos carecerían de legitimidad en un entorno que ha estado marcado por el visible ejercicio de las libertades. No cabrían, desde esta lectura, las condenas a un gobierno que, por el contrario, sólo se vería fortalecido ante el surgimiento de grupos expresamente formados para afectar el desarrollo del país.

¿Cuál de estas visiones se impondrá en la mente de los ciudadanos? Dependerá de los hechos y de la interpretación que de ellos se haga. Quizá una de estas explicaciones determine el futuro del país. Quizá ninguna de ellas termine siendo un factor relevante el próximo 2 de julio. Por el bien de todos, ojalá que así sea.

macampos@enteratehoy.com.mx / www.enteratehoy.com.mx

5 de mayo de 2006

Por la libre

Jorge Chabat
El Universal
Viernes 05 de mayo de 2006

Las encuestas, cuando están bien hechas, son un mecanismo bastante efectivo para medir lo que la población piensa en un momento dado sobre algún asunto en particular. Abundan los ejemplos a nivel internacional en los que esto ha sido así. Además, en los temas electorales, las encuestas suelen llegar a predecir con un alto grado de certidumbre los posibles resultados, a menos que ocurran eventos imprevistos que cambien abruptamente la opinión de los ciudadanos o que la cercanía entre los contendientes sea mucha, con lo cual cualquier variación mínima, o el propio margen de error que tienen, haga imposible predecir un resultado.

No obstante, éste es un mecanismo relativamente novedoso en nuestro país y relativamente desprestigiado por el uso político que se le ha dado en el pasado por parte de algunos partidos y candidatos. Las encuestas comenzaron a aparecer en las elecciones de 1988, con poca fortuna. Las pocas que había eran sesgadas o de plano inventadas para favorecer al candidato del PRI en aquella ocasión. Ello hizo que una buena parte de los mexicanos y, en particular los grupos de izquierda, que fueron víctima de las irregularidades electorales en 1988 -y probablemente de un fraude- vieran a las encuestas como un mecanismo legitimador de elecciones sucias.

Esa visión se presentó en 1994 cuando el candidato del PRD insistía en descalificar a las encuestas que lo daban como derrotado. La lógica era muy simple: el gobierno manipula las elecciones para negarle una victoria legítima al PRD y las encuestas son también manipuladas y forman parte de la maquinaria estatal para cometer el fraude electoral. En las elecciones del año 2000 las encuestas se multiplicaron y fue ya posible percibir dos grupos de encuestadoras: aquellas que buscaban hacerse de un prestigio profesional y para las que el negocio era vender credibilidad y aquellas encuestadoras patito que aparecían de la nada para apoyar un candidato y de la misma forma desaparecían.

Para estas últimas el negocio no era hacerse de un prestigio profesional sino hacerle favores a algún candidato en particular. Afortunadamente para la sociedad mexicana, cada vez es más claro cuáles son las encuestadoras patito y cuáles las serias. Y estas últimas ayudan a dar certidumbre electoral, a menos que la distancia entre los candidatos sea tan pequeña que no sea posible predecir un ganador claro.

En las últimas semanas, se ha desatado una polémica en torno de las encuestas, porque varias han comenzado a registrar una baja sensible en la intención de voto por López Obrador. Ello tiene explicaciones lógicas: desde el efecto chachalaca, hasta la agresiva campaña del PAN pasando por las listas impresentables al Congreso por parte del PRD. Sin embargo, la reacción de él ha sido la típica de la izquierda de 1988 o 1994: las encuestas están trucadas o "cuchareadas".

