7 de junio de 2006

Gana Calderón; pierde AMLO

Ricardo Alemán
El Universal
07 de junio de 2006

Andrés Manuel López Obrador se remitió a repetir las mismas generalidades que ha presentado

Lo suyo no era, nunca fue el debate. Y en la segunda exhibición mediática de los cinco candidatos presidenciales, el mal llamado debate, el aspirante de la coalición Por el Bien de Todos resultó apabullado por casi todos los participantes. Lugares comunes, frases gastadas, carencia de propuestas, intentos fallidos de responder sobre su gestión en el gobierno capitalino. Y al final, AMLO intentó un descontón al panista Felipe Calderón, al acusar a su cuñado de no pagar impuestos, sin presentar pruebas.

El ganador indiscutible de la segunda pasarela mediática resultó ser Calderón. Y es que lo del candidato del PAN es precisamente el debate. Pero además él fue el primero y casi el único que intentó un debate, al abrir la crítica sobre su principal contrincante, Andrés Manuel López Obrador, al acusar a su gestión de ser la más corrupta -según Transparencia Internacional- y la más insegura. El objetivo de Calderón, claramente, fue el candidato de la coalición Por el Bien de Todos.

Sin embargo, AMLO se vio nervioso, no respondió a esa ni a otras acusaciones, a pesar de que en repetidas ocasiones Calderón lo llamó “mentiroso”. Más aún, mientras que el panista resultó el que más propuestas presentó -lo que no significa que hiciera las mejores propuestas-, López Obrador se remitió a repetir las mismas generalidades que ha presentado en cuanto a inseguridad, inversión, federalismo, migración y reforma del Estado.

Pero la sorpresa, sin duda, la dio Roberto Madrazo, quien -contra lo que ocurrió en la primera pasarela- en esta ocasión apareció como uno de los más preparados, el más seguro, el que recurrió con éxito al mensaje corporal. Sin embargo, Madrazo se encargó de hacer la crítica al gobierno de Vicente Fox, una crítica puntual que Calderón no respondió, porque el verdadero debate se centró entre Calderón y Obrador. A pesar de que Madrazo hizo su mejor papel, sigue cargando una pesada losa de incredulidad, de desconfianza, al tiempo que el candidato del PRI no cayó en la confrontación, porque su objetivo parecía el voto de los indecisos, los votantes que no tienen militancia partidista y rechazan precisamente la confrontación.

Otra sorpresa la dio Roberto Campa, quien se mantuvo al margen de la confrontación, salvo uno que otro “machucón” a Madrazo y Obrador, pero en general centró su intervención en una bien diseñada estrategia de propuestas. Campa, sin embargo, parece no haber superado el problema que mostró en la primera pasarela. Y es que a pesar de su elocuencia y lo puntual de sus propuestas, no logró la comunicación corporal. Se le vio acartonado, poco expresivo, con un lenguaje plano. A fin de cuentas, parece haber disputado el segundo lugar de la confrontación.

El caso de Patricia Mercado fue significativo. Siguió la misma estrategia aplicada en el primer debate. Pero se le vio nerviosa, poco preparada, improvisó en la mayoría de los temas e incluso se perdió en el tiempo. Debió ser interrumpida en por lo menos una ocasión. Mercado pudo haber perdido una buena porción del voto ganado en la anterior pasarela.

Lo más significativo del segundo debate fue la confrontación entre dos de los cinco candidatos; Felipe Calderón Hinojosa y Andrés Manuel López Obrador. En cada uno de los temas, el candidato del PAN lanzó pullas al del PRD, las que al final de cuentas no fueron respondidas o, de plano, lo dejaron callado. Así, Calderón abrió fuego contra AMLO, cuando se trataba el tema de la seguridad. El DF, en la gestión de López Obrador, fue la entidad más endeudada, la más insegura y la más corrupta. En respuesta al tema de la inseguridad, AMLO dijo que como jefe de Gobierno se reunió todos los días, muy temprano, para atender personalmente los asuntos de la inseguridad. Luego dijo que una muestra de que la gente aprobó su gestión de gobierno son las encuestas que le dan una ventaja de tres a uno en la capital del país.

El segundo punto de confrontación entre los candidatos del PAN y del PRD se dio cuando Calderón llamó “mentiroso” en repetidas ocasiones a AMLO, “porque el responsable del Fobaproa fue el PRI” y uno de ellos fue “Arturo Núñez, que es candidato del PRD, precisamente por Tabasco”. López Obrador dijo que respondería al asunto, pero al final no lo hizo. Cuando se trató el tema del federalismo, Calderón volvió a la carga, y se refirió al chofer de AMLO, “Nicolás Mollinedo, quien tiene un salario de 70 mil pesos y a un hijo estudiando en el extranjero”. No más Nicos, dijo. López Obrador tampoco respondió. Como tampoco dijo nada cuando el panista acusó al dirigente del PRD, Leonel Cota, de haber sido un gobernador con un supersueldo.

Casi al final, cuando AMLO intentó responder sobre el asunto del Fobaproa, dijo que presentaría un expediente que demuestra que el cuñado de Calderón, “el cuñado incómodo no paga impuestos”, y que su empresa ganó millones de pesos. “Miente, miente”, dijo Calderón, quien retó a López Obrador a que presentara pruebas. Al final AMLO resultó el gran derrotado.

Sondeos periodísticos dan a Felipe Calderón la victoria en el segundo debate

Lupa Ciudadana
7.Jun.2006

De acuerdo con sondeos realizados por diversos diarios nacionales, el ganador del segundo debate fue el panista Felipe Calderón. Excélsior (FC: 37%; AMLO: 28%), Reforma (FC: 44%; AMLO: 30%), La Crónica (FC: 42%; AMLO: 29%). Para Diario Monitor la relación se invierte (AMLO: 56%; FC: 36%). La Jornada, Milenio, El Financiero y El Universal no realizaron sondeos. Todos los diarios coinciden en que Roberto Madrazo quedó fuera de la contienda.

El texto completo del debate puede leerse en: Lupa Ciudadana. 7.Jun.2006

¿Cómo salen del debate?



6 de junio de 2006

Y llegó el 6-6-6

Jorge Fernández Menéndez
Excélsior - Razones

06-06-06

No se trata de hacer publicidad a una mala película, pero "el día de la bestia" llegó de la mano con el último debate de los candidatos presidenciales, previo a las elecciones del 2 de julio próximo. En realidad, el debate ya comenzó con la renuncia de Genaro Borrego al PRI, la mala noticia para Roberto Madrazo de que será Roberto Campa quien cierre las intervenciones (mala noticia si, como dicen los dirigentes de Nueva Alianza, Campa le tiene preparadas "sorpresas" a Madrazo), pero sobre todo porque, finalmente, se confirmó la existencia de nuevos videos que involucran a más personajes del equipo cercano a López Obrador en acciones de chantaje contra el empresario Carlos Ahumada. En este caso nada menos que Horacio Duarte, quien encabezó la defensa de López Obrador en el proceso de desafuero y es ahora su representante ante el IFE. Un hombre, además, pieza clave en el andamiaje de control de René Bejarano en el seno del perredismo.

La respuesta del gobierno capitalino a la existencia de los videos era previsible, pero al mismo tiempo endeble: Alejandro Encinas sostuvo que es parte del chantaje que realiza Ahumada contra las autoridades capitalinas para obtener "privilegios" en prisión y, Jesús Ortega, coordinador de la campaña de López Obrador, planteó el extraño argumento de que los videos no afectarán a su candidato sino a sus adversarios (sic).

En realidad, resultan cada día menos convincentes las explicaciones para deslindar a AMLO de estos hechos. Cada día son más los personajes del entorno más cercano al candidato involucrados en ellos: Bejarano, Carlos Ímaz, Gustavo Ponce Meléndez, ahora Horacio Duarte y el subprocurador Renato Sales, quien, siendo uno de los mejores funcionarios de la Procuraduría capitalina, termina explicando cómo tuvo que hacer para mantener a Ahumada en la cárcel. Ese es el grupo que llevó al poder en la capital a López Obrador y con el que ha gobernado. Ahora se podrán levantar, nuevamente, los gritos de complot, pero Andrés Manuel estará pagando los costos de no haber asumido ni aclarado estos asuntos en su momento: entonces terminó acusando de la conjura en su contra desde al Departamento del Tesoro de Estados Unidos hasta el gobierno federal, pasando por los medios; ahora los conjurados girarán en torno a la candidatura de Felipe Calderón, pero el único complot real es el que el ex jefe de Gobierno ha terminado urdiendo en torno a sí mismo.

Si alguien todavía tiene dudas de que AMLO no se parece a Luiz Inácio Lula da Silva (el mandatario brasileño que buscará en octubre su reelección) debería comparar la actitud que han tomado ambos en torno a los casos de grave corrupción entre sus colaboradores: Lula jamás habló de un complot en su contra y ofreció disculpas a la ciudadanía; limpió buena parte de su equipo de trabajo, incluidos sus más cercanos colaboradores y los líderes del Congreso; cambió a prácticamente toda la dirigencia de su partido, el de los Trabajadores.

López Obrador denuncia una conspiración tras otra en su contra; actuó con notable timidez contra uno de los responsables, Bejarano, y dejó que éste y su corriente sigan manejando buena parte de su partido. Dejó preso a Ahumada, pero en libertad a su ex secretario particular y a Carlos Ímaz; encumbró, incluso ahora en su equipo de campaña, a Claudia Sheinbaum, esposa de Ímaz y quien reconoció haber estado enterada de que su marido recibía dinero de Ahumada; dejó escapar a Ponce Meléndez y dio un trato político de privilegio a Horacio Duarte, sabiendo, mucho antes de que se divulgaran estos nuevos videos, que el actual representante de su candidatura ante el IFE también estaba involucrado en actos de corrupción.

Si se quieren buscar mayores diferencias entre Lula y López Obrador deberá analizarse su actitud ante la etapa final de sus campañas.

Lula, para ganar las elecciones se concentró en ofrecer certidumbre a los inversionistas y los mercados; moderó, desde mucho antes, su lenguaje e intenciones políticas; mantuvo contactos con los sectores empresariales, para garantizarles un programa basado en el aprovechamiento de la globalización, incluida una audaz apertura del sector energético con el fin de lograr la autosuficiencia y una fuerte capacidad de exportación en un futuro cercano (el propio Da Silva estimó, en una entrevista publicada la semana antepasada en Le Monde, que Brasil podrá cumplir con ambos objetivos a partir del 2008).

