6 de septiembre de 2006

(E)lecciones amargas

Rossana Fuentes-Berain
El Universal
06 de septiembre de 2006

¡Fue una eternidad lo que duró el proceso electoral concluido esta semana! Nueve domingos desde ese 2 de julio en el que sufragamos muchos sin saber que estas se iban a tornar en unas elecciones amargas de las que bien haríamos en derivar algunas lecciones, sobre todo ahora que se acerca el quinto aniversario de los ataques del 11 de septiembre.


La discusión inicial pasará por definir si los mexicanos queremos una democracia tutelada o una democracia liberal. Esto es el fondo del asunto cuando alguien se queja del peso de los medios, del mensajero, respecto a la política. La pregunta básica es si las autoridades electorales, a cualquier nivel, deben decir quién dice qué y cuánto puede pagar por decirlo; o sea, si se nos tutela el debate o si por el contrario se deja a las fuerzas del mercado el promover una opción electoral.

¿Qué observador del juego de democracia liberal se sorprende de que el gran capital apoye al candidato A mientras los sindicatos progresistas y otros grupos civiles apoyan al candidato B?

Es verdad que el componente mediático de las campañas no promueve la revisión a fondo de temas nacionales importantes; en spots de 30 segundos se apela a la emoción, no a la razón. Puede ser distinto. Pero para ello, en todo caso hay que cambiar las reglas del juego y hacer que todos los actores las acepten y las cumplan.

También hay que saber que las elecciones controvertidas no son privativas de nuestra democracia en construcción; ahí están Estados Unidos, Alemania, Italia y Costa Rica, para mencionar sólo algunos.

Con ellos compartimos una tendencia perniciosa a ver los resultados como los de dos personalidades políticas confrontándose. Esto, señala atinadamente el politólogo italiano Michelangelo Bovero, reduce el pluralismo, que define a toda sociedad, a un dualismo político propio de las elecciones controvertidas "que hace crecer la distancia entre el sistema político y la sociedad civil".

Aquí no hay blanco y negro, buenos y malos, derecha e izquierda sin apellido; hay muchos adjetivos que acompañan a la geografía política y muchos grises en la paleta.

Urge una autocrítica de los llamados "líderes", respecto a su estrategia para polarizar a la sociedad. Los errores propios siempre son más difíciles de asumir que la búsqueda de responsabilizar a las acciones del otro de nuestras fallas. Los extremos florecen en la visión dicotómica de la política y ahogan al tercer espacio, ese en el que no se logran ver las virtudes democráticas del compromiso, y la negociación de acuerdos se equipara con la pérdida de principios.

Es clarísimo que la lección que la ciudadanía mexicana dio a la clase política fue no otorgar con su voto mayoría a ninguna de las múltiples fuerzas, que hoy al "pueblo" no lo representa uno solo, que lo que se tiene es una conjunción de proyectos que tendrán que buscar acuerdos con un fin supremo: el desarrollo incluyente de México.

Un desarrollo complejo en sí mismo pero al que se suma además el reto de lograrlo en un entorno internacional crecientemente competitivo y cambiante.

No es exagerado decir que el 11 de septiembre de 2001 el mundo cambió. El ataque terrorista en Estados Unidos modificó el contexto internacional de los albores del siglo XXI.

Para todos hay nuevas reglas; para México, vecino del imperio que no quiere definirse como tal, debería ser mucho más obvio. La seguridad ha vuelto a ser un eje rector en las relaciones internacionales. El éxito a medias de la guerra en Afganistán y el fracaso total en Irak, sumados a una continuada sensación de vulnerabilidad de la ciudadanía estadounidense, están definiendo el prisma con el que se observa al mundo desde Washington.

¡Qué nos importa! -dirán muchos-, allá ellos y su modelo económico y su adicción al petróleo, ¡es su problema!, y el nuestro, añado... el nuestro también. Porque por más que estemos inmersos en nuestra dinámica interna es, absurdo pensar que México estará al margen de los acontecimientos internacionales.

Es un lujo que no podemos ni debemos darnos. La lección de que nuestros jaloneos internos tienen consecuencias internacionales que pueden ser adversas está ahí: existe ya una advertencia en contra de viajar a Oaxaca por parte no sólo del Departamento de Estado en el país del norte, sino de varios países europeos.

¿Qué pasará con la economía de la segunda entidad más pobre del país, el laboratorio de estas elecciones amargas, si esa advertencia se prolonga indefinidamente? ¿Alguien gana con eso? Desde luego, no los oaxaqueños.

Periodista e investigadora del ITAM

5 de septiembre de 2006

Incorporaré propuestas de mis adversarios: Calderón

El Universal
Redacción
05 de septiembre de 2006

El presidente electo afirma que "entre los mexicanos podemos pensar diferente, pero no somos enemigos”

20:08 En su primer mensaje como presidente electo, Felipe Calderón agradeció a sus adversarios sus propuestas en la campaña electoral y prometió incorporar las más representativas a su programa de gobierno, así como dejar atrás diferencias, pues “el proceso electoral ha terminado”.


“Ha llegado la hora de los acuerdos, tenemos un futuro por construir”, afirmó el panista, quien aseguró que en él, los lideres políticos y sociales encontrarán la disposición para resolver las discrepancias.

“Como presidente sé que los ciudadanos esperan un gobierno abierto a todas las expresiones”, reconoció Calderón, por lo que aceptó que “divididos perderemos la fuerza que necesitamos”.

Insistió en que “entre mexicanos podemos pensar diferente, pero no somos enemigos”, ya que “sólo unidos podremos vencer a los que son nuestros verdaderos enemigos: el desempleo y la pobreza”.

Señaló que “México no merece la división por causas que pueden resolverse, vía de las instituciones, la ley y la democracia”.

“Los invito a participar en el diseño del próximo gobierno, en el diseño del futuro que queremos para nuestros hijos... los invito a dialogar... entre los mexicanos podemos pensar diferente pero no somos enemigos”, expresó el panista en el auditorio de la sede nacional del PAN.

Este martes, de manera unánime, los siete magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) declararon presidente electo de México al panista, luego de confirmar que obtuvo la mayoría de votos en las elecciones del 2 de julio pasado.

El tribunal concluyó que existieron diversas irregularidades en el proceso electoral, encabezadas por “la indebida intervención” del presidente Vicente Fox, pero no fueron tan graves como para invalidar la elección presidencial.

La sentencia del Tribunal Electoral pone fin al conflicto poselectoral, desde el punto de vista jurídico, porque es definitiva e inatacable.

Declara TEPJF a Felipe Calderón presidente electo

Carlos Avilés y Arturo Zárate
El Universal
05 de septiembre de 2006

De manera unánime, los siete magistrados del tribunal validan el resultado de la elección presidencial

12:06 Ciudad de México - De manera unánime, los siete magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) declararon presidente electo de México al panista Felipe Calderón, luego de confirmar que obtuvo la mayoría de votos en las elecciones del 2 de julio pasado.


El tribunal concluyó que sí existieron diversas irregularidades en el proceso electoral, encabezadas por “la indebida intervención” del presidente Vicente Fox, pero que éstas no fueron de tal gravedad como para invalidar la elección presidencial".

La sentencia del Tribunal Electoral pone fin al conflicto poselectoral, desde el punto de vista jurídico, porque es definitiva e inatacable.

El presidente del TEPJF, Leonel Castillo, dijo que esta resolución “es la culminación de un proceso democrático electoral, es decir del ejercicio de la soberanía nacional (del pueblo) en forma directa a través de la elección del presidente de los Estados Unidos Mexicanos”.

La legitimidad del próximo presidente, aseguró, proviene de este proceso.

El magistrado Leonel Castillo recordó que la política está sujeta a reglas y éstas deben respetarse.

Leonel Castillo dijo que los magistrados se someterán su sentencia a “la contraloría” de la población no sólo del presente, sino también en el futuro.

Declara TEPJF que Calderón obtuvo mayoría de votos

Carlos Avilés y Arturo Zárate
El Universal
05 de septiembre de 2006



El candidato del PAN, Felipe Calderón, “obtuvo la mayor cantidad de votos” en la elección presidencial, de acuerdo con el proyecto de sentencia que presentó la comisión integrada por la magistra Alfonsina Navarro y Mauro Reyes ante el Pleno de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).

El cómputo final realizado por el Tribunal Electoral registró una votación final a favor de Felipe Calderón de 14 millones 916 mil 927 votos; Roberto Madrazo, de la Alianza por México, 9 millones 237 mil, y Andrés Manuel López Obrador, 14 millones 683 mil 96 votos.

Al iniciar la lectura del proyecto de sentencia, de entrada, se propuso declarar improcedentes los argumentos de la coalición Por el Bien de Todos, en los que señaló que otros candidatos realizaron actos de campaña anticipados.

La comisión también aseguró que resulta inadmisible que la coalición alegue que se realizó "una campaña negra" en contra de su candidato Andrés Manuel López Obrador para pedir la anulación de la elección, siendo que la misma coalición uso ese mismo tipo de campaña.