Incluso López Obrador ha acusado a las encuestadoras de estar trabajando con Los Pinos para fabricar los datos. Ya se ha escrito mucho sobre la cerrazón de López Obrador y la negativa a cambiar de estrategia para ganar más votos. Lo que realmente preocupa es que pareciera que esta descalificación masiva de las encuestas forma parte de una estrategia definida de confrontación si los resultados electorales no le son favorables. La descalificación que ha hecho el PRD del IFE desde que nombraron al actual consejo de esa institución -y que ciertamente fue producto de un agandaye del PRI y del PAN- se ha agudizado en las últimas semanas, lo cual configura el escenario para un conflicto postelectoral de grandes dimensiones, en caso de que AMLO no gane.

Es entendible que a López Obrador no le guste ir abajo en las encuestas. A nadie le gusta ir perdiendo. Sin embargo, suponer que todas las encuestadoras están compradas por el gobierno panista es negar que ha habido en los últimos años un proceso de profesionalización de quienes hacen las encuestas. Es cierto, las tentaciones para la manipulación existen y es probable que varios partidos busquen comprar votos en la elección del 2 de julio. Sin embargo, pensar que todas las encuestadoras son parte de una conspiración, no tiene ni pies ni cabeza. Es cierto que el Consejo del IFE ha tenido problemas de credibilidad desde su nombramiento, pero suponer una manipulación electoral así nomás es irresponsable. Y lo es más porque precisamente las encuestadoras serias sirven como contrapeso a dichas manipulaciones. Así, descalificar a priori las encuestas y eventualmente las elecciones parece un acto desesperado e imprudente.

Si López Obrador tiene evidencia de la manipulación de las encuestas, debería presentarla. Si tiene encuestas serias que avalen su supuesta ventaja, debería presentarlas. Si no es así, no se vale irse por la libre para generar un conflicto postelectoral si no le favorecen. A pesar de todos los problemas que puedan presentan las instituciones electorales y las propias encuestas, 2006 no es 1988. Y la verdad es que no queremos que lo sea.

jorge.chabat@cide.edu

Analista político, investigador del CIDE

4 de mayo de 2006

Encuestas: Leyendo "entre líneas"

Razona tu voto

En un foro organizado por EL UNIVERSAL el pasado 2 de mayo, representantes de empresas encuestadoras agrupadas en la Asociación Mexicana de Agencias de Investigación de Mercados (AMAI) consideraron que las encuestas deben tomarse como tendencias y no como “ejercicios de precisión”, los cuales necesariamente muestren el lugar en que los candidatos quedarán al final de la contienda presidencial.

Francisco Abundis, director asociado de Parametría, explicó que las encuestas deben leerse “entre líneas”, ya que no son necesariamente "mediciones de precisión, sino de tendencia".

Marcelo Ortega, director asociado de Consulta Mitofsky, afirmó que las encuestas "no pronostican" y recomendó al ciudadano “analizarlas en conjunto”.

Dado que las encuestas son “fotografías instantáneas” de las intenciones de voto, si tratamos de compararlas vamos a apreciar "vaivenes" u "oscilaciones", y no una tendencia lineal de los candidatos presidenciales.

Siguiendo la recomendación de los expertos, realizamos el siguiente ejercicio para tratar de “leer entre líneas” que es lo que dicen las encuestas “analizadas en conjunto”.

Lo que hicimos fue graficar los resultados de las principales encuestas independientes que desde principios del 2006 han sido publicadas por la AMAI en la página
www.opinamexico.org.

Para cada uno de los 3 principales candidatos se graficó el porcentaje obtenido en cada encuesta tomando su fecha de obtención (no de publicación) para generar una serie de tiempo [línea sólida y gruesa], además para tratar de “suavizar” las diferentes mediciones se utilizaron los 4 resultados previos para generar lo que en estadística se conoce como un “promedio móvil” [línea punteada y delgada].

Este es el resultado que podemos observar al 4 de mayo.


Independientemente de los argumentos en contra de la validez estadística de este método, consideramos que el resultado es muy revelador, si vemos la gráfica en su totalidad.

Mas que indicar el lugar preciso que ocupa cada candidato, lo que podemos ver claramente es esa tendencia “entre líneas” de la que precisamente hablan los encuestadores.