AMLO en estos días ha prometido un incremento de salarios generalizado, sin forma fiscal de sustentarse; bajar, mediante subsidios, los precios de los energéticos; no abrir el sector energético; reducir los impuestos; asumió como un problema central la deuda externa (que ha dejado de serlo hace ya mucho tiempo) y anunció una renegociación al estilo Argentina con el FMI, olvidando que ese país entró en cesación de pagos internacionales luego de la más feroz crisis económica de su historia; dijo que "respetaría" la autonomía del Banco de México, pero no permitirá que éste "beneficie" con "manejos técnicos" a los "ricos y especuladores"; que mantendría los equilibrios macroeconómicos, pero sin respetar "la ortodoxia económica"; desmintió a su principal asesor económico, Rogelio Ramírez de la O, cuando éste dijo que terminaría tratando de aplicar una política económica similar a la de Salinas. Y todo eso ocurrió en la última semana, apenas a un mes de las elecciones.

Mientras Lula, un mes antes de las elecciones, había establecido con toda claridad las reglas del juego con los sectores productivos y los inversionistas nacionales e internacionales, López Obrador los tiene hoy en una incertidumbre mucho mayor que hace unos meses. Ahora, con los nuevos videos, intentará otra fuga hacia adelante que no hará sino acrecentar las dudas que su candidatura ya genera. ¿O usted cree que algo cambiará con el debate de hoy?

¿Apocalipsis?

Catón
Reforma
Junio 6 del 2006

Éste es un día apocalíptico. Hoy se completa el número predicho por el Libro de la Revelación, el ominoso 666. Nos hallamos en el sexto día del sexto mes del sexto año del actual milenio. En este día fatal las tinieblas llenarán el universo, y cesará toda actividad de la CFE. Entonces aprenderemos que los monopolios no son buenos. Yo, previsor y ordenado como soy, me compré con anticipación una vela bendecida, pues únicamente esos sagrados cirios darán luz. Lo malo es que sólo hasta después que pagué el cirio la vendedora me informó que únicamente se encenderá la vela si todos en la casa están libres de pecado. Carajo, ya ni las velas benditas están garantizadas. Tendré que salirme a la calle para que arda la que compré. Como si todo eso fuera poco hoy será el debate presidencial. Ojalá el Apocalipsis no impida su realización. Importante será el encuentro de los candidatos, a pesar de su rigidez -del encuentro, no de los candidatos- y de la dificultad para que en él enfrenten sus ideas (quienes las tengan) y se contesten unos a otros.

Desde su Olimpo personal López Obrador niega que el debate sea significativo, y al parecer no se ha preparado en forma especial para la confrontación. Ciertamente, el encuentro no definirá el resultado de la elección, pero influirá en él. Ya vio AMLO cómo su ausencia en el debate anterior lo hizo bajar en las encuestas. Y ahora está más cerca la jornada electoral. El interés se centrará en el perredista y en Felipe Calderón. Ya Madrazo no cuenta. Al final de esta campaña el priista será como el entrenador de aquel equipo de waterpolo que llegó muy satisfecho del torneo. Perdimos todos los juegos -dijo ufano-, pero no se nos ahogó ningún jugador. Exagerando un poco diré que Madrazo debe aspirar ya solamente a que el PRI mantenga su registro.

Esperemos el resultado del debate. En él muchas cosas pueden suceder. La moneda todavía está en el aire. Este día -cabalístico día- puede influir en la forma en que caerá… Pero no quiero tener en suspenso a la República, ni llenarla de inquietud.

Para sedar a la Nación contaré algunos chascarrillos… El explorador blanco y su guapa esposa cayeron en poder de los salvajes. Después de una breve plática con el jefe de los nativos, el explorador se dirige a la mujer y le dice: Parece que tendrás que irte con ellos, vieja. Ya no se conforman con espejitos y cuentas de cristal… Un señor pasó a mejor vida y llegó a la mansión de la eterna bienaventuranza. En la tierra había sido buen comedor, de modo que se desazonó al darse cuenta de que lo único que se comía en el Cielo eran unos insípidos sándwiches de jamón y queso preparados de mala gana por San Pedro. Decidió darse una vuelta por el infierno, a ver cuál era ahí el menú, y grande fue su sorpresa al ver que Lucifer estaba confeccionando una sabrosísima paella que no era simplemente arroz con cosas, sino una paella con todas las de la ley que hasta en Valencia habría ganado el concurso de paellas. Regresó el señor al Cielo y dijo a San Pedro. Acabo de estar en el infierno, y allá comen paella. ¿Por qué a nosotros nos das sándwiches nomás? Responde con mal humor San Pedro: Para los cuatro que estamos aquí no me voy a poner a hacer paella… Viene ahora un cuento de color subido. En este punto las personas pudibundas deben saltarse hasta donde dice FIN… Un señor se quejaba de lo aburrido que era la vida sexual con su mujer. Cierto amigo suyo le recomendó que probara nuevos modos de hacer el amor. Por ejemplo -le sugiere- el de la carretilla. ¿Cómo se hace eso? -pregunta intrigado el señor. Describe el amigo: Tu señora apoya las manos en el suelo, tú la levantas por las piernas, y así unidos van de un lado a otro. Cuando el señor llegó a su casa le propuso a su esposa hacer aquello. Está bien -acepta ella-, pero con dos condiciones. ¿Qué condiciones? -pregunta el marido. Responde la señora: La primera, que si me canso pueda descansar. La segunda, que no pasemos por donde esté mi mamá… FIN.

Ironías

Federico Reyes Heroles
Reforma
Junio 6 del 2006

"La ironía es una tristeza que no puede llorar y sonríe".
Benavente

Aquí estamos, a menos de un mes de las elecciones, en el umbral del debate, frente a una decisión que está en el aire, abrazados por una confusión histórica que ya a pocos preocupa, atrapados por un frenesí que impide razonar, en medio de un fuego cruzado que lleva a preguntarnos cómo será el día después de la batalla. Hace dos décadas la televisión era vista como al arma más poderosa del régimen, brazo opresor de la antidemocracia, obediente instrumento que perdonaba vidas o declaraba la muerte civil. Hoy en cambio sabemos que la contienda se puede dirimir en los 120 minutos de pantalla.

También sabemos que los nuevos videos, transmitidos hasta la saciedad, de nuevo a través de la pantalla, podrían zaherir de muerte a AMLO. Todo puede pasar. ¡Qué emocionante! Vive la democracia. Los spots en el argot televisivo han sido la madre de todas las batallas. Quién pierde en los spots está muerto. Por ello orillamos al IFE y al Trife a entrar en función de censores a un territorio resbaloso. Qué ironía, hace dos décadas se miraba a los aparatos de control corporativo como el gran andamiaje de poder. Hoy la lucha por las plazas es lo de menos, todo ocurre en un área que se mide en pulgadas cuadradas.

En 88 se reclamó que Cárdenas no existiera en los medios. La fallida elección sacudió al país. Cárdenas existió sin televisión. Pensamos que con el régimen del cambio algo cambiaría y hoy -¡qué ironía!- el reclamo opositor que busca poner en entredicho al proceso está centrado en los excesos de Fox en el uso de los dineros y tiempos oficiales para promover a Calderón. El hombre que se vanagloria de haber parido un nuevo país, pone en riesgo la elección por un capricho personal: una barbaridad. Ése es el verdadero demócrata Fox.

Cualquier partido liberal, de izquierda o mínimamente preocupado por la justicia social buscaría proponer gravámenes que solventen las necesidades del Estado para paliar las injusticias. El razonamiento es claro: gravámenes progresivos para poder tener un Estado fuerte. Normalmente los partidos de derecha pugnan por lo contrario: menos impuestos y un Estado que se retrotrae a lo mínimo. Aquí el PRD y el PRI que invocan a la justicia social como su principal oración política, lanzan como gran oferta liberar a los más pobres de un impuesto que la mayoría no paga, pero nada nos dijeron de dónde compensarían el sacrificio en el ingreso, a quién gravarían. ¡Qué ironía! La generación de empleos que habitualmente es bandera de los partidos de centro izquierda hoy la enarbola el PAN. Con otra, desde hace décadas se sabe que los dos principales instrumentos para generar mayor igualdad son la educación y el empleo. ¿Quién entiende?

¿De verdad está México hoy peor que hace dos décadas? No, por supuesto que no. El país no crece lo que debiera y podría, es cierto y de allí la dolorosa expulsión de mexicanos. Pero los salarios reales se han recuperado y gracias a la continuidad entre el PRI y el PAN en ciertas políticas económicas el consumo y el ahorro de las familias se han incrementado notablemente. Las acciones de vivienda se multiplican. Nuestra moneda está fuerte y sin devaluaciones abruptas el ingreso se estabiliza. En la última década muchas familias han dejado el sector primario y hoy trabajan en actividades que les facilitan un género de vida diferente. La economía mexicana es más moderna y más global. Será por las remesas y por los programas asistenciales, pero la miseria extrema se ha reducido. Hay más libertades. Se dice fácil pero es un logro.

La ironía es que nadie defiende esa mejoría fáctica, no subjetiva. Obsesionado como ha estado seis años en acabar con el PRI y fundar un nuevo país, Fox no defiende esa posición porque tendría que reconocer que una parte de sus méritos radica en haberle dado continuidad al pasado que él quiere enterrar. Atrapado por su discurso inventó foxilandia y no señaló los verdaderos logros. Madrazo por su lado resbala en algo similar: por negar al impopular “neoliberalismo” y a los “tecnócratas” olvida que buena parte de las mejorías provienen de gestiones priistas. El beneficiario de esta herencia negada es AMLO que perfila un país al borde del barranco. ¡Qué ironía! Nadie sabe para quién trabaja.

PRI y PRD acusan una “elección de Estado”. El demócrata Fox les da pie. El PRD se encamina al argumento de la “nulidad abstracta”, pero se mantiene en la contienda, por si ganan. El IFE y el Trife caen en el laberinto de perseguir spots que en realidad es perseguir ideas. Y sin embargo, a pesar de estos actores, de esta brutal confusión, de este paroxismo de desconfianzas, lo más probable es que la elección sea pacífica y que imperen las instituciones. Por eso son lo que son, para eso están allí, para contener las maniobras presidenciales, las arbitrariedades de las burocracias, las exageraciones de los partidos y los candidatos, las disparidades de los medios, las demandas infundadas de todos. A pesar del lodo, dos de cada tres mexicanos tienen confianza en el IFE y el Trife no está lejos. Hace 12 años la amenaza era “el choque de trenes”. Zedillo fue Presidente. Hace seis, el día de la elección, el propio Fox invocó un gran fraude. Hoy es la “elección de Estado”. Parece que nunca acabarán.

Qué ironía que sean los propios mexicanos, los principales beneficiarios, partidos y candidatos, los despreciados políticos, los que ataquen a las instituciones. No se dan cuenta de que a pesar de ellos y gracias a ellas es que el país sigue adelante. ¡Qué mayor prueba de institucionalidad que tolerar a estos actores!


