Yuriria Sierra
Excélsior - Nudo Gordiano
19-07-06
Ayer sucedió lo que todos temíamos: se registró el primer acto de protesta no pacífica y se dio, precisamente, en contra de Felipe Calderón. Un pequeño grupo de mujeres le gritó hasta de lo que se iba a morir y golpeó en repetidas ocasiones la camioneta en la que el candidato del PAN se disponía a abandonar el Club de Periodistas (en donde éste había sostenido una reunión previa). Preocupante manifestación de los simpatizantes de López Obrador, pero mucho más preocupante fue la respuesta de éste cuando Carlos Loret de Mola lo cuestionó sobre el hecho.
No, pero sí. "No estoy de acuerdo con estas situaciones, pero no se puede agraviar la voluntad de los mexicanos". No estoy de acuerdo, peeeeeero sí: ese es el fondo y la forma de la respuesta que Andrés Manuel ofreció a Loret acerca de la agresión cometida por sus simpatizantes en contra de Felipe Calderón. No se puede agraviar a millones de votantes, añadió. ¡¿Maaaande?! ¿Y qué hay sobre el agravio que él podría estar cometiendo en contra de los 27 millones que no votaron por él? ¿Eso les daría luz verde para insultarlo y golpear su camioneta? Como líder de ese movimiento de protesta, que él mismo había anunciado como "resistencia civil pacífica", López Obrador está obligado a serenar a sus huestes y esperar a que el TEPJF estudie y resuelva las impugnaciones presentadas por su coalición. Pero, lejos de ello, está mandando un clarísimo mensaje a sus seguidores: "Obsérvese, pero no se cumpla", en lo relativo a la condición pacifista de su movimiento. Qué grave, qué irresponsabilidad histórica está mostrando quien habría podido convertirse en la figura más importante y emblemática de la izquierda en el México moderno. Pero, contrario a ello, López Obrador insiste en regresar a la izquierda mexicana a los tiempos de la premodernidad más indeseable. ¿Será que el PRD está dispuesto a que el electorado los vuelva a castigar por violentos y amenazantes?
No, pero sí (bis). También dentro del PRD existen visiones encontradas. La de los ganadores contra la de los perdedores. Baste ver el comunicado que la coalición emitió tras los actos de violencia en contra de Calderón, en el cual prácticamente culpó a éste del embate sufrido. Contestan: "La agresión de hoy no fue promovida por nosotros, pero es una respuesta a las constantes provocaciones del candidato del PAN, de su partido y de la cúpula empresarial. Hay que recordar que el panista respondió, a la exigencia de contar voto por voto, que no aceptaría chantajes". Sin duda, en el PRD ya se sienten las tensiones entre esta ala "ruda" que llama a "tensar la cuerda" tanto como sea necesario, y el ala que, necesariamente, a raíz de los triunfos legislativos obtenidos, es la menos interesada en que al partido del sol azteca se le vuelva a identificar con la violencia y la falta de respeto a la legalidad. Veremos pronto, cuando sea tiempo de definir gabinete en el GDF y coordinadores de bancada perredista tanto en San Lázaro como en Xicoténcatl, si los perredistas ganadores están dispuestos a perder lo ganado, por tratar de hallar lo perdido…
Addendum. Si AMLO cree que esta es la bandera que necesita (la de "¡fraude, me robaron la elección!") para poder seguir políticamente vivo hasta 2012, más vale que se acuerde de Cuauhtémoc, quien al mismo son fue perdiendo cinco puntos cada seis años. Y que se acuerde de Cuauhtémoc, quien, por cierto, perdió frente al entonces jefe de Gobierno capitalino: uno que se llama Andrés Manuel López Obrador…
yuriria_sierra@yahoo.com
19 de julio de 2006
La mayoría absoluta percibe que Calderón ganó limpiamente: encuestas de GEA-ISA y BGC
Francisco Báez Rodríguez
Crónica
19 de Julio de 2006
La mayoría absoluta de los ciudadanos percibe que Felipe Calderón ganó limpiamente las elecciones, mientras que la estrategia de Andrés Manuel López Obrador le está haciendo perder simpatizantes, de acuerdo con sendas encuestas postelectorales de GEA-ISA y BGC Ulises Beltrán y Asociados.
La encuesta de GEA-ISA es en viviendas, y fue levantada del 8 al 10 de julio; es decir, una semana después de los comicios. La de BGC es parte de un seguimiento telefónico, con levantamientos el 7, el 13 y el 17 de julio. Reportamos los datos del más reciente. Los datos de las encuestas preelectorales de estas dos empresas fueron los más cercanos al resultado final de la elección presidencial, de acuerdo con las actas distritales.
Según la encuesta de BGC, predomina la percepción de que Felipe Calderón es el ganador legítimo de la elección presidencial. Así lo considera 64% de los encuestados, mientras que 26% opina que el ganador fue Andrés Manuel López Obrador.
La casi totalidad de los votantes panistas, el 72% de los votantes priistas, así como dos tercios de los independientes, comparten la idea del triunfo limpio de Calderón. 17% de los votantes de AMLO consideran que el panista ganó la contienda.
El 25% de la población le cree a López Obrador cuando afirma que él ganó y hubo fraude. Divididos por simpatía partidista, resulta que el 71% de los votantes de la coalición Por el Bien de Todos le cree a su candidato.
Siempre de acuerdo a BGC, en términos de la población en general, se mantiene favorable —e incluso creciente— la confianza en el Instituto Federal Electoral y en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Sin embargo, dos terceras partes de los perredistas tienen poca o nula confianza en el IFE, frente a 27% de ellos que sí confía en esta institución y 4% que no contesta. En el caso de TEPJF la situación es similar: 53% de los perredistas confía poco o nada en el tribunal.
La encuesta de BGC pregunta sobre si el gobierno del presidente Fox desarrolló una estrategia de fraude en contra de López Obrador. La respuesta de la población es clara: dos tercios afirman que no. En el caso de los votantes de AMLO, la proporción se invierte: 2 de cada 3 piensan que sí hubo tal estrategia.
Finalmente, las movilizaciones organizadas por López Obrador han empeorado la imagen del candidato de la Coalición Por el Bien de Todos, según BGC. El margen es amplio entre simpatizantes del PRI y del PAN. En este caso, los votantes perredistas se dividen. 30% de ellos se encuentra entusiasmado, otro 30% está de acuerdo, 20% se mantiene neutral y 20% está en desacuerdo y empeora la imagen del candidato por quien votó.
Los resultados de GEA-ISA tienen varias similitudes. La mayoría absoluta ve a Calderón ganar limpiamente, en elecciones equitativas. El 84% de los perredistas ve ganar a su candidato (aunque menos de la mitad de ellos dice que las elecciones no fueron equitativas).
Estas proporciones se mantienen cuando GEA-ISA pregunta acerca de la pertinencia de contar "voto por voto". La casi totalidad de los panistas está en contra, así como la mayoría de los priistas. Pero el 68% de los votantes de AMLO opina que hay que hacerlo, frente a 20% que acepta que los votos ya se contaron y 12% que no sabe.
A diferencia de la encuesta de BGC, GEA-ISA observa un deterioro en la percepción sobre el IFE. Si bien la mayoría absoluta considera que esta institución garantiza la imparcialidad en las elecciones federales, 36% de la población opina que no. Estos son tres cuartas partes de los votantes de López Obrador y un tercio de los electores de Madrazo. También en esta encuesta, el TEPJF tiene amplio reconocimiento, pero es menor entre los simpatizantes de AMLO, ya que sólo 44% de ellos lo percibe como imparcial, frente a 32% que opina que es parcial y 24% que no sabe o no contesta.
El llamado de AMLO a las movilizaciones también es analizado en esta encuesta, e igualmente, resulta en un repudio mayoritario entre la ciudadanía. Pero, al igual que en la otra encuesta, un mayoría de perredistas está de acuerdo en la convocatoria. Significativamente, 23% están en desacuerdo y sólo la mitad está dispuesta a participar.
En ambas encuestas, la posición de los votantes del PRI se encuentra en un lugar intermedio entre panistas y perredistas. En términos generales, dos de cada tres priistas se inclinan a los puntos de vista predominantes en el grupo de votantes de Calderón, mientras que el otro tercio se inclina a la visión de los votantes de AMLO.
El dato más significativo, es que entre el 17 y el 35% de los votantes de López Obrador se han desmarcado de sus puntos de vista y no coinciden con la actitud postelectoral de su candidato. Esto quiere decir que AMLO ha perdido entre 3 y 4 millones de votos en estas dos semanas.
De hecho, GEA-ISA preguntó, una semana después de los comicios, "si hoy se celebraran las elecciones para Presidente, ¿por cuál candidato votaría usted?". Calderón obtuvo 46%, López Obrador 38%, Madrazo 14% y los otros candidatos 2%.
Aunque, claro, tal vez lo que menos le interese a López Obrador ahora sean los votos, porque -según las mismas encuestas- tiene más de 7 millones de seguidores duros.
* Los datos metodológicos de las encuestas de GEA-ISA y BGC Ulises Beltrán y Asociados se pueden encontrar en las respectivas páginas web de las empresas:
Crónica
19 de Julio de 2006
La mayoría absoluta de los ciudadanos percibe que Felipe Calderón ganó limpiamente las elecciones, mientras que la estrategia de Andrés Manuel López Obrador le está haciendo perder simpatizantes, de acuerdo con sendas encuestas postelectorales de GEA-ISA y BGC Ulises Beltrán y Asociados.
La encuesta de GEA-ISA es en viviendas, y fue levantada del 8 al 10 de julio; es decir, una semana después de los comicios. La de BGC es parte de un seguimiento telefónico, con levantamientos el 7, el 13 y el 17 de julio. Reportamos los datos del más reciente. Los datos de las encuestas preelectorales de estas dos empresas fueron los más cercanos al resultado final de la elección presidencial, de acuerdo con las actas distritales.
Según la encuesta de BGC, predomina la percepción de que Felipe Calderón es el ganador legítimo de la elección presidencial. Así lo considera 64% de los encuestados, mientras que 26% opina que el ganador fue Andrés Manuel López Obrador.
La casi totalidad de los votantes panistas, el 72% de los votantes priistas, así como dos tercios de los independientes, comparten la idea del triunfo limpio de Calderón. 17% de los votantes de AMLO consideran que el panista ganó la contienda.
El 25% de la población le cree a López Obrador cuando afirma que él ganó y hubo fraude. Divididos por simpatía partidista, resulta que el 71% de los votantes de la coalición Por el Bien de Todos le cree a su candidato.
Siempre de acuerdo a BGC, en términos de la población en general, se mantiene favorable —e incluso creciente— la confianza en el Instituto Federal Electoral y en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Sin embargo, dos terceras partes de los perredistas tienen poca o nula confianza en el IFE, frente a 27% de ellos que sí confía en esta institución y 4% que no contesta. En el caso de TEPJF la situación es similar: 53% de los perredistas confía poco o nada en el tribunal.
La encuesta de BGC pregunta sobre si el gobierno del presidente Fox desarrolló una estrategia de fraude en contra de López Obrador. La respuesta de la población es clara: dos tercios afirman que no. En el caso de los votantes de AMLO, la proporción se invierte: 2 de cada 3 piensan que sí hubo tal estrategia.
Finalmente, las movilizaciones organizadas por López Obrador han empeorado la imagen del candidato de la Coalición Por el Bien de Todos, según BGC. El margen es amplio entre simpatizantes del PRI y del PAN. En este caso, los votantes perredistas se dividen. 30% de ellos se encuentra entusiasmado, otro 30% está de acuerdo, 20% se mantiene neutral y 20% está en desacuerdo y empeora la imagen del candidato por quien votó.
Los resultados de GEA-ISA tienen varias similitudes. La mayoría absoluta ve a Calderón ganar limpiamente, en elecciones equitativas. El 84% de los perredistas ve ganar a su candidato (aunque menos de la mitad de ellos dice que las elecciones no fueron equitativas).
Estas proporciones se mantienen cuando GEA-ISA pregunta acerca de la pertinencia de contar "voto por voto". La casi totalidad de los panistas está en contra, así como la mayoría de los priistas. Pero el 68% de los votantes de AMLO opina que hay que hacerlo, frente a 20% que acepta que los votos ya se contaron y 12% que no sabe.
A diferencia de la encuesta de BGC, GEA-ISA observa un deterioro en la percepción sobre el IFE. Si bien la mayoría absoluta considera que esta institución garantiza la imparcialidad en las elecciones federales, 36% de la población opina que no. Estos son tres cuartas partes de los votantes de López Obrador y un tercio de los electores de Madrazo. También en esta encuesta, el TEPJF tiene amplio reconocimiento, pero es menor entre los simpatizantes de AMLO, ya que sólo 44% de ellos lo percibe como imparcial, frente a 32% que opina que es parcial y 24% que no sabe o no contesta.
El llamado de AMLO a las movilizaciones también es analizado en esta encuesta, e igualmente, resulta en un repudio mayoritario entre la ciudadanía. Pero, al igual que en la otra encuesta, un mayoría de perredistas está de acuerdo en la convocatoria. Significativamente, 23% están en desacuerdo y sólo la mitad está dispuesta a participar.
En ambas encuestas, la posición de los votantes del PRI se encuentra en un lugar intermedio entre panistas y perredistas. En términos generales, dos de cada tres priistas se inclinan a los puntos de vista predominantes en el grupo de votantes de Calderón, mientras que el otro tercio se inclina a la visión de los votantes de AMLO.
El dato más significativo, es que entre el 17 y el 35% de los votantes de López Obrador se han desmarcado de sus puntos de vista y no coinciden con la actitud postelectoral de su candidato. Esto quiere decir que AMLO ha perdido entre 3 y 4 millones de votos en estas dos semanas.
De hecho, GEA-ISA preguntó, una semana después de los comicios, "si hoy se celebraran las elecciones para Presidente, ¿por cuál candidato votaría usted?". Calderón obtuvo 46%, López Obrador 38%, Madrazo 14% y los otros candidatos 2%.
Aunque, claro, tal vez lo que menos le interese a López Obrador ahora sean los votos, porque -según las mismas encuestas- tiene más de 7 millones de seguidores duros.
* Los datos metodológicos de las encuestas de GEA-ISA y BGC Ulises Beltrán y Asociados se pueden encontrar en las respectivas páginas web de las empresas:
Todo o nada
Raymundo Riva Palacio
El Universal - Estrictamente personal
19 de julio de 2006
Detrás de toda la estrategia política de Andrés Manuel López Obrador se encuentra el solo objetivo de anular la elección presidencial
Andrés Manuel López Obrador, el gran mago de la comunicación política, cometió un desliz en una entrevista que le hizo el periodista Miguel Ángel Granados Chapa el lunes en Radio UNAM, que reflejó el fondo de su protesta por los resultados de la elección presidencial. Si se hiciera el recuento de voto por voto y perdiera en ese nuevo cómputo, admitió, no reconocería la victoria de Felipe Calderón. La interpretación política es clara: si no gana la elección, por más legal y legítima que sea su derrota, no reconocerá el triunfo del vencedor. La premisa básica democrática que se gana o se pierde por un voto, es una cultura que en sus dichos, López Obrador no reconoce. Por eso, más relevante para el futuro mexicano es lo que significan sus palabras dentro de la lógica jurídica en la impugnación de la elección.
Esa proyección freudiana ayuda a comprender en toda su magnitud la estrategia jurídica que sigue el PRD en su juicio de inconformidad ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), presentado apresuradamente el lunes de la semana antepasada en el que impugnaron 184 distritos, en 183 de los cuales se consideran reclamos "ortodoxos" y referidos al mismo día del proceso electoral, y uno "heterodoxo", que es el llamado "juicio líder" que fue presentado en el Consejo Distrital 15, en el Distrito Federal. Esos 184 distritos concentran 26 mil casillas, que son las que necesitaría, en caso de probar irregularidades, para anular la elección, pues como implícitamente reconoció ante Miguel Ángel Granados Chapa, los votos no le alcanzan para derrotar a Felipe Calderón.
La versión oficial del PRD y de todos los voceros de Andrés Manuel López Obrador es que no quieren anular la elección sino el recuento de votos, en contradicción con la suma de las cláusulas con las que abre y cierra el juicio de inconformidad. El documento de impugnación consta de tres partes sustanciales que fueron redactadas por diferentes personas. La parte más débil es la segunda, con probabilidades de que se declare improcedente, referida a las irregularidades en las casillas el día de la elección, y redactada por los leales lugartenientes de López Obrador, Manuel Oropeza y Alberto Pérez Mendoza, responsables de la estructura electoral que fracasó al no tener representantes en más de una tercera parte de las casillas. La tercera es la que conecta a los 183 juicios "ortodoxos" con el "heterodoxo", redactada por el representante del PRD ante el IFE, Horacio Duarte, y que permite la conectividad que llevaría a la anulación de la elección presidencial, pues si es exitosa la impugnación en el Consejo Distrital 15, en automático se haría válido para el resto de las casillas reclamadas.
La primera parte del juicio de inconformidad, el presentado en el Consejo Distrital 15, es lo fundamental. Son 56 páginas donde se establece la protesta de la elección presidencial y se alegan las causales para la nulidad abstracta por razones de inequidad, certeza e independencia en el proceso. Estuvo redactada por tres personas altamente calificadas y profundamente conocedoras de las leyes electorales vigentes. La cabeza es Arturo Núñez, quien fue fundador del IFE y bajo cuya supervisión el finado José Luis Lamadrid redactó las leyes electorales. Junto con él participan Fermín Pérez Montes, quien cuando Núñez fue secretario general del IFE, él fue coordinador de asesores del entonces secretario general del instituto, Agustín Ricoy Saldaña, y Ricardo Monreal, uno de los responsables de las redes ciudadanas de López Obrador, y que en aquellos años, como diputado, participó en la construcción legal del órgano electoral.
Núñez fue llamado de urgencia a la ciudad de México para encabezar el equipo jurídico sobre el cual finca López Obrador su esperanza ya no de ganar la elección, sino de que Calderón no sea declarado Presidente electo. El alegato central ante el TEPJF será que vaya más allá de lo que dice la ley, como en el caso de Tabasco, cuando anuló la elección para gobernador, y de Yucatán, cuando obligó al Congreso local a reconocer al Consejo Electoral. Trabajo difícil, pues no sólo carecen de apoyos suficientes para respaldar la causal de nulidad abstracta, como es el caso de la débil documentación en cantidad y calidad para argumentar irregularidades determinantes el día de la elección, sino también porque varios de los argumentos iniciales de López Obrador se han venido cayendo.
Uno de ellos lo expuso con Granados Chapa, el llamado fraude cibernético, al reconocer que estaba equivocado y que el PREP, el Programa de Resultados Electorales Preliminares, tal y como desde un principio lo señalaron el IFE y la UNAM, no fue alterado. Otro escollo que enfrentarán es que algunos de los elementos para respaldar la causal de nulidad abstracta es que el tribunal electoral podrá no sólo contemplar las impugnaciones del PRD, sino ubicarlas en su propio contexto a fin de determinar si son válidas y determinantes en la afectación de la elección. En este caso se encuentran, por ejemplo, las impugnaciones sobre los gastos de campaña, al presentar los de Calderón en los medios de comunicación como uno de los factores que alteraron la elección. Este punto, sin embargo, será uno de los ampliamente debatibles.