La lógica diría que si los candidatos, en lugar de descalificar a priori o estarse peleando con una, varias o todas las encuestas, sólo trataran de observarlas con mayor objetividad podrían ir sacando, a lo largo del tiempo, importantes conclusiones que pudieran ser usadas para realizar ajustes en sus estrategias de campaña.

Parece que eso que suena tan lógico, es demasiado pedir.

razona2voto@yahoo.com

Nota aclaratoria: La idea de este ejercicio, así como los resultados obtenidos son por iniciativa propia, NO FUERON DICTADOS NI FABRICADOS DESDE NINGÚN ESCRITORIO DE "Los Pinos".

Se fabrican encuestas

Germán Dehesa
Reforma

A diferencia de varios y muy queridos colegas, la nueva muestra de dispepsia mental que dio AMLO con motivo de las encuestas que el día del debate publicaron "Reforma" y "Excélsior", no me provocó paroxismos de ira, ni caudalosas efusiones de bilis. No pude; y no pude porque toda esta elaboración en torno a un escritorio de Los Pinos rodeado de pérfidos foxistas (AMLO se puede imaginar perfectamente quiénes son) que se dedican a elaborar encuestas, saltándose para ello el oneroso y tardado paso de consultarle a la gente (que luego es tan mula que no contesta lo que nosotros quisiéramos); me movió más a la ternurita que a la ira. Como que me dieron ganas de preguntarle al "abanderado del sol azteca" ¿es lo más que das?, ¿no te estarás fumando los collarzotes de flores amarillas con los que te adorna la jubilosa grey?.

Alguien que pretende ser Presidente de México no puede, ni debe, razonar de esa manera; ni tampoco puede decir como lo hizo AMLO que él ya mandó hacer su propia encuesta con gente de mucha confianza y que en ella sigue 10 puntos arriba (¿no será la fotocopia de alguna de las que no ha mucho publicó "Reforma"?). Todo adquiere un tono tal de berrinche infantil, que resulta hasta denigrante ponerse en la misma tesitura, darse por ofendido y suponer que alguien en su sano juicio le va a creer a AMLO esa telenovela electoral en la que, para no variar, la víctima inocente es él.

Aquí vale la pena señalar que en estos tiempos electorales hay muchos que no están en su sano juicio. Nuestra sociedad está en un acelerado proceso de polarización y de fanatización. Estos fanáticos son capaces de creerse todo y de ver en todo una conjura contra su divino maestro y su florida corte donde destacan San Manuel Camacho, San Agustín Monreal, el durable y maleable San Porfirio Muñoz Ledo y, oculto en su tabernáculo ambulante, San René Bejarano. Como decía, los hay que compran todo este paquete completo; que les aproveche, pero puesto que en su caso es inútil razonar, no tiene el menor sentido enojarse con ellos, ni mucho menos, escribir para ellos.

Las encuestas no contienen verdades absolutas, sino las fluctuantes percepciones de una comunidad con respecto a un determinado hecho. Su aplicación y su empleo son muy recientes en la vida pública de México. A este respecto, la revista "Este País" tiene una enorme parte del mérito. Gracias a ella, hoy no hay una sola publicación respetable, ni se diseña ninguna estrategia sin aplicar esta herramienta (¿quién considera usted que ganó en la noble lid que entablaron Kawage y "El Cibernético"?. Esta encuesta sería utilísima); chacotas aparte, en verdad creo que las encuestas levantadas eficientemente arrojan mucha luz que parejamente ilumina a la sociedad y a los sujetos de la investigación. A éstos más les valdría aprovechar estas luces para escrutar sus errores.

Descalificar tan a lo loco trabajos tan respetables sólo puede ser síntoma de ofuscación profunda, o de tontería abismal. Aquí AMLO puede escoger la opción que más le convenga, o mandar hacer una encuesta al respecto.

