Pablo Hiriart
Crónica
12 de Junio de 2006
Ya se vio por qué López Obrador no quería debatir.
Lo de que estaba diez puntos arriba y no lo necesitaba, o que se encontraba muy ocupado recorriendo el país porque él “no le apuesta a la telera”, era pretexto.
En el debate del martes confirmó lo que aquí tanto machacamos: López Obrador no quería confrontar sus ideas con las de sus adversarios porque es un candidato tremendamente frágil.
Él grita en los discursos, y sus clientelas de la plaza pública y de los medios de comunicación le aplauden diga lo que diga.
Era chistoso y ocurrente en las conferencias matutinas como jefe de Gobierno, donde más que una fuente tenía una corte de periodistas que lo cuidaban como escoltas.
Es hábil para escabullirse en las entrevistas, donde la cortesía impide poner contra la pared a un candidato presidencial.
Pero en un debate de iguales, como el del martes, López Obrador quedó de su exacto tamaño.
Apagado, repetía de memoria su catecismo de nosotros los de abajo contra ustedes los de allá arriba.
Pero no resistió la prueba de las críticas directas y fundamentadas, como las que le hicieron Felipe Calderón y en menor medida Roberto Madrazo.
El López Obrador de la noche del martes fue totalmente diferente al de su campaña.
¿Dónde quedó el político echado para adelante que miraba para abajo a sus contendientes porque según él mentían para dañarlo?
En el debate al tú por tú, López Obrador lució indefenso.
Al no poder contestar a las críticas, mostró que está negado para la pluralidad.
Así son los autoritarios. Sólo se sienten cómodos con sus incondicionales, pero son incapaces de contrastar ideas en un debate con reglas.
Para disipar los efectos de su derrota, los aliados de López Obrador le dieron un vuelo inusitado al caso de la empresa Hildebrando.
Una truculenta historia construida a manera de salvavidas para rescatarlo del naufragio del debate.
Delante de los demás candidatos y de cara a la nación, López Obrador se quedó callado cuando le dijeron que llevó al Distrito Federal al primer lugar nacional de corrupción, según Transparencia Internacional, capítulo México.
En realidad, hizo bien en no abrir la boca.
En correspondencia, Calderón tuvo la delicadeza de no insistir. Pero habría sido interesante oír que le preguntaran por el dinero que les cobran, a manera de mordida, a los 100 mil vendedores ambulantes afiliados a organizaciones afines al PRD.
O que le cuestionaran por la cuota de 600 pesos al mes que las organizaciones perredistas le cobran a cada uno de los 60 mil taxis pirata de la capital. Son 36 millones de pesos al mes: ¿a dónde va ese dinero?
Que le hubieran preguntado ¿qué pasó con el negocio de terrenos a cambio de puentes en Santa Fe?
Con eso hubiera sido suficiente, para no entrar en el caso Bejarano, Gustavo Ponce y otros allegados suyos.
Pero ni lo elemental que le preguntaron —el reporte de Transparencia Internacional— pudo contestar.
No dijo ni pío cuando Madrazo expuso que el narcomenudeo creció 760 por ciento en los primeros cuatro años de su gobierno en la capital del país.
Se quedó callado cuando Felipe Calderón le echó en cara que tiene archivada como información confidencial por diez años en un fideicomiso toda la documentación respecto del distribuidor vial de San Antonio y de los segundos pisos del Periférico.
No pudo decir nada ante las cifras que ponen al Distrito Federal en último lugar en generación de empleos en toda la República, durante su gobierno.
¿Qué iba a decir?
Es que en lugar de los 800 mil empleos que, según dice en su propaganda, creó cuando fue jefe de Gobierno, hizo todo lo contrario:
Entre 2000 y 2005 en el Distrito Federal, entre puestos eventuales y permanentes, fueron creados apenas cuatro mil 778 empleos, de acuerdo con las tablas estadísticas del Instituto Mexicano del Seguro Social.
La tasa de creación de empleos, del orden del 0.21 por ciento, es casi nula y resulta 10 veces inferior a la media nacional. En promedio, es cien veces menos que la tasa de creación de empleos en Querétaro, Tabasco, Coahuila, Baja California Sur, Chihuahua, Campeche y Quintana Roo.
Y si hablamos de empleos permanentes, el gobierno de López Obrador en lugar de crear los 800 mil que dice, en realidad destruyó 73 mil 206 puestos de trabajo, con lo que vuelve a estar en el cuadro de las medallas como la segunda entidad que más empleos perdió en todos el país.
Durante el debate del martes López Obrador intentó una leve defensa cuando le dijeron que con su administración el DF cayó al último lugar en desarrollo económico.
Contestó que el bajo crecimiento es un problema general en el país y que a fin de cuentas es el gobierno federal el que tiene las herramientas para impulsarlo.
Sí, el gobierno federal es clave en el crecimiento general de la economía, pero los gobiernos estatales son los encargados de crear condiciones para atraer inversión productiva.
Por alguna razón el Distrito Federal fue, en el periodo 2000 a 2004, la única entidad del país que registró un índice de crecimiento económico negativo: menos 1.75 por ciento, de acuerdo con las cifras más recientes del INEGI.
Y por alguna razón, también, un estado como Durango creció en ese mismo periodo 16.06 por ciento. O Quintana Roo, que creció 18.74. Campeche a 13.27. Nuevo León a 11.46, o Chiapas a 10.28.
El crecimiento económico promedio en las entidades del país fue de 6.0 por ciento. Muy por encima del DF que fue, como ya apuntamos, de menos 1.75 por ciento.
Con esos datos duros, es obvio que López Obrador no podía dar respuesta alguna.
Y se entiende también por qué no quería ir al debate. Y por qué le fue mal.
Callado se tuvo que quedar ante la afirmación de que en el Distrito Federal, en su gobierno, la delincuencia creció como nunca.
Con López Obrador el DF pasó a ocupar el primer lugar nacional en crecimiento de la delincuencia. Mudo se quedó ante eso el candidato presidencial del PRD.
Luego dijo, vagamente, que la delincuencia en el país es producto de la pobreza. O sea, en su lógica, los pobres son delincuentes por definición.
Si así fuera los índices más altos de delitos en el país los encontraríamos en Oaxaca y en Chiapas. Y da la casualidad de que esas dos entidades reportan los indicadores de delitos más bajos de toda la República.
Se quedó mudo cuando Felipe Calderón le cuestionó su publicitado apego a la austeridad. No pudo explicar por qué Nico, su chofer, tenía un sueldo neto superior a los 70 mil pesos mensuales.
Después del debate volvió a aparecer el López Obrador de siempre.
Se fue al zócalo donde estaban sus partidarios y le volvió el alma al cuerpo.
Alzó los brazos como si hubiera ganado.
De nueva cuenta volvió a gritar: “¡creyeron que iban a cenar pichón, pero les salió un gallo!”.
Claro, el grito fue cuando ya no tenía a sus contendientes enfrente ni nadie que lo cuestionara.
El país lo había visto perder. Agazapado, indeciso, sin ideas. Perdió.
phiriart@cronica.com.mx
12 de junio de 2006
¿A quién engañan?
Ricardo Alemán
El Universal - Itinerario Político
12 de junio de 2006
Desde 1988, la lucha político-electoral ha transitado por la exhibición de las debilidades de los adversarios
Cuando los estrategas del PAN decidieron comparar las imágenes de Hugo Chávez retando al presidente mexicano, con las de López Obrador que le espetaba el "cállate chachalaca" a Vicente Fox -como parte de la campaña de spots en favor de su candidato Felipe Calderón-, no faltaron los pudorosos que se escandalizaron y hasta acuñaron el término de guerra sucia para referirse a la inédita y feroz disputa mediática a la que se quería llevar la contienda presidencial.
Esas buenas conciencias llegaron al delirio cuando aparecieron los spots que aseguraban que López Obrador "es un peligro para México", y la esquizofrenia se generalizó cuando el Tribunal Electoral del Poder Judicial decidió la censura de los mensajes. No fuera que los mexicanos "débiles mentales" se creyeran esa perversa manipulación mediática, o dieran crédito a mentiras como esa de que López Obrador endeudó dos o tres veces al Distrito Federal. Pero los pudorosos guardianes de las formas políticas y la urbanidad electoral -los mismos que se escandalizaron cuando la torpeza panista llamó "pobre señora" a Elena Poniatowska, pero callaron cuando el sub comandante Marcos corrió a la escritora de uno de sus mítines- nada dijeron cuando los estrategas de López Obrador pretendieron engañar al electorado con la supuesta firma de Calderón en el Fobaproa y menos cuando AMLO montó la tramoya del "cuñado incómodo".
En el colmo de la manipulación, las buenas conciencias intentaron emparentar la persecución de Estado contra los opositores -vivida en Sudamérica y en México en los años 60 y 70-, con una saludable exhibición del adversario electoral, propia de las luchas democráticas de cualquier país y que en el caso mexicano no es la excepción. Desde 1988, pasando por 1994, 2000 y hoy en 2006, la lucha político-electoral mexicana ha transitado no sólo por el camino de las estrategias tácticas y programáticas, sino por la exhibición de las debilidades políticas y el dudoso pasado de los adversarios.
En política, y sobre todo en las contiendas electorales, resulta más rentable exhibir corruptelas, ineficacias y cuestionables pasados políticos y de gobierno del adversario, que convencer al electorado con las fortalezas, las virtudes y la historia propias. "El pasado es como el trasero; todos tenemos uno, aunque unos lo tienen más sucio que otros", dice el refranero popular. Por eso las "guerras electorales" se valen de esa concepción de filosofía popular. Aunque en el fondo -y para el caso- prevalece la cita bíblica: "El que esté limpio de culpa, que tire la primera piedra".
El problema no es la forma, sino el fondo. En una democracia electoral resulta saludable para los electores que todos los presidenciables, sus partidos y estrategas, intenten la exhibición de las corruptelas, los pasados dudosos, los cadáveres detrás del clóset de cada quien. Incluso resulta saludable que unos y otros se exhiban, y hasta que recurran al engaño y la mentira -engaño y mentira también son una autoexhibición-, porque al final de cuentas la decisión está sólo en el elector. Y no se duda de las capacidades de manipulación de unos y otros, y menos de la perniciosa influencia mediática en tiempos electorales. Pero lo que resulta verdaderamente cuestionable es que todos crean y traten a los electores como retrasados mentales. ¿Cuántos le creen a Calderón cuando dice que el DF se endeudó dos, tres o cuatro veces más? ¿Cuántos le creen a López Obrador el cuento del Fobaproa, o el del "cuñado incómodo"? ¿Cuántos creen que les va a ir muy bien con Roberto Madrazo?
Y es cierto, como lo dice el refranero popular: "La verdad duele, pero la duda mata". Pero en el caso de una elección presidencial, en donde existen 70 millones de potenciales electores, y en donde 40 millones son votantes probables, el engaño y la mentira, la duda sobre tal o cual aspirante, pueden ser la peor herramienta para quien la emplea. Y en el caso más reciente, el del "cuñado incómodo", el golpe puede regresar al lugar de donde salió.
Es probable que la empresa Hildebrando, de la que es socio el cuñado de Calderón, tenga un cuestionable pasado. Pero hasta el momento todas las acusaciones de AMLO y del PRD están montadas en una monumental mentira. Si existieran pruebas contundentes sobre las irregularidades señaladas, ¿por qué no acudió el PRD y su candidato a las instituciones responsables para presentar la denuncia correspondiente? ¿Por qué el grotesco espectáculo de las cajas vacías presentadas en la sede del PAN? Y para los que no tienen memoria, vale recordar que esa estrategia del engaño mediático es común en López Obrador. Sí, entre 2001 y 2002, cuando AMLO decidió sacar de la jugada política a Rosario Robles, filtró al diario Reforma las cuentas publicitarias de la empresa Publicorp. Un escándalo igual al de hoy, que al final terminó en una gran farsa. El problema es que intentan sorprender al electorado con engaños y mentiras, que tarde o temprano terminarán por exhibirlos. Al tiempo.
aleman2@prodigy.net
El Universal - Itinerario Político
12 de junio de 2006
Desde 1988, la lucha político-electoral ha transitado por la exhibición de las debilidades de los adversarios
Cuando los estrategas del PAN decidieron comparar las imágenes de Hugo Chávez retando al presidente mexicano, con las de López Obrador que le espetaba el "cállate chachalaca" a Vicente Fox -como parte de la campaña de spots en favor de su candidato Felipe Calderón-, no faltaron los pudorosos que se escandalizaron y hasta acuñaron el término de guerra sucia para referirse a la inédita y feroz disputa mediática a la que se quería llevar la contienda presidencial.
Esas buenas conciencias llegaron al delirio cuando aparecieron los spots que aseguraban que López Obrador "es un peligro para México", y la esquizofrenia se generalizó cuando el Tribunal Electoral del Poder Judicial decidió la censura de los mensajes. No fuera que los mexicanos "débiles mentales" se creyeran esa perversa manipulación mediática, o dieran crédito a mentiras como esa de que López Obrador endeudó dos o tres veces al Distrito Federal. Pero los pudorosos guardianes de las formas políticas y la urbanidad electoral -los mismos que se escandalizaron cuando la torpeza panista llamó "pobre señora" a Elena Poniatowska, pero callaron cuando el sub comandante Marcos corrió a la escritora de uno de sus mítines- nada dijeron cuando los estrategas de López Obrador pretendieron engañar al electorado con la supuesta firma de Calderón en el Fobaproa y menos cuando AMLO montó la tramoya del "cuñado incómodo".
En el colmo de la manipulación, las buenas conciencias intentaron emparentar la persecución de Estado contra los opositores -vivida en Sudamérica y en México en los años 60 y 70-, con una saludable exhibición del adversario electoral, propia de las luchas democráticas de cualquier país y que en el caso mexicano no es la excepción. Desde 1988, pasando por 1994, 2000 y hoy en 2006, la lucha político-electoral mexicana ha transitado no sólo por el camino de las estrategias tácticas y programáticas, sino por la exhibición de las debilidades políticas y el dudoso pasado de los adversarios.
En política, y sobre todo en las contiendas electorales, resulta más rentable exhibir corruptelas, ineficacias y cuestionables pasados políticos y de gobierno del adversario, que convencer al electorado con las fortalezas, las virtudes y la historia propias. "El pasado es como el trasero; todos tenemos uno, aunque unos lo tienen más sucio que otros", dice el refranero popular. Por eso las "guerras electorales" se valen de esa concepción de filosofía popular. Aunque en el fondo -y para el caso- prevalece la cita bíblica: "El que esté limpio de culpa, que tire la primera piedra".
El problema no es la forma, sino el fondo. En una democracia electoral resulta saludable para los electores que todos los presidenciables, sus partidos y estrategas, intenten la exhibición de las corruptelas, los pasados dudosos, los cadáveres detrás del clóset de cada quien. Incluso resulta saludable que unos y otros se exhiban, y hasta que recurran al engaño y la mentira -engaño y mentira también son una autoexhibición-, porque al final de cuentas la decisión está sólo en el elector. Y no se duda de las capacidades de manipulación de unos y otros, y menos de la perniciosa influencia mediática en tiempos electorales. Pero lo que resulta verdaderamente cuestionable es que todos crean y traten a los electores como retrasados mentales. ¿Cuántos le creen a Calderón cuando dice que el DF se endeudó dos, tres o cuatro veces más? ¿Cuántos le creen a López Obrador el cuento del Fobaproa, o el del "cuñado incómodo"? ¿Cuántos creen que les va a ir muy bien con Roberto Madrazo?
Y es cierto, como lo dice el refranero popular: "La verdad duele, pero la duda mata". Pero en el caso de una elección presidencial, en donde existen 70 millones de potenciales electores, y en donde 40 millones son votantes probables, el engaño y la mentira, la duda sobre tal o cual aspirante, pueden ser la peor herramienta para quien la emplea. Y en el caso más reciente, el del "cuñado incómodo", el golpe puede regresar al lugar de donde salió.