De acuerdo con el IBOPE, la empresa que también el PRD utiliza como fuente de información en su juicio, Calderón no fue quien tuvo mayor impacto en televisión a lo largo de la campaña, identificado como share of voice. Según un análisis de los datos, los spots del PRD totalizaron 35% del total, seguido del PRI con 34%, y el PAN con 31%. Una de las discusiones será no sobre impacto, sino sobre gasto, lo que tendrá que discernir el TEPJF. Para el PRD, Calderón gastó más dinero que López Obrador. El análisis de los datos de IBOPE muestra que el PAN colocó 65% de su total en televisión en horario estelar, contra 60% del PRD y 58% del PRI.
Otro obstáculo radica en que probablemente el TEPJF analice en paralelo el impacto que tuvieron en el electorado factores de la campaña de López Obrador como cuando le dijo "chachalaca" al presidente Vicente Fox, o el no haber ido al primer debate. Igualmente podrán enfrentar análisis comparativos cuando el tribunal revise la intromisión de Fox en la campaña electoral, y encuentre que a cada acción de Los Pinos, hubo una reacción de López Obrador. Cuánto de ello pesará en el balance final de los magistrados electorales, no se sabe. Lo que sí se puede anticipar es que la petición de que el tribunal vaya más allá de lo que dice la ley se cumplirá, aunque no necesariamente, visto en el horizonte, se puede afirmar que beneficiará finalmente a López Obrador.
rriva@eluniversal.com.mx
r_rivapalacio@yahoo.com
El Universal - Estrictamente personal
19 de julio de 2006
Detrás de toda la estrategia política de Andrés Manuel López Obrador se encuentra el solo objetivo de anular la elección presidencial
Andrés Manuel López Obrador, el gran mago de la comunicación política, cometió un desliz en una entrevista que le hizo el periodista Miguel Ángel Granados Chapa el lunes en Radio UNAM, que reflejó el fondo de su protesta por los resultados de la elección presidencial. Si se hiciera el recuento de voto por voto y perdiera en ese nuevo cómputo, admitió, no reconocería la victoria de Felipe Calderón. La interpretación política es clara: si no gana la elección, por más legal y legítima que sea su derrota, no reconocerá el triunfo del vencedor. La premisa básica democrática que se gana o se pierde por un voto, es una cultura que en sus dichos, López Obrador no reconoce. Por eso, más relevante para el futuro mexicano es lo que significan sus palabras dentro de la lógica jurídica en la impugnación de la elección.
Esa proyección freudiana ayuda a comprender en toda su magnitud la estrategia jurídica que sigue el PRD en su juicio de inconformidad ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), presentado apresuradamente el lunes de la semana antepasada en el que impugnaron 184 distritos, en 183 de los cuales se consideran reclamos "ortodoxos" y referidos al mismo día del proceso electoral, y uno "heterodoxo", que es el llamado "juicio líder" que fue presentado en el Consejo Distrital 15, en el Distrito Federal. Esos 184 distritos concentran 26 mil casillas, que son las que necesitaría, en caso de probar irregularidades, para anular la elección, pues como implícitamente reconoció ante Miguel Ángel Granados Chapa, los votos no le alcanzan para derrotar a Felipe Calderón.
La versión oficial del PRD y de todos los voceros de Andrés Manuel López Obrador es que no quieren anular la elección sino el recuento de votos, en contradicción con la suma de las cláusulas con las que abre y cierra el juicio de inconformidad. El documento de impugnación consta de tres partes sustanciales que fueron redactadas por diferentes personas. La parte más débil es la segunda, con probabilidades de que se declare improcedente, referida a las irregularidades en las casillas el día de la elección, y redactada por los leales lugartenientes de López Obrador, Manuel Oropeza y Alberto Pérez Mendoza, responsables de la estructura electoral que fracasó al no tener representantes en más de una tercera parte de las casillas. La tercera es la que conecta a los 183 juicios "ortodoxos" con el "heterodoxo", redactada por el representante del PRD ante el IFE, Horacio Duarte, y que permite la conectividad que llevaría a la anulación de la elección presidencial, pues si es exitosa la impugnación en el Consejo Distrital 15, en automático se haría válido para el resto de las casillas reclamadas.
La primera parte del juicio de inconformidad, el presentado en el Consejo Distrital 15, es lo fundamental. Son 56 páginas donde se establece la protesta de la elección presidencial y se alegan las causales para la nulidad abstracta por razones de inequidad, certeza e independencia en el proceso. Estuvo redactada por tres personas altamente calificadas y profundamente conocedoras de las leyes electorales vigentes. La cabeza es Arturo Núñez, quien fue fundador del IFE y bajo cuya supervisión el finado José Luis Lamadrid redactó las leyes electorales. Junto con él participan Fermín Pérez Montes, quien cuando Núñez fue secretario general del IFE, él fue coordinador de asesores del entonces secretario general del instituto, Agustín Ricoy Saldaña, y Ricardo Monreal, uno de los responsables de las redes ciudadanas de López Obrador, y que en aquellos años, como diputado, participó en la construcción legal del órgano electoral.
Núñez fue llamado de urgencia a la ciudad de México para encabezar el equipo jurídico sobre el cual finca López Obrador su esperanza ya no de ganar la elección, sino de que Calderón no sea declarado Presidente electo. El alegato central ante el TEPJF será que vaya más allá de lo que dice la ley, como en el caso de Tabasco, cuando anuló la elección para gobernador, y de Yucatán, cuando obligó al Congreso local a reconocer al Consejo Electoral. Trabajo difícil, pues no sólo carecen de apoyos suficientes para respaldar la causal de nulidad abstracta, como es el caso de la débil documentación en cantidad y calidad para argumentar irregularidades determinantes el día de la elección, sino también porque varios de los argumentos iniciales de López Obrador se han venido cayendo.
Uno de ellos lo expuso con Granados Chapa, el llamado fraude cibernético, al reconocer que estaba equivocado y que el PREP, el Programa de Resultados Electorales Preliminares, tal y como desde un principio lo señalaron el IFE y la UNAM, no fue alterado. Otro escollo que enfrentarán es que algunos de los elementos para respaldar la causal de nulidad abstracta es que el tribunal electoral podrá no sólo contemplar las impugnaciones del PRD, sino ubicarlas en su propio contexto a fin de determinar si son válidas y determinantes en la afectación de la elección. En este caso se encuentran, por ejemplo, las impugnaciones sobre los gastos de campaña, al presentar los de Calderón en los medios de comunicación como uno de los factores que alteraron la elección. Este punto, sin embargo, será uno de los ampliamente debatibles.
De acuerdo con el IBOPE, la empresa que también el PRD utiliza como fuente de información en su juicio, Calderón no fue quien tuvo mayor impacto en televisión a lo largo de la campaña, identificado como share of voice. Según un análisis de los datos, los spots del PRD totalizaron 35% del total, seguido del PRI con 34%, y el PAN con 31%. Una de las discusiones será no sobre impacto, sino sobre gasto, lo que tendrá que discernir el TEPJF. Para el PRD, Calderón gastó más dinero que López Obrador. El análisis de los datos de IBOPE muestra que el PAN colocó 65% de su total en televisión en horario estelar, contra 60% del PRD y 58% del PRI.
Otro obstáculo radica en que probablemente el TEPJF analice en paralelo el impacto que tuvieron en el electorado factores de la campaña de López Obrador como cuando le dijo "chachalaca" al presidente Vicente Fox, o el no haber ido al primer debate. Igualmente podrán enfrentar análisis comparativos cuando el tribunal revise la intromisión de Fox en la campaña electoral, y encuentre que a cada acción de Los Pinos, hubo una reacción de López Obrador. Cuánto de ello pesará en el balance final de los magistrados electorales, no se sabe. Lo que sí se puede anticipar es que la petición de que el tribunal vaya más allá de lo que dice la ley se cumplirá, aunque no necesariamente, visto en el horizonte, se puede afirmar que beneficiará finalmente a López Obrador.
rriva@eluniversal.com.mx
r_rivapalacio@yahoo.com
PRD: ¿qué pasó?
Ricardo Alemán
El Universal - Itinerario Político
19 de julio de 2006
La candidatura de la mal llamada "izquierda mexicana" se volvió la réplica del culto a la personalidad
Apaciguados los ánimos, fuera del reflector, y recuperada la serenidad, algunos de los hombres que estuvieron cerca de AMLO -y que seguirán estando cerca por lo menos hasta la declaratoria de presidente electo- han iniciado el recuento de los daños que arrojó contra su causa la elección del pasado 2 de julio.
"La verdad es que perdimos", dicen sin más. Y enumeran una larga lista de causales que debilitaron en los dos o tres últimos meses de la contienda a la que era "una candidatura ganadora". En primer lugar aparece un asombroso exceso de confianza, "perfectamente explicable" porque el motor y el centro de la campaña era López Obrador, el líder social y político que luego de Cuauhtémoc Cárdenas no había conocido el PRD. Todos querían estar cerca, ganarse su confianza, ser vistos, congraciarse con sus decisiones, porque todos creyeron que el 2 de julio sería sólo un trámite. La candidatura de la mal llamada "izquierda mexicana" se convirtió en una réplica del culto a la personalidad que tanto criticó la izquierda de antaño.
Se llegó a extremos como los de iniciar feroces batallas intestinas, entre los primeros círculos concéntricos de la única fuente de poder -que no era otra que AMLO y sólo AMLO-, por las posiciones en el futuro gabinete. Esa guerra en la parte de arriba de la campaña presidencial -que ya se disputaba secretarías de Estado, los liderazgos en el Congreso y todas las fuentes de poder real- dejó en el olvido la organización de los grupos de abajo, de los miles o millones de simpatizantes, potenciales electores, a los que sólo se les alimentó con la palabra, la promesa, el eslogan facilón: "sonríe, vamos a ganar", que se ofrecía en mítines multitudinarios.
Se comprobó, otra vez, que sin organización de base, sin recursos económicos derramados en táctica, estrategia y logística, de poco sirven las plazas llenas. El colmo fue que el PRD o la coalición Por el Bien de Todos, no logró más de 70% de representantes de casilla en el país, cuando AMLO fue el candidato que más plazas llenó, que más municipios, entidades y regiones del país visitó. Pero eso ya no sorprende. En todo caso lo llamativo es que aún sin los mínimos de estructura, con las ambiciones desatadas en torno a AMLO, y con el exceso de confianza que provocó la cercanía del poder, López Obrador se haya quedado a un milímetro del triunfo. Eso habla muy bien de la eficacia de su liderazgo social, pero muy mal de su capacidad organizativa.
Un ejemplo que puede servir de contraste. En el 2000, el motor del PAN fue el liderazgo de Fox, pero lo acompañó una estructura humana, logística, técnica y financiera, a cuyas prioridades se sometía el candidato Fox. En el 2006, los hombres, las estrategias, la logística, dependían de las ocurrencias o "del olfato político de Andrés Manuel", olfato y ocurrencias que servían para impactar en el electorado, pero no para garantizar que se reprodujera el mensaje y, sobre todo, que la gente acudiera a votar. El trabajo de "los otros", de ese puñado de oportunistas que se colgaron del liderazgo de AMLO, sólo fue ese, el de aquellos que sabían que tenían en las manos un producto que se vendía solo. Pero no se preocuparon por que la marca se hiciera necesaria e indispensable. Lo vendieron una vez, pero ya no regresaron para ofrecerlo de nuevo.
Pero además, las redes ciudadanas, que en los primeros meses fueron un fenómeno social emergente, se convirtieron en pequeños feudos de poder -en la mayoría de los casos nutridos de ex priístas resentidos-, que pelaron a nivel municipal y estatal por el control de la nueva franquicia. En efecto, se ganaron muchas adhesiones con las llamadas redes ciudadanas, pero la suplantación de los viejos cuadros de perredistas por cuestionables ex priístas terminó por romper las estructuras tradicionales de la izquierda -en los municipios y los estados-, las cuales se convirtieron en promotores del voto contra AMLO. Se privilegió lo cuantitativo sobre lo cualitativo a la hora de sumar adherentes, liderazgos y hasta candidaturas. Municipios y regiones estatales enteras fueron arrebatadas a los históricos perredistas, para entregarlas a ex priístas, al grado que la rebatiña por el voto era, en esos municipios y regiones, entre dos o más facciones del PRI.
En el DF se vivió una paradoja. AMLO ganó, pero también perdió. Es indiscutible que una mayoría de quienes votaron por el PRD en cargos como jefes delegacionales, diputados a la Asamblea Legislativa, diputados federales y senadores, fueron movidos por la influencia y la presencia de AMLO. Pero ese fuerte impacto, que también daba por descontado el triunfo arrollador en la capital del país, llevó a la mayoría de candidatos a "echarse en la hamaca". En el DF el mérito también es de los electores, de los creyentes de AMLO, más que de los otros candidatos. El mejor ejemplo es Marcelo Ebrard, cuya campaña altamente deficiente le restó a López Obrador un importante caudal de votos.
Al final de cuentas, pronto se producirá un recambio en el PRD, una vez que se confirme que los verdaderos centros de poder quedaron lejos del alcance de AMLO, y que grupos como Los Chuchos, entre otros, ganaron espacios que los pueden convertir en hegemónicos. Poco a poco se alejarán de AMLO, sobre todo si insiste en la violencia. Al tiempo.
aleman2@prodigy.net.mx
El Universal - Itinerario Político
19 de julio de 2006
La candidatura de la mal llamada "izquierda mexicana" se volvió la réplica del culto a la personalidad
Apaciguados los ánimos, fuera del reflector, y recuperada la serenidad, algunos de los hombres que estuvieron cerca de AMLO -y que seguirán estando cerca por lo menos hasta la declaratoria de presidente electo- han iniciado el recuento de los daños que arrojó contra su causa la elección del pasado 2 de julio.
"La verdad es que perdimos", dicen sin más. Y enumeran una larga lista de causales que debilitaron en los dos o tres últimos meses de la contienda a la que era "una candidatura ganadora". En primer lugar aparece un asombroso exceso de confianza, "perfectamente explicable" porque el motor y el centro de la campaña era López Obrador, el líder social y político que luego de Cuauhtémoc Cárdenas no había conocido el PRD. Todos querían estar cerca, ganarse su confianza, ser vistos, congraciarse con sus decisiones, porque todos creyeron que el 2 de julio sería sólo un trámite. La candidatura de la mal llamada "izquierda mexicana" se convirtió en una réplica del culto a la personalidad que tanto criticó la izquierda de antaño.
Se llegó a extremos como los de iniciar feroces batallas intestinas, entre los primeros círculos concéntricos de la única fuente de poder -que no era otra que AMLO y sólo AMLO-, por las posiciones en el futuro gabinete. Esa guerra en la parte de arriba de la campaña presidencial -que ya se disputaba secretarías de Estado, los liderazgos en el Congreso y todas las fuentes de poder real- dejó en el olvido la organización de los grupos de abajo, de los miles o millones de simpatizantes, potenciales electores, a los que sólo se les alimentó con la palabra, la promesa, el eslogan facilón: "sonríe, vamos a ganar", que se ofrecía en mítines multitudinarios.
Se comprobó, otra vez, que sin organización de base, sin recursos económicos derramados en táctica, estrategia y logística, de poco sirven las plazas llenas. El colmo fue que el PRD o la coalición Por el Bien de Todos, no logró más de 70% de representantes de casilla en el país, cuando AMLO fue el candidato que más plazas llenó, que más municipios, entidades y regiones del país visitó. Pero eso ya no sorprende. En todo caso lo llamativo es que aún sin los mínimos de estructura, con las ambiciones desatadas en torno a AMLO, y con el exceso de confianza que provocó la cercanía del poder, López Obrador se haya quedado a un milímetro del triunfo. Eso habla muy bien de la eficacia de su liderazgo social, pero muy mal de su capacidad organizativa.
Un ejemplo que puede servir de contraste. En el 2000, el motor del PAN fue el liderazgo de Fox, pero lo acompañó una estructura humana, logística, técnica y financiera, a cuyas prioridades se sometía el candidato Fox. En el 2006, los hombres, las estrategias, la logística, dependían de las ocurrencias o "del olfato político de Andrés Manuel", olfato y ocurrencias que servían para impactar en el electorado, pero no para garantizar que se reprodujera el mensaje y, sobre todo, que la gente acudiera a votar. El trabajo de "los otros", de ese puñado de oportunistas que se colgaron del liderazgo de AMLO, sólo fue ese, el de aquellos que sabían que tenían en las manos un producto que se vendía solo. Pero no se preocuparon por que la marca se hiciera necesaria e indispensable. Lo vendieron una vez, pero ya no regresaron para ofrecerlo de nuevo.
Pero además, las redes ciudadanas, que en los primeros meses fueron un fenómeno social emergente, se convirtieron en pequeños feudos de poder -en la mayoría de los casos nutridos de ex priístas resentidos-, que pelaron a nivel municipal y estatal por el control de la nueva franquicia. En efecto, se ganaron muchas adhesiones con las llamadas redes ciudadanas, pero la suplantación de los viejos cuadros de perredistas por cuestionables ex priístas terminó por romper las estructuras tradicionales de la izquierda -en los municipios y los estados-, las cuales se convirtieron en promotores del voto contra AMLO. Se privilegió lo cuantitativo sobre lo cualitativo a la hora de sumar adherentes, liderazgos y hasta candidaturas. Municipios y regiones estatales enteras fueron arrebatadas a los históricos perredistas, para entregarlas a ex priístas, al grado que la rebatiña por el voto era, en esos municipios y regiones, entre dos o más facciones del PRI.
En el DF se vivió una paradoja. AMLO ganó, pero también perdió. Es indiscutible que una mayoría de quienes votaron por el PRD en cargos como jefes delegacionales, diputados a la Asamblea Legislativa, diputados federales y senadores, fueron movidos por la influencia y la presencia de AMLO. Pero ese fuerte impacto, que también daba por descontado el triunfo arrollador en la capital del país, llevó a la mayoría de candidatos a "echarse en la hamaca". En el DF el mérito también es de los electores, de los creyentes de AMLO, más que de los otros candidatos. El mejor ejemplo es Marcelo Ebrard, cuya campaña altamente deficiente le restó a López Obrador un importante caudal de votos.
Al final de cuentas, pronto se producirá un recambio en el PRD, una vez que se confirme que los verdaderos centros de poder quedaron lejos del alcance de AMLO, y que grupos como Los Chuchos, entre otros, ganaron espacios que los pueden convertir en hegemónicos. Poco a poco se alejarán de AMLO, sobre todo si insiste en la violencia. Al tiempo.
aleman2@prodigy.net.mx
A la antigüita
Juan Molinar Horcasitas
El Universal
19 de julio de 2006
Andrés Manuel López Obrador ha venido variando los argumentos que utiliza para explicar su conducta. No es fácil entender la lógica de los mismos, pues no la tienen. Y lo peor es que, con argumentos infundados, ha decidido escalar el conflicto y rebajar el lenguaje. Veamos.
Los días previos a la jornada, AMLO se comprometió a respetar los resultados de la elección que informase el IFE, así perdiese por un voto. Ni falta hace decir que eso ya se derrumbó. López Obrador ya ha dejado en claro que simplemente no cumplirá su palabra. No lo hace porque los resultados no cumplieron sus expectativas. Punto.
El mismísimo domingo 2 de julio, por la tarde, su coordinador de campaña, y los presidentes de los partidos que formaron la coalición que lo apoyó, declararon que la jornada había sido limpia. Más que eso: ejemplar. Poco después, ese mismo coordinador de campaña se ha referido en términos muy distintos a la elección. ¿Por qué cambió de opinión? Porque los resultados no se ajustaron a sus expectativas. Punto.