3 de mayo de 2006

AMLO: ¿un problema de liderazgo?

Leo Zuckermann
Excelsior - Juegos de Poder
03-05-2006

Hace un año, López Obrador desplegó gran habilidad política: aprovechó los errores y la torpeza de sus adversarios para ganarles la partida del desafuero. Hoy, la situación es muy distinta. Si los resultados no se obtienen es porque él y su campaña están cometiendo los errores, los cuales ahora sus adversarios capitalizan.


La actual coyuntura es adversa para AMLO. Su estrategia ya no está funcionando. Incluso analistas políticos inclinados a la izquierda comienzan a reconocerlo. De acuerdo con la revista Proceso, los colaboradores cercanos a AMLO están nerviosos. Sin embargo, según este semanario, él no los escucha, les pide un voto de confianza y les recuerda sus grandes hazañas durante el desafuero y los videoescándalos. Dice “apoyarse sólo en el pueblo, sin invertir en medios de comunicación […], pues la ruta marcada es una sola: la movilización ciudadana”. Se empeña en más de lo mismo. Es víctima de su propio éxit cree que lo que ayer le sirvió le funcionará para ganar la Presidencia. Nada más alejado de la realidad. AMLO ha perdido el momentum y la iniciativa en la contienda. Ya no es el centro de ésta. En las encuestas tiene una clara tendencia a la baja y no la reconoce. Aparece, así, como un candidato perdido, obstinado, que no acepta la realidad, evade su responsabilidad y, con dedo flamígero, culpa a otros de sus desgracias. ¿De verdad los mexicanos queremos un presidente así?

Soy partidario de un gobierno limitado y enfocado que fundamentalmente no estorbe a los individuos para que éstos, con libertad, puedan hacer lo que les plazca con su vida. Ahora bien, reconozco que sí existen situaciones que demandan un gobierno fuerte, responsable y decidido. Siempre es fácil gobernar un país cuando todo va viento en popa, pero, otra cosa cuando se necesita enfrentar una crisis. Por eso, la cualidad más importante que debe tener un presidente, como líder de una nación, consiste en entender cuándo hay condiciones adversas y actuar en consecuencia. Un líder debe admitir los errores, corregir la estrategia y asumir los costos del cambio. Para mí, esto es central a la hora de decidir mi voto.

Las campañas demuestran de alguna forma la personalidad de los candidatos y cómo actuaría cada uno en caso de llegar a presidente. Por ello, si en la actual coyuntura adversa, AMLO no admite sus errores y no corrige su estrategia estaría mandando un pésimo mensaje.

Porque imagine usted a un presidente que, cuando no se le dieran las cosas, se pasmara y escudara tras el pretexto de un complot. Tan sólo vislumbre que de repente cayera el precio del petróleo y el Ejecutivo, en vez de ajustar inmediatamente las finanzas públicas, se empeñara en seguir gastando porque, para él, la caída es inexistente y parte de una conjura de las grandes corporaciones petroleras.

Si, como dice Ciro Gómez Leyva, “los lopezobradoristas se empeñan en masturbarse con sus obsoletas teorías de la conspiración”, su candidato demostraría que tiene un problema serio de liderazgo para enfrentar situaciones críticas. Si bien AMLO capitalizó errores ajenos durante el desafuero, ahora debe corregir los suyos con el fin de mandar un mensaje claro y contundente de liderazgo.

AMLO: peor para la realidad

Jorge Fernández Menéndez
Excelsior - Razones

03-05-2006

Un hombre que miente conscientemente o no es capaz de comprender, asimilar, los aspectos más elementales de la realidad, no puede, no merece, ser presidente de un país. Andrés Manuel López Obrador parece estar empeñado en demostrarnos que, por esa razón, no está a la altura de sus aspiraciones.