¡Al diablo con las instituciones!

Cartón Excelsior - !Al diablo con las instituciones!

Presidente ´pirata´

Ricardo Alemán
El Universal - Itinerario Político
05 de septiembre de 2006

AMLO no dice que el artículo 40 establece que es voluntad del pueblo constituirse en una República democrática

Es un lugar común decir que México es una de las naciones del mundo donde la piratería -de todo tipo de productos- ha sentado sus reales. La piratería es uno de los deportes nacionales. Se ha metido hasta la médula en las industrias electrónica, de software, cosméticos, calzado, vinos y licores, medicamentos, juguetes, ropa, libros, música y cine. Bueno, existe piratería de comediantes, como La Chilindrina, cuya creadora denunció la existencia de una veintena de clones ilegales que trabajan en circos y teatros de todo el país.

Pero en México también existen taxis piratas -conocidos como Panteras y tolerados por el gobierno capitalino-, incluso en la pasada contienda electoral del 2 de julio, existió un candidato presidencial pirata, motejado como Dr. Simi, quien a pesar de su ilegal pretensión gastó una millonada para buscar el voto popular. También existe el caso de la "resistencia civil pacífica" que ocupa el corredor Zócalo-Reforma, y que en el fondo no es más que una mala copia, pirata, de un real movimiento de resistencia civil. Y si existe piratería en todos los ramos comerciales e industriales, en muchos oficios y profesiones, ¿por qué no llevar la piratería a los cargos de elección popular, a la Presidencia de la República? Y no se trata de una broma, porque son muchas las posibilidades de que México también sea el primer país en donde exista un presidente pirata, una copia ilegal del jefe de las instituciones.

Y es que la grotesca pretensión de López Obrador de convocar a una pirata Convención Nacional Democrática -a partir de una pirata interpretación de la historia y de la Constitución-, para designar a un presidente pirata, supuestamente legítimo, no es más que la mejor muestra de las profundas raíces de la cultura de la ilegalidad y, de la impunidad. El corazón del problema es ese, que debido a la impunidad con que cualquiera puede adulterar ropa, películas, vinos, juguetes, medicinas, cómicos y hasta candidatos presidenciales, también cualquiera puede adulterar el cargo de Presidente de la República, convertirse en un presidente pirata. Y esa parece ser la pretensión de Andrés Manuel.

La piratería, como todos saben, tiene en el comercio informal sus canales privilegiados de distribución y venta de productos. De suyo, el comercio informal es también una expresión de piratería -de comercios legales-, con la diferencia de que los primeros no pagan impuestos, servicios, prestaciones y seguridad social, erogaciones que sí hacen los comerciantes formales. Pero viene a cuento el asunto porque precisamente la llamada Convención Nacional Democrática -igual que el sostenimiento de la resistencia civil-, no es más que producto de la informalidad. ¿Qué quiere decir eso? Que a dos meses de la elección del 2 de julio, y gracias a los controles corporativos que heredó el PRD del viejo PRI, tanto los plantones del corredor Zócalo-Reforma, como las asambleas informativas frente a las que AMLO decide unilateralmente sus ocurrencias, tienen a una concurrencia nutrida fundamentalmente por comerciantes informales, taxistas piratas y grupos clientelares beneficiarios de los programas sociales del GDF.

Y, por supuesto, entre los asistentes a las asambleas de AMLO también acudirán ciudadanos convencidos, que creen en su supuesto triunfo y en el fraude. Sin embargo, esos activistas cada vez son menos. En el fondo, la Convención Nacional Democrática también es un evento pirata. ¿Por qué? Primero, se debe decir que cualquier ciudadano puede ser delegado, con sólo representarse a sí mismo. Pero como no ha habido el número suficiente de delegados que representen a un grupo de ciudadanos, por pequeño que sea ese grupo -y porque ni en el padrón del PRD existe el millón de personas a las que se les puede acreditar como delegados-, entonces se ha recurrido al pirata comercio ambulante, a los taxistas piratas, y a los beneficiarios de los programas sociales. Además, la pirata resistencia civil es mantenida con dinero público, en tanto que la también pirata Convención Nacional Democrática es organizada, promovida y será concluida gracias al dinero público, que también sirve para el activismo de AMLO en la etapa postelectoral.

Pero además de que los resolutivos de la Convención también serán piratas, porque ya fueron acordados, también son piratas el argumento con el que AMLO convoca a la creación de nuevas instituciones, el llamado a un nuevo constituyente, y la designación de un nuevo presidente. ¿Por qué? Porque AMLO se ampara en el artículo 39 constitucional, que dice que la soberanía nacional reside en el pueblo, que todo poder público dimana del pueblo para beneficio de éste, y que tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno. Pero no dice que el artículo 40 establece que es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa y democrática, y que el artículo 41 señala que el pueblo ejerce su soberanía mediante los Poderes de la Unión. ¿Qué quiere decir eso? Que la convención es un nuevo engaño, que sus resolutivos no tienen valor legal y que el presidente que salga de ese evento será un presidente pirata. Al tiempo.

aleman2@prodigy.net.mx

Fin y principio

Macario Schettino
El Universal
05 de septiembre de 2006

Estos últimos meses han sido complicados en la vida pública. Se ha peleado muy fuerte por la Presidencia de la República. Los competidores han jugado en el filo de las reglas, a veces incluso un poco por fuera de ellas. Los seguidores han convertido el asunto en algo personal, atribuyendo a sus candidatos virtudes y defectos excesivos, que sólo tienen sentido en un proceso de escalamiento y de pensamiento de grupo, los dos grandes problemas socio-sicológicos de cualquier colectividad humana.


Los de un grupo platican entre sí, reciben la misma información, la procesan de la misma forma, y la presión social del grupo garantiza que cada día piensen de manera más similar entre ellos, y por lo mismo más alejada de los demás. Y esto ocurre en ambos grupos, que sintiéndose ambos agraviados, no se acercan, fortaleciendo el sentido del grupo cada uno de ellos.

Para un grupo, Vicente Fox decidió impedir que Andrés Manuel López Obrador llegara a la presidencia. Si esta información, falsa o verdadera, se suma a la creencia en la omnipotencia presidencial (ésta sí definitivamente falsa, pero creencia al fin y al cabo), entonces se hacen creíbles las más fantásticas historias. Y como la diferencia es tan pequeña, pues el fraude suena lógico. No importa que no haya evidencia dura, que no se pueda defender ante el Tribunal y que éste finalmente no encuentre nada. Es una construcción mental que parte de la animadversión que Fox mostró, en muchas ocasiones, por Andrés Manuel.

Para poder sostener esta creencia, se seleccionan hechos. Por ejemplo, se insiste en la propaganda sucia de Acción Nacional haciendo a López Obrador "un peligro para México". Se olvida que esta propaganda sólo dañó a Andrés Manuel cuando él, envuelto en la soberbia del casi ganador, espetó: "Cállese, ciudadano presidente". Este evento, un error monumental, fue lo que hizo creíble al otro grupo la supuesta peligrosidad del candidato.

Y ese otro grupo, también alimentando su propio pensamiento, dejó de escuchar las propuestas de López Obrador (que tampoco quería decírselas, y no iba a sus eventos). Eso es la polarización, la creación de dos grupos que caen en estos errores, tan conocidos y tan estudiados, pero tan ignorados en lo cotidiano.

No tienen razón. No pueden tenerla porque las creencias que han construido, los de un grupo y los del otro, son producto de este aislamiento. Son patologías sociales: las dos. Pero afortunadamente tienen solución. Si el problema ha crecido por no hablar, es seguro que desaparecerá hablando. Lo único que se requiere es que los dos grupos estén dispuestos a escuchar y a acordar, es decir, a cumplir cada uno su parte.

Y permítame decirle que, a pesar de todo lo negro que pueda usted ver el ambiente, estamos en el momento preciso de que esto ocurra. La "guerra fría" entre Vicente Fox y Andrés Manuel López Obrador, me parece, ha pasado su punto más difícil. Y pasó, afortunadamente, sin mayor problema.

Cada uno develó sus armas (no sólo metafóricamente), y cada uno mostró que su molestia es muy grande, pero que no cruza la frontera institucional. No importa cuánta alharaca vea usted: no se ha roto, ni por un instante, el orden constitucional en este país. Nadie ha dejado de cumplir su parte, nadie ha rechazado las órdenes judiciales, nadie ha provocado daños irreparables. Pero los dos han buscado provocar al otro, y han llegado hasta donde podían.

El sexto informe de gobierno fue una lástima, porque el Congreso estaba rodeado de fuerzas armadas, y porque la tribuna fue negada no sólo al presidente, sino también a un partido ahí representado. Fue una lástima porque sí había razones para tener el cerco, como lo mostraron las fuerzas de choque del PRD del DF. Pero esas armas, las corporativas que atacaron y las oficiales que defendieron, hay que guardarlas.

Hasta acá llegamos. Aquí termina. No sólo el proceso electoral, también el conflicto entre dos políticos que pusieron a las instituciones a prueba. Ahora viene el momento de volver a platicar. Hay interlocutores, y buenos. Hay voluntad para hacerlo. Ya se pagó tributo a los liderazgos.