Es probable que la empresa Hildebrando, de la que es socio el cuñado de Calderón, tenga un cuestionable pasado. Pero hasta el momento todas las acusaciones de AMLO y del PRD están montadas en una monumental mentira. Si existieran pruebas contundentes sobre las irregularidades señaladas, ¿por qué no acudió el PRD y su candidato a las instituciones responsables para presentar la denuncia correspondiente? ¿Por qué el grotesco espectáculo de las cajas vacías presentadas en la sede del PAN? Y para los que no tienen memoria, vale recordar que esa estrategia del engaño mediático es común en López Obrador. Sí, entre 2001 y 2002, cuando AMLO decidió sacar de la jugada política a Rosario Robles, filtró al diario Reforma las cuentas publicitarias de la empresa Publicorp. Un escándalo igual al de hoy, que al final terminó en una gran farsa. El problema es que intentan sorprender al electorado con engaños y mentiras, que tarde o temprano terminarán por exhibirlos. Al tiempo.
aleman2@prodigy.net
Las cajas vacías
Javier Lozano
El Universal
12 de junio de 2006
Todo comenzó cuando López Obrador lanzó, en el segundo debate, una severa acusación a Felipe Calderón: "Nada más para decir que voy a entregar un expediente donde el cuñado de Felipe, cuñado incómodo, tiene una empresa que le trabaja al gobierno, que ha recibido contratos precisamente de la secretaría o, mejor dicho, del sector energético, cuando Felipe fue secretario. Tuvo ingresos por 2 mil 500 millones de pesos y no pagó impuestos. Y eso es lo que queremos que ya no siga pasando".
Fueron, pues, tres los agravios: que el sector energético concedió contratos a una empresa del cuñado de Calderón mientras éste fue Secretario de Energía; que el monto de tales adjudicaciones ascendía a 2 mil 500 millones de pesos, y que el beneficiario no pagó impuestos. Felipe negó en el debate, rotundamente, lo dicho por su contrincante.
Al día siguiente comenzó el road show mediático. Uno de los más activos voceros de AMLO para esta cruzada resultó ser Claudia Sheinbaum la esposa de quien fuera jefe delegacional en Tlalpan, mismo que apareció en televisión nacional embolsándose fajos de billetes en una grabación tomada en mayo de 2003 en las oficinas de Carlos Ahumada.
Ya la Secretaría de Hacienda atribuyó al Gobierno del Distrito Federal la filtración, por segunda ocasión (la primera fue en el caso de Gustavo Ponce), de la información utilizada por López Obrador sobre la situación fiscal del cuñado de Felipe Calderón.
Ante la falsedad de su dicho y la ausencia de pruebas, Diego Zavala presentó, a su vez, demanda civil en contra de AMLO por daño moral.
Pero la perversidad política no es el único vicio de AMLO y su equipo. También lo es la ignorancia. En efecto. Además de que la Sener, Pemex y la CFE han confirmado que no celebraron contrato alguno con las empresas en que participa Diego Zavala, durante la gestión de Calderón al frente de la Sener, el artículo 59 fracción I de la Ley Federal de las Entidades Paraestatales señala que la administración y representación de las empresas públicas está confiada a sus respectivos directores generales quienes, a su vez, delegan sus funciones en los comités de adquisiciones, arrendamientos y servicios. A mayor abundamiento, Felipe Calderón no formaba parte del Consejo de Administración de Pemex Exploración y Producción, organismo al que se le atribuye el otorgamiento de un contrato a la empresa Hildebrando S.A. de C.V.
El contrato aludido -único, por cierto, que prevalece de aquella fabulosa acusación de diversos convenios por 2 mil 500 millones de pesos adjudicados por el hoy candidato presidencial- fue otorgado a una empresa subsidaria de Hildebrando denominada Meta Data S.A. de C.V. desde 1997, y cuya renovación estaba programada desde su inicio para noviembre de 2004. Pero el ridículo mayor fue el montaje del pasado viernes, cuando acudieron Jesús Ortega, Gerardo Fernández Noroña y Claudia Sheinbaum de Ímaz con tremendo "diablito" para soportar el peso de tres grandes cajas en las que, supuestamente, transportaban las pruebas del dicho de López Obrador en cuanto al terrible tráfico de influencias denunciado. Para su sorpresa, en casa de campaña del candidato Calderón lo esperaba una comisión de alto nivel acompañada del notario público número 242 del Distrito Federal, Roberto Garzón Jiménez, quien dio fe de lo ocurrido.
Según el citado fedatario, las tres cajas, prácticamente vacías, contenían lo mismo: apenas unos cuantos sobres con copias fotostáticas. En ninguna de ellas obraba documento o contrato alguno suscrito por Calderón. La lección que arroja este lamentable episodio, más allá de la mentira característica de López Obrador y los suyos, es el uso faccioso de los instrumentos e información confidencial. Imagine el lector lo que este hombre podría fabricar si llegase a encabezar el gobierno federal. Imagínelo al mando de la PGR, del SAT, de la Profeco, de la Cofeco y demás instancias de autoridad. Si López Obrador fue capaz de armar todo este teatro en una contienda electoral, pasando por encima del honor de un ciudadano, de su empresa y su familia, sería capaz de perseguir y destruir, con el poder en la mano, a todo aquel que no siga su muy personal forma de ser y actuar.
Lo dicho. López Obrador es un auténtico peligro para México.
PD. Para Margarita y Juan Ignacio, con un abrazo solidario
Analista económico
El Universal
12 de junio de 2006
Todo comenzó cuando López Obrador lanzó, en el segundo debate, una severa acusación a Felipe Calderón: "Nada más para decir que voy a entregar un expediente donde el cuñado de Felipe, cuñado incómodo, tiene una empresa que le trabaja al gobierno, que ha recibido contratos precisamente de la secretaría o, mejor dicho, del sector energético, cuando Felipe fue secretario. Tuvo ingresos por 2 mil 500 millones de pesos y no pagó impuestos. Y eso es lo que queremos que ya no siga pasando".
Fueron, pues, tres los agravios: que el sector energético concedió contratos a una empresa del cuñado de Calderón mientras éste fue Secretario de Energía; que el monto de tales adjudicaciones ascendía a 2 mil 500 millones de pesos, y que el beneficiario no pagó impuestos. Felipe negó en el debate, rotundamente, lo dicho por su contrincante.
Al día siguiente comenzó el road show mediático. Uno de los más activos voceros de AMLO para esta cruzada resultó ser Claudia Sheinbaum la esposa de quien fuera jefe delegacional en Tlalpan, mismo que apareció en televisión nacional embolsándose fajos de billetes en una grabación tomada en mayo de 2003 en las oficinas de Carlos Ahumada.
Ya la Secretaría de Hacienda atribuyó al Gobierno del Distrito Federal la filtración, por segunda ocasión (la primera fue en el caso de Gustavo Ponce), de la información utilizada por López Obrador sobre la situación fiscal del cuñado de Felipe Calderón.
Ante la falsedad de su dicho y la ausencia de pruebas, Diego Zavala presentó, a su vez, demanda civil en contra de AMLO por daño moral.
Pero la perversidad política no es el único vicio de AMLO y su equipo. También lo es la ignorancia. En efecto. Además de que la Sener, Pemex y la CFE han confirmado que no celebraron contrato alguno con las empresas en que participa Diego Zavala, durante la gestión de Calderón al frente de la Sener, el artículo 59 fracción I de la Ley Federal de las Entidades Paraestatales señala que la administración y representación de las empresas públicas está confiada a sus respectivos directores generales quienes, a su vez, delegan sus funciones en los comités de adquisiciones, arrendamientos y servicios. A mayor abundamiento, Felipe Calderón no formaba parte del Consejo de Administración de Pemex Exploración y Producción, organismo al que se le atribuye el otorgamiento de un contrato a la empresa Hildebrando S.A. de C.V.
El contrato aludido -único, por cierto, que prevalece de aquella fabulosa acusación de diversos convenios por 2 mil 500 millones de pesos adjudicados por el hoy candidato presidencial- fue otorgado a una empresa subsidaria de Hildebrando denominada Meta Data S.A. de C.V. desde 1997, y cuya renovación estaba programada desde su inicio para noviembre de 2004. Pero el ridículo mayor fue el montaje del pasado viernes, cuando acudieron Jesús Ortega, Gerardo Fernández Noroña y Claudia Sheinbaum de Ímaz con tremendo "diablito" para soportar el peso de tres grandes cajas en las que, supuestamente, transportaban las pruebas del dicho de López Obrador en cuanto al terrible tráfico de influencias denunciado. Para su sorpresa, en casa de campaña del candidato Calderón lo esperaba una comisión de alto nivel acompañada del notario público número 242 del Distrito Federal, Roberto Garzón Jiménez, quien dio fe de lo ocurrido.
Según el citado fedatario, las tres cajas, prácticamente vacías, contenían lo mismo: apenas unos cuantos sobres con copias fotostáticas. En ninguna de ellas obraba documento o contrato alguno suscrito por Calderón. La lección que arroja este lamentable episodio, más allá de la mentira característica de López Obrador y los suyos, es el uso faccioso de los instrumentos e información confidencial. Imagine el lector lo que este hombre podría fabricar si llegase a encabezar el gobierno federal. Imagínelo al mando de la PGR, del SAT, de la Profeco, de la Cofeco y demás instancias de autoridad. Si López Obrador fue capaz de armar todo este teatro en una contienda electoral, pasando por encima del honor de un ciudadano, de su empresa y su familia, sería capaz de perseguir y destruir, con el poder en la mano, a todo aquel que no siga su muy personal forma de ser y actuar.
Lo dicho. López Obrador es un auténtico peligro para México.
PD. Para Margarita y Juan Ignacio, con un abrazo solidario
Analista económico
Las cajas del delito
Germán Dehesa
Reforma
12 de junio del 2006
El “Cuñisgate” ha tenido un giro espectacular y tal vez un poco grotesco. Ahí tienen que, pasado el mediodía de este viernes, una poblada caravana de perredistas avanzaba, entre cánticos y loores al Rayito de Esperanza, por la Colonia del Valle que para ellos es territorio comanche. En esta cívica peregrinación el Sol Azteca los acompañó de un modo enérgico. Todos sudaban como perros hacinados. Sin embargo, la nobleza de su causa no les permitió desfallecer, ni abandonar la marcha rumbo a un refrescante chesco.
El que más sudaba era Jesús Ortega quien estaba a cargo de empujar un diablito azul (¡diablo con vestido azul!) que transportaba varias cajas de algo que parecía plutonio enriquecido, o algún otro material fuertemente radiactivo. Todos conservamos memoria de aquella huelga de hambre de cinco minutos que Jesús Ortega realizó frente a Los Pinos, para luego aclararnos que era “simbólica”. A lo que voy es que no en balde Jesús Ortega es “dirigente” y no chalán. Las tareas pesadas se le dificultan grandemente.
Locos de contento con su cargamento se presentaron frente a las oficinas del PAN y avisaron que venían a entregar unas cajas. A todo esto, los previsores perredistas ya traían una nutrida cauda de camarógrafos, reporteros, gente de la prensa y cuelgababas (llamamos “cuelgababas” a esos audaces tenochcas que en cuanto ven tumulto o borlote, se incorporan para no perder detalle, aunque normalmente terminan con el hocico roto). Quitadazos de la pena, salieron algunos panistas y en menos que se lo cuento, ya se habían hecho de palabras con Claudia Sheimbaum de quien yo no conocía su aguerrida versión bravera y respondona. El diferendo era éste: los perredistas querían dejar las cajas con documentos supuestamente inculpatorios para Felipe y los panistas exigían que ahí mismo las abrieran. Se impusieron los panistas, abrieron las cajas; de la nada apareció un notario listísimo para tomar nota y al final del jelengue los que quedaron en una pose ridícula y descontonera fueron los perredistas: cada caja traía tres pinches carpetitas y en ellas no había un solo documento que vinculara a Felipe con el “Cuñisgate”.
Yo no sé si a la postre Calderón resulte limpio de polvo y paja, pero este numerito de las cajas fue de pena ajena. ¿Se los habrá aconsejado Camacho, o solitos se calentaron los peregrinos?
[...]
Reforma
12 de junio del 2006
El “Cuñisgate” ha tenido un giro espectacular y tal vez un poco grotesco. Ahí tienen que, pasado el mediodía de este viernes, una poblada caravana de perredistas avanzaba, entre cánticos y loores al Rayito de Esperanza, por la Colonia del Valle que para ellos es territorio comanche. En esta cívica peregrinación el Sol Azteca los acompañó de un modo enérgico. Todos sudaban como perros hacinados. Sin embargo, la nobleza de su causa no les permitió desfallecer, ni abandonar la marcha rumbo a un refrescante chesco.
El que más sudaba era Jesús Ortega quien estaba a cargo de empujar un diablito azul (¡diablo con vestido azul!) que transportaba varias cajas de algo que parecía plutonio enriquecido, o algún otro material fuertemente radiactivo. Todos conservamos memoria de aquella huelga de hambre de cinco minutos que Jesús Ortega realizó frente a Los Pinos, para luego aclararnos que era “simbólica”. A lo que voy es que no en balde Jesús Ortega es “dirigente” y no chalán. Las tareas pesadas se le dificultan grandemente.
Locos de contento con su cargamento se presentaron frente a las oficinas del PAN y avisaron que venían a entregar unas cajas. A todo esto, los previsores perredistas ya traían una nutrida cauda de camarógrafos, reporteros, gente de la prensa y cuelgababas (llamamos “cuelgababas” a esos audaces tenochcas que en cuanto ven tumulto o borlote, se incorporan para no perder detalle, aunque normalmente terminan con el hocico roto). Quitadazos de la pena, salieron algunos panistas y en menos que se lo cuento, ya se habían hecho de palabras con Claudia Sheimbaum de quien yo no conocía su aguerrida versión bravera y respondona. El diferendo era éste: los perredistas querían dejar las cajas con documentos supuestamente inculpatorios para Felipe y los panistas exigían que ahí mismo las abrieran. Se impusieron los panistas, abrieron las cajas; de la nada apareció un notario listísimo para tomar nota y al final del jelengue los que quedaron en una pose ridícula y descontonera fueron los perredistas: cada caja traía tres pinches carpetitas y en ellas no había un solo documento que vinculara a Felipe con el “Cuñisgate”.
Yo no sé si a la postre Calderón resulte limpio de polvo y paja, pero este numerito de las cajas fue de pena ajena. ¿Se los habrá aconsejado Camacho, o solitos se calentaron los peregrinos?
[...]
Cuñado incómodo
Sergio Sarmiento
Reforma
12 de junio del 2006
Más que lo que se dice, lo que realmente importa en los debates es la percepción de lo que se dice. En su confusa sintaxis, Andrés Manuel López Obrador dijo en el debate del 6 de junio que una empresa del “cuñado de Felipe, cuñado incómodo, tiene una empresa que le trabaja al gobierno, que ha recibido contratos precisamente de la Secretaría, mejor dicho del sector energético, cuando Felipe fue secretario, tuvo ingresos por 2 mil 500 millones de pesos y no pagó impuestos”.
En entrevistas posteriores Claudia Sheinbaum, quien ha asumido la función de portavoz en la campaña de López Obrador como la tuvo en el gobierno del Distrito Federal en el caso del segundo piso del Periférico, ha explicado que Andrés Manuel no dijo que la Secretaría de Energía o siquiera el sector energético hubieran dado contratos por 2 mil 500 millones de pesos a las empresas de Zavala durante el breve periodo, ocho meses, en que Calderón fue secretario de Energía: de septiembre de 2003 a mayo de 2004. No, aclara Sheinbaum, eran dos afirmaciones distintas: una, que las empresas de Zavala recibieron contratos del sector energético (sin importar si Calderón era o no secretario de energía); y dos, que esas empresas facturaron 2 mil 500 millones de pesos sin pagar impuestos.
La información que tenemos disponible hasta este momento nos permite aclarar la sintaxis y los hechos. Sabemos ya, por ejemplo, que sí, que una empresa de Zavala sí tuvo cuando menos un contrato con Pemex Exploración, el cual fue, al parecer, por 8 millones de pesos. Sabemos también que esa empresa, Meta Data, fue comprada por Hildebrando, la firma de Zavala, en 2003. El contrato con Pemex Exploración procedía de 1997, pero se renovó en el 2003 cuando Calderón era Secretario de Energía. Sabemos también que Calderón, como Secretario, no tenía responsabilidad formal en los contratos de Pemex Exploración y que, al contrario del corporativo de Pemex, no era siquiera miembro del consejo de administración de esa paraestatal.
Sabemos que los contratos gubernamentales representan apenas un 10 por ciento de la facturación total de las empresas de Zavala. Sabemos que éstas se dedican al campo de la tecnología y del software, en el cual compiten principalmente con firmas extranjeras, y que han tenido un constante crecimiento desde 1987, su fecha de fundación. Sabemos que no le pertenecen solamente a Zavala sino que cuentan con otros socios, entre ellos el fondo de inversión internacional Advent. Sabemos también que las empresas del grupo son auditadas por una firma externa profesional y que están al corriente en sus pagos de impuestos. Sabemos que las empresas han tenido ingresos brutos por 2 mil 500 millones de pesos, pero no en ocho meses de función de Calderón en la Secretaría de Energía sino a lo largo de muchos años, y que la mayor parte de éstos proceden de contratos privados. Sabemos también que en el 2005 la empresa central, Hildebrando, declaró ingresos iguales a sus gastos, pero que los resultados estaban todavía siendo sometidos a auditoría externa en junio.
