24 de agosto de 2006

Chiapas y AMLO

Sergio Sarmiento
Reforma – Jaque Mate
23 de Agosto del 2006

"Chiapas merece un clima de unidad y reconciliación. No está para movilizaciones".
Juan Sabines Guerrero

El resultado de la elección en Chiapas puede convertirse en un problema para una parte importante del PRD y de la coalición Por el Bien de Todos. Por una parte, los perredistas están contentos con el triunfo -por lo menos con los resultados registrados hasta ahora- de su candidato Juan Sabines Guerrero. De hecho, el secretario general del partido, Guadalupe Acosta Naranjo, ha señalado que esta victoria "demuestra" que el PRD no ha perdido simpatía popular a pesar de los plantones en la Ciudad de México.

Pero el hecho de que nadie esté hablando de realizar movilizaciones y bloqueos en Chiapas, a pesar de que el triunfo registrado hasta ahora sea tan pequeño, de apenas 2 mil 405 votos, equivalentes al 0.22 por ciento de los sufragios emitidos, es un ejemplo incómodo para los perredistas.

José Antonio Aguilar Bodegas, el candidato de la Alianza por Chiapas que incluye al PRI y al Partido Verde, ha anunciado que presentará quejas en contra de lo que llama una "elección de Estado", pero que lo hará ante los tribunales. Si él no ve la necesidad de tomar calles y carreteras, está enfatizando la idea de que el PRD es ya el único partido que se niega a aceptar a las instituciones electorales en nuestro país.

Sabines mismo puede convertirse en un político incómodo para el PRD. Si bien sostiene su cercanía "moral" con Andrés Manuel López Obrador, ha señalado que reconocerá a Felipe Calderón como Presidente de México en caso de que éste sea ratificado como ganador de los comicios presidenciales por el Trife. Esto es suficiente para que se desplome cualquier utilidad que tenga su apoyo "moral". Sabines también ha dicho que no se sumará al movimiento de resistencia civil de López Obrador y del PRD. "Yo ya estoy hablando como un futuro Gobernador. No estoy en un plan de movilizaciones; por el contrario, sí estoy pidiendo que no lo hagan en mi contra".

Sabines no es miembro formal del PRD. De hecho, fue priista hasta hace muy poco tiempo. Se separó del PRI porque se le impidió competir por la candidatura de su partido para el Gobierno del estado. Pero si bien algunos lo han criticado por eso, la verdad es que muy pocos perredistas importantes carecen de un pasado priista.

El problema de la actitud de Sabines es que puede cundir y debilitar el movimiento de López Obrador. Muchos perredistas ven con inquietud el deterioro de la imagen de su partido por los bloqueos de López Obrador sobre Paseo de la Reforma e incluso por el radicalismo de la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca, que se identifica también con el PRD. Perredistas como Zeferino Torreblanca, Gobernador de Guerrero, están más interesados en gobernar sus entidades que en unirse a un movimiento que busca descalificar todo el sistema electoral mexicano y que plantea que hubo un fraude que para ocurrir debió tener la participación de cientos de miles de mexicanos. De hecho, muchos incluso piensan honestamente que si hubo un fraude, consideran un error estratégico el bloqueo del Paseo de la Reforma y del centro histórico de la Ciudad de México.

La situación en Chiapas, sin embargo, se puede complicar si la impugnación legal del candidato del PRI, José Antonio Aguilar Bodegas, revierte el resultado que hasta ahora se tiene. Y eso no es difícil. La diferencia entre Sabines y Aguilar Bodegas es de apenas 2 mil 405 votos con el 94 por ciento de las casillas computadas. Pero además de ese 6 por ciento que no entró al PREP, un 5 por ciento adicional de las casillas no se sumó a los resultados debido a que las actas tenían "inconsistencias". Faltan todavía por contar decenas de miles de votos y la diferencia entre el primero y el segundo lugar es tan pequeña que no se requeriría de gran magia para revertirla.

Lo importante, empero, es que hasta este momento ninguno de los dos contendientes en Chiapas se muestra interesado en recurrir a movilizaciones. Todas las impugnaciones, al parecer, se llevarán a cabo dentro de lo que marca la ley.

No hay duda de que para el PRD será importante que se ratifique la victoria que hasta este momento parece haber obtenido en las urnas chiapanecas. Muchos miembros del partido están conscientes de que hay vida después de la elección del 2 de julio y de las movilizaciones y plantones de López Obrador. Pero en el mediano plazo, Chiapas puede convertirse en un fuerte golpe para López Obrador. El problema es que puede demostrar con claridad que en México hay cauces legales perfectamente adecuados para ventilar impugnaciones electorales sin tener que recurrir a la violación del derecho de libre tránsito de los ciudadanos.

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sarmiento.jaquemate@gmail.com

AMLO puede hundir a la izquierda

Enrique Quintana
Reforma – Coordenadas
23 de Agosto del 2006

Los sistemas democráticos modernos se ven beneficiados cuando tienen partidos de izquierda avanzados y fuertes. Sería inimaginable la Europa de hoy si no tuviéramos a organizaciones como el Partido Socialista Español o el Francés o el Laborista de Inglaterra. Los partidos de izquierda introducen en el Gobierno, en el Congreso y en la sociedad en general una agenda que incluye temas sociales, raciales, laborales, etcétera, que frecuentemente contribuyen a la equidad, al crecimiento y a la justicia.

Ya le hemos comentado en este espacio que, con mucho, la izquierda ha sido la corriente política de crecimiento más rápido en México durante los últimos años. Ya es la segunda fuerza política en las dos Cámaras y gobierna seis entidades, entre ellas la capital del País. Sin embargo, no es exagerado decir que se encuentra frente a la disyuntiva de consolidar su presencia como una fuerza política moderna, con una agenda clara y con una influencia determinante en la vida del País o echar por tierra el esfuerzo de muchos años.

Los partidos políticos de la izquierda se encontraban fuera del sistema electoral vigente antes de que se hiciera una reforma electoral en 1978. Eso se debía no sólo a la falta de canales institucionales de participación, sino que derivaba de que las estrategias políticas de diversos grupos de la izquierda establecían que la vía electoral sólo era una de las formas de llegar al poder. La tradición política de la izquierda marxista decía que al final de cuentas era inevitable una lucha de clases violenta para asaltar el poder. Específicamente, los grupos leninistas consideraban además que sería precisamente un partido minoritario -la vanguardia del proletariado- quien tomaría los aparatos del Estado por medio de la violencia.

Ese lenguaje, que tras el derrumbe del muro, la quiebra de los países del bloque soviético y los cambios en China ya parece de la prehistoria, viene a cuento porque la izquierda mexicana podría estar en riesgo de retroceder tres décadas. La formación de un partido de izquierda con un peso electoral significativo se consolidó tras la campaña de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988, el PRD. Sin embargo, no logró despegar y quedó con menos del 20 por ciento del electorado nacional en los siguientes años. Sin embargo, la quiebra del monopolio del PRI y el surgimiento de un líder carismático, Andrés Manuel López Obrador, volvió a colocar a la izquierda como una fuerza altamente competitiva.

AMLO logró la construcción de una candidatura, virtualmente sin rival en el PRD, y llegó al comienzo de la campaña presidencial con una ventaja en las encuestas que parecía imbatible. Sin embargo, más allá de la campaña negativa que emprendió el PAN en su contra, fue el propio comportamiento político de AMLO el que erosionó las simpatías que había conseguido y generó temor entre potenciales electores que al final de cuentas decidieron no votar por él. Si alguna vez se hiciera una evaluación honesta de la campaña de AMLO, quienes estuvieron en el "cuarto de guerra" de su equipo tendrían que ser autocríticos y reconocer que, como titulamos esta columna el pasado 2 de mayo, AMLO pasó de ser indestructible a autodestructible.

El problema es que con la dinámica que ha creado entre sus seguidores pareciera estar gestando un modo de participación política que retrocede tres décadas. La convocatoria a la Convención Democrática Nacional a través de una estructura que ya nada tiene que ver con los partidos políticos, pareciera regresar a una realidad en la que las organizaciones de izquierda carecían del reconocimiento legal para aspirar a conquistar el poder a través del sistema electoral y le apostaban a la lucha en las calles. Si se combina este hecho con los acontecimientos en Oaxaca, que al tiempo de crear una situación de ingobernabilidad, resucitan el lenguaje político de los 70 y los métodos que algunos tenían entonces, como la guerrilla urbana, se tiene un coctel altamente peligroso.

Dentro del PRD hay quienes han contribuido a la construcción de la izquierda moderna en México. Pero ahora pareciera que han perdido toda capacidad de iniciativa frente a la presencia dominante del caudillo. Si la sociedad percibe que la izquierda, a quien le dio la segunda posición en el Congreso, es dominada por organizaciones radicales, que actúan fuera de los canales institucionales que se crearon a través de muchos años, lo más probable es que nuevamente se desplome. Si ese fuera el caso, AMLO sería, paradójicamente, responsable de su despegue y posterior derrumbe. Si la izquierda civilizada vuelve a tomar el control del PRD y de sus organizaciones, entonces se puede colocar en posición de contender y ganar múltiples posiciones políticas en el País y en el futuro la Presidencia de la República.

Nuevamente preguntamos, ¿habrá en el PRD quién le ponga un freno a AMLO?

enrique.quintana@reforma.com

23 de agosto de 2006

South of the border

The Washington Times (Estados Unidos)
Editorials/Op-Ed
August 23, 2006

In the more than three weeks since the firebrand populist Andres Manuel Lopez Obrador began his protests in Mexico City to dispute the slim victory of his conservative rival Felipe Calderon in the July 2 presidential election, the Federal Electoral Tribunal has rejected a full recount and, after conducting a limited recount, found no evidence of fraud or serious irregularity. Mr. Lopez Obrador's opposition has become more vehement, however, most likely in anticipation of a final decision due from the Federal Electoral Institute on Sept. 6. The protests have caused problems for commuters and turned away tourists and visitors, costing local business an estimated $23 million per day.

In an interview with the Financial Times, the leftist asserted that "the most important changes in Mexico have never come about through conventional politics but rather from the streets." In a country with Mexico's sordid political past, such a dismissive attitude toward official democratic institutions may play well with the more cynical and suspicious element of the Mexican electorate. But it comes at the expense of sound democratic institutions, and for Mr. Lopez Obrador to then justify his actions as an effort to save Mexican democracy is thoroughly hypocritical.

Despite his insistence that the protests are peaceful, Mr. Lopez Obrador claimed during the interview that he is willing to bring his "civil resistance" to its "ultimate consequences," which sounds far too much like a call to violence. Taken in conjunction with his combative response to charges of being a revolutionary ("Mexico needs a revolution"), his pledges to keep the protests going "as long as it takes" and his explicit comparison to the revolution of 1910, Mr. Lopez Obrador's tone has become more ominous and his actions deeply concerning. Mr. Lopez Obrador's radical method and disregard for the electoral process has cost his Revolutionary Democratic Party (PRD) some of its support. The close race for the governorship of Chiapas, a poor southern state that should be a PRD stronghold, is tangible evidence of the leftists' decreasing support.