A lo mejor le parece extraño, pero estoy viendo un futuro muy promisorio. Estoy viendo un nuevo acuerdo nacional: por el bien de todos, una patria ordenada y generosa. Primero los pobres.

macario@macarios.com.mx
Profesor en la EGAP del ITESM-CCM

A callar

Sergio Sarmiento
Reforma – Jaque Mate
4 de Septiembre del 2006

"¿Y por qué actuaron así nuestros legisladores? Porque son gente con principios."
Andrés Manuel López Obrador

El PRD y el PT, los partidos cuyos legisladores llevaron a cabo la toma de la tribuna de San Lázaro el pasado 1 de septiembre, han considerado su acción como una victoria. No sólo impidieron que el Presidente de la República leyera su mensaje, sino que también previnieron que lo hiciera el representante de los legisladores del PAN, el diputado Héctor Larios. Fue para ellos una doble victoria: ningún panista pudo hablar el 1 de septiembre.

Esto lo lograron los perredistas sin que hubiera "violencia". No tuvieron que usar la fuerza física para callar a las chachalacas. Simplemente tomaron la tribuna; ningún legislador del PAN quiso enfrentarse físicamente con ellos. Como los bravucones que imponen su voluntad en el vecindario sin que nadie se atreva a confrontarlos, los perredistas festejaron su triunfo. De hecho, Andrés Manuel López Obrador alabó la "dignidad y el decoro" con el que se comportaron los legisladores del PRD.

Lo ocurrido, sin embargo, puede ser visto también como un golpe contra el PRD y, sobre todo, para la izquierda democrática que parece haber perdido presencia dentro del partido. Impedir que un rival político pueda expresar sus puntos de vista no es, ciertamente, un triunfo de la democracia, sino de la intolerancia.

López Obrador y los grupos radicales parecen haber tomado control sobre el PRD. En contraste con lo que ocurrió durante la transición española, cuando el Partido Socialista Obrero Español abandonó el marxismo y se pronunció claramente por una transformación democrática de España, el PRD está optando por el marxismo-leninismo y rechazando la democracia.

López Obrador ha decidido desconocer las instituciones del Estado mexicano y prepara una convención que considerará la posibilidad de establecer un gobierno paralelo o nombrar Presidente a López Obrador. Tanto en el plantón perredista en el Zócalo y el Paseo de la Reforma, como en el bloqueo que sus aliados de la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca (APPO) mantienen en ese estado, proliferan los lemas de Stalin y otras figuras del socialismo autoritario.

Las encuestas de opinión muestran un deterioro en la popularidad del PRD. Una del Grupo REFORMA mostraba que, de llevarse a cabo una nueva elección presidencial en agosto, Felipe Calderón habría obtenido 54 por ciento de los votos contra 30 por ciento de López Obrador. En una encuesta telefónica después de la ceremonia del Informe, el 77 por ciento de los entrevistados reprobó que los legisladores del PRD hayan impedido que el Presidente Fox subiera a la tribuna a rendir su Informe.

A López Obrador no le importa este deterioro porque, al parecer, ha abandonado ya toda pretensión de llegar al poder de manera democrática. Está reduciendo la base de apoyo del PRD, pero también la está volviendo más radical. La izquierda democrática se va alejando y en cambio el movimiento atrae el apoyo de la APPO, los Panchos Villas, las Panteras y demás organizaciones corporativistas. Esto puede ser perjudicial para una lucha democrática, pero prepara a la organización para una confrontación violenta.

Para el nuevo PRD que está surgiendo del movimiento de López Obrador, la vía electoral es válida solamente en aquellos comicios que ganan él y sus aliados. Los sufragios son válidos en el Distrito Federal, porque ahí venció Marcelo Ebrard, y en Chiapas, porque triunfó Juan Sabines. Podrían serlo también en Tabasco, si Raúl Ojeda ratifica el triunfo al que parece acercarse. Pero no lo son en Morelos, donde ganó el panista Marco Antonio Adame, o en la elección presidencial.

Hubo un tiempo en que la izquierda mexicana era distinta. Su exigencia en los años 60 y 70 era que el Gobierno abriera las puertas a la democracia y a la libertad de expresión. Nunca escuché a un Heberto Castillo, a un Cuauhtémoc Cárdenas o a un Gilberto Rincón Gallardo festejar el que se impidiera a alguien expresar sus puntos de vista. Lo que demandaban era la oportunidad de manifestar sus opiniones y de tener acceso a la vía democrática al poder.

José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del gobierno español, ha aconsejado a López Obrador aceptar el resultado de la elección y aprovechar la oportunidad de estar en una oposición fuerte para impulsar un programa de reformas de izquierda. Y sabe por qué lo dice: eso hicieron los socialistas españoles, encabezados por Felipe González, a fines de la década de 1970. Cuando conquistaron el poder por el voto de los ciudadanos en 1982, estaban listos ya para aplicar su programa de trabajo.

Pero a López Obrador no le interesa. Su ejemplo no son los socialdemócratas que construyeron una España fuerte y democrática, sino Lenin y Stalin. Significativamente sus aliados ya no se encuentran en la izquierda democrática sino en las organizaciones corporativistas que fueron la base del PRI autoritario del pasado.

sarmiento.jaquemate@gmail.com

Inicia TEPJF calificación de elección presidencial

El Universal
Redacción
05 de septiembre de 2006

En la sesión se espera que los magistrados declaren válida la elección del pasado 2 de julio y declaren a Felipe Calderón Presidente electo



El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación inició el proceso de calificación de la elección presidencial del pasado 2 de julio.

De acuerdo con datos recabados por EL UNIVERSAL, se espera una votación unánime de los siete magistrados en la sesión en la que declararán válida la elección y a Felipe Calderón Hinojosa Presidente electo.

El expediente destaca que ninguno de los principios rectores del proceso electoral se vulneró de manera importante y generalizada.

En las casi 300 páginas del documento se establece que ninguna conducta fue determinante en el resultado de las votaciones; sin embargo hay llamados de atención y reconvenciones al presidente Vicente Fox Quesada y al Consejo Coordinador Empresarial.

4 de septiembre de 2006

Encinas: el nada fino arte de tragar camote

Carlos Ramírez
La Crisis - Diario de (Pos) Campaña
04-09-2006

El tiempo es oro, dirían los clásicos. Pero en realidad el tiempo… es tiempo. Y dicta sus reglas y obliga a los hombres a someterse a los dictados del tiempo. Los tiempos se cierran y se abren y son los hombres los que tienen que padecer las condiciones del tiempo histórico.

Además de una neurosis de micrófono y de no poder estar todos los días en los medios porque entonces moriría su movimiento, López Obrador ha comenzado su cruzada contra todo el mundo. No hay, ciertamente, una función crítica. Se trata nada más de poner juego, de dar de qué hablar y de provocar reacciones. Este ambiente va a continuar todavía unas horas más y terminará cuando Felipe Calderón --me dicen que mañana martes-- sea declarado presidente electo. Entonces Calderón tomará para sí todo el espacio mediático que hasta ahora, con demasiado cuidado, ha dejado un poco al garete.

La guerra de López Obrador es, al final de cuentas, mediática. Ayer se lanzó muy duro contra el Ejército y hoy le contestaron. Y el asunto será archivado. López Obrador ha tenido que subir el tono de su confrontación para evitar la caída del desánimo. En el fondo, el candidato presidencial perredista ya perdió la principal de sus luchas. Y no fue la electoral sino contra las instituciones. Hoy por la mañana estuve en la ceremonia de clausura-iniciación de cursos del Colegio Militar. Ceremonia impresionante, con un pequeñísimo desfile militar. Ahí el general secretario Gerardo Clemente Vega García explicó el significado del desfile militar del 16 de septiembre y razonó hasta el por qué lo hace por las calles que tienen representación histórica: Zócalo, 5 de Mayo. Madero, Juárez y Reforma. Y lo hizo ante Alejandro Encinas, jefe interino de gobierno, sentado cerca del presidente de la república. Encinas no sólo no movió ningún músculo sino que dio toda una cátedra de lo que suponíamos sólo sabía el PRI y el PAN: tragar camote.

Lo demás fue lo de menos. Las instituciones ahí están. López Obrador sigue con su revolución de bolsillo y ya anunció la convocatoria al Constituyente. Ignorante del derecho, no sabe que el Constituyente, por mandato constitucional, es permanente. Y que la Constitución tiene formas de reformarse a sí misma. Sólo que para evitar caprichos dictatoriales, la Constitución exige el voto calificado de dos terceras partes de los legisladores. Y la bancada de López Obrador apenas ocupa un tercio. ¿Cómo convocar entonces a un nuevo Constituyente? Para hacerlo, se tiene que disolver el Congreso --lo que hizo Victoriano Huerta en 1913-- y llamar a nuevas elecciones. O sea que López Obrador ya se siente emperador y quiere mover todo a capricho.