Pasada la elección, y ante la evidencia que proporcionaban tanto el PREP como el conteo rápido (que ellos conocieron, aunque no se divulgó) tomaron la ruta que han aplicado: escalar el conflicto y rebajar el lenguaje. Inicialmente, evitaban usar la palabra fraude, porque quedaba claro que todo mundo sabía que la elección había sido limpia. Encontraron, entonces, una salida: pedir que en las sesiones de los 300 consejos distritales que sesionaron el miércoles y el jueves se realizara un recuento voto por voto, acta por acta, aunque sabían muy bien que la ley no lo permitía y que el Tribunal ha emitido muchas sentencias que forman ya una robusta jurisprudencia en ese sentido. El IFE aplicó la ley y abrió los paquetes en los que las condiciones de ley que no sólo lo permiten, sino que incluso lo prescriben. ¿Qué pasó? Que en los 2 mil 824 paquetes que se abrieron y en los que se realizó un recuento boleta por boleta, el margen de victoria de Calderón sobre López Obrador no se redujo, sino que aumentó en poco más de mil votos. ¡Menudo chasco! ¿Porque no han hablado de esto? Porque los resultados de ese ejercicio no se ajustaron a sus expectativas. Punto.
Días después, los observadores nacionales y los visitantes extranjeros ratificaron lo que millones de mexicanos vimos: que la elección fue limpia. Las declaraciones de las misiones de la Unión Europea y de la ONU fueron particularmente firmes. ¿Qué dijo AMLO? Que los observadores no vieron. ¿Por qué? Porque sus conclusiones no se ajustaron a sus expectativas. Punto.
Pero de que la perra es brava, hasta a los de casa muerde. López Obrador presentó un par de videos en los que supuestamente se probaba el fraude. Otro fiasco. Los participantes de los videos, las autoridades, y sus propios representantes de casilla lo desmintieron. ¿Qué dijo AMLO? Que habían sobornado a sus representantes. ¿Por qué dijo algo tan grave como eso? Porque los resultados no se ajustaron a sus expectativas. Punto.
Hace unos cuantos días, AMLO y su gente sacaron una historia inverosímil: el PREP presentó resultados que habían sido alterados mediante un algoritmo que favorecía a López Obrador. La "evidencia" que presentan no soporta el menor análisis. Por eso, ahora ha cambiado. ¿Qué dice ahora? Una joya: ". se habló mucho del fraude cibernético, todo mundo (sic) pensaba que el fraude lo habían hecho en lo cibernético, en las máquinas.
"Encontramos que no está ahí el fraude, encontramos que está en los papeles, que es un fraude a la antigüita. La verdad es que nosotros estábamos pensando que es un fraude cibernético, pero no".
¿Qué significa eso? Significa que un millón de mexicanos que trabajaron en las casillas, como funcionarios de casilla, como representantes de partido, como observadores, se confabularon en un boicot en su contra. Sólo así se podría realizar un fraude "a la antigüita", como los que hacía él para el PRI cuando lo dirigía en Tabasco. Nadie lo cree. ¿Por qué dice algo tan absurdo como eso? Porque la realidad no se ajusta a sus expectativas.
juanmolinarhorcasitas@hotmail.com
Diputado federal (PAN)
El Universal
19 de julio de 2006
Andrés Manuel López Obrador ha venido variando los argumentos que utiliza para explicar su conducta. No es fácil entender la lógica de los mismos, pues no la tienen. Y lo peor es que, con argumentos infundados, ha decidido escalar el conflicto y rebajar el lenguaje. Veamos.
Los días previos a la jornada, AMLO se comprometió a respetar los resultados de la elección que informase el IFE, así perdiese por un voto. Ni falta hace decir que eso ya se derrumbó. López Obrador ya ha dejado en claro que simplemente no cumplirá su palabra. No lo hace porque los resultados no cumplieron sus expectativas. Punto.
El mismísimo domingo 2 de julio, por la tarde, su coordinador de campaña, y los presidentes de los partidos que formaron la coalición que lo apoyó, declararon que la jornada había sido limpia. Más que eso: ejemplar. Poco después, ese mismo coordinador de campaña se ha referido en términos muy distintos a la elección. ¿Por qué cambió de opinión? Porque los resultados no se ajustaron a sus expectativas. Punto.
Pasada la elección, y ante la evidencia que proporcionaban tanto el PREP como el conteo rápido (que ellos conocieron, aunque no se divulgó) tomaron la ruta que han aplicado: escalar el conflicto y rebajar el lenguaje. Inicialmente, evitaban usar la palabra fraude, porque quedaba claro que todo mundo sabía que la elección había sido limpia. Encontraron, entonces, una salida: pedir que en las sesiones de los 300 consejos distritales que sesionaron el miércoles y el jueves se realizara un recuento voto por voto, acta por acta, aunque sabían muy bien que la ley no lo permitía y que el Tribunal ha emitido muchas sentencias que forman ya una robusta jurisprudencia en ese sentido. El IFE aplicó la ley y abrió los paquetes en los que las condiciones de ley que no sólo lo permiten, sino que incluso lo prescriben. ¿Qué pasó? Que en los 2 mil 824 paquetes que se abrieron y en los que se realizó un recuento boleta por boleta, el margen de victoria de Calderón sobre López Obrador no se redujo, sino que aumentó en poco más de mil votos. ¡Menudo chasco! ¿Porque no han hablado de esto? Porque los resultados de ese ejercicio no se ajustaron a sus expectativas. Punto.
Días después, los observadores nacionales y los visitantes extranjeros ratificaron lo que millones de mexicanos vimos: que la elección fue limpia. Las declaraciones de las misiones de la Unión Europea y de la ONU fueron particularmente firmes. ¿Qué dijo AMLO? Que los observadores no vieron. ¿Por qué? Porque sus conclusiones no se ajustaron a sus expectativas. Punto.
Pero de que la perra es brava, hasta a los de casa muerde. López Obrador presentó un par de videos en los que supuestamente se probaba el fraude. Otro fiasco. Los participantes de los videos, las autoridades, y sus propios representantes de casilla lo desmintieron. ¿Qué dijo AMLO? Que habían sobornado a sus representantes. ¿Por qué dijo algo tan grave como eso? Porque los resultados no se ajustaron a sus expectativas. Punto.
Hace unos cuantos días, AMLO y su gente sacaron una historia inverosímil: el PREP presentó resultados que habían sido alterados mediante un algoritmo que favorecía a López Obrador. La "evidencia" que presentan no soporta el menor análisis. Por eso, ahora ha cambiado. ¿Qué dice ahora? Una joya: ". se habló mucho del fraude cibernético, todo mundo (sic) pensaba que el fraude lo habían hecho en lo cibernético, en las máquinas.
"Encontramos que no está ahí el fraude, encontramos que está en los papeles, que es un fraude a la antigüita. La verdad es que nosotros estábamos pensando que es un fraude cibernético, pero no".
¿Qué significa eso? Significa que un millón de mexicanos que trabajaron en las casillas, como funcionarios de casilla, como representantes de partido, como observadores, se confabularon en un boicot en su contra. Sólo así se podría realizar un fraude "a la antigüita", como los que hacía él para el PRI cuando lo dirigía en Tabasco. Nadie lo cree. ¿Por qué dice algo tan absurdo como eso? Porque la realidad no se ajusta a sus expectativas.
juanmolinarhorcasitas@hotmail.com
Diputado federal (PAN)
¿Cuál fraude?
Ricardo Pascoe Pierce
El Universal
19 de julio de 2006
Felipe Calderón ganó las elecciones presidenciales del 2 de julio, por un estrecho margen, a su más cercano contendiente, López Obrador. ¿La estrechez de su margen de victoria cancela el resultado? No, porque así lo decidió el electorado. Lo que está aconteciendo después de la elección es pura fantasía. O fantasía pura.
En Italia el candidato de centroizquierda, Prodi, le ganó al candidato de centroderecha, Berlusconi, por 25 mil votos. Berlusconi cuestionó el resultado, pues los votos del exterior favorecieron a Prodi, cuando ese derecho al voto para los italianos en el exterior lo gestionó el propio Berlusconi. En México el PAN le ganó al PRD por más de 24o mil votos. Y éste alega un fraude descomunal. ¿Descomunal? Hubo 1 millón 241 mil 094 representantes de partidos, candidatos y de coaliciones en las poco más de 131 mil casillas instaladas en el país. Es decir, hubo un promedio de nueve representantes por casilla. Por otro lado, hubo 25 mil 311 observadores nacionales registrados que se movieron de casilla en casilla (dos o más casillas por observador) y 693 visitantes internacionales de 60 países. La presencia "observadora" era amplia y contundente, tanto de partidos y candidatos como de observadores imparciales.
Fueron capacitados 2.2 millones de ciudadanos como funcionarios de casilla y, de entre ellos, más de medio millón de ciudadanos libres recibieron y contaron los votos, ante los ojos de los representantes de partidos y coaliciones y los observadores nacionales y extranjeros. En el 87% de las casillas hubo al menos una fuerza política representada y en el 78% fueron por lo menos dos. Así que hubo una fuerza (el PRD, en este caso) que no tuvo representantes en cerca de 40 mil casillas en todo el país. De las tres principales fuerzas contendientes, resultó ser el más débil y desorganizado. Pero es el que asegura tener pruebas de un fraude electoral.
No ha demostrado el fraude. AMLO dijo que era cibernético, y tenía a sus seguidores fantaseando sobre logaritmos matemáticos metidos en las computadoras del IFE para "borrar" votos del PRD. Ahora dice que no: el fraude se cometió en casillas y cómputos distritales, ante los ojos de todo el mundo presente. Camacho dice que los gobernadores "lo ordenaron". ¿Ordenaron a miles y miles de ciudadanos libres que cometieran fraude? Por supuesto que no. Mienten por desesperación y confusión. Ya no hallan qué decir, para justificar su derrota.
Derrota. La palabra que destruye carreras políticas promisorias. La palabra que jamás pasó por la cabeza de AMLO, Camacho y demás. La palabra que los hace temblar de miedo. Para no admitirlo, y asumirse como demócratas en su justo papel dentro de la democracia mexicana, inventan un alegato y denuncia sin sustento y sin verdad. Son hombres que carecen de valentía para afrontar sus graves errores cometidos a lo largo de la campaña y se niegan a admitir su falibilidad.
Un ejemplo: el error de las alianzas internas y externas. A partir del reparto "alegre" de curules para supuestamente garantizar sus votos, el PRD probablemente quedará con menos curules que en la legislatura saliente. Eso resulta inadmisible para ese partido. Rosario Robles le habrá dado más curules al PRD que AMLO. ¿Por qué? Porque después de restar las curules de Convergencia y PT, de los que quedan, la mitad son "independientes" o priístas renegados que ya no pertenecen a ningún partido, y no sienten lealtad al PRD, especialmente ahora que se confirme que AMLO perdió la elección. De las 123 curules que quedan, la mitad se irán por la libre.
El PRD no es una fuerza legislativa considerable, si se toman en cuenta estos factores. El PRI llenará el espacio de la oposición responsable que busca acuerdos para que el país funcione y avance. El PRI pactará con Calderón, como lo harán Convergencia, Alternativa y otras fuerzas, para dar solidez a acuerdos institucionales. ¿Y el PRD? Después de que el TEPJF ratifique la victoria, por escaso margen, de Calderón, AMLO se va a declarar el verdadero Presidente popular y, siguiendo la usanza de Juárez, recorrerá el país en su carruaje, buscando desestabilizar a México, como él mismo lo dijera, "en lo político, social, económico y financiero...".
No hubo fraude en la elección pasada, principalmente porque la gente no lo hubiera permitido. Ese discurso es un ardid de hombres incapaces de afrontar sus errores. Hombres llenos de miedo de pagar las consecuencias de sus cálculos fallidos y que buscan, hasta por debajo de las piedras, a los responsables de su debacle.
ricardopascoe@hotmail.com
Analista político
El Universal
19 de julio de 2006
Felipe Calderón ganó las elecciones presidenciales del 2 de julio, por un estrecho margen, a su más cercano contendiente, López Obrador. ¿La estrechez de su margen de victoria cancela el resultado? No, porque así lo decidió el electorado. Lo que está aconteciendo después de la elección es pura fantasía. O fantasía pura.
En Italia el candidato de centroizquierda, Prodi, le ganó al candidato de centroderecha, Berlusconi, por 25 mil votos. Berlusconi cuestionó el resultado, pues los votos del exterior favorecieron a Prodi, cuando ese derecho al voto para los italianos en el exterior lo gestionó el propio Berlusconi. En México el PAN le ganó al PRD por más de 24o mil votos. Y éste alega un fraude descomunal. ¿Descomunal? Hubo 1 millón 241 mil 094 representantes de partidos, candidatos y de coaliciones en las poco más de 131 mil casillas instaladas en el país. Es decir, hubo un promedio de nueve representantes por casilla. Por otro lado, hubo 25 mil 311 observadores nacionales registrados que se movieron de casilla en casilla (dos o más casillas por observador) y 693 visitantes internacionales de 60 países. La presencia "observadora" era amplia y contundente, tanto de partidos y candidatos como de observadores imparciales.
Fueron capacitados 2.2 millones de ciudadanos como funcionarios de casilla y, de entre ellos, más de medio millón de ciudadanos libres recibieron y contaron los votos, ante los ojos de los representantes de partidos y coaliciones y los observadores nacionales y extranjeros. En el 87% de las casillas hubo al menos una fuerza política representada y en el 78% fueron por lo menos dos. Así que hubo una fuerza (el PRD, en este caso) que no tuvo representantes en cerca de 40 mil casillas en todo el país. De las tres principales fuerzas contendientes, resultó ser el más débil y desorganizado. Pero es el que asegura tener pruebas de un fraude electoral.
No ha demostrado el fraude. AMLO dijo que era cibernético, y tenía a sus seguidores fantaseando sobre logaritmos matemáticos metidos en las computadoras del IFE para "borrar" votos del PRD. Ahora dice que no: el fraude se cometió en casillas y cómputos distritales, ante los ojos de todo el mundo presente. Camacho dice que los gobernadores "lo ordenaron". ¿Ordenaron a miles y miles de ciudadanos libres que cometieran fraude? Por supuesto que no. Mienten por desesperación y confusión. Ya no hallan qué decir, para justificar su derrota.
Derrota. La palabra que destruye carreras políticas promisorias. La palabra que jamás pasó por la cabeza de AMLO, Camacho y demás. La palabra que los hace temblar de miedo. Para no admitirlo, y asumirse como demócratas en su justo papel dentro de la democracia mexicana, inventan un alegato y denuncia sin sustento y sin verdad. Son hombres que carecen de valentía para afrontar sus graves errores cometidos a lo largo de la campaña y se niegan a admitir su falibilidad.
Un ejemplo: el error de las alianzas internas y externas. A partir del reparto "alegre" de curules para supuestamente garantizar sus votos, el PRD probablemente quedará con menos curules que en la legislatura saliente. Eso resulta inadmisible para ese partido. Rosario Robles le habrá dado más curules al PRD que AMLO. ¿Por qué? Porque después de restar las curules de Convergencia y PT, de los que quedan, la mitad son "independientes" o priístas renegados que ya no pertenecen a ningún partido, y no sienten lealtad al PRD, especialmente ahora que se confirme que AMLO perdió la elección. De las 123 curules que quedan, la mitad se irán por la libre.
El PRD no es una fuerza legislativa considerable, si se toman en cuenta estos factores. El PRI llenará el espacio de la oposición responsable que busca acuerdos para que el país funcione y avance. El PRI pactará con Calderón, como lo harán Convergencia, Alternativa y otras fuerzas, para dar solidez a acuerdos institucionales. ¿Y el PRD? Después de que el TEPJF ratifique la victoria, por escaso margen, de Calderón, AMLO se va a declarar el verdadero Presidente popular y, siguiendo la usanza de Juárez, recorrerá el país en su carruaje, buscando desestabilizar a México, como él mismo lo dijera, "en lo político, social, económico y financiero...".
No hubo fraude en la elección pasada, principalmente porque la gente no lo hubiera permitido. Ese discurso es un ardid de hombres incapaces de afrontar sus errores. Hombres llenos de miedo de pagar las consecuencias de sus cálculos fallidos y que buscan, hasta por debajo de las piedras, a los responsables de su debacle.
ricardopascoe@hotmail.com
Analista político
AMLO rechaza el ciberfraude (o de las mentiras de López Obrador)
Mario Campos
Diario de Campaña
18/07/2006
Yo lo habría colocado como titular del día: AMLO rechaza el ciberfraude. Ya sé que se ve espantoso pero peor se vio López Obrador negando lo que fue su caballito de batalla durante las últimas semanas. Si no saben de qué les estoy hablando déjenme contarles que ayer, López Obrador reconoció que de fraude electrónico, nada, nomás no existió.
"Se habló mucho del fraude cibernético, todo mundo pensaba que el fraude lo habían hecho en las máquinas, (...) en los primeros días había esa idea de que era informático. "No está ahí el fraude, hallamos que está en los papeles, que es un fraude a la antigüita. La verdad es que estábamos pensando que era un fraude moderno, cibernético, pero no", así se lo dijo ayer a Miguel Ángel Granados Chapa en una entrevista que le hizo en radio.
Naturalmente, los aliados mediáticos - como La Jornada - prefirieron poner el acento en el resto de la declaración, en la que habla del fraude a la antigüita, sin embargo, el tema da para más.
¿Dónde quedó entonces la versión del algoritmo, ese "aparatito chiquitito" que habían metido a las computadoras según contaba una de las seguidoras de AMLO que se manifestó en su primera asamblea?
¿Qué pasa entonces con las acusaciones en contra de Hildebrando y la supuesta manipulación de las cifras?
¿Y con las acusaciones sobre el PREP y el conteo alterado mediante un código colocado en los programas del IFE?
Nada, de un día para otro descubrieron que no existían y que las cosas no eran como "todo mundo creía".
El tema sería de risa de no ser por el daño que ha causado al país.
Con sus mentiras han dañado la credibilidad del IFE y sobretodo han alimentado la desconfianza de los mexicanos.
Se trata de un asunto muy serio y lo menos que debería ser AMLO es ofrecer una disculpa a todos aquellos que ofendió, pero también a quienes creyeron las mentiras que se encargaron de sembrar.
Qué pena que Andrés Manuel López Obrador esté siendo tan irresponsable, y la verdad, lamento que los medios no le hayan dado más peso a esa declaración que más que ser una anécdota, es de facto una confesión del juego sucio que han desarrollado.
Como siempre, estaré atento a sus comentarios.
macampos@enteratehoy.com.mx
Diario de Campaña
18/07/2006
Yo lo habría colocado como titular del día: AMLO rechaza el ciberfraude. Ya sé que se ve espantoso pero peor se vio López Obrador negando lo que fue su caballito de batalla durante las últimas semanas. Si no saben de qué les estoy hablando déjenme contarles que ayer, López Obrador reconoció que de fraude electrónico, nada, nomás no existió.
"Se habló mucho del fraude cibernético, todo mundo pensaba que el fraude lo habían hecho en las máquinas, (...) en los primeros días había esa idea de que era informático. "No está ahí el fraude, hallamos que está en los papeles, que es un fraude a la antigüita. La verdad es que estábamos pensando que era un fraude moderno, cibernético, pero no", así se lo dijo ayer a Miguel Ángel Granados Chapa en una entrevista que le hizo en radio.
Naturalmente, los aliados mediáticos - como La Jornada - prefirieron poner el acento en el resto de la declaración, en la que habla del fraude a la antigüita, sin embargo, el tema da para más.