Ayer, María de las Heras, una de las encuestadoras más serias de México, publicó su estudio de fines de abril en Milenio y encontró lo que ya habían hallado otros encuestadores, antes y después del debate: López Obrador ya no es el favorito para las elecciones del 2 de julio próximo, su caída es continua y ya está en segundo lugar, incluso alejándose cada vez más de Felipe Calderón. AMLO, que ya había descalificado las encuestas anteriores, ahora hizo lo mismo con la de María de las Heras, aferrado al espejismo (o la mentira) de que él sigue diez puntos arriba, lo cual ningún encuestador serio del país ha encontrado. Tan absurdo es el argumento de López Obrador que ni siquiera puede decir de dónde sale ese dato misterioso.

En el mismo Milenio, durante todo abril, uno de sus colaboradores, ex director de ese grupo editorial y uno de los principales dirigentes del equipo del candidato, Federico Arreola, había descalificado las encuestas de GEA-ISA, Reforma, Excélsior y Mitofsky (para Televisa), diciendo que eran falsas y asegurando que las encuestas serias ratificarían arriba a AMLO.

Federico siempre ha dicho, lo reiteró hace un par de semanas con motivo de la presentación del nuevo libro de María, que ella es la mejor encuestadora de México. Y muy probablemente lo sea. Arreola deberá ahora denunciar la corrupción de su periódico y su encuestadora y amiga o reconocer que su jefe político está equivocad López Obrador no matizó su juicio en absoluto, en su opinión se trata de una encuesta falsa, parte de la conspiración del gobierno y los sectores de poder en su contra. ¿Qué hará Federico, qué hará Manuel Camacho, quien también estuvo aquella noche en la presentación de María de las Heras, o los muchos dirigentes perredistas, quienes saben que ésa, como otras encuestas, es verídica y confiable?

El problema no son ellos, sino su candidato. AMLO, como decíamos el lunes y lo ratificaba la portada de Proceso ese mismo día, está convencido de tener la suma de la razón pública y, simplemente, hace ya mucho tiempo no escucha a casi nadie y se considera el único estratego de su equipo. Insiste en que confíen en él porque las cosas le saldrán bien, como le salieron con el desafuero.

La diferencia enorme es que en ese tema las cosas le salieron bien porque difícilmente puede encontrarse un momento en el cual este gobierno se haya equivocado tanto en tan poco tiempo.

El problema radica en que López Obrador ya no es el favorito, se ha quedado sin estrategia, nunca ha tenido un discurso presidencial que pasara de los lugares comunes o de una suma de propuestas imposibles de realizar, incluso desde un punto de vista presupuestal.

Pero, a ello, ahora se ha sumado la pérdida de la brújula en la campaña: todo estaba pensado, concebido, para que a estas alturas AMLO tuviera tal ventaja como para hacer del 2 de julio un paso burocrático.

No ha sucedido así. Si alguien con sentido común hubiera leído la tendencia de las encuestas, le hubiera podido decir lo que en este espacio sostuvimos desde ener si las cosas seguían igual, en abril esas tendencias se cruzarían. López Obrador no lo entendió porque no puede —lo decimos respetuosamente— entenderlo, porque su concepción de la política está imbuida por el misticismo (“estado de perfección religiosa que consiste en cierta unión inefable con Dios”, dice la Enciclopedia Británica) y no por la evaluación objetiva de la realidad. Por eso, si la realidad le muestra otra cosa, será peor para la realidad. Pero, si no se puede aceptar una encuesta, ¿cómo se podrá comprender a un país, una sociedad, un mundo tan complejo como el nuestro?

2 de mayo de 2006

La Soberbia

Razona tu voto

Recientemente este término ha salido mucho a relucir ligado al escenario político mexicano, es por ello que me permito citar algunos fragmentos del libro: Los Siete Pecados Capitales, que a fines del año pasado publicó Fernando Savater, y que en uno de sus capítulos, obviamente, toca el tema de la soberbia.