Pero, en realidad, no hay que tomarlo en serio. El ambiente hoy no resintió la convocatoria a un nievo Constituyente. El tema es otro: la inminente calificación de Calderón como presidente electo. Y entonces toda la maquinaria política se pondrá en marcha para sacar a López Obrador de los medios. Por eso también el tabasqueño ha comenzado a insultar a los medios: quiere llamar la atención, desea seguir todos los días. Sus menguadas asambleas informativas ya no aguantan la presión diaria. Por eso ataca a los medios. Quiere que los medios hablen de él.

De ahí que no quede más que esperar. Todos los análisis ya están hechos. López Obrador quiere el poder pero no ganó las elecciones y sólo busca un pequeño espacio como jefe de la resistencia civil. Calderón está a la espera del dictamen del Trife. Y Fox prepara una gran campaña de medios para los tres meses que faltan.

Así que ya todo está dicho. Hay que esperar. Son sólo unas horas más y el Trife decretará al presidente electo. El país pasará a la siguiente etapa.

Al diablo

Jesús Silva-Herzog Márquez
Reforma
4 de Septiembre del 2006

"¡Que se vayan al diablo con sus instituciones!" El grito no puede ser más claro. Pocos pueden sorprenderse por su nitidez. El alarido se ha ido construyendo pacientemente. Hay dos mensajes en la exclamación. En primer lugar, la convicción de que las instituciones no son parte de la arquitectura de la democracia sino material de desecho. En segundo lugar, la certeza de que las instituciones no son patrimonio colectivo sino artificios de unos en contra de otros. Al carajo con las instituciones. Nada le dieron al país; ningún futuro le ofrecen. La ruta es la autenticidad de una política desprovista de las odiosas leyes e institutos. Un mundo que pueda corear alegremente un monosílabo. La legitimidad se recobrará en una fiesta de aliados. Las instituciones caducas, corruptas e inservibles deben hacerse a un lado. Contra la institucionalidad facciosa, la aclamación del amado líder.

Es probable que a nadie sorprenda el grito. Ha habido tantos anticipos del mensaje que ni siquiera fijamos la vista en él. Vale la pena, sin embargo, tratar de hacerlo porque lo que pretende desechar es demasiado valioso para todos, empezando, por cierto, por los seguidores de quien lanza el dardo. Las instituciones mexicanas podrán ser una colección de lacras e insuficiencias. No tienen, sin embargo, el carácter tenebroso, enfáticamente oscuro y perverso que se les pretende asignar. Dejo la defensa de las instituciones de la neutralidad para otro momento. Defiendo ahora la institucionalidad de lo parcial. En efecto, las malditas instituciones democráticas expresan esas dos lógicas: la lógica del arbitraje y la lógica de la competencia. Por un lado, constituyen una plataforma de imparcialidad; por otro, animan rivalidades y encauzan conflictos.

No se conecta con la experiencia de los mexicanos de hoy la acusación de que las instituciones tienen propietario. El pluralismo político no es una aspiración sino la rutina ordinaria de millones. Y ese pluralismo no es más que la canalización de los múltiples órganos de la diversidad. Decir que las instituciones son de ellos, es desconocer que la izquierda ha logrado construir un órgano, por cierto muy exitoso como gobierno, para expresar su visión del mundo y para decidir. Decir que las instituciones deben mandarse al caño es colocar en esa ruta al Partido de la Revolución Democrática. ¿Qué otra cosa es el PRD si no un instituto de la democracia mexicana? ¿Qué cosa es si no forma parte de un complejo tejido de reglas y procedimientos? Tirar al barranco el gobierno de la Ciudad de México, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. Quemar los gobiernos de Zacatecas, de Michoacán, de Tlaxcala, de Baja California Sur, de Guerrero. Seguir este razonamiento es cancelar el futuro electoral de la fuerza emergente más vital del escenario mexicano. Al diablo el voto, las alcaldías, las votaciones en el Congreso. No hay que darle muchas vueltas, el grito reciente contiene un llamado al sacrificio de una de nuestras instituciones más importantes: el PRD. Al diablo el Partido de la Revolución Democrática.

¿Puede el PRD seguir esta ruta suicida a la que ha sido convocado? Los espectáculos recientes revelan que la disputa interior es seria y que el desenlace es incierto. Los candidatos perredistas que ganaron asientos en alguna asamblea del Congreso federal asumieron su responsabilidad puntualmente. Curiosamente, ganaron sus posiciones en la misma votación que tanto cuestionan. Fueron electos por los mismos ciudadanos, el mismo día, con las mismas reglas. La elección fue conducida por el mismo órgano y con los mismos candados de seguridad. Los legisladores perredistas asumen que una elección fue inmunda y la otra, su gemela, inmaculada. La coherencia de la tesis está a la vista, pero lo relevante es que tomaron posesión de sus cargos. No mandaron al diablo al Congreso, ocuparon su sitio dentro.

Dentro, pero no plenamente. Una parte del cuerpo del PRD está dentro de las instituciones, otra está fuera, combatiéndolas, excavando por debajo de sus cimientos, buscando su caída. La posición de los perredistas el 1o. de septiembre retrata esta grotesca incoherencia: titulares de una representación institucional, impidiendo el funcionamiento del órgano al que pertenecen. Diputados y senadores boicoteando la sesión de la institución a la que se deben. Parlamentarios saboteando al parlamento. El PRD perjudicando al PRD. ¿No se dan cuenta los perredistas de que la casa que están tratando de demoler nos aloja a todos? Más allá de la retórica del incendio purificador, no se percatan de que el edificio que apalean es nuestro espacio común? ¿No la ven realmente como construcción propia? Es claro que el caudillo llama a quemarlo todo. Pero, ¿puede su partido acompañarlo en esta tarea?

Ya sabemos que la ceremonia del Informe es un ritual hueco y antipático. Sabemos también que hay un grupo enfadado y ofendido por la conducta muchas veces impertinente del presidente de la República. Pero impedir que el Congreso sesione es una afrenta que debe tomarse con toda seriedad. El hecho de que la jornada del 1o. de septiembre haya terminado sin sangre, no debe llevarnos a trivializar lo sucedido. Se impidió que un poder de la República sesionara. Por la fuerza se canceló el derecho de los adversarios de usar la tribuna común. No presenciamos un espectáculo intrascendente. Que el Presidente haya hablado desde su casa puede parecer banal. No lo es: quienes le impidieron el acceso al estrado declararon su disposición de usar su espacio institucional en contra de las instituciones. Deslealtad democrática en escena. Esto no es solamente un acto contraproducente para su causa. Es el aviso de un atentado. Una cosa es clara: mandar al diablo las instituciones es mandar al diablo la democracia liberal.

Los lopezobradoristas serán los responsables si se usa la fuerza

Carlos Humberto Toledo*
Milenio
01/09/2006

Los plazos se acortan. El movimiento de López Obrador quiere estallar una revolución. Frente a esa perspectiva, el Estado se va quedando sin opciones: si se usa la fuerza pública, la coalición Por el Bien de Todos no podrá reclamar para sí el papel de víctima.

La ruta de colisión ¿es ya inevitable? Los equilibrios están hoy ¿a punto de rompimiento? La seguridad nacional mexicana ¿sabrá aliviar el trance? Veamos:

Los movimientos sociales de protesta de carácter pacífico, para que continúen siendo considerados así, tienen una clara limitante: la estricta observancia de la ley. Al preciso instante de poner en práctica la decisión de abandonar las fronteras del marco legal, en cualquiera de sus formas, sus actividades los sitúan en automático en terrenos francamente identificables como actos de clara provocación contra los intereses de las estructuras políticas establecidas.

De esta manera, lo que en un inicio pretendían ser únicamente muestras no violentas de descontento, al abandonar la tesis de la no confrontación y sistemáticamente oponerse a las determinaciones de las instituciones públicas, a pesar de que aquéllas están fundadas en derecho, en sí mismo convierte a este proceder en una expresa renuncia a solucionar el origen y núcleo del conflicto mediante el uso de los medios y sistemas creados ex profeso.

Qué pretendería con ello el grupo inconforme. ¿Activar de facto el ejercicio al llamado derecho a la revolución? ¿Romper, ante su abierto rechazo a sujetarse a un Estado de Derecho, con las estructuras que rigen las normas generales de convivencia pacífica que ordenan a una nación? ¿Mudarse a la clandestinidad subversiva?

Nuestra Constitución Política (Título Segundo, Capítulo I, “De la Soberanía Nacional y de la forma de Gobierno”) señala al respecto en el artículo 39: “La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene todo el tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”.

Surgen preguntas obligadas: ¿Está la coalición Por el Bien de Todos comprendida en este precepto? ¿Son sus integrantes “el pueblo” al que alude la Carta Magna en el artículo 39? ¿Justifica la Constitución su presente accionar?

El espíritu del Constituyente, al instituir el inalienable derecho arriba citado, tuvo por motivación cumplimentar la necesidad de todo un pueblo. O, al menos, la mayoría. Pero definitivamente no a una fracción minoritaria de éste. Mucho menos el de motivar la toma de las vías de hecho violentas para efectuar un cambio, considerado por los inconformes imprescindible, en sus instituciones políticas y formas de gobierno.