Mr. Lopez Obrador's abuses will, at best, undercut the political capital of the incoming president, who takes office Dec. 1. At worst, his refusal to accept the results of a free election could result in a severely fractured Mexico, which, along with the unrest that would ensue, is in nobody's interest. The more moderate leaders of Central and South America who came to power democratically and value that system of government should firmly rebuke Mr. Lopez Obrador's course of action. The same conditions that created support for the leftist in Mexico -- widespread poverty and the expectation that the state will function as a provider -- are prevalent elsewhere, and appearing to tolerate the destructive practice of circumventing democracy on the street sends an unacceptable message. For the United States, this is yet one more reason to quickly secure the southern border.

www.washingtontimes.com

Demócratas en Chiapas, “revolucionarios” en Reforma

Jorge Fernández Menéndez
Excélsior – Razones
23-08-06

Un grupo plural de expertos, en el que participaron diversos analistas de todas las corrientes políticas, como Jorge Alcocer, hizo un análisis exhaustivo del proceso electoral basado en las copias de actas supuestamente irregulares que entregó López Obrador a Carlos Loret de Mola. Su conclusión fue que no hubo errores significativos en el cómputo de votos (como se ha demostrado una y otra vez) y que las quejas de la coalición por el bien de todos se basan en otro tipo de errores, en particular, aquellos relacionados con el llenado de otros capítulos del acta de escrutinio, que resultan difícil de completar para muchos ciudadanos por la complejidad de su diseño. Los analistas concluyeron, como lo ha hecho también ya el IFE, en que se debe buscar simplificar las actas y avanzar más en la preparación de los funcionarios de casillas. Pero que en la elección no hubo nada parecido a un fraude.

El proceso electoral del pasado dos de julio fue, en muchos sentidos, ejemplar: nunca antes se habían instalado tantas casillas (sólo once en todo el país quedaron sin instalar); se capacitó a un millón de ciudadanos para que participaran como funcionarios; incluso, comparado con el 2003, por ejemplo, hubo menos errores en el llenado de actas que ahora; si se hace una comparación con las elecciones de senadores y diputados se comprobará que, a pesar de tratarse de comicios simultáneos con los de presidente, realizados al mismo tiempo, en el mismo lugar y con las mismas autoridades y a pesar de que la alianza por el bien de todos obtuvo una votación en el ámbito legislativo significativamente menor a la presidencial, en esa elección prácticamente no hubo impugnaciones, incluso sólo se revirtió un resultado, en un distrito del estado de México donde el PRD había acreditado como representantes de casilla a funcionarios municipales del mismo partido, lo que provocó que se anularan las mismas, provocando el triunfo del candidato del PRI. Nada más. En el 2003, por ejemplo, hubo muchas más impugnaciones en las elecciones legislativas e incluso se anuló (y se ordenó repetir) la elección en dos distritos.


La pregunta que hemos hecho muchos y que López Obrador jamás responde es cómo, si la elección de diputados y la de senadores se realizó al mismo tiempo, en los mismos lugares y con los mismos funcionarios que la de presidente, se pudo haber cometido algún tipo de fraude en la segunda y no en las primeras. No hay respuesta porque no puede haberla: la del dos de julio fue una elección con errores humanos, como siempre ocurre cuando se opta por una organización plenamente ciudadanizada, con un millón de personas elegidas aleatoriamente, trabajando en ella, lo que garantiza, como ocurrió, la imparcialidad y el correcto conteo de votos. Resulta lamentable que por intereses personales, ni siquiera de partido, sólo uno de los participantes, López Obrador, esté empeñado en ensuciar todo el proceso y a las instituciones encargadas de llevarlo a cabo.

La democracia y las instituciones que de ella derivan están a prueba de muchas cosas pero no de la ausencia de demócratas. El proceso electoral del dos de julio demostró estar a la altura de nuestra democracia, pero nada se puede hacer cuando un competidor sólo acepta las reglas del juego si él gana, y si no es así, llama, como lo hizo en la entrevista con el Financial Times esta semana López Obrador, a realizar una “auténtica revolución”. O se compite democráticamente o se juega a ser un revolucionario de cartón piedra. No es ni siquiera ético plantearse esa disyuntiva. López Obrador parece estar decidido a acabar con el mayor logro que ha tenido el perredismo a lo largo de sus más de quince años de vida (y esa es una contribución indudable de Cuauhtémoc Cárdenas): construir un partido con el que se puede estar de acuerdo o no, pero que se fortalecía en la misma medida en que fortalecía los cauces democráticos del país. Ahora, por no aceptar que perdió las elecciones, López Obrador lo quiere lanzar a algo que la mayoría de los perredistas hace tiempo desecharon: nada más y nada menos que la “revolución”. ¿Se va a ir al monte López Obrador, se levantará en armas?¿se imagina usted acompañándolo en esa tarea a Manuel Camacho, a Ricardo Monreal o Juan Enríquez Cabot?¿iniciarán la “revolución” los gobernadores perredistas? Es ridículo y demuestra una ignorancia política increíble en un hombre que aspiró a gobernar a más de cien millones de mexicanos.

Que la democracia la hacen los demócratas lo podemos comprobar en Chiapas. Estuvimos allí la semana pasada: el clima electoral era especialmente denso. Hubo acusaciones muy fuertes respecto a la intervención gubernamental, que provocó, incluso, una tardía alianza de facto PRI-PAN. El resultado, hasta ahora (hoy se realizará el conteo distrital) no pudo ser más cerrado: Juan Sabines aventaja a José Antonio Aguilar Bodegas por apenas dos mil votos. La anulación o el nuevo escrutinio de un puñado de casillas podría variar el resultado. Tanto Sabines como Aguilar Bodegas, en ese contexto, se han declarado ganadores, pero los dos, en una actitud de sensatez y moderación que esperamos perdure en las próximas semanas, han insistido en que recorrerán exclusivamente el camino legal y reconocerán como triunfador a quien decidan las autoridades, incluso Sabines, candidato de la alianza por el bien de todos, fue enfático en deslindarse de la llamada resistencia civil de López Obrador, en reconocer a las instituciones electorales federales e incluso en decir que si el TEPJF confirma a Felipe Calderón como presidente, será con él con quien trabaje el gobierno chiapaneco. Aguilar Bodegas descartó plantones o movilizaciones y apuesta también a la vía legal. Y la diferencia, entre ambos, es de apenas dos mil votos. Una lección para los “revolucionarios” del Paseo de la Reforma.

www.nuevoexcelsior.com.mx/jfernandez
www.mexicoconfidencial.com

Voto por voto

Marco Levario Turcott
Crónica
23 de Agosto de 2006

Supongamos que:

El IFE decide entregar fotocopias de las 42 millones de boletas de la reciente elección presidencial a las 791 personas que, hasta el 22 de agosto, las solicitaron. Para demostrar su convicción por la transparencia informativa y para no dejar dudas que el proceso electoral fue limpio, el consejero presidente, Luis Carlos Ugalde, señala que tomó esa decisión entre la ley de transparencia y lo que dice al respecto el Cofipe, que es la destrucción de las boletas electorales.

Entonces, funcionarios del IFE se comunican con esas 791 personas y les dicen que la fotocopia cuesta 50 cts.; cada solicitante tendría que pagar 21 millones de pesos. El monto total es de $ 16 mil 611 millones, o sea, cuatro veces más del presupuesto que en prerrogativas presentó el IFE para los partidos en 2006.

Como no todos están dispuestos a gastar o no tienen dinero, muchos retiran la petición y quedan sólo 300. De esas 300 personas, 250 se ponen de acuerdo para cubrir el pago y recibir las fotocopias. Se fija día, 1 de noviembre, y lugar, el Auditorio Nacional, adonde llegan cajas y más cajas, alrededor de 8 mil 400 suponiendo que en cada una entren 500 (la iniciativa de Magú para que fuera en el Estadio Azteca perdió por un voto). Para el evento de recepción y el conteo se registran cerca de mil 500 representantes de los medios de comunicación.

Contarán los votos los abajo firmantes de los desplegados que impulsaron la iniciativa más 95 mil voluntarios coordinados por la revista Proceso, ya que su director fue el primero que pidió la información. O sea que alrededor de 100 mil personas volverán a contar los votos, apenas el 10% de quienes participaron en las elecciones del 2 de julio, por lo que se le pide al IFE que mejor no, que no traslade todas las cajas a un solo lugar sino que las distribuya entre cada consejo que se conformó para ello. Y todo porque los promotores, más tres mil observadores extranjeros, resolvieron no emplear la consulta directa: quieren verificar cada boleta con sus propios ojos.

Falta ver la infraestructura electrónica y de recursos de personal para el acopio y el conteo total de los votos. El gobierno de la ciudad de México y los otros estados donde gobierna el PRD juntan los recursos y contratan a los expertos para adquirir toda esa infraestructura. El monto, para mí, es inimaginable.

Por fin, el 1 de noviembre inicia el conteo y nueve personas elegidas por su probidad intelectual y ética reciben la información, digamos, que en el Sacks de Polanco. Cámaras y micrófonos están atentas al conteo que fluye lentamente y sobre el que algunos medios como la ya dicha revista, La Jornada y Monitor entre otros, informan sobre las anomalías que se encuentran.

La información fluye poco a poco; está a la vista de todos en un portal web. Las otras 50 personas que no participaron del conteo se juntaron para decir que no están fielmente transcritos los resultados de los 250 revisores. Que según sus boletas Felipe Calderón obtuvo más votos en Guanajuato que lo que ellos dicen y comienza la controversia de una manera tal que, siete meses después, en nombre de la transparencia, se sigue discutiendo quién ganó las elecciones.

El IFE se diluye porque el Consejo Ciudadano para Volver a Contar los Votos (CCVC) está haciendo todo lo que hizo el Instituto, en el orden normativo y legal y con el sustento financiero que a todos nos costó.

Luego de revisarse con lupa las boletas, el CCVC valora los señalamientos de los observadores internacionales y impugnación de Las otras 50 personas que hacen huelga de hambre, dicen que ganó el candidato del PAN y convocan a un plantón en Reforma frente al Sacks; demandan volver a contar los votos.

Para sorpresa de todos, el CCVC determina que, por un margen menor del que se había dicho, ganó Felipe Calderón; su vocación democrática no les impide reconocerlo pues lo que ellos querían era sólo contar otra vez los votos para que nadie tuviera duda alguna. Finalmente, el dos de julio de 2007, la cabeza principal de Monitor, La Jornada y Proceso refleja nítido el resultado de su revisión imparcial: La elección fue transparente: ganó FCH.

mlevario@etcetera.com.mx

Palo a AMLO

Ricardo Alemán
El Universal - Itinerario Político
23 de agosto de 2006

Navarette Ruiz está lejos de "los loquitos" -como les llama- y representa a una izquierda moderada que gusta del diálogo

Cuando declaran frente a un micrófono o a una cámara de televisión, se cuidan de no hablar de la ruptura que se vive en el PRD, pero tampoco se refieren al reacomodo de fuerzas que, por razones naturales del poder, ya se vive en la llamada izquierda institucional. Frente a toda exposición mediática, las de Carlos Navarrete Ruiz y Javier González Garza aparecen como posturas conciliadoras, unitarias y de apoyo a López Obrador.