Claro que todos estos hechos son complicados y no pueden por lo tanto explicarse con facilidad en un minuto de televisión. Así, López Obrador continúa insistiendo en que Calderón entregó contratos indebidos a un cuñado incómodo y que éste, pese a tener ingresos multimillonarios, no paga impuestos.
¿Es indebido el contrato de Meta Data con Pemex Exploración? A primera vista no. El punto crucial es que el contrato es anterior a la compra de Meta Data por Hildebrando. Pero la Secretaría de la Función Pública debe determinar, de todas maneras, si la normatividad vigente habría impedido la renovación. Debe ventilarse también en qué condiciones se dio esta renovación.
En cuanto a la supuesta evasión fiscal, todo parece señalar que las empresas de Zavala no han hecho más que ajustarse a la legislación vigente. Eso no puede cuestionársele a ninguna compañía en el mundo. No deja de ser interesante que si se legislara la propuesta de tasa única que ha venido impulsando Calderón, la cual establecería un impuesto sobre la renta que se aplicaría con pocas o casi ninguna deducción a los ingresos brutos de las empresas, seguramente las firmas de Zavala habrían tenido que pagar un mayor impuesto sobre la renta independientemente de sus gastos.
Ahí está quizá el meollo del asunto. López Obrador tiene razón cuando dice que los ricos no pagan impuestos en este país. Ciertamente pagan menos de lo que deberían. Pero el problema es del sistema fiscal que permite que quienes tienen buenos abogados y contadores puedan reducir sus impuestos de manera legal. Quizá Andrés Manuel debería apoyar la iniciativa de tasa única que promueve Calderón.
Reforma
12 de junio del 2006
“La verdad es raramente pura y nunca simple”.
Oscar Wilde
Oscar Wilde
Más que lo que se dice, lo que realmente importa en los debates es la percepción de lo que se dice. En su confusa sintaxis, Andrés Manuel López Obrador dijo en el debate del 6 de junio que una empresa del “cuñado de Felipe, cuñado incómodo, tiene una empresa que le trabaja al gobierno, que ha recibido contratos precisamente de la Secretaría, mejor dicho del sector energético, cuando Felipe fue secretario, tuvo ingresos por 2 mil 500 millones de pesos y no pagó impuestos”.
En entrevistas posteriores Claudia Sheinbaum, quien ha asumido la función de portavoz en la campaña de López Obrador como la tuvo en el gobierno del Distrito Federal en el caso del segundo piso del Periférico, ha explicado que Andrés Manuel no dijo que la Secretaría de Energía o siquiera el sector energético hubieran dado contratos por 2 mil 500 millones de pesos a las empresas de Zavala durante el breve periodo, ocho meses, en que Calderón fue secretario de Energía: de septiembre de 2003 a mayo de 2004. No, aclara Sheinbaum, eran dos afirmaciones distintas: una, que las empresas de Zavala recibieron contratos del sector energético (sin importar si Calderón era o no secretario de energía); y dos, que esas empresas facturaron 2 mil 500 millones de pesos sin pagar impuestos.
La información que tenemos disponible hasta este momento nos permite aclarar la sintaxis y los hechos. Sabemos ya, por ejemplo, que sí, que una empresa de Zavala sí tuvo cuando menos un contrato con Pemex Exploración, el cual fue, al parecer, por 8 millones de pesos. Sabemos también que esa empresa, Meta Data, fue comprada por Hildebrando, la firma de Zavala, en 2003. El contrato con Pemex Exploración procedía de 1997, pero se renovó en el 2003 cuando Calderón era Secretario de Energía. Sabemos también que Calderón, como Secretario, no tenía responsabilidad formal en los contratos de Pemex Exploración y que, al contrario del corporativo de Pemex, no era siquiera miembro del consejo de administración de esa paraestatal.
Sabemos que los contratos gubernamentales representan apenas un 10 por ciento de la facturación total de las empresas de Zavala. Sabemos que éstas se dedican al campo de la tecnología y del software, en el cual compiten principalmente con firmas extranjeras, y que han tenido un constante crecimiento desde 1987, su fecha de fundación. Sabemos que no le pertenecen solamente a Zavala sino que cuentan con otros socios, entre ellos el fondo de inversión internacional Advent. Sabemos también que las empresas del grupo son auditadas por una firma externa profesional y que están al corriente en sus pagos de impuestos. Sabemos que las empresas han tenido ingresos brutos por 2 mil 500 millones de pesos, pero no en ocho meses de función de Calderón en la Secretaría de Energía sino a lo largo de muchos años, y que la mayor parte de éstos proceden de contratos privados. Sabemos también que en el 2005 la empresa central, Hildebrando, declaró ingresos iguales a sus gastos, pero que los resultados estaban todavía siendo sometidos a auditoría externa en junio.
Claro que todos estos hechos son complicados y no pueden por lo tanto explicarse con facilidad en un minuto de televisión. Así, López Obrador continúa insistiendo en que Calderón entregó contratos indebidos a un cuñado incómodo y que éste, pese a tener ingresos multimillonarios, no paga impuestos.
¿Es indebido el contrato de Meta Data con Pemex Exploración? A primera vista no. El punto crucial es que el contrato es anterior a la compra de Meta Data por Hildebrando. Pero la Secretaría de la Función Pública debe determinar, de todas maneras, si la normatividad vigente habría impedido la renovación. Debe ventilarse también en qué condiciones se dio esta renovación.
En cuanto a la supuesta evasión fiscal, todo parece señalar que las empresas de Zavala no han hecho más que ajustarse a la legislación vigente. Eso no puede cuestionársele a ninguna compañía en el mundo. No deja de ser interesante que si se legislara la propuesta de tasa única que ha venido impulsando Calderón, la cual establecería un impuesto sobre la renta que se aplicaría con pocas o casi ninguna deducción a los ingresos brutos de las empresas, seguramente las firmas de Zavala habrían tenido que pagar un mayor impuesto sobre la renta independientemente de sus gastos.
Ahí está quizá el meollo del asunto. López Obrador tiene razón cuando dice que los ricos no pagan impuestos en este país. Ciertamente pagan menos de lo que deberían. Pero el problema es del sistema fiscal que permite que quienes tienen buenos abogados y contadores puedan reducir sus impuestos de manera legal. Quizá Andrés Manuel debería apoyar la iniciativa de tasa única que promueve Calderón.
11 de junio de 2006
Fue en un cabaret…
Vianey Esquinca
Excélsior - La Inmaculada Percepción
11-06-06
El próximo 2 de julio no habrá elección de Estado, sino de percepciones. Durante meses, los candidatos presidenciales y los partidos políticos han sembrado la sospecha, la duda y la incertidumbre y han provocado la confusión entre los electores indecisos. La única certeza que hay, gracias a la guerra sucia, es que cualquier candidato por quien se vote tiene algo reprochable, oculto, reprobable y siniestro, por lo que el voto recaerá en el menos malo, no en el mejor.
Y si quedaba alguna duda de ello, sólo basta tomar la semana pasada como ejemplo. Ya lo han dicho muchos analistas: el debate del 6 de junio no fue sino el tentempié de lo que vendría después. El posdebate ha dejado al descubierto lo más oscuro de las campañas políticas.
¡Fuera moral!, ¡fuera buenas costumbres!, ¡fuera careta!, "al fin que ya nadie espera que nos casemos de blanco…" Los partidos políticos se enfundaron sus baratos vestidos de lentejuelas, se colgaron su estola de plumas made in mercado de Sonora y comenzaron a mascar chicle, agarraron su elegante bolsa de mandado y salieron a la calle dispuestos a todo. Con una mezcla entre la Chimoltrufia, Paquita la del Barrio y la más codiciada cabaretera de Tepito, los partidos políticos y los candidatos piensan que ya no se trata de convencer, sino de arrebatar.
"Deslúmbralos", parece ser la consigna de los partidos y sus candidatos, quienes creen que el que grite más fuerte, quien agite los brazos más alto, el que logre montar el mejor sketch, quien logre mantener el escándalo del contrincante más tiempo en los medios, será el vencedor de las elecciones. Quien use más maquillaje, el vestido más entallado y el escote más bajo podrá acaparar las miradas (¿Cuánto, mi reinita?).
Las campañas se han convertido en las reinas del amor fingido, donde la verdad y la transparencia han sido secuestradas. Si el elector comienza a protestar, ve a las oficinas del contrincante haciendo la faramalla de llevar cajas y cajas de pruebas, las cuales están semivacías. ¿La gente sigue dudando? Deslúmbralo, poniendo a tus hijos en prenda de tu honor. Utiliza comerciales del más absoluto mal gusto, para que la gente critique el spot del delincuente orinándose en los pantalones y no la falta de propuesta. Es el todo por el todo, hasta sus últimas consecuencias. Hay amenazas de bombas por todos lados: videoescándalos, denuncias, más pruebas y ¡todavía faltan 20 días para las elecciones!, que Dios nos agarre confesados.
Ante esto, a la mitad de semana surgieron almas caritativas que trataron de darle a los partidos políticos un vestido más adecuado para la ocasión, un poco más fino. Intentaron ponerles zapatos y peinarlos distinto, buscaron un pacto de civilidad que les devolviera el rostro perdido; pero no, aunque la mona se vista se seda, mona se queda. Habría que meter a los partidos políticos, a sus dirigentes, voceros y candidatos a centros de rehabilitación, donde les enseñen que se pueden ganar la vida (o la contienda electoral) de otra manera.
Los ciudadanos han quedado en medio de una batalla de percepciones donde, como en cualquier guerra, la confusión, la desesperanza y la resignación aparecen. Los partidos se han valido del uso más perverso de la imagen express, del marketing político, de las herramientas de comunicación disponibles. El desprestigio, la difamación, la mentira y las verdades a medias, con una gran dosis de falta de creatividad y ética, están creando un negro expediente en la historia democrática de este país.
Excélsior - La Inmaculada Percepción
11-06-06
El próximo 2 de julio no habrá elección de Estado, sino de percepciones. Durante meses, los candidatos presidenciales y los partidos políticos han sembrado la sospecha, la duda y la incertidumbre y han provocado la confusión entre los electores indecisos. La única certeza que hay, gracias a la guerra sucia, es que cualquier candidato por quien se vote tiene algo reprochable, oculto, reprobable y siniestro, por lo que el voto recaerá en el menos malo, no en el mejor.
Y si quedaba alguna duda de ello, sólo basta tomar la semana pasada como ejemplo. Ya lo han dicho muchos analistas: el debate del 6 de junio no fue sino el tentempié de lo que vendría después. El posdebate ha dejado al descubierto lo más oscuro de las campañas políticas.
¡Fuera moral!, ¡fuera buenas costumbres!, ¡fuera careta!, "al fin que ya nadie espera que nos casemos de blanco…" Los partidos políticos se enfundaron sus baratos vestidos de lentejuelas, se colgaron su estola de plumas made in mercado de Sonora y comenzaron a mascar chicle, agarraron su elegante bolsa de mandado y salieron a la calle dispuestos a todo. Con una mezcla entre la Chimoltrufia, Paquita la del Barrio y la más codiciada cabaretera de Tepito, los partidos políticos y los candidatos piensan que ya no se trata de convencer, sino de arrebatar.
"Deslúmbralos", parece ser la consigna de los partidos y sus candidatos, quienes creen que el que grite más fuerte, quien agite los brazos más alto, el que logre montar el mejor sketch, quien logre mantener el escándalo del contrincante más tiempo en los medios, será el vencedor de las elecciones. Quien use más maquillaje, el vestido más entallado y el escote más bajo podrá acaparar las miradas (¿Cuánto, mi reinita?).
Las campañas se han convertido en las reinas del amor fingido, donde la verdad y la transparencia han sido secuestradas. Si el elector comienza a protestar, ve a las oficinas del contrincante haciendo la faramalla de llevar cajas y cajas de pruebas, las cuales están semivacías. ¿La gente sigue dudando? Deslúmbralo, poniendo a tus hijos en prenda de tu honor. Utiliza comerciales del más absoluto mal gusto, para que la gente critique el spot del delincuente orinándose en los pantalones y no la falta de propuesta. Es el todo por el todo, hasta sus últimas consecuencias. Hay amenazas de bombas por todos lados: videoescándalos, denuncias, más pruebas y ¡todavía faltan 20 días para las elecciones!, que Dios nos agarre confesados.
Ante esto, a la mitad de semana surgieron almas caritativas que trataron de darle a los partidos políticos un vestido más adecuado para la ocasión, un poco más fino. Intentaron ponerles zapatos y peinarlos distinto, buscaron un pacto de civilidad que les devolviera el rostro perdido; pero no, aunque la mona se vista se seda, mona se queda. Habría que meter a los partidos políticos, a sus dirigentes, voceros y candidatos a centros de rehabilitación, donde les enseñen que se pueden ganar la vida (o la contienda electoral) de otra manera.
Los ciudadanos han quedado en medio de una batalla de percepciones donde, como en cualquier guerra, la confusión, la desesperanza y la resignación aparecen. Los partidos se han valido del uso más perverso de la imagen express, del marketing político, de las herramientas de comunicación disponibles. El desprestigio, la difamación, la mentira y las verdades a medias, con una gran dosis de falta de creatividad y ética, están creando un negro expediente en la historia democrática de este país.
Expediente 1994
Martín Moreno
Excélsior - Archivos del poder
11-06-06
Ya jalaron del gatillo. Hemos escuchado el primer disparo. Huele a pólvora y a miedo. Igual que en 1994. De Lomas Taurinas a San Ángel. Cuidado: hace 12 años la historia terminó con la crisis económica más dolorosa para millones de mexicanos, quienes de la noche a la mañana perdieron todo. Y también era año electoral. Hoy se repiten los síntomas. No vayamos a terminar igual o peor.
¿Que fue autoatentado el sufrido por la esposa de Carlos Ahumada? ¿Que realmente fue un atentado? Lo que sea. El problema es que ya hubo tiros. Y más grave: a tres semanas de la elección presidencial, los candidatos más fuertes, López Obrador y Felipe Calderón, y sus partidos, el PRD y el PAN, han dividido a la sociedad mexicana en una trágica comedia entre buenos y malos, ricos y pobres. Imposible conciliar. La divisa es el odio. A las urnas irá el rencor, no el voto razonado.
A 21 días de la elección federal, el país se retuerce entre los odios generados por los candidatos y varios focos rojos, ante el evidente vacío de poder. México está hoy reflejado en los gritos y ofensas que panistas y perredistas se lanzan cara a cara, enseñando los colmillos, como si fueran perros de pelea. Es demostrar que Calderón solapó a su cuñado Diego Zavala para enriquecerlo. Es demostrar que López Obrador es un mentiroso, que recurre a la infamia cuando se ve perdido. No es para menos: en juego está la Presidencia.
México está hoy en las miradas de fuego que en cadena nacional se lanzan Claudia Sheinbaum y Juan Camilo Mouriño. México está hoy en la furia desatada por Elba Esther Gordillo, mediante los maestros en Oaxaca, para someter al gobernador Ulises Ruiz y avivar así la llama de sus odios contra Madrazo. México está hoy en la muerte del universitario Alexis Benhumea, en Atenco. México está hoy en el cierre de la mina La Caridad, en Sonora, provocada por la manipulación sindical, la intolerancia empresarial y la ineficacia gubernamental.
Y en tres semanas habrá elecciones presidenciales. El gobernador del Banco de México, Guillermo Ortiz, atribuye a "factores externos" la mala semana que tuvo la Bolsa Mexicana de Valores. Miente. La incertidumbre financiera se debe a que hay nerviosismo por el 2 de julio, por quién vaya a ganar y por lo que vendrá después. Y Ortiz está en la mira de López Obrador.
En medio de este escenario de riesgos, hay algo grave. Al revisar el grueso expediente, mediante el cual el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) ordena la suspensión de spots que acusan a López Obrador de ser un peligro para México, en la página 211, el magistrado Jesús Orozco Martínez, quien votó en contra del dictamen, alerta sobre un acto de "autocensura incompatible con la libertad de pensamiento y expresión" en la actuación del Tribunal. "Corresponde a los ciudadanos el poder jurídico de decidir cuáles son las expresiones o mensajes que quieren recibir", advierte Orozco, desnudando así los prejuicios de nuestra máxima autoridad electoral. Es para preocupar.
Si Zavala ganó millones ilegalmente, al amparo del poder de su cuñado, que se lo castigue y que Calderón pague las consecuencias. Si AMLO y el PRD mienten con fines electorales, que se sepa y también que lo paguen. Pero que dejen de llevarse entre las patas a la sociedad.