El mismo pacto federal señala el camino que para tal caso debe seguirse.

El artículo 41, complementando al 39, advierte con precisión que el pueblo podrá cumplir sus propósitos ejerciendo su soberanía por medio de los Poderes de la Unión y de los estados en lo que toca a los regímenes interiores, sin la posibilidad de por ello contravenir lo dispuesto por este ordenamiento.

En otras palabras, el acceso al cambio es bienvenido por la Constitución Política Mexicana siempre y cuando se persevere en la ruta de la legalidad como único medio para su logro.

Esta particularidad, ante la que hoy parece ser una muy posible y no lejana definitoria por parte del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (validando la elección y procediendo a declarar presidente electo a Felipe Calderón), convertiría las actuales conductas de la coalición en un abierto desafío, que la centraría a sólo centímetros de caer en una clara ilegalidad.

De persistir en este proceder, una vez agotadas las instancias legales, el guante que invitando a duelo Andrés Manuel López Obrador arroja repetidamente, no puede quedarse tirado.

Quedaría entonces la obligación de levantarlo. Y no sería otro sino el Estado mexicano el indicado para hacerlo. Omitir esta responsabilidad, que no opción, comprometería gravemente, corrompiéndolo, el presente y futuro desarrollo histórico de un proceso democrático en el que, del universo de sufragantes en 2006, aproximadamente 62.5 por ciento no eligió a López Obrador como su próximo Presidente.

La seguridad nacional

Es en este punto en el que la seguridad nacional entra en juego. Un movimiento social presuntamente pacífico, que en los hechos no lo es, escala por lo general en revuelta. Y su propósito inmediato es el de ascender a revolución.

Nada fácil esto último. Para ello requeriría de dos condicionantes:

1) Una masiva base popular activa y actuante; y
2) Un reconocimiento social de apoyo claramente mayoritario.

Con esas dos condiciones, triunfa y toma el poder. Sin ellas, fracasa y pasa al recuerdo.

La coalición Por el Bien de Todos es una minoría. Punto. Su errático accionar estratégico ha dilapidado capital político y un considerable número de sus seguidores ha perdido ya el encanto ante la presencia de López Obrador. Pero es innegable que donde sí ha ganado es en la determinación que sus incondicionales muestran a su líder. Con lo que tienen ¿para qué les alcanza?

Si la seguridad nacional es la obligación por parte del Estado para crear, preservar, fortalecer y custodiar todos aquellos valores que dan origen y razón de ser a una nación, los lopezobradoristas (López Obrador primero) habrán de estar concientes que, una vez resuelta la elección por el Tribunal en favor de Felipe Calderón, el accionar del Estado habrá de ser radicalmente opuesto a lo que hasta hoy ha sido.

La obligación entonces, directa e inmediata, del Estado mexicano será la de cumplir y hacer cumplir la ley protegiendo y haciendo válido ese valor llamado democracia.

Si la fuerza pública es exigida como medio último y recurso final para hacer prevalecer la voluntad mayoritariamente popular, los mandos de la coalición deberán, quieran o no, aceptar su responsabilidad histórica por ello.

Inducir amañadamente manipulaciones que pretendan confundir o crear falsas analogías con hechos sucedidos en “68” o “71” carecería para este caso de todo valor. Los actores principales de la coalición, con sus determinaciones, habrán de ser responsables únicos de lo que esta respuesta provoque.

Sin embargo, el uso de la fuerza pública es un tema altamente delicado. Nadie, en su sano juicio, se alegra ante la llegada del garrote, la sangre y el fuego. Pero lo que es inadmisible es convertir a la fuerza pública en debilidad pública. El hacerlo solamente consigue que los peligros consuetudinarios que enfrenta el orden público (y aquellos que por esta circunstancia resultaran supervenientes) fácilmente encuentren terreno propicio para su cultivo en gran escala, favoreciendo con ello la conducente explosiva agresión social.

Si Andrés Manuel López Obrador en su dislocada pretensión por ser presidente de México continúa virando el timón de su nave hacia los puntos que, de acuerdo con él, le concedan vigencia a su propósito, a pesar de ser la ruta elegida de clara colisión, lo único que conseguirá será acortar la validez y subsistencia de una cada vez más debilitada coalición Por el Bien de Todos. Porque si el Estado, por mandato de ley, es compelido para accionar, queda sin opciones. Y ese camino cierra en línea recta.

* Profesor e investigador en temas de seguridaridad nacional en México, Estados Unidos e instituciones militares

Una mentira tras otra

Carlos Marín
Milenio – El Asalto a la Razón
04/09/2006

Si el 2 de julio Andrés Manuel López Obrador erró al no aceptar las cifras preliminares de la votación y luego rechazó el conteo distrital que confirmaba su derrota, este fin de semana desaprovechó la oportunidad que le brindó la exitosa toma de la tribuna en San Lázaro de ordenar el desbloqueo del corredor Periférico-Zócalo.

En vez de enviar una señal de “amor y paz” (como decía en sus conferencias para desmañanados) a los que no están con él, recrudeció su cruzada contra el ejercicio del periodismo y lanzó una descocada consigna:

“¡Que se vayan al diablo con sus instituciones!”.

No reparó en que su exabrupto deja en un predicamento insalvable a su propio partido, al del Trabajo, a Convergencia, al Congreso de la Unión (con todo y los legisladores de su coalición), y a los gobiernos perredistas de Baja California, Zacatecas, Michoacán, Guerrero, el próximo de Chiapas y al del Distrito Federal.

Ayer volvió a decir mentiras:

“… también respetamos a los librepensadores”.

La verdad, sin embargo, es que López Obrador desprecia el oficio periodístico:

“Es urgente y necesario garantizar el derecho público a la información y que los medios de comunicación sean plurales y que no manipulen; que no pretendan situarse por encima del interés general, por encima de la sociedad, y que no estén al servicio de minorías y que no le quiten al pueblo el derecho de expresarse, de manifestarse, el derecho que tiene el pueblo a disentir. Lo que hemos venido padeciendo en estos días es una vergüenza; el cómo la mayoría de los medios de comunicación, con honrosas excepciones, se ha entregado por entero a la mentira y a la calumnia, sirviendo nada más de cómplices a quienes quieren robarnos la Presidencia de la República…”.

Con mentiras también dijo en serio tres de sus más vulnerables chistes:

— Que “el Poder Judicial, incluyendo al Tribunal Electoral, a la Suprema Corte y a su actual presidente, Mariano Azuela”, está “al servicio en lo fundamental, en lo básico, de Diego Fernández de Cevallos (…), mandamás en el Poder Judicial”.

— Que la Presidencia de la Republica “está en manos de Roberto Hernández y de un pequeño grupo que se beneficia de la actual política económica…”.

— Que “el IFE dejó de ser un órgano ciudadano y fue expropiado por Elba Esther Gordillo y por el partido de la derecha”.

Y dejó asomar que desde antes de realizarse ya se redactan los “acuerdos” de la “Convención Democrática Nacional” a que convocó para el 16 de septiembre:

“Estas dos semanas que faltan van a ser de trabajo intenso para la organización, para la discusión, el análisis de los proyectos de resolución…”, derrapó.

Va tendido, pues, en su necedad de construir a su medida una “República” patito.

cmarin@milenio.com

¿Qué busca López Obrador?

Benito Nacif
Excélsior

04-09-06

El costo de mantener el movimiento, tanto para el PRD como para el nuevo Gobierno del DF, ha sido hasta ahora muy alto y seguirá aumentando.

El saldo del boicot protagonizado por los legisladores del PRD en la sesión inaugural de la LX Legislatura está a la vista. Tal como lo anticiparon los analistas, los principales damnificados resultaron ser el PRD y su candidato a la Presidencia, Andrés Manuel López Obrador. Así lo confirma una encuesta telefónica publicada por el diario Reforma justo al día siguiente de la malograda ceremonia. Setenta y seis por ciento de los entrevistados reprueban que el PRD haya tomado la tribuna de la Cámara de Diputados e impedido que el presidente Fox rindiera su VI Informe. Al menos, 60% declaró que, a raíz de lo ocurrido en la Cámara de Diputados, su opinión sobre el PRD y López Obrador había empeorado.

Sin embargo, nada de esto parece importar al otrora popular jefe de Gobierno del DF, quien celebró la actuación de los legisladores del PRD declarando que "se comportaron a la altura". A pesar del desplome de su imagen y la de su partido ante la opinión pública, para AMLO el primero de septiembre "fue un buen día". La amenaza de marginar al PRD en el Congreso también parece tenerle sin cuidado. "¡Al diablo con las instituciones!", declaró, sin empacho, ante los medios.

En política no todo es cálculo. Como en toda actividad humana hay un lugar para las pasiones, incluso las pasiones destructivas, como los celos, la envidia o el odio puro y duro. Sin embargo, sería un error el descartar la celebración de AMLO como mero reflejo del morboso placer de arruinarle la fiesta del Informe al presidente Fox. AMLO tiene un plan, y la actuación de los legisladores del PRD en la ceremonia inaugural del Congreso le confirmó que, al menos por ahora, está funcionando.