¿Dónde quedó entonces la versión del algoritmo, ese "aparatito chiquitito" que habían metido a las computadoras según contaba una de las seguidoras de AMLO que se manifestó en su primera asamblea?
¿Qué pasa entonces con las acusaciones en contra de Hildebrando y la supuesta manipulación de las cifras?
¿Y con las acusaciones sobre el PREP y el conteo alterado mediante un código colocado en los programas del IFE?
Nada, de un día para otro descubrieron que no existían y que las cosas no eran como "todo mundo creía".
El tema sería de risa de no ser por el daño que ha causado al país.
Con sus mentiras han dañado la credibilidad del IFE y sobretodo han alimentado la desconfianza de los mexicanos.
Se trata de un asunto muy serio y lo menos que debería ser AMLO es ofrecer una disculpa a todos aquellos que ofendió, pero también a quienes creyeron las mentiras que se encargaron de sembrar.
Qué pena que Andrés Manuel López Obrador esté siendo tan irresponsable, y la verdad, lamento que los medios no le hayan dado más peso a esa declaración que más que ser una anécdota, es de facto una confesión del juego sucio que han desarrollado.
Como siempre, estaré atento a sus comentarios.
macampos@enteratehoy.com.mx
Violencia
Sergio Sarmiento
Reforma - Jaque Mate
19 de Julio del 2006
“Con el puño cerrado no se puede intercambiar un apretón de manos”.
Mahatma Gandhi
En su gran concentración política de este domingo 16 de julio en el Zócalo de la ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador hizo un llamado a sus seguidores a una “resistencia civil pacífica”. Resistencia, sin duda, pero lo de civil y pacífica está quedando en la misma categoría que su promesa de aceptar una derrota aunque fuera por un solo voto. Son promesas hechas para romperse.
Ayer, Felipe Calderón fue objeto de una agresión física tras salir del Club de Periodistas del centro de la ciudad de México, donde se había reunido con miembros de la Alianza Sindical Mexicana. Acosado por un grupo de simpatizantes de López Obrador, y custodiado por escoltas del Estado Mayor Presidencial, se subió a su vehículo, el cual fue golpeado y pateado por los activistas.
El episodio no pasó a mayores, en parte gracias a la prudencia de Calderón y del equipo de seguridad. Pero lo realmente grave no fue eso, sino la posición de López Obrador, quien se negó a criticar la agresión: “No, no lo condeno -dijo-. Condeno el fraude electoral”.
La señal es peligrosa, sobre todo cuando se añade a otras que se han dado en los últimos días. En una entrevista ayer para Carlos Loret de Mola en W Radio, López Obrador señaló: “Si queremos paz social, estabilidad política, económica, social en el país, que se cuenten los votos”.
En la concentración del domingo, Andrés Manuel lanzó también una advertencia a Calderón, pero ominosamente incluyó a su familia: “Le recomiendo -dijo-, por él, por sus familiares, por su gente más cercana, le recomiendo que piense muy bien que la mancha de una elección fraudulenta no se borra ni con todas las aguas de los océanos”.
El candidato de la alianza Por el Bien de Todos ha buscado suavizar esta declaración. En una entrevista el lunes negó que hubiera realmente amenazando a la familia de Calderón. Pero su rechazo a condenar la agresión de ayer simplemente ratifica la idea de que está promoviendo un clima de violencia.
Esto le empieza a quedar claro incluso a una prensa internacional que durante mucho tiempo se ha mostrado incondicional de López Obrador. El respetado diario El País, el de mayor circulación en España, apuntó ayer en su editorial “Agitación en México”: “El derrotado candidato populista tiene todo el derecho a disputar los resultados de unos comicios tan ajustados. Pero… pretender trasladar esa reivindicación a la calle… es una política irresponsable”. El artículo concluye que el antagonismo que se está provocando “conduce exclusivamente al enfrentamiento”.
López Obrador afirma que no busca la violencia, pero sus acciones son más convincentes que sus palabras. Se ha negado, por ejemplo, a mantener su impugnación por los comicios del 2 de julio en el marco del derecho y del Tribunal Electoral. Sus movilizaciones políticas se han convertido en desplantes de fuerza.
La amenaza de violencia se vuelve más fuerte conforme se debilitan las pruebas del fraude. Hasta esta semana, después incluso que su equipo jurídico presentó sus recursos de impugnación, López Obrador todavía estaba tratando de decidir si el supuesto fraude había sido cibernético o “a la antigüita”. El recurso ante el Tribunal Electoral, por otra parte, tiene la grave debilidad de incluir muy pocas actas de protesta levantadas por sus representantes de casilla.
López Obrador está siguiendo un camino destinado a provocar violencia. Si a una multitud se le hace creer que ha habido un fraude electoral, y se le dice además que la única decisión realmente democrática sería el reconocimiento de un triunfo que los conteos legales no ofrecen, la confrontación se hace inevitable.
No es la primera vez que Andrés Manuel juega con la violencia. Lo hizo ya en 1994 y 1995 tras su derrota en las elecciones de Tabasco. Sus bloqueos de pozos petroleros en ese entonces proporcionaron a la televisión imágenes que durante años han alimentado la fama de violencia del PRD. Los dirigentes del partido afirman que su reputación de agresividad es producto de una guerra sucia en su contra, pero la memoria nos dice otra cosa.
La elección de Tabasco de 1994, sin embargo, es completamente distinta a la de hoy. Un estudio llevado a cabo por los entonces consejeros electorales Santiago Creel y José Agustín Ortiz Pinchetti documentó un fraude en ese estado. La reforma electoral de 1996, empero, cambió de manera radical las reglas del juego. Hoy no sólo hay recursos legales para impugnaciones, sino que son muy poderosos. Recordemos simplemente que el Tribunal Electoral anuló la nueva elección de Tabasco en el 2000.
Lo que no puede hacer ningún sistema electoral democrático es garantizar el triunfo de un partido o un candidato en especial. Pero eso es lo que exigen López Obrador y sus colaboradores. Y mientras lo hacen, como bien lo advierte El País, están empujando a México a un peligroso abismo de violencia.
Correo
Me pregunta el lector Sergio Colunga: “¿A dónde puedo acudir para defender mi voto? Me siento desesperado. Me siento asustado, temeroso. ¡Quiero defender mi voto!, el cual está dentro de los 27.5 millones que no votamos por López Obrador… Por favor, ayúdeme. ¿Dónde puedo hacerme escuchar, así como los simpatizantes de López Obrador?”.
sarmiento.jaquemate@gmail.com
Reforma - Jaque Mate
19 de Julio del 2006
“Con el puño cerrado no se puede intercambiar un apretón de manos”.
Mahatma Gandhi
En su gran concentración política de este domingo 16 de julio en el Zócalo de la ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador hizo un llamado a sus seguidores a una “resistencia civil pacífica”. Resistencia, sin duda, pero lo de civil y pacífica está quedando en la misma categoría que su promesa de aceptar una derrota aunque fuera por un solo voto. Son promesas hechas para romperse.
Ayer, Felipe Calderón fue objeto de una agresión física tras salir del Club de Periodistas del centro de la ciudad de México, donde se había reunido con miembros de la Alianza Sindical Mexicana. Acosado por un grupo de simpatizantes de López Obrador, y custodiado por escoltas del Estado Mayor Presidencial, se subió a su vehículo, el cual fue golpeado y pateado por los activistas.
El episodio no pasó a mayores, en parte gracias a la prudencia de Calderón y del equipo de seguridad. Pero lo realmente grave no fue eso, sino la posición de López Obrador, quien se negó a criticar la agresión: “No, no lo condeno -dijo-. Condeno el fraude electoral”.
La señal es peligrosa, sobre todo cuando se añade a otras que se han dado en los últimos días. En una entrevista ayer para Carlos Loret de Mola en W Radio, López Obrador señaló: “Si queremos paz social, estabilidad política, económica, social en el país, que se cuenten los votos”.
En la concentración del domingo, Andrés Manuel lanzó también una advertencia a Calderón, pero ominosamente incluyó a su familia: “Le recomiendo -dijo-, por él, por sus familiares, por su gente más cercana, le recomiendo que piense muy bien que la mancha de una elección fraudulenta no se borra ni con todas las aguas de los océanos”.
El candidato de la alianza Por el Bien de Todos ha buscado suavizar esta declaración. En una entrevista el lunes negó que hubiera realmente amenazando a la familia de Calderón. Pero su rechazo a condenar la agresión de ayer simplemente ratifica la idea de que está promoviendo un clima de violencia.
Esto le empieza a quedar claro incluso a una prensa internacional que durante mucho tiempo se ha mostrado incondicional de López Obrador. El respetado diario El País, el de mayor circulación en España, apuntó ayer en su editorial “Agitación en México”: “El derrotado candidato populista tiene todo el derecho a disputar los resultados de unos comicios tan ajustados. Pero… pretender trasladar esa reivindicación a la calle… es una política irresponsable”. El artículo concluye que el antagonismo que se está provocando “conduce exclusivamente al enfrentamiento”.
López Obrador afirma que no busca la violencia, pero sus acciones son más convincentes que sus palabras. Se ha negado, por ejemplo, a mantener su impugnación por los comicios del 2 de julio en el marco del derecho y del Tribunal Electoral. Sus movilizaciones políticas se han convertido en desplantes de fuerza.
La amenaza de violencia se vuelve más fuerte conforme se debilitan las pruebas del fraude. Hasta esta semana, después incluso que su equipo jurídico presentó sus recursos de impugnación, López Obrador todavía estaba tratando de decidir si el supuesto fraude había sido cibernético o “a la antigüita”. El recurso ante el Tribunal Electoral, por otra parte, tiene la grave debilidad de incluir muy pocas actas de protesta levantadas por sus representantes de casilla.
López Obrador está siguiendo un camino destinado a provocar violencia. Si a una multitud se le hace creer que ha habido un fraude electoral, y se le dice además que la única decisión realmente democrática sería el reconocimiento de un triunfo que los conteos legales no ofrecen, la confrontación se hace inevitable.
No es la primera vez que Andrés Manuel juega con la violencia. Lo hizo ya en 1994 y 1995 tras su derrota en las elecciones de Tabasco. Sus bloqueos de pozos petroleros en ese entonces proporcionaron a la televisión imágenes que durante años han alimentado la fama de violencia del PRD. Los dirigentes del partido afirman que su reputación de agresividad es producto de una guerra sucia en su contra, pero la memoria nos dice otra cosa.
La elección de Tabasco de 1994, sin embargo, es completamente distinta a la de hoy. Un estudio llevado a cabo por los entonces consejeros electorales Santiago Creel y José Agustín Ortiz Pinchetti documentó un fraude en ese estado. La reforma electoral de 1996, empero, cambió de manera radical las reglas del juego. Hoy no sólo hay recursos legales para impugnaciones, sino que son muy poderosos. Recordemos simplemente que el Tribunal Electoral anuló la nueva elección de Tabasco en el 2000.
Lo que no puede hacer ningún sistema electoral democrático es garantizar el triunfo de un partido o un candidato en especial. Pero eso es lo que exigen López Obrador y sus colaboradores. Y mientras lo hacen, como bien lo advierte El País, están empujando a México a un peligroso abismo de violencia.
Correo
Me pregunta el lector Sergio Colunga: “¿A dónde puedo acudir para defender mi voto? Me siento desesperado. Me siento asustado, temeroso. ¡Quiero defender mi voto!, el cual está dentro de los 27.5 millones que no votamos por López Obrador… Por favor, ayúdeme. ¿Dónde puedo hacerme escuchar, así como los simpatizantes de López Obrador?”.
sarmiento.jaquemate@gmail.com
Silencio, que están durmiendo
Germán Dehesa
Reforma
19 de Julio del 2006
¿Y si jugamos a que todos nos callábamos por un ratito? Creo que esto es lo mejor que podemos hacer para permitir que el TEPJF haga ese delicado trabajo de calificar las elecciones, revisar las impugnaciones, hacer la sumatoria definitiva y dar un veredicto que nos diga quién va a ser nuestro próximo Presidente. Creo que los ciudadanos debemos proteger de manera prudente a nuestro Tribunal que es hoy el único que puede tomar decisiones respecto a la limpieza o turbiedad del proceso. Si la situación así lo requiere, este Tribunal puede ordenar un recuento de todos los votos, pero esta decisión sólo le compete y sólo puede tomarla o pasarla por alto el TEPJF.
Digámoslo de otra manera, los partidos tienen total derecho a impugnar y a presentar las pruebas que sustenten esa impugnación; lo que no les corresponde hacer es intentar torcer a su favor estas decisiones que el Tribunal tiene que tomar -ése es su sustento ético- libre y soberanamente. Es, diría yo, imperativo para el TEPJF desoír los gritos cada vez más violentos de la gente de AMLO y las amenazas de éste: si quieren la paz, cuenten los votos. Esto lo acaba de decir Andrés Manuel y me parece una grave amenaza no tan sólo para el Tribunal, sino para el País.
Por su parte, Felipe ha declarado su renuencia a que todos los paquetes sean abiertos. Creo que tiene argumentos atendibles que sus asesores legales podrán manifestar ante el Tribunal, pero más no se puede hacer. El TEPJF no está a merced ni de las exigencias de AMLO, ni de las renuencias de Felipe; sino que tendrá que decidir a partir de los elementos que le hayan sido presentados. Mientras tanto, a los ciudadanos lo que nos corresponde hacer es pronunciarnos por el respeto que todos nos debemos como ciudadanos; hoy más que nunca tenemos que hacer nuestro el valor de la tolerancia. Me enferman esos estúpidos carteles que dicen “Haz Patria: mata a Felipe”. Del mismo modo, siento como ultraje personal que sean cada vez más las personas que se refieren a los integrantes de estas marchas de manera despectiva, racista, descalificatoria y soez. Esos caminos sólo conducen a una creciente violencia y a un estallido social que nadie en su sano juicio puede desear para nuestro país. La pugna entre los que gozamos de los beneficios de la situación actual y los que nada tienen viene de muy lejos, no nació el 2 de julio, cualquiera de los dos candidatos que el Tribunal señale como ganador tendrá que entender que atacar este problema de la miseria es prioridad nacional y es quizá la única garantía de la paz social que necesitamos para crecer de un modo mucho más armónico que el actual. De AMLO podemos opinar muchas cosas buenas y malas, pero su diagnóstico de que estamos creciendo mal e incentivando la miseria es una verdad inobjetable que Felipe tendrá que tomar en cuenta en caso de que el Tribunal lo declare ganador. Todavía falta un buen número de días para este veredicto. Nosotros como Kalimán necesitamos serenidad y paciencia. Además, hay muchas cosas qué hacer, mucha vida por vivir y muchas tareas qué cumplir.
Estimados integrantes del TEPJF, trabajen con calma y actúen con justicia. Los ciudadanos, los verdaderos ciudadanos, esperamos sosegados el veredicto y a él nos atendremos.
[..]
german@plazadelangel.com.mx
Reforma
19 de Julio del 2006
¿Y si jugamos a que todos nos callábamos por un ratito? Creo que esto es lo mejor que podemos hacer para permitir que el TEPJF haga ese delicado trabajo de calificar las elecciones, revisar las impugnaciones, hacer la sumatoria definitiva y dar un veredicto que nos diga quién va a ser nuestro próximo Presidente. Creo que los ciudadanos debemos proteger de manera prudente a nuestro Tribunal que es hoy el único que puede tomar decisiones respecto a la limpieza o turbiedad del proceso. Si la situación así lo requiere, este Tribunal puede ordenar un recuento de todos los votos, pero esta decisión sólo le compete y sólo puede tomarla o pasarla por alto el TEPJF.
Digámoslo de otra manera, los partidos tienen total derecho a impugnar y a presentar las pruebas que sustenten esa impugnación; lo que no les corresponde hacer es intentar torcer a su favor estas decisiones que el Tribunal tiene que tomar -ése es su sustento ético- libre y soberanamente. Es, diría yo, imperativo para el TEPJF desoír los gritos cada vez más violentos de la gente de AMLO y las amenazas de éste: si quieren la paz, cuenten los votos. Esto lo acaba de decir Andrés Manuel y me parece una grave amenaza no tan sólo para el Tribunal, sino para el País.
Por su parte, Felipe ha declarado su renuencia a que todos los paquetes sean abiertos. Creo que tiene argumentos atendibles que sus asesores legales podrán manifestar ante el Tribunal, pero más no se puede hacer. El TEPJF no está a merced ni de las exigencias de AMLO, ni de las renuencias de Felipe; sino que tendrá que decidir a partir de los elementos que le hayan sido presentados. Mientras tanto, a los ciudadanos lo que nos corresponde hacer es pronunciarnos por el respeto que todos nos debemos como ciudadanos; hoy más que nunca tenemos que hacer nuestro el valor de la tolerancia. Me enferman esos estúpidos carteles que dicen “Haz Patria: mata a Felipe”. Del mismo modo, siento como ultraje personal que sean cada vez más las personas que se refieren a los integrantes de estas marchas de manera despectiva, racista, descalificatoria y soez. Esos caminos sólo conducen a una creciente violencia y a un estallido social que nadie en su sano juicio puede desear para nuestro país. La pugna entre los que gozamos de los beneficios de la situación actual y los que nada tienen viene de muy lejos, no nació el 2 de julio, cualquiera de los dos candidatos que el Tribunal señale como ganador tendrá que entender que atacar este problema de la miseria es prioridad nacional y es quizá la única garantía de la paz social que necesitamos para crecer de un modo mucho más armónico que el actual. De AMLO podemos opinar muchas cosas buenas y malas, pero su diagnóstico de que estamos creciendo mal e incentivando la miseria es una verdad inobjetable que Felipe tendrá que tomar en cuenta en caso de que el Tribunal lo declare ganador. Todavía falta un buen número de días para este veredicto. Nosotros como Kalimán necesitamos serenidad y paciencia. Además, hay muchas cosas qué hacer, mucha vida por vivir y muchas tareas qué cumplir.
Estimados integrantes del TEPJF, trabajen con calma y actúen con justicia. Los ciudadanos, los verdaderos ciudadanos, esperamos sosegados el veredicto y a él nos atendremos.
[..]
german@plazadelangel.com.mx
18 de julio de 2006
Agitación en México
El País (España)
Editorial
18-07-2006
Si no se impone el sentido común, a México le esperan semanas de agitación antes de que el Tribunal Federal Electoral se pronuncie inapelablemente -el 6 de septiembre es la fecha límite- sobre la validez del resultado que ha otorgado la victoria en las elecciones presidenciales al candidato conservador, Felipe Calderón, y que impugna, también en la calle, su rival centroizquierdista, Andrés Manuel López Obrador.
El derrotado candidato populista tiene todo el derecho a disputar los resultados de unos comicios tan ajustados. Pero ese trabajo corresponde a un tribunal especial de siete jueces, con amplios poderes y sin dependencias partidistas o gubernamentales conocidas. Pretender trasladar la reivindicación a la calle, manteniendo en estado de agitación a centenares de miles de personas, es una política irresponsable. No sólo porque hay una clara presunción de validez en los comicios ganados por Calderón, y los jueces tendrían que hallar indicios extraordinarios de manipulación para declarar inválida la elección del 2 de julio. También, y más importante, porque las protestas y manifestaciones pacíficas desarrolladas hasta ahora por los seguidores de Obrador -la última, masiva, el domingo en la capital federal- podrían torcerse en cualquier momento. El artificial antagonismo a ultranza entre ambos dirigentes, que comienza a adueñarse de las calles, conduce exclusivamente al enfrentamiento.