La batalla de los odios podría terminar en una desgracia nacional. Como en 1994, cuando las balas mataron también la esperanza de bienestar de millones. Recordemos la historia o repetiremos los errores. Como apunta Enrique Krauze en su nuevo libro Para salir de Babel: "De no haber cambios de fondo, el futuro nos deparará una nueva crisis, como la de 1982 o 1994, sin que podamos entonces llamarnos a sorpresa ni haya operaciones internacionales de rescate que puedan salvarnos".
Excélsior - Archivos del poder
11-06-06
Ya jalaron del gatillo. Hemos escuchado el primer disparo. Huele a pólvora y a miedo. Igual que en 1994. De Lomas Taurinas a San Ángel. Cuidado: hace 12 años la historia terminó con la crisis económica más dolorosa para millones de mexicanos, quienes de la noche a la mañana perdieron todo. Y también era año electoral. Hoy se repiten los síntomas. No vayamos a terminar igual o peor.
¿Que fue autoatentado el sufrido por la esposa de Carlos Ahumada? ¿Que realmente fue un atentado? Lo que sea. El problema es que ya hubo tiros. Y más grave: a tres semanas de la elección presidencial, los candidatos más fuertes, López Obrador y Felipe Calderón, y sus partidos, el PRD y el PAN, han dividido a la sociedad mexicana en una trágica comedia entre buenos y malos, ricos y pobres. Imposible conciliar. La divisa es el odio. A las urnas irá el rencor, no el voto razonado.
A 21 días de la elección federal, el país se retuerce entre los odios generados por los candidatos y varios focos rojos, ante el evidente vacío de poder. México está hoy reflejado en los gritos y ofensas que panistas y perredistas se lanzan cara a cara, enseñando los colmillos, como si fueran perros de pelea. Es demostrar que Calderón solapó a su cuñado Diego Zavala para enriquecerlo. Es demostrar que López Obrador es un mentiroso, que recurre a la infamia cuando se ve perdido. No es para menos: en juego está la Presidencia.
México está hoy en las miradas de fuego que en cadena nacional se lanzan Claudia Sheinbaum y Juan Camilo Mouriño. México está hoy en la furia desatada por Elba Esther Gordillo, mediante los maestros en Oaxaca, para someter al gobernador Ulises Ruiz y avivar así la llama de sus odios contra Madrazo. México está hoy en la muerte del universitario Alexis Benhumea, en Atenco. México está hoy en el cierre de la mina La Caridad, en Sonora, provocada por la manipulación sindical, la intolerancia empresarial y la ineficacia gubernamental.
Y en tres semanas habrá elecciones presidenciales. El gobernador del Banco de México, Guillermo Ortiz, atribuye a "factores externos" la mala semana que tuvo la Bolsa Mexicana de Valores. Miente. La incertidumbre financiera se debe a que hay nerviosismo por el 2 de julio, por quién vaya a ganar y por lo que vendrá después. Y Ortiz está en la mira de López Obrador.
En medio de este escenario de riesgos, hay algo grave. Al revisar el grueso expediente, mediante el cual el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) ordena la suspensión de spots que acusan a López Obrador de ser un peligro para México, en la página 211, el magistrado Jesús Orozco Martínez, quien votó en contra del dictamen, alerta sobre un acto de "autocensura incompatible con la libertad de pensamiento y expresión" en la actuación del Tribunal. "Corresponde a los ciudadanos el poder jurídico de decidir cuáles son las expresiones o mensajes que quieren recibir", advierte Orozco, desnudando así los prejuicios de nuestra máxima autoridad electoral. Es para preocupar.
Si Zavala ganó millones ilegalmente, al amparo del poder de su cuñado, que se lo castigue y que Calderón pague las consecuencias. Si AMLO y el PRD mienten con fines electorales, que se sepa y también que lo paguen. Pero que dejen de llevarse entre las patas a la sociedad.
La batalla de los odios podría terminar en una desgracia nacional. Como en 1994, cuando las balas mataron también la esperanza de bienestar de millones. Recordemos la historia o repetiremos los errores. Como apunta Enrique Krauze en su nuevo libro Para salir de Babel: "De no haber cambios de fondo, el futuro nos deparará una nueva crisis, como la de 1982 o 1994, sin que podamos entonces llamarnos a sorpresa ni haya operaciones internacionales de rescate que puedan salvarnos".
El affaire Hildelbrando
Guillermo Ortega
Crónica - En Corto
11 de Junio de 2006
Primer round: martes del debate
No cabe duda de que el ganador del debate fue nuevamente Felipe Calderón. En principio, consiguió dejar clara la percepción de que, dada la distancia que han tomado él y López de los demás candidatos en las preferencias de voto, el asunto de la elección se convirtió en una cuestión solamente de dos. Aprovechó el foro para responder a las acusaciones hechas por Andrés López y el PRD respecto a su presunta responsabilidad en el Fobaproa, y además para plantearle cuestionamientos sobre su deficiente administración al frente del gobierno capitalino, que López no contestó. Todo iba bien para el candidato del PAN, hasta que, ya al final del debate, López lo acusó de beneficiar a la empresa de su cuñado Diego Zavala durante su gestión al frente de la Secretaría de Energía con contratos por la exorbitante cantidad de dos mil quinientos millones de pesos y que la empresa, además, no pagó los impuestos correspondientes. Aunque en su réplica Calderón lo negó categóricamente, la duda sembrada por López quedó presente en el ánimo del público. A pesar de todo, puede decirse que el round lo ganó Felipe.
Segundo round: miércoles
Al día siguiente del debate, Andrés López se montó en el tema de la acusación y, ya estando lejos de sus contrincantes, entonces sí, viéndose rodeado otra vez por sus seguidores, le volvió lo dicharachero y lo folclórico cuando insistió en el asunto. Calderón debió simplemente señalar que los señores del PRD tendrían que presentar la denuncia ante las autoridades correspondientes y ventilar el asunto en los tribunales que es donde corresponde, si es que realmente podían probar su acusación, que su respuesta la dio en el debate y que no tenía nada más que decir al respecto. Sin embargo, en vez de dar por terminado el asunto, mordió el anzuelo y replicó retando a Andrés López a que presentara las pruebas de su acusación, subrayando que en lo sucesivo habría que llamarlo “López Hablador” por mentiroso. Por su lado, los perredistas intensificaron la difusión de la acusación. Claudia Sheinbaum, ex secretaria del Medio Ambiente del gobierno lopista y encargada de la construcción de los segundos pisos, hizo una gira por las televisoras dando una explicación de cómo, según los perredistas, se sustentarían los señalamientos de López. Dicen que el que se enoja pierde, y en este caso, podría decirse que Calderón perdió este round.
Tercer round: jueves
La estrategia, si la hubo, no funcionó o se hizo mal. La reacción de Calderón, permitió que López marcara la agenda, subiendo el tema del “cuñado incómodo” en el interés de los medios y del público. El PRD inició la difusión de spots reiterando la acusación al panista y su cuñado. Con la intención de hacer control de daños, Diego Zavala se vio obligado a salir a explicar públicamente las características de su empresa, su composición accionaria, su participación en el negocio, su cartera de clientes y el monto de sus ventas, desmintiendo la acusación, calificándola de infundada y calumniosa. Al mismo tiempo, el asunto forzó a las instituciones involucradas en la acusación de López a salir también a los medios, para aclarar en forma oficial que durante el periodo en que Calderón fue titular de la Secretaría de Energía no hubo ningún contrato con la empresa de Zavala, e incluso los estrategas panistas consideraron necesaria la participación del propio Calderón en el desmentido. La presencia de Zavala en los medios y su decisión de presentar una demanda por difamación, que hizo pública al final del día, consiguió frenar, e incluso empezar a revertir los devastadores efectos de la gira de Sheinbaum por las televisoras. La insistencia en el reto de Calderón a López para presentar pruebas y la respuesta de este de que se las enviaría el viernes a su casa de campaña, colocaron a ambos en el terreno del beneficio de la duda y generaron mayor expectación aun por conocer el siguiente capítulo del enfrentamiento. La impresión inicial de que ante el inusitado crecimiento del asunto en el cuartel general calderonista los miembros de su equipo de plano estaban hechos bolas, fue dando paso poco a poco a una imagen de mayor control. Así es que podemos considerar que este round terminó en empate.
Cuarto round: viernes
Llegaron las pruebas, en tres cajas transportadas en un “diablito” por el vocero del PRD, Gerardo Fernández Noroña, acompañado del jefe de campaña de López, Jesús Ortega, y por la ex secretaria capitalina del Medio Ambiente, Claudia Sheinbaum, entre otros dirigentes, legisladores y colaboradores de la campaña perredista. Los esperaba Juan Camilo Mouriño en compañía de otros panistas afuera de la casa de campaña. Cuando los panistas exigieron a los perredistas mostrar los documentos firmados por Calderón en los que se demuestra que benefició a Zavala, Sheinbaum y Mouriño protagonizaron el agarrón. Ante el jaloneo verbal, los representantes del “Sol Azteca” decidieron retirarse. Los panistas tenían en el lugar a un notario público para que diera fe de lo entregado por los enviados de López, pero cuando abrieron las cajas se encontraron con que estaban casi vacías y sólo contenían unos cuantas carpetas, cuyo contenido no aportaba nada que no se hubiera ya difundido del asunto, y mucho menos las esperadas pruebas de la acusación de López. Termina así la semana con un Andrés López demandado y sin que hasta el momento haya podido demostrar que sus señalamientos son fundados, y no producto de una calumnia como la opinión pública empieza a creer. Este round lo ganó, sin duda, Calderón.
Balance
Lo que parecía ser un golpe tremendo para el candidato de las manos limpias, difícil de revertir en las pocas semanas que faltan para la elección, podría convertirse en el elemento que le dé el empujón definitivo. No deja de ser por lo menos curioso que haya sido justo el adversario más cercano de Calderón quien le haya servido en bandeja de plata este posible impulso final. Todo parece indicar que a López le saldrá “el tiro por la culata”, su credibilidad terminará cuestionada, dejando la impresión de que ante la desesperación por la pérdida de popularidad, es capaz de cualquier vileza. Quien sabe cual de sus colaboradores lo habrá convencido de intentar desacreditar a Calderón, acusando a Zavala. Por su parte, Calderón podría salir fortalecido, si consideramos que el ataque a su cuñado ocurre porque no le encontraron nada a él. De este episodio, queda también la triste imagen de Jesús Ortega, un político serio, que se ganó el respeto de propios y extraños por su actuar prudente a lo largo de los años, y que terminó como simple mensajero, haciéndole el juego a López, entregando cajas vacías que no demuestran nada. Eso le pasa por andar haciendo pactos con el diablo. Así es la política, que según definición enviada por un radio escucha de Imagen Informativa, es: “El arte de comer mierda, felicitar al dueño de la vaca, pedir más y todavía llevar itacate a casa”. Ni modo.
Verba volant, scripta manent.
Crónica - En Corto
11 de Junio de 2006
Primer round: martes del debate
No cabe duda de que el ganador del debate fue nuevamente Felipe Calderón. En principio, consiguió dejar clara la percepción de que, dada la distancia que han tomado él y López de los demás candidatos en las preferencias de voto, el asunto de la elección se convirtió en una cuestión solamente de dos. Aprovechó el foro para responder a las acusaciones hechas por Andrés López y el PRD respecto a su presunta responsabilidad en el Fobaproa, y además para plantearle cuestionamientos sobre su deficiente administración al frente del gobierno capitalino, que López no contestó. Todo iba bien para el candidato del PAN, hasta que, ya al final del debate, López lo acusó de beneficiar a la empresa de su cuñado Diego Zavala durante su gestión al frente de la Secretaría de Energía con contratos por la exorbitante cantidad de dos mil quinientos millones de pesos y que la empresa, además, no pagó los impuestos correspondientes. Aunque en su réplica Calderón lo negó categóricamente, la duda sembrada por López quedó presente en el ánimo del público. A pesar de todo, puede decirse que el round lo ganó Felipe.
Segundo round: miércoles
Al día siguiente del debate, Andrés López se montó en el tema de la acusación y, ya estando lejos de sus contrincantes, entonces sí, viéndose rodeado otra vez por sus seguidores, le volvió lo dicharachero y lo folclórico cuando insistió en el asunto. Calderón debió simplemente señalar que los señores del PRD tendrían que presentar la denuncia ante las autoridades correspondientes y ventilar el asunto en los tribunales que es donde corresponde, si es que realmente podían probar su acusación, que su respuesta la dio en el debate y que no tenía nada más que decir al respecto. Sin embargo, en vez de dar por terminado el asunto, mordió el anzuelo y replicó retando a Andrés López a que presentara las pruebas de su acusación, subrayando que en lo sucesivo habría que llamarlo “López Hablador” por mentiroso. Por su lado, los perredistas intensificaron la difusión de la acusación. Claudia Sheinbaum, ex secretaria del Medio Ambiente del gobierno lopista y encargada de la construcción de los segundos pisos, hizo una gira por las televisoras dando una explicación de cómo, según los perredistas, se sustentarían los señalamientos de López. Dicen que el que se enoja pierde, y en este caso, podría decirse que Calderón perdió este round.
Tercer round: jueves
La estrategia, si la hubo, no funcionó o se hizo mal. La reacción de Calderón, permitió que López marcara la agenda, subiendo el tema del “cuñado incómodo” en el interés de los medios y del público. El PRD inició la difusión de spots reiterando la acusación al panista y su cuñado. Con la intención de hacer control de daños, Diego Zavala se vio obligado a salir a explicar públicamente las características de su empresa, su composición accionaria, su participación en el negocio, su cartera de clientes y el monto de sus ventas, desmintiendo la acusación, calificándola de infundada y calumniosa. Al mismo tiempo, el asunto forzó a las instituciones involucradas en la acusación de López a salir también a los medios, para aclarar en forma oficial que durante el periodo en que Calderón fue titular de la Secretaría de Energía no hubo ningún contrato con la empresa de Zavala, e incluso los estrategas panistas consideraron necesaria la participación del propio Calderón en el desmentido. La presencia de Zavala en los medios y su decisión de presentar una demanda por difamación, que hizo pública al final del día, consiguió frenar, e incluso empezar a revertir los devastadores efectos de la gira de Sheinbaum por las televisoras. La insistencia en el reto de Calderón a López para presentar pruebas y la respuesta de este de que se las enviaría el viernes a su casa de campaña, colocaron a ambos en el terreno del beneficio de la duda y generaron mayor expectación aun por conocer el siguiente capítulo del enfrentamiento. La impresión inicial de que ante el inusitado crecimiento del asunto en el cuartel general calderonista los miembros de su equipo de plano estaban hechos bolas, fue dando paso poco a poco a una imagen de mayor control. Así es que podemos considerar que este round terminó en empate.
Cuarto round: viernes
Llegaron las pruebas, en tres cajas transportadas en un “diablito” por el vocero del PRD, Gerardo Fernández Noroña, acompañado del jefe de campaña de López, Jesús Ortega, y por la ex secretaria capitalina del Medio Ambiente, Claudia Sheinbaum, entre otros dirigentes, legisladores y colaboradores de la campaña perredista. Los esperaba Juan Camilo Mouriño en compañía de otros panistas afuera de la casa de campaña. Cuando los panistas exigieron a los perredistas mostrar los documentos firmados por Calderón en los que se demuestra que benefició a Zavala, Sheinbaum y Mouriño protagonizaron el agarrón. Ante el jaloneo verbal, los representantes del “Sol Azteca” decidieron retirarse. Los panistas tenían en el lugar a un notario público para que diera fe de lo entregado por los enviados de López, pero cuando abrieron las cajas se encontraron con que estaban casi vacías y sólo contenían unos cuantas carpetas, cuyo contenido no aportaba nada que no se hubiera ya difundido del asunto, y mucho menos las esperadas pruebas de la acusación de López. Termina así la semana con un Andrés López demandado y sin que hasta el momento haya podido demostrar que sus señalamientos son fundados, y no producto de una calumnia como la opinión pública empieza a creer. Este round lo ganó, sin duda, Calderón.