En el libro el escritor y filósofo español analiza la incidencia del concepto de pecado y su sentido actual en pleno siglo XXI, asegurando que su noción no es exclusivamente religiosa. "Pecado es lo que nos causa daño", sintetiza Savater.

Veamos pues lo que Savater expone sobre la soberbia y saquemos nuestras propias conclusiones sobre como aplica a ciertos políticos mexicanos –y a todos quienes quieran ponerse el saco– en la actualidad.

La soberbia no es sólo el mayor pecado según las escrituras sagradas, sino la raíz misma del pecado. Por lo tanto de ella misma viene la mayor debilidad.”

“Quizá lo más pecaminoso de la soberbia sea que imposibilita la armonía y la convivencia dentro de los ideales humanos… Que alguien se considere al margen de la humanidad, por encima de ella… probablemente ése sea el pecado esencial.”

“No hace falta remontarse a la teología para convertir en pecaminosa la soberbia.”


“Hace años que vengo predicando contra los que hacen de su pensamiento ortodoxo una cuestión de fe. Estos individuos se obligan a olvidar la razón del otro, que se transforma —casi como un juego de palabras— en la sinrazón, en la no existencia de contenidos razonables en las posturas asumidas.”

“Por otra parte, nada me abruma más que la falsa humildad. Cuando alguien dice ‘yo no quiero nada para mí, todo lo que pido lo quiero para otros’. Mala señal. A mí la gente que no quiere nada, me produce desconfianza.”

“Ser soberbio es básicamente el deseo de ponerse por encima de los demás. No es malo que un individuo tenga una buena opinión de sí mismo … lo malo es aquel que no admite que nadie en ningún campo se le ponga por encima.”

“Los soberbios no le dejan paso a nadie, ni toleran que alguien piense que puede haber otro delante de él. Además sufren la sensación de que se está haciendo poco en el mundo para reconocer su superioridad, pese a que siempre va con él ese aire de ‘yo pertenezco a un estrato superior.”

Si no lo consideran el mejor, el soberbio sufre lo indecible porque todos son agravios, se siente un incomprendido…”

“La principal característica que tiene el soberbio es el temor al ridículo… El ridículo es el elemento más terrible contra la soberbia. Por esa razón los tiranos y los poderosos carecen de sentido del humor, sobre todo aplicado a sí mismos.”


“La soberbia es el valor antidemocrático por excelencia. Los griegos condenaban al ostracismo a aquellos que se destacaban y empezaban a imponerse a los demás. Creían que así evitaban la desigualdad entre los ciudadanos.”

“La soberbia es la antonomasia de la desconsideración. Es decir: ‘Primero yo, luego yo y luego también yo’.”

“Se trata de quienes tal vez no tengan conciencia de lo que están haciendo por auto glorificación, pero en la práctica piensan: ‘Yo cuento mucho más que usted’. Hay algunos que lo hacen en forma imperceptible a primera vista, pero otros lo muestran con gestos, pequeños o ampulosos o diciéndoselo en la cara a los demás, con lo que corre el riesgo de conseguir el enfado y el rechazo.”

“Pero sus caídas suelen transformarse en tragedias que no pueden superar en sus vidas. Por ejemplo, las Escrituras dicen que Cristo derrotará a los soberbios y humillará a los grandes, porque en definitiva son los que más sufren en las derrotas y a los que tiene sentido vencer.”

“Pero, ¿cómo evitar caer en la soberbia? El remedio es muy simple, pero a veces duro de asumir: ser realista.”

“En definitiva la soberbia es debilidad y la humildad es fuerza. Porque al humilde le apoya todo el mundo, mientras que el soberbio está completamente solo, desfondado por su nada. Puede ser inteligente, pero no sabio; puede ser astuto, diabólicamente astuto quizá, pero siempre dejará tras sus fechorías cabos sueltos por los que se le podrá identificar.”


¿Suena familiar?
razona2voto@yahoo.com

¿Y si AMLO quiere perder?

Yuriria Sierra
Excelsior - Nudo Gordiano
02-05-2006

Se cuarteó el espejo y con él se cuarteó el cuarto de guerra. Algunos cercanos a López Obrador andan de capa caída últimamente: esos que alcanzan a ver todos los errores cometidos por el candidato y están desesperados porque no los oye. Pero hay otros que le tienen “mucha fe” a su instinto político. Los primeros reconocieron en días anteriores que han caído en las encuestas. Los segundos creen ciegamente que el instinto de AMLO sigue la estrategia correcta: “Hay que reconocer que Andrés tiene una gran intuición; o sea, antes que nada él encuesta con la nariz”, argumentan. Como si López Obrador fuera un médium entre el pueblo y el reino de lo insondable y “olfateara” la voluntad electoral. Y en su quimérico genio político concluyera, como la portada de Proceso “La estrategia soy Yo”.

Espejito, espejito… Dijo López Obrador en el Auditorio Nacional: “Hicimos una encuesta este fin de semana para saber cómo estaban las cosas y les inform 40% nosotros, 30% el partido de la derecha y 25% el otro partido que no voy a mencionar”.

Y así como lo dijo, es simplemente imposible. E imposible evitar sonreír ante la sospechosa redondez de las cifras: 40-30-25. ¿Quién hizo esa encuesta que a todas luces difiere del resto de las publicadas recientemente y que muestran, prácticamente todas, un empate técnico en las preferencias? Por los resultados y el secreto con el que se ha manejado el tema, a mí sólo me da por pensar que Andrés Manuel López Obrador encuestó, no a los vientos, sino al mágico espejito de la madrastra…

No lo sabe ni Camacho. Este domingo, entrevistado por la revista Proceso, se le preguntó a Manuel Camacho “¿Con qué empresas hicieron sus encuestas?” Y el ahora coordinador lopezobradorista contestó: “No sé, sólo tengo información de que fueron dos, pero también se vale reservarse los datos. Se pueden reservar por muchas razones.”

Camacho, hábil como siempre ha sido, se vacuna por anticipado. Uno de los principales operadores de AMLO le confiesa a Proceso que “no sabe” quiénes hicieron, supuestamente, la encuesta, y añade, “sólo tengo información de que fueron dos”, con lo que contradice la versión del Peje. Las respuestas de Camacho y las recientes declaraciones de López Obrador en el sentido de que en su equipo “les habían entrado dudas” dejan, en realidad, muy poco lugar a dudas: la cuadrilla de AMLO se está fragmentando y ya hay señales de que muchos quisieran bajarse del barco antes de que éste se hunda. Pero parece que el dedo de López Obrador no ha olfateado esas fisuras. Él sólo le pregunta al espejito. O tal vez…

…Tal vez no quiere ser presidente. Previamente al desafuero, Andrés Manuel estaba encantado con la idea de ir a la cárcel como si de un Mandela mexicano se tratara. ¿Y si esa perspectiva vuelve a tener más atractivo en la cabeza del Peje que la de ganar y verse a sí mismo incapaz de cumplir con todo lo que prometió en campaña? ¿Mejor eso a que un día el espejito ya no le conteste: “Lo que usted diga, señor presidente”? Tantos errores (y no admitidos) sólo son comprensibles si pensamos que el “olfato” de AMLO en efecto es tan fino que puede oler mejor un futuro como el líder moral de los pobres (ad aeternum) antes que como un presidente incapaz de darle a los pobres el reino de los cielos…

Vámonos por el instinto

Denise Maerker
Excelsior - Atando cabos
02-05-2006


En 1994, todos los que rodeaban al ingeniero estaban convencidos de que el 21 de agosto —el día de las elecciones presidenciales— iban a ganar. Lo dejó escrito Adolfo Aguilar Zinser en su libro Vamos a ganar. La pugna de Cuauhtémoc Cárdenas por el poder.

Retomé el libro el viernes pasado cuando un cercano colaborador de Andrés Manuel me dijo, por enésima vez en las últimas semanas, que López Obrador no me iba a dar una entrevista porque no quería correr riesgos.

-No es nada contra ti —me trató de explicar—, es nuestra estrategia. Abajo las cosas van bien y no podemos correr riesgos, nos están haciendo una guerra tremenda, como la del desafuero, pero estamos bien, vamos bien.

Quise recordarle que cada espacio que se abandona es usado por otros; estuve a punto de sugerirle que quizá ya era tiempo de tomar riesgos, pero me quedé callada, no es mi función, pensé. Pero eso de que “las cosas abajo están bien” me recordó inmediatamente el libro de Adolfo. Ellos pensaban lo mismo “Se tenía el convencimiento de que abajo, en el pueblo, había la fuerza suficiente para ganar”. Cárdenas tenía la convicción, dice Adolfo, de que: “el pueblo estaba ahí, quizá agazapado, huidizo, en muchas partes, agachado inerme y postrado, y que la manera de ganárselo era ir a encontrarse con él, llamarlo a las plazas.” Y por eso el ingeniero se lanzó en todas sus campañas a hacer agotadores recorridos por todos los pueblos, en todas las plazas; campañas de templete en templete.

Adolfo escribió ese libro para explicar por qué el equipo de Cárdenas, él incluido, no actuó de manera consecuente cuando tuvo información de cómo se estaba percibiendo a su candidato. Se ignoraron por ejemplo una encuesta y estudios focales que mostraban que Cárdenas era ciertamente popular pero que eran mayores las opiniones negativas que despertaba en grupos importantes de la población. En lugar de hacer frente a eso, optaron por lo de siempre, los mítines, las plazas llenas. En agosto de 1994, los cardenistas creían que iban a ganar por las grandes concentraciones en la UNAM, en El Toreo y por el cierre “apoteósico” del Zócalo.

Es en lo mismo que cree López Obrador: en las plazas llenas de gente. ¿Qué, no se acuerdan de la derrota de hace apenas 12 años? ¿De que perdieron esgrimiendo los mismos razonamientos, la misma fe en las multitudes y el mismo desdén por los medios modernos de hacer campaña?

Hace 12 años, un día antes de la elección, Esteban Moctezuma, el coordinador de la campaña de Zedillo citó a Adolfo en un café para decirse “las netas”. Le dijo que, según sus números, al día siguiente Zedillo iba a ganar con casi 50% de los votos, seguido por Diego Fernández de Cevallos con 30% y de Cárdenas con entre 15 y 17% de la votación. Adolfo cuenta que quedó anonadado y pensó que quizá se estaba fraguando un fraude mayor. Sin embargo, brillante como era, intuyó que más bien Esteban y él vivían “en universos completamente distintos; dos Méxicos con paisajes diferentes, cada uno con sus respectivos electores.”

Así es. ¡Cuántas veces hemos escuchado a alguien sospechar de las encuestas porque dice: No conozco a nadie que esté a favor de Madrazo o nunca he oído a nadie hablar bien de Marta!

Pero si eso se puede entender en un ciudadano es injustificable en los miembros de una campaña política. Hoy existen instrumentos sofisticados de medición, herramientas para evaluar el desarrollo de una campaña.

La de 1994 la condujo Cuauhtémoc sin mayores discusiones con su equipo. En los últimos días, cuando Adolfo le pidió que tomara una decisión, éste le respondió: “Déjalo como está… vámonos por instinto.” Así manejaron esa campaña y perdieron.

Lo mismo están haciendo quienes rodean a López Obrador: ignorar las encuestas, poner oídos sordos a todas las críticas, guiándose por el instinto —probado con el desafuero— de Andrés Manuel.

¿A ver a dónde los lleva el instinto esta vez?