México necesita por encima de todo un líder con un mandato fuerte que impulse su incipiente transición democrática y las imprescindibles y muy serias reformas políticas y económicas pendientes. Que la decisión final sobre quién sea éste deba adoptarla un tribunal electoral no es lo ideal, pero sólo refleja los inusitadamente apretados resultados del 2 de julio. Resultados, sin embargo, que los representantes de López Obrador firmaron en muchos de los colegios electorales cuyo recuento ahora impugna el ex alcalde de la capital mexicana.
A la postre, el punto muerto actual muestra el progreso hecho por las instituciones de un país en el que a lo largo de buena parte del siglo pasado se manipularon de forma bochornosa sus elecciones en favor del partido con el monopolio del poder. México se enfrenta estos días a un problema no muy diferente en su origen al que afrontó el año 2000 Estados Unidos, su vecino imperial. Y en algunos aspectos decisivos ha hecho reformas electorales que deberían ser vistas con envidia en la todavía confusa jungla de las presidenciales estadounidenses. En los países con instituciones solventes de arbitraje, las elecciones no se ganan en la calle.
Editorial
18-07-2006
Si no se impone el sentido común, a México le esperan semanas de agitación antes de que el Tribunal Federal Electoral se pronuncie inapelablemente -el 6 de septiembre es la fecha límite- sobre la validez del resultado que ha otorgado la victoria en las elecciones presidenciales al candidato conservador, Felipe Calderón, y que impugna, también en la calle, su rival centroizquierdista, Andrés Manuel López Obrador.
El derrotado candidato populista tiene todo el derecho a disputar los resultados de unos comicios tan ajustados. Pero ese trabajo corresponde a un tribunal especial de siete jueces, con amplios poderes y sin dependencias partidistas o gubernamentales conocidas. Pretender trasladar la reivindicación a la calle, manteniendo en estado de agitación a centenares de miles de personas, es una política irresponsable. No sólo porque hay una clara presunción de validez en los comicios ganados por Calderón, y los jueces tendrían que hallar indicios extraordinarios de manipulación para declarar inválida la elección del 2 de julio. También, y más importante, porque las protestas y manifestaciones pacíficas desarrolladas hasta ahora por los seguidores de Obrador -la última, masiva, el domingo en la capital federal- podrían torcerse en cualquier momento. El artificial antagonismo a ultranza entre ambos dirigentes, que comienza a adueñarse de las calles, conduce exclusivamente al enfrentamiento.
México necesita por encima de todo un líder con un mandato fuerte que impulse su incipiente transición democrática y las imprescindibles y muy serias reformas políticas y económicas pendientes. Que la decisión final sobre quién sea éste deba adoptarla un tribunal electoral no es lo ideal, pero sólo refleja los inusitadamente apretados resultados del 2 de julio. Resultados, sin embargo, que los representantes de López Obrador firmaron en muchos de los colegios electorales cuyo recuento ahora impugna el ex alcalde de la capital mexicana.
A la postre, el punto muerto actual muestra el progreso hecho por las instituciones de un país en el que a lo largo de buena parte del siglo pasado se manipularon de forma bochornosa sus elecciones en favor del partido con el monopolio del poder. México se enfrenta estos días a un problema no muy diferente en su origen al que afrontó el año 2000 Estados Unidos, su vecino imperial. Y en algunos aspectos decisivos ha hecho reformas electorales que deberían ser vistas con envidia en la todavía confusa jungla de las presidenciales estadounidenses. En los países con instituciones solventes de arbitraje, las elecciones no se ganan en la calle.
Is victory worth any cost?
USA Today (Estados Unidos)
Editorial/Opinion
7/17/2006
Ever since the July 2 election in Mexico, leftist candidate Andrés Manuel López Obrador has been crying foul. The results had him being narrowly overtaken by rightist candidate Felipe Calderón in the final hours of counting. He suspects fraud and wants a recount.
Americans can relate. In 2000, Republican George W. Bush and Democrat Al Gore sparred over the Florida results for more than a month before the U.S. Supreme Court stepped in.
But López Obrador has gone one step further than Gore did. Not only is he demanding a recount, he is organizing civil resistance campaigns to pressure Mexico's election court to grant him one. Those efforts, which reached a fever pitch with a huge rally in Mexico City on Sunday, show a destructive win-at-all-costs attitude that could undermine respect for Mexico's nascent democratic institutions. Extended political turmoil or violence could also undermine Mexico's economy, sending even more illegal immigrants into the USA.
López Obrador is, of course, within his rights to seek a recount and to make the case for such an action in the court of public opinion. And, at the end of the day, it is not inconceivable that the court will side with him. He might even be declared the winner after a recount.
But he crosses a line when he tries to pressure or intimidate the court into granting a recount by putting large numbers of supporters on the streets and making unsubstantiated claims of fraud.
Mexico, though, might yet settle the election with more dignity than some local, state and federal officials displayed in Florida's fracas. It has a specially created seven-member election court empowered to decide when, where and whether recounts are in order.
This type of system can get around a major issue in Florida, which was whether it was fair to conduct recounts only in jurisdictions chosen by the Gore campaign, and where local election officials were sympathetic to his cause. It also would bypass blatantly partisan election officials such as Katherine Harris, Florida's secretary of state and now member of Congress, who showed scant interest in neutrality or integrity.
But like any other court, Mexico's election court needs to be seen as impartial and insulated from political pressure. López Obrador's actions ill serve that cause.
They also raise serious questions about his commitment to truthfulness. As evidence of the alleged fraud, he recently showed a video of a man putting multiple ballots in a box. But the man was quickly identified as a legitimate election official transferring presidential ballots mistakenly placed in a legislative ballot box. If he was not intent on fanning the flames of partisan and class discontent, López Obrador would have investigated the video before making such claims.
Gore realized there was a time to fight and a time to concede. So did Richard Nixon, who did not even challenge his narrow loss in 1960 despite evidence of vote rigging in Illinois. Both put the nation's interests above personal ambition. As he weighs his next move, López Obrador would do well to heed their example.
Editorial/Opinion
7/17/2006
Ever since the July 2 election in Mexico, leftist candidate Andrés Manuel López Obrador has been crying foul. The results had him being narrowly overtaken by rightist candidate Felipe Calderón in the final hours of counting. He suspects fraud and wants a recount.
Americans can relate. In 2000, Republican George W. Bush and Democrat Al Gore sparred over the Florida results for more than a month before the U.S. Supreme Court stepped in.
But López Obrador has gone one step further than Gore did. Not only is he demanding a recount, he is organizing civil resistance campaigns to pressure Mexico's election court to grant him one. Those efforts, which reached a fever pitch with a huge rally in Mexico City on Sunday, show a destructive win-at-all-costs attitude that could undermine respect for Mexico's nascent democratic institutions. Extended political turmoil or violence could also undermine Mexico's economy, sending even more illegal immigrants into the USA.
López Obrador is, of course, within his rights to seek a recount and to make the case for such an action in the court of public opinion. And, at the end of the day, it is not inconceivable that the court will side with him. He might even be declared the winner after a recount.
But he crosses a line when he tries to pressure or intimidate the court into granting a recount by putting large numbers of supporters on the streets and making unsubstantiated claims of fraud.
Mexico, though, might yet settle the election with more dignity than some local, state and federal officials displayed in Florida's fracas. It has a specially created seven-member election court empowered to decide when, where and whether recounts are in order.
This type of system can get around a major issue in Florida, which was whether it was fair to conduct recounts only in jurisdictions chosen by the Gore campaign, and where local election officials were sympathetic to his cause. It also would bypass blatantly partisan election officials such as Katherine Harris, Florida's secretary of state and now member of Congress, who showed scant interest in neutrality or integrity.
But like any other court, Mexico's election court needs to be seen as impartial and insulated from political pressure. López Obrador's actions ill serve that cause.
They also raise serious questions about his commitment to truthfulness. As evidence of the alleged fraud, he recently showed a video of a man putting multiple ballots in a box. But the man was quickly identified as a legitimate election official transferring presidential ballots mistakenly placed in a legislative ballot box. If he was not intent on fanning the flames of partisan and class discontent, López Obrador would have investigated the video before making such claims.
Gore realized there was a time to fight and a time to concede. So did Richard Nixon, who did not even challenge his narrow loss in 1960 despite evidence of vote rigging in Illinois. Both put the nation's interests above personal ambition. As he weighs his next move, López Obrador would do well to heed their example.
Estrategias de presión
Yuriria Sierra
Excélsior - Nudo gordiano
18-07-06
En estos días hemos podido ver que las estrategias de presión por varios frentes se basan en todo tipo de "argucias" (como dice —y dice bien— nuestro querido Jorge Fernández Menéndez). Y es que, sin duda, la confusión es un total caldo de cultivo para la desinformación o la manipulación declarativa que sólo buscan presionar. Ahí le van unos ejemplos...
La "asamblea informativa": Se trata en realidad de una megamanifestación que tiene por objetivo impresionar al TEPJF mientras realiza su evaluación de las impugnaciones. Es un hecho que el tono de amenaza utilizado por AMLO ha ido creciendo en la medida en que las supuestas "pruebas de fraude" han ido demostrando su invalidez (o su franca tontería). Más aún, en la megamarcha del domingo, López Obrador se permitió lanzar una amenaza contra el candidato ganador y su familia. "Le recomiendo, por él, por sus familiares, por su gente más cercana, piense muy bien que la mancha de una elección fraudulenta no se borra ni con todas las aguas de los océanos". ¿Recomendación o burda amenaza, advertencia? ¿Y cuál será el llamado, en qué consistirá la denominada "resistencia civil pacífica"?
Los paquetes "abiertos": Otra de ellas tiene que ver con la supuesta apertura de los paquetes electorales en las juntas distritales, que denunciaron Andrés Manuel López Obrador y algunos miembros de la coalición Por el Bien de Todos. Al respecto, el IFE responde, en un boletín de prensa, lo siguiente:
"Desde que concluyeron los cómputos distritales, los sobres con los votos emitidos por los ciudadanos han permanecido sellados dentro de las 300 Juntas Distritales del IFE, bajo resguardo de las Fuerzas Armadas. Los Consejos Distritales del IFE obtuvieron de los paquetes electorales los documentos necesarios para integrar los expedientes que, por ley, debieron presentarse ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), dejando intactos los sobres sellados con los votos".
¿Y eso qué quiere decir? Que los paquetes que se abrieron fue para que el TEPJF pueda hacer su chamba en el estudio de las impugnaciones que presentaron todos los interesados (principalmente la coalición Por el Bien de Todos), pero los sobres contienen los votos que emitimos los ciudadanos el pasado 2 de julio. Así pues, nada de "fraude a la antigüita", según lo proclamó El Peje en días pasados. Así que los funcionarios del IFE no son ningunos "delincuentes electorales", como los llamó El Peje. ¿Acaso también lo serían las Fuerzas Armadas que resguardan las juntas distritales?
Y hablando de presiones: Aunque no es nuestro tema, nos contaban quienes saben de esos asuntos que, en torno a la nota de Dow Jones que circulaba ayer sobre la demanda de quiebra forzada interpuesta por Gramercy en contra de Iusacell, se puede ver una estrategia para presionar a la empresa telefónica con el objetivo de obtener condiciones preferenciales a las que Iusacell utilizó para reestructurar su deuda. De la cual, por cierto, los fondos administrados por Gramercy no llegan a seis por ciento.
Corolario: ¿Cómo se puede reaccionar cuando las minorías intensas se ponen encima de las mayorías para presionarlas? Porque no podemos olvidar que 65% de los electores no votaron por AMLO ni todos los maestros de Oaxaca han saboteado la Guelaguetza, por ejemplo.
yuriria_sierra@yahoo.com
Excélsior - Nudo gordiano
18-07-06
En estos días hemos podido ver que las estrategias de presión por varios frentes se basan en todo tipo de "argucias" (como dice —y dice bien— nuestro querido Jorge Fernández Menéndez). Y es que, sin duda, la confusión es un total caldo de cultivo para la desinformación o la manipulación declarativa que sólo buscan presionar. Ahí le van unos ejemplos...
La "asamblea informativa": Se trata en realidad de una megamanifestación que tiene por objetivo impresionar al TEPJF mientras realiza su evaluación de las impugnaciones. Es un hecho que el tono de amenaza utilizado por AMLO ha ido creciendo en la medida en que las supuestas "pruebas de fraude" han ido demostrando su invalidez (o su franca tontería). Más aún, en la megamarcha del domingo, López Obrador se permitió lanzar una amenaza contra el candidato ganador y su familia. "Le recomiendo, por él, por sus familiares, por su gente más cercana, piense muy bien que la mancha de una elección fraudulenta no se borra ni con todas las aguas de los océanos". ¿Recomendación o burda amenaza, advertencia? ¿Y cuál será el llamado, en qué consistirá la denominada "resistencia civil pacífica"?
Los paquetes "abiertos": Otra de ellas tiene que ver con la supuesta apertura de los paquetes electorales en las juntas distritales, que denunciaron Andrés Manuel López Obrador y algunos miembros de la coalición Por el Bien de Todos. Al respecto, el IFE responde, en un boletín de prensa, lo siguiente:
"Desde que concluyeron los cómputos distritales, los sobres con los votos emitidos por los ciudadanos han permanecido sellados dentro de las 300 Juntas Distritales del IFE, bajo resguardo de las Fuerzas Armadas. Los Consejos Distritales del IFE obtuvieron de los paquetes electorales los documentos necesarios para integrar los expedientes que, por ley, debieron presentarse ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), dejando intactos los sobres sellados con los votos".
¿Y eso qué quiere decir? Que los paquetes que se abrieron fue para que el TEPJF pueda hacer su chamba en el estudio de las impugnaciones que presentaron todos los interesados (principalmente la coalición Por el Bien de Todos), pero los sobres contienen los votos que emitimos los ciudadanos el pasado 2 de julio. Así pues, nada de "fraude a la antigüita", según lo proclamó El Peje en días pasados. Así que los funcionarios del IFE no son ningunos "delincuentes electorales", como los llamó El Peje. ¿Acaso también lo serían las Fuerzas Armadas que resguardan las juntas distritales?
Y hablando de presiones: Aunque no es nuestro tema, nos contaban quienes saben de esos asuntos que, en torno a la nota de Dow Jones que circulaba ayer sobre la demanda de quiebra forzada interpuesta por Gramercy en contra de Iusacell, se puede ver una estrategia para presionar a la empresa telefónica con el objetivo de obtener condiciones preferenciales a las que Iusacell utilizó para reestructurar su deuda. De la cual, por cierto, los fondos administrados por Gramercy no llegan a seis por ciento.
Corolario: ¿Cómo se puede reaccionar cuando las minorías intensas se ponen encima de las mayorías para presionarlas? Porque no podemos olvidar que 65% de los electores no votaron por AMLO ni todos los maestros de Oaxaca han saboteado la Guelaguetza, por ejemplo.
yuriria_sierra@yahoo.com
¿Un fanático sedicioso?
Leo Zuckermann
Excélsior - Juegos de poder
18-07-06
Nunca he considerado mis argumentos como verdades absolutas. Por ello, siempre he acompañado esta columna con mi correo electrónico para escuchar lo que tienen que decirme los lectores. En no pocas ocasiones, me he enfrascado en buenas discusiones con gente que tiene opiniones diferentes de las mías. A veces me han convencido.
Comento esto porque, durante toda la campaña electoral, un ciudadano enamorado de López Obrador se dedicó a mandarme correos cuando me atrevía a criticar a este candidato. La consigna era clara: al perredista no había que tocarlo ni con el pétalo de una rosa. AMLO no podía equivocarse, y punto. Por cierto, cuando le daba la razón a su héroe, el susodicho enviaba con prontitud un correo alabando mis dotes analíticas.
Al principio, decidí establecer una comunicación con esta persona. Correo que venía, correo que le contestaba tratando de razonar con mis argumentos. Sin embargo, pronto me di cuenta de que no me estaba escuchando. Un estimado colega —que vio los intercambios porque el personaje en cuestión mandaba sus escritos con copia a una larga lista de comunicadores, analistas y amigos— me sugirió un día que ya no le respondiera porque él había hecho lo mismo y había resultado un caso perdido.
Tenía razón: el susodicho no razonaba; actuaba por consigna. Rumbo al final de la campaña, encontré un correo de él (mantengo en secreto su nombre porque creo en el derecho que tienen los ciudadanos a la privacidad) donde le enviaba a sus amigos una lista de todos los analistas "decididamente antipejes", considerados "fanáticos" o "vendidos", a quienes había que desenmascarar ante la opinión pública. Nótese ya el nivel de intolerancia.
En estos últimos días en que he criticado a AMLO por hacer realidad el miedo que de él tenían muchos mexicanos, vino una nueva andanada de correos donde el mismo personaje me pide que "no fomente más el odio y la crispación". Uno de sus amigos lo apoyó diciendo: "La actitud de personajes como el señor Zuckermann ha creado un clima de incivilidad que puede llevar a la violencia de cualquier otro fanático, por lo que hay que hacerlos responsables de ello si así ocurriera". Ahora resulta que, por decir lo que pienso, soy un fanático sedicioso que podría ser responsable de los posibles actos de otros fanáticos. ¿En contra de quién? ¿Me incluyo en la lista?
En el proceso de discutir y resolver nuestras diferencias, los individuos tenemos cuatro opciones:
1. Escucho los argumentos de otros y estoy dispuesto a que me convenzan si éstos son mejores que los míos.
2. Escucho los argumentos de otros, pero de ninguna forma me dejo convencer porque de entrada mi postura es la mejor de todas.
3. Ni siquiera escucho los argumentos de otros porque no vale la pena hacerlo.
4. Escucho a los otros pero exijo que se callen la boca porque sus argumentos son sediciosos y, de pasada, los amenazo.
En lo personal, siempre he estado comprometido con la primera opción, pero, en esta labor de analista, a veces he tenido que enfrentarme con gente que ejerce segunda, tercera y cuarta. A estos últimos les reitero que no me van a amedrentar y solicito que busquen a los culpables de la crispación actual en los políticos y no en quienes los analizamos.
leo.zuckermann@cide.edu
Excélsior - Juegos de poder
18-07-06
Nunca he considerado mis argumentos como verdades absolutas. Por ello, siempre he acompañado esta columna con mi correo electrónico para escuchar lo que tienen que decirme los lectores. En no pocas ocasiones, me he enfrascado en buenas discusiones con gente que tiene opiniones diferentes de las mías. A veces me han convencido.
Comento esto porque, durante toda la campaña electoral, un ciudadano enamorado de López Obrador se dedicó a mandarme correos cuando me atrevía a criticar a este candidato. La consigna era clara: al perredista no había que tocarlo ni con el pétalo de una rosa. AMLO no podía equivocarse, y punto. Por cierto, cuando le daba la razón a su héroe, el susodicho enviaba con prontitud un correo alabando mis dotes analíticas.
Al principio, decidí establecer una comunicación con esta persona. Correo que venía, correo que le contestaba tratando de razonar con mis argumentos. Sin embargo, pronto me di cuenta de que no me estaba escuchando. Un estimado colega —que vio los intercambios porque el personaje en cuestión mandaba sus escritos con copia a una larga lista de comunicadores, analistas y amigos— me sugirió un día que ya no le respondiera porque él había hecho lo mismo y había resultado un caso perdido.