Balance
Lo que parecía ser un golpe tremendo para el candidato de las manos limpias, difícil de revertir en las pocas semanas que faltan para la elección, podría convertirse en el elemento que le dé el empujón definitivo. No deja de ser por lo menos curioso que haya sido justo el adversario más cercano de Calderón quien le haya servido en bandeja de plata este posible impulso final. Todo parece indicar que a López le saldrá “el tiro por la culata”, su credibilidad terminará cuestionada, dejando la impresión de que ante la desesperación por la pérdida de popularidad, es capaz de cualquier vileza. Quien sabe cual de sus colaboradores lo habrá convencido de intentar desacreditar a Calderón, acusando a Zavala. Por su parte, Calderón podría salir fortalecido, si consideramos que el ataque a su cuñado ocurre porque no le encontraron nada a él. De este episodio, queda también la triste imagen de Jesús Ortega, un político serio, que se ganó el respeto de propios y extraños por su actuar prudente a lo largo de los años, y que terminó como simple mensajero, haciéndole el juego a López, entregando cajas vacías que no demuestran nada. Eso le pasa por andar haciendo pactos con el diablo. Así es la política, que según definición enviada por un radio escucha de Imagen Informativa, es: “El arte de comer mierda, felicitar al dueño de la vaca, pedir más y todavía llevar itacate a casa”. Ni modo.
Verba volant, scripta manent.
10 de junio de 2006
Refuta CCE acusaciones de candidato presidencial
El Economista
08-06-06
Los impuestos de la IP suman $458,000 millones
A través de una misiva dirigida a Andrés Manuel López Obrador, el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) afirmó que las declaraciones hechas por el candidato son infundadas, y demostró que las empresas establecidas (micro, pequeñas, medianas y grandes) contribuyen con 62% del total recaudado por el fisco.
Lo anterior representó 458,000 millones de pesos vía impuestos a la Hacienda Pública durante el 2005, además de las aportaciones de los trabajadores y personas físicas en general, lo que permite un gasto público para el pago de pensiones y seguridad social, desarrollo de infraestructura, educación y muchos otros conceptos más, estableció.
En contraste, el CCE alertó como una amenaza la creciente proliferación de grupos de ilegales al amparo de gobiernos corruptos que les dan cobijo y los utilizan para fines distintos al quehacer productivo.
La iniciativa privada se dijo "ofendida" por las declaraciones continuas del candidato del partido Por el Bien de Todos a lo largo de su campaña, en referencia a los "privilegiados" (grupos de élite que no pagan impuestos), concepto generalizado que adjudica al sector empresarial.
"Manifestamos nuestro profundo rechazo a este tipo de expresiones generalizadas, sin fundamento, que son contrarias a la realidad nacional.
En una carta expresamos nuestro malestar y preocupación, frente a declaraciones que desacreditan y dañan la imagen de las empresas", acotó en un comunicado.
Ver carta completa del CCE a AMLO...
08-06-06
Los impuestos de la IP suman $458,000 millones
A través de una misiva dirigida a Andrés Manuel López Obrador, el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) afirmó que las declaraciones hechas por el candidato son infundadas, y demostró que las empresas establecidas (micro, pequeñas, medianas y grandes) contribuyen con 62% del total recaudado por el fisco.
Lo anterior representó 458,000 millones de pesos vía impuestos a la Hacienda Pública durante el 2005, además de las aportaciones de los trabajadores y personas físicas en general, lo que permite un gasto público para el pago de pensiones y seguridad social, desarrollo de infraestructura, educación y muchos otros conceptos más, estableció.
En contraste, el CCE alertó como una amenaza la creciente proliferación de grupos de ilegales al amparo de gobiernos corruptos que les dan cobijo y los utilizan para fines distintos al quehacer productivo.
La iniciativa privada se dijo "ofendida" por las declaraciones continuas del candidato del partido Por el Bien de Todos a lo largo de su campaña, en referencia a los "privilegiados" (grupos de élite que no pagan impuestos), concepto generalizado que adjudica al sector empresarial.
"Manifestamos nuestro profundo rechazo a este tipo de expresiones generalizadas, sin fundamento, que son contrarias a la realidad nacional.
En una carta expresamos nuestro malestar y preocupación, frente a declaraciones que desacreditan y dañan la imagen de las empresas", acotó en un comunicado.
Ver carta completa del CCE a AMLO...
No es cierto, pero se vale
Pepe Grillo
Crónica
9 de Junio de 2006
Claudia Sheinbaum y Gerardo Fernández Noroña confesaron que López Obrador mintió en el debate.
Que Calderón no le dio contratos por 2,500 millones de pesos a su cuñado Diego Zavala, les dijeron.
“Aún si hubiera sido un solo peso lo perseguiríamos”, justificó ella.
Él confesó: “Andrés pudo ser impreciso…”.
Ella, “de cualquier forma es ilegal…
Diego obtuvo contratos seis meses después de que Felipe dejó la Sener, Noroña no lo negó pero aventuró: “aunque así haya sido, alguna influencia debió tener…
Y dijeron que tienen más pruebas de ésas.
De tráfico de influencias
Hace cinco años Alberto Pérez Mendoza, director de Gobierno del GDF, incurrió en delitos de tráfico de influencias, “a nombre del C. Jefe de Gobierno, Lic Manuel López Obrador”.
Pedía por escrito, en papel membretado, con todos los sellos y hasta el lema de “Ciudad de la Esperanza”, contratos de obra pública para Carlos Martínez Contreras, “persona que nos ha estado apoyando acá en el DF”.
Pérez negó la firma, pero dijo que si hubiera firmado “no hay delito”.
En 2004, López aceptaba los videoescándalos, “porque son imagen y esto no porque sólo es un documento”.
El procurador Bátiz se sumó: “es una recomendación como tantas que se hacen”.
Y Pérez sigue allí, ahora es Coordinador de Defensa y Promotor del Voto… en la campaña de López.
[...]
Crónica
9 de Junio de 2006
Claudia Sheinbaum y Gerardo Fernández Noroña confesaron que López Obrador mintió en el debate.
Que Calderón no le dio contratos por 2,500 millones de pesos a su cuñado Diego Zavala, les dijeron.
“Aún si hubiera sido un solo peso lo perseguiríamos”, justificó ella.
Él confesó: “Andrés pudo ser impreciso…”.
Ella, “de cualquier forma es ilegal…
Diego obtuvo contratos seis meses después de que Felipe dejó la Sener, Noroña no lo negó pero aventuró: “aunque así haya sido, alguna influencia debió tener…
Y dijeron que tienen más pruebas de ésas.
De tráfico de influencias
Hace cinco años Alberto Pérez Mendoza, director de Gobierno del GDF, incurrió en delitos de tráfico de influencias, “a nombre del C. Jefe de Gobierno, Lic Manuel López Obrador”.
Pedía por escrito, en papel membretado, con todos los sellos y hasta el lema de “Ciudad de la Esperanza”, contratos de obra pública para Carlos Martínez Contreras, “persona que nos ha estado apoyando acá en el DF”.
Pérez negó la firma, pero dijo que si hubiera firmado “no hay delito”.
En 2004, López aceptaba los videoescándalos, “porque son imagen y esto no porque sólo es un documento”.
El procurador Bátiz se sumó: “es una recomendación como tantas que se hacen”.
Y Pérez sigue allí, ahora es Coordinador de Defensa y Promotor del Voto… en la campaña de López.
[...]
9 de junio de 2006
Hildebrando, deshebrando en falso
José Yuste
Excélsior - Activo Empresarial
09-06-06
Para Felipe Calderón es una táctica distractora de López Obrador, sobre todo porque el perredista no supo contestar acerca de su gestión en la Ciudad de México.
El caso fue que, dentro del debate presidencial, el candidato del PRD acusó a Calderón de tráfico de influencias con la empresa Hildebrando, la de su cuñado Diego Zavala.
La principal acusación a la empresa Hildebrando es por no pagar impuestos habiendo obtenido grandes utilidades, las cuales se incrementaron durante el gobierno foxista, particularmente a partir de que Felipe Calderón fue secretario de Energía.
En efecto, Hildebrando obtuvo incremento de ventas de 1996 de 23 millones de pesos hasta 992 millones de pesos en 2005.
Pero, ojo, hay explicaciones en favor de Hildebrando.
En primer lugar, no se puede juzgar a una empresa por ser exitosa. Más bien debe verse si existieron los contratos para el tráfico de influencias cuando Calderón fue secretario de Energía. No hay pruebas de tal tráfico de influencias porque el único gran proyecto de la empresa Hildebrando fue con Pemex, el cual no lo decide el secretario de Energía: Pemex toma sus propias decisiones operativas.
Incluso, la Secretaría de Energía (Fernando Canales Clariond) y la Comisión Federal de Electricidad (Alfredo Elías Ayub) publicaron boletines desmintiendo el otorgamiento de contratos a la empresa Hildebrando.
La otra acusación de López Obrador a Hildebrando fue por no pagar impuestos. En efecto, durante los años 2004 y 2005, la empresa no pagó tributaciones al SAT.
Aquí, la explicación del mismo Diego Zavala es creíble: reinvirtieron utilidades, lo cual es una práctica bastante común en empresas que van renovando equipos, sobre todo en la industria de alta tecnología, como es el caso de Hildebrando.
Además, ¿el cuñado de Calderón ganaría todos los contratos al tener 18% de la empresa? No suena lógico.
El principal inversionista actual de Hildebrando es Advent, el fondo de inversión que maneja el español Juan Carlos Torres, la cual ha entrado en el aeropuerto capitalino, entre otras inversiones.
Otro accionista minorista es José Madariaga, el ex banquero.
Vistas las razones de ambas partes, no hay pruebas contundentes de tráfico de influencias en favor de una empresa, a la cual no puede atribuirse como pecado el haber sido exitosa ni pertenecer a la familia política de Calderón.
Allí debemos tener cuidado. No debe criticarse a un candidato por lo que haga su cuñado, sobre todo cuando, viendo las cifras, no hay pruebas contundentes del presunto tráfico de influencias.
Esperemos que, de verdad, los candidatos discutan las ideas del debate, las confronten para que los electores podamos decidir, porque las acusaciones de corrupción sí pueden ser un distractor de lo importante: la comparación de propuestas.
[...]
dinero@nuevoexcelsior.com.mx
Excélsior - Activo Empresarial
09-06-06
Para Felipe Calderón es una táctica distractora de López Obrador, sobre todo porque el perredista no supo contestar acerca de su gestión en la Ciudad de México.
El caso fue que, dentro del debate presidencial, el candidato del PRD acusó a Calderón de tráfico de influencias con la empresa Hildebrando, la de su cuñado Diego Zavala.
La principal acusación a la empresa Hildebrando es por no pagar impuestos habiendo obtenido grandes utilidades, las cuales se incrementaron durante el gobierno foxista, particularmente a partir de que Felipe Calderón fue secretario de Energía.
En efecto, Hildebrando obtuvo incremento de ventas de 1996 de 23 millones de pesos hasta 992 millones de pesos en 2005.
Pero, ojo, hay explicaciones en favor de Hildebrando.
En primer lugar, no se puede juzgar a una empresa por ser exitosa. Más bien debe verse si existieron los contratos para el tráfico de influencias cuando Calderón fue secretario de Energía. No hay pruebas de tal tráfico de influencias porque el único gran proyecto de la empresa Hildebrando fue con Pemex, el cual no lo decide el secretario de Energía: Pemex toma sus propias decisiones operativas.
Incluso, la Secretaría de Energía (Fernando Canales Clariond) y la Comisión Federal de Electricidad (Alfredo Elías Ayub) publicaron boletines desmintiendo el otorgamiento de contratos a la empresa Hildebrando.
La otra acusación de López Obrador a Hildebrando fue por no pagar impuestos. En efecto, durante los años 2004 y 2005, la empresa no pagó tributaciones al SAT.
Aquí, la explicación del mismo Diego Zavala es creíble: reinvirtieron utilidades, lo cual es una práctica bastante común en empresas que van renovando equipos, sobre todo en la industria de alta tecnología, como es el caso de Hildebrando.
Además, ¿el cuñado de Calderón ganaría todos los contratos al tener 18% de la empresa? No suena lógico.
El principal inversionista actual de Hildebrando es Advent, el fondo de inversión que maneja el español Juan Carlos Torres, la cual ha entrado en el aeropuerto capitalino, entre otras inversiones.
Otro accionista minorista es José Madariaga, el ex banquero.
Vistas las razones de ambas partes, no hay pruebas contundentes de tráfico de influencias en favor de una empresa, a la cual no puede atribuirse como pecado el haber sido exitosa ni pertenecer a la familia política de Calderón.
Allí debemos tener cuidado. No debe criticarse a un candidato por lo que haga su cuñado, sobre todo cuando, viendo las cifras, no hay pruebas contundentes del presunto tráfico de influencias.
Esperemos que, de verdad, los candidatos discutan las ideas del debate, las confronten para que los electores podamos decidir, porque las acusaciones de corrupción sí pueden ser un distractor de lo importante: la comparación de propuestas.
[...]
dinero@nuevoexcelsior.com.mx
El peor "spin" del posdebate
Yuriria Sierra
Excélsior - Nudo Gordiano
09-06-06
Felipe Calderón y su equipo (un cuarto de guerra por lo general bastante ducho en respuestas rápidas) la han regado de lo lindo en todo el posdebate. Su manejo y respuesta al asunto del "cuñado incómodo" ha resultado en una serie de errores que no se cometen ni en campañas universitarias. Así, un candidato que sale empatado, incluso ganador del debate, se volvió rehén de una acusación lanzada por su adversario. Ahí le va la lista de yerros estratégicos imperdonables:
1. Subestimaron al enemigo. En el debate, Felipe Calderón contestó lo mejor que pudo (y hasta con sentido del humor) al señalamiento de Andrés Manuel sobre los contratos de la empresa Hildebrando. Felipe dijo: "López Obrador miente una vez más, jamás contraté como secretario de Energía a esa empresa". Y con eso se quedaron todos contentos: al escuchar todas las mesas de análisis en las que se decretó un empate técnico y en las encuestas posdebate lo mismo, el equipo de Calderón creyó que el tema no crecería y que no había tenido impacto noticioso. Pero, al día siguiente, Claudia Sheinbaum fue con documentos (que nadie se iba a poner a revisar en ese momento) al estudio de Primero Noticias, comenzó la bola de nieve… y agarraron desprevenidos a los felipistas.
2. Subirse al ring. Tenían 72 horas efectivas de posdebate. Si es cierto que no hay irregularidades ni tráfico de influencias en los contratos de dependencias públicas con Diego Zavala, entonces el manejo para el equipo de FCH debió haber sido muy evidente: no se trataba de no defenderse del ataque (porque ello equivaldría a darlo por cierto), pero tampoco de morder el anzuelo tirado por AMLO. Felipe anduvo en una ronda de entrevistas en todos los medios, aclarando que su cuñado tal y su cuñado no sé cuánto. Lo que tenía que hacer él, adalid del Estado de derecho, era decir que si el PRD tenía pruebas que las presentara ante las autoridades y que éstas investigaran, punto. Aquí se trataba de ganar el posdebate (o de no perderlo) y los perredistas hicieron lo necesario, incluso, probablemente, mentir. Y más aún, mentir para desquiciar a Calderón.
3. Juan Ignacio Zavala. ¿Alguien entiende cómo es que el tercer hermano de Margarita, esposa de Felipe, pero también hermano de Diego, el cuñado de la discordia, siguió apareciendo en medios como no lo había hecho hasta ahora? Los panistas dirán que no hay nada que esconder, que Juan Ignacio es un cuate decente y que, como Diego también lo es, entonces la mejor defensa era no inmutarse. ¿Alguien entiende por qué cometieron esta básica pifia? Yo no.
4. El ultimátum y el spot. Cuando se enteraron de que AMLO presentaría un spot en el que "probaría" su acusación (lo que les interesaba era seguir echando leña al fuego), los calderonistas, una vez más, se tardaron en reaccionar. Mandaron un ultimátum de 24 horas al Peje para que probara su acusación. A la hora de escribir estas líneas desconocemos dicho spot, pero la única estrategia de defensa que le queda en este tema a Felipe es realizar otro y meterlo en cadena nacional justo después del spot del Peje. El spot de éste y el que realice FCH (si lo hacen) será la última imagen que tendremos de ambos candidatos antes de que empiece el futbol.
yuriria_sierra@yahoo.com
Excélsior - Nudo Gordiano
09-06-06
Felipe Calderón y su equipo (un cuarto de guerra por lo general bastante ducho en respuestas rápidas) la han regado de lo lindo en todo el posdebate. Su manejo y respuesta al asunto del "cuñado incómodo" ha resultado en una serie de errores que no se cometen ni en campañas universitarias. Así, un candidato que sale empatado, incluso ganador del debate, se volvió rehén de una acusación lanzada por su adversario. Ahí le va la lista de yerros estratégicos imperdonables:
1. Subestimaron al enemigo. En el debate, Felipe Calderón contestó lo mejor que pudo (y hasta con sentido del humor) al señalamiento de Andrés Manuel sobre los contratos de la empresa Hildebrando. Felipe dijo: "López Obrador miente una vez más, jamás contraté como secretario de Energía a esa empresa". Y con eso se quedaron todos contentos: al escuchar todas las mesas de análisis en las que se decretó un empate técnico y en las encuestas posdebate lo mismo, el equipo de Calderón creyó que el tema no crecería y que no había tenido impacto noticioso. Pero, al día siguiente, Claudia Sheinbaum fue con documentos (que nadie se iba a poner a revisar en ese momento) al estudio de Primero Noticias, comenzó la bola de nieve… y agarraron desprevenidos a los felipistas.