Desde luego, tras la derrota electoral, cuya validación por el TEPJF es inminente, el objetivo sigue siendo el mismo: la Presidencia de la República. Para conseguirlo, necesita mantener su posición como líder supremo del PRD, más allá de las formas y las convenciones. Su principal preocupación son los liderazgos alternativos, figuras emergentes dentro del propio PRD, que puedan disputarle la dirección del partido. La clave para resolver este problema es el Movimiento de Resistencia Civil. AMLO, el líder agraviado, necesita mantenerlo vivo a toda costa para, desde ahí, controlar al PRD —la organización del partido y a quienes se encuentran en cargos de elección popular—.

Pero los intereses del partido y del movimiento se contraponen. AMLO tiene que infundirle radicalismo a la resistencia civil para mantenerla viva, mientras que el PRD debe moderarse, si quiere seguir siendo una opción electoral atractiva. El problema mayor es el DF, el epicentro de la resistencia civil. El bloqueo de las calles y las recurrentes manifestaciones son un duro castigo para los habitantes de la metrópoli. Sostenerlas por tanto tiempo, a pesar del rechazo generalizado de la opinión pública local, está resultando una prueba excesiva para la lealtad de las bases electorales más importantes del PRD.

Con el fin de unir los senderos que se bifurcan, AMLO está organizando la Convención Nacional Democrática. En ella, no sólo se autoproclamará presidente "legítimo", sino también nombrará a un jefe de Gobierno. El mensaje para Marcelo Ebrard, el jefe de Gobierno electo del DF, es contundente: no le deberá el cargo a los habitantes de la Ciudad de México, sino a la Convención. Con ello, AMLO busca mantener vigente el modelo establecido con Alejandro Encinas: una especie de maximato local, en el cual él seguirá siendo el jefe del jefe de Gobierno. Así, se aseguraría, al mismo tiempo, una fuente importante de recursos para financiar la resistencia civil y mantener a raya a Marcelo Ebrard, el líder emergente con el potencial más alto para disputarle el control del PRD.

Hasta ahora, el plan de AMLO parece marchar sin cortapisas. Con la actuación de los legisladores del PRD en la sesión inaugural del Congreso, manda un mensaje inequívoco a la próxima administración panista: el PRD sigo siendo yo. Amenaza con utilizar las posiciones institucionales que el PRD obtuvo en las pasadas elecciones, para boicotear al gobierno en formación. El paso siguiente será ungir a Ebrard como su fiel jefe de gobierno en la Convención Nacional Democrática. El montaje está preparado y el jefe de Gobierno electo no tiene más remedio que seguir el juego.

Pero el plan de López Obrador tiene un fallo estructural: el costo de mantener el movimiento, tanto para el PRD como para el nuevo Gobierno del DF, ha sido hasta ahora muy alto y seguirá aumentando con el paso del tiempo. Si el barco se sigue hundiendo bajo la presión de la opinión pública, los rebeldes y los pragmáticos serán los primeros en saltar. Los gestos de lealtad desbordada quizá sean sinceros en algunos casos, pero son insostenibles. Al final, los intereses se imponen. El amor sólo es eterno mientras dura.


bnacifmx@yahoo.com

Tejero, López Obrador: los golpistas se parecen

Jorge Fernández Menéndez
Excelsior – Razones
04-09-06

El perredismo, que aún tenía posibilidades de rescatar algo de ese naufragio llamado López Obrador, decidió quemar sus naves y cometió el mayor error político de su historia. Al tomar el primero de septiembre la tribuna de la cámara de diputados, al impedirle a los demás legisladores continuar con la sesión y al presidente Fox dirigir su sexto informe de gobierno sellaron la derrota del dos de julio.

La toma de la tribuna en San Lázaro sólo admite una comparación histórica: aquella de las Cortes españolas, también cuando estaba en ciernes un cambio de gobierno en la entonces todavía frágil democracia española, por el teniente coronel Antonio Tejero. Aquel 23 de febrero del 81, casi a la misma hora en que Carlos Navarrete daba la orden para tomar la tribuna, Tejero llegó con sus hombres, ocupó el congreso español y argumentando que las instituciones democráticas se habían pervertido anunció que llegaría una autoridad “de mayor grado” para hacerse cargo del poder: crearían su propio gobierno. Quienes esperaban una reacción violenta de los legisladores vieron como éstos no caían en la provocación y Tejero, junto con su jefe el general Jaime Millán de Bosch, un día después estaban detenidos. Aquel disparo de Tejero al techo de la Corte española, fue reemplazado en nuestro caso por el grito de López Obrador enviando “al diablo sus instituciones” y su amenaza, la misma del coronel Tejero, de que va “a crear su propio gobierno”. Un golpista, se diga de derecha o de izquierda, siempre es igual a otro golpista.

Lo del viernes en la cámara fue similar a aquel golpe del 23 de febrero en España y sus resultados también deberían ser los mismos. El perredismo, una vez más, tomó la tribuna para exigir sus derechos, tratar de imponer su visión de las cosas y lo hizo conculcando el derecho de los demás y la propia legalidad. Argumentó una suspensión de garantías individuales inexistente, olvidando, incluso, que desde hace un mes, un puñado de sus militantes han conculcado las garantías de buena parte de la población impidiendo, incluso, el tránsito a las zonas de Paseo de la Reforma y del Zócalo donde nadie puede entrar sin una acreditación lopezobradorista. Pero más grave que eso, su actitud golpista demostró su propia vulnerabilidad, la debilidad argumental de sus posiciones y dirigentes, la incapacidad de ejercer una crítica fundamentada al poder político. Incluso demostró la falta de comprensión respecto a su propia realidad: ni el PRD representa a la mayoría de los legisladores del congreso (su fuerza legislativa equivale a dos quintas partes del congreso) ni mucho menos de los mexicanos: votaron por López Obrador 14 millones de ciudadanos y alcanzó cerca del 34 por ciento de la votación, pero olvidan que el otro 66 por ciento de los electores votó por otros partidos y candidatos, y que todos ellos reconocen que las elecciones fueron legítimas. ¿Con base en qué, además de la fuerza, pueden sustentar la legitimidad de sus demandas?

Pero además, la del viernes fue la peor estrategia política, típica de lo que Lenin llamada el infantilismo de izquierda, que podría haber adoptado ese partido. La imagen de intolerancia de los perredistas tomando la tribuna fue lo único que quedó en la enorme mayoría de la población. Al mismo tiempo, se vio a un Vicente Fox tranquilo, que simplemente entregó su informe destacando que no podía hablar porque un grupo de diputados se lo impedía, mientras que dentro del recinto legislativo todos los legisladores de todas las demás fracciones parlamentarias, incluyendo los de Convergencia, simplemente observaban cómo los perredistas se suicidaban políticamente.

La acción no sólo les restó credibilidad y legitimidad, sino que incluso no impidió que el presidente Fox, pronunciara en cadena nacional y dirigiéndose directamente a la ciudadanía, el que probablemente haya sido el mejor discurso que ha dicho, con motivo del informe, en estos seis años. Corto, conceptual, tolerante, contraponiendo esa actitud con la que habíamos visto horas antes y logrando un triunfo político indiscutible. Porque además, el lopezobradorismo sigue sin saber leer las encuestas: el índice de aceptación presidencial está en el 70 por ciento, el de López Obrador en menos del 25 por ciento. La provocación orquestada en la cámara y la respuesta presidencial posterior, seguramente ha modificado esas cifras en contra del propio López Obrador.

El único logro de éste, si se lo puede llamar así, es haber obligado al PRD a distanciarse de cualquier vía legal e institucional que le permitiera utilizar en su beneficio el capital político que su ex candidato sigue dilapidando. El viernes, el PRD decidió regresar de los umbrales del poder a la sombra de la marginalidad.

Pero lo ocurrido, como aquel 23 de febrero del 81 en España, exige de los actores políticos (y también de los medios) una definición: se está con las instituciones democráticas, con los procesos pacíficos de lucha por el poder, por la construcción de acuerdos y agendas comunes buscando un mismo proyecto de país o se está por la ruptura, por la destrucción (“purificación” diría López Obrador) de las instituciones, por el golpismo que significa crear un gobierno a la medida de un político que rechaza la democracia. En el espléndido ensayo de Michelangelo Bovero que publicó Excélsior el viernes, el gran teórico italiano dice que la llamada democracia directa que pregona López Obrador no es tal, que las plazas con activistas que levantan la mano aprobando cualquier ocurrencia del caudillo populista lo llena de recuerdos del pasado, los de las épocas totalitarias de Mussolini, Hitler, Stalin, Castro, Chávez, agreguemos nosotros.