Parábola del buen padre pródigo

Luis González de Alba
Milenio
5 de junio de 2006

Hubo una vez un padre cuyos conflictos de personalidad lo llevaban a dar a sus hijos cuanto pedían: que un camioncito eléctrico... allí va el tarjetazo; una muñeca que hace chis... otro tarjetazo. Aumento a sus “domingos”, vacaciones... “¿Es que no lo merecen mis hijos?”, replicaba a quienes lo alertaran sobre los riesgos. Su mujercita vio una casa maravillosa y la compraron con un crédito hipotecario, la amueblaron con todo lo necesario. Cuando llegó el embargo por atraso en los pagos, el buen padre argumentó que no había hecho sino dar cumplimiento a las necesidades de su familia: que no podía dejar a sus hijos sin carne, dijo al carnicero. Y así a todos. Pero nadie se condolió y lo echaron a la calle. Sus hijos limpian parabrisas. Y él se hace cruces: ¡si sólo dio a sus hijos lo necesario!

Prometer no empobrece: 30 universidades o 300... todo es cosa de imaginar regalos, al final dará lo mismo: son promesas sin sustento en la economía real del país.

Para pagar esas promesas ahorrará 100 mil millones, dice Manuel Andrés. ¿Se puede? Sí: recortando la escandalosa nómina de burócratas, obligando a Pemex a trabajar con 30 por ciento menos trabajadores, haciendo trabajar a los inútiles de Luz y Fuerza del Centro, donde hacen 10 el trabajo de uno en la CFE, implantando un régimen de jubilaciones pagado con los propios ahorros del trabajador. Pero... ¿ya le avisó de esas medidas al charro Vega Galina, ahora candidato perredista a senador? ¿Ya negoció el recorte con el sindicato de Petróleos? Si ya lo hizo, mañana salgo a la calle a recibirlo con matracas, banderolas y al grito de ¡Viva El Peje, cabrones!

Pero creo sinceramente que ni siquiera sabe lo que dice. Un análisis acucioso de sus propuestas las revela ingenuas, o ya usadas por el PRI en sus fracasos, o simplemente tontas. Un ejemplo muy claro: dice que hará del sector energético el motor del desarrollo. Pero la aportación de ese sector es inferior al 3 por ciento del PIB, la riqueza producida en México, “mientras las manufacturas contribuyeron con 20 por ciento”, subraya “Un proyecto irresponsable de nación”, análisis detallado hecho por Jaime Sánchez Susarrey (editorial Diana) al Proyecto Alternativo.

No es solamente un error de números, es un error de país: Manuel Andrés propone un motor para un sultanato que sólo produce petróleo crudo. No conoce López Obrador que su país es algo más que los pozos de Tabasco: México es uno de los primeros exportadores de televisores y material electrónico, posee en el norte agricultura altamente sofisticada que trae dólares de Estados Unidos y Canadá, exporta autos y manufacturas que no son más porque el PRI y el PRD han impedido su crecimiento con obstáculos en la legislación, medidas ahuyentadoras de capital.

Su Proyecto Alternativo produjo ya resultados: en el DF los asegurados al IMSS se redujeron 0.6 anual de 2001 a 2004; el desempleo en el país fue de 2.4 por ciento... en el DF subió a 3.6 por ciento, y en 2004 empeoró: fue de casi 5 por ciento (Op. cit.) ¿Y transparencia? Como jefe de gobierno se opuso hasta el último día al Consejo de Transparencia. Y por eso todavía nadie sabe el costo de sus obras públicas.

Pero hay un aspecto todavía más grave: En el capítulo 11 de su proyecto asume que “El Presidente debe ser el principal guardián del sufragio efectivo...” (ídem, p. 122). ¡Zas! No el IFE, sino el Presidente de la República es quien debe velar por el respeto de nuestros votos. ¿No fue eso lo que los mexicanos echamos a la basura? ¿No eran esas, precisamente porque las “vigilaban” Presidencia y Gobernación, “elecciones de Estado”? Pues ese retorno propone, sin sonrojo. Y la intelectualidad le aplaude. ¿No les da vergüenza?

¿Y el combate a la delincuencia? Ah, dice, la delincuencia es causada por la pobreza (tesis clásica de la ultraderecha). Pero los datos dicen lo contrario: entidades ricas del país como el DF, Estado de México y Baja California, son también las de más alto índice delictivo. ¿Entonces?

En fin: de su Proyecto Alternativo, de su carísimo dispendio en medios y el último en cadena nacional y horario triple A (una fortuna que nadie más ha podido desembolsar), sale una radiografía: López Obrador no conoce el país que quiere gobernar. Y como dijo Octavio Paz de otro personaje: no es un hombre de ideas, sino de ocurrencias.

Aterrador

Jaime Sánchez Susarrey
Reforma
Junio 3 de 2006

El Tribunal Federal Electoral ya dio pruebas de sus limitaciones. La resolución sobre los spots del PAN y del PRI constituye un atentado contra la libertad de expresión. Más aún cuando el promocional en que el PRD tacha de mentiroso a Felipe Calderón no fue objeto de ninguna sanción. Pero así son las cosas y nada las va a cambiar. Los siete magistrados que integran el Trife serán quienes califiquen la elección presidencial del 2 de julio. Y lo harán con un margen enorme de discrecionalidad. La legislación es muy laxa. Serán ellos, y sólo ellos, los que determinen si las previsibles quejas de las oposiciones proceden y si se debe, en consecuencia, anular los comicios.

Para colmo, las tribulaciones no terminan ahí. La Junta General del Instituto Federal Electoral acaba de dar un espectáculo lamentable. Contraviniendo su resolución inicial -se había abstenido de vetar para no atentar contra el derecho a la libertad de expresión-, rectificó y ordenó al PAN retirar otro spot. Por fortuna no fue un fallo unánime. Pero, por desgracia, contó con el voto a favor del consejero presidente del IFE, Luis Carlos Ugalde. Y digo por desgracia, porque él y los consejeros electorales que se le sumaron sí entienden el fondo de la cuestión. Lo que estaba y está en juego es la libertad de expresión.

La rectificación, por lo tanto, no fue efecto de la falta de información o la expresión de un criterio estrecho; no, fue una respuesta pusilánime y anticipada a las presiones que provocaba la resolución del Trife. De hecho, López Obrador fue el primero en denunciar el presunto agravio: cuestionó la tardanza y puso en cuestión la imparcialidad y profesionalismo del organismo electoral. Fue una especie de "se los dije, el IFE no es confiable, el Trife lo acaba de comprobar". Sobra decir que las palabras de AMLO fueron magnificadas y reproducidas por todos los medios y periodistas que le son favorables. Y eso fue justamente lo que atemorizó a Ugalde y a la mayoría de los consejeros que votaron con él.

Todo esto ocurre en el contexto de otra batalla mediática. El PRD y Roberto Madrazo han denunciado que se enfrentan a una "elección de Estado". Los dados, repiten al unísono, están cargados ilegalmente a favor del candidato oficial, Felipe Calderón. Sin embargo, el concepto es en sí mismo desmedido. Resulta absurdo hablar de una "elección de Estado" cuando el partido del presidente de la República no tiene mayoría en el Congreso, cuando el IFE goza de autonomía, cuando el Tribunal Electoral emite un fallo desfavorable (y absurdo) contra el partido del Presidente y cuando la Suprema Corte de Justicia de la Nación se comporta como un poder autónomo e independiente, para no hablar de que el PRI gobierna en 17 entidades y el PRD controla el gobierno de la Ciudad de México.

Y a ello hay que agregar que los recursos financieros y los tiempos de los diferentes partidos en los medios de comunicación electrónicos responden a criterios equitativos. Atrás quedaron las épocas en que el gobierno de la República tenía la capacidad de ejercer influencia o censurar los contenidos en los noticieros, de invertir cinco o 10 veces más en publicidad que todos los partidos de oposición juntos o de disponer de los recursos públicos para financiar la campaña del candidato oficial. Es más, hoy por hoy existe un padrón abierto y público de los programas sociales del gobierno federal, cosa que no se puede decir de programas similares en la Ciudad de México o en algunos estados de la República gobernados por el PRI.

No hay, pues, ningún elemento racional para definir este proceso como una "elección de Estado". Y menos aún cuando la denuncia la hacen dos personajes como Roberto Madrazo y López Obrador. El primero porque ha vivido y organizado comicios desde el gobierno y para el gobierno. Su victoria en Tabasco en 1994 estuvo plagada de ese tipo de irregularidades. AMLO lo sabe mejor que nadie. Pero López Obrador tampoco es ningún santo de altar. No lo fue en Tabasco cuando presidió el Centro de Estudios Políticos y Sociales del PRI en 1982 ni cuando fue presidente de ese mismo partido en 1983. Ni tampoco lo fue cuando utilizó los recursos y las redes clientelares del gobierno del Distrito Federal para imponer al PRD por un amplio margen en el 2003.

La convergencia de López Obrador y Roberto Madrazo parece contra natura, pero no lo es. Ambos son priistas de formación y ambos tienen intereses y objetivos que defender. Entender a AMLO no es difícil. Su convicción y su temple, mesiánico, cimientan toda su estrategia y su visión del mundo. Andrés Manuel está convencido de que la mayoría del pueblo está con él y que la victoria es suya. La derrota en ese esquema no es previsible ni admisible. Es algo que simple y llanamente no puede ocurrir. El vínculo entre el pueblo y el líder es indestructible. Así que si los resultados -como las encuestas- no le favorecen, la causa habrá que buscarla en un complot que habría culminado con un gran fraude electoral.

Roberto Madrazo (ROMA), por su parte, no tiene esa dimensión mesiánica. Es un político pragmático, hábil, pero de miras muy cortas. Tan cortas que su ambición lo llevó a meterse en el brete en que ahora se encuentra. Es el peor candidato en toda la historia del PRI. Ni Labastida hizo un papel tan lamentable. Peor aún, de seguir las cosas por donde van, se va a convertir más temprano que tarde en el enterrador de lo que queda de ese partido. Además, ya no hay tiempo de rectificar ni de enderezar el barco. Todos los pronósticos le son adversos. Su derrota parece inevitable. La pregunta es si será una catástrofe o una pequeña debacle. Y es justamente ante semejante dilema que Houdini (perdón, Madrazo) encontró la cuadratura del círculo: denunciar una "elección de Estado", pelear por su anulación y abrir una segunda oportunidad para el PRI en la que él ya no sería candidato.

¿Es posible que semejante estrategia prospere? Sí, sin ninguna duda. Porque si Calderón se impone por un pequeño margen (dos, tres o cuatro puntos), la descalificación de la elección por el PRI y el PRD tendría un enorme efecto. Los elementos para solicitar la anulación se centrarían en la "inequidad" ("elección de Estado") de la contienda y los magistrados del Trife tendrían la última palabra.