2. Subirse al ring. Tenían 72 horas efectivas de posdebate. Si es cierto que no hay irregularidades ni tráfico de influencias en los contratos de dependencias públicas con Diego Zavala, entonces el manejo para el equipo de FCH debió haber sido muy evidente: no se trataba de no defenderse del ataque (porque ello equivaldría a darlo por cierto), pero tampoco de morder el anzuelo tirado por AMLO. Felipe anduvo en una ronda de entrevistas en todos los medios, aclarando que su cuñado tal y su cuñado no sé cuánto. Lo que tenía que hacer él, adalid del Estado de derecho, era decir que si el PRD tenía pruebas que las presentara ante las autoridades y que éstas investigaran, punto. Aquí se trataba de ganar el posdebate (o de no perderlo) y los perredistas hicieron lo necesario, incluso, probablemente, mentir. Y más aún, mentir para desquiciar a Calderón.
3. Juan Ignacio Zavala. ¿Alguien entiende cómo es que el tercer hermano de Margarita, esposa de Felipe, pero también hermano de Diego, el cuñado de la discordia, siguió apareciendo en medios como no lo había hecho hasta ahora? Los panistas dirán que no hay nada que esconder, que Juan Ignacio es un cuate decente y que, como Diego también lo es, entonces la mejor defensa era no inmutarse. ¿Alguien entiende por qué cometieron esta básica pifia? Yo no.
4. El ultimátum y el spot. Cuando se enteraron de que AMLO presentaría un spot en el que "probaría" su acusación (lo que les interesaba era seguir echando leña al fuego), los calderonistas, una vez más, se tardaron en reaccionar. Mandaron un ultimátum de 24 horas al Peje para que probara su acusación. A la hora de escribir estas líneas desconocemos dicho spot, pero la única estrategia de defensa que le queda en este tema a Felipe es realizar otro y meterlo en cadena nacional justo después del spot del Peje. El spot de éste y el que realice FCH (si lo hacen) será la última imagen que tendremos de ambos candidatos antes de que empiece el futbol.
yuriria_sierra@yahoo.com
Poderosa herramienta electoral
David Páramo
Excélsior - Personajes de Renombre
09-06-06
Sociedad en Movimiento ha cumplido exitosamente con la primera parte de su misión: dar elementos concretos para que los ciudadanos puedan elegir al mejor candidato a Presidente de la República.
Mientras los políticos siguen creyendo, especialmente los del Partido de la Revolución Democrática, que hay que revolcarse en un lodo de mentiras, falsedades, ataques viles, con tal de dañar al enemigo político, lo que realmente necesitan los ciudadanos son herramientas concretas para elegir al mejor mandatario.
Andrés López Obrador y los suyos decidieron no responder a las preguntas de Sociedad en Movimiento e incluso no dudaron en señalar que esta iniciativa, coordinada por Alberto Núñez, era una suerte de club de ricos, de fifís, sin ver que en el fondo se trata de organizaciones indígenas, campesinas, académicas, sindicales, empresariales y de migrantes.
Se trata de 20 preguntas —la última se dará a conocer el próximo lunes— en las cuales se cuestiona cómo se resolverán los temas que preocupan a la sociedad. De las respuestas de Felipe Calderón, Roberto Campa, Patricia Mercado y Roberto Madrazo (quien respondió a partir de la pregunta cinco y se puso al corriente en todas), se desprenden elementos concretos para la toma de decisiones.
Ha hecho bien Sociedad en Movimiento al presentar en su página de internet, www.sociedadenmovimiento.org.mx, las preguntas y las respuestas para que el ciudadano, como mayor de edad, pueda tomar determinaciones claras y elegir quién de los cuatro cumple mejor con sus expectativas.
Las elecciones no deberían ser una suerte de carrera de demolición en la que el candidato ganador es quien lanza más y mejores ataques al adversario. Tampoco es un concurso de popularidad en el cual se elige al más carismático o al de mayores ocurrencias.
Los comicios son un proceso de contratación donde la sociedad elige a un presidente que debe coordinar los anhelos y las necesidades de la mayoría, por lo que Sociedad en Movimiento plantea una herramienta poderosísima en la toma de decisiones.
Su esfuerzo no parará con estas 20 preguntas sino que se va a lanzar un proyecto de mucho mayor aliento para que los mexicanos pasen de súbditos a ciudadanos.
[...]
dinero@nuevoexcelsior.com.mx
Excélsior - Personajes de Renombre
09-06-06
Sociedad en Movimiento ha cumplido exitosamente con la primera parte de su misión: dar elementos concretos para que los ciudadanos puedan elegir al mejor candidato a Presidente de la República.
Mientras los políticos siguen creyendo, especialmente los del Partido de la Revolución Democrática, que hay que revolcarse en un lodo de mentiras, falsedades, ataques viles, con tal de dañar al enemigo político, lo que realmente necesitan los ciudadanos son herramientas concretas para elegir al mejor mandatario.
Andrés López Obrador y los suyos decidieron no responder a las preguntas de Sociedad en Movimiento e incluso no dudaron en señalar que esta iniciativa, coordinada por Alberto Núñez, era una suerte de club de ricos, de fifís, sin ver que en el fondo se trata de organizaciones indígenas, campesinas, académicas, sindicales, empresariales y de migrantes.
Se trata de 20 preguntas —la última se dará a conocer el próximo lunes— en las cuales se cuestiona cómo se resolverán los temas que preocupan a la sociedad. De las respuestas de Felipe Calderón, Roberto Campa, Patricia Mercado y Roberto Madrazo (quien respondió a partir de la pregunta cinco y se puso al corriente en todas), se desprenden elementos concretos para la toma de decisiones.
Ha hecho bien Sociedad en Movimiento al presentar en su página de internet, www.sociedadenmovimiento.org.mx, las preguntas y las respuestas para que el ciudadano, como mayor de edad, pueda tomar determinaciones claras y elegir quién de los cuatro cumple mejor con sus expectativas.
Las elecciones no deberían ser una suerte de carrera de demolición en la que el candidato ganador es quien lanza más y mejores ataques al adversario. Tampoco es un concurso de popularidad en el cual se elige al más carismático o al de mayores ocurrencias.
Los comicios son un proceso de contratación donde la sociedad elige a un presidente que debe coordinar los anhelos y las necesidades de la mayoría, por lo que Sociedad en Movimiento plantea una herramienta poderosísima en la toma de decisiones.
Su esfuerzo no parará con estas 20 preguntas sino que se va a lanzar un proyecto de mucho mayor aliento para que los mexicanos pasen de súbditos a ciudadanos.
[...]
dinero@nuevoexcelsior.com.mx
Empresarios a AMLO: Sí pagamos impuestos. Habrá campañas de CCE y ABM
José Yuste
Excélsior - Activo Empresarial
08-06-06
El Consejo Coordinador Empresarial (CCE) dejó atrás el silencio y contestó a López Obrador la misma noche del debate entre candidatos presidenciales: Sí pagamos impuestos.
José Luis Barraza, presidente del CCE, ha sido cauto. Dejó pasar que el candidato perredista no firmase el Pacto de Chapultepec, impulsado por el Consejo y Carlos Slim.
Tampoco dieron acuse de recibo cuando AMLO dijo que se reuniría con los empresarios. De antemano, el candidato ha sido invitado a todos los eventos del sector privado, pero no ha ido a ninguno.
Mas cuando el candidato perredista señaló que los de "mero arriba… los empresarios", no pagan impuestos, dentro del CCE dijeron: Hasta aquí.
La relación entre el candidato perredista y los hombres de empresa se descompuso.
Primero, se dieron los análisis del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP), que preside Claudio X. González, donde su director, Mario Rodarte, realizó el primer análisis sobre el supuesto ahorro de 100 mil millones de pesos prometido por López Obrador.
El CEESP fue contundente: no se puede alcanzar ni la quinta parte de dicho ahorro en gasto corriente y, por lo tanto, es inviable la propuesta económica del candidato del Partido de la Revolución Democrática para elevar 20% el ingreso de la población.
Más adelante, el presidente de la Coparmex, Alberto Núñez Esteva, alzó la voz en contra del candidato perredista porque fue el único que no contestó las preguntas de Sociedad en Movimiento, donde Coparmex reunió, no sólo a sus agremiados patronales, sino también a distintos actores económicos y sociales.
Andrés Manuel López Obrador no respondió una sola de las preguntas, mientras que los otros cuatro contendientes sí lo hicieron.
Y, por último, vinieron las declaraciones de José Luis Barraza, presidente del Consejo Coordinador Empresarial, quien respondió a AMLO que las medianas y grandes empresas sí pagan impuestos. Más bien, le echó en cara al candidato perredista la protección a la economía informal y a piratas durante su gestión en la Ciudad de México.
El Consejo Coordinador Empresarial tomó otra estrategia de la seguida por la Asociación de Bancos de México, que preside Marcos Martínez, donde los banqueros eligieron quedarse callados frente al calificativo de "parásitos de la sociedad" y no hacerle el juego al candidato perredista.
Esta situación, en la cual López Obrador critica a los empresarios y banqueros o, junto con Roberto Madrazo, se habló de la posibilidad de una "elección de Estado", generó dos campañas publicitarias que pronto vamos a ver.
La primera es la del Consejo Coordinador Empresarial, con un llamado a la cordura para que el 2 de julio se respeten los votos y a los organismos ciudadanos, como el IFE. Dicha campaña saldrá esta semana o la que viene.
Y la segunda, de la Asociación de Bancos de México, donde saldrán a decir que son custodios de valor e intermediarios entre el ahorro y la inversión, para poder, ahora sí, ser una palanca de financiamiento con el fin de crecer.
Lo cierto: el sector privado empieza a responderle a López Obrador.
[...]
Excélsior - Activo Empresarial
08-06-06
El Consejo Coordinador Empresarial (CCE) dejó atrás el silencio y contestó a López Obrador la misma noche del debate entre candidatos presidenciales: Sí pagamos impuestos.
José Luis Barraza, presidente del CCE, ha sido cauto. Dejó pasar que el candidato perredista no firmase el Pacto de Chapultepec, impulsado por el Consejo y Carlos Slim.
Tampoco dieron acuse de recibo cuando AMLO dijo que se reuniría con los empresarios. De antemano, el candidato ha sido invitado a todos los eventos del sector privado, pero no ha ido a ninguno.
Mas cuando el candidato perredista señaló que los de "mero arriba… los empresarios", no pagan impuestos, dentro del CCE dijeron: Hasta aquí.
La relación entre el candidato perredista y los hombres de empresa se descompuso.
Primero, se dieron los análisis del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP), que preside Claudio X. González, donde su director, Mario Rodarte, realizó el primer análisis sobre el supuesto ahorro de 100 mil millones de pesos prometido por López Obrador.
El CEESP fue contundente: no se puede alcanzar ni la quinta parte de dicho ahorro en gasto corriente y, por lo tanto, es inviable la propuesta económica del candidato del Partido de la Revolución Democrática para elevar 20% el ingreso de la población.
Más adelante, el presidente de la Coparmex, Alberto Núñez Esteva, alzó la voz en contra del candidato perredista porque fue el único que no contestó las preguntas de Sociedad en Movimiento, donde Coparmex reunió, no sólo a sus agremiados patronales, sino también a distintos actores económicos y sociales.
Andrés Manuel López Obrador no respondió una sola de las preguntas, mientras que los otros cuatro contendientes sí lo hicieron.
Y, por último, vinieron las declaraciones de José Luis Barraza, presidente del Consejo Coordinador Empresarial, quien respondió a AMLO que las medianas y grandes empresas sí pagan impuestos. Más bien, le echó en cara al candidato perredista la protección a la economía informal y a piratas durante su gestión en la Ciudad de México.
El Consejo Coordinador Empresarial tomó otra estrategia de la seguida por la Asociación de Bancos de México, que preside Marcos Martínez, donde los banqueros eligieron quedarse callados frente al calificativo de "parásitos de la sociedad" y no hacerle el juego al candidato perredista.
Esta situación, en la cual López Obrador critica a los empresarios y banqueros o, junto con Roberto Madrazo, se habló de la posibilidad de una "elección de Estado", generó dos campañas publicitarias que pronto vamos a ver.
La primera es la del Consejo Coordinador Empresarial, con un llamado a la cordura para que el 2 de julio se respeten los votos y a los organismos ciudadanos, como el IFE. Dicha campaña saldrá esta semana o la que viene.
Y la segunda, de la Asociación de Bancos de México, donde saldrán a decir que son custodios de valor e intermediarios entre el ahorro y la inversión, para poder, ahora sí, ser una palanca de financiamiento con el fin de crecer.
Lo cierto: el sector privado empieza a responderle a López Obrador.
[...]
La guerra sucia
Jorge Fernández Menéndez
Excélsior - Razones
09-06-06
Todas las campañas utilizan un doble lenguaje: las propuestas suelen ir de la mano de la descalificación de sus adversarios; la campaña positiva tiene, necesariamente, que ir acompañada de la negativa. No por una perversidad intrínseca de los políticos, sino por un hecho obvio: es tan importante presentar lo que se propone hacer un candidato con el país como demostrar que es mejor que sus adversarios. Y qué mejor que hacerlo mostrando sus defectos. Por eso, los spots negativos terminan estando en la esencia, nos guste o no, de la competencia electoral.
Pero el problema no son los sptos negativos, sino la guerra sucia. Y López Obrador ha decidido lanzarse de lleno a ella. Tres ejemplos: los dirigentes partidarios desde el martes en la noche están negociando un acuerdo de gobernabilidad para reconocer el resultado electoral y establecer bases de trabajo comunes a partir del 3 de julio. El presidente del PRD, Leonel Cota Montaño, aceptó firmar el acuerdo el martes, pero dijo que en principio lo aceptarían, pero "se reservaban el derecho a manifestarse". Sin embargo, a la misma hora en que los presidentes de los partidos estaban reunidos en la Ciudad de México, el candidato de la Coalición por el Bien de Todos, López Obrador, estaba en Tapachula. Allí dijo que le querían "regatear" el triunfo el 2 de julio y advirtió sobre el posible "fraude electoral" que se cometería en su contra. Por una parte, un acuerdo para reconocer resultados, por el otro, la denuncia del fraude. Guerra sucia.
El mismo día del debate, en la mañana, sufrió un atentado la señora Cecilia Gurza, esposa del empresario detenido Carlos Ahumada. La señora Gurza ofrecería ese día una conferencia de prensa y mostraría una serie de cinco videos que involucraban, entre otros, al representante del PRD ante el IFE, Horacio Duarte. Diez balazos recibió la camioneta de la señora, quien, al momento del atentado, iba acompañada de sus hijas. El acto de intimidación tuvo éxito: la esposa de Ahumada decidió no presentar los videos. Pero la investigación de la Procuraduría capitalina ha sido insólita. No ha dedicado ni un minuto a buscar a los presuntos responsables y apenas ocurridos los hechos ya había descalificado la versión del atentado. Hizo detenciones, sí, pero de los choferes de la familia y descubrieron que uno de ellos era sospechoso porque tenía "antecedentes penales" y era ex policía. Les hicieron pruebas de radizonato de sodio que salieron negativas, pero de todas maneras los mantuvieron detenidos un día y los presionaron para que "confesaran"; divulgaron ante los medios la versión de que había contradicciones entre los dichos de las presuntas víctimas y algunos medios lo aceptaron acríticamente. Algunos dirigentes perredistas recordaron el autoatentado de José Murat. La pequeña diferencia fue que, en ese caso, la PGR realizó una larga y minuciosa investigación y no entregó presunciones, sino pruebas periciales, incluidos los nombres de las personas que habían hecho los disparos. La Procuraduría del DF no investigó el atentado contra Gurza; no descubrieron de qué arma son los casquillos percutidos; la camioneta objeto del atentado, cuando era trasladada a la PGJDF, se "zafó" de la grúa y se estrelló contra otros automóviles, lo que la hizo perder valor pericial (casualmente, lo mismo que hizo la Procuraduría de Oaxaca en el caso Murat); hablaron de cámaras de seguridad, pero dicen que las cintas, proporcionadas por las víctimas, no se ven bien. No investigaron a nada ni a nadie, salvo a la familia atacada y a los trabajadores que colaboran con ella.