Pero lo cierto es que debajo de esas declaraciones -como buenos políticos profesionales que son los dos perredistas- y de la elección de Navarrete Ruiz y González Garza como jefes de las bancadas del PRD en las cámaras de Senadores y de Diputados, respectivamente, lo que asoma no es más que la cruda realidad de la política. Es decir, que en dos de los centros reales de poder que alcanzó el PRD en la elección del pasado 2 de julio -las cámaras del Congreso federal-, el todavía candidato López Obrador sufrió una severa derrota.

Los leales de AMLO: Ricardo Monreal y Miguel Ángel Navarro, cartas que impulsó el aún candidato presidencial para jefaturar las bancadas del PRD en el Senado -donde será tercera fuerza- y en la Cámara de Diputados -donde ocupa la segunda posición-, fueron relegados por los factores reales de poder, por el poder mismo. Así, la nueva composición de esos centros de poder significa el primer gran revés a López Obrador en la etapa postelectoral, cuando aún no se declara un presidente electo y cuando la resistencia civil va a la baja. Más aún, el hecho de que los preferidos de AMLO no hayan llegado a esas posiciones confirma que en el interior del PRD se asume como un hecho no sólo la derrota de AMLO, sino el fin de su otrora invencible liderazgo.

Y en efecto, durante la etapa formal del periplo de AMLO en busca de la Presidencia de la República, Navarrete y González aparecieron como piezas fundamentales en la operación política. Sin ocupar cargos de reflector, los dos hicieron su trabajo a favor del triunfo de López Obrador, pero nunca olvidaron su pertenencia grupal dentro del PRD. El primero, Carlos Navarrete, es uno de los fundadores del grupo Nueva Izquierda, motejado en el PRD como Los Chuchos, tribu que desde 1996 enfrentó a AMLO y desde entonces resistió imposiciones al grado que se les escrituró el "segundo lugar".

Los Chuchos es un grupo político en el interior del PRD que desde la fundación de ese partido no fue bien visto por otros sectores -y por reputados aliados mediáticos de AMLO- debido a que se les endilgaba el mote de "negociadores", precisamente por su proclividad al acuerdo y la negociación. En realidad el grupo de Los Chuchos es el sector del perredismo que desde 1994 estableció un acercamiento con el gobierno de Zedillo para hacer posible la reforma electoral y la creación de las instituciones electorales hoy vigentes. Se trata de una izquierda pragmática, negociadora y dialogante, a la que se le acredita, por cierto, el ingreso al PRD de priístas tan cuestionables como José Guadarrama, entre muchos otros que nada tienen que ver con el espíritu fundacional del PRD.

Carlos Navarrete es uno de los jefes de esa tribu del PRD que, paradojas de la política, resultó la más gananciosa después del pasado 2 de julio. Y no sería descabellado suponer, por eso, que en la futura renovación del PRD el de Los Chuchos pase, por fin, del escriturado segundo lugar a la dirigencia del partido. Navarrete Ruiz se inició en la política como líder estudiantil en Guanajuato, en donde fue fundador del PST y diputado local. También fue fundador del PMS, del FDN y del PRD, del que fue diputado federal y vocero. Está muy lejos de "los loquitos" -como él mismo les llamaba a los radicales del PRD- y representa a una izquierda moderada, que gusta del diálogo y la negociación. Muy lejos de lo que plantea AMLO con su resistencia civil.

El Güero, Javier González Garza, es un viejo militante de la izquierda, un científico que ya en 1968 era dirigente estudiantil, fundador del FDN y del PRD, identificado como parte del grupo cardenista, diputado federal, vocero del gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas, secretario de Gobierno de la gestión de Rosario Robles y director del Metro en los primeros años de la gestión de AMLO. Renunció al Metro al no estar de acuerdo con el manejo presupuestal de ese transporte colectivo, al que le recortaron el presupuesto para alimentar el proyecto de los segundos pisos. González Garza no era el preferido del caudillo, y entre sus alforjas porta -además de un fino humor y notable habilidad para la estratagema política- una larga y reconocida trayectoria en la izquierda mexicana. Se le ubica lejano a los grupos radicales que en los últimos meses se apoderaron del PRD, como también se le identifica como un político negociador, dialogante y, sobre todo, preocupado por las instituciones electorales.

Por sus naturales habilidades políticas, tanto Navarrete Ruiz como González Garza se dicen leales a López Obrador y su causa, pero el tiempo, el radical reacomodo de fuerzas y el renovado reparto del poder los colocarán, tarde o temprano, en posiciones contrarias a las del caudillo. ¿Por qué? Porque pertenecen a corrientes que construyeron las instituciones que AMLO pretende destruir. Y si no, al tiempo.

aleman2@prodigy.net.mx

Insurrección o instituciones

Juan Molinar Horcasitas
El Universal
23 de agosto de 2006

Con su soberbia ilimitada, López Obrador ha venido sumando adversarios a su causa, y con su radicalismo ha convertido aliados en enemigos. Tres elementos adicionales, aunque no nuevos, apuntan en esa dirección: el papel que López Obrador asigna a su Convención Nacional Democrática, a lo que dijo en una entrevista concedida al diario británico Financial Times, y a las acusaciones que lanzó en contra de los magistrados del Tribunal Electoral.

Empecemos con las acusaciones vertidas contra los magistrados del Tribunal. A lo largo de su campaña, López Obrador dispensó abundantes vituperios a muchos personajes e instituciones: privilegiados, empresarios, Vicente Fox, panistas, pirrurris, consejeros del IFE, medios de comunicación, el Presidente de la República, el presidente de la Corte y muchos más. El más reciente blanco fue el Tribunal Electoral. López Obrador sabe que sus alegatos no tienen fundamento y anticipa un nuevo revés. "¿Para qué esperar?", ha de haber pensado. Ya los acusó de recibir sobornos para resolver en su contra. Como siempre, dijo que tenía pruebas. Como siempre, no presenta nada. ¿Qué pensarán de este último incidente los perredistas que tomarán sus asientos en el Congreso, cuyas elecciones fueron ya calificadas por ese mismo Tribunal? Nada bueno, supongo.

Pasemos ahora a las declaraciones al diario inglés. Dos dichos destacan. El primero es que "México necesita una revolución". El segundo, que el movimiento de López Obrador es más amplio que el PRD.

Sólo un perredista incauto podría interpretar positivamente la idea de que "el movimiento" es más amplio que su partido. Estoy seguro de que muchos perredistas se sienten incómodos cuando platican sobre esto, lejos de los oídos de López Obrador, por supuesto. ¿Más amplio que el PRD o distinto al PRD? ¿López Obrador está pensando en agrandar al PRD o en sustituirlo, si le resulta necesario? Supongo que más de un perredista se ha preguntado esto.

Por lo que hace a metas y métodos, la entrevista otorgada al Financial Times no es menos preocupante. Cuando los líderes partidarios de la coalición Por el Bien de Todos, y especialmente del PRD, revisan los objetivos del "movimiento", no pueden quedarse a gusto, pues no sólo son objetivos distintos, sino hasta contradictorios con los de un partido que quiere ganar importancia en el sistema político mexicano, en vez de perderla. Y cuando analizan las consecuencias de los métodos propuestos les debe quedar claro que pueden llevarlos a perder todo lo avanzado. Enfrentarse con otros partidos, o hasta con el gobierno, es tarea aceptable para un partido político, si está en la oposición, pero enfrentarse a todas las instituciones políticas de México, sin excepción, no lo es. Eso es un desastre para cualquier institución. Y los partidos son institutos políticos. El perredismo lo ha entendido. Y lo entienden aún mejor los líderes del partido que han ocupado, o que ocupan, posiciones institucionales en el sistema político mexicano: gobernadores, senadores, diputados federales, legisladores estatales, alcaldes. Volver a las ideas de revolución. Patear las instituciones para entrar a las insurrecciones. No son ideas gratas para quienes hacen política en las instituciones. ¿Cuánto tiempo tardarán en decirle ya basta a López Obrador? ¿Cuándo tardarán en decirle "por ahí no"?

Queda el tema de la llamada Convención Nacional Democrática. Poco claro está el asunto, pero con lo que se sabe, tendrían suficiente los perredistas para saber lo que López Orador busca: sustituir al partido por un nuevo órgano que dé base y sustento a sus decisiones, sin pasar por el partido. La llamada Convención Nacional no será otra cosa que un aparato de masas congregado para avalar a mano alzada las decisiones y ocurrencias de López, sin necesidad de consultar a los órganos del partido. Cesarismo puro, dirían los teóricos gramscianos del perredismo. Caudillismo puro, dirían los más locales.

Ese es el destino que aguarda a la izquierda si se deja llevar por un caudillo que ya decidió prescindir de las instituciones de este sistema político. Del sistema político al que pertenece el PRD. Del sistema político que el propio PRD contribuyó a formar. Por ello, en su radical rechazo a su derrota, López Obrador terminará por sumar a su adversario más peligroso: su propio partido.

juanmolinarhorcasitas@hotmail.com
Diputado federal

22 de agosto de 2006

Cadena por la Concordia

Cadena por la Concordia

El 10 de Septiembre realizaremos una manifestación pública por la paz, la concordia y la unidad, de la glorieta de Insurgentes hacia el Sur, sobre la banqueta. La cadena se cortará en los cruces de cada calle, con el fin de no obstruir las vialidades.

La cita es a las 10:00 a.m. para que a las 11:00 a.m. esté completamente formada la Cadena.

A las 12:00 hrs. entonaremos el Himno Nacional y daremos por concluida la manifestación.

Lleva pancartas con mensajes de paz, concordia y unidad.

Necesitamos tu presencia y participación pacífica.

Invita a tus amigos, familiares y vecinos


¡Tú eres el eslabón que falta en esta cadena!


Atentamente


Sociedad en movimiento
informacion@sociedadenmovimiento.org.mx

www.sociedadenmovimiento.org.mx

Tiempo

Federico Reyes Heroles
Reforma
22 de Agosto del 2006
"El tiempo y yo somos dos".
Quevedo

El enfado, la irritación de muchos mexicanos por las afrentas a las instituciones del lópezobradorismo deben ser leídas en la difícil construcción de nuestra democracia. Debemos dimensionar los tiempos. Pensamos que la alternancia en el Ejecutivo federal era la prueba mayor y ahora nos damos cuenta de la debilidad de nuestra cultura democrática. Un tercio de los mexicanos está convencido -a pesar de las nulas pruebas- de que el 2 de julio se operó un gran operativo de fraude. ¿Qué hacer? Sólo en un tiempo largo se lograrán disminuir, que no erradicar, las dudas. Se necesita más y mejor información, mejor argumentación y mucha paciencia.