El costo político, social y económico de semejante escenario es aterrador. Basta pensar en un Presidente interino que tendría por misión organizar una nueva elección dentro de poco más de un año... ingobernabilidad, conflictos y anarquía serían la regla, pero para entonces AMLO y ROMA gozarían de cabal salud.

5 de junio de 2006

Tú - Cartón de Abel Quezada (1976)

Razona tu voto

Abel Quezada (1920-1991), ilustre caricaturista y escritor, publicó en 1976 este cartón en Excélsior. Llevaba en esos momentos una clara dedicatoria al entonces Presidente, Luís Echeverría.

Paco Calderón lo recuperó y envió a Denise Dresser, quien lo menciona en su artículo también titulado “” que publica hoy (05 de junio) en Reforma.

Como viene al caso en estos días en que escuchamos promesas a diestra y siniestra ¿no creen?

Sólo cabe hacer la aclaración que la cita que aparece, fue incorrectamente atribuida por Quezada a Abraham Lincoln, cuando en realidad corresponde a William J. H. Boetcker y fue publicado en 1916 (Discurso de los "10 cannots ó 10 no puedes").

Tomando como punto de partida el cartón de Quezada, Denise Dresser en su artículo plantea una crítica a todo el sistema político mexicano, a los partidos políticos y a la sociedad mexicana en su conjunto.

Coincido con Denise Dresser en que, independientemente de quien gane el 2 de julio, a México le hacen falta muchas más cosas de las que nos están prometiendo los candidatos.

Lincoln o Boetcker lo plantearon hace más de un siglo. Quezada se lo reclamó a Echeverría hace 30.

Ya es tiempo de que como sociedad nos empoderemos para exigírselo a los políticos que pretendan gobernarnos, pero ya es tiempo también de que nos comprometamos nosotros mismos y seamos congruentes con lo que decimos que buscamos y con lo que hacemos.

razona2voto@yahoo.com

Denise Dresser
Reforma
05-06-06

Ayer el caricaturista Paco Calderón me envió un cartón de Abel Quezada publicado en 1976. Se llama "Tú" y está basado en un texto de Abraham Lincoln donde reflexiona sobre el papel de los líderes políticos: "Tú no puedes inculcar carácter y valor quitándole al hombre su iniciativa y su independencia. Tú no puedes ayudar a los hombres permanentemente haciendo por ellos lo que pueden y deben hacer por sí mismos". Palabras que vale la pena recordar ante la plétora de promesas de los candidatos presidenciales. Ante los mensajes que ofrecen dádivas en lugar de oportunidades. Ante las ofertas que producirían más clientelas en vez de mejores ciudadanos. Ante más de lo mismo.

Porque a eso equivalen muchas de las promesas que hemos escuchado en los últimos días, y la reacción frente a ellas. A la concepción del Estado que cuida a los mexicanos en vez de empoderarlos. A la visión de la política como el arte de entregar y no como el compromiso de representar. A la operación del capitalismo basado en la protección de sectores privilegiados y no en la competencia para desmantelarlos. Más subsidios y más útiles escolares y más recursos estatales y más consumo y más formas de comprar el voto. Más resistencia de la élite empresarial a construir un capitalismo de terreno nivelado de juego. Más propensión de algunos a pensar que sólo hacen falta un par de reformas estructurales que quedaron pendientes. Más, más, más de lo que ha llevado al país a cojear de lado en vez de correr de frente.

Y por otro lado, el Presidente y su partido y su candidato congratulándose. Dándose palmadas en la espalda por el Programa Oportunidades y el Seguro Popular y la vivienda y lo demás que el PAN también da. Como si eso fuera suficiente para asegurar que los mexicanos saltaran del changarro al diseño de software. Como si eso fuera suficiente para competir contra India y China. Como si eso bastara para asegurar la movilidad social y convertir al hijo de un obrero en profesionista. Como si el modelo económico de los últimos 20 años hubiera asegurado la prosperidad, cuando no lo ha logrado. Hoy la democracia funciona bien para asegurar la alternancia entre los partidos; funciona mal para proveerle oportunidades económicas a los mexicanos.

Por eso no sorprende que haya cada vez más hombres y mujeres dispuestos a saltar el muro. México se ha convertido en un país donde 4 de cada 10 mexicanos dicen que emigrarían a Estados Unidos si pudieran. Donde 1 de cada 5 mexicanos entre la edad de 25 y 36 años vive y trabaja en Estados Unidos. Esos que cruzan la frontera en busca de lo que no obtienen al sur de ella. Porque México no hace lo que debería para crear una economía dinámica y moderna. Porque sus políticos no se abocan a ello.

Algo está mal y trasciende a los candidatos y sus promesas; tiene que ver con una cuestión profunda, histórica, estructural. Con un sistema socioeconómico erigido desde hace décadas, con un capitalismo que permite la apropiación de la riqueza en pocas manos y no la distribuye mejor. En México hay demasiadas barreras de entrada a la innovación, a la competencia. Hay demasiados muros erigidos contra la movilidad social y la competitividad empresarial. Por ello, aunque el 2 de julio los mexicanos podrán votar en un contexto democrático, les será cada vez más difícil competir en un mundo globalizado.

México hoy es más democrático y más desigual. Su economía política funciona de una manera que coloca la riqueza en pocas manos y no recauda los impuestos suficientes sobre ella, como debió haberse hecho en la venta de Banamex a Citigroup. Esa operación legal pero sintomática explica por qué el Estado mexicano cuenta con pocos recursos para invertir en el capital humano de su gente. Y ninguno de los contendientes habla de cómo llevar a cabo esa inversión de largo plazo en los habitantes del país que aspiran a gobernar. Unos y otros ofrecen empleo y deporte y útiles escolares y trenes bala y reducciones del IVA. Nadie habla de educar mejor, de entrenar, de empoderar, de cómo asegurar que los mexicanos se vuelvan ciudadanos competitivos dentro de su propio país y frente al mundo.

México es un lugar donde 28.5 por ciento de la población no termina la secundaria, no asiste a la universidad, no avanza, no progresa. Millones de mexicanos viven al servicio de un sistema socioeconómico que tiene pocos incentivo para educarlos, porque se basa en la mano de obra poco calificada. Porque funciona con base en la lealtad y no el mérito. Porque las puertas se abren para las personas con el apellido adecuado y los contratos son asignados de la misma manera. Porque las privatizaciones benefician a algunos empresarios pero a pocos consumidores. Porque a los que están fuera del círculo cerrado del capitalismo de cuates, se les compra con una camiseta o un cheque.

Allí está, un sistema de clientelas en todos los ámbitos. Una forma de hacer política presente en todos los partidos. Gobiernos -uno tras otro- construidos sobre el clientelismo y no sobre los cimientos de la ciudadanía. Gobiernos paternalistas -del PRI o del PAN o del PRD- que acostumbran a los mexicanos a recibir en vez de participar. Creando con el paso del tiempo, una cultura conformista donde se acepta el statu quo antes que cuestionarlo. Donde quienes sueñan con más se van del país.

Para romper este círculo vicioso van a hacer falta reformas que van más allá de lo que hoy prometen Felipe Calderón y Roberto Madrazo y Andrés Manuel López Obrador. Reformas que eduquen y empoderen ciudadanos; reformas que creen procesos eficaces de toma de decisiones en un gobierno dividido; reformas que desmantelen los cuellos de botella -esos monopolios y esos duopolios tanto públicos como privados- que inhiben la competencia, la innovación y el crecimiento. Si esas reformas no ocurren, independientemente de quién gane el 2 de julio, México estará condenado a seguir cayendo en cada indicador internacional. Estará condenado a buscar hombres providenciales y seis años después, terminar desilusionado con ellos. Seguirá siendo un país que expulsa a su gente en vez de retenerla. Seguirá siendo un sitio donde ese "Tú" prometerá salvar a los mexicanos en vez de crear condiciones para que se salven a sí mismos.

Finalmente, cara a cara

Leonardo Curzio
El Universal
05 de junio de 2006

La carrera por la Presidencia de la República ha sido agotadora. Tres años, se dice fácil, pero hay que sufrirlos. Finalmente llegamos a la víspera del debate, único evento que -con sus rigideces- nos acerca a una campaña propia de una democracia deliberativa. Las más recientes encuestas detectan un empate entre los punteros y un tercer lugar al que no se puede dar por muerto. No es, pues, un lugar común suponer que lo que suceda mañana puede definir el curso de la elección. Ganar el debate y el llamado posdebate es crucial para los tres grandes, pues ellos saben que con Mundial de futbol en puerta, la atención nacional se centrará en Alemania.

AMLO y Felipe llegan con una franja del electorado ya alineada. Los que han decidido votar por ellos ya están a prueba de balas. Hagan lo que hagan ya tienen un electorado que pasará por alto cualquier torpeza, dislate o tropezón. No creo por tanto que opten por un mensaje para los convencidos. Los dos candidatos se disputarán dos tipos de elector. El primero es el de los realmente indecisos y el segundo el tradicionalmente priísta. Ambos tratarán de mandar el mensaje que el voto útil del priísmo -¿quién se los iba a decir?- es optar por el polo de la derecha o el perredista.

Calderón tratará de recordar a las clases medias que la estabilidad económica y el régimen de libertades no está escriturado, y que un cambio en la conducción del país podría suponer un deterioro de su nivel de vida.

Además, intentará ubicar al país en la encrucijada de futuro y pasado. Sabe bien que los dos tabasqueños arremeterán contra él y su único aliado (si es que así se le puede llamar) será Campa, quien bien podría declinar ese mismo día.

AMLO deberá jugar con un equilibrio difícil. Es su primer debate de los últimos años. Ni dentro ni fuera de su partido ha practicado el cuerpo a cuerpo. Sabe que si quiere ganar una franja mayor de los independientes, debe convencer de que representa un cambio sin sobresaltos. Por otro lado, debe ser lo suficientemente abierto al PRI sin convertirse en la restauración del mismo.

Para Madrazo el abanico de opciones es menos complicado. Sabe bien que se encuentra en una paradoja estadística pues, dicho sea futbolísticamente, está tan cerca de clasificar a la liguilla (mantener el empate que detectó María de las Heras) o entrar a zona de descenso (quedar descolgado ocho o 10 puntos de los líderes) y que su electorado se divida entre los polos ideológicos. No tiene más opción que jugar a la ofensiva.

Patricia Mercado vuelve a tener una oportunidad. Después del primer debate creció y no debería por tanto variar demasiado su estrategia. El discurso de una izquierda moderna (sin tantos fardos priístas) y abogar por causas como las mujeres, deberían ofrecerle un espacio de consolidación para aspirar seriamente a su registro. Ojalá lo consiga.

