1 de septiembre de 2006

La guillotina del rey

Raymundo Riva Palacio
El Universal - Estrictamente personal
01 de septiembre de 2006

Esta noche comienza la hora de las definiciones para el PRD y probar de qué forma se separan de un cada vez más beligerante López Obrador

La soberbia que exudaba Manuel Camacho era proverbial. De su mano comían, sugería, los corresponsales de The New York Times, el Financial Times, The Economist y, en general, la prensa extranjera. Estaban con la causa de Andrés Manuel López Obrador, y eran la cabeza de playa para legitimar la denuncia de fraude en la elección presidencial. Tuvo éxito y López Obrador cabalgó como el darling de la prensa extranjera durante semanas, hasta que comenzó a levantar cejas en el mundo por sus inconsistencias y ocurrencias.

Es cierto, como alega Porfirio Muñoz Ledo, uno de los más grandes trasvestis de la política mexicana, que un factor importante fue el cabildeo que hizo el equipo de Calderón en los medios extranjeros. Pero no era suficiente. AMLO fue un buen aliado de esos oficios. De acuerdo con personas que conocen detalles de ese proceso, el punto de inflexión comenzó a darse cuando el candidato comenzó a patinar con las supuestas pruebas de fraude. El video de una casilla en Salamanca que no era lo que él aseguraba, fue el detonante, pues de ahí comenzó una cadena esquizofrénica de declaraciones.

Cuando resultó que ese video era un fiasco, dijo que los representantes de casilla eran quienes se habían vendido, que le resultó en búmeran porque los propios representantes de casilla de la coalición lo desmintieron. Entonces se centró en el "fraude cibernético" sobre la base de sus análisis de cómo se había comportado el PREP -que no es el método oficial de cómputo-, pero cuando entendió que por ahí iba a ningún lado, afirmó que, en realidad, el fraude había sido "a la antigüita". Vinieron entonces sus declaraciones que iban del reconocimiento a la labor del Tribunal Electoral, a desconocerlo cuando empezó a darse cuenta que no iban a darle un cheque en blanco y a sus acusaciones de corruptos. De otro fraude que sacó, el "aritmético", pasó al desvanecerse a la compra de funcionarios de casilla por parte del sindicato de maestros, y de complicidad del IFE por una mala capacitación de ese ejército ciudadano reclutado para el 2 de julio. Mientras cambiaba de dichos, radicalizaba su presión política en las calles.

Su discurso iba dando tumbos. A un corresponsal le dijo que él era el presidente electo, y a otro afirmó que el 16 de septiembre habría dos presidentes de México. A uno más le comentó que él se veía como Ghandi y Martin Luther King, mientras que a otro aseguraba que su camino era el de la revolución. En un diario europeo, cuyos dueños y periodistas se jugaron la vida un día defendiendo a la Constitución durante una asonada militar, sugirió que si no le daban lo que él quería -el voto por voto-, quebrantaría la constitucionalidad. Un López Obrador de múltiples caras comenzó a perder adeptos en el exterior. Primero se le escapó de la buchaca The Washington Post, el primero en defender la vía legal y cuestionar sus métodos de protesta, y poco más adelante The Economist lo empezó a llamar "un mal perdedor". El fallo del Tribunal Electoral sobre el cómputo del 2 de julio, que no modificó el resultado y desechó sus impugnaciones de fraude, terminó de quitarle el resplandor en el mundo.

En una comida ofrecida por el rector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente, este martes a internacionalistas, el secretario general de la OEA, José María Inzulza, le preguntó a Muñoz Ledo cómo iban a enfrentar López Obrador y la coalición la realidad de la legitimidad internacional de las elecciones y la victoria de Felipe Calderón -cuando menos en las urnas-, expresada a través de un mosaico de medios extranjeros. El echeverrista-cuahutemista-foxista-lópezobradorista, no pudo articular una respuesta convincente. Pero hasta para una mente como la de Muñoz Ledo resulta difícil elaborar un buen argumento. López Obrador es un personaje ocurrente y audaz, difícil de acotar y encauzar. Lejos de controlar daños, suele profundizarlos; lejos de administrar las expectativas, las dispara. A veces, cuando se encuentra en un callejón sin salida -como el de la casilla en Salamanca-, en lugar de recortar pérdidas, pareciera que se fuga hacia delante arañando las paredes para brincarlas. Muchas veces pudo, pero hoy la legitimidad que alcanzó en el mundo se está desmoronando tan rápidamente como, por su estrategia, se le está transfiriendo a Calderón.

Los editoriales en el mundo son elocuentes. El Berliner Zeitung tituló: "López Obrador pierde su buena fama". Los Angeles Times señaló que "si hay una amenaza a la democracia en México, es López Obrador". El Financial Times escribió: "Con un gobierno paralelo, López Obrador puede dañar la credibilidad del PRD. Arriesga a debilitar la capacidad de las autoridades electas, como en el Distrito Federal, y que extremistas tomen acciones en su nombre. El caos e inestabilidad resultante de todo esto puede dañar enormemente a México, minando el progreso económico y social que ha alcanzado el país en los últimos años". El más condescendiente con él, The New York Times, sentenció: "La continua insistencia de López Obrador de que fue robado, ahora suena como un quejido. Si escoge no desistir, su partido, ahora el segundo más grande del país, debe decidir que es más grande que él, y que su papel es como oposición, dentro, no fuera, del proceso democrático".

Los flip-flops de Andrés Manuel López Obrador les cuestan cada día más caros. La prensa mundial, en su crítica a los métodos de López Obrador, hace un permanente reconocimiento al PRD, y en algunos casos apelan a un deslinde. En este momento, en el ámbito de lo público, eso no parece posible. Pero cuando hablan en privado, la ruta que plantean no es la de la beligerancia prolongada. Se saben atrapados en este momento por la poca institucionalidad de su candidato, pero el tiempo se les está agotando. La imagen de violento de López Obrador, lo reconocen algunos de sus dirigentes, los está regresando a la percepción que se tenía de ellos en 1988. Mucho han trabajado para hacer del Partido de la Revolución Democrática una opción políticamente confiable para que un personaje históricamente intransigente dilapide no sólo su capital sino el de una izquierda parlamentaria como la que hoy existe. Su poder, como lo demuestran al aceptar el resultado de la elección que los ungió en los cargos de voluntad popular, se encuentra dentro de la vía institucional, no en las calles y las turbas.

Esta noche, en el informe, empezará su temporada de definiciones políticas con respecto a López Obrador. Si se asume que él no cambiará, ¿cómo transitar por la vida democrática institucional sin romper con su caudillo? ¿Cómo apoyarlo sin caer en el campo de la ilegalidad? Pero más importante: ¿cómo separarse de él para evitar que los arrastre a su marginalidad? No son decisiones fáciles, pero valdría la pena volver a recordar a Mirabeau cuando proclamó: "Si para salvar a la República hay que guillotinar al rey, guillotinemos al rey".

rriva@eluniversal.com.mx
r_rivapalacio@yahoo.com

La comedia y la tragedia del sexto informe

Ciro Gómez Leyva
Milenio – La Historia en Breve
31/08/2006

Qué importa si mañana el presidente Fox sube o no a la tribuna de San Lázaro. Qué importa si lee o entrega por escrito su sexto Informe, o si los diputados del PRD y el PT le cierran el paso en el salón de sesiones, o si cuatro, cinco, diez legisladores se cortan las cejas y tumban los dientes.

Todo eso no pasaría de ser comedia. Y como buena comedia, sería rica en acciones repentinas e ingeniosas. Tendría personajes originales y ridículos. Pero pasado el sobresalto inicial, los espectadores se darían cuenta de que no hay motivo para angustiarse porque lo más que podría suceder es que se alteraran los valores del protocolo.

Pero si alguien, como se ha sugerido, piensa que es una buena idea tomar como rehén a Vicente Fox, o si las anunciadas protestas en las calles escalan, o si alguien calculó que es hora de aportarle un primer muerto al conflicto poselectoral, la crisis devendrá tragedia.

En una tragedia, los personajes terminan siendo víctimas de terribles pasiones. Los desenlaces son funestos: catástrofes que infunden terror.

El prólogo de la tragedia está escrito. Para unos es un fraude electoral desvergonzado; para otros, una insurrección alimentada por resentimientos criminales. Por fortuna, en ninguno de los dos casos la obra tiene resuelta aún la segunda, tercera, cuarta parte: la desgracia que se desencadena, el sufrimiento, las muertes.

Se escribió aquí el lunes que de López Obrador y sus duros no cabe esperar un análisis racional de intereses y deseos, pues viven ya la fase de la “purificación social”. Y de un personaje tan limitado e irresponsable como Vicente Fox sería una ingenuidad esperar que surja la inteligencia política.

Toca, pues, a los legisladores del PRD y el PAN comenzar a escribir la parte dos de la obra. Razones para sentirse traicionados sobran en uno y otro frente. Motivos para guerrear tienen a montones. Sería hasta cierto punto una decepción que no interpretaran una buena comedia el viernes. Pero la tragedia es otro género.

Los diputados están en libertad de elegir qué tipo de obra dramática van a representar. Y como son libres, bien pueden optar por la tragedia. Si así lo hacen, que no digan después que no entendieron lo que estaba ocurriendo. Que leyeron mal el guión. Que estaban confundidos...

gomezleyva@milenio.com

Tiempo de definiciones

Denise Maerker
Excélsior - Atando cabos
31-08-06

El conflicto que se desató a raíz de la elección del 2 de julio ha provocado un encono y un nivel de confrontación en la vida pública que nunca antes me había tocado vivir. Hoy más que nunca recibo cartas, mensajes y llamadas telefónicas; el contenido va desde un saludo amable hasta los más groseros insultos. La pasión está a flor de piel.