El hecho es que el atentado contra Cecilia Gurza logró varios objetivos: impidió la presentación de los videos; intimidaron a Ahumada y a su esposa, no pagaron costos y terminaron acusando a las víctimas de ser los victimarios. Y han utilizado esas denuncias, ya no como publicidad negativa, sino como parte de la guerra sucia.
En la noche del debate, López Obrador ejecutó otra obra de guerra sucia. Presentó, apurado por el tiempo, una acusación contra un cuñado de Calderón, que en su momento no identificó, el cual, dijo, había ganado dos mil 500 millones de pesos y no pagaba impuestos. Han pasado 72 horas y no ha podido comprobar los hechos. Lo cierto es que la empresa involucrada, una consultora y operadora de sistemas de informática, Hildebrando, en la que participa como accionista Diego Zavala, hermano de Margarita Zavala, junto con otros empresarios, tiene 20 años de antigüedad, es de las más calificadas en el sector y desde antes del inicio de la administración de Fox ya tenía contratos con algunas empresas públicas, como Pemex, Liconsa, la Secretaría de Hacienda y luego con el propio Gobierno del DF. De todas formas, la mayor parte de su operación se ha realizado con empresas privadas. Durante el periodo de Calderón en la secretaría de Energía no obtuvo ningún contrato de esa dependencia. Y está al día en su pago de impuestos. Los papeles que mostró López Obrador son copias que no se sabe de dónde salieron y no justifican las cifras manejadas por el candidato, mucho menos la supuesta evasión de impuestos. En realidad, regresando nuevamente al caso Ahumada, los documentos de AMLO recuerdan aquellos estados de cuenta bancarios que presentó René Bejarano contra Rosario Robles, con depósitos millonarios, que resultaron ser falsos. Robles, en su momento, presentó contra Bejarano una denuncia penal por falsificación de documentos, denuncia que la PGJDF, hasta ahora, ha ignorado. Es un capítulo más de la guerra sucia. Una guerra en la que sus adversarios no han caído. Podrían preguntar, por ejemplo, ¿de qué viven López Obrador y su familia; realmente viven con 40 mil pesos mensuales? ¿Cuándo AMLO ha mostrado una declaración de impuestos? ¿Realmente quiere el candidato debatir su historia familiar y la de sus principales colaboradores? Quizá sus adversarios no lo han hecho, simplemente por escrúpulos o porque comprenden que la guerra sucia se sabe cuándo comienza, no cuándo acaba.
Excélsior - Razones
09-06-06
Todas las campañas utilizan un doble lenguaje: las propuestas suelen ir de la mano de la descalificación de sus adversarios; la campaña positiva tiene, necesariamente, que ir acompañada de la negativa. No por una perversidad intrínseca de los políticos, sino por un hecho obvio: es tan importante presentar lo que se propone hacer un candidato con el país como demostrar que es mejor que sus adversarios. Y qué mejor que hacerlo mostrando sus defectos. Por eso, los spots negativos terminan estando en la esencia, nos guste o no, de la competencia electoral.
Pero el problema no son los sptos negativos, sino la guerra sucia. Y López Obrador ha decidido lanzarse de lleno a ella. Tres ejemplos: los dirigentes partidarios desde el martes en la noche están negociando un acuerdo de gobernabilidad para reconocer el resultado electoral y establecer bases de trabajo comunes a partir del 3 de julio. El presidente del PRD, Leonel Cota Montaño, aceptó firmar el acuerdo el martes, pero dijo que en principio lo aceptarían, pero "se reservaban el derecho a manifestarse". Sin embargo, a la misma hora en que los presidentes de los partidos estaban reunidos en la Ciudad de México, el candidato de la Coalición por el Bien de Todos, López Obrador, estaba en Tapachula. Allí dijo que le querían "regatear" el triunfo el 2 de julio y advirtió sobre el posible "fraude electoral" que se cometería en su contra. Por una parte, un acuerdo para reconocer resultados, por el otro, la denuncia del fraude. Guerra sucia.
El mismo día del debate, en la mañana, sufrió un atentado la señora Cecilia Gurza, esposa del empresario detenido Carlos Ahumada. La señora Gurza ofrecería ese día una conferencia de prensa y mostraría una serie de cinco videos que involucraban, entre otros, al representante del PRD ante el IFE, Horacio Duarte. Diez balazos recibió la camioneta de la señora, quien, al momento del atentado, iba acompañada de sus hijas. El acto de intimidación tuvo éxito: la esposa de Ahumada decidió no presentar los videos. Pero la investigación de la Procuraduría capitalina ha sido insólita. No ha dedicado ni un minuto a buscar a los presuntos responsables y apenas ocurridos los hechos ya había descalificado la versión del atentado. Hizo detenciones, sí, pero de los choferes de la familia y descubrieron que uno de ellos era sospechoso porque tenía "antecedentes penales" y era ex policía. Les hicieron pruebas de radizonato de sodio que salieron negativas, pero de todas maneras los mantuvieron detenidos un día y los presionaron para que "confesaran"; divulgaron ante los medios la versión de que había contradicciones entre los dichos de las presuntas víctimas y algunos medios lo aceptaron acríticamente. Algunos dirigentes perredistas recordaron el autoatentado de José Murat. La pequeña diferencia fue que, en ese caso, la PGR realizó una larga y minuciosa investigación y no entregó presunciones, sino pruebas periciales, incluidos los nombres de las personas que habían hecho los disparos. La Procuraduría del DF no investigó el atentado contra Gurza; no descubrieron de qué arma son los casquillos percutidos; la camioneta objeto del atentado, cuando era trasladada a la PGJDF, se "zafó" de la grúa y se estrelló contra otros automóviles, lo que la hizo perder valor pericial (casualmente, lo mismo que hizo la Procuraduría de Oaxaca en el caso Murat); hablaron de cámaras de seguridad, pero dicen que las cintas, proporcionadas por las víctimas, no se ven bien. No investigaron a nada ni a nadie, salvo a la familia atacada y a los trabajadores que colaboran con ella.
El hecho es que el atentado contra Cecilia Gurza logró varios objetivos: impidió la presentación de los videos; intimidaron a Ahumada y a su esposa, no pagaron costos y terminaron acusando a las víctimas de ser los victimarios. Y han utilizado esas denuncias, ya no como publicidad negativa, sino como parte de la guerra sucia.
En la noche del debate, López Obrador ejecutó otra obra de guerra sucia. Presentó, apurado por el tiempo, una acusación contra un cuñado de Calderón, que en su momento no identificó, el cual, dijo, había ganado dos mil 500 millones de pesos y no pagaba impuestos. Han pasado 72 horas y no ha podido comprobar los hechos. Lo cierto es que la empresa involucrada, una consultora y operadora de sistemas de informática, Hildebrando, en la que participa como accionista Diego Zavala, hermano de Margarita Zavala, junto con otros empresarios, tiene 20 años de antigüedad, es de las más calificadas en el sector y desde antes del inicio de la administración de Fox ya tenía contratos con algunas empresas públicas, como Pemex, Liconsa, la Secretaría de Hacienda y luego con el propio Gobierno del DF. De todas formas, la mayor parte de su operación se ha realizado con empresas privadas. Durante el periodo de Calderón en la secretaría de Energía no obtuvo ningún contrato de esa dependencia. Y está al día en su pago de impuestos. Los papeles que mostró López Obrador son copias que no se sabe de dónde salieron y no justifican las cifras manejadas por el candidato, mucho menos la supuesta evasión de impuestos. En realidad, regresando nuevamente al caso Ahumada, los documentos de AMLO recuerdan aquellos estados de cuenta bancarios que presentó René Bejarano contra Rosario Robles, con depósitos millonarios, que resultaron ser falsos. Robles, en su momento, presentó contra Bejarano una denuncia penal por falsificación de documentos, denuncia que la PGJDF, hasta ahora, ha ignorado. Es un capítulo más de la guerra sucia. Una guerra en la que sus adversarios no han caído. Podrían preguntar, por ejemplo, ¿de qué viven López Obrador y su familia; realmente viven con 40 mil pesos mensuales? ¿Cuándo AMLO ha mostrado una declaración de impuestos? ¿Realmente quiere el candidato debatir su historia familiar y la de sus principales colaboradores? Quizá sus adversarios no lo han hecho, simplemente por escrúpulos o porque comprenden que la guerra sucia se sabe cuándo comienza, no cuándo acaba.
Son expertos en poner las cosas al revés
Crónica - La Esquina
09-06-06
Son expertos en poner las cosas al revés. Ahumada les daba dinero en maletas y en bolsas. ¿Quién está en la cárcel? Ahumada. La camioneta de la señora Gurza fue baleada cuando iba a presentar videos que exhibían al GDF. ¿A quién se investiga por ello? A la señora Gurza. AMLO adjudicó miles de millones sin licitar y en lo oscurito. ¿A quién linchan? A Calderón.
09-06-06
Son expertos en poner las cosas al revés. Ahumada les daba dinero en maletas y en bolsas. ¿Quién está en la cárcel? Ahumada. La camioneta de la señora Gurza fue baleada cuando iba a presentar videos que exhibían al GDF. ¿A quién se investiga por ello? A la señora Gurza. AMLO adjudicó miles de millones sin licitar y en lo oscurito. ¿A quién linchan? A Calderón.
La ciénega maloliente
Raúl Cremoux
El Universal
09 de junio de 2006
Cuando la democracia ajena nos provocaba tantas envidias y deseábamos tener aunque fuera un poquito de ello, jamás imaginamos que la renovación del poder presidencial nos traería tanto lodo.
Apenas unas horas de transcurrido el segundo debate, los impactos radiotelevisivos de 20 segundos atraviesan nuestros sentidos para tratar de abatir lo mismo a Calderón que a López. Del primero se muestran papeles en los que supuestamente prueban el tráfico de influencias cuando fue secretario de Energía; del segundo, una y otra vez se dan a conocer estratagemas y conductas mentirosas.
La invitación a considerar al ciudadano como un abotagado pez gordo y descerebrado es palpable. Bien que se presenten aquellos rasgos desconocidos y hasta pintorescos de los aspirantes; no está mal que sepamos de sus gustos o debilidades e incluso el repertorio puede abundar en franjas biográficas descriptivas de su perfil y carácter, pero si el anzuelo para atrapar votantes y llevarlos convencidos a las urnas es la exacerbación en la lucha de clases, el jaloneo a la cola del tigre se vuelve más vigoroso y también, mucho más peligroso. Las inyecciones de resentimientos y polarización no sólo de argumentos sino de sentimientos y emociones se extienden ya entre nosotros.
Los intercambios ríspidos y de innegable agresividad no anidan solamente en las mesas redondas en los medios de difusión, ya están entre los comensales de restaurantes y casas privadas; en salones de clases y laboratorios; en talleres y oficinas; entre expertos y analistas.
El asunto no se detiene ahí, es mucho más profundo: obreros y trabajadores ya piensan que el triunfo del Partido de la Revolución Democrática es una realidad y eso les dará dinero gratuito y habitación inmediata; técnicos y profesionistas sin empleo aseguran que con Calderón lo obtendrán sin más. Taxistas, estudiantes y tiangueros esperan recibir diversos premios por su voto. Empresarios y comerciantes expresan temor ante inminentes nacionalizaciones de sus negocios e intereses.
Los votos serán contados pero no reflejarán las emociones de júbilo y temor; no darán cuenta del resentimiento y de las distancias que ya existen entre nosotros.
¿Qué hará el próximo presidente para borrar heridas, evitar desgarramientos internos, mantenernos unidos y proponernos una meta común? ¿Cómo miraremos al próximo presidente de la República si se nos ha dicho que durante algún momento ha traficado con influencias?
La respetabilidad que pueda tener un primer mandatario se verá severamente menguada si resulta autoritario, pero, ¿con qué credibilidad podrá manejarse si abierta y reiteradamente ha sido calificado de mentiroso?
Cualquiera de los dos, Calderón o López, desde el cargo que ambicionan, estará obligado a negociar con las bancadas en el Senado, con los diputados, con dirigencias partidarias, empresariales y en suma con el mosaico de intereses en que vivimos. ¿Qué respetabilidad tendrán si ambos llegarán salpicados de oprobios y malolientes? Bienvenida la lucha de ideas y de programas; planes y proyectos.
Estimular las diferencias de clase, se percaten o no los candidatos, es arrojar piedras en su propio camino y lo más grave, es iniciar y alimentar un fuego que al país puede incendiar. En las próximas tres semanas, para alcanzar su triunfo individual, ¿nos mantendrán sumidos en las cañerías y... tendremos estómago suficiente?
cremouxra@hotmail.com
Escritor y periodista
El Universal
09 de junio de 2006
Cuando la democracia ajena nos provocaba tantas envidias y deseábamos tener aunque fuera un poquito de ello, jamás imaginamos que la renovación del poder presidencial nos traería tanto lodo.
Apenas unas horas de transcurrido el segundo debate, los impactos radiotelevisivos de 20 segundos atraviesan nuestros sentidos para tratar de abatir lo mismo a Calderón que a López. Del primero se muestran papeles en los que supuestamente prueban el tráfico de influencias cuando fue secretario de Energía; del segundo, una y otra vez se dan a conocer estratagemas y conductas mentirosas.
La invitación a considerar al ciudadano como un abotagado pez gordo y descerebrado es palpable. Bien que se presenten aquellos rasgos desconocidos y hasta pintorescos de los aspirantes; no está mal que sepamos de sus gustos o debilidades e incluso el repertorio puede abundar en franjas biográficas descriptivas de su perfil y carácter, pero si el anzuelo para atrapar votantes y llevarlos convencidos a las urnas es la exacerbación en la lucha de clases, el jaloneo a la cola del tigre se vuelve más vigoroso y también, mucho más peligroso. Las inyecciones de resentimientos y polarización no sólo de argumentos sino de sentimientos y emociones se extienden ya entre nosotros.
Los intercambios ríspidos y de innegable agresividad no anidan solamente en las mesas redondas en los medios de difusión, ya están entre los comensales de restaurantes y casas privadas; en salones de clases y laboratorios; en talleres y oficinas; entre expertos y analistas.
El asunto no se detiene ahí, es mucho más profundo: obreros y trabajadores ya piensan que el triunfo del Partido de la Revolución Democrática es una realidad y eso les dará dinero gratuito y habitación inmediata; técnicos y profesionistas sin empleo aseguran que con Calderón lo obtendrán sin más. Taxistas, estudiantes y tiangueros esperan recibir diversos premios por su voto. Empresarios y comerciantes expresan temor ante inminentes nacionalizaciones de sus negocios e intereses.
Los votos serán contados pero no reflejarán las emociones de júbilo y temor; no darán cuenta del resentimiento y de las distancias que ya existen entre nosotros.
¿Qué hará el próximo presidente para borrar heridas, evitar desgarramientos internos, mantenernos unidos y proponernos una meta común? ¿Cómo miraremos al próximo presidente de la República si se nos ha dicho que durante algún momento ha traficado con influencias?
La respetabilidad que pueda tener un primer mandatario se verá severamente menguada si resulta autoritario, pero, ¿con qué credibilidad podrá manejarse si abierta y reiteradamente ha sido calificado de mentiroso?
Cualquiera de los dos, Calderón o López, desde el cargo que ambicionan, estará obligado a negociar con las bancadas en el Senado, con los diputados, con dirigencias partidarias, empresariales y en suma con el mosaico de intereses en que vivimos. ¿Qué respetabilidad tendrán si ambos llegarán salpicados de oprobios y malolientes? Bienvenida la lucha de ideas y de programas; planes y proyectos.