Campa no ha crecido y creo que tampoco lo hará. Cumplirá su función de estorbar e irritar a Madrazo y permitir así que Calderón se concentre en AMLO.

En resumen, no soy un debatifílico, pero celebro que después de tres años de lucha de frases, tengamos un intercambio equitativo de posturas. Una democracia sana se construye mejor con estos ejercicios que con una cascada de mensajes propagandísticos que nos han dejado un sabor amargo.

Analista político

La recta final rumbo al 2 de julio

Mario Campos
Excélsior
03-06-06

Es la recta final. Luego años de espera, estamos a sólo cuatro semanas de la elección del 2 de julio. Lo que está en juego es mucho. Pienso en el futuro del país, pero también en el de los contendientes. López Obrador, por ejemplo, se juega su última carta. El tabasqueño puede perder y pelear nuevamente por el cargo dentro de seis años. Formalmente nada se lo impediría. Sin embargo, parece difícil que si no gana en julio próximo, luego de su campaña de seis años desde el gobierno del Distrito Federal, vuelva a estar tan cerca del poder como lo está ahora.

Lo mismo le pasa a su paisano que desde que tenía 10 años, según contó a Andrea Legarreta en el programa Hoy, sueña con ser Presidente de México. En la elección pasada Roberto Madrazo ganó perdiendo. Francisco Labastida cargará por siempre con la derrota histórica y Madrazo salió con una carta que ha presumido desde entonces. “Yo hubiera ganado”. Su oficio y la historia le han dado la oportunidad de demostrarlo. Si no lo logra se le habrá acabado el sueño.

Felipe Calderón es el más joven de los tres. Su edad no sería un problema en caso de una derrota, la política sí. El michoacano podría seguir con su carrera y ser senador como lo fue Diego Fernández y probablemente lo será Francisco Labastida, ejemplos fieles de que hay vida después del fracaso. No obstante, se habrá acabado la ilusión de ocupar Los Pinos. El lo sabe: el PAN no es el PRD y Felipe no es Cuauhtémoc. Por eso, en las siguientes semanas los candidatos deberán apostarlo todo.

Andrés Manuel sabe que su capital lo encuentra frene al espejo. Su partido le sirve de poco y si gana será él quien merezca el aplauso. A falta de estructura depende de su conexión con los electores, de ahí que su reto mayor sea generar confianza. Pese a su intensa campaña mediática, AMLO sigue provocando miedo en amplios sectores de la población. En las últimas semanas, López Obrador ha mostrado con mayor claridad una imagen de su eventual mandato: reducción del gobierno, incremento en el gasto público – reflejado en subsidios a la gasolina, la luz, el gas, pensiones universales, etc- y un manejo económico que incluso se alejaría de lo que llamó la ortodoxia a la hora de cumplir los compromisos financieros que tiene México. Unos aplauden el modelo, otros, tienen nuevas razones para el insomnio.

Pero si confianza es la palabra clave cuando hablamos del PRD, cohesión es la que viene a la mente cuando se trata del PRI. Si el PRI no se ha desplomado en las encuestas es mérito del partido, no del candidato. Los negativos de Roberto Madrazo sigue siendo muy altos y nada permite pensar que eso cambiará en cuatro semanas. Sin un aspirante fuerte, el capital recae en la estructura. El reto es que no se desmantele ante el voto útil. De ahí los malabares de los últimos días para tratar de mostrar una imagen alentadora. “No se vayan, todavía podemos ganar”, es el mensaje que se escucha desde la campaña. Lo importante es contener la caída.

Sobretodo ante voces como la de GEA, que ayer publicó su más reciente encuesta que coloca a Felipe Calderón a 12 puntos de distancia del candidato del PRI. (34 contra 22, en población abierta). El estudio aparece en un excelente momento para el panista, a cuatro días del debate presidencial y justamente cuando el desafío blanquiazul es despertar entusiasmo. Hoy -según Consulta Mitiosky- el porcentaje de electores que cree que Calderón va a ganar, es prácticamente el mismo que el que apuesta por Andrés Manuel, (32% vs 31%). Si el PAN logra contagiar ese ánimo podrá retener el poder.

Finalmente, los próximos días también serán el campo de batalla para los otros dos contendientes. Roberto Campa deberá cumplir su misión hasta el final. Derrotado hasta ahora en todas las encuestas, su partido aún tiene una posibilidad gracias a su origen. No lo miden los estudios de opinión pero existe y pesa. Me refiero al SNTE. Su presidenta, Elba Esther Gordillo, deberá mover sus cartas. Quizá juegue con el PAN, quizá para su partido. La experiencia nos dice que la Maestra, cuando juega, lo hace en varias pistas de manera simultánea así que no sería sorpresa si la maquinaria elbista saca adelante el porcentaje mínimo para mantener a otra pieza en el tablero político.

Visto así, el Partido Nueva Alianza cuenta con un activo que ya quisiera Patricia Mercado: estructura, concepto inexistente en una campaña que cuenta con la imagen de su candidata como su único capital. Hasta donde retrataron en mayo Demotécnia y Consulta Mitofsky, Mercado logró algo que parecía imposible: mantener el impulso que le dio el primer debate, lo que le permitirá presentarse el próximo martes con más de medio registro en la bolsa. Su mensaje deberá ser claro y creíble: hace falta otra opción frente a los actuales partidos. Ya veremos si logra convencer.

Veintinueve días le quedan a esta elección. Para los simples mortales, durarán lo que dura un mes. Para quienes se juegan su futuro, apenas serán un suspiro.

macampos@enteratehoy.com.mx / www.enteratehoy.com.mx

4 de junio de 2006

Un debate decisivo

Jorge Zepeda Patterson
El Universal
04 de junio de 2006

Los especialistas internacionales suelen decir que los debates son muy poco decisivos para modificar el voto de los telespectadores, pero creo que el del próximo martes será una excepción. Es tal el emparejamiento de las preferencias entre Calderón y López Obrador, que todo factor puede llegar a ser clave. Particularmente en una campaña que se ha caracterizado por la volatilidad de la intención de voto. Todavía más de 30% de los encuestados se declaran indecisos, lo cual resulta sorprendente si consideramos que tenemos en campaña casi dos años.

¿Qué podemos esperar del debate del próximo martes? Para Calderón y Madrazo, el que se realizó el 26 de abril fue un buen entrenamiento. El panista tratará de hacer más de lo mismo. Intentará lucir como jefe de Estado en ciernes (justamente su mayor limitación es que no lo parece), haciendo propuestas puntuales. Dejará que otros contendientes hagan los ataques más viscerales, aunque es probable que Roberto Campa no realice esta vez el trabajo sucio, o que éste se limite a Roberto Madrazo y no incluya a López Obrador.

En tal caso, Calderón se verá en la necesidad de propinar un par de "machucones" a El Peje para recordar al teleauditorio los temas que el PAN ha ventilado en spots en contra del tabasqueño.

Por su parte, Madrazo tratará de hacer todo diferente. Si para algo le sirvió el primer debate es para no repetir su actuación. Carlos Alazraki se ha hecho responsable de la nueva presentación (se incorporó hace tres semanas) y promete un Madrazo diferente. Veremos.

Pero la gran incógnita es López Obrador. Para empezar, el mayor riesgo es que el candidato no le esté dando la debida importancia. Mientras que los otros dos contenientes hacen simulacros en los que sus colaboradores más destacados hacen las veces de López Obrador o de Madrazo (desempeñados por Josefina Vázquez Mota y Molinar Horcasitas, por ejemplo), en el "cuarto de guerra" perredista se preparan borradores de posibles alocuciones.

El candidato del partido amarillo es en sí mismo un enigma. Puede ser un extraordinario orador en determinados mítines y una persona espontánea y cálida en ciertas entrevistas, pero también se ha mostrado rígido en algunas ceremonias o, en el otro extremo, demasiado campechano y cantinflesco en más de una ocasión.

Los candidatos deben asumir que más importante que el debate será la batalla por el posdebate. Los siguientes dos o tres días los medios de comunicación y lo sondeos determinarán quién ganó y quién perdió a partir de aspectos que tienen que ver muchos más con la apreciación que con el contenido. Esto significa que cualquier frase o gesto fuera de tono será magnificado los siguientes días. Una exclamación desafortunada o un gesto ingenioso terminarán siendo más decisivos que una propuesta de fondo. De allí el enorme riesgo que significa una improvisación mal calculada. En ese sentido el perredista es el candidato a observar. Calderón y Madrazo suelen disciplinarse ante sus asesores de imagen y contenido, pero no es el caso de López Obrador. El tabasqueño proyecta su carisma en plazas públicas y en reuniones en corto. Pero ahora tendrá que ofrecer la imagen de un funcionario sólido y responsable ante todos los mexicanos. ¿Cómo quitarse la acusación que le han endilgado de ser un peligro para México y, al mismo tiempo, evitar un discurso burocrático, técnico o gris? Ese es el dilema que enfrenta el cuartel perredista en este momento.

Y si hay una guerra posdebate, en los últimos días también hemos visto una guerra predebate. Recordemos lo mucho que favorecieron a Felipe Calderón las encuestas con tendencia positiva publicadas la víspera del primer debate. Le permitieron llegar al foro televisivo en la cresta de la ola y allí se mantuvo los siguientes días. Quizá por ello los candidatos no han ahorrado gestos y fanfarrias para lograr el máximo "posicionamiento" de cara al próximo martes.

¿Cómo llegan? Calderón alcanzó su cúspide una semana después del primer debate, pero a partir de la segunda semana de mayo la espuma comenzó a bajar, aunque muy lentamente. En los últimos días de mayo se detuvo el descenso y comenzó a repuntar de nuevo. Llega al debate del 6 de junio con unos pocos puntos por encima de López Obrador, pero no los suficientes para escapar a la noción de que vivimos un empate técnico.

Por su parte, López Obrador perdió la delantera en algún momento en abril (chachalacas y campañas negativas) y siguió cayendo más o menos hasta el Día de las Madres. Pero luego, gracias a su aparición en entrevistas y ajustes de campaña, tuvo un repunte importante. En los últimos días la intención de voto por López Obrador ha disminuido otra vez, ayudado en parte por su desafortunada acusación a Fox de ser títere de Bush seguida de una solicitud de tregua. El debate es importante para López Obrador; un resultado favorable podría colocarlo otra vez adelante de Calderón. Pero un saldo desastroso podría acentuar la brecha que lo separa del panista apenas a 26 días de la elección.