El 23-F de Tejero, catalizó la transición democrática española y reafirmó a partidos y medios en las convicciones democráticas. Es la misma reacción que en nosotros debería generar el golpismo lopezobradorista puesto de manifiesto el viernes pasado.

www.nuevoexcelsior.com.mx/jfernandez
www.mexicoconfidencial.com

Un Fidel Castro pirata con rasgos de Pinochet genuino

José Carreño Carlón
Crónica
4 de Septiembre de 2006

Una maestra de idiomas me muestra la acelerada evolución del estilo discursivo de Amlo hacia una estructura supuestamente mayéutica (el método de Sócrates de hacer preguntas para que los alumnos descubran la verdad). Fue una estructura explotada por el Fidel Castro de los llamados grandes “discursos educativos” —recordamos— asimilados por varias generaciones de la izquierda latinoamericana, desde hace más de cuatro décadas.

Incluso el acento de Amlo suena cada vez más cubano, me hace ver la maestra. Y enseguida pasamos a comentar los puntos más grotescos de esta impostación, ya sea ésta fruto de un despegue psicológico en el proceso de identificación de Amlo con su modelo del revolucionario latinoamericano, o ya sea producto de una impostura vulgar más del político tabasqueño.

Por una parte está la utilización del público de sus “asambleas” como paisaje escénico y como coro para la aclamación y el aplauso automáticos de las respuestas del caudillo.

Y es éste —en efecto— un recurso más del caudillismo latinoamericano que del método socrático, que se propone hacer descubrir al alumno las nociones que ya traía en sí mismo, por medio de preguntas dirigidas.

La “mayéutica” de Amlo suele agotarse en la fórmula de lanzar preguntas —cerradas a respuestas únicas— a clientelas y a devotos a quienes se siente facultado a tratar no sólo como alumnos, sino como alumnos retrasados.

Pero también recurre a fabricar preguntas artificiosas que ni se formula su público ni la respuesta está dirigida a esos alumnos, que sólo están allí para vitorear a Amlo y llenar de escarnio a quienes no lo siguen. La “mayéutica” está dirigida en este caso a las contrapartes del líder, fuera y de dentro de su movimiento.

Son preguntas prefabricadas para envolver advertencias y amenazas en las también prefabricadas respuestas.

Por ejemplo, tras elogiar el sábado a sus diputados y senadores que el viernes tomaron la Tribuna del Congreso para impedir el paso y el mensaje del Presidente en su Informe, les ordenó a sus devotos y clientes que se “imaginen cuántos telefonazos recibieron (los líderes de los partidos coaligados en su candidatura derrotada)... cuántos llamados al diálogo…, cuántas proposiciones indecorosas de nuestros adversarios…”.

Sólo que, con esta orden a sus alumnos a “imaginar”, en realidad les estaba diciendo a esos líderes partidistas que es mejor que ellos se imaginen que él, el jefe del movimiento, sabe con quién hablan por teléfono y con quién negocian sus enviados a las cámaras.

De Cuba y de Chile, con terror

Y tras resaltar enseguida que sus legisladores se “se mantuvieron con firmeza” en el proyecto de callar otra vez al presidente, lejos de extenderles un agradecimiento sin regateos, les reconoció, sí, sus supuestos “ideales y “principios”, pero enseguida les hizo ver que se deben a un movimiento del cual él es la cabeza indiscutible y que cuidado con darle la espalda al pueblo, o sea, a él.

Probablemente por eso el remate “socrático” de Amlo de ese sábado mereció el título de “la frase del día” en la edición de Reforma de ayer.

Es una joya del uso del “pero”:
—”¿Y por qué actuaron así nuestros legisladores? -Porque son gente con principios, con ideales pero también porque hay este movimiento y no se le puede dar la espalda al pueblo”.

En fin, concluye la maestra, “los discursos de Amlo parecen copias piratas de los discursos de Fidel…”.

El problema es que puede haber algo peor que tener una copia pirata de Fidel Castro perorando a todas horas de todos los días en el Zócalo.

De la cabeza principal de El Universal de ayer, combinada con un mensaje desde Chile del lector Mario Laureano asomó una pesadilla: una copia pirata de Fidel Castro pero con los rasgos y los propósitos genuinos del Augusto Pinochet que encabezó el movimiento nacional e internacional que en 1973 decidió corregir con la violencia ilegal el resultado de las urnas chilenas, mismas que en 1970 habían favorecido —también por un margen estrecho— la elección presidencial de Salvador Allende.

En Chile la derecha fue la golpista y en México es la izquierda la que se propone serlo, a juzgar por la “cabeza” de ese diario: “PRD amaga: así puede ser el 1 de diciembre”, una amenaza clara, a partir de declaraciones del jefe de la campaña y del vocero de Amlo, en el sentido de que así como se impidió el mensaje presidencial el 1 de septiembre, el 1 de diciembre se impedirá que tome posesión el presidente legalmente elegido.

“De verdad le digo que me recuerda mucho lo que sucedió con el gobierno de Salvador Allende en Chile” —escribe el lector suramericano—; no puedo evitar con profundo pesar, ver las similitudes... Cuando esta espiral de violencia toma fuerza se transforma en un tornado incontrolable aún para sus propios caudillos y líderes…”

jose.carreno@uia.mx

La honestidad requerida

Ricardo Becerra
Crónica
4 de Septiembre de 2006

Estamos a unas horas de que el Tribunal Electoral emita su fallo definitivo e inatacable y ya casi no se puede agregar nada. Quizás por eso, sea buen momento para recapitular mi propia posición (más aún que algunos de mis pacientes lectores han olfateado un “cambio de postura” en los últimos artículos). Así, pues, creo obligado ordenar mis ideas para que nadie —sobre todo yo mismo— se llame a engaño:

1.- Voté por AMLO por estas tres razones: porque la desigualdad es el tema central de México; es el tema desdeñado de la agenda del PRI y del PAN, eso que siempre se arreglará “como consecuencia” de otros objetivos, siempre superiores (la estabilidad, la competitividad, las reformas estructurales, etcétera). Nadie como López Obrador lo había subrayado con tanta eficacia y una parte de sus respuestas apuntan a la edificación de estructuras del bienestar (universales, incondicionadas) absolutamente urgentes para detener nuestra desgarradura social. En segundo lugar, porque contra él, fue puesto en marcha un proceso vergonzoso, ilegal y cupular (el desafuero) para impedir que compitiera en las elecciones de este año. Fue una intentona fallida, que sin embargo rompía el pacto y las reglas democráticas del país. Y tercero: porque nada me parece más sano para nuestra vida democrática, que la tercera fuerza política, la izquierda mexicana, asumiera el gobierno con las reglas emanadas de la transición. Por eso voté, y volvería votar, por López Obrador.

2.- En el camino se multiplicó el encono. Empeñados en clausurar las posibilidades de esa izquierda, la Presidencia se zambulló en la contienda; ilegalmente, los poderes fácticos vinieron al auxilio del candidato de Acción Nacional y desde la derecha fue emprendida una frenética campaña sucia que sembró como nunca, el odio y la animadversión en la política y la sociedad mexicana.

3.- Luego, la trampa del empate. Los resultados apenas dibujaron un ganador por un estrechísimo margen. López Obrador acudió a lo que está en su derecho: impugnar los resultados por vía legal y vía política; reclamar ante el Tribunal, congregar multitudes, manifestarse, cobrar caro el posible triunfo de su adversario y desmontar la escenografía de un Presidente consumado que el PAN erigió apresuradamente, antes del plazo legal.

4.- Pero en el curso, la Coalición esgrimió la existencia de un monumental fraude electoral maquinado por el gobierno y manejado por el IFE. Esta es una afirmación —una mentira— que yo no puedo seguir, porque las elecciones en México son un inmenso proceso, visto, revisado, evaluado y verificado por cientos de miles en todos sus tramos. Porque no hay decisión electoral importante que no sea pública y porque cada eslabón tiene redundantes candados que hacen impracticable cualquier modalidad de alteración a la voluntad popular. La catarata de episodios que la Coalición ha arrojado a la arena pública para intentar demostrar el fraude, se han desvanecido uno tras otro. Llegó el recuento puntual de casi 12 mil casillas (justo, de las casillas señaladas por el PRD como aquellas que contenían sin duda las evidencias de un enorme fraude) y lo que se encontró fueron errores en la contabilidad... nada más.

5.- Y el plantón —plantón gubernamental— de la avenida Reforma. Una decisión que contradice las propias intervenciones iniciales de López Obrador, a saber: que el movimiento de resistencia cursaría sin afectar a terceros. Con el cierre testarudo de esa calle vertebral, no sólo se ha desgajado una parte del electorado que le apoyó, sino que ha ido consumiendo sin remedio el prestigio de una gestión que ya resultaba ejemplar para la izquierda de México, la de Alejandro Encinas.

6.- Finalmente, la actitud frente a la decisión del Tribunal. Todo está dispuesto para reaccionar en contra de su resolución, que es por ley, definitiva e inatacable. Con el desconocimiento o el rechazo de la sentencia que está por votarse, el PRD daría al traste, definitivamente, con las reglas que él mismo creó al calor de la transición democrática en México. La izquierda se lanzaría a un nebuloso curso de demolición institucional, paralelo a la legalidad, muy distante y muy distinto, a la historia democrática de la izquierda en México.