Con su estrategia de resistencia civil López Obrador arrincona varias fechas claves de la vida cívica del país. ¿Se moverán las huestes de AMLO? Nada hace suponerlo así. De hecho han ampliado su estrategia de confrontación: San Lázaro, la Catedral, el Auditorio. Están es su Marcha de la Locura, para recordar a Tuchman. Todo pareciera indicar que buscan un incidente. Dos son las posturas para encarar la situación. Por un lado quienes sostienen que la fuerza pública debería de proceder para permitir los rituales. La otra postura que busca evitar la confrontación. Por ella me inclino. En alguien debe caber la prudencia.

En todos los rituales hay cierto grado de maniobra. Vayamos a la primera fecha, el 29 de agosto: la instalación del Congreso. La ceremonia tiene que llevarse a cabo pues el acto solemne es parte del rito de la continuidad de la vida institucional. Sin embargo, los legisladores podrían cambiar de sede. ¿Supone ello una cesión? Sí: quitar el símbolo de San Lázaro de en medio. También es cierto que muy probablemente en la sede alterna se presentarían los mismos problemas. ¿Qué se ganaría entonces? Algo muy simple, se exhibiría la intolerancia del "lópezobradorismo". Nada más, nada menos. Y cabe también la remota posibilidad de que la ceremonia transcurra sin sobresaltos.

¿Qué hacer con el Informe presidencial? El ritual está en apuros desde hace 18 años sin que los legisladores hayan podido ponerse de acuerdo en un nuevo formato. De la Madrid, Salinas, Zedillo y Fox, pero sobre todo los ciudadanos, han tenido que padecer ceremonias interrumpidas por la gritería sin que los argumentos se escuchen. El presidente en turno del Congreso repite como perico un mandato de no interrupción que nadie acata. Primero lo padecieron los priistas, ahora los panistas. Fox ha estado de los dos lados. Es un mal negocio para todos. El artículo 69 es ambiguo: el Presidente debe presentar un informe por escrito, pero nada dice de la lectura. Quizá haya llegado el momento de dispensar la lectura del mensaje político para no exponer al Presidente, al Congreso y a la nación a horas de diatriba.

El festejo el 13 de septiembre en el Castillo con Reforma tomada pareciera imposible. La fuerza pública tendría que entrar a Reforma. ¿Puede cancelarse la ceremonia? La respuesta es sí. Es una afrenta a las instituciones, en particular al Colegio Militar, también. Hay un costo, simbólico de nuevo. El 15 de septiembre el Presidente podría optar por dar "El Grito" en Dolores para evitar la confrontación. El acto podría ser interpretado como un acto de debilidad, sí. Pero también de prudencia. Lo mismo sucedería si se busca una ruta alternativa para el desfile del día 16. Sin duda las Fuerzas Armadas lo sentirían como un desdoro, pero qué va primero. Todo sea para seguir la consigna de Quevedo y poder escapar de la trampa que los tiempos nos han tendido.

Mientras todo esto ocurre, el Tribunal -fuertemente ofendido por AMLO- llegará al final. Si AMLO gana -opción muy poco probable- se acaba el problema. Si Calderón es confirmado como ganador y AMLO, como ya anunció, lo declara "espurio", quedará claro que se agotaron todas las instancias legales y se desnudará en definitiva el carácter contra-institucional del movimiento. En todo caso ganando tiempo saldremos de este impasse en el cual ni el IFE ni el Tribunal y tampoco el Legislativo saliente ni el entrante y menos el Ejecutivo están en buena posición para defender a las instituciones. En un mes la situación será muy diferente. Habrá 628 legisladores federales en ejercicio. Habrá Presidente electo. Ya no estaremos en litigio nacional. El terrible paréntesis habrá terminado. El ejercicio de las facultades obligará a asumir el papel institucional y no tendremos tantos rituales por enfrente. La radicalización ha mellado al movimiento. Los argumentos del Tribunal bien vendidos deben convencer. Las incontables cortinas de humo lanzadas por AMLO se van disolviendo. Las vapuleadas instituciones se recuperarán. Terminado el litigio, habrá más claridad. Para diciembre tendremos la renovación del Ejecutivo con los apoyos fácticos que ello genera y lo mejor que nos puede ocurrir es no llevar en la memoria otra fecha trágica o mítica.

El enorme déficit de legalidad de México se ha agravado en los últimos años. No es el mejor momento para ajustar cuentas con una cultura de subversión de las instituciones que todos los actores han fomentado. Éstas son las consecuencias. La batalla frente a la opinión pública no se ha ganado. Necesitamos tiempo para disminuir la polarización y restablecer a la mellada autoridad. En unos años las que hoy nos parecen concesiones dramáticas las veremos como anécdotas. Sólo ganando tiempo saldremos de esta encrucijada.

La coalición y el cardenal

Roberto Blancarte
Milenio
22/08/2006

Lejos están aquellos días en los que, en ruptura total con el espíritu de laicidad, el Jefe de gobierno del Distrito Federal invitaba al arzobispo primado de México a inaugurar segundos pisos y obras viales, o cuando López Obrador ofrecía espacios para un Museo de Arte Sacro, o cuando una llamada del jerarca católico al líder perredista frenaba las iniciativas dentro de la Asamblea Legislativa para aprobar una Ley sobre Sociedades de Convivencia, que hubiera sido favorable a las parejas del mismo sexo. Todas esas alianzas espurias y amores interesados terminaron. Ahora la coalición Por el Bien de Todos, sin el recato ni el pudor religioso que le caracterizó durante la campaña, vuelve al viejo anticlericalismo de la izquierda, molesta por lo que considera, ahora sí, un indebido intervencionismo de la jerarquía eclesial en la vida política nacional.

Signos de desesperación tal vez o simple y sencillamente de una brutal desorientación ideológica que ha llevado al perredismo a fluctuar entre el muy priísta acomodo nicodémico (en lo oscurito) y el anticlericalismo más ramplón. La coalición no tardó mucho en incluir en el complot, junto con los medios y los empresarios, a la dirigencia de la Iglesia católica. No que le falten razones para sospechar que la mayoría de los obispos nunca le tuvieron confianza al perredismo. Hay más bien mucho de decepción entre quienes se crearon falsas expectativas en la ilusión del populismo. Poco acostumbrados a tratar con una Iglesia políticamente pragmática, en el desenlace electoral desfavorable, se percataron tempranamente que la afinidad era interesada.

Sería paradójico, pero según parece, a la coalición Por el Bien de Todos no le interesa tener mayor popularidad. Está haciendo, desde el día de la elección e incluso antes de ella, todo lo posible para perder el respaldo de la mayoría de la gente. Ejemplo de ello fue la manifestación frente a la Catedral Metropolitana organizada por la coalición, durante la cual se realizaron consignas de corte anticlerical, dirigidas esencialmente a presionar al cardenal Norberto Rivera. Cálculo erróneo al creer que el arzobispo de México, acostumbrado a presiones mayores y retos ideológicos más importantes, cederá ante las protestas de algunos, que él siempre supo enemigos. Lo único que los miembros de la coalición lograrán, como con muchos otros, es empujar al cardenal a abandonar su frágil neutralidad e inclinarse al bando de las fuerzas del orden y la estabilidad, con las que la Iglesia católica siempre ha estado.

Durante la campaña, la coalición y su candidato presidencial no tocaron el tema de la laicidad. Prefirieron fluctuar entre un populismo de corte mesiánico que apelaba tanto a la figura de Cristo como a un timorato anticlericalismo, igualmente arraigado entre la población. Contrariamente a Patricia Mercado, quien sí construyó parte de la plataforma de su Partido Alternativa Socialdemócrata alrededor de la idea de un Estado laico defensor de las libertades individuales y colectivas de los ciudadanos, la coalición prefirió manejarse en un discurso ambiguo, para no molestar a los jerarcas católicos. No ganó ni el apoyo de los obispos, ni la confianza de los ciudadanos.

Las encuestas varían, pero lo cierto es que las iglesias han consolidado su posición como instituciones que cuentan con la mayor confianza de los mexicanos, mientras que los partidos políticos están en los rangos de menor credibilidad y aceptación. Ante la debacle política, los bonos de los sacerdotes (a pesar de todos los escándalos) suben, mientras que los de los políticos, diputados y senadores, bajan. Poco está haciendo la coalición para revertir esta tendencia. Pero aquí al parecer no estamos más en una estrategia centrada en la popularidad, sino en la presión política para obligar a los jerarcas a callarse o a mantener una real neutralidad en el proceso político. En otras palabras, ante el fracaso de la estrategia (de corte más bien priísta) de cooptar a la jerarquía, la coalición pasa al ataque y a la crítica (también muy priísta), para intentar silenciar a los obispos.

En lugar de construir un pensamiento laico que defienda la autonomía de lo político frente a lo religioso y fortaleciendo las libertades ciudadanas, comenzando por la libertad de conciencia, la coalición se fue por el viejo camino de la cooptación o la represión. En lugar de haber reforzado su discurso sobre la educación laica y la importancia de un Estado que garantice las libertades de todos, independientemente de su preferencia religiosa, la coalición apostó a la connivencia con un hipotético e incómodo aliado. Ahora está pagando el costo de una deficiencia ideológica y en consecuencia de una equivocada estrategia. Aunque no le importe mucho, pues a estas alturas la coalición está interesada más en una estrategia de poder más que de consensos. Esperemos de cualquier manera que esta lección le sirva a alguien en el futuro.

¡GEA/ISA en Chiapas!

Ciro Gómez Leyva
Milenio – La Historia en Breve
22/08/2006

Vaya sorpresa la que dio el domingo en la noche Juan Sabines. Cuando ascendía la incertidumbre por la falta de cifras, el candidato de la coalición Por el Bien de Todos al gobierno de Chiapas sacó un papel membretado de GEA/ISA y presumió que esa encuesta de salida le daba ventaja sobre su rival del PRI. ¡GEA/ISA, la firma acusada de corrupta por Andrés Manuel López Obrador fue contratada por la coalición para medir los comicios en Chiapas! ¡El PRD proclamando su victoria con los números de GEA/ISA, 50 días después del 2 de julio! ¡Qué locura!

No. El equipo de Sabines buscó y contrató a GEA/ISA por la sencilla razón de que necesitaba datos absolutamente confiables para encarar una elección que se preveía cerradísima.

El 31 de marzo, GEA/ISA difundió los resultados de su encuesta nacional mensual. Para asombro de todos, incluidos los encuestadores, Felipe Calderón había rebasado por un punto a López Obrador. El tabasqueño perdía el liderato por primera vez. “Es un resultado que puede parecer poco creíble, pues va en contra de la corriente y contradice las dos tesis centrales de la percepción dominante: el electorado no se mueve y la ventaja de López Obrador es inmodificable”, explicaron entonces Ricardo de la Peña y Guillermo Valdés, directivos de GEA/ISA. “La campaña negativa en su contra parece que surtió efecto. Además, cometió un error (el de la chachalaca) y ya se demostró que no es inmune”.