Hay en especial un grupo, supongo que son simpatizantes de Andrés Manuel López Obrador, que insiste en pedirme, incluso me exige, una definición ideológica. Estas personas suelen lamentar en sus mensajes que ya no sea la misma de antes; escriben, por ejemplo: "Revisa las entrevistas que hacías en el 40, ¡qué diferencia!" o "Qué rápido te quitaron lo izquierdosa a billetazos". Atribuyen mi supuesto cambio a que tengo un programa en Televisa los domingos. Me acusan de "haberme vendido" y de recibir línea del gobierno o de los empresarios dueños de los medios donde trabajo.

De acuerdo con esta interpretación, yo sería incapaz de pensar por mi cuenta y estaría únicamente tratando de salvar mi pellejo cuando digo cualquier cosa respecto a López Obrador o de sus recientes declaraciones y acciones.

Voy a aprovechar la ocasión para responder.

Efectivamente todos los periodistas tenemos una posición ideológica que en nuestro trabajo hacemos más o menos explícita.

No existe la neutralidad. La realidad pura no existe y cualquier descripción periodística, por neutra que parezca, es una interpretación. Detrás de la utilización de cualquier adjetivo, cuando jugamos con la ironía, y más aún cuando emitimos una opinión, lo hacemos a partir de un marco general de referencia que hemos construido a lo largo de nuestra vida y que nos lleva a considerar ciertas cosas como buenas y otras como malas. Toda opinión implica necesariamente una postura normativa; una definición de lo que nos parece deseable y de lo que no.

A los sociólogos, Max Weber, uno de los padres de la sociología, les pedía que no se abstuvieran de hacer juicios de valor, pero les exigía dos cosas: que en todo momento fueran claros y conscientes, consigo mismos y con los demás, de cuáles eran los valores de referencia de los que derivan sus juicios de valor y, dos, que dijeran explícitamente que en ese momento no estaban haciendo ciencia sino ejerciendo la crítica. Weber añadía: "Toda polémica contra un ideal diferente del de uno no se puede hacer más que a partir de un ideal propio".

El ejercicio que nos toca a los periodistas es muy parecido. Es un esfuerzo continuo de toma de conciencia y de transparencia. Cuando escribo aquí, o cuando doy una opinión en el programa Tercer Grado, no estoy reporteando ni haciendo ciencia, estoy tomando una posición o entrando en una polémica a partir de un ideal propio. Y la mejor manera de no engañar a nadie es justamente haciendo explícito ese marco de referencia que traemos en la mente y que es producto de toda una vida y de una formación.

Desde que inició este conflicto he procurado dos cosas: mantener una apertura, no sólo en cuestión de espacio en los programas de televisión y de radio, eso es lo fácil, sino mantener una apertura mental, ser capaz de seguir escuchando a ambas partes, tratar de entender sus motivaciones y, dos, recordar continuamente y hacer explícito ese ideal personal que es el mástil del que me agarro para no dejarme llevar por cualquier viento.

Y como es tiempo de definiciones, aprovecho para decir: como periodista y como ciudadana estoy a favor de que nuestra vida en común se rija por reglas democráticas. ¡La pretendida neutralidad del periodista no me puede llevar a ser indiferente sobre si terminamos viviendo en una dictadura o arrastrados a una revolución! En ese sentido, cuando opino, inevitablemente le atribuyo connotaciones positivas a todo aquello que parece encaminado a fortalecer en nuestra sociedad un clima de libertades y de mayor igualdad y, al contrario, critico la corrupción, el autoritarismo o la impunidad porque justamente socavan esos valores fundamentales con los que me identifico.

Por eso, disiento cuando escucho a López Obrador convocar a una Convención Democrática en la que supuestamente se podría elegir a un Presidente legítimo; disiento cuando escucho que, sin pruebas, se acusa a los magistrados de estar vendidos; disiento cuando se pretende hacer pasar por un hecho lo que se tiene que probar; disiento cuando se lincha diariamente a los periodistas por no estar de acuerdo con su movimiento; disiento cuando define a nuestro sistema político como una República Simulada.

Vale recordar que Andrés Manuel llegó a la jefatura de Gobierno gracias a las reglas de esa misma República y estuvo a punto de ganar la Presidencia.

Desde luego se trata de una República muy deficiente, no hay duda, y hay que cambiarla, pero la cuestión está en la forma.

Tres semanas antes de la elección, López Obrador me dijo que a pesar de los abusos de unos y de las imperfecciones de nuestro sistema, nos encaminábamos a una elección legal y legítima. Hoy explica su derrota recurriendo a un recuento de esos mismos hechos. Entre una y otra versión, pasó el 2 de julio y su derrota en los números, sólo eso.

Por ello, a los que me dicen que cambié, les respondo que quienes cambiaron son ustedes y López Obrador.

denise.maerker@nuevoexcelsior.com.mx

¿Nos representan?

Sara Sefchovich
El Universal
31 de agosto de 2006

Hace algunos días se publicó en un diario de circulación nacional una invitación a una reunión para constituir una "asamblea universitaria por la democracia", que prometía ser "abierta, plural e incluyente". Sin embargo, desde el primer párrafo, los convocantes establecen una posición que no cumple con ninguno de esos planteamientos: "Ante el contexto político que vive nuestro país y como parte de los esfuerzos por la democratización profunda de nuestras instituciones, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se suma a la convocatoria del movimiento de resistencia civil que encabeza Andrés Manuel López Obrador para la transformación de la vida pública en México".


La UNAM cuenta con cerca de 300 mil alumnos y miles de trabajadores entre profesores, investigadores, autoridades, personal administrativo y de intendencia. Es un vasto universo que, como tal, sin duda incluye muchas diferencias ideológicas amplias y muchas de matiz.

Entonces, ¿con base en qué alguien puede decir que "la UNAM" hace tal o cual cosa, toma tal o cual decisión o posición, se suma a tal o cual movimiento? ¿Cuándo fuimos consultados los universitarios como para que se pueda utilizar el nombre de nuestra institución para apoyar tal o cual acción? ¿Quién les concedió a los firmantes de esa invitación la representatividad como para hablar en nombre de todos nosotros y poder invocar a la institución como entidad?

La cultura política mexicana siempre ha sido así. En el siglo XIX los liberales no sólo hablaron en nombre de todos los mexicanos sino que hicieron las acciones que ellos consideraron correctas y necesarias.

Así lo escribe uno de ellos: "A despecho de la inercia popular, gracias a la decisión progresista de una minoría y con palpable disgusto de la masa del país, tenemos constitución liberal; con manifiesta repugnancia del pueblo y de las clases acomodadas establecimos la independencia de la Iglesia y el Estado y laicizamos la enseñanza oficial y con ostensible oposición de los mexicanos poseemos ferrocarriles y telégrafos".

Lo mismo hacía el presidente Zedillo cuando aseguraba que los críticos eran "una minoría" y que "el pueblo mexicano se identifica con el gobierno". Ya en la huelga del año 99, en la Universidad Nacional, los dos lados en conflicto hablaban de "nosotros, la Universidad" y dejaban fuera de la institución a todos aquellos que no estaban con su posición.

El asunto viene a cuento, porque en la situación política que estamos viviendo, encontramos que se usan dos maneras de hablar: la primera, que cualquiera siente que puede hablar en nombre de "los mexicanos", "los ciudadanos", "el pueblo", "los votantes", como si supiera a ciencia cierta lo que piensan, lo que aprueban, lo que desean, cómo votaron y, lo más importante, como si esos adjetivos englobaran a una unidad homogénea y sin fisuras.

Eso lo hacen desde el más célebre conductor de radio hasta una estudiante que en misiva reciente a un diario de la capital escribe: "El pueblo está harto, los ciudadanos estamos indignados". ¿Cómo lo saben? ¿No será que le atribuyen al pueblo y a todos los habitantes del país lo que ellos piensan y quisieran que fuera?

La segunda manera de hablar, derivada de aquélla, es que cualquiera siente que tiene la representatividad. Así, resulta que unos cuantos universitarios hablan en nombre de toda la institución, que hay más de 400 mil delegados del DF a la convención convocada por AMLO para el próximo día 16 de septiembre sin que los habitantes de la capital sepamos cómo adquirieron esa categoría ni cuándo y cómo los elegimos, y que un grupo de personas cometen actos de vandalismo en Oaxaca y consideran que eso representa lo que quieren los maestros o, como dicen ellos, "el pueblo" de esa entidad.

¡Si hasta cuando la representatividad se adquiere por elección, que se supone es la manera correcta de hacerlo en una democracia, muchas veces de todos modos no nos representa y siempre deja fuera a grupos! ¿A quién representaba aquel diputado que sólo quería irse de parranda a los antros? ¿O la nueva diputada que aun antes de tomar posesión ya está insultando a los indígenas?

Ya veremos mañana en el Congreso de la Unión, durante el informe presidencial, qué tanto nos representan nuestros legisladores. Allí se hará patente que, aunque fueron elegidos por mayoría de votos y por cuotas partidistas, seguramente no todos "los mexicanos" estaremos de acuerdo con la forma de actuar que decidan asumir, sea la que sea, grosera o respetuosa, porque sin duda hay quienes prefieren una y quienes consideramos que la otra es mejor para el país que deseamos tener.

Escritora, investigadora en la UNAM

Para ser bueno hay que gritar ¡fraude!

Jesús Martínez Álvarez
Crónica
31 de Agosto de 2006

Si en algunos mexicanos está presente la idea de fraude en las recientes elecciones presidenciales, ello es consecuencia sólo del dicho y su repetición: ¡fraude, fraude, fraude..! Pero no se ha presentado ninguna prueba de que tal fraude haya existido. ¿O dónde está?