Por su parte, Madrazo se juega el todo por el todo. En las últimas dos semanas su desplome se detuvo e incluso logró un ligero repunte en la intención de voto. Suficiente para permitirle soñar que todavía se trata de una contienda entre tres. Un buen papel le permitiría vender la idea de que todavía tiene posibilidades por lejanas que parezcan. Un mal desempeño lo convertirá en el gran perdedor a ojos de los priístas. (La evaluación de las tendencias fue obtenida de www.sabaconsultores.com, que incluye los resultados de las 17 encuestadoras más conocidas).

Un debate con sabor a final de campeonato.

jzepeda52@aol.com
Economista y sociólogo

3 de junio de 2006

Más sobre el salinismo de AMLO

Yuriria Sierra
Excélsior - Nudo Gordiano
03-06-06


El miércoles pasado, en este mismo espacio, escribí acerca de la propuesta que horas antes habían presentado Andrés Manuel López Obrador (durante 54 segundos en cadena nacional) y Rogelio Ramírez de la O (en conferencia de prensa previa, con el fin de "explicarnos" los detalles técnicos) de lo que constituiría el plan económico del Peje para los próximos seis años.

"Salinista, chafa e… ¡imposible!". Ese título le di a la columna del miércoles, donde analicé de botepronto por qué la propuesta del candidato de la Coalición por el Bien de Todos constituía una copia chafa (región 4, decíamos) del modelo económico salinista. Está mal que uno se cite a uno mismo, pero considero que retomar lo escrito hace tres días resulta muy necesario para seguir con el análisis, más aún cuando entrevistado por El Semanario (dossier semanal de economía, política y finanzas), el principal asesor de López Obrador en la materia, declara que, efectivamente, la propuesta está inspirada en el proyecto de Carlos Salinas de Gortari (el famosisisisímo "innombrable", archienemigo del Pejemán): un modelo económico de libre mercado, con equilibrios sociales, que en su momento, Salinas denominó "liberalismo social". De botepronto decíamos que las coincidencias iban por el lado del ajuste vía reasignación presupuestal, adelgazamiento del aparato estatal, así como del fomento a la competitividad vía reducción de costos de producción.

Sin embargo, hacíamos la acotación de que las cuentas alegres de AMLO y su equipo, esas sí no tenían nada de salinistas: el recorte de 100 mil millones de pesos del presupuesto asignado a la administración pública es punto menos que imposible. En fin, lo cierto es que las recientes declaraciones de Rogelio Ramírez de la O a El Semanario nos permiten entrarle a varios detalles adicionales:

Corresponsabilidad contra populismo. Rogelio Ramírez de la O tiene una formación académica sólida: cree que para las economías emergentes mantener los equilibrios macroeconómicos, disminuir la línea de la pobreza e incentivar la productividad son asuntos prioritarios. A todas letras dice que Salinas de Gortari iba por el rumbo correcto, pero que se equivocó al permitir la corrupción: asunto que, en realidad –y Ramírez de la O lo sabe, aunque no lo diga–, no tuvo impactos reales en toda la reforma estructural del salinismo.

El problema –y Ramírez de la O lo sabe, aunque no lo diga– es que el programa estrella en materia de política social de Carlos Salinas, el famoso Programa Nacional de Solidaridad, constituía un plan de gasto social respaldado por un esquema participativo denominado como "corresponsable", en el cual la sociedad y el gobierno participaban por partes iguales para la generación de bienes sociales. El Pronasol nunca fundamentó su operación en una filosofía de "regalarle" nada a nadie.

Y no por hacer del gobierno uno mezquino, pero sí para terminar con la cultura del Estado paternalista. Pero, además de eso, porque muy al principio del sexenio salinista, tras la firma de uno de los famosos "Pactos Económicos" (tan de moda en esos tiempos), se intentó aplicar el denominado "negative income tax", que es precisamente lo que anunció AMLO en cadena nacional: un aumento salarial, vía la disminución del impuesto al salario. ¿Y qué pasó? Que valió gorro: las presiones inflacionarias amenazaban el otro gran proyecto salinista en materia económica: controlar la inflación para alcanzar los equilibrios macro que le permitieran cumplir con los requisitos para amarrar la firma del TLC con EU y Canadá.

¿Son totalmente Salinas? Rogelio Ramírez de la O, asistido por el conocido René Villarreal (otro de los asesores económicos que se consiguió El Peje) fueron ambos parte de los tanques pensantes del salinismo y del zedillismo. De hecho, René Villarreal, junto con Manuel Camacho Solís, fue el autor intelectual de toda la política social del salinismo. Incluso se rumora que el verdadero cerebro de todo este asunto conocido como "proyecto alternativo" de Andrés Manuel López Obrador sería, en realidad, Alejandro Reynoso, actual director general de Estrategia y Desarrollo de la BMV y ex coordinador de asesores de Pedro Aspe en la Secretaría de Hacienda. Cosa que muchos sectores verán con buenos ojos, sin duda. Pero que el elector seducido por el discurso antineoliberal de López Obrador vería con los peores ojos del mundo: los ojos del engaño, los ojos que ven la mentira de frente.

Lo que no deja de ser absolutamente esquizofrénico es que un equipo profesional, con formación académica sólida y experiencia probada en el gobierno federal, termine presentándole al elector y al mundo un rostro tan deformado de sus propias propuestas del pasado. Es difícil entender que René Villarreal, por ejemplo, crea hoy por hoy que el "libre mercado con responsabilidad social" se haya convertido en una mera cuestión de "appeasement" o lo que es lo mismo "apaciguamiento" de las clases más lastimadas, vía subsidios peligrosos y dádivas económicas que de ninguna manera fomentarán el crecimiento de mediano y largo plazo. ¿Acaso la mano invisible, pero de Andrés Manuel López Obrador?

¿Mensaje, spot o adivinanza?

Germán Dehesa
Reforma
2 de Junio del 2006

No sé qué habrá sido, pero lo que haya intentando ser resultó espantoso. Tengo la impresión de que el anunciado y publicitado “mensaje a la nación que gana poco” de López Obrador lo produjeron los mismos que hicieron el malhadado spot de Elena Poniatowska. La misma iluminación blanca, cruda, intensa tipo morgue o interior de refri; el mismo exceso de maquillaje que logró darle a AMLO un cierto aire de polvoroneada vampiresa del cine mudo. De la persistente toma de abajo hacia arriba ya se han ocupado otros autores; solamente añado que le daba al candidato del Sol Azteca un aspecto amenazante como de vampiro a punto de caer sobre su presa, o de recia escultura realizada en cantera del tipo de la que inmortaliza al caudillo Conín que se enfrentó a los españoles y que ahora dirige el tránsito en la carretera México-Querétaro. Una horrible corbata redondeó una torpísima y tartamuda gramática visual.

Todo comenzó, lo habrán visto, con un anuncio de entrada con un ondeante listón tricolor (el uso de los colores de la bandera ¿no fue una de las grandes molestias de la oposición en contra del PRI?) y el aviso -que luego se probaría pretencioso- de que estábamos a punto de ver el “mensaje” de AMLO a los macehuales. Esta portada me recordó vagamente a aquellas que nuestra desbordada y barroca creatividad infantil concebía con harto engrudo, tinta china y variados colores para nuestros trabajos escolares acerca de “El Petróleo”, o “¿Qué hice en mis Vacaciones?”.

Todo esto lo he dicho con respecto a la forma y al mensaje que comporta. Con respecto al contenido, al mensaje en sí, creo que todos esperábamos más. Yo suponía que estando ya tan cercano ese debate que será crucial, AMLO que carga con la desventaja de su inasistencia al primero, haría declaraciones que, por así decirlo, abrieran el debate con ventaja para él. Si esto fue lo que se propuso, creo que estuvo lejos de lograrlo.

Quizá lo más grave de este “mensaje” es que ni los que ganan menos de nueve mil pesos, ni los que ganan más entendimos muy bien de qué se trataba y cómo iba a lograrlo. “Lo voy a explicar con pelotitas” habrá pensado Andrés Manuel. La verdad es que con la explicación todavía nos empelotamos más. Finalmente de lo que se trata es que ganen un poquito más los que menos perciben. Todo el día Madrazo prometió lo mismo (Camacho es muy chismoso) y ni pelotitas necesitó para explicarlo. Le voy a pedir permiso al Congreso para que no paguen el ISR y ya estuvo. AMLO llegó tarde y mal: jamás mencionó al Congreso, tomó decisiones como si ya fuera Presidente (o monarca) en pleno ejercicio y luego empezaron las pelotitas casi del estilo de “réstale el número que pensaste” y se le acabó el minuto (¿no que iban a ser tres?) a un AMLO apagadón, desairadito y que ha tenido momentos mucho mejores.

De cualquier manera, sea vía impuestos o vía pelotitas la propuesta es demagógica, clientelista y si llegara a aplicarse, sería desastrosa para la economía del país. No olvides, lectora lector querido, que todas estas promesas y maromas, pelotitas y machincuepas las hacen los candidatos distribuyéndose de antemano nuestro dinero. ¿A cargo de cuál de los tres lo dejaremos? Se me ocurre que tendríamos que pensar quién es el más sensato y responsable; pero para decidir esto tendríamos que saber con quiénes conformaría cada uno de los tres su gabinete económico. De manera puntual, ninguno lo ha dicho. Esperemos a ver cómo viene el debate. Por lo pronto, percibo dos cosas: cualquiera de los tres por distintas razones (uno por perverso, otro por mocho y otro por mesiánico) puede ser peligroso para México. La otra cosa que percibo es que HOY TOCA.

2 de junio de 2006

Así van las encuestas...

Razona tu voto

Hace un mes publicamos un artículo llamado
Encuestas: Leyendo "entre líneas" donde se mencionó que más que como "ejercicios de precisión" las encuestas deben verse como tendencias.

Dado que el debate y los contrastes entre encuestas ha continuado, volvimos a realizar el mismo ejercicio con los datos de las encuestas independientes publicados a la fecha por la AMAI en
www.opinamexico.org.

Estos son los resultados al 2 de junio.


A nuestro modo de ver, la gráfica anterior muestra que:

  • López Obrador detiene su caída, pero prácticamente no crece.
  • Calderón tiene una baja ligera respecto a los niveles que alcanzó en los primeros días de mayo.
  • Madrazo tiene oscilaciones y las encuestas más recientes le hacen mostrar un pequeño repunte.

Esto nos lleva a concluir lo siguiente:

  • El cambio de estrategia y la intensa campaña mediática del PRD si pudieron haber afectado ligeramente a Calderón, pero ni con mucho sirvieron para regresar a López Obrador a los niveles que tenía hace 2 meses. En el mejor de los casos, sólo le ayudaron a detener su caída y a mantenerse en los niveles que tenía a finales de abril.
  • A pesar del “repunte” del que pudiera presumir Madrazo, a un mes de la elección se mantiene en un claro y muy distante tercer lugar.
  • Más que cerrarse dramáticamente, lo que vemos es una competencia en la que las tendencias cada vez son más estables.