En lugar de atender la señal de alerta que le mandaba la realidad, López Obrador inventó su encuesta secreta en la que siempre ganaba por diez puntos y dio la orden de ataque para bañar en excremento a GEA/ISA. Los lopezobradoristas obedecieron felices de la vida. Craso error.

La última encuesta de GEA/ISA antes de la contienda presidencial (junio 22) fue la más certera de todas: ganaba Calderón por menos de dos puntos y Roberto Madrazo quedaba 12 puntos debajo de él. Seguramente por eso los contrató la coalición Por el Bien de Todos en Chiapas. Hasta donde tengo información, su conteo rápido tiene arriba a Sabines entre uno y dos puntos.

No me gusta usar esta frase, pero el tiempo puso las cosas en su sitio: GEA/ISA midió extraordinariamente la contienda presidencial y López Obrador dilapidó una ventaja que, en su momento, fue extraordinaria.

Luz a luz X

Germán Dehesa
Reforma – Gaceta del Ángel
22 de Agosto del 2006

Ahora resulta. Ahora resulta que, prosternados, tenemos que agradecer los capitalinos que nos hayan concedido la inmerecida gracia de poder atravesar Reforma para poner en buenas manos (¡aleluya!) a nuestros chipotines cuyo verano, como siempre, ha sido agotador en lo espiritual y ruinoso en lo material. ¡Ozono, ozono en las alturas! y en la tierra paz para AMLO y el Gordo Encinas.

Hasta aquí lo que has leído, lectora lector querido, es de un marcado tono irónico, no te vayas a creer que de veras me muero del agradecimiento; lejos de eso, me harta que nuestra avenida siga en manos de seres fantasmales que ya ni siquiera se aparecen en sus “campamentos”. Y más me harta todavía la insolencia de Andrés Manuel que da por supuesto que si los jueces del Trife fallan en su contra, como seguramente ocurrirá, es porque esperan sustanciosas promociones en el futuro inmediato, o porque ya recibieron “cañonazos” de dinero.

Jamás estará en mí solicitar la represión, pero del mismo modo no están en mí el apocamiento y la sumisión y, la mera verdad, AMLO ya me tiene optudimóder con su creciente discurso derogatorio, ofensivo, falto de todo espíritu democrático, bravero y rijoso cuyo volumen aumenta precisamente porque nadie responde. Yo sí. Ya estuvo bueno de estar aguantando a un señor que ya le estorba hasta al partido que lo postuló. ¿Que vas a organizar una rebelión social?, ¡órale!, ¡bríncale, manito!, a ver de a cómo nos toca. ¿Que vas a sitiar al gobierno legalmente electo y, en la mejor escuela de Evo Morales, no lo dejarás gobernar? ¡Éntrale!, pero ve viendo de qué lado pega el diurex, no vaya a ser que la autoridad que dinamites sea la tuya. Créenos, AMLO, ya no haces gracia y como decía mi abuela, más vale batirse en retirada que retirarse batido; todos sabemos de las ganas locas que tenías de ser Presidente, pero ten presente que, llegado el momento, los votantes recordaron tu condición peleonera y pueblerina, tu numerito de la chachalaca, tu inasistencia al primer debate, tu colusión con Ponce y Bejarano, tus aires de suficiencia cuando te supiste arriba en las encuestas, tu costosa ruptura con Cuauhtémoc y, sobre todo, tu permisividad para rodearte de puro desecho y puro detritus político. Me refiero a Camacho, a Bartlett, a Fernández Noroña, a Martí Batres, a Porfirio, a Durazo y a muchos otros infraseres que tú recogiste en tu seno como si no tuvieras suficiente con Bejarano. Todo esto que de manera incompleta he esbozado son piezas claves del complot contra AMLO instrumentadas por el propio AMLO. Olvídate de Fox y de los “poderes fácticos” que obviamente conspiraron contra ti; concéntrate en lo que tú hiciste para ganarte la derrota y con ella el camino del martirio que tanto parece fascinarte. En eso, mi buen, tienes que trabajar y mientras tanto, aplácate, Satanás, y guarda a tus animalitos. Se acerca la hora de recuperar la normalidad y de ponernos todos a trabajar en santa paz sin olvidar, éste es mi mejor deseo, de lo prioritario que es dar la batalla contra la pobreza.

Se me ocurre que para que esta batalla resulte exitosa es indispensable la colaboración, la voluntad y la decisión, no del gran capital, sino de los pobres. Va a sonar escandaloso, pero nuestros pobres están muy malcriados y ya no podemos seguirles otorgando su beca de pobres. De lo que se trata es de crear las condiciones que permitan que todo aquel que quiera dejar de ser pobre tenga un camino para lograrlo. A eso hay que entrarle por tres vías: la nutrición, la salud y la educación. Lo demás, como decía mi tío el cuatrero, son cuentos musulmanos. Así es que, AMLITO, quítate que, por el momento, nomás estorbas.

¿Qué tal durmió? DCCCLXIII (863)


Las Muertas de Juárez y MONTIEL.


Cualquier correspondencia con esta columna que volvió a clases, favor de dirigirla a

german@plazadelangel.com.mx (D.R)

Mexico’s leftwing leader protests from his tent

Adam Thomson
The Financial Times (Inglaterra)
August 21 2006


It is mid-morning in the Zócalo, Mexico City’s imposing central square, but already Andrés Manuel López Obrador’s small nylon tent is uncomfortably hot. The pink roses shoved into a glass on the camping table seem to be losing their battle for life and the Mexican flag hanging from a wooden pole in the corner looks too out of place to give his makeshift surroundings anything resembling a presidential tinge.

Ever since Mr López Obrador, leftwing candidate in the election for president on July 2, lost by a razor-thin 244,000 votes to Felipe Calderón of the ruling centre-right National Action party, he has been “fighting to save democracy”.

For the leader of Mexico’s Democratic Revolution party, the first task in saving democracy is forcing the country’s electoral tribunal to order a full recount. Only this could “clean” an election that he claims was riddled with irregularities and subjected to nefarious influence by electoral authorities, business, local media and, in particular, Vicente Fox, the outgoing president and a member of Mr Calderón’s party.

Mr López Obrador’s problem is that, more than three weeks after he ordered the occupation of the Zócalo and Paseo de la Reforma, one of the city’s biggest avenues, the tribunal appears in no mood to heed the campaigner’s demands. Besides, time is running out: it must declare a president-elect by September 6.

No matter. In a rare interview, Mr López Obrador told the Financial Times at the weekend that not only would his struggle continue but that it would also become more radical and incorporate new acts of “civil resistance” to press his case.

All this has come as little surprise to his critics, who brand the silver-haired 52-year-old simply as an unreformed leftist campaigner with an authoritarian streak and scant regard for legal process.

They would probably be unsurprised, too, to learn what Mr López Obrador is reading: Sources on the History of the Mexican Revolution, a large leather-bound book with gold leaf on the spine. “You have to know history to know what to do in circumstances . . .”, he says before tailing off into silence.

Mr López Obrador has been reading about José Vasconcelos, a prominent revolutionary figure who later put down his loss in the 1929 presidential election to fraud and called on supporters to begin an armed struggle. And like that of Vasconcelos, Mr López Obrador is aware that the story of his own struggle might be retold for future generations.

“Never in this country’s history has an opposition movement managed to bring together so many people,” he says. “This is a historic moment because the next few days will define the future of democracy in Mexico, the role of the institutions and respect for the constitution.”

But he also says that his movement is peaceful. On July 30, when he called on hundreds of thousands of supporters who had gathered to protest against the election result to occupy the Zócalo and Paseo de la Reforma, he explained that each camp should promote culture and entertainment, including theatre, chess, poetry recitals and painting workshops for children.

The result has been the transformation of a thoroughfare into a fanfare of entertainment. In the Zócalo itself, where about 5,000 supporters have joined Mr López Obrador’s camp, a stage has hosted live music daily.

As a political strategy, however, most analysts believe the call for peaceful civil resistance is a big mistake. The resulting traffic chaos from the blockade of Reforma has annoyed many residents in the capital, which is by far Mr López Obrador’s biggest support base. An increasingly radical strategy may also alienate members of his own party, which did well at the legislative level. Before long, they argue, instead of becoming a new Vasconcelos, he may find himself a lonely – and insignificant – character.

Mr López Obrador admits that “there has been a drain of support” since he began his civil resistance campaign. He also accepts that less than half the population supports him in his struggle. In the capital, for example, he believes he now has the backing of 38 per cent of citizens.

But he insists that he had no option but to challenge the authorities. “You can’t stop them unless you take these kinds of steps. The way to fight fraud and to overcome the news blackout is what we are doing now,” he says. “If we hadn’t taken Reforma [the occupied avenue], we would not exist.”

He says the guiding light in his movement is “moral and political authority”. For him, much of that authority is based on irrefutable fact. For about a week following the election, Mr López Obrador held daily press conferences to present video footage of what he claimed was conclusive proof of vote-tampering. Now, following a very limited recount of the votes ordered by the electoral tribunal, he says there is further evidence of “irregularities”.

For many others, though, his moral authority is based less on fact but rather on a deeply rooted – almost spiritually unquestioning – belief that it is his mission to purge Mexico’s political system of the corruption he sees afflicting it. Indeed, in his tent, much of what he says supports that view. He insists, for example, that he does not worry that his struggle could erode his enormous political capital.

“If this were about power for power’s sake then, yes, they could say that this person is stubborn and capricious, that he wants to become president at any cost. But the people understand that I am not vulgar and ambitious, that we are fighting for principles and ideals.”

That is why, he maintains, his political opponents find him hard to deal with. “They are used to dealing with traditional politicians,” he says. “So when they tell me that I am no longer acting like a politician but like a social leader my heart fills with pride because what they are telling you is ‘you are not corrupt’.”

Where will all this lead? That is still difficult to tell. But Mr López Obrador says September 16 will be a “historic day”. He plans to bring together 1m of the movement’s “delegates” that day to decide on what action to take “to decide the future of our movement”. What he is sure about, however, is that the occupation will remain and that “the struggle will continue”.

In that case, if the tribunal rules against him, Mr López Obrador could be calling his tent home indefinitely.

Read a full transcript of the interview at www.ft.com/obrador

Copyright The Financial Times Limited 2006

Reivindicación del IFE

Mario Moya Palencia
Excélsior
22-08-06

El Instituto pasó la dura prueba y está más limpio que nunca. Las próximas resoluciones del Tribunal confirmarán ese prestigio

En mi artículo del martes pasado, Elección limpia, comenté que el recuento de las 11,839 casillas de 149 distritos electorales en 26 entidades federativas no cambió —como también lo cabeceó Excélsior ese día— los resultados de la elección presidencial; que ratificaban el triunfo del licenciado Felipe Calderón y "había convalidado la mayoría que el IFE anunció tras los cómputos del 6 de julio, lo cual reivindica la labor de ese Instituto y el escrutinio hecho por cientos de miles de ciudadanos".