Quienes asumimos sin prejuicios los asuntos públicos, y somos muchos los mexicanos que lo hacemos, estuvimos dispuestos a conocer y en su caso aceptar las pruebas del fraude señalado por la Coalición que lo sostuvo. Pero las pruebas nunca llegaron. Y las pocas que se presentaron se derrumbaron sin que nadie las demeritara: se derrumbaron solas.

Subrayo la existencia de muchos mexicanos que observamos, o participamos en la vida política sin prejuicios, porque a veces el ir y venir de las declaraciones parece querer imponer la percepción de que existen dos bandos y hay que escoger. La disyuntiva es falsa: no hay por qué optar entre uno y otro.

El candidato que según todos los indicios obtuvo el segundo lugar en la votación, ha conducido la discusión a “o estás con uno o estás con otro”. Y aún más: “si estás conmigo, estás con la democracia, la justicia, la verdad, los pobres, la esperanza; si no, eres de derecha, reaccionario, traidor, corrupto”.

Esta dicotomía lleva al reduccionismo extremo: nadie puede estar en medio. O somos buenos o somos malos. Para ser bueno, hay que gritar ¡fraude!; para ser malo, basta con decir que se respete la decisión de las instituciones.

México no es así, desde luego, ni la realidad tampoco. Hay medios tonos, hay una amplísima gama de pensar y de comportarse, de analizar y de expresarse.

Hay que tener cuidado. Se ha vuelto lugar común decir la sociedad está polarizada. Existe, desde luego, el riesgo, pero más allá de los círculos cercanos a los dirigentes de la llamada resistencia, somos mayoría los que podemos dialogar con los que piensan diferente, somos mayoría los que analizamos sin fanatismo, discutimos con apertura, proponemos sin intereses. Somos mayoría los que preferimos reflexionar sobre los hechos a deambular confundidos entre las palabras que pretenden afirmar sin probar.

No hay razón para aceptar la imposición de que los mexicanos están, ya, polarizados. Eso quisieran algunos dirigentes políticos. No hay que comprar la idea y asumirla como hecho consumado. A la vez, hay que estar atento para que no ocurra. Mientras usted pueda platicar con su vecino, aunque tengan posiciones política diferentes, o mientras pueda circular un auto que lleva mensajes de respaldo al PAN o a la CPBT sin que nadie siquiera le grite, mientras en comidas familiares se converse abiertamente sobre la circunstancia política actual… mientras todo eso ocurra, querrá decir que aunque algunos quisieran vernos confrontados no lo estamos, y querrá decir que la población está muy por encima de convocatorias a la división y a la actitud rijosa. Pese a los reiterados llamados a la escisión, la sociedad ha mostrado su madurez y no se ha dejado llevar por el mensaje de la confrontación.

La derecha es una opción para quien quiera tomarla, como lo es la izquierda. Ninguna es sinónimo de traición ni de corrupción ni de heroísmo ni de santidad. Usar alguna de esas expresiones para denostar a otro, como si se tratara de un insulto, es un recurso más del reduccionismo.

Pero, además, no son las únicas opciones y, aunque lo fueran, estos términos llevan implícitos centenas de matices.

Asoman días difíciles, ya que algunos se han apropiado del calendario para intentar tomar a la sociedad como rehén. Vienen, pues, fechas simbólicas y días difíciles: 1, 15 y 16 de septiembre, 1 de diciembre. Fechas que desde hace mucho son de paz y fiesta, y que ahora, según la amenaza que se cierne, pueden ser de violencia e incertidumbre.

Los actores políticos deben estar a la altura de la sociedad. Prudencia, mesura, responsabilidad, firmeza. Conducta en el marco de la ley. La sociedad requiere estar a la altura de sí misma, no sumarse a la irracionalidad, a la desmesura, al fanatismo. Pensar por sí mismo. Escapar del simplismo, sustraerse a la convocatoria que desafía.

Cuando se anuncia una pelea de un campeón de box, la pregunta es obligada: contra quién. Es obvio: hacen falta dos.

Las fechas llegarán fatalmente, pero es falso que fatalmente también llegue la confrontación. No acudamos al llamado que divide. Se cansará, se quedará en el vacío, se ensordecerá a sí mismo.

Encontremos una forma de expresar hoy y mañana nuestro deseo, nuestra exigencia, nuestra determinación, de que nadie altere nuestra paz y convivencia. Somos muchos más que unos cuantos.

emilio.martinez@congreso.gob.mx
Diputado Federal de Convergencia
LIX Legislatura

Nueva misiva de José Woldenberg a La Jornada

José Woldenberg
Publicada en la sección El Correo Ilustrado
La Jornada
31 de agosto de 2006

Señora directora: De nuevo le solicito la publicación de la siguiente carta en El Correo Ilustrado.

1. El 3 de agosto 137 personas publicamos un desplegado de prensa titulado "La coexistencia de la pluralidad reclama la defensa de las instituciones de nuestra democracia".

2. El 23 de agosto, 20 días después, Emilio Carballido y Edgar González Ruiz publicaron un comunicado en el que expresamente se dirigían a algunos de los firmantes de aquel desplegado afirmando que "el recuento parcial probó el fraude".

3. El 25 de agosto respondí personalmente a ese desplegado señalando que a partir de las evidencias que presentaban Carballido y González Ruiz no se probaba la existencia de un fraude electoral.

4. Luego de eso se han publicado en La Jornada seis cartas de lectores (algunas de ellas plagadas de injurias) y una nueva respuesta de González Ruiz. No obstante, siguen sin ofrecer elementos probatorios de un fraude. Intentaré explicarme.

5. Cuando hablamos de fraude entendemos una operación orquestada para alterar la voluntad de los ciudadanos que se expresó en las urnas, un dispositivo para "inflar" artificialmente los votos de un candidato y restar los votos de otro.

6. Entiendo que todos reconocemos errores o inconsistencias en el llenado de las actas el día de la elección. La diferencia se encuentra en que algunos piensan o pensaban que se trataba de irregularidades sistemáticas a favor y en contra de algunos candidatos (es decir, de un fraude), y otros afirmábamos que se trataba de errores connaturales a una tarea que realizan ciudadanos sorteados y capacitados para ese día y labor.

7. El día de hoy conocemos -todavía parcialmente- los resultados del recuento de cerca de 12 mil casillas que realizó el tribunal electoral. Y lo que podemos afirmar es que de ese nuevo recuento no aparecen evidencias de fraude o dolo en el cómputo de los votos. Como era de esperarse, los errores se distribuyen de una manera más o menos equitativa entre todos los partidos y coaliciones. De tal suerte que hoy más que nunca sabemos que los datos que presentaban Carballido y González Ruiz no eran suficientes para probar un fraude.

(8. Además, vale la pena recordar que el tribunal no es una entidad ajena a los compromisos que asumieron todos los partidos. Ellos -los partidos- decidieron que un tribunal se encargaría de procesar el contencioso electoral y sería la última y definitiva palabra. No es un invento perverso, sino que fue diseñado y aprobado por todos los partidos políticos, y el nombramiento de los magistrados igualmente fue aprobado por todos ellos y a lo largo de 10 años todas sus resoluciones han sido acatadas.)

9. ¿No deberían quienes han enviado las cartas detenerse un momento a pensar por qué cada una de las supuestas explicaciones de fraude duran unos días circulando y luego son remplazadas por nuevas explicaciones?

10. Primero eran 3 millones de votos perdidos. Pero resultó que se encontraban en un archivo especial del PREP, el de las "actas inconsistentes" que había sido diseñado de común acuerdo entre el IFE y los partidos. Ello, sin embargo, no niega que en la presentación del PREP en Internet se cometió un error por parte del IFE: no distinguir entre actas recibidas y actas computadas.

11. Luego se trató de un "algoritmo" que modificaba los resultados del PREP. Al final la fantasía se derrumbó entre otras cosas porque el PREP es solamente un mecanismo para poner al alcance de los ciudadanos y los partidos información sobre los resultados preliminares, pero no es el mecanismo oficial de cómputo de la votación. Además, como los partidos cuentan con un número muy elevado de actas, pueden checar si sus resultados coinciden o no con los del PREP (que los despliega casilla por casilla).

12. Más adelante la suspicacia se extendió al constatar que las curvas de acopio de los resultados en el PREP y en los consejos distritales no seguían la misma tendencia. La explicación a esa supuesta "anomalía" resultó sencilla y contundente: la variable fundamental que explica el acopio de datos del PREP es la distancia entre la casilla y el consejo distrital (más la lentitud o velocidad en el cómputo de los votos en la casilla), mientras que el cómputo distrital avanza en función de la velocidad con la que se confrontan las actas en los propios consejos, la discusión en los mismos y la apertura o no de paquetes electorales.

13. Después apareció videograbado un presidente de casilla metiendo votos en una urna como prueba del "embarazo de urnas". Resultó, sin embargo, que esa operación la estaba realizando con el consentimiento de los representantes de los partidos, ya que los votos habían sido depositados por error en la urna que no les correspondía.

14. No sigo para no aburrir al lector. Pero la última prueba eran las inconsistencias en el llenado de las actas. ¿Y qué tenemos? Que esos errores, luego de recontar un poco menos de 12 mil casillas impugnadas por la coalición Por el Bien de Todos, no siguen el patrón de beneficiar a uno y perjudicar a otro.

15. Por supuesto también se puede y se debe discutir sobre las condiciones en que transcurrió la contienda electoral. Pero eso, por lo pronto, es harina de otro costal.

Atentamente:

José Woldenberg

¿Qué hacer con AMLO?

Enrique Canales
Reforma - Mexicar
31 de Agosto del 2006

¿Qué hacemos con Andrés Manuel? Ojalá no necesitemos hacer nada pues tenemos la obligación ética de darle tiempo a que se conforme. Ojo; yo me conformo cuando logro que mi forma interior se adapte y esté en armonía con las nuevas formas del exterior. Si no me adapto a mis circunstancias, entonces me inconformo. Si la forma interior de Andrés Manuel sigue napoleonesca o continúa pensando que todavía lleva 10 puntos de ventaja, entonces no se ha conformado con la realidad de su derrota.