Tenía razón: el susodicho no razonaba; actuaba por consigna. Rumbo al final de la campaña, encontré un correo de él (mantengo en secreto su nombre porque creo en el derecho que tienen los ciudadanos a la privacidad) donde le enviaba a sus amigos una lista de todos los analistas "decididamente antipejes", considerados "fanáticos" o "vendidos", a quienes había que desenmascarar ante la opinión pública. Nótese ya el nivel de intolerancia.
En estos últimos días en que he criticado a AMLO por hacer realidad el miedo que de él tenían muchos mexicanos, vino una nueva andanada de correos donde el mismo personaje me pide que "no fomente más el odio y la crispación". Uno de sus amigos lo apoyó diciendo: "La actitud de personajes como el señor Zuckermann ha creado un clima de incivilidad que puede llevar a la violencia de cualquier otro fanático, por lo que hay que hacerlos responsables de ello si así ocurriera". Ahora resulta que, por decir lo que pienso, soy un fanático sedicioso que podría ser responsable de los posibles actos de otros fanáticos. ¿En contra de quién? ¿Me incluyo en la lista?
En el proceso de discutir y resolver nuestras diferencias, los individuos tenemos cuatro opciones:
1. Escucho los argumentos de otros y estoy dispuesto a que me convenzan si éstos son mejores que los míos.
2. Escucho los argumentos de otros, pero de ninguna forma me dejo convencer porque de entrada mi postura es la mejor de todas.
3. Ni siquiera escucho los argumentos de otros porque no vale la pena hacerlo.
4. Escucho a los otros pero exijo que se callen la boca porque sus argumentos son sediciosos y, de pasada, los amenazo.
En lo personal, siempre he estado comprometido con la primera opción, pero, en esta labor de analista, a veces he tenido que enfrentarme con gente que ejerce segunda, tercera y cuarta. A estos últimos les reitero que no me van a amedrentar y solicito que busquen a los culpables de la crispación actual en los políticos y no en quienes los analizamos.
leo.zuckermann@cide.edu
Diálogo y negociación, ¿con quién?
Jorge Fernández Menéndez
Excélsior - Razones
18-07-06
En la "asamblea informativa" del domingo (¿cómo hizo la SSP-DF para calcular un millón 200 mil manifestantes cuando, con motivo de la marcha contra la inseguridad, ellos mismos dijeron que en el Zócalo caben, como máximo, 180 mil personas?), López Obrador elevó un nivel más la escalada declarativa: ya no sólo desconoció a las autoridades electorales, ya no sólo aseguró que hubo un fraude generalizado en la elección, sino que, además, llamó a la "resistencia civil pacífica", igual que cuando ordenó tomar los pozos petroleros en Tabasco. Y una vez más todo lo hizo sin mostrar una sola prueba de sus dichos: había asegurado que este domingo mostraría pruebas del fraude y no hubo tal, las pruebas deben estar guardadas en la misma caja fuerte en la que está escondida la famosa encuesta que nadie conoció y que le daba diez puntos de ventaja. Tampoco ha mostrado pruebas en su impugnación ante el Tribunal: como ya lo hemos comentado, lo que se presentó son 800 páginas de opiniones imposibles de documentar como pruebas y que van desde acusaciones a cantantes de corridos por mofarse de El Peje hasta quejas porque algún comunicador criticó al candidato. En ese contexto, resulta inconcebible que gente seria como Carlos Monsiváis se termine prestando ya no sólo a apoyar esta opereta de mala calidad y sin sustento ético alguno, sino también prestándose a la guerra sucia contra Patricia Mercado e incluso siendo "orador" en los mítines del ex candidato perredista.
Las demandas de López Obrador no pueden atenderse como él lo pide. Tiene, por supuesto, todo el derecho a recurrir al Tribunal Electoral, pero no tiene derecho a decir que incluso si le conceden su exigencia de contar, nuevamente, voto por voto, no reconocerá el resultado si él no es el ganador, porque la elección ya es "ilegítima". No tiene derecho a considerar ilegítima una elección que fue en muchos sentidos ejemplar, como la enorme mayoría de los observadores nacionales e internacionales la calificaron. No tiene derecho a exigir que se cuente voto por voto, cuando ya en dos ocasiones se hizo ese conteo, además de que, como han señalado muchos observadores, si se consintiera ese capricho (porque al no tener una sola prueba del supuesto fraude la petición no puede calificarse de otra manera), se descalificaría todo el sistema electoral mexicano y la participación de la ciudadanía: el conteo se realiza de esta manera, por ciudadanos observados por representantes de todos los partidos, en cada una de las 135 mil casillas, para evitar que, como en el pasado, se pudieran concentrar todos los votos en un solo ámbito y, además, para que el conteo sea lo más democrático y amplio posible. Esa participación ciudadana es la base del sistema electoral que hemos construido a lo largo de casi 30 años de transición. Y ese sistema es el que se quiere cargar López Obrador porque no puede aceptar que perdió. Si ese sistema se ha corrompido, según el propio ex candidato, entonces, ¿quién contará los 44 millones de votos?, ¿los siete miembros del Tribunal? Además, ¿por qué se tiene que aceptar un nuevo conteo que resulta ser, precisamente, una de las causas de nulidad de la elección, como ocurrió en Tabasco en 2000? Y, por último, ¿qué sentido tiene aceptar el capricho si, finalmente, el propio AMLO dice que si no lo favorece el resultado no lo aceptará? Insistimos, López Obrador lo que quiere es literalmente tomar el poder, hacerse de él, con o sin elecciones, con o sin instituciones. Si tuviera un sector militar que lo apoyara, en nada se diferenciaría de Hugo Chávez.
Por eso la demanda de contar voto por voto, que incluso personajes serios han avalado como una forma de concluir con este intento de crisis, resulta inviable en términos de política real. Lo mismo que la demanda, que también han hecho personajes serios, responsables, de que Felipe Calderón se siente a "platicar" con el tabasqueño. En principio, nadie podría estar en desacuerdo con que la política es, en esencia, la capacidad de diálogo, de establecer acuerdos incluso para procesar los desacuerdos, el establecimiento de reglas comunes que sólo se pueden compartir si fueron previamente asumidas por los diferentes actores, la instrumentación de los principios con base en lo posible. Todo eso y más es la política, pero, ¿cómo dialogar con alguien que se niega a hacerlo?, ¿cómo dialogar con un personaje que no acepta ninguna otra salida a la situación que él mismo ha creado, como no sea la entrega del poder en sus manos?, ¿cómo dialogar con un hombre que no conoce ni acepta reglas ni espacios para ese diálogo? La intención es buena, pero el problema es que López Obrador no quiere dialogar y nunca ha querido, no es un síntoma nuevo de una personalidad de por sí difícil de analizar y encuadrar. No quiso dialogar jamás en Tabasco ni dentro ni fuera del PRI; no quiso dialogar como presidente del PRD; no quiso dialogar como jefe de Gobierno del DF (en los cinco años que estuvo al frente de esa dependencia jamás se reunió, ni una sola vez, con los partidos de oposición en la capital); no quiso dialogar como precandidato, y los que ahora le reprochan a Cuauhtémoc Cárdenas que no hubiera apoyado con entusiasmo a López Obrador olvidan que el tabasqueño no quiso ni sentarse a dialogar con Cárdenas y mucho menos debatir, ya no la candidatura sino, como pedía Cárdenas, la propuesta de programa partidario; no quiso dialogar como candidato con sus iguales e incluso se negó a ir a uno de los debates.
Ahora, en torno a la jornada electoral dijo, primero, que reconocía el resultado y no lo ha hecho; en la propia elección jamás se presentó una queja de irregularidades, tampoco en el conteo, hasta que descubrió que había perdido y todo se convirtió en un inmenso fraude. Impugna ante el TEPJF, pero dice que aceptará el resultado sólo si él gana. ¿Qué se puede negociar con López Obrador como no sea la graciosa entrega del poder en sus manos?
www.nuevoexcelsior.com.mx/jfernandez
www.mexicoconfidencial.com
Excélsior - Razones
18-07-06
En la "asamblea informativa" del domingo (¿cómo hizo la SSP-DF para calcular un millón 200 mil manifestantes cuando, con motivo de la marcha contra la inseguridad, ellos mismos dijeron que en el Zócalo caben, como máximo, 180 mil personas?), López Obrador elevó un nivel más la escalada declarativa: ya no sólo desconoció a las autoridades electorales, ya no sólo aseguró que hubo un fraude generalizado en la elección, sino que, además, llamó a la "resistencia civil pacífica", igual que cuando ordenó tomar los pozos petroleros en Tabasco. Y una vez más todo lo hizo sin mostrar una sola prueba de sus dichos: había asegurado que este domingo mostraría pruebas del fraude y no hubo tal, las pruebas deben estar guardadas en la misma caja fuerte en la que está escondida la famosa encuesta que nadie conoció y que le daba diez puntos de ventaja. Tampoco ha mostrado pruebas en su impugnación ante el Tribunal: como ya lo hemos comentado, lo que se presentó son 800 páginas de opiniones imposibles de documentar como pruebas y que van desde acusaciones a cantantes de corridos por mofarse de El Peje hasta quejas porque algún comunicador criticó al candidato. En ese contexto, resulta inconcebible que gente seria como Carlos Monsiváis se termine prestando ya no sólo a apoyar esta opereta de mala calidad y sin sustento ético alguno, sino también prestándose a la guerra sucia contra Patricia Mercado e incluso siendo "orador" en los mítines del ex candidato perredista.
Las demandas de López Obrador no pueden atenderse como él lo pide. Tiene, por supuesto, todo el derecho a recurrir al Tribunal Electoral, pero no tiene derecho a decir que incluso si le conceden su exigencia de contar, nuevamente, voto por voto, no reconocerá el resultado si él no es el ganador, porque la elección ya es "ilegítima". No tiene derecho a considerar ilegítima una elección que fue en muchos sentidos ejemplar, como la enorme mayoría de los observadores nacionales e internacionales la calificaron. No tiene derecho a exigir que se cuente voto por voto, cuando ya en dos ocasiones se hizo ese conteo, además de que, como han señalado muchos observadores, si se consintiera ese capricho (porque al no tener una sola prueba del supuesto fraude la petición no puede calificarse de otra manera), se descalificaría todo el sistema electoral mexicano y la participación de la ciudadanía: el conteo se realiza de esta manera, por ciudadanos observados por representantes de todos los partidos, en cada una de las 135 mil casillas, para evitar que, como en el pasado, se pudieran concentrar todos los votos en un solo ámbito y, además, para que el conteo sea lo más democrático y amplio posible. Esa participación ciudadana es la base del sistema electoral que hemos construido a lo largo de casi 30 años de transición. Y ese sistema es el que se quiere cargar López Obrador porque no puede aceptar que perdió. Si ese sistema se ha corrompido, según el propio ex candidato, entonces, ¿quién contará los 44 millones de votos?, ¿los siete miembros del Tribunal? Además, ¿por qué se tiene que aceptar un nuevo conteo que resulta ser, precisamente, una de las causas de nulidad de la elección, como ocurrió en Tabasco en 2000? Y, por último, ¿qué sentido tiene aceptar el capricho si, finalmente, el propio AMLO dice que si no lo favorece el resultado no lo aceptará? Insistimos, López Obrador lo que quiere es literalmente tomar el poder, hacerse de él, con o sin elecciones, con o sin instituciones. Si tuviera un sector militar que lo apoyara, en nada se diferenciaría de Hugo Chávez.
Por eso la demanda de contar voto por voto, que incluso personajes serios han avalado como una forma de concluir con este intento de crisis, resulta inviable en términos de política real. Lo mismo que la demanda, que también han hecho personajes serios, responsables, de que Felipe Calderón se siente a "platicar" con el tabasqueño. En principio, nadie podría estar en desacuerdo con que la política es, en esencia, la capacidad de diálogo, de establecer acuerdos incluso para procesar los desacuerdos, el establecimiento de reglas comunes que sólo se pueden compartir si fueron previamente asumidas por los diferentes actores, la instrumentación de los principios con base en lo posible. Todo eso y más es la política, pero, ¿cómo dialogar con alguien que se niega a hacerlo?, ¿cómo dialogar con un personaje que no acepta ninguna otra salida a la situación que él mismo ha creado, como no sea la entrega del poder en sus manos?, ¿cómo dialogar con un hombre que no conoce ni acepta reglas ni espacios para ese diálogo? La intención es buena, pero el problema es que López Obrador no quiere dialogar y nunca ha querido, no es un síntoma nuevo de una personalidad de por sí difícil de analizar y encuadrar. No quiso dialogar jamás en Tabasco ni dentro ni fuera del PRI; no quiso dialogar como presidente del PRD; no quiso dialogar como jefe de Gobierno del DF (en los cinco años que estuvo al frente de esa dependencia jamás se reunió, ni una sola vez, con los partidos de oposición en la capital); no quiso dialogar como precandidato, y los que ahora le reprochan a Cuauhtémoc Cárdenas que no hubiera apoyado con entusiasmo a López Obrador olvidan que el tabasqueño no quiso ni sentarse a dialogar con Cárdenas y mucho menos debatir, ya no la candidatura sino, como pedía Cárdenas, la propuesta de programa partidario; no quiso dialogar como candidato con sus iguales e incluso se negó a ir a uno de los debates.
Ahora, en torno a la jornada electoral dijo, primero, que reconocía el resultado y no lo ha hecho; en la propia elección jamás se presentó una queja de irregularidades, tampoco en el conteo, hasta que descubrió que había perdido y todo se convirtió en un inmenso fraude. Impugna ante el TEPJF, pero dice que aceptará el resultado sólo si él gana. ¿Qué se puede negociar con López Obrador como no sea la graciosa entrega del poder en sus manos?
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Golpe a la democracia
Macario Schettino
El Universal
18 de julio de 2006
Construir la democracia no ha sido fácil en México. He insistido en varias ocasiones en que no hemos terminado el proceso, y me parece que lo que hoy vivimos es un buen ejemplo de ello. A diferencia de lo que opinan algunos colegas, a mí me parece que lo que está haciendo Andrés Manuel López Obrador es un claro ataque a la democracia.
No creo que pueda llamarse distinto al intento de golpe que va construyendo, todo con base en mentiras, o en medias verdades, si quiere usted. No ha podido probar, hasta el momento, ninguna de las afirmaciones que ha hecho sobre el proceso electoral. No obstante, éstas van creciendo en intensidad. El 2 de julio, la elección había sido limpia; hoy ya es un cochinero.
Me dicen que AMLO sigue jugando dentro de las reglas, porque ha impugnado ante el tribunal. Pero es necesaria mucha ingenuidad para creer en esto. La impugnación no tiene nada que ver con el discurso. Para solicitar el ya famoso "voto por voto", lo que argumentan es la nulidad de la elección. Dicho de otra forma, lo que López Obrador le dice a sus seguidores en sus grandes marchas, o a través de los medios de comunicación, no tiene relación alguna con lo solicitado al tribunal. Y lo que se pidió a éste no es otra cosa que anular la elección presidencial. ¿Dónde está la democracia en esto?
Para los colegas que pecan de ingenuidad, permítame un ejercicio mental. Supongamos que el tribunal decida contar los votos. ¿Quién cuenta? No los comités distritales, a los que ya calificó López Obrador de tramposos. Mucho menos el resto del IFE. ¿Quién entonces? Si un nuevo conteo se realizase, López Obrador lo impugnaría, porque nadie es confiable para contar. De hecho, ya dijo con toda claridad que ese conteo no sería aceptable a menos que sea él el ganador. Si fuese Calderón, sería espurio. ¿En verdad creen que este señor es demócrata?
Los votos se cuentan en México el día de la elección. Después de eso, son las actas la prueba jurídica. Y esto es así porque en los tiempos del régimen de la Revolución, las urnas se rellenaban en el camino al comité distrital. Lo que da certeza es, precisamente, que los votos fueron contados por ciudadanos, vecinos de la casilla, sorteados para participar en el proceso. Y que son vigilados por representantes de todos los partidos involucrados, además de por observadores, incluso extranjeros.
El domingo 2 de julio eso fue lo que se hizo y no hubo, prácticamente, irregularidades. El conteo en los distritos corrigió cosa de 3 mil casillas, es decir, un millón de votos, y el resultado fue un millar más de votos para Calderón. Una modificación de uno al millar. Esto, aplicado a todos los votos del país, significa un cambio de 40 mil votos, insuficiente para que el resultado se modifique.
Por eso AMLO no tiene mayor interés en que se cuenten los votos. Eso no es lo que realmente está pidiendo al Tribunal. Y por eso no aporta pruebas concretas, sino que construye rumores e infundios. Y en este juego doble ha tenido algo de éxito en sembrar de dudas la votación. ¿Cómo mejora la democracia con esto?
López Obrador es un autoritario, no un demócrata. Nunca lo ha sido, y eso lo podrían testificar sus compañeros en el Partido de la Revolución Democrática, si tuviesen un poco de dignidad. Sobran ejemplos en su tránsito como presidente del partido y después como jefe de Gobierno del DF. Pero la lucha por el poder y el privilegio eclipsa la razón, no hay duda. Hay, por cierto, decenas de "intelectuales" eclipsados. Basta para ellos la voz del señor, las pruebas no se requieren.
Andrés Manuel López Obrador está intentando un golpe a la democracia. No sólo ha despotricado contra el Instituto Federal Electoral, los otros partidos, los empresarios, los ciudadanos e incluso sus seguidores. Ahora pretende desacreditar al tribunal, porque a éste no le aportó pruebas que permitan modificar algo. Y cuando el tribunal valide la elección, López lo hará parte del complot.
Lo dijimos desde antes: López Obrador representa el pasado. No la democracia y el desarrollo, sino el autoritarismo paternalista. Y ya tuvimos medio siglo de eso, y no sirvió para nada.
macario@macarios.com.mx
Profesor de la EGAP del ITESM-CCM
El Universal
18 de julio de 2006
Construir la democracia no ha sido fácil en México. He insistido en varias ocasiones en que no hemos terminado el proceso, y me parece que lo que hoy vivimos es un buen ejemplo de ello. A diferencia de lo que opinan algunos colegas, a mí me parece que lo que está haciendo Andrés Manuel López Obrador es un claro ataque a la democracia.
No creo que pueda llamarse distinto al intento de golpe que va construyendo, todo con base en mentiras, o en medias verdades, si quiere usted. No ha podido probar, hasta el momento, ninguna de las afirmaciones que ha hecho sobre el proceso electoral. No obstante, éstas van creciendo en intensidad. El 2 de julio, la elección había sido limpia; hoy ya es un cochinero.
Me dicen que AMLO sigue jugando dentro de las reglas, porque ha impugnado ante el tribunal. Pero es necesaria mucha ingenuidad para creer en esto. La impugnación no tiene nada que ver con el discurso. Para solicitar el ya famoso "voto por voto", lo que argumentan es la nulidad de la elección. Dicho de otra forma, lo que López Obrador le dice a sus seguidores en sus grandes marchas, o a través de los medios de comunicación, no tiene relación alguna con lo solicitado al tribunal. Y lo que se pidió a éste no es otra cosa que anular la elección presidencial. ¿Dónde está la democracia en esto?
Para los colegas que pecan de ingenuidad, permítame un ejercicio mental. Supongamos que el tribunal decida contar los votos. ¿Quién cuenta? No los comités distritales, a los que ya calificó López Obrador de tramposos. Mucho menos el resto del IFE. ¿Quién entonces? Si un nuevo conteo se realizase, López Obrador lo impugnaría, porque nadie es confiable para contar. De hecho, ya dijo con toda claridad que ese conteo no sería aceptable a menos que sea él el ganador. Si fuese Calderón, sería espurio. ¿En verdad creen que este señor es demócrata?