Mi amigo Marcelino Perelló, matemático al fin, explicó detalladamente, el martes 15, los intríngulis del conteo, y confesó algo que interpreta lo que, a partir de entonces, piensan muchos mexicanos que cometieron el error de dejarse llevar por la acusación de fraude del señor López Obrador y sus seguidores: "Yo, que critiqué ásperamente al IFE, aquí mismo, hace poco, a raíz de la historia de las inconsistencias, hoy no tengo más remedio que salir, quijotesco, en su defensa."

Todo ello, insisto, significa una "reivindicación" del Instituto, de su consejero presidente, Luis Carlos Ugalde, y de los demás miembros de su Consejo General. Reivindicar, según la Real Academia de la Lengua, viene del latín res, rei, "cosa", y tiene el significado de "recuperar uno lo que por razón de dominio, cuasi dominio u otro motivo, le pertenece." En este caso la "cosa recuperada" es la confianza y la credibilidad ciento por ciento que justamente tenía y han vuelto a tener, sin duda, el Instituto Federal Electoral, sus dirigentes y colaboradores, como entidad autónoma que nunca se ha apartado de sus principios rectores: certeza, legalidad, independencia, imparcialidad y objetividad.

Para quienes jamás dudamos del IFE y de Ugalde, así como de su cumplimiento de esos principios, no había necesidad de rectificación ni reivindicación; conocemos la vida institucional del país y el derecho y la organización electorales desde antes de que existiera el Instituto y sabemos que un fraude nacional es imposible.

Lo más importante es que cuatro de los cinco partidos o coaliciones participantes (PAN, PRI, Nueva Alianza y Alternativa) aceptaron en lo general desde un principio los resultados de las tres elecciones federales concurrentes y, por lo tanto, la legalidad y la certeza que le otorgaron el IFE y más de un millón 200 mil ciudadanos —capacitados por aquél— en la jornada del 2 de julio y en los cómputos de los días 5 y 6. Sólo la coalición Por el Bien de Todos impugnó 21,457 casillas del comicio mayor, de las cuales el Tribunal Electoral recontó 54% (11,839) y permaneció prácticamente la misma mayoría de sufragios (casi 0.57%) en favor del candidato panista.

La decisión del Tribunal federal de ordenar y hacer el recuento no fue un "regaño" al IFE causado por una "sospecha" sobre sus acciones —como dijeron los perredistas—, sino el desahogo de una vasta prueba pericial en los "juicios de inconformidad" interpuestos. El propio TEPJF ordenó al IFE, desde fines de julio, que abriera aquellos sobres o paquetes que se requería abrir para integrar los expedientes contenciosos, pues al Tribunal le faltaba alguno o algunos de estos documentos: a) acta de casilla, b) lista nominal de electores y, c) escritos de protesta; lo que éste hizo en las casillas señaladas por el TEPJF, por medio de los consejos distritales respectivos, para contribuir así a una mejor justicia electoral.

El IFE pasó la dura prueba y está más limpio que nunca. Las próximas resoluciones definitivas del Tribunal, que anunciamos también la semana pasada, serán, a nuestro juicio, una nueva confirmación del prestigio del Instituto.

mmoyapalencia@prodigy.net.mx

Chiapas (o el efecto espejo)

Yuriria Sierra
Excélsior - Nudo gordiano

22-08-06

No estamos en Chiapas para plantones. Eso dijo ayer muy temprano Juan Sabines, candidato de la coalición Por el Bien de Todos a la gubernatura, y además, quien mantenía hasta ese momento una ligerísima ventaja sobre su contendiente de la alianza PRI-PAN-Panal, José Antonio Aguilar Bodegas. Otro empate técnico que se definirá en los tribunales. Y dice Sabines que, si el adversario lo solicita, la coalición aceptaría un recuento de votos y pide respeto al resultado electoral. Que, en lugar de confrontación, él prefiere "tender una mano" a panistas, priistas y panalistas, para negociar y calmar los ánimos.

Y los priistas, panistas y panalistas advierten que hubo una elección de Estado (yo acotaría, tendrían, en todo caso que ponerlo en minúsculas, elección de estado… de Chiapas). Que el gobernador Pablo Salazar Mendiguchía le habría "echado la mano" de manera extralegal al candidato perredista. Es más, cuando escribo estas líneas, Aguilar Bodegas anunciaba que impugnaría los resultados electorales, pues en muchas casillas habían "detectado graves irregularidades".

Al espejo (al revés alrevesado): Cuando uno se mira al espejo, la mano izquierda aparece como la derecha y viceversa. Así está pasando con los argumentos político/legales de la coalición Por el Bien de Todos, si se compara la presidencial con la reciente elección para gobernador en ese estado de la República. Ahora, el PRD pide respeto a los resultados, a las instituciones electorales y llama a no causar molestias a los ciudadanos. Es más, invita a sus adversarios a sumarse a la futura labor de gobierno, para tender un puente político y evitar costosas confrontaciones.

Uno no pudo evitar sonreír al escuchar las declaraciones del presidente nacional del PRD, Leonel Cota Montaño: "Para el caso de Chiapas nosotros sólo pedimos que se aplique el resultado electoral que la gente determinó". Pero cuando se le cuestionó si esta misma lógica tendría que aplicar para la elección presidencial, Cota Montaño, algo acorralado, sólo respondió: "A nivel nacional el PRD lo determinará en su momento, cuando lo considere conveniente, por ahora no hay negociación alguna con el Gobierno federal para ningún tema."

Salida de emergencia. Llaman la atención, además, dos eventos adicionales: a) que Juan Sabines se pronunciara a favor de un recuento total si así lo solicitaran sus adversarios (aun a sabiendas de que lo que él diga no tiene peso jurídico, al igual que en el caso de los candidatos presidenciales: quien decide si se lleva o no a cabo el recuento es el Tribunal electoral local y, después, el TEPJF). Es ese un "regalito" retórico para Andrés Manuel. Pero, al mismo tiempo, b) Juan Sabines se deslinda de López Obrador y su movimiento, a sabiendas, seguramente, de que su propia candidatura podría volverse "moneda de cambio" en el tablero federal. Así pues el panorama debería parecer muy claro: al PAN y al PRI les convendría que Sabines gane legítimamente en la lógica de las instituciones y no "armársela de jamón" al PRD; y al PRD (al menos al sector más moderado) le convendría utilizar esta victoria como salida al galimatías político en que los ha metido AMLO. Esperaremos a ver si estos partidos saben o no aprovechar la salida de emergencia que se ha presentado para ambos.

yuriria_sierra@yahoo.com

Aristegui y las exigencias del culto a Andrés Manuel

Regina Santiago Nuñez
Crónica
22 de Agosto de 2006

La del jueves 17 de agosto debió ser una larga noche de reflexión para Carmen Aristegui. A la mañana siguiente correría el riesgo de quedar etiquetada como pieza clave de un engranaje propagandístico cuidadosamente estructurado tal vez por cierto sector del gobierno cubano; quizás por una de las fracciones del lopezobradorismo, probablemente por ambos, aunque haya quienes dicen que por ninguno.

Como comentarista de CNN en español y Televisa Radio, Aristegui fue seleccionada para impulsar un debate que pudiera contribuir a recuperar la cohesión de un movimiento lopezobradorista que cada vez hace más evidentes sus fracturas. La apuesta era riesgosa. Se basaba en reciclar un video claramente manipulado con fragmentos de la confesión grabada al polémico empresario, Carlos Ahumada, en un centro de reclusión cubano.

La mañana del viernes 18 de agosto Aristegui decidió correr el riesgo pero intentó una especie de “vacuna” subrayando el valor periodístico de un material que, por la forma en que le fue proporcionado y por el tratamiento que recibió, estaba destinado a generar múltiples suspicacias. Dijo que no era ingenua, que sabía que le habían hecho llegar el material con una intencionalidad política, que se trataba de llevar la atención hacia la idea del complot foxista del que había sido víctima López Obrador.

A pesar de que sus palabras parecían revelar un conflicto interno, a las 8:30 de la mañana Aristegui detonó el mecanismo de propaganda. A las 8.50 estaba terminando de difundirse el video y cuatro minutos después Milenio online informaba del contenido, enfatizando que ésta era la prueba de la existencia del complot que López Obrador siempre denunció.

Simultáneamente, Aristegui conversaba con José Antonio Crespo para marcar lo que debía ser la línea de interpretación del material presentado: Se demuestra un operativo de Estado para impedir que López Obrador llegue a la Presidencia. Ya desde 2004 estaba sugerida esta participación, pero el valor de este material es que da nombres y le quita autoridad moral a Santiago Creel para ser líder de los senadores del PAN.

Más tarde, Horacio Duarte anunció que presentaría el video ante el Tribunal Electoral como prueba de la intromisión de Fox para impedir que López Obrador llegara a la Presidencia. A pesar de todo, el secretario general del PRD, Guadalupe Acosta Naranjo deslindó a su partido de la difusión del video.

Pero esa tarde, también en Televisa Radio, Carlos Loret de Mola entrevistó a Claudia Sheinbaum y hábilmente la fue llevando a presentarse como una de las más beneficiadas por la maniobra propagandística. En un inicio Sheinbaum declaró que para ellos no fue sorpresa (la difusión del video) y dijo que el material sólo servía para confirmar lo que López Obrador siempre había dicho sobre la existencia de un complot.

Loret utilizó este señalamiento para desacreditar los argumentos con que Aristegui pretendió “vacunarse”. Hizo notar, con un dejo de ironía, que Sheinbaum tenía razón, que realmente no hay nada nuevo en esta historia salvo, quizás, que sea Ahumada quien aparezca dando nombres. Luego mencionó que hay quien dice que este video fue un regalo de Castro a López Obrador, a lo que Sheinbaum respondió que no sabía si esto era así, pero que era importante considerar el momento político en el que se reveló.

Cuando Loret mencionó que había quienes consideraban que éste era un movimiento desesperado por parte de la coalición, Sheinbaum reaccionó y trató de enmendar lo dicho anteriormente. Puso especial énfasis en señalar que ella no tenía conocimiento del video y que no sabía cómo le llegó a Aristegui.

Cuando Loret aumentó la presión haciéndole notar que seguramente todo esto era de su agrado en su condición de esposa de Carlos Imaz, Sheinbaum perdió los estribos y, alzando la voz, increpó al conductor preguntando si no tenía claro que su esposo no cometió ilícito alguno y que el delincuente es Ahumada.

Por la noche, los compañeros de Aristegui en Televisa Radio se convirtieron en sus jueces más severos. Adrián Trejo retomó la idea que ya se había manejado en noticiarios como el de Joaquín López Dóriga, Jacobo Zabludowsky y Ciro Gómez Leyva, entre otros. Dijo que la difusión del video se da en el contexto de la calificación de la elección presidencial y es una clara intromisión del gobierno cubano en asuntos internos de México.