Demos tiempo pues a que AMLO lleve a cabo su duelo personal y que llore a gusto su derrota. Pero al ofuscarse y negar la realidad alegando que se siente agraviado con todas las instituciones porque le robaron la elección y al no querer reconocer que votaron más mexicanos por Felipe, ¿qué hacemos ante un deschavetado que exige una capitulación de todo el país ante sus caprichos?

La negociación no es opción, pues nadie puede negociar con alguien que no reconoce a nadie. Un usurpador ve usurpadores por todos lados. Entonces, la negociación no puede existir ni debe existir a menos que los rebeldes propongan algo dentro de la ley y bajo un respeto absoluto al resultado de la elección. Alertas: siempre habrá vividores que se autonombren mediadores y prolonguen el conflicto.

Conste, cualquier puñado de locos decididos a cometer fechorías, en cualquier lugar del mundo, pueden ocasionar mucho daño; daño material, daño a la vida de las personas y daño al funcionamiento de las instituciones. Debido a que los aprecio como personas espero que los nuevos rebeldes no se hagan daño, pero cuidado cuando una mente torcida tiene capacidad para lanzar a las chusmas enardecidas hacia su sacrificio. La Decena Trágica comenzó cuando en 1913 una multitud intentó tomar el Palacio Nacional, después de unos minutos de tiroteo quedaron 500 cadáveres tendidos en el mismo Zócalo.

En primer lugar se trata de evitar que los rebeldes perredistas se hagan daño, luego de que no hagan más daños a todos los demás y por último de recapitular aprendizajes para modificar procedimientos electorales y mejorar el contexto y el texto de las próximas elecciones. El rumbo jamás puede ser hacia destruir lo que llevamos construido, sino mejorar lo que estamos haciendo por los conductos legales para hacerlo.

Entonces tenemos de preferencia la estrategia de no hacer nada, siempre y cuando el daño material y el sacrificio de los derechos humanos no se prolongue por muchos días más. Alejandro Encinas ha amamantado esta rebelión caprichosa y la historia lo va a condenar por no garantizar el libre tránsito a sus ciudadanos. Ya basta de tener funcionarios que violan la ley y apapachan a un avasallador de las libertades.

Como es probable que el no hacer nada no surta el efecto de permitir que Andrés Manuel regrese a sus casillas y a la cordura, entonces debemos tener listas otras estrategias para tratar a este enfermo.

La siguiente estrategia es contenerlo en algunas zonas para que el daño no se extienda. Habrá fricciones, empujones, tanquetas de agua, golpes y demás, pero conviene contenerlo; no desaparecerlo. Tal como le hemos permitido a Marcos Guillén casi agotarse en mantener su territorio zapatista. Conste, los indígenas atrapados en dichos territorios no tienen manera legal de deshacerse de Marcos Guillén quien, como Andrés Manuel y como cualquier líder sindical autoritario, todo lo quiere resolver en asambleas abiertas sujetas a la presión del grupo para aplastar cualquier disidencia.

¿Por cuánto tiempo nos conviene permitir que se hagan daño y que nos hagan daño? Esta segunda estrategia requiere que el obcecado y empecinado se canse y se agote.

Si esta segunda estrategia no desanima al grupo que rodea al cacique, entonces tenemos otra muy buena estrategia a la mexicana clásica: vamos a corromperlos. Así Martínez Domínguez frenó la expansión del barrio anárquico Tierra y Libertad que en Monterrey había declarado su independencia bajo los líderes Camero y Anaya. Don Alfonso a base de billetes convenció a Alberto Anaya de formar un grupo político, el cual emergió como el actual Partido del Trabajo.

Antes de exigirle a la PFP que libere las calles y las plazas de rebeldes, antes de que el conflicto genere violencia y desgracias personales, antes de llamarle al Ejército para imponer el orden utilizando la fuerza constitucional, la estrategia de corromper voluntades con dinero es preferible para evitar la estrategia de aplastar la rebelión con la fuerza de las armas. En ciertas situaciones la administración de la corrupción se convierte en una habilidad política.

Ahora bien, cuando un loco quiere su inmolación, debemos tratar de salvarlo, pero cuando iracundo comienza a sacrificar a sus seguidores y a otros ciudadanos, habría como extrema y última estrategia que concederle la gracia de que se inmole. Lágrimas. Por eso Goya escribió sobre uno de sus dibujos: "El sueño de la razón produce monstruos".

enriquecss@gmail.com

Los 60 días de López Obrador

Joaquín López Dóriga
Milenio - En Privado
31 de agosto de 2006

Hubiera sido un gran actor del cine mudo, pero le dio por hablar. Florestán

La noche del domingo 2 de julio, en su primera intervención pública en el hotel Gran Marquís, Andrés Manuel López Obrador comenzó su discurso diciendo:

“Amigas, amigos, mexicanos. Escuché el mensaje del director (sic) del IFE y del ciudadano Presidente de la República. Voy siempre a ser respetuoso de las instituciones y, de manera particular, de lo que en definitiva resuelva el IFE”. Y enseguida reivindicó su victoria por medio millón de votos.

El sábado se cumplirán dos meses de la jornada electoral, a lo largo de los cuales López Obrador se ha ido separando de aquel compromiso hasta desconocerlo, y endureciendo su posición a partir de la descalificación de los conteos rápidos, del PREP, del cómputo distrital, de los consejeros electorales y del IFE.

Siguió desconociendo el proceso electoral todo, las tendencias y el método de revisión del conteo parcial; denunció un “fraude cibernético” primero, que luego fue “fraude a la antigüita”; demandó la anulación del proceso electoral, negó la ventaja de Felipe Calderón, al que repudió, tachó de usurpador y “presidente ilegítimo”.

En ese ejercicio de desconocer, incluyó al Presidente de la República, a la Suprema Corte de Justicia y sus ministros, a los magistrados del Tribunal Electoral, a los que ofreció la opción de entrar a la historia reconociendo su triunfo, o ser unos traidores si no se lo daban, como había exigido. Era él o la legalidad. Luego los acusó de haberse vendido y dado un “golpe de Estado”.

Llamó a los suyos a la calle, tomó el Zócalo y bloqueó el corredor Centro Histórico-Reforma; se propuso para dar el Grito en la Plaza y negó el espacio para el desfile militar.

Desde allí, nos declaró la revolución, se alzó como el “purificador” de la Nación y “transformador de las instituciones”; se autoproclamó Presidente de México, convocó a crear la “República restaurada” llamando a una Convención Nacional Democrática que oficialice su ambición, que es dilema: ser Presidente, jefe de Gobierno o encargado del Ejecutivo.

Cargó contra los medios que no dicen lo que él quiere oír, leer y escuchar. Toleró y, por momentos fomentó, los juicios populares contra medios y periodistas; hizo su lista negra de “buenos y malos” y azuzó cada tarde a los duros en su contra construyendo un clima de linchamiento.

Ante una realidad con la que no contaba el 2 de julio, perder, se planteó impedir que Felipe Calderón fuese Presidente y al serlo, evitar que gobierne con el objetivo de tirarlo y asumir el poder al estilo sudamericano.

¿Qué pasó en este tramo de dos meses que llevó a López Obrador de comprometer su respeto por las instituciones a desconocerlas?

Elemental: la fortaleza de las instituciones le fue útil mientras le funcionaran para formalizar y legitimar su triunfo.

Al no ser así, ya no le sirvieron.

Y por eso, a acabar con ellas.

Todo fue en 60 días.

Nos vemos mañana, pero en privado.

lopezdoriga@milenio.com

Obrador, una amenaza para México

El Mundo (España)
Editorial - Opinión
30-08-06

Hace casi dos meses que se celebraron elecciones presidenciales en México. Las urnas dieron la victoria -aunque ajustada- al conservador Felipe Calderón. Los resultados fueron avalados por los observadores de la UE, que acreditaron la limpieza del proceso. A pesar de ello, el líder de la formación de izquierda PRD, López Obrador, no acató el recuento provisional y prefirió esperar al pronunciamiento del Instituto Federal Electoral, que confirmó la victoria del candidato continuista.

Obrador dio evidentes muestras de que no sabe perder y amenazó con organizar protestas callejeras si no se computaban de nuevo todos los votos. Desde entonces, miles de sus seguidores han acampado en las calles de la capital para presionar al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, última instancia competente en la materia, que, tras la revisión de 375 impugnaciones, ha certificado que las modificaciones no afectan sustancialmente a los resultados del 2 de julio.

Ahora Obrador ha dado un paso más en su desafío al Estado. Afirma que los jueces constituyen «un grupo de privilegiados y de extremistas de derecha», y que han tomado una decisión política y no jurídica. Por ello, no considera legítima la victoria de Calderón y, tal como ha insinuado más de una vez, pretende formar un gobierno paralelo y llamar a la resistencia civil pacífica. Su auto investidura tiene incluso fecha, será el próximo 16 de septiembre. Con esta actitud, el candidato de la izquierda abandona definitivamente la senda moderada que le acercaba a Lula o Bachelet y se decanta por seguir el trazado revolucionario que permite compararlo, sin matices, con Morales y Chávez -con la gran diferencia de que el ex alcalde mexicano ni siquiera cuenta con el respaldo de las urnas-.

La irresponsabilidad y la demagogia de Obrador puede tener nefastas consecuencias para México, un país que, desde que se desprendió de la losa que representaba la corrupción del PRI -partido que monopolizó el poder durante más de 70 años-, había emprendido el camino de la normalidad democrática. El presidente saliente, Vicente Fox, inició durante su mandato la difícil empresa de la modernización económica y social. Calderón afronta el gran reto del país azteca, reducir las diferencias entre ricos y pobres, y para ello es imprescindible la estabilidad institucional. Si Obrador no entra en razón puede sumir a México en una crisis de tal magnitud que echaría por tierra el camino recorrido en los últimos 10 años.