Resumo: creo necesario, urgente, que la agenda nacional sea modificada y que la desigualdad sea el centro de la acción estatal. Creo que López Obrador no inventó, sino que logró exhibir la inmensa falla política y social, esa auténtica lucha de clases, que se larva en el país. Creo que la derecha mexicana hizo lo posible —legal e ilegalmente— para impedir el ascenso de su rival. Pero también creo que una estrategia política, la de la izquierda en México, no puede erigirse sobre una mentira, arrasando los derechos de miles de “terceros” demoliendo las conquistas institucionales por las que tanto peleó.


Con este recuento no intentó convencer a nadie; sólo describo la evolución de mi postura. Aclararla en público es exigencia mínima. Más en estas horas, tan escasas de la honestidad requerida.

ricbec@prodigy.net.mx

AMLO con la derecha

Ricardo Alemán
El Universal - Itinerario Político
04 de septiembre de 2006

López Obrador y el PRD se convierten en aliados de aquellos a los que decían combatir

En el discurso pueden "mandar al diablo" a las instituciones. En la retórica pueden crear su "república patito". Pueden intentar que el nuevo presidente no tome posesión. En el imaginario pueden decir lo que les plazca, crear los conflictos políticos o mediáticos que se les antoje. Pero lo cierto es que en la práctica, lo que AMLO, el PRD y sus leales están logrando es crear una creciente tendencia de apoyo a la derecha mexicana, al PAN y a su probable presidente, Felipe Calderón.

La radicalización que por la vía extrainstitucional promueve AMLO, las venganzas políticas que consigue a través de las herramientas institucionales como las representaciones del PRD en el Congreso, los agravios a sectores católicos, a grupos empresariales y el insistente golpeteo a periodistas que disienten con su causa -informadores a los que arroja a la plaza para que la turba se encargue de ellos-, no sólo le han restado a AMLO una buena porción de la imagen y aceptación que había ganado, sino que se han convertido en acciones que consolidan, entre cada vez más amplios sectores sociales, lo que sus adversarios emplearon como eslogan de campaña; que es un peligro para México.

Pero lo más grave y peligroso para la naciente pluralidad mexicana, y sobre todo para las organizaciones que se dicen de izquierda, es que el movimiento de AMLO y del PRD se convierten de manera acelerada en el mejor aliado de aquellos a los que decían combatir, de la derecha en el poder. En realidad el papel de la izquierda en toda sociedad que aspira a una democracia real es precisamente el de equilibrio y contrapeso de la derecha. Pero lo que estamos presenciando en la etapa postelectoral mexicana es que cuando esa desdibujada izquierda parece haber alcanzado su mejor momento histórico, su mayor fuerza en la vida institucional, se empeña en volver a su estatura histórica -la de mera fuerza testimonial- para ceder los espacios reales de poder a la derecha, esa que anida lo mismo en el PAN que en las filas del viejo PRI.

Y es que precisamente al jugar el papel de radicales callejeros e intransigentes institucionales, AMLO y el PRD lo que en realidad están provocando es "coagular" los intereses de la derecha del PAN, de Felipe Calderón y de Vicente Fox, con los intereses de la otra derecha, la de Manlio Fabio Beltrones, de Emilio Gamboa Patrón, de Elba Esther Gordillo y la de no pocos gobernadores del PRI que representan a los grandes grupos empresariales. Pero además, a los ojos de sectores amplios de la sociedad mexicana -entre los que se encuentran los millones que no votaron y los millones que no sufragaron por AMLO- se crea una sensación de fastidio que, tarde o temprano, se traducirá en una tendencia de rechazo a sus métodos, y al mismo tiempo de justificación de lo que decidan en el terreno institucional los aliados del PRI y el PAN.

Y viene a cuento el tema por dos tendencias que se cocinan entre las fuerzas políticas que han preferido la vía institucional. Resulta que mientras AMLO y sus leales siguen el camino de la construcción de su "república patito" y de sus venganzas personales, las representaciones del PRI y el PAN en el Congreso trabajan en el cabildeo de otras fuerzas políticas de menor tamaño -como el Panal, Alternativa, el PVEM y Convergencia- en el diseño de un paquete legislativo que sería uno de los primeros "tiros de precisión" con los que arrancaría el nuevo gobierno de Felipe Calderón.

Se trata de una ambiciosa estratagema que pretende arrebatarle las banderas políticas, sociales, económicas y energéticas a AMLO, al PRD y a esa desdibujada izquierda. Los puntos de arranque para esa respuesta -que busca ser el instrumento de legitimación del nuevo gobierno- son la declaratoria de presidente electo por parte del TEPJF, por un lado, y la toma de posesión del nuevo presidente constitucional, por el otro. Pero además, el diseño va acompañado de una cuidadosa estrategia mediática -que por cierto ya está en marcha- y que consiste en dejar que AMLO y sus leales saturen los espacios, la tolerancia social, de tal suerte que a diciembre próximo, salvo lo más duro del núcleo perredista, el resto de los votantes y los ciudadanos estén hartos de AMLO y de sus lances.

Parte de esa estrategia es el bajo perfil que ha preferido el candidato Felipe Calderón, cuya agenda de apariciones esporádicas contrasta con la estridencia de AMLO, con la sobreexposición mediática del caudillo -lo que por cierto desmiente el cuento del cerco informativo-, mientras que Calderón trabaja no sólo en la integración de su gabinete, en el diseño de las políticas que serán la columna vertebral de su gobierno, sino también en las alianzas con otros partidos políticos. Al 1 de diciembre, y más allá de gritos y sombrerazos, Calderón podría llegar al Congreso como el segundo presidente de la alternancia, pero sobre todo como el primero de ese periodo con una mayoría parlamentaria de aliados. ¿Y la izquierda? Salvo que las mujeres y los hombres sensatos regresen pronto, esa izquierda se habrá convertido en la mejor aliada de la derecha. Ver para creer. Al tiempo.

aleman2@prodigy.net.mx

La hora decisiva del Tribunal

El Universal
Editorial
04 de septiembre de 2006

En las próximas horas, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación deberá emitir las resoluciones más difíciles de su corta existencia: la declaración de validez o no de la elección del 2 de julio y, de ser el caso, la declaración de presidente electo.


Aunque técnicamente la cuestión no parece tener complicaciones mayores, el proceso se ha impregnado de una preocupante incertidumbre por las airadas protestas de quienes se dicen defraudados, lo cual tuvo su punto crítico en la toma de la tribuna de la Cámara de Diputados para impedir el sexto Informe de Gobierno del presidente Vicente Fox Quesada.

Esa preocupación se ha hecho mayor ante el riesgo de que el resolutivo del Tribunal sea rechazado por alguna de las partes en pugna y en lo inmediato desaten nuevas presiones, como extender sus protestas para perturbar las fiestas patrias y la toma de posesión del nuevo presidente de la República.

Por eso este es el momento más crítico para el Tribunal, cuya esperada resolución difícilmente tranquilizará a las partes en pugna y por ende al país. Aunque no sobra decir que si la argumentación de la autoridad electoral es impecable y se sostiene por su apelación a los supremos valores de la democracia, la inconformidad tendrá que dar paso a la aceptación y a la reconciliación nacional.

Hoy es de la mayor trascendencia insistir en un llamado a la prudencia, a la inteligencia de todos, para encauzar los ánimos por el camino del diálogo fructífero y el reencuentro fraterno impostergable.

Sin desatender el marco legal que los mexicanos nos hemos dado, perfectible en todo caso, las derivaciones que la coyuntura electoral ha producido reclaman una respuesta política negociada, y por lo mismo también sensible ante las demandas de quienes se sienten defraudados.

Todo el país se ha visto inmerso en la tirantez expresada por quienes pretenden su triunfo y quienes lo impugnan. La discordia es inevitable en una justa electoral, pero la política sirve precisamente para buscar las coordenadas del acuerdo, pero del acuerdo que convenga a los intereses superiores de la nación.

El comienzo del periodo ordinario de sesiones del Congreso de la Unión puede obrar benéficamente en varios sentidos. Por lo que se refiere específicamente al conflicto postelectoral, los legisladores que fueron postulados por la coalición, y que quedaron en segundo lugar como fuerza política, tendrán manera de conducir por el entramado legal e institucional las gestiones que legalmente puedan servir a su causa. Sin desconocer que una disputa prolongada va inevitablemente a entorpecer la sana actividad de la nación y a inyectar más desconfianza y resentimientos en el seno de la sociedad.

Han sido horas muy difíciles para todo el país y en particular para los supuestos ganadores y perdedores del 2 de julio. Ante el resolutivo del Tribunal Electoral sería deseable una reacción popular de prudencia. La coyuntura no da para asumir actitudes triunfalistas de nadie y menos como resultado de una elección cuestionada.

Es necesario insistir en buscar la cohesión nacional en torno a los valores perennes y aspiraciones de todos los mexicanos y de abrir verdaderos puentes para el diálogo y solución pacífica de conflictos.