A unos cuantos días del segundo debate, y aunque muchos consideran que será definitorio en el resultado final de la elección, nuestro modo de ver las cosas es un poco diferente.

Sin negar su enorme importancia, a menos que ocurra algún hecho realmente significativo durante el debate o en los días posteriores, la estabilización de las tendencias electorales es un indicio de que, si éste transcurre sin mayores sorpresas, ya no tendrá un efecto tan dramático en las preferencias de los electores como si lo tuvo el primero.

Veremos que es lo que pasa.

razona2voto@yahoo.com

Por el bien de todos…

Francisco Martín Moreno
Excélsior
02-06-06

No debemos votar por AMLO porque no tiene un diagnóstico acertado para lanzar al país a un crecimiento económico por arriba de siete por ciento.

Por el bien de todos, que no llegue López Obrador a la Presidencia porque, como lo ha confesado públicamente, no tiene una política establecida en torno a la educación superior ni ha explicado cómo va a amortizar la deuda histórica contraída con los millones de indígenas ni ha aclarado cómo va aumentar 20% el ingreso de los sectores de bajos recursos cuando ni siquiera ha entendido la importancia de incrementar la productividad de las empresas ni se ha querido reunir con los empresarios para crear fuentes de riqueza, las imprescindibles con el fin de rescatar de la miseria a los marginados por quienes tanto dice estar preocupado. Basta decir que llegaría al poder un Presidente de la República que llama "parásitos" a los intermediarios financieros, a los banqueros, en lugar de convocarlos a la mesa de negociaciones para construir un México nuevo en el cual se eleve a los mexicanos a la altura exigida por la dignidad humana.


Por el bien de todos, que nunca llegue LO a Los Pinos porque ha prometido ejecutar los acuerdos de San Andrés Larrainzar que crearían en México diferentes Estados dentro de un mismo Estado para atomizar temerariamente a la nación. Tampoco debemos votar por él porque no ha explicado cómo va a pagar las pensiones alimentarias que ha prometido para los adultos mayores de 70 años, si el Presupuesto de Egresos federal está severamente comprometido con partidas de muy difícil reducción. No debemos tomarlo en serio porque habla de dar medicamentos gratuitos y otorgar becas a los discapacitados, sin mencionar cómo va a financiar semejante gasto multimillonario, si el país tiene limitaciones propias de una nación pobre.

Por el bien de todos, no debemos votar por AMLO porque no tiene un diagnóstico acertado para lanzar al país a un crecimiento económico por arriba de 7% y piensa que, atacando el cáncer de la corrupción, se van a resolver todos los problemas, cuando lo requerido, y él está en contra, es realizar una reforma petrolera, una reforma eléctrica, en la que participen los capitales extranjeros, porque con el ahorro interno es imposible financiar la expansión energética de México. No debemos sufragar a favor de LO, cuando está en contra de la reforma tributaria, la que mediante impuestos al consumo podría abatir sensiblemente la defraudación fiscal dotando al gobierno de más capacidad de gasto en beneficio de los desposeídos. No, no debemos tampoco tachar su nombre en las boletas electorales, cuando ha manifestado su oposición a una reforma de Estado que extendería garantías y seguridades fundamentales a los mexicanos.

Por el bien de todos, no debemos votar por LO porque piensa que reduciendo las pensiones a los ex presidentes y disminuyendo el ingreso de los funcionarios públicos para adecuarlos a una justa medianía económica de corte juarista, que él ignora tanto como su chofer, va a poder ajustar los desequilibrios presupuestales y disminuir la corrupción, misma que se disparará al infinito a partir de que los burócratas privilegiados vean disminuidos sus ingresos. No, no votemos por él, porque piensa en obsequiar a los ancianos, a los estudiantes, a los trabajadores, sin ponerse a pensar que quien hace un regalo, alguien lo paga y, en este caso, la estafa puede consistir en que los beneficiarios paguen los citados regalos a tres o cuatro veces su valor por mediante un disparo de la inflación. Andrés Manuel López Obrador insiste en impedir los exámenes de admisión a los centros de enseñanza, muy a pesar de que ya integramos un país de reprobados y el pase automático no sería sino un pase, pero al infierno, para incubar mucha más mediocridad de la que tanto trabajo nos ha costado deshacernos.

Por el bien de todos, no votemos por un sujeto que está en contra de los tecnócratas que se han quemado las pestañas y desgastado los pantalones estudiando en universidades extranjeras para encontrar las mejores fórmulas de satisfacción social.

No, no, un jefe de Gobierno que ha ocultado la realidad de las finanzas del Distrito Federal, ha impedido la gestión del Consejo de la Transparencia para poder auscultar su comportamiento financiero, un déspota que se niega a dar explicaciones de sus manejos internos, no merece nuestra confianza para elevarlo al rango de jefe de la nación, más aún cuando sus políticas populistas, con las que pretende gobernar, las ha sacado, por caducas, del bote de la basura, situación que desconocen, por falta de memoria histórica, aquellos a quienes trata de convencer con ideas que sabe falsas.

Por el bien de todos, no votemos por un candidato que ni siquiera pudo concluir su carrera universitaria, un semianalfabeto funcional que se mueve por impulsos viscerales, no así por conocimientos, y no es otra cosa más que otro paternalista suicida de los que ya tantas veces han hundido a este país que ya sólo desea promesas…

¿Fantasiosa o ruinosa?, propuesta de AMLO

Marco A. Mares
Crónica - Ricos y poderosos
2 de Junio de 2006

El programa de apoyo al ingreso familiar de Andrés Manuel López Obrador con el que ofrece beneficiar a 18 millones de familias con 100 mil millones de pesos, es fantasioso en el mejor de los casos y ruinoso en el peor.


Por supuesto que en términos políticos es sumamente atractiva y muy seguramente le redituará una buena cantidad de votos. ¿A quién no le gusta que le prometan que le van a regalar dinero? Porque eso es lo que ofreció López Obrador: regalar el dinero de los contribuyentes.

El candidato perredista a la Presidencia está utilizando el dinero de los contribuyentes —porque los recursos para las campañas políticas que usan él y el resto de los contendientes salen de nuestros bolsillos—, para ofrecer propuestas fantasiosas, en el menos malo de los casos, o ruinosas, en el peor de ellos. Nos miente porque ofrece en cadena nacional una propuesta fantasiosa. Algunos expertos consultados por éste reportero coincidieron en que la propuesta que Andrés Manuel López Obrador presentó en un spot en cadena nacional —y que previamente explicó su asesor económico, Rogelio Ramírez de la O—, no resiste el menor análisis.

Es más, para algunos de ellos, si esa propuesta hubiera sido el trabajo de un estudiante de Economía I, lo hubiera reprobado.

La oferta de Andrés Manuel se funda en la premisa de que durante el sexenio de Vicente Fox el gasto corriente ha crecido de 67 mil millones de dólares a 109 mil millones de dólares. Es decir, ha tenido un incremento de 42 mil millones de dólares. Esta expansión del gasto corriente —advierte— se ha dirigido a fines que no se reflejan en una mejoría tangible de los niveles de vida de la gente. Y en consecuencia propone reducir precios del gas, electricidad y gasolina, para aumentar en 20 por ciento en promedio el ingreso disponible de 18 millones de familias.

Temerariamente, Ramírez de la O afirma que la reducción de los precios de la energía traerá consigo la reducción de otros precios en un efecto cascada, en un clima de competencia entre oferentes de bienes y servicios, los cuales registrarían menores costos de insumos, especialmente de electricidad.

En el spot López Obrador utilizó unos cuadros para afirmar que con más dinero en las familias habría más consumo, y el mayor consumo permitiría una mayor producción y un mayor crecimiento económico. A muchos podría parecerles muy bien la propuesta de López Obrador, pero lo cierto es que se trata de una propuesta populista e inflacionaria. La contraparte a los cuadros que mostró López Obrador es muy sencilla: a mayor consumo —no respaldado en el crecimiento de la producción y la inversión— habrá mayor inflación y a mayor inflación menor consumo y menor crecimiento y por supuesto menos empleos. La propuesta lopezobradorista se basa fundamentalmente en la reducción del gasto corriente del gobierno federal, que ciertamente ha crecido mucho en este sexenio.

Pero lo que no cuadra es cómo le va a hacer para reducir el creciente gasto corriente.

Para empezar parece que el equipo económico perredista no tiene claros los conceptos que se utilizan en el Presupuesto de Egresos Federal. El gasto corriente y el gasto de capital o de inversión son los dos principales componentes del gasto total. Y el gasto corriente está integrado, en su mayor parte, por sueldos y salarios que representan alrededor del 70% y el 20% corresponde a insumos, materiales y servicios. Bueno, este último renglón simple y sencillamente no puede ser recortado porque los insumos, materiales y servicios son las medicinas, los pizarrones y todos los materiales que se utilizan en la educación y servicios de salud en general.

Del 70 por ciento que corresponde a sueldos y salarios, la mayor parte es para el pago de los maestros, los burócratas y los empleados del IMSS, Pemex y CFE.

Del presupuesto de Educación Básica, alrededor del 96% se destina al pago de salarios. Tampoco es muy factible que puedan ser recortados; se trata de personal de base. Y entre el 9 y el 10% restante del gasto corriente corresponde a los salarios del personal no sindicalizado, es decir a los servidores públicos o funcionarios del gobierno federal con mayores sueldos. Bueno, pues de esta mínima parte, aun realizando los mayores recortes posibles a sus salarios, jamás podrían obtenerse 100 mil millones de pesos.

Según el CEESP, si se redujeran en 50% los salarios de los altos funcionarios apenas representaría un ahorro de 5 mil millones de pesos. Y con la eliminación total de los bonos se ahorrarían alrededor de 14 mil millones de pesos. Ambas cantidades sumarían casi 20 mil millones de pesos ¿De dónde saldrían los 80 mil millones de pesos restantes que necesita López Obrador para regalarlos a los pobres?

Por otra parte, asegura López Obrador que la reducción en los precios de la energía derivará en una reducción de precios en efecto cascada. Lo que no explica es ¿en qué va a beneficiar a los industriales el que nuestros recibos de luz salgan más baratos?

¿Cómo se van a traducir en crecimiento económico nacional los supuestos beneficios que tendrán los 18 millones de familias mexicanas que mejoren sus ingresos? ¿Qué no ha pensado el equipo económico lopezobradorista que el gasto corriente seguirá creciendo año con año como lo ha hecho hasta hoy porque no se ha desactivado la bomba de tiempo de los sistemas de pensiones, que exigen anualmente cantidades millonarias para pagar a quienes se jubilan? ¿O de plano ya no les va a pagar los jubilados?¿O si no alcanza, pues aumentamos el déficit y/o nos endeudamos?. ¿No han escuchado que gobernantes que regalan dinero convierten a sus pueblos en limosneros? Al tiempo.