El golpismo «cívico» de López Obrador

ABC (España)
Editorial - Opinión
31 de agosto de 2006

La actitud del dirigente izquierdista mexicano Andrés Manuel López Obrador ha llegado a límites intolerables. En un lenguaje preciso, su obstinación en reconocer el dictamen de las instituciones que tutelaron las elecciones presidenciales del 2 de julio o las sentencias del Tribunal Supremo Electoral son sencillamente un intento del golpe de Estado. López Obrador propone ignorar la autoridad del actual Gobierno, los dictámenes del poder judicial, además de la legitimidad del presidente electo, y quiere proclamar una especie de «convención nacional» y un «gobierno asambleario alternativo». En eso consiste más o menos un golpe de Estado, se haga por la fuerza de las armas o a través de bloqueos pretendidamente «cívicos», como el que hace ya más de un mes que mantienen sus seguidores.

A estas alturas resulta innecesario seguir hablando de los detalles del proceso jurídico de convalidación de las elecciones, porque sencillamente no es por este camino por el que discurre su estrategia. El líder populista sólo quiere que le den la razón y que le entreguen la banda presidencial, y ya ha dejado claro que no está dispuesto a aceptar ningún otro dictamen, por justificado y apegado a la ley y la realidad que pudiera ser. Con sus movilizaciones y amenazas pretende amedrentar a los jueces que antes del próximo miércoles deben emitir su veredicto sobre la validez de la elección y ratificar la proclamación del vencedor, aunque López Obrador ya ha anunciado que no aceptará ninguna otra decisión que no le dé la razón, lo cual pondrá a México ante una gravísima crisis política, por no hablar del modelo irracional de actuación política que podría cundir en otros países iberoamericanos en los que se agita la ola de populismo. Como ha recordado en las páginas de ABC el candidato de la oposición democrática en Venezuela, Manuel Rosales, lo que pasa en México «es un buen ejemplo para Hugo Chávez, que apoyó activamente a López Obrador». El fracaso electoral de éste ha de servir, a su vez, de impulso moral para el candidato único de la oposición venezolana y como prueba de que el populismo puede ser combatido y derrotado en las urnas.

Seis años de clientelismo activo como alcalde de la capital y con el poder local en sus manos, lo que incluye a la Policía metropolitana, le permiten a López Obrador actuar al margen de la prudencia y en muchos casos de la legalidad. Pero las instituciones democráticas deben sobrevivir a los ataques de las que son objeto: si el candidato derrotado insiste en desconocer la ley, no podrán seguir impasibles ante el desafío. Lo que está pidiendo López Obrador es que le den el poder, bajo la amenaza de hacer ingobernable la próxima legislatura. Ante esta actitud, la democracia mexicana no tiene más remedio que imponer las más elementales normas de convivencia usando todos sus recursos legítimos.

30 de agosto de 2006

El Tribunal funciona

Leo Zuckermann
Excélsior - Juegos de Poder
30-08-06

Desde que terminaron los cómputos oficiales del IFE el 6 de julio, todos supimos que la última palabra sobre la elección de Presidente la tendría el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), última instancia jurisdiccional. Durante casi dos meses hemos seguido de cerca las resoluciones y diligencias del TEPJF, que ha tenido que trabajar largas jornadas con el fin de resolver los 375 juicios de inconformidad que recibió de los partidos.

Finalmente, el lunes, el pleno de la Sala Superior votó las sentencias de estos juicios. Por unanimidad, los siete magistrados anularon 237 mil 736 votos, debido a irregularidades, aunque no generalizadas ni producto de un agravio o dolo. En conclusión, como lo anunció Excélsior, para el Tribunal "no hubo fraude el 2 de julio".

Detrás de esta decisión del TEPJF hay muchas horas de trabajo de cientos de abogados que revisaron las pruebas, recontaron los votos de algunas casillas y elaboraron los dictámenes para la votación en el pleno. Toda la información se encuentra en www.trife.gob.mx en el apartado Últimas Sentencias Dictadas. Ahí está la lista completa de los resolutivos de los 375 juicios que promovieron los distintos partidos. Vale la pena revisar por lo menos uno, para darse cuenta de la escrupulosa labor del Tribunal.

Tome, por ejemplo, las 109 páginas del expediente SUP-JIN-69/2006, sobre la demanda que interpuso la coalición Por el Bien de Todos en el distrito tres de Jalisco, el cual fue revisado por el magistrado José de Jesús Orozco. La coalición impugnó la totalidad de las 443 casillas. El Tribunal ordenó la apertura y el recuento en 246 donde se justificaba judicialmente. Una vez efectuada la diligencia, se declaró nula la votación de una sola casilla, ya que "la votación emitida es mayor al número de ciudadanos que votaron conforme a la lista nominal, existiendo una diferencia entre tales rubros mayor a la diferencia entre el primero y segundo lugares, de manera tal que no existe certeza respecto del origen de los votos de más que fueron contabilizados". Por la anulación en esta casilla, Calderón perdió 68 votos y AMLO 13.

En otras casillas se encontraron algunos errores aritméticos que los ciudadanos cometieron al contar los votos y que el Tribunal corrigió. Por esta corrección, Calderón perdió 220 sufragios y AMLO 191.

Al final, por la anulación de una casilla y las correcciones aritméticas, el candidato panista perdió 0.003% de su votación y el perredista 0.002% en este distrito.

Ahí están, a disposición del público, todas y cada una de las diligencias que el TEPJF efectuó, de las casillas anuladas y de los errores aritméticos corregidos. ¿Y de qué sirvió la escrupulosa labor jurídica del Tribunal para AMLO? De nada, porque, para él, los magistrados "se sometieron". "Convalidaron el fraude" con un "verdadero golpe de Estado".

Con las pruebas que están en el sitio de internet del Tribunal, no las que tramposamente presenta Claudia Sheinbaum, sigo pensando que nuestras instituciones electorales funcionan y que el 2 de julio no hubo fraude electoral. Aquí el problema es que el resultado fue muy apretado, que el candidato derrotado rehúsa aceptarlo y prefiere endilgarle la culpa de su derrota a un gran complot donde los árbitros también participaron.

leo.zuckermann@cide.edu

No hubo fraude ni habrá anulación

Jorge Fernández Menéndez
Excélsior - Razones
30-08-06

Nada cambió. El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación confirmó el triunfo de Felipe Calderón el 2 de julio pasado. La diferencia del resultado final, pasadas las 375 impugnaciones, dos conteos adicionales de votos y muchas palabras vacías después, resultó ser apenas una centésima de punto porcentual respecto del que se había dado a conocer el 6 de julio pasado cuando concluyó el conteo distrital del IFE. La diferencia entre Felipe Calderón y López Obrador se mantiene exactamente igual: 0.58%, equivalente a 240 mil votos en favor del panista.

Ello no sólo confirma el triunfo de Calderón sino también que no hubo ni dolo ni fraude, como sostuvo la resolución del Tribunal; que la labor del IFE fue más que meritoria (en un proceso en el cual participaron libremente un millón de ciudadanos elegidos en forma aleatoria; que el margen de error entre el cómputo del IFE y el final, luego de la revisión del Tribunal haya sido de apenas una centésima de punto, es un hecho que debe destacarse) y que hemos perdido casi dos meses en una lucha política destinada, solamente, a complacer los caprichos de un aprendiz de caudillo. Se argumentará que falta la calificación de la elección. Es verdad, pero de la misma manera que el Tribunal desechó la exigencia del voto por voto que se ha convertido en consigna del lopezobradorismo (una consigna tan endeble como los argumentos presentados para sustentarla, porque la coalición no impugnó ante el Tribunal todas las casillas, sino sólo las que había ganado Calderón, lo que hizo imposible el cumplimiento de su principal demanda), de esa manera deberá, con base en sus propias resoluciones, desechar la solicitud de anulación. No hay elemento alguno que pueda justificar esa demanda. Incluso López Obrador la enarboló sólo después de que perdió los comicios, nunca antes de la jornada del 2 de julio.

La lógica impone que la calificación se resuelva en horas y con ello termine este proceso que ha sido tan desgastante para todos los involucrados y, sobre todo, para una sociedad que no entiende qué está pasando o que ha sido engañada por un candidato que no acepta perder.

No hay elementos para la anulación de los comicios: la tesis de que hubo una "campaña negativa" contra López Obrador se cae por su propio peso. López Obrador recibió apoyos y tuvo adversarios, como todos los candidatos. El de la coalición Por el Bien de Todos fue calificado como un peligro para México (los hechos posteriores parecen confirmar esa afirmación) y él construyó enormes mentiras, sin sustento alguno, como que Felipe Calderón había apoyado el Fobaproa o una mentira aún mayor, como el famoso caso Hildebrando. La publicidad gubernamental se retiró 40 días antes de la elección. Fue López Obrador quien no quiso ir a reunión alguna con empresarios, el que los acusó de defraudadores fiscales en forma generalizada, quien no aceptó ir al primer debate. Se ha dicho que Calderón se benefició de los programas sociales del gobierno, pero resulta que encuestas como la de Parametría demuestran que aproximadamente 70% de los favorecidos por Oportunidades votaron por otros partidos. Se ha dicho que López Obrador sufre, pobre hombre, un "cerco informativo", y resulta que nadie gastó más que él en medios durante la campaña, nadie tuvo más espacios y spots, y ningún otro candidato tuvo tanto tiempo de cobertura. Del 2 de julio hasta hoy, ni remotamente Calderón ha tenido en los medios el espacio de López Obrador: si cada vez que habla se hunde, no es responsabilidad de los medios. No hay causal para anular la elección, López Obrador lo sabe y, por eso, desde días atrás se ha dedicado a insultar al Tribunal Electoral y a sus integrantes, resucitando incluso la tesis del golpe de Estado cuando, paradójicamente, quien intenta realizarlo es él mismo. Para un hombre que se dice conocedor de la historia, como López Obrador, la comparación es terrible, pero su actitud se parece mucho más a la de un Victoriano Huerta que a la de un Emiliano Zapata.