Estimular las diferencias de clase, se percaten o no los candidatos, es arrojar piedras en su propio camino y lo más grave, es iniciar y alimentar un fuego que al país puede incendiar. En las próximas tres semanas, para alcanzar su triunfo individual, ¿nos mantendrán sumidos en las cañerías y... tendremos estómago suficiente?
cremouxra@hotmail.com
Escritor y periodista
David y Goliat
Catón
Reforma - De Política y Cosas Peores
8 de Junio del 2006
Sigue siendo verdad paladina aquello de que todo es según el color del cristal con que se mira. Para la mayoría de la gente, sin embargo, estuvo claro que el triunfador en el debate fue Felipe Calderón, y el gran derrotado López Obrador. Si esto hubiese sido una pelea de box, el perredista habría perdido por knock-out. Calderón, en efecto, fue un David contundente, firme, enérgico, asertivo. El perredista, en cambio, fue un Goliat vacilante, desmañado, débil en sus ataques y falto de consistencia en su defensa. El gallo del PRD perdió más de una pluma; bastante destruido salió el indestructible. AMLO pagó las consecuencias de su arrogancia al no presentarse en el primer debate, y se le vio nervioso y aun a veces aturrullado. Calderón proyectó una imagen de fortaleza, de seguridad en sí mismo, de vigor y confianza juveniles, y al mismo tiempo evidenció madurez política y capacidad de conciliación y diálogo. López Obrador, por el contrario, se miraba cansado, parecía viejo, no por su edad o su apariencia, sino por su actitud y lo anacrónico de su discurso. En ocasiones hablaba como un priista de los setentas: “Soy juarista. Mis ideas son las de Morelos, Juárez, Zapata, Villa y Lázaro Cárdenas del Río”. Discurso hueco, anacrónica palabrería. La propuesta de Calderón fue incluyente: dijo que hará un gobierno de coalición, y convocó a todas las fuerzas políticas a un acuerdo. AMLO, en cambio, sostuvo su elemental discurso maniqueo: los de arriba son demonios a quienes se debe combatir, pues ellos tienen la culpa de todos los males que los pobres sufren. Pobre él mismo en ideas y en palabras (”deuda, deuda, lo que se llama deuda…”), mostró grandes limitaciones de pensamiento y una absoluta falta de preparación. Repetitivo (como dije al principio…), su participación fue un catálogo de lugares comunes: “Primero los pobres”, “No intervención”, “La democracia no se agota en las elecciones”, y de simplezas elementales: “Todos los días a las 6 de la mañana me reuniré con los secretarios de la Defensa y de Marina, y con el Secretario de Gobernación”… Claridoso cuando lo arropan sus muchedumbres clientelares, fue timorato y elusivo ante las cámaras: “Senadores cuyos nombres no voy a decir”… Dejó sin respuesta los señalamientos de Calderón, y no llevó pruebas que sustentaran sus acusaciones, como ésa del cuñado, o la del Fobaproa: “Luego voy a tratar este asunto con Felipe”. Por eso Calderón pudo decirle una y otra vez: “Miente usted”, sin que AMLO pudiera rebatir la grave tacha de mentiroso que frente a millones de mexicanos se le hacía. López Obrador mostró sus tendencias estatistas, y dejó ver que será un presidente autoritario, de populismo al modo echeverrista: “Pondré en la Constitución el estado de bienestar”. Es decir, por decreto presidencial gozaremos de bienestar los mexicanos. Su mensaje final, sin embargo, fue eficaz, el mejor de los que se dijeron. Si Calderón hubiera puesto en el cierre de su participación la misma emoción que puso al hablar como michoacano de los migrantes, habría terminado a tambor batiente una actuación brillante. Ahora bien: ciertamente nada está decidido todavía a favor de nadie. La moneda todavía está en el aire. El verdadero y definitivo debate se dará en las urnas el día de la elección. Pero es evidente que López Obrador no llega a la recta final de la campaña con la fuerza que tenía cuando la comenzó. Si es cierto eso de que caballo que alcanza gana, y si el resultado del debate se refleja en la jornada electoral, Felipe Calderón será el próximo presidente de México. Bien puede suceder que el debate influya en el resultado, pues muchos indecisos quizá dejaron ya su indecisión al comparar a los dos principales candidatos. Esos votos pueden ser definitivos… FIN.
Reforma - De Política y Cosas Peores
8 de Junio del 2006
Sigue siendo verdad paladina aquello de que todo es según el color del cristal con que se mira. Para la mayoría de la gente, sin embargo, estuvo claro que el triunfador en el debate fue Felipe Calderón, y el gran derrotado López Obrador. Si esto hubiese sido una pelea de box, el perredista habría perdido por knock-out. Calderón, en efecto, fue un David contundente, firme, enérgico, asertivo. El perredista, en cambio, fue un Goliat vacilante, desmañado, débil en sus ataques y falto de consistencia en su defensa. El gallo del PRD perdió más de una pluma; bastante destruido salió el indestructible. AMLO pagó las consecuencias de su arrogancia al no presentarse en el primer debate, y se le vio nervioso y aun a veces aturrullado. Calderón proyectó una imagen de fortaleza, de seguridad en sí mismo, de vigor y confianza juveniles, y al mismo tiempo evidenció madurez política y capacidad de conciliación y diálogo. López Obrador, por el contrario, se miraba cansado, parecía viejo, no por su edad o su apariencia, sino por su actitud y lo anacrónico de su discurso. En ocasiones hablaba como un priista de los setentas: “Soy juarista. Mis ideas son las de Morelos, Juárez, Zapata, Villa y Lázaro Cárdenas del Río”. Discurso hueco, anacrónica palabrería. La propuesta de Calderón fue incluyente: dijo que hará un gobierno de coalición, y convocó a todas las fuerzas políticas a un acuerdo. AMLO, en cambio, sostuvo su elemental discurso maniqueo: los de arriba son demonios a quienes se debe combatir, pues ellos tienen la culpa de todos los males que los pobres sufren. Pobre él mismo en ideas y en palabras (”deuda, deuda, lo que se llama deuda…”), mostró grandes limitaciones de pensamiento y una absoluta falta de preparación. Repetitivo (como dije al principio…), su participación fue un catálogo de lugares comunes: “Primero los pobres”, “No intervención”, “La democracia no se agota en las elecciones”, y de simplezas elementales: “Todos los días a las 6 de la mañana me reuniré con los secretarios de la Defensa y de Marina, y con el Secretario de Gobernación”… Claridoso cuando lo arropan sus muchedumbres clientelares, fue timorato y elusivo ante las cámaras: “Senadores cuyos nombres no voy a decir”… Dejó sin respuesta los señalamientos de Calderón, y no llevó pruebas que sustentaran sus acusaciones, como ésa del cuñado, o la del Fobaproa: “Luego voy a tratar este asunto con Felipe”. Por eso Calderón pudo decirle una y otra vez: “Miente usted”, sin que AMLO pudiera rebatir la grave tacha de mentiroso que frente a millones de mexicanos se le hacía. López Obrador mostró sus tendencias estatistas, y dejó ver que será un presidente autoritario, de populismo al modo echeverrista: “Pondré en la Constitución el estado de bienestar”. Es decir, por decreto presidencial gozaremos de bienestar los mexicanos. Su mensaje final, sin embargo, fue eficaz, el mejor de los que se dijeron. Si Calderón hubiera puesto en el cierre de su participación la misma emoción que puso al hablar como michoacano de los migrantes, habría terminado a tambor batiente una actuación brillante. Ahora bien: ciertamente nada está decidido todavía a favor de nadie. La moneda todavía está en el aire. El verdadero y definitivo debate se dará en las urnas el día de la elección. Pero es evidente que López Obrador no llega a la recta final de la campaña con la fuerza que tenía cuando la comenzó. Si es cierto eso de que caballo que alcanza gana, y si el resultado del debate se refleja en la jornada electoral, Felipe Calderón será el próximo presidente de México. Bien puede suceder que el debate influya en el resultado, pues muchos indecisos quizá dejaron ya su indecisión al comparar a los dos principales candidatos. Esos votos pueden ser definitivos… FIN.
8 de junio de 2006
Con la gente, en el debate
Francisco Báez Rodríguez
Crónica
8 de Junio de 2006
Tuve la oportunidad, en la agencia BGC, de ver el debate entre candidatos presidenciales y, en simultánea, un gráfico que va midiendo las sensaciones y apreciaciones de la gente. es una experiencia muy interesante e iluminadora, que los equipos de los aspirantes a Los Pinos deberían de imitar, en vez de convertirse en porristas de sus gallos, sean giros o colorados.
Lo primero que llama la atención es que muchos de los temas y lemas que han sido reiterados en las campañas mediáticas tienen un efecto nulo, o negativo, entre los electores. No sé si es porque lo consideran una repetición de lo que les han dicho hasta el hartazgo o porque de plano no les gusta. El caso es que conceptos como “te irá muy bien”, de Madrazo; “primero los pobres”, de López Obrador o “uno de tres”, de Campa carecieron de efecto en el debate (si acaso, de manera paradójica, el lema de AMLO lo ayudó un poco con la clase media (esos privilegiadotes que ganan 15 mil pesos) y lo perjudicó evidentemente entre la popular (a la gente no le gusta que la pobreteen).
Otro dato importante es que algunos conceptos que se toman por tabúes no causan en el electorado mayor impresión: homosexualidad, aborto, reelección y privatización son palabras que no tienen el peso que se les atribuye.
Yendo por candidatos, los analizaré en el orden inverso a la percepción de su desempeño en el debate.
Roberto Campa no dio espectáculo, pero cosechó más puntos negativos que nadie. Apenas empezaba a hablar y ya bajaba 10 puntos en su evaluación, pero a diferencia de su némesis priísta, nunca regresaban al punto original.
Es notable la mala imagen que Roberto Madrazo tiene ante la población. También él tenía que empezar desde más abajo que casi todos los demás. Las frases de político tradicional (“fiscalizar al gobierno desde el Congreso”, “dotar de facultades a la policía”, “los principios de política exterior”, “reforma competitiva del sector eléctrico”) le hacían tremendo daño. Las propuestas específicas, que fueron varias, le ayudaron, pero remar contra la corriente es verdaderamente difícil.
El candidato del PRI no se ha podido deshacer de su desprestigio de “hacer las cosas a la mala”. Su capacidad para hacerse de enemigos políticos contribuye mucho a crear ese ambiente en su contra. También, sin duda, su estilo de hacer política. Al término del debate, cuando era evidente que -a pesar de su esfuerzo- Madrazo no remontaría ante la opinión pública, se me vino a la mente una pregunta impertinente: ¿Estaría igual si hubiera derrotado a Arturo Montiel en buena lid?
Patricia Mercado peleó de tú a tú con los dos punteros en la primera mitad del debate. Tuvo altas calificaciones en seguridad pública y en gobernabilidad. Propuestas diferentes y vocación democrática. A partir de la réplica en política exterior se vino abajo, aunque manteniéndose siempre en marcas positivas.
La gente esperaba más de Andrés Manuel López Obrador, especialmente los de clase trabajadora, que lo vieron demasiado tímido, “jugando a no perder”. Absolutamente ninguno de los motivos recurrentes del candidato perredista causo efecto positivo entre los participantes en el ejercicio: ni su presunción de ir ganando en las encuestas, ni su victimismo de “hostilizado”, ni sus menciones al Fobaproa, ni su defensa del DF, ni el concepto de “los de arriba” que deshacen el país para beneficiar a unos cuantos. Tampoco le creyeron la idea de que la delincuencia es resultado de la pobreza. Esa repetición ideológica no funciona cuando se trata de abordar a los indecisos.
¿Dónde sí tuvo éxito Andrés Manuel? Cuando decía sus propuestas: cuando hablaba de escuelas, de servicios de salud, de infraestructura; cuando hablaba de apoyos específicos, de crear empleos, de atacar privilegios concretos, como las pensiones de los ex presidentes. Allí se iba a las nubes, entre clasemedieros y clases populares por igual. “Concretito”, decían en las asambleas universitarias de los setentas. Así lo pide la gente, y no quejas por complots o señalamientos genéricos contra “los de arriba”.
A Felipe Calderón le ayudó ir bien preparado. Tener cinco propuestas de seguridad pública y explicarlas con claridad; tres puntos de política exterior y lanzarlos en batería; tener críticas específicas sobre la situación del DF, etcétera. También le hicieron bien sus menciones al empleo y a la responsabilidad. Eso le fue generando una imagen de “presidenciable”, requisito inicial para obtener el voto.
Le faltó expresar, con claridad similar, una política social efectiva. No es casual que, aunque las curvas de los gráficos hayan sido casi siempre positivas y se hayan movido en la misma dirección, siempre estaba mejor posicionado entre la clase media que entre la clase popular. No fue contundente en la apertura y también le faltó un buen cierre (tomó demasiado tiempo en defenderse de un golpe de última hora). Por eso, aunque ganó, no pudo noquear, y la moneda sigue en el aire.
fabaez@gmail.com
Crónica
8 de Junio de 2006
Para David Romero, y la pertinencia de hacer preguntas impertinentes
Tuve la oportunidad, en la agencia BGC, de ver el debate entre candidatos presidenciales y, en simultánea, un gráfico que va midiendo las sensaciones y apreciaciones de la gente. es una experiencia muy interesante e iluminadora, que los equipos de los aspirantes a Los Pinos deberían de imitar, en vez de convertirse en porristas de sus gallos, sean giros o colorados.
Lo primero que llama la atención es que muchos de los temas y lemas que han sido reiterados en las campañas mediáticas tienen un efecto nulo, o negativo, entre los electores. No sé si es porque lo consideran una repetición de lo que les han dicho hasta el hartazgo o porque de plano no les gusta. El caso es que conceptos como “te irá muy bien”, de Madrazo; “primero los pobres”, de López Obrador o “uno de tres”, de Campa carecieron de efecto en el debate (si acaso, de manera paradójica, el lema de AMLO lo ayudó un poco con la clase media (esos privilegiadotes que ganan 15 mil pesos) y lo perjudicó evidentemente entre la popular (a la gente no le gusta que la pobreteen).
Otro dato importante es que algunos conceptos que se toman por tabúes no causan en el electorado mayor impresión: homosexualidad, aborto, reelección y privatización son palabras que no tienen el peso que se les atribuye.
Yendo por candidatos, los analizaré en el orden inverso a la percepción de su desempeño en el debate.
Roberto Campa no dio espectáculo, pero cosechó más puntos negativos que nadie. Apenas empezaba a hablar y ya bajaba 10 puntos en su evaluación, pero a diferencia de su némesis priísta, nunca regresaban al punto original.
Es notable la mala imagen que Roberto Madrazo tiene ante la población. También él tenía que empezar desde más abajo que casi todos los demás. Las frases de político tradicional (“fiscalizar al gobierno desde el Congreso”, “dotar de facultades a la policía”, “los principios de política exterior”, “reforma competitiva del sector eléctrico”) le hacían tremendo daño. Las propuestas específicas, que fueron varias, le ayudaron, pero remar contra la corriente es verdaderamente difícil.
El candidato del PRI no se ha podido deshacer de su desprestigio de “hacer las cosas a la mala”. Su capacidad para hacerse de enemigos políticos contribuye mucho a crear ese ambiente en su contra. También, sin duda, su estilo de hacer política. Al término del debate, cuando era evidente que -a pesar de su esfuerzo- Madrazo no remontaría ante la opinión pública, se me vino a la mente una pregunta impertinente: ¿Estaría igual si hubiera derrotado a Arturo Montiel en buena lid?
Patricia Mercado peleó de tú a tú con los dos punteros en la primera mitad del debate. Tuvo altas calificaciones en seguridad pública y en gobernabilidad. Propuestas diferentes y vocación democrática. A partir de la réplica en política exterior se vino abajo, aunque manteniéndose siempre en marcas positivas.
La gente esperaba más de Andrés Manuel López Obrador, especialmente los de clase trabajadora, que lo vieron demasiado tímido, “jugando a no perder”. Absolutamente ninguno de los motivos recurrentes del candidato perredista causo efecto positivo entre los participantes en el ejercicio: ni su presunción de ir ganando en las encuestas, ni su victimismo de “hostilizado”, ni sus menciones al Fobaproa, ni su defensa del DF, ni el concepto de “los de arriba” que deshacen el país para beneficiar a unos cuantos. Tampoco le creyeron la idea de que la delincuencia es resultado de la pobreza. Esa repetición ideológica no funciona cuando se trata de abordar a los indecisos.
¿Dónde sí tuvo éxito Andrés Manuel? Cuando decía sus propuestas: cuando hablaba de escuelas, de servicios de salud, de infraestructura; cuando hablaba de apoyos específicos, de crear empleos, de atacar privilegios concretos, como las pensiones de los ex presidentes. Allí se iba a las nubes, entre clasemedieros y clases populares por igual. “Concretito”, decían en las asambleas universitarias de los setentas. Así lo pide la gente, y no quejas por complots o señalamientos genéricos contra “los de arriba”.
A Felipe Calderón le ayudó ir bien preparado. Tener cinco propuestas de seguridad pública y explicarlas con claridad; tres puntos de política exterior y lanzarlos en batería; tener críticas específicas sobre la situación del DF, etcétera. También le hicieron bien sus menciones al empleo y a la responsabilidad. Eso le fue generando una imagen de “presidenciable”, requisito inicial para obtener el voto.
Le faltó expresar, con claridad similar, una política social efectiva. No es casual que, aunque las curvas de los gráficos hayan sido casi siempre positivas y se hayan movido en la misma dirección, siempre estaba mejor posicionado entre la clase media que entre la clase popular. No fue contundente en la apertura y también le faltó un buen cierre (tomó demasiado tiempo en defenderse de un golpe de última hora). Por eso, aunque ganó, no pudo noquear, y la moneda sigue en el aire.
fabaez@gmail.com
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