Luego, en el comentario conjunto con Salvador García Soto, señaló que en términos periodísticos, la divulgación del video no aporta mucho. Dijo: Carmen Aristegui hizo su trabajo; ella tiene sus fuentes, pero hoy ese material ya no tiene tanto valor periodístico y más bien se inscribe dentro de una estrategia política.

Como muchos otros comentaristas de noticias, Aristegui ha sido regañada en público y en privado por López Obrador y algunos de sus operadores como Claudia Sheinbaum y Federico Arreola, a pesar de que les ha brindado su apoyo. Ahora es puesta en evidencia por los propios periodistas de Televisa radio y por otra ala de la estrategia de López Obrador. El sábado 21 de agosto, una vez que pudo medirse el efecto boomerang que provocó la difusión del video para los ultras del lópezobradorismo, Jaime Avilés escribió en La Jornada que no podía descartarse que el video hubiera sido filtrado por la campaña de Felipe Calderón.

La difusión del video de Ahumada se dio un día después de que Rosario Robles había denunciado la traición de López Obrador no sólo a ella, sino a Cuauhtémoc Cárdenas. López Obrador utilizó a Rosario Robles para ganar la elección como jefe de Gobierno y luego la persiguió cuando vio que podía convertirse en un obstáculo para sus planes de apoderarse del PRD y de la candidatura a la Presidencia.

La maniobra propagandística se dio también en momentos en que crece la percepción de que la izquierda pensante y moderna no tiene cabida en el lópezobradorismo. El caudillo exige total sumisión y la renuncia a todo pensamiento propio. Algunos políticos, intelectuales y periodistas han tenido el valor de declarar públicamente que, aunque votaron por López Obrador, hoy no están dispuestos a seguirlo en su nueva aventura. Ojalá y los detalles de este episodio propiciaran otra larga noche de reflexión por parte de Carmen Aristegui, con mejores resultados para ella, para el periodismo y para la izquierda pensante.

*Regina Santiago Núñez fue analista política para la página de internet de CNN en español con la columna La Transición Política en México. Actualmente participa en el observatorio de medios de la Universidad Iberoamericana.

rsantiagmx@yahoo.com.mx

AMLO, Sorel y Benito

Francisco Báez Rodríguez
Crónica
22 de Agosto de 2006

Si las cosas continúan en el mismo carril político, dentro de unas semanas Andrés Manuel López Obrador habrá desconocido a Felipe Calderón como presidente legítimo del país y llamará a sus seguidores a otro tipo de resistencia civil, cuyas aristas todavía no están bien definidas.

AMLO ha creado un movimiento que se pretende disruptivo; un movimiento que está a punto de quedar por afuera, por encima y contra las instituciones generadas en México en las últimas décadas. Un movimiento de “purificación de la vida social” que quiere cambiar profundamente, de manera tajante, la vida política de la nación.

López Obrador utiliza como referentes favoritos a algunos próceres históricos: Ponciano Arriaga, Justo Sierra, Emiliano Zapata y, sobre todo, Benito Juárez, de quienes toma frases prestadas para sus principales discursos e intervenciones. Pero su verdadera inspiración —aunque tal vez él nunca lo haya leído directamente— parece ser Georges Sorel, filósofo francés y teórico del sindicalismo revolucionario.

Sorel fue una suerte de marxista muy heterodoxo, que criticaba los aspectos materialistas y “científicos” del gran teórico alemán del comunismo. Para Sorel, la verdad del marxismo no estaba en su contenido, sino en su capacidad redentora de los pobres para poner fin a una sociedad decadente. Y, a diferencia de Marx, Sorel basaba su socialismo no en un análisis de las relaciones sociales de producción, sino en una cuestión moral.

Para Sorel, los mecanismos de la democracia liberal eran meros caminos laterales, limitados y engañosos de acceso al poder, ya que por la diferencia de poderío y recursos entre capitalistas y trabajadores, la democracia era esencialmente corrupta. La vía maestra era la acción directa. Preconizaba la organización de una gran huelga general como el momento clave para la toma del poder de parte del proletariado, que acabaría controlando los medios de producción.

Pero hay otro elemento clave en la visión del filósofo francés: el “mito”. Por “mito”, Sorel se refiere a la creación de una idea, un concepto, un sentimiento capaz de llevar a las masas a la acción concertada. Lo llamaba mito porque su valor no se medía por su cercanía a la “verdad”, sino por las consecuencias prácticas que acarreaba.

A su desprecio a la democracia burguesa y a la mediocridad, Sorel correspondía con el culto a la grandeza y a la nacionalidad (porque Sorel no creía en el internacionalismo, sino en la grandeza de Francia, que debía revivir los principios puros y populares de la revolución de 1789).

Ir más allá, por encima y —si es necesario— en contra de las reglas injustas de la democracia burguesa. Encontrar un “mito” desde el cual organizar a las masas para la acción directa. Usar a los pobres como ariete para acabar con una sociedad decadente y corrupta. Despreciar la mediocridad. Pensar, antes que nada, en la grandeza de la nación.

Hubo un seguidor de Sorel hace casi un siglo. Un periodista socialista llamado Benito, a quien sus compañeros consideraban extremista del sindicalismo. Era un hombre convencido (lo cito) de que “nuestra clase política es deficiente. La crisis del Estado liberal es esta deficiencia documentada”. Convencido de que sus compatriotas eran “desdeñosos del pasado y ansiosos de renovación”, creó un movimiento revolucionario, que proclamaba, entre otras cosas, “que las organizaciones proletarias (moral y técnicamente dignas) se encarguen de la gestión de las industrias y servicios públicos… un fuerte impuesto extraordinario sobre el capital, que tenga la forma de expropiación parcial de todas las riquezas… la convocatoria a una Asamblea Nacional, cuya primera tarea sea establecer la forma de constitución del Estado”. Un movimiento que, sobre todo, valía por sí mismo: era un programa de transformación continua.

Benito Mussolini, moviéndose hábilmente en un ambiente en el que los partidos no estaban acostumbrados a llegar a acuerdos y en el que la cultura nacional estaba dominada por la retórica, pasó de la izquierda a la extrema derecha, se adueñó del poder —con maniobras, sin violencia en gran escala—, gobernó “fuera, por encima y contra el Parlamento” y lanzó a Italia a la terrible aventura de la II Guerra Mundial.

El mimetismo de algunos de los gestos políticos de López Obrador con las propuestas sorelianas no basta para convertirlo en un Duce en potencia. Entre otras cosas, y sobre todo, porque muchas de sus organizaciones de masas se fundaron a través del clientelismo; por lo tanto, no se integran de manera jerárquica y dependen demasiado de los recursos que otorga la democracia liberal. Igual cosa sucede con el partido: el PRD dista mucho de ser una organización rígidamente vertical. Y si bien nuestros partidos se comportaron en las dos últimas legislaturas exactamente como los de la Italia pre-fascista (los gritos, la retórica, las descalificaciones mutuas), la cultura nacional democrática, aunque inmadura, parece haber sentado raíces. El espacio que le queda a la violencia es reducido.

Finalmente, falta el vuelco ideológico. Hay, sí, masas que siguen al líder sin saber con precisión adónde las lleva. Hay también grupos espontáneos que se han expresado en los campamentos de verano de la Coalición Por el Bien de Todos con un lenguaje claramente de derecha (squadrista, siguiendo el símil italiano). Lo vemos en el lenguaje violento de algunas mantas, en el nacionalismo trasnochado de otras (contra españoles, contra apellidos extranjeros, contra gringos y judíos), en los intentos de adoctrinamiento infantil.

Se ha gestado un huevo de la serpiente. Pero no parece que sea capaz de romper el cascarón.

Del otro huevo de la serpiente —el de la derecha pura y dura— comentaremos próximamente.

fabaez@gmail.com

21 de agosto de 2006

Si no con votos, de perdida con milagros

Carlos Marín
Milenio - El asalto a la razón
21/08/2006

"Con todo respeto…" había sido la premisa que Andrés Manuel López Obrador degradó hasta convertirla en cédula de impunidad para ofender y calumniar.

Repetitivo en sofismas como se ha revelado para necear con su pretensión de alzarse con una Presidencia que él mismo hizo inalcanzable para sí, ayer comenzó a retorcer otra expresión válida sólo cuando se especula con hipótesis viables: "No es aventurado decir…".

Con el propósito evidente de azuzar a sus porras contra el predecible fallo del Tribunal Electoral, dijo esto en el mitin de ayer:

"Por eso estamos aquí en resistencia civil, esperando a que el Tribunal resuelva en definitiva sobre el resultado de la elección. Aunque también sabemos que nuestros adversarios —porque no nos estamos chupando el dedo— tienen sometidos a fuertes presiones a los magistrados, y no es aventurado decir que están a la orden del día los cañonazos de dinero, o los ofrecimientos de cargos públicos para el futuro".

O sea, hay que entender que si el Tribunal no le regala el cargo que perdió el 2 de julio, será porque los magistrados vendieron su decisión.

La mina de insania que explota el candidato de una coalición que ha desmentido su proclama de trabajar "por el bien de todos" es inagotable.

El viernes, por ejemplo, se colgó de uno de los personajes más detestados por López Obrador, el empresario Carlos Ahumada, al dar por cierta su "confesión" (¡suposiciones!) acerca del primer "complot", surgida en un "interrogatorio" de 40 horas ante la civilizada, imparcial y comedida policía política cubana.

Aunque sea por canija congruencia, ¿por qué toma un pedazo de aquella declaración y acepta como verdad también la parte en que el empresario acusó a su gobierno de querer extorsionarlo?

Una tercera variante (igualmente bochornosa) de su estrategia de engaños es la fantochada de la "peregrinación" que centenares de sus adeptos hicieron este sábado a La Villa, con estandartes de la Virgen de Guadalupe y toda la cosa, para rogar (no se atrevieron a "exigir") por el milagro de que López Obrador cumpla su capricho de vivir en Palacio Nacional.

La osadía de esos feligreses (de la Iglesia de la Democracia que parece querer fundar el candidato a puros golpes de fe en cada una de sus afirmaciones, por más descabelladas que sean y a pesar de que unas contradigan a otras, como la grotesca del "fraude cibernético" devenido "a la antigüita") coloca al estadista de sus sueños en un predicamento: si el milagro no se produce, ¿querrá decir que "ni Dios" lo quiere de Presidente?

De ser así, como el Don Juan de Zorrilla, siempre podrá justificarse:

"Llamé al cielo y no me oyó, pues que sus puertas me cierra, de mis pasos en la tierra responda el cielo, ¡no yo..!"

AMLO: la estrategia ambigua de una oposición semileal

Leo Zuckermann
Excelsior - Juegos de Poder
21-08-06

Jaime Sánchez Susarrey nunca le dio el beneficio de la duda a Andrés Manuel López Obrador. Siempre insistió en que el perredista era un radical contestatario que no podía ser un demócrata moderado, el líder de una izquierda moderna como la que necesita México. El académico incluso publicó durante la campaña una novela de ficción titulada La Victoria, donde imagina qué hubiera hecho AMLO en caso de haber ganado las elecciones. Sin ambages, es la historia del retroceso democrático que hubiera significado para el país.