Ello ha llevado a una actitud esquizofrénica al perredismo, que no sabe si está en vísperas de lanzarse a la resistencia civil o de reiniciar el camino de la política. Su caudillo los quiere llevar en la primera dirección, sus instintos, en la segunda. Así, mientras Manuel Camacho dice, en una actitud chantajista, que si no se anulan las elecciones "encabezaremos un movimiento que no reconocerá las instituciones del país", todos sus diputados y senadores las reconocen y se incorporan a ellas; mientras, su discípulo, Marcelo Ebrard, se dispone a asumir el gobierno de otra institución, el del DF, y le ordena a sus futuros delegados que pidan mayores partidas presupuestales a esa otra institución que es el Congreso. En tanto López Obrador desconoce al Tribunal, su principal operador electoral, Horacio Duarte, reconoce que construyó con errores las impugnaciones, pero se queja de que entonces el TEPJF actuó con un criterio "letrista", o sea que se queja de que un tribunal haya actuado respetando la letra de la ley.

Y la vida política sigue. El Congreso ya se instaló, ya se conformaron las bancadas y sus liderazgos, ya hay autoridades legislativas (Jorge Zermeño entre los diputados, Manlio Fabio Beltrones en el Senado), ya los aliados del PRD han comenzado a recorrer su propio camino: Convergencia con sus grupos en el Senado y la Cámara de Diputados, el PT negociando para conformar el suyo, lo mismo que Alternativa. Ya hay algunas negociaciones para la agenda legislativa. Saldrá en horas la calificación electoral y López Obrador se va a quedar cada día más solo, chantajeando con la violencia, acompañado por los grupos más radicales y los políticos desempleados, como Camacho o Muñoz Ledo (pero lo suficientemente ricos como para no tener que trabajar, en algunos casos, desde 1994).

www.nuevoexcelsior.com.mx/jfernandez
www.mexicoconfidencial.com

Time to fold the tent

Financial Times (Inglaterra)
Editorial

August 30 2006

The saga of Mexico's disputed election is entering its final stages. After a partial recount electoral authorities on Monday dismissed legal challenges to last month's vote and within the next few days they look set to confirm the narrow triumph of Felipe Calderón, the centre-right candidate. This will leave many questions about the election unanswered but it is a result that the defeated leftwing candidate, Andrés Manuel López Obrador, should accept.

Rightly or wrongly, millions of mainly poorer Mexicans believe that the election was unfair. A full recount would have been the best way to demonstrate that Mexico's democracy is genuine and representative. Given the country's history and deep social and geographical divisions, a recount would also have helped establish the legitimacy of any incoming president.


Yet the electoral authorities have ruled out this option and Mr López Obrador must decide what to do. He appears more determined than ever to embark on a radical course of action, designed to secure, as he told the Financial Times last week, the "peaceful and democratic . . . revolution" that he believes Mexico needs. The occupation of central Mexico City by his supporters will continue. Next month, Mr López Obrador could assume the presidency of a "parallel government".

This is dangerous for several reasons. First, Mr López Obrador could damage the credibility and reduce the support of his Democratic Revolution Party (PRD). Opinion polls have shown that Mexicans are heavily opposed to the direct action being recommended by the leftwing leader. Many, including a large number of those who voted for Mr López Obrador in July, are anxious to resume their daily lives.

Second, whatever his stated intentions, Mr López Obrador risks weakening the ability of elected authorities at both national and local level to govern effectively. These include the local government of Mexico City, won in July by the PRD.

Third, Mr López Obrador runs the risk of encouraging extremists to take violent action on his behalf. The chaos and instability resulting from all this could do a great deal of damage to Mexico, undermining the economic and social progress that the country has made in recent years.

Mr López Obrador should therefore seek to exercise his right to protest through constitutional channels. He is in an excellent position to do so. His PRD party emerged from the vote with 126 deputies in the lower house of congress, their best ever showing. The party would be well placed to press the opposition's campaign for political reform, including for example a second round of voting in future presidential elections, a simple change that would make disputes less likely to occur in future. Persisting with his current course would be a disaster for Mr López Obrador, his party and, above all, for his country.

Copyright The Financial Times Limited 2006

El paso de Calderón

El País (España)
Editorial - Opinión
30-08-2006

El derechista y candidato del gobernante Partido de Acción Nacional (PAN), Felipe Calderón, está a un paso de ser proclamado presidente de México por el Tribunal Electoral, una institución de reconocida solvencia e independencia. El fallo de la alta instancia sobre 375 impugnaciones, que sigue a uno anterior por el que se desestimó la inviable petición de su principal rival, Andrés Manuel López Obrador, líder del izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD) de hacer un nuevo recuento total, ha dejado las cosas como estaban: Calderón, primero, y López Obrador, segundo, con algo más de un tercio de los votos cada uno y separados por tan sólo 0,58 puntos; es decir, lo mismo que tras los resultados provisionales. Sin embargo, el hecho de que en la revisión de los recursos el tribunal haya variado la atribución de más de 227.000 votos entre cinco candidatos -es decir, casi la misma diferencia que separa a Calderón de López Obrador- indica que hubo más fallos de los estimados en un principio, y otorga la razón a quienes pedían al menos recuentos parciales.

Al Tribunal Electoral le queda aún pronunciarse sobre la validez general de los comicios antes del próximo 6 de septiembre; y, en caso afirmativo, como es previsible, pese a las protestas del candidato del PRD, proclamar vencedor al líder del PAN. Esto obliga a ambos a replantearse sus posiciones. Calderón debe ser consciente de que, aunque ha ganado, lo ha hecho por la mínima, y que si bien su partido es el que más escaños tiene en el Congreso, necesitará ampliar su base para poder gobernar. Y López Obrador, ex alcalde de la capital, tiene que deponer su rebeldía civil. Lo ocurrido en México no tiene comparación con lo que en su día pasó en Ucrania o en otros países en los que el poder hizo trampas colosales y se vio forzado a reconocerlo después, gracias, sobre todo, a la movilización popular. El país americano no se puede permitir estafas electorales ni una calle soliviantada. Necesita unidad y sentido común. Es tiempo de dar por cerrados estos comicios.

López Obrador ha considerado que se le ha usurpado la presidencia, y para denunciarlo utiliza palabras demasiado gruesas como "golpe de Estado". No hay nada en la decisión del Tribunal Electoral para mantener esa tesis, ni el recurso se ha ganado porque uno u otro tuviera mejores abogados o estrategia, como le ocurrió a Bush frente a Kerry en 2004. Su idea de una protesta permanente y un Gobierno paralelo sostenido en una discutible indignación popular no es viable. Lo que debe hacer es reconocer la derrota y dedicar sus energías a que el PRD influya desde el Congreso sobre unas políticas que deben hacer de la lucha contra la desigualdad social una prioridad.

Andrés: ni me doblo ni me quiebro

Joaquín López Dóriga
Milenio - En privado
30 de agosto de 2006

Para qué reñir si podemos reír. Florestán

El domingo 6 de agosto, Andrés Manuel López Obrador terminó su alocución del Zócalo citando a Melchor Ocampo: “¡Me quiebro, pero no me doblo!”, exclamó.

Unos días después comenté coloquialmente que la cita de don Melchor era al revés, a partir del dicho popular “soy como la rama del guayabo: me doblo pero no me quiebro”, tal y como ya lo había parafraseado el mismo Andrés Manuel el 11 de abril del año pasado, (Jornada 12-IV-05) a los tres días de que le despojaran del fuero.

No le di importancia porque no era importante, pero López Obrador sí, y el viernes pasado terminó su encendida intervención en el Zócalo así:

“¡Como decía Melchor Ocampo, me quiebro pero no me doblo! Y aprovecho para contestarles a los que andan viendo qué digo, porque después que dije esa frase de Ocampo, “me quiebro pero no me doblo”, un conductor de estos sabiondos (sic) dijo que no es así, que es al revés: me doblo pero no me quiebro. ¡Que lo busque en la historia! Y eso, dijo con sorna, que es de los conductores máaaaas afamados, de los periodistas máaaaas destacados de este país. ¡Aprovecho de una vez para aclararlo!”

Para mí no hubiera pasado de otra lanzada, hasta que uno de los suyos me identificó como el destinatario del reclamo, lo que ampliaron sus corifeos, diciendo, claro, que López Obrador tenía razón.

Ante el señalamiento, le hice caso y busqué en la historia, en Noticias del Imperio de Fernando del Paso cuando Benito Juárez (p.320), desesperado por la situación, cavila:

“Sí, sí, pero el caso es que estoy cada vez más solo. O quizás debiera decir: estamos cada vez más solos. Era Melchor ¿no es cierto? Melchor Ocampo el que decía yo me doblo pero no me quiebro. Pues a veces pienso que yo sí, un día me voy a quebrar”.

Yo sé que López Obrador, a diferencia de Juárez, nunca se ha planteado esa disyuntiva, quebrarse o doblarse, porque eso no está en él.

Pero sí, con todo respeto, el darle importancia a lo que no la tiene, confundir una cita, y mandar una airada advertencia desde esa plaza de juicios populares donde su palabra es la ley.

Lo demás, no tiene la menor importancia.