Correo electrónico. marcomares@prodigy.net.mx

Universidad para todos, trabajo para unos pocos

Jorge Fernández Menéndez
Excélsior - Razones

02-06-06

La mexicana es la economía 12 del mundo, sin embargo, nuestra competitividad está evaluada debajo del lugar 50 a nivel internacional. Uno de los capítulos decisivos para establecer la competitividad de un país pasa por la calidad de su educación. Según un reciente estudio de la OCDE, para que México alcance la calidad educativa de las naciones industrializadas, siguiendo la ruta actual, se requerirían 50 años: si se quiere alcanzar el nivel de nuestro más importante socio comercial, Estados Unidos, necesitaríamos 70 años. La calidad de nuestra educación se ha convertido en una traba para el desarrollo.

En muchas oportunidades hemos sostenido en este espacio que la posibilidad de que López Obrador alcance la Presidencia implicaría un regreso al pasado que en muchos sentidos resulta preocupante. Pero pocas cosas he visto con mayor preocupación como el mensaje que presentó ante los rectores de las universidades públicas, en el encuentro de la ANUIES, en Veracruz. No sé quién asesora en estos temas a López Obrador, pero lo dicho es, lisa y llanamente, una barbaridad: el candidato sostuvo que, de llegar a la Presidencia, pondrá fin a los rechazados en la universidad y el presupuesto de las universidades públicas ya no se condicionará a la calidad de la enseñanza, sino a la cobertura de su matrícula. Dijo más López Obrador: que él quisiera "que hubiera calidad en la enseñanza, pero en un país como el nuestro eso, aunque es importante, no es lo más urgente, lo más urgente es la cobertura". Fue más allá: que el principal punto que trató con los rectores fue eliminar la existencia de jóvenes rechazados porque la calidad se utiliza "como pretexto" para que no ingresen quienes reprueban el examen de admisión.

La intención puede ser buena: otorgarle mayor oportunidad a los jóvenes e incluso algunos dirían que serviría para sacarlos de la calle. Pero la propuesta de López Obrador provocaría daños irreversibles a nuestro sistema educativo y productivo, sería un golpe fatal a la competitividad del país y al futuro de esos jóvenes. Primero, ¿quién le dijo a López Obrador que todos ellos, sin excepción, deben y pueden ir a la universidad? En ningún país las cosas funcionan así: de la misma manera que no todos los jóvenes están capacitados para estudiar una carrera universitaria, no todos lo están para ser buenos técnicos u obreros. De nada sirve abrir las universidades públicas a todo el que lo desee: para estudiar una carrera universitaria se requiere un nivel de conocimientos y de capacidad determinados. Adicionalmente, si partimos de la base de que no debe haber rechazados y si López Obrador considera que el no aprobar los exámenes de ingreso es sólo un "pretexto", se debería concluir que lo mismo ocurriría con las evaluaciones a lo largo de su carrera. En otras palabras, con sólo ir a la universidad, cualquier joven estaría en condiciones de obtener por lo menos su licenciatura.

El problema no es la cobertura universitaria, sino la calidad. Las universidades públicas necesitan más presupuesto, pero con el fin de mejorar su calidad, competir en condiciones de equidad con las universidades privadas y poder darle a sus egresados mayores oportunidades en el mercado de trabajo. ¿Qué sentido tendría que todos los jóvenes pudieran ingresar a la universidad si, cuando concluyan sus estudios, el mercado de trabajo estaría cerrado para ellos?, ¿cree López Obrador que algún empresario va a contratar a un egresado de una universidad donde se pregona que la calidad de la enseñanza no importa?

Además, según López Obrador, construirá 30 nuevas universidades y 200 preparatorias, con un costo de 123 mil millones de pesos. ¿Con base en qué dice el candidato que las necesitamos? Hoy, casi 50% de los jóvenes de 15 años están fuera del sistema educativo y no por falta de espacios: abandonan sus estudios porque buscan un empleo y, como no existen las suficientes oportunidades en educación técnica y en oficios, terminan realizando las peores labores o emigrando a Estados Unidos. No necesitamos 30 universidades públicas más, como tampoco algunos cientos de miles de licenciados, en derecho, comunicación o sociología, adicionales: el país requiere una enorme cantidad de trabajadores calificados, de mejores técnicos en todos los oficios, para ellos sí hay mercado laboral. Si hubiera menos demagogia y mayor sentido común, esos recursos se deberían destinar a desarrollar, como en todos los países que han logrado su industrialización, universidades de alto nivel junto a una extensa, amplia, red de tecnológicos y escuelas que permitan aprovisionar el mercado con trabajadores que posean los conocimientos suficientes para desarrollar su labor en el mundo laboral actual. Hoy no requerimos más médicos de los que ya tenemos: necesitamos más enfermeras, más técnicos en el área médica, más personal que no estudie una carrera universitaria y pueda insertarse en el mercado de trabajo.

La propuesta de López Obrador, además, termina siendo profundamente elitista: solamente lograría deteriorar la calidad de las universidades públicas hasta hacerles imposible competir con las privadas, que por supuesto continuarán apostando a la calidad y a seleccionar a sus estudiantes y aprovisionando al mercado laboral de alto nivel. No es, finalmente, nada nuevo: un esquema similar utilizó Luis Echeverría después del 68, al masificar las universidades y decir que lo importante era la cobertura y no la calidad.

Los resultados fueron desastrosos y las universidades públicas terminaron perdiendo preeminencia ante las particulares. Es profundamente injusto para nuestras universidades públicas y para los jóvenes que no recibirán la educación que están buscando y una vez egresados no podrán trabajar en su carrera. La clave de la educación superior está en la calidad y, para darle oportunidades a los jóvenes, lo urgente es implementar un sistema educativo integrado al mercado laboral. Lo otro es demagogia pura.

Democracia ´pirata´

Jorge Chabat
El Universal
02 de junio de 2006

Un producto ´pirata´ es similar a un producto original. De hecho, tiene todas las características aparentes de un producto original, salvo la calidad. Una camisa de marca pirata parece original: tiene el cocodrilito y de lejos es difícil distinguirla de una original. Sin embargo, después de tres o cuatro lavadas se deforma, se deshila, se decolora. Obviamente no dura el mismo tiempo que una prenda auténtica y, al final, resulta un producto caro, a pesar de que su precio de venta es barato, porque no da el servicio que daría una marca original.

Así es nuestra democracia. Es pirata. Parece una democracia original. Tiene las instituciones de una democracia, tiene los funcionarios que tiene una democracia y tiene los ciudadanos, pero son de baja calidad. Las instituciones funcionan a medias. No tienen la legitimidad y la eficiencia que poseen las instituciones en una democracia real. Los políticos parecen políticos profesionales pero no lo son: no hacen bien su chamba, son irresponsables y los mecanismos de rendición de cuentas no funcionan.

Asimismo, los ciudadanos no lo son de a de veras: no creen en las instituciones, no respetan la ley y son intolerantes. Estas características si bien están ahí de manera permanente, se vuelven críticas en épocas de elecciones, cuando las instituciones crujen y aparecen en todo su esplendor las deficiencias de los actores políticos. Y lo que estamos viendo en las campañas a la Presidencia y a otros puestos de elección popular es precisamente eso: una democracia hechiza, una democracia pirata.

La mala calidad de la democracia mexicana se puede apreciar en los discursos de los candidatos, particularmente en aquellos que ofrecen el oro y el moro para captar votos. Estamos en una competencia desaforada de dádivas: becas, exenciones de impuestos. En fin, no importa la viabilidad sino captar el voto. Los candidatos explican poco cómo van a llevar a cabo sus propuestas. Y la verdad parece que al votante eso tampoco le importa demasiado.

La preferencia partidista se define como la preferencia por los equipos de futbol: a nivel emocional, no con base en un razonamiento ordenado. Así, apoyan irracionalmente a su partido o candidato como se apoya al equipo de los amores: no importa que pierdan, no importa que sean unos baquetones en la cancha y que la camiseta les valga gorro. Los colores del equipo están tatuados en el alma, no son producto de un análisis racional.

Eso se percibe de manera muy clara en las discusiones cotidianas sobre los candidatos presidenciales. Están llevadas por pasiones muy simples: el miedo, la ira, la desesperación. Quienes apoyan a Calderón viven en el terror permanente de que llegue López Obrador a la Presidencia: es peor que la llegada del anticristo. Quienes apoyan al Peje se la pasan corroídos por la ira hacia aquellos que no son partidarios de su candidato. Ven complots pagados por la ultraderecha en cualquier opinión disidente y sienten que la ola de la historia está de su lado: ahí están Lula, Chávez, Bachelet, Evo Morales (aunque ellos sean tan diferentes entre sí como el agua y el aceite).

Por su parte, quienes apoyan a Madrazo están desesperados. Se preguntan si esto de contar los votos es democracia y a pesar de su discurso triunfalista, la angustia los domina. Aunque niegan la derrota, a la hora de hablar con la almohada saben que el panorama es oscuro. Ninguno de los partidarios de los tres candidatos hace un análisis sereno de las propuestas y su viabilidad. Su conducta es la de hinchas de un equipo, no la de un analista de deportes que sopesa con frialdad los alcances y limitaciones de un equipo.

Los únicos que ven la vida de manera sonriente son los partidarios de Patricia Mercado. Llegan sin nada a la competencia electoral y muy probablemente obtendrán el registro de su partido. En otras palabras, son como los seguidores de un equipo de Primera A que está a punto de ascender a la Primera División. El futuro para ellos es brillante. Por eso no están interesados en liarse a golpes con los de otros partidos y no pierden el tiempo en descalificar al contrario.

Las elecciones del 2 de julio serán sin duda una prueba dura para la democracia mexicana. Será como meter la prenda pirata en la lavadora, con un detergente poderosísimo y con cloro. Todos deseamos que resista pero tenemos dudas al respecto pues sabemos que su calidad no es buena. ¿Resistirán las instituciones el tironeo de los partidos políticos y las pasiones que mueven a los electores? ¿Cómo quedará el IFE después de este proceso electoral? La respuesta no es clara y probablemente los deseos tampoco.

Nadie quiere una crisis de grandes magnitudes pero, al mismo tiempo, como que ya estuvo bien de tener una democracia pirata. Lo ideal es que la camisa chafa que tenemos no se rompa para no quedarnos desnudos, pero también ya va siendo hora de que nos compremos una prenda de buena calidad. La que tenemos ya no aguanta. De veras.


jorge.chabat@cide.edu

Analista político, investigador del CIDE