Aunque todo indica que AMLO perdió, la reacción del tabasqueño frente a la derrota le ha dado la razón a Sánchez Susarrey en cómo aquél es un riesgo para las instituciones democráticas. A propósito de la más reciente radicalización del perredista, dice el editorialista de Reforma: "El candidato de la coalición Por el Bien de Todos se apresta a desconocer no sólo al nuevo Presidente de la República, sino al conjunto de las instituciones del Estado mexicano. En ese paquete van el Instituto Federal Electoral, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el Tribunal Federal Electoral y, por supuesto, el nuevo Congreso de la Unión".

Me parece que Sánchez Susarrey está en lo correcto, pero sólo está viendo un lado de la moneda. Es claro que AMLO le está apostando a un movimiento social que efectivamente desconozca la legitimidad y eficacia de las instituciones de nuestro régimen político. Sin embargo, también le apostará a seguir beneficiándose de los espacios institucionales que pueda controlar. Se trata de una estrategia dual: liderar un movimiento opositor que cuestione a las instituciones y, al mismo tiempo, operar dentro de éstas con el fin de obtener tribuna, espacios mediáticos, recursos económicos e incluso reformas legislativas que le beneficien.

El politólogo Juan Linz ha hecho una clasificación de las posibles oposiciones que puede haber en un régimen político. La oposición leal son aquellos partidos que se oponen al gobierno, pero no al régimen. La desleal es la que es una ferviente oposición, a menudo violenta, al régimen y al gobierno; lo que Giovanni Sartori ha llamado partidos "antisistema". Finalmente se encuentra la oposición semileal, caracterizada por la ambigüedad: generalmente comienza siendo leal al régimen pero, por distintas circunstancias históricas e ideológicas, cada vez actúa más como desleal. A ratos parecen estar dispuestos a jugar con las reglas del juego establecidas, pero luego anuncian que no están de acuerdo con éstas y que podrían salirse del juego.

Para Sánchez Susarrey, AMLO estaría en el borde de formar una oposición desleal. Yo, en cambio, pienso que el lopezobradorismo está actuando con la típica ambigüedad de la semilealtad. De hecho, ya lleva mucho tiempo haciéndolo. Su actuación frente a los comicios del 2 de julio así lo indica. AMLO y su equipo cercano estaban dispuestos a respetar a las instituciones de la democracia siempre y cuando ganaran. Y como realmente pensaban que iban a ganar, insistieron en que confiaban en el IFE y respetarían sus resultados. Cuando éstos les fueron adversos, empezaron a cuestionar la legitimidad y la eficacia de este Instituto, típica reacción de una oposición semileal.

Lo mismo ocurrió con el Tribunal Electoral. Ejercitando su derecho, la coalición Por el Bien de Todos presentó una demanda donde impugnaron alrededor de cuarenta mil casillas. Sin embargo, en las calles insistieron en que el Tribunal debía contar todos y cada uno de los votos de las 130 mil casillas. ¿Por qué no solicitaron, entonces, esta demanda por la vía jurídica? Por una razón sencilla: desde entonces sabían que el recuento total de la elección no les favorecería y era mejor que el Tribunal no abriera todos los paquetes, para lo cual los magistrados necesitaban sustento judicial, de tal suerte que, al final, se "desenmascarara" la podredumbre de todas las instituciones democráticas.

Es previsible que, en cuanto el Tribunal termine sus trabajos y, como todo lo indica, declare Presidente electo a Felipe Calderón, el lopezobradorismo denueste el trabajo de este cuerpo jurisdiccional. De hecho, desde hace tiempo vienen cuestionando la imparcialidad del Tribunal y, en el caso de AMLO, incluso dice que él nunca reconocerá el resultado si es a favor de Calderón. Es claro: usan a las instituciones cuando les conviene y las cuestionan también cuando les conviene.

Lo mismo sucederá con el Congreso. Los diputados y los senadores del PRD van a tomar posesión e inevitablemente negociarán con las otras fuerzas políticas para procurar los recursos públicos destinados a su partido y a los gobiernos estatales que controlan. Incluso van a promover algunos cambios legislativos. Sin embargo, desde afuera, el movimiento lopezobradorista pondrá en tela de juicio la legitimidad de las instituciones, incluida la del Congreso y, por supuesto, la del Presidente.

Otro ejemplo de ambigüedad semileal se dará en el Gobierno del DF. Marcelo Ebrard va a gobernar a la capital pero tendrá que ponerla al servicio del movimiento social de AMLO. Serán gobierno, mas también oposición al régimen político, tratándose de beneficiar de ambas situaciones. Para ponerlo esquemáticamente en términos actuales, continuará el juego que en esta ciudad están jugando, por un lado, el gobernante Alejandro Encinas y, por el otro, el rebelde Martí Batres, ambos controlados por López Obrador.

La pregunta es qué tanto puede una oposición mantenerse en la ambigüedad inherente a la semilealtad. Me parece que no por mucho tiempo porque, en última instancia, como reza el dicho, no se puede mamar y dar topes al mismo tiempo. O se hace lo uno o lo otro. O se transita a la lealtad o a la deslealtad con las instituciones democráticas. Y en lo que coincido con Sánchez Susarrey es que la personalidad de AMLO es más propensa a lo segundo que a lo primero.

leo.zuckermann@cide.edu

El mesías y el dictador, el abrazo videograbado

Jorge Fernández Menédez
Excélsior - Razones
21-08-06

Imaginemos por un momento que un hombre de negocios mexicanos, que acusa a fuerzas gubernamentales de estar chantajeándolo, fuera a Medio Oriente, a Iraq por ejemplo, para escapar de esas persecusiones. Al llegar, pese a que tiene todos sus papeles en regla, es ilegalmente detenido por las fuerzas de seguridad y recluido en una mazmorra tipo Abu Ghraib. Allí está incomunicado durante semanas, despojado de todas sus pertenencias, no se le permiten contactos con el exterior y menos aún un abogado defensor; allí es sometido a torturas físicas y sicológicas. Los carceleros en medio de todo eso le ofrecen un trato: para quedar bien con un amigo, adversario del detenido, quieren filmar su "declaración" donde repite, textual, la versión que su enemigo. La filmación se hace, incluso se graban hasta los ensayos del "interrogatorio" y queda finalmente, un paquete de más de 40 horas ilegales de "confesiones" arrancadas bajo presión. Pero los carceleros no cumplen su palabra e ilegalmente, una vez más, lo envían a su país de origen, donde es encarcelado por sus propios enemigos, y una vez más incomunicado, se le prohíbe cualquier contacto con los medios para hacer llegar su versión de los hechos y la justicia se ensaña con él aunque no tiene elementos para culparlo. De todas maneras, logra explicar públicamente cómo se obtuvieron esas grabaciones, qué le habían pedido que dijera y cuál fue el objetivo de sus captores al realizarlas.

Pasan más de dos años, sigue encarcelado y sin contactos con los medios, su familia, incluso, es objeto de un atentado que las propias autoridades encargadas de investigarlo tratan de desvirtuar cuando anuncia que podría dar a conocer más información sobre las corruptelas de las mismas. Y repentinamente, cuando sus enemigos políticos están a punto de entrar en una debacle total, resucitan el viejo video, pero lo presentan tan mal que es evidente la edición, la manipulación, los recortes de distintos momentos del larguísimo interrogatorio, de forma tal que de las 40 horas quedan sólo 10 minutos mal editados. Y eso es presentado como prueba irrefutable para demostrar que hubo un complot contra los sufridos enemigos del empresario detenido.

Si eso ocurriera, los defensores permanentes de las buenas causas se alzarían; reclamarían por la violación de los derechos humanos del perseguido; rechazarían cualquier evidencia obtenida ilegalmente, bajo prisión, coacción y tortura de un detenido político, acción ejercida, además, por un gobierno dictatorial y reclamarían con enjundia la libertad del detenido. Pero como ese detenido se llama Carlos Ahumada, como sus perseguidores están encabezados por López Obrador, como los corruptos de la historia son sus principales operadores; como la dictadura que detuvo y torturó a Ahumada es la de Fidel Castro y no el Gobierno estadounidense, y como López Obrador está desesperado no sólo porque perdió las elecciones sino porque todo su tinglado se está hundiendo, surge, llegada de La Habana vía Caracas, la cinta para tratar de salvar algo. Y algunos medios, que también están tratando de salvar sus pertenencias del naufragio, se prestan a divulgarla en forma acrítica.

Si se tuviera que presentar una sola prueba de que López Obrador es cualquier cosa menos un político progresista y tolerante, allí estaría su actitud ante las denuncias de Ahumada: a todos sus colaboradores corruptos, desde Gustavo Ponce Meléndez hasta René Bejarano y Carlos Imaz, los apoyó, a uno lo ayudó a escapar, a los otros no los persiguió y le dio la libertad, a sus esposas les dio cargos privilegiados en el Gobierno, a sus seguidores los colocó entre los más fieles. Jamás le ha reclamado, siquiera, que digan qué hicieron con el dinero que recibieron. Ahumada, puede ser culpable o inocente, pero se lo ha perseguido como sólo pueden hacerlo los inquisidores, los que persiguen consideran que se ha violado la fe. López Obrador, que se compara modestamente con Jesús, Gandhi y Luther King, se parece más a Torquemada: ha permitido que ilegalmente entren al reclusorio los medios "amigos" para fotografiar en paños menores a Ahumada, pero nos ha prohibido a los periodistas que hemos solicitado una entrevista con él (o él con nosotros, en forma destacada a Ciro Gómez Leyva y a quien esto escribe) realizarla. Es un prisionero que a dos años y medio de su detención sigue incomunicado y que no ha podido dar su versión de los hechos, mientras que López Obrador y sus incondicionales siguen utilizando material ilegal, producto de una detención también ilegal (incluso para los niveles de la dictadura cubana), que sólo puede provenir de la isla como una forma de intervenir en los asuntos internos de México.

Es vergonzoso que las autoridades del DF sigan siendo parte de esta maquinación digna de un gobierno totalitario; que mantengan incomunicado de esta manera a un preso obviamente político; que López Obrador quiera utilizar este tipo de cintas, con ese origen, para tratar de levantar su deteriorada imagen, aunque después de dos años y medio ni siquiera nos ha dicho en qué utilizaron él y los suyos ese dinero y si estaban extorsionando a Ahumada, como él dice, y si éste "sólo" los estaba corrompiendo; que el Gobierno cubano siga interviniendo de una forma tan obvia en nuestra vida política y que alguno de los seguidores de Fidel todavía se quejen de que la administración Fox no envió "una nota diplomática preguntando por la evolución de la salud de Fidel" (sic); que algunos medios utilicen en forma acrítica, fuera de contexto, sin cuestionamiento alguno, una información que manipulada y obtenida bajo coerción. Es la mejor muestra del deterioro ético de una corriente política que alguna vez se dijo progresista y de izquierda. ¿Qué esperan para regresar a los cauces que le dieron prestigio y legitimidad moral en el pasado?

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