Retales

1. LA MESA. Como le adelanté ayer, el PAN se quedó con la Presidencia de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados con los votos del PRI, Verde, Alianza y Alternativa, contra los de la coalición. Así, Jorge Zermeño presidirá la sesión del Informe, que responderá, si Fox lo puede leer;

2. GAMBOA. La Junta de Coordinación Política se la quedó en forma transitoria el PAN, hasta que reformen la ley orgánica, después del lunes 11, y pase a manos del PRI para que la presida Emilio Gamboa; y

3. VERDES. Jorge Emilio González quiso encarecer su voto, necesario para construir la mayoría calificada de ayer, y exigió hablar con Felipe Calderón para vendérselo. Pero no lo logró.

Nos vemos mañana, pero en privado.


lopezdoriga@milenio.com

Las actitudes estridentes pueden ser buenas para el mitin...

La Esquina
Crónica
30 de Agosto de 2006

Las actitudes estridentes pueden ser buenas para el mitin, para tener entusiasmadas a las bases, para mantener la movilización y evitar que cunda todavía más el desánimo. Pero en la práctica parlamentaria, sólo sirven para quedar aislados. Para que los adversarios se junten. Para que se apruebe otra agenda. Debería ser parte del ABC, pero el desaprendizaje está fuerte con Andrés Manuel. Y el PRD paga las consecuencias.

A Camacho y a Amlo se les vino el mundo encima

José Carreño Carlón
Crónica
30 de Agosto de 2006

A la estrategia del “ahora o nunca” de Camacho y Amlo se le está viniendo el mundo encima. El mundo que les importa: el de los medios que consideraron aliados, el de las personalidades destacadas con las que pretendieron enmascarar sus pretensiones de reventar el proceso electoral e inventar un interinato, el de los aliados en el sindicalismo, e incluso en el del sector pro-monopólico del capital que pareció arroparlos, en la aventura de presionar por la reversión —ahora— del resultado de la elección.


Porque tras los mensajes de ayer habrán comprendido que nunca más volverán a estar tan cerca como estuvieron de tomar los resortes supremos del poder político.

Los titulares de los principales diarios y noticiarios de México y el mundo dieron cuenta ayer del episodio por el cual se disipó toda posibilidad de una resolución favorable del Tribunal Electoral a su improbable pretensión de haber ganado la elección. Y casi de manera unánime estimaron que está despejado el expediente para el próximo, inminente paso del tribunal: calificar las elecciones como válidas y declarar presidente electo a quien resultó vencedor en las urnas.

Primero, Camacho y Amlo materialmente debieron sentir que se les venía el mundo encima al ver el tratamiento que le dio a la resolución del tribunal electoral mexicano uno de los más influyentes medios internacionales de los que Camacho se jactaba diciendo: “están de nuestra parte”. Con ello implicaba no sólo un poder superior de manejo de la opinión pública mundial, sino exigía que los actores mexicanos acataran los puntos de vista de tan destacado medio internacional. E incluso Camacho llegó a sugerir que, desde sus instalaciones electrónicas en Estados Unidos, ese medio realizara el recuento de los votos de los mexicanos.

Y ayer, desde la primera noticia del rubro internacional (“World”) de todas sus ediciones impresas y online, saltaba la cabeza del así enaltecido New York Times: “El tribunal rechaza impugnaciones a la votación presidencial de México”. Ése fue el primer clavo, seguido de otro, en el sumario, que explicitaba: “Felipe Calderón apareció virtualmente confirmado en la victoria después de la resolución de que su oponente izquierdista no pudo probar ningún fraude”.

Pero faltaba un clavo más: el del editorial institucional del diario neoyorquino, con sus frases cortante: “Ayer, el tribunal electoral de México deshizo las bases del alegato de fraude” de Amlo. “No evidencia de fraude” y “pocos errores para cambiar el resultado”, fueran los puntos que destacó el editorial de la resolución del tribunal, a partir de los cuales el diario concluye que “es tiempo (para Amlo) de poner fin a sus protestas y prometer respeto a la decisión final del tribunal”.

Slim, De la Fuente, Hernández Juárez, Rocha… toman distancia

Si Camacho fuera congruente con sus llamados de ayer a los actores mexicanos a actuar conforme a las opiniones del Times, en esta última frase de su editorial de ayer (la de que es tiempo de levantar los plantones y respetar al tribunal) tendría que encontrar algo más que una recomendación para él y para Amlo.

Pero el mensaje del NYT llega acompañado de los que les formulan las cabezas de otras empresas informativas que por años aparecieron como aliadas del proyecto de Amlo, incluso con ligas contractuales. En sus conversaciones con Jorge Castañeda, José Gutiérrez Vivó toma distancia de los medios comprometidos con una opción política, y Ricardo Rocha, cuya compañía produjo la serie propagandística diaria de la campaña de Amlo en Canal 13, no sólo plantea —en su artículo de anteayer en El Universal— la necesidad de retirar los plantones, sino que se pronuncia porque esa medida sea resultado de un acuerdo entre el candidato perdedor y el ganador, sentados plática y plática. En este artículo aparecen ya numerosas virtudes de Calderón y hasta una entrañable y exitosa relación profesional con el articulista y conductor, desconocidas en los espacios de Detrás de la Noticia a lo largo de la campaña, y desde luego en la poscampaña, en que el candidato ganador sólo había aparecido como usurpador.

Pero si ninguno de esos mensajes les parecen medianamente atendibles, ayer les cayó también el mundo encima con la declaración del rector de la UNAM, para quien Camacho y sus operadores prepararon hasta ayer las condiciones para hacerlo presidente interino, una vez que la “resistencia” impusiera la anulación de las elecciones. “Ante el conflicto postelectoral que enfrenta nuestro país, las instituciones deben permanecer y superar las actuales condiciones”, dijo con propiedad Juan Ramón de la Fuente.

En línea con lo anterior, la cabeza de la central sindical aliada al proyecto de Amlo, Francisco Hernández Juárez, se distanció de la “forma de luchar” del candidato perdedor y llamó a evitar la violencia.

Y… Bursamétrica, vinculada a Carlos Slim, anunció que los mercados responderán positivamente al anuncio del triunfo de Calderón.

Se les vino el mundo encima.

jose.carreno@uia.mx

Es la guerra

Ricardo Alemán
El Universal - Itinerario Político
30 de agosto de 2006

La presidencia de la Mesa Directiva tiene el control político de San Lázaro, mientras que la Junta de Coordinación Política controla los dineros. Poca cosa

La guerra ha comenzado. Y del 1 de septiem- bre al 1 de diciembre, el escenario privilegiado para las hostilidades será el Congreso de la Unión, sus respectivas Cámaras de Diputados y de Senadores, aunque de tanto en tanto los guerreros nos seguirán regalando el espectáculo de sus escaramuzas en los territorios ocupados del corredor Zócalo-Reforma.

La primera batalla, y la más significativa -que se dio en el territorio neutral del TEPJF-, está por terminar y probablemente será ganada por Calderón, quien resultaría el presidente electo. Pero sólo fue el inicio de lo que amenaza como una guerra prolongada y de alta intensidad. Las hostilidades mayores han comenzado y la primera señal fue el mayoriteo que, luego de un inédito debate, le aplicaron al PRD las bancadas de PAN-PRI para dejarlo fuera de los órganos de dirección política y control presupuestal de la Cámara de Diputados.

Y esa pista, la del "planchazo" al PRD en la "casa del pueblo", no es un asunto menor, sino uno de los indicios más significativos y preocupantes de que la guerra entre la dupla PRD-AMLO y la mancuerna PAN-Calderón será una guerra a muerte, sin cuartel, y de graves consecuencias para todos. Pero además establece el principio de alianza entre la mayoría de los grupos parlamentarios -por lo pronto PAN, PRI, PVEM, Panal y Alternativa-, que parecen dispuestos a dejar fuera de las negociaciones a los integrantes de la coalición Por el Bien de Todos.

¿Por qué dejarlos fuera? Se puede decir que los lopezobradoristas "no son confiables", que "son violentos", que se niegan al diálogo y al acuerdo. Se puede decir misa. Pero lo cierto es que los dejan fuera porque simple y llanamente se vive la guerra. Y en la guerra política no hay cuartel, no hay concesiones. Por eso, el PAN y el PRI se repartieron la Mesa Directiva, para los primeros, y la Junta de Coordinación política, para los segundos. ¿Y eso a quién le importa?, se podría preguntar. Pues casi nada, que la presidencia de la Mesa Directiva es el órgano legislativo que mantiene el control político de San Lázaro, mientras que la Junta de Coordinación Política controla la administración de los dineros. Poca cosa.

Esa alianza PAN-PRI -a la que se sumarían PVEM, Panal, Alternativa- se podría convertir en los próximos tres años en una fuerza electoral capaz de sacar adelante las reformas constitucionales que les plazcan. Es decir, las reformas que por las razones que se quieran logren acordar esos partidos. ¡Claro!, sin tomar en cuenta al PRD. Y es que de poco le servirá al PRD ser la segunda fuerza electoral mexicana -la segunda fuerza en San Lázaro y la tercera en la casona de Xicoténcatl-, si insiste en la radicalización, en impulsar la guerra de AMLO contra el probable gobierno de Calderón. El PRD corre el riesgo de quedar fuera de toda reforma en la primera mitad del próximo gobierno.

Si el PAN confirma el control de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, un panista responderá el sexto informe de Vicente Fox, podrá pedir que se mantenga la vigilancia militar en San Lázaro y hasta reclamar, en caso de disturbios, que intervenga la fuerza pública en la llamada "casa del pueblo". Pero además le corresponderá a un panista recibir la banda presidencial del mandatario saliente, Vicente Fox, y colocarla al presidente electo, que podría ser Calderón. Y como se vive una guerra, los aliados en San Lázaro pretenden quitarle al PRD las armas para evitar todo intento de fusilar a Fox, aunque en realidad él no se irá limpio. Y como están en guerra, el PRD se negó a integrar las Comisiones de Cortesía para acompañar al Presidente al informe. Esto es, le endilgan la primera descortesía.