Los votos se cuentan en México el día de la elección. Después de eso, son las actas la prueba jurídica. Y esto es así porque en los tiempos del régimen de la Revolución, las urnas se rellenaban en el camino al comité distrital. Lo que da certeza es, precisamente, que los votos fueron contados por ciudadanos, vecinos de la casilla, sorteados para participar en el proceso. Y que son vigilados por representantes de todos los partidos involucrados, además de por observadores, incluso extranjeros.
El domingo 2 de julio eso fue lo que se hizo y no hubo, prácticamente, irregularidades. El conteo en los distritos corrigió cosa de 3 mil casillas, es decir, un millón de votos, y el resultado fue un millar más de votos para Calderón. Una modificación de uno al millar. Esto, aplicado a todos los votos del país, significa un cambio de 40 mil votos, insuficiente para que el resultado se modifique.
Por eso AMLO no tiene mayor interés en que se cuenten los votos. Eso no es lo que realmente está pidiendo al Tribunal. Y por eso no aporta pruebas concretas, sino que construye rumores e infundios. Y en este juego doble ha tenido algo de éxito en sembrar de dudas la votación. ¿Cómo mejora la democracia con esto?
López Obrador es un autoritario, no un demócrata. Nunca lo ha sido, y eso lo podrían testificar sus compañeros en el Partido de la Revolución Democrática, si tuviesen un poco de dignidad. Sobran ejemplos en su tránsito como presidente del partido y después como jefe de Gobierno del DF. Pero la lucha por el poder y el privilegio eclipsa la razón, no hay duda. Hay, por cierto, decenas de "intelectuales" eclipsados. Basta para ellos la voz del señor, las pruebas no se requieren.
Andrés Manuel López Obrador está intentando un golpe a la democracia. No sólo ha despotricado contra el Instituto Federal Electoral, los otros partidos, los empresarios, los ciudadanos e incluso sus seguidores. Ahora pretende desacreditar al tribunal, porque a éste no le aportó pruebas que permitan modificar algo. Y cuando el tribunal valide la elección, López lo hará parte del complot.
Lo dijimos desde antes: López Obrador representa el pasado. No la democracia y el desarrollo, sino el autoritarismo paternalista. Y ya tuvimos medio siglo de eso, y no sirvió para nada.
macario@macarios.com.mx
Profesor de la EGAP del ITESM-CCM
Igual, pero en contra
El Abogado del Pueblo
El Norte
18 de Julio de 2006
El domingo 27 de junio del 2004, hace dos años, una masa humana igual o superior a la que se reunió ayer llenó el Zócalo de la Capital y las avenidas aledañas protestando contra la delincuencia y la inacción de las autoridades capitalinas.
Como Alcalde de la Ciudad, el Señor López minimizó en ese tiempo el grito ciudadano de ¡Ya Basta! Y posteriormente hasta se dio el lujo de burlarse de los organizadores y de la marcha, pese a que llenaron no sólo el Zócalo, sino que también los 4 kilómetros de longitud de la Ave. Reforma entre el Ángel y esta plaza y cuando menos tres calles aledañas.
Dijo entonces que todo era una manipulación de los medios, que detrás de los marchantes había una “mano negra” y que “la derecha” estaba detrás de los manifestantes.
Nada ha cambiado, pues, en la actitud de descalificación que exhibe este hombre ante las realidades adversas que enfrenta como político.
Los numeritos, finalmente (visto lo acontecido hace dos años), de los agitadores perredistas de este domingo pasado no apantallan: el único conteo que vale ya se hizo, voto por voto, casilla por casilla; y hasta en tres ocasiones distintas (PREP, conteo distrital, y reconteo en casos disputados), mismas ocasiones que son las únicas contempladas en nuestras leyes electorales.
En este conteo oficial las masas silenciosas, que superan por mucho a los reunidos ayer, ya rindieron su veredicto.
Nada se puede cambiar a estas alturas sacando gente a la calle, por más numerosa que sea su presencia, pues esta película de llenar el Zócalo ya la hemos visto.
Ha salido igual número de gente a protestar en contra del Señor López como a favor de él.
Al recurrir, como lo hizo este domingo pasado, al azuzamiento de sus seguidores, al invitarlos a la desobediencia civil y rehusar esperar a que los tribunales que estudian las quejas interpuestas por su partido rindan su veredicto, descalificando a priori a todos y a todo lo relacionado con las elecciones, conforman indicios de que el Sr. López está consumido por una destructiva desesperación.
Los dichos y contradichos que se le han escuchado, las falsas pseudoevidencias presentadas, la falaz argumentación para justificar su negativa a aceptar el resultado de la elección, todo lo que hasta el momento ha exhibido este político puede considerarse como el ruido precursor de una asonada.
¡Así de simple!
Pretende este hombre con sus acciones, pretextos y justificaciones inverosímiles, romper con el orden establecido y entorpecer la buena marcha del País amenazando a las instituciones, a quienes intenta convertir en rehenes de la violencia.
Las declaraciones que han externado tanto él como su brazo derecho, el ex salinista Manuel Camacho, indican, palabras más palabras menos, que si no se hace su voluntad desatarán los perros bravíos de la violencia sobre México.
Que esta amenaza provenga del que fuera “Comisionado por la Paz” en Chiapas no deja de ser harto paradójico, a la vez que absurdo.
Queda claro, muy claro, que esta gente radicalizada al punto del terrorismo pretende conquistar el poder por CUALQUIER vía posible y que para lograr sus caprichos están dispuestos -como ellos mismos han manifestado- “a incendiar el País”.
No dudamos que lo puedan lograr: lo que está por verse, y que viene a demostrar la nula vocación democrática de estos pirómanos, es si una vez incendiado México haya alguien capaz de apagar el fuego.
En esto no piensa López, pues México y los mexicanos le importan un bledo: es su ego y ansia de poder lo único que lo alimenta.
fricase@elnorte.com
El Norte
18 de Julio de 2006
El domingo 27 de junio del 2004, hace dos años, una masa humana igual o superior a la que se reunió ayer llenó el Zócalo de la Capital y las avenidas aledañas protestando contra la delincuencia y la inacción de las autoridades capitalinas.
Como Alcalde de la Ciudad, el Señor López minimizó en ese tiempo el grito ciudadano de ¡Ya Basta! Y posteriormente hasta se dio el lujo de burlarse de los organizadores y de la marcha, pese a que llenaron no sólo el Zócalo, sino que también los 4 kilómetros de longitud de la Ave. Reforma entre el Ángel y esta plaza y cuando menos tres calles aledañas.
Dijo entonces que todo era una manipulación de los medios, que detrás de los marchantes había una “mano negra” y que “la derecha” estaba detrás de los manifestantes.
Nada ha cambiado, pues, en la actitud de descalificación que exhibe este hombre ante las realidades adversas que enfrenta como político.
Los numeritos, finalmente (visto lo acontecido hace dos años), de los agitadores perredistas de este domingo pasado no apantallan: el único conteo que vale ya se hizo, voto por voto, casilla por casilla; y hasta en tres ocasiones distintas (PREP, conteo distrital, y reconteo en casos disputados), mismas ocasiones que son las únicas contempladas en nuestras leyes electorales.
En este conteo oficial las masas silenciosas, que superan por mucho a los reunidos ayer, ya rindieron su veredicto.
Nada se puede cambiar a estas alturas sacando gente a la calle, por más numerosa que sea su presencia, pues esta película de llenar el Zócalo ya la hemos visto.
Ha salido igual número de gente a protestar en contra del Señor López como a favor de él.
Al recurrir, como lo hizo este domingo pasado, al azuzamiento de sus seguidores, al invitarlos a la desobediencia civil y rehusar esperar a que los tribunales que estudian las quejas interpuestas por su partido rindan su veredicto, descalificando a priori a todos y a todo lo relacionado con las elecciones, conforman indicios de que el Sr. López está consumido por una destructiva desesperación.
Los dichos y contradichos que se le han escuchado, las falsas pseudoevidencias presentadas, la falaz argumentación para justificar su negativa a aceptar el resultado de la elección, todo lo que hasta el momento ha exhibido este político puede considerarse como el ruido precursor de una asonada.
¡Así de simple!
Pretende este hombre con sus acciones, pretextos y justificaciones inverosímiles, romper con el orden establecido y entorpecer la buena marcha del País amenazando a las instituciones, a quienes intenta convertir en rehenes de la violencia.
Las declaraciones que han externado tanto él como su brazo derecho, el ex salinista Manuel Camacho, indican, palabras más palabras menos, que si no se hace su voluntad desatarán los perros bravíos de la violencia sobre México.
Que esta amenaza provenga del que fuera “Comisionado por la Paz” en Chiapas no deja de ser harto paradójico, a la vez que absurdo.
Queda claro, muy claro, que esta gente radicalizada al punto del terrorismo pretende conquistar el poder por CUALQUIER vía posible y que para lograr sus caprichos están dispuestos -como ellos mismos han manifestado- “a incendiar el País”.
No dudamos que lo puedan lograr: lo que está por verse, y que viene a demostrar la nula vocación democrática de estos pirómanos, es si una vez incendiado México haya alguien capaz de apagar el fuego.
En esto no piensa López, pues México y los mexicanos le importan un bledo: es su ego y ansia de poder lo único que lo alimenta.
fricase@elnorte.com
A la antigüita
Sergio Sarmiento
Reforma - Jaque Mate
18 de Julio de 2006
Perdón, pero siempre no: finalmente el fraude no fue “cibernético”. Todos los argumentos sobre el fantasioso algoritmo del PREP, que después se utilizó para manipular el conteo manual de las actas para dar milagrosamente el mismo resultado que el PREP, fueron un simple error. El verdadero fraude electoral “está en los papeles”. Esto es por lo menos lo que dijo Andrés Manuel López Obrador ayer en una entrevista para el programa de radio de Miguel Ángel Granados Chapa en Radio UNAM. “Es un fraude a la antigüita”, afirmó en la entrevista.
Quizá este cambio de fraude no le parezca importante a López Obrador, quien está empeñado en probar que hubo un complot en su contra de una manera u otra. Quizá tampoco le inquiete a su equipo de campaña: a Leonel Cota, Gerardo Fernández Noroña, Ricardo Monreal, Manuel Camacho y Claudia Sheinbaun que en foros distintos han explicado una y mil veces el fraude electrónico.
Pero los que deberían sentirse insultados son el millón de simpatizantes de Andrés Manuel que el pasado domingo 16 de julio acudieron a la mayor marcha de la historia del País para protestar por un “fraude electoral” que ahora resulta nadie sabe cómo se llevó a cabo.
Quizá el propio López Obrador no se da cuenta del error tan grave que ha cometido. Una cosa es protestar el resultado de una elección porque uno ha encontrado pruebas de un fraude y otra muy distinta buscar el fraude hasta por debajo de las piedras para justificar una derrota. Pero esto último es lo que claramente está haciendo Andrés Manuel al argumentar primero que fue objeto de un fraude informático sólo para cambiar de explicación días después y afirmar que el fraude fue físico.
Con este reconocimiento, por lo pronto, se le cae a López Obrador buena parte de su estrategia jurídica y política. El argumento detrás de la exigencia del recuento voto por voto era que se había hecho un fraude cibernético por lo que había que buscar en las boletas físicas la expresión perdida de la voluntad popular. El que la legislación prohíba la apertura de paquetes, por lo que esto podría generar la anulación de la elección, no tenía nada que ver con la demanda. ¿O sí? El PRD, después de todo, no estaba pidiendo la anulación, sino que se limpiara la elección.
Pero si el fraude fue “a la antigüita”, si se hizo en las boletas y las urnas, el recuento de votos será simplemente inútil. Si los magistrados del Tribunal Electoral cedieran a la presión y aceptaran el recuento, el que el resultado final fuera igual al de las encuestas de salida, el conteo rápido, el PREP y el conteo de actas no sería ya una comprobación de la limpieza del proceso sino -¡sorpresa!- del fraude.
No sorprende que López Obrador haya decidido cambiar su historia. El cuento del fraude cibernético era realmente poco creíble. El PREP sí es una transmisión electrónica de los resultados de las actas, pero tanto el conteo de los votos como la suma de las actas se hacen de manera física. Nadie en el PRD ha logrado explicar cómo se cambiarían los conteos físicos por la vía electrónica.
Los expertos en informática ya habían señalado que no hay un algoritmo que pueda realizar el fraude del PREP del que los perredistas acusaban al IFE. Pero además había un problema político. Juan Ramón de la Fuente, el rector de la UNAM y presunto Secretario de Gobernación bajo López Obrador, primero dijo el 2 de julio que el PREP era confiable porque había sido hecho por técnicos de la UNAM sólo para que días después se deslindara y responsabilizara del PREP solamente al odiado IFE. Pero resulta que en el comité técnico asesor del PREP se encuentran especialistas de la UNAM tan prestigiados como Alejandro Pissanty, el director general de servicios de cómputo académico de la máxima casa de estudios. Tarde o temprano él y los demás especialistas habrían tenido que aceptar que el PREP no contenía ningún algoritmo de fraude. Y dada su reputación, López Obrador difícilmente podría haberlos acusado de corrupción como a sus representantes de casilla.
El fraude a la antigüita, sin embargo, genera nuevos problemas para López Obrador. Antes, en los viejos tiempos del PRI, se podían hacer fraudes físicos porque no había representantes de partidos en las casillas. Hoy ni siquiera los representantes de la alianza Por el Bien de Todos vieron señales de ese fraude a la antigüita. Y Andrés Manuel podrá acusar a algunos de corrupción, pero no a los 100 mil que participaron en la jornada electoral.
La declaración a Granados Chapa confirma que López Obrador sigue buscando una justificación de su derrota. Si el fraude no ocurrió de una manera, entonces fue de otra. Andrés Manuel parte primero de la conclusión para después buscar las pruebas. Si una hipótesis no funciona, hay que ensayar una nueva. Lo único que no puede cambiar es la conclusión.
López Obrador no es un demócrata que esté buscando que se cumpla la voluntad popular expresada en las urnas. Simplemente quiere demostrar que el único resultado posible de la elección es un triunfo suyo.
Guelaguetza
Dicen que están defendiendo los intereses de los que menos tienen. Pero al obligar a la cancelación de la fiesta de la Guelaguetza, y asfixiar al turismo de Oaxaca, los maestros de la sección 22 del SNTE están acabando con cientos si no miles de empleos. Y lo peor es que nadie se atreve a hacer nada al respecto.
sarmiento.jaquemate@gmail.com
Reforma - Jaque Mate
18 de Julio de 2006
“Se non è vero, è molto ben trovato” (”Si no es cierto, es una buena invención”)
Giordano Bruno
Giordano Bruno
Perdón, pero siempre no: finalmente el fraude no fue “cibernético”. Todos los argumentos sobre el fantasioso algoritmo del PREP, que después se utilizó para manipular el conteo manual de las actas para dar milagrosamente el mismo resultado que el PREP, fueron un simple error. El verdadero fraude electoral “está en los papeles”. Esto es por lo menos lo que dijo Andrés Manuel López Obrador ayer en una entrevista para el programa de radio de Miguel Ángel Granados Chapa en Radio UNAM. “Es un fraude a la antigüita”, afirmó en la entrevista.
Quizá este cambio de fraude no le parezca importante a López Obrador, quien está empeñado en probar que hubo un complot en su contra de una manera u otra. Quizá tampoco le inquiete a su equipo de campaña: a Leonel Cota, Gerardo Fernández Noroña, Ricardo Monreal, Manuel Camacho y Claudia Sheinbaun que en foros distintos han explicado una y mil veces el fraude electrónico.
Pero los que deberían sentirse insultados son el millón de simpatizantes de Andrés Manuel que el pasado domingo 16 de julio acudieron a la mayor marcha de la historia del País para protestar por un “fraude electoral” que ahora resulta nadie sabe cómo se llevó a cabo.
Quizá el propio López Obrador no se da cuenta del error tan grave que ha cometido. Una cosa es protestar el resultado de una elección porque uno ha encontrado pruebas de un fraude y otra muy distinta buscar el fraude hasta por debajo de las piedras para justificar una derrota. Pero esto último es lo que claramente está haciendo Andrés Manuel al argumentar primero que fue objeto de un fraude informático sólo para cambiar de explicación días después y afirmar que el fraude fue físico.
Con este reconocimiento, por lo pronto, se le cae a López Obrador buena parte de su estrategia jurídica y política. El argumento detrás de la exigencia del recuento voto por voto era que se había hecho un fraude cibernético por lo que había que buscar en las boletas físicas la expresión perdida de la voluntad popular. El que la legislación prohíba la apertura de paquetes, por lo que esto podría generar la anulación de la elección, no tenía nada que ver con la demanda. ¿O sí? El PRD, después de todo, no estaba pidiendo la anulación, sino que se limpiara la elección.
Pero si el fraude fue “a la antigüita”, si se hizo en las boletas y las urnas, el recuento de votos será simplemente inútil. Si los magistrados del Tribunal Electoral cedieran a la presión y aceptaran el recuento, el que el resultado final fuera igual al de las encuestas de salida, el conteo rápido, el PREP y el conteo de actas no sería ya una comprobación de la limpieza del proceso sino -¡sorpresa!- del fraude.
No sorprende que López Obrador haya decidido cambiar su historia. El cuento del fraude cibernético era realmente poco creíble. El PREP sí es una transmisión electrónica de los resultados de las actas, pero tanto el conteo de los votos como la suma de las actas se hacen de manera física. Nadie en el PRD ha logrado explicar cómo se cambiarían los conteos físicos por la vía electrónica.
Los expertos en informática ya habían señalado que no hay un algoritmo que pueda realizar el fraude del PREP del que los perredistas acusaban al IFE. Pero además había un problema político. Juan Ramón de la Fuente, el rector de la UNAM y presunto Secretario de Gobernación bajo López Obrador, primero dijo el 2 de julio que el PREP era confiable porque había sido hecho por técnicos de la UNAM sólo para que días después se deslindara y responsabilizara del PREP solamente al odiado IFE. Pero resulta que en el comité técnico asesor del PREP se encuentran especialistas de la UNAM tan prestigiados como Alejandro Pissanty, el director general de servicios de cómputo académico de la máxima casa de estudios. Tarde o temprano él y los demás especialistas habrían tenido que aceptar que el PREP no contenía ningún algoritmo de fraude. Y dada su reputación, López Obrador difícilmente podría haberlos acusado de corrupción como a sus representantes de casilla.
El fraude a la antigüita, sin embargo, genera nuevos problemas para López Obrador. Antes, en los viejos tiempos del PRI, se podían hacer fraudes físicos porque no había representantes de partidos en las casillas. Hoy ni siquiera los representantes de la alianza Por el Bien de Todos vieron señales de ese fraude a la antigüita. Y Andrés Manuel podrá acusar a algunos de corrupción, pero no a los 100 mil que participaron en la jornada electoral.
La declaración a Granados Chapa confirma que López Obrador sigue buscando una justificación de su derrota. Si el fraude no ocurrió de una manera, entonces fue de otra. Andrés Manuel parte primero de la conclusión para después buscar las pruebas. Si una hipótesis no funciona, hay que ensayar una nueva. Lo único que no puede cambiar es la conclusión.
López Obrador no es un demócrata que esté buscando que se cumpla la voluntad popular expresada en las urnas. Simplemente quiere demostrar que el único resultado posible de la elección es un triunfo suyo.
Guelaguetza
Dicen que están defendiendo los intereses de los que menos tienen. Pero al obligar a la cancelación de la fiesta de la Guelaguetza, y asfixiar al turismo de Oaxaca, los maestros de la sección 22 del SNTE están acabando con cientos si no miles de empleos. Y lo peor es que nadie se atreve a hacer nada al respecto.
sarmiento.jaquemate@gmail.com
¿Advertencia o amenaza?
Federico Reyes Heroles
Reforma
18 de Julio de 2006
“Está de por medio la estabilidad política del país”. La expresión la hemos escuchado ene veces. La más reciente fue en la reveladora entrevista de López Dóriga a AMLO. Acostumbrados a las exageraciones, a las distorsiones y a las francas mentiras, pareciera que nuestros oídos o quizá nuestro cerebro se van cerrando a las sinrazones. Será quizás un acto de autodefensa, de protección. Pero esa actitud tiene un problema, poco a poco vamos despreciando la palabra, la vamos vaciando de su verdadero contenido. Por ese camino terminamos extendiendo una licencia a la barbarie.
“Está de por medio la estabilidad política del país”. ¿De verdad? Pues entonces hay algo que no estamos viendo. El 2 de julio hubo, es cierto, una elección muy reñida. Novedad para nosotros, pero las hay frecuentemente en otros países. No hubo violencia, ni muertos ni sucesos que lamentar. De hecho podríamos decir, por la simple acumulación de votantes, que fue la jornada cívica más importante de nuestra historia: casi 42 millones de votantes. ¿De dónde surge la asechanza, el peligro? En las semanas posteriores a la elección ha habido una discusión muy intensa provocada por lo cerrado de la contienda, pero, por fortuna, la violencia no ha aparecido. Las dos concentraciones de los seguidores de AMLO con sus respectivas marchas han sido expresiones pacíficas, enardecidas, pero pacíficas.
Sin embargo, en el discurso de AMLO la cantaleta no desaparece. Resuena “Está de por medio la estabilidad…”. Si nada en los hechos nos anuncia violencia, lo que ocurre es que quien pronuncia la frase sabe algo que nosotros ignoramos. Las impugnaciones ante el Tribunal no deberían ser motivo de gran preocupación. Bueno, eso si partimos del supuesto de que todos los actores respetarán la decisión. Es allí donde está el quid de la discusión. La estabilidad política del país sólo está en riesgo si alguien ha decidido ir más allá e incitar a la violencia. ¿Quién?
Toda advertencia es en el fondo un consejo: AMLO está viendo una fuerza social de tal manera enojada que en el caso de negársele el triunfo estaría dispuesta a todo. Pero allí de nuevo hay algo que no cuadra. En sus primeros años de vida, el PRD tuvo que lidiar con el estigma de ser un partido que buscaba la violencia, que coqueteaba con ella. Pero ese juicio puede estar viciado. Durante el 88 y los años posteriores hubo muchos incidentes violentos en contra de miembros y simpatizantes de ese partido, de entrada la muerte de Ovando y Gil, de tal manera que el ambiente se tensó y las confrontaciones brotaban con frecuencia. Pero una vez superada esa etapa, el PRD ha apostado a la vía pacífica. Los perredistas, en proporción de dos a uno, declaran creerle más al IFE que a su candidato. Así que la expresión “está de por medio la estabilidad…” no opera como advertencia.
Supongamos sin conceder que hubiese al interior del PRD grupos radicales dispuestos a todo, la pregunta sería si AMLO los está conteniendo o, por el contrario, los azuza. AMLO siempre se ha declarado a favor de la vía pacífica. Sin embargo, por algún motivo, no logra convencer a muchos, tan es así que ha tenido que reiterarlo mil veces. La duda está en aire. López Dóriga se lo preguntó: ¿Hasta dónde? “Hasta dónde la gente quiera, ya contesté”. López Dóriga insistió, “…yo voy a estar consultando a la gente… va a ser un proceso también democrático… tengan confianza: yo voy a actuar con responsabilidad…”, pero remató: “Fui agredido, muy agredido durante la campaña”. La pregunta es entonces a quién va a “consultar”, a los demócratas o a los radicales. A quién le va a hacer caso, ¿a la mayoría o a las minorías? ¿Las va acompañar o no? Ése es el asunto crucial.
AMLO recibió más de 14 millones de votos. Supongamos que un 10 por ciento lo siguiera o él los siguiera en su radicalismo, con eso es suficiente para generar infinidad de confrontaciones. Supongamos que 1 por ciento fuese violento, ¿los va a seguir? De allí la importancia de la pregunta de López Dóriga, de su definición: “¿Hasta dónde vas a conducir a la gente?”. Violentos hay en todas partes, pero de un líder político se supone una definición básica a favor de la legalidad o acaso estamos ante un subversivo que quiere reventar las instituciones. Ésa es la disyuntiva que muchos han señalado a AMLO. Un auténtico líder político no puede brincar de la legalidad a la ilegalidad dependiendo del humor de la gente, de algunos. Un líder democrático evita la violencia y controla a sus huestes. Cárdenas los hizo en el 88 y ése es un mérito indiscutible. ¿Cuál es la postura de AMLO?
Pero “Está en riesgo…”, opera como advertencia sólo si AMLO de verdad quiere evitar que ocurra algo. Quien advierte de un peligro busca salvarnos. En tal caso debe dar la fórmula: que abran los paquetes. Sin embargo, AMLO sabe perfectamente que abrir los paquetes es desacreditar al IFE y a los ciudadanos, abrir los paquetes es una condición indebida e incluso puede ser causal de anulación. Su advertencia no es la vía para evitar el peligro. Además, como lo señaló López Dóriga: ¿por qué deberíamos ahora creerle que respetará al Tribunal?
Hay otra posibilidad. “Dar a entender con actos o palabras que se quiere hacer un mal a otro”, ésa es la definición de amenaza de la Real Academia. “Está de por medio…” quizá no es advertencia. Quizá AMLO ha decidido radicalizarse, no es que el radicalismo esté en la calle, por eso no vemos el riesgo, porque es una decisión interior que opera como amenaza: si no llego a la Presidencia habrá problemas, los habrá porque yo lo he decidido. Ése es el dilema de fondo. ¿Estamos acaso viviendo en una república amenazada por un hombre?
Reforma
18 de Julio de 2006
“Está de por medio la estabilidad política del país”. La expresión la hemos escuchado ene veces. La más reciente fue en la reveladora entrevista de López Dóriga a AMLO. Acostumbrados a las exageraciones, a las distorsiones y a las francas mentiras, pareciera que nuestros oídos o quizá nuestro cerebro se van cerrando a las sinrazones. Será quizás un acto de autodefensa, de protección. Pero esa actitud tiene un problema, poco a poco vamos despreciando la palabra, la vamos vaciando de su verdadero contenido. Por ese camino terminamos extendiendo una licencia a la barbarie.
“Está de por medio la estabilidad política del país”. ¿De verdad? Pues entonces hay algo que no estamos viendo. El 2 de julio hubo, es cierto, una elección muy reñida. Novedad para nosotros, pero las hay frecuentemente en otros países. No hubo violencia, ni muertos ni sucesos que lamentar. De hecho podríamos decir, por la simple acumulación de votantes, que fue la jornada cívica más importante de nuestra historia: casi 42 millones de votantes. ¿De dónde surge la asechanza, el peligro? En las semanas posteriores a la elección ha habido una discusión muy intensa provocada por lo cerrado de la contienda, pero, por fortuna, la violencia no ha aparecido. Las dos concentraciones de los seguidores de AMLO con sus respectivas marchas han sido expresiones pacíficas, enardecidas, pero pacíficas.
Sin embargo, en el discurso de AMLO la cantaleta no desaparece. Resuena “Está de por medio la estabilidad…”. Si nada en los hechos nos anuncia violencia, lo que ocurre es que quien pronuncia la frase sabe algo que nosotros ignoramos. Las impugnaciones ante el Tribunal no deberían ser motivo de gran preocupación. Bueno, eso si partimos del supuesto de que todos los actores respetarán la decisión. Es allí donde está el quid de la discusión. La estabilidad política del país sólo está en riesgo si alguien ha decidido ir más allá e incitar a la violencia. ¿Quién?
Toda advertencia es en el fondo un consejo: AMLO está viendo una fuerza social de tal manera enojada que en el caso de negársele el triunfo estaría dispuesta a todo. Pero allí de nuevo hay algo que no cuadra. En sus primeros años de vida, el PRD tuvo que lidiar con el estigma de ser un partido que buscaba la violencia, que coqueteaba con ella. Pero ese juicio puede estar viciado. Durante el 88 y los años posteriores hubo muchos incidentes violentos en contra de miembros y simpatizantes de ese partido, de entrada la muerte de Ovando y Gil, de tal manera que el ambiente se tensó y las confrontaciones brotaban con frecuencia. Pero una vez superada esa etapa, el PRD ha apostado a la vía pacífica. Los perredistas, en proporción de dos a uno, declaran creerle más al IFE que a su candidato. Así que la expresión “está de por medio la estabilidad…” no opera como advertencia.
Supongamos sin conceder que hubiese al interior del PRD grupos radicales dispuestos a todo, la pregunta sería si AMLO los está conteniendo o, por el contrario, los azuza. AMLO siempre se ha declarado a favor de la vía pacífica. Sin embargo, por algún motivo, no logra convencer a muchos, tan es así que ha tenido que reiterarlo mil veces. La duda está en aire. López Dóriga se lo preguntó: ¿Hasta dónde? “Hasta dónde la gente quiera, ya contesté”. López Dóriga insistió, “…yo voy a estar consultando a la gente… va a ser un proceso también democrático… tengan confianza: yo voy a actuar con responsabilidad…”, pero remató: “Fui agredido, muy agredido durante la campaña”. La pregunta es entonces a quién va a “consultar”, a los demócratas o a los radicales. A quién le va a hacer caso, ¿a la mayoría o a las minorías? ¿Las va acompañar o no? Ése es el asunto crucial.
AMLO recibió más de 14 millones de votos. Supongamos que un 10 por ciento lo siguiera o él los siguiera en su radicalismo, con eso es suficiente para generar infinidad de confrontaciones. Supongamos que 1 por ciento fuese violento, ¿los va a seguir? De allí la importancia de la pregunta de López Dóriga, de su definición: “¿Hasta dónde vas a conducir a la gente?”. Violentos hay en todas partes, pero de un líder político se supone una definición básica a favor de la legalidad o acaso estamos ante un subversivo que quiere reventar las instituciones. Ésa es la disyuntiva que muchos han señalado a AMLO. Un auténtico líder político no puede brincar de la legalidad a la ilegalidad dependiendo del humor de la gente, de algunos. Un líder democrático evita la violencia y controla a sus huestes. Cárdenas los hizo en el 88 y ése es un mérito indiscutible. ¿Cuál es la postura de AMLO?
Pero “Está en riesgo…”, opera como advertencia sólo si AMLO de verdad quiere evitar que ocurra algo. Quien advierte de un peligro busca salvarnos. En tal caso debe dar la fórmula: que abran los paquetes. Sin embargo, AMLO sabe perfectamente que abrir los paquetes es desacreditar al IFE y a los ciudadanos, abrir los paquetes es una condición indebida e incluso puede ser causal de anulación. Su advertencia no es la vía para evitar el peligro. Además, como lo señaló López Dóriga: ¿por qué deberíamos ahora creerle que respetará al Tribunal?
Hay otra posibilidad. “Dar a entender con actos o palabras que se quiere hacer un mal a otro”, ésa es la definición de amenaza de la Real Academia. “Está de por medio…” quizá no es advertencia. Quizá AMLO ha decidido radicalizarse, no es que el radicalismo esté en la calle, por eso no vemos el riesgo, porque es una decisión interior que opera como amenaza: si no llego a la Presidencia habrá problemas, los habrá porque yo lo he decidido. Ése es el dilema de fondo. ¿Estamos acaso viviendo en una república amenazada por un hombre?
La ley
Catón
Reforma
18 de Julio de 2006
Comentaba Dulcilí acerca de su novio Libidiano: “Ya no lo aguanto. Le dije que debo conservarme virgen para el matrimonio; que mi cuerpo es el templo del espíritu… ¡Y ahora el caón quiere entrar por la sacristía!”. (No le entendí)… Alegaba un tipo necio: “No sé por qué admiran tanto a ese tal Borges. Como escritor me parece poco. A ver: aparte de ‘Cien años de soledad’ ¿qué otra cosa buena escribió?”. Acota alguien: “Borges no escribió ‘Cien años de soledad’”. “¿Ah no? -replica el tipo-. Pues si antes me parecía poco ahora me parece nada”… Está claro que López Obrador quiere apoderarse por la fuerza de la Presidencia. “Mía o de nadie” parece decir, como aquellos feroces individuos que mataban a la mujer que no accedía a sus deseos. Por medios de presión AMLO intenta coaccionar a la autoridad para que rinda un dictamen favorable a él, so riesgo de exacerbar los ánimos de la muchedumbre. Si en verdad buscara legalidad y transparencia plantearía sus impugnaciones por los medios que la ley le ofrece y dejaría que el órgano jurisdiccional actuara en tiempo y forma, sin ejercer coerción sobre él. Las manifestaciones a que convoca López Obrador son eso, medios para presionar, y no “asambleas informativas”, como con impostura dice. En caso de que las instituciones no se allanen a él “las sonrisas se convertirán en puños”. Si él no es Presidente nadie podrá gobernar este país. “¡Ni el Ife ni el Trife! ¡El pueblo es el que elige!”, dice una de las proclamas que corean sus seguidores. Ya ha dicho AMLO que aun cuando el tribunal federal confirme el triunfo de Calderón él no lo reconocerá, pues la elección fue fraudulenta. No escucha más voz que la suya, ni atiende otra razón que la de su sinrazón. Pero la muchedumbre no puede hacer las veces de la ley. La ley ahí está siempre, y la muchedumbre no. La multitud es veleidosa; al que hoy ve como dios lo olvidará mañana, y lo cambiará por otro dios. La ley, en cambio, es fortaleza, certidumbre, permanencia. Así las cosas, el referente no debe ser la nube, sino la montaña, si me es permitido un leve asomo de grandilocuencia. Lo que cuenta es el valor perdurable, no la cambiante coyuntura de la política que en la calle se hace. Ningún vocerío puede aplacar el dictado de la ley. El orden jurídico y las instituciones no son capricho; son expresión de una sociedad que finca su existencia en la paz y la seguridad. Ciertamente no vivimos en un régimen estalinista. Decir eso, aun a modo de ironía o para agradar al numeroso público presente, es desmesura que empaña la racionalidad de un buen discurso. Hemos abierto espacios a la democracia, y en esa vía debemos mantenernos. Torcer la ley, desvirtuarla o suspender su aplicación ante las presiones de la multitud, por aparatosas que sean sus manifestaciones, es despeñar al país en la anarquía, anular el orden jurídico y las instituciones y dejar la Nación en manos de quienes insisten en poner la fuerza por encima del derecho. Y ya no digo más, porque estoy muy encaboronado… Babalucas era agente viajero. Le contó a un amigo: “Anoche iba yo por un camino rural, y se me descompuso el automóvil. Llegué a una granja, y le pedí al granjero que me dejara pasar ahí la noche. El hombre tenía una hija preciosa. Me dijo que cerraría con llave la puerta de la recámara de la muchacha, para que no intentara yo hacer nada. Pero al pasar junto a mí la chica me dijo en voz baja: ‘La cerradura no funciona’”. “¡Ah, picarón! -dice con sonrisa aviesa el amigo de Babalucas-. ¡Ahora me explico esas ojeras de cansancio que traes hoy!”. “Sí -responde con voz débil Babalucas-. Me pasé toda la noche tratando de arreglar la maldita cerradura”… FIN.
afacaton@prodigy.net.mx
Reforma
18 de Julio de 2006
Comentaba Dulcilí acerca de su novio Libidiano: “Ya no lo aguanto. Le dije que debo conservarme virgen para el matrimonio; que mi cuerpo es el templo del espíritu… ¡Y ahora el caón quiere entrar por la sacristía!”. (No le entendí)… Alegaba un tipo necio: “No sé por qué admiran tanto a ese tal Borges. Como escritor me parece poco. A ver: aparte de ‘Cien años de soledad’ ¿qué otra cosa buena escribió?”. Acota alguien: “Borges no escribió ‘Cien años de soledad’”. “¿Ah no? -replica el tipo-. Pues si antes me parecía poco ahora me parece nada”… Está claro que López Obrador quiere apoderarse por la fuerza de la Presidencia. “Mía o de nadie” parece decir, como aquellos feroces individuos que mataban a la mujer que no accedía a sus deseos. Por medios de presión AMLO intenta coaccionar a la autoridad para que rinda un dictamen favorable a él, so riesgo de exacerbar los ánimos de la muchedumbre. Si en verdad buscara legalidad y transparencia plantearía sus impugnaciones por los medios que la ley le ofrece y dejaría que el órgano jurisdiccional actuara en tiempo y forma, sin ejercer coerción sobre él. Las manifestaciones a que convoca López Obrador son eso, medios para presionar, y no “asambleas informativas”, como con impostura dice. En caso de que las instituciones no se allanen a él “las sonrisas se convertirán en puños”. Si él no es Presidente nadie podrá gobernar este país. “¡Ni el Ife ni el Trife! ¡El pueblo es el que elige!”, dice una de las proclamas que corean sus seguidores. Ya ha dicho AMLO que aun cuando el tribunal federal confirme el triunfo de Calderón él no lo reconocerá, pues la elección fue fraudulenta. No escucha más voz que la suya, ni atiende otra razón que la de su sinrazón. Pero la muchedumbre no puede hacer las veces de la ley. La ley ahí está siempre, y la muchedumbre no. La multitud es veleidosa; al que hoy ve como dios lo olvidará mañana, y lo cambiará por otro dios. La ley, en cambio, es fortaleza, certidumbre, permanencia. Así las cosas, el referente no debe ser la nube, sino la montaña, si me es permitido un leve asomo de grandilocuencia. Lo que cuenta es el valor perdurable, no la cambiante coyuntura de la política que en la calle se hace. Ningún vocerío puede aplacar el dictado de la ley. El orden jurídico y las instituciones no son capricho; son expresión de una sociedad que finca su existencia en la paz y la seguridad. Ciertamente no vivimos en un régimen estalinista. Decir eso, aun a modo de ironía o para agradar al numeroso público presente, es desmesura que empaña la racionalidad de un buen discurso. Hemos abierto espacios a la democracia, y en esa vía debemos mantenernos. Torcer la ley, desvirtuarla o suspender su aplicación ante las presiones de la multitud, por aparatosas que sean sus manifestaciones, es despeñar al país en la anarquía, anular el orden jurídico y las instituciones y dejar la Nación en manos de quienes insisten en poner la fuerza por encima del derecho. Y ya no digo más, porque estoy muy encaboronado… Babalucas era agente viajero. Le contó a un amigo: “Anoche iba yo por un camino rural, y se me descompuso el automóvil. Llegué a una granja, y le pedí al granjero que me dejara pasar ahí la noche. El hombre tenía una hija preciosa. Me dijo que cerraría con llave la puerta de la recámara de la muchacha, para que no intentara yo hacer nada. Pero al pasar junto a mí la chica me dijo en voz baja: ‘La cerradura no funciona’”. “¡Ah, picarón! -dice con sonrisa aviesa el amigo de Babalucas-. ¡Ahora me explico esas ojeras de cansancio que traes hoy!”. “Sí -responde con voz débil Babalucas-. Me pasé toda la noche tratando de arreglar la maldita cerradura”… FIN.
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