27 de junio de 2006

Elegir el futuro

Macario Schettino
El Universal
27 de junio de 2006

El domingo elegiremos, entre todos los mexicanos, al gobierno que tendremos para los próximos seis años. Serán, muy probablemente, los seis años más difíciles de México en tiempos de paz:

En los próximos seis años, el gobierno no tendrá recursos para cubrir su gasto normal. Para el 2008, el gasto en pensiones y el servicio de la deuda de proyectos de infraestructura (Pidiregas) consumirán la mitad de la recaudación, lo que provocará un déficit de 6% del PIB, considerando el dato de los requerimientos financieros del sector público. Esto sólo puede evitarse con una reforma fiscal seria.

En los próximos seis años, México tendrá una crisis energética importante. Para el 2009 ya no tendremos capacidad de exportación de crudo. Ya desde el año pasado, con ingresos históricos de 32 mil millones de dólares, el resultado neto fue negativo, dado el tamaño de la inversión necesaria para que Cantarell siga funcionando, y la cantidad de gasolina que tenemos que comprar fuera, porque no podemos hacerla acá. Evitar esta crisis exige una reforma energética profunda.

En los próximos seis años, China alcanzará un ingreso por habitante igual al de México, lo que implica que será del tamaño de la economía estadounidense. Y así como en los últimos ocho años el crecimiento de China implicó la elevación de precios de materias primas, en los próximos seis ejercerá una presión muy importante sobre el mercado mundial de alimentos. Especialmente, habrá problemas con los mercados de carne (de todo tipo) y de productos del mar.

En los próximos seis años, la economía "occidental" tendrá una contracción. Especialmente la economía de Estados Unidos, que tiene un nivel de gasto muy superior a lo que puede mantener. Ese país compra 87% de lo que vendemos, así que cuando frene su gasto, lo mismo ocurrirá con nosotros. Nuestras ventas a Estados Unidos representan cinco veces el tamaño del gobierno mexicano, en valor agregado. Es decir que la caída de ese mercado no puede ser compensada por un mayor gasto del gobierno. Este proceso de ajuste ya inició, pero no sabemos cómo irá desenvolviéndose.

La combinación del crecimiento de China (e India) y de la contracción de la economía "occidental" provocará un ajuste importante en la geopolítica, que hoy amenaza con dejar a América Latina un lugar similar al del África subsahariana, es decir, poco menos que nada. Evitar este desplazamiento exigirá una política internacional muy creativa.

El proceso político de México obligará, en los próximos tres años, a un nuevo mapa partidista, que implica la desaparición (o casi) del PRI y la aparición de nuevas fuerzas. Facilitar ese cambio, promover la creación de nuevas reglas institucionales, pasar a una nueva etapa en la transición democrática, requerirá de grandes esfuerzos de conciliación y tolerancia.

Este proceso será aún más importante porque el presidente habrá sido elegido por la primera minoría, y no por la mayoría de los votantes. Esto obligará a tender puentes entre los diferentes grupos políticos, más allá de los partidos, que hoy ya no son los agentes relevantes en la vida nacional. Insisto, es un asunto de negociación, primordialmente.

No podemos elegir cuál de estos retos enfrentar, porque todos estarán ahí. Sí podemos, en cambio, elegir a quien queremos al mando del gobierno. Por lo que le he comentado, creo que no habrá duda de que requerimos alguien que tenga, al menos, alguna idea de lo que está pasando en el mundo, que tenga interés en sacar adelante las reformas estructurales, y que tenga un historial de negociación política. Me parece que ese alguien es Felipe Calderón.

Optar en este momento por alguien que no quiere entender al mundo, que no quiere impulsar reformas, y que tiene un claro pasado (y presente) autoritario, sería un gravísimo error. Cuando, en los años 70, enfrentamos retos parecidos, Luis Echeverría, con estas características, destrozó al país. Al menos en ese caso tuvimos la excusa de que nosotros no lo elegimos. Hoy esa excusa no existe.

El pasado es para aprender de él, no para repetirlo. Frente a los retos que tendremos, hay que elegir el futuro. Y hay que hacerlo el domingo.

macario@macarios.com.mx
Profesor en la EGAP del ITESM-CCM

Clase media

Catón
Reforma - De Política y Cosas Peores

27 de junio de 2006

El norteamericano H. L. (Henry Louis) Mencken era un iconoclasta. También era un cab…, si se me permite esa palabra menos culta que la otra. Periodista, se inventó un estilo punzante, corrosivo, e hizo del sarcasmo y de la sátira sus herramientas de trabajo. Nadie se libraba de sus violentas críticas; en nada creía y nada respetaba; no tenía compadre de pila, como se dice en el lenguaje coloquial de México de aquel que por salirse con la suya no reconoce ningún afecto humano. En cierta ocasión Franklin D. Roosevelt le jugó una mala pasada. Ambos eran oradores en el banquete anual del Gridiron Club, importante agrupación de periodistas. Mencken atacó rudamente a Roosevelt y a su administración. Cuando en seguida el Presidente empezó a leer su discurso, los asistentes se quedaron fríos. Dijo que todos los periodistas eran unos asnos estúpidos y arrogantes; que su cualidad principal era la ignorancia; que ninguno de ellos aprobaría un examen de ingreso a la escuela secundaria. Quienes estaban en la mesa donde se hallaba Mencken notaron que éste enrojecía. Bien pronto el público se percató de que lo que Roosevelt estaba haciendo era dar lectura textual al ensayo de Mencken titulado “El periodismo en Estados Unidos”. Divertidos, todos se volvieron a ver al periodista, que se hundía en su silla más y más. Cuando Roosevelt, ufano y satisfecho, terminó de hablar, recibió una ovación. Pasó junto al escritor, y con una sonrisa le tendió la mano. Alguien dijo que Mencken comentó después: “El Presidente es más Mencken que yo”. La democracia era uno de los blancos favoritos de la mordacidad de este feroz señor. Decía de ella que es “la libertad de los que no tienen para atentar contra la libertad de los que tienen”.


Entre unos y otros, digo yo, está la clase media, ese vasto sector formado por la gente común que no pertenece ni al pequeño grupo de los que tienen mucho ni al grupo inmenso de los que no poseen nada. Creo que será esa clase media la que definirá la elección del 2 de julio, del mismo modo que definió la del 2000. Quizás el resultado de esta elección sorprenderá a algunos, igual que a muchos sorprendió el triunfo de Fox cuando prácticamente todas las encuestas daban a Labastida como seguro ganador. Votó la clase media -conservadora, prudente, temerosa del desorden y los radicalismos-, y el que ya se juzgaba victorioso quedó abajo. Lo mismo puede suceder ahora. Esta elección no la decidirán ni los grandes señores del dinero ni los pobres que deben cambiar su voto por la promesa de una dádiva. Esta elección la decidirá la clase media. Dicho en otras palabras: la decidiremos tú y yo…

Para amenguar el peso de esa responsabilidad voy a contar ahora un par de cuentecitos… Aquel granjero dijo que tenía en su rancho un jornalero de apetito tan desmesurado que podía comerse una vaca entera. Todos le apostaron a que no. El tipo le dijo a su trabajador que tenía que comerse una res ante sus amigos. Para dar mayor interés a la apuesta el granjero había ordenado que la carne de la vaca se la sirvieran al hombre en hamburguesas. Varios cientos se comió aquel tremendo gargantón. Una quedaba solamente, pero la rechazó. Los presentes pensaron que ya no podía comer más, que el granjero había perdido la apuesta. Pero entonces dijo el comilón: “Ya no más hamburguesas. Todavía debo comerme una vaca”… La recién casada se alegró cuando supo que estaba embarazada. Tomó el teléfono y llamó a su más cercana amiga -soltera ella- para darle la buena nueva. Le dijo en arrebato jubiloso: “-¡No lo puedo creer! ¡Tengo a alguien dentro de mí!”. “-¡Yo también! -le contesta la amiga respirando con agitación-. ¡Te llamo en media hora!”… FIN.

Miedos y votos

Sergio Sarmiento
Reforma - Jaque Mate
27 de junio de 2006

“Los fantasmas dan más miedo de lejos que de cerca”
Nicolás Maquiavelo

NUEVA YORK.- No, francamente no me da miedo que Andrés Manuel López Obrador sea un Presidente fiscalmente irresponsable. No lo fue, de hecho, como jefe de Gobierno del Distrito Federal, donde redujo gradualmente el déficit de gasto; no tengo por qué suponer que se convertirá mágicamente en un José López Portillo una vez que sea Presidente. Es verdad que el régimen de López Obrador en el Distrito Federal no fue un ejemplo de visión de largo plazo, pero ciertamente no se le pueden dar malas calificaciones en el campo del gasto público.

Mi temor con López Obrador es completamente distinto. Me inquieta su menosprecio por las leyes. No solamente en El Encino, caso en el que sí hubo un desacato a la orden de un juez y que él aprovechó para montar una campaña política argumentando que era víctima de un complot, sino en la expropiación de los terrenos de la refresquera Pascual, en su resistencia a atender las decisiones de los tribunales y en la cancelación unilateral del contrato con Eumex, entre otros muchos casos.

También me preocupan algunos de los perredistas radicales que podrían asumir cargos de responsabilidad en un gobierno encabezado por López Obrador. Y más me inquietan los nuevos aliados que le han salido al perredista de las filas del más oscuro corporativismo priista: desde Roberto Vega Galina, el líder del sindicato del Seguro Social, hasta Isaías González, el dirigente de la CROC. Esos aliados sí son para darle miedo a cualquiera.

No, no me inquietan los lazos de Felipe Calderón con su cuñado Diego Zavala. La revisión de las acusaciones en contra de la empresa Hildebrando no hace sino confirmarme que en política se puede atacar a cualquiera simplemente sacando de contexto una información que no señala ninguna irregularidad. Hasta donde yo puedo ver Calderón tiene, efectivamente, las manos limpias.

Lo que me inquieta de Calderón es que no veo cómo puede construir las alianzas políticas que le permitirían llevar a cabo los cambios que el país requiere. Vicente Fox no tuvo forma de lograr la aprobación de una reforma tan evidente como la de aplicar el Impuesto al Valor Agregado a todos los productos y servicios. ¿Podrá un gobierno de Calderón impulsar una reforma todavía más ambiciosa pero menos fácil de entender como sería la aplicación de una tasa única en el Impuesto Sobre la Renta? Es poco probable.

De Roberto Madrazo nunca me he creído su leyenda negra. Considero que no fue un mal gobernador de Tabasco y las propuestas que hace, desde el combate a la inseguridad hasta la construcción de infraestructura, me parecen sensatas. Mi gran preocupación procede de todo el ejército de perversos intereses creados que siempre se ha ocultado detrás del PRI, no todos los cuales han desertado en esta campaña para unirse al PRD.

Los partidos pequeños, Alternativa y Nueva Alianza, representan opciones interesantes, por las que podría valer la pena sufragar, pero aun cuando logren su ansiado registro y lugar en el Congreso no tendrán una influencia real en la política en mucho tiempo.

Estoy en contra, por otra parte, de muchas de las propuestas de Víctor González Torres, el Doctor Simi, en particular de sus esfuerzos por debilitar las patentes en nuestro país; pero me parece absurdo que se le niegue la posibilidad de que se cuenten sus votos, aun cuando éstos se apunten en la casilla de los candidatos no registrados y reflejen realmente una expresión de la voluntad de los votantes.

Nos acercamos a una elección que se definirá por negativos. Millones de mexicanos decidirán no quién es el candidato que realmente quieren sino cuál es el que menos animadversión o temor les genera. Y será una elección que necesariamente nos dará a un Presidente con un respaldo minoritario de los gobernados.

Si consideramos que el 40 por ciento de los ciudadanos empadronados no votará, y que el sufragio que sí se realice se dividirá en tercios, queda claro que tendremos a un presidente de la República elegido por un 20 o un 25 por ciento de los ciudadanos. Difícilmente podrá hablar el nuevo presidente de la República de contar con un mandato para transformar al país.

Lo peor de todo es que ese 20 o 25 por ciento de los votos que definirá al próximo presidente de la República se construirá mucho sobre el miedo y poco sobre las convicciones.

Se acerca un momento de incertidumbre. Cada cambio de sexenio lo es, por supuesto. Pero los ánimos están tan cargados ahora, después de una campaña tan sucia y tan cerrada como la que hemos vivido, que es difícil entender cómo se curarán las heridas y cómo podremos empezar la tarea de reconstruir el país.

Echeverría o fascismo: intelectuales de 1970

Luis González de Alba
Milenio - La Calle

26 de junio de 2006

Felicitaciones al presidente Fox por el nombramiento de Cuauhtémoc Cárdenas, y a éste por aceptar. Sí hay otro México.

También en 1970 había que parar a la ultraderecha. "Echeverría o el fascismo", clamó una buena parte de la intelectualidad de "izquierda".

Y lograron su objetivo: triunfó Echeverría..., no gracias a ese apoyo, sino al aparato del PRI, a la tradicional elección de Estado, de las "de a de veras". La notoria excepción, Octavio Paz, fue refundido al rincón de la derecha. No fue invitado a la fiesta ni al gran reparto multimillonario de recursos para la cultura y el arte, entrega a raudales, nunca vista antes ni después.

Echeverría recorrió todos los pueblos de México, tooodos, en camiones y en lo que se pudiera, se llenó de polvo y estrechó miles de manos humildes. Su esposa se vestía de "adelita", con cananas cruzadas y bailaba zapateados en recepciones oficiales. Sólo faltaban Diego Rivera y Frida Kahlo porque ya habían muerto. Los pobres tuvieron esperanza. Los humildes sonrieron porque la justicia social había llegado: bastaba con oír los discursos del candidato. Los riquillos, señalados y advertidos, temblaron y comenzaron a tomar las de villadiego, la fuga de capitales comenzó lenta, se volvió tumulto.

Terminó en rumores de golpe de Estado (fui invitado a uno).

Cuando Echeverría llegó a la Presidencia, fiel a sus promesas impuso el agua de jamaica en los banquetes oficiales (no es broma), la guayabera tropical en vez del traje y la corbata. Echeverría madrugaba y hacía madrugar a gabinete y reporteros (¿le suena?).

Su dinamismo era asombroso. Sus discursos competían por los titulares con los de Fidel Castro en defensa de los pobres del mundo. Impulsó una política internacional "tercermundista": ni comunismo ni capitalismo, México tiene su propia receta: gasto público como impulsor del desarrollo. Y cumplió su promesa, la cumplió con creces: nunca hubo tanto dinero para intelectuales, artistas y sindicatos: el cine hizo películas como nunca antes; las universidades vieron triplicados, cuadruplicados sus presupuestos; los sindicatos pedían y les daban el doble; una Navidad, oh plegarias atendidas, las enfermeras del IMSS que ganaban 7 mil pesos vieron un aumento... a 30 mil que, sumados a tres meses de aguinaldo hacían 120 mil pesos: el precio por entonces de un coche nuevo sin lujos.

Un joven priista, en plena formación, contemplaba al presidente con arrobo: Manuel Andrés López Obrador. Por eso dice que "México perdió el rumbo en 1982": cuando terminó su mandato el amigo y continuador de Echeverría, López Portillo. Pero como dice santa Teresa: "Más lágrimas se han derramado por las plegarias atendidas".

En 1976, Echeverría entregó el gobierno... con la primera de nuestras grandes devaluaciones de moneda y crisis económicas. Luego serían sexenales, hasta que en 2000 ya no las tuvimos. Las felices enfermeras vieron que sus 30 mil pesos mensuales se volvían polvo: para 1982, mil pesos eran la unidad mínima de moneda: mil pesos se daban al que limpiaba parabrisas, 30 mil se dejaban de propina en un restorán, una casa modesta rentaba al mes 5 millones.

¿Receta? Ninguna reforma fiscal, tampoco laboral, Pemex y CFE en manos del gobierno y, más importante aún: el gobierno como principal inversionista y motor del desarrollo. Relata Imre Kertész lo que parece una anécdota mexicana de estos días: "Llueve. Antiguos dirigentes del partido aparecen en la televisión. 'Creían' en el partido. 'Creían' que se cometieron 'errores', 'fallos', pero 'creían', por ejemplo, que 'Stalin no sabía nada' de todo ello". Ponga usted PRD donde dice partido, cambie Stalin por Peje y (toda proporción guardada... por ahora) el párrafo, de "Yo, otro", se nos aplica. Refiriéndose a los políticos de la dictadura comunista de 40 años, o a la nuestra de 70 de priismo transmutado en perredismo, dice: "No es cuestión de que olviden una época como si fuera una pesadilla: pues la pesadilla eran ellos..."

Y allí siguen ellos: los mismos nombres, las mismas caras que fueron nuestra pesadilla son ahora los mismos que asoman desde el PRD: los Cota, Guadarramas, Camachos, y su pandilla lumpen de Bejaranos, Padiernas, Batres. Quizá, parafraseando de nuevo a Kertész, los mexicanos somos hijos incorregibles de la dictadura, estamos marcados por 70 años de prácticas clientelares priistas huidas al PRD.

Votar izquierda

Recuerda, votar izquierda es votar Patricia. No hay nadie más en la izquierda. Nadie: los "ex" priistas no existen.

En el PRD, usos y costumbres del priato

Carlos Marín
Milenio - El asalto a la razón
26 de junio de 2006

Una de las formas de adhesión más deleznables que engendró el priato ha vuelto locos de felicidad a los perredistas, amnésicos ahora de lo que tanto denunciaron y combatieron.

Es el voto corporativista, la indecente práctica que encarnan líderes de la calaña de los que padecen la CROC y el Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social.

Isaías González Cuevas anunció el jueves que los croquistas apoyarán en las urnas a Andrés Manuel López Obrador, y el mismo compromiso lo hará hoy Roberto Vega Galina, el pillastre que regentea las cuotas laborales y sabotea las finanzas de la principal institución de salud pública de México.

Pero no es el oportunismo (unos cuantos días antes de las elecciones) de las mafias sindicales lo que llama la atención, sino el hecho de que nadie del PRD, empezando por Andrés Manuel López Obrador —quien para ganar no necesita de votos por intimidación—, ha expresado su rechazo a la sospechosa y despreciable declaración de amor.

¿Desconocen los métodos de coacción y coerción que las camarillas gremiales ejercen sobre sus "representados" forzosos?

Si el vengativo Isaías González es quien pretendió el liderazgo del priófilo Congreso del Trabajo, donde soñó poner como segundo al "minero" Napoleón Gómez Urrutia (en cuyo apoyo ha estado dispuesto a sumarse a una huelga nacional), y hasta de la lista de candidatos a diputados plurinominales por el PRI fue excluido, ¿por qué los perredistas no pintan su raya?

A quienes piensen que su ofrecimiento es inmoral, Isaías dedicó estas palabras de consuelo:

"No estamos traicionando al partido (Revolucionario Institucional) en los principios, en su estructura, en sus estatutos…".

Tan es así (y aunque no existen los embarazos a medias) que él no quiere ser un traidor al cien por ciento, pues dice que dejarán a Madrazo condenado a su propia mala suerte, pero… votarán a favor de los demás candidatos del PRI.

¿Tan lambiscón y no toma en cuenta que el PRD quiere la mayoría en el Congreso?

Y ahí está ese otro cuate, el diputado por el PRI que desertó dizque como "independiente" y consiguió una candidatura plurinominal del PRD al Senado.

Es el mismo Vega que azuzó a sus agremiados para que intentaran sabotear a toda costa las reformas a la Ley del Seguro Social; el que en una asamblea fue interrumpido con rechiflas y abucheos por sus subordinados, hasta que El Peje trató de exorcizarlo alzándole el brazo como lo haría con un digno líder triunfador.

Que la CTM dé su apoyo a los priistas, es histórico y lógico.

Pero tan cerca de la victoria como parecen estar, los perredistas deben responder, antes del 2 de julio, si son la misma cosa.

cmarin@milenio.com

26 de junio de 2006

Votar en contra del que podría ser un mal presidente

Leo Zuckermann
Excélsior - Juegos de Poder

26-06-06

Un buen presidente puede terminar su mandato sin pena ni gloria. En cambio, un mal presidente puede acabar llevando al país a la bancarrota. Esta es la paradoja en un sistema presidencial como el mexicano. Y, por eso, resulta muy importante la decisión de por quién votar el próximo domingo.

Los mexicanos todavía tenemos una cultura presidencialista donde creemos que el presidente es poderosísimo; que puede hacer la diferencia en nuestras vidas. Por eso esperamos que aparezca un personaje épico que, casi por arte de magia, resuelva todos nuestros problemas.

La realidad no es así. La democratización del país ha pasado por precisamente quitarle muchos poderes al presidente, de tal suerte que éste es hoy un actor político más del sistema político. Un buen mandatario entiende esto y, por lo tanto, respeta a los otros poderes constituidos, observa las restricciones legales y económicas del país y defiende los intereses de México con el extranjero.

Al terminar la contienda electoral, con todas las exageraciones que conlleva, un buen presidente debe atemperar las expectativas de la población y las suyas propias. Debe asumir que es imposible cambiar al país radicalmente en seis años y, en cambio, promover modificaciones graduales que le permitan a México seguir progresando. Si hace esto, quizá pase a la historia sin mucha pena ni gloria: como un gobernante eficaz y nada más.

El problema es cuando el presidente pierde el piso y, efectivamente, pretende cambiar todo de la noche a la mañana. Cuando el Ejecutivo Federal asume la misma cultura presidencialista que imperó durante tantos años, donde el presidente se cree todopoderoso con el mandato de cambiar radicalmente al país. Un mandatario con el objetivo de entrar en los libros de la historia patria, llamado a hacer lo que no se ha hecho en doscientos años. ¡Cuántos presidentes no hemos visto en México que toman ese camino y terminan perjudicando al país! Porque, insisto, si bien un buen presidente puede terminar sin pena ni gloria, uno malo tiene toda la capacidad de llevar a México al despeñadero.

Por eso, quizá, la decisión del próximo domingo sea de votar por el candidato menos malo. El que tenga más posibilidades de contenerse; de asumir el papel templado de un presidente democrático en tiempos de normalidad política y económica. Tal vez el mejor sufragio sea por el personaje que sí esté dispuesto a terminar en el 2012 sin mucha pena ni gloria.

Votar por un político de esta calidad puede sonar chocante. Sin embargo, en la historia de México han funcionado mejor los presidentes considerados como oscuros y aburridos, del tipo de Ruiz Cortines o Zedillo, que aquellos coloridos que prometieron el sol, la luna y las estrellas, como Echeverría o Salinas.

Sobre este asunto, el otro día, en una conferencia me preguntaron cuándo tendría México a un presidente estadista. La pregunta me tomó por sorpresa. Para contestar, rápidamente pensé en políticos que considero que entran en esta categoría. Me vinieron a la mente Benito Juárez, Winston Churchill y Franklin Delano Roosevelt. Todos ellos lideraron en momentos críticos a sus naciones, se levantaron con la victoria y dejaron una huella indeleble. Respondí, entonces, que ojalá no tuviéramos un presidente estadista, porque éstos surgen cuando un país enfrenta duras crisis nacionales y, con toda honestidad, yo esperaba que México no tuviera una situación de esta naturaleza. Por supuesto que me gustaría que tuviéramos más Juárez en nuestros haberes políticos, pero creo que, si el precio para tenerlos es el de guerras sangrientas o crisis políticas, sociales o económicas, bien podríamos ahorrárnoslo.

Mi respuesta, empero, me inquietó. A final de cuentas, había contestado algo que sonaba insensato y políticamente incorrecto. La respuesta fácil y "correcta" hubiera sido que México efectivamente necesitaba un político estadista tal como lo define la Real Academia Española, es decir, una "persona con gran saber y experiencia en los asuntos del Estado". En este sentido, el 2 de julio tendríamos que votar por el candidato más cercano a estas características.

Sin embargo, luego encontré una cita memorable del ex presidente norteamericano Harry Truman: "Un político es un hombre que entiende del gobierno; un estadista es un político que lleva muerto quince años". Me pareció genial porque, sin duda, los verdaderos estadistas son aquellos que se forjan siendo buenos gobernantes. El término de estadista en realidad debe aplicarse a políticos veteranos que han tenido una prestigiosa carrera, que ya libraron y resolvieron muchas situaciones complejas y que, sólo entonces, resultan populares entre la población.

Tiene razón Truman: para ser estadista, primero hay que ser buen gobernante. ¿Y cómo se logra esto? De acuerdo con la magnífica obra del Palacio Comunal en Siena, pintada en 1340 por Ambrogio Lorenzetti, las virtudes del buen gobierno son Sabiduría, Justicia, Concordia, Magnanimidad y Paz Social. El próximo domingo uno podría votar en positivo buscando al candidato que tenga la mayor dosis de éstas.

Sin embargo, quizá resulte más importante para el futuro del país votar en negativo, es decir, identificando al candidato presidencial que tenga los atributos que llevan al mal gobierno según el propio Lorenzetti —Poder Omnímodo, Crueldad, Envidia, Rencor, Codicia, Vanidad y Arrogancia—, y sufragar en contra de éste otorgándole el voto al aspirante que tenga más oportunidad de ganarle. En otras palabras, tratar de bloquear la llegada del político que tenga las mayores posibilidades de convertirse en un mal presidente con toda la capacidad de arruinar al país.

En una democracia, los votos positivos y negativos tienen el mismo peso y, para una sociedad preocupada por su destino, son igual de legítimos.


leo.zuckermann@cide.edu

El pais que queremos

Isabel Turrent
Reforma
25 de junio de 2006

Los últimos días de campaña han seguido el triste guión que ha dominado por meses el desempeño de los principales candidatos a la Presidencia. El campo de visión se ha cerrado y el intercambio entre los candidatos se ha reducido a acusaciones y respuestas alrededor de asuntos tan menores que resultan patéticos. No sorprende que a una semana de la votación, un buen porcentaje de electores siga ocupando el cajón de los "indecisos".

Es difícil encontrar una buena razón para votar y aún más complicado hacer a un lado la maraña de descalificaciones entre los candidatos, para decidir por qué votar. El dilema del electorado se ha enmascarado en la cuestión del "quién", porque AMLO ha convertido estas elecciones en un asunto personal donde lo que cuenta son el atractivo y el carisma y no los proyectos o las ideas.

Pero son precisamente los programas y los idearios los que deberían decidir esta elección: cada votante debería preocuparse por el "qué" y no por el "quién". Lo importante es qué tipo de país queremos para el futuro y para responder esa cuestión, es indispensable romper el patrón de miras cortas e idearios vacíos que se ha impuesto en la campaña y abarcar al mundo entero para decidir, antes que nada, el lugar y el desempeño que queremos para México.

Estas elecciones son fundamentales, antes que nada, porque el País no tiene tiempo. La historia del mundo en el que vivimos se ha acelerado a tal punto, que deja automáticamente a los indecisos al margen del progreso. El Planeta se ha dividido en dos: entre los países que han decidido crecer a paso de tortuga y refugiarse en el aislamiento y en formas anacrónicas y disfuncionales de gobierno; y aquellos que han optado por aprovechar el mercado globalizado, por la integración y, con pocas excepciones, por consolidar sistemas democráticos y abiertos.

En sus extremos políticos, la vuelta al pasado que muchas naciones han emprendido como respuesta a la modernidad, ha sido un retorno al peor de los pasados: a los fundamentalismos religiosos y étnicos, a culturas políticas medievales o ideologías decimonónicas, a la violencia terrorista y a la fragmentación y a la lealtad nacionalista centrada en entidades políticas crecientemente locales y provincianas. Es lo que ha sucedido en parte de los Balcanes, en el mundo islámico, en África, y en países latinoamericanos como Venezuela y Bolivia.

En los márgenes económicos, esos países siguen alimentando lo que Amartya Sen, el economista hindú, ha llamado una mentalidad "colonizada". Una "obsesión con Occidente que sobrepasa cualquier otro valor o prioridad". Quienes la padecen rechazan las reformas que sustentan el crecimiento de los países más exitosos de las últimas décadas como "tomadura de pelo" (AMLO dixit), prometen transitar por caminos propios, a espaldas de la modernidad económica, y fortalecer al Estado a costa del capital privado. Basta ver el catastrófico desempeño económico de Cuba o de la Venezuela de Chávez para comprobar que ese tipo de proyectos no funcionan ni siquiera con cantidades casi ilimitadas del petróleo.

Es obligación del Estado promover y asegurar una distribución justa de los bienes públicos, entre ellos, la educación y la salud. Para lograrlo necesita generar riqueza y, en el mundo globalizado de hoy, la forma más eficaz de promover el desarrollo económico e incrementar los recursos del Estado es crear un clima propicio para que florezca la iniciativa privada, atraer a la inversión extranjera y consolidar un sector exportador competitivo.

La iniciativa privada no espera a que el gobierno en turno le indique si puede o no invertir -como supone AMLO. Cuando un país erige trabas a la inversión, mantiene altos costos de los servicios, una infraestructura deficiente y cierra sectores enteros como el energético en aras de tabús económicamente ineficaces, la iniciativa privada doméstica emigra, y la extranjera busca terrenos más propicios.

Las corporaciones multinacionales se han transformado en unos años en empresas integradas globalmente que deciden no sólo dónde producir, sino quiénes producen sus bienes, y que han pasado de dirigir su producción a mercados nacionales a servir al mercado global. Pensar como López Obrador que se puede encauzar este capital a placer y en los sectores donde el gobierno decida, es vivir de espaldas a la realidad. Ver a estas entidades nada más como entes "explotadores" muestra, asimismo, una inmensa miopía.

Para mencionar sólo dos ejemplos, estas empresas han sido la base del milagro económico chino e hindú. Tan sólo entre 2000 y 2003 construyeron 60 mil plantas manufactureras en China y su demanda de "servicios externos" ha transformado a la India. La suma del progreso chino e hindú es aplastante. Ambos países han sacado de la pobreza, en un cuarto de siglo, a cuatro méxicos: a más de 400 millones de seres humanos.

Un voto por López Obrador es un voto a favor del pasado. Con AMLO, México no se convertirá ni en Venezuela, ni en Cuba. El País emprenderá un nuevo echeverriato. Sin reformas y en un clima de polarización clasista, el Gobierno no tendrá otra salida más que elevar el gasto público. Ello derivará en el crecimiento de la deuda pública y en una crisis inflacionaria, que afectará a los sectores pobres antes que a ningún otro. Un voto por Madrazo es un salto al vacío: es imposible discernir el proyecto de país que tiene en mente. Votar por Felipe Calderón significa, al menos, darle a México la oportunidad de sumarse a la modernización y al progreso. Nosotros decidimos.

iturrent@yahoo.com

¿Por quien votar?

Gabriel Zaid
Reforma
25 de Junio del 2006

Los que siempre votan por el mismo partido no tienen el problema de razonar su voto cada vez que hay elecciones, algo nada fácil con estos candidatos.

No hay que votar por Calderón, porque está verde. Tiene tablas parlamentarias (lo que puede ayudarle con el Poder Legislativo), pero escasa experiencia ejecutiva. Como si fuera poco, de llegar a la Presidencia, se enfrentará a los tres mayores partidos. A diferencia de López Obrador, que se apoderó del PRD, y de Madrazo, que tiene un control suficiente del PRI, Calderón no tiene el control del PAN: ni de su presidente, ni de los candidatos a la nueva legislatura. Tiene fuerza entre los militantes (por eso pudo ganar la candidatura), pero no en el aparato partidista. Su Presidencia, como la de Fox, será inexperta y débil.

No hay que votar por Madrazo, porque tiene demasiada experiencia. Es un experto en mañas del poder por el poder. Se gastó una fortuna de origen desconocido en llegar a gobernador de Tabasco, tramposamente; y, una vez que estuvo en el poder, no lo usó en primer lugar para beneficio de su estado, sino de su carrera en el PRI, donde logró encabezar el partido y acabó haciendo lo mismo. En vez de fortalecerlo, se dedicó a imponerse como candidato a la Presidencia, sin que le importaran los daños a sus compañeros y al partido. Es un experto en salirse con la suya, aunque sus socios se tengan que salir.

No hay que votar por López Obrador, porque es un carismático que se cree indestructible, con todos los peligros de un ego temerario al volante. No le interesa tanto gobernar como ser el protagonista de la vida nacional. Es teatrero, como López Portillo, que en un gesto dramático expropió la banca, cuando nadie se lo pedía. Le encanta hacer cosas espectaculares que nadie le pide, como los segundos pisos; no las tareas difíciles y poco lucidoras de sanear el Gobierno, aunque todos se lo pidan. Nunca se enteró de quiénes eran sus operadores más cercanos (Bejarano, Ponce), como López Portillo nunca se enteró de quién era el general Durazo. No sólo eso: se burla de las víctimas del crimen que hacen una marcha para pedir seguridad, porque toda multitud que no lo aclame le parece sospechosa.

No hay que votar por Mercado, Campa ni el Dr. Simi, porque sería desperdiciar el voto. Tampoco hay que abstenerse de votar, que sería lo cómodo, porque también es cómodo para la clase política: que los dejen desgobernar, y que los ciudadanos no se metan.

¿Qué hacer, entonces? A mediano plazo, lo urgente es crear vías de intervención ciudadana en la buena marcha del País. No basta con el voto. Hay que vigilar a los poderes públicos todos los días. Hacen falta organismos ciudadanos para observar y atender las oportunidades y problemas sociales, al margen de la partidocracia. Con menos de lo que cuestan los partidos, pueden desarrollarse miles de iniciativas voluntarias en beneficio de la sociedad. Afortunadamente, han surgido cientos, muchas de notable eficacia. Deben multiplicarse.

Y, por supuesto, hay que votar. ¿Por quién? Por el menos peor. Visto así (que es lo realista), ¿cuál de los candidatos puede hacer menos daño a la democracia? Obviamente Calderón, por su misma debilidad. Seguramente en unos años (para las elecciones intermedias) pueda tener un control suficiente del PAN, pero no de los otros partidos. En cambio, el Presidente Madrazo puede restaurar el sistema que operó hasta el sexenio de Zedillo. La debilidad actual del PRI (que, débil y todo, gobierna en la mayor parte del País y tiene un sólido voto duro) no se debe a que, repentinamente, sus políticos hayan perdido oficio o se hayan vuelto egoístas. Se debe a que el sistema se articulaba desde Los Pinos, y, al no tener la Presidencia, desapareció. Recuperando su centro de poder, el sistema puede revivir (con dificultades obvias, como la transparencia, que tratará de anular). Y, ya con esa fuerza, puede renovar las alianzas del PRI tecnócrata con sus socios del PAN, del PRI nacionalista con sus primos del PRD.

La restauración del antiguo régimen puede ser más fácil y completa para el presidente López Obrador. Tan completa que (después de las elecciones intermedias, en las cuales arrasaría, por haber tomado medidas oportunas) se vuelva el dueño, no sólo del PRD, sino del PRI. Y, en consecuencia, del Poder Legislativo y la Constitución. No es imposible que, una vez libre de trabas, haga cambios históricos en México y llegue a ser un gran Presidente. El primer sexenio...

El Bárbaro y los Cobardes

Sirva el presente artículo como un homenaje a la gran escritora Ikram Antaki, quien lamentablemente falleció pocos meses después de escribir este espléndido y premonitorio artículo.

¡Qué razón tuviste Ikram! Si hoy regresaras de tu tumba no dudo que te darían ganas de volver a morirte porque lo que viste hace 6 años para el D.F. hoy puede pasarle a todo México! También me gustaría que esto que dijiste hace 6 años, cuando solías colaborar con José Gutierréz Vivó, hoy se lo recordaras a él, que se ha convertido en un gran defensor y "jilguero" de López Obrador.

Ikram Antaki
El Universal
Febrero del 2000

Nuestro país no tiene una relación privilegiada con el derecho; de hecho vivimos, en muchos aspectos, en una circunstancia pre-legal. No hemos interiorizado la ley y seguimos privilegiando las relaciones de fuerza. Hablar de “estado de derecho” cuando se tiene si quiera la idea de que un hombre absolutamente solo, erguido ante mitos, pueda tener la razón y que la fuerza del Estado en su totalidad, como garante del derecho, de apoyarlo y hacerlo triunfar, hablar de “estado de derecho” –digo en estas circunstancias , es palabrería vacía y es mentira.

Supongamos que un hombre, originario de un estado, quiera competir para la gubernatura del D.F., un dato básico le impide hacerlo: no cumple con las reglas de residencia. Saltando por encima de la ley, este hombre organiza un referendo; el número se sustituye a la ley ( es decir, si diez personas decidieron robar a una, estas diez personas tendrán necesariamente la razón; y si un grupo decide que un individuo es culpable, este individuo será considerado como culpable sin tener que pasar por las pruebas del derecho). ¿Por qué los demás lo dejaron competir? Por cobardía. Las instancias legales y sus propios adversarios públicos aceptaron la violación de la ley como acto fundador de la contienda. ¿Por qué? Por miedo al número, de la misma manera en que se legalizaban las ocupaciones de tierras por parte de las paracaidistas, doblando la ley ante el estado de derecho.

Quien sabe de leyes y acepta su violación lo hace por miedo; su decisión es política, no jurídica. La política dice que hay que dejar al PRD un D.F. que éste no iba a devolver en caso de perderlo con otro candidato, así que más valía dejárselo con este candidato.

¿Acaso se dan cuenta los habitantes del D.F. de lo que va a ser su vida durante los próximo tres o seis años? ¿Acaso tienen idea del infierno que podría ser? Quien los va a gobernar no es James Dean, sino un provinciano ignorante, violento y fanático. El referendo fue históricamente, el arma de los fascistas, a los demócratas, les basta con la aplicación de derecho. El referendo que daba el apoyo inicial al candidato del PRD estaba destinado a amedrentar a los jueces, es la dictadura, el terror del número ante cualquier circunstancia. La Ley de la selva no es la ley; un grupo de depredadores que deciden comerse al individuo débil y sólo no necesitan de la ley, les basta con la fuerza. Estas son las relaciones de fuerza del universo pre-legal, y estas son las relaciones que nos esperan bajo el próximo gobierno perredista. Cárdenas tenía las limitaciones que le imponía el sueño presidencial: Andrés Manuel López Obrador no tendrá límites. No será el valiente educador que se opondrá al pueblo si el pueblo yerra; para él, el pueblo tiene la razón simplemente porque es pueblo, y diez tendrán necesariamente más razón que dos o uno.

Sin el derecho, no hay vida soportable en sociedad; es el que evita a los hombres recaer en el estado de guerra que caracteriza el estado de naturaleza. El que empieza su reino violando la ley que regía este reino, no será un gobernante legal; será un golpista. ¿Por qué es que el DF insiste en darse este tipo de gobierno? El mito de un DF culto y politizado, en comparación con un campo ignorante y controlado por el PRI, es una de las grandes mentiras políticas que vivimos. Existe algo peor que la ignorancia y es el saber poco. El ignorante generalmente se sabe ignorante; el que sabe poco cree que sabe, y su prepotencia lo lleva a cometer todos los errores. Esta ignorancia que se esconde detrás de los temas del Fobaproa y demás retórica demagógica, le hace creer que sabe más y mejor que el campesino que piensa y vota de manera diferente a la suya.

Estamos llegando a los tiempos fanáticos e inseguros; no es este el cambio con el cual soñábamos. Este cambio no es un paso adelante; es un retroceso.

Esa atmósfera de intolerancia y de odio, de envidia, de maledicencia y de condena, no es una alternancia normal. Nuestra izquierda no es el PSOE; ignora, desprecia y viola la Ley, además de considerarla como un instrumento de burguesía.

López Obrador y Chávez comparten más de 25 semejanzas, arroja análisis

Mario Hernández
Crónica
24 de Junio de 2006

“Se marginan de la modernidad; se asumen como uno más de los desamparados, necesitados y excluidos; su tono contra sus adversarios es amenazante, pues manifiestan una represión ideológica si no piensan como ellos”, consideró respecto a López Obrador y Hugo Chávez, el director general de la Empresa de Mercadotecnia Integral Eventum, Alfonso Noriega Ortiz.

Aseguró que Andrés Manuel López Obrador y Hugo Chávez, son más semejantes de lo que parece y que ambos se oponen a las reformas económicas y sociales.

En un análisis titulado “las coincidencias entre Andrés Manuel López Obrador y Hugo Chávez”, Noriega Ortiz, revisó los discursos y hechos de gobierno del candidato de la Alianza Por el Bien de Todos, y del presidente de Venezuela, e identificó 25 aspectos en los que ambos personajes son idénticos.

1. Usan el vocablo pueblo para establecer conexión afectiva con sus seguidores.
2. Se asumen como uno más de los desamparados, necesitados y excluidos.
3. Manejan en su discurso la confrontación entre pobres y ricos.
4. Ofrecen re-construir las estructuras políticas.
5. Rinden tributo a héroes nacionales. Chávez a Bolívar y AMLO a Juárez.
6. La justicia social es que el gobierno suministre bienes necesarios a pobres.
7. Política social con carácter populista. asistencia social.
8. Discurso político lo centran en denunciar el pasado. foco en corrupción.
9. Tono amenazante a adversarios. represión ideológica si no piensan como ellos.
10. Descalifican enemigos y adversarios. incitan al rechazo colectivo.
11. Buscan apoyo ciudadano con discurso a-partidista.
12. Ofrecen eliminar la corrupción en la administración pública.
13. Van a erradicar del poder a cúpulas políticas.
14. Re-fundarán la República y buscan re-hacer la democracia.
15. El neoliberalismo es el causante de los desastres económicos y sociales.
16. Se oponen a las reformas económicas y sociales. se marginan de la modernidad.
17. Personalismo en su gestión de gobierno.
18. Se sienten víctimas de complot.
19. Su fuerza está en la movilización popular. Encarnan la voluntad del pueblo.
20. Dispuestos a violar la ley si no les da la razón.
21. Discurso neo-populista. explotan sufrimiento de los pobres.
22. Fomentan odio de clases.
23. No son de izquierda solo usan el lenguaje.
24. Síndrome yo no fui. pasan problema a colaboradores.
25. Ejercen control social con violencia selectiva
26. Dos personajes que impactan a la sociedad y plantean un proyecto de nación.
27. Ambos construyen mayorías a su favor pero también en su contra.
28. Nos invitan a la reflexión y análisis sobre el futuro del país. Eso ya es ganancia.

24 de junio de 2006

Voto útil

Jaime Sánchez Susarrey
Reforma
25 de Junio del 2006

No hay duda. Vamos hacia una elección muy cerrada. Los electores flotantes tendrán en el último momento la última palabra. Las semanas recientes muestran que los cambios de humor ocurren por días. Un incidente o una noticia de último minuto podrían inclinarlos en un sentido o en otro. Por eso nada sabremos a ciencia cierta hasta el 2 de julio.

AMLO, sin embargo, reitera que la ventaja que lleva es de diez puntos. Ninguna encuesta publicada le parece confiable; todas están “truqueadas”, dice. Las que lo sitúan por debajo de Calderón por razones obvias y las que le otorgan una ventaja de dos o tres puntos porque no reflejan la verdadera distancia que le lleva al candidato del PAN. Pero ese discurso es ornamental, no real. Es incluso probable que el famoso sondeo ni siquiera exista.

Pero la realidad es que en los entornos de AMLO hay preocupación. La elección depende de unos cuantos puntos. De ahí la ofensiva que están lanzando contra Patricia Mercado y el partido Alternativa Socialdemócrata. Ése y no otro es el sentido de la tesis del voto útil: no votes por una candidata que no tiene oportunidad de ganar; no desperdicies tu voto. Vota por Andrés Manuel y evita que la derecha conserve el poder.

No es ésta la primera vez que se maneja el argumento del voto útil. Vicente Fox lo utilizó en el 2000 con muy buenos dividendos. El objetivo era sacar al PRI de Los Pinos. Había que dejar de lado las diferencias ideológicas y programáticas para concentrarse en el objetivo fundamental: terminar con 71 años de hegemonía priista. Y en efecto, el 2 del julio de 2000 muchos militantes y simpatizantes votaron por Vicente Fox.

Hoy las circunstancias son diferentes. La convocatoria al voto útil que están haciendo los perredistas no es clara en sus objetivos ni en sus definiciones. Su fundamento último es de oportunidad: vota por AMLO porque él es el único que puede ganar la Presidencia. No hay más. Y digo que no hay más porque, por una parte, soslaya las críticas que suscita López Obrador y, por la otra, inventa un monstruo de 100 cabezas para restarles importancia a las diferencias.

Vayamos por partes. El monstruo de 100 cabezas no es difícil de describir. Felipe Calderón, se dice, no es una mala persona. Pero está cercado y manipulado por la extrema derecha de Acción Nacional. Manuel Espino y El Yunque son el enemigo a vencer. Si Calderón gana la Presidencia, serán ellos los que se impongan y veremos un retroceso en todos los órdenes, desde las políticas de salud hasta una ofensiva contra la educación laica. Así que no hay que desperdiciar el voto para impedir que la ultraderecha se apodere del gobierno.

Las objeciones a esta tesis son evidentes. En primer lugar, que lo mismo se dijo en el 2000 de Fox. El petate del muerto era el mismo: la llegada de Acción Nacional terminará con la educación laica, prohibirá el condón, las píldoras anticonceptivas y nos pondrá a todos a rezar el rosario. Pero nada de eso aconteció. Es más, en varias cuestiones, como la píldora del día siguiente, el gobierno foxista fue más liberal que los últimos gobiernos priistas.

La razón de esto es doble: existe una sociedad laica que no admitiría un retroceso en estas materias y el propio Fox es una persona bastante liberal. Felipe Calderón es, sin duda, un hombre que profesa la fe católica, como el propio Fox, pero ha reiterado que las convicciones morales no pueden imponerse en el espacio público al resto de la población. Y no sólo eso. En su entorno hay personajes, como Josefina Vázquez Mota, que mantienen posiciones liberales en lo que se refiere a las políticas de salud pública.

Y por lo que toca al complot de El Yunque, baste decir que las tensiones que ha habido entre Felipe Calderón y el presidente del PAN son muy conocidas. Manuel Espino ha sido un verdadero dolor de cabeza para el equipo de campaña del candidato panista. Por eso se puede esperar cualquier cosa, menos que Calderón, ya como Presidente, se doblegue o se deje cercar por Manuel Espino y El Yunque. En suma, los llamados al voto útil para detener el avance de la ultraderecha son basura pura; no tienen sustancia ni consistencia.

Pasemos, ahora, a la segunda cuestión: las dudas y las críticas que suscitan AMLO y su proyecto entre muchos militantes de izquierda. Y en ese sentido, la primera pregunta que hay que formularse es si López Obrador es un hombre que tiene un proyecto y un programa de izquierda.

Vayamos, de nuevo, por partes:

¿Es de izquierda regresar a los precios de garantía en el campo, a los desayunos escolares y a la entrega de útiles escolares, como ocurría durante los gobiernos de Echeverría y López Portillo?

¿Es de izquierda rodearse de ex priistas, contar con el apoyo de Manuel Bartlett, la CROC y, al mismo tiempo, marginar a las corrientes tradicionales del PRD, incluido el cardenismo?

¿Es de izquierda minimizar el proceso de globalización y proponer una revisión del TLC?

¿Es de izquierda no tener una posición clara frente a la píldora del día siguiente y guardar un “prudente” silencio cuando se interroga a AMLO sobre esta cuestión?

¿Es de izquierda sumarse ciegamente al liderazgo de un personaje que no tolera la crítica y que se asume como la única oportunidad de redención de los pobres de este país?

¿Es de izquierda negarse a responder preguntas de cultura general para no vulnerar la imagen y la esperanza de millones de mexicanos que dice encarnar?

¿Es de izquierda tolerar los linchamientos con el argumento de que con los usos y costumbres de los pueblos no hay que meterse?

La respuesta obvia es: no, no es de izquierda. Por eso muchos militantes y simpatizantes del PRD, que se sienten defraudados por AMLO y su proyecto, están volteando hacia Patricia Mercado y Alternativa Socialdemócrata y Campesina. Al hacerlo no cometen ningún pecado; al contrario, reconocen una realidad y apuestan por un proyecto alternativo. Es cierto que no es para mañana y que se trata de una inversión de largo plazo. Pero ése es un voto útil y moralmente inobjetable. México necesita una izquierda moderna y democrática, no un mesías tropical.

23 de junio de 2006

Sí al voto razonado

David Páramo
Excélsior - Personajes de renombre

23-06-06

Ya bastó... Deje de prestar atención a los spots y voceros de los partidos políticos. Deje de escuchar las descalificaciones de unos y otros. No le crea mucho a las encuestas, pues entre 40% y 50% de los entrevistados no contestaron por alguna razón.

El 2 de julio no se trata de elegir al que sea menos mentiroso, ladrón o corrupto. No se está seleccionando al menos peor o a quien haga las propuestas más fantasiosas.

Usted tomará una decisión fundamental sobre el futuro y bienestar de su familia. Sé que toma tiempo para razonar decisiones que le atañen directamente a usted y a sus seres amados.

Considere que los ataques y descalificaciones realmente no son tan importantes cuando se piensa en un proyecto de nación. ¿Cuánto del lodo que se han lanzado seguirá teniendo importancia dentro de seis meses, especialmente cuando no se han presentado denuncias penales en la mayoría de los casos, los cuales son dichos y no hechos?

Tome, por lo menos, el mismo tiempo que dedicará a ver el partido de México en contra de Argentina, o en cualquier otra actividad, para ver las propuestas de los candidatos (puede consultarlas en www.lupaciudadana.com.mx o en www.sociedadenmovimiento.org.mx) y analizarlas.

La campaña se ha concentrado en debatir la conveniencia o no de cambiar de modelo económico. Mientras que Felipe Calderón apunta a seguir construyendo sobre la base de la estabilidad económica, la competitividad y el crecimiento, Andrés López se orienta a una gran participación del Estado en la economía y en la oferta de programas que no tienen sustento económico.

Entre las preguntas que debe hacerse están: ¿Ha mejorado su nivel de vida en diez años? ¿Ha podido comprarse casa o carro? ¿Han disminuido sus penurias económicas o ha mejorado su nivel de vida? ¿Su salario se le deteriora menos? ¿Está mejor que en 2000?

Los datos duros señalan que ha disminuido el número de pobres, se ha incrementado el ingreso per cápita y se ha recuperado la clase media. En el lado negativo está el poco crecimiento del empleo formal. Controlar la inflación es lo más benéfico para los pobres y asalariados, puesto que su dinero alcanza más, los subsidios generalizados benefician a los más ricos y causan más daño a los pobres, puesto que generan deuda e inflación.

No se pierda en la jungla de neoliberales, tecnócratas, populistas. En materia económica hay correcto e incorrecto y usted lo sabe como cabeza de familia. No necesita haber pasado por la carrera de economía para saber que el dinero no crece en macetas y que es un error regalar lo que no se tiene.

Quien le haga promesas milagrosas en materia económica miente y el despertar es tan doloroso como en las épocas de José López Portillo, Luis Echeverría y Carlos Salinas.

[...]

dinero@nuevoexcelsior.com.mx

Así cierran las encuestas: ¿un final de fotografía?

Razona tu voto

En varias ocasiones publicamos un seguimiento de las principales encuestas, así como un análisis gráfico que iba indicando la tendencia de cada candidato (Así van las encuestas...). Con la publicación de las últimas encuestas que podrán realizarse y difundirse públicamente hasta la elección del 2 de julio, presentamos la última actualización de dicho análisis.

Si algo queda claro es que faltando 9 días para la elección, Calderón y AMLO están empatados y que, pese a que algunas encuestas marcan una elección cerrada a tercios, Madrazo se mantiene en un claro tercer lugar.


De hecho la competencia se ve tan cerrada que tal y como puede verse en una segunda gráfica en la que quitamos los resultados particulares de las encuestas y solamente graficamos los promedios móviles, Calderón y AMLO están literalmente pegados en un 35%, mientras que el promedio de Madrazo es de apenas un 27% aproximadamente.

Esto únicamente corrobora el hecho de que la moneda está en el aire. Nadie llega al día de hoy con una ventaja que pueda considerarse definitiva. Nadie "la tiene ganada". Nadie trae 10 puntos de ventaja.

En su último reporte Ulises Beltrán y Asociados, cuyos resultados prácticamente coinciden con nuestro análisis gráfico (Calderón 34%, AMLO 34% y Madrazo 26%) menciona algunos factores posibles de cambio que me parece importante tener presentes.

Aunque no está claro en que medida y en que sentido influirán; el voto estratégico, la solidez de las preferencias, la intención de los votantes independientes y la imagen de los candidatos son los principales factores que hasta el último momento incidirán y acabarán por definir el rumbo de la elección.

Las cosas no necesariamente terminarán como hasta hace unos días lo plasmaron las encuestas. La cuestión es que conforme vayan cambiando, ya no tendremos la posibilidad de enterarnos públicamente de esas mediciones.

Con mucha menos difusión y apertura que la que hoy tenemos, eso mismo ya lo vivimos hace 6 años.

Sólo faltan 9 días pero aún pueden pasar muchas cosas. Y no me refiero necesariamente a cosas espectaculares, sino al simple hecho de sumar lo que cada mexicano que hoy no está totalmente seguro de por quien votar el 2 de julio, o ni siquiera de si irá o no a votar, pensará y decidirá cuando tenga frente a el la boleta electoral.

razona2voto@yahoo.com

Por qué Felipe no puede perder el 2 de julio

Ciro Gómez Leyva
Milenio - La Historia en Breve
23-06-06

Felipe Calderón no puede perder el domingo, porque la elección la ganarán los indefinidos que guardarán su carta hasta el último instante. Habrá quienes decidirán formados en la cola, y habrá incluso quien lo haga en la urna. En ese breve lapso, bajo el rayo del sol o pasando el lápiz sobre la boleta, terminarán optando por quien sientan que será menos riesgoso para ellos y sus familias. Votarán por Felipe.

Pesarán los mensajes sobre un país espantoso gobernado por Andrés Manuel López Obrador. Y el miedo a la inestabilidad. Por eliminación, miles de indecisos se transmutarán en un chasquido en votos conservadores que obsequiarán al PAN una segunda oportunidad en Los Pinos.

No será un voto alegre como el del 2000. Muchos de los sufragios ganadores serán también votos con una carga de frustración por haber optado por la continuidad, a pesar de la decepción que les deja la experiencia foxista. Y de resignación, por haber elegido a Felipe, con quien ni simpatizan, ni se identifican.

Votarán por temor a que un México lopezobradorizado, lumpenizado, bejaranizado, les embrolle más sus vidas cotidianas. La presunta primera elección ideológica en la historia de México terminará siendo un referéndum entre el mal mayor y el mal menor.

Unos 40 millones de mexicanos elegirán Presidente de la República el domingo 2 de julio. Las encuestas marcan que unos seis millones no saben aún si correr el riesgo o jugar a la segura. Ante el dilema, creo que se impondrá el voto conservador. La mayoría de los mexicanos, lo marcan también otras encuestas, quieren trabajo, un poco más de dinero, un poco más de seguridad, un poco de futuro para sus hijos. La irritación no es más grande que la esperanza de vivir un poco mejor.

Un poco, un poco.

López Obrador puede ser una esperanza, una ilusión, pero gastaría demasiada energía en pleitos inevitables, tendría enemigos a puños, no mejoraría con la rapidez requerida las carencias mundanas. Calderón se presenta como una línea más corta. López Obrador asusta, agrieta, dilata, desfonda. Calderón no. Por eso los indecisos le van a dar la victoria el domingo 2 de julio.

Dos visiones

Leopoldo Mendivil
Crónica
23 de Junio de 2006

Si usted analiza las opiniones de nuestros intelectuales y las de los periodistas, encontrará que mientras la mayoría de los primeros simpatiza con Andrés Manuel López Obrador, la mayoría de los segundos discrepa.


Pero si compara las líneas ideológicas de unos y otros, encontrará más diferencias de matiz que de fondo. Todos queremos borrar el México de la riqueza insultante frente a la pobreza lacerante y todos conocemos más o menos los factores que han mantenido esa situación durante toda nuestra historia. Casi todos rechazamos el neoliberalismo pero sabemos que hasta Cuba y China participan de la globalización.

Quizás las diferencias entre intelectuales y periodistas obedecen a que aquéllos tratan de construir la utopía en cuanto concepción de un gobierno ideal, mientras nosotros reseñamos el mundo de la realidad.

Así, los intelectuales apoyan a López Obrador porque ofrece la guerra contra la iniquidad con tanta pasión que le creen por igual los más y los menos letrados.

Los periodistas, en cambio, enfrentamos sus palabras a sus hechos y las cuentas no nos cuadran. Quizás hasta su mesianismo le aceptáramos si no chocara con la deshonestidad intelectual que revelan sus acciones.

Se entiende que quienes sufren la pobreza acepten las promesas de quien les ofrece otro futuro, pero cuesta aceptar que quienes hacen del razonamiento su herramienta principal eliminen, de la fórmula el factor que la imposibilita. A más b es igual a c, pero a más h no puede dar c…

Lo más fácil para justificar a AMLO es aceptar las persecuciones de que dice ser víctima, pero veamos:

AMLO violó la Ley de Amparo. Se declaró perseguido, principalmente político y se defendió con su innegable liderazgo, pero en su modalidad de subversión, y la debilidad federal prefirió no enfrentarlo. Consecuencia: los desacatos al Amparo prácticamente se volvieron costumbre en diversas instancias del gobierno capitalino. Pero nadie perdona los excesos de poder en que incurrió Marta Sahagún.

López Obrador decidió que los recursos para construcción de los segundos pisos fueran declarados información restringida durante ¡12 años! y no hubo autoridad que lo objetara. Pero se descubrieron los abusos del ex gobernador Arturo Montiel y su familia -mucho menores, por cierto, que los de los segundos pisos- y con toda razón, aunque sin la demostración legal que el caso demandaba, la indignación nacional se le fue a la garganta y acabó con su carrera política.

Nadie olvida los videos de Ponce, Bejarano e Imaz, pero en la cárcel está Ahumada y su familia está sometida a una persecución que podría terminar con su esposa en Santa Martha Acatitla y sus hijos en alguna casa de menores infractores.., ¿de qué?

Anteayer publiqué aquí una visión parcial del estado en que AMLO dejó las finanzas de la ciudad y los servicios que debió entregar sobre todo a los más pobres, según detallan las propias Cuentas Públicas del GDF, pero para los intelectuales esa información o no cuenta, o no vale, o ni siquiera la leen. Pero en Compranet se localizaron las famosas toallas de la pareja presidencial y se volvieron un escándalo que dio la vuelta al mundo.

Esto es algo de lo que los periodistas vemos y los intelectuales aparentemente no. De alguna manera lo entiendo, pues la información no suele contar con el peso emocional de la propaganda, que a tantos intelectuales ha convencido en el curso de la historia…

Pero como lo que está en juego es el país y su futuro, ojalá los intelectuales analizaran la información que los periodistas manejamos, y nosotros buscáramos más la utopía que ellos quieren construir…

[…]

l.mendivil@delfos.com.mx
m760531@hotmail.com

Votar contra el autoritarismo

Luis de la Barreda Solórzano
Crónica
23 de Junio de 2006

Si las encuestas son acertadas, Andrés Manuel López Obrador y Felipe Calderón llegan a la elección presidencial prácticamente empatados en la intención de voto, lo que supone que: a) cualquiera de los dos tiene posibilidades de ganar el domingo 2 de julio la Presidencia de la República, y b) probablemente quienes hoy aún están indecisos sean quienes inclinen la balanza. Cada sufragio, entonces, puede ser decisivo. Por primera vez en mi vida votaré por un candidato del PAN aun cuando varias de las posturas conservadoras de ese partido me resultan inaceptables, sobre todo aquellas que se refieren a aspectos que conciernen a las convicciones morales de los individuos. Por ejemplo, me parece farisaico el rechazo a la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo y a la píldora del día después. Sin embargo, es evidente que si el PAN vuelve a ganar la Presidencia no habrá un retroceso en esos temas, pues ni Calderón va a intentarlo ni la correlación de fuerzas parlamentarias se lo permitiría. Por otra parte, el programa económico y social del aspirante panista parece razonable, en tanto que el del perredista es, como lo ha calificado Jaime Sánchez Susarrey, un proyecto irresponsable que podemos pagar muy caro los mexicanos. Pero esa no es la razón principal para decidir el sentido de mi voto. Más que votar por Calderón, votaré contra López Obrador por un motivo que considero muy fuerte. El ex Jefe de Gobierno del Distrito Federal ha dado muestras inequívocas y abundantes de autoritarismo, intolerancia y desprecio al derecho. No me parece un exceso considerar que tiene alma de dictador (quieran los dioses que, si gana la elección, me equivoque).


La afirmación de que el ex priista es un peligro para México no se basa en elucubraciones acerca de lo que podría hacer o dejar de hacer si llegara a ser Presidente, sino en la certeza de lo que ya hizo y lo que dejó de hacer como gobernante de la capital de la República. A la vista de cómo gobernó, no puede menos que sorprenderme que cuente con el respaldo de intelectuales que se habían caracterizado, entre otras cosas, por su vocación democrática. En el breve espacio de esta columna apenas podré esbozar algunos de los desplantes, de las acciones y de las omisiones de López Obrador cuya evocación quizá sea suficiente para ilustrar mi temor.

Yo era Presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal. Uno de los principales destinatarios de nuestras recomendaciones, por atropellos muy serios, era el Procurador Samuel del Villar. López Obrador, Jefe de Gobierno electo, aseveró que todos los ombudsman del país eran priistas y se fatigó en anunciar, una y otra vez, que sostendría en el cargo al doctor Del Villar, a quien comparaba con Benito Juárez. No lo sostuvo porque le fue imposible: la designación del Procurador requería la anuencia del Presidente de la República, y Fox no estaba dispuesto a otorgarla pues sabía de los abusos de Del Villar, entre los cuales estaban el encarcelamiento de personas inocentes inculpadas por el homicidio de Paco Stanley con base en el testimonio inducido de un preso al que después se amenazó para que no se retractara, la persecución penal de jueces y magistrados cuyas resoluciones desagradaron al Procurador, y la designación de delincuentes (sí, individuos que habían sido condenados incluso por delitos tan graves como el secuestro) en altos cargos de la Procuraduría.

Ya en el ejercicio de la jefatura de gobierno, Andrés Manuel López Obrador ocultó información de interés público, tal como la relativa a los precios y los proveedores de los segundos pisos o la nómina de pago a los mayores de 70 años. Para no tener que proporcionarla boicoteó la instauración de un organismo autónomo negándose a otorgarle oficinas y presupuesto, disolviendo el consejo designado y creando otro del que se excluyó arbitrariamente a la más incómoda de las consejeras —por su autonomía y su honestidad—, María Elena Pérez Jaén, (que ya acudió a la Suprema Corte buscando que se revierta el atropello).

Andrés Manuel López Obrador mostró un absoluto desprecio por la ley y por las resoluciones judiciales. Entre la justicia y la ley, expresó varias veces, había que optar por la justicia. “Ley que no es justa no sirve... Una ley que no imparte justicia no tiene sentido... La Corte no puede estar por encima de la soberanía del pueblo... La jurisprudencia tiene que ver, precisamente, con el sentimiento popular”, predicó.

El problema con esa concepción es, por una parte, que el pueblo —las masas, la mayoría— no siempre tiene razón ni todo lo que pide o exige es indiscutible: ¿qué sucedería si la mayoría se manifestara, por ejemplo, contra la libertad de expresión, a favor de la pena de muerte o a favor de la justicia colectiva por propia mano?

Por otra parte, surge la pregunta de quién descifra la voluntad popular y quién decide lo que es justo. En los hechos, lo decide quien detenta el poder. “¿Y quién interpreta el divino poder de la ‘soberanía popular’? El líder social que se autodesignaba ‘el rayo de esperanza’: López Obrador”, escribió Enrique Krauze (El mesías tropical, en Letras libres, junio de 2006).


Cuando las resoluciones judiciales fueron desfavorables a su gobierno y le provocaron especial molestia, el entonces Jefe de Gobierno no paró mientes en calumniar a los juzgadores acusándolos de corruptos sin presentar la denuncia o las pruebas correspondientes. Lo peor fue que, al desacatar suspensiones provisionales ordenadas por jueces de distrito, debilitó al amparo, instrumento jurídico de los gobernados para defenderse de los abusos de los gobernantes. Recordemos que, después de su desafuero, si se detuvo la acción penal en su contra no fue porque su conducta no estuviera tipificada como delito sino porque no quedaba claro, por una laguna legislativa, qué sanción correspondía a esa conducta. De ahí en adelante cualquier servidor público puede violar la suspensión provisional concedida en amparo a sabiendas de que quedará impune su trasgresión. El daño causado al Estado de Derecho ha sido enorme.

Lo aquí señalado es grave; pero me falta referirme al capítulo más funesto y vergonzoso: Tláhuac. Como se me acabó el espacio, será la próxima semana.

ldelabarreda@icesi.org.mx


Tiempo de definiciones

Jesús Reyes-Heroles G.G.
El Universal
23 de junio de 2006

Hoy concluye el plazo que establece la ley para divulgar resultados de encuestas sobre preferencias electorales. Se cierra un periodo de intenso bombardeo a la ciudadanía con información de múltiples fuentes, cuyos levantamientos de opinión pública son de calidad y transparencia diversas.


Esta es la segunda ocasión en que las encuestas juegan un rol central en el debate político y las campañas. El balance de su contribución a un voto más informado es mixto. Por una parte, es innegable que proporcionan al elector elementos útiles para fundar su voto, al igual que a los candidatos para definir la naturaleza y curso de sus campañas. Por otra parte, también es cierto que existe el riesgo de que respondiendo a intereses partidistas o de campaña se intente manipular las encuestas, riesgo que se refiere a los resultados mismos y, sobre todo, a la forma como éstos se presenten. La posibilidad de comparar los resultados de encuestas, consigo mismas y con los de otras fuentes, depende críticamente de la transparencia en la presentación de definiciones y aspectos metodológicos. Desafortunadamente, en México todavía no todas las casas encuestadoras divulgan toda la información necesaria para lograr comparaciones válidas. El mejor ejemplo es la definición de "votante probable" de moda durante este proceso preelectoral.

Ayer GEA-ISA presentó los resultados de su última encuesta nacional en hogares antes de la elección. El levantamiento realizado del 16 al 18 de junio arroja resultados coincidentes con los de su encuesta previa (junio 9-11) y motiva diversas reflexiones. Primero, es reconfortante que durante los últimos seis años la confianza de la ciudadanía en el sistema electoral mexicano haya aumentado sustancialmente.

En 2000, sólo 44% consideraba que el Instituto Federal Electoral garantizaba la imparcialidad de las elecciones federales. Hoy, 80% lo hace. Seis años antes, 41% de la ciudadanía consideraba que habría fraude, porcentaje que disminuyó a 24% hoy. Ahora, 50% de los entrevistados señala que los perdedores aceptarán el resultado de los comicios, 20 puntos porcentuales más que hace seis años.

Considerando esos y otros aspectos de la democracia mexicana, hoy 35% está satisfecho con ella, en comparación con 18% hace seis años. A pesar del incesante golpeteo multilateral de que ha sido objeto el IFE durante las últimas semanas, no puede negarse su fortaleza institucional, siempre insuficiente, pero mucho mayor que hace seis años. Otro resultado de la encuesta GEA-ISA a subrayar es que, si bien sugiere que las preferencias electorales de la ciudadanía están bastante afianzadas, un número importante de electores, que expresan una preferencia electoral, señalan que todavía podrían cambiarla.

De una estimación de 41.5 millones de votos (Mv), 19.8% se encuentra en esta situación, esto es, se estima que 8.2 millones de electores todavía podrían modificar su preferencia. Lo relevante es que de este "voto móvil", ferozmente disputado por los candidatos presidenciales, 4.7 Mv indican preferir a Felipe Calderón; 2.1 Mv a Andrés Manuel López Obrador; y, 1.2 Mv a Roberto Madrazo. Por tanto, el candidato que enfrenta un mayor reto para afianzar su voto y, en su caso, capturarlo de otros candidatos, es Calderón.

Un tercer aspecto a señalar es que los resultados de las encuestas que se conocían hasta ayer pueden dividirse en dos grupos. Por un lado, aquellas que señalan una contienda muy cerrada entre Calderón y López Obrador, con Madrazo ubicado en un claro tercer lugar. Ese es el caso de EL UNIVERSAL, Reforma y GEA-ISA. Por otro, las que presentan un "empate virtual" de los tres candidatos, considerando márgenes de error, esto es, un mayor voto relativo para Roberto Madrazo. Los principales ejemplos son Demotecnia, Consulta Mitofsky, Alduncin y Parametría. Esta diferencia tiene implicaciones importantes sobre el proceso de decisión de la ciudadanía. Los resultados de las encuestas del primer grupo pueden motivar con mayor fuerza al electorado para que se incline en favor de lo que se denomina el "voto útil".

Por contra, los resultados de las encuestas del segundo grupo plantean al ciudadano una mayor incertidumbre.

Un elemento de información que ha mostrado ser estable y consistente es el balance de las opiniones positivas y negativas de la ciudadanía sobre cada candidato. Esto es, la diferencia entre el porcentaje de personas que tienen una opinión positiva acerca del candidato, y aquel de quienes tienen una negativa.

Los últimos resultados de GEA-ISA indican que en junio el balance para FC fue positivo 12 puntos, en comparación con 39 en abril; negativo 22 puntos para RM, que se compara con un negativo de 17 en abril; positivo por 10 puntos para AMLO, que contrasta con 44 en febrero.

En este contexto, la última encuesta de GEA-ISA plantea que las preferencias electorales del total de los entrevistados son: 33% por FC, 20% para RM, 31% para AMLO, 2% para otros, y 14% todavía indefinidos. Si estos últimos se eliminan, las preferencias definidas son: 38% para FC, 23% para RM, 36% para AMLO, y 3% para otros.

Por último, si se considera el votante probable, esto es, los entrevistados que aseguraron que irán a votar y que se definieron por un candidato, los resultados son: 41% para FC, 21% para RM, 36% para AMLO, y 2% para otros. GEA-ISA sí hace explícita su definición, a diferencia de otros.

Son muchos los eventos políticos que se sucederán entre el 19 de junio y el 2 de julio. Las encuestas han mostrado hasta ahora que ese tipo de sucesos inciden directa e inmediatamente sobre las preferencias electorales. Si bien dichas preferencias parecen estar más afianzadas, no son insensibles a ese tipo de eventos, sobre todo para "votantes móviles".

Por ello, lo más probable es que México llegará por segunda vez a una elección muy competida cuyo resultado definitivo es incierto. Paradójicamente, un reconocido teórico político, Adam Przeworski, definió que una "democracia es un sistema en el cual los partidos pierden elecciones".

jreyes@structura.com.mx
Economista

Medio ciegos votaremos

Raúl Cremoux
El Universal
23 de junio de 2006

Del mismo modo que los medios, especialmente los concesionados crearon una mayúscula expectativa sobre la participación de la Selección Nacional en el Campeonato Mundial de Futbol en Alemania, asimismo, estos mismos medios masivos, al participar en las campañas electorales, han creado graves confusiones colectivas. Es muy cierto, en el país y fundamentalmente en las capitales de los estados, gozamos de amplia libertad para expresarnos.


Pero igualmente cierto es que lo que ofrece al público, es agua de superficie. Si bien la característica es difundir, también lo es analizar, esto último requiere algo que es difícil de realizar y caracteriza en otras partes al periodismo moderno: investigación.

Se dice, por ejemplo, que el "cuñado incómodo" no paga impuestos y tal aseveración, ni siquiera la hace Hacienda cuando no han transcurrido diversos análisis que llevan de seis meses a dos años de investigación. ¿Cómo lo puede afirmar Claudia Sheinbaum después de dos días transcurridos desde que le llegó la información de modo "anónimo" cuando ella no es especialista fiscal? No obstante la ligereza, esta misma es multiplicada y magnificada por los medios.

Si alguien en la Procuraduría del DF deja deslizar la idea de un autoatentado, son numerosos los medios que, sin rigor alguno lo repiten sin reparar que no hay madre que pueda planear silben los balazos alrededor de la cabeza de sus hijos menores. Ningún medio investiga y deja tal tarea en manos de los supuestos e incondicionales "expertos" de una procuración de justicia que ha mostrado claros tintes partidistas.

En sentido contrario, ¿qué medio ha realizado su propia investigación en lo ocurrido recientemente en Atenco o la huelga de profesores que ya alcanza un mes? Vimos golpizas terribles de unos y otros pero nadie ha investigado sobre la violación masiva de mujeres como tampoco la verdadera intención de una sección del magisterio (sección 22) que evidentemente carece de la vocación por enseñar y acrecentar el desarrollo de los niños oaxaqueños. Cuando AMLO dice que subsidiará con 20% a quienes ganen menos de 9 mil pesos, ¿se ha visto que eso significa más de 330 mil millones de pesos anuales?

Y cuando Calderón promete 50% menos en la tarifa eléctrica a los más necesitados, ¿alguien en los medios ha calculado que eso costaría 27 mil millones de pesos al año que la CFE no podrá asumir como gasto? ¿Y de dónde saldrán los salarios "dignos" para 47 mil nuevos policías en la capital cuando al mismo tiempo se afirma se reducirán los impuestos?

Se invoca sin cesar que informar es un deber y al mismo tiempo un derecho ciudadano a estar debidamente abastecidos de conocimientos veraces y puntuales; ¿cómo explicar entonces la falta de rigor en las informaciones y la casi nula investigación y corroboración de afirmaciones y hechos por parte de los informantes?

Los mexicanos iremos a las urnas el próximo 2 de julio provistos de percepciones inducidas por lo que nos han dado los medios masivos. En esa inmensa cascada de datos, la distorsión y la mentira han envuelto nuestros sentidos y así, medio ciegos y trampeados por el mercadeo, elegiremos a quienes nos gobernarán, sin saber bien ni quiénes son ni lo que realmente pueden hacer por nosotros, a pesar de habernos quitado tanto tiempo, energía y muchísimo dinero.

cremouxra@hotmail.com
Escritor y periodista

Prosa conjetural

Germán Dehesa
Reforma
22 de Junio del 2006

Los acomodos. ¿Cuánto le falta por profundizar a la democracia mexicana, de modo que se fundamente en tierra firme y no en esta capa lodosa y fétida sobre la que ahora se tambalea? Pasta de Conchos, Las Truchas, Atenco, Oaxaca y ahora Nezahualcóyotl son bombas de tiempo que alguien, por ahora sin rostro, detonará cuando le parezca oportuno. Los asomos, los vislumbres de la violencia, el subterráneo jaloneo por el poder. Todo esto ocurre ante nuestros ojos, ante la atónita e inquieta mirada de una ciudadanía que quiere construir y fortalecer la gran casa de la democracia y viene a descubrir que no hay todavía tierra firme.

En el lodazal de allá abajo, las grandes mafias, las del dinero sucio, las que controlan a tianguistas, taxistas, transportistas y ambulantes, los grandes sindicatos que se resquebrajan por su pura corrupción e inutilidad, los delincuentes de cuello blanco, el narco y todas sus conexiones policiacas y políticas, la gente del PRI y del PRD que trabaja en los drenajes profundos del país; todos ellos quieren hacerse presentes, quieren “acomodarse”, vender protección y asegurarse de que sus privilegios y sus cotos permanecerán intactos por otro sexenio; todos ellos están colocando cargas de dinamita por todo el país, desde nuestra violentísima frontera norte hasta Oaxaca; alguien que sabe que va a perder o que sabe que su cómplice no va a ganar es quien, ante la ineficacia de nuestros “servicios de inteligencia” y con la complicidad de unas “fuerzas del orden” que se quedan mirando, o que atacan de modo salvaje e inútil; ese alguien es el que quiere ponernos en jaque y volverse el gran beneficiario de nuestro miedo.

Lo acepto, son puras conjeturas las que estoy haciendo en mi intento por entender qué está pasando en los subsuelos de la política mexicana, desde donde se asoma a la superficie el enérgico y violento aviso de que la llave maestra de la violencia puede abrirse y cerrarse a voluntad. Es por esto que la democracia mexicana tiene que excavar más profundo para poder arraigar en nuestra verdadera tierra que, por el momento, está cubierta por este pantano que sexenio tras sexenio nos ha ido ganando el terreno.

Frente a tanta pudrición ansiosa por refrendar de buena o mala manera su licencia sexenal de impunidad, ciudadanas y ciudadanos, los nuevos y los viejos votantes necesitamos hacernos presentes en las casillas del 2 de julio y votar por quien mejor les parezca, pero votar, ser parte, estar adentro, premiar o castigar, pero de ninguna manera dejar de votar. Un alto nivel de votación es un seguro de vida para México, es una nítida expresión de que terminantemente hemos optado por la paz y el respeto. ¿Estallará la violencia?, no lo sé; lo que aventuro es que una votación que ronde el 70 por ciento de la participación, puede ser la plena certificación de que somos demócratas y de que entendemos que la democracia no puede ni siquiera dialogar con la corrupción y la impunidad.

Todas esas alimañas, tepocatas, víboras prietas que Fox profetizó que aparecerían cuando moviera la inmensa piedra y removiera las estancadas aguas del poder sin contrapesos, la dictadura perfecta, que detentó “la gran familia revolucionaria”; todos estos bichos, en efecto, aparecieron y Fox los miró y los dejó vivir para que ahora reaparezcan en actitud de abierta revancha y con la firme voluntad de que si no se pudo por las buenas, recuperarán el poder aunque sea por las malas.

Frente a ellos tú, él, yo, nosotros los ciudadanos no tenemos más arma que nuestra boleta de votación; una sola no significa nada; si somos millones heredaremos la tierra y ésta volverá a florecer. Hay que votar; hay que votar para merecer. Digo, son conjeturas.


[...]

22 de junio de 2006

PRI: fiel de la balanza

Ricardo Alemán
El Universal - Itinerario Político
22 de junio de 2006

Lo primero que tendrá que hacer el ganador es impulsar una profunda "operación cicatriz"

Si bien aún no hay nada para ninguno de los punteros en la contienda presidencial, está claro que quien resulte ganador el domingo 2 de julio -sea López Obrador o Calderón Hinojosa-, estará obligado a buscar un gobierno de coalición, si es que el vencedor quiere conseguir la eficacia prometida a los electores y que todos los mexicanos esperan. Y resultará casi obligado un gobierno de coalición, no sólo porque la sociedad mexicana quedará partida en tres grandes tercios de preferencias y porque el ganador habrá llegado al poder con el aval o el consenso de sólo un tercio de los votantes y con poco más de 20% de los electores potenciales, sino porque en el Congreso de la Unión no habrá mayoría absoluta. Según las más recientes encuestas, en las cámaras de Diputados y Senadores el PAN aventaja ligeramente al PRI y al PRD, al grado de que la entrante Legislatura estará repartida también en tres tercios.


Si recordamos algunas de las propuestas de fondo que a lo largo de sus respectivos periplos proselitistas ofrecieron a los electores Obrador, Calderón y Madrazo -como el cambio y/o ajuste del modelo económico, las reformas a los sectores laboral, educativo, y de salud, entre muchas otras-, sólo podrán hacerlas realidad con el concurso del Congreso. Es decir, con un acuerdo político que incluya a los partidos derrotados. Por eso lo primero que tendrá que hacer el ganador es impulsar una profunda "operación cicatriz" que restañe las heridas de los muchos lesionados por la feroz contienda presidencial. Esa, la de proponer y lograr una rápida reconciliación sobre todo entre una sociedad no sólo dividida, sino enfrentada, será la primera y más importante tarea del ganador.

Pero debido a la intensidad de la batalla, a que en algunos bandos se emplearon armas prohibidas y se recurrió a la mal llamada "guerra sucia", parece imposible ya no se diga un acuerdo político, un gobierno de coalición, sino una "reconciliación nacional". El único de los candidatos que abiertamente propuso durante su campaña no sólo una "reconciliación nacional", sino un "gobierno de coalición", fue el panista Felipe Calderón. Hace apenas unos días, el perredista López Obrador se sumó al llamado de la "reconciliación nacional", pero lo cierto es que esas propuestas no son más que gestos de buena voluntad, dado que en el fondo resultará imposible un acuerdo entre la derecha y la dizque izquierda que representa AMLO.


En la hipótesis de que el ganador del 2 de julio sea Andrés Manuel López Obrador -lo que en la práctica significará el regreso del viejo PRI a Los Pinos-, y por impensable que parezca, es muy probable que asistamos a una alianza entre el gobierno de AMLO y el PRI de Roberto Madrazo, ya que en el fondo el PRD de López Obrador y el PRI madracista son las dos caras de una misma moneda. El problema en esta hipótesis es que tanto AMLO como Madrazo tendrían que olvidar sus respectivos agravios y peleas históricas, para sumar fuerzas en ese nuevo gobierno, sobre todo en el Congreso. Pero en una alianza como esa, que para muchos resultaría impensable, aunque es más real de lo que se imaginan, para ninguno de los dos significará un problema mayor, dado que tienen sobrada experiencia en tragar sapos y serpientes, si de alcanzar el poder se trata. Frente a esa hipótesis veremos una alianza PRI-PRD, que será el reemplazo de la alianza PRI-PAN, que tanto motejaron los antaño críticos de la izquierda. Y para los que tienen dudas sobre la hipotética alianza PRIRD, basta recordar que el PRD se formó de dos corrientes, la surgida del PRI antidemocrático y la que venía de los restos del marxismo leninismo, que no precisamente veía la democracia como su meta. En los meses recientes se produjo un escandaloso "trasvase" de lo peor del PRI al PRD, que se podría consolidar en un hipotético gobierno de AMLO. También por eso será difícil que en un gobierno de AMLO el PAN acuerde pacto alguno, a pesar de que en el Congreso el PRIRD podrían hacer mayoría.

Pero si el 2 de julio gana Calderón, el fenómeno se producirá exactamente en sentido contrario. Es decir, el PRD de López Obrador -quien primero no aceptará la derrota-, se negará a pacto alguno con un hipotético gobierno de Felipe Calderón. Pero el panista no tendrá mucho problema en pactar con el PRI de Roberto Madrazo -o con el presidente del partido que lo sustituya-, porque ya en la historia se consigna la alianza PRI-PAN. Juntos estos dos partidos, y sus respectivos grupos parlamentarios, podrían conseguir la mayoría necesaria para alcanzar las reformas del gobierno en turno, siempre y cuando se haga un buen trabajo político.

Como se puede ver, los llamados a un gobierno de coalición o a una reconciliación nacional prácticamente son imposibles, sobre todo entre la derecha y la izquierda. Sin embargo, el PRI jugará un papel fundamental, el de fiel de la balanza. El verdadero poder lo tendrá el PRI con sus votos en el Congreso, a pesar de que se verán menguados por una costosa alianza con el desprestigiado Partido Verde. Al tiempo.

aleman2@prodigy.net.mx