Pero otros frentes de esa guerra ya se viven en las afueras de San Lázaro, en donde las escaramuzas personales Fox-AMLO provocaron los amagos perredistas de bloquear el recinto parlamentario y una insultante y hasta ridícula militarización de "la casa del pueblo". Esa misma guerra seguirá en el corredor Zócalo-Reforma, el 15 y 16 de septiembre, en donde los dos protagonistas pelearán por esos espacios, como si se tratara de un botín de guerra.

En otros espacios la guerra adquiere características distintas, pero al final de cuentas son parte de la misma escaramuza. Son muchos los que dudan que partidos como Convergencia y del Trabajo romperán la coalición de AMLO. Se les olvida que, junto con el Partido Verde, esas fuerzas políticas no son más que mercaderes de la política, que se venden al mejor postor y que si hoy declaran fidelidad absoluta a los amarillos, ayer la declararon a los tricolores, y mañana la declararán a los azules. En días pasados señalamos aquí que el PT y Convergencia romperían tarde o temprano la coalición. Hoy se sabe que en el Senado, el Panal y el PAN les prestarán dos senadores al PT, a cambio de que creen su propio grupo parlamentario, rompan la coalición y voten junto con la gran alianza. Esa es una guerra de pesos y centavos. Y lo mismo harán muy pronto Convergencia y Alternativa. El PRD corre el riesgo de quedar solo, de aislarse y de perder su valioso capital para hacer los cambios que reclaman sus electores. Es la guerra. Al tiempo.

aleman2@prodigy.net.mx

La denuncia de fraude es fraude

Juan Molinar Horcasitas
El Universal
30 de agosto de 2006

El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación emitió, este lunes pasado, una serie de importantes resoluciones sobre la elección presidencial de 2006. En lo fundamental, destacan dos: la primera es que los ajustes que deben hacerse a los resultados conocidos son mínimos, y los resultados no varían en lo esencial; la segunda es que la revisión de todos los alegatos presentados por el PRD, en más de 200 distritos, arroja como conclusión que no ocurrieron incidentes mayores que indujeran al Tribunal a la anulación de un número relevante de sufragios.


Empecemos con los números. La última revisión efectuada por los magistrados es la sexta que se realiza a los resultados. En todos los casos, los resultados han coincidido: Felipe Calderón ganó la elección. En todos los casos se ratificó lo que ya sabíamos: la elección del 2 de julio fue limpia. En todos los casos se ratificó que los mexicanos que contaron los votos el 2 de julio lo hicieron bien. Repasemos estas seis instancias.

La primera ocurrió el mismo 2 de julio en cada casilla, cuando se contaron los sufragios uno por uno, voto por voto. Esa cuenta hecha boleta por boleta, casilla por casilla, es la madre de todas las cuentas. Y no ha variado.

La segunda cuenta se realizó sumando las actas del cómputo inicial y se divulgó mediante el sistema conocido como Programa de Resultados Electorales Preliminares, PREP. A pesar de que fue vilipendiado por los perredistas, el tiempo ha mostrado que los datos que divulgó son veraces.

La tercera ocasión fue el llamado conteo rápido, que consiste en una muestra de actas de casillas electorales. Ese conteo rápido que estuvo listo la noche del mismo 2 de julio no se divulgó de inmediato, porque se había acordado que sólo se difundiría en el caso de que la diferencia entre primero y segundo lugares fuese holgada, cosa que no ocurrió. Pasados un par de días, se conocieron los datos de ese ejercicio y, de nuevo, ratificaron los datos del conteo voto por voto que realizaron los ciudadanos en las casillas. Vale la pena notar que entre los datos del PREP y los del conteo rápido prácticamente no hay diferencias.

La cuarta ronda de conteos ocurrió en los 300 consejos distritales, cuando se revisaron todos y cada uno de los paquetes y se sumaron los resultados consignados en las actas. De nuevo, las cuentas coincidieron con gran precisión. Todavía más: en esos cómputos se abrieron más de 2 mil paquetes porque cumplían con los requisitos que la ley señala y se hizo un recuento voto por voto. Resultado: no variaron las cifras.

La quinta vuelta de conteos ocurrió días después, otra vez en las sedes de los distritos electorales del país, para cumplir una disposición del Tribunal. Se volvieron a contra las boletas, voto por voto, en casi 12 mil casillas. Resultado: las cifras volvieron a coincidir, con gran precisión.

La sexta y última ronda la realizaron los magistrados del Tribunal para emitir las sentencias del lunes pasado. Revisan más de 300 recursos de inconformidad. Revisaron las quejas que el PRD presentó respecto a más de 40 mil casillas del país. Resultado: las cifras vuelven a coincidir y sólo se alteran de manera muy marginal. El ganador es Felipe Calderón.

Hay que agregar que en sus intervenciones los magistrados y la magistrada coincidieron en señalar que no habían encontrado elementos que revelaran irregularidades o vicios graves en la elección. También dijeron que los alegatos del Partido de la Revolución Democrática habían sido rechazados porque no contenían elementos verosímiles y relevantes. Peor aún, señalaron que en muchos casos habían usado "machotes" idénticos en diversos distritos. Esto no significa que los abogados del PRD sean tontos. Lo que esto demuestra es que no tenían argumentos, y mucho menos pruebas. La razón: la elección fue limpia, y por ello no hay pruebas de lo que no ocurrió.

El único fraude que se ha cometido en esta elección es la falaz denuncia de fraude del PRD. El único fraude a la democracia mexicana es la intentona golpista de López Obrador, quien pretende desconocer la voluntad de la mayoría y las instituciones de México.

juanmolinarhorcasitas@hotmail.com
Diputado Federal (PAN)

A mano alzada

Ricardo Pascoe Pierce
El Universal
30 de agosto de 2006

En América Latina se han dado varios ejemplos de fascismo populista. Probablemente el ejemplo más acabado fue el que gestó el movimiento de masas en torno a Juan Domingo Perón en Argentina, en los años cincuenta, en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial. La característica central de estos movimientos reside en su naturaleza dual: por un lado, el ejercicio de una "democracia de masas a mano alzada, en la plaza pública" y, por el otro, el liderazgo autoritario y unipersonal de una figura que impone su programa a todo el movimiento.


La democracia a mano alzada no tiene nada que ver con la democracia reflexiva de un sistema institucional y plural. Esta forma de ejercicio del poder a partir de las masas aclamando al líder en la plaza pública, parte de la idea de que la discusión política no es necesaria, y de que la ruidosa y automática aprobación de las propuestas del líder es "democracia pura". En realidad, es la forma más primitiva y elemental de dirección política, puesto que le facilita al líder la conducción del movimiento y su orientación hacia los objetivos particulares que tiene, sin tener que inscribirse en el contexto de una institucionalidad previamente establecida. Es más, el fascismo populista tiende a despreciar la institucionalidad establecida a través de Constituciones o una Carta Magna aprobada por formas lectivas y discursivas aceptadas por la pluralidad de la nación.

El fascismo populista elimina, por definición, a la pluralidad política, y aspira inherentemente a la creación de una "República Sin Otras Ideas". Benito Mussolini construyó una nueva institucionalidad fascista en Italia basada en estos preceptos. Con el argumento de que el pueblo regía los destinos de la nación, en realidad quien dirigía los destinos de Italia era él y una pequeña cofradía de camaradas, totalmente al margen de la institucionalidad republicana y plural que había existido en Italia antes de la guerra.

El otro aspecto del fascismo populista es que gobierna para los grandes intereses monopólicos del país, pero con un discurso orientado hacia los pobres. Los más pobres aclaman al líder en la plaza pública, mientras que él pacta con los poderes fácticos de la nación, especialmente los intereses económicos más poderosos, a espaldas de su propia base social. Ésta es justamente la gran fragilidad política del modelo fascista: debe radicalizar su discurso para encubrir lo que realmente pretende. Es por ello que los modelos fascistas terminan generalmente en la violencia, pues tienden a enarbolar -pública y privadamente- intereses contradictorios y mutuamente excluyentes.

La convención nacional que propone Andrés Manuel López Obrador tiene claros visos fascistas. Parte de la idea de la supuesta legitimidad de la democracia con delegados previamente seleccionados y votando a mano alzada para decidir los grandes temas de la nación. Según él, es posible decidir, a mano alzada y en su plaza pública, quién será el próximo presidente de México. En su plaza pública es posible decidir qué clase de gobierno se tendrá y cuál sería su programa. También es posible definir, a mano alzada, quiénes son los amigos, y los enemigos, del pueblo.

A partir de esa plataforma -masas enardecidas y votando a mano alzada- él podrá dirigir su estrategia en contra de los enemigos que ha colocado en el imaginario social de su movimiento (Fox, Calderón, PAN, PRI, Salinas, etc.) y también en contra de sus enemigos más cercanos (PRD y los "políticos tradicionales" que lo rodean). Utilizará a la asamblea pública para intimidar, si es que alguien se deja, y amenazar al gobierno federal, a las instituciones electorales y a Calderón. Preparará un golpe de Estado dentro del PRD para tratar de subordinarlo a sus propósitos, sin perder el control del registro legal. En esencia, quiere fundar un nuevo partido hecho a su semejanza, con políticos novedosos como Camacho y Muñoz Ledo, para perdurar en la escena política nacional.

Hace propuestas políticas a los grandes magnates del país para fundar un nuevo proyecto de nación, donde él ofrece conciliar los intereses de esos magnates con los más pobres de México. El secreto del éxito temporal del fascismo siempre fue la combinación de las masas en las calles y los monopolios en auge. Hasta que las contradicciones consumieron el proyecto fascista en la hoguera de su propia violencia.

ricardopascoe@hotmail.